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Pelicarpo III no era un rey malo.

pero era muy presumido. S


seor!

En una ocasin, se encerr y


nadie volvi a verle el pelo en
mucho tiempo. Ni siquiera a la
Reina Pelirrubia y el Principe
Pelicrespo les permita la
entrada. Ni a ellos!

"Est enfermo de la
cabeza", murmuraban los
pajes.
"Nos est tomando el
pelo", aseguraba un
marqus con peluqun.

Una maana, Pelicarpo III se


asom a su balcn y ... Oh! Se
haba dejado crecer el pelo hasta
las rodillas!
Ahora, todas las tardes se
paseaba por el jardn para
exhibir sus peinados.
Y qu peinados!

l era feliz porque sus


cabellos seguan creciendo.
Crecan y crecan y crecan.

Cuando se lavaba la cabeza, traan


jabn y champ de todas partes,
hasta de los Reinos vecinos
(Anticaspa , por supuesto).

Y un pelotn de
sirvientes aseaban la
melena de su
monarca.

Peinarlo era otro


peliagudo problema.

Pero con el invierno lleg la


desdicha. Una nube de
piojos invadi todo el Reino!

Pelicarpo III ni coma


ni dorma. Slo se
rascaba y se rascaba.
estaba a un pelito de
caer gravemente
enfermo.

Como no tena ni un pelo


de tonto, llamo a todos
los mdicos del Reino.
A todos!

El diagnstico fue
tajante: Cortarse
la pelambre! Pero
ya!

Al Rey se le pusieron
los pelos de punta.

Y como no tena pelos


en la lengua,
a insultos expuls a
los mdicos.

Entonces, sus
subditos fueron
hasta paracio para
exigirle, que por
el bien de todos
sse rapara

Pelicarpo III era hombre de


pelo en pecho y se defendi
con firmeza. Pero todos en
el reino estaban hasta el
ultimo pelo de tantos piojos.

rendir.
Entonccli, al final se tu'tllJlue

1'.'if/a de todos,

Ya

el peluquero real le cort

de vergen1a.
lo peor del mundo!

:i rcj!ocijo y el
bienestar retornaron
al Hcino!
y l os piojos, por donde

llegaron se- fueron .