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LA SACHAMAMA

Tum, tum, tum, se escuchaba a lo lejos, al principio no me llamó la atención,
pues estaba centrado en las redes - trampas que iba colocando en la
tahuampa, formada por la crecida del río. Mi canoa, la ovadita, se deslizaba
sigilosamente al compás del remo. El río había sobrepasado su caudal y
cubría gran parte del monte. La cocha también se había desbordado, de tal
manera que era imposible determinar los límites de la cocha y del río. Ahí
abundan los peces de todo tipo. Entre las raíces y ramas de los árboles y
arbustos se encuentra el acarahuazú, el bujurqui, el tucunaré. Son mis pejes
favoritos; carne, carne son- a ratos el sol penetraba en el follaje y podía
divisar en el fondo de la tahuampa, el movimiento de los peces y de las
peligrosas anguilas.
Tum, tum, tum, el ruido se acercaba, pero calculando bien, estaba todavía
lejos. Supuse que eran huanganas que estaban remontando el río. Supuse
que la boa negra se encontraba cazando a los cotomonos. Un certero
disparo de agua que salía de las fauces de la boa y mono abajo, ¡qué tal
puntería! Supuse que el chullachaqui golpea las aletas del renacal,
buscando hacer notar su presencia.
Me distraje mirando cómo los bufeos colorados cazaban con rapidez
increíble. No se chocaban, los majaderos, con los troncos, ni con las raíces.
Pejes que divisaban eran engullidos al instante. Se hacían que no me veían.
Me veían. Ya había colocado como diez redes – trampas. Quería llenar mi
canoa con los pejes para llevar a vender en el puerto de San Lorenzo a
orillas del río Marañón. Pagaban bien en esa temporada de invierno.
Tum, tum, tum, un fuerte rumor de olas que se chocaban con palos llegaba
más a mis oídos. Estaba cerca ahora, como a unos cien metros. Divisé una
isla pequeña que se movía en medio de la cocha, ni muy lenta, ni muy
rápida. Eran arbustos y árboles que se deslizaban suavemente, pero a su
paso arremetían con todo lo que se interponía. Sentí un nudo en la
garganta, luego una pesadez en mi pierna y mi cuerpo. Mis ojos querían
cerrarse de pronto me agarró un sueño incontrolable- ¿Era el miedo que me
estaba venciendo?
La sachamama te hipnotiza antes de engullirte, te lanza su hilo cuando
pasas por su chacra. Qué bonita y limpiecita tiene su chacra. En el centro
hay árboles de caimito, de guaba, anonas y guayabas que al olerlas de
lejos, te atraen, con una atracción de muerte. Te engaña, caes en su
trampa. Si entras a su chacra, fijo que eres su presa.
Mis ojos se cerraban a pesar que buscaba no cerrarlos, hacía esfuerzos en
vano, ya me iba, poco a poco recostando en mi canoa.
–Oye, qué haces ahí, estás en el centro de la chacra de la sachamama,
agarra tu machete y haz como si estuvieras cortando. Eso te librará de su
hilo – escuché apenas una voz.
Hice un esfuerzo sobrehumano, no quería ser tragado por esta fiera del
monte. Logré coger mi machete, hice lo que la voz me dijo. Controlé mis

ya no sentía pesadez en las piernas ni en los brazos. para poder dormir. seguía la voz alentándome y librándome de la muerte segura. Fernando Shinkikat. Su cabeza era del tamaño de mi tambo. aquí tengo mi chacrita. me tuvo que soplar con cigarro mapacho el curandero Cuñach Nuninga Auruna. Cuando estuve en la loma. porque si vuelves con la misma intención. la curiosidad me ganó y vi sus ojos inmensos como dos faros. nunca pienso volver a pescar cerca de tu cocha –le respondí en mis sueños. recién te volteas>>. –te prometo que nunca cometeré el mismo error de pescar de manera ambiciosa y es más. Cuando llegué al caserío de sachapapa. cuando llegues a la loma. Estás avisado –me dijo en sueños la sachamama. Empecé a sentirme libre.emociones y mis miedos. Pero no vuelvas a poner trampas con esa ambición que sentí. Yo vivo aquí hace miles de lunas. Armando Ayarza Uyaco. <<No mires atrás. no sé por qué te ayudó a escapar. Cuentos Amazónicos . En su lomo crecían los árboles blancos. –Oye. su cara parecía de un perro feísimo. no sueltes el machete. rabioso. Escuché un trueno que hizo temblar la tierra y las olas se levantaron como queriendo alcanzarme. Me quedé mudo por varias horas. Tenía como unos cincuenta metros la maldita boa. La sachamama estaba furiosa por haber perdido a su presa. nadie podrá detenerme y te perseguiré como el tigre negro a su presa. te libraste de mi hilo gracias al Chullachaqui. a la orilla de la cocha. Empece a remar desesperadamente. desapareció el nudo de mi garganta.

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