Reflexiones

desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

Autora
Damaris Ruiz Ruiz
Nombre del Máster
Igualdad y Equidad en el Desarrollo
Universidad
Universitat Central de Catalunya - UVIC
Ciudad y país
Managua, Nicaragua, 2015
Dirección de correo electrónico
masterigualdad14@gmail.com

Breve Nota Biográfica
Máster en Dirección y Gestión Pública Local
Universidad Carlos III de Madrid
Posgrado en Desarrollo local
UCA
y cursos sobre derechos sexuales y reproductivos
La Corriente Feminista
Soy Coordinadora de Derechos de las Mujeres para
Oxfam en América Latina y el Caribe. Me inspira la
tenacidad de las mujeres, resistirnos cada día frente al
machismo, sexismo y capitalismo.

índice
Pág.
I. Resumen ejecutivo

2

II. Introducción

3

III. La economía feminista y el empoderamiento, un punto de partida.

6

3.1 Sobre el concepto de trabajo reproductivo y de cuidados

6

3.2 Análisis desde la economía feminista

7

3.3 Contexto histórico-social del trabajo reproductivo y de cuidados

12

3.4 Ideas marco para el análisis de la experiencia

14
15

IV. Análisis de la experiencia
4.1 Algunas de las huellas más importantes de la experiencia.

15

4.2 Narrativas sobre trabajos reproductivos y de cuidados.

19

4.2 Resistencias feministas, mujeres rurales

24

4.2.1 La gestión social de los trabajos de las mujeres

25

4.2.2 Entre las tensiones machistas y las resistencias feministas

30

4.2.3 Entre la casa y la parcela, solapamientos en contexto rurales.

32

4.2.4 Trabajo reproductivo y de cuidados, un asunto de justicia social

33

.3
4
Elementos
económico

35

potenciales

para

procesos

de

empoderamiento

4.3.1 El origen territorial y la edad, ¿de qué potenciales hablamos?

35

4.3.2 Otros potenciales, reorganización del trabajo reproductivo y de
cuidados

37

V. Conclusiones
VI. Bibliografía
VII. Anexos

40
43
45

I Resumen Ejecutivo
La presente tesis analiza elementos que han limitado las posibilidades de otros
arreglos en la redistribución y reconocimiento del trabajo reproductivo y de cuidados
en la experiencia de empoderamiento económico de mujeres rurales de la Central de
Cooperativa Las Diosas, para lo cual he tomado como referencia los debates realizados
desde la economía feminista.
Sus narrativas sobre el trabajo reproductivo y
de cuidados son desde la sospecha que el rol
que juegan en su aseguramiento es injusto y
reproductor de desigualdades. Sus resistencias
están expresadas en su disposición a salir
adelante, su sentido de colectividad, su relación
con el medio ambiente, los arreglos que van
consiguiendo con sus hijos, la complicidad con
sus hijas y el control de recursos productivos.
Estas resistencias tienen respuestas en
tensiones machistas y sexistas que pretenden
mantener inalterado el modelo que ha asignado
a las mujeres la responsabilidad casi exclusiva
de estos trabajos.
Esas narrativas, resistencias y tensiones
evidencian elementos potenciales a considerar
en procesos de empoderamiento económico

de las mujeres, con la especial consideración
que en contextos rurales existen solapamientos
particulares entre trabajo reproductivo, de
cuidados y el trabajo en la parcela, donde las
mujeres transitan permanentemente entre la
gestión de uno y la realización del otro, que debe
ser estudiado a mayor profundidad.
Experiencias feministas como ésta pueden
brindar soporte práctico a los fundamentos
políticos y teóricos de la economía feminista
alrededor del trabajo reproductivo y de
cuidados. Es crucial que sea cada vez más
evidente la confluencia entre construcción de
conocimientos desde la academia y los procesos
protagonizados por las propias mujeres.

Palabras clave:
economía feminista, empoderamiento económico, trabajo reproductivo y de cuidados, resistencias, mujeres rurales, Nicaragua.

2

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

II Introducción
Este trabajo lo he realizado en el marco de la III edición del Máster en Igualdad y Equidad
en el Desarrollo coordinado por Cooperacció y la Universidad Central de Catalunya
(UVIC). El tema seleccionado se corresponde con: i) la necesidad de profundizar los
debates alrededor de la economía feminista en Nicaragua, teniendo como referencia
experiencias promovidas por organizaciones feministas; ii) el convencimiento que los
debates desde la economía feminista podrán abrir otros diálogos entre las mujeres, si
sus aportes políticos y teóricos se ponen más en relación con los sustentos prácticos
que le aportan experiencias como la analizada en este documento; iii) la importancia
que el trabajo reproductivo y de cuidados sea una dimensión cada vez más presente en
procesos de empoderamiento económico de las mujeres.
Originalmente había pensado estudiar tres
experiencias, sin embargo en la etapa de diseño
y discusión del planteamiento del problema,
decidí profundizar en una experiencia que
cuestionara y desafiara el sesgo androcéntrico
y la visión única y distorsionada del modelo
económico; que pusiera en evidencia elementos
que van más allá del mercado; y que el análisis
sobre el trabajo reproductivo y de cuidados fuese
de interés para el fortalecimiento del proceso
de empoderamiento económico de las mujeres
rurales.
La experiencia de referencia ha sido promovida
por la Fundación Entre Mujeres (FEM) desde hace
más de 20 años, sus actoras son mujeres rurales
que se han organizado en seis cooperativas que
a la vez son parte de la Central de Cooperativa
Las Diosas desde el 2012 y cuyos ejes centrales
son empoderamiento, autonomía y producción
sostenible. Son mujeres que han reforzado
lógicas de trabajo colectivas, que han conseguido
acceso y control de recursos productivos, tener

voz y presencia en espacio donde antes sólo
estaban los hombres. Una experiencia en la
que ha sido fundamental el empoderamiento
ideológico y donde las dimensiones personal,
colectiva y política han sido primordiales para
sostener los cambios.
Teniendo presente que desde la perspectiva de
la economía feminista, los análisis y debates
sobre los trabajos que sostienen la vida son
diversos y que esos debates que han tenido
lugar especialmente en Europa y en algunos
países de América del Sur, en Centroamérica
y particularmente en Nicaragua son aún
muy limitados y lo son mucho más aquellos
que tengan como referencia los procesos de
empoderamiento económico de mujeres rurales,
en la presente investigación el análisis lo he
focalizado en el desigual reparto del trabajo
reproductivo y de cuidados de las mujeres
rurales de la Central de Cooperativa Las Diosas y
que según la FEM “constituye un obstáculo para
potenciar su participación y avanzar hacia el

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

3

logro de su plena autonomía 1” (Blandón, 2015:
33).

consiguiendo otros arreglos sobre el trabajo
reproductivo y de cuidados.

Es así que la pregunta que pretendo responder
es la siguiente: ¿por qué aún las mujeres rurales
que participan en procesos integrales de
empoderamiento, como el promovido por la FEM,
continúan siendo las principales responsables
de garantizar el trabajo reproductivo y de
cuidados? De ahí que el Objetivo general
consiste en analizar críticamente la experiencia
de empoderamiento integral de las mujeres
rurales organizadas en la Central de Cooperativa
Las Diosas, profundizando en los elementos que
han limitado las posibilidades para que hayan
otros arreglos en cuanto a la redistribución y
reconocimiento del trabajo reproductivo y de
cuidados a lo interno de sus unidades familiares.

d) Identificar elementos potenciales en
cuanto al reconocimiento y redistribución
del trabajo reproductivo y de cuidados
que podrían considerarse en procesos de
empoderamiento económico.
Para el marco teórico he tenido como referencia
a feministas que han sido determinantes en
los debate sobre el trabajo reproductivo y de
cuidados. En consecuencia, hice una revisión
sobre los orígenes y evolución del concepto de
cuidados (Benería, 1999; Perez Orozco,

b) Identificar las resistencias adoptadas por
las mujeres de la Central de Cooperativa
Las Diosas, en relación a la exigencia de
otros arreglos sobre la redistribución y
reconocimiento del trabajo reproductivo y
de cuidados.

2002; Esquivel, 2011; Sánchez, 2015, Todaro2,
2015); el análisis de los cuidados como parte
fundamental de la economía (Espino, 2010;
Carrasco, 2013; Agenjo y Santillán, 2012;
Federicci, 2013; Perez Orozco, 2014; Rodríguez,
2015); el análisis sobre la sostenibilidad de la
vida (Carrasco, 2011; Bosh, Carrasco & Grau,
2003; Perez Orozco 2014); la participación de las
mujeres en los trabajos remunerados (Carrasco,
2014); el análisis de la justicia social en las
dimensiones de redistribución, reconocimiento
y representación (Fraser, 2015); análisis del
enfoque de empoderamiento (Batliwala,
1997; Murguialday, 2006 y 2013); y análisis
sobre empoderamiento económico a partir de
experiencias nicaragüenses (Agenjo y Santillán,
2012; Blandón, 2015).

c) Identificar tensiones que trascurren al
interior de las familias de las mujeres rurales
de la Central de Cooperativa Las Diosas y en
su relación con la comunidad, mientras van

La metodología incluyó la realización de nueve
entrevistas individuales y una colectiva, cuyas
visiones se van detallando al introducir cada
apartado donde se ha utilizado la información
proporcionada. Consciente de las limitaciones

1 La cita es de la evaluación del Programa de Ciudadanía Activa
de las Mujeres y Jóvenes de Oxfam en Nicaragua realizada en
el 2015.

2 Documento preparado por Rosalba Todaro para la III edición
del Máster Igualdad y Equidad en el Desarrollo, Módulo I:
Críticas feministas al pensamiento económico.

En vista de la pregunta central y el objetivo
general, los Objetivos específicos son:
a) Analizar las narrativas construidas por
las mujeres rurales en torno al trabajo
reproductivo y de cuidados y su relación con
los postulados de la economía feminista.

4

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

que conlleva la medición del tiempo,
adicionalmente diseñé una encuesta sobre uso
del tiempo (siete días de la semana) que fue
autoadministrada por ocho mujeres rurales y
otras cuatro que fueron aplicadas a mujeres
que no han participado en ningún proceso de
empoderamiento para hacer algunos análisis
comparativos alrededor de sus jornadas y cargas
de trabajo. Mi implicación en este estudio estuvo
marcada por el interés que siempre he tenido en
procesos de empoderamiento económico y por
sentirme muy cercana a las mujeres rurales por
mi propia procedencia territorial. La información
fue levantada durante el mes de diciembre
2015 y las transcripciones completas de cada
entrevista están disponibles para quienes
quieran profundizar en algún aspecto, previa
solicitud por escrito.

El primer apartado de este documento hace
una contextualización sobre los principales
debates realizados sobre el trabajo reproductivo
y de cuidados desde la perspectiva de
la economía feminista. En el siguiente se
encontrarán reflexiones construidas a partir de
la información proporcionada por las mujeres
rurales, que incluye: sus narrativas en diálogo
con los postulados de la economía feminista, sus
resistencias, las principales tensiones a las que
se enfrentan y elementos potenciales a tener
en cuenta en procesos de empoderamiento
económico; y finalmente presento algunas
conclusiones y recomendaciones para la FEM y
la Central de Cooperativa las Diosas.

Con esta tesis he querido hacer una modesta contribución a las reflexiones que desde
mi punto de vista necesitamos hacer sobre el trabajo reproductivo y de cuidados en su
relación directa con procesos de empoderamiento económico de las mujeres, en este
caso de las mujeres rurales. Agradezco mucho todas las complicidades feministas, por
su puesto muy especialmente a la FEM, a las diosas rurales, a mi tutora Marina Sánchez,
a Camila que me desafía cada día en mi construcción feminista. A todas las reconozco
como esa red que hizo posible que pudiese concluir esta tesis que tanto he disfrutado y
de la que he aprendido muchísimo.

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

5

III

La economía feminista
y el empoderamiento,
un punto de partida

3.1 Sobre el concepto de trabajo
reproductivo y de cuidados.
Algunas economistas feministas señalan
que el concepto de trabajo reproductivo es
“simbólicamente
distorsionador”
(Bosch,
Carrasco & Grau, 2003: 8) en la medida que
puede fomentar la visión patriarcal de dos
esferas separadas y con pocas interrelaciones,
donde seguramente la esfera productiva
seguiría ocupando la centralidad (Bosch et al
2003). Pues bien, con la aclaración que tomo
absoluta distancia de esa visión “dicotómica de
pensamiento de la ideología patriarcal” (Bosch
et al, 2003) sobre lo productivo/reproductivo,
en el desarrollo de la presente tesis, utilizaré
el concepto de trabajo reproductivo en lugar
de trabajo doméstico, sobre todo porque este
concepto tiene una carga muy de “asunto
privado” en Nicaragua; además utilizaré
cuidados junto a trabajo reproductivo para ser
coherente con la comprensión que tienen las
mujeres rurales y mostrar que estamos hablando
de todos aquellos trabajos que mantienen la
sociedad en su conjunto y no solamente limpiar,
cocina, lavar, planchar.
De ahí que al hablar de trabajo reproductivo
y de cuidados, al igual que lo hace Federicci y
Benería, me estaré refiriendo a los trabajos que
tienen como objetivo mantener el bienestar
de las personas y que se desarrollan sobre
todo en los hogares, que tiene una parte más

6

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

material (limpiar, cocinar, lavar, ir a buscar el
agua y la leña) que reproduce a las personas
y a la sociedad; pero también un trabajo que
incluye los cuidados, es decir, toda esa parte
más afectiva, educacional e inmaterial y que no
tienen lugar únicamente en los hogares, que tal
y como señala Bosch et al (2003), “ignorar su
existencia, es negar la dependencia humana de
las relaciones afectivas” (P: 17).
Lo anterior es coincidente con lo que Bosch et al
(2003) describe como trabajo:
De hecho, entendemos el trabajo como la
práctica de creación y recreación de la vida y
las relaciones humanas. En la experiencia de las
mujeres, trabajo y vida son la misma cosa….Es la
actividad necesaria para que la especie humana
–que no se adapta al medio natural de manera
orgánica- pueda sobrevivir en este medio. (P: 9)

3.2 Análisis desde la economía feminista.
Si bien pareciera que existe cierto consenso entre
diversos actores alrededor de la insostenibilidad
del modelo económico actual, no son tan
evidentes los cuestionamientos y propuestas
que resalten las realidades específicas de las
mujeres y que sí están siendo acuñadas desde
la economía feminista. Las mujeres continúan
sometidas a un modelo de organización de
los trabajos, donde los privilegiados son los
hombres y el capital, mismos que han utilizado
tanto el trabajo reproductivo y de cuidados
como el trabajo productivo de las mujeres
como un medio de control de nuestros tiempos,
nuestros cuerpos y nuestros destinos (Pérez
Orozco, 2006; Benería, 1981).

que complejizan y desafían el pensamiento
económico tradicional. Espino (2010) citando
a Nelson (2004), señala que la propuesta es
“redefinir el campo de análisis de la economía,
para ocuparse no solamente de los mercados
impersonales sino de cómo actúan los seres
humanos entre sí y respecto al medio, para
satisfacer todas esas necesidades” (Espino,
2010: 32).

Desde un discurso de “igualdad” se han venido
posicionando como logros significativos la
participación de las mujeres en el mercado
de trabajo remunerado y/o en acciones
de generación de ingresos, argumentando
los múltiples beneficios que conlleva para
el desarrollo, la familia y la comunidad la
integración de las mujeres en la economía,
un enfoque instrumental y economicista que
critica Murguialday (2013), donde priorizan la
variable ingresos e invisibilizan las variables
reproductoras de desigualdades de género
presentes en la mayoría de esas nuevas
realidades en las que conviven las mujeres.

Desde la economía feminista el trabajo
reproductivo y de cuidados se ha analizado
como campo de opresión/explotación, en
tanto, “la organización social del cuidado
resulta en sí misma un vector de reproducción
y profundización de la desigualdad” (Rodríguez,
2015: 42) en la medida que, con la sobre carga
de trabajo y responsabilidades que recae sobre
las mujeres los Estados reducen y de alguna
manera subsidian el gasto público, el mercado
gana productividad y rentabilidad y los hombres
gozan de unos cuidados desde la gratuidad.
También se le ha analizado como trabajo
para la sostenibilidad de la vida en el cual
se incluyen aspectos subjetivos, emociones,
afectos, relaciones, es decir todo aquello
que es imposible pagar con dinero y que es
absolutamente necesario para la producción,
el mercado y para que la propia sociedad pueda
funcionar (Carrasco, 2011).

La participación de las mujeres en la economía
desde la propuesta de la economía feminista
supera esa visión, es una propuesta que “cambia
la perspectiva, flexibilizando y ampliando la
mirada para incorporar la experiencia de las
mujeres” (Carrasco, 2013: 42), pero además es
una propuesta que tiene diversidad de enfoques

La sostenibilidad de la vida se puede entender
al menos desde dos miradas que confluyen
de forma expresa en las realidades de las
mujeres rurales: la huella ecológica y la huella
civilizadora. Desde la primera se hace referencia
a la “sostenibilidad de la vida humana en el
planeta, haciendo visible el reparto-consumo

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

7

desigual de los recursos” (Bosh et al, 2003: 17); y
desde la segunda el correlato de la sostenibilidad
de la vida se da en “condiciones de humanidad…
haciendo visible la aportación-recepción
desigual de energías amorosas y cuidadoras
entre mujeres y hombres” (Bosch et al: 17).
Desde este enfoque de sostenibilidad de la vida
se plantea la evidente contradicción capitalvida; al respecto Pérez Orozco (2014) señala
que “…el actual sistema socioeconómico hoy
se erige sobre una tensión estructural entre la
acumulación de capital y la sostenibilidad de
la vida que es irresoluble, aunque se intente
acallar” (P: 102), donde la prioridad de la
economía capitalista es la acumulación y para
cuyos propósitos se sacrifican “las vidas que no
merecen ser vividas” (Pérez Orozco, 2014: 35).
Ambas miradas -como campo de opresión/
explotación y como resignificación y valoración
para la sostenibilidad de la vida- cuestionan las
ideas, creencias y prácticas sexistas y capitalistas
que se han encargado de asignar como algo
“natural” a las mujeres el rol de cuidadoras,
limitándoles las posibilidades de una vida digna.
De forma muy cercana a este debate se han
cuestionado planteamientos que pretenden
desvalorizar el trabajo remunerado de las
mujeres al calificarlas como generadoras de
ingresos complementarios a los del “proveedor
principal”, reforzando la invisibilización y
exclusión de las mujeres de los llamados
procesos económicos y desconociéndoles de
entrada su agencia (Todaro, 2015).
Además del análisis del trabajo reproductivo
y de cuidados que se realiza en las unidades
familiares y la visión que persiste sobre el
trabajo remunerado que realizan las mujeres,
es importante evidenciar de qué realidades
estamos hablando cuando de trabajo

8

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

remunerado se trata, cuáles son las opciones
que ofrecen los mercados a las mujeres.
Una inmensa mayoría de las mujeres más
empobrecidas que se insertan al mercado
laboral remunerado se dedican al trabajo
doméstico1 en otros hogares, la mayoría de
ellas son mujeres rurales, donde son sometidas
a extensas jornadas, salarios bajísimos, sin
seguridad social y a maltratos continuos, tal
y como lo han venido planteando las mujeres
organizadas en este sector. Rodríguez (2015)
vincula este trabajo con el cuidado como una
experiencia socioeconómica estratificada, en la
cual “los hogares pertenecientes a diferentes
estratos económicos cuentan con distintos
grados de libertad para decidir la mejor manera
de organizar el cuidado de las personas” (P: 42).
Además del trabajo remunerado en los hogares,
las mujeres con cierto nivel de escolaridad se
desempeñan en otros sectores, siempre en el
campo de los cuidados y/o trabajos asignados
como algo propio a las mujeres: la salud, la
educación, casas de adultos mayores, atención a
personas con discapacidad, trabajo en maquilas
de textil, entre otros.
Sobre estos trabajos Federici (2013) señala que
“el salario da la impresión de un trato justo…;
mientras que en realidad el salario, más que
pagarte por el trabajo que llevas a cabo,
esconde todo el trabajo no remunerado que
conlleva su beneficio” (P: 37). En ese mismo
documento Federici también plantea que el
tener un salario significa la existencia de una
relación contractual que te reconoce como
trabajador, lo cual puede dar cierto margen
para negociar algunas condiciones relativas
1 En América Latina para el 2011, según estimaciones de la
OIT, se registraban entre 17 y 19 millones de trabajadores
desempeñándose en un hogar privado.

al tipo y cantidad de trabajo y cuánto salario
recibir a cambio de las actividades a realizar; no
obstante, debemos relativizar la capacidad real
de esas “negociaciones”, teniendo en cuenta
que se dan en un marco de relaciones de poder
muy desigual y porque al final las mujeres que
se desempeñan en este sector lo hacen porque
son las únicas posibilidades a las que han tenido
acceso y en muchos casos ni siquiera tienen un
contrato que formalice esa relación.
Adicional a los trabajos mencionados
anteriormente, cada vez más las mujeres se
encaminan en la búsqueda de alternativas que
le generen ingresos monetarios propios, lo cual
aseguran, les significa ganar ciertos niveles
de autonomía respecto a los hombres y la
posibilidad de satisfacer ciertas “necesidades”
prácticas que los Estado no están garantizando.
A esto hay que añadir la relevancia especial que
tiene en contextos donde las mujeres son las
únicas proveedoras del hogar.
Esta creciente participación de las mujeres
en el mercado de los trabajos remunerados2
debe considerar otras variables, entre ellas,
las implicaciones que tiene la primacía de la
obtención de ingresos sobre la sostenibilidad
de la vida, la invariabilidad sobre las
responsabilidades exclusivas de las mujeres
respecto al trabajo reproductivo y de cuidados,
además de la obvia y limitada respuesta social y
masculina que intensifica los tiempos de trabajo
de las mujeres, generando una enorme tensión
al tener que garantizar una doble presencia,
mediante la cual una vez cumplido con todas las
responsabilidades reproductivas y de cuidado
de la vida cumplirán con las exigencias de la
producción mercantil con la calidad exigida
(Carrasco, 2014).
2 Trabajo reproductivo y de cuidados realizado en hogares/
empresas/organizaciones/empresas privadas, en maquilas, en
el sector servicios públicos del Estado e iniciativas propias de
generación de ingresos.

Específicamente en las realidades de las
mujeres rurales donde predominan altos niveles
de pobreza, analfabetismo, poco o nulo acceso
a la educación – salud – vivienda – tierra y
otros recursos productivos, altos niveles de
violencia machista, una marcada influencia de
fundamentalismos religiosos y unas ideas de
inferioridad sobre lo rural, nos debe conminar a
análisis que desvelen las opresiones concretas
que viven las mujeres en dependencia de
su procedencia territorial y que a la vez nos
permita entender y proponer alternativas que
particularicen las realidades de las mujeres
rurales desde los postulados de la economía
feminista y la justicia social.
Si hacemos una extrapolación del análisis
sobre justicia social que hace Fraser (2015)
con experiencias de resistencias feministas
de mujeres rurales que han apostado por
desmantelar debates y mandatos dados como
“naturales”, que a la vez se han constituidos
en muros económicos, culturales y políticos,
parece que se podría reafirmar la necesidad
de construir otras realidades que demuestren
que el concepto de justicia social vinculado
con procesos de empoderamiento económico
debería incorporar las dimensiones de la
redistribución, del reconocimiento y la
dimensión de la representación, las cuales
deben ser necesariamente interdependientes.
Al analizar la subordinación de las mujeres,
Fraser (2015) indica que desde la perspectiva
distributiva (económica) se da una “división
fundamental entre el trabajo <<productivo>>
remunerado y trabajo <reproductivo>> y
doméstico no remunerado” (P: 192). Desde
la del reconocimiento (cultural) se da una
diferenciación de estatus, codificando patrones
culturales, cuya característica fundamental
es el androcentrismo que “privilegia los rasgos
asociados con la masculinidad” (Fraser, 2015:

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

9

193). Una distribución desigual y/o falta de
reconocimiento impide la plena participación de
las mujeres, “lo que requiere reconocimiento…
es la posición de las mujeres como plenas
participantes en la interacción social” (Fraser,
2015: 199).

ideas, prácticas y políticas alrededor de la
economía, donde las mujeres tengan el lugar
que les corresponde, el trabajo reproductivo
y de cuidados sea reconocido con el valor que
tiene y que en su aseguramiento intervengan
otros actores.

Estas dimensiones se cruzan con las estrategias
de empoderamiento de las mujeres, las cuales
Murguialday (2013) las detalla de la siguiente
forma: “la personal y subjetiva (fortalecimiento
de capacidades y autonomía individual); La
colectiva (organización para enfrentar juntas las
desigualdades de género) y la política (incidencia
en los ámbitos públicos para producir cambios)
(P: 50).

Se identifican al menos dos corrientes que
explican los trabajos reproductivo y de cuidados.
La Economía Feminista de la Conciliación
(EFC) que confiere el mismo valor al ámbito
doméstico y mercantil, recuperando con fuerza
la importancia del primero y ampliando el
concepto del trabajo, sin embargo, no cuestiona
la importancia de los mercados para la economía
y al no hacerlo “le otorga una importancia
clave a aspectos mercantiles como el empleo
remunerado, las condicionales laborales, las
propiedades, el crédito” (Agenjo et al, 2012: 39).

Batliwala (1997) señala que “el rasgo más
sobresaliente del término empoderamiento es
que con-tiene la palabra poder….control sobre
los bienes materiales, los recursos intelectuales
y la ideología” (P: 191, 192). En ese mismo
documento y citando a Sharma (1991-1992) se
plantea que “el término empoderamiento se
refiere a una gama de actividades que van desde
la autoafirmación individual hasta la resistencia
colectiva, la protesta y la movilización para
desafiar las relaciones de poder” (Batliwala,
1997: 193).
Muchos de los procesos de empoderamiento
económico de mujeres rurales que han tomado
fuerza en países del sur se inscriben como
experiencias de resistencia frente al modelo
económico convencional a la vez “que se
encuentran en la frontera difusa entre el
enfoque integrador y rupturista” (Agenjo y
Santillán, 2012: 53) del pensamiento económico
feminista. Estas experiencias han inspirado y
dotado de argumentos los debates y propuestas
que cuestionan el modelo actual y proponen
otras visiones para entender y asumir unas

10

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

Por su lado, la centralidad de la Economía
Feminista de la Ruptura (EFR) tal y como señala
Perez Orozco (2014) es la sostenibilidad de la
vida, donde la prioridad son las condiciones
de vida de las personas, personas que son
interdependientes, eco-dependientes y donde
la autosuficiencia es una farsa que sólo es
posible en términos de explotación del trabajo
de las mujeres. Es así que Pérez Orozco refleja
que al menos existen tres elementos distintivos
de la economía feminista: a) ampliación de
la noción de economía en la que se incluyen
todos aquellos procesos que pasan o no por los
mercados; b) la introducción de las relaciones
de género como un elemento constitutivo del
sistema socioeconómico y, por lo tanto, del
género en tanto que categoría analítica central
más allá de la desagregación de datos por
sexo; c) la convicción de que el conocimiento es
siempre un proceso social que sirve a objetivos
políticos.

Ambas corrientes no son excluyentes sino
complementarias y las experiencias de
empoderamiento económico con mujeres
rurales se pueden retroalimentar de análisis y
propuestas para afrontar los desafíos a los que
cotidianamente enfrentan las mujeres (Agenjo
et al, 2012). Desde la corriente de la EFC se puede
debatir la adscripción de las mujeres, sobre todo
de las rurales, a las tareas del hogar, el reclamo
de trabajos dignos, la necesidad de mayor
autonomía financiera y con esto la posibilidad
de tomar decisiones; de la corriente de la EFR se
puede recuperar la lógica agroecológica de la
producción, el reconocimiento de las relaciones
de género como elemento constitutivo de
este sistema y la interdependencia ecológica y
humana, sobre todo aquella que hace posible
a las mujeres sostener procesos vitales y que
sin las redes de apoyo que logran tejer serían
insostenibles.
Desde las nociones del empoderamiento
económico las mujeres se están desafiando
a no caer en la trampa de repetir conceptos
neoliberales de la economía en sus experiencias,
sino más bien articular un discurso desde las
propuestas de la economía feminista. En una
herramienta metodológica llamada “Caminos
para avanzar en el empoderamiento económico
de las mujeres nicaragüenses” y que recupera las
experiencias de las organizaciones que forman
parte de la Agenda Económica de las Mujeres
nicaragüenses, se identifica un pensamiento
económico más coherente con las propuestas
de la economía feministas, resaltando:

lo que para ellos es igualdad de trato, para
nosotras puede ser discriminación hacia los
grupos con menos poder; lo que para ellos
es el éxito personal, para nosotras puede ser
la consecuencia de estructuras económicas
y políticas que castigan a las personas con
mayores desventajas acumuladas y premian
a las personas que han tenido mayores
posibilidades (Blandón, 2015: 34).
Sin pretender hacer generalizaciones ni
afirmaciones categóricas, en los procesos de
empoderamiento económico de las mujeres
rurales es posible identificar prácticas que
superan esquemas binarios utilizados por el
pensamiento económico convencional para
explicar el funcionamiento de la economía:
actividad/inactividad,
empleo/desempleo,
remunerado/no remunerado, formal/informal,
todo lo cual hace posible entender y apropiarse
de los conceptos y alternativas propuestas
desde la economía feminista.

Lo que para ellos es eficiencia, para nosotras
puede ser explotación de la fuerza de trabajo
y de los recursos naturales; lo que para ellos
es competitividad para nosotras puede ser
el poder del fuerte, que utiliza sus ventajas
para quebrar a las empresas más pequeñas;

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

11

3.3 Contexto histórico-social del trabajo
reproductivo y de cuidados.

En el contexto histórico – social sobre el trabajo
reproductivo y de cuidados, analizado desde
experiencias de empoderamiento económico
de mujeres rurales organizadas, se debe tener
como referencia al menos tres momentos i) los
primeros debates sobre el trabajo reproductivo
y de cuidados como parte de la economía –
70´s, ii) las reflexiones e impulso de procesos de
empoderamiento económico de las mujeres –
80`s y iii) la aparición con fuerza de la economía
feminista – 90´s a la fecha.
Aunque es a partir de los 90`s cuando se dan
pasos significativos en el cuestionamiento de
los modelos convencionales (Benería, 1999),
la economía feminista desde los años 70`s
viene promoviendo el debate sobre el trabajo
reproductivo y de cuidados como parte de
los procesos económicos y desde entonces se
les ha nombrado de diversas formas: trabajo
doméstico y familiar, trabajo no remunerado,
trabajo reproductivo (Sánchez, 2015). Con
la denominada segunda ola del feminismo,
la evolución de las miradas y propuestas
tanto teóricas como políticas que critican el
modelo económico convencional e incorporan
de manera estratégica las realidades de las
mujeres, se ha mantenido de manera constante
hasta la actualidad (Pérez Orozco, 2002).
Además de los tres momentos mencionados
en el primer párrafo se registran otros que
también han sido fundamentales porque nos
ayudan a dimensionar el largo camino que las

12

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

feministas de antes y de ahora han transitado
hasta introducir las desigualdades de género
en los análisis económicos y cuyos orígenes se
pueden encontrar desde los años 30`s, cuando
se introduce “el tema de la mujer en el análisis
económico con el propósito de indagar las
razones de la existencia de diferencias salariales
entre hombres y mujeres” (Todaro, 2015: 1).
El debate sobre el trabajo reproductivo y de
cuidados duró desde finales de los 60`s hasta
principios de los 80`s y ha aportado teorías,
conceptos y metodologías que por un lado, han
conseguido más visibilidad de las mujeres en la
economía y por otro, ha aportado argumentos
para analizar las opresiones de las mujeres, en
tanto trabajo reproductivo y de cuidados es
visto como una forma crucial de subordinación
(Benería, 1999; Pérez Orozo, 2002).
Como parte de la visibilidad del trabajo de las
mujeres, durante ese periodo se promovió con
fuerza la necesidad de contabilizar y documentar
el trabajo doméstico y en 1985 a raíz de la tercera
conferencia mundial de la mujer, “el Instituto
Internacional de Investigaciones y Capacitación
para la promoción de la mujer y la Oficina de
Estadísticas de Naciones Unidas… acometieron
la tarea de examinar a fondo y comentar la
reforma de las cuentas nacionales” (Benería,
1999, P: 330), esto no estuvo exento de críticas,
siendo una de ellas la duda sobre el efecto real
de mejoría cualitativa que tendría en la vida de
las mujeres (Benería, 1999).

Aunque sin pretender ser concluyente,
aparentemente los supuestos y momentos
de debates de la economía feminista y el
empoderamiento de las mujeres se entrecruzan
en cuanto a los periodos y el fin que persiguen.
El origen del empoderamiento viene desde el
Black Power con el reclamo de los derechos
civiles en USA; por otra parte en los 60´s Paulo
Freire desde la educación popular hizo una
descripción del concepto muy completo, pero
no es hasta los 80`s cuando este concepto es
revisado, analizado y ampliado desde visiones
feministas, fundamentalmente feministas del
sur, tal y como señala Murguialday (2006 &
2013), superando así “la ceguera de género del
modelo freiriano” (Murguialday, 2013 P: 12).
A mediados de los 80`s el concepto de
empoderamiento
fue
más
claramente
articulado y en la conferencia de 1985 la
Red de investigadoras, activistas y grupos
feministas del sur denominada DAWN
(Development Alternatives with Women for
a New Era) presentaron las principales tesis
del empoderamiento (Murguialday, 2013). Es
así que muy pronto a “comienzos de los 90`s
el empoderamiento de las mujeres comenzó
a reemplazar los términos de la jerga del
desarrollo” (Batliwala, 1997: 191), esto que
puede valorarse como un avance importante,
también ha sido un elemento en contra, pues
la excesiva “utilización” por la cooperación al
desarrollo, gobiernos, organismos bilaterales y
multilaterales ha despolitizado la visión con que
fue acuñado por las feministas y su fuerza se ha
ido diluyendo al llamarle empoderamiento casi
a cualquier iniciativa donde participen mujeres,
prevaleciendo una visión muy instrumental.
Para el caso de América Latina las experiencias
feministas de empoderamiento de las mujeres
tienen un enorme potencial, podría decirse

que constituyen un pilar fundamental para la
economía feminista en tanto construcción de
conceptos, teorías, evidencias y metodologías
más expresivas de las vivencias y realidades
diversas en la que se inscriben las mujeres.
En esta región, un momento importante del
origen del empoderamiento de las mujeres fue
el IV Encuentro Feminista de América Latina y
el Caribe1 , donde “las feministas propusieron
considerar el poder no sólo como fuente de
opresión sino como un medio para transformar
su situación personal y colectiva” (Murguialday,
2013, P: 13). Desde esta lógica son muchas
las experiencias de empoderamiento que se
pueden encontrar en Nicaragua, aunque las
propias organizaciones reconozcan ausencia
de reflexión desde los enfoques de la economía
feminista (Agenjo et al, 2012).
Actualmente organizaciones feministas y
de mujeres muestran interés por incorporar
dimensiones que hasta ahora han estado al
margen de estas experiencias, como es la
redistribución y reconocimiento del trabajo
reproductivo y de cuidados, sobre lo cual se
están abriendo ciertos espacios de debates que
lo analizan como fuente de opresión, de control,
de desigualdad para las mujeres “no por lo en él
producido sino por las relaciones de producción
de exclusividad y gratuidad, las cuales generan
la mencionada explotación patriarcal” (Pérez
Orozco, 2002: 6) de parte de los hombres, el
mercado y los Estados.

1 Realizado en Taxco, México en 1987.

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

13

3.4 Ideas marco para el análisis de la experiencia.
En coherencia con el análisis de marco teórico
realizado hasta aquí propongo tres grandes ideas
que estarán presente a lo largo de los apartados
siguientes y que parten de supuestos expresivos
del modelo económico dominante que han
sido ampliamente analizados por economistas
feministas y a los que la experiencia de referencia,
según la FEM, ha tenido que resistir durante sus
20 años de trabajo. Entre estos están:
i) El trabajo reproductivo y de cuidados
posicionado como un asunto “privado” y
no valorado socialmente que empobrece
a quienes los asumen, sigue siendo un
tema ausente del debate público y en
consecuencia algo de lo que no se ocupa ni la
sociedad ni las políticas públicas y donde los
hombres siguen siendo considerados como
proveedores y las mujeres como cuidadoras
y trabajadoras secundarias. El efecto más
inmediato es que las necesidades y derechos
de quienes asumen los cuidados quedan al
margen, reproduciendo desigualdades que
limitan las oportunidades de educación,
salud, recreación, participación política, etc.
ii) Siendo entonces el cuidado un asunto
“privado” y estando alineado a un modelo
con alto sesgo sexista, se asocia con los
cuerpos feminizados y se coloca como algo
impropio o secundario para los hombres,
quienes desde el punto de vista mercantil
gozan de una “independencia” que es
falsa porque en realidad son totalmente
dependientes del trabajo reproductivo y de
cuidados que realizan las mujeres y en cuya
base está la explotación/expropiación del

14

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

trabajo que realizan las mujeres, proceso en
el que participan los hombres, el mercado y
el Estado.
iii) Las dos expresiones anteriores tiene unas
particularidades específicas en contextos
rurales donde el trabajo de las mujeres
ligado a la producción es aún más invisible
al no ser tan evidente su relación directa con
el mercado de dinero, lo cual constituye un
reto para el reconocimiento de este trabajo
y para que los procesos de empoderamiento
económico de las mujeres rurales se
propongan el desafío de avanzar en el
reconocimiento y redistribución del trabajo
reproductivo y de cuidados. Hasta ahora este
propósito es considerado como el más radical
y difícil de conseguir y no es común que se
establezca como un elemento de entrada en
los procesos de empoderamiento económico
sino como la apuesta subsiguiente al acceso,
control y decisión de las mujeres sobre bienes
y recursos.

IV

Análisis de la experiencia
4.1 Algunas de las huellas más
importantes de la experiencia.

La FEM nace en 1995, cinco años después de
la derrota electoral del Frente Sandinista de
Liberación Nacional (FSLN), teniendo como
referencia la experiencia desarrollada durante la
década de los 80 y primera mitad de los noventa
con organizaciones sindicales que aglutinaban
particularmente a mujeres asalariadas en el
Departamento de Estelí, donde participan
activamente las mujeres que organizaron la
FEM. En ese momento, en palabras de las propias
Directoras de la FEM, contaban con algún marco
teórico feminista que les daba claridad sobre
lo que tenían que priorizar alrededor de los
intereses prácticos y estratégicos de las mujeres,
especialmente de las mujeres rurales.
En su currículo institucional (2014) señala
que el propósito central de los procesos
de empoderamiento ha sido: “Promover la
participación…de las mujeres campesinas…por
medio de proyectos productivos, alfabetización,
asesoría técnica, salud de la mujer, talleres sobre
conciencia de género, para que en el mediano y
largo plazo… transformen las estructuras que la
oprimen como género” (Ver Anexo 3, P: 3).
Teníamos bien claro que lo que
queríamos era disolver las relaciones
de poder en las que estaban
inmersas las mujeres
(Diana Martínez).

La FEM se compromete con una agenda
que quedó pendiente tras la revolución
sandinista y que con los gobiernos neoliberales
las posibilidades de cambio se reducían
drásticamente. La tierra, las violencias contra
las mujeres, relevar los propios cuerpos de las
mujeres como territorio de ciudadanía, la crítica
al control de los hombres sobre la capacidad
reproductiva de las mujeres, la invisibilidad
de las mujeres en los procesos de toma de
decisiones en el ámbito familiar y comunitario,
la salud sexual – reproductiva y la educación,
constituyeron el núcleo de las prioridades de la
FEM.
Desde ese tiempo había mucha incomodidad
sobre el trabajo reproductivo y de cuidados y las
dobles jornadas de trabajo, lo cual aunque no
con la profundidad de los temas mencionados
anteriormente quedó recogido en un diagnóstico
realizado en sus primeros años de trabajo,
además de contemplar en la estructura de
funcionamiento de Central de Cooperativa Las
Diosas la existencia de una Comisión que mirara
estos asuntos. Entre algunos de los principales
hitos del trabajo de la FEM se pueden mencionar:
i) “Después de haber estado sometidas a la
Dirección Nacional del FSLN, las mujeres
nos auto convocamos” (Diana Martínez). El
encuentro auto convocado en 1992 “Diversas
pero Unidas”, donde participaron unas 800
feministas de todo el país. En ese espacio

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

15

nacieron diversas redes, la Red de Mujeres
Contra la Violencia, la Red de Mujeres por
la Salud María Cavallieri, la Red de Mujeres
por la Economía, la Red de Mujeres por la
Educación; de todas estas redes siguen
existiendo las primeras dos. Entre 19952000 la Concertación de Mujeres Rurales,
integrada por la Coordinadora de Mujeres
Rurales, Xochilt Acatl de Malpaisillo y la FEM,
fue un punto de referencia importante para
toda la agenda por las tierras, las violencias
contra las mujeres rurales y la organización
de las mujeres rurales.
ii) Las tierras…nos dieron polo a tierra” (Diana
Martínez). La compra de 210 manzana1s de
tierra en el año 2000 con el apoyo de grupos
de solidaridad y proyectos financiados
básicamente por cooperación española
descentralizada. La decisión que este recurso
se manejara desde la colectividad facilitó
que las mujeres se articularan en pequeños
grupos, que sintieran que podían aspirar
a la autonomía en primer lugar respecto
de sus <<maridos>>, reconocerse que se
tenían unas a otras y tener la fuerza para
tomar las decisiones necesarias. Un aspecto
significativo que releva la FEM son las
decisiones radicales de las que se apropiaron
durante este proceso “se prohibió el acceso
de los maridos, aquí no vienen hombres a
trabajar” (Diana Martínez), lo cual envió
un mensaje claro a las mujeres y también
a los hombres y marcó un rumbo que fue
determinante para los resultados que han
ido consiguiendo.

1 Aproximadamente 148 hectáreas.

16

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

No es nuevo que para el caso particular de
las mujeres rurales, una puerta de entrada
importante en sus procesos de empoderamiento
es el acceso a la tierra y a otros recursos
productivos, con esto las mujeres tienen más
posibilidades para transgredir el control de
los hombres sobre sus vidas y empiezan a
identificarse y tener presencia pública desde
la colectividad en espacios donde antes sólo
podían estar los hombres. Por tanto, ganar
confianza en ellas mimas es imprescindible para
sostener estos procesos.
iii) Que las mujeres decidieran trabajar en
rubros “masculinizados” de la economía
como es el café y rechazar lo que
tradicionalmente la cooperación y los
Estados han asignado a las mujeres como es
la producción de patio para la subsistencia.
Esto tomó mucha fuerza con la exportación
de los primeros 50 quintales de café orgánico
a Alemania en el 2003, y siendo una acción
tan material, hizo que muchos imaginarios,
el de los hombres, el de las comunidades
e incluso de otras mujeres, se removieran
y que la FEM reforzara que su visión de
empoderamiento tomaba distancia de la
visión instrumentalista de los proyectos
económicos que se venían promoviendo.
iv) “La apuesta de la FEM fue impulsar una
propuesta económica, productiva pero no
a costa de destruir la naturaleza” (Juana
Villareyna). El cuarto hito que marca el
proceso de la FEM es pasar del enfoque de
agricultura orgánica al de agroecología;
del de diversificación productiva al de
seguridad y soberanía alimentaria; y pensar
en el mercado justo ofreciendo productos
terminados y menos materia prima.

Desde sus inicios la FEM asumió una visión
de empoderamiento que incluyó de manera
evidente las dimensiones personal, colectiva
y política. Los procesos adoptados incluyen la
formación, la alfabetización, la organización de
mujeres rurales a nivel comunitario y municipal,
la creación de cooperativas desde una visión
agroecológica y facilitar el acceso y control a
recursos productivos, que les permitiera contar
con ingresos monetarios propios y cuya fuerza
estuviera en la colaboración entre todas las
mujeres, en su capacidad de reflexión crítica y
de movilización.

tierra; b) Que se posicionaran en el mercado justo
con productos que tienen un lugar clave en la
economía convencional del país, como es el café,
que dejaran sus propias marcas en esta esfera
controlada por los hombres y que salieran más
allá de la “especialidad” de la cocina; c) Vincular
desde el inicio el empoderamiento económico
con el fortalecimiento de la conciencia de
ciudadanía y visión feminista de las mujeres
rurales; d) Ser parte activa del movimiento
feminista nicaragüense desde la identidad de
mujeres rurales.

La visión feminista ha sido fundamental y entre
las huellas que así lo confirman están: a) Que las
mujeres rurales ocuparan un espacio estratégico
en la esfera productiva en directa relación con la
No hay empoderamiento económico sino hay ideológico y también si no hay
organizativo (Diana Martínez).

¿Y con el trabajo reproductivo y de cuidados, qué?

Aún sin trabajo ideológico yo digo que las mujeres tienen una intuición y una
percepción de que ellas no se merecen el lugar que tienen (Diana Martínez).

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

17

Sobre este tema profundizaré de aquí en adelante,
sin embargo, es importante reflejar aunque muy
brevemente la mirada que tiene actualmente la
FEM sobre el trabajo reproductivo y de cuidados
como parte de su visión de empoderamiento
económico de las mujeres.

También en sus análisis identifican que resistirse
a este campo de dominación capitalista y
patriarcal, desde la realidad específica de las
mujeres rurales tiene al menos tres nudos
centrales:

El trabajo doméstico -a como le llamaron al
principio- y sus implicaciones fue evidenciado
desde sus inicios. Según el equipo técnico de
la FEM, el propósito central era demostrar la
doble jornada laboral a la que se enfrentaban
las mujeres rurales. De acuerdo a los relatos del
equipo de la FEM, en su visión de empoderamiento
han problematizando el trabajo reproductivo y
de cuidados, desde los procesos de formación
– reflexión y muy recientemente esa mirada la
están complementando con una posición que
incluye la valoración y reconocimiento para la
sostenibilidad de la vida.

a) Que entre el trabajo reproductivo y de
cuidados y el trabajo en la tierra exista
un solapamiento tan marcado, que tiene
elementos potenciadores, pero también
limitaciones.

“…entonces había una parte con la que
estábamos peleadas con los cuidados…, ya
no cuidemos a nadie, hagamos una rebelión
contra los cuidados” (Diana Martínez).
“Pareciera que cuidar es algo que debemos de
seguir haciendo, pero no únicamente nosotras,
nosotras estamos en el lugar correcto en
el mundo de los cuidados, nosotras hemos
cuidado la vida siempre, nosotras somos
las que NO hemos estado equivocadas. Es
la sociedad y son los hombres los que se
han equivocado, son sus rutas las que han
destruido el planeta, son sus opciones y sus
maneras de ejercer la política la que tiene al
mundo donde vivimos así y es su afán por el
poder, por la riqueza y la mercancía, son ellos
los que han situado al mercado en el centro
de la vida” (Diana Martínez).

18

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

b) Los miedos y culpas impuestas desde muy
temprana edad en las mujeres, que no pasa
únicamente por asegurar la alimentación
y la salud de la familia, sino porque su
presencia en los hogares disminuya la
posibilidad de abusos sexuales en la familia,
especialmente a las y los más pequeños de
la casa, con lo cual la idea de dependencia y
responsabilidad hacia las mujeres está muy
arraigada en los imaginarios de los miembros
de la familia y la comunidad, pero también
en los de ellas;
c) Los altos niveles de pobreza a partir del
ingreso y el abandono del Estado, hace que la
línea entre la prioridad del acceso a recursos
y procesos de empoderamiento integrales se
presente como un desafío latente, resolver
necesidades básicas se vuelve la prioridad
central y esto está especialmente asumido
entre las mujeres.

4.2 Narrativas sobre trabajos
reproductivos y de cuidados.
Diálogo desde los postulados de la economía feminista con la cotidianidad
de mujeres rurales.
Pastora Valle
Cuando vivía con mis padres, a mí nunca me gustó el oficio doméstico, lo que me encantaba
era ir al campo con mi papá ayudándole a sembrar y a estar en el campo. Mientras que en la
casa hacía, pero no era de mi agrado estar haciendo oficios. Cuando pequeña nos mandaban
a jalar agua, era largo,…los más grandes hacían las tortillas, barrían, otros lavaban.
Como me gustaba el campo me llevaban a llamar bueyes, entonces caminaba delante de los
bueyes, iba de tayacana. Después a los 18 años yo saqué la primaria, me vine para acá a Estelí a
estudiar Magisterio en la Normal, pero no lo aprobé porque me salí para el tiempo de la guerra…
Después me casé y tuve a mi hija, embarazada aquí vine a estar trabajando de
doméstica con una señora, la misma que me ayudó a sacar la primaria me trajo.
Pero como era necesidad y quería estudiar,…estudiaba en la noche y en el día
trabajaba. Y entonces así fue como inicié, saqué el tercer año de secundaria.
Después cuando ya tenía a mi hija de 4 años, fue cuando comencé a organizarme.
Iniciamos como colectivo trabajando tierras alquiladas, recibí las capacitaciones que
nos iban a dar allá en la comunidad, iniciamos cinco colectivos en cinco comunidades,…
trabajamos así colectivamente produciendo café, granos básicos y rosa de Jamaica,
elaboramos mermeladas, vinos, todo eso los procesamos en colectivo… En los colectivos
comenzamos a exportar el café, 50 quintales, nos movíamos, entregábamos 50
libras, otras 30, pero en conjunto todas entregamos a Alemania 50 quintales…
Y al principio di clases de alfabetización a las mujeres que no sabían leer, la FEM llevó
ese programa de educación a diez mujeres…por cada grupo que eran analfabetas.
Cuando la Cruzada Nacional de Alfabetización, yo quedé de brigadista…

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

19

En este apartado resaltaré aspectos señalados
por las propias mujeres rurales entrevistadas,
que en total fueron cinco adultas y cuatro
jóvenes, todas de la Central de Cooperativa
Las Diosas, además, entrevisté a dos del equipo
directivo y una del equipo técnico de la FEM e
iré articulando un diálogo con los principales
postulados de la economía feminista alrededor
del trabajo reproductivo y de cuidados.
Este diálogo inicia con la comprensión que
tienen sobre los trabajos en general. Lo
primero a lo que refieren cuando hablan de
trabajo es aquello a cambio de lo cual reciben
unos ingresos, señalan que trabajar les hace
sentirse orgullosas porque entre otras cosas les
da la posibilidad de disponer de unos recursos
que les facilita negociar en los hogares; en
segundo lugar incluyen el trabajo reproductivo
y de cuidados bajo el entendimiento de trabajos,
aquellos que no son remunerados; y en tercer
lugar, aunque sólo lo planteó una joven, es
importante que haya insistido que aún a cambio
de este trabajo se deberían recibir unos ingresos,
excepto cuando sea para beneficio propio, “todo
trabajo tiene que tener ingresos… si tiene que lavar
su propia ropa, ese si es un trabajo que uno tiene
que asumir, es su responsabilidad” (Luz Marina
Valle, joven).
El segundo tema en este diálogo son las
visiones que tienen alrededor del trabajo
reproductivo y de cuidados, que van desde la
valoración positiva y por tanto la necesidad de
resignificarlos en los hogares y comunidades;
como unos trabajos en los que necesitan
conseguir la “colaboración” o “apoyo” de los
hombres, “yo tengo que pedir colaboración en
mi casa al estar sola o al estar muy ocupada”
(Reyna Merlo); uno de los trabajos más difíciles
y cansados que se ha impuesto a las mujeres;
como reproductor de desigualdades en tanto

20

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

niega oportunidades a las mujeres; un trabajo
que es fundamental, pero que está invisibilizado
y expuesto a desvalorizaciones por la familia,
la comunidad y hasta de mujeres que no están
organizadas; y una joven que plantea hacer una
ruptura entre mujeres y trabajo reproductivo y
de cuidados.
Un trabajo de cuyos beneficios también
necesitan las mujeres es otra de las visiones, “es
una desigualdad muy grande,…porque tanto los
varones son personas humanas como nosotras
las mujeres y no tiene que haber privilegios
solamente para ellos”, (Rosibel Ramos). Esta idea
se amplía cuando todas incluyen el autocuidado
– cuidado colectivo como una dimensión de
este trabajo, en el que resaltan el tiempo para
atender la salud, la educación, tiempo libre
para ellas mismas, demandar cuidados de otros
miembros de la familia y no solamente cuidar,
así como defender el derecho propio y el de
otras mujeres a vivir libres de violencias, lo cual
va ligado a su rol como defensoras de derechos
en las comunidades.
El tercer aspecto consiste en asociar el trabajo
reproductivo y de cuidados a la economía,
aunque al inicio plantean una concepción más
monetizada mientras van profundizan en su
propia reflexión, afirman que este trabajo tiene
una función fundamental para la reproducción
de la fuerza de trabajo, “si la mujer no le da de
comer al hombre, ¿con qué fuerzas va a trabajar?”
(Kenia Baca), pero también tienen claridad que
este asunto crucial es ignorado por el mercado
“es invisibilizado, la economía y el capital sólo
miran el…trabajo en las empresas”, (Luz Marina
Valle). Es evidente que entre sus ideas está
la consideración sobre cómo se beneficia el
mercado al exonerar a los hombres de las
responsabilidades de cuidados y que sus tiempos
sean exclusivos para ellos y para el mercado.

Es de esperarse que un diálogo con mujeres
rurales nos lleve a la eco-dependencia, en este
caso en referencia específica a la agroecología
y la soberanía alimentaria, no con los fines
exclusivos de lucro como plantean quienes
defienden la economía verde sin modificar
las estructuras de poder y las lógicas del
mercado, tampoco con la fuerza planteada
desde la economía feminista, cuya visión es una
economía que esté más al servicio de la vida
humana y la naturaleza, donde la vinculación
con los cuidados sea más evidente. Al respecto
Pastora Valle de la comunidad El Jocote nos dice:
Nosotras siempre trabajamos en lo que es
la agroecología, la agroecología no es sólo
trabajar lo orgánico, sino cuidar el medio
ambiente, cuidarnos nosotras mismas, cuidar
el hogar, los hijos, que todas luchemos juntas,
no sólo en la casa sino que en general, tanto
fuera de la casa como en el campo, …con todo
lo que es el medio ambiente, el calentamiento
global, todo eso es parte de los cuidados,
porque el medio ambiente tenemos que
cuidarlo porque es parte del cuidado de
nosotras mismas.
De la agroecología el diálogo nos lleva al
mercado justo, procurando reflejar el lugar
que ocupa en sus análisis la redistribución y el
reconocimiento del trabajo reproductivo y de
cuidados al momento de establecer los precios
de los productos que comercializan desde La
Central de Cooperativa Las Diosas, los cuales
son acordados cada cierto tiempo entre las
mujeres y quienes hacen el vínculo con este tipo
de mercados en Estados Unidos y Europa.
Todas están conscientes que en los precios
finales no está reconocido el trabajo de las
mujeres. La referencia para la definición de
precios es la variable de la “competitividad”,

donde las llamadas reglas de oferta y demanda
muy difícilmente reconocerán todo el trabajo
que contienen esos productos. Más bien el
precio está más determinado por lo orgánico
de la producción, aunque pareciera que tienen
algunas ventajas de priorización por ser mujeres
quienes estén detrás del producto. Por tanto,
aunque no es comparado con el mercado
convencional, el mercado justo aún no es tan
justo para las mujeres cuando incorporamos
las dimensiones de la redistribución y el
reconocimiento del trabajo reproductivo y de
cuidados que les implica a las mujeres disponer
esos productos para el mercado.
Algo que las mujeres les dicen cuando tienen
un encuentro con los compradores de café
“ustedes no nos están pagando por este café
lo que realmente vale, si nosotras le ponemos
todo este trabajo que nosotras le invertimos
a estos granos de café no los pagarían”,
además que tenés que competir con un precio
que hay en el mercado, …del otro mercado
ni hablemos, pero si hablamos del mercado
justo ahí no se visibiliza este aporte de trabajo
doméstico y trabajo de cuidados que las
mujeres le invierten a ese producto (Juanita
Villareyna)
El diálogo nos lleva a visibilizar cómo perciben las
mujeres rurales la correlación entre mercados,
Estados, hombres y trabajo reproductivo y
de cuidados, tres actores elementales que se
benefician de la gratuidad y explotación del
trabajo que realizan las mujeres. Por cada actor
iré señalando las palabras clave con que les
relacionan las mujeres rurales.
Mercados: Valorar, transformación,
explotación, obligación, discriminación,
ayuda, desigualdad, bien común, nada

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

21

No es de extrañar que sean los mercados el actor
más lejano para las mujeres, a pesar que desde
una lógica capitalista ha requerido del trabajo
reproductivo y de cuidados de las mujeres para
garantizar su pleno funcionamiento, pero donde
las mujeres han sido las menos privilegiadas. Al
ubicarse tan lejano, tal como dice Perez Orozco,
les “inhibe una responsabilidad colectiva en
el sostenimiento de la vida… y se ve como un
ámbito despersonalizado” (2014, P.24, 76).
los mercados nos tratan como los seres
autosuficientes que en el fondo no somos,
niegan la dimensión relacional de la vida si
no puedes pagarla...el mercado desregulado
y precario no nos ofrece la identidad
mercantilizada a la que aspiramos; pero no
porque las empresas no hagan negocio con
las necesidades afectivas, comunicativas y
relacionales (Perez Orozco, 2014: 77)
Sobre el Estado identifican más una relación
formal y básicamente visualizan tres aspectos:
1) El reconocimiento formal del aporte de las
mujeres a la economía, que se contabilice todo
el trabajo reproductivo y de cuidados de las
mujeres; 2) El impulso de leyes y políticas que
por un lado, obliguen a los hombres a asumir
responsabilidades de cuidados y que por otro
lado, aunque sólo lo mencionó una de las
jóvenes, que el Estado garantice servicios de
cuidados a menores de edad y adultos mayores
para disminuir la carga que recae únicamente
en las mujeres; 3) La sensibilización desde
la educación formal, todas plantearon que
es de gran importancia incluir estos temas y
transformar ideas y prácticas machistas en
relación al trabajo reproductivo y de cuidados.
Estados: Dependencia, sin
enriquecimiento,
ausencia,
tensión, cansancio

22

relación,
invisible,

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

La perspectiva anterior indica una visión
que incorpora en el trabajo reproductivo y
de cuidados, “una dimensión desde la cual
analizar las políticas sociales (Esquivel, 2011:
17) y una conexión que queda más “reservada
para aspectos muy específicos (por caso, la
educación escolar) o como complemento de los
hogares cuando las situa¬ciones particulares lo
ameritaran (por ejemplo, para el caso de hogares
en situaciones de vulnerabilidad económica y
social) (Rodríguez, 2015: 42).
Hombres:
Procesos,
responsabilidad,
cambios, utilización, compartir, explotación,
discriminación, pérdida, humildad
Finalmente están los hombres, con quienes más
claramente identifican que eltrabajo reproductivo
y de cuidados se tiene que redistribuir. Sobre
todo las mujeres jóvenes tienen mucha claridad
que no es sostenible y tampoco aceptable que
los hombres sigan gozando de unos cuidados sin
participar y asumir una parte importante de este
trabajo. Son los hombres con quienes deben
relacionarse a diario en los hogares y sobre
quienes más han reflexionado en los procesos
de empoderamiento, son ellos a quienes más
critican en sus procesos de reflexión; esto tiene
implicación directa con su nivel de influencia
para aumentar la participación de sus hijos en
el aseguramiento del trabajo reproductivo y de
cuidados en comparación con sus parejas.
Aunque en la experiencia de referencia el
cuestionamiento a la organización social de
los trabajos no ha ocupado la centralidad,
sus reflexiones revelan que tienen un camino
recorrido y de mucho valor, sin embargo las
narrativas de las mujeres rurales tienen el
desafío de ampliar varias ideas, por ejemplo
que la participación de los hombres NO son
colaboraciones y/o apoyos para las mujeres. Una

idea impuesta por el sistema y que ha perdurado
en el tiempo como parte de los mandatos de
la feminidad que hacen que las mujeres sigan
asumiendo que las principales responsables son
ellas y que los hombres son actores secundarios
o beneficiarios directos de ese trabajo.
Además de los actores mencionados están las
comunidades, espacios muy cercanos a las
mujeres rurales organizadas y en los que perciben
muchas resistencias para el reconocimiento
y redistribución del trabajo reproductivo y de
cuidados. Señalan que existe un machismo que
insiste para que las mujeres regresen a su lugar
“natural”, un acoso permanente que también
se expresa en el ámbito de la producción más
material1 , con la diferencia que cuando miran
los resultados en base a los ingresos sienten que
les reconocen más este otro trabajo.
Todavía no han despertado esa conciencia, - ni
siquiera lo mencionan, o sea es absolutamente
invisibilizado…la iglesia también tiene parte
en esto en que la mujer esté metida, estén
sumisas, atrapada en cuatro paredes, que
no salga adelante, …entonces las que están
hablando de esto son las mujeres organizadas
– las mujeres organizada nada más. (Reyna
Merlo)
En las narrativas de la FEM se puede identificar
una perspectiva cuestionadora del modelo
económico convencional que no es homogénea
entre el equipo y que pasa desde comprensiones
que suscriben las críticas que se hacen desde la
economía feminista hasta una posición de un
feminismo más productivista que focaliza sus
preocupaciones en la importancia de cuantificar
y visibilizar los costos ocultos, la presencia justa
de las mujeres en el mercado de la exportación
y comercialización nacional, la importancia del
acceso y control de recursos productivos, entre
otras.

Más allá del aporte conceptual y político de
la economía feminista, las mujeres rurales
entrevistadas en la articulación de sus
diálogos adjudican un valor significativo al
reconocimiento y redistribución del trabajo
reproductivo y de cuidados; la posibilidad de
contar con recursos que les permita reforzar su
agencia como mujeres, ocupa una buena parte
de la centralidad de sus discursos. Si tenemos en
cuenta que su encuentro con los debates de la
economía feminista son aún muy pocos, resulta
inspirador reafirmar que en esta experiencia el
acercamiento ha sido desde la práctica que les
ha llevado a concluir que solamente desde el
actuar colectivo de las mujeres serán posibles
otras realidades.
Es así que algunos de los desafíos son: resignificar
los conceptos de trabajos, profundizar en la
perspectiva política del trabajo reproductivo y de
cuidados y poner la justa dimensión crítica sobre
los actores que sistemáticamente han puesto
en una posición inferior a las mujeres, utilizar
la organización social de los trabajos como
un medio efectivo para asegurarse el control
y profundizar el debate sobre la centralidad
que debe ocupar la sostenibilidad de la vida
de todas las personas. Cierro este capítulo con
una reflexión que hace Perez Orozco en su libro
Subversión Feminista de la Economía:
Rastrear los hilos de conexión entre la
asociación de los trabajos con la masculinidad
y la feminidad, su aporte al proceso de
valorización de capital frente a su sentido social,
su reconocimiento en términos de salarios y
derechos y su impacto medioambiental puede
ser un camino complejo pero interesante. Para
empezar a recorrerlo necesitamos usar un
lenguaje distinto que nos permita preguntar
cosas diferentes. (Perez Orozco, 2014: 67)

1 Por producción material me refiero al realizan en el campo
(la tierra).

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

23

4.2 Resistencias feministas, mujeres rurales.
¿Se pueden hacer nuevos arreglos sobre la redistribución, el reconocimiento
y la representación en relación al trabajo reproductivo y de cuidados?

Verónica Ramos
Yo era obrera del tabaco. …Aunque me casé, yo decidí seguir trabajando, yo trabajaba desde
pequeña. …mi madre fue muy pobre…. Entonces, semanas íbamos a clase y semanas no íbamos a
clases, así sacamos el año de clases, para poder ayudarle a ella, teníamos que trabajar con ella.
Empezamos alquilando tierras, de ahí ya nos organizamos bien y anduvimos gestionando. Hubo
un momento en que se compró una tierra en San Ramón, fue la primera finca. …Cuando ya tuve la
tierra le dije que ese sueño se me cumplió… ahora nosotras sembramos y es de nosotros la tierra,
y en ese proceso había lo de género, venía un proceso bien acompañado… pero a los maridos
no les gustaba que esas mujeres fueran a esas reuniones. …lo que a los maridos no les gustaba
porque decían que ellas no se mandaban, que tenían alguien que las mandara. Por eso algunas
se quedaron y las que hicimos hincapié de decidir que aunque él dijera no vas, voy, me conviene…
En mi caso eso hice, si no tenemos tierra y me están dando una tierra, y si no voy a las
reuniones, no voy a los talleres, no va a ser mía, entonces te vas o te quedas porque yo
no voy a dejar de tener mi tierra por tener a un hombre a lado… Tengo éxito cuando me
enfrento a alguien y en realidad llego hasta donde quiero llegar, y no porque la quiera verla
mal a ella, sino porque yo le digo, estás joven búscate otro hombre. Sí, así de sencillo.
En este apartado me voy a referir a resistencias
que las mujeres rurales de La Central de
Cooperativa Las Diosas han adoptado frente a las
tensiones que se van generando en los hogares
y en la comunidad mientras avanzan en sus
procesos de empoderamiento, y buscan nuevos
arreglos para el reconocimiento y redistribución
del trabajo reproductivo y de cuidados.
La información de referencia son entrevistas
realizadas a mujeres rurales adultas y jóvenes,

24

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

además de una encuesta sobre uso del tiempo
que recoge información de los siete días de
la semana y que fue aplicada a las mismas
mujeres que participaron en las entrevistas
(cinco adultas y cuatro jóvenes) más cuatro
encuestas aplicadas a mujeres no organizadas
para fines comparativos (tres jóvenes y una
adulta). Esta encuesta se aplicó teniendo claro
que las encuestas del tiempo, tal y como señala
Carrasco, Borderías & Tons (2011), tienen la
limitación de recoger únicamente la dimensión

cuantificable del tiempo, lo cual en sí ya es una
forma desigual de medirla; sin embargo, me
pareció un medio a través del cual las mujeres
pudieran pensar en sus jornadas diarias, sabiendo
que ellas mismas serían las que participarían en
las entrevistas a profundidad donde podríamos
ampliar la reflexión e ir más allá del número de
horas dedicadas a determinadas actividades.
Los temas incluidos en este análisis son: la gestión
social de los trabajos que realizan las mujeres,

las formas en que se expensan las tensiones más
evidentes en el entorno familiar y comunitario,
un breve análisis sobre los solapamientos que
se dan entre trabajo reproductivo y de cuidados
y trabajo en el campo, y finalmente cerraré
haciendo referencia al análisis que hace Nancy
Fraser sobre redistribución, reconocimiento y
representación aplicado a la experiencia de
mujeres rurales de la Central de Cooperativa Las
Diosas.

4.2.1 La gestión social de los trabajos de las mujeres.
Para profundizar sobre la gestión social de los trabajos de las mujeres es importante revisar sus
jornadas laborales, las mujeres en general sienten que han logrado encontrar cierto equilibrio entre el
trabajo reproductivo y de cuidados, el trabajo en el campo y el trabajo comunitario. Para poder ampliar
esta visión es necesario puntualizar aspectos encontrados en la encuesta sobre uso del tiempo que
ellas mismas completaron.
Gráfico 1. Trabajo reproductivo y de cuidados, siete días de la semana.

Elaboración propia a partir de encuestas aplicadas a mujeres de la Central de Cooperativa Las Diosas.

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

25

En el gráfico 1 se puede visibilizar que en general
las mujeres siguen teniendo jornadas muy largas,
casi todas siguen dedicando en promedio 12
horas a las actividades de cocinar, limpiar, lavar
la ropa, planchar y traer/sacar el agua del pozo.
Las mujeres que tienen a su cargo los cuidados
de otras personas son menos, pero la cantidad
de horas es significativa; las mujeres adultas ya
no tienen hijos pequeños, pero las que cuidan lo
hacen con los nietos/as o sobrinos y las jóvenes
se están pensando el asunto de la maternidad
y ninguna tiene hijos/as. En promedio dedican
entre 3 y 6 horas al día a los cuidados.
Además, aunque aquí no está reflejado, y que
precisamente responde a una de las limitantes
de este tipo de encuestas, también dedican
tiempo al cuidado de los hombres, que en
general son los <<maridos>>, esas personas que
no son menores de edad ni adultos mayores y
que tampoco están enfermos y que ocupan un
porcentaje significativo de los tiempos de las
mujeres y que les es difícil cuantificar.

En relación al trabajo en el campo (la tierra), los
días menos cargados son de 5 horas y los más
cargados son de 11 horas, esto varía dependiendo
del tiempo de cosechas de cada producto y
cuando el trabajo es mayor contratan mano
de obra extra para poder sacar la cosecha.
Otros trabajos que forman parte de la jornada
laboral de las mujeres es el trabajo comunitario
que realizan mediante su participación en
organizaciones de mujeres (cooperativas, redes,
comité de desarrollo) y en espacios comunitarios
como por ejemplo el Comité de Salud. Tal y como
se puede apreciar en el gráfico 2 al espacio que
más tiempo dedican es donde se juntan con
otras mujeres, vale destacar que hay algunas
que están hasta en cuatro espacios, la ventaja
es que su participación la pueden planificar
mejor porque no es algo que tienen que hacer
diariamente sino con una frecuencia promedio
de dos o una vez por semana. Ver gráfico 2 a
continuación.

Gráfico 2. Trabajo en el campo y trabajo comunitario, 7 días de la semana.

Elaboración propia a partir de encuestas aplicadas a mujeres de la Central de Cooperativa
Las Diosas.

26

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

Finalmente está el tiempo para ellas. El 40%
afirma que dedica tiempo para salir a pasear,
el 50% mira la televisión o escucha la radio y
el 70% dice que dedica tiempo para descansar
sin hacer nada; como es característica en el
área rural todas indicaron dormir 8 horas como

promedio, su día comienza en general a las 4AM
y se van a dormir a las 8PM. Tal y como se puede
ver en el gráfico 3, los fines de semana son los
días que más horas disponen para ellas y a la vez
son los días que más tiempo dedican al trabajo
reproductivo y de cuidados, (ver gráfico 1)

Gráfico 3. Tiempo dedicado para descansar, siete días de la semana.

Elaboración propia a partir de encuestas aplicadas a mujeres de la Central de Cooperativa Las Diosas.

Al hacer las cuentas pareciera que no ajustan
con las 24 horas que tiene el día. Con la
acotación que casi todas están muy recargadas
entre el trabajo reproductivo y de cuidados, el
trabajo en el campo y el trabajo comunitario,
vale puntualizar que logran cierto equilibrio
planificando para que las actividades del campo
relacionadas a la Central de Cooperativa Las
Diosas y las de participación comunitaria no
coincidan en los mismos días. Su planificación
está determinada por las temporadas de los
ciclos de cosecha de cada uno de los productos
que cultivan y como ellas tienen control de la
mayoría de las agendas de las organizaciones
comunitarias consiguen acomodar sin tanta
tensión.

Yo tengo un plan de trabajo al año,…cada
mes en el año yo voy viendo qué fechas voy
a dedicarme a mí trabajo, qué fechas voy a
dedicarle a la tostada de café y en qué fechas
sale la asamblea. (Julia Castellón).
Adicionalmente casi todas las entrevistadas
han conseguido que otros miembros del hogar
asuman algunas responsabilidades (encender el
fogón, hacer el café, limpiar la casa y que cada
quien lave y planche su ropa); lo cual se les ha ido
facilitando fundamentalmente al argumentar
que ellas también trabajan en el campo y que
aportan ingresos para los gastos de la casa,
adicional a los diálogos y nuevas prácticas que
van consiguiendo en las nuevas generaciones,
especialmente en sus hijos.
Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

27

Al comparar con los datos proporcionados por
las mujeres no organizadas, casi todas, además
de hacer el trabajo de sus casas se desempeñan
en trabajos de cuidados remunerados, algunas
como empleadas domésticas1 , otras haciendo y
vendiendo tortillas, lo cual les lleva diariamente
entre 6 y 8 horas más el trabajo en casa que les
lleva entre 6 y 11 horas diario. Las no organizadas
destinan en promedio entre 3 y 4 horas
semanales a la iglesia, además de no cuestionar
que sus <<maridos>> no asuman trabajos de la
casa y afirmar que ellos sí salen a trabajar, “Hay
días que me siento como rendida. Él trabaja, sale
a las 6:15AM y viene a las 6PM, trabaja de lunes a
viernes. Sábado y domingo se dedica a descansar.
Jugar un ratito con los chavalos”. Un dato que
me llamó especialmente la atención es que
las mujeres no organizadas para alimentarse
dedican entre 5 y 30 minutos por tiempo de
comida, mientras las organizadas dedican entre
los tres tiempo un promedio de dos horas.
Ahora bien, según estos datos y la información
proporcionada durante las entrevistas, las
mujeres de La Central de Cooperativa Las Diosas
están más recargadas que las no organizadas,
su tiempo lo tienen que distribuir entre más
responsabilidades que desarrollan en diversos
espacios (el hogar, el campo, la comunidad),
por tanto esta información nos confirma
nuevamente el desafío de tener cada vez más
presente la organización y gestión social de
los trabajos de las mujeres en procesos de
empoderamiento.

1 En Nicaragua, según la OIT para el 2010 el 8.9% de las
mujeres estaba ocupada en este tipo de empleo. Por su lado, un
diagnóstico realizado por un consultor independiente durante
el 2013, refleja que al menos unas 200,000 mujeres laboran
como domésticas y devengan un salario mínimo promedio
de C$3,233, USD115, aproximadamente y que un promedio de
86% trabajadoras del servicio domestico desarrollan jornadas
laborales de más de 16 horas.

28

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

Sin embargo, son logros significativos que
las mujeres estén organizadas, que tengan
mayor nivel de conciencia de derechos, que
estén influyendo en otros cambios a lo interno
de sus hogares y en la comunidad, que estén
consiguiendo resolver necesidades prácticas y
estratégicas, que tengan control y decidan sobre
recursos productivos; la consideración especial
es que los avances en el reparto del trabajo
reproductivo y de cuidados a lo interno de los
hogares no tiene esos mismos niveles de avances,
por lo que seguirán profundizando sobre este
tema y dónde una de las preocupaciones es
cómo conseguir que los hombres asuman la
parte que les corresponde en estos trabajos. Sin
duda, las diosas rurales nos seguirán aportando
muchos aprendizajes sobre estos temas.
Con las mujeres no organizadas queda un
camino muy largo, aunque no es algo que pude
constatar, puedo inferir que es posible que estén
relativizando el uso de sus tiempos, las actitudes
de abnegación y sacrificio personal las tienen
tan arraigadas que estos trabajos los asumen
como trabajo exclusivo para las mujeres y en
algunos casos, hasta algo que les llena de placer.
Este tema queda por profundizar en futuros
trabajos similares y hacer el análisis junto a las
organizadas y no organizadas. Ver gráfico 4.

Gráfico 4. Trabajo reproductivo y de cuidados y trabajo remunerado
de mujeres no organizadas, siete días de la semana.

Elaboración propia a partir de encuestas aplicadas a mujeres no organizadas.

Finalmente podría decir que en la gestión social
de los trabajos se encuentra uno de los nudos más
difíciles de desenredar, pues los cambios que van
ocurriendo en las mujeres no se corresponden
con los cambios en la vida de los hombres,
en este caso a nivel de responsabilidades
en cuanto a los trabajos reproductivos y de
cuidados. En correspondencia las mujeres
rurales organizadas inscriben como resistencias
el “dejar de hacer”, abrir espacios de diálogos
a lo interno de sus hogares, tener presencia en
trabajos que se supone son para hombres y

desde ahí argumentar/sostener sus reclamos y
demandarles a ellos que asuman trabajos en la
casa y no solamente los del campo. Es evidente
que este camino está lleno de complejidades,
pero su recorrido hará posible nuevos arreglos
en los cuales las mujeres puedan vivir una vida
con tiempos más dignos.

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

29

4.2.2

Entre las tensiones machistas y las resistencias feministas.
De hombres a hombres:
Ahora si te arruinaste… ya te va a hacer del otro bando
Uy, te arruinaste, ya te domaron bien…
Ella se fue para el pueblo y a vos te deja cuidando chigüines
Ese trabajo no es tuyo, el trabajo tuyo es en el campo
Uno lo que tiene que hacer es poner los riales, manda a tu vieja a comprar
¿Vos no mandas?,…vos deberías de mandar en tu casa
De hombres a mujeres:
Yo no hago esto porque es de mujer
Quitá ese chavalo de ahí, cómo lo va a tener ahí, se le va a hacer cochón
Siempre lo has hecho vos y por qué ahora me va a tocar a mí
Ah no! yo no soy niña
Ve ya ésta está allá en la otra acera, es feminista, no cumple con su rol
Para eso es la mujer para que le haga todo

Las frases en el recuadro anterior fueron
recogidas durante las entrevistas y dan cuenta
del machismo y sexismo que prevalece frente
a la redistribución y reconocimiento del trabajo
reproductivo y de cuidados.
Según los relatos de las mujeres rurales en
cuanto se consiguen algunos pequeños cambios
en el hogar, la sociedad condena enérgicamente
y procura revertirlos para que no se altere el
orden patriarcal impuesto y casi de manera
simultánea resalta la condena moral desde las
iglesias y comunidades como expresiones de las
alianzas machistas que siempre han existido.
Ese orden patriarcal recurrirá a los mandatos
tradicionales para mantenerse inalterado y

30

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

seguir gozando de los privilegios que le vienen
dados por ser hombres y heterosexuales, el
modelo de masculinidad que ha sido favorecido
por el modelo impuesto. No obstante, a partir de
la información proporcionada por las mujeres
entrevistadas, se puede deducir que las formas
de ejercer esas masculinidades en el espacio rural
están conviviendo entre nuevos arreglos que se
van consiguiendo a lo interno de los hogares con
antiguas formas de pensar y ser hombre. Por
supuesto la pugna para que perdure la visión
hegemónica de la masculinidad tiene niveles
de tensiones altísimas, pero las mujeres indican
que algo está cambiando, algunos hombres al
menos están asumiendo tareas relacionadas a
su propio cuidado como lavar y planchar su ropa.

Así pues, una forma de resistir está en polemizar
la marca de la feminidad expresada en la “buena
mujer” en su condición de madre y esposa sumisa
y abnegada; en consecuencia, la maternidad ya
no está constituyendo la prioridad inmediata

en los planes de las mujeres jóvenes y la
sexualidad la estén ejerciendo con más libertad
y sin obligarse a cumplir con ciertos requisitos
establecidos para vivirla, como es el matrimonio.

Deyling Espinoza
Yo decía que a los 18 años me iba a casar y que a los 20 iba a parir chigüines, creía
que con el primer novio que tuviera me iba a casar, con ese me iba a quedar e iba a ser
feliz para siempre, como la cenicienta pues... Pero de repente llega la FEM y empiezo
a participar en estos procesos, venir a desaprender un montón de cosas, aprender
otras, como que un bombillo se te enciende y te das cuenta que esta es la realidad.
Entonces como volver a empezar a escribir otra historia de acuerdo a la realidad, de
acuerdo a lo que realmente querés y a lo que realmente va a pasar. No pensaba en estudiar,
no pensaba tener una carrera profesional, no pensaba trabajar en una organización así,
hoy por hoy estoy estudiando y me gusta lo que estoy estudiando, no por influencia
de nadie, sino porque a mí me gustó y estoy en 4to año y estoy haciendo la lucha.

Para las mujeres adultas es muy significativo
plantearse otros acuerdos en relación al trabajo
reproductivo y de cuidados, fundamentalmente
frente a sus hijos/as y <<maridos>>. Con la
relatividad necesaria en este caso, para ellas
representa la posibilidad de vivir una vida más
en sintonía con los planes que ahora tienen, que
entre otros aspectos, incluye la participación
comunitaria y la producción en la parcela, con
lo cual están físicamente menos presente en
la casa y consiguen disminuir el control de los
hombres sobre ellas y reforzar la acción colectiva
entre las mujeres.

Además, no es menor que hayan experiencias
de mujeres rurales adultas que han subvertido
los mandatos heterosexuales, que lo nombren y
vivan su sexualidad como parte de los procesos
de empoderamiento, esta ruptura con las
concepciones normativas de la sexualidad es
una transgresión significativa y en el espacio
rural lo es muchísimo más.

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

31

4.2.3

Entre la casa y la parcela, solapamientos en contexto rurales.

Resulta significativo develar desde las
reflexiones de las mujeres rurales algunos de
los elementos presentes en el cruce mutuo
que se da entre el trabajo reproductivo y de
cuidados y el trabajo en la parcela que realizan
las mujeres rurales. Son trabajos que se dan
en el mismo entorno y las mujeres transitan de
manera permanente entre un espacio y el otro,
no existe el muro de la empresa privada que
controla directamente los horarios y las metas
de producción de las mujeres que separa de
manera física ambas esferas de trabajo, donde
además se ignora cómo finalmente las mujeres
han conseguido asegurar su presencia y cumplir
con las exigencias de producción impuestas por
el mercado.
Una de las implicaciones de lo señalado
anteriormente es que sin la mano del mercado
presente en las actividades productivas de las
mujeres rurales, su trabajo es desvalorizado e
invisibilizado al considerarlo como una extensión
del trabajo reproductivo y de cuidados, lo cual
podría tener alguna relación con que los precios
finales de sus productos no reconozcan todo
el trabajo que les implica disponerlo para el
mercado, tal y como indican las mujeres de la
Central de Cooperativa Las Diosas, contrario a lo
que sí ocurre con los productos ofrecidos por la
gran empresa, que cobrarán y hasta de más el
trabajo que llevan sus productos.
Desde la lógica colectiva con que trabajan desde
la Central de Cooperativa Las Diosas, las mujeres

32

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

sienten que logran encontrar un punto desde
donde conectan ambas esferas y se alejan de
los modelos convencionales de Cooperativas
lideradas por hombres.
En las cooperativas masculinas van a hablar de
los riales, van a hablar del crédito, van a hablar
de la exportación, casi siempre el hombre es el
líder, el que sabe leer, el que maneja todo, …
en cambio, ellas están hablando de su mundo
reproductivo, de su mundo doméstico, de sus
vidas.. no sólo de los riales. (Diana Martínez).
De modo que, desde la adscripción a la ruralidad
otra de las resistencias de las mujeres se
expresa en reforzar la solidaridad y lógicas
colectivas entre ellas, esto tiene gran valor
porque sienten que se tienen unas a otras;
sumado a esto, consideran que su trabajo en
armonía con la naturaleza pone distancia a las
prácticas extractivistas que se suelen utilizar,
desobedeciendo así mandatos capitalista de la
economía.

4.2.4

Trabajo reproductivo y de cuidados,
un asunto de justicia social.

A manera de cierre general sobre resistencias
y tensiones quiero hacer visible ciertas
consideraciones que hicieron las mujeres rurales
de la Central de Cooperativa Las Diosas y que
desde mi punto de vista se pueden vincular con
el análisis que hace Nancy Fraser sobre la justicia
social como redistribución, reconocimiento y
representación. Este análisis se refleja en una
tabla que recoge un resumen de algunas de
las tensiones a las que resisten diariamente las
mujeres rurales y que varias de ellas parecen
estar en transición. El análisis de Fraser es
complejo, de ahí que he considerado lo que me
ha parecido que ayuda a un mejor entendimiento
del tema abordado en este acápite.
Las mujeres rurales son colectividades que viven
las consecuencias de la mala redistribución
socioeconómica, del erróneo reconocimiento
cultural y de la exclusión de sus voces; superar
estas realidades pasa por entender que los
cambios necesarios en cada dimensión no
operan como compartimientos estancos sino
que están totalmente interrelacionados, además
de comprender que conseguir esos cambios de
manera simultánea entre las tres dimensiones
resulta todo un desafío. A manera de ejemplo
retomo uno de los análisis que hace Fraser en su
artículo ¿De la redistribución al reconocimiento?.
Dilemas en torno a la justicia en una época
“postsocialista”:

del reconocimiento implica valorizar la
especificidad de género…Las feministas deben
buscar soluciones político-económicas que
socaven la diferenciación de género y, a la vez,
buscar soluciones culturales valorativas para
resaltar su especificidad como colectividad
menospreciada” (Fraser, 1997: 15).
Entre las tensiones y las resistencias de las
mujeres de La Central de Cooperativa Las Diosas
se pueden identificar procesos y prácticas
que han venido adoptando las mujeres para
enfrentar las desigualdades. Una de ellas y que
ya he mencionado en otros apartados es la
colectividad, traspasar las fronteras del estar
sola para juntarse con otras e interactuar desde
realidades comunes y pensar de manera conjunta
las alternativas posibles, consigue un “nosotras
somos, nosotras hacemos, nosotras podemos”
que les da confianza y poder. A continuación
detalle de algunos de esos procesos y prácticas,
varias de ellas comentadas en los dos acápites
anteriores:

“Mientras la lógica de la redistribución
implica eliminar el género como tal, la

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

33

Tabla 1.
Tensiones y resistencias: redistribución, el reconocimiento y la representación.

Tensiones
R e d i s t r i b u c i ó n Negarles una distribución justa de los
(Económica)
recursos productivos.
Oposición frente a la propuesta de
reorganización social del trabajo
reproductivo y de cuidados.

Reconocimiento Desaprobación
del
proceso
(Cultural)
organizativo y tenencia de tierra,
sobre todo al inicio.
Menosprecio al trabajo reproductivo
y de cuidados, nombrándolas como
“algo femenino”.
Trabajo reproductivo y de cuidados
invisible en la agenda de la comunidad.
Sancionar socialmente a los hombres
que transgreden la norma de SER
hombres.

Representación Restringirles la participación en
(Política)
programas públicos, sobre todo por
adscribirse al feminismo.
Desvalorizar su rol político, recurriendo
a que las mujeres que andan en esas
cosas “son unas vagas”.
Impedir la participación plena en
calidad de iguales en los espacios
formales organizados por el gobierno
a nivel comunitario.

Resistencias feministas
Acceso y control a recursos que han sido
controlados por los hombres.
“Ganarse” el derecho a tener un lugar en
los espacios de toma de decisiones.
Dejar de hacer algunas tareas del trabajo
reproductivo y de cuidados y ocupar
espacios y trabajos que se supone “son de
hombres”.
Autoreconocimiento y reconocimiento de
la otra.
Hacerse visible en espacios comunitarios.
Interacciones permanentes y sobre
asuntos estratégicos a lo interno de los
hogares y en la comunidad.
Expandir la frontera de lo “permitido” a las
mujeres rurales.
Conciencia colectiva que la actual
organización del trabajo profundiza las
desigualdades de género.
Avances en la deconstrucción de ideas
que colocan esos trabajos sólo para las
mujeres.
Organización y agenda propia.
Representación y voz en espacios
comunitarios.
Influir en decisiones estratégicas en el
hogar.
Identidad y acción colectiva.
Fuertes vínculos con el movimiento
feminista nicaragüense.
Exigir sistemáticamente a los hombres
responsabilidad en los trabajos de
cuidados.

Elaboración propia a partir de Nancy Fraser (2015, Pag.189- 205; 225-227), Clara Murguialday (2013, P.50-56) y teniendo como referencia
la experiencia de la Central de Cooperativa Las Diosas.

34

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

La información de la tabla anterior da cuenta
de cómo y en qué medida las mujeres de La
Central de Cooperativa Las Diosas han logrado
abrir y recorrer cierta distancia en el largo y
difícil camino de la reorganización social del
trabajo reproductivo y de cuidados, así como
su disposición a salir adelante a pesar de los
obstáculos estructurales que enfrentan.
No cabe duda que han sido las necesidades
prácticas las que les motivaron juntarse y
les facilitaron salir de la casa porque son las
necesidades que de forma más inmediatas tienen

que resolver para la subsistencia. El acceso y
control de recursos productivos para contar con
algunos ingresos ha sido la puerta de entrada
para sus procesos de empoderamiento, desde
ahí las mujeres rurales han reflexionado sobre
sus necesidades estratégicas y han avanzado de
forma significativa y con el acompañamiento de
la FEM en el fortalecimiento del poder propio,
para y con; todo esto ha cambiado las vidas de
las mujeres rurales que han sido parte de este
proceso organizado alrededor de la Central de
Cooperativa Las Diosas.

4.3 Elementos potenciales para procesos
de empoderamiento económico.
Las entrevistas propiciaron un diálogo en el que
también salieron ideas, propuestas para seguir
avanzando en el propósito de conseguir nuevos
arreglos alrededor de la reorganización social
del trabajo reproductivo y de cuidados como
parte del proceso de empoderamiento de las
mujeres.

Seguramente a la FEM y a la propia Central de
Cooperativas Las Diosas les permitirá ampliar
algunos referentes a tener en cuenta en el
proceso que ya están llevando, a lo mejor
algunos pueden ser evidentes para algunas
personas, pero siendo el resultado del diálogo
sostenido con las diosas tiene un inmenso valor.

4.3.1 El origen territorial y la edad, ¿de qué potenciales hablamos?
En este apartado compartiré algunos potenciales
que las mujeres rurales adscriben a partir del
origen territorial y la edad, algunos desde su
comparación con las realidades de las mujeres
que viven en las áreas urbanas o semi-urbanas.
Todas parten de la afirmación que sin excepción,
se nos ha asignado como exclusivo el trabajo
reproductivo y de cuidados y que esto es una
desigualdad que afecta a todas, con algunas
matices a considerar y sobre lo cual hablaremos
en este acápite. “El trabajo de cuidados sea rural,

sea urbano, siempre mayormente es asignado
a las mujeres... Pero tiene que ver mucho si hay
dinero, porque a veces pagan a otras, pero igual…
lo vuelve a asumir otra mujer…” (Luz Marina Valle).
Algo sobre lo que he insistido a lo largo de
este documento es que a nivel rural las lógicas
colectivas entre las mujeres es más evidente,
son quienes están más organizada y de forma
conjunta reflexionan y acuerdan procesos
o simplemente alternativas para conseguir
algunos arreglos de apoyo mutuo entre mujeres

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

35

que les ayuda a sobrellevar las cargas que va
te quise tener a vos estaba aburridísima, te parí
imponiendo la cotidianidad. Cargas que van
por obligación>>. (Deylin Espinoza).
desde asuntos relacionados a los cuidados hasta
el respaldo en casos de violencia machista.
Es muy obvia la complicidad entre mujeres rurales
adultas y jóvenes, las cuales se expresan en las
Otro aspecto es que la presión de las lógicas del negociaciones que realizan en los hogares, tanto
mercado es menor entre las mujeres rurales, al para que el trabajo reproductivo y de cuidados
menos el grupo de mujeres entrevistadas afirman se realice cada vez más en condiciones de
que compran solamente lo que no pueden igualdad, para que las mujeres sigan avanzando
producir en la tierra, que no necesitan consumir en el acceso a la educación superior y para que
todo aquello que el mercado va imponiendo sean parte de las iniciativas promovidas desde la
como necesidades para tener mejor calidad de Central de Cooperativa Las Diosas.
vida. También es cierto que hay determinados
servicios que sí son esenciales para la vida como Otro potencial es en relación a la disponibilidad de
salud, educación, acceso a energía eléctrica, agua las mujeres jóvenes para el trabajo reproductivo y
y transporte público de calidad, que se han venido de cuidados. En general, con algunas excepciones,
privatizando y que están bajo el control de los este trabajo ya no está bajo la responsabilidad
mercados, reproduciendo así las desigualdades primaria de las mujeres jóvenes; además están
porque sólo tienen derechos quienes lo pueden menos dispuestas porque sienten que asumir los
pagar.
cuidados no es lo que las determina como mujeres,
tienen otros proyectos de vida y sus posiciones van
Conforme la edad y teniendo en cuenta que la desde hacer ruptura hasta de responsabilizarse
mayoría de las jóvenes entrevistadas son hijas o de una parte sólo si los hombres asumen lo que
sobrinas de las mujeres adultas organizadas, un corresponde. Las mujeres jóvenes comentan que
potencial es el camino recorrido por las adultas, viven en permanente negociación, especialmente
tanto en relación al acceso, control y decisión con sus hermanos, lo mejor todo es que dejar de
sobre recursos productivos como en lo relativo a hacer lo consiguen sin tantas culpas.
las nuevas visiones que poco a poco van colocando
a lo interno de sus hogares sobre la redistribución Finalmente quiero recoger un aspecto que no es
y reconocimiento del trabajo reproductivo y de potencial, pero que es una realidad latente entre
cuidados; las adultas afirman que han enfrentado las mujeres rurales y que en definitiva se debe tener
más resistencias que las que enfrentan ahora las en cuenta en los procesos de reorganización del
mujeres jóvenes, “nosotras comenzamos de cero trabajo reproductivo y de cuidados y por tanto, en
y ellas ya tienen un proceso ya más encaminado” los procesos de empoderamiento de las mujeres;
(Pastora Valle) y así es reconocido por las jóvenes. se trata de las implicaciones del abandono del
Estado que es aún más evidente en las áreas
Yo me comparo con ella –su mamá- y creo que rurales del país y que aumenta la carga de trabajo
hay una gran diferencia, yo a veces digo… yo para las mujeres, que son quienes generalmente
estoy viviendo en la gloria en comparación con deben garantizar que sus hijxs vayan a la escuela,
lo que tuvo que vivir mi mamá, dice que a ella le al centro de salud, que tienen agua en casa, leña
tocó cuidar a diez de sus hermanos, porque ella para cocinar, etc.
es una de las mayores, me dice <<yo fui mamá
de toditita esta ristra de aquí para atrás, cuando

36

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

4.3.2

Otros potenciales, reorganización del
trabajo reproductivo y de cuidados.

En primer lugar quiero señalar algo en lo que
insistieron casi todas y con más énfasis las mujeres
jóvenes. La prioridad central de procesos que
influyan en la manera que se organizan los
cuidados, tienen que ser las mujeres, al ser ellas
sobre quienes recae esta desigual e injusta carga
de trabajo son las que en primer lugar tienen que
reflexionar y juntas a otras comprender y tomar
conciencia sobre cómo opera la matriz de opresión
que refuerza la actual organización del trabajo
reproductivo y de cuidados y de qué forma se
expresan las desigualdades económicas, sociales
y políticas que provoca en sus vidas.

sostenibilidad de la vida les da mucho sustento
a sus lógicas de trabajo, aunque es un asunto
que necesitan seguir problematizando, es una
entrada valiosa para procesos que tengan
como centralidad la reorganización del trabajo
reproductivo y de cuidados. Algunas de las ideas
que desde su cotidianidad utilizan para referirse
a este tema, se encuentran: la interdependencia
entre ellas como colectivo y con los recursos
naturales, tienen bastante claridad de los vínculos
existentes entre vida – sostenibilidad – cuidados
– recursos naturales; y la centralidad que debe
ocupar la vida, sin que deje de ser importante que
las mujeres cuenten con recursos, que los utilicen
Sólo llegar a un hogar y decirle a una mujer, mira y decidan sobre ellos.
deja de hacer esto y hacelo de esta forma, pues
no… yo creo que es un proceso, un proceso de
Yo creo que nosotras desde el mismo
aprendizaje que se tiene que trabajar con todas
momento que hemos estado impulsando el
y con las mujeres porque son las que realizan
cooperativismo, la asociatividad de las mujeres
este tipo de trabajo, (Deylin Espinoza).
ahí está expresado que también apostamos
por la interdependencia, por eco dependencia,
También señalan que hay todo un trabajo por
por la sostenibilidad de la vida…lo que si es que
hacer con hombres, especialmente con los niños,
no podemos asegurar que en este momento
adolescentes y jóvenes, tienen suficiente claridad
esos valores prevalecen, sino que más bien
que con estos grupos es primordial el cambio
las mujeres se sobreponen, hacen un esfuerzo
de ideas, creencias y prácticas desde edades
para luchar contra esos individualismos, (Diana
muy tempranas e influir así en la construcción
Martínez).
de masculinidades alternativas coherentes con
los propósitos de unas relaciones basadas en la
El tema de la colectividad ha sido clave, algo
igualdad de derechos entre hombres y mujeres;
que está presente siempre y que en los años que
creen que el apoyo que está dando la FEM a un
llevamos ya estamos más que convencidas que
colectivo de hombres jóvenes rurales es un buen
desde la individualidad es difícil que podamos
inicio y que seguirán pensando cómo profundizar
avanzar… no perder de vista que vamos en una
en este tema específico.
lógica donde ponemos en el centro la vida.
Cuando trabajamos desde esta perspectiva de
La sostenibilidad de la vida. Las mujeres de La
economía, feminismo y agroecología nosotras
Central de Cooperativa Las Diosas coinciden
decimos que es porque estamos poniendo en el
que la mirada de la economía feminista sobre la
centro la vida de nosotras, (Juanita Villareyna).

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

37

Los diálogos entre mujeres y que desde sus
vivencias personales y colectivas se conecten
con las propuestas de la economía feminista
para fortalecer sus comprensiones, discursos
y narrativas, pero también que aporte a la
construcción de propuestas. También es
fundamental conectar estos diálogos con otras
mujeres, no solamente entre las que están
organizadas en la Central de Cooperativa Las
Diosas, sino con otras mujeres de la comunidad y
especialmente con aquellas que se desempeñan
como trabajadoras remuneradas del hogar que
migran del campo a la ciudad, que tienen muy
poca o ninguna noción de derechos, sumado a la
inexistencia de políticas públicas para promover
sistemas de cuidados justos y que enfrenta
situaciones de explotación a niveles muy altos.
Las mujeres que trabajan en otros hogares siguen
manteniendo un vínculo con la comunidad
a través de quienes cuidan sus hijos/as, que
generalmente son sus madres, tías, primas y
algunas veces amigas. Adicional al trabajo directo
en la comunidad, esta dimensión requiere de un
trabajo a nivel nacional, por tanto conseguir que
este debate esté cada vez más presente en la
agenda del movimiento feminista es un asunto de
alta relevancia.
El hogar aísla a las mujeres. En el proceso de
empoderamiento de la FEM queda muy claro el
desafío que implica conseguir que las mujeres,
sobre todo las rurales, salgan por primera vez de
sus hogares, sobre todo esa primera vez depende
de la voluntad de los hombres. Tenemos suficientes
evidencias que a los hombres les mueve más el
beneficio material, por tanto “dar permiso” a las
mujeres depende de lo que recibirán a cambio.
El permiso que te inician a dar es porque
esperan que afuera te den algo, (dicen los
hombres) <<anda allá a ver qué te dan>>. De
alguna manera al obtener algo (algo que les

38

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

permita a las mujeres tener ingresos propios)…
mueve ese tema de la negociación, aunque no
podemos decir que sólo lo económico le da la
negociación, (Zayda Treminio).
Es aquí donde la visión feminista sobre el
empoderamiento económico tiene tanta
relevancia para no quedarnos en un proceso
instrumentalista más, el bien material debería
ser sólo el medio y no el fin. En un contexto de
cooperación internacional tan complejo, no
solamente por la reducción drástica sino por las
nuevas políticas que condicionan qué financiar
y con quiénes trabajar, implica otro gran desafío
para las mujeres.
Radicalidad. Según la FEM sus procesos se
caracterizan por ser radicales, creen que sólo así
las realidades se reacomodan y sobre esas nuevas
realidades es posible pensar las estrategias
subsiguientes; también son conscientes que en
relación al trabajo reproductivo y de cuidados el
camino es aún largo y que la ruralidad agrega un
nivel de complejidad particular.
Visible – valoración social. Facilitará a las mujeres
mejores posibilidades de acción si avanzamos en
el reconocimiento del trabajo reproductivo y de
cuidados de parte de la sociedad en su conjunto,
particularmente de los Estados, el mercado, los
hombres y las comunidades; si posicionamos que
este trabajo es central para reproducir la vida, la
sociedad, la cultura, para sostener la economía.
Como es de suponer este reconocimiento deberá
ir acompañado de una distribución más justa de
los cuidados.
Después de reconocerlo que se nos valore...
es que lo estimula a uno…la mujer es la que
está de enfermera, de doméstica, la que está
en todo y de eso ni cuenta se dan los varones,
(Rosibel Ramos).

Cuestionando los privilegios de los hombres.
Todas las mujeres coinciden en la importancia
del trabajo con hombres jóvenes, pero tal y
como decía al principio no tienen duda que la
centralidad la deben ocupar las mujeres, por
tanto un trabajo con ellos debe ser desde una
visión que favorezca los cambios que buscamos
para las mujeres y en esto la FEM tiene absoluta
certeza. En las entrevista casi todas las mujeres
critican los privilegios que tienen los hombres,
saben que tal y como está ahora no está bien,
por tanto afirmaciones como “me ayudan o me
apoyan” tienen que trascender y nombrarlo
a como deber ser. Por otro lado, las propias
mujeres entrevistadas aseguran que persiste
mucha complicidad de otras mujeres para con los
hombres, mujeres que no han podido ser parte

de ningún proceso de reflexión al respecto y que
más bien sus elaboraciones se corresponden con
mandatos conservadores enseñados-aprendidos
desde muy tempranas edades.
También a los mercados y los Estados. Estos
actores han conseguido explotar/utilizar el
trabajo reproductivo y de cuidados de las mujeres,
con lo cual han ahorrado y se han enriquecido.
Será un asunto clave que el cuestionamiento y la
exigencia del reconocimiento y la redistribución
involucre a los mercados y los Estados, un trabajo
ideológico con las mujeres, pero también un
proceso de influencia a nivel nacional desde el
movimiento feminista.

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

39

V Conclusiones
Los diálogos con las mujeres adultas y jóvenes
rurales de la Central de Cooperativa Las Diosas
y el Equipo de la FEM reafirman que aún para
las mujeres que son parte de procesos de
empoderamiento conseguir transformaciones
en la dimensión de la organización social del
trabajo reproductivo y de cuidados enfrenta
desafíos profundos, mismos que coexisten entre
el reforzamiento de conciencia de derechos
de parte de las mujeres y tensiones de orden
patriarcal-capitalista que buscan frenar los
avances que se van consiguiendo. Teniendo
como punto de partida esta idea comparto a
continuación seis conclusiones:
La primera es en relación al acceso y control
de recursos para la producción en la parcela.
Desde la visión del empoderamiento económico
de las mujeres es un elemento de entrada
crucial y aunque no está exento de tensiones
de todo tipo, también es cierto que al final a
lo interno de los hogares terminan viendo un
efecto material positivo para toda la familia.
En cambio el reconocimiento y redistribución
del trabajo reproductivo y de cuidados es un
asunto más estructural y está en relación directa
con mecanismos que han dotado de privilegios
a los hombres y mercados; para estos actores
no es tan evidente qué ganan con los cambios
que se promueven y por tanto, las tensiones se
intensifican.
De ahí que es comprensible que ambos
propósitos de manera conjunta aporten un valor
significativo a los procesos de empoderamiento
y que necesiten asumirse como apuestas
complementarias o cuando menos como un

40

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

propósito subsiguiente sin dejar que el tiempo que
transcurra entre un momento y otro sean tanto
como para que se asienten nuevas realidades
desde las cuales se continúe explotando el
trabajo de las mujeres.
Lo anterior me lleva a la segunda conclusión,
la complementariedad entre empoderamiento
y economía feminista. Sin pretender generalizar,
en países como Nicaragua los procesos de
empoderamiento económico están entre las
prioridades de las organizaciones feministas
y ha sido desde ese lugar que las mujeres han
resistido al patriarcado, al capital y al abandono
del Estado. Es desde ahí que se están acercando
a los debates de la economía feminista, la cual
les aporta visión política de dimensiones clave
que hasta ahora están muy poco abordadas en
los procesos de empoderamiento.
La tercera conclusión es vista desde la evidencia
sobre las jornadas laborales de las mujeres.
Los nuevos arreglos que van consiguiendo las
mujeres rurales en sus hogares aún son mínimos
si los comparamos con todos los cambios
realizados en sus propias vidas, como ejemplo
están sus nuevas dinámicas diarias de trabajo
que incluyen trabajo en el hogar, en la parcela
y trabajo comunitario; esto convive con la
disposición de las mujeres a salir adelante a pesar
de los obstáculos estructurales y hasta de los
niveles de sacrificio que esto le pueda implicar;
y muy a pesar de las políticas de cooperación de
corte más instrumentalistas que ignora todas
estas realidades estructurales que enfrentan las
mujeres.

En la cuarta conclusión quiero hacer referencia
a los solapamientos que transcurren de manera
constante entre la actividad agrícola y el trabajo
reproductivo y de cuidados que realizan las
mujeres rurales. Ambas actividades tienen lugar
en un mismo entorno y territorio, su relación
con el medio rural permanecen inalteradas
mientras se desplazan entre la parcela y los
hogares; las jornadas son metas puestas por
ellas mismas no hay un “jefe” de por medio,
aunque esa flexibilidad también conlleva
extensas jornadas de trabajo autodefinidas por
las propias mujeres; muchas de las prácticas de
cuidado se expresan como una extensión en el
trabajo de la parcela, para las mujeres la lógica
agroecológica tiene una relación directa con
el cuido al medio ambiente; y sus experiencias
personales en relación al trabajo reproductivo y
de cuidados están muy presentes en los diálogos
que realizan alrededor de las agendas de trabajo
de las propias cooperativas de mujeres, es decir
encuentran las posibilidades de conectar ambas
esferas.
Lo anterior es un hallazgo muy importante que
necesita ser analizado a mayor profundidad
desde los debates de la economía feminista
para que la reorganización social del trabajo
reproductivo y de cuidados ocupe un lugar
central en los procesos de empoderamiento de
las mujeres rurales. Es necesario argumentar
ampliamente qué de las experiencias de las
mujeres rurales son elementos potenciadores
y a la vez analizar cuáles podrían representar
limitaciones.
Partiendo de la consideración que entre la
economía feminista y el feminismo nicaragüense
el encuentro es muy reciente, me lleva a la
quinta conclusión. En las narrativas de las
mujeres rurales de la Central de Cooperativa
Las Diosas se identifican discursos construidos

desde sus realidades cotidianas que les permite
aproximarse a los debates de la economía
feminista alrededor del trabajo reproductivo
y de cuidados. Son reflexiones que más que
atribuirlas a elaboraciones teóricas y políticas
planteadas desde la economía feminista, tienen
su base en imaginarios que les permite asegurar
que el lugar que ocupan en el mundo del trabajo
reproductivo y de cuidados es injusto.
Teniendo la base anterior, acercamientos
deliberados y sistemáticos con los debates
planteados desde la economía feminista
podría provocar cambios significativos en la
organización social del trabajo reproductivo
y de cuidados, sabiendo que las realidades de
las mujeres entrevistas, tal y como confirman
ellas mismas y las directoras de la FEM, no
es la de todas las mujeres rurales con las que
trabajan. Sin embargo, también es cierto que
estas mujeres constituyen un núcleo estratégico
desde donde se puede continuar y ampliar el
proceso de empoderamiento en una perspectiva
que consiga incluir cada vez más la dimensión
del trabajo reproductivo y de cuidados.
Por otro lado y siempre en relación a las
narrativas. La comprensión que tienen de
entrada sobre el concepto de trabajos es el
que realizan en el campo, la actividad final
que transforma o cultiva un producto, una
idea más en relación con la impuesta por
el modelo económico trabajo=empleo; sin
embargo, mientras transcurre el diálogo ellas
mismas terminan concluyendo que el trabajo
reproductivo y de cuidados también es trabajo y
un trabajo fundamental para la vida.
De la mano con lo anterior, algunas mujeres
entrevistadas sostienen que el trabajo
reproductivo y de cuidados como cualquier otro
trabajo debe ser remunerado, una dimensión

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

41

cercana a la idea que el dinero es el que designa
valor; otras tienen una perspectiva que cuestiona
la posición subordinada de las mujeres y el
injusto reparto de estos trabajos. También está
la exagerada exaltación y la idea que sólo las
mujeres pueden hacer estos trabajos, creencias
que refuerzan la dependencia hacia las mujeres,
de sobra sabemos que al final son medios de
control que utilizan las unidades familiares, la
comunidad, las iglesias y el mercado.
Finalmente quiero cerrar con la sexta
conclusión que remite a elementos potenciales
identificados. La Central de Cooperativa Las
Diosas es una experiencia feminista que tiene
las condiciones políticas necesarias para
seguir avanzando en el reforzamiento de sus
procesos de empoderamiento económico para
que la dimensión del trabajo reproductivo y de
cuidados se incluya cada vez más como parte
de sus propósitos. Un punto de partida clave es
aprovechar lo que han conseguido a lo interno
de sus hogares, las lógicas de colectividad y
solidaridad que existe entre las mujeres rurales y
el vínculo que hacen entre vida-sostenibilidadmedio ambiente y retomarlos para ampliar
las comprensiones desde el enfoque de la
sostenibilidad de la vida.
Otro aspecto es quién debe ocupar la centralidad
de los cambios que queremos conseguir, sobre
todo porque la cooperación está insistiendo

42

Trabajo Reproductivo y de Cuidados

muchísimo para que las organizaciones de
mujeres prioricen el trabajo con hombres y
muchas veces se vuelven una condicionante
que interrumpe y provoca retrocesos del
camino andado. Aunque es importante la
transformación de ideas, creencias y prácticas en
hombres, la prioridad tiene que ser las mujeres
y que en diálogo con otras comprendan cómo
opera la actual organización de los trabajos en la
profundización de las desigualdades. El trabajo
con mujeres jóvenes tiene un enorme potencial
y se cuenta con la complicidad entre las mujeres
adultas y jóvenes rurales organizadas, lo cual es
un valor en sí que tiene que ser aprovechado.
De igual manera está la importancia que el
movimiento feminista nicaragüense avance
en una agenda que haga posible posicionar
con fuerza los debates que viene promoviendo
la economía feminista alrededor del trabajo
reproductivo y de cuidados, donde las
experiencias de organizaciones feministas
rurales pueden aportar una base valiosa. El
reconocimiento y la redistribución de estos
trabajos que sostienen la vida nos tiene que
servir de referencia para seguir cuestionando
privilegios y relaciones desiguales de poder y
sólo la radicalidad del movimiento feminista
hará posible avanzar hacia sistemas de cuidados
más justos.

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Trabajo Reproductivo y de Cuidados

VII Anexos
A-1. Instrumentos: Entrevistas y Encuesta sobre el uso del tiempo.
A-2. Curriculum Fundación Entre Mujeres (FEM).

Reflexiones desde las Mujeres Rurales Nicaragüenses

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