Está en la página 1de 29
MARIA INES HORVITZ LENNON JULIAN LOPEZ MASLE DERECHO PROCESAL PENAL CHILENO Tomo I PRINCIPIOS SUJETOS PROCESALES MEDIDAS CAUTELARES ETAPA DE INVESTIGACION EDITORIAL JURIDICA DE GHILE PROLOGO, Maria Inés Horvitz forma parte, junto a Jorge Bofil, Cristidn Riego, Mauricio Duce, Juan Enrique Vargas y otros, de la generacién que asumid 1a enorme tarea de renovar el derecho procesal penal chileno, Una renovacién que tuvo su primer fruto en el Codigo Procesal Penal vigente, en todos los trabajos técnicos realizados para orientar su puesta en marcha, en una visidn actualizada y mas compleja sobre ef funcionamiento de Ja justicia criminal y en un entusiasmo que pronto sumé a otros protagonistas del mismo movimiento, como Juliin L6pez, no Sélo coautor de esta obra sino también participe en las tareas para construir una nueva justicia penal para Chile Por supuesto que ninguna de estas tareas se hace en el va- cio el pensamicnto juridico vuelve ciclicamente sobre sus des temas, pero lo cierto es que gracias al movimiento que ellos ‘desencadenaron hoy se percibe notoriamente un salto cualitati- vvo en [a reflexién procesal penal en Chile, del cual esta obra, que me honts prologar, ¢s una muestra cabal. Por otra parte, también se debe destacar el esfuerzo que hoy diversos grupos en toda América Latina vienen realizando en esa misma direccién, con la vocacién de tender novedosos Iazos de intercambio y preocupacién regional, que quiz4s nos permitan tener la comunidad académica que ninguno de nues- ros pafses puede construir por af solo, pero que constituye una condicién de sustentacidn y crecimiento de los esfuerzos del presente. Nutrir a esa comunidad de reflexiones, someterse {a critica comin y evitar que nos atrape el provinctanismo que degrada el trabajo intelectual es otra cle las grandes tareas que hos convocan y NOS comprometen colectivamente. Tambié desde esta perspectiva no se puede sino saludar esta nueva pu blicacion. Pero hablar de renovacién significa también reconocer que a todos nos quedan muchas tareas pendientes. Debemos tener laro que lo hecho hasta ahora nos ha servido para superar par cialmente el atraso de los sistemas procesales de nuestros pi ses, que atin deben extender y profundizar sus reformas y generar una preocupaciin estable y permanente sobre el fun- Cionamiento de sus sistemas judiciales, Al mismo tiempo, debe~ mos elaborar y difundir una reflexién teérica y una visién empirica del funcionamiento de esos sistemas que nos permita ddarle bases ms precisas y s6lidas a sa tarea de perfecciohamien- to continuo que constituye la politica judicial. En primer lugar, no debemos olvidar la larga tradicién in- quisitiva que ecompaiia el nacimiento y el desarrollo del Estado modermo hasla nuestros dias. En este sentido, profundizar en tina eritica radical al sistema inquisitivo (en sus formas de cons- truir la verdad, como bien destaca esta obra, pero también en la nocién de ‘infraccién”, en el desplazamiento del conflicto pri- mario, en la confusin entre “piiblico” y “estatal” y otras tantas ceategorias que pertenecen a esa tradiciGn o adquieren un signi- ficado especial dentro de ella como especiales “téenicas de go~ biemno”) es, 2 mi juicio, una condici6n para una verdadera renovacién conceptual, Todavia creemos que muchos concep- tos del derecho penal o del derecho procesal penal son neutros cuando son creaciones de esa misma tradicién y Ia perpetian. Un adecuado analisis hist6rico nos debe prevenir de las sucesi- vas mutaciones del mismo sistema inquisitivo para que, alertas por la conciencia historica, no creamos que Ia adopcién del sis- {ema acusatorio formal implica ya, por si solo, una superacion del sistema inquisitivo. Hoy el derecho procesal penal trabaja, todavia con un nivel menor de critica, con el aparato conceptual desarrollado, fundamentalmente, en la segunda mitad del siglo XIX y que desembocard en los tratados italianos (Manzini, Leone, Florin) e gran influencia en nuestras tierras, Ese aparato conceptual, desarrollado principalmente en Alemania (de v. Bulow @ J. Goldschmidt) y trasladado y ampliado en Italia (de Chiovenda 'a Manzini), no solo esta ligado a las pretensiones de una teoria general del proceso sino que tiene una relacién estrecha con las grandes transformaciones judiciales realizadas en esos paises, producto de la recepcién en ellos de los modelos franceses. “También nos debe quedar clara, como bien nos muestra Franco Cordero, la enorme influencia de la ordenanza francesa de 1670 (producto acabado del sistema inquisitivo junto con la “Carolingia”) en la gestacién de la legislacién napoleénica, pese ‘a que durante mucho tiempo los llamados “sistemas mixtos” fueron presen‘ados como una alternativa al sistema inquisitivo. Por lo tanto, ese aparato conceptual tiene raices histéricas bien definidas y esti profundamente imbricado con el desarrollo del propio sistema inquisitivo y debe ser revisado desde sus raices, por més que hoy constituya el “lenguaje comtin” de la reflexion, procesal. En segundo lugar, es necesario ahondar en el “andlisis p tico-criminal éel proceso penal”. No s6lo en aquellas institucio- nes cuya funcionalidad politico-criminal es mas evidente (como la diversificacisn de respuestas o los instrumentos procesales de control de la selectividad), sino en el funcionamiento general de la justicia criminal, al fin de cuentas s6lo una parte del siste- tna penal, Frente a una Criminologfa que nos habla muchas ve- ces de los grandes “bloques” (policfa, carceles, justicia, ete), debemos desarrollar Ia capacidad de comprender e! funciona- miento interno de las instituciones judiciales, sus limitaciones, sus posibilidades, sus mecanismos concretos: los pequetios en sgranajes que hiego generan mecanismos centrales en la confor- macién del sistema penal (como es la selectividad informal o la impunidad estructural de los poderosos) con una enorme in- fluencia en la legitimidad de las propias instituciones judiciales. Construir las categorfas que nos permitan analizar el funciona- miento de los sistemas judiciales y a la vez recabar datos rele- vantes sobre ellos, ¢s algo todavia por construir en cada uno de nuestros paises. 'Y todo esto no significa abandonar al derecho procesal como isciplina juridica. No debemos hacer eso ni encerrarnos en un fandlisisjurfdico pobre en sus instrumentos te6ricos. Aun miendo que la tarea de las disciplinas juridicas es s6lo darnos interpretaciones de un tipo especial de textos, hoy debemos re~ conocer que esa interpretaciGn es siempre una tarea ms am- plia que la cue nos indicaron los métodos tradicionales de interpretaci6a, hoy necesitados de las lecturas imprescindibles de Gadamer 0 Ricoeur, asi como de todo el desarrollo de la mo- derma hermenéutica Finalmente, crco imprescindible una tarea para la cual los autores estén especialmente calificados: es necesario construir tun nuevo didlogo entre el derecho procesal penal y el derecho penal, hoy estancado en un paradigma de instrumentalidad que ho se condice con la real configuraci6n de los modelos politi- cocriminales y que empobrece el enfoque de ambas disciplinas. En cierto modo, el esfuerzo que inicid Hassemer en sus "Fun damentos” no ha sido continuado con la fuerza necesaria y hoy penalistas y procesalistas penales (una divisién que no se debe admitir) nos encontramos alejados en nuestras concepciones y con escasa capacidad de didlogo. Esta obra comienza a seiialar ese camino de reflexién conjunta que nos requerira imagina- ibn, creatividad y la valentia de superar conceptualismos que en uno y en otro lado se presentan como saberes consolidados cuando son creaciones de muy reciente data y cuya utilidad de- ‘bemos poner permanentemente en duda, como corresponde a toda disciplina con capacidad de reflexionar sobre su propia ca- pacidad epistémica. ‘No quisiera terminar sin alentar a Tos autores a que conti- mien este camino, para el cual el espiritu critico es la mejor de Jas herramientas, No es hora de dogmatismos ni de nuevas “doc- trinas oficiales’ ~estoy seguro de que Maria Inés y Julién dirfan ‘conmigo-, sino de lanzarse con valentia y audacia a pensar ya ensefiar, sabiendo que la reflexién no es ¢jercicio inatil 0 puro saber de academia, sino una de las formas como podemos defen- cer las libertades ptiblicas y contener la violencia del Estado. ALRERTO M. BINDER Instinuto de Estudios Comparacos ‘on Ciencias Penales- INECIP las grandes transformaciones judiciales realizadas en esos paises, producto de ka recepcidn en ellos de los modelos franceses. También nos debe quedar clara, como bien nos muestra Franco Cordero, la enorme influencia de la ordenanza francesa de 1670 (producto acabado del sistema inquisitivo junto con la *Carolingia") en la gestacién de la legislacién napoleénica, pese a que durante mucho tiempo los llamados “sistemas mixtos” fueron presentados como una alternativa al sistema inquisitive Por lo tanto, ese aparato conceptual tiene races historicas bien definidas y esti profundamente imbricado con el desarrollo del propio sistema inquisitivo y debe ser revisado desde sus raices, por més que hoy constituya el “lenguaje comin” de la reflexion procesal. En segundo lugay, es necesario ahondar en el “andlisis p tico-criminat del proceso penal”. No sélo en aquellas institucio~ nes cuya funcionalidad politico-criminal es mis evidente (como la diversificacién de respuestas o los instrumentos procesales de control de la selectividad), sino en el funcionamiento general de la justicia criminal, al fin de cuentas sélo una parte del siste~ ma penal. Frente a una Criminologia que nos habla muchas ve- ces de los grandes “bloques” (policfa, cdrceles, justicia, etc.), debemos desarrollar la capacidad de comprender el funciona- miento interno de las instituciones judiciales, sus limitaciones, sus posibilidades, sus mecanismos concretos: los pequeiios en- ‘granajes que iuego generan mecanismos centrales en la confor- macidn del sistema penal (como ¢s la selectividad informal o 1a impunidad estructural de los poderosos) con una enorme in- fiuencia en la legitimidad de las propias instituciones judiciales. Construir las categorias que nos permitan analizar el funciona- miento de los sistemas judiciales y a la ver, recabar datos rele- vvantes sobre ellos, es algo todavia por construir en cada uno de nuestros paises Y todo esto no significa abandonar al derecho procesal como isciplina juridica, No debemos hacer eso ni encerrarnos en un lndilsis jiridico pobre en sus instrumentos teéricos, Aun ast miendo que la tarea de las disciplinas juridicas es slo darnos interpretaciones de un tipo especial de textos, hoy debemos re- conocer que esa interpretacin es siempre una tarea mas am- plia que la que nos indicaron los métodos tradicionales de interpretaciéa, hoy necesitados de las lecturas imprescindibles ‘de Gadamer o Ricoeur, asf como de todo el desarrollo de la mo- derma hermenéutica Finalmente, creo imprescindible una tarea para la cual los autores estén especialmente calificados: es necesario construir tun nuevo didlogo entre el derecho procesal penal y el derecho penal, hoy estancado en un paradigia de instrumentalidad que ho se condice con la real configuraci6n de los modelos poli ‘co-ctiminales y que empobrece el enfoque de ambas disciplinas. En cierto modo, el esfuerzo que inicié Hassemer en sus “Fur damentos” no ha sido continuado con la fuerza necesaria y hoy penalistas y procesalistas penales (una division que no se debe admitir) nos encontramos alejados en nuestras concepciones y ‘con escasa capacidad de dislogo. Esta obra comienza a sefialar fese camino de reflexién conjunta que nos requeriré imagina~ ‘ibn, creatividad y la valentia de superar conceptualismos que fen uno y en otro lado se presentan como saberes consolidados cuando son creaciones de muy reciente data y cuya utilidad de- bemos poner permanentemente en duda, como corresponde a toda disciplina con capacidad de reflexionar sobre su propia ca- pacidad epistémica. ‘No quisiera terminar sin alentar a los autores a que conti- rien este camino, para el cual el espititu critico es la mejor de Jas herramientas. No es hora de dogiatismos ni de nuevas “doc- trinas oficiales” estoy seguro de que Maria Inés y Julidn dirian ‘conmigo-, sino de lanzarse con valentia y audacia a pensar y @ fensefar, sabiendo que la reflexién no es ejercicio iniitl 0 puro saber de academia, sino una de las formas como podemos defen- der las libertades priblicas y contener la violencia del Estado. ALNERTO M. BINDER Instituto de Extuios Comparados ‘on Ciencias Penales- INECIP PREFACIO Esta obra constituye un esfxerzo conjunto por poner a disposi ‘cin de los interesados nuestra visiGn del Derecho procesal pe- nal chileno a partir del proceso de reforma que ha venido, a comienzos del siglo XI, a reemplazar integralmente el sistema inquisitive que regia bajo el Cédigo de Procedimiento Penal de 1906, Como se sabe, la entrada en vigencia del nuevo sistema sera sradual, lo que implica, por una parte, que no esta previsto que ja en todo el tertitorio nacional sino partir del aio 2004 y, por la otra, que las normas del antiguo sistema seguirdn tam- :n en vigor, posteriormente, para regular los procedimientos orientados a resolver los conflictos penales originados durante su vigencia, No obstante lo anterior, nuestro trabajo se ha orien- tado exclusivamente a explicar los fundamentos y alcances de! nuevo proceso penal, por lo que fa normativa anterior nos ha interesado sGlo en cuanto antecedente de este tiltimo. El trabajo que ahora presentamos se centra en el andlisis del sistema procesal penal que resulta de la consideracién conjun- ta de la Ley de Reforma Constitucional N? 19.519, de 16 de sep- tiembre de 1997, que creé el Ministerio Pitblico; Ia Ley N? 19,640, de 15 de octubre de 1999, que establecié la Ley Or- fGnica Constitucional del Ministerio Pablico; la Ley N* 19.66 fe Je marao de 2000, que reformé el Cédigo Organico de Tr bunales; la Ley N* 19.696, de 12 de octubre de 2000, que est blecis el Codigo Procesal Penal; la Ley N° 19.718, de 10 de marzo de 2001, que cre6 la Defensoria Penal Publica y la Ley N° 19.708, de 5 de enero de 2001, que modificé el Cédigo Orgénico de Tr bunales para adecuarlo al nuevo Cédigo Procesal Penal Cuando este volumen se encontraba en prensa, se dict6, adi- cionalmente, la Ley N¥ 19.789, de 30 de enero de 2002, que i trodujo importantes modificaciones al Cédigo Procesal Penal Si bien hemos afiadido a esta obra una addenda orientada a ex- plicar a grandes rasgos el alcance de dichas modificaciones, lo Gierto es que ellas han afectado la consistencia y validez de va- tas de las afirmaciones que formulamos en esta obra, particu- larmente en materia de medidas cautelares. Dado el momento fen que se produjo la modificacién, nos ha resultado imposible corregir el texto original, lo que ha quedado como tarea para tina futura edicién. Por esta raz6n, llamamos al lector a revisar ccon cautela el texto de este libro en aquellas materias que han sido objeto de la ley de reforma antes sefialada, cuyas normas se analizan por separado en la respectiva addenda, ‘La presente es una obra en dos voltimenes. Al momento de poner a vuestra disposicién esta primera parte, los autores nos Encontramos trabajando en Ia elaboracién de Ia segunda, que jncluiré la audiencia de preparacién del juicio oral, el juicio oral, Ja prueba, los recursos y los procedimientos especiales mas im- portantes. Debemos especial agradecimiento al profesor Jorge Bofill, quien revis6 los borradores de este trabajo y cuyas observacio- jes nos permitieron mejorar considerablemente el texto defi nitivo, El profesor Davor Harasic revis6 también los capitulos tescritos por el profesor Julin Lépez, formulando sugerencias que fueron particularmente iitiles para la correccién de dichos capitulos. Debemos agradecer también a Luppy Aguirre y Wil ma Alvarado, quienes revisaron la fidelidad de las citas biblio- igrificas y ayudaron a rectificar los errores tipogréficos previos al trabajo de! editor. Por tiltimo, no podemos dejar de agrade- cer a nuestros alumnos de la Facultad de Derecho de la Univer sidad de Chile, quienes constituyen nuestra fuente inagotable de critica, estimulo y perfeccionamiento académico. Santingo, abril do 2002 I, EL NUEVO PROCESO PENAL 1, ELORIGEN DEL PROCESO DE REFORMA DE LAJUSTIGIA PENAL CHILENA Hasta el 16 de septiembre de 1997, fecha en que se publica la Ley de reforma constitucional N® 19.519, que establece la insti- tuci6n del ministerio puiblico ¢ inicia la saga de cuerpos legales ‘que dicen relacién con la transformacién del sistema de justicia criminal, regia en Chile -y rige atin un ordenamiento proce- sal penal de corte inquisitive cuyo origen legal se remonta a 1906. A la fecha de elaboracién del Proyecto de Ley de Cédigo de Procedimiento Penal ya se encontraba vigente la nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal espatiola de 1882, que expresaba los 7 La ley de reforma consitaconal reign tad digpone, ens disposi “rigsimosexta, qo el Capitala VEA “Ministerio publics a Lay Orga Cons ‘tulonal del mintero public ls ljes que, complementando dehas norma tnriican'e Cigo i Proceinients Peale apicaran exclasvamente alo hechosacacclos fan posteroridad la entada ep vgencla de aes dxpoiio~ thes Para determin cal el fecha de entrada en vgena de chs dxposiciog ‘hes hay que remare al area 4 trmitoro de a Ley Organica Consteional de minister pico (Ley N° 19.00, de 1990), que enablece una entrada 6 Ve fgencia gradual de la misma, seg [os plano queen dicho precept legal se Arco pipue a swt dade a publicnen de dca ley en el Diario Ota dle oc de 190), Ast seals lo iulenesTV y 1X regione, 14 meses Hy Vit regione, 24 meses, Region Metropoliana, 86 meses, VIL, X: XI y XI regions, 48 mess, Sin embargo la Ley 19.783, deb de octobre de 2001, odie ola dnposicionanteriormente shal esablciendo fos sguentes pros de aia oy igenca del neo sstema: IV I reglones, 1€ de aiembre de 2000 Th ily Vit Lede etre de 2001; 1, Ly XIL, 16 de dlembre ce 2002: VV, VI 1K. Ib de dcierbne de 2008, yReplén Metropoitana, 16 de diciembre de 2008 ideales de la segunda etapa del sistema inquistivo, esto ¢s, una sintesis entre el modelo judicial de la monarquia absoluta y al- ggunas conces.ones al viejo sistema romano-germadnico existente con anterioridad a la implantaciGn del sistema inquisitivo (sis tema inquisitivo mixto o inquisitive reformado), modelo que se ‘expandié en Suropa a través de la codificacién napoleénica. Sin ‘embargo, el legislador de principios del s. XX desech6 expresa- mente los modelos de enjuiciamiento criminal existentes a la Epoca, apartindose asi ‘de los Cédigos mis adelantacos”, fun~ damentalmente por razones econémicas y de recursos materia- les” conservando en lo sustancial la estructura del procedimiento penal inquisi:vo establecido, durante el s. XII, en Jos Libros TIL y VII de las Siete Partidas, y que s¢ introdujo a Latinoamérica Gurante la Colonia y que subsistié a los procesos emancipato- rios dels. XIX.’ En el Mensaje del Cédigo de Procedimiento Pe- nal de 1906 se sintetizan todos los argumentos aducidos en contra del modelo adoptado: "El juez sumariante adquiere la conviecidn de la culpabilidad del reo tan pronto como encuen- tra indicios suficientes en los datos que recoge. Este convenc- miento lo arrastra insensiblemente, y aun sin que él lo sospeche, no s6lo a encaminar la investigacién por el sendero que se ha trazado a fin de comprobar los hechos que cree verdaderos, sino también a falar en definitiva conforme a Jo que su conviccién 1 Ie viene dictando desde la instruccién del sumario". Sin embargo, el legislador confia en la honradez del juez para “no dejarse llevar de meras impresiones”. ‘Aunque este planteamiento, que afectaba frontalmente la sgarantia de imparcialidad del tribunal que juzga, resultaba dis- eutible ya en la época que se pronuncid, no cabe duda que comen~ 76 a resultar insostenible a medida que los textos constitucionales Yylos instrumentos internacionales de derechos humanos suscritos por Chile y vigentes en el ordenamiento juridico nacional con- je del Cédigo de Pracedimiento Penal de 1906 Democraciay administacion de jstcla penal en Tberoaméri ca (Lox projec para la refora del sistema penal), en MATER y ots, faformas wal on Sie Latina: la orlidad en ls proves, CPU, Santiago, 1998, pp. 29 Jee HOFILL ().-Die Strafprozcuretorm in Chile: en Sprang in de Gegenwart", Un GOSSEL PTRIPTERER (ed) Godachtnsloft fa ein 2 CS. Maller Verlag, Heidelberg. 1998, p. 499 sagraron, con fuerza vinculante pata el legislador, los principios Y garantias reconocidos como estinclares universales del debi do proceso." En efecto, €larticulo 19 N® 8 inciso 5¢ de la Cons- titueién de 1980 impone el deber al legistador de “establecer siempre las garantias de un racional y justo procedimiento” (art. 19 N®3 inciso 5%), cldusula que ha sido interpretada como tuna garantia general de respeto a los principios del debido pro ‘ceso.' Con relacién a Jos tratados internacionales, Chile es par- te del Pacto Internacional de Derechos Giviles y Politicos (PIDCP) yde la Convencién Americana de Derechos Humanos (CADH), que contemplan un completo catélogo de garantias que com ponen el debido proceso asi como garantias referidas a la liber- tad y seguridad individual aplicables en el curso de un proceso penal El derecho a la imparcialidad det uibunal constituye un pilar fundamental de la garantia del debido proceso en un Es- fado de Derecho, en términos que el Tribunal Europeo de De~ rechos Humanos ha destacado "la importancia que en esta materia tienen las apariencias, de forma que debe abstenerse todo juez del que pueda temerse legitimamente una falta de imm- A nivel constituciona. a garanti de debido proceso ha so entenda his téricamente como derecho a lt legalidad del proceso penal As, el Reglameto CConsttactonal ce 1812 extableea, en a0 arcu 18, que “Ninguno sera penado Sin proceso sentencia conforme a aly" En el mismo sentido se configuraba e artical 11 de la Constitucisn de 1925, Wa Comin Constityente dej6 constancia(Sesién N* 101) que et concep: to de due provesof law proviene del derecho anglosjon y que tiene una larga tr Ucn undies dace los tempos de Ia Carta Magna, yee ve encuentra reeonoclo ‘todas ls dechraciones imernacionaesformuladas en materia de derechos fun- rentals, un emargo los comsionale eaectan de un concepto claro del con io de eata garanta, a pesar de au importante desarrollo en e} derecho Internacional de fos derechos bumanos, yell e efej en la posterior discuss sobre ia miama, En efecto, sefalaron que eon el objeto de que no se entendiers fe "lo debido* es "lo que esti en la ey, se opt por utiliza los vocabos “racio- ‘AN y just’ ertendiendo "que la racial est refrida al procedimiento,y To "jas" le sustamivo’. Para los comisionadios debia“stase a la naturalers del pracimianto para deter eo no con ls exgencias ce estable- Fe slempre ls garanias de un racional y so procedimiento™ La Comisin dejo ‘SShutanéa que pref utilizar concepton genéricos para evita la dficuliad de Chala st conten espetfico © incurir en alguna omisién, pero destacando fue ss iiemibios coinedian en que eran "garantas minimas de wn racional y Jfisto proceso p-rnitir aportuno conocimicnto de ln acisn,acecuads defense ¥ octet da prueba que corresponsiere”(Sesin N* 103). Vea ina Capito M- parcialidad, pues va en ello la confianza que los Tribunales de luna sociedad democratica han de inspirar a los justiciables, co- ‘menzando, en lo penal, por los mismos acusados...”.” En este contexto sorprende que el Cédigo de Procedimiento Penal de 1906 sc haya mantenido, précticamente sin modificacio- nes sustanciales, durante casi un siglo, No tuvo ningtin impacto, siquiera docttinario, la introduecién, en 1989, en la Provincia ar- gentina de Cérdoba, del primer Cédigo de Procedimiento Penal Tatinoamericano que atribuia a distintos tribunales las funciones de investigar y juzgar" Apenas hubo algunos trabajos académicos cxiticos a partir de la década de los 60 y algunos proyectos de re- forma que principalmente tenian por objeto adecuar el sistema inquisitivo ortodoxo vigente a uno con caracteristicas mixtas La proliferaci6n de los movimientos de reformas procesales en Lati- noamérica, iniciados ya en la década del 80, tampoco perturbé Ia abulia que parecia dominar la doctrina y lajurisprudencia na- ionales con relacién a estos temas. Con el advenimiento de la democracia en Chile y en el mar co de un paquete de reformas propuestas por el primer gobier- no de la Concertacién surge cierta preocupacién por los temas Jjudiciales y, entre ellos, el relativo a la justcia penal. En efecto, se plantea un Proyecto de Ley que pretendia restablecer las funcio- nes del ministerio puiblico en primera instancia de modo muy si- milar al que eercian los promotores fiscales hasta 1927, cargos que fueron suprimidos por su inoperancia." De alli que surgiera un debate en tomo a la necesidad de producir una reforma mis glo- bal del sistem de justicia criminal, coherente con los procesos ra- dicales que se estaban experimentando en todo el continente." ‘Sélo a fires de 1992 se realiza el primer seminario intern: ional para analizar las iniciativas que a nivel regional se encon- * Giada por RODRIGUEZ RAMOS (L.), Justicia penal (Comentarios de sent is de Tbunal Constitucona y dal Taibunal Suro), Akal, Made, 1990, p. 12, " Este Citgo tavo repercusién en algunos paises ltinoamericanos, pero 3610 Costa Ries adoped uno similar en 1976 (ett MAIER ("Democracy wisi traclon et p59), "BOPILL (Ps city pp. 438 ys. ‘Véate infin Capito HLA 21 VARGAS (JE), "La reforma de Ia justcia criminal en Chile: et cambio del rol estaal” en Cuadernos de Andlissfridico NY 38, Escucla de Derecho, U. Diego Portales, Santiago, 1998, pp. 55 ys. (esp. 80 ys) traban en proceso de discusién 0 de implementacién para sus- tituir los procesos predominantemente escritos por juicios ora- Test A edness 1908, on el ipulso de la Corpora de Promocién Universitaria y de la Fundaci6n Paz. Ciudadan: se constituye tn Foro constituido por personalidades provenien- tes del ambito académico y de la profesi6n juridica" para la rea~ lizacién de un andlisis critico del proceso penal chileno y la elaboracién de los lineamientos bisicos de una reforma futura en ‘esta area. Con ello se buscaba obtener “la més amplia represen- tatividad entre los diversos roles al interior del sistema juridico y Jas diversas sensibilidades politicas, culturales ¢ ideolégicas”.!* A partir de los consensos y lineamientos entregados por el Foro se procedié ala constitucién de una Comision Técnica’® para la redacci6n de un cuerpo normativo que recogiera tales acuerdos, a que comenzé su trabajo en enero de 1994. La Comision Téc- nica informaba periédicamente el avance de sus propuestas, 50- metiéndolas a la evaluacién y discusién del Foro. Su primer resultado fue el Cédigo Procesal Penal. También tuvo a sti car- go la redaccién de los demas proyectos legales que decian rela- cién con la reforma procesal penal (Proyectos de Reforma, Constitucional, de Ley Organica del Ministerio piblico, de re~ forma al Cédigo Orgénico de Tribunales, de Adecuacién de las Leyes Especiales, de normas transitorias, et.) El transite de la conduecién privada de este proceso y su in- greso a la agenda publica con la incorporacién del Ministerio de Justicia al mismo, durante el Gobierno del Presidente Frei, cestavo fuertemente marcada por la difusién que el medio de prensa més influyente de Chile (“El Mercurio") otorgé a la ne- 7 Exe seminario fue organzado por taria (CPU) en € marco de un proyec ‘Unidos para ef Desarrollo Intemacion Sobre el pape! desempeniado ease VARGAS (IE), "La rerma..seit, pp. 807 ‘Se suele dextcat la mayor parcpacion, por su apertura al cambio, de academicos prownientes del Berecho Penal que del Derecho Procesa (38, BOPILL (i) tp. #48; VARGAS QE), La reforma..% cit, pp, 100100 "fiche dd Proyecto de Ley del nuevo Csaigo Proves Penal (N* 110531, de 9 de junio de 1995) ‘tihcgrada or tn Coordinador, Crain Riego,y tes académicosy bona dos, Mata ines Hort, Jorge Boil y Mauricio Duce, este utimo en calidad de racon de Prmocin Univers nla pra agenda de ls Exton (G8AID) {imag ONGS en proceso de reform, cesidad de la reforma propuesta.” El Proyecto de nuevo Cédi- {go Procesal Penal inici6 su tramitacidn parlamentaria en junio de 1995, antes de que estuvieran concluidos los restantes que integraban el paquete legislativo. El Ministerio de Justicia lide- 16 la conduccién politica de la reforma, convocando ta adhe- sin de instituciones pablicas y privadas cuya colaboracién resultaba indispensable para la legitimaciGn del nuevo sistema, Pieza politica especialmente compleja de este proceso fue la re~ forma constitucional que creé un ministerio piblico autonome, a cargo de la investigacién de los delitos."* El Poder Judicial re- sintié inicialmente con mucha fuerza esta situacin, pues perci- bia como una pérdida de poder el traslado de la funcion de investigar desde los jueces del crimen a los fiscales. Preferia el modelo del juez instructor de los sistemas inquisitivos mixtos, con el argumento que Chile no estaba preparado para un cam bio tan radical, “que dejaba fuera nuestra tradicién”." La influen- cia de la opinién del Poder Judicial especialmente de la Corte Suprema- se dejé sentir en el mecanismo de remocién de las autoridades superiores del ministerio piiblico, En la propuesta original, e1 control politico sobre el Fiscal Nacional y los Fisca- Jes Regionales se entregaba al Congreso, el que podia hacer efec- cin dese e inicio de exte proceto dela Fundlacin Paz Gi dadana, nacida en 1992 por una gestion personal de quien seria su Presidente ‘Agustin Edwards con octsién del ecuestro de uno de sus hijos en manos de wt Comranci terror, ue clave para e acceso a los medios de comunicacton soci! Sinculados a Edvard, una gran cobertura de prensa y la difusion masiva de tos fle laveforma, Li alana de dos insttcioves no gubernamentales et fn (CPU) y a otra ala dere cha poten (FPC), permitid un eonsenso politico inédito nla historia del patsy Stungue las razones de dicho cansenso fueran harto diferentes. Nocabe dua que fn ta ase de In reform estuvo sempre el problema de la seguridad paca y el {02 ta inefiacia del sistema represivaestatal en fa lula contra la delincuencia tay diferencias raicaban mis bien en el énfasis del programa de garantas que ticbia recoger el nuevo orlenamiento procesal penal (BOFILL (F). it pp. 442 sti VARGAS (LE), et, pp. 80 ys, esp. 1O4y)- Sabre lactis prlamentaria de ete Proyecto. véae PFEFFER (E); C- lige Provera Pee Aneta concodede, Eaitoral Jneiea de Chile, Santiago, 2001, pp 528 ys Passes de un texto emitido, en junio de 1996, tras una asamblea de repre- sentantes de todis las Cortes de Apelaciones del pas, que recoge wna sprecia- {in de diehos jucces sobre el entences Proyecto de nuevo Cigo Procesal Penal TEL T2 de jlo de 1906, Corte Suprema tambign oficiales su poscin al respec to (id. BOFTLL(}), cit, nota 28) tiva su responsabilidad de un modo anilogo a como sucede ac- tualmente con los magistrados de los wibunales superiores de jjusticia, Sin embargo, prevalecié la opinién de que dicho con- {rol dlebia conferirse a la Corte Suprema, con lo cual se disolvia ‘en gran medida la pretendida autonomia del ministerio pili: co, especialmente del Poder Judicial.” ‘Con poste-iotidad a la reforma constitucional mencionada, se promulgaron los siguientes legales: la Ley Organica Cons- fitucional del ministerio piiblico (Ley N° 19.649, de 18 de octu- bre de 1999); el Cédigo Procesal Penal (Ley N* 19.696, de 12 de octubre de 2000), las Leyes N* 19.665, de 9 de marzo de 2000 y 1N? 19.708, de 5 de enero de 2001, que modifican el Codigo Or” ‘ginico de Tribunales; la Ley N? 19.718, de 10 de marzo de 2001, {que crea la Defensoria Penal Piiblica. Se encuentra pendiente aun de tramitacién la denominada ley “adecuatoria” de numerosos textos legales al nuevo ordenamiento procesal penal.” El nuevo Cédigo Procesal Penal tuvo como fuente principal <1 Gdigo Procesal Penal Modelo para Latinoamérica, que @ su ‘vez constituys el resultado de un prolongado trabajo desarro- Ilado por acatlémicos especialistas de la regin vinculados al Ins titato Tberoamericano de Derecho Procesal. La version final de este Cédigo fue preparada por el profesor argentino Julio B. Maier, También sirvieron de modelo algunos cédigos extranje- 0s, como la Ordenanza Procesal Penal alemana de 1877, el CO- digo Procesal Penal italiano de 1988, ¢| Cédigo Procesal Penal de la Provincia de Cérdoba de 1992, el Cédigo Procesal Penal de la Nacién Argentina, de 1992 y el Cédigo Procesal Penal pe- ruano de 1991. Asimismo, fueron considerados el Proyecto de Codigo Procesal Penal de Guatemala, de 1991 y el Proyecto de Cédigo Procesal Penal de El Salvador, de 1993. Si bien la nueva regulacién no abandona completamente ciertos rasgas inquisitivos, establece las bases de un proceso pe- nal acusatorio que ira consolidndose a medida que arraiguen sus componentes mas expresivos, proceso que evidentemente porce una dimensién juridiea pero que también requiere cam- Sobre las repereusiones del modelo institucional de minsterio pablico, $08 ventajany dedventaas, vid. tra Capitulo THLA22.1. Botetin W 221707. bios politicos y culturales importantes Por cierto, en este tra- bajo no se pueden abordar debidamente estas dos whimas d- mensiones, de trascendental relevancia en el proceso de transformacién de la justicia criminal chilena, Como seiiala BIN- DER, el proceso de reforma judicial en Latinoamérica puede ser caracterizado, en términos generales, “como un intento de eri- tica radical a las estructuras judiciales heredadas del sistema in~ quisitivo y a ia cultura judicial y juridica gestada alrededor de teste modelo judicial” que, segiin este autor, “ha calado tan pro- fundamente en la formacién juridica moderna que actualmen: te es el principal obstaculo para todo proceso de cambio". ‘Como sabemos, este modelo esté vinculado historicamente a un tipo de organizacién politica muy preciso: el Estado moderno y Ja monarqui absoluta. El éxito de la reforma procesal penal de- pende, en gran medida, de la capacidad de profundizacion de- Imocratiea de la estructura potitica y de Ia instauracién de una cultura social genuinamente republicana, Este proceso conlle- ‘yard inevitablemente tensiones, avances y retrocesos; por ello, se hace necesaria una constante evaluacién y una renovada re- flexién te6rica sobre las miiltiples dimensiones del mismo a fin de evitar el retorno a practicas inquisitivas con nuevas recons- trucciones tedricas, pues el sistema inquisitive “ha demostrado tuna gran fuerza de absorcién de instituciones nuevas”. ® Sobre la dimensién de Ia transformacién cultural de tos procesos de re- forma de fs usta criminal, que abarea such més que lx reforma legal. vi. BINDER (A). “Cris y transformacton ae fa justcia penal en Latinoaméria”, ER AAW. Ryfrnes proseates en Améea Latina (La oraliad en los procesos); GhU. Santiage: 1098, pp. 67 y se; BAYTELMAN (A), "Regeneracion cultral | {ram deaffe dela reform”, en GONZALEZ (R), (a) Prine congo nacional ar arora it proceo pena, Cuaderos de AndlissJuridico N* 39, UDP, 1998 pp. 395 ys, ‘BINDER (A), “Transformactn dela justia penal y constitucin: del pro- rena polideoal programa cientfico” en GONZALEZ (F), (ed) Prien congrse contrite oc pn Cerone Ao ju UDP. 1008, pp. 21-22 \ HINDER lama la atenci6n sobre la necesidad de apoyar el proceso pot code reforma con una constanteelaboracin teéricaycintica de as institcio= fet procerales, dsociaras de su funcién meramente ritual en ta ensefianes Tracionaly vineularlas con fuerga a1 derecho consitucional y penal en fin ab {Sema de garanfs del Estado de Derecho. En este proceso juega un rol funda rental clmodo de ensefianea del derecho y el papel dela academia (BINDER TA). Tranaformacign de la justia penal."cit pp 21 y38 (exp. 22). 2, FUNDAMENTOS DE LEGITIMACION DEL NUEVO PROCESO PENAL El procedimiento penal implica, desde una perspectiva funcio- nal, la asuncién de dos cuestiones: primero, la produccién de tuna decisi6n definitiva para Ia solucién de tun conflicto deter- ‘minado y, segundo, que la misma genere un efecto vinculante™* (Verbindlichket) como consecuencia de su legitimacién formal a través del precedimiento mismo que impida cualquier protesta de irrazonabilidad o arbitrariedad en su contra. Por tanto, ¢s necesario disiinguir entre el proceso de produccién de la deci- siGn y el procedimiento previo encaminado a la adopcién de Ia" misma como partes de un proceso constitutivo de legitimacién ‘que posee una vertiente material y otra formal.”” ‘La funcién material del proceso de decision depende de la dlase de conflicto de que se trate. El objeto del proceso penal ¢ el especifico conflicto penal proveniente de la frustracion de tuna expectativa normativa. Existiendo la sospecha de la infrac- Gi6n de una norma juridico-penal debe decidirse si tal sospecha se encuentra fundada y si se requiere la aplicacin de una san- in penal para la confirmacién de la vigencia de la norma. Des- de esta perspectiva, el proceso penal es un genuino mecanismo de legitimacién “retrospectiva” del conflicto concreto y de su so- lucién, Este planteamiento es consecuencia de un modelo formal ta del derecho penal, es decir, que acepta expresamente el ca- récter voluntarista e intersubjetivamente convencional de la definicién del comportamiento desviado, sometiéndota al prin- cipio de estricta legalidad. De alli el caraicter empfrico y cognos- citivo, no decisionista, de la comprobacién judicial de dicho comportamiento desviado. En efecto, la decision se legitima “re- trospectivamente” si y s6lo si ella se ajusta a la convenci6n legal 7 Bn cate punto sigo It perepectva funcloallsta de LESGH (1H. Sto sesso, JA Suaienshapt 5, Luchtethando, Belin, 1998, pp. 1. wr taprein aetna alude alcardter"vinculane” de i sentencia, con fuceea interna y no heterénoma; este aspecto no es capado adecuadamente Por hing stant de a lengua espaol, Sr LESCH ca continuamente a LUHMANN (N.), Laima durch ear $s Aufl, 1981, pp. 32 #83 también PETERS (K), Sraprozs, Aufl, 1985, p14 que establece con exactitud qué hechos empiricos deben consi- derarse como delito.* Esta es la alternativa epistemol6gica al modelo sustancialista de la desviacién y el proceso penal. En este resulta esencial la Diisqueda de una verdad material o sustancial, de naturaleza on- tolégica, carente de limites y alcanzable més alli de rigidas re- glas procedimentales. La verdad se obtiene mediante la investigacin inquisitiva sin constrefimientos garantistas y abar- ca todos los aspectos de la persona y los hechos investigads. Objeto del conocimiento y del tratamiento penal es la desvia- Gi6n criminal, en si misma inmoral o antisocial, sintomatica de Ja personalidad del autor, cuya maldad, antisocialidad o peligro- sidad se manifiesta de modo contingente en el delito, cuya veri- ficacién no siempre es necesaria para justificar el castigo.” De alli que s6lo pueda legitimar formalmente la decision del conflicto jurfdico-penal, y producir su efecto vinculante, el esta- blecimiento conforme a reglas «le una verdad “procesal” enten- dida, sin implicaciones metafisicas, como “correspondencia” (nominal) y lo més aproximada posible entre las proposiciones |jurisdiccionales y las proposiciones fécticas y jridicas del caso.” EI nexo exigido por el principio de estricta legalidad entre la “validez” (“vinculabilidad”) de la decision y la “verdad” de la motivacién es especialmente importante en el ambito de la ju- risdiccidn penal." Sabemos que se trata de una verdad limitada % FERRAJOLI (L.), Dowco rain, rota, Madrid, 195, pp. 88 y ss, quien centiende estrechamente vinculados garam, convencionalisio legal y cognos ‘ctviemo jurisicconal "SFERRATOLI (1, Dacho y rain itp, para quien este modelo se ha reflejado en tas dctris moraliata que considera al delito un pecado, alas na- turalistas, que indvidualizan en € un sig lida! ode patologi prico- Fisica del sijto (Escuela posit ialiana, hasta as pragiatistas y titans que le confieren relerncia solo en cuanto sintorna pri ligeosdad del avtor. Para este autor ha sido mérto del pe econocimiento de los nexos entre garantismo, comvenctonalisio legal ycogns- SGivsmo jurisdcconal, de an lado y despotismo, sustancialismo extalegal y de “sfoniamo valoratvo propio de tos modelos au itarin, del sto (p48) LESCH, ct, pp: 23, >. FERRAJOLI el, pp-47 y m,sigulendo en este punto a TARSKE (A), La concn semantic de a veda, le fandamentes de laste, en M. Bure Ce) Antlogia onan, Nera vision, Buenos Aires, 1960; LESCH, cit p. 8, Un mor ‘elo penal garantitaexige tanto en el plano epistemoldgico Como politic, que Ia legimidad de las decisiones penales te condlcione a I verdad empivca de sus EL NUEVO PROCESO PENAL 2 epistemolégica y normativamerite, y condicionada subjetivamen- te: pues la verdad objetiva, cierta, absoluta es la expresion de ‘un ideal inalcanzable" y porque en un Estado de Derecho no resulta legitima la obtencién de la verdad “a cualquier precio". De alli que un importante limite normativo en el establecimiento de Ia verdad procesal en los Estados modernos de derecho esté constituida por la inadmisibilidad de la prueba llamada "ilicita” 1u obtenida con infracci6n a los derechos y garantfas fundamen tales o la prueba declarada nula por el juez. En este esquema, “verdad y “validez” se condicionan mutuamente al punto que s6lo es posible hablar de una “verdad normativa’. La claboracién de una nocidn de “verdad procesal” 0 “ve dad formal”, de la verificabilidad y de la verificacion procesal re- sulta ineludible en un modelo garantista del derecho penal; de Jo contrario, “toda la construccién ilustrada del derecho penal (...) termina apoyada en Ja arena y terminan descalificadas, en. cuanto puramente ideolégicas, las funciones civiles y politicas asociadas a alla’. Su desconocimiento sélo puede conducir a Ia arbitrariedad decisionista. Las garantfas procesales aseguran la intervencién de los par- ticipantes del contflicto juridico-penal en la constitucién de la decisién, de modo que el proceso penal pueda verse, también, ‘como un preceso de comunicacién en que cada uno de los in ‘motivaciones evel sentda ya expresado de “correspondendia lo mits aproxima. fosibe le la motvacin con las norma aplicadas y los hechos jugados: de “iv que Feerjol rechace cualquier modelo que no se base en este exquema Cog hoslivo de justiteacion de las deciiones, como los puramente “decsionisias Ja tea moralsiay eficentsaso consensualsas (pp. 67-68). Lesch pone mis bien Ur Acento en la necesidad de que la decsign contenga una aggumentacion alts ‘mente plausible intersubjetivamente aceptable para ques 3), Ferrajol dria que el puro ertero dela aceptabilida justia (deta juticaign raional de la decsin ex inaficiente sino existe tna corres pondenia (apreximatia) de ls proposiconesjurisdecionales con los presupues fos fitiosy jurdicos. * Sobre lasmismas,Frrajli, cit, pp. 51-62 ‘TARSKI (1), Le concptin vemdnte, cdo por Ferajll, cit, p. 50 nota 94 SHFERRAJOLL, cit, pp. 5861 SFERRAYOLL cit, p47, quien afirma que nose puede prescindir del sent ‘ao y el nso aon con ue se Usa los termnos verdadero y alo en la pct process y judicial tervinientes tiene la posibilidad real de influir sobre su resus wr iin este contexto, emergen como principios legitimantes dle te decision judicial todas las garantias del juicio contradictorio, Tn oralidad, fa inmediacidn, la publicidad de las pruebas que se presentan directamente, son contrastadas entre a, sometchs 2 PXGmenes y controtes cruzados por las partes, ete.” El estabject erento dela "verdad procesal” se satisface mejor y més autént Tamente en un proceso de corte acusatorio, Como sabemos, en {in proceso inguistivo como el que estableci6 el Cédigo de Pro" wEubiniento Penal de 1906, las prucbas se practican en secreto ¥ por excrito, en muchos casos delegéndose tl funcién en employ eo csnninistratvas, quienes realizan una transcripcién de las e- CRiraciones reformulindolas en su lenguaje personal y subjetivo, Na asicte la posbilidad de contradecir oralmente fas pruchas al Momento de ser producidas y slo cabe hacer observaciones 0 Vafutaciones por escrito tna vez que se tiene acceso a las actas Gel sumario, El plenario carece, en general, de relevancia en tan to es renunciable la practica de pruebas durante el mismo (art, 449 CaPF) y las pruebas del sumario son validas sin neces Gad de ratificactén de testigos y peritos (arts. 469, 471 CaPP). 1a setencia fundada en pruebas asi obtenidas no puede resultar se rejamte desde [a perspectiva del principio de estricta legal Yad. En efecto, los “documentos” del expediente que conticnen Ge tal modo mediatizado los hechos jams podran supetar el es {andar impuesto por un modelo de legitimacién cognoscitivista de la jurisdicci6n. "El modelo inquisitivo de enjuiciamiento criminal se aviene mejor con formas de organizacién politica que reconocen el va Torde la autoridad y la centralizacién del poder; en suma, con tl régimen politico del absolutism. En cambio, el modelo 20% satorio prospera all donde existe wn sistema republicano de ger, ticio del poder politico, con separacién de funciones ¥ Sseguramiemto de la igdaldad de posiciones de Is partes” Cua Jura sea Ta estructira del proceso penal, ste persigue dos f+ SLESCH, ct. p. 3, ST MTAIER' Dero cst penal angeting, 1b Fundamentes Hamma) Dacre fhta, pp 206 ys, Sobre la interesante dstincion de Datnaska © aac tes erdnico”y“paritario” como formas procerles de os diginto® eee ie nitacion de jutici, wid Las cars del justi. PBS LHUEYO FROCESO PENAL nalidades diversas: cl castigo de los culpables y Ia prote tutela de los inocentes.* La historia del proceso penal puede ser entendida como la historia del conflicto entre ambas finalida- des, o como a relacién de tensin entre el interés piiblico a la persecucidn penal de los delitos y el interés individual de los ciu- dadanos a que sus derechos se conserven intangibles para el Es- tado hasta tanto no se afirme fa responsabilidad penal a través de una decisién jurisdiccional definitiva EI método inquisitivo resuelve esta tensién expresando una ‘confianza tendencialmente ilimitada en las cualidades del juez y su capacidad para alcanzar la verdad. En cambio, el método act- satorio se carscteriza por una desconfianza igualmente ilimitada hhacia el poder del juez para averiguar dicha verdad. Por ello, am- bos modelos expresan dos epistemologias opuestas del juicio: en cel primer caso, la relaci6n vertical inquisider.inquirido, la opera- in unilateral del juez para el establecimiento de la verdad y el dictum de un solo sujeto. En el segundo caso se trata, més bien, de la contienda entre varios sujetos, una relacién tidica entre ‘dos partes y un tercero super partes el juez. como tercero separa- do de la acusacidn y a quien corresponde la decisiGn, el actor ‘como parte de la acusacidn y sobre quien pesa la carga de la prue- ba, el imputado como parte de defensa con derecho a la refuta- cién y Ia veréad procesal surgida de la controversia entre estas istintas partes (epistemologia acusatoria o falsacionista).” La concepeién cognoscitiva del proceso penal y del método acusatorio se corresponden, como vimos anteriormente, con el principio de estrieta legalidad y el correspondiente proceso de formalizacién y tipifieaeién de los delitos y las penas. En efecto, sélo la rigida determinacién seméntica de los presupuestos le~ gales de la pena permite concebir el proceso como juicio basa do en la comprobacién empirica de hechos predeterminados. Por ello, las sentencias penales se legitiman en la medida que guarden relacin con la verdad, en sentido de correspondencia ‘con las propesiciones ficticas de la ley." “naa Onades pueden vere en GARRARA (F), Pg de rsh Gi in Fe Cv a} ORTEGA} CUFRIENO) Co, Ten Bot {586 *JrERROU, cpp 6089. ‘SFERIASLL 08, En el procedimiento de verificacién de la verdad a través del método de prueba y refutaci6n resultan fundamentales las Ha- rmadas garantias primatias o epistemol6gicas del proceso penal acusatorio, a saber: “no hay juicio sin acusacién”, “la carga de la prueba corresponde al acusador” y “el derecho de defensa del imputado". Alas sefialadas se afiaden otras cuatro que aseguran Ja observancia de las primeras (garantias secundarias): la prubli- cidad, que permite el control interno y externo de toda la activi- dad procesal; la oratidad, que implica la inmediacin y concentraci6n de la actividad probatoria; la lagalidad del proce- dimiento, que exige que toda la actividad judicial se desarrolle, bajo pena de nulidad, segtin un rito legaimente prestablecido, y la motivacién, que garantiza el caracter cognoscitivo del siste- rma, esto ¢s, la existencia de fundamentacién de la acusaci6n & la luz de las pruebas y contrapruebas. En el préximo Capitulo examinaremos el modo en que di- cchas garantias son reconocidas y se plasman en la nueva regu: cién procesal penal chilena, “TFERRAJOU, cit, p 606 Il, PRINCIPIOS Y GARANTIAS DEL SISTEMA PROCESAL PENAL CHILENO A. INTRODUCCION Uno de los objetivos centrales de la reforma procesal penal chi- lena es la adecuacién del sistema procesal penal a las exigen- cias de un Estado democratico.' En particular, la preocupacién fundamental que se expresa en el origen del proceso de refor- ‘ma dice relacion con la obvia inconsistencia existente entre el sistema procesal penal chileno vigente a esa época, y las garan- tas individuales reconocidas en los tratados internacionales ra- tificados por Chile. Este objetivo aparece sumamente explicito " Véase Mensije N* 110881 de S.E. el Presidente de la Replica SE el Presidente de IaH. Camara de Diputados, de fecha 9 de junio de 1995, * Rstadion erficos del sistema proces penal hileno anterior ala Reforma pueden encontrane en RIEGO (C),"Aprosimacién a una evalaci6n del Proce- So Penal Chileno", en MAIER y otros, Rafomas Praceats en Amica Latin dal on los proces, CPU, Santago, 1998; "El proceso penal chileno frente ala onstnucign Poltca det Estado ya Ia Convencion Americana de Derechos Hi ‘manos en Semin Peo Pay Drecas Fundamentals, Corporacién Nacional ‘de Reparacisn y Reconeiaci6n, Santiago, matzo de 1994; "La Reforma Procesal Penal Chilena” en DUCE, M. otro, La Riforma dea Justicia Penal, Cuadernos de ‘Analisi Juridico 888, Escuela de Derecho, UDR, Santiago, 1998; e “Informe na Clonal: Chile” en MAIER, J. otras, Las nformasproesaespenales en Amirce Lati- nna; Ad-Hoc, Buenos Aires, 2000, pp. 167 ss. Un interesante estudio empirico sobre la stuacign te ios derechos humans en Chile en relacion al sistema penal fen JIMENEZ (M4), El proce penal clin lr derches humans, Cuadernos de ‘AnaliisJuridico N 4, sere publicaciones eapecales, Escuela de Derecho, UDP, ‘Santiago, 1094; Vease trmbien Prose Penal y Dechas Fundamentaey,Yrios 00 es, Corporacion Nacional de Reparacin y Reconciliacién, Santiago 1994; GON- ZALEZ, F. (ed), y Primer Congreso Nacional sobre la Raforma del Procso Penal, ‘Guadernos de Andlsisfridico, N30, serie Seminatog, Escuela de Derecho, UDP, ‘Santiago, 1998 ” {uu Lone MAS ‘en el Mensaje del Presidente de la Reptblica que acompai al proyecto de ley del nuevo Cédigo Procesal Penal.» Se manifies- {a, asimismo, en la consideracién preferente, como fuente de {os proyectos de ley que componen la reforma, del Pacto Inter- nacional de Derechos Civiles y Politicos (PIDCP) publicado en ¢l Diario Ofidal de 27 de mayo de 1989'y de la Convencién Ame~ ricana sobre Derechos Humanos (CADH) publicada en el Di rio Oficial de5 de enero de 1991 Resulta indispensable, entonces, que antes de introducirnos en el estudio de la normativa que rige el procedimiento penal ‘chileno instairado por el proceso de reforma revisemos, en tér- minos generales, cudles son los principios y garantfas que el sis- tema reconoce y consagra. 1 Menssje presidencalafirmaDesde el punto de vst polit ‘climayer defecto del siema penal en Chile ex que caece de ttn genuing juleo contradictori que satisfaga las exigencias del debido proceso, $Y sbtema penal en Chil, en su fae proces, contradice asf una de Ia garantos entes al sigeta polio. Segin To acreditan divers estudio, y la observ Bibs hitrica to pone de manifesto, el proceso penal en Chile posce una estruc: fra inquisn,sbaolutist ysecreta, que despersonaliza al inculpado y que no se orresponde on la nocidn de cludadania propia de un Estado democrético, La CBhuolidactn ela democracia exige Ia reforma al proceso penal de modo que Seika ta exigeneias de un julio pblic y contradictoro. La reform al pro- sree sal que proponemos consttuye, enfonces, una profundizacion de las inatciciones dernacrdtieas que conforman al Estado chileno root strata slo de saisfacer las exigencas del debide proceso, Hlevan- do att tering el desarrollo de Estado consttucional. Tedavia a reforms re ota exigii por Ta fea jel principio de los derechos humans que fundan al stenee eataibey que eonsituyen, como es sabido, uno de los compromisos ms ‘cicada del Bao ante la comunidad internacional Se ha dicho, con raz6ny ‘fhe fos shtemas de enjuciamienta criminal son los nis elocuentes indcadores {Erk geno de respeto por los derechos de las persone que existe en an ordenae Mies cantal o dicho de otro modo, que el autoritarismo se revel en Ia forma nique lon poderes publicos encaran el Feproche alas conducts desviadas 0 18 orinas de comportansientoandmico™(.) Ocuparue dela relorma procesal petal part, a través de ela fortalecey as grants consituye, asi, una tarea exigd por los principios en materia de dere {Rios fundamentals, La reforma al proceto penal importars, por Yo mismo, un tnayor goce cotidiano de Tos derechos humanos" Acetic de fuente de stow instruments aparece rexwmvcido también cexpliciamentcen el mensaje del CPP: Los documentos que otongan tos pardons tray biscos usados para el dsefio del proyecto han sk la Conattucton Politica cla Repibifeay us Instruments Tntersacionales de Derechos Humanos que Shiigan lt pam habicndese tendo en cuenta especialmente entre esos times fa Convention Americana sobre Derechos Hurnancs yal Pacto Internacional dle Derechos Giles y Politicos”. La tarea no resulta ficil, porque el andlisis de las garan que informan el proceso penal ha estado lejos de formar parte regular de los cursos de derecho procesal en nuestro pais. En general, la excasa bibliograffa.nacional.en,muateria de derecho procesal penal y la generalidad de la actividad docente vineula- a a la disciplina, se han centrado en los denominados princi- pos formativos del procedimiento, presentndotos en pares 0 triadas ‘que representan criterios orientadores de las formas que adquie- re el procedimiento en su nivel de concrecién.* Lo habitual es que, en este nivel de anilisis, la discusién en torno a los princi ppios no involucte juicios valorativos de preferencia, Io que per mite que éstes sean presentados de una manera mas bien neutra, sin referencia alas imitaciones que imponen a su reconocimien- to las garantias individuales reconocidas por el ordenamiento Jjuridico.* . De esta manera, proponer una sistematizacién de los princi- pios y garantias que informan el proceso penal chileno a partir de la reforma es una tarea de alguna manera nueva en nuestro medio, en la que estamos obligados a servirnos de doctrina ex: tranjera, desarrollada en funcidn a marcos de referencia que no son necesariamente los mismos, ya que obedecen a las declara- iones de derechos incorporadas en sus eyes fundamentales y a ta aplicacidn que les ha dado la jurisprudencia de esos Estados y de los tribunales internacionales de derechos humanos a los que se encuentran vinculados por convenciones internacionales.” ‘Nuestra propuesta se servira de doctrina extranjera en cuanto ella tiene de universal en Ia determinacién del contenido de principios que son comunes a los diferentes sistemas procesales “Se habla ade principio de publicidad secreto,oralidacescrturacién, me incién-inmedacion, et ‘Yd por todos MORALES ROBLES (E.), Exliceriones de decho proces Santiago, 1987 tll, pp-102 a 119 y 216 a 218. Contra esta tendencia y por xcepelgn, véase PEREIRA (HL), La protein proces defos dns huaos or le Cost isomer de Denches Hlumanor. Editorial Universitaria, Santiago, 1990 y ‘TAVOLART (8. “Los principios del proceso penal en el proyecto de nuevo CAige Procesal Penal Chileno”, en El proceso en acin, Hatori Libromar Lida, Santiago 2000, pp. 557 a 582 * Wate HORVITZ (MLL), "La influencia de la Convencién Europea de Dere chos Humaineny la jorspradencia de us érganos en ef Proceso Penal Europeo” ten Prerta Pru) Dewdhes Fundamentals, Corporacién Nacional de Reparaci6n y Reconciiacion ColeceiSn de Extdios N° 1, Santiago, 1994, pp. 75-418 penales contempordneos. A partir de allf, propondremos con- Frontar estas nociones con la forma en que dichos principios apa- recen reconocidos en los tratacios internacionales sobre derechos humanos ratificados por Chile. Finalizaremos analizando, en. ‘cada caso, la forma en que los respectivos principios o garantias han sido reconocidos por el sistema procesal penal que es pro- ducto de la reforma, ‘Lo anterior significa que s6lo ocasionalmente analizaremos Jos principios expuestos a la uz del antiguo sistema procesal pe- nal chileno. Es cierto que nos encontramos en un momento de coexistencia de dos sistemas procesales distintos.* Sin embargo, nuestro inte:és no esta centrado en una critica al sistema del CaP, sino en el estudio de los principios que informan el siste- ma de la reforma, La pretensidn es que, a través de la revision de Jos principios y garantias en general, y de su concrecion en las leyes procesales penales en particular, logremos una prime- ra aproximacién a las caracteristicas del nuevo sistema procesal penal chileno. B, PANORAMA "Nuestra propuesta sistemstica en esta materia involuera una dis tincion entre principios, por una parte, y garantias, por la otra. La distincién parecersi en varios puntos algo forzada porque, en lfondo, el reconocimiento de garantias procesales obedece, en buena medida, a lo que se ha Hamado Ia *constitucionalizacién de los prindpios procesales penales’? Asi, por ejemplo, al con- siderar com garantia el “derecho a un juicio oral y piblico” no * Bt sistem procesal penal de ta Reforma tiene programnada una puesta et marcha gradual &o largo del pas. Ja fecha de elaboracién de este trabajo huevo sistema rige plenamente en las regiones 11, If 1V, VHT y 1X. Vid. pra ota ‘MONTERO AROCA, Jy otos, Deno Jusdiciona Trant Lo Blanch, Vee tena 1998, tI, p18 Ena misma linea, affema TAVOARI que “se ha dado & Is har un movimiento de constitclonalizacion eto es, deelevacién alos etratos superiores del Ordenamniento Juridico, de las inttucionescautelares de los valo~ ese! indisidag que, comprobado ineuficiente, origin el desarollo de un pro ev dancin de a prose devo ares” TAVOLAR » obs, p 387, estamos haciendo mas que elevar a rango constitucional los prin ‘ipios de oralidad y publicidad, excluyendo a sus antitesis te6ri- ‘eas (escrituracién, secreto) como alternativas validas para la consolidacién de un estado de derecho. ‘Sin embargo, la distineién que proponemos es valida por- que no todos los principios que determinan un sistema proce- sal penal pueden ser elevados al rango de garantias. Buena parte de elles obedecen a las necesidades de la organizacién Gel poder de persecucién penal de un Estado y son, por tan- to, opciones politicas que no tienen necesariamente una di- mensién garantista.!® Asi sucede, indiscutiblemente, con principios como el de oficialidad, investigacién oficial o legalidad Y no tan indiscutiblemente con el principio acusatorio, que sin embargo incluiremos en esta categoria por no ser en s{ mismo una garantia individual sino una forma de organizaci6n del proceso que en definitiva facilita la realizacién de determina: das garantias de ese orden, Fecha esta distincién entre principios y garanttas, clasfica- rremos estas iltimas atendiendo a si ellas aparecen asociadas @ la organizacién judicial 0 al procedimiento, y dentro de este ti timo distinguiremos las garantias que se aplican al procedimien- to penal en sti totalidad de aquellas que se aplican solamente a Ja etapa del juicio."" La estructura de este capitulo seguird el siguiente orden: 1. PRINCIPIOS DE LA PERSECUGION PENAL. 11. Principio de oficiatidad. 112, Principios de investigacién oficial y aportacién de parte 1.8, Principio acusatorio. 1. Principios de legalidad y oportunidad, TB palabras de GOLDSCHMIDT, “Tos princpios de la politica proces de sana naeiBh no fon ota cosa que segmentos We su plftca estat en general Se fede decir qur ta estructura del proceso penal de una nacion no e+ aino el Inametto de fr elementos crporativos 0 atritaros de su Constitelén”. Ci spor MONTERO AROCA, jy tron, Dee uradiinal i tI, P31 vt clivemos de este caudioaquellsgarantas que comportan Knits sales 4 veriguacion de fa verdad tales como la prohbielén de apres leg {ios Ia nsdniibidad del mpatado como Srgano de procba, el derecho 28 praca lad de eomuniacones pias. Dios pine opin etudiades en conjunto con los principio que reguan fa prueba y a5 re inom en 2. GARANTIAS INDIVIDUALES ANTE LA PERSECUCION PENAL. 2.1, GARANTIAS DE LA ORGANIZAGION JUDICIAL 2.1.1, Derecho aljuez independiente, 2.1.2. Derecho aljuez imparcal 2.1.3. Derecho aljuez natural 22. GARANTIAS GENERALES DEL PROCEDIMIENTO 2.2.1, Derecho al juicio previo, 222. Derecho a er juagado dentro de un plazo razonable. 22.8, Derecho de defensa. 22/4, Derecho aa presuncién de inocencia, 2255. Inadmisibilidad de la persecucién penal multiple 2.8, GARANTIAS DEL JUICIO 23.1. Derecho ajuicio piblic. 23.2. Derecho ajjuicio oral. 2.32.1. El principio de inmediacion. 23.22. Los principios de continuidad y concentracién. 24, LIMITES FORMALES AL ESTABLECIMIENTO DE LA VERDAD C. ENUNCIAGION 1, PRINCIPIOS DE LA PERSECUCION PENAL" 1.1, PRINCIPIO DE OFICIALIDAD El principio db oficiatidad expresa la idea de persecucién penal pri- blica de ls daitas, esto es, la nocién de que éstos pueden y de- ben ser perseguidos por el Estado de oficio, sin consideracién @ la voluntad del ofendido ni de ninguna otra persona, La antite- sis te6rica del principio de oficialidad es el principio dispositive en sentido estricto, esto es, a disponibilidad que las partes tienen sobre el interés privado y la conveniencia 0 no de acudit al 6r- ‘gano jurisdiecional pretendiendo su satisfaccién." 7 Paral efectos dente capo entendemoselconcepto de prtucén fenal en sent apt como seed esata nega tcomprenn ef taba es {eel inicio dela capa de investigaion hasta la entenca, no en au sentido re tring, que ale ala atid df iscala hast a formulacin det acusacin ‘ease ROKIN, Dro roca penal, ators del Puerto, Bucros Aires, 20, p82 "Como explica MONTERO AROCA, el princi dipoitive en sentido amplio inctuye dos pringipios dino l prin dspt en sed esi o Dison -naxine esto esa dspontbilidad qu fs partes tienen sobre el interés privado y