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JERZY POPIEUSZKO -SACERDOTE Y MARTIR

AGRADECIMIENTOS

Estaba en la calle Krolewska -o de los reyes- en Cracovia, muy cerca de donde vivo. Era uno de eso
días fríos y lluviosos del dorado otoño polaco que invita presurosamente a empaparse en la lectura.
Al descubrir una librería municipal me adentré sin pensarlo dos veces. Allí descubrí que podía pedir
prestado todo tipo de libros sin ninguna cuota de pago, lo que siempre es de agradecer. Ojeando
libros me encontré con “Ksidz Jerzy Popieuszko” de Ewa K. Czaczkowska y Tomas Wicicki en
su segunda edición del 2009. Tenía referencias de la coautora: periodista seria y competente de
asuntos religiosos del diario Rzeczpospolita. Me decidí a leerlo. Al poco tiempo visito a un amigo y
veo el ejemplar “Ksidz Jerzy Popieuszko. Dni, które wstrzsny Polsk” (Los días que
conmovieron a Polonia) de Piotr Litka también del 2009. “Llévatelo sin problemas”, me dice. No
me lo pienso dos veces: me lo llevo y me lo leo. Después en mi casa me encuentro en la biblioteca
“Prawda warta ycia” (Verdad que vale la vida) de Grayna Sikorska. Y otro libro más “Znak
zwicistwa” (Signo de victoria) de Piotr Nitecki. Me sigo empapando. Después vienen “Kazania
Patriotyczne” (Homilías Patrióticas) del mismo Jerzy Popie uszko. Y después se hace pública la
fecha de su beatificación: el 6 de junio del 2010 en la plaza de Pisudski o de la victoria, en
Varsovia. Leyendo todas esos escritos me venía con frecuencia a la cabeza: ¿estará traducido este
libro al castellano? Merecería la pena que lo estuviera. Al final me decido a hacer algo: traduzco al
castellano los fragmentos que más me han impactado, hago una pequeña labor de redacción y listo
para ser leído en la lengua de Cervantes. Renuncio a todo tipo de citas, pues no es este un libro de
fuentes, ni he estudiado el tema de primera mano. Lo que el lector tiene en sus manos es una
recompilación de fragmentos de libros, redactado de nuevo y enmarcados en la figura de
Popieuszko como sacerdote, con una traducción fiel pero muy libre.

Así pues mi agradecimiento a quienes han escrito sobre Popie uszko y cuyos nombres están al final
del libro en la bibliografía citada.

Dedico estas lineas a todos los sacerdotes en nuestro año sacerdotal junio 2009 – junio 2010.

INTRODUCCIÓN: CAMINO DE LA CRUZ

Aquellos días de octubre del año 1984 han quedado siempre firmemente sellados en mi memoria.
La noticia ocupaba las portadas de todos los periódicos, era la información principal de los
informativos en la España de aquel entonces: Jerzy Popieuszko, capellán de solidaridad, famoso
por sus misas por la Patria en el barrio de Zoliborz en Varsovia, había sido raptado por
desconocidos (se suponía con fundamento que por agentes del gobierno). Al cabo de unos días de
espera la noticia adquiere caracteres verdaderamente dramáticos: Popieuszko asesinado. Se
confirma la suposición: los verdugos son funcionarios de Ministerio de Asuntos Interiores. Una idea
surge sola y clara: el sistema totalitario comunista es el responsable de la muerte de ese sacerdote.
Un sistema fundamentado en la mentira no soporta que se le diga la verdad, una verdad sin odio, sin
ira, sin venganza. Ese acontecimiento se me quedó fuertemente grabado en los años jóvenes de mi
sacerdocio: Popieuszko mártir de la Verdad, de un Verdad impregnada de Amor, de fuerza y
audacia, una verdad valiente.

Cristo murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para la salvación nuestra. En estas dos
sentencias se encierra la fuente de salvación y de verdad para todo hombre. La muerte del mártir es
en la Iglesia la mayor fidelidad al ideal cristiano: la identificación con Cristo Víctima. Los primeros
cristianos estaban dispuesto a dar su vida y muchos hicieron realidad esa disposición, no por propio
gusto ni capricho, sino como fruto de la injusticia de unos sistemas políticos opresores que no
entendían, o no querían entender la verdad cristiana, como opuesta a sus pretensiones religiosas,
políticas, mundanas. Entre ellos hubo muchos sacerdotes mártires que recibieron la vocación de
sellar con su propia sangre el sacrificio de la Sangre de Cristo, sacrificio que constituye el
fundamento y la raíz del ser sacerdotal: la ofrenda de Cristo en la Cruz. No es fácil ser mártir, no es
fácil ser testigo de la Verdad de Cristo con la propia vida y con la propia sangre. Sabemos también
muy bien, que todos estamos llamados a la vocación del martirio, del testimonio de la verdad, en la
vida ordinaria sin derramamiento de sangre pero con un heroísmo no menos pequeño. Algunos
están también llamados al martirio en su sentido plenamente literal: a la entrega de su vida.
¡Cuántos mártires hemos tenido en el siglo XX! Uno de ellos es Popieuszko.

19 de octubre de 1984. Popieuszko había aceptado la invitación de celebrar la santa misa con
homilía en la ciudad de Bydgoszcz a 250 kilómetros al norte de Varsovia. Aunque tenía escrita la
homilía, decide no predicarla. Al acabar la Eucaristía se celebra el rezo del Santo Rosario y antes de
cada misterio Popie uszko hace una breve consideración a viva voz y saliéndole todo del corazón
-ex abundatia cordis os loquitur. Unas horas después, camino de vuelta a Varsovia, es raptado y
asesinado. Estas son pues sus últimas palabras, este es su último mensaje.

Contemplando el primer misterio doloroso -la oración en el huerto- Popieuszko habló de la


dignidad humana y de la libertad. “Debemos guardar la dignidad humana para que aumente el bien
y vencer de este modo el mal. Debemos permanecer libres interiormente también cuando las
circunstancias externas son de falta de libertad. Debemos ser nosotros mismos en cada situación
histórica. Nuestra filiación divina lleva en sí la herencia de la libertad”. La libertad como don de
Dios y como tarea, la tarea de defenderla cuando la libertad se patalea, se arrebata y confunde: la
pasión por la verdad es al mismo tiempo pasión por la libertad. Y acababa la meditación del primer
misterio doloroso con estas palabras: “Pidamos que sepamos portarnos cada día según la dignidad
de los hijos de Dios”.

En el segundo misterio -la flagelación- Popieuszko habla de la justicia que emana de la verdad y de
la caridad. “Allí donde hay falta de amor y de bien allí se encuentran los gérmenes de donde pulula
el odio y la violencia. Cuando alguien es motivado por el odio y la violencia no se puede hablar de
justicia”. Para el cristiano la fuente de la justicia es Dios mismo, por eso es injusto imponer el
ateísmo como sistema. “Todos sin excepción tienen el deber de vivir en justicia y pedir la justicia,
pues como dijo el antiguo pensador: son tiempos malos cuando la justicia se la encierra en el
silencio. Recemos para que la justicia nos guíe todos los día de nuestra vida”.

La consideración del tercer misterio -la coronación de espinas- giró en torno a la verdad. Nos
dirigimos hacía ella por un impulso del mismo Dios. La verdad une, la verdad triunfa aunque desde
siglos nos encontremos en una encarnizada lucha contra ella. “Cristo eligió a unos pocos para que
anunciaran la verdad. Solamente la multitud de mentiras exige palabras sin cuento. La mentira se
vende en mercadillos inmundos de compra y venta, como mercancía expuesta en anaqueles de
tienducha. La mentira tiene que ser siempre nueva, necesita muchos servidores para que la aprendan
hoy, mañana y dentro de un mes, para rehacerla de nuevo con el violento programa de otras
mentiras”. No es fácil distinguir la verdad de la mentira ante la presencia de la censura, de la cual
caen también como víctimas las misma palabras del primado o del papa. “Es deber del cristiano
mantenerse junto a la verdad, aunque ello mucho le cueste, pues por la verdad hay que pagar.
Solamente la paja no cuesta nada. El grano de trigo de la verdad lleva consigo un gran precio.
Recemos para que nuestra vida ordinaria esté llena de verdad”.

La cruz a cuesta -cuarto misterio- es punto de partida para meditar sobre la virtud de la fortaleza.
“El cristiano debería recordar que solamente hay que temer una cosa: la traición a Jesucristo por
unas monedas de hueca tranquilidad plateadas. El seguidor de Jesucristo tiene que ser testigo,
portavoz y defensor de la justicia, pues no basta condenar el mal. Si el cristiano renuncia a la virtud
de la fortaleza se hace un daño a sí mismo, y a todos los que de él dependen: a su familia, a sus
compañeros de trabajo, a su nación, a su estado y a su Iglesia. ¡Hay de vosotros gobernantes que
queréis ganaros a los ciudadanos con el precio de la amenaza y de la esclavitud del miedo! Ese
poder se denigra a sí mismo y rebaja su autoridad. La práctica de la fortaleza debería estar en el
interés lo mismo de los gobernantes que de los ciudadanos”.

El motivo dominante en la meditación del quinto y último misterio doloroso -la crucifixión y
muerte de Cristo- lo constituye la oposición a la violencia. “A quien no le hes dado convencer con
el corazón y la cabeza intenta vencer con la fuerza. Cada manifestación de violencia nos habla del
abajamiento moral. Cada idea capaz de dar vida se mantiene con sus solas fuerzas. Y así fue con
Solidaridad, que de rodillas y con el rosario en las manos luchó por la dignidad humana más que
por el pan. En Polonia, en los últimos años se han limitado los fundamentales derechos de la
persona humana. Cuando este acorralamiento hizo que todos sintieran su dolorosa presión, entonces
estalló el grito de la libertad. Se levantó Solidaridad demostrando que para construir una sociedad y
su economía no es necesario prescindir de Dios. Recemos para que seamos libres del miedo, de la
amenaza y sobre todo de la tentación del revanchismo y de la violencia”.

Acabado el santo Rosario y después de la oración “Bajo tu protección nos acogemos”, Popieuszko
rezó a San José para que aquel que con el trabajo de sus manos mantuvo a la Sagrada Familia nos
conceda a todos los cristianos “santificar todas nuestras acciones con el amor, la paciencia, la
justicia y la realización del bien”. Sus últimas palabras de despedida fueron: ¨Que los principios
evangélicos de la justicia y la caridad social dirijan las acciones de todas las gentes de nuestra
Patria. Amén”.

Ya en la casa parroquial adjunta se tuvo un breve encuentro informal de unos pocos en donde le
preguntaron por Solidaridad, por su seguridad y salud. Alguien le preguntó si no le podría conseguir
una batería para su coche. Popieuszko se rió de buena gana contestándole: “podrías haberlo dicho
antes y me hubiese traído de Varsovia una junto con todo lo necesario para alimentar el micrófono,
pues con frecuencia ocurre que nos cortan la corriente justo cuando predico la homilía”. Aunque se
encontraba cansado y algo enfermo, y a pesar de la insistencia del párroco para que pasase la noche
en Bydgoszcz, Popieuszko quiso volver inmediatamente a Varsovia pues tenía trabajo al día
siguiente. Cuando alguien le previno para que tuviese cuidado en el camino de vuelta a Varsovia,
Popieuszko le tranquilizó comentado: “Además viajo con la sotana puesta que en este país todavía
significa algo”. Sus asesinos unas horas después le apalearon a muerte con la sotana puesta y con
ella vestido le arrojaron al estanque, una señal más del motivo de su condena: ser sacerdote que da
testimonio. En otras ocasiones de persecución a sacerdotes, si por casualidad a alguien le
encontraban con sotana lo primero que hacían era quitársela, después ya vendría la condena a
muerte. No fue este el caso de Popie uszko que murió con la sotana puesta.

INFANCIA CRISTIANA

Jerzy Popieuszko nació el 14 de septiembre del 1947 y era el tercero de los cinco hijos que tuvieron
Mariana y Wladislao. Fue bautizado con el nombre de Alfonso (Alek era el apodo familiar) en
recuerdo de su tío (Alfonso hermano de su madre) que murió a los veinte años asesinado por los
rusos durante la segunda guerra mundial. Además su padrino de bautismo también llevaba ese
nombre y su madre había leído en la vida de santos que Alfonso (Ligorio) recibió la ordenación de
sacerdote y después fue obispo (y deseaba que este hijo fuera sacerdote). Su padres eran unos
humildes labradores del pueblo llamado Okopa perteneciente a la parroquia de Suchowola al norte
de Bia ystock, ciudad al noreste de Polonia. Su madre Mariana era la que mandaba en casa, nacida
en el año 1920 era doce años más joven que su marido Wladislao.

Cuando Alek tenía casi cinco años la hija más joven de los Popie uszko – Jadwiga- enfermó de
tosferina. Dos meses más tarde en la nochebuena pidió la oblea de pan (es quizá una de las
costumbres más fuertemente arraigadas en la tradición navideña polaca y eslava: cada participante
tiene en sus manos una oblea blanca de pan de ángel y se parte recíprocamente un trocito de la
oblea con cada uno manifestando al mismo tiempo sus deseos para esa persona) y la partió con su
padres y hermanos, poco después moría sin haber cumplido los dos años. Sus padres viendo con
que devoción rezaba el Padrenuestro y la Avemaría tuvieron desde el principio la seguridad de que
Jadwiga se había ido al cielo. Wadysaw Popieuszko recuerda los primeros síntomas de la
vocación sacerdotal de su hijo: “Dios dirigía desde el principio sus pasos. Cuando tenía solamente
cinco años y falleció nuestra hija Jadwiga de dos años, Jerzy firme y de pie se quedó mirando al
cuerpo muerto de su hermana y afirmó: 'quiero ser sacerdote, rezaré mucho por ella'”.

La formación recibida en su casa era profundamente cristiana. El ritmo de la vida familiar lo


marcaban las estaciones del año y el calendario litúrgico. En una de las habitaciones del hogar
familiar había un pequeño altar -tradición de todas la casas del campo polaco- con la cruz, las santas
imágenes y flores. Cada día con independencia de que fuera verano o invierno, tiempo de duro
trabajo con la recolección o heladas jornadas de larga noche, toda la familia se reunía junto al altar
casero para la oración. El santo rosario se rezaba diariamente y era tradición de siempre que la
madre lo dirigiera, también cuando Jerzy ya era sacerdote. La primera comunión la recibió el 3 de
junio de 1956 y dos semanas más tarde la confirmación. Su abuela materna tuvo gran influencia en
su formación cristiana en estos primeros años. Ella fue la que le dejaba los cuadernos impresos por
los franciscanos “El caballero de la Inmaculada”. A los once años le dijo a su madre que quería
estudiar en el colegio de Niepokalanow, la ciudad de los franciscanos, como fruto de la gran
admiración que Alek-Jerzy tenía por la figura de Maximiliano Kolbe, por su martirio y su mensaje:
“si deseamos permanecer libres en el espíritu, debemos vivir en la verdad”. Su madre le convenció
para que esperara: “Le respondí haciéndole entender que todavía era un niño”.

Alek empezó a asistir diariamente a la Santa Misa en su parroquia de San Pedro y San Pablo
ayudando como monaguillo. “Durante esos años -recuerda su madre- desde la primera clase de
educación básica hasta el último curso del liceo, todos los días se levantaba a la cinco, se vestía,
desayunaba y se dirigía a la misa de las siete en la Iglesia de Suchawola, situada a cinco kilómetros
de nuestra casa, andando por los largos caminos del campo y bosque. No importaba la época el año,
si hacía frío o calor, si llovía, nevaba o helaba. Y nunca le oí quejarse. Así era su carácter”. En
octubre asistía también todos los días al rezo del Rosario. La profesora de lengua rusa reprochó a la
madre de Alek que el muchacho fuera con tanta frecuencia a la iglesia, advirtiéndola que este hecho
podría influir en las notas finales. La respuesta fue automática: “en este país todavía hay libertad
religiosa y cada uno puede vivir como quiera”. En la casa de los Popieuszko se educaba a los niños
en el respeto y obediencia a los padres y mayores, así explicaba Mariana como educó a sus cuatro
hijos: “si en una casa hay lugar para Dios no hay problemas con la educación de los hijos. Doy lo
que tengo y no lo que el niño quiere. Nunca les pegue, nunca me encontré en esa situación”.

En septiembre de 1961 Alek aprobó el examen de lengua polaca y de matemáticas necesario para
pasar del gimnasio al liceo. El liceo se encontraba al lado de la Iglesia en Suchowola, y tenía cierto
prestigio a pesar de su condición rural. Había años que pasaban a la universidad el ochenta por
ciento de los bachilleres. Alek eligió la clase 'b' con una orientación más humanística, mientras que
la clase 'a' tenía un programa de física y matemáticas más exigente. Alek no se destacaba, no era de
los primeros ni de los últimos. Nunca tuvo problemas para pasar todos los exámenes, pero tampoco
destacaba en nada especial. En el examen de la madurez alcanzó 3, 6 de un total de 5 puntos. No era
un buen orador ni tampoco tenía dotes de lider. Pasó por la escuela silenciosamente, prácticamente
inadvertido.

En mayo de 1965 hizo pública su decisión de entrar en el Seminario antes del examen de la
madurez. Nadie lo sabía pero no constituyó una sorpresa. En 1954 eran ya doce los que terminaron
sus estudios en este instituto y estaban en el seminario. El entonces director del liceo -lógicamente
perteneciente al partido- quedó consternado ante este hecho: “No podemos seguir tolerando que se
desperdicien de este modo los jóvenes. A partir de este año va a ser un liceo en coeducación”. Y
cuando aparecieron las jovencitas por primera vez en las aulas del instituto les dirigió estas
palabras: “Ya sabéis lo que tenéis que hacer”. Pero de nada sirvieron los esfuerzos del director. En
1959 durante el verano -cuando los seminarios se cerraban y los alumnos volvían a sus familias-
junto al altar de la iglesia de San Pedro y San Pablo eran ya catorce los seminaristas que ayudaban.
Alek eligió el Seminario en Varsovia, probablemente debido al gran número de seminaristas que
había ya en Biaystock. También por la cercanía de Varsovia con Niekopalanow, a donde acudía
Jerzy con frecuencia.

SEMINARIO, SERVICIO MILITAR Y ORDENACIÓN SACERDOTAL

Alek llegó muy de mañana el 18 de junio de 1965 a Varsovia. Se dirigió al Seminario Diocesano de
San Juan Bautista, situado en la calle Krakowskie Przedmiescie, antiguamente conocida como
'camino real' en el centro de la ciudad. Llevaba consigo el impreso de solicitud, además de un
curriculum vitae, el certificado de la prueba de la madurez, del bautismo y de la confirmación.
Solamente le faltaba la opinión positiva del párroco que no la quiso dar por el simple hecho de
elegir Varsovia y no Bialestock. Sin embargo Alek pidió la recomendación a otros dos sacerdotes de
la parroquia. En el primer informe leemos que se trata de “un muchacho bueno y noble, que acudió
con regularidad a las clases de religión, recibió cada mes los santos sacramentos y se comportó en la
Iglesia de manera ejemplar y piadosamente”. Este informe aclara sobre todo que participaba en las
clases de religión que se tenían libremente en los salones parroquiales después de que la religión
fuese quitada como asignatura de las escuelas, y que acude a los sacramentos por lo menos una vez
al mes (confesión). En el otro informe se nos dice que “ya en la escuela elemental se distinguió por
su amor al altar y la devoción. Durante el gimnasio en sus conversaciones manifestó el sacerdocio
como fin de su vida y sus palabras eran confirmadas por su piedad eucarística. Según mi opinión
sus deseos son sinceros y por ello merece la pena admitirle”. En este último informe se insiste en la
importancia de la santa Misa en la vida del nuevo candidato. Recordemos también que en aquel
entonces como hasta el día de hoy la escuela polaca tenía y tiene tres grados o denominaciones:
escuela elemental (seis cursos desde los 7 años hasta los 13), gimnasio (tres cursos de los 13 años a
los 16) y el liceo (también tres cursos, desde los 16 a 19 años).

Alek habló en conversación personal con el sacerdote Kraszewski y con el rector del Seminario
Mizio ek, los dos serían nombrados obispos uno años más tarde y los dos manifestaron siempre
gran simpatía por Popieuszko. No sabemos como se desarrolló la entrevista, probablemente se le
preguntaría por sus intenciones respecto al sacerdocio y por el entorno familiar. El caso es que fue
admitido y de los 43 alumnos admitidos en aquel curso 1965-66 hasta veinticinco venían de otras
diócesis.

Empezó los estudios en un momento importante y especialmente difícil para la vida de la Iglesia en
Polonia, cuando se acababan los trabajos conciliares y se buscaban nuevos caminos para el progreso
cristiano en el mundo. De los cambios conciliares y la puesta al día de la Iglesia se encargó de
manera particular el primado Estefan Wyszyski que desde ya muchos años antes, cuando estuvo en
la prisión, concretó el plan de la Gran Novena. El programa se encaminaba a una renovación moral
de la sociedad con los valores cristianos, preparándose con nueve años consecutivos al milenario
del bautismo del primer rey Polaco, Mieszko I de la dinastía de los Piastos en el año 966, hecho que
se conoce también con el nombre del bautismo de Polonia. Durante el Sacrum Poloniae Millennium
el Cardenal Wyszyski insistió de manera particular en la importancia de las devociones populares
con especial hincapié en la devoción a la Virgen. Le gustaba recordar las palabras de su predecesor,
el primado Hold: “la victoria vendrá a través de María”.

Durante su primer año de estancia en el seminario del Vaticano II salieron dos documentos
importantes que tratan sobre la vida sacerdotal: el decreto sobre la formación de los sacerdotes
Optatam totius del 28 de octubre de 1965 y el decreto sobre el servicio y la vida de los sacerdotes
Presbyterorum ordinis del 7 de diciembre del mismo año. Los dos documentos constituyen un punto
básico de referencia para la formación de los futuros sacerdotes. La característica de ambos decretos
lo constituye la fuerte referencia hacía los valores tradicionales del sacerdocio al mismo tiempo que
resalta la importancia de la apertura al mundo del sacerdote que realiza su función pastoral entre los
fieles. El decreto Optatam totius insiste en el carácter personalista de la formación animando a que
los candidatos al sacerdocio cultivasen „las cualidades convenientes, sobre todo las que se refieren
al diálogo con los hombres, como son la capacidad de escuchar a otros y de abrir el alma con
espíritu de caridad ante las variadas circunstancias de las relaciones humanas. Han de buscar la
solución de los problemas humanos bajo la luz de la Revelación; aplicar las verdades eternas a la
variable condición de las cosas humanas, y comunicarlas en modo apropiado a los hombres de su
tiempo”. El decreto Presbiterorum ordinis claramente perfiló el lugar de los sacerdotes en el Pueblo
de Dios. El servicio sacerdotal consiste en manifestar la perspectiva sobrenatural de la vida humana:
“No podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de otra vida distinta de la
terrena, pero tampoco podrían servir a los hombres, si permanecieran extraños a su vida y a su
condición. Su mismo ministerio les exige de una forma especial que no se conformen a este mundo;
pero, al mismo tiempo, requiere que vivan en este mundo entre los hombres, y, como buenos
pastores, conozcan a sus ovejas, y busquen incluso atraer a las que no pertenecen todavía a este
redil, para que también ellas oigan la voz de Cristo y se forme un solo rebaño y un solo Pastor.
Rigiendo y apacentando el Pueblo de Dios, se ven impulsados por la caridad del Buen Pastor a
entregar su vida por sus ovejas, preparados también para el sacrificio supremo, siguiendo el ejemplo
de los sacerdote que incluso en nuestros días no han rehusado entregar su vida”. Con seguridad
Jerzy conoció estos textos en su estancia en el seminario.

Uno de las manifestaciones del conflicto entre el estado y la Iglesia se centraba sobre el control de
los seminarios y su progresiva futura liquidación. El gobierno polaco se molestó visiblemente ante
la carta “Perdonamos y pedimos perdón” de los obispos polacos a sus colegas alemanes en 1966
como un gesto de comunión fraterna. Por eso el gobierno comunista se decidió a llamar a filas a
algunos seminaristas en contra de los acuerdos con la Iglesia de 1950, pensando que de esta manera
conseguiría que gran número de candidatos al sacerdocio renunciara a esa llamada. Los efectos no
solamente fueron míseros, sino que se comprobó numéricamente que más seminaristas resignaban
entre aquellos que no habían sido llamados al servicio militar. Los jóvenes aspirantes al sacerdocio
se fortalecían en un ambiente tan hostil.

Jerzy se caracterizó ya desde el principio de su formación sacerdotal por la normalidad junto con un
gran confianza con los superiores. Al segundo año -en 1966- fue llamado a filas. Para Jerzy el
servicio militar fue su primera seria prueba en su vocación sacerdotal. Era evidente que el fin de
esos batallones de seminaristas no era la formación militar sino la indoctrinación comunista,
dirigida por elegidos oficiales y activistas políticos. Era una lucha abierta contra la visión cristiana
de la vida y la práctica de la religión que se encarnizaba especialmente con los seminaristas. Se
conservan varias cartas de Jerzy a su director espiritual en el Seminario, en donde le explica su vida
militar, le abre su alma y le pide consejo: “últimamente han ocurrido algunas cosas que se me han
quedado en la memoria. El rosario era una escusa para lo que vendría después. Todo empezó
cuando el jefe del batallón me ordenó delante de todos que me quitara el rosario del dedo. Me
negué, es decir no cumplí la orden. Si me lo quitaba parecería ante todos una dejación. Era
plenamente consciente que me arriesgaba a ir al juez político pero no podía ceder, miraba más allá.
El jefe me mandó que fuera con él a las instancias superiores y su ayudante ordenó que me
presentara ante la autoridad política para el interrogatorio a las 20.00. Como no estaba presente el
alto mando hablamos a solas. Me amenazó con el juez político. Se reía de mi actitud diciendo: '¡O,
un defensor de la fe!' Desde las 17.45, con todo el equipamiento puesto como en maniobras, estuve
en posición de firmes en el puesto del suboficial, hasta las 20.00 con excepción de una breve pausa
para la cena. A las 20.00 me llevaron al jefe del batallón y allí empezó todo. Como primera cosa
escribió todos mis datos. Después me mandó descalzarme, sacar los cordones de las botas y bajarme
los calcetines. Me mantuve ante él descalzo y en posición de firmes como un condenado. Empezó
con improperios utilizando diversos métodos. Intentaba ridiculizarme, humillarme ante los demás,
de nuevo me chantajeaba con el tema de los permisos y vacaciones. Descalzo estuve una hora, los
pies se empezaban a congelarse y se volvían como blancos. A las 21.00 ordenó que me pusiera las
botas. Yo estaba todo el rato en silencio, rezando oraciones mentales y ofreciendo al Señor -como
reparación por los pecados- el dolor que me producían la repleta mochila, el armamento y el casco.
¡Dios mío, qué leve se hace el sufrimiento cuando se tiene la conciencia de estar sufriendo por
Cristo! Como ya dije el rosario era solamente una escusa, un pretexto para poder encontrase
conmigo de manera oficial, pues otras veces ya habíamos hablado. Del rosario habló solamente al
final de la conversación, pues todo el rato sacaba otros temas. A las 22.30 llegó el jefe político, me
mandó que me quitara el rosario. No me lo quité pues a nadie puede molestarle el que lleve puesto
un rosario en mi dedo, y no me lo voy a quitar porque alguien no pueda mirarlo. Me despidieron a
las 23.00. Me fui al dormitorio. No conseguí echarme en la cama y ya el jefe del pelotón dio la
alarma...”.

Todo tipo de permisos y vacaciones le son denegados. Cuando aprovecha algunas horas libres con
excusa de ir de compras o al banco, se dirige a la Iglesia para asistir a la Santa Misa, recibir la
comunión y confesarse. El contacto con el director espiritual está todo el tiempo vivo: “Me pregunta
usted por mis vacaciones. Difícil pregunta, pues si Dios quiere probarme de esta manera tendré que
aceptar todo lo que venga sin ningún miramiento. Me han dicho que ni hablar de cualquier vacación
en cualquier tiempo. Ni aunque muriera mi madre me dan libre. Ni hablar de ningún tipo de
permisos. De esta manera el servicio militar se me alarga como si estuviera seis años en vez de dos.
Le agradezco mucho la entrega de “La imitación de Cristo”, pues de otros panfletos de
indoctrinación política estamos hartos. Es un librito muy cómodo y lo llevo siempre en el bolsillo,
se puede sacar mucho provecho de él y reflexionar sobre las bellas ideas que contiene. Quisiera
pedirle si me puede mandar -de vez en cuando- una carta con conferencias o homilías, para leerlas y
meditarlas con los demás. Seguimos haciendo todos juntos la meditación, rezamos el rosario por la
noche, los viernes el Via Crucis y la Santa Misa la recitamos”. El sacerdote vicerector del Seminario
Krasewski protestó oficialmente ante Gobierno Central Político del Ejercito Polaco, responsable de
la unidad en donde estaba Popieuszko, por el trato que se daba a los seminaristas. Esta acción hizo
que se aliviara un poco la dura prueba del servicio militar. El rector, vicerector y directores
espirituales procuraban acercarse al campamento para ver a los seminaristas pero la autoridad no
daba facilidades. El 11 de agosto de 1968 se presentó el mismísimo cardenal primado Wyszyski en
el campamento y no pudo encontrarse con los seminaristas pues unos tenían 'la gripe asiática' y
otros cumplían su 'turno de guardia y de servicios'.

En el otoño de 1968 Alek terminó su servicio militar fortalecido en su vacación sacerdotal y


enreciado en virtudes pero debilitado en lo referente a la salud, fruto en parte del tratamiento
recibido durante el servicio militar. A principios de 1970 fue hospitalizado y operado de las
glándulas tiroides. Su estado tuvo el pronóstico de muy grave y se temía por su vida. Uno de los
seminaristas recuerda que “rezábamos por su salud con el convencimiento de orar por alguien que
iba a morir en breve”. El 25 de abril todavía en el hospital pero fuera ya de peligro Popieuszko
escribe a una familia amiga: “Si hubiera estado en otro hospital o dos meses más tarde con
seguridad que nuestro futuro encuentro sería en el más allá. Se ve que la oración de mis amigos ha
influido ante Dios quien ha decidido que todavía no ha llegado el momento. O quizá Dios me da
otra oportunidad para desagraviar por mis pecados y por los de los otros”. El sufrimiento físico y el
contacto con los enfermos dejó una honda huella en su personalidad, siendo profundamente sensible
a las necesidades, dolores y sufrimientos ajenos.

A mediados de septiembre de 1970 los alumnos inauguraron un nuevo curso académico. Lo


empezaron -como es tradición- con unos ejercicios espirituales. Por segunda vez les dio la
bienvenida el rector Zbigniew Kraszewski que tomó posesión del cargo después del nombramiento
de Mizio ek como obispo en 1969. Pocos meses después, en diciembre de 1970, Kraszewki,
soldado de la Arma Nacional (Arma Krajowa AK son las signas del ejército que luchó contra los
nazis y los rusos al mismo tiempo, siendo siempre independiente; para distinguirlo de aquellos
militares polacos que se unieron al ejercito rojo) y participante en el levantamiento de Varsovia, fue
nombrado también obispo. Le sustituyó Kazimierz Romaniuk que también sería más tarde
nombrado obispo. Con los sacerdotes y futuros obispos siempre tuvo Popieuszko buenas
relaciones. Uno de los seminarista recuerda que “Alek tenía facilidad para establecer contacto con
todas las personas” y otro apunta que “tenía trato con los superiores del seminario de forma natural
y con más frecuencia que el resto de los seminaristas”.

El 22 de septiembre de 1970 en la iglesia del seminario el cardenal primado Stefan Wyszyski


celebró la Santa Misa solemne con ocasión del principio del nuevo curso académico. Alek
Popieuszko empezaba su quinto curso y con otros 36 compañeros de un total de 189 seminaristas,
de entre los cuales ocho habían acabado sus estudios en el liceo de Suchowola, todos de la
parroquia de San Pedro y San Pablo. Así habló el cardenal: “Mis muy queridos hijos, tenéis que ser
conscientes que vuestra presencia aquí, vuestra existencia, vuestro camino por la vida, por el
seminario y por todo lo que vendrá después, todo esto está desde un principio en la mente de Dios.
Así hay que entenderlo. Hay que verlo todo como fuertemente enraizado en los planes de Dios, en
el programa que Él tiene para cada uno de vosotros. Sois hombres entre los hombres, os formáis
para el servicio de los demás y vais a ser enviados -como Cristo- no a los santos sino a los que se
encuentran perdidos, a los pecadores y publicanos. Vais a ser enviados a la gran ciudad en donde
hay tanta bajeza. Allí se encuentran los vagabundos con sus batutes y melenas, la sucia juventud que
ha perdido totalmente su dirección, una multitud de prostitutas, de borrachos, ladrones, criminales.
Vais a ese mundo. No vais solamente a los santos, pues los santos con los que os encontréis los
veréis también rodeados de una gran debilidad. Os tenéis que acostumbrar. No he venido a curar a
los sanos sino a los enfermos, dice Cristo. Por eso ya ahora aquí en el seminario tenéis que aprender
a tratar con delicadeza al hombre débil, cualquiera que sea, y a todos los que puedan no seros
gratos, o escandalizaros. Tenéis que inmunizaros, tenéis que adquirir la prudencia del propio
discernimiento, de no asustaros de nada, de compadecer a todos. Tenéis que formar en vosotros la
voluntad de ayudar a cada hombre y de colaborar con el bien. Vosotros vais a la muchedumbre que
necesita precisamente esa clase de ayuda”. Estas palabras de Wyszyski de seguro que quedaron
grabadas en Jerzy en su concepción del sacerdocio como trabajo entre y para los hombres.

El que fuera primer rector del Seminario y futuro obispo Wadysaw Mizio ek lo recuerda como:
“un chico callado y tranquilo, con todos se llevaba bien y no tenía especiales amistades. En relación
con los superiores su trato era abierto y confiado, no imponía sus criterios. En el estudio era
aplicado pero no brillaba por grandes dotes intelectuales”. Antes de la ordenación sacerdotal decidió
cambiar de nombre Alek por Jerzy (Jorge) pues en la lengua polaca el nombre Alfons tiene
connotaciones negativas, de persona de dudosa reputación. Le gustaba especialmente ese nombre
por su relación con la virtud de la fortaleza. Además el nombre de Jerzy (en diminutivo familiar
Jurek) suena bien en polaco, con la típica rz o  -eslava consonante cuyo paralelo no existe en la
lengua de Cervantes- y la vocal “y” de pronunciación nasal 'e' cerrada, también típico de esas
tierras (para la pronunciación correcta de Jerzy también hay que tener en cuenta que la “j” polaca se
pronuncia como la “i” castellana).

La ordenación sacerdotal la recibió de manos del Cardenal Stefan Wyszyski el 28 de mayo de


1972 en la catedral de Varsovia junto con 31 otros diáconos. Las preguntas previstas en el ritual de
ordenación exigen totalidad de entrega: ¿estás dispuesto a unirte a Cristo, nuestro sumo sacerdote, y
con El ser ofrenda para la gloria de Dios y la salvación de las almas? El cardenal regaló a cada
ordenando un ejemplar del Nuevo Testamento y una imagen de la Virgen de Czstochowa con la
dedicación: “A la Madre de Dios confío la protección del sacerdote Jerzy Popieuszko para el
servicio del pueblo de Dios”. Además de viva voz les dijo en ese día tan señalado: “Vosotros,
jóvenes sacerdotes que el Espíritu Santo os envía hoy a trabajar, vais a encontraros con una ardua
labor, en donde habrá que poner mucho esfuerzo, entrega y sacrificio. Vuestra vida no va a ser
fácil”. Palabras proféticas que se iban a cumplir literalmente en la vida del nuevo neopresbitero.
Según las indicaciones del Cardenal al día siguiente fueron todos a Czstochowa, a la Virgen de
Jasna Góra para comenzar su servicio sacerdotal bajo su protección. A Wyszyski le gustaba que los
sacerdotes fueran con frecuencia a ese santuario mariano, y repetía que el sacerdote vuelve con
renovado empeño a sus tareas diarias después de cada encuentro con su Madre: “vuestra unión con
María tiene que ser muy viva. Ella siempre os repite como en Cana de Galilea: haced lo que Él os
diga”. Después el nuevo sacerdote fue a su iglesia parroquial para celebrar la primera misa solemne.
En las estampas que rememora el evento Popie uszko imprimió estas palabras: “Me envía Dios para
que anuncie el Evangelio y cure los corazones doloridos” que eran una paráfrasis de las palabras de
Isaias contenidas en el evangelio de San Lucas: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me
ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y
devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para promulgar el año de
gracia del Señor”.

PRIMEROS ENCARGOS PASTORALES.

Desde su ordenación sacerdotal en 1972 trabajó en cuatro parroquias como vicario hasta que llegó
en 1980 a la iglesia de San Estanislao de Kostka en el barrio oliborz de Varsovia. Nada hacía
suponer que en los primeros años de los ochenta iba a ser el sacerdote más conocido de Polonia y
más temido por los comunistas.

Su primer encargo pastoral fue ser vicario en la parroquia de la Santísima Trinidad en Zabki, un
descuidado y peligroso barrio a las afueras de Varsovia. La parroquia de veinte mil almas era el
núcleo de la vida cultural de la zona. Popieuszko no destacaba por nada especial, era muy normal,
no poseía una personalidad extraordinaria, ni era un gran predicador. Tenía eso sí el don de hacer
amistad en pocos días con todo tipo de personas, de diferente cultura y edad. De esos tres primeros
años como vicario el párroco de entonces recuerda: “No hizo nada especialmente extraordinario.
Entro los demás vicarios no se destacó particularmente. Cumplió sus encargos sacerdotales, desde
el servicio litúrgico con la catequesis y los sacramentos, hasta los turnos en el despacho parroquial.
Tenía alrededor de veinte horas semanales de clases de religión en la escuela básica. Era cumplidor,
no había que controlarlo. Después de un cierto tiempo asumió mi obligación como capellán del
hospital de enfermos nerviosos y psíquicos en Drewnicy, de celebrar allí la Santa Misa cada
domingo. No daba ninguna señal de tener una fuerte personalidad. No era conflictivo. Tenía muy
buen contacto con la gente, quizá porque -si podemos hablar así- no era complicado. No tenía
ningún tipo de complejos y por eso fácilmente se adaptaba a cualquier ambiente”.

Todos los domingos por la tarde le tocaba predicar. No era algo que le arrebatara el ánimo, más bien
le costaba no poco. En sus apuntes se ha encontrado una ficha de una de esas homilías en diciembre
de 1972: “En un lugar una casa ardía en llamas. Estaba oscuro. Todos salieron al patio. Pero un
pequeño se equivocó de escalera. En vez de bajar, subió. Asustado se asomó a la ventana. Su padre
desde abajo le gritaba: ¡hijo, lánzate a mis brazos! -Pero, papá, si yo no te veo- dice el niño. -No
importa, yo sí que te veo- le responde el padre. El chaval no se lo pensó dos veces y se lanzó al
vacío. Confió absolutamente en su padre, se tiró abajo y cayó justamente en los brazos de su padre.
Se salvó. A nosotros nos falta esa fe”. Unas frases sencillas que no indicaban en absoluto que fuera
a predicar pocos años más tardes homilías arrebatadoras.

Un sacerdote amigo, compañero en el seminario y junto con él vicario de esa parroquia, Zdzisaw
Gniazdowski lo recuerda de este modo: “Jurek era un compañero normal, un seminarista corriente,
hasta se puede decir que era un sacerdote mediocre. No le gustaba predicar homilías y con
frecuencia decía: 'Estoy algo resfriado, quisiera que predicara otro'. A vece daba la impresión que
sentía temor ante las obligaciones sacerdotales. Evidentemente hay que tener en cuenta el papel que
jugaba su falta de salud y falta de experiencia. Tenía una salud débil pero tenía también a veces
flojera en el servicio a Dios. Y por eso resplandece más la fuerza de Dios, pues Él le eligió para esa
tarea. Él le dio esa vocación y Jurek la realizó maravillosamente. Todo su sufrimiento es señal cierta
de su santidad”.

Ya en esta su primer encargo pastoral se destaca uno de los rasgos más importantes de Popieuszko:
la unidad. Conseguía de una manera fácil unir a la gente que estaba a su alrededor, junto a él se
encontraba a gusto, con él se trabajaba muy bien. En la parroquia de Zabki había junto a Jerzy dos
vicarios más, Krzysztof colega de la mili y el mencionado Zdzis aw. La hermana Halina, encargada
de los ornamentos de la parroquia recuerda como los tres vicarios se llevaban de maravilla,
“trabajaban juntos estupendamente. No se veía entre ellos malquerencias que a veces se dan.
Formaban un grupo compacto, y por eso seguramente les llamaban de broma 'la trinidad santa'”. Su
falta de salud se dejaba notar. El párroco, Tadeusz Karolak recuerda que “no supimos nunca en qué
consistía su enfermedad, pero se veía que no era capaz de mucho esfuerzo. A veces me
intranquilizaba ya que no conseguía hacer lo que le correspondía, pero no era por pereza sino por su
estado de salud. Siempre tenía encima de la mesa medicamentos”. Con este párroco tres veces visitó
a su familia y pasó en el verano de 1974 la vacaciones en la República Democrática Alemana
visitando en coche Berlin, Dresde, Torgau. “No es frecuente -precisa este mismo sacerdote- que el
vicario invite a su párroco para visitar a su familia. Existe una especie de natural conflicto de
poderes: el párroco da las ordenes y el vicario las debe cumplir. Jerzy no experimentaba este tipo de
conflictos. Su familia era abierta y generosa lo mismo que Jerzy”. Así era y así fue, su casa siempre
tuvo las puertas abiertas para todos -especialmente en su época de San Estanislao de Kostka- y
siempre le visitan una multitud de conocidos. De ese época de Zabki hay muchos testimonios de la
humanidad de Jerzy, como por ejemplo la de la fotógrafa Jadwiga Klimek: “Cuando Popieuszko
venía a nuestra casa se creaba una atmósfera amable. A nuestra hija le daba ánimos con el examen
de la madurez para entrar en la Universidad. Era muy cariñoso. Sabía lo que necesitábamos en cada
momento. Una vez se enteró de que no teníamos carne pues en aquellos tiempos no se podía
comprar, y cuando nos encontramos, le miro y sacando de debajo de la sotana un buen pedazo de
jamón me dice: 'toma, para tus hijos'. Era sobre todo muy humano”.

En el verano de 1975 llegó desde Estados Unidos su lejana tía Mary Kalinowska. Era ya entonces
una mujer de más de setenta años que había sido enfermera y vivía retirada en Pittsburgh. Había
nacido en ese país y hablaba el polaco con dificultad. La vio por primera vez en el día de su
ordenación y desde entonces mantuvieron un intenso contacto. Mary era muy generosa y apoyó
económicamente a Popieuszko en todo lo que pudo. En ese verano Jerzy la llevó en coche por todo
el país, haciéndola conocer Polonia y especialmente el lugar de sus antepasados: su pueblo de
Okopa. Ella le invitó a Jerzy a Estados Unidos al año siguiente.

El 4 de octubre de 1975 llegó el cambio. Era y es normal que un vicario cambie al cabo de pocos
años. El entonces párroco de Zabki hace un resumen final de esos primeros tres años: “era muy
normal y muy buena persona. No vi en él debilidad en el carácter o floja voluntad. No recuerdo
verle nunca enfadado o que se pelease con alguien. Era un hombre con el cuál uno se sentía a gusto.
Y en todo lo que hacía era sacerdote. Un buen sacerdote”.

Los siguientes tres años los pasó de vicario en Anin en la parroquia de La Madre de Dios Reina de
Polonia. Anin era una zona residencial a las afueras de Varsovia con una diez mil personas, muchas
de ellas pertenecientes al mundo intelectual: profesores de universidad, médicos, investigadores. El
asunto que ocupaba en aquel entonces las fuerzas de los párrocos y vicarios era la construcción de
la nueva iglesia. Empresa no fácil de tal manera que en el tiempo que estuvo de vicario vio pasar a
tres párrocos. Al llegar a la parroquia se encargó del grupo de niños de la primera comunión, eligió
a aquellos que cantaban mejor y durante la Santa Misa recitaban también versos. Allí conoció a la
familia Oryga con sus tres hijas pues la más pequeña formaba parte de ese coro. Jozef Oryga
ingeniero electrónico con plaza en el Instituto de Energía Nuclear recuerda el primer encuentro:
“Un domingo escuché en la iglesia el aviso que por la tarde en la sala del catecismo tendría lugar un
encuentro con un personaje del Instituto de la Familia. Allí nos reunimos y esperamos al profesor
invitado que no llegó. El sacerdote Popieuszko se presentó y nos pidió disculpas, después hizo un
comentario del evangelio y con gracia dijo: 'como reparación os invito a tomar un café', acepté la
invitación y así empezó todo”. Sería esta una familia más de las muchas con las que Jerzy hizo
amistad.

El 26 de junio de 1976 voló a Estados Unidos invitado por su tía Mary Kalinowska y permaneció
allí hasta finales de agosto. Estuvo al principio en Pittsburgh en donde vivía su tía. Visitó New York
que describió como “ciudad asombrosamente curiosa, en la que uno se puede echar a perder
fácilmente”. Estuvo en Chicago y allí le pareció que lo más feo era el monumento de Picasso de un
millón de dolares. Tuvo tiempo para ver las cataratas del Niagara y Toronto, en Canadá, que lo
consideró como un país “quizá menos curioso pero más bonito y apacible que USA”. La primera
semana de agosto participó en el congreso internacional eucarístico en Filadelfia.

El 12 de diciembre de ese mismo años el Cardenal Wyszyski visitó la parroquia de Anin


celebrando la santa Misa con homilía. Quería el primado alentar los difíciles momentos que pasaban
en la construcción del nuevo templo. Las autoridades ponían todo tipo de dificultades en la
edificación de nuevas iglesias y en todo Varsovia se construían solamente tres parroquias cuando las
peticiones de permiso ascendían a más de cincuenta. El Primado siempre acentuó el carácter social
de la fe, también en esa homilía dedicó una buena parte a la doctrina social de la Iglesia sobre el
salario para que la paga de un trabajo duro e intenso esté en condiciones de mantener a toda la
familia, “en condiciones dignas, según el nivel que corresponde al entorno en el cual el hombre
vive”. Habló de la ética del trabajo y la obligación de trabajar bien. Recordó que si el salario no
corresponde al trabajo realizado es necesario exigir los propios derechos por la vía jurídica, a través
de “los sindicatos, a los cuales les corresponde la obligación de corregir y mejorar las condiciones
de vida de los trabajadores. Los sindicatos no están para hacer política, tienen carácter económico,
para luchar por lo que es digno y justo para el hombre, para exigir un justo salario por el trabajo”.
Parafraseando las palabras del Bautista: “No hagáis extorsión a nadie, ni denunciéis con falsedad”
seguía diciendo: “O si todos los que llevan armas, todos los que tienen autoridad ante los
ciudadanos, sobre todo la policía y otros cuerpos a los que corresponde guardar el orden y la
seguridad públicas en nuestra Patria, recordaran lo que Juan el Bautista enseñó (...) no sería
necesario que nos avergonzásemos, como desgraciadamente hoy nos avergonzamos por motivo de
diferentes ataques, violencias y abusos que sufre nuestra sociedad”. Jerzy escuchaba con atención
estas palabras que serían más tarde inspiración para sus homilías en las misas por la Patria, en su
defensa de los derechos del hombre, en la exposición de la doctrina social de la Iglesia.

Además de celebrar la Eucaristía, confesar y la enseñanza de la religión, se encargaba del grupo de


más de cien monaguillos. Aquí como en su primera parroquia tuvo un contacto muy bueno y
frecuente con los jóvenes. Era para ellos un amigo pero no un colega al que se le dan palmadas en el
hombro, sabía hacerse respetar. Vivía en unas dependencias perteneciente a la parroquia y era un
lugar de encuentro para los jóvenes. Una vez, por descuido de los jóvenes, se declaró un pequeño
incendio en esa vivienda y se quemó el televisor y algunas cosa personales de Popieuszko. Los
parroquianos recuerdan que por bastante tiempo -hasta que pudo hacerse otra- la sotana olía a
quemada. Pero no se enfadó. Muchos de los que le conocieron de cerca afirman que no estaba
apegado a las cosas materiales. Era muy generoso y siempre dispuesto a ayudar, también desde el
punto de vista material. Con frecuencia se desprendía de su propia ropa -abrigos o zapatos- y los
daba a otros. Cuando compraba algo lo hacia por duplicado para poder ofrecer a alguien eso mismo
que el tenía. Buscaba a los necesitados y les ayudaba efectivamente. Una vez se presentó una madre
con sus dos hijos en la parroquia, y no eran de los que asistían regularmente. Estaban en una
situación difícil pues el esposo y padre les había dejado. Popieuszko le regaló su bici a uno y al
otro le compró una nueva. Gracias a la ayuda de su tía de América podía permitirse a veces esos
gastos. También de su tía fue el primer coche que tuvo un Fiat 127p y después un deportivo chevett
de color rojo, pues le gustaba conducir y lo hacía muy bien. Este coche llamaba la atención ya que
en aquel entonces había sólo tres en Polonia pero Jerzy lo dejaba a quien se lo pidiese. Y ya se sabe
que coche de muchos visita frecuente el taller. Uno a quien prestó ese coche recuerda que tuvo un
accidente con un destrozo considerable, se le quedó en la memoria la reacción de Popie uszko: no
se enfadó en absoluto, sino que le tranquilizó diciéndole que no se preocupara que el coche estaba
asegurado y mañana lo llevaba él mismo al mecánico. El obispo Wadys aw Mizio ek le aconsejó
que cambiase su coche deportivo 'chevett' rojo demasiado llamativo por uno más modesto, lo que
hizo inmediatamente. Fumaba cigarrillos dunhille y de vez en cuando compraba alguna botella de
cognac con los dolares americanos y también chicle Donald que hacía el furor de la muchachada.

Jerzy disfrutaba estando con la gente. Invitó a la familia Orega a pasar el verano de 1977 en
Krynicy Morskiej en las montañas Tatras, conocía a una religiosas que les facilitaban el alojamiento
para todo un mes. Los Orega no tenían a donde ir y gracias a él pudieron pasar juntos un mes
estupendo de vacaciones en las montañas. Josef Orega recuerda la confianza que tenía con ellos:
'una vez me dijo: cuando me saludes mírame a los ojos. Y desde entonces siempre lo hice”.

En 1978 llegó un nuevo vicario que enredó un poco las cosas e hizo que Jerzy no se sintiera bien en
la parroquia, en cualquier caso en junio de ese año cambió de destino y se marchó a la Parroquia de
Jesús Niño en el barrio Zoliborz de Varsovia sin despedirse siquiera Wiesaw Kalisiak el párroco de
Anin. A Jerzy (o Jurek como diminutivo amistoso) se ve que esté asunto no le dejaba tranquilo y en
diciembre del año 1981 un poco antes de la declaración del estado de guerra llamó Popieuszko al
párroco diciéndole: “Oye, tengo que hablar necesariamente contigo”. Se presentó inmediatamente y
se dirigió hacia él dándole un fuerte abrazo y añadiendo: “Quisiera pedirte perdón. Trabajamos muy
bien juntos, pero después me marché sin ni siquiera despedirme. Fui tonto, dejé que alguien
influyera en mi decisión. De verdad te pido perdón y lo siento. Enseño a la gente que hay que
quererse, que hay que perdonar, y yo mismo tenía contigo este asunto todavía pendiente que no me
dejaba la conciencia tranquila”. Popieuszko lloraba. El párroco Kalisiak añade: “Más o menos esas
fueron las palabras de Jurek. Yo también lloré. Después sacó de debajo del brazo una botella de
coñac”.

En la parroquia del Niño Jesús estuvo desde junio del 78 a abril del 79. Fue para Popie uszko un
año duro con un recrudecimiento de sus enfermedades. El 16 de octubre de 1978 desde el Vaticano
llegó la noticia que removió a toda Polonia: Karol Wojtya elegido papa. Fue un hecho que influyó
profundamente en el desempeño de su futura vida sacerdotal. Inmediatamente después de la
elección de Juan Pablo II pidió a la hermana Juana, ursulina y oficial de la curia diocesana de
Varsovia, que le enviara 'sistemáticamente y desde ya' todo lo que se fuera publicando de Juan
Pablo II en el Vaticano y en Polonia. La hermana Juana dejó escrito que Popieuszko “apoyaba toda
su actividad pastoral y homilética en las enseñanzas del Santo Padre, en sus cartas, encíclicas y
otros documentos”. A finales de diciembre del 78 el Primado Wyszyski publicó uno de sus muchos
libros que llevaba por título 'El papa polaco de Cracovia'. En él recogía muchas de sus homilías
pronunciadas desde la elección de Juan Pablo II, haciendo eco del magisterio papal. Jerzy conoció
enseguida esta publicación y se sintió también llamado personalmente a difundir las enseñanzas del
Santo Padre.

Fue unos días después de la elección del papa, siendo vicario parroquial, con clases de religión y
una salud débil, cuando sintió que debería hacer más. Se presentó en la curia pidiendo más trabajo
argumentando que 'con algunas horas de catequesis y el trabajo en la oficina parroquial no lleno mi
tiempo”. El obispo auxiliar Mizio ek le nombró entonces capellán de los enfermos, encargo que
cumplió fielmente hasta el final. El nombramiento le llegó en enero del 1979 y la primera misa para
las enfermeras la celebró en la capilla del centro social dirigido por religiosas en la calle
Krakowskie Przedmiescie, quizá la calle más famosa de Varsovia. En le frontón de ese centro se
encuentra enmarcada la leyenda Res Sacra Miser, la misericordia es una cosa santa. La enfermera
Isabel Murawska recuerda su primer encuentro con Popieuszko junto con otras varias enfermeras
cuando les informó: 'sabéis, estoy desconcertado, voy a Res Sacra Miser y no hay nadie en la misa,
bueno a decir verdad había una persona pero a la mitad se marchó”. Ese grupo de enfermeras se
propuso revitalizar con su nuevo capellán la pastoral de los enfermos y la participación en la
Eucaristía.

En un día de la semana de enero de 1979 Popieuszko celebra la Santa Misa en la parroquia a las
6.30 de la mañana. Un sacerdote está sentado en el confesionario, como era entonces costumbre y lo
sigue siendo hasta el día de hoy. Quizá sea esta una de las cosas que más caracterizan la vida de la
Iglesia en Polonia: los sacerdotes se sientan en el confesionario. Si Polonia no ha tenido crisis en la
práctica religiosa, ni crisis en las vocaciones y en su fidelidad, es debido sobre todo a que el clero se
confiesa -todos somos pecadores- y se sienta en el confesionario. Esto es visible llamativamente
siempre pero especialmente en el tiempo de adviento y de cuaresma, durante los llamados ejercicios
espirituales de tres días de duración que se hacen en todas las parroquias, todos los años. Esos
ejercicios se acaban siempre con la confesión personal, auricular y secreta. El párroco invita a otros
reverendos y un numeroso grupo de confesores se queda en el templo hasta que el último penitente
se haya confesado, sólo entonces se levanta la sesión para ir a la gran y merecida cena. Pero
dejemos que ese sacerdote que estaba sentado en el confesionario nos cuente lo ocurrido: “Estaba
en el confesionario y escuchaba como Jerzy leía un fragmento de la Escritura Santa. Me dí cuenta
que hacía una pausa, su voz se volvía más débil pero consiguió leer el Evangelio. Salí del
confesionario, me acerqué al altar y me lo encontré tumbado en el suelo, desmayado”. Jerzy ingresa
en el hospital del Instituto Hematológico, su enfermedad está relacionada con una infección en la
sangre, y allí estará hospitalizado todo un mes.

Es en este tiempo cuando escribe notas sobre el dolor y el sufrimiento, como esta: “Anatole France
afirma que la vida de todos los hombres se resume en tres palabras: nacimiento – sufrimiento –
muerte. El tiempo entre el nacimiento y la muerte parece ser que está lleno de sufrimiento. Muchos
de nosotros reconocería sinceramente la razón de las quejas bíblicas de Hiob que dramáticamente
pregunta: '¿La vida del hombre no es sufrimiento? ¿Por qué Dios permite el sufrimiento y lo tolera?
Pero enseguida responde: 'Dios es Amor y no creó el sufrimiento para el hombre, lo que significaría
una autonegación de sí mismo'. Después de la creación -nos cuenta la Biblia- Dios colocó el hombre
en el paraíso, un lugar de felicidad. En el momento en el que el hombre se levantó contra su
Benefactor, el sufrimiento ha comenzado a ser compañero del hombre. ¿Qué consecuencias ha
tenido el pecado? Entre otras cosas ha debilitado la razón y la voluntad. A partir de entonces el
entendimiento empezó a equivocarse no consiguiendo discernir el bien del mal, la voluntad se
inclinó más hacia el mal que hacia el bien. El sufrimiento no está en Dios sino en el hombre”.

Los médicos consiguen darle el diagnóstico: la debilidad es provocada por la enfermedad Addison-
Biermer, es decir una maligna anemia en la sangre cuyo origen hay que buscarlo en la falta de
vitamina B12. Los continuos mareos, desmayos, la permanente sensación de cansancio o las
infecciones en la lengua son típicos síntomas de esa enfermedad. Al salir del hospital se entera de
que el párroco de Jesús Niño ha pedido a la curia que le den de baja como vicario pues su
enfermedad le impide cumplir sus obligaciones. Popieuszko se encuentra en una situación difícil,
no tiene a donde ir. Siguió por unos meses viviendo en la parroquia pero ya sin trabajar en ella.
Continua eso sí con la atención de la capellanía de enfermos. La enfermera Janiszewska recuerda la
santa misa que celebró para las enfermeras en abril de ese año en la Res Miser Sacra: “Era la
primera vez que asistía a esa Misa y me llamó poderosamente la atención la manera tan especial de
celebrar el santo sacrificio. Se le veía extraordinariamente recogido, tenía la voz como transformada
en el momento de la consagración, de la transubstanciación, cuando el sacerdote toma la Hostia y
pronuncia las palabras 'Tomad y comed'. Parecía que la Hostia la ofrecía a la gente, con un gesto
como de participación. Nunca antes había visto ese recogimiento y esa manera de mantener la
Hostia entre las manos en el momento de la consagración. Después cuando pude asistir a otras
santas Misas celebradas por él, siempre descubría ese gesto discreto y sencillo de entregar la Hostia
y el Cáliz, como si junto a las palabras que pronuncia el sacerdote 'Tomad y comed' se entregase él
mismo personalmente”.

En mayo le llegó su nuevo encargo: se le nombró vicario de la iglesia parroquial catedralicia de San
Juan Bautista para trabajar en la vecina iglesia de los estudiantes de Santa Ana, muy cerca de la Res
Miser Sacra. Con la pastoral de los estudiantes pasara todo un año. El acontecimiento que marca
estos meses es la primera visita de Juan Pablo II a su patria del 2 al 9 de junio de 1979. La curia le
encargó que se ocupara de organizar la pastoral sanitaria para atender a las necesidades médicas de
los peregrinos. El 2 de junio en la plaza de la Victoria Popieuszko escuchó las fuerte y proféticas
palabras del papa Wojtya invocando al Espíritu Santo para que renueve la faz de la tierra, 'de esta
tierra'. Al día siguiente tuvo un encuentro con los jóvenes en la iglesia de Santa Ana donde también
Jerzy escuchó la llamada de Juan Pablo II para dirigirse al Paráclito: “Sólo el Espíritu Santo puede
llenar al hombre, es decir llevarlo a su plenitud por el amor y la sabiduría”. En su cuaderno de
anotaciones con fecha del 3 de junio de 1979 dejó escrito: “¡Espíritu Santo: renueva la faz de la
tierra, renueva los corazones! El Espíritu Santo inspira especialmente ayer y hoy a nuestra ciudad
por la persona de Juan Pablo II. Recemos. Recordemos. Somos templos del Espíritu Santo”.
Durante esta primera peregrinación de Juan Pablo II a Polonia como también en las sucesivas se
organizaron en las ciudades más importantes misas en las que se congregaron millones de personas.
El papa polaco haría una constante llamada nacional para guardar la dignidad humana y las
tradiciones, subrayando el valor de la libertad en la vida social y exigiendo el respeto a los derechos
fundamentales de cada hombre. Estas homilías tuvieron una fuerte repercusión en la sociedad.

Su tía Mary Kalinowska voló desde Estados Unidos para acompañar a Juan Pablo II en toda su
primera peregrinación por Polonia. Jerzy estuvo con ella. Al ver las condiciones en las que vivía
decidió comprarle un piso. Un pequeñísimo y modesto apartamento de 27 metros cuadrados en uno
de los multitudinarios bloques socialistas. Al comprarlo le exigían en los documentos que
explicitara su profesión y como no podía poner sacerdote, escribió maestro. Y aclaraba este título
con estas palabras: “La Iglesia cumple la función de enseñar, tiene la tarea de formar a las personas,
por eso ese título corresponde a la verdad, pues la función de maestro no se reduce solamente a la
escuela”.

En Santa Ana, la iglesia de los estudiantes, Popieuszko siguió con la pastoral del personal médico,
sobre todo de enfermeras, pero su función principal era la atención de los estudiantes. Empezó a
organizar colloquios semanales a los que invitaba a una personalidad del mundo universitario, sobre
todo de la medicina. Habló mucho sobre la defensa de la vida, afirmando sin paliativos que el
aborto es matar a un ser inocente, va en contra del juramento Hipocrático de la ley natural y del
quinto mandamiento del decálogo: no matarás. Formó un círculo para ayudar a madres embarazadas
que se encontraban en la encrucijada de la duda mortal. Los profesores de la universidad,
enfermeras y estudiantes testimonian como Popieuszko hablaba claro y fuerte sobre este tema. Le
gustaba enfocar los problemas desde el punto de vista de la ciencia y también desde la moral. Por
ejemplo cuando se habló del suicidio un sábado invitó a un médico especialista y el sábado
siguiente a un teólogo que acaba de publicar un libro sobre el tema. Lo mismo en el conversatorio
sobre las drogas. Le gustaba repetir que “la profesión de enfermera y de médico es propiamente una
vocación que tiene mucho en común con la vocación sacerdotal por su servicio misericordioso al
hombre necesitado, enfermo, sufriente. Y estos hombres son la parte más importante de la Iglesia
-como le gustaba decir al recién fallecido Primado y continuamente repite el Santo Padre- pues por
su sufrimiento y su cruz están más cerca de Cristo”. Los que participaban en esos encuentros
recuerdan que se respiraba un ambiente grato, distendido, en donde las verdades universales del
amor y la justicia se enmarcaban en la realidad de la sociedad polaca de aquellos momentos.
Una de las enfermeras que participaba en esos encuentros, Isabel Murawska, recuerda como con
frecuencia Popieuszko le daba encargos: “me decía: Isabel, resuélveme esta papeleta. Y se trataba
de encontrar trabajo para una enfermera embarazada, que estaba soltera y en paro”. Y sigue
recordando esta enfermera: “Todo lo que hacía el sacerdote Jerzy Popieuszko aumentaba, crecía, la
gente se le unía pues no cumplía sus obligaciones de esta hora hasta esta hora, sino que estaba
siempre totalmente disponible”. Poco tiempo después Popieuszko dejaría escrito: “nunca he
pretendido que la gente se uniera a mí, sino unirla con Dios y con la Iglesia”. Sin embargo unía a la
gente, era un instrumento visible de unidad: él les llevaba a Cristo.

Además de los coloquios con los estudiantes en la iglesia de Santa Ana, Popieuszko celebraba la
santa Misa, confesaba, atendía la oficina, predicaba. También casó a bastantes parejas, pues hasta el
día de hoy es una de la iglesias preferidas en Varsovia para casarse, bautizaba, etc. De la cuaresma
del año 1980 se conserva una guión de su predicación: “No es fácil decidirse a ir con Cristo a
Jerusalén para allí sufrir, para ser torturado y después morir crucificado. Cada hombre desea por el
contrario una vida cómoda y tranquila, en vez de una vida dura, llena de sacrificio y de
humillaciones. Pero no hay otro camino si se quiere en cristiano y con Dios participar de la
resurrección de Jesucristo. Hay que pasar por la dura prueba de Cristo en Jerusalén. La cuaresma y
los ejercicios espirituales tan propios de este tiempo tendrán entonces sentido, si tenemos fe y nos
convencemos -mirando al sufrimiento de Cristo- que solamente por el dolor y el sacrificio, por el
dolor unido al sacrificio de Cristo, se llega a la gloria de la resurrección. Otro camino no hay”.

La salud de Popieuszko se resiste. Su enfermedad unida a la atención de los estudiantes con toda su
iniciativa, más el trabajo pastoral y las condiciones de la vivienda junto a santa Ana le llevan al
agotamiento. De ahí el testimonio de una religiosa que también trabajaba entonces en la iglesia de
Santa Anna, la hermana Kinga: “A mí la personalidad del sacerdote Jerzy Popieuszko no me
fascinaba absolutamente en nada. No era un hombre que reluciese en alguna faceta. Su voz era débil
y no pronunciaba bien. Una vez en la homilía para el personal médico comentó la parábola de perla.
Afirmó que la Nación es una perla. A mí no me gustó esa comparación, para mi la perla son los
asuntos de Dios. Su salud era mala. No se quejaba pero se veía que estaba enfermo. Continuamente
tenía prisa. Es un misterio de Dios, un milagro suyo: Dios eligió un instrumento bastante inepto
para realizar sus propios fines”. Sí, un instrumento inepto, pero útil. Un instrumento que supo servir
a todos y que supo unir a obreros, estudiantes, artista, intelectuales, creyentes y no creyentes,
hombres y mujeres, jóvenes y adultos en defensa del valor humano y cristiano de la libertad y la
verdad.
Popieuszko busca reposo y cambia de actividades. Se decide a hablar con el párroco de San
Estanislao de Kostka, Teófilo Bogucki, parroquia vecina a la del Niño Jesús, y pedirle que le admita
de residente. Este sacerdote luchador de 72 años, que había escrito en el templo como consigna
'Dios y Patria' recuerda que “mostré mi agrado pues llegó a mi parroquia un sacerdote joven,
sencillo, tímido, temeroso. Me pregunté interiormente que provecho iba a obtener de él. No era un
predicador que arrebatara, evitaba los cantos. Sin embargo había algo en él que irradiaba, algo que
nos unía, algo en común. Era distinto de los demás, como más directo, tenía una propia
personalidad. No hubo que esperar mucho para que Popieuszko mostrara su carácter, su propio
modo de ser”.

En ese verano del 80 vuelve a viajar a los Estados Unidos invitado de nuevo por su tía. Volvió dos
semanas antes para poder celebrar la boda de Margarita y Casimiro. No les dijo nada y apareció
revestido ante el altar con unas palabras: “¡sorpresa!” Fue el mejor regalo de bodas que pudo hacer
a sus jóvenes amigos, y ante el reproche de ellos por haber acortado el viaje, se hicieron una foto
juntos y dijo: “¡merecía la pena volver antes para tener esta foto!”

A partir de julio de ese mismo año Popieuszko es sacerdote residente en la parroquia de San
Estanislao de Kostka, lo que significa en lenguaje común clerical polaco estar prácticamente en una
jubilación anticipada. Libre de toda responsabilidad de encargos parroquiales, con 32 años y sólo
ocho de sacerdocio podría sentirse fracasado. Pero no, paradójicamente será a partir de entonces
cuando más trabaje. Serán sus años más fecundos, los más costosos, los del más esfuerzo todavía.
La Providencia le tenía reservada una sorpresa: la capellanía de Solidaridad y las misas por la
Patria.

CAPELLÁN DE SOLIDARIDAD

En agosto de 1980 y siguiendo las pautas de los astilleros de Gdask, la Huta de Varsovia, es decir
la fábrica metalúrgica más grande del país, entra en huelga. Los obreros, trabajadores del pueblo
encerrados en la Huta, piden al Cardenal Wyszyski que les facilite un sacerdote para la celebración
de la Santa Misa dentro de la fábrica. ¡Paradojas de la vida! El proletariado se levanta contra los que
imponen la dictadura del proletariado. La clase obrera reclama sus derechos, su justicia, su salario,
su religión. El verdadero opio del pueblo es en realidad la mentira, la negación de Dios.
Solidaridad, el sindicato libre de los trabajadores polacos, se convierte en instrumento apto para
derribar el comunismo. Ahí empezó todo, ahí se resquebrajó el muro de Berlín. El primado manda a
su capellán para que solucione el asunto y a este solamente se le ocurre una cosa: ir a la parroquia
más cercana de la Huta, a San Estanislao de Kostka. Allí se encontró con Popieuszko que no lo
dudó un momento: “Yo voy y les celebro la Misa”. Puede ser casualidad, puede ser la acción de la
gracia. Quizá entonces no se daba cuenta que yendo a la Huta de Varsovia comenzaba para él una
nueva etapa de su vida, un nuevo trabajo pastoral que estaba muy lejos de la tranquila vida de un
cura enfermo residente junto a la parroquia de San Estanislao de Kostka.

“Aquel día y aquella Santa Misa -recordaría más tarde- no los olvidaré nunca. Iba con un cierto
nerviosismo. La situación era absolutamente novedosa. ¿Con qué me voy a encontrar? ¿Cómo me
van a recibir? ¿Dónde voy a celebrar? ¿Quién leerá las lecturas? Lo que ahora parecen ingenuas
preguntas era lo que entonces -camino hacia la fábrica- me inquietaba. Y ya junto a las puertas pude
experimentar mi primer asombro. Abigarradas hileras de obreros, sonrientes y llorosos al mismo
tiempo. Aplausos. Pensaba que alguien importante iba detrás mio, pero no, eran aplausos para
recibir al primer sacerdote que en la historia de esta fábrica cruzaba su umbral. Pensaba que son
aplausos para la Iglesia que durante estos treinta años con insistencia ha llamado a la puertas de esta
fábrica. Innecesarios eran mis temores. Todo estaba preparado: el altar en el centro de la plaza de la
fábrica y la cruz, la cual sería más tarde enclavada en la puerta de entrada y sigue allí hasta el día de
hoy, rodeada siempre de flores frescas, testigo de jornadas muy duras. ¡Hasta había un
confesionario portátil! También se encontraron lectores. ¡Había que escuchar esas voces recias!,
voces acostumbradas a pronunciar palabras no especialmente delicadas, y ahora con unción leían
los santos textos. Y después, miles de voces sonaban como un trueno: 'Gracias sean dadas a Dios'.
¡Y cantaban mejor que en las iglesias! Antes hubo la posibilidad de confesarse. Sentado en una silla
con la espaldas apoyadas en unos hierros, veía como los rudos jóvenes obreros con sus monos
manchados se arrodillaban en un asfalto desteñido por los lubrificantes y la herrumbre”.

Las imágenes de obreros haciendo cola para confesarse dieron la vuelta al mundo. Los
acontecimientos de agosto del 80 con la vida religiosa y la presencia de sacerdotes dentro de la
fábricas en huelga eran una novedad, una forma de compromiso social de la Iglesia en Polonia ante
la que no había ni instrucciones ni modelos de referencia. Más tarde en la segunda peregrinación a
su Patria, Juan Pablo II diría en Czstochowa el 18 de junio de 1983 que “el mundo se asombró
cuando los obreros polacos exigían sus derechos con el Evangelio en las manos y la oración en los
labios”. Solidaridad fue el fruto de una larga lucha de los obreros por reivindicar sus derechos. Las
protestas de los trabajadores en Pozna en el año 1956 y en Gdask en 1970 fueron acalladas con
las armas: hubo víctimas. En agosto de 1980 el alcance de las protestas era tan grande que el partido
se vio obligado a negociar. Del 21 de agosto al 17 de septiembre hubo encuentros en Gdask entre
los representantes de los obreros y jefes del partido comunista polaco. El 17 de septiembre se llegó
a un acuerdo, lo que pasó a la historia como los 'acuerdos de agosto', creándose NSZZ
“Solidarno ” -Niezaleny Samorzdny Zwizek Zawodowy "Solidarno "- es decir Independiente
y Autónoma Unión Sindical “Solidaridad”- figurando en el registro civil y teniendo al electricista
Lech Wasa como cabeza visible. A partir de entonces hasta el 13 de diciembre de 1981 con la
declaración del estado de guerra y la suspensión de todas las libertades, Solidaridad se convertía
desde la plataforma de un sindicato de trabajadores a un movimiento cívico de carácter social e
independiente con diez millones de afiliados.

A partir de entonces Jerzy Popie uszko se adentra en el mundo obrero. Celebra para ellos la Santa
Misa en la fábrica o en la vecina iglesia de San Estanislao. Se convierte en su capellán, capellán de
lo que sería poco después Solidaridad. Acude con frecuencia a la Huta Varsovia y de una manera
fácil -con la sencilla tan propia de él- trata y conoce a los trabajadores, hablando muchas horas con
ellos. Se da cuenta con su viva presencia de las duras condiciones en las que trabajan, participa
también en las conversaciones que dieron origen a Solidaridad. A cada uno les preguntaba: “¿Y tú
qué harías en esta situación, qué te parece, cómo ves el asunto, cuál es tu opinión?”. Sabía crear un
clima de comprensión, de unidad, de respeto a cada persona. De todos aprendía señalando que “a
veces me ayuda más lo que me dice un obrero que un profesor catedrático de universidad”. Para los
trabajadores de la Huta Popieuszko era “su gran amigo y guía espiritual”. La comisión de los
obreros le nombró miembro de honor del comité y capellán de la Huta Varsovia.

Suya fue la idea de diseñar un estandarte de Solidaridad. El primero lo hicieron los astilleros de
Gdask y la Huta Varsovia tuvo el segundo. El 25 de abril de 1981 Popieuszko preparó toda la
ceremonia de bendición del estandarte con Santa Misa en San Estanislao de Kostka invitando al
obispo Zbigniew Kraszewski. Uno de los padrinos de la ceremonia fue el famoso director de cine
Andrzej Wajda, años más tarde galardonado con un oscar a toda su producción, autor de la película
Katy como memoria a su padre fusilado en esos bosques rusos. Participaron unos dos mil obreros.
Popieuszko preparó los cánticos y poesías patrióticas invitando a conocidos actores para que
declamaran. Después se condujo el estandarte en coche abierto y procesión solemne hasta la Huta
Varsovia. Fue como un primer ensayo de lo que serían más tarde las misas de la patria. También
tuvo una importancia grande la misa que celebró en la Huta Varsovia el 14 de mayo, un día después
del atentado a Juan Pablo II, pidiendo por su salud.

Organizó excursiones para los trabajadores de la Huta en las cuales imponía una sola obligación: no
beber alcohol. Jerzy fue tozudamente intransigente con la plaga del alcoholismo. Como era su
costumbre mantenía un trato muy cercano. Les impartía sacramentos, bendecía los matrimonios,
bautizaba a los hijos. Uno de esos trabajadores, Jacek Lipiski, cuenta que poco antes de la
proclamación del estado de guerra hicieron una excursión a Gdask. “No sé exactamente decir
cómo, pero el caso es que nuestro capellán, Jerzy, nos empezó a hablar de su hermana pequeña
fallecida, de la tierra de donde procedía, de las dificultades por las que pasaban sus padres. Después
otro nos contaba su vida. Yo también. Cada uno tenía el derecho a decir lo que quisiera, a contar su
vida. Y los demás escuchábamos. Esa confidencia nos acercó muchísimo. Entonces descubrí que no
había barreras entre el sacerdote y el obrero. De esa manera nos tocaba los corazones y nos unía”.
También invitaba a especialistas de diferentes materias -literatura, historia, derecho, economía,
doctrina social de la Iglesia, etc.- para impartir informales clases que mejoraran la formación de las
personas de la Huta Varsovia. Le gustaba la idea de formar una universidad cristiana obrera, idea
que quiso poner en marcha antes de la guerra el joven sacerdote Stefan Wyszyski.

A finales de mayo de 1981 falleció el Cardenal Primado Stefan Wyszyski. El funeral se realizó en
la entonces llamada plaza de la Victoria y hoy de Pisudski, en el mismo lugar donde se instaló el
altar con la cruz en la primera misa papal el 2 de junio de 1979 y donde el 10 de abril del año 2010
se celebró el emocionante funeral por el Presidente Lech Kaczyski, su mujer Maria y las otras 94
personas -mucha de ellas figuras insignes-, fallecidas trágicamente en los bosques rusos de Katy.
Durante el entierro del Primado de Polonia, el 31 mayo, en algunas fotografías de grupos se ve a
Popieuszko bajo el estandarte de Solidaridad de la Huta Varsovia.

Un buen grupo de estudiantes de medicina de la Iglesia de Santa Ana sigue acudiendo a él ahora en
la parroquia de San Estanislao. Y continúa con las conferencias para ellos invitando a especialistas
de cada materia, profesores y catedráticos de la Universidad. En febrero del 81 estudiantes de
medicina hicieron huelga para reivindicar el registro de la Asociación Independiente de Estudiantes,
el gobierno se negó a aprobarlo. Los estudiantes se encerraron y allí con ellos -enviado por la
autoridad eclesiástica- estaba Popieuszko que les celebró la santa Misa y administró los
sacramentos. A la pastoral con los enfermos, se le unen los obreros y estudiantes, y también los
profesores de universidad y los actores que tendrán un protagonismo principal en las misas por la
Patria. Popieuszko continuaba el trato con las amistades, no las interrumpía a pesar de los traslados.

MATAR LA ESPERANZA: EL GOLPE DE ESTADO DEL 13 DE DICIEMBRE DE 1981

El 23f español fue un susto de un día, la heladora noche del 13d congeló por años las esperanzas
alegres de libertad de todo un país. El premio nobel Czesaw Miosz escribió entonces: “tremenda
responsabilidad la de quien mata la esperanza”. Tremenda responsabilidad la del General Jaruzelski
y sus secuaces que con la escusa -falsa o verdadera nunca se sabrá, pues para el sistema comunista
no había ni hay verdad ni mentira: todo depende del cristal con que se mira- de evitar la invasión de
los tanques rusos hizo de todas las libertades una carta vacía. Todas las asociaciones independientes
entran en la ilegalidad, se arrestan a los jefes de Solidaridad, se suprimen tantos deberes
fundamentales de los ciudadanos, se tortura, se mata: se proclama el toque de queda y el estado de
guerra. Los tanques salen a la calle. Los militares comunistas se hacen con todo el poder.

Entre los encarcelados se encuentran muchos conocidos de Popieuszko de Solidaridad y de la Huta


Varsovia. Él mismo comentara más tarde: “Sentí entonces que me necesitaban más que nunca, que
necesitaban mi oración y mis visitas en las cárceles y mi presencia en los juicios”. Les acompaña en
todo momento, especialmente cuando los obreros sean juzgados por sus acciones huelguistas. Se
sentaba junto a las familias de los injustamente procesados, intentaba estar siempre presente para
hacerles ver que no estaban solos. No deja de defender a los obreros acudiendo a los tribunales.
Roma Szczepkowska, mujer de uno de los actores polacos más conocidos en aquel entonces, en
esas instancias conoció a Popieuszko. “Se juzgaba a los trabajadores, a esa gentes maravillosas, y
les juzgaban gentes injustas. Se respiraba en aquellas sesiones judiciales algo asqueroso que todos
sentíamos. En un cierto momento el sacerdote Jerzy Popieuszko, sentado a mi lado, se levantó y
corriendo salió de la sala. Corrió tan deprisa que todos nos quedamos mirándole. Me llené de
inquietud. Salí después de él. Estaba en el pasillo, solo. Le pregunté: '¿Qué le pasa?'. Me contestó:
-'nada'. Y yo: '¿Se encuentra mal? -'No'. 'Le puedo ayudar en algo'. -'No, señora, quédese tranquila,
no me ocurre nada'. 'Puede entonces decirme por qué salió tan estrepitosamente de la sala' -'No
tengo la costumbre de confesarme ante personas laicas del sexo femenino'. 'Puede hacer una
excepción para tranquilizarme'. -'Puedo solamente decirle, señora, que me escapaba ante un ataque
de odio, huía ante ese sentimiento'”.

Popieuszko huía ante el odio pues quería servir, ayudar y hacer el bien, y para eso siempre tenía
buenas ideas. Fue suya la iniciativa de atender los soldados durante el estado de guerra en diciembre
del 81 que velaban junto a la iglesia. Él personalmente les llevó a los ateridos soldados
-representantes visibles del poder enemigo- unos bocadillos y té caliente, y algunos le pidieron allí
mismo la confesión. Como también las frecuentes conversaciones con sus 'protectores' debido al
episodio de la noche del 13 al 14 de diciembre de 1982. Por una de las ventanas de las estancias
Popieuszko, en la parroquia, unos desconocidos arrojaron por la ventana un ladrillo con un
detonador. La habitación se lleno de fuego y humo. A Popieuszko no le ocurrió nada pues dormía
justo al lado, los provocadores se equivocaron de ventana. Sin embargo el párroco mandó colocar
rejas en todas las ventanas y pidió a la Huta Varsovia turnos para proteger al capellán de
Solidaridad. Al principio hubo multitudes, luego disminuyó pero siempre estuvo protegido. Al
principio a Jerzy no le pareció bien pero después cambio de opinión. Le comentaba a uno de ellos:
“Sabes, al principio estaba en contra de los turnos de vigilancia. No quería que la gente se arriesgara
por mí ni quitarles tiempo a su descanso, pero vuestra insistencia me desarmó y ahora me siento
mucho mejor sabiendo que algún amigo esta siempre a mi alrededor”. Muchos de los obreros que
hicieron libremente esos turnos cambiaron su vida pues Popieuszko salía frecuentemente para
hablar con ellos, les invitaba a asistir a la santa Misa y les confesaba. De vez en cuando venía con
un regalo para la mujer. hubo conversiones y hasta a alguno de ellos se bautizó.

LAS MISAS POR LA PATRIA: UN RINCÓN DE LA POLONIA LIBRE

Comienzan al mismo tiempo-como una continuación de la defensa de los derechos de los


trabajadores- las misas por la Patria celebradas en la iglesia de San Estanislao de Kostka (en el
barrio de oliborz) y cuando la muchedumbre sobrepasa los millares (diez, veinte, treinta mil
personas) se celebra en la gran plaza ante la Iglesia. Desde finales del 1980 comienzan las misas por
la Patria, y continúan después del estado de guerra (13.XII.1981) hasta su muerte mártir, fueron
cerca de treinta misas. El sacerdote Jerzy se esmeró especialmente en la preparación de la homilías,
de tal manera que los servicios secretos pensaban que se las escribían otras personalidades, pero
todo salía de su pluma, eran obra suya, fruto de una especial dedicación. En esas misas, Popie uszko
preparaba muy bien toda la presentación artística: se citaban y cantaban elegidos fragmentos de los
mejores poetas polacos, a cargo de los más famosos actores nacional de aquel entonces. Se
respiraba en aquella Iglesia y en aquella plaza el aire de la libertad polaca, era un rincón de la
Polonia libre. El párroco Jan Sikorski, quizá uno de los sacerdotes más conocidos de la diócesis de
Varsovia en aquel entonces y hasta el día de hoy, comentaba su encuentro con Popieuszko: “cuando
escuché la noticia de las misas por la Patria en oliborz no quise participar, lo presentaban como un
mitting anticomunista y por ese motivo me resistía a ir. Me parecía que había allí algo que estaba
mal. Pero me decidí a ir y juzgarlo por mi mismo. Me acuerdo que fue en agosto de 1982. Me
convertí inmediatamente. Vi un auténtico clima de oración y de amor a la Patria: dos horas en una
Polonia libre. Me parecía que estaba como en otro mundo, y no en el horrible país de un estado de
guerra. Las misas por la Patria las percibí como un misterio religioso-patriótico. En nuestras
necesidades nos dirigimos a Dios: si estoy enfermo rezo para recobrar la salud, si nos falta la
libertad la pedimos. Tuve la sensación de estar ante un pequeño papa, y el convencimiento de que
esa plaza un día llevaría su nombre. Me convertí en un instante. La gente tenían un solo corazón, un
mismo pensamiento, una común sensibilidad. Allí se tocaba la verdad y me hice un gran propagador
de esas misas”.

A decir verdad Popieuszko no fue el iniciador de esas misas. La idea fue del párroco de San
Estanislao, Teofilo Bogucki, que encontró en Jerzy el instrumento providencial. El párroco Bogucki
justificaba la existencias de esas misas de este modo: “La Iglesia a través de sus obispos y
sacerdotes mantiene al pueblo junto a Dios, le da alientos, aviva su esperanza. Con este fin han
empezado las santas Misas por la Patria en nuestra iglesia en cada último domingo del mes, para
que juntos con el pueblo recemos por el bien de la Patria y la protección de Dios sobre la Nación. A
nadie le perjudica. Por el contrario no pocos encuentran en ellas el camino hacia Dios, muchos han
descubierto su lugar en la Nación. Calma los ímpetus de los corazones y alivia las tensiones.
Actuamos según el ejemplo del Santo Padre que continuamente reza por la Patria. Por eso no
podemos resignar a estas Misas por la Patria, como nadie puede prohibir esta Misas, si tiene en su
corazón el bien de la Iglesia y de la Patria”.

La predicación de Jerzy Popie uszko estaba traspasada por la esperanza y despertaba en el corazón
de los oyentes la seguridad de que al final el bien triunfa. “Vamos a poder, a pesar de todo, trabajar
para el bien de nuestra Patria y sentirnos en nuestra casa, pues la esperanza aún traicionada nunca
muere. Se nos da continuamente golpes, heridas que sangran sin cesar, pero no es una herida mortal
porque no se puede herir de muerte a quién está llamado a la inmortalidad. No se nos puede matar la
esperanza”. La esperanza en Dios era para Popieuszko la fuerza para vencer todas la dificultades.
Se puso de manifiesto en las misas por la Patria. Era muy consciente que la primera misión del
sacerdote era -junto con la predicación de la Palabra de Dios- la celebración de la Eucaristía, la
ofrenda del sacrificio para el bien del pueblo y la solución de todos los problemas. “La Santa Misa -
decía- es la mejor oración que el pueblo fiel dirige a Dios, Padre de los pueblos y las naciones.
Queremos que Dios esté presente en las difíciles y dolorosas cuestiones de nuestra Patria”. El
sacrificio eucarístico que constituye el centro de toda la vida sacerdotal fue para Jerzy Popieuszko
el centro y el punto neurálgico de su personal compromiso con Dios y con la defensa de las
libertades. Era un sacerdote especialmente sensible a los sufrimientos y las injusticias del pueblo,
sufría con él y sentía vivamente los lazos de fraternidad, así rezaba: “nuestro sufrimientos, nuestras
dificultades y dolores, a través de la oración que hoy te dirigimos, o buen Dios, trasformarlos en la
necesaria gracia para que sepamos siempre en nuestra vida comportarnos como verdaderos
cristianos”.
Toda la predicación de Popieuszko -los principios fundamentales de la vida social a la luz de la
ética cristiana- surgía de su misión en la Iglesia y su compromiso -absolutamente personal y libre,
nadie le obligaba a ello- por la realización del bien común en su Patria. La esencia de ese bien
común la veía sobre todo en el respeto a los principios morales de la vida social. “Fuerte es un
pueblo -enseñaba- cuando su vida y su Patria la construye sobre el fundamento de la Verdad, la
Justicia y la Solidaridad de los corazones y de los pensamientos, en unión orante con la fuente de
esos valores: el Padre de los Pueblos y Naciones, el Dios eterno”. Sus palabras durante las Santas
Misas en intención de la Patria eran un servicio dirigido a todas las personas -con independencia de
sus opiniones o su visión del mundo- que tenían una conciencia del significado del bien común para
el bien de la Patria. Se dirigía en primer lugar a los creyentes, pues “Jesucristo, a los que han hecho
alianza con Él por el sacramento del bautismo, les ha impuesto la obligación de construir el Reino
fundamentado en esos principios”. A los no creyentes les hacía ver que la plenitud de vida humana
contiene en sí no solamente bienes materiales sino también espirituales, y sólo Dios es garantía de
esos bienes, como también del deseo de felicidad que anhela todo hombre. “El hombre que trabaja
arduamente pero sin Dios, sin oración, sin ideales, será como un pájaro con una sola ala que se
arrastra por la tierra. No puede levantarse a lo alto, ni observar las grandes posibilidades, el gran
sentido de nuestro ser en el mundo. Será un pájaro herido dando vueltas sobre sí mismo”. Por eso
Popieuszko luchó incansablemente para oponerse a la ateización ideológica procedente del partido
dominante, ideología “que no tiene nada en común con los mil años de tradición cristiana de nuestra
nación”, pues “la lucha contra la Iglesia les es necesaria para luchar contra la nación”.

La dignidad de la persona humana, según la doctrina social de la Iglesia, tiene que ser el
fundamento del primado del hombre en la vida pública. La violación de esta dignidad por la falta de
respeto a los derechos fundamentales de la persona humana es también una violación del derecho
de Dios, es la fuente de todos los conflictos y de la falta de paz social. “Donde no se respetan los
derechos humanos -decía Popieuszko- a la verdad, a la libertad, a la justicia, allí no puede haber
paz. Hay que asegurar en primer lugar los fundamentales derechos a las personas y después
empezar juntos a construir la paz. Recordemos esto: para mantener la fe y la dignidad se puede
entregar hasta la libertad, pero para mantener la libertad no podemos entregar la verdad ni la
dignidad de los hijos de Dios”.

Para entender todo el contenido de las Misas por la Patria se debe recordar que todo estaba como
transfigurado, en un clima de paz, por la llamada a la concordia. Los cánticos, la poesía, las palabras
de bienvenida y de despedida, la oración de los fieles. Vamos a dar algunos ejemplos. En la oración
de los fieles de agosto de 1982 -en pleno estado de guerra- se rezaba de esta manera:
-para que en la Patria reine la justicia y la paz (roguemos al Señor)
-para que adquieran la libertad todos los injustamente condenados, arrestados y encarcelados
-para que las familias de los condenados, arrestados, encarcelados y de los que se ocultan reciban
continuamente un trato amable y ayuda de sus prójimos
-para que nadie se vea obligado a abandonar su propio país
-para que a los actores encuentren fuerza de espíritu para guardar la dignidad personal y profesional
-para que a los que les ha sido arrebatada la vida en este tiempo de estado de guerra encuentren un
lugar especial en el Reino de los Cielos
-para que entiendan su maldad todos los que ciegamente realizan ordenes que humillan la dignidad
humana
-para que los que tiene poder entiendan que gobernar es servir en espíritu de caridad y justicia
-para que en las escuelas, en los diarios, en la radio y televisión se transmita toda la verdad
-para que Lech Wa sa y otros jefes de Solidaridad puedan obtengan la libertad y sigan con las
obligaciones que les ha confiado la sociedad
-para que construyamos la solidaridad en nuestro ambiente, y de este modo adelantemos el tiempo
último de la victoria de Solidaridad en nuestra Patria.

Como se ve las peticiones son concretas, fuertes, con un contenido actual respecto a las
circunstancias y condiciones del ese tiempo. Es quizá algo que se debe tener en cuenta: lo que hizo
Popieuszko y lo que dijo hay que enmarcarlo en la situación religiosa, social y política de su
momento, de otra manera -fuera de contexto- no se entendería prácticamente nada. El testimonio
escrito de muchos autores es unánime en afirmar cómo las Misas por la Patria ayudaban a encontrar
a Dios, a entender mejor el cristianismo, enseñaba el valor de la oración, les formaba en espíritu de
reconciliación y perdón, fortalecía la fe y les unía entre sí. Despertaba la esperanza en la cruz,
símbolo de sufrimiento y de victoria. La esfera religiosa se unía inseparablemente con la esfera
patriótica y así era percibido por los participantes. Muchos que eran indiferentes respecto a la
religión, gracias a este ámbito patriótico se acercaban al cristianismo, se decidían a volver a la
Iglesia, garante de los verdaderos derechos de la persona, amante de la libertad del hombre.

Popieuszko elegía los versos que artistas y actores profesionales recitaban. Los textos pertenecían
sobre todo a los poetas románticos del XIX -Sowacki, Mickiewicz, Krasiski,- pero también a los
contemporáneos: Miosz, Herber . En enero de 1983 eligió la poesía 'oración' de Krasiski:

...En otros tiempos María, ¡o Czstochowa santa!,


los reyes rogaron por su nación polaca.
En otros tiempos la Polonia, todavía grande y entera,
antes de su muerte elegirte quiso como Reina.
La Nación que en otros tiempos te sirvió armada,
en cristiana lucha contra paganos pueblos.
¡ O Princesa de Lituania y Reina de Polonia aunada!
Ten misericordia de nosotros.
Sufrimiento, anhelo, lágrimas, pesadumbre y miedo y dolor
Todo esto lo ves, ¡o Señora!, de ello está lleno este mundo atroz
y el corazón se resiente y el corazón se hiere
en los cementerios de los camposantos de la vida.
Tú sabes por qué las almas mueren perdidas.
¡Envía una luz radiante del mejor cielo
a los corazones y pueblos muertos en ruinas
Tú que reinas en el más alto firmamento!
Ten misericordia de nosotros.

Al empezar la santa misa, como es habitual, se hacía una introducción que daba la pauta de clave de
oración en esa santa Misa. En enero del 83 estas fueron sus palabras: “El arzobispo Antoni
Fijakowski, en el lecho de muerte en el otoño de 1961, dijo estas palabras: 'manteneos siempre
junto a la nación. Procurad como pastores del pueblo defender los asuntos propios de la Patria y no
os olvidéis nunca que sois polacos'. La oración común por la Patria y por aquellos que sufren por
ella lo hacemos según el testamento de ese gran pastor de Varsovia, que se marchó a la casa del
Padre en los difíciles momentos que preludiaban el 'levantamiento de enero', cuyo 120 aniversario
celebramos en esto días. Queremos que esta Misa solemne por la Patria mantenga en nosotros el
espíritu de amor por la Patria, fortalezca nuestra esperanza y aumente la solicitud por el bien de
nuestra casa común. Que esta santa Misa nos ayude a sacar del tesoro de nuestro corazón lo más
valioso: toda clase de abundancia de bienes para vencer el mal”.

El Magisterio de Juan Pablo II estaba especialmente presente en esas misas. También había una
constante referencia al Primado Wyszyski. En esas misas Popieuszko recordaba -sin ambages-
verdades de la historia reciente, como en estas palabras de la homilía de noviembre del 83: “Hace
ya un tiempo que el Primado de Polonia de santa memoria, Cardenal Stefan Wyszyski, pasó varios
años en la cárcel por defender los derechos fundamentales de la persona humana. Este gran hombre
de estado procuró -frecuentemente en dura oposición- cumplir el principio evangélico de dar al
César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Pero no pudo callarse más cuando el césar
quería apropiarse de lo que es de Dios: de la conciencia y el alma humana. Cuando se llenó el
amargo cáliz, las gentes protestaron, una justa protesta (...). En el año 1956 -en Poznan- los
trabajadores gritaron: 'Nosotros queremos pan, libertad y religión'. Y por esas reivindicaciones les
dispararon. Se derramó fraternal sangre inocente. Quedaron familias huérfanas, hubo detenciones,
torturas, cárcel (...). Sin embargo los sufrimientos de la Nación no quedaron sin fruto.
Confraternizados por la sangre y el dolor crecían nuevas gentes, personas enriquecidas con la
experiencia de los años pasados. En agosto del año 1980 se manifestó la madurez de las gentes con
la tarea conjunta de construir la Nación en el fundamento del amor. Solidaridad mostró que la
Nación unida en Dios y en fraternidad es capaz de realizar grandes cosas. ¡Qué nadie diga que
Solidaridad ha sido derrotada! ¡Solidaridad va a vencer! Va despacio pero aumenta cada vez más su
fuerza. Quizá sea necesario que todavía sufra más, para que se fortalezca como el oro en el crisol.
Pero agosto de 1980 nos ha mostrado el camino adecuado para la gente de la nueva generación, para
los que viven del amor a la verdad, con audacia lúcida y caridad fraterna”.

Jerzy Popieuszko es uno de los grande oradores polaco pues hablaba de los que tenía dentro. Se
confirma la verdad de la sabida sentencia: 'dádme un hombre con pasión y haré de él un gran
orador'. Jerzy se esforzó, y no poco para mejorar la calidad de sus textos, la dicción de sus palabras.
Quedaba con su amigo que le llevaba veinte años, el profesor Klemens Szaniawski, un intelectual
profundo buscador de la verdad que se jugó el rectorado de la Universidad de Varsovia por la
amistad con Popieuszko, para que le corriera el estilo. Después imprimía sus textos y los repartía
entre las decenas miles de fieles congregados para las misas de la Patria. Popieuszko mejoró
muchísimo su predicación a base de esfuerzo y pasión. Supo elegir muy bien los textos de Juan
Pablo II y del Cardenal Wyszyski. El valor de sus palabras y de su testimonio está en directa
relación con el momento en el que fueron dichas: hacía falta mucho valor, fortaleza y amor a la
verdad para decir lo que decía Popieuszko en tiempos de dura represión comunista y estado de
guerra con la anulación de las libertades. Se jugaba la vida en sus homilías y lo sabía. Se jugó la
vida por la Verdad y ganó la partida.

El principal ataque contra Popieuszko, contra su predicación, era según la opinión de los
gobernantes que abusaba de la libertad religiosa para obtener fines políticos, se aprovecha de los
ritos religiosos y levantaba la sociedad contra las autoridades civiles. Pero Popieuszko no hacía
política, quería solamente -y no es poco- convertir las personas a Dios, decía: “para mí, como
sacerdote, es muy importante que no haga política pues no es esa mi misión. La realidad de que no
estoy comprometido con la política queda confirmada por los hechos, esos hechos son las
conversiones. Personas que después de 40 o 50 años tienen la valentía de acercarse a mí y pedirme
que les reconcilie con Dios, se confiesan y reciben la sagrada Comunión. Es una experiencia
conmovedora para mi vida sacerdotal y también para esas personas. No se atreverían ir a otro. En
realidad no es esta la única forma de conversión. Muchas veces el proceso de conversión, de vuelta
a Dios y a la Iglesia o simplemente el encuentro con Dios, comienza por una actitud sinceramente
patriótica: Dios encuentra diferentes caminos para la conversión. Viene un joven estudiante y me
dice que la primera vez que asistió a esas Misas se sintió como en un teatro; la segunda vez se dio
cuenta que estaba junto a unos hombres -en comunidad- que sentían lo mismo que él; en el tercer
encuentro, en la iglesia junto con una muchedumbre que me esperaba al día siguiente por la
mañana, el joven me abraza llorando y me dice: “Padre: he estado rezando toda la noche, con la
cabeza apoyada en mis manos y toda la noche rezando, no sé lo que me pasa”. Después de dos
meses se me acerca de nuevo y me dice que ha estado en el Santuario de Jasna Góra, y allí se ha
confesado y comulgado. Se siente como un recién nacido. Estos son los hechos que se repiten
incesantemente”.

EL ENTIERRO DE GREGORIO PRZEMYK

La proclamación de las ideas más bellas y justas no nos libra del compromiso de la defensa de los
más débiles, de los que sufren. Popieuszko anunciaba, con la fuerza del profeta que vive lo que
enseña, el sentido cristiano del sufrimiento y denunciaba las injusticias sufridas sobre todo durante
el estado de guerra. “No podemos olvidarnos -decía- de la muerte inocente de los mineros de la
mina 'Wujek', ni de la de nuestros hermanos en Lubin, ni de los de Nowa Huta y en otros lugares.
No podemos olvidarnos de crimen atroz del asesinato de Gregorio Przemyk, ni de los campos de
arrestados dispersados por toda la tierra polaca, ni de aquellos que ya por largos meses viven lejos
de sus familias por no querer trasgredir su conciencia. O de aquellos que han sido injustamente
expulsados del trabajo y sufren con su familia indigencia material. O de los jóvenes a los que se les
ha impuesto la obligación de descolgar los crucifijos de las paredes de las escuelas. O de los
maestros -despedidos de su trabajo- por querer transmitir a la juventud los saludables principios del
patriotismo. O del aprovechamiento de los medios de comunicación preparando mentiras injuriosas
transmitidas por quienes gozan de respeto en la sociedad. O de la humillación de la dignidad
humana en las colas ante las tiendas con carta de racionamiento. O de aquellos que denuncian por
dinero...”. Aclaremos ahora un poco al lector el caso del joven estudiante Gregorio Przemyk.

El dos de mayo de 1983 una patrulla de la policía detuvo a Gregorio Przemyk en la plaza del
Castillo en Varsovia. Tenía 19 años y en esos días estaba dando el examen de la madurez. Era hijo
de Barbara Sadowska, famosa poeta, opuesta al sistema y participante en las misas de la Patria.
Bajo el pretexto de que se portaba incivilizadamente -según la declaración iba descalzo- se le
condujo a la comisaria cercana de la calle de los Jesuitas. Allí ante los ojos de su amigo -también
arrestado junto a él- se le golpeó fuertemente y de manera profesional por uno de los policías. Otro
de los funcionarios dio la instrucción de que le golpearan de tal manera que no dejaran huellas. El
joven murió dos días después en el hospital, sus órganos internos habían sido machacados. Después
de que saliera a voz pública el atroz asesinato, el gobierno -con el general Kiszczak a la cabeza-
hizo todo lo que pudo para entorpecer el proceso. Se acusó de manera cínicamente mentirosa al
personal sanitario como causantes de los daños. Ya en la Polonia libre fueron levantadas esas
acusaciones pero no se ha podido hasta el día de hoy procesar a los culpables.

Polonia se conmovió ante el asesinato de este joven estudiante. Era una muestra más de la sin razón
violenta, mentirosa y cínica del sistema comunista y de los hombres que a él se acogían. Para
Popieuszko fue también un golpe tremendo, por el trato personal y por las circunstancias de ese
asesinato. El 19 de mayo fue la misa funeral en la iglesia de san Estanislao de Kostka y el entierro.
Popieuszko fue el organizador de todo. Miles, decenas de miles de personas acompañaron al féretro
por las calles de Varsovia desde la parroquia hasta el cementerio de Powzkowski en un silencio
absoluto según el querer de Popie uszko: ante toda provocación hay que contestar con silencio y
oración. Antes del entierro las autoridades civiles estaban muy nerviosas, el jefe comunista de la
ciudad de Varsovia (autoridad que ahora se llama presidente de la ciudad) quiso hablar por teléfono
con el organizador del entierro de Popieuszko, así se expresó literalmente y no una vez sino varias
'el entierro de Popieuszko', a lo que el mismo interlocutor le respondió: “Señor presidente, el
sacerdote Popie uszko todavía vive. Usted señor presidente al entierro de Gregorio Przemyk llama
mi entierro, pues yo soy el organizador”. Ese error fatal da sin embargo las claves de interpretación
de algo que ocurriría año y medio más tarde. Existe gran parecido entre lo que le ocurrió al joven
Gregorio y a Jerzy: dos vidas cristianas llenas de juventud y esperanza, apaleados a muerte por
funcionarios del estado. Hubo dos clamoroso entierros con una multitud silenciosa orante y dos
procesos que fueron una gran farsa. En los dos las más altas autoridades están al candelero, el
sistema es culpable: sí, pero el sistema no se hace realidad sin hombres que han vendido su
humanidad al diablo.

UNA NOCHE EN LA CÁRCEL

El jueves 16 de junio de 1983 Juan Pablo II aterrizaba en Varsovia para emprender su segundo viaje
apostólico en Polonia. “Besar la tierra patria -decía- es como besar las manos de una madre
especial, que ha sufrido mucho y todavía sufre, por eso se merece un particular amor (...) No puedo
visitar a todos los enfermos, encarcelados y a todos los que sufren, pero les pido que se unan
conmigo espiritualmente”. El papa hizo continuas referencias a Solidaridad, el sindicato que él
mismo había bendecido y que ahora estaba deslegalizado. Las multitudes le seguían. Después de la
visita papal Popieuszko escribió que “había sido un maravilloso plebiscito nacional-religioso-
patriótico, que me ha fortalecido en mi trabajo y en la nobleza de su fin”. Pero a pesar de esta
segunda peregrinación de Juan Pablo II a su patria la política no cambió su rumbo. Popie uszko
estaba continuamente vigilado y allí donde se dirigiera iban tras de él.

En ese mismo tiempo el influyente miembro de la secretaría del comité central del partido
comunista soviético, Leonid Zamiatin, visitó Varsovia. Apareció también en la televisión de Moscú
en donde habló del peligro que representaba la Iglesia en Polonia. Decía que “la Iglesia apoya la
contrarevolución de agosto de 1980. Además desde la visita del papa en junio del 83 elementos
agresivos en la Iglesia buscan el modo de luchar contra el estado socialista. Los ateos
anticomunistas van a las iglesias, pues en ellas encuentra la oposición de Solidaridad su refugio. No
hay que olvidarse que el fin de la Iglesia es el poder material y político”. Zamiatin apelaba a sus
camaradas comunistas polacos para que adoptaran medidas concretas, que acabasen con esa peligra
situación amenazadora del sistema socialista.

Popieuszko ya había empezado a viajar a otras ciudades con su predicación ambulante, cosa que
desagradaba especialmente a las autoridades civiles. El 30 de agosto partió en coche a Gdynia. Le
habían invitado para predicar en esa ciudad por insistencia de Anna Walentynowicz. Esta
trabajadora, fallecida a los 89 años de modo simbólicamente dramático en el famoso accidente del
10 de abril del 2010 en Smolesk junto a los bosques de Katy, era entonces -junto con Wasa- la
figura más conocida de Solidaridad, de hecho las huelgas de agosto de 1980 en los astilleros de
Gdask empezaron cuando se expulsó a una trabajadora soldadora que reclamaba abiertamente sus
derechos y esa mujer era Anna Walentynowicz. Así pues en el viaje a Gdynia -Gdask, Gdynia y
Sopot constituyen tres ciudades en una, con más de un millón de personas- le acompañaban el
sacerdote amigo Bogdan Liniewski y el chófer Waldemar Chrostowski, que desde hacía un tiempo
conducía habitualmente el coche. Popieuszko había escrito de él :”me ayuda mucho y me
defiende”. A 20 kilómetros de Varsovia, en omianki, les detuvo la policía, concretamente tres
coches de policía y dos coches del Servicio de Seguridad. Les retuvieron ocho horas. Al chofer se lo
llevaron y estuvo cincuenta horas detenido. Como todos los papeles y también su coche estaba en
regla les dejaron marchar, pero ya había pasado la hora de la santa Misa en Gdynia y volvieron
-conduciendo Popie uszko- a Varsovia.

Los agentes del servicios de seguridad del Estado le denuncian antes los jueces. Según el artículo
194 del código penal se debe condenar la actividad de Popieuszko por abusar de la libertad de
religión y de conciencia con sus manifestaciones antiestatales y anticomunistas, no sólo en
Varsovia, sino también en Gdask, Czstochowa y otras ciudades. Se le envían cartas para que se
presente a los jueces. Popie uszko escribe lo que paso el viernes 2 de diciembre del 1983. “En la
Santa Misa de la 7.00 vi en la iglesia a un grupo de hombres que se comportaban extrañamente.
Después se confirmó que se trataba de agentes del servicio de seguridad SB (Suba
Bezpieczestwa) y de la fiscalía. Tuve suerte pues pasé junto a ellos y no se dieron cuenta, en ese
momento todas las puertas estaban ya controladas. Entré en la casa parroquial y al cabo de un rato
empezaron a llamar insistentemente. Había unas 12 personas alrededor de la iglesia, también un
coche patrulla de la policía para llevar a los arrestados y dos coches del SB. Tenían en mano la
orden de llevarme inmediatamente ante el fiscal. El prelado párroco Bogucki en la santa Misa de las
9.00 dijo a los fieles que personas extrañas que dicen venir de la fiscalía general preguntan por el
sacerdote Jerzy: “recemos para que Dios les cambie su corazón” y entonó un canto. Después de la
misa la gente se reunió en torno a la casa parroquial rezando el rosario, llamé al canciller de la Curia
y me dijo que no saliera de casa. El prelado párroco no quiso recibir la orden del fiscal pues dijo
que yo no estaba bajo su autoridad sino bajo la del obispo. Se fueron a la Curia, el canciller les
remitió al obispo Mizio ek. Este les hizo ver que la llamada era para las 9.00 y eran ya las 12.00, así
que el papel perdía su actualidad. Junto a la casa parroquial había ya un buen grupo de trabajadores.
Todavía dos veces más intentaron entregar la carta, a las 15.00 y a las 18.00 con el cartero pero los
obreros no les dejaron pasar. Toda la noche del viernes al sábado y del sábado al domingo, los
trabajadores hicieron guardia ante la casa parroquial. ¡Qué bien se han portado! A la 1.00 de la
noche les trajeron te caliente ante la iglesia. He recibido una multitud de señales de simpatía a
través de cartas, flores, dulces”.

Pero ya se sabe que el enemigo no descansa. Una semana más tarde el ministro de asuntos
confesionales aseguraba al arzobispo Bronisaw Dbrowski, secretario de la conferencia episcopal y
encargado de las relaciones con el estado, que si Popieuszko se presentaba en la fiscalía, podría
volver después de las dos horas de interrogatorio. Así comentaba Popieuszko este hecho: “el
arzobispo, a través del Canciller, me ha entregado la carta de la fiscalía para que me presente el 12
de diciembre. Parece ser que el arzobispo se ha olvidado que no podemos pactar con el diablo”.

Popieuszo se presentó puntual a las nueve de la mañana del 12 de diciembre de 1983. La sustituta
del fiscal le interrogó presentando grabaciones audiovisuales como prueba de acusación.
Popieuszko negó las acusaciones. El interrogatorio duró unas dos horas, después le hicieron esperar
hasta las 13.00 para comunicarle que iban a ir -junto con él- a revisar su piso privado. Popieuszko
fue tranquilamente pues sabía que no poseía ningún material que le pudiera comprometer. Pero al
llegar al piso le encontraron una cantidad enorme de propaganda ilegal antisocialista, munición,
detonadores, dinamita, gas lacrimógeno, etc. Popie uszko comentaría más tarde: “El Señor me dio
fuerza. No perdí la paz. Me empecé a reír y dije: 'Señores, han exagerado'. Al protocolo del oficial
añadí la anotación: 'Quisiera recalcar que uno de los oficiales que hizo la revisión, al entrar en el
piso se dirigió inmediatamente al lugar en donde se encontraba el material que me compromete,
como si él supiese ya de antemano donde se encontraba'. Los tres otros oficiales examinaban
atentamente el material encontrado. Se veía que uno solamente era del servicio de seguridad.
Después me enteré que desde varios meses antes un SB, periodista de la televisión, vivía en el piso
de al lado. Todo lo debió de preparar él, no veo otra solución. Además la televisión se presentó
inmediatamente filmando todo con detalle”.

Popieuszko fue inmediatamente arrestado y conducido a la cárcel Mostowski. Allí le ordenaron


desnudarse totalmente para la revisión, que la hizo un joven policía de veinte años, no muy contento
de encontrarse en esa situación repetía como para sí mismo -'a mí me ha tenido que tocar'-. Después
de la humillación le encerraron en una celda en donde había otros cinco hombres. Como escribiría
más tarde en su agenda, uno estaba acusado de matar a su mujer y echarla al río Vistula. Otro de
colaboración en un asesinato en otra ciudad, un tercero -maquinista ferroviario- de provocar un
accidente en donde fallecieron cuatro personas. El cuarto estaba acusado de defraudar y el quinto
era un agente infiltrado. Popieuszko, como siempre, se mostró abierto y sacerdote en todo. Por eso
en medio de la noche y ya dormido -a pesar de las ratas- uno de los encarcelados le despertó pues
quería hablar con él. Popieuszko le dedicó todo el tiempo que quiso y al final se confesó.

Al día siguiente le leyeron todas las acusaciones que se le hacían, advirtiéndole que con las pruebas
encontradas en su domicilio privado, según el derecho penal se le podrían dictar penas de hasta 21
años de cárcel. Se le hizo ver el peligro que corría sino cambiaba de actitud, al mismo tiempo se le
obligaba a presentarse en esa comisaria en un breve periodo de tiempo. A las 21. 45 se le dejó en
libertad. Le llevaron a la iglesia de San Estanislao de Kostka en donde le recibió una muchedumbre
con las luces encendidas en forma de cruz y con la letra V, signo de victoria y de Solidaridad.
Popieuszko anotaría en su diario: “Junto a la ventana estaba el Prelado párroco que me saludó con
lágrimas en los ojos. Mi habitación me la encontré llena de flores”.
BAJO LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA

Si doloroso fue para Popieuszko verse enmarañado con las fuerzas de seguridad del estado, todavía
más doloroso sería el encuentro con el Cardenal Primado Glemp, que tendría lugar al día siguiente,
el 14 de diciembre de 1983. Parece ser que el primado estaba bastante nervioso y Jerzy se presentó
con la sonrisa en los labios. Glemp le reprimió por no hacer nada en su capellanía de enfermos y sin
embargo buscar un protagonismo y la propia fama en la defensa de los obreros. Popieuszko con
lágrimas en los ojos -le habían especialmente dolido esas palabras- le dijo que en su trabajo
apostólico había siempre actuado con el conocimiento y la aprobación del párroco y de la autoridad
eclesiástica. Parece que el cardenal adoptó un tono más paternalista y consolándole le aconsejó que
escribiera al obispo auxiliar Mizio ka y al canciller de la curia exponiendo su punto de vista.

Ese mismo día escribió la carta recomendada. “El día 14 de diciembre del corriente año Su
Eminencia el Cardenal primado, en conversación particular, me dijo que no había hecho nada por la
labor pastoral sanitaria y que debería pedir un cambio de trabajo. También afirmó que en el entorno
obrero buscaba solamente mi propia fama y gloria. Ahora quiero manifestar por escrito lo que me
dicta mi conciencia y mi corazón. La toma de decisiones la dejo humildemente en manos de la
autoridad eclesiástica (...). En el ambiente obrero me encontré por personal petición del Cardenal
Primado de santa memoria en agosto de 1980. He servido a los trabajadores como capellán en los
días de triunfo y he permanecido con ellos en los días de la tribulación. He trabajado en ese entorno
con el costo de mi propio tiempo y descanso, no con el costo de la capellanía de enfermos. A la
gente nunca la he unido conmigo, sino con Dios y con la Iglesia. Cómo es mi trabajo con los
obreros lo sabe muy bien Dios Todopoderoso y la gente que he acercado a El, a los que he
fortalecido en la esperanza y he limpiado del odio”.

En esa carta Popieuszko defiende claramente de su modo de actuar. No hay ningún tipo de perdón
ni de reconocimiento de culpabilidad. Su encuentro con el Cardenal lo recogió personalmente en su
diario: “Entramos en la habitación. Lo que escuché sobrepasó los peores presagios. Ciertamente el
Primado estaba nervioso, pues se ve que le había costado mucho escribir la carta a Jaruzelski para
pedirle mi libertad. Pero sus acusaciones me dejaron absolutamente aturdido. Hasta la SB en el
interrogatorio me trató mejor. Esto no es una acusación. Es un sufrimiento, que lo considero gracia
de Dios para purificarme mejor, para mayores frutos de mi trabajo. No quiero entrar en explicar
detalles. Lo que más me dolió es la acusación de que descuido la pastoral del servicio sanitario, al
cual me he entregado en cuerpo y alma desde hace cinco años. En relación con todo ello he escrito
una carta a mis superiores -el obispo Mizio ka y al canciller Król- los cuales conocen perfectamente
mi trabajo. ¡Dios mío! ¡Qué cosas me haces pasar, pero cuánta fuerza me das y también cuánta
humana cordialidad!”.

Las autoridades comunistas se dieron cuenta de la diferencia de perspectivas entre el Cardenal


Glemp y Popieuszko e hicieron todo lo posible por mantener el aparente conflicto. El primado diría
más tarde -después de su martirio- que comparar su trato con Popieuszko con la SB es ofensiva.
“Es una profunda mentira e injusta. Ciertamente fue una dura conversación del obispo con su
sacerdote para corregirle. Le dije: 'No te hagas el héroe. Confesores que se entregan a la gente
tenemos muchos'. Popieuszko siempre se dirigió hacía mi con respeto, era fiel y humilde, muy
educado en las formas. A pesar de lo escrito por Popieuszko nuestra fuerte conversación fue como
la que tiene un padre con su hijo. Teníamos presiones de todos lados para hacer callar a
Popieuszko, sobre todo el arzobispo Dbrowski”.

Para entender las relaciones entre Glemp y Popieuszko es necesario tener en cuenta algunos
aspectos. Por ejemplo la tensión que siempre existe entre jerarquía y carisma, entre la actitud del
Primado que quería llevar a la Iglesia evitando todo tipo de conflictos con un lucha callada en
retaguardia y la de quién se encuentra en primera linea de fuego. No es casualidad que muchos
santos hayan tenido problemas con la autoridad eclesiástica. Jerzy a pesar de las diferencias de
perspectiva nunca criticó a su obispo, siempre fue obediente. Glemp consideraba Solidaridad como
un campo de reivindicación de derechos políticos, Popieuszko consideraba Solidaridad por encima
de toda política, era una defensa del evangelio y de los derechos del hombre. Muchos sacerdotes de
la diócesis de Varsovia, con su arzobispo Glemp a la cabeza, se distanciaban de la actitud de
Popieuszko. Su muerte de martirio les convenció de la justicia y la razón de su actitud. Diría el
Primado: “Sí, ciertamente derramó lágrimas pero no tenía miedo, y nosotros -todos los demás-
absolutamente temerosos. En esto consiste su heroísmo. Con un sentido positivo luchó por los
derechos de la Iglesia. Lo que nosotros decíamos de una manera tímida y metafóricamente, él lo
decía de modo directo”.

El 18 de diciembre de 1983 en su iglesia Popieuszko leyó el siguiente comunicado: “En relación


con los acontecimientos acaecidos a mi persona en los últimos días y la información dada en los
medios públicos de comunicación, en lo que se refiere al registro realizado en mi vivienda, sin tener
otra posibilidad para aclarar la verdad, me siento en la obligación de informar a los fieles que: tengo
solamente una pequeña vivienda ofrecida por mi tía hace cinco años, lo cual es conocido por la
autoridad eclesiástica. En esta vivienda se han encontrado objetos cuya procedencia me es
absolutamente desconocida, y querer relacionarlos con mi actual y conocida acción pastoral es algo
absurdo. Lo considero una provocación”.

1984: UNA SESIÓN DE ODIO

Tuve la suerte de leer la novela de George Orwell '1984' justamente en ese mismo año. Ningún
polaco gozaba entonces de esa oportunidad por ser una publicación totalmente prohibida. Leyendo
ese texto bajo el punto de vista de la Polonia de 1984, con el criterio hermenéutico y la perspectiva
de la vida de Popie uszko, testigo de la verdad y mártir, la lectura de ese libro es espeluznante. En la
novela El Gran Hermano -el dictador comunista- organiza una 'sesión de odio' contra su más grande
enemigo. El sistema comunista polaco organizó de manos de sus gobernantes y del portavoz del
gobierno toda una auténtica y literal 'sesión de odio'. El sacerdote Popieuszko, como todos los
sacerdotes, tenía su ficha en los servicios de seguridad. A partir de 1980 empieza a ser vigilado,
haciéndose cada vez más manifiesta y violenta la persecución. Los días 12, 16, 26 y 31 de enero de
1984 tuvo que presentarse para los interrogatorios. A Popieuszko le fallan las fuerzas y se va a
descansar uno días a Zakopane, allí escribiría: “Me noto mucho mejor, sobre todo espiritualmente.
La mejora se debe al mucho tiempo que he dedicado a la oración, ciertamente me encuentro como
fortalecido por dentro”.

Vuelve -nunca las había interrumpido- a sus misas por la Patria. El 29 de enero Popieuszko
hablaría en la homilía de la necesidad de guardar la dignidad humana en cualquier situación de la
vida, de mantener la verdad sin mirar el precio que por ella haya que pagar, pues la mentira destruye
al hombre y su dignidad de hijo de Dios. Así empezaba la homilía: “'Tanto amó Dios al mundo que
le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida
eterna'. Tanto amó Dios al hombre que lo hizo su propio hijo y lo elevó a la condición de hijo de
Dios. ¿Somos verdaderamente conscientes de la gran distinción que supone la filiación divina?
¿Nos damos cuenta de la gran dignidad que hemos recibido de Dios? Pero la libertad no solamente
nos es dada por Dios, sino que también es para nosotros una tarea, lo mismo que la dignidad de ser
hombre: don y tarea. Nos es dada para toda la vida y de nosotros depende que este gran don de la
dignidad de hijos de Dios dé frutos hasta el final de nuestra vida. Dios nunca deja de ser un Padre
para sus hijos, aunque tantos le vuelvan las espaldas. Por eso cada hombre tiene su oportunidad. Tú
también, aunque hablando humanamente tu derrota sea total, aunque hayas perdido tu dignidad
vendiéndote al mejor comprador, todavía tienes tiempo. ¡Haz un esfuerzo, levántate, comienza de
nuevo! Intenta construir en aquello que hay de Dios en ti. Inténtalo pues la vida se vive una sola
vez”.

Popieuszko lucha con las armas de la verdad y de la palabra. Sigue presentándose a los obligatorios
interrogatorios ante el juzgado. No le van a dejar en paz. Pero el sigue con su labor pastoral, no se
amedrenta, no se calla, sigue despertando las conciencias. El 26 de febrero habló de la escuela:
“Solamente la unidad de fuerzas de la Iglesia, de los padres y educadores puede defender a la
juventud para que no pierda la dirección, para que no se desvíe del recto camino que lleva a Dios;
del verdadero patriotismo, que conduce a nuestra Nación desde hace diez siglos. Debemos hacer
todo lo posible para que no cierren las bocas de los niños, de los jóvenes y de toda la Nación, para
que nadie pierda la esperanza. En el cercano castillo real el zar ruso gritó un día: '¡Polacos:
olvidaros de la esperanza, cerrad las bocas!' Pero no las cerraron y por ello pagaron un precio muy
alto. No cerraron sus bocas y por eso hoy les estamos agradecidos, ellos nos han transmitido el
espíritu del amor patrio. Somos herederos de aquellos que no cerraron sus bocas, cuando se trataba
de asuntos importantes para la Nación. Por eso hoy nosotros no podemos cerrar las bocas, cuando se
trata de la formación de las nuevas generaciones, que en un futuro no muy lejano van a llevar en sus
hombros los destinos de la casa patria”.

A los jóvenes les cuida especialmente Popieuszko, pues la juventud tiene que ser como el águila
que no se deja de ninguna manera enjaular. “Recordad que las águilas son pájaros que vuelan alto y
no se arrastran por tierra”. Popieuszko vuela también alto a pesar que la SB le está haciendo la vida
imposible. El 6 y el 28 de marzo y también el 11 de abril otros largos días con muchas horas de
interrogatorio con absurdas preguntas, con pretensiones de todo tipo, con acusaciones que reflejan
toda la maldad de unos hombres vendidos al sistema. Popie uszko calla, no contesta, no hay
palabras para aclarar la sinrazón del odio. A la salida le espera una multitud para aclamarle,
defenderle, consolarle.

Durante la homilía de la misa por la Patria del mes de marzo, el día 25, Popieuszko se dirigió a
María Santísima en una larga oración. “Madre Santa. Nosotros nos reunimos cada mes en la iglesia
de Zoliborz en la santa Misa por la Patria y por aquellos que más sufren por ella. Hoy, cuando Juan
Pablo II te consagra todo el mundo, pueblos y naciones, nosotros ponemos en tus benditas manos,
en las manos de la mejor Madre, todos los asuntos de nuestra Patria que han sido tema de nuestra
oración en los últimos años. Te confiamos a todos aquellos que están las cárceles. Muchos son
tratados peor que los presos criminales. Desde una de esas cárceles nos escribe Anna
Walentynowicz: 'Quizá nuestro y vuestro deseo de libertad hagan realidad las palabras de Juan
Pablo II: ¡Paz a Ti, Polonia!' María te confiamos la juventud de la escuela agraria junto a Garwolin
que con tanta audacia y valentía ha defendido la presencia de las cruces en las aulas. La voz de esos
jóvenes junto a Garwolin es la voz de todos los jóvenes de Polonia, que entienden que la lucha por
el derecho a las cruces en las escuelas es una lucha para que se respeten los derechos
constitucionales de la libertad de conciencia y de religión, y la manera de actuar de las autoridades
de la escuela es una muestra más del intento de esclavizar el espíritu de la Nación. La escuela es
para los estudiantes y no los estudiantes para la escuela, del mismo modo que la autoridad es para
servir a la Nación y no la Nación para servir a la autoridad. Nadie de los creyentes quiere colgar una
cruz allí donde se encuentran los no creyentes, pero las personas creyentes tienen el derecho de
decidir ellos mismos si quieren colgar la cruz en el lugar de su trabajo”.

Popieuszko, como venía haciendo desde 1982, reparte sus homilías escritas para llegar mejor a la
gente. También actúa con todo tipo de ayuda material. Su habitación -junto a la casa parroquial- es
un auténtico ir y venir de medicinas, vestidos, alimentos. Junto con el párroco planean la
construcción de aulas junto a la iglesia para tener allí las clases de lo que Popieuszko llamaba
'universidad obrera' y también una farmacia con ayuda médica para mejor distribuir todo el material
que reciben, sobre todo del extranjero. Eso iba a ser el futuro, el presente del año 1984 es una
continua persecución, un acecho con todos los poderos medios del estado para acabar con 'el asunto
Popieuszko'. El ministro de asuntos religiosos habla una y otra vez con el arzobispo Dbrowski.
Entra en juego también el departamento IV del ministerio del interior, ese departamento es el
encargado de toda la lucha contra la iglesia. En carta dirigida al cardenal Glemp se le avisa que “la
autoridad estatal no puede permanecer todo el rato pasiva ante la evidente violación del derecho”.
El estado da otra 'sesión de odio' y de intolerancia. El 23 de abril celebra su santo. Fueron más de
1100 personas las que regalan flores y se pasan por su casa para darle la felicitación, según la
tradicional costumbre polaca. Popieuszko anota: “Me rodea una sincera amabilidad de tanta gente”.
El 29 de abril se tiene la siguiente misa por la patria, allí se reúne ya una multitud: se cuentan treinta
mil personas.

En mayo Popieuszko va tres veces a Czstochowa al Santuario de Jasna Góra buscando la


protección de Santa María de la Clara Montaña. La homilía de la misa por la Patria de ese mes tiene
como tema la verdad, tema francamente difícil pero inevitable. Así lo explicaba nuestro sacerdote
mártir: “Cristo es la Verdad y todo lo que dice es verdadero. Los apóstoles, para los cuales
Jesucristo era la única Verdad, dieron por él la vida anunciando con valentía al mundo su doctrina.
La verdad y la fortaleza son valores muy importantes en la vida de cada hombre, y sobre todo en la
vida del cristiano. La verdad se une siempre con el amor y el amor cuesta, pues el amor verdadero
supone sacrificio. De esto se deduce que la verdad tiene que costar, y la verdad que no cuesta se
convierte en mentira”. En la larga homilía, como siempre leída a media voz pero con la fuerza
impresionante del silencio clamoroso de las palabras, Popieuszko hacía referencia a muchas cosas
que no sirven a la verdad. Por ejemplo: “No sirve a la verdad las mentiras y las medio verdades que
vienen de los medios de comunicación. No sirve a la verdad la censura. No sirve a la verdad la
imposición de una visión del mundo materialista que se difunde desde todos los medios de
comunicación, en donde se muestra el marxismo como el único sistema para resolver los problemas
de los obreros. No sirve a la verdad el insulto y la exposición permanentemente negativa de todo lo
que ha hecho Solidaridad, del mismo modo que se intenta borrar toda huella de Solidaridad. La
Nación sabe bien que en esta palabra, como ha dicho últimamente el Santo Padre, es una palabra
gloriosa que une las esperanzas y anhelos de millones de polacos”.

Junio del 84 y la figura de Juan el Bautista, llena de justicia y fortaleza. Así predicaba: “Un asunto
de suma importancia para el cristiano es la conciencia de que el origen de la justicia está en Dios.
Difícilmente se puede hablar de justicia allí donde no hay lugar para Dios y para sus mandamientos.
La justicia nos manda ser conscientes de la injusticia y el daño que hacen a nuestra Nación -en su
mayor parte cristiana- cuando desde los organismos estatales se hacen campañas ateas con el dinero
ganado por los trabajadores cristianos. La justicia prohíbe destruir en las almas de los niños y de los
jóvenes los valores cristianos, que infundieron desde la cuna nuestros padres. Valores que han dado
la mejor nota en el examen de los mil años de nuestra historia”.

Y entramos en la 'sesión del odio'. Así tituló el articulo el portavoz del Gobierno, un hombre del
sistema de esos que han vendido su conciencia al diablo. En septiembre de 1983, en la revista 'Aquí
y ahora' que tiene pretensiones de intelectualidad y cultura, y es en realidad propagadora de la
ideología del sistema comunista, el portavoz del Gobierno escribe bajo seudónimo un artículo
titulado 'sesiones de odio', atacando a Popie uszko. Se le menciona como “fanático inspirador
político, Savonarola anticomunista'. Las misas por la Patria se califican de “el más famoso club
político en Polonia”. Según el ministro Popieuszko no dice nada interesante, solamente levanta los
ánimos del público con su odio al comunismo. “Colma las necesidades emocionales de sus oyentes
y seguidores políticos. En la Iglesia Popie uszko realiza sesiones de odio. Los sentimientos de odio
político a los comunistas, al gobierno, a todo lo existe en Polonia de después de la guerra son
llevados a ese antro, en donde confabulan bajo la batuta del sacerdote Popieuszko que allí deja de
ser un gusano podrido circulando dentro del hombre. Los sentimientos políticos consiguen
publicidad y son transmitidos a una muchedumbre de parecidos instintos. Jerzy Popieuszko es pues
el organizador de unas sesiones rabiosamente políticas”.
Nada más ajeno al sentir de Popieuszko que repetía incansablemente que el mal se vence con el
bien, las agresiones con el perdón, el odio con el amor y la justicia se consigue con la verdad. Era
sabido que de los participantes en las misas de la Patria unos cuantos, hasta unos cientos, eran
hombres del sistema y de la SB que participaban para espiar, informar y provocar. Muchas veces
Popieuszko insistía en no dejarse provocar, en callar ante los insultos. Si algunos sentimientos
negativos provocaban esa misas no era por una enfermiza psíquica de los participantes sino por la
actuación del gobierno que destruía y denigraba (con la participación del ministro portavoz del
Gobierno) valores fundamentales como los deseos de libertad, la verdad, la solidaridad escrita con
pequeña y con grande 's'. Se veía que detrás de ese artículo se encontraba todo el sistema con los
prohombres de entonces a la cabeza.

FUERA DEL PAIS

El peligro dramático para las autoridades no era solamente que Popieuszko actuara en su iglesia de
San Estanislao de Kostka en el barrio Zoliborz de Varsovia, el peligro real lo constituía sus
frecuentes viajes y la propagación de su mensaje. El salto de un lugar a otro, la falta de control por
parte de la SB era lo que constituía para la autoridad una amenaza. Anna Szaniawka, junto con su
marido colaboradores a toda hora, recuerda que “las reuniones en San Estanislao eran solamente
comparables a los encuentros con el papa. Eso le dolía a la SB. Una vez estaba en la misa de 10.00
pues tenía un asunto pendiente. El, al final de la misa, desde el ambón informa que la SB obligó a
un obrero de la Huta para que colaborara -y cita el nombre y apellido- que había cedido a las
presiones pero que ahora estaba arrepentido. Desde ese momento, al citarse en público su nombre
esa persona estaba ya segura pero sobre Jurek caen todas las amenazas. Y le digo: 'Jerzy, ¿qué estás
haciendo', estaba francamente asustada, y él me responde tranquilamente: '¿Qué iba a hacer?,
¿condenar a ese hombre cuya conciencia le remordía? Tendré más problemas, así es la vida'.

En sus críticas al sistema Popie uszko siempre usó palabra respetuosas, se mostró educado. No se le
podía acusar de ser grosero, bebedor o violento. Cuando lo intentaron -por ejemplo con el episodio
del material encontrado en su piso- solamente se consiguió que más gente se le uniera. Popieuszko
era humilde, tranquilo, de apariencia tímida pero decía la verdad con honor y valentía, no tenía
miedo de hablar. Eso era lo que más le dolía al enemigo que no podía soportar la directa verdad de
los sencillos. Durante el proceso a sus asesinos, farsa de proceso, el principal acusado diría que se
sentían sin posibilidad de actuar. Ciertamente pues cómo se puede discutir con la verdad. Sabían
bien que eliminando a Popie uszko se libraban de su mayor adversario. Por eso su actuación era
verle lejos, la presión se dirigía a que la autoridad eclesiástica le cambiase de función y mejor si lo
enviaban a estudiar fuera de Polonia. Algunos de los que le querían bien también pensaban que esa
solución salvaba a Popieuszko al mismo tiempo que lo perdían.

Algunos obreros de la Huta Varsovia le escribieron una carta al arzobispo Dbrowski para hablarle
del asunto de 'nuestro ángel de la guarda'. En carta fechada el 26 de julio de 1984 le decían: “los
cuatro años de trabajo sacerdotal de Jerzy Popieuszko en el ambiente obrero, enviado como
respuesta a la petición nuestra en agosto de 1980 al Cardenal Stefan Wyszyski, ha dado frutos con
la agrupación de muchos miles de obreros en la parroquia de san Estanislao de Kostka en Zoliborz.
En este tiempo especialmente difícil, cuando fuimos encarcelados, apresados, apaleados, juzgados,
Popieuszko siempre estuvo junto a nosotros. Nos hizo entender que no debemos utilizar la
violencia ni desear la venganza pues son formas no cristianas de lucha por la dignidad y los
derechos del hombre. Debemos sustituirlos por la caridad y la oración por aquellos que nos han
injustamente ofendido, siguiendo las reglas fundamentales de la doctrina social de la Iglesia
anunciada por el sacerdote Jerzy. Por desgracia, la presente autoridad estatal no ve bien la actuación
de Popieuszko entre los obreros, por eso a través de conocidos medios intenta provocar, difamar,
chantajear y hasta atentar contra su vida. Le han acusado ante los tribunales. Por todo ello, después
de largas conversaciones entre nosotros, hemos llegado a la conclusión que la solución más
conveniente en relación con nuestro sacerdote Jerzy sería -en la medida de lo posible- que se le
enviara a estudiar -siempre en el campo de la doctrina social de la Iglesia- fuera de Polonia.
Pensamos que si continúa con su trabajo en nuestro país se le expone a la represión por parte de las
autoridades estatales, y según nuestra opinión el sacerdote Jerzy merece que se le proteja y que
tenga un trato especial”.

Cuando Popie uszko se enteró de la iniciativa y de la carta enviada, no mostró una especial alegría.
Más bien le parecía que su lugar era permanecer allí donde estaba: “Yo no os dejo, a no ser que
reciba una indicación contraria del primado”. Casi los mismos que enviaron la carta y con idéntica
petición se presentaron en septiembre ante el cardenal Glemp, junto con Popieuszko. El primado
recuerda que “eran personas serias pero no sabía bien de qué parte estaban. Popieuszko se mostró
neutral. Le pregunté: '-bien, Jerzy, ¿quieres ir a otra diócesis? -No. -¿Si te enviáramos a estudiar
fuera del país, irías? -Si usted lo manda, iré. -Pero, ¿quieres ir? -Yo no decido, para mí lo importante
es lo que quieran las personas de mi entorno'. Y los cuatro que le acompañaban le miraban con la
respiración contenida. Me daba cuenta que si digo: 'Bien, te envío a estudiar al extranjero',
significaba lo mismo que colaborar con el régimen, y les quito a los obreros su héroe”. En opinión
del primado Glemp no era posible en esas condiciones enviar a Popie uszko. Sin embargo su
conciencia le remordería y en el año jubilar 2000 el cardenal -en el acto de reparación a Dios- pidió
públicamente perdón por su actuación con Popieuszko, por no haber puesto todos los medios para
evitar su muerte. Además fue él quien introdujo en la diócesis la causa de beatificación. Más tarde
-también como un detalle de reparación y gratitud- en la película documental 'Popieuszko: la
libertad está en nosotros' de Rafael Wieczyski -quiso actuar él mismo representando su propio
papel. La persona encargada del maquillaje le embadurnó de polvo para que pareciera veinticinco
años más joven y casi lo consigue. Está sensacional película del año 2009 merece la pena ser vista
por todos, especialmente obligatoria para quién quiera conocer mejor la figura del sacerdote mártir
de Solidaridad.

PREMONICIONES DE FUTURO

Son muchos los testimonios que hablan de cómo Popieuszko estaba preparado para todo, de cómo
era plenamente consciente de su situación extrema y a pesar de ello, siguió cumpliendo su deber.
Así lo recuerda el prelado Stefan Ko nik. “Era agosto de 1984, estaba en Krynicy, en las montañas,
pasando dos semanas de vacaciones con las religiosas isabelinas. En ese mismo tiempo Popieuszko
también se encontraba en Krynicy, no vivía con esas hermanas pero venía a las comidas. Así que
frecuentemente comíamos juntos y podíamos hablar tranquilamente. Con frecuencia la
conversación giraba en torno a los 'desconocidos autores' que le instigaban, la posición de la
autoridad civil en relación con su labor pastoral, su actividad patriótica en la Iglesia en Zoliborz y
en otros lugares de Polonia. Me comentó varias veces que le habían amenazado de mucha maneras,
que continuamente estaba vigilado y quienes lo hacían no se tomaban la molestia de ocultar su
presencia. Tenía el presentimiento que alguien quería matarle. Recordaba que al principio los
'telefonos sordos', los 'anónimos con amenazas de muerte', la continua presencia de agentes de
seguridad estatal que le seguían en todo momento, le producía un natural miedo ante la muerte, pero
había echado fuera ese miedo y ya estaba preparado para la muerte, para sufrir todo lo que le
viniera. Me impresionó fuertemente esa seguridad en un sacerdote relativamente joven, con solo 37
años”.

En una entrevista para la BBC en septiembre de ese mismo año Popie uszko decía: “Estoy
convencido que lo que hago es justo, y por ello estoy dispuesto a todo”. A los ojos de todos los que
le rodeaban se estaba desarrollando un auténtico drama, un destino, un final previsto. Sobre todo su
madre lo presentía, a pesar de que Jerzy le quitara hierro: “Pero mamá, ¿qué me pueden hacer si me
apoyan diez mil obreros de la Huta Varsovia?”.
A pesar de esta continuamente vigilado Popie uszko intentaba ayudar a todos y hacer una vida
normal. Sobre todo se preocupaba continuamente de la familia de los que habían sido arrestados y
encarcelados, muchas veces haciendo de intermediario para llevar ayuda material. También facilitó
ayuda jurídica a quienes lo necesitaran. Animaba a quienes perdían la esperanza, fortalecía a los
débiles. Su servicio sacerdotal se dirigía a cada hombre con un total abandono de sí, siendo
plenamente consciente del peligro que le amenazaba. “Cuento con la posibilidad de que me arresten
-anotó en sus apuntes- y que se monte un gran escándalo, pero no puedo dejar de actuar de este
modo, que es un servicio a la Iglesia y a la Patria. Estoy muy cansado. Prácticamente desde hace
dos años la cabeza la tengo puesta en los asuntos patrióticos. No tengo ni un día libre. Me he dado
cuenta que ahora estoy en casa, aunque puedo irme donde quiera, pero me da pena que por mi
ausencia pueda dejar a alguien sin ayuda”.

Uno de los amigos sacerdotes de Popieuszko, Jacek Lipiski, de la iglesia de San Estanislao,
recuerda que “para mí era inconcebible que las fuerzas de seguridad pudieran matar a Jerzy.
Pensaba le podían aterrorizar, amenazar, chantajear pero no asesinar. Hablábamos de ello haciendo
broma. En el terreno de nuestra parroquia había un viejo sauce con un kiosco en donde se vendían
publicaciones religiosas. Ahora ya no está ni el olmo ni el kiosco. Paseaba por allí un día con él y
con Karol, otro sacerdote, cuando Jurek dice: 'Bueno, está bien, pero..., ¿y si me ocurre algo?, ellos
pueden fácilmente acabar conmigo'. 'No te preocupes, le dice Karol, mira que precioso sauce. Te
enterramos aquí bajo este sauce, estarás cerquita y descansarás bien'. Esta broma no la podré olvidar
nunca pues la tumba de Jerzy está ahora justo a tres metros de ese lugar”. Esta historia muestra que
Jerzy era consciente del peligro real que corría, sabía que Dios le podía pedir por lo que hacía la
ofrenda de su vida. A pesar de la gran probabilidad no renunció a su trabajo pues lo consideraba
justo. Cuando alguien le hizo ver el peligro que corría al ir de un lado a otro sin protección, le dijo
que para un sacerdote no había algo más digno que morir por Dios y por la Patria. “Solamente lo
sentiría por mi madre”. Popieuszko sabía que la muerte le rozaba. Tendría miedo como cualquier
hombre pero no permitía que ese miedo le impidiera la fidelidad a su compromiso de defensa de la
verdad, dignidad y libertad del hombre y del trabajador.

En la que sería su última misa por la Patria el 8 de octubre Popieuszko insiste en la verdad
vencedora, algo repetido muchas veces: “Multiplicar el bien y vencer el mal se consigue solamente
si cada día nos guiamos por la verdad. La verdad es una muy delicada propiedad de nuestra
inteligencia. La búsqueda de la verdad ha sido injertada en el hombre por el mismo Dios, por eso en
la persona humana hay una natural tendencia hacia la verdad y una aversión hacia la mentira. La
verdad y la fortaleza: son valores muy importantes en la vida de cada hombre, especialmente en la
del cristiano. La verdad, lo mismo que la justicia, está unida al amor, y el amor siempre cuesta.
Vivir en la verdad es vivir siempre de acuerdo con la propia conciencia. La verdad une a las
personas y las identifica. La grandeza de la verdad sobrepasa y desenmascara la mentira de los
hombre débiles y temerosos. Desde hace siglos se mantiene una lucha contra la verdad. La verdad
es sin embargo inmortal y la mentira deprisa se corrompe con la muerte”.

El 13 de octubre Popieuszko estuvo en Gdask celebró la santa Misa en la iglesia de Santa Brígida
y se encontró con Wasa. En el camino de vuelta a Varsovia hacia media noche tres agentes de la
SB -los mismos que le siguieron en tren a Katowice unos días antes y los que le secuestrarían seis
días después- le prepararon un accidente. Se salvaron por la pericia del conductor.

SU ULTIMO VIAJE. SU ULTIMA MISA. SU MARTIRIO

El día 18 de octubre, en la festividad de san Lucas patrón del personal médico, Popieuszko fue al
hospital para ver a su párroco, Bogucki, que estaba convaleciente de una operación. Por la tarde la
santa misa solemne para el personal médico en la iglesia de la Visitación, en la calle Krakowskie
Przedmiescie con la presencia del obispo Kraszewski. Después la cena allí mismo. El canciller de la
curia, Krol, recuerda que “en esa última conversación con Jerzy hablamos de los exorcismos y nos
preguntamos porqué a pesar de tantas provocaciones en las Misas de San Estanislao nunca hubo
violencias. Entonces, Jerzy -en serio pero con sentido del humor- dijo: 'eso es debido a que el
párroco Bogucki, antes de la santa misa realiza siempre el exorcismo contra satanás para que no
alborote”. Después se acercó al vecino Seminario para confesarse. A la salida, pudo ver el coche
blanco de la SB, siempre al acecho.

El 19 de octubre de 1984 Popieuszko viaja de Varsovia a Bydgoszcz para celebrar en esa ciudad la
que sería su última Santa Misa y su rosario. Como es sabido en todas las misas por la Patria y
cualquier otra importante ocasión, siempre se encontraban agentes de la seguridad que denunciaban,
o mejor dicho elaboraban un mensaje con los hechos y palabras relevantes desde el punto de vista
de la autoridad comunista. De ellos tenemos una descripción breve pero detallada de la última misa
de Popieuszko pocas horas antes de ser detenido, raptado y asesinado. El 20 de octubre de 1984 se
envió desde Bydgoszcz a Varsovia un mensaje. Lo remitía el teniente Adam Czachorowski subjefe
del Ministerio regional de Asuntos Interiores, departamento del Servicio de Seguridad. Lo recibió el
oficial de turno de Ministerio de Asuntos Interiores en Varsovia. El teniente infiltrado en la
ceremonia denunció lo siguiente:

“(...) el día 19 del mes actual a las 18.00 horas en la Iglesia situada en la calle Lubiski 3 en
Bydgoszcz (barrio Wyyny) se celebró la segunda misa en el encuentro pastoral de la gente del
trabajo. La celebró el sacerdote Jerzy Popie uszko de Varsovia, que fue recibido por los
participantes reunidos en la iglesia con aplausos de ovación. En el transcurso de la ceremonia no se
predicó homilía (...). Después de la misa empezó el rosario, en cuyo transcurso fueron leídos varios
textos en relación con verdades de fe. El sacerdote Popieuszko presentó en unos breves cinco
minutos sus personales reflexiones:
-En su primera intervención tocó el problema de la verdad y de la mentira, afirmando entre otras
cosas que la gente que anuncia la verdad es notoriamente menor que los que mienten.
- A continuación se refirió al tema de la censura. Entre otras cosas dijo que hasta en la publicaciones
católicas que publicaron los discursos del fallecido primado Wyszyksi y también del Papa se había
realizado cortes en los textos y declaraciones.
- Después se concentró en el problema de la dignidad del hombre. Afirmó en otras cosas que
actualmente hay que hablar mucho de este tema, para entender que el hombre supera todo lo que
pueda existir en este mundo. Hay que guardar la dignidad del hombre para vencer el mal.
-Otra reflexión fue dirigida hacia la idea del poder. Indicó que el poder que usa la fuerza e intimida
al pueblo es un poder débil, y rebaja su propia autoridad.
-En su última intervención habló de Solidaridad. Entre otras cosas afirmó que este movimiento ha
surgido sin derramamiento de sangre. Su gente se reúnen para rezar juntos de rodillas, con el rosario
en las manos, ante los altares de campo.
En la misa y en el rosario participaron cuatro sacerdotes y unas 800 personas (...). No se registraron
intentos de alterar el orden público. Alrededor de las 21.30 el sacerdote Popieuszko dejó
Bydgoszcz dirigiéndose a Varsovia”.

El agente de la SB que escribió esto fue uno de los cuatro hombres que fueron acusados e
inculpados del delito de asesinato de Popieuszko. Me parece que es un resumen impresionante del
sistema comunista, pues si algo funcionaba eran las informaciones secretas, las denuncias, el
espionaje de todos los ciudadanos, la continua sospecha de que tu vecino es tu delator.

Para explicar lo que paso tenemos que hacer una aclaración. Toda la información procede de las
declaraciones de los inculpados, que sin ningún tipo de remordimiento -por lo menos en la figura
del jefe- se reconocieron culpables con excepción de Czachorowski y declararon abiertamente
explicitando todo tipo de detalles. Da la impresión de que no son testigos fidedignos. También da la
impresión que hay muchas más cosas que callan, que ocultan o que inventan. En cualquier caso
vamos a dar los hechos y después un breve resumen de lo que dijeron.

Los hechos: martes 19 de octubre de 1984 a las 21.30 Jerzy Popieuszko junto con el chofer
Waldemar Chrotowski dejan Bydgoszcz y se dirigen a Varsovia en un golf blanco. 22.05 de ese
mismo día Waldemar Chrotowski llama desde un motel de carretera a la policía de Toru -la ciudad
más cercana- y a una ambulancia informando que el sacerdote Popieuszko has sido raptado. 22.20
Chrotowski se encuentra en la iglesia de Santa María en Toru en donde informa a las autoridades
religiosas -al párroco- del suceso. El cadáver de Popieuszko fue sacado de la presa del río Vístula
junto a la ciudad de Wocawek a las 16.00 horas del 30 de octubre de 1984. Tenía incontables
señales de haber sido torturado de una manera absolutamente salvaje. Se hizo toda clase de fotos
que fueron mostrados en todos los medios informativos.

Versión de los hechos según el testimonio del chofer Waldemar Chrostowski. En el camino hacia
Varsovia unos veinte minutos después de salir de Bydgoszcz un fiat que les venía siguiendo dando
las luces largas, les adelantó. Un poco después se paró el coche en el arcén, salió un hombre vestido
de uniforme de policía e hizo la señal de stop al coche de Popieuszko. El chofer no tenía intención
de pararse pero Popieuszko le dijo: 'párate, es la policía y podemos tener problemas'. Al pararse
enseguida al chofer le pusieron las esposas, un paño en la boca y le inmovilizaron. De Popie uszko
escuchó estas palabras de protesta que fueron sus últimas: 'Pero señores, no me pueden tratar de esta
manera' y escuchó un golpe fuerte. No vio nada. Piensa que Popieuszko perdió el sentido. Después
también escuchó como abrían el maletero y le ponían allí. También le introdujeron a él en el coche
en el asiento delantero. A los quince minutos yendo el vehículo a unos 90 km/h Chrostowski abrió
la puerta y se tiró del coche. No le ocurrió absolutamente nada. Intentó parar a algún coche y se fue
andando como un kilómetro hasta que encontró un motel de carretera desde donde llamó.

Versión de los hechos según los criminales agentes del Ministerio del interior. Señalicemos que los
tres inculpados tenían un poco más de treinta años, casados, con hijos y con estudios superiores.
Los tres acusados que intervinieron directamente se mostraron de acuerdo con la versión de
Chrostowski. Pensaron que no sobreviviría a la caída pero le vieron levantarse. El coche se dirigió a
Toru allí Popie uszko recobró la consciencia y salió del coche. El jefe -de 1.90 y 100 kilos de peso-
le apaleo con un bastón (de policía) hasta volver a reducirle. Los otros dos eran peones que hacían
lo que decía el jefe sin rechistar. Al poner gasolina también otra vez Popieuszko salió del maletero
y echó a correr pidiendo auxilió, otra vez fue reducido y apaleado. Y otras dos veces más
Popieuszko salió del maletero y dos veces más fue brutalmente golpeado. Al final le metieron en
un saco, nadie supo decir si estaba todavía vivo o muerto, ataron piedras y le arrojaron a la presa del
Vístula. Serían cerca de la 1.00 de la noche del 20 de octubre.

La noticia del rapto de Popieuszko llegó a la curia de Varsovia el sábado 20 por la mañana. El
noticiario televisivo dio la primera información del hecho a las 19.50. La gente empezó a acudir a la
iglesia de San Estanislao después de las 20.00, se abrió el templo y a las 22.00 se celebró la santa
misa con la iglesia llena, a las 24.00 otra santa misa. La iglesia permaneció abierta toda la noche, la
multitud rezaba. Waesa apareció el domingo 21 en Zoliborzu declarando que “en cuanto me enteré
del secuestro del sacerdote Jerzy he querido venir para estar con vosotros. Si alguien toca un solo
pelo de Popieuszko, ese hombre asume una tremenda responsabilidad”. Los padres de Popieuszko,
Estanislao y Mariana se presentaron también en la iglesia de San Estanislao en la misa de las 10.00.
La conferencia episcopal polaca dio un comunicado: “El secuestro de un hombre siempre es un
hecho condenable. Merece un especial rechazo el secuestro de un sacerdote que cumple una función
social”. En todas las iglesias hubo una movilización de oraciones. En la iglesia de San Estanislao
apareció una enorme pancarta con las palabras: 'Señor Dios, devuélvenos a nuestro sacerdote
Popieuszko'. Los fieles permanecieron en oración todos esos largos días de espera junto con sus
noches. El párroco recibió la noticia en el hospital y comentó que el asunto tenía mal cariz pues no
se le golpea y se le mete como un saco en el maletero (versión del chofer, digna de crédito en ese
momento) con la sola intención de asustarle.

El papa Juan Pablo II manifestó su unidad con todos los que rezaban por Popieuszko el 24 de
octubre: “Conmovido profundamente por este episodio manifiesto mi solidaridad con los pastores y
con el pueblo de la iglesia de Varsovia. Comparto el temor de toda la sociedad ante un acto tan
inhumano, que es muestra de la violencia ejercida sobre un sacerdote y -como es evidente- una
violación de la dignidad inviolable de la persona humana. Llamo a la conciencia de quienes han
realizado un acto tan despreciable para que se den cuenta de lo que hacen”. El domingo 28 de
octubre otra vez el papa tomó la palabra: “Queridos compatriotas. Continuemos en oración por el
sacerdote Jerzy Popie uszko y agradezcamos a todos los que, aquí en Roma, en Italia y en todo el
mundo se unen con nosotros en la oración por este asunto”. Ese día, ultimo domingo de mes,
Popieuszko debería celebrar su misa por la Patria. Allí se reunieron en esa misa mas de cincuenta
mil personas.

El gobierno reaccionó de esta manera en palabras del portavoz: “el asunto concerniente al secuestro
y su búsqueda lo coordina el ministro de asuntos interiores, general Kiszczak. Descansa
particularmente en buenas manos y se puede tener la seguridad que se está haciendo todo lo posible
para que todos los autores sean descubiertos y castigados, y las circunstancias del secuestro
aclaradas”. Para los lectores del 'una sesión de odio' estas palabras suenan a cinismo descarado. El
autor de esas lineas como el mismo general Kiszczak sabían muy bien que es lo que estaba pasando.
En concreto este último que el 27 de octubre declaraba: “Nadie en Polonia no puede desaparecer sin
dejar rastro. Nuestro país no es y no será una jungla sin ley”. Lo que es curioso es que en los años
ochenta más de cien personas representativas, entre ellos no pocos sacerdotes, desaparecieron sin
dejar rastro hasta el día de hoy. Esas palabra, que no gozan de ningún tipo de crédito, dan idea de
que el gobierno estaba mezclado en el asunto y más en concreto los militares. En definitiva la
verdad estaba clara: el sistema comunista es el responsable con sus hombres marionetas sin
conciencia ni dignidad.

EL PROCESO: UNA FARSA DEL SISTEMA

A partir del año 2005 has sido publicados una serie de libros y de testimonios que junto con las
investigaciones del Instituto de la Memoria Nacional ponen en seria duda toda la validez del
proceso realizado en Toru en enero de 1985 contra los cuatro agentes del Ministerio de Asuntos
Interiores. Uno de los hechos más documentados parece ser el estado en que se encontraban el
cadáver, la sotana y las cosas personales que Popieuszko llevaba consigo. En concreto los tres
autores reconocieron que arrojaron a la presa del río Vístula, a la altura de la ciudad de Woc awek
hacia la una de la mañana del 20 de octubre (es decir unas tres horas después del secuestro) el
cuerpo de Popie uszko. Uno de los buzos que intervino en el rescate hace poco tiempo escribió: “mi
trabajo y el de mis compañeros consistía en en la recuperación de ahogados o de objetos en la
mayoría de los casos relacionados con actos criminales. Éramos eficaces en nuestro trabajo, por eso
para todos fue muy raro que la primera vez (el 26 de octubre) no encontrásemos nada y la segunda
vez (el 30 de octubre) el resultado fuera positivo. Ciertamente el agua en ese lugar no estaba limpia,
pero el terreno de búsqueda era muy pequeño y la profundidad máxima era de tres metros. Quizá no
se pueda excluir que en la primera búsqueda el cuerpo estaba y no pudimos encontrarlo, pero a mí y
a mis compañeros nos parecía muy poco probable casi imposible”. “Para mí y mis compañeros
-reconoce otro buzo que participó en el rescate y en la identificación- el cuerpo de Popieuszko no
pudo estar mucho tiempo en el agua. ¿Por qué motivo? Solamente al ver como estaban los
documentos, el dinero que el sacerdote llevaba consigo en el monedero (billetes de zotych y de
dólares), la cajetilla de Chesterfield, todo ese material no estaba muy mojado. He visto muchas
veces esas cosas cuando están varios días bajo agua. Lo que vi podría llevar unas pocas horas pero
evidentemente no días”.
Si esto es cierto, y parece bastante probable que lo sea, significaría que todo el proceso fue una
farsa. No voy a entrar en pormenores pues la idea de estas lineas es fijarme en Popieuszko
sacerdote pero baste decir que de los 150 libros escritos en polaco sobre Popieuszko una gran parte
hacen referencia al proceso, pues ciertamente fue muy curioso. Unos fiscales, del sistema, acusan a
agentes del ministerio, también del sistema juzgados por jueces también bajo el control del partido.
Es un juicio sobre la manera de actuar del sistema comunista. En le transcurso del proceso testigos
presenciales tuvieron la impresión que el acusado era la Iglesia junto con Popieuszko y no sus
asesinos, de alguna manera se quería justificar los hechos indicando el carácter político de la
víctima.

Existen más hechos que indican la falta de credibilidad de los acusados. Por ejemplo, existen
testigos que afirman la presencia de otro coche -perteneciente al ejército- siguiendo a Popieuszko a
la salida de Bydgoszcz. Un hecho también sospechoso es el ir y venir en torno a la presa de los más
altos generales del 26 al 30 de octubre. Además, en la identificación del cadáver, salvajemente
torturado, se descubrieron heridas difícilmente causadas solamente por golpes de porra.

EL ENTIERRO: UN CLAMOR DE ORACIÓN

Los grandes hombres se conocen por sus obras y también por sus entierros. En ellos se ve como
confirmada su grandeza, su misión, su carisma. Pensemos por ejemplo en el entierro de Juan Pablo
II: nunca tantos jefes de naciones, tantas autoridades religiosas, se habían reunido junto al altar. El
viento del Espíritu Santo removía las paginas del leccionario evangélico como queriendo salir por
todo el mundo y removía las vestes de los cardenales: ellos son los primeros en dar ejemplo, en
tender hacia la santidad. El entierro de Popieuszko fue majestuosamente silencioso y
multitudinario: se calcula medio millón de participantes. Una clamorosa oración defensora de la
verdad y la justicia. Una premonición de otro entierro: el del comunismo.

En principio Popieuszko iba a ser enterrado en el cementerio vecino pero el pueblo fiel pidió que
su cuerpo fuera enterrado junto a la iglesia de san Estanislao de Kostka. Una delegación de obreros
se presentó junto con la madre de Popieuszko al cardenal Glemp. La madre diría entonces: “Lo he
dado a la Iglesia y no se lo voy a quitar ahora. Aquí donde trabajó, donde amó y sufrió, aquí esán
las gentes que le quisieron, así pues que descanse aquí”. Y así fue. La preparación del funeral y
entierro empezó por la noche del día anterior, el dos de noviembre. Se trajeron más de cien
confesonarios portátiles y se instalaron en la plaza. A pesar del frío ya por la noche se formaron
colas multitudinarias para confesarse. Muchos de los penitentes llevan años alejados de la práctica
sacramental. El número de sacerdotes que confesaba pasaba la centena. A las cinco de la mañana
abrieron el féretro para los padres y familiares. Uno de los sacerdotes presentes comentaría más
tarde: “Me conmoví. Lo que vi superó las peores expectativas. Hasta ese momento no me
imaginaba que se podía torturar a un hombre de esa manera. Hasta el día de hoy veo a Jerzy bajo el
prima de esa última visión. No me puedo liberar de esa imagen”. Durante la madrugaba iban
llegando más y más personas. Desde el megáfono se escuchaban las palabras de Popieuszko en una
de sus homilías grabadas. Infinidad de banderas y pancartas: “La verdad os hará libres” - “Nos han
arrancado el corazón, pero el alma no la vendemos” - “Mejor morir que vivir en la mentira” - “Él
era uno, tras él hay millones” - “Quién se impone por la violencia, demuestra su debilidad” -
“Vencer el mal, con la abundancia de bien” - “La libertad está en nosotros” - “Por la verdad merece
la pena dar la vida” - “No nos olvidaremos de todas tus enseñanzas” - “Perdona nuestras deudas
como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Eran -entre otros muchos- los lemas que se
podían leer en esas pancartas, algunas sacadas del evangelio o de lo que Popieuszko repetía.

A las 11.00 comenzó la santa Misa en la plaza de la Iglesia de san Estanislao de Kostka, como en
las misas por la Patria, con el Cardenal Primado Glemp concelebraban cerca de mil sacerdotes. Muy
difícil era calcular el número de fieles que abarrotaban esa plaza y tantas calles adyacentes, se
estima entre medio millón y un millón de participantes. En la homilía Glemp afirmaría: “solamente
el débil mental puede pensar que con la muerte del justo se le aniquila, sin embargo los justos viven
en paz y están en las manos de Dios, en el seno de la fuente de la vida”.

Dos días después del entierro Juan Pablo II diría: “Rezo por Jerzy Popie uszko, pero todavía más
rezo para que de esta muerte brote un gran bien, como de la Cruz salió la Resurrección. Ya lo he
dicho en la última audiencia general que por eso rezo continuamente. Que esta muerte sea la fuente
de una nueva vida”. Palabras proféticas del papa polaco pues la muerte y martirio del sacerdote
Jerzy hizo que su mensaje, su doctrina, su obra se extendiera con una fuerza espectacular. Si en las
viejas y sabidas palabras de Tertuliano en las que afirmaba que la muerte de los mártires es semilla
de nuevos cristianos, en Popieuszko tenemos un claro ejemplo de lo ocurrido en el siglo XX.
¡Cuántas confesiones y verdaderas conversiones se dieron en esos días y también después! Eso en el
ámbito personal, pero conviene recalcar que Popieuszko dando su vida por la Verdad dio un golpe
mortal a su asesino torturador: la mentira comunista. La caída de ese sistema en el año 1989 tiene
diferentes causas, una de ellas es la muerte heroica del sacerdote Jerzy.
UN LUGAR DE PEREGRINACIÓN EN VARSOVIA

En mis largos años de estancia en Varsovia no pocas veces he tenido la ocasión de acompañar a
visitantes esporádicos de esta ciudad. Ante mi pregunta: ¿Qué quieres ver, qué te interesa de
Varsovia? Mucha veces la repuesta era: “Vamos a la tumba de Popie uszko, y después me enseñas
lo que quieras”. En estos veintiséis años que nos separan de su muerte se han contado 18 millones
de peregrinos, y parece ser que los no contados arrojan otros tantos millones. ¡Un espectáculo! El
14 de junio de 1987 Juan Pablo II fue a su tumba, situada junto a la iglesia de San Estanislao de
Kostka. Le habían preparado un reclinatorio, lo apartó saltando la cadena que hacía de barrera,
depositó una guirnalda de flores rojas y blancas, se arrodilló en la tierra y besó la tumba.
Permaneció un buen rato en oración de rodillas. Junto a él, de rodillas también, los padres de
Popieuszko. “Mujer, nos has dado un gran hijo”. Le dijo el Papa a Marianna. “Santo Padre, yo no
lo he dado, sino Dios lo ha dado al mundo a través de mí”. El Papa la abrazó, la besó en la cabeza y
después abrazó fuertemente al padre de Popieuszko. “Os bendigo a todos, también a los que se han
quedado en casa”. Marianna, nacida como el actual venerable Juan Pablo II en el año 1920, tuvo
entonces la profunda convicción de que vería la beatificación de su hijo sacerdote. Y allí estará, si
Dios quiere, en Varsovia, el 6 de junio del año 2010 en la plaza de Pisudski o de la Victoria. En el
mismo lugar en el que el 3 de junio de 1979 Popie uszko anotó las palabras que acababa de
escuchar del Papa: “Espíritu Santo renueva la faz de la tierra. Renueva los corazones. El Espíritu
Santo inspira especialmente ayer y hoy a nuestra ciudad por la persona de Juan Pablo II. Recemos.
Recordemos. Somos templos del Espíritu Santo”.

SU DEVOCIÓN

Desde el día de su entierro hasta la fecha de hoy junto a su tumba se ve rezar a una multitud de
personas. Allí han rezado papas como Juan Pablo II o el entonces cardenal Ratzinger; presidentes
como George Bush, Guilio Andreoti oVaclaw Havel; primeros ministros como Margaret Thatcher;
cardenales como Lustiger, Sin, Vlk o Lehmann. También gente importante del mundo de la cultura
y de la ciencia, pero sobre todo gente corriente, fieles de a pie. Muchos le conocían personalmente y
acudían para agradecer por el bien recibido gracias a su intercesión. Existe una continua vigilia para
que la obra y las ideas de Popie uszko continúen: los valores humanos y cristianos por los que
entregó su joven vida, como son la pasión por la verdad, la libertad y la ayuda a los que sufren las
injusticias.

El actual párroco de san Estanislao de Kostka tiene entre sus encargos el de dirigir y acompañar a
los peregrinos que se avecinan a la tumba y a la iglesia: “Ya inmediatamente después de la muerte
del sacerdote Jerzy y hasta hoy, durante más de veinticinco años, se ha desarrollado el culto privado
a Popieuszko. La gente acude continuamente para rezar, para pedir por las más variadas
intenciones. Una señal de la viveza del culto son las flores frescas que siempre se encuentran junto a
su tumba, a veces en cantidades asombrosas, como cuando se celebra un santo importante o hay
bodas. También junto a su tumba siempre hay velas encendidas que los peregrinos depositan. Y
favores espirituales, de manera especial llama la atención los muchos peregrinos que se acercan al
sacramento de la confesión, a veces después de muchos años sin hacerlo”.

Acuden grupos de monaguillos y de seminaristas. Del seminario de Varsovia acuden los alumnos
junto con los profesores todos los años en el aniversario de su muerte para junto a la tumba del
sacerdote mártir rezar las vísperas y cantar el himno mariano Bogurodzica, el texto más antiguo en
la lengua polaca datado del siglo XII. “Para los seminaristas Popieuszko es un ejemplo digno de ser
imitado por su amor a la Iglesia y a la Patria” declara el rector de ese seminario.

Citamos algunas cifras para hacerse una idea de la extensión de su devoción. Hay 141 libros
escritos en polaco y 52 en otros idiomas sobre Popie uszko. En Polonia tienen una calle con su
nombre 80 ciudades. También en Francia, Alemania y en Nueva York. 21 escuelas llevan su nombre
y dos de ellas en Sindey y en USA. Es patrón de miles de asociaciones, comunidades e
instituciones, sobre todo en relación con el mundo del trabajo y de los jóvenes. Se encuentran más
de 70 monumentos con su figura repartidos por toda Polonia y 8 de ellos en otros países.
Destaquemos de nuevo para acabar la extraordinaria película-documental “Popieuszko, la libertad
está en nosotros” de Rafael Wieczyski, que se encuentra también en italiano.

Estampa para la devoción privada: Dios infinítamente bueno, que concediste a tu siervo -el
sacerdote Jerzy Popieuszko- la gracia de ser fiel a su vocación sacerdotal hasta el martirio, te
rogamos con palabras del papa Juan Pablo II 'que de su muerte brote el bien como de la Cruz la
Resurrección'. Eleva a tu siervo Jerzy, inflexible defensor de los derechos de Dios y de los hombres,
don para nuestra Patria y para todo el mundo de la victoria del amor sobre el odio, a la gloria de los
altares. Misericordioso Dios, concédeme por la intercesión del Siervo de Dios el sacerdote Jerzy la
gracia que ahora te pido. Que el sacrificio de la vida de Jerzy y su intercesión ante Ti, ¡Oh Dios!,
sirva de aumento de la fe cristiana, de la unidad y de la paz en todo el mundo. Por Jesucristo nuestro
Señor. Amén.

ANEXO

He querido en este anexo final introducir el perfil espiritual de Popieuszko presentado por la causa
de beatificación. Pienso que de esta manera se entenderá mejor la figura de Popieuszko, sacerdote
de la Iglesia Romano católica y mártir, pues en Polonia se designa la Iglesia Católica siempre con el
calificativo de Romana. Además también presento tres textos de Popieuszko que me parecen
representativos de su pensamiento. En concreto las letanías a Santa María dentro de su homilía de
mayo del 1982. Su Via Crucis para los trabajadores en el Santuario de Jasna Góra en Czstochowa,
y otra de sus homilías patrióticas de 1983. Para acabar he introducido también una breve historia de
Polonia, muy sucinta y bajo el punto de vista del desarrollo de la religión católica. Acudir a las
fuentes da siempre una idea más perfecta de las palabras y la vida de este sacerdote mártir. Quisiera
también recordar un criterio hermenéutico importante que nos dice que toda lectura tiene que tener
en cuenta su contexto, las condiciones históricas, la lengua en que han sido pronunciada esas
palabras. A veces pienso que el famoso dicho italiano -tradutore, traditore- tiene mucho de verdad.
En fin, sin un cierto conocimiento de la lengua, tradición e historia polaca mucho de lo escrito
podría no entenderse del todo bien.

1. PERFIL ESPIRITUAL.
Informe realizado por la comisión histórica del proceso informativo de la beatificación.

Entre las características del perfil espiritual que se deducen del examen de la vida y el servicio
pastoral del sacerdote Jerzy Popieuszko, como también de su predicación, escritos y documentos
conservados, se destaca de manera especial lo siguiente:

Una determinación interior llena de sencillez en manifestar la fe. Se veía ya en la época de la


adolescencia, cuando como monaguillo recorría con mucha frecuencia los cinco kilómetros de
trayecto de la casa familiar a la iglesia parroquial, para participar en la santa Misa también en los
días de diario. No dejó su servicio de monaguillo a pesar de enfrentarse -del lado de algunos
profesores- con represiones en la escuela. Su calidad moral quedó también puesta de relieve durante
el servicio militar, sobre todo en la defensa de los derechos de los seminaristas-soldados para hacer
la oración y otras prácticas religiosas. Esta actitud le acompañó también durante su tarea pastoral
entre los trabajadores, en la cual fue fiel a los principios proclamados en nombre de la Iglesia.
Gracias a ello muchas personas descubrieron la riqueza de la doctrina social de la Iglesia. Aunque
pudo retirarse de esa manera de desempeñar la tarea pastoral, no lo hizo en nombre de aquella
fidelidad y como consecuencia lo pagó con el precio de la vida.

La apertura hacía los demás, especialmente hacia la persona enferma. Esta característica la adquirió
por la experiencia personal del sufrimiento en sus enfermedades durante el servicio militar y los
años de estudio en el seminario, como también durante los años de servicio pastoral en las
parroquias. La adquirió también por sus frecuentes estancias en el hospital, por las tareas pastorales
cercanas a los trabajadores del servicio sanitario y por los repetidos encuentros con los estudiantes
de la Academia de Medicina de Varsovia. Manifestación de la indicada ocupación por las personas
enfermas fue -entre otras- la atención (también material) de una de las casas de ayuda social en el
barrio Wola de Varsovia, y también la especial atención pastoral dedicada a las personas
perseguidas por las fuerzas políticas del estado totalitario.

El carácter sacerdotal de su servicio cristiano-social. Se comprometió en el marco integral del


servicio de la Iglesia en Polonia para resolver los problemas de la vida pública relacionados con el
periodo de estado de guerra, realizando esa tarea no como un agente social, sino -conviene
recalcarlo- como sacerdote y pastor de almas. Viviendo su personal vocación, reunió entorno al altar
personas que sufrían por motivo de sus convicciones, sintiéndose humillados y ofendidos. Les hizo
ver el sentido sobrenatural de la injusticia vivida al saber unir sus sufrimientos con el amor de
Jesucristo en el sacrificio eucarístico.

Miró los problemas sociales desde la perspectiva de la fe. Aunque no fue un profesional conocedor
de los principios de la doctrina social de la Iglesia, pudo leer las 'señales de los tiempos' en relación
con la falta de respeto a la persona humana como sujeto según el sistema totalitario marxista, sobre
todo en el estado de guerra. Anunció los principios fundamentales cristianos de la vida social: la
verdad, justicia, caridad, solidaridad y bien común, evitando al mismo tiempo el odio hacia los
adversarios políticos. Manifestó un profundo pensamiento religioso en torno a los asuntos
temporales. En su servicio no se limitó a enseñar personalmente, sino que organizó la preparación
de agentes sociales en el campo de la doctrina social de la Iglesia, ayuda material a los necesitados,
como también ayuda jurídica y médica para los encarcelados por sus convicciones y para sus
familias. A mucho fieles les condujo a la práctica sacramental después de mucho años sin practicar.

Absoluta fidelidad a la Iglesia. En su enseñanza no manifestó sus opiniones cristiano-sociales sino


sirviendo a la verdad -en el marco de su servicio a la Iglesia- bebió en las fuentes de los documentos
del magisterio de la iglesia, de los discursos del papa Juan Pablo II, del cardenal Wyszyski y de
otros obispos polacos. Fue también absolutamente fiel a su obispo.

Sin lugar a dudas la característica que le distinguía entre los sacerdotes polacos de aquel entonces,
era la capacidad de unir personas entorno a los asuntos de la fe y de los temas relacionados con la
vida social. Esta habilidad se transformó después en su gran pasión por ayudar espiritualmente y
materialmente a tantos injustamente tratados. Los que experimentaron sus desvelos pueden
testimoniar que fueron proféticas las palabras elegidas como su lema sacerdotal en el recordatorio
de su primera misa solemne, parafraseando al profeta Isaías dejó escrito: “Dios me envía para
predicar el Evangelio y curar las heridas de los doloridos corazones”. Los estudiosos de la vida del
sacerdote Jerzy fácilmente descubren que esas palabras crecieron en él, dando fruto maduro en
todas sus obras hasta el martirio.

Conviene destacar su interés por la ayuda material al seminario. El sacerdote Jerzy organizó becas
para los seminaristas, las consiguió en parte de sus propios fondos movilizando la generosidad de
muchas personas. Consideraba la ayuda económica para formar espiritualmente a los jóvenes como
un importante deber. Es característica especial del perfil espiritual del Popieuszko que atrayendo a
la gente descubría en el seminarista, niño u obrero una persona necesitada, y sabía ayudar de forma
concreta.

Su interés por cada persona en su trabajo sacerdotal, en sus enseñanzas y en su acción caritativa fue
en el sacerdote Jerzy la forma mejor y más profunda de predicar sobre el amor, fundamento de los
principios de la vida social. En sus homilías, preparadas de forma muy cuidada, frecuentemente
hacía referencia a esos principios y a las enseñanzas del primado cardenal Stefan Wyszyski y a las
del Santo Padre Juan Pablo II, al que citaba con un santo orgullo. En sus homilías durante las Santas
Misas celebradas por la intención de la Patria, desarrollaba las ideas de esas citas. Con fuerte
convicción sabía unir la rica tradición de las enseñanzas patrias con el espíritu de los valores
evangélicos.

El evangelio y la doctrina cristiana que de él brota lo consideraba como razón del ser polaco. Cada
predicación suya la consideraba sumamente importante, preparándose conscientemente con la
oración, la lectura y la confesión sacramental.
2. HOMILÍA CON LAS INVOCACIONES A SANTA MARÍA 30.V.1982

Madre de Dios, Virgen santa! Escucha nos! Tú estuviste bajo la cruz sufriendo indeciblemente
cuando tu Hijo Jesucristo moría en la cruz. Allí, bajo la cruz, Cristo te hizo nuestra Madre y a
nosotros nos hizo tus hijos. Sí, ¡eres nuestra Madre!

El rey Juan Casimiro te eligió como Reina de nuestra Patria. Eres pues nuestra Madre y nuestra
Reina. Y por eso, siendo nuestra mejor Madre, debes sufrir cuando ves a tus hijos que viven su
calvario. De manera especial sufren tus hijos en este mes de mayo a ti dedicado. Lo más visible es
el odio de aquellos que no saben lo que hacen, que tanto daño y destrucción moral infligen a nuestra
Patria. El odio se hace visible en los días de tus celebraciones como el 3 de mayo, día de la Reina de
Polonia.

Muchas han sido las lágrimas derramadas por nuestras hermanas y hermanos en ese día pues
muchos han sido los ataques de odio. Te rogamos, como Madre y Reina, por aquellos que más
sufren. Te rogamos con la letanía de nuestro tiempos, de nuestro días, de nuestro último medio año,
de este medio año de esclavitud de tus hijos debido al golpe militar.

Madre de los que tienen esperanza en Solidaridad ruega por nosotros


Madre de los engañados ruega por nosotros
Madre de los traicionados ruega por nosotros
Madre de los apresados en la noche ruega por nosotros
Madre de los encarcelados ruega por nosotros
Madre de los que se hielan ruega por nosotros
Madre de los asustados ruega por nosotros
Madre de los mineros fusilados ruega por nosotros
Madre de los trabajadores en los astilleros ruega por nosotros
Madre de los invigilados ruega por nosotros
Madre de los injustamente condenados ruega por nosotros
Madre de los obreros ruega por nosotros
Madre de los estudiantes ruega por nosotros
Madre de los actores incólumes ruega por nosotros
Madre de los que dicen la verdad ruega por nosotros
Madre de los que no se venden ruega por nosotros
Madre de los inquebrantables ruega por nosotros
Madre de los huérfanos ruega por nosotros
Madre de los heridos en el día de tu fiesta Reina de Polonia ruega por nosotros
Madre de los insultados por llevar la insignia de tu santo rostro ruega por nosotros
Madre de los despedidos del trabajo ruega por nosotros
Madre de los obligados a firmar en contra del dictado de su conciencia ruega por nosotros
Madre de los niños que echan de menos a sus madres y padres encarcelados ruega por nosotros
Madre de las madres que lloran ruega por nosotros
Madre de los padres desasosegados ruega por nosotros
Madre de tu siervo encarcelado Lech (Wasa) ruega por nosotros
Madre de los sabios y escritores humillados ruega por nosotros
Madre de la Polonia sufriente ruega por nosotros
Madre de la Polonia luchadora ruega por nosotros
Madre de la Polonia libre ruega por nosotros
Madre de la Polonia siempre fiel ruega por nosotros

Te rogamos Madre, tú que eres la esperanza de millones de personas, danos a todos vivir en libertad
y verdad, en fidelidad a ti y a tu Hijo. Amen.

3. VIA CRUCIS EN JASNAGÓRA


durante la peregrinación de los trabajadores el día 18 de septiembre de 1982

Queremos ir hoy por el camino de la cruz en este lugar santo, en donde desde seiscientos años reina
la Madre de Dios. Y me acerco en este día para presentar a los trabajadores, hombres de vida recia
que en los últimos años han levantado en alto su estandarte con el emblema: Dios, Honor, Fe,
Solidaridad, Patria.

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús condenado a muerte

Estamos con toda la familia humana en el Camino de la Cruz de Jesucristo. Recordamos sus
palabras: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que tome su cruz y que me siga”. A través de la Cruz
de Cristo todos hemos recibido la libertad, todos hemos sido constituidos Hijos de Dios. En nuestra
Patria todavía muchos de nuestro hermanos están privados de la libertad. Por eso pedimos la
libertad para todos aquellos que de manera injusta se les ha sido arrebata.
SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús con la cruz a cuestas

Jesucristo llevando la cruz a hombros nos acompaña en nuestro camino. Nosotros también somos
capaces de levantar nuestra cruz, la cruz personal, la cruz de nuestras familias, la cruz de nuestra
maltratada Patria. Somos capaces de llevar a hombros cualquier cruz si nos fijamos en nuestro
modelo: Jesucristo con la cruz a cuestas. Él nos dice: “Venid a Mí, todos los que estáis cansados y
agobiados”. El mundo del trabajo mostró que es capaz de levantar su cruz y la cruz de la Patria,
cuando de rodillas, con el rosario en las manos y canciones religiosas, en agosto del 80 asumió de
buena gana la cruz de la Patria para ir con ella a la gloria de la Resurrección. En el camino de
nuestra vida nos encontramos con abundantes dificultades; una de ellas es la violación de nuestra
conciencia humana. Rogamos pues por todos aquellos que intentan de cualquier modo violar la
conciencia humana y rebajar su dignidad.

TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez

Jesucristo es nuestro Hermano en la humillación humana. Nos da ejemplo para que ante cualquier
caída nos levantemos inmediatamente. Nos da ejemplo para que no perdamos la confianza, para no
perder la esperanza. Con mucha frecuencia nuestra esperanza, la esperanza en tantos asuntos
profesionales y en la situación de nuestra Patria parece hoy quebrantada. ¡Te necesitamos
Jesucristo! Tú solamente puedes ayudarnos a fortalecer nuestra esperanza, la esperanza de que la
victoria siempre está de parte de lo que es grande y honrado, está siempre de tu parte. Te rogamos,
Jesús, que fortalezcas nuestra esperanza y la de nuestros hermanos...

CUARTA ESTACIÓN
Jesús se encuentra con su santísima Madre

Era Voluntad de Dios Padre que su Hijo no se sintiera solitario en la tierra, sino que tuviera Madre.
También ha sido voluntad de Dios que la familia humana no se quedara solitaria. Y por eso
Jesucristo en la cruz nos dio su Madre. María entró en la historia de nuestra Nación desde los
mismos orígenes, desde que la Nación recibió el bautismo, desde el principio cuando empezaba a
formarse Polonia como nación. Hoy estamos agradecidos a Dios de que en los momentos más
difíciles de nuestra historia María ha ido con la nación y ha vencido. No es posible enumerar todas
las victorias que se han realizado en nuestra Patria a través de la intercesión de la Madre de Dios.
Pedimos a María, que sufre con su hijo Jesús, por nuestra madres polacas, para que en las familias
se forme a los niños en un profundo amor a Dios y a la Patria.

ESTACIÓN QUINTA
Simón Cireneo ayuda a Jesucristo a llevar la cruz

Jesucristo pudo llevar la cruz el sólo, sin embargo quiso que en la obra de la salvación le ayudaran
otros. Como ha dicho uno de los santos: Dios no quiere solamente salvar al hombre, quiere que el
hombre colabore con Dios. La ayuda que ofrece este hombre a Cristo en la quinta estación
constituye para nosotros una lección: tenemos la obligación de ayudar a nuestros hermanos. Merece
la pena que ahora miremos a nuestra conciencia y nos preguntemos: ¿yo, en estos tiempos de difícil
y dolorosa prueba -especialmente en este humillante estado de guerra- me acuerdo de mis hermanos
que sufren? ¿Tengo el valor de recordar a mi hermano que está injustamente encarcelado? ¿Ayudo a
mi hermano sabiendo que ayudándole a él ayudo al mismo Jesucristo? Que no seamos indiferentes
ante las necesidades de nuestros hermanos, eso es lo que pedimos ahora en la oración.

ESTACIÓN SEXTA
La Santa Véronica enjuga el rostro de Cristo

Jesucristo Dios se presenta ante los hombres con el rostro escupido por el mundo: se nos muestra
humillado, ofendido, maltratado. Alguien, una mujer, en un momento de valentía cívica se hace
paso entre la acordonada de los soldados y con un paño enjuga el rostro de Cristo: tiene la valentía
de la misericordia ante el sufrimiento humano. ¡Cuán necesitados estamos hoy de la valentía de esta
santa Verónica! ¡Cuán necesitados estamos de la valentía para enfrentarnos con cualquier género de
mentira, de ofensa a quienes son símbolo para nosotros! ¡Cuán necesitados estamos hoy de la
valentía civil para recordar a nuestro hermano que sufre! El cardenal Wyszyski, nuestro fallecido
primado, decía que hoy al mundo lo que más le hace falta es la valentía; decía que el miedo y el
temor esclavizan al hombre, que el intimidamiento se cuenta en la estrategia del sistema 'ateo'.
Pidamos en esta estación a Cristo Señor la valentía y el vernos libres del miedo y del temor.

ESTACIÓN SÉPTIMA
Jesús cae bajo el peso de la cruz por segunda vez
No importa el número de la caída. La tradición nos dice que por segunda vez, pero no es eso lo que
cuenta. Lo importante es que Cristo después de la caída se levanta, continúa su camino pues sabe
que sólo en la cima está la victoria. Fijemos ahora nuestra mirada en El como ejemplo de fidelidad
y constancia que son principio de todo adelanto. Pidamos a Cristo nuestro Señor, que se levanta de
la caída, para que seamos fieles a los ideales que llevamos en nuestros corazones; fieles a los ideales
por los que hemos luchado en los ardientes días de agosto hace ahora dos años; fieles a los ideales
por los cuales nuestros hermanos pagaron el más alto precio: el precio de su vida, del sufrimiento y
el desprecio...

ESTACIÓN OCTAVA
Jesús consuela a las llorosas mujeres

Jesucristo pasó por la tierra haciendo el bien. El bien lo experimentaron una multitud de personas
por allí por donde El pasó. Del bien recibido guarda recuerdo el corazón humano, guardan recuerdo
unas sencillas mujeres que le encontraron sufriendo en el camino de la cruz y se compadecieron de
El, consolándole. Pero se olvidaron de la bondad de Cristo los que le condenaron. ¡Cómo sentimos
últimamente en nuestra Patria la falta de agradecimiento por todo lo que por ella ha hecho el
patriótico movimiento del trabajo! Se olvidan de ello los que por ese alzamiento dieron condenas de
muerte, pero sabemos que se acuerdan del bien que aquel agosto trajo a las gentes, se acuerdan de
las masas obreras.

ESTACIÓN NOVENA
Jesús cae otra vez más bajo el peso de la cruz

Las personas sufren diferentes caídas y la historia también tiene las suyas; nuestra Patria vive de
alguna manera su tragedia, caídas de las cuales parece que ya no se va a levantar, parece que ya no
hay nada que hacer. Pero Cristo con la cruz a cuesta, levantándose una vez más en su camino hacia
el calvario, nos muestra que para Dios no hay nada imposible. Cristo se levanta de su caída más
honda. La Patria también ha manifestado muchas veces que puede levantarse de cada abismo, de
cualquier esclavitud. Lo que es bueno y noble, todo lo levantado en Dios a través de la oración, del
sacrificio y dificultades, por la valentía se renueva a pesar de ser insultado hoy, a pesar de estar
recubierto de una capa de podredumbre y de maldad. ¡Qué no perdamos la esperanza en la victoria
del bien, de un bien a veces tan poco visible! El bien no necesita grandes gritos, el bien -el grano
echado en tierra- debe antes enraizarse para después romper la costra de la tierra. El mal no vence,
aunque pueda parecer que por un cierto tiempo que triunfa...

ESTACIÓN DÉCIMA
Jesús despojado de las vestiduras

Como cada uno de nosotros Jesús nació desnudo del seno de su Madre y desnudo vuelve a la tierra.
Todo lo que en la tierra adquirimos no tiene importancia en relación con aquello que en la vida
realmente poseemos. Hay que pasar por la vida siendo ricos en el alma. Hay que pasar por la vida
de tal modo que al enfrentarnos ante Dios no nos encontremos con las manos vacías, no nos
encontremos ante su Presencia con una vida malgastada. Sí, ciertamente es para nosotros difícil hoy,
Señor Jesús, no ser pobres de espíritu, cuando nos rodea toda una propaganda del sistema
materialista que intenta convencer al hombre, que con la tumba se acaba toda la vida. Sí, es difícil
hoy guardar la propia dignidad humana cuando el hombre es maltratado, cuando el hombre se
convierte en un instrumento del trabajo, cuando no todo se ordena al bien del hombre, sino que el
hombre se somete a la totalidad. Tenemos que ser fuertes Contigo, Jesucristo, para no dejarnos
engañar por aquellos que quieren construir nuestra Patria en esta tierra sobre el fundamento de lo
transitorio, por aquellos que quieren imponer en nuestros corazones, especialmente en el de los
niños y jóvenes, el ateísmo. Te pedimos, Señor Jesucristo, que en nuestro entorno hagamos
conscientes a otros que el hombre es hombre cuando no se olvida que es hijo del mismo Dios, y que
se encuentra en cola hacia la Casa del Padre, y en esta Casa no puede presentarse con las manos
vacías. De todo lo material nada nos llevaremos consigo...

ESTACIÓN UNDÉCIMA
Jesús clavado en la cruz

Las manos de Cristo que tantas veces bendijeron y curaron son clavadas en el madero. Sus pies que
caminaron anunciando la buena noticia no pueden ya moverse libremente. Jesús es clavado en la
cruz y allí todos nos unimos con nuestras cruces personales, con nuestras familias. Unimos a Tu
cruz, Señor, la cruz del mundo del trabajo. Unimos la cruz de nuestra Patria en la que falta
verdadera libertad y justicia, en donde son pisoteados y destruidos los ideales en los que fue
fundada “Solidaridad”. Te ofrecemos, unidos a tu cruz, las cruces de nuestros hermanos que hasta
el día de hoy sin juicio sufren en las cárceles. Sobre todo los hermanos Lypniki de Varsovia.
También te ofrecemos la cruz de nuestro hermano que de una manera especial ha sido degradado en
su dignidad, el mecánico Seweryn Jaworski. Te ofrecemos, unidos a Tu cruz, la cruz de la juventud
polaca, cruz que encontró su víctima con la muerte de Grzegorz Przemyka, con la cual se llenaba, se
derramaba la medida de odio dirigida hacía la juventud polaca. Te ofrecemos la cruz de todas las
inquietudes y preocupaciones por el futuro de los niños y jóvenes. Te ofrecemos todo lo que hemos
vivido durante este largo tiempo de prueba. Te ofrecemos esta cruz que hoy sufrimos, pues tuvimos
la esperanza, teníamos el derecho a tener la esperanza, que sería posible construir el bien de la
Patria después de suspenderse el estado de guerra, que sería posible entonces vivir en un acuerdo
social, en espíritu de perdón y sentarnos bajo una mesa común para el bien de la Patria. Todas estas
cruces que no es posible contarlas, o Jesús, únelas a tu cruz para que identificadas Contigo nos
lleven a la estación 15, que es la estación de la Resurrección.

ESTACIÓN DUODÉCIMA
Jesús muere en la cruz

Ante esta estación permanecemos en silencio pues es la única elocuente actitud ante lo que ha
sucedido allí, en el monte Calvario, cuando el hombre rechazó a Dios...

ESTACIÓN DECIMOTERCERA
Jesús bajado de la cruz

Con Cristo en su camino de la cruz permanecieron hasta el final los más fieles, los más valientes;
permanecieron porque creyeron que El resucitaría como había predicho. Quedaron unos pocos, pero
su fe en Cristo hizo posible que fueran capaces de contagiar a enteras generaciones con esa misma
fe. Sí, su profunda fe en la resurrección de Cristo les mantuvo con El hasta el final. Entre los más
fieles se encontraba su Madre. Hoy estamos agradecidos a la Madre de Dios, que permaneció junto
a la cruz de su Hijo, porque desde el principio de la historia de nuestra nación Ella ha estado
siempre bajo la cruz de nuestra patria, porque es Reina de nuestra nación pero también es al mismo
tiempo nuestra Madre. Está junto a la nación que sufre. Hoy nos es más necesario María como
Madre que como Reina. Madre que nos ayude a entender muchos difíciles asuntos, que nos ayude a
no perder la esperanza. Nos es necesario como Madre que nos lleva a la victoria, que debe venir
-como repetía el difunto primado- por María. Te damos gracias a Ti, Madre, por tu secular
protección de nuestra nación...

ESTACIÓN DECIMOCUARTA
Jesús descansa en la tumba
La tumba no es nunca el fin del hombre. El cristianismo está lleno de optimismo y de fe viva. El
cristianismo nos permite siempre mirar al futuro. También a través de la tumba. Santa María Jasna
Góra, Santa María de la Montaña Clara, tú que estuviste presente en el camino de la cruz, en tus
manos dejamos todas nuestras oraciones, todas nuestras pobres palabras, nuestros sentimientos,
nuestros miedos e inquietudes, nuestra confianza y nuestra esperanza, nuestros propósitos. Dejamos
en tus manos a nuestros hermanos que han dado su vida, o mejor dicho, que su vida les ha sido
arrebatada en la lucha por la justicia y por la dignidad del hombre trabajador. Te encomendamos
especialmente a nuestros hermanos de la mina Wujek, te pedimos por todos los trabajadores de la
Wybrzya y de Wielkopolski y de toda nuestra Patria; por los trabajadores que con su heroica
actitud han manifestado su fe. Ellos creen que la muerte no es el final de todo, que la violencia no
vence aunque a veces parezca que triunfa. Nos unimos humildemente, Madre Santa, a la gran
procesión de peregrinos, millones a lo largo de los siglos, que acudieron y están ahora viniendo a tu
santuario de la Montaña Clara para encontrarse Contigo y con tu Hijo. Te damos gracias, Madre
Santa, porque hoy hemos podido encontrarte con el grupo de la gente del trabajo, personas que
permanecen fieles a sus ideales. Fortalécenos, Madre, para que sepamos dar testimonio de la
verdad, justicia y solidaridad en el resto de nuestra vida. Ayúdanos a construir la solidaridad de los
corazones humanos en nuestra casas, en los fábricas de trabajo, en cualquier lugar donde nos envíes,
para permanecer en guardia en el puesto de nuestra vida...

AGRADECIMIENTOS

Quisiera de corazón agradecer a todos por la oración conjunta, pedir perdón por mis pobres
palabras. He hablado de lo que llevo en el corazón, con palabras poco apropiadas, pero lo
importante es vuestro esfuerzo, vuestra oración...
Para acabar cantemos. Pero antes de cantar uno de los trabajadores, que aquí ha venido desde
Varsovia quiere agradecer a la Madre de Dios, agradecer por esta herencia espiritual que siempre
aumenta al estar en Jasna Góra.

Trabajador

Nosotros los trabajadores, reunidos en la primera peregrinación a los pies de Jasna Góra te
agradecemos, Señora de la Clara Montaña, tu protección maternal sobre cada uno de nosotros.
Madre de Dios, el 11 de diciembre de 1981 te dimos la bienvenida en Varsovia con una ardiente
oración. Los días siguientes, llenos de tensión, te dirigimos la plegaria “no nos abandones”. Y así ha
ocurrido. En la terrible noche de diciembre estuviste junto a nosotros. Con nosotros fuiste a la
cárcel. Hoy especialmente te agradecemos, Madre, nosotros los obreros de los hornos, astilleros y
minas. Nos confiamos a Ti y tú nunca nos abandonaste. Señora de la Clara Montaña, hemos
construido cruces en nuestra fábricas, hemos abierto las puertas a nuestro Salvador. Está junto a
nosotros tu Hijo, Jesucristo. A tus pies en Jasna Góra te clamamos: Madre del Redentor, permanece
siempre junto a nosotros. No nos abandones. Contigo está nuestra victoria, contigo está nuestra
esperanza. Agradecemos también a los padres paulinos, tus fieles guardianes en Jasna Góra, pues
por primera vez nos han invitado a nosotros, trabajadores, a peregrinar. Deseamos cada año
peregrinar a Jasna Góra, a la Señora de la Clara Montaña. Esta es nuestra intención de nuestras
oraciones de hoy: bendice, Señora, nuestro diario esfuerzo del trabajo, para que sus frutos sirvan a
Dios y a la Patria...

4. HOMILÍA 25.IX.83

Jesucristo fue enviado a todo el mundo para llevar la Buena Noticia a todos los pueblos y naciones,
sin embargo tuvo su propia tierra, su propia Patria. Una Patria que tenía su tradición, su historia,
religión y cultura. Fue obediente a las justas disposiciones del derecho de su Patria, a pesar de que
ninguna, como Dios, le obligaban. Quiso Cristo con todo ello recalcar lo importante que es para
cada hombre la conciencia de poseer una propia Patria. Cada hombre está unido a su Patria por su
familia y lugar de origen.

La Patria es la comunidad con cultura autóctona, con sus logros y su historia más o menos alegre,
más o menos dolorosa. Es la riqueza lingüística, las obras de arte y la cultura musical, es su religión
y sus costumbres.

Quisiera que hoy en nuestra consideración, en nuestra meditación, nos detuviésemos ante la palabra
cultura. Me doy cuenta que es un tema largo y sinuoso como un río. En esto pocos minutos quisiera
señalizar y tocar solamente algunos problemas relacionados con esta palabra.

El Santo Padre Juan Pablo II durante su primera peregrinación a la Patria, dirigiéndose a los jóvenes
decía: “La cultura es manifestación del hombre, es afirmación de su humanidad. El hombre crea la
cultura y por la cultura se hace a sí mismo. La cultura es el bien común de la nación”. La cultura
polaca es un bien que se apoya en el bien espiritual de los polacos. Ella constituye en nosotros -por
el transcurso de los acontecimientos patrióticos- una identidad más real que las fuerzas de la materia
o las fronteras de un estado. Gracias a la cultura, la nación mantiene su identidad a pesar de la
perdida por largos años de la independencia. Aunque espiritualmente siempre ha sido independiente
porque siempre ha mantenido su gran cultura.

La cultura polaca desde los principios lleva consigo de modo palpable el sello cristiano. El
cristianismo siempre ha encontrado su eco en la obras del pensamiento, en las creaciones artísticas,
en la poesía y la música, en las artes dramáticas y plásticas, en la pintura y escultura. La cultura
polaca durante siglos ha tomado su inspiración del Evangelio. Adam Mickiewicz, nuestro gran
poeta nacional escribió en “Los manuscritos de la peregrinación polaca” que una civilización a la
medida de la dignidad del hombre tiene que ser una civilización cristiana.

Gracias al cristianismo estamos unidos a la civilización del occidente y hemos podido a lo largo de
la historia resistir a las invasiones de culturas de pueblos bárbaros. Nos hemos resistido a la presión
de unas culturas impuestas por nuestros enemigos o por los amigos. En la Polonia de la post guerra
se ha decidido que Dios y el Evangelio no van a tener lugar en la vida de la nación, y especialmente
las jóvenes generaciones van a ser educadas sin Dios. Pero se han olvidado que Dios no está
sometido a tales reglas.

Hoy es necesario una atrevida audacia para recordar a la Nación su derecho a tener Dios, su derecho
a la caridad, a la libertad de las conciencias, a la libertad de la cultura y de las tradiciones propias.
No se pueden crear unos hechos patrióticos sin historia, no podemos olvidarnos del cristianismo en
el camino de nuestra Nación. No podemos arrancar las raíces de nuestra más que milenaria historia,
pues un árbol sin raíces necesariamente se cae, ejemplos de esto tenemos abundantes en los últimos
decenios.

No se puede conducir la Nación al nivel cero y volver a empezar desde el principio. No nos es
permitido callar cuando en el último plan de educación escolar se destruye la cultura familiar, la
literatura y el arte, intentando sustituir la moral cristiana por la moral socialista. Cuando los
maestros en las escuelas de Varsovia informan a los padres cristianos que sus hijos van a ser
formados en el espíritu laico. Apartar a los niños de la verdad cristiana que durante siglos ha estado
unida a todo lo polaco, significa apartar a los niños de su espíritu polaco, es un desarraigamiento. La
escuela tiene que enseñar a los niños y jóvenes el amor a la Patria, el orgullo de la cultura propia.
No puede convertirse en una institución instrumento para un momento determinado. Debe existir
una unión del patrimonio de ayer con el patrimonio de mañana. Cuando esta misión no la cumple la
escuela existe una mayor responsabilidad por parte de las familias cristianas.
La cultura de la nación está constituida también por su moralidad. La nación cristiana debe
dirigirse por la moral cristiana, experimentada por siglos. La nación cristiana no necesita de la
moral laica pues es una moral sin rostro, ni esperanza, como decía el difunto Primado del Milenio.
La moral laica es una amenaza para los valores espirituales de la nación y debilita las fuerzas que
mantienen su unidad.

La nación no se destruye por las particiones, ni por los fracasados levantamientos y las
deportaciones a Siberia, ni por los intentos de la perdida de la propia identidad o la rusificación, a
pesar de las corrientes culturales de la Drzymal y el Kulturkampf que estuvieron fuertemente
presentes en el pasado siglo de la historia patria. No pudieron destruir la nación porque su identidad
se alimentaba de una historia y cultura de tiempos más remotos.

¿Cómo se va a mantener la Nación en su futuro inmediato a partir de la cultura e historia que hoy se
crea? ¿Es que se va a alimentar de los mentirosos artículos de “Rzeczpospolita”, “Trybuna Ludu” o
“Argumenty”? ¿O se creara quizás bajo el fundamento del silencio de hechos históricos, con los
cuales se pretende desarraigar de las mentes de los jóvenes la cultura nacional llena de sentido
cristiano y maravillosas conquistas? ¿Se constituirá la Nación con los continuos insultos a
Solidaridad, con sus falsas acusaciones a sus jefes elegidos en votaciones libres por la Nación? ¿O
se construirá sobre el desprecio y la retirada de las cruces en las escuelas y la fábricas, como
escriben con preocupación en el comunicado de hoy los obispos polacos?

Todo esto se hace contra la cultura nacional en un país cristiano, con un estilo de gobierno y presión
en contra de las costumbres cristianas, en contra de los derechos de la persona humana y de la
familia, lo que de seguro no favorece el desarrollo de la cultura.

Solamente una Nación libre de espíritu y amante de la verdad es capaz de mantenerse y de crear su
futuro. Así lo hicieron los hombres que dirigieron los levantamientos dando su vida en el campo de
batalla. O los poetas que supieron mirar al futuro lejano, como Sowacki que viviendo en el exilio
miraba el futuro de Polonia, que entonces no existía en el mapa de Europa, y vio a un polaco
sentado en el trono de san Pedro. Solamente una Nación que tiene sentido común y conciencia
delicada puede formar un futuro audaz.

5. BREVE HISTORIA DE POLONIA


Sin lugar a duda los orígenes de la historia de Polonia se une con los principios cristianos. En todos
los documentos la fecha 966 se da siempre como inicio de la nación Polaca pues en ese año se
bautizó Mieszko I, de la dinastía de los Piastów, considerado como el primer rey de los polacos,
uno de los muchos pueblos eslavos. Los dos patrones de Polonia, San Adalberto y San Estanislao,
son dos obispos mártires del siglo X y XI que se destacaron por su acción evangelizadora, como
también por su llamada a la conciencia de los reyes y gobernantes para que actuaran siempre según
los principios de justicia y caridad propios de la religión cristiana. La iglesia en Polonia siempre
estuvo con el pueblo y con la clase social más baja, con el campesinado. La geografía, el clima y la
posición geopolítica explican muchas cosas. Por ejemplo, en la arquitectura: si se conservan pocos
edificios es por el sencillo motivo que la piedra es en Polonia una excepción, todo el subsuelo es de
arena, y las construcciones de madera y ladrillo. Además la humedad, las frecuentes lluvias y
heladas del invierno dan su aporte no solo a las edificaciones sino a toda la vida del país. La
geografía es la de una llanura que limita al sur por sistema montañoso de los Sudetes y Cárpatos,
con abundantes bosques de roble, abedul y pino. Hasta el día de hoy para entender Polonia hay que
hacerse cargo de la importancia que tiene la gente que vive en el campo. La población siempre
estuvo muy extendida y el mismo nombre Polonia viene del latín -pola, campo-. Para el viajero que
recorra estas tierras en tren o coche no deja de ver en todo momento casas de campesinos con su
pequeño terreno marcado. Hasta el día de hoy un 40 % de la población vive en y del campo. En
cuanto a la evangelización tuvo una importancia capital la acción de los franciscanos, que
cristianizaron el mundo rural. Siempre la Iglesia Católica has sido vista como la defensora de la
libertad, los valores nacionales y los derechos de los más humildes.

El siguiente hito histórico a tener en cuenta es la unión con Lituania en el siglo XIV por el
casamiento de su rey Jagiello con Jadwiga Andegawenska, la santa de Cracovia, lo que dio origen al
Unión Polaca-Lituania, es decir la unión de dos estados (dos repúblicas) en un rey con tres naciones
(la polaca, lituana y ucraina). Polonia era un reinado estructurado a partir de finales del XVI como
república, con tres estados: el rey, los nobles y el clero (este último era la voz de la clase rural). El
rey era electivo y con poderes limitados y controlados por los nobles. Un hecho característico de
Polonia será la distinción entre ciudadanía y nacionalidad. La ciudadanía la daría el estado, la
nacionalidad las raíces culturales, lingüísticas, históricas propias de cada grupo social. En los
documentos oficiales siempre se distingue y se pregunta: ciudadanía, nacionalidad. En el siglo XV-
XVI el estado polaco llegó a su mayor esplendor y se decía que sus dominios llegaban de mar a mar
(del mar Báltico hasta el mar Negro). Es necesario citar la batalla Pod Grunwalden en 1410 contra
los caballeros cruzados de la orden teutónica. La victoria polaca puso límites a los deseos de
expansión e imposición de la fe cristiana por la fuerza de las armas propio de esos caballeros, algo
que siempre fue en contra del espíritu de la iglesia en Polonia y de lo polaco decido ante todo por la
libertad.

El siglo XVII se caracteriza por la debilidad del estado polaco-lituano, la llamada 1ª república
(1560-1795), y la invasión de los protestantes suecos que ocuparon buena parte del territorio polaco.
Uno de los lugares que resultó invicto fue el Santuario de la Montaña Clara, Jasna Góra, en
Czstochowa. El rey Juan Casimiro dio a la Virgen de Jasna Góra el título de reina de la corona de
Polonia. Este hecho va a tener siempre un significado elocuente: la protección de María en la
historia de la Patria. También un acontecimiento significativo es la participación del rey polaco Jan
III Sobieski en la batalla contra los turcos junto a Viena en 1684, esa victoria supuso una defensa de
la cristiandad en el este de Europa.

A finales del siglo XVIII la debilidad del estado polaco hizo que fuera repartido entre los Prusos,
Rusos y el imperio Austro-Húngaro. La primera repartición de territorios fue en 1772, la tercera
repartición y última en 1795 como respuesta a la instauración el 3 de mayo de 1791 de la
constitución polaca. El estado polaco despareció del mapa de Europa pero no la nación. Ya desde el
principio de la repartición los polacos lucharon por recuperar su estado, pues es una tendencia de
los pueblos con sentido de nación el deseo de tener su propio estado. Esta lucha por la libertad
quedará siempre marcada en la historia del país. La primera insurrección por la independencia la
hizo Kociuszko, su fracaso le hizo viajar a Estados Unidos en donde fue uno de los padres de la
constitución americana. En noviembre de 1831 y en enero de 1863 fueron las otras insurrecciones
independentistas que fracasaron y produjeron una gran represión, con masivos destierros a Siberia,
por parte de los zares rusos. Sin embargo esos levantamientos mantuvieron el fervor y el sentido
-muchas veces dramático- de la nación. La iglesia era instrumento vivo para salvaguardar y
transmitir las tradiciones históricas de la Patria, como también la enseñanza de la propia lengua.
Curiosamente el siglo XIX -sin la existencia de un estado- es cuando más florece la literatura y la
cultura polaca, eso sí fuera de sus fronteras. Muchos de los grandes prohombres escriben desde
Paris u otras ciudades: Mickiewicz (autor de Pan Tadeusz, el Quijote polaco), Sowacki,
Sinkiewicz, etc. Se dice, y no sin razón, que la nación polaca, como el pueblo elegido de la Antigua
Alianza, supo mantener su identidad y se consolidó en el exilio. Las lucha por conservar la
identidad polaca se entrecruzaban por conservar la religión. Los prusianos imponían el
protestantismo y los rusos la doctrina ortodoxa. Solamente en los territorio que cayeron bajo el
impero Austro-Húngaro, la llamada Galicia con Leopolis y Cracovia como ciudades representativas
gozaron de una mayor libertad.
Fruto de los acuerdos de Versalles, después de la primera guerra mundial, se creó el estado polaco.
La figura que consigue hacer realidad lo previsto teóricamente en los acuerdos es Józef Pisudski.
Hay que destacar la batalla en Varsovia junto al Vístula en 1920 en donde se venció a los soviéticos.
Se le llama 'el milagro del Vístula' pues no se acaba de explicar bien como un ejército recién
reorganizado pudo vencer. Polonia se estructuraba como un estado territorial – la 2ª república- con
una pequeñísima apertura al mar, limitado -o más bien rodeado- al oeste por el estado alemán que
quedaba como partido en dos, la Unión Soviética, Lituania y Estonia en el este; Chequia,
Eslovaquia, Hungría y Rumunia en el sur. Había una gran apertura hacia el este que agrupaba una
población minoritaria no polaca. Datos: extensión 389.720 km² , población: 34 millones,
nacionalidades: polaca 69%, ucraina 10%, judía 9%, rusina 4%, blancorusa 3%, alemana 2%,
poleszuka 2%, lituana 1%. Cada minoría era reconocida sobre todo por tener su propia lengua.
Población en el campo 70%.

El 1 de septiembre de 1939 los nazis atacaban Polonia por el oeste, el 17 de ese mismo mes lo
hacían los comunistas soviéticos por el este, era el principio de la segunda guerra mundial. Polonia
nunca firmó la rendición, fue el país que más resistencia puso a los nazis formando todo una
estructura estatal bajo tierra (ejército, escuela, servicios de información, etc). Tampoco reconoció a
los soviéticos. Los nazis con los servicios de la SS y los comunistas con la NKWD hicieron todo un
plan para acabar con la élite polaca. Una de esas decisiones fue la firmada por Stalin de matar a
todos los oficiales presos encarcelados (unos 25 mil). La película Katy de Wajda da idea clara de
lo que pasó entonces y después.

Acaba la guerra -por los acuerdos de Jalta- Polonia cayó bajo la influencia soviética. Se realizó el
corrimiento de fronteras. Polonia había perdido en la guerra seis millones de ciudadanos polacos,
dos millón de ellos judíos, muchas ciudades destruidas con Varsovia a la cabeza. La capital sufrió
dos levantamientos, la del getto judío en 1943 y el levantamiento de Varsovia del 1 VIII al 30 IX de
1944. En este ultimo hubo 200.000 víctimas polacas, de entre ellas 40.000 soldados polacos, y
30.000 soldados nazis. La destrucción de Varsovia -casa a casa- según las ordenes de Hitler: 'que
Varsovia desaparezca del mapa', fue enorme. Se calcula que otros seis millones de polacos dejaron
las tierras del este con Wilno y Leopolis como ciudades importantes perdidas para instalarse en la
parte quitada a Alemania (como castigo por el apoyo de una gran parte de la población a los nazis).
Doce millones de alemanes tuvieron que retirarse al oeste perdiendo ciudades como Breslau o
Stettin. Para la gran mayoría de los polacos la guerra se perdió de nuevo. Comienza lo que se llama
el PRL (Partia Robotnicza Ludowa, Partido Trabajador Popular). Parte del ejército, no
reconociendo el gobierno comunista, siguió luchando en guerra de guerrillas. En los bosques cerca
de Bialy Stock en donde Popie uszko pasó su infancia actuaban grupos de estos soldados que había
perdido todo y luchaban a la desesperada.

La Polonia de la posguerra adquirió unas fronteras geográficas artificiales más claras y también una
reducción de las minorías siendo un 92% de la población de nacionalidad polaca, lo que siempre
evita conflictos. De la Polonia del PRL hay que destacar las protestas obreras de Pozna 1956, de
Gdask en 1970, de nuevo en Gdask y en Varsovia en 1980, con la creación del primer sindicato
independiente Solidaridad. También hay que destacar el golpe militar del 13.XII.1981 -de manos
del general y jefe del partido comunista Wojciech Jaruzelski- que instauró un período de especial
represión y suspensión de todas las libertades -el llamado estado de guerra-, lógicamente
Solidaridad quedó fuera de la legalidad.

Conviene recordar que hay dos factores con los que no pudieron los comunistas: el campo y la
Iglesia. El campo polaco tan tradicional y fuerte estaba muy repartido, cada campesino era
propietario de su pequeño terreno. No fue posible la socialización comunista con la perdida de la
propiedad privada. Solamente en los terrenos conquistados al oeste se intentó una recolectivización
que resultó un fracaso, como toda la economía comunista. La Iglesia se mantuvo en todo momento
muy fuerte y unida. Cabe destacar el papel fundamental del Primado Stefan Wyszyski, que a pesar
de ser encarcelado manifestó una fortaleza audaz con su famosa frase 'non possumus': no podemos
dejar que los dictados comunistas quieran imponer las leyes dentro de la Iglesia (elección de
obispos, limitación de seminarios, etc). La Iglesia mostró un batalla callada pero eficaz. Se organizó
la preparación del milenio del Polonia con nueve años de anticipación (del 1957 al 1966) con una
continua peregrinación a Jasna Góra. Al mismo tiempo se cuidó muy bien la formación en los
seminarios, la formación del clero. Cabe destacar la función de la institución llamada en polaco
'plebania', es decir el lugar en donde en cada parroquia los sacerdotes diocesanos que trabajan es
ese lugar, los otros que viven o trabajan en ese territorio, se reúnen todos los días para comer juntos.
La unidad del clero con los obispos y entre sí hizo que los índices de perseverancia del clero fueran
y sigan siendo muy altos. Además de eso la Iglesia presentó una pastoral de ataque, de puertas
abiertas, activa, con iniciativa. La iglesia siempre tiene algo que ofrecer. Un ejemplo entre otros
muchos: la 'kolenda'. Kolenda significa literalmente villancico, pero se refiere también a una
iniciativa desde hace siglos que perdura hasta hoy, consistente en que el párroco y los vicarios
durante el periodo de Navidad visitan a todas las familias de la parroquia llamando a las puertas de
las casas, bendiciendo las familias e interesándose por su situación material y espiritual.
El secuestro y asesinato de Popieuszko en octubre de 1984 por fuerzas de la seguridad del estado
dio la vuelta al mundo. Era una muestra clara y evidente que el sistema comunista no respeta los
fundamentales derechos de la persona, es enemigo de la libertad y de la mayor rebeldía del hombre:
su espiritualidad, su apertura a Dios, su religiosidad.

En esta historia de Polonia del siglo XX hay que destacar la elección de Karol Wojtya, cardenal e
Cracovia, como sucesor de San Pedro en la cátedra de Roma el 16 de octubre de 1978. Juan Pablo II
viajó 9 veces a Polonia: junio 1979, junio 1983, junio 1987, mayo y agosto 1991, mayo1995, junio
1997, junio 1999, agosto 2002. Esas peregrinaciones dejaron una memoria imborrable en millones
de polacos, tuvieron una influencia difícil de calificar. En noviembre de 1989 la 'mesa redonda' en
donde se sentaron juntos los comunistas con los jefes de Solidaridad hizo posible la entrada en la
democracia. Empieza la 3ª república que tuvo a Wasa como su primer presidente. Entrada en la
OTAN en 1996 y en la Comunidad Europea en el año 2005. El desarrollo económico es visible.
Para dar un dato comparativo: en 1982 el PNB de España era 200 veces más grande que el de
Polonia, ahora solamente lo duplica.

Para acabar citemos un acontecimiento luctuoso pero significativo: la catástrofe aérea en Smolesk
el 10 de abril de 2010. En abril de 1940 en los bosques junto a Smolesk, en Katy, por orden de
Stalin la NKWD ejecutó con un tiro en la nuca a decenas de miles de oficiales polacos. En el viejo
avión Topolev de fabricación rusa fallecieron ese diez de abril el presidente de la república polaca
Lech Kaczyski y su mujer Maria, el presidente de la república polaca en el exilio Ryszard
Kaczorowski y toda una serie de figuras representativas de todos los partidos y de todas las clases
sociales. Los seis generales jefes de toda la armada. El obispo castrense católico y ortodoxo, siete
sacerdote católicos entre ellos el capellán del presidente y el rector de la Universidad Cardenal
Stefan Wyszyski en Varsovia, más un pastor evangelista. Hombres de solidaridad con Anna
Walentynowicz a la cabeza. El presidente en su mensaje del 70 aniversario de Katy que iba a leer
esa mañana había escrito: 'como la mentira de Katy fue el fundamento del PRL, la verdad sobre
Katy es el fundamento de la república polaca en libertad'. La muerte dramática de todas esas
personalidades de la tercera república da un golpe mortal a la mentira del sistema comunista. La
verdad de Katy propagada por ese trágico accidente aéreo ha descubierto la mentira del sistema
comunista, constituye además un mensaje a Rusia y a todo el mundo para que tome cuenta de la
atrocidades cometidas por Lenin, Stalin y todos sus secuaces. Como diría el primer ministro Donald
Tusk hablando de las personas que iba en ese avión: 'en esa lista de nombres estaba toda la Polonia
y toda nuestra historia polaca'.
BIBLIOGRAFIA DE LA QUE ME HE SERVIDO

Ewa Czaczkowska, Tomasz Wicicki, Ksidz Jerzy Popieuszko, Warszawa 2009.

Piotr Czartoryski-Sziler, Modlitwa za Polsk, Ksidz Jerzy Popieuszko we wspomnieniach bliskich ,


Szczecinek 2004.

Krystyna Daszkiewicz, Uprowadzenie i morderstwo Ks. Jerzy Popieuszko, Pozna 1990.

Milena Kindziuk, wiadek prawdy, ycie i mier ksidza Jerzy Popieuszko, Czstochowa 2004.

Piotr Litka, Ksidz Jerzy Popieuszko. Dni, które wstrzsny Polsk, Kraków 2009.

Piotr Nitecki, Znak zwycistwa. Ksidz Jerzy Popieuszko 1947-1984, Wrocaw 1990.

Jerzy Popieuszko, Kazanie patriotyczne, Warszawa 1984 (debido a la censura fue impreso sin
autorización días antes de su muerte, Popieuszko no llegó a verlo publicado ).

Jerzy Popieuszko, Cena mioci Ojczyzny, Warszawa 1985 (también publicado ilegalmente)

Kevin Ruane, Racja stanu: zabi ksidza, Kraków 2004.

Gra yna Sikorska, Prawda warta ycia, ks. Jerzy Popieuszko, Warszawa 1991 (la edición original
es en inglés: A Martyr for the Truth – Jerzy Popieuszko, London 1985)

Biuletyn postulacji nr 6, Suga Boy ks. Jerzy Popieuszko – XXV Rocznica Mczeskiej mierci ,
Warszawa 2009.

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