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Dios, el gran Creador, sería para nosotros demasiado difícil de asimilar. De ahí que

para manifestarnos Su amor,

acercarnos a Él y llevarnos a comprender Su esencia, dispuso que Su propio Hijo, Jesucristo, tomara forma corporal y bajara a la Tierra.

Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros. Estaba lleno de amor inagotable y fidelidad. Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre. (Juan 1:14)

La salvación está siempre a tu alcance; es un don gratuito. No tienes más que extender la mano de la fe y recibirla. Basta con que la pidas para alcanzarla.

Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. (Juan 1:12)

Dios anhela perdonar con liberalidad a todo hombre cuantos males haya hecho.

No envió Dios a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea

salvo por Él (Juan 3:17).

Una vez que recibes a Jesucristo como tu Salvador, no hay más condiciones, ni requisitos, ni vueltas que

darle. ¡Eres un hijo de Dios

salvado! Tienes vida eterna, que es un don de Dios, y no la puedes perder.

El que cree en el Hijo tiene vida eterna . (Juan 3:36)

Si bien muchos grandes maestros han

vertido enseñanzas sobre el amor y

sobre Dios, Jesús es la quintaesencia del amor. Es Dios. Es el único que murió por los pecados del mundo y que resucitó de entre los muertos. Es el único Salvador.

Jesús dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Así como hay que alimentarse para tener fuerzas físicas, también hay que nutrirse de la Palabra para adquirir fuerzas espirituales.

[Jesús dijo]: Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida. (Juan 6:63)

La oración es algo sumamente práctico, un medio tan concreto, uniforme y real como las

comunicaciones telefónicas. El que contesta en el otro extremo de la línea Dios mismo

nos dice:

Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré. (Juan 14:14)

Si hemos aceptado a Jesús como nuestro Salvador, Él vive en nosotros. Y si somos conscientes de nuestra incapacidad e imperfección, Él puede manifestarse en nosotros y ser nuestro todo.

Separados de mí, no pueden hacer nada. (Juan 15:5)

Cuando nos esmeramos para hacer las cosas como Dios manda, sobran nuestros esfuerzos por hallar la felicidad; más bien la felicidad nos encuentra a nosotros.

Si entienden estas cosas y las ponen en práctica, serán dichosos. (Juan 13:17)

Esa es la buena nueva del Evangelio: el amor que Dios abriga por cada ser humano, la oferta de vida eterna, la resurrección de los muertos, la posibilidad de ser hoy mismo nuevas criaturas en Jesucristo y

de formar parte eternamente

de la nueva creación universal.

Jesús dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera,

vivirá; y todo el que todavía

está vivo y cree en mí, no morirá jamás. (Juan 11:25-26)

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