Está en la página 1de 102
i( HACIA LA SOCIOtOG1A DEL CONOCIMIENTO Traducción de ~ 1 GERARDO NovÁs, JAVIER SÁINZ, NÉsTOR
i(
HACIA LA SOCIOtOG1A
DEL CONOCIMIENTO
Traducción de
~
1
GERARDO
NovÁs,
JAVIER
SÁINZ,
NÉsTOR
RoM1mo
~
y
J.
ALBERTO
T ABORDA
Origen y desarrollo de ttn estilo del
pensamiento sociológico
Compilador
GuNTER W. REMMLING
~

rJ

FONDO DE CULTURA ECONóMICA

MÉXICO

Primera edición en inglés, 1973 Primera edición en español, 1982

Título original:

Towards the sociology o/ knowledge. OTigin and development of a sociological thought style © 1973, Routledge & Kegan Paul, Ltd., Londres ISBN 0-7100-7539-1

D.

R.

©

1982, FoNoo

llE

CULTURA

EooNÓMICA

Av.

de la Universidad, 975; 03100 México, D. F.

ISBN

968-16-1043-1

 

Impreso en México

RECONOCIMIENTOS

El autor y los editores desean expresar su agradecimiento a las personas y entidades que a continuación se detallan por su amabi- lidad al permitir la utilización del material que integra el presente volumen.

Capítulo II: de Road to Suspicion, por Gunter W. Remmling, pp.

118-121, 124-126, 129-131, 136-141. Copyright© 1967. Reprodu- cido con el permiso de Prentice-Hall, Inc.

Capítulo III: de Sociological Quarterly, vol. 1, núm. 4 (octubre,

1960), pp. 217-225. Este artículo fue revisado para su publicación aquí. Reproducido con el permiso de la Sociological Quarterly, la Midwest Sociological Society, y el autor. Capítulo IV: de Kyklos, vol. 13, núm. 1 (1960). Reproducido con el permiso de Kyklos y del autor. Capítulo V: de Ethics, vol. 51, núm. 4 Uulio de 1941), pp. 392-418. Con el permiso de The University of Chicago Press y del autor. Capítulo VII: se trata de una revisión de la conferencia que con el título "Sorne Social and Political Functions of Ideology" se pro- nunció en el 61 Congreso Anual de la American Sociological Asso- ciation, en Miami Beach, Florida, con fecha 31 de agosto de 1966. Se publicó primeramente en el Sociological Quarterly, vol. 10, núm. 1 (invierno de 1966), pp. 72-83, y se reproduce aquí con el permiso de esta revista, la Midwest Sociological Society, y el autor.

Capítulo VIII: del prefacio de Karl Marx a su Contribution to the

Critique of Political Economy (trad. de la 2.ª ed. alemana por N. I. Stone); Chicago, Charles H. Kerr and Company, 1904, pp. 10-15.

Capítulo IX: de Road to Suspicion, por Gunter W. Remmling, pp.

23-31, 145-151y160-162. Copyright© 1967. Reproducido con el permiso de Prentice-Hall, Inc.

Capítulo X: de Road to Suspi'cion, por Gunter W. Remmling, pp.

11-21. Copyright© 1967. Con el permiso de Prentice-Hall, Inc.

Capítulo XI: de Phi'losophical Review, vol. 29, núm. 4 Uulio de

1921 ), pp. 319-3 39. Con la autorización de

esta publicación.

Capítulo XIII: de Philisophy and Phenomenological Research,

vol. 2, núm. 3 (marzo de 1942), pp. 310-322. Con el permiso de la citada publicación y del autor.

Capítulo XIV: de The Sociology of Karl Mannheim, por Gunter

W. Remmling; Londres, Routledge & Kegan Paul, 1975, pp. 1-11 y 229. Reproducido con el permiso de la casa editora.

Capítulo XV: de Journal of Philosophy, vol. 40, núm. 3 (4 de fe-

brero de 1943), pp. 57-72. Con el permiso de esa publicación y del autor. Capítulo XVI: leído en la sesión "Sociología del conocimiento", del 5.° Congreso Mundial de Sociología, Washington, D. C., 7 de septiembre de 1962. Aparecido primeramente en Philosophy and Phenomenological Research, vol. 25, núm. 4 Uunio de 1965), pp. 560-571. Reproducido con el consentimiento de esa publicación y del autor.

Capítulo XVII: de Sociological Quarterly, vol. 11, núm. 1 (invier-

no de 1970), pp. 3-13. Con permiso de esa publicación, de la Mid- west Sociological Society, y del autor.

Capítulo XVIII: de Archives européennes de sociologie, vol. 7,

núm. 1 ( 1966), pp. 105-115. Con el permiso de esa publicación y del autor.

Capítulo XIX: de American Sociological Review, vol. 30, núm. 5

(octubre de 1965), pp. 674-688. Reproducido con el consentimien- to de la American Sociological Association y del autor.

Capítulo XX: de British Journal of Sociology, vol. 19, núm. 3

(septiémbre de 1968), pp. 334-342. Con el permiso del autor.

Capítulo XXI: de American Sociological Review, vol. 19, núm. 1

(febrero de 1954), pp. 42-48. Reproducido con el permiso de la American Sociological Association y del autor.

Capítulo XXII: de British Journal of Sociology, vol. 17, núm. 3

(septiembre de

1966), pp.

292-299. Con el consentimiento del

autor.

Capítulo XXIII: de Maxwell Review, vol. 6, núm. 2 (primavera

de 1970), pp. 51-71. Este artículo fue revisado para su publicación aquí, autorizada por esa revista, la Maxwell Graduate Student As- sociation, y el autor.

Capítulo XXIV: de British Journal of Sociology, vol. 14, núm. 1

(marzo de 1963), pp. 59-76. Con el permiso del autor. Capítulo XXV: Inicialmente presentado en el Centennial Collo- quium, "¿Más allá de la izquierda y la derecha? La sociología del futuro", que tuvo lugar en la Universidad de Siracusa, Nueva York, en el mes de marzo de 1970. La exposición que aquí se hace ha sido revisada y ampliada.

Los autores

Franz Adler es profesor de Sociología del California State Colle- ge, en Los Angeles. Ha escrito ensayos sobre temas de sociología del conocimiento, sociología de la religión, valores, teoría social y metodología, publicados en diversos periódicos y libros; actual- mente está terminando un Tractatus Sociologicus, modelo para una teoría positivista de la sociología.

Howard Becker (1899-1960) fue profesor de Sociología en la Universidad de Wisconsin de 1937 a 1960. Es conocido principal- mente por su transformación del "tipo ideal" de Max Weber en el "tipo construido" y por el refinamiento de las polaridades super- puestas de las sociedades "seculares" y "sagradas" mediante sub- tipos y procesos en ambas direcciones. Entre sus libros se encuen-

tran Systematic Sodology on the Basis of the Beziehungslehre and Gebildelehre ofLeopold von Wiese, Social Thought from Lore to Science (con Harry Elmer Barnes), German Youth: Bond or Free y Through Values to Social Interpretation.

Peter L. Berger es profesor de Sociología en la Universidad de Rutgers. De 1965 a 1970 publicó la revista titulada Social Re-

search. Entre sus libros figuran The Social Construction of Rea-

Treatise in the Sociology of Knowledge (con Thomas

Luckmann) y The Sacred Canopy: Elements of a Sociological

Theory of Religion. Junto con un grupo internacional de colegas trabaja actualmente en un modelo teórico de la relación entre la modernización y la conciencia.

Arthur Child es profesor de Filosofía en la Universidad de Cali- fornia, Davis. En diversas publicaciones aparecieron como artícu- los separados partes revisadas y puestas al día de su disertación ti- tulada "The Problems of the Sociology of Knowledge". Con una beca Guggenheim escribió entre 1958 y 1959 Interpretatt'on: A General Theory; además, ha publicado numerosos trabajos sobre hermenéutica, teoría de la historia, teoría del conocimiento, meta- física, metafilosofía y otros temas.

H. Otto Dahlke es profesor de Sociología en la Virginia Com- monwealth University (Escuela de Trabajo Social). Ha escrito Va-

lity: A

9

10

LOS AUTORfüi

lues in Culture and Classroom; en la actualidad se dedica u estu- diar la composición socioeconómica de las directivas de las u~cn­ cias de bienestar social y las actitudes de los empresario11 cuando se trata de contratar a individuos con antecedentes policiales y carcelarios.

Kurt Danziger es profesor de Psicología en la Universidad de York, en Toronto. Ha enseñado en la Universidad de Ciudad del Cabo, en Africa del Sur. Entre· sus libros figuran ReadinKs in Child Soct'alizatt"on y Socialization; en la actualidad trabaja so- bre la historia de la psicología moderna en relación con factores institucionales y culturales.

Harvey A. Faberman es profesor ayudante de Sociología de la Universidad del Estado de Nueva York, Stony Brook. Es coautor de Soda/ Psychology through Symbolic Interaction y ha trabajado en las áreas de teoría y de sociología urbana. En la actualidad se interesa por el posible vínculo entre la interacción simbólica y la teoría neocrítica.

Virgil G. Hinshaw, Jr. es profesor de Filosofía y director de los estudios de posgraduación del Departamento de Filosofía de la Universidad del Estado de Ohio. Ha publicado numerosos traba- jos sobre filosofía de la ciencia, teoría del conocimiento y filosofía de la historia. Sus recientes investigaciones tratan de la filosofía crítica de la historia. Georg G. Iggers es profesor de Historia en la Universidad del Estado de Nueva York, en Buffalo. Entre sus libros figuran The Cult of Authority: The Political Philosophy of the Saint-Simo- nians, The Doctrine of Saint-Siºmon: An Expositt'on (editor) y The German Conception of History. En la actualidad trabaja sobre Leopold von Ranke.

Thelma z. Lavine es profesor de Filosofía en la Universidad. George Washington. Ha escrito ensayos sobre el conocimiento, las formas cognitivas y el naturalismo, que han sido publicados en li- bros y periódicos. Está terminando un estudio sobre el antinomia- nismo en la cultura intelectual moderna.

Georg Maier es profesor ayudante de Gobierno en la Universi- dad del Sur de Illinois, Campus de Edwardsville. Ha publicado ar- tículos y monografías sobre problemas políticos de Ecuador y de

'

1

1

j

1,

LOS AUTORES

11

Perú. En la actualidad está terminando A Ht'storical Dictionary oj Ecuador (en colaboración con Albert W. Bork).

!

1 Karl Mannheim ( 1893-1947) enseñó en la Universidad de Franc- fort y en la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres. Contribuyó al desarrollo de la sociología del conocimiento con pu- blicaciones tales como Ideology and Utopia (editado en español por F.C.E., Ideología y Utopía, México, 1941). Emigró a Inglate- rra en 1933, donde discutió los problemas de las sociedades indus- triales y la necesidad de una planificación social democrática en sus libros Man and Soct'ety in an Age of Reconstruction (editado en español por F.C.E., Libertad y planificación social, México, 1942), Diagnost's of Our Time (editado en español por F.C.E., Diagnóstico de nuestro tiempo, México, 1959) y Freedom, Power and Democratic Planning (editado en español por F.C.E., Liber- tad, poder y planift'cadón democrátt'ca, México, 1953).

David Alfred Martin es profesor de Sociología en la Escuela de Economía y de Ciencias Políticas de Londres. Entre sus libros fi- guran: Pacifism: An Ht'stort'cal and Soct'ologt'cal Study, A Soct'o- logy of English Religt'on (compilador), The Religiºous and the Se- cular y Abarchy and Culture: The Crt'st's t"n the Contemporary Um'verst'ty. En la actualidad trabaja en un estudio comparativo de modelos de secularización.

Karl Marx (1818-1883), filósofo alemán de la historia, teórico so- cial, economista y teorizador y dirigente socialista, es más conoci-

1 do por su crítica incisiva del sistema capitalista contenida en El

lj

1 Capt'tal, editado en español por F.C.E., México 1946, y en otros escritos sobre economía política. En la mayor parte de sus nume- rosas publicaciones hay contribuciones valiosas al análisis ideoló- gico y a la naciente sociología del conocimiento; especialmente im- portantes son Economic and Philosopht'c Manuscripts of 1844 y The German Ideology y The Communt'st Manifesto, escrito en co- laboración con Friedrich Engels.

Elba Valdivia Remmling es aspirante al título de doctor de la Universidad de Siracusa, Departamento de Lenguas Románicas. Se ha graduado en la Universidad de Chile y en la Universidad de Wisconsin, Madison. Entre sus trabajos figuran los artículos pu- blicados en el Handbook of Latin Amert'can Studies referentes a escritores hispanoamericanos. Sus estudios actuales se dirigen a la

i'!

1

¡¡:

1

í

12

LOS All'l'ORES

literatura de protesta social y a las últimas produccioneH de los no- velistas latinoamericanos.

Edward L. Schaub (1881-1953) enseñó filosofía en la Universi- dad del Noroeste, desde 1913 a 1946. Ha escrito Philosophy Today

y Spinoza: The Man and his Thought. De 1926 a 1936 fue editor del Monist.

Rolf H. K. Schulze es profesor ayudante de Sociología del San Diego State College. Ha publicado artículos sobre sociología polí- tica, psicología social y análisis ideológico comparativo. En la ac- tualidad lleva a cabo un estudio comparativo acerca de la aliena- ción y el compromiso ideológico que comprende a los Estados Unidos, India y Alemania.

Alex Simirenko es profesor de Sociología en la Universidad del Estado de Pennsylvania. Ha escrito Pilgrims, Colonists and Fron-

ti'ersmen: An Ethnic Community in Transition, Sovi'et Sociology:

Historical Antecedents and Current Appraisals (compilador) y Social Thought in the Soviet Union (compilador). Está terminan-

do un nuevo libro sobre la sociedad soviética.

Robert G. Snyder. es aspirante al título de doctor en Ciencias So- ciales de la Maxwell Graduate School, Universidad de Siracusa. Desde 1970-1971 es editor de la Maxwell Review y director de la Asamblea sobre el Gobierno de la Universidad, en la Universidad de Siracusa. Está terminando una tesis provisionalmente titulada "University Governance and Technological Society: A Study of Knowledge, Power, and Decision Making".

Manfred Stanley es profesor ayudante de Sociología de la Uni- versidad de Siracusa. También es ayudante de investigación en el programa Harvard sobre tecnología y sociedad y ayudante de in- vestigación becado del Centro de Estudios de Política Educativa,

de Siracusa. Es compilador de Social Development: Critica! Pers-

pectives y ha publicado en libros y revistas ensayos sobre la teoría social del tecnicismo, la sociología de la religión y diversos proble- mas teóricos planteados por el estudio del cambio social.

Werner Stark es profesor de Sociología de la Universidad de

Fordham. Ha publicado Jeremy Bentham's Economic Writings (3 vols.), The Sociology of Knowledge, The Fundamental Forms of

LOS AUTORES

13

Social Thought y The Sociology of Reli'gion (5 vols.). En la actua-

 

lidad está terminando un estudio sobre el control social.

,!

'I

Edward Ashod Tiryakian es profesor de Sociología de la Uni-

versidad de Duke. Ha escrito Sociologism and Existentialism,

j

¡\,

11

Theoretz'cal Sociology (coeditor) y The Phenomenon of Sociology

(compilador). Está terminando un análisis sociológico de la mo-

dernización africana.

1

1

1

1

¡,

ji

1

I¡ i'

i 11

1

1

1

11

~ i

1

A

Anita

' ~

1 j

1

1

l

El interés, tanto general como profesional, por la sociología del co- nocimiento aumenta día a día; todos los años aparecen libros nue- vos y son publicados artículos relacionados con cuestiones que en- tran en esa rama especializada de la sociología. El atractivo cre- ciente de ese campo es puesto de manifiesto también por el cada vez mayor número de universidades y colegios que incluyen cursos acerca de la sociología del conocimiento en sus planes de estudios para graduados y aspirantes a la graduación. Robert E. Merton ha descubierto uno de los principales motivos que explican ese interés creciente en los Estados Unidos: los méto- dos, los conceptos y las teorías de los sociólogos del conocimiento adquieren cada vez mayor importancia cuando se trata de analizar la vida norteamericana moderna y sus problemas. Según las ideas expresadas por Merton en La teoría social y la estructura social, la sociedad de los Estados Unidos de Norteamérica ha llegado a un punto tal que presenta ciertas características de las sociedades europeas en las que tuvo lugar el nacimiento de la disciplina. Durante larga prehistoria de la sociología del conocimiento muchos intelectuales europeos aportaron sus conocimientos teóri- cos y conceptuales: la oposición de los sofistas atenienses a las normas absolutas de comportamiento y de conocimiento es tan

importante como la teoría de los ídolos de Bacon y la afirmación

de Oaude Helvetius según la cual nuestras ideas son necesariamen- te consecuencia de las sociedades en que vivimos. La aportación

! de Marx se halla condensada en el famoso pasaje de su Contribuci6n a la crítica de la economía política: "No es la conciencia del hom- bre la que determina su existencia, sino por el contrario, su exis- tencia social la que determina su conciencia." Marx nunca dejó de relacionar las ideas de los hombres con el medio social al que per- tenecen; sin embargo, su papel preponderante de teórico de la re- volución eclipsó aquel otro aspecto de su obra que prometía la aparición de una "sociología de la conciencia". Durante la prehistoria de la sociología del conocimiento las con- tribuciones procedieron, por lo general, de mentes especialmente capacitadas para la detección del conflicto social y de las actitudes de desconfianza: a menudo los trabajadores intelectuales de ese ti-

PREFACIO

1

,

1

.\

15

PREFACIO

17

16

PREFACIO

po vivieron en tiempos agitados y presenciaron cambios sociales tumultuosos. La conceptualización sistemática de los temas relevantes ocu- rrió cuando las costuras de la civilización europea comenzaron a estallar; los sistematizadores principales de la disciplina eran típi- camente extraños -hombres marcados por la marginalidad cultu- ral, étnica y a menudo incluso personal-. Con el nuevo siglo, la conceptualización de los temas principales se desarrolló en rápida sucesión. En 1909 el sociólogo y filósofo bohemio Wilhelm Jerusa- lem lanzó la expresión "sociología de la cognición" (Soziologie des Erkennens); en 1912 Emile Durkeim interpretó una "teoría so- ciológica del conocimiento" en la introducción a sus Formas ele- mentales de la vida religiosa; en 1924 Max Scheler usó el concep·· to de sociología del conocimiento (Soziologie des Wissens) ep. el tí- tulo de un libro; en 1925 Karl Mannheim trabajó con el cortcepto de Scheler y muy pronto lo contrajo para formar el más familiar de

Wissenssoziologie. El movimiento de la sociología del conocimiento desde la perife- ria hasta el centro de atención se correlaciona significativamente con un proceso más amplio de cambio sociocultural que promete la elevación del conocimiento y de la conciencia psíquicointelec- tual a una posición de importancia fundamental. Conceptos nue- vos han entrado en uso e iluminan las transformaciones de la expe- riencia norteamericana: explosión de la información, rebelión en los campus de las universidades, búsqueda de nuevos estilos de vi- da, la brecha generacional, el poder negro, la brecha de credibili- dad, la desafiliación de la adoración al dinero propia de la sociedad del plástico, la expansión de la conciencia, la liberación , La sociología del conocimiento tiene importancia especial en el clima de opinión emergente, ya que los protagonistas de ese esce- nario intelectual se mantuvieron firmes en su oposición a la sepa- ración de práctica y teoría y a la fragmentación del intelecto me- diante la veneración fetichista de la especialización. Tal actitud in- telectual es importante tanto para los sociólogos como para la co- munidad intelectual en su totalidad. Al discurso de las ciencias sociales la sociología del conocimien- to aporta su capacidad de penetración en las conexiones que exis- ten entre la teoría social y la estructura social. El punto de vista en que se sitúa la sociología del conocimiento descubre a las teorías sociales como reflejos o emanaciones de un sustrato de fuerzas so-

.:

' t

'

14

~

1 ¡

,j

rj:

~

'I

.1

1'

'

\

~

1

dales y de factores de la realidad que posee -en comparación con los productos del pensamiento-, un grado más elevado de realidad óntica en el sentido de constituir ens realissimum. El sociólogo del conocimiento ofrece y aumenta las pruebas materiales para la asunción de que los factores específicos de la realidad y su interac- ción afectan a la producción, distribución y consumo de teorías so- ciales que se presentan como concretizaciones de la lucha genera- da por los factores de la realidad o como formaciones reactivas frente a un movimiento particular de fuerzas sociales. Se pueden identificar muy diversamente los factores de la 'realidad: como confluencia de fuerzas en la dirección de la dominación militar, la hegemonía política, el poder económico, la afirmación psicofísica de la senescencia represiva o de la vitalidad juvenil. La sociología del conocimiento es importante para la comuni- dad intelectual en general por sus potenciales heurísticos y meto- dológicos. El significado heurístico de la disciplina brota principal-

mente de los esfuerzos sobrevivientes para discernir y describir las diferencias de producción mental entre grupos diversos y en mo- mentos históricos diferentes. El sociólogo del conocimiento distin- gue diferentes estilos de pensamiento, de la misma manera que el historiador del arte diferencia diversos estilos de arte. Como ya he apuntado en Road to Suspicion, este sector de la sociología posee además un potencial metodológico: "La sociología del conoci- miento no sólo pretende descubrir, analizar y describir diferentes estilos de pensamiento. La disciplina es más que eso; es también una teoría de la relación entre las ideas y la realidad que afirma el predominio de la realidad y la determinación de las ideas por la realidad." La ordenación de los ensayos que siguen no ha sido caprichosa, fortuita ni casual. Por el contrario, cada uno de los textos seleccio- nados hace crecer en el lector la comprensión del desarrollo teóri- co, conceptual y sustantivo de la sociología del conocimiento. Igual que otras empresas científicas e intelectuales, esta área espe- cial de investigación sociológica está dotada de una intención teó- rica general, de una prehistoria, de presupuestos metodológicos y conceptuales, de variedades clásicas de sistematización y de tenta- tivas desarrolladas de interpretación y aplicación.

Con este libro se intenta promover la aparición de ideas sis- temáticas acerca del desarrollo, los problemas y las promesas de la sociología del conocimiento; tales ideas parecen deseables y nece-

sarias dado el creciente interés despertado por la disciplina.

,

,

~~-u·-"

-~-~------ --

,,.-

il,,\~i

l. LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

':11¡

por Gunter W. RemmUng

li

A lo largo de la historia los intelectuales han hecho más por oscu-

recer la relación entre la existencia humana y el pensamiento que por aclararla. Aunque pueda parecer bastante obvio el interpretar la actividad mental como reflejo de la vida biopsíquica y social del actor, ha existido en la historia intelectual una preferencia pronunciada a suponer diferentes conexiones entre lo teórico y lo no teórico. Sucesivamente los más afamados intelectuales relaciona-

ron sus teorías con una "realidad superior"; esa supuesta realidad aparecía bajo máscaras diferentes, entre las que se incluían disfra- ces conceptuales tales como divinidades protectoras, esencias in- mutables, el reino celestial, la sabiduría monárquica, la ley natural,

el destino nacional, la suprema razón, la voluntad popular, el espí-

ritu popular, las leyes de la historia, la solidaridad social, el bien común, la verdad y la belleza, el progreso científico y la beneficen- cia corporativa. Los portavoces intelectuales dirigentes de cada generación de'.' bieron su éxito principalmente a la habilidad adquirida en la mani- pulación elegante de un oculto aunque vital procedimiento de combinación: elaboraron convincentemente un paradigma inter- pretativo que fundía "orgánicamente" la lógica inevitable de sus teorías con la necesidad inexorable de preservar el orden económi- .co, polític:Q y social establecido. Con la aceptación de las estructuras políticas dominantes y so- cioeconómicas los intelectuales han apartado el empuje analítico de su capacidad cerebral de la base sólida de la realidad existen- cial; con la correlación de sus actividades y producciones con el es- l píritu y los valores, las ideas y los ideales transtemporales, los in- telectuales han santificado su fracaso en el diagnóstico de situacio-

1 nes vitales sociohistóricas. La preocupación defensiva de los inte- lectuales de la tendencia preCfomihante hacia las emanaeiones pro- cedentes de una fabricada realidad "superior" ha dado nacimiento a una (convenientemente) asombrosa plétora de conceptos éntre IOs~que se incluyen conjuros tales como la estructura, el equili- brio, el orden, el consenso, la tradición, la autoridad, la belleza, la nobleza, la racionalidad, la objetividad, la fiabilidad y la validez.

f~ l

IJ

.11

I~

21

22

INTRODUCCION

Esos conceptos -puestos en ridículo por el comportamiento so- cial, político y económico real- han sido disfrazados con los anti- cuados ropajes de la teología, el raído manto de lafilosofía y los adornos modernos de las matemáticas. Algunas creaciones con- ceptuales más recientes, tales como la del "capitalismo del bienes- tar", elevan descaradamente una contradicción en los términos al rango de principio aclaratorio central; la plétora de conceptos tra- dicionales constituye un campo de fuerzas en el que la actividad intelectual no puede menos que fetichizar cada uno de los fenóme- nos sociohistóricos. En esa operación mental se desgaja un fenó- meno vivo de su contexto social e histórico concreto; a continua- ción se procesan los restos espectrales del fenómeno a través del filtro particularizante de la conceptualización abstracta, y luego se les da la apariencia de una entidad pretendidamente capaz de exis- tencia independiente. :~· Los análisis de la relación entre la existencia y el pensamiento ' que apunten a las raíces mismas de la ortodoxia intelectual y social son, pues, relativamente raros; su aparición indica por lo general la presencia de individuos marginales cuya oposición al orden . existente es puesta de manifiesto parcialmente por sus intentos de "" poner al descubierto las nervaduras del poder y del privilegio. Los esfuerzos desde fuera por poner al desnudo a los que están dentro sonjnspirados generalmente por un intento simultáneo de estable- cer un nuevo orden de cosas que sea capaz de satisfacer los intere- ses de los rebeldes. · ~. El estudioso desinteresado de la relación entre la existencia y el pensamiento es sin duda una rara avis, y siempre será susceptible de controversia el alcance de su desprendimiento. Al margen de los aspectos problemáticos de la motivación, l!_ay, conocibles dimension.es4e la ~oll.e.r~nci.a.s.i~tem.ª1ig¡y de la soíisti-

~~11-~~lJªrg()i,l~s,.,!:~­

1

1

1

'·'

éacló~~ónceptualque-.íióspéajii~eILYera l!t§ociqlogíáCiercQñoci-

@iir:tfC:>:j;:omo _una e.strat.egi11 Q_~.filY~~!ig!lJ¿ión~~if!cativa en.}a

Ju~.q:,t p.Qr cQ m_prender

la, relación \en.tre la .existenciayei-pen~a-

i;mento. A'Pi'rte de procedimientos esotéricos o muy especializados se pueden distinguir qos mo~os ese.11ci;tles de present.ar .la .sociología

d~l.$2!1<.>~giien~o: etJl~S!S~JE:ient().'!if_uso~'l.~.ifntr~ef.g,.

~

1• ~~J~nfoql!_e q1f11~t~~~~el ~ampo amp1íaII1ente. ~a_barca un ~ran.

numero de mvest1gac10nes en sectores de estudio que comparten la 9rientación general de la sociologfadel conocimiento sobre la re-

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

23

lación entre la esfera mental.y.el n;:ino d~_l() SQcial. Por tanto,~~ foque difuso funde la sociología del conocimiento propiamente di- cha con subsectores relacionados, tales como la sociología históri-

ca, la sociolingüística, la sociología del arte, la sociología de la cul.:. tura, la sociología del derecho, la sociología de la literatura, la so- .ciología de las ocupaciones y de las profesiones, la sociología de la cultura popular, la sociología de la opinión pública y de la comuni- cación de masas, la sociología de la religión, la sociología de la ciencia y la sociología de la sociología. ,El erifoque difuso tiene la

la

'sociología del conocimiento y permite la inclusión, en el paradig- ma de la sociología del conocimiento, de los estudios empíricos lle- vados a cabo por estudiosos de la psicología infantil, la antropolo- gía cultural, la demografía, la teoría de la disonancia, la etnometo- dología, la genética humana, la fenomenología, la teoría del grupo de referencia, la teoría de los roles, la teoría del intercambio social, el interaccionismo simbólico, etc.

•· $fenfoque ce°:tradq trata el campo más específicamente, insis- tiendo en especial en sus orígenes, en su estado actual y en el desa- .rrollo futuro; ese enfoque revela la confluencia de fuerzas intelec- tuales y sociales que crearon, para empezar, el clima de opinión que p_~rmitió la construcción .del esqueleto de la sociología del co- ru>cimiento.,El enfoque tiene, pues, el mérito de delinear claramen- te el origen del campo y permite la demostración sistemática de sus avances metodológicos, conceptuales y sustantivos. Ya que el e11foque difuso presupone el enfoque centrado -en tanto que una herramienta intelectual no puede ser utilizada sin el c~11ocimiento previo de sus propiedades exactas-, ~n este libto" se. ~~P!~~ el enfoqqe. centrado para presentar la sociología del conoci- miento .definiénd0ja _J;!rovisionalmente crom 0 Jm área de los estu-

~i_q_s~gfiológicos dedicada a la investigac;ión,

procas. que vinculan los procesos cognitivos y los pi:oductos men-

ventaja de il~~imrr.J¡.~e,x~eP.sa aplicabilidad ,de la perspectiva de

de la~ relaciones.red-

~¡ije!l con )oa, procesos soci~es.y la estru~tur~ social.

· Efi sentido estricto la S<?ciología del conocimiento surgió duran- te los años 1924-1925 cuando Max Scheler, primero, y Karl Mann- heim, después, usaron esa expresión para defmir y delimitar la na-

turaleza,, los propósitos y el

alcance de esa subdisciplina 1 Por otro

1

¿ 1

( ·.

1 Ver Max Scheler, "Probleme einer Soziologie des Wissens", en Max Scheler (ed.), Versuche zu einer Soziologie des Wissens, Munich y Leipzig: Duncker und Hum-

24

INTRODUCCION

lado, Mannheim observó que "la sociología del conocimiento real- rp.ente apareció por vez primera en Marx, cuyos aperyus profunda-

del asunto" 2 La teoría socioló-

mente

gica del conocimiento, de Emile Durkheim, tiene importancia si- milar; por eso el desarrollo de la sociología del conocimiento pro- piamente dicha será descrito desde sus puntos de partida verdade- ros, contenidos en las aportaciones de Marx y Durkheim. En lo que se refiere a Scheler y Mannheim debiera observarse que sus esfuerzos en pro del esclarecimiento conceptual y de la sis- tematización metodológica los condujeron a limitar la búsqueda de los ligamentos que unen la existencia con el pensamiento a la in- vestigación de las relaciones entre la existencia social y el conoci- miento. Con sus limitaciones autoimpuestas Scheler y Mannheim conti- nuaron la tradición científica de reconocer la utilidad de la división del trabajo. La dependencia de la actividad mental respecto de la naturaleza biopsíquica del hombre y de los impulsos e instintos originales había sido estudiada por Friedrich Nietzsche y Vilfredo Pareto; Sigmund Freud y otros investigadores del psicoanálisis comenzaban a llenar rápidamente ese campo del conocimiento 3

sugestivos fueron al corazón

blot, 1924, pp. 5-146; Karl Mannheim, "Das problem einer Soziologie des Wissens", Ar- chiv, fur Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, vol. 53, 'lÚm. 3 (septiembre, 1925), pp. 577-652, y "The problem of a Sociology of Knowledge", en Karl Mannheim, Essays on the Sociology of Knowledge (ed. Paul Kecskemeti), Londres: Routledge & Kegan Paul, 1952, pp. 134-90. Como sociólogo del conocimiento, Mannheim es el más conocido, por su trabajo sobre ideología y utopía; ver Karl Mannheim, Ideology and utopia: An Intro- duction to the Sociology of Knowledge (editado en español por F.C.E., Ideología y uto- pía: una introducción a la sociología del conocimiento, México, 1941) (trad. y ed. Louis Wirth y Edward Shils), Nueva York: Harcourt, Brace, 1936. El filósofo y sociólogo aus- triaco Wilhelm Jerusalem usó el término "sociología del conocimiento" ya en 1909, en un artículo que intentaba reconciliar las diferencias epistemológicas que separan a los neokantianos de los neopositivistas. Ver Wilhelm Jerusalem, "Soziologie des Erken- nens"; Die Zurkunft, vol. 67 (mayo, 1909). 2 Mannheim, Ideology and Utopía [Editado en español por F.C.E., Ideología y Uto- pía, México, 1941] p. 278. Al contrario que Mannheim, Max Scheler se opone· al mate- rialismo marxi&ta desde posiciones de la filosofía fenomenológica y trata de fundar la so- ciología del conocimiento sobre su antropología filosófica. 3 Ver Friedrich Wilhelm Nietzsche, On the Genealogy ofMorals (trad. Walter Kauf- mann y R. J. Hollingdale), Nueva York: Vintage Books, 1967; Friedrich Wilhelm Nietzsche, The Will to Power (trad. W alter Kaufmann y R. J. Hollingdale, Nueva York:

Random House, 1967; Vilfredo Pareto, The Mind and Society, 4 vols. (trad. A Bongior- no y A. Livingston), Nueva York: Harcourt, Brace, 1935; Sigmund Freud, Civilization and Its Discontents (reciente trad. y ed. James Strachey), Nueva York: Norton, 1961; Sigmund Freud, The Future of and Illusion (trad. W. B. Robson-Scott), Londres: Ho- garth Press e Instituto de Psicoanálisis, 1928; ver también Gunter W. Remmling, "Frie-

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

25

Los antropólogos franceses, Emile Durkheim, Maurice Halbwachs y otros miembros de la escuela de Durkheim, se destacaron en la

la. influencia que la existencia social ejerce sobre,

el pe11_samiento en tantoque proceso cognitivo con variables psi-. ·

cte

i~ves!igllción

~

cológicas y .epistemológicas 4 . · La delimitación de la sociología del conocimiento debida a Scheler y a Mannheim continúa también la tradición filosófica del idealismo alemán. El énfasis en la existencia social a expensas de

la .t:e.l!lidad biopsíquic:ª' tiene raíces distantes aunque significativas

la oposición de

por los productos del pensamie1.1-

~es decir, por el conocimiento, refleja la influencia qe Hegel, que había llevado a cabo sus más penetrantes ~nálisisen su confronta- ción con el "espíritu objetivo" que Scheler interpretó como conte- nido significativo incorporado en la materia o en las actividades '~?c:iaj.t:;i;¡ 6 .A ese respecto son importantes las consideraciones me-

Kant a todas las tentativas de psicologizar la

epistemología 5 La preocupación

drich Nietzsche: Panegyrist of the Lie", incluida en el trabajo de Gunter W. Remmling, Road to Suspicion: A Study of Modern Mentality and the Sociology of Knowledge, Nueva York: Appleton-Century-Crofts, 1967, pp. 165-80; Gunter W. Remmling, "Sig- mund Freud: A Tortuous Epitaph for the Mind", en Ibíd., pp. 181-98, y Brigitte Berge, "Vilfredo Pareto and the Sociology of Knowledge", Social Research, vol. 34, núm. 2 (ve- rano de 1967), pp. 265-81.

4 Ver Lucien Lévy-Bruhl, Primitive Mentality (trad. Lilian A. Ciare), Londres:

Allen & Unwin, 1923; Emile Durkheim y Marce] Mauss, Primitive Classification (trad. Roodney Needham de "De quelques formes primitives de classification", Année Sociolo-

1902), University of Chicago Press, 1963; Emile Durkheim y Célestin Bouglé,

gique,

"Les conditions sociologiques de la connaissance", Année Sociologique, vol. 11 (1906-9), pp. 41-8; Emile Durkheim, "Sociologie religieuse el Théorie de la connaissance", Revue de Métaphysique et de Mora/e, vol. 17, núm. 6 (noviembre, 1909), pp. 733-58; Emile Durkheim: "Subject of our Study: Religious Sociology and the Theory of Knowledge", introducción a The Elementary Forms of the Religious Lije (trad. Joseph Ward Swain), Nueva York: Free Press, 1965, pp. 13-33, y "Conclusion", ibíd., pp. 462-96; ver también Maurice Halbwachas, Les Cadres sociaux de la mémoire, París: Alean 1925; Marce! Granet, La Pensée chinoise, París: La Renaissance du Livre, 1934. l Ver Gunter W. Remmling, "Immanuel Kant: The Limitations of Reason", en Road to Suspicion, de Remmling, pp. 53-62. En el siglo XX, Ernst Cassirer fue especial- mente activo en su oposición al intento de desgastar la pureza formal de la epistemología kantiana mediante reinterpretaciones historicistas, sociologistas o psicologistas. Ver Ernst Cassirer, Das Erkenntnisproblem in der Philosophie und Wissenschaft der neueren zeit, 3 vols, Berlín: Cassirer, 1922-3. [El problema del conocimiento en la filosofía y la ciencia modernas, México, F.C.E. Trad. por Wenceslao Roces.]

6 Ver G. W. F. Hegel, Philosophy of Right (trad. T. M. Knox), Londres: Oxford University Press, 1953. Ver también Hans Freyer, Theorie des objektiven Geistes, 3.ª ed., Leipzig y Berlín: Teubner, 1934; Max Scheler, Die Wissensformen und die Gesells- chaft, Gesammelte Werke, vol. 8 (ed. con comentarios de María Scheler), Berna y Mu- nich: Francke, 1960, p. 24.

26

INTRODUCCION

todológicas de PJ.IJ~SYque ven en las J:Ilaii!fest;:tciones objetivas de la vida el asunto principal de las ciencias human-ª.S-Y sociale~.· Mannheim, en especial, era agudamente consciente de la interpre-

tación que Dilthey hacía del espíritu objetiv~_C<?Ill<L las

manifestaciories-oojetivas de la.existencii.sücial, y de su asevera- ción paralela según la cual las actividades mentales son más fáciles de comprender a través de la interpretaCion de sus manifestacio- nes externas en los doc).!mentos histórico~, en las instituciones so- .c;faies,-eI1 los .productos. del arte o en los librm?:-- ·

~~ID.ilde

~

•I

1 Para establecer la sociología del conocimiento, ~@.el!.aJ.y

ciajm~.n!~_M.a,pn~@ ~j_§!a, que es en muchos aspectos .una estrategia de inve~-~iga­ ción sociológica casi enteramente desproyi§ta el~-elemento[3_psi-

próxima a la

l~le~rnn u.n!L.!llet9<:iQl~g_í~

éológic9~ El~_nf~s~spuesto en la existenc~ll s~cial antes que en _la

existenc;:ia biopsíquica refleja la decisión marxista, más limitada,

.

de aislar la estructura económica de la sociedad como base real so-

l?r~la que se desarrollaµ las superestructuras legales, políticas, reo" ligiosas, artísticas y teóricas, i\lilto~on sus formas correspondien-

.

tes de

la conciencia social 8 . Para Marx y Engels los cambios que

l

· tenían lugar en las formas adoptadas por la producción intelectual reflejaban las alteraciones ocurridas en el modo de producción ma- terial: "¿Se necesita una intuición extraordinaria para comprender que las ideas de los hombres, sus opiniones, sus creencias, en una palabra, la conciencia de los hombres, varía con cada cambio que se produce ~n las condicion~s de s~ existencia material, en sus re-

.

lac10nes sociales y en su vida social ?" 9 Dada su situación intelectual los fundadores de la sociología del conocimiento no actuaron arbitrariamente cuando situaron ·su foco específico en la relación entre ~a existencia ~ial y el. conoci- miento; ni se mostraron caprichosos al enfatizar el conocimiento sistemático, teórico, "objetivado" de las concepciones del mundo,

··

7 Ver Wilhelm Dilthey, Die geistige Welt: Einleitung in die Philosphie des Lebens, Gesammelte Schriften, vol. 5, Leipzig y Berlin: Teubner, 1924, pp. 4-5; Wilhelm Dilt- hey, Der Aufbau der geschichlichen Welt in den Geisteswissenschaften, Gesammelte Schriften, vol. 7, Leipzig y Berlíri: Teubner, 1927, p. 191 [El mundo hist6rico, México, F.C.E. Trad. por Eugenio Imaz]; ver también Gunter W. Remmling, "Wilhelm Dilthey:

The Fragmentary Nature of Life", en Road to Suspicion, de Remmling, pp. 72-84.

8 Ver Karl Marx, A Contribution to the Critique aj Political Economy (traducción N. I. Stone), Chicago: Kerr, 1904, pp. 11-12.

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

27

sistemas de ideas y teorías políticas. En el potente campo de fuer- zas de la filosofía idealista, del hegelianismo y del marxismo, que- daba poco espacio para el conocimiento preteórico basado en el sentido común propio de la vida cotidiana, y aún menos para el "conocimiento" como simple opinión particular; además, como resultado de las revoluciones políticas y sociales del siglo XIX y de comienzos del siglo XX, las sociedades europeas se hallaban dividi- das en grandes grupos antagónicos cuyos miembros actuaban co- lectivamente empujados por concepciones del mundo objetivadas, sistemas de ideas y teorías político-sociales. En esa situación de la vida real no había nada más práctico ni más acorde con la natura- leza de la rutina cotidiana que la teoría y la práctica de las "ideas". Teniendo en cuenta la situación social que empujó a la sociolo- gía del conocimiento a una posición central, no hay nada extraño en el hecho de que el interés por la relación entre la existencia so- cial y el conocimiento -interés que era tradicionalmente privativo de individuos marginados- asumiese la coherencia y la fuerza sis-

temática características de la obra de Scheler y de Mannheim

La

cultural de la Re-

s9_<;:~QJ.0gía del conocimiento maduró en el clima

pública de Weimar, que permitió a los artistas e intelectuales mar- ginales desempeñar un nuevo papel, a saber, el del que "está fuera, ·pero actúa como si estuviese dentro". Con palabras del historiador Peter Gay, la propia cultura de Weimar "ern una creación de los 9ue estaban fuera (outsiders), empujados por la historia al inte- r!9r (the inside), durante un breve, frágil y desconcertante mo-

mento"1º.

Como teoría social, la variante alemana de la sociología del co- nocimiento refleja una estructura social de fluidez peculiar: entre J9J2_y 1933, el gobierno alemán, conocido generalmente con el nombre ~e-República de Weimar, fue virtualmente un laboratorio de experimentación sociocultural. En las calles de las ciudades y pueblos alemanes los ejércitos de la política rivalizaban en el em- peño de conseguir prosélitos y el proceso era señalado por asesina- tos y batallas callejeras que enfrentaban a monárquicos, militaris- tas imperiales, veteranos de guerra, nihilistas, comunistas, socia- listas, anarquistas y nacionalsocialistas. En las actividades parla- mentarias actuaban unos veinticinco partidos políticos, cuyas

28

INTRODUCCION

alianzas cambiantes dieron lugar a veinte gabinetes gubernamen- tales que duraron, en promedio, menos de nueve meses. Económi- camente hablando, el circo político llevaba a cabo sus funciones en un verdadero manicomio: los hambrientos años posteriores a la guerra se convirtieron en un período inflacionario durante el cual el marco alemán -que antes de la guerra estaba a 4,2 marcos por dólar- llegó a valer el equivalente de 4.200 millones por cada dó- lar. En este momento, en noviembre de 1923, un individuo pagaba mil millones de marcos para enviar una carta al extranjero y la Re- pública alemana se encontraba al borde de la más absoluta banca- rrota financiera y de la desintegración política. En 1924 comenzó una época de reconstrucción política y econó- mica; hacia 1929 Alemania se había transformado en la primera potencia industrial del continente europeo. La Gran Depresión, anunciada por el derrumbamiento de la Bolsa de Nueva York, en octubre de 19 29, llevó de nuevo a la República de W eimar al borde del desastre: a finales de 1932 casi la mitad de la fuerza de trabajo alemana se hallaba en paro. Eran numerosos los individuos sin tra- bajo que se hacían arrestar para encontrar techo y comida en la cárcel; otros ingresaban en las filas del Frente Rojo y -ominosa- mente-. en las de las tropas de choque hitlerianas; en su propa- ganda, el naciente dictador sacaba provecho del problema econó- mico adicional provocado por el pago de reparaciones de guerra a los aliados occidentales, reparaciones que el Comité Young había organizado de tal forma que los alemanes se veían obligados a pa- gar, incluidos los intereses, una suma total de unos 29.000 millo- nes de dólares entre 1928 y 1938 11 La República de Weimar era también un carrusel rodante de ex- perimentación personal de diferentes estilos de vida. Jóvenes que tocaban la guitarra, leían poesías en público y practicaban el amor libre recorrían el país expresando los sentimientos antiburgueses del movimiento juvenil; florecían las colonias nudistas; en Berlín los símbolos fálicos de los clubs nocturnos se convirtieron en ele-

11 Ver Louis L. Snyder, The Weimar Repub/ic: A History of Germany from Ebert to Hitler, Priceton, N. J.: Van Nostrand, 1966. Ver también Karl Dietrich Bracher, Die Auflosung der Weimarer Republik: Eine Studie zum Problem des Machtverfalls in der Demokratie, Stuttgart: Ring-Verlag, 1955; Erich Eyck, A History of the Weimar Repu- blic, 2 vals. (trad. Hadan P. Hanson y Robert G. L. Waite), Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1962-3; S. William Halperin, Germany Fried Democracy: A Political History of the Reich fromm 1918-1932, Nueva York: Crowell, 1946.

1

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

'

29

'

\ '

1

mentas decorativos, del techo descendían mujeres desnudas y la realización del acto sexual en los escenarios se convirtió en cosa de

1. rutina: en las calles aparecieron las prostitutas y los travestís, jun-

to con los predicadores de credos y cultos exóticos 12

f

r

En la Aleman_i~ de Wei.mar las, innovaciones intelectuales y ar-

las ciencias, la filosofía, la l~terl!_tyg,J¡iJlÚI-

~J'.transformaron

t~-st~C

~ic_a,la ~i?tura, el teatro, el ~}!1~Y

,~.~_quitectur~ en imá~en.esq_ue

,

expresaban el alba de u11,ai,conc1encia nue'V'tt\ Tras el colapso de la República los refugiados políticos llevaron el espíritu creativo de la cultura de Weimar a los cuatro puntos cardinales del mundo y lo mezclaron con la gran corriente creadora que brotó del desper- tar de la conciencia del hombre del siglo XX. El proceso creativo de la cultura de Weimar es rico en ejemplos notorios, tales como la pintura expresionista, la música atonal, el teatro de Brecht, la físi- ca de Einstein y las experiencias visuales revolucionarias asocia- das generalmente con el Bauhaus 13 Mientras las audiencias cos- mopolitas aplaudían las sucesivas noches de estreno, las exposicio- nes y las primeras ediciones, los conservadores y, cada vez más, los nazis, se aseguraban el apoyo de las masas provinciales con porciones recalentadas de la cultura tradicional de la cerveza y las salchichas. La sociología del conocimiento -precariamente apostada en los límites de la ciencia social de Weimar- no dejó de atraer a una parte de los intelectuales que equilibraban su brillantez nerviosa

sobre el filo de la navaja de la fugaz instantaneidad. La asombrosa

iridiscencia de su obra refleja su insatisfacción con lo solidificado y una atracción ~ar por el tormento cerebral autoinfligido. La

~

12 Ver Hadan R. Crippen (ed.), Germany: A Self-Portrait, Londres: Oxford Univer- sity Press, 1944. Ver también Walther Kiaulehn, Berlin: Schicksa! einer Weltstadt, Mu- nich: Biederstein, 1958; Walter Z. Laqueur, Young Germany: A History of the German Youth Movement, Nueva York: Basic Books, 1962; Paul Erich Marcus (PEM), Heimveh nach dem Kurfürstendamm: Aus Berlins glanzvollsten Tagen und Niichten, Berlín:

Blanvalet, 1952; Stefan Zweig, The World of Yesterday: An Autobiography, Nueva York: Viking Press, 1943. 13 Ver Martin Esslin, The Man and His Work, Garden City, N. Y.: Doubleday, 1959; Walter Gropius, The New Architecture and the Bauhaus (trad. P. Morton Shand), Nueva York: Museo de Arte Moderno; Londres: Faber & Faber, 1937; Siegfried Kra- cauer, From Caligari to Hitler: A Psychological History, of the German Film, Prince- ton, N. J.: Princeton University Press, 1947; Bemard S•Myers, The German Expressio- nists: A Generation in Revolt. Nueva York: McGra~-Hill, 1963; Erwin Piscator, Das Politische Theater, Berlín: Schultz, 1929; Hans Richter, Dada: Art and Anti-Art, Nue- va York: McGraw-Hill, 1965.

30

INTRODUCCION

disciplina cuenta con un resuelto antihéroe que se ahorcó con el mismo desprendimiento de que hace gala la investigación científi- ca: Alfred Seidel -autor de La conciencia como destt°no- eligió esa salida para consumar su compulsivo deseo de nihilizar el nihilis- mo, deseo que había sido despertado por los seductores peligros del psicoanálisis y por el profundo desencanto de Max Weber ha-

cia el mundo 14 En el vórtice marxista de la Wissenssoziologie en-

contramos el don que capacita para el análisis social penetrante, don que envuelve a inteligencias destacadas tales como la de Lukács con el halo sulfuroso de la Lubianka. Las alteraciones características de la experiencia alemana du- rante el imperio y la república se reflejan en la vida y en el pensa- miento de Max Scheler, encarnación de la idea procedente de Mannheim sobre el "deslizamiento de los puntos de vista", que es, en cierto modo, la personificación de la experimentación inte- lectual y política de la Alemania de Weimar. La desdichada repú- blica, esta sociedad suspendida entre las llamas infernales de la guerra mundial y de la dictadura total, encontró en Scheler a otro antihéroe: hijo de madre judía y de padre protestante, católico fer- viente, difamador de la religión, militarista germano, pacifista europeo, demócrata; Scheler, que se abrió paso a través de tres ca- samientos, que tenía aventuras amorosas en habitaciones de hotel y relámpagos de intuición en la tierra de nadie de los clubs noctur- nos; Scheler, el fumador empedernido, exiliado de la respetabili- dad de la clase media académica; Scheler, cuyo primogénito pasó de la delincuencia de poca monta a las camisas pardas hitlerianas y de ellas a la muerte temprana en una lucha callejera 15 ,· !.-a mlU'ginalidad, en el sentido de estar al margen de las tradi- , ciones socioculturales de ciertos grupos o en virtud del rechazo

~ \ personal de las ideas y valores dominantes, representa una cuali- " \ dad común a la mayor parte de los intelectuales, que ven como \ problemática la ecuación que asocia al pensamiento con la exis-

~'

1 ~encia. Un análisis exhaustivo de la compleja prehistoria de la so- ciología del conocimiento no ha sido escrito hasta el momento, pe- ro los estudios preliminares existentes dan ya a entender que los

14 Ver Alfred Seidel, Bewusstsein als Verhiingnis (ed. Hans Prinzhom), Bonn: Co- hen, 1927.

15 Ver Gunter W. Remmling, reseña de "Max Scheler: An Intellectual Portrait", de John Raphael Staude, Nueva York: Free Press, 1967, en Social Forces, vol. 46, núm. 4 (junio 1968), p. 553.

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

31

conceptos de marginación y alienación tienen una importancia fundamental cuando se trata de comprender los factores existen- ciales que sirvieron de elemento motriz a los precursores, pioneros

y profesionales de la sociología del conocimiento 16 Dentro de los lím.ites del pensamiento occidental, el siglo V a.C. 1 es un buen punto de partida para una prehistoria de la sociología . del conocimiento: los fragmentos literarios supervivientes, los tes- ' j timonios, los diálogos platónicos tales como Gorgias, Hippias el .

Menor, Protágoras, El Sofista y la Retórica, de Aristóteles, descu-

bren que los pragmáticos sofistas de la antigua Atenas se oponían

a las normas de comportamiento absolutas y abogaban valiente- ',·

mente en favor del relativismo ético y epistemológico. Los sofistas

eran maestros itinerantes -verdaderos intelectuales marginales- _

~i

~_J 1

¡''I' ¡ ¡

1

'

'

1

'j

y i !

l

f

1 que acudían a Atenas procedentes de ciudades extranjeras para en-

1

señar a los jóvenes la retórica y otras materias supuestamente úti-
'

1

les en la búsqueda del éxito político, profesional y financiero. El más famoso de los sofistas griegos, Protágoras de Abdera (c.49~410 a.C.) comienza su libro sobre La verdad con las si- 1

guientes palabras: "E

a

l

hombre es la medida de todas las cosas", y

continuación desarrolla un relativismo epistemológico según el l

cual el individuo conoce solamente lo que él percibe, pero no el ob- ·J jeto percibido; en opinión de Protágoras, todas las cosas cambian

y

se hallan en movimiento, todas las sensaciones son subjetivas y

la

verdag obj~tiva no existe. En Relativo a los dioses adopta una

)'

1

~

j

11·,

I

posición agnóstica y afirma que es imposible averiguar si los dio- ses existen o a qué se parecen. Protágoras se vio obligado a huir cuando la condena por impiedad acabó con el éxito de su carrera en la Atenas de Pericles.

Otro "maestro itinerante de la sabiduría" (sofía), Gorgias de

16 Además de los estudios de pensadores individuales, ver las siguientes obras gene- rales: H. Otto Dahlke, "The Sociology of Knowledge", en Harry Elmer Bames, Howard Becker y F. B. Becker (eds.), Contemporary Social Theory, Nueva York: Appleton- Century-Crofts, 1940, pp. 64-89; Gottfried Eisermann, "Wissenssoziologie" en G. Eiser- mann (ed.), Die Lehre von der Gesellschaft: Ein Lehrbuch der Soziologie, Stuttgart: En- ke, 1969, pp. 481-535; Ernst Grünwald, Das Problems der Soziologie des Wissens: Ver- such einer kritischen Darstellung der Wissens soziologischen Theon'en, Viena y Leipzig:

Braumüller, 1934; Irving Louis Horowitz, "The Pre-History of the Sociology of Know- ledge", en I. L. Horowitz, Philosophy, Science and the Socio/ogy of Knowledge, Spring- field, Ill.: Thomas, 1961, pp. 10-33; Remmling, Road to Suspicion, pp. 53-198; Wemer Stark, "The Antecedents of the Sociology of Knowledge", en W. Stark, The Sociology of Knowledge: An Essay in Aid of a Deeper Understanding of the History of Ideas, Lon- dres: Routledge & Kegan Paul, 1958, pp. 46-98.

33

32

INTRODUCCION

Leontini (c.483-376 a.C.), difundió un estilo de pensamiento nihi- lista. En un libro titulado De la Naturaleza, o 'de la Nada comien- za afirmando: 1) que nada existe; 2) que si existe algo el hombre no lo puede conocer, y 3) que si existe algo y puede ser conocido, no se lo puede comunicar a los demás.

Hippias de Elis (c. siglo V a.C.), perteneciente al grupo de sofis- tas que Platón presentó en su Protágoras y describió en su Hip- pias el Menor, contribuyó a la percepción temprana de una deter- minación existencial del pensamiento con la definición que dio de la religión, a la que consideraba un instrumento de factura huma- na utilizado por los ricos y los poderosos con la finalidad práctica de imprimir en los hombres a través del miedo las buenas costum- bres y la docilidad ;.Hippias nos llega a través de los siglos con una afirmación que repiten los protagonistas de la cultura juvenil del siglo XX: "Las leyes son convenciones de una generación an- terior." Las penetrantes intuiciones de los sofistas acerca de las raíces políticas y socioeconómicas de los preceptos ético-religiosos tradi- cionales y su aguda comprensión de la naturaleza relativa, huma- na, continuamente cambiante, de las ideas, leyes y normas socia- les, fueron enterradas durante siglos bajo las doctrinas contrarias de los intelectuales del sistema que seguían a sus maestros Platón

la sofística no fue revalorada

y Aristóteles 17 La importancia de

17 En el Libro Séptimo de la República, Platón desarrolla una teoría social del cono- cimiento que sostiene que sólo la élite dominante, formada por los privilegiados, puede llegar a alcanzar el conocimiento de la verdad y discernir sobre lo bello, lo justo y lo bue- no. El aristócrata Plat6n, sin embargo, tenía poco interés en hacer ulteriores revelaciones sobre las conexiones existentes entre la realidad social de intereses específicos y la irrea- lidad intelectual de los conceptos grandiosos. Al contrario, Platón defendía la "mentira noble" como forraje mental para las clases bajas, así como la posibilidad de inculcar su- persticiones por razones de estado. No deja de tener interés anotar que los mercenarios de la política y los charlatanes a sueldo del poder encuentran frecuentemente que los ade- rezos de Ja filosofía idealista les son altamente útiles, desde el momento en que optan por ejecutar sus actos públicos como moralmente virtuosos. Ver, por ejemplo, Benito Musso- lini, Fascism: Doctrines and Institutions (trad. oficial), Roma: Ardita, 1935, pp. 8-9: "El Fascismo contempla a los individuos y a las generaciones ligados en común por una ley

moral

que suprime el impulso natural de atracción hacia una vida ceñida a un breve

círculo de placer, que edifica una vida más alta fundada sobre la obediencia, una vida li- bre, sin limitaciones de espacio y tiempo en la cual, mediante el autosacrificio, la renun- cia a sus propios intereses y hasta la misma muerte, el individuo puede alcanzar aquella

La concepción

existencia de pureza.espiritual en la que persiste su valor como hombre

fascista de la vida es una concepción religiosa, en la que se contempla al hombre en su relación inmanente con la más alta ley, dotado de una voluntad objetiva que trasciende al

individuo y lo eleva a la categoría de miembro consciente de una sociedad espiritual."

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

,hasta el siglo XIX. Vislumbres de reconocimiento aparecen en las

!lecciones del filósofo alemán Hegel, que reconoció la importante · contribución de Gorgias al desarrollo de la dialéctiC!l· En términos

, generales Hegel admitió que "los sofistas(

1tica, la filosofía universal, su objeto, y fueron pensadores profun- i dos" 18 El historiador inglés y político radical George Grote (1794- , 1871) demostró abiertamente la importancia de los sofistas grie- gos y los reivindicó como campeones del progreso intelectual

)

hicieron de la dialéc-

19

1 La tradición filosófica establecida por Platón y Aristóteles si- guió siendo desarró1lada y modificada por escuelas de pensamien- to dominantes, tales como el ~stoicismo,la patdst_ica y la escolás- tica, que conservaron el antiguo énfasis sobre las "verdades supe- r!ores" y sobre lo absoluto de las normas y de los valores. Detrás de las grandiosas estructuras de pensamiento erigidas por la ima- ginación teórica "oficial" se percibían a veces los ecos de los mar- tillazos dados por intelectuales subterráneos que se esforzaban en aislar los hechos de la mera suposición. En su búsqueda de realida- des terrenales los pensadores "subversivos" descubrieron los ocul- tos vínculos que relacionaban las ideas y las teorías con los intere- ses económicos y con el poder político, tal como puede verse en los trabajos de Marsilius de Padua (c.1275-1342), Ibn Jaldun (1332- 1406) y Nicolás Maguiavelo (1469-1527). Sin embargo, el ataque sistemático contra el sistema intelectual aristotélico-cristiano no fue emprendido hasta el siglo XVII, cuando Francis Bacon volvió la herramienta crítica de la filosofía y de la sociología hacia aden- tro y sobre sí misma para poner de manifiesto los prejuicios que deformaban el conocimiento y enturbiaban su objetividad. En el primer libro de su Novum Organum (1620), el filósofo inglés cali- ficó esos factores deformantes de origen social con el nombre de

2

º.

"ídolos En el de curso la mente" de su obra sobre el mé~().dode investigación inducti- va, Bacon llegó a pedir que el observador se aproximase al mundo físico despojado de todos los prejuicios susceptibles de deformar la

G. W. Hegel, Lectures on the. History ,aj Philosophy, vol. 1 (trad. E. S. Haldane), Londres: 18 Routledge & Kegan Paul; Nueva York: Humanities Press, 1963, p. 384. [Lec- ciones sobre la historia de lafilosofía, México, F.C.E., 1955, 3 vols. Trad. por Wences-

lao Roces:]' Ver George (}rote, Greece, vol. ~. Nueva· York: Collier 1 1899, pp. 350~99.

Gunter W. Remmling, "Oiigin and Developm~ntof Scic~ology",en G. W'. Renun- ling 20 y R. B. Campbell, Basic Sociology: An l?itraduction to the Study oj Society, Toto-

wa, N. J.: Littlefield, Adams, 1970 (esp. pp. + ·

19

11).

34

INTRODUCCION

realidad; al mismo tiempo descubrió que los esfuerzos científicos del hombre se hallan coartados por ilusiones y mentiras, tanto congénitas como adquiridas. Bacon calificó a esos obstáculos que se interponían en el camino del conocimiento con el nombre de "ídolos de la mente" y procedió a dividirlos en cuatro categorías, con el fin de ponerlos al descubierto y de neutralizar su influencia nfgativa sobre el conocimiento y sobre la instauración de las cien- cias. Los esfuerzos de Bacon tenían una finalidad doble: querían re- velar la estructura del conocimiento y poner de manifiesto su co- nexión con la realidad exterior; ese programa anthnetafísico fue ¡rrcluruiizado por.John Loc~e, que· analizó la validez y la naturaie-

za del conocimiento en su Ensayo sobre el entendimiento humano

(1690). Mientras que el trabajo de Locke sobre la epistemología fundaba el conocimiento en la experiencia, el ensayo de David Hu-

me Historia natural de la religi6n (1757) ampliaba el enfoque em-

pírico al análisis de la vida religiosa; al mismo tiempo Hume con- tinuaba la explicación social de los errores intelectuales debida a Bacon con su conceptualización crítica de las cuatro causas de la idolatría, consistente en la deificación de lo desconocido (ignoran- cia), el poder, el miedo y la búsqueda de la felicidad. Las visitas que Voltaire y Montesquieu hicieron a Inglaterra apresuraron la difusión de los estilos de pensar ingleses; las inter- pretaciones empíricas y antimetafísicas de la realidad penetraron en Francia y en todo el continente europeo. Voltaire, que había es- tado desterrado en Inglaterra desde 1726 a 1729, recogió su expe- riencia inglesa en sus Cartas filos6fi'cas (1734) y no tardó en ser obligado a abandonar París. Ni la cárcel ni el destierro consiguie- ron disuadir a Voltaire de sus denodados ataques contra la situa- ción religiosa y social de Francia. Como intelectual político siguió empleando las teorías científicas de Newton y las ideas filosóficas de otros ingleses tales como Bolingbroke, Hume, Locke, Pope, Swift, Walpole y Woolston. Montesquieu pasó dos años en Londres y poco después de su regreso a Francia en 1731 comenzó a manifestar su admiración por el sistema político de las Islas Británicas y por sus institucio- nes sociales. Montesquieu siguió ·enamorado de la estructura polí- tica y social de Inglaterra y persistió en su crítica de las condicio- nes francesas en El espíritu de las Leyes (1748). En su obra princi- pal analiza la variación cultural de las costumbres y de las leyes y

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

35

.,,

¡!

.1

deriva de .ello el principio de su relatividad; pasa entonces a de- mostrar que las diversas leyes y estilos de gobierno resultan deter-

\

:1 minados por condiciones raciales, morales, geográficas, económi- cas y climáticas diferentes. Sus esfuerzos sistemáticos por explicar el origen de las ideas y de las instituciones sociales en términos socioculturales hicieron del barón de Montesquieu uno de los más prominentes pioneros de la sociología del conochniento; pero los filósofos de la Ilustración Francesa, en general, hicieron hnportantes contribuciones a la búsqueda emergente de los ligamentos que conectaban el pensa- miento con la existencia. Particularmente en las fronteras· í'adiCales <le la IlustraCi6ii ·aparecieron ideas importantes tales como la con- vicción de Helvetius de que nuestras ideas son "consecuencia de las sociedades en las que vivimos". El abate Condillac, cabeza de la escuela sensualista, contribuyó a la posición epistemológica de Locke con el Ensayo sobre el ori-

gen de los conocimientos humanos (1746); afirmó que todo pensa-

miento se deriva de las sensaciones y supuso que los sentidos, jun- to con todo el aparato receptivo sensual, dependen a su vez de la

J 1 experiencia. Condillac, amigo de Diderot y de Rousseau, representa el víncu- lo que conecta a la Ilustración Francesa con los idéologues. Con- ducidos por Destutt de Tracy, l.C>~i<f.éol!J_g~es desarrollaron la science des idées para poner al descubierto el origen de las ideas y los principios que rigen su formación. Sus esfuerzos encaqimªdos a impedir la formación de ideas falsas atrajeron la ira de Napoleón Bonaparte~-qüe-como-buen póifüco apoyaba su prestigio en la con-

ciencia

:EXgran-heredero del-empirismo británico y de la Ilustración Francesa es Karl Marx, que absorbe agudamente la tradición fi- losófica basada en los "sanos sentidos humanos". En la teoría so- cial de Marx_la guerra contra los ídolos, contra la idolatría y contra la tradicion" religioso-metafísica continúa dentro del marco de un programa revolucionario que incluye entre sus soportes teóricos la

i conciencia sistematizada de la determinación existencial del pen-

,,

,,

errónea.-efe las masas.

¡

samiento21.

-··

·

La comprensión de Marx de la determinación social de la con-

21 Ver Karl Marx, Selected Essays (trad. H. J. Stenning), Nueva York: lntemational Publishers, 1926, p. 190.

·¡

36

INTRODUCCION

ciencia fue profundizada por su gran conocimiento de la economía

política derivado de sus amplios estudios sobre los economistas británicos clásicos y sobre los teóricos socialistas, incluidos entre ellos Claude Henri de Saint-Simon, los sansimonianos, Pierre

Kark Rodbertus-Jagetzow 22 El conocimiento

que poseía Marx de la filosofía crítica e idealista alemana, en par- ticular su dominio de la dialéctica de Hegel, le permitieron tras- cender el ingenuo y unilinear progresivismo y el a menudo ahistó- rico temporocentrismo de los filósofos de la Ilustración y alcanzar la sutilidad metodológica y la profundidad histórica características de la variante del materialismo que le es propia.

Tanto Marx como los demás estudiosos de la relación entre el pensamiento y la existencia, están en deuda con la filosofía crítica de Kant, que demostró que la "realidad" estaba determinada en su apariencia por la estructura de la cognición: la epistemología kan-

tiana funda la realidad de la experiencia en la subjetividad humana con la igualación entre la realidad y el orden lícito de la conciencia humana. Los intentos de establecer la dependencia, con respecto a la realidad social del conocimiento y de la percepción, se hallan

epistemológicamente enraizados

e} obje~ode la percepción est4 C:9-I1~tituidopor un acto creativo del l

individuo que

j;ii:g~-JI~el= un ciudadano del mundo social 23 En el lenguaje de la filosofía crítica la unidad que el hombre contempla en el univer- ! so es una cualidad que le es dada por conducto de la mente, prime- J ro mediante las formas de la sensibilidad -el espacio y el tiempo- i y después por las categorías del entendimiento, categorías tales co- ! mo la cantidad, la calidad, la relación y la modalidad. Esas instru-/ mentalizaciones a priori permiten a la conciencia humana dar for- .· ma al mundo que le rodea, hacer inteligible el mundo a sí mismo Y/ establecer las conexiones, necesidades, unidades y leyes que cons- tituyen el requisito previo de las ciencias. ,,. La filosofía crítica alemana ha demostrado convincentemente que el universo debía toda su disposición y todas sus conexiones -su misma distribución en el espacio y en el tiempo- a la consti- tución cognoscitiva del ser humano. El idealismo objetivo de Hegel

Proudhon y Johann

en la

suposic~.QP. hntiana de. que

percibe,.,.el cuates.:-::-c_Q~ohabría de demostrar más

1 '

Edward Fitzgerald),

Ann Arbor: University of Michigan Press, 1962, pp. 73-8.

Ver Immanuel.Kant, Critique of Pure Reason (trad. Norman Kemp Smith), Lon- dres: MacMillan, 1956.

22 Ver Franz Mehring, Karl Marx: The Story of His Lije (trad.

23

J

IJ',

í,

¡,

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

37

defendió con la misma capacidad de convicción que ese ser huma- no cognoscente era una creatura eminentemente social, lección que no olvidó Marx. El pensamiento de Kant se hallaba orientado hacia la física matemática de Kepler, de Galileo y de Newton; la filosofía social de Hegel desde el principio se concentró en la vida y en la historia y en el esfuerzo por suavizar las contradicciones y conflictos inherentes a la vida y a la historia. En los Escritos de juventud, teológicos, de Hegel, compuestos entre 1795 y 1800, se ve la vida como unificación de impresiones y como contradicción. Aparece la vida como un concepto social, re- sultado de la labor intelectual que refleja las contradictorias e inarmónicas circunstancias sociohistóricas. -Su conciencia social permite a Hegel forjar la herramienta capaz de conceptualizar los absurdos y las contradicciones de la realidad social: una lógica dialéctica que capacita a la visión para aprehender el significado de los procesos sociales que tienen lugar en un mundo puesto fuera de sus goznes por los conflictos históricos que enfrentan a los hombres y a las instituciones 24 Equipada con el "ojo del concepto", es ante todo la filosofía de la historia la que promete el descubrimiento de la ley del cambio histórico y social; en la visión de Hegel la filosofía de la historia se destaca porque es capaz de revelar el universo desde el punto de vista de la razón, y de identificar el contenido pleno de significa- dos del proceso histórico como progreso continuo de la conciencia de la libertad. La Fenomenología del espíritu (1807) representa un hito importante en el camino de Hegel en dirección a la Ft'losofia de la historia, publicada póstumamente en 1837, a partir de las notas tomadas para sus lecciones. Hegel analiza la evolución feno- menológica del pensamiento para demostrar la estrecha relación entre el conocimiento y la existencia, poniendo en ecuación el de- sarrollo intelectual con la evolución histórica de la naturaleza y de la sociedad. En 1821 Hegel llega a una conclusión que anuncia la sociología del conocimiento: "Suceda lo que suceda todo indivi- duo es hijo de su tiempo; de modo que también la filosofía es su tiempo aprehendido en forma de pensamientos. Resulta tan absur- do suponer que una filosofia sea capaz de trascender su mundo

24

G. W. F. Hegel, Early Theological Writings (trad. T. M. Knox y Richard Kro- ncr), Chicago: University of Chicago Press, 1948.

38

INTRODUCCION

contemporáneo como lo es el pensar que una persona cualquiera pueda adelantarse a la época en que vive" 25 Con Hegel una tradición intelectual importante se había hecho vieja; existen formulaciones hegelianas bien conocidas que indican la conciencia que el pensador tenía de ese proceso: "Cuando la fi- losofía representa en gris lo que en ella es gris, significa que una forma de vida ha envejecido ya. El búho de Minerva sólo extiende las alas cuando cae la noche" 26 Hegel daba por descontada la de- cadencia de la civilización europea en general, pero, como habría de demostrar pronto Marx, la senilidad afectaba únicamente a las actividades intelectuales y sociales de determinados segmentos de

la población en nuestra civilización 27 La fuerza intelectual y social que se había agostado al calor de la abortada revolución francesa podría ser denominada P.!',2g'Y_CJ:!!J:Q.I_e- volu.ft'onario~s. Esa tradición surgió como motor del cam- \ hiO-social en medio de los restos del or~!U.e 'se

ológico-feud{llque

desplomaba después de haber domiriado-ra:-·avilización medieval. ~l pr_qg.rama burgués_ revolucio_~o e~11ba ~i11do con estilos de pensamiento analitico~científi~o.s dirigidos contra el mito y la trª-

dici~!!

!tiligiosa

y

l!!~Uzaba ~~4-~ñiis -~~)lP.etaci~n.~cq~ómicDs y

polític,:os prqgresivoi;-¡~.araCOlllbatirJas políticas estáticas y rep~e­ sivas delas atrincher.ada&.acistnctacias; como movimiento intelec- tual tenía raíces firmes en la instauración de las ciencias debida a Bacon, en el empirismo inglés y en la Ilustración francesa. El pro- grama revolucionario burgués aparecía como un resplandor cre- puscular en las deliberaciones de Saint-Simon y del joven Hegel. La burguesía económica y políticamente victoriosa no terminó con l!_~~plotación del hombre por el hombre; se atrincheró detrás deun ciclo mecánico de adquisición materialista y de conquistas militares desprovisto de sentido y del que se beneficiaban un nú- mero de individuos progresivamente decreciente. Al ver que la

is

G. W. F. Hegel, Philosaphy of Right (trad. y notas de T. M. Knox), Nueva York:

Oxford University Press, 1967, p. 11.

26

Ibíd.,

p.

13.

27 Para una exposición del pesimismo hegeliano en relación a la civilización europea, ver Georg Wilhelm Friedrich Hegel, The Philosaphy of Hi'story (trad. J. Sibree), rev. y ed., Nueva York: Colonial Press, 1899, p. 86: "América es antes que nada la tierra del fu- turo donde, en los tiempos que se nos avecinan, la esencia de la historia del mundo se nos revelará, posiblemente, en una contienda entre América del Norte y América del Sur. Es la tierra deseada por todos aquellos que nos hallamos hastiados de ser el trastero de la historia que es la vieja Europa."

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

39

¡ atrincherada burguesía comenzaba a utilizar tácticas represivas, L Marx y sus camaradas socialistas decidieron reemplazar el difunto programa revolucionario burgués por un nuevo motor de cambio

'\'

l

,•

social que podría ser denominado

tario;

programa revolucionario prole-

t-1 objetivo principal de ese programa era la abolición de la

explotación del hombre por el hombre y la restauradón de la vida

humana en todo su sentido y plenitud. Las políticas del príncipe de Mettemich y de su camarilla de

agentes de la restauración condujo a la aproximación política y económica entre los elementos burgueses dominantes y los ele- mentos sobrevivientes de la aristocracia. Esa alianza, que se hizo más estrec~a con el éxito del despliegue del programa revoluciona-

rio proletario, fueparciaimeiiierespónsaoie

:

., -···-~---·~---·---;" -··

,.,,_

'

,··

'

.

'

de,a' emergencia·de· '

-·-·-····.'

·- - . ·-

•. ,

- ,··

.·1

y_ª9~!ª1 ql!~-RQdria

un,_t~E.c::r.R~@Jgp:iª d~.-ª1!~i:11.~161;1.J!lJeJec~uaj

~r 4eI)Qm~nado programa conirarrevoluciotfa.rio ari'stocráti~

Los portavoces intelectuales de ese programa "redescubrieron" las virtudes de la civilización medieval; postularon reglas de conducta que estaban basadas, a veces implícitamente, en el comportamien- to impreciso de descarnadas personificaciones aristocráticas que se movían en el panorama social de un pasado esencialmente ima- ginario. ~l programa aristocrático contrarrevolucionario se apoyaba en

~~-ar!~-~.!!kPQ~.s!a.i.~!1 l:a m.etafísica y_ en~ ~eligión para combatir

el materialismo básico diseminado por el Qrden científico- tecifol6gico-industriál. Sus estilos de pensamiento organicistas, sintéticos, holísticos e intuitivos envolvían intenciones políticas difusas tendentes a la restauración de tradiciones sociales prein- dustriales más sencillas. El programa tenía raíces intelectuales profundas en el pensamiento de Edmund Burke, de Bonald y Jo- hann Gottfried Herder; se enlazaba con corrientes tales como el Sturm und Drang y el romanticismo. El programa aristocrático contrarrevolucionario ha sido luego apoyado, voluntaria o involun- tariamente, por intelectuales tales como Nietzsche, Scheler y Hei- degger, cuya glorificación de los principios elitistas refleja en defi- nitiva la admiración hacia la aristocracia como líderes naturales de la sociedad.

la.al.,.

_teración de las estructuras sociales ipfluyeron en lª formu}adónJk .teorías acerca de la _$0Ciedad y por consigjiienle iriípriniierog. su

§.~_prgg:r:arria,.~~~~!!!SJJ!ept~enfrentadns

y dirigidos_a

~-9

40

INTRODUCCION

huella en áreas de estudio especializadas tales como la sociología

-aef c.onocimiento.

·

PRECURSORES Y PIONEROS

La segunda parte de este libro comienza con una selección que muestra cómo el programa re,yoly_1::jc>naJjJ>J>µrgués encamin!ldo. aJ cambio social estaba'-refacfonªdP .c.on eLdesariollo.inteleci.uaLque

ioglobia~Fran~[~]JiCoo~Á~mpi.ri_ªJ.!lºJ?ri~ánicoy los filósofos de

el curso de ese progreso intelectual

socioeconó-

micas de la civilización occidental emergieron teorías y conceptos de importancia básica para la perspectiva de la naciente sociología del conocimiento. Es~ pro~eso ic:lel!cional CQJl1enzó con Bacon y su tipología de los ídÓIOs y de l¡is falsas nociones ql1e desfiguran e.l en- tendimiento científico; condujo por la vía del empirismo y del ma-

la teoría de los preJ~.iii::,ig_s ru:ir m~dio de la

cual los filósofos franceses sometiermi"Toél.as las ciencias a la sos- pecha de deformación ideológica. El materialismo inglés fue apli-

cado a la vida social por los filósofos radicales Helvetius y Hol- bach, que pusieron al descubierto el interés individual y lo denun- ciaron como origen de las normas e ideas morales. El programa revolucionario burgués dio las últimas boqueadas en el seudosocialismo del conde renegado Claude Henri de Saint- Simon, que divulgó la Utopía de una sociedad pacífica organizada para el trabajo productivo por líderes industriales y guiada espiri- tualmente por los hombres de ciencia. Se pretendía que esa socie- dad realizase los elementos fundamentales del cristianismo con sus esfuerzos en pro de "el mejoramiento de la existencia moral y físi- ca de las clases más pobres". El insolente apetito de ganancias y la bruta:! irresponsabilidad de la burguesía transformaron en una far- sa la indulgente Utopía de Saint-Simon y la roja bandera de la re- volución no tardó en pasar a manos del proletariado socialista. Los seguidores de Saint-Simon comprobaron que los dirigentes industriales explotaban a los trabajadores, y que éstos eran tan só- lo nominalmente libres, ya que no les quedaba otra alternativa que la de aceptar las condiciones impuestas por los patronos o morir de inanición. Carente del apoyo popular, el programa radical de Saint-Simon estaba condenado al fracaso; la secta se vio desgarra- da por las disensiones internas, y la última comuna que quedaba,

l_a_IJµstración francesa, En

puesto enmarcha por las transformaciones políticas y

terialismo británicos a

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

41

j:

la de Enfantin, en Ménilmontant, fue deshecha por la policía en

1832 28

'l

El artículo escrito por Georg. G. Iggers demuestra que los ~- -~

1 simonianos se anticipan a Marx en la formulación de una te"Orfa<re la-·Cleterminadón soCiáfdeTconociniiento. Los sansimoníanos ana-

liz~~<!E .Q~~prod\lctos mentales, incluidos en ellos l~ estética, la historiografiªl la jurisprudencia, la literatura·, la econo-' " II1ía~PQ!í.ü~.a;·1a ciencia, la teología, y llegaron a la éonclusiórí que·

~s ideas .y la totalidad

:4~ij-sos',t~pgs

del conocimiento·-~e-s-resu

.có'iíteti.rs99i~"F:l"propiométodo"Cie~tifiéo·pa"~itivovfuecon'síde- _

rfia"'oeomó algo relacionado íntimamente con una sociedad históri- ca específica antes que como algo universalmente válido. La sociología del conocimiento tiene sus raíces en las visiones

~~!Jií.~~ª.?.:!~Y§füci9naria burgu~~~LY revolucionaria proletaria;

también tiene raíces en la visión del mundo aristocrático-contra- rr~volucionaria. El artículo de Werner Stark llama la atención so- bre el importante papel desempeñado por los escritores conserva- dores allegados al programa aristocrático-contrarrevolucionario o incluso ardientes defensores de él. Stark muestra la importancia de la tradición conservadora en el punto de vista propio de la nacien- te sociología del conocimiento, en especial la debida a Herder, a Goethe, a De Bonald y a Donoso Cortés; señala también la sutil conexión existente entre los conservadores y los marxistas, pues estos últimos coinciden a menudo con sus adversarios al rechazar el capitalismo burgués y al proponer la vuelta a un tipo de hombre completo, orgánico y libre.

4

.

Los PRESUPUESTOS METODOLOGICOS y CONCEPTUALES

La premisa metodológica principal 4<' n,LÍ.WO es la proposición según la cual se Pl!ede contell}Qlar ex~~!!l­ ,~Illi<~-dos2rod.!}f~!-?.~ ~~!.E~.~!l!!!!~J:!~.Y-<I~~e~.t:~e~}i9)osre- yela.c.o.gio fen.6mefl.Q.S _que s~ l:i.ajJªn· en relación funciona:! con di- versas fac~tasde Ja realidád social hipost~tizadas:como el absoluto ~YQt.Q]§gjs9. Esa premisa metodológica habla en favor de sí misma puesto que promete ser una guía para el estudio útil y oportuno; pero el método de la interpretación extrínseca choca con el método

J~-~~Qlog_í¡i _d~!--~~c_i­

28 Ver Henri de Saint-Simon, Social Organization, The Science oj Man and Other Writings (ed. y trad. con introducción a cargo de Felix Markham); Nueva York: Harper & Row, 1964, pp. xxxviii-xxxix.

42

INTRODUCCION

tradicional establecido de la interpretación inmanente, método que se limita cortésmente a analizar el contenido teórico dado de los productos mentales. Gran parte del furor provocado por la arremetida metodológica de la sociología del conocimiento pone de manifiesto no la superio- ridad científica de sus enemigos sino la repugnancia que sienten éstos a aceptar las consecuencias extrateóricas de la aproximación extrínseca a la esfera mental. En sus estudios el ~ciólogo del co-

.tiempo, nor-

nocimiento

tantas

máscaras tras 'ias.que .se-ocult-an-tos-intereses establecidos de los

rrúí.s, ''verdades" }' mogq~ de pensar' yJos a.e.usa de ser otras

denuncia tradicio~~"s ~_()_!!~~_[~!,_da~J2.Qr

el

grupo~ sociales. Ese proceso subvierte creencias compartidas, des¡ organiza hábitos colectivos, genera escepticismo y posee la capa '· " ciclad extrate6rica necesaria para minar las posiciones del pode establecido.

El ensayo de Arthur Ghij~J~Ol,le ele r~l_i~ve ~~)~te!ls~~\!~-~~Ja

controversia

teórica que se desencadenó cuand9_ apareció _poi:_ vez

pri_J!leraJa so_c:iQJ9_g!ª_<J~J_c:onocimientocomo seria ~snaza contra otras formas de interpretacióñcí,§~i_ífica]i.~agistaY.§<2~ial.Child

s!túa también la sociología del conocimiento en el más amplio uni- ~- yerso metodológico para permitir la participación de otras disci-

E!fu

!:_!.!!ª

ª1:?:~~cen el p~nsamiento dentro del campo de fuerzas de

mªtri.z_ sg~iaj.Idea importante, aunque escasamente admitida,

~9.\le

-es la que reconoce que toda consideración metodológica se halla

enraizada en supuestos metafísicos, es decir, en decisiones que conllevan la aceptación de determinadas concepciones de la reali- dad. Child deduce de ahí que existen "oposiciones filosóficas defi- nitivas más allá de las cuales carece de valor cualquier análisis adi- cional. Sin duda, llegados a ese punto, el pensador está obligado a realizar una elección decisiva y desprovista de cualquier ambigüe- dad en lo referente a los postulados a partir de los cuales fluirá la

-y

corriente de su razonamiento constructivo, hasta sus últimas

sólo en ese sentido metafísicas- conclusiones". A este respecto !a-

l~!~il!li~~a y

met-0d9Jégi2!!_ ~e_ la. sociologí!I: _d~!

f_<moci:­

~~~!1~º d_~scansa e~ (J!t~m~ ~stanci11 en supueafiis.que no.son sus:-

C<:!Ptih!C!s. d~.E~~\lC.C.i9nposterior; tales como el post~ado de ''la iñ- trínseca sociabilidad de la inente" 29

·

-~, '"'" ""T~-

-.,--

=·~--;:;--=i:

:

H••-·-

-'''- ""'""'"·'~

29 Arthur Child, "The Theoretical Possibility of the Sociology of Knowledge", Ethics, vol. 51, núm. 4 (julio, 1941), pp. 417, 418.

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

43

Los postulados básicos de la sociología del conocimiento inclu- yen concepciones de la realidad que acentúan la naturaleza relativa • del mundo, dinámica e históricamente fluyente, y su división en estratos de significado ontológico desigual. El concepto de histori- cismo expresa el deseo relativista de interpretar el mundo como unidad dinámica sujeta a cambios sociohistóricos constantes; la ideología conceptualiza la suposición de que las esferas ideal e ideacional son ontológicamente menos reales que el estrato social de la existencia. La selección de textos de Karl Mannheim en este libro pone de relieve la importancia central, metodológica y conceptual, del his- toricismo para el establecimiento de la perspectiva de la sociología del conocimiento. En el análisis de Mannheim el;. historicismo emerge no sól()\.coíno fierramieñia metodof6g~co~"cepiiial,sino también como v1slúñ moderña''d.elmundo que arroja luz sobre una realidad sociocultural caracterizada por el cambio omnipre-

sente. E.Lhi§!2Xif.i.§IDQ ~JID--P.!"iUc;ipi9_qemt~i;pretaciónque d~r.ivª

de la experienc:iª consciente d~.IDJ.lfü:li>. cotnQ algQ_ e11

cambÍo; por consiguiente ethi~1oricismo se .recomienda a

conJipuQ .

mis-

,

'rri<n~óiño'füiiaañienfo sobre el_ cual

los hombres contemporáneos

pueden concrefar sus observá.ciónes e interpretaciones de la reali- dad sociocultural dinámica qµe los rodea. El historicismo se halla enraizado en la conciencia histórica de pensadores conservadores tales como Moser, Herder, Goethe y Von Ranke que deseaban apreciar cada uno de los períodos históri- cos por su valor inherente e individual; en el esquema conserva- dor, la historia aparecía como un proceso de desarrollo orgánico capaz de impartir significado a la sucesión de fenómenos históri- cos diversos, que habrían de ser disfrutados como instantáneas plenas de color que revelaban la belleza y sabiduría que permean el universo. También Hegel vio el mundo como una unidad compro- metida en un proceso de transformación histórica continua. Pero en la filosofía de Hegel tomó la delantera un nuevo interés: el de- seo de ocuparse de las ideas políticas y del complejo proceso de la

vida social.

Ja realidad.objetiv.a_,de,. un mundo histórico dotado de significado cuando puso de mani~, fiesta que únicamente la actividad subjetiva del historiador rey~_s::. ~ia 9e "significado" al 1!1~do históti~.O· Funcionalmente Dilthey puso en relación la unidad del mundo con las intenciones e intere-

creenciaen

Wilbelm"Dilt~.de.sW.Y.6.la

44

INTRODUCCION

ses subjetivos de los hombres que viven en el presente y constru- yen el futuro; con ello fomentó la idea de que tanto los pensamien- tos como el conocimiento en general se hallan existencialmente de- terminados. ~egún Dilthey lo§ hombres "no. extra~n significado

) el significado y la im-

P"órtancia proceden únicamente del hombre y de su historia" 30 Mientras Dilthey relativizó el principio de interpretación histori- cista, Marx lo trasladó a la órbita radical al afirmar que la vida moderna revela su máxima significación en la existencia social.

de Dilthey y del radicalismo

soc10econ0mico de Marx, Mannheim desarrolló su historicismo ,extremado, para expresar un'á nueva actitud frente al mundo. La nueva orientación expresada por el historicismo extremado contie- ne P!:_Supuestos C<?.!1Ce1J.!trnle§ y_ ~~et()dológicosp~~c.a.minados a la construcción--soc1ológica de un paradigma de interpretación ·que

del universo para revestir con éLla vida(

S~los cimie?!Os

c!~l

r~l~tivismo

g1ra alredédór_d~_!.e_afidades~su11rateóricas.rsPreseiitadas por el

tiempo. histórico, los intere-ses económicos, la clase social, la posi- ción generacional, el comportamiento religioso y la lucha política. ~~-~mportancia metodológica del historicismo va emparejada con el concepto de ideología, que_ tiene raíces tanto filosóficas co- fQ.Q J:?•.QJ.fticas. Se pueden buscar las fuentes filosóficas de la ideolo- gía en el desarrollo de una filosofía de la conciencia que vino a sus- tituir la unidad ontológica, objetiva, cristiano-medieval y clásica del universo, por la unidad epistemológica subjetiva del sujeto que percibe, defendida por Locke, Berkeley, Hume y Kant. Bacon, en su teoría de los ídolos, había advertido que esa unidad subjetiva, representada por el individuo sujeto de la percepción, estaba de- formada, y Hegel y Dilthey la despojaron de su estatura supra- temporal al sumergir al hombre en la corriente viva de la historia dialéctica y de la vida biopsíquica. Las fuentes políticas de la ideología retroceden hasta la teoría de los prejuicios con la cual los filósofos de la Ilustración francesa explicaron y aligeraron los errores y engaños que distorsionan las relaciones de los hombres con los objetos que constituyen su uni- verso cognoscitivo. El énfasis o insistencia de los filósofos de aquella escuela sobre la mentira que representaba todo el aparato eclesiástico dio filo político a ese desarrollo conceptual puesto que

30

Dilthey, Der Aufbau der Geschichtlichen Welt in den Geiste wissenschaften, p.

291 (trad. mía).

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

45

con ello se animaba al pueblo a rebelarse contra los gobernantes fraudulentos que los subyug!lban con la ayuda de las distorsiones religiosas y metafísicas de la realidad social. El elemento político se hallaba presente en el mismo nacimiento de la palabra ideolo- gía; apenas había acabado Destutt de Tracy de acuñar el término para referirse a su ciencia de las ideas cuando Napoleón Bonaparte devolvió el concepto atrás lanzándolo contra los molestos intelec- tuales para hacerlos pasar por chiflados. Con Marx el concepto de í ideología tomó un doble significado, lo cual sirvió para politizarlo aún más: 1) ideología llegó a ser sinónimo del cónjunto de ideas deformadas utilizadas por la clase gobernante como arma contra las masas engañadas y explotadas,! 2) la ideología llegó a explicar la manifestación de una conciencia falsa o el rechazo políticamente derrotista a ver la realidad tal como es.

El concepto especial de ideología de Marx atacaba únicamente las ideas de la clase burguesa enemiga; Mannheim amplió el con- cepto para cubrir con él el pensamiento de la totalidad de los acto- res sociales, y con ello llegó a operar con un concepto general de ideología. Ese fue, más tarde, el elemento fundamental de sus ten- tativas de transformar la simple teoría de la ideología en análisis sociológico. Desde el punto de vista del concepto general de Mannheim "se considera que el pensamiento de cada uno de los

grupos dimana

Los analistas contemporáneos de la ideología utilizan con fre- cuencia su concepto general según el cual "ideología" es un térmi- no descriptivo que se refiere a las normas e ideas que canalizan el comportamiento observable con el fin de contribuir al manteni- miento de una estructura social determinada 32 : El enfoque general permite también al estudiante moderno del comportamiento ideológico la ampliación de su plan de investigación con estrate- gias sociopsicológicas. El artículo de Rolf Schulze presenta el énfasis contemporáneo puesto en las características de la ideología que pueden ser descu- biertas "entre, todas las agrupaciones humanas, independiente-

de sus condiciones de vida particulares" 31

31 Mannheim, Ideology and Utopia (edición en español F,C.E., Ideología y Utopía,

México, 1941), p. 69.

32 Ver Gunter W. Reinmling, "Ideology: The Twlight of Ideas", en Remmling, Road

to Suspicion, p. 108.

·

46

INTRODUCCION

mente de su afiliación específica y del tipo de su sistema de creen-

cias"33.

La aproximación sociopsicológica de Schulze a las funciones de la ideología atiende a las dimensiones cuantitativas; Schulze ob- serva y mide el comportamiento de los individuos en su medio so- cial pero -y ello es importante- no menosprecia problemas políti- cos y sociales mayores, como lo evidencia su critica del tema del "fin de la ideología".

KARL MARX Y LA DETERMINACION SOCIAL DE LA CONCIENCIA

Marx nunca sistematizó en un único escrito sus investigaciones acerca de las raíces sociales del conocimiento, pero nunca dejó de enfrentarse al problema al tratar el gran tema de toda la vida: la estructura social moderna y la dinámica del desarrollo. El enfoque de Marx tiene doble importancia: por un lado, consigue una sínte- sis creadora de las posiciones conceptual y teórica precedentes; que otro, inicia esclarecimientos teóricos y técnicas de estudio que se concretan en la primera sociología del conocimiento cohe-

rente. El punto de vista de la sociología del conocimiento de Marx es parte de su materialismo histórico y sostiene que las ideas están determinadas por la realidad socioeconómica. La selección de Marx que figura en este libro consiste en su exposición del proceso teórico que conduce al concepto materialista de la historia. Además, Marx anuncia aquí su intención de considerar a la con- ciencia como un fenómeno deterininado por la existencia social -decisión que tiene fundamental importancia en todos sus traba- jos posteriores acerca de las relaciones entre el pensamiento y la existencia. La selección siguiente se refiere a "Marxismo y sociología mar- xista del conocimiento" y posee un propósito doble: en primer lu- gar, pone en relación el punto de vista de la sociología del conoci- miento de Marx con su más amplio paradigma teórico, y, en se- gundo lugar, señala el trabajo de los seguidores de Marx. La dis- tinción entre las ramas positivista e historicista de la sociología marxista del conocimiento permite la discusión de la obra de teóri- cos tan diferentes por su orientación como Bogdanov y Lukács.

Rolf Schulze, "Sorne Social-Psychological and Political Functions of Ideology", Sociological Quarterly, vol. 10, núm. 1 (invierno, 1969), p. 72.

33

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

47

EMILEDURKHEIM Y LA TEORIA SOCIOLOGICA DEL CONOCIMIENTO

La sociología positivista de Emile Durkheim vistió de respetabili- dad científica la oposición de los intelectuales burgueses a la teoría marxista de la revolución social. En 1885-86, durante su año de licencia en Alemania, Durkheim estudió los escritos de Marx; esa experiencia reforzó sus temores ante las características violentas del socialismo y ante su carácter clasista proletario. Según Marce! Mauss, Durkheim "deseaba el cambio en beneficio de toda la so- ciedad y no solamente de una de sus partes" 34 Dada la desigual distribución del poder económico y político, ese deseo era tan efi- caz como las oraciones de una monja en favor de la abolición de la injusticia social. A pesar de su desdén por diversos aspectos fundamentales de la filosofía positiva, Durkheim pisa el mismo terreno que Saint-Si- mon y que Comte cuando se trata de glorificar la solidaridad social y de menospreciar la división en clases, de hacer hincapié en los ideales humanistas y de desinteresarse por la redistribución de la riqueza, del poder y de los privilegios. La "solidaridad orgánica" de Durkheim deriva de la división del trabajo propia del capitalismo industrial 35 ; en su Catecismo de los Industriales (1823-24) Saint-Simon alaba el proceso de industria- U1aci6n con entusiasmo similar, porque ese proceso garantizaba el avance en el orden material lo mismo que en los órdenes intelec- tual y moral. En El Nuevo Cristianismo (1825) $aint-Simon expu- llO con claridad que la realización del ideal de la s0lidaridad social pre1mponía el gobierno autoritario de los expertos de la clase supe- rior tales como los banqueros, los patronos y los tecnócratas. En lo11 cuatro tomos del Sistema de poUtica positiva (1851-54), de Comtc, vuelve a aparecer la solidaridad social como producto de la unificación misteriosa y seudorreligiosa de las fuerzas intelectuales 1 morales de una sociedad gobernada por hombres de negocios y blnqueros. En el estilo conservador de sus predecesores positivis- 1111 Durkheim descarta la búsqueda marxista de la reconstrucción alll y la tacha de improcedente. Temeroso de perturbar el orden 11plt1H1ta-industrial "orgánico" recurre al altivo espiritualismo de

1' Man:al M1u11, "Introductioll' to the Fint Edition", de Emile Durkheim, Socia-

(Id. oon Introducción de Alvln W. Gouldner; traducido por Charlotte Sattler), Nue-

ff Jor\1 M1cMW1n, 1062, p. 34.

Vfl'

ltmU1 Durkh1lm, Tll1 fli11i1'°1t o/ Lllbor in Sorilty (trad. Geor¡e Simp1<>n),

N1WV1 York1 Ptea PrtN, 1964, p. UI.

48

INTRODUCCION

Saint-Simon y de Comte. También Durkheim menosprecia las cuestiones relativas al poder económico y político, pues cree que el estado de la economía es menos importante que el estado de la moralidad, estado este último que ha de ser impuesto por los gru- pos dominantes establecidos. En la visión burguesa propia de Durkheim no puede existir orden social alguno a menos que las masas sean obligadas a contentarse con su suerte. Además, Purk- heim no está interesado en averiguar si las masas poseen más o menos; desea, por el contrario, dejar bien claro que "las masas han de estar convencidas de que no tienen derecho a poseer más de lo que poseen. Y para eso es absolutamente imprescindible que exis- ta una autoridad cuya superioridad sea reconocida por ellas y que les diga qué es lo justo" 36 La teoría sociológica del conocimiento durkheimiana debe algu- nos de sus elementos a las tentativas de Saint-Simon y de Comte en el sentido de percibir la correspondencia existente entre las· ideas y la estructura social. En La Industri'a (1816-18) Saint-Simon dice que las ideas de los hombres corresponden siempre a sus modos de organización so- cial; en especial señala que existen correspondencias entre el cono- cimiento teológico y el despotismo militar, entre el conocimiento científico y el industrialismo. Comte vio también la progresión de los estados mentales en relación con los cambios en la estructura social; supuso la existencia de correspondencias mutuamente de- pendientes entre la organización social primitiva y la mentalidad

teológica, entre el feudalismo y el estadio metafísico del desarrollo

intelectual, entre la sabía que. t::l origen,

estaban determinados por las condiciones sociales,: "El estadio teológico, cuando es predominante, depende siempre de la supre- macía de los regímenes militares. Los dioses y los generales cami-

nan de la mano. El estadio metafísico está marcado por revueltas religiosas y políticas, mientras que el estadio positivo está marca-

do por el comienzo. qe la. supremacía de la i_ndustria y de la tecno-

lo¡.{ía"38.

sociedad industrial y el positivismo 37 Cpmte el desarrollo y la aplicación del conocimiento

Emile Durkheim, Socialism, p. 242.
17

"'

Ver Auguste Comte, The Positive Philosophy (trad. libre y ed. resumida de Ha- rrfot Martineau), Nueva York: .Blanchard, 1958, pp; 453-68. · '" <;corge Simpson, introducción a Auguste Comte:- Sire of Sociology (selecciones de tuM cscritnB con introducción y comentarios a cargo de George Simpson), Nueva York:

Crowcll, 1969, p. 10.

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

49

l ,a teoría del conocimiento sociológico de Durkheim desarrolla, '" kmás, la percepción comteana de la existencia de relaciones in- 11·n kpendientes entre la estructura social y la conciencia social; la •ülltribución principal de Durkheim a la sociología del conoci- 111i1~nto consiste en descripciones que demuestran la interacción !'llt re la primitiva estructura social, el comportamiento religioso y 1'1 origen de las categorías lógicas básicas. Como se documenta en la primera selección del capítulo V, 1>urkheim y sus seguidores adoptaron un enfoque general descrip- tivo de la sociología del conocimiento. Mientras Marx prestaba atención especial al estudio específico de las relaciones existentes entre la realidad socioeconómica y el pensamiento, Durkheim y sus discípulos observaron los efectos de las diversas influencias so- ciales sobre la vida intelectual de los individuos. El trabajo debido a Edward L. Schaub analiza la importancia epistemológica de la obra de Durkheim. Revela también la persis- 11·ncia del énfasis conservador de Durkheim en mantener el orden ~>cial y la solidaridad: en su origen y funcionamiento los procesos mentales reflejan ante todo las necesidades de la sociedad en lo q11•~ respecta a su estabilidad y perpetuación.

M ,\X SCHELER Y LA SOCIOLOGIA DEL CONOCIMIENTO

1 1-:NOMENOLOGICA

El liberalismo y el positivismo del siglo XIX fueron considerados por huena parte de la juventud de fin de siglo como mezclas repug- nantes de impotencia política, insensibilidad social, hipocresía mo- ral y trivialidad intelectual. Los burgueses llenos de autosuficien- na de la Alemania del emperador Guillermo se convirtieron en el 11ímbolo del "tipo humano burgués" que muchos jóvenes odiaban y despreciaban; esos sentimientos multiplicaron las filas del movi- iuicnto juvenil y transformaron en verdadero culto la admiración por las doctrinas de Federico Nietzsche, Stefan George y todos los demás gurus de la contracultura. Es una ironía el que los ejércitos románticos de la contracultura Ne vieran muy pronto transformados en las fuerzas armadas de la primera guerra mundial; en pleno campo de batalla los jóvenes citaban a Schiller y a Dostoievski, que les habían enseñado a acep- 1nr la guerra como fuego purificador llamado a limpiar el mundo de HU materialismo y de su avaricia mezquina. La dialéctica acera- dn de las ametralladoras no tardó en hundir los ejércitos de la

50

INTRODUCCION

contracultura en la masa gris que había sido forzada a llevar a europea. cabo las tareas repugnantes en favor de la burguesía imperialista

No conmovidos por la futurología marxista ni por las pacientes reformas de los socialdemócratas revisionistas, algunos intelectua- les antiburgueses elaboraron utopías propias. En el caso de Max Scheler el disgusto que sentía por el presente le llevó a soñar un pasado mítico representado por el cuadro romántico de la sociedad medieval, cristiano-corporativa, que según se decía había genera- do importantes "poderes constructivos de 1a comunidad", metafí- sicos y armoniosos, bajo el liderazgo de su aristocracia creadora 39 La visión del mundo de Scheler y su compromiso ideológico cambiaron repetidamente durante el curso de su vida agitada; al final llegó incluso a aceptar y defender el liberalismo político de la Alemania de W eimar. Pero nunca renunció a su visión idealista del hombre como ser espiritual, capaz de subordinar su naturaleza animal instintiva. El deseo de Scheler de preservar la dignidad y la independencia dd espíritu humano motivó su oposición tanto a la utopía positivista burguesa de Comte como al programa revolucionario-proletario de Marx, que le parecían igualmente de- gradantes y mecánicos. Por otro lado, Scheler sentía gran afinidad hacia los procesos sociales conflictivos del mundo empírico. Des- garrado entre otra "mundanidad" y esta "mundanidad", Scheler produjo una sociología del conocimiento a la que prestaba cohe- sión su fenomenología y su antropología filosófica. Representó la mente y la vida, el espíritu y la naturaleza como esencia fenoméni- cas independientes y estados ónticas. Esa sociología del conoci- miento reconoce la importancia de los esfuerzos biológicos, econó- micos y políticos de los hombres que determinan sucesivamente el predominio o la decadencia de determinadas ideas y tipos de cono- cimiento en momentos históricos dados. Al mismo tiempo, el mo- delo de Scheler conserva la independencia fenoménica de las ideas, ya que los intereses materiales sólo determinan su paso del estado de potencia al estado de acto, pero no su significado, su forma o su contenido.

Frente a los materialistas miopes, Scheler sostiene que la mente, que se expresa a través de "factores ideales", determina qué obras

39

Ver Max Scheler, Ressentiment (trad. William W. Holdheim y editado con una in-

A. Coser), Chicago: Free Press, 1961.

troducción de Lewis

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

51

y pensamientos pueden ser creados en una sociedad. Volviéndose rnntra los idealistas unilaterales, afirma que las fuerzas materiales históricamente predominantes, que según él encuentran expresión 11 través de "factores reales", determinan qué obras y pensamien- t m1 son realmente creados. Poniendo en tela de juicio la conformi- tl ad y el formalismo mecánico, tanto de la sociedad burguesa como de la sociedad de masas proletaria, Scheler finalmente recalca el papel de la élite como "factor positivo de realización". El paso del rnnocimiento desde la potencia al acto no sólo depende de la "po- t cncia negativamente selectiva" de los factores reales, sino tam- hit'~n de la "libre causalidad volitiva" de las élites. Sus miembros, mentalmente creativos y socialmente agresivos, contribuyen a uhrir las "compuertas" que retienen la corriente de la mente, pre- parando a las masas para nuevas ideas 40 El texto seleccionado de Karl Mannheim pone de relieve las su- posiciones implícitas en la posición fenomenológica de Scheler; en particular, Mannheim critica la tajante distinción de Scheler entre rnnocimiento "factual" y conocimiento "esencial", distinción que en definitiva justifica el dualismo de lo temporal y lo eterno. Esa bifurcación del universo cognitivo refleja los puntos de vista de la visión del mundo tradicional católica y sirve de apoyo a los esfuer- 1.os intelectuales encaminados a la construcción de metafísicas in- t 11 icionales. Mannheim reconoce la afinidad de Scheler con las rea- lidades sociales del mundo moderno, pero mantiene que la estruc- tura de un argumento se halla sujeta a tensiones peligrosas si se fuerza un modo de pensar y de vivir conservadores para que se amolde a un sentimiento tan intenso de afinidad con el mundo h'lllporal. En cuanto al resto, Mannheim analiza -en los términos de la sociología del conocimiento- los problemas estructurales de la teoría de Scheler; no pretende poner al descubierto las inexacti- tudes y errores de Scheler, sino "trazar la linea de determinación histórica que ha hecho fatídicamente de ese tipo de pensamiento lo que es" 41 El trabajo de Howard Becker y de Helmut Otto Dahlke presen- ta un aspecto del pensar de Scheler del que Mannheim no se ocupa 11 fondo. Ese aspecto consiste en el deseo de Scheler de sintetizar el

Ver Gunter Remmling, "Max Scheler: Quest for a Catholic Sociology ofKnowled- ~~". en Remmling, Road to Suspicion, esp. p. 37.

"'

41 Mannheim, Essays on the Sociology of Knowledge, p. 156.

52

INTRODUCCION

conocimiento-salvación propio de los orientales, y su espíritu de autoliberación, con aquellos tipos de conocimiento occidentales que sirven para propósitos científico-tecnológicos y pragmático- activistas. De nuevo parece problemática la distinción de Scheler entre mente y naturaleza, pero sin embargo Becker y Dahlke están de acuerdo con su afirmación de que la validez de las ideas es algo que cae fuera de la competencia de los sociólogos del conoci- miento.

KARLMANNHEIM Y LA SOCIOLOGIA HISTORICISTA DEL CONOCIMIENTO

El radicalismo metodológico y el relativismo epistemológico de la teoría de Mannheim derivan de su decisión de aceptar las últimas consecuencias de los principios historicistas y del análisis ideológi- co. En 1924 formuló su historicismo extremo, para el que todas las ideas son históricamente determinadas y cambiantes; además el historicismo extremo acentúa el elemento de compromiso, de ac- ción, como esencia del proceso histórico 42 El análisis ideológico sistematiza la desconfiánza popular acerca de las afirmaciones oficiales e interpretaciones teóricas que se pu- sieron de boga en tiempos del Renacimiento italiano. Los filósofos de la Ilustración francesa transformaron la indagación de la credi- bilidad de las ideas "oficiales" en el concepto "particular" de ideo- logía. Así se desenmascararon las deformaciones intelectuales a ni- vel psicológico, revelando las raíces personales de las falsificaciones conscientes o inconscientes de la realidad. Los filósofos franceses no pusieron en duda la capacidad básica del hombre para pensar correctamente. Aunque afirmaban que los intereses materiales ocultan la verdad, no rechazaban, sin embargo, la estructura total de la conciencia del adversario: por consiguiente sus análisis de la ideología no alcanzaban la esfera cognitiva, sino que permanecían limitados o "particularizados" a la esfera psíquica. La concepción total de la ideología apareció cuando Marx inter- pretó· las ideas como simples proyecciones de la posición del que las pensaba en el seno del proceso de producción; Marx atribuyó

42

Karl Mannheim, "Historismus", Archiv jur Sozialwissenschajt und Sozialpoli- tik, vol. 52, núm. 1 Uunio, 1924), pp. 1 ss, e "Historicism", en Mannheim, Essays on the Sociology of Knowledge, pp. 84-133. Ver también Gunter W. Remmling, "Philosophical Parameters of Karl Mannheim's Sociology of Knowledge", Sociological Quarterly, vol. 12, núm. 4 (otoño de 1971), pp. 531-47.

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

53

111tl11cncia determinante a la posición de clase social y acusó a todo prnsamiento de ser ideológico. Al mismo tiempo, sin embargo, el l'onccpto marxista de ideología era "especial" ya que sólo la bur- 1(11csía era acusada de esa irresponsabilidad cognitiva que Marx rnnsideraba función de la situación social. Se creía que los intere- Nrs del proletariado coincidían con el proceso vital real de la histo- ria y, por consiguiente, las ideas de los intelectuales proletarios ya 1111 aparecían como ideológicas sino como "verdaderas". Karl Mannheim es el que afirma que las ideas de todos los gru- pos humanos son ideológicas, es decir, que las producciones men- taks de todos los grupos brotan de sus condiciones de vida 43 . Esa proposición conduce al concepto total y general de ideología y, en opinión de Mannheim, transforma el análisis ideológico en socio- logía del conocimiento. Mientras que Scheler subraya que la realidad social no determi- na el contenido de validez del conocimiento, Mannheim ve el acto rngnitivo como un "instrumento apto para tratar situaciones vita- lrs, a disposición de un tipo determinado de ser vital, bajo deter- 111 inadas condiciones de vida" 44 En contraste con el punto de vista moderado de Scheler, la perspectiva radical de Mannheim trata de penetrar debajo de la superficie fenomenológica de las diferencias l1nticas y de alcanzar el núcleo estructural de la realidad social. El 1oncepto básico de Mannheim, "la determinación socioexistencial dt·I conocimiento", expresa la suposición de que la vida social cen- trada en torno de los órdenes socioeconómicos tiene relevancia tral en todas las ideas; por consiguiente la realidad social no sólo 1ktcrmina la realización del conocimiento sino también su conte- nido y validez. La afirmación mannheimiana de que todo conoci- miento de las ciencias humanas y sociales está existencialmente 1ktcrminado, invita a que se le acuse de relativismo; a esa acusa- ci{m Mannheim responde con una serie de argumentos defensivos mtrc los cuales figura la famosa proposición de que "la intelligent- Hia socialmente desvinculada" tiene acceso a la verdad, ya que Hus miembros creativos no pertenecen a grupos de interés deter-

minados45.

" Ver Mannheim, Ideology and Utopia, p. 69. lhíd., p. 268.

41 Ver Gunter W. Remmling, "Karl Mannheim: Revision of an Intellectual Portrait", Soda/ Forces, vol. 40, núm. 1 (octubre de 1961), pp. 23-30.

54

INTRODUCCION

Los críticos conservadores atacaron a Mannheim como intelec- tual subversivo empeñado en socavar la dignidad de la mente y de los valores espirituales. Los teóricos sociales de la izquierda ridi- culizaron su sociología del conocimiento tachándola de juego bur- gués decadente que, de modo muy parecido al existencialismo, po- nía todo en duda pero no atacaba nada. En opinión de la izquierda política, Mannheim se escondía detrás de la cortina de humo de la filosofía de Husserl, carente de presupuestos, y tras el pathos va- cío de la objetividad racionalista de Max Weber, porque era inca- paz de comprender los análisis. marxistas. Mientras Marx trataba de distinguir entre cognición adecuada a la realidad e ideología, la reinterpretación de Mannheim servía a los fines del idealismo bur- gués que enmascara los intereses materiales del capitalismo; por consiguiente, las contradicciones sociales concretas de Marx y las realidades de la lucha de clases vuelven a aparecer en la teoría de Mannheim en forma de conflictos teóricos a la deriva en los que se hallan comprometidos estilos de pensamiento, ideas aisladas y vi- siones del mundo. Marx creó una teoría de la revoluci6n social con el fin de cambiar el mundo; Mannheim se entregó a ejercicios de futilidad académica dedicados a distinciones interminables entre verdades finitas e infinitas 46 Los críticos de Mannheim, que parten de presupuestos observa- bles acerca de la visión del mundo, refuerzan paradójicamente su afirmación fundamental, según la cual el punto de vista existen- cialmente determinado del pensamiento se extiende, mediante el contexto de una perspectiva individual compartida, hasta el conte- nido del juicio, dejando su impronta en todo el cuerpo de conoci-

miento47.

La primera selección relativa a la sociología del conocimiento de Mannheim, trata de contemplar su obra en el más amplio contexto de todo su desarrollo intelectual; además, trata de localizar su esti- lo de reflexión en el universo del discurso teórico social, que Mannheim comparte, y que es el único capaz de iluminar la bús-

46 Ver Ernst Robert Curtius, Deutscher Geit in Gefahr, Berlín y Stuttgart: Deutsche Verlags-Anstalt, 1932; Theodor W. Adorno, "Das Bewusstein der Wissenssoziologie", en T. W. Adorno, Prismen: Kulturkritk und Gesellschaft, Berlín y Francfort: Suhrkarnp, 1955, pp. 32-50; Max Horkheirner, "Ein neuer Ideologiebegriff?", Archivfur die Ges-

chichte des Sozialismus un der Arbeiterbewegung, vol. 15 ( 1930), pp. 33-56; Georg Lukács, Die Zerstorung der Vernunft, Georg Lukács Werke, vol. 9, Neuwied arn Rhein y Berlín-Spandau: Luchterhand, 1962, pp. 549-50.

47

Ver Karl Mannheirn, ldeology and Utopia, pp. 263-4.

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

55

1¡11cda, en definitiva personal y metaempírica, de la validación o rrchazo de sus proposiciones. El artículo de Virgil G. Hinshaw ofrece un análisis más detalla- do, pero metodológicamente significativo, del problema: ¿cuáles H1111 las implicaciones epistemológicas de la creciente conciencia de 111 relatividad de los fenómenos históricos y sociales? En opinión d<· 1linshaw una sociología sustantiva del conocimiento, con sus propios aspectos empíricos y de procedimiento, es una empresa t"it·ntífica legítima; por otro lado, los sociólogos no están autoriza- '~>s a llevar a cabo estudios epistemológicos relativos a la interre- l11ci6n entre la sociedad y el conocimiento sobre la validez del pen- Hamiento. Por último la colaboración de Thelma Z. Lavine escoge la rela- l·ión existente entre las estructuras sociales hist6ricamente locali- 7.ndas y las estructuras mentales, relación que ocupa una posición fundamental en el modelo de Mannheim. Desde esa ventajosa po- Hición Lavine analiza sus contribuciones al punto de vista funcio- nalista de la sociología y distingue entre la teoría funcionalista de- nvada del organismo biologista y el funcionalismo de Mannheim rnraizado en una orientación histórico-romántica.

l .A SOCIOLOGIA CONTEMPORANEA DEL CONOCIMIENTO:

INTERACCIONISMO SIMBOLICO, FENOMENOLOGIA, CUANTITATISMO

l,a sociología historicista del conocimiento de Mannheim no se li- lll i tó a ser un simple ejercicio de sofisticación teórica: su objetivo final era alcanzar lo que Emst Troeltsch designó con la expresión "síntesis cultural contemporánea", la cual iba a someter la totali- dad de los datos de la sociología simultáneamente a los análisis

históricos y sistemáticos 48 Esa síntesis gigantesca se proponía, a

largo plazo, revelar a los desilusionados ciudadanos del siglo XX d significado de la vida colectiva y de su historia. A ese respecto Mannheim compartía las opiniones de los sociólogos histórico-cul- turales, tales como Lukács, Scheler, Sorokin, Toynbee, Troeltsch y Alfred Weber 4 ~. Pero fy!axmheiin estaba convencido de que los

1, Tübingen:

Mohr, 1922. •• Ver Alfred Weber, "Fundarnentals of Culture-Sociology" (trad. G. H. Weltner y l '. F. !Iirshrnan), en Talcott Parsons et al. (eds.), Theories of Society, vol. 2, Chicago:

Free Press, 1961, pp. 1274-83. Para la naturaleza de la sociología histórico-cultural y su

••

Ver Ernst Troeltsch, Der Historismus und seine Probleme, vol.

56

INTRODUCCION

significados histórico-culturales podían ser comprendidos única- mente en una perspectiva temporal tridimensional que fundiese el pasado, el presente y el futuro con el pragmatismo orientado hacia la acción del hombre moderno: "el conocimiento histórico

presu- pone la existencia de un sujeto que exhibe aspiraciones definidas relativas al futuro, y que trata activamente de hacerlas realidad.

Sólo partiendo del interés que el sujeto que actúa en el presente muestra por el futuro resulta posible la observación del pasado" 5 Yendo más allá que Troeltsch, Mannheim añadió su proposición según la cual "el sujeto histórico-filosóficamente relevante es pre- cisamente aquel núcleo de la personalidad humana cuyo ser y di- namismo son consustanciales con las fuerzas de la historia activa-

º.

mente dominantes" La fusión historicista del pasado, el presente y el futuro es for- malmente similar a la interpretación interaccionista simbólica del pensamiento de George Herbert Mead en tanto que proceso que

ocurre en el interior del individuo pero que tiene sus bases exter- nas y sus orígenes en la matriz empírica de las interacciones y re-

51

.

.1, Según Mead, la inteligencia "es esencialmente

laciones sociales

la capacidad para resolver los problemas del presente en términos de las consecuencias futuras, sobre la base de la experiencia pa-

sada"53.

52

La sociología histórico-cultural en general y la sociología del co- nocimiento en particular maduraron en una época en la que la so- ciedad europea se movía principalmente al ritmo de grandes pro- cesos colectivos. Pero eso, teóricos tales como Mannheim vieron al hombre, ante todo, como agente capaz de desempeñar papeles in- telectuales y sociales que recibían de los procesos de índole colecti- va su legitimidad normativa y valorativa. El énfasis macrosocioló- gico puesto sobre las fuerzas sociales concebidas abstractamente, disminuía, por consiguiente, la importancia del papel desempeña- do por el hombre en tanto que agente interpersonal. En opinión de sociólogos contemporáneos tales como Peter Berger, Robert K.

relación con la teoría social, ver Remmling y Campbell, Basic Sociology, pp. 25-7, 38-42,

56, 345-6, y 349,

50 Mannheim, "Historicism", p. 102.

51

52

Ibíd., p.

102.

Ver George Herbert Mead, Mind, Self, and Society (ed. Charles W. Morris), Uni- versity of Chicago Press, 1934, p. 156.

53 John C. Mckinney, "The contribution of George H. Mead to the sociology of Knowledge", Social Forces, vol. 34, núm. 2 (diciembre de 1955), p. 148.

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

57

Mcrton y John C. MacKinney es precisamente la comprensión de r11e desempeñar papeles la que promete responder al siguiente problema, muchas veces descuidado: ¿cómo se infiltran en reali- tlud las condiciones colectivistas-existenciales en las mentalidades individualistas-discretas? \Los sociólogos contemporáneos del co- nocimiento que se ocupan de ese asunto sugieren que la subdisci- plina se beneficiaría de su relación con la teoría interaccionista Mttnbólica -en especial de la sugerencia de George Herbert Mead ilt> tratar el pensamiento, la inteligencia y el conocimiento como procesos que unen a la sociedad y al individuo en un contexto de i11tcracción que cobra sentido gracias a gestos y símbolos signifi- rnntes compartidos. En el enfoque behaviorista de Mead, la men- te, después de todo, funciona como "intemalización dentro del in-

social de comunicación en el que emerge el

cli viduo del proceso Nignificado" 54 El artículo debido

a Harvey A. Farberman refleja la sugerencia

mntemporánea de que la sociología (europea) del conocimiento necesita una psicología social adecuada, en especial una teoría so- l'ial realista de la mente capaz de llevar a cabo la fusión de los pro- 1Tsos psíquicos e institucionales. En el análisis de Farberman, la teoría de Mead acerca de la mente y del yo, como interacción 11ímbólica, surge bajo la forma de un esquema interpretativo capaz de dirigir la necesaria búsqueda de "una esfera de la experiencia que pueda servir de apoyo tanto a lo público como a lo privado, y adecuarse además a los postulados metodológicos de la ciencia ex-

perimental"55.

El punto de vista de la sociología del conocimiento característi- \'O de Berger y de Luckmann contiene determinados presupuestos sociopsicológicos que permiten el análisis de la "intemalización de la realidad social". Esos presupuestos "se hallan muy influencia-

dos por George Herbert Mead y por algunos desarrollos de sus es- t 11dios realizados por la llamada escuela simbólico-interaccionista

Berger

se centra en la importante afinidad teórica que existe entre el pun-

de la sociología americana" 56 El ensayo escrito por Peter

.j

H

Mead, Mind, self, and society, p. xxii.

55 Harvey A. Faberman, "Mannheim, Cooley and Mead: Toward a social theory of Mcntality", Sociological Quarterly, vol. 11, núm. 1 (invierno, 1970), p. 7.

56 Peter L. Berger y Thomas Luckmann, The Social Construction of Reality. A Tri,atise in the Sociology of Knowledge, Anchor Books Edition, Garden City, N.Y.:

1Joubleday,

1967, p.

17.

58

INTRODUCCION

to de vista de la sociología del conocimiento y un punto de vista sociopsicológico al que Mead habilitó con la intuición de que la realidad psíquica es "una relación dialéctica que va al paso con la estructura social" 57 Sin embargo, la fusión de la sociología del conocimiento con la psicología social en la tradición de Mead tendría que acomodar di- versas diferencias básicas que separan a las dos perspectivas. Es de especial importancia darse cuenta de que los sociólogos del co- nocimiento están principalmente interesados en el papel desem- peñado por los grupos sociales en la construcción de un universo dotado de significación histórica. Mannheim desarrolló un concep.:. to adecuado de estructura social, pero fracasó al tratar de concep- tualizar la estructura de la. personalidad. Los interaccionistas simbólicos, por otro lado, ~e interesan, ante todo, por la construc- ción social de la realidad para explicar el papel de los individuos en un mundo dado; ocupados en esta búsqueda, Mead y los suyos no consiguieron dar expresión conceptual adecuada a la estructura social 58 La "dicotomía que enfrenta al colectivismo con el individualis- mo" separa a la sociología del conocimiento del interaccionismo simbólico, y no sólo pone de manifiesto divergencias fundamentales en los estilos del pensar sino que refleja también diferencias esen- ciales en la estructura de las sociedades europea y norteamericana. La sociología del conocimiento fue creada por individuos que vi- vían en sociedades europeas en las que el factor de la clase social, cargado emocional y políticamente, determinaba en gran medida las vidas de los individuos. En semejante contexto la estructura social adquiría una realidad maciza que ponía en acción a la imagi- nación teórica. El interaccionismo simbólicb;.-como arguye con- vincentemente Leon Shaskolsky- es una teoría puramente norte- americana en la que se reflejan las circunstancias políticas y sociales de una sociedad que alardea de virtudes tales como la movilidad social y el igualitarismo democrático. Mead y los interaccionistas simbólicos escriben en un estado de ánimo optimista que pone de relieve su fe en la "unicidad de todos y cada uno de los miembros

Peter L. Berger, "Identity as a Problem in the Sociology of Knowledge", Euro- pean Journal of Sociology, 7, núm. 1 (1966), p. 106.
58

y Luckmann, The Social Construction of Reality, p. 194. Ver también

Remmling, "Philosophical Parameters of Karl Mannheim's Sociology of Knowledge", pp. 541-2.

57

Ver Berger

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

59

dl' la sociedad y en su libertad para planear y llevar a cabo los ac- to" de su vida cotidiana en relación con otros, desembarazados to- ilns de las reglas constrictivas de una sociedad estructurada y de hrn respuestas .automáticas de una personalidad incontrolada" 1.a fenomenología tiene orígenes europeos y se halla vinculada drsdc hace mucho tiempo con la sociología dél conocimiento, ~0- 1110 lo demuestran el pensamiento de Mannheim y, en especial, la ohra de Scheler. Por eso se podría esperar que los teóricos contem- poráneos, interesados en la reorientación de la sociología del cono- l'imiento según las directrices de la fenomenología, :ño :tuviesen que enfrentarse con los problemas particularistas y etnocéntricos que encuentran los que intentan llevar a cabo esa reorientación

la ayuda de definiciones y conceptos· simbólico-interaccio-

59

con

nistas. Tal como lo indican Berger y Luckmann en su trabajo La cons- trucción social de la realidad, los esfuerzos contemporáneos en beneficio de una sociología fenomenológica del conocimiento des- cansan en gran medida en el enfoque puesto a punto por Alfred Schutz. Es significativo que Schutz comparta las opiniones de Mead tanto al aceptar los principios simbólico-interaccionistas bá- sicos como al preferir un modelo consensual de sociedad. Curiosa- mente, el pensamiento social de Mead no fue afectado por los vio- lentos conflictos grupales de Chicago -lugar de nacimiento de In- dustrial Workers of the World (Trabajadores Industriales del Mundo); el modelo de Schutz se halla igualmente alejado de las in- tensas luchas de clases de su Viena nativa, en donde el primer mi- nistro Dollfuss, en 1934, recurrió al fuego de la artillería para aca- llar las reclamaciones de los trabajadores. Schutz, en oposición a una sociología del conocimiento -deno- minación que él rechaza- política y socioeconómicamente orien- tada, se centra en el "pensamiento del sentido común" y en el mundo de la vida cotidiana como realidad social pretendidamente

De la fe-

Jada por supuesta, y aceptada por todos los hombres

60

Leon Shaskolsky, "The Development of Sociological Theory in America: A Socio- logy of Knowledge Interpretation", en Larry T. Reynolds y Janice M. Reynolds (eds.), '/'he Sociology of Sociology: Analysis and Criticism oj the Thought, Research, and Ethi- rns Folkways of Sociology and Its Practitioners, Nueva York: McKay, 1970, p. 17. Ver Alfred Schutz, "The W ell-Informed Citizen: An Essays on the Social Distri- hution of Knowledge", en Arvid Broderson (ed.), Collected Papers of Aljred Schutz, vol. Z, La Haya: Nijhoff, 1964, p. 121.

59

60

60

INTRODUCCION

LA EXISTENCIA Y EL PENSAMIENTO

61

nomenología de Edmund Husserl, Schutz acepta la suposición de que existe un "mundo de la actividad natural" que ha de ser toma- do como dado, "exactamente tal como se nos aparece en nuestra experiencia cotidiana" 61 Schutz utiliza las intuiciones de Dilthey

1¡iw como ha demostrado la etnometodología de Harold Garfin- krl se centran ante todo en las propiedades formales de las accio- nrs comunes y corrientes. La etnometodología, además, fomenta 111 limitación de la actividad sociológica al estudio del pequeño

y

de Mead tocantes a la naturaleza de la comunicación simbólica y

111111Hlo de lo privado, tendencia que conduce a lugares de recogi-

la

noción debida a Max Weber del significado subjetivo, para apo-

1111t·nto últimos tales como la sala de exploración de un ginecó-

yar su idea fundamental de la intersubjetividad. Según ésta, las ac- tividades y creaciones de mis prójimos pueden ser comprendidas

por mí. En lo común del mundo de la experiencia cotidiana yo, a mi vez, doy por supuesto que los demás "tomarán mis actos sus- tancialmente de acuerdo con la intención que yo les he presta- do"62. Para Schutz semejante orientación a través del entendi- miento es posibilitada por el hecho básico de la cooperación huma- na: "Este mundo está dotado de sentido no s6lo para mí, sino tam- bién para ti, para ti y para todo el mundo. Mi experiencia del mun-

do se justifica y se corrige por'"medio de la experiencia ajena, la ex- periencia de los demás con los que me hallo en relación a través del conocimiento común, del trabajo común y del sufrimiento también

común"

63

.

La insistencia sobre el aspecto común del mundo y sobre laco- operación entre individuos significativamente interrelacionados ha hecho muy problemática la teoría de Schutz ya que el análisis rea- lista ha descubierto un mundo desgarrado y fragmentado por nu- merosos conflictos que enfrentan al joven con el anciano, a las mu- jeres con los hombres, a los pobres con los ricos, :tl9&·ii;r§truidos con los. ignorantes,~a los carentes de poder con sus dÓminaoores, a los pacíficos con los amantes de la guerra, a los amantes de la na- turaleza con sus destructores, a los socialistas con los capitalistas,

a los habitantes del Tercer Mundo con los hombres de raza blanca,

a los que protestan en nombre de la ética con los robots sin,,rostro de los cuadros de la policía antidisturbios. Inevitablemente, por lo tanto, la tradición Husserl-Schutz ha estimulado el desplazamien-

to de la sociología del conocimiento y de la sociología fenomenoló-

gica hacia las aguas en calma de los estudios microsociológicos

61

Aron Gurwitsch, "The Common-Sense World as Social Reality: A Discurse on A!fred 62 Schutz", en Social Research, vol. 29, núm. 1 (primavera, 1962), p. 51. Richard M. Zaner, "Theory of Intersubjectivity: Alfred Schutz", ibfd., voi. 28, núm. 1 (primavera, 1961), p. 75.

Alfred Schutz, "The Social World and the Theory of Social Action" en Collected Papers of Alfred Schutz, vol. 2, p. 9.

63

ltigo1··1.

Ya desde la afirmación de Soren Kierkegaard, según la cual "la ,mfijctividad es la verdad", los exponentes de la variante existen- nalista de la fenomenología han exhibido una predisposición indi- vidualista. Heidegger, Jaspers y, en especial, Sartre, animan a los individuos a que se liberen de las compulsiones impersonales de la Hocicdad a fin de que puedan realizar sus capacidades humanas.

Sin embargo, la fenomenología existencialista parece capaz de in- cluir dentro de su marco los estudios macrosociológicos, ya que la liberación def individuo de las rutinas fútiles de la vida social lleva con ella la participación social intersubjetiva responsable. lJna sociología del conocimiento existencialmente procedente podría comenzar con la combinación de las intenciones sociológi- l":ts de Mannheim y la imaginación filosófico-psicológica del exis-

t cncialismo de Sartre. Tanto

la actividad intelectual como una especie de topografía cognitiva del universo de la experiencia, y ampos acepJan la experiencia hu- mana como fuente de todo conocimiento. Los dos co~nciden en postular que los actores individuales tienen que aceptar su com- promiso con el mundo,social, y ambos ven la prueba definitiva del significado en la acción, con la que transforman la historia huma- na en la historia de la vida activa del hombre. Sartre amplía ese modelo con la adición de su "humanismo pesimista" y escéptico y con su comprensión psicológica de la irracionalidad humana. Sar- tre se halla en contacto con el talante del siglo XX que declina; he- cho demostrado por su redefinición de la acción social, que impo- ne al individuo existencialmente comprometido el papel de defen- sor de los principios éticos, que desenmascara y se opone a las fla- grantes injusticias y los abusos encallecidos perpetrados por los

Mannheim como Sartre interpretan