Recepción del Director “Honoris Causa” Don Vicente Blasco Ibáñez

Celebrada en la tarde del día 16 de mayo de 1921 en el Centro de Cultura Valenciana.

DISCURSO DE PRESENTACIÓN POR EL DR. DON PEDRO GÓMEZ MARTÍ
EXCELENTÍSIMO señor, señores directores, señoras, señores:
El Centro de Cultura Valenciana ha delegado en mí el honor de apadrinar en este solemne acto
al genial literato valenciano Vicente Blasco Ibáñez; este es el motivo por el cual es un joven, y por
tanto un hombre sin representación, quien le presenta. Más justo es que se hagan públicas las razones
que tuvo el Centro de Cultura para designarme, las cuales constituyen la mejor excusa de mi
atrevimiento al aceptar designación tan honrosa y vienen a ser mi mejor presentación.
El Centro de Cultura Valenciana quiso que la persona que llevara su voz en este momento
pudiera ostentar los títulos de independencia espiritual e imparcialidad crítica que le informan, y en tal
sentido creyó encontrar en mí su más fiel intérprete. Hubiérame elegido por literato o por periodista y
hubiera declinado honor que tantos pueden ostentar con mayores méritos. Buscara en mí al
investigador histórico o al médico y renunciara temeroso de no merecer por mí valer títulos que mis
estudios han podido darme. Pero requería de mí una independencia espiritual y una imparcialidad en el
juicio que fueron siempre aspiración suprema de mi espíritu, y acepté seguro de poseerlas. Y no
penséis que es vana pretensión o ridícula petulancia; si esta condición me trae aquí, bastante me costó
lograrla. Que si es dura la conquista de toda independencia en la vida y cuesta sacrificios y dolores, la
conquista de la independencia del espíritu, comenzando por el propio dominio de sus pasiones y sus
tendencias, es algo que puede estar más allá de las fuerzas humanas, porque representa una serie de
renunciamientos y de privaciones y es como ir anulando la personalidad para rehacerla y sublimarla.
Así es como a fuerza de grandes sacrificios se llega a poder vivir la vida que el espíritu apetece, libre
de prejuicios y preocupaciones, paro habiendo purificado por el fuego, en ocasiones, hasta lo más
amado por nosotros mismos, que obra es, al fin, de la experiencia, de la que Galdós dijo que alumbra
quemando.
Y si por mi independencia y por mi imparcialidad aquí llego, justo es que en honor vuestro y
para satisfacción de mi cometido, a ellas me atenga y sea mi labor producto de aquellas.
Vicente Blasco Ibáñez llega al Centro de Cultura Valenciana por sus méritos propios e
indiscutibles. No es el joven a quien se estimula, no es el consagrado o el viejo a quien se premia su
labor, no es el político o el hombre poderoso de quien se espera un favor, una influencia, un apoyo…
Blasco Ibáñez –y perdonad que omita todo tratamiento, que los grandes no necesitan de adjetivos que
les califiquen cuando su nombre lleva suficiente sustantividad-, Blasco Ibáñez fatalmente,
necesariamente, había de llegar al Centro de Cultura Valenciana, como llegó a ser doctor de la
Universidad de George Washington, como llegará a donde se proponga blandiendo las armas de su
talento y de su cultura, que son armas que defienden y vencen siempre, sin ofender jamás, en esta cruel
guerra de la vida.
Su obra literaria, su magna e intensa labor de novelista, le hacen acreedor de todos los honores.
No voy a hacer crítica de sus obras. Ni sería oportuna hablar de ellas, conocidas por el mundo
civilizado, en la cuna en que nacieron; lo que sí he de haceros constar es que el novelista valenciano es
el cantor de su patria, el que ha cantado a la madre y ha sabido de hombre hacerla descansar de los
trabajos de su vida laboriosa con aquellas canciones con que de niño la madre le arrulló.
El talento natural del escritor ilustre halló motivos para manifestarse en toda ocasión, y
pródigo, dio sus dones, y prematuro, floreció, y adulto, fructificó con opulencia. El espíritu inquieto
que en un viaje de juventud queda cautivado ante los encantos de la Ciudad de la luz, vierte sus

Recepción del Director “Honoris Causa” Don Vicente Blasco Ibáñez
Celebrada en la tarde del día 16 de mayo de 1921 en el Centro de Cultura Valenciana.
impresiones en una obra que pretende encerrar el alma de lo visto, pero que revela solamente la
ansiedad del adolescente por la forma, la atracción que sobre él ejerce lo externo, la pasión por lo bello
que es siempre lo exterior, y su libro París es una promesa, una bella promesa solamente. Hubiera
quedado ahí y habríase creído que la precipitación, el deseo de florecer en edad temprana habían
malogrado el fruto. Pero es tanta la fecundidad de su espíritu, que en otro libro de viajes: En el País del
Arte, llega a superar, con la realidad del éxito más clamoroso, las ilusiones que aquella otra obra
hubiera hecho concebir. Y así, después de otro ensayo como novelador histórico de la Revolución
Francesa, con el libro ¡Viva la República!, que representaba un intento feliz, llega años más tarde a
recorrer el mundo entero cabalgando con sus Cuatro jinetes de la Apocalipsis, que, en su desenfrenado
galope, esta vez van despertando la vida, en lugar de sembrar la muerte, porque llegan a los hogares
llevando el ramo de paz de la guerra más cruel de la Humanidad.
Y así cuando quiere escribir una novela arqueológica logra con su Sónnica el renombre que
Anatole France con su Thaïs, que Flaubert con su Salambó o que con su Afrodita Pedro Louis. Y
hace de Sangre y arena una obra redentora y educativa, y pinta, en La Horda, las angustias de la vida
llena de inquietudes del periodista, y en La bodega, La catedral y El intruso describe la distinta
manera de vivir de otras regiones que no son la suya…, y así en todas sus obras llega a alcanzar lo que
se propone, porque tiene sobrados medios para ello. Su espíritu levantino, meridional, le hace apetecer
la variedad, y de aquí que su obra sea tan polimorfa, pero si todas las obras contribuyen a cimentar su
fama, no son estas que llevo indicadas las que más responden al nombre, y tan justo como reconocerlo
debe ser proclamarlo.
Donde Vicente Blasco Ibáñez aparece como único, sin precedentes, fundador de una escuela, es
en la novela valenciana y son sus obras Arroz y tartana, Entre naranjos, Cañas y barro, Flor de
mayo, y sobre todas, La Barraca, las que no tienen par en la Historia de la Literatura y las que revelan
al mundo entero el alma de una raza, el alma de un ambiente y el alma de un paisaje. Es el hijo que
habla de la madre sin querer decir cosas bellas, sin proponérsole. Pero es el hijo que adora en la madre
y sin darse cuenta pone tanto fuego de amor, tanta filiar pasión en sus palabras, que hasta los extraños
pregonáranla por propia al envidiar madre que de tal modo hace hablar a sus hijos.
En una bellísima conferencia que, organizada por el Ateneo Científico, dio el 19 de febrero de
1911, en el Teatro de la Exposición, decía mi ilustre apadrinado:
“La novela no es más que la epopeya de los humildes. Los grandes poemas épicos cantan las
luchas de los héroes, las luchas de los dioses, las guerras de los pueblos; la novela canta nuestros
conflictos del hogar, nuestras preocupaciones de familia, muchas veces nuestros trances económicos,
todo lo que es episodio íntimo de la existencia diaria.”
Y continuaba luego:
“No podía haber novelas de Grecia y Roma, porque aquella sociedad no era como la nuestra.
Aquella sociedad estaba constituida de modo muy diverso; no existía en ella el hogar, el hogar cálido
e íntimo como es el nuestro, ni la familia organizada como la nuestra, ni la mujer con la dignidad de
que goza la mujer actual, la mujer moderna. Y donde la mujer no goza de dignidad, donde no existe la
familia, donde no existe el amor y el calor del hogar, aún al propio Cervantes le sería imposible
escribir novelas, porque falta la primera materia para los relatos novelescos.”
Halló esta materia el maravilloso ingenio de Blasco en la mujer valenciana, en la familia que
esta con su amor formó y educó en el santo hogar de la barraca humilde; y de la unión feliz de aquel
numen y esta tierra, nació La Barraca, una obra sencilla, diáfana, amable y sonriente como alma
levantina; apasionada, impetuosa, arrebatada y viril como corazón de la Vega; y sobre los escombros
de las barracas que fueron, álzase hoy, teniendo por base el mundo y por cruz el cielo, el espíritu

Recepción del Director “Honoris Causa” Don Vicente Blasco Ibáñez
Celebrada en la tarde del día 16 de mayo de 1921 en el Centro de Cultura Valenciana.
inmenso de la barraca valenciana, del hogar de la raza, que con su techumbre de alas replegadas,
descansa del alto vuelo a que el genio de su cantor la elevó y brinda la paz deseada al espíritu inquieto
y peregrino del novelista que la inmortalizó.
Porque así ha sido el espíritu de Blasco Ibáñez, inquieto y peregrino, y cuando de estudiar su
personalidad se trate, no debe olvidarse de ninguna de sus facetas ni prescindir de ninguna de sus
manifestaciones. Por eso no puede prescindirse de su personalidad política: de aquella carrera política
que tanto nombre le dio.
Sin embargo, los hombres cuando quieren hablar con paz prescinden de las ideas. “Dejémonos
de ideas que envenenan las cuestiones” Y creen que son las ideas las que les pierden y olvidan
entonces que fueron las ideas lo más querido de sus corazones y no piensan que fueron ellos los que
empequeñecieron las ideas con sus pasiones y sus egoísmos.
Pasiones y egoísmos de que en vano pretende prescindir toda alma humana, oprimida y
esclavizada por esta demasiado pesada cadena de la materia pecadora que nos une a la tierra. Por eso
ninguna obra humana ha de ser perfecta, y menos aún si nos dejamos llevar de las pasiones y de las
ambiciones personales. Ante el héroe, ante el sabio, ante el artista nos olvidamos con gran facilidad del
hombre. Y al contemplar su poderosa inteligencia, su inmensa cultura, se apodera el vértigo de nuestro
cerebro más limitado. Y como niños pequeños, enamorados del príncipe de un cuento de hadas,
adornamos al superhombre de todas las bellas cualidades y de todas las bondades y virtudes: Alguna
vez turba la confiada admiración, la adoración muestra la voz de la calle, una voz que muchas veces
nació de la envidia del impotente y es como el veneno con el reptil que se arrastra pretende matar al
águila que vuela… Esa voz nos habla de miserias humanas de aquel héroe, de aquel sabio, de aquel
artista al que considerábamos casi como a un Dios. Y entonces nos enteramos con dolor en el alma y
desaliento en el corazón de que no cabe la diafanidad en lo humano, y de que hasta el sol, con ser el
sol, tiene manchas. Y es entonces nuestro dolor el que mueve nuestro sentimiento y, extremados e
impetuosos como niños, tórnanse nuestros sentimientos y para nuestro ídolo llega la hora del ocaso de
los dioses…
Más tarde, la serenidad pone paz en nuestros espíritus y llega a ellos la hora de la reflexión.
¿Cómo vamos a exigir en los demás tantas perfecciones, cuando son nuestros defectos tan numerosos?
La Verdad no es asequible por nuestro cerebro limitado, tampoco el corazón humano es capaz de
abarcar por completo la Bondad; con chispas de ellas se alimentan la inteligencia y el sentimiento de
los hombres, y grandes lagunas quedan en una y otro determinadas por la ignorancia y por el mal.
Entonces empezamos a comprender y a perdonar, y entonces sabemos que el sol podrá tener manchas,
pero es el sol al fin, y su luz y su calor son tan grandes que el hombre jamás podrá llegar a sustituirlos,
y entonces, y sólo entonces, es cuando comprendemos que, con manchas y todo, el héroe, el sabio, el
artista tuvieron un poder sobrehumano, que les diferenció de los demás, les elevó sobre la multitud y
les hizo ser útiles y beneficiosos, porque gracias a su luz pudimos ver, y gracias a su valor vivimos.
Si así es como ve el pueblo a sus héroes, a sus sabios, a sus artistas, estos, por su parte, reciben
del pueblo paralelas presiones. En la formación de todo hombre cumbre influyen las mismas
determinantes que en toda formación biológica. Es lo primero nutrirse y crecer, y el hombre que lleva
en sí energías superiores, movido por esta necesidad biológica imperiosa, pide, demanda, exige con
ansiedad creciente. El medio jamás le regatea nada de lo que tiene y el hombre va creciendo así tanto
como desea y sus fuerzas le permiten. Alguna vez podrá protestar por no obtener lo que exigió: a tanto
llega a veces la humana ambición, pero entonces debe pensar en que si no logró cuanto deseara, alguna
responsabilidad podría caberle a él también. ¡Qué no sólo debemos atribuirnos nuestros éxitos, sino
imputarnos nuestros desaciertos! Llegó por fin, con la madurez, la hora de la reflexión para el grande,

Recepción del Director “Honoris Causa” Don Vicente Blasco Ibáñez
Celebrada en la tarde del día 16 de mayo de 1921 en el Centro de Cultura Valenciana.
y al contemplar cómo la vida declina y ver que la eternidad no se hizo para la materia, se presenta la
ocasión de pensar en el legado de lo que se poseía para que ya que no nuestra materia, sobreviva
nuestro espíritu con nuestro recuerdo. Entonces es cuando de súbito los egoísmos se convierten en
altruismos y el genio se desvive por los demás en renunciamiento sublime de su personalidad.
Esta hora ha llegado para Blasco, Triunfante llega al rincón en donde su madre sueña dormida
por el rumor de las olas que de Oriente le traen romanticismos y clasicismos inagotables, mientras que
sus hijos van por el mundo conquistando glorias que sólo ella, esta tierra bendita, pudo merecer. Viene
el hijo de la ciudad de los ensueños positivos, de las realidades ilusiorias; la ciudad que encarna el
romanticismo de la época que es el oro, como antaño Grecia fuera la romántica del Arte, y Roma, la
del Amor. Solo que si es difícil llegar al oro por el amor y por el arte, más difícil es con el oro llegar al
arte y al amor verdaderos.
Hoy viene el hijo, y la madre, orgullosa, le recibe en su seno, y al aceptar las glorias que el hijo
le ofrece, cólmale con nuevas glorias. Entre estas, si lo es para Blasco Ibáñez el pertenecer a esta casa,
no lo es menos para el Centro de Cultura Valenciana la de contar entre sus directores honoris causa a
Vicente Blasco Ibáñez. HE DICHO.

Publicado en Valencia, Tipografía J. Meliá, 1921
Fuente: Obras Completas, Volumen VI, 1978 (Ed. Aguilar)

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful