15 de AGOSTO del 2016

AÑO 51 - NÚMERO 68

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EL REBELDE
ÓRGANO OFICIAL DEL MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA

¡¡ Por una Vida Digna para Todos !!

¡¡A UNIFICAR LA FUERZA DE LOS
TRABAJADORES!!
Los últimos años, la sociedad chilena vive las
consecuencias del deterioro cada vez mayor del
llamado modelo neoliberal, que empieza a hacer
aguas por todos lados. El entramado que en
nombre de los grandes empresarios nacionales y
extranjeros, impusiera la dictadura y consagrara
con la constitución del 80, está en crisis. Por todo
el país surgen las demandas de las zonas olvidadas
por el capital, y desde todos los sectores sociales
se levantan reivindicaciones democráticas. Aunque
los procesos sociales son lentos, los grados de
injusticia evidentes en la sociedad, impuesta desde
el golpe de estado del 73, hacen que las
manifestaciones de descontento salgan a flote y
se acumulen generando las condiciones para
formar un gran movimiento por la democratización.
Las respuestas institucionales a las demandas
sociales son insuficientes para seguir engañando
a los trabajadores y pueblos de Chile, como lo
demuestra la escasa participación en los procesos
electorales.
La constitución del ‘80, que generó los cimientos
políticos en base a los cuales ha sido posible el
constante perfeccionamiento y consolidación del
modelo económico, no es capaz de responder a
las necesidades de nuestros pueblos y se muestra
claramente como una camisa de fuerza frente a
los esfuerzos permanentes de democratización
que se expresan a lo largo y ancho del país. El
gran acuerdo económico, político y social
determinado por el gran capital nacional y
extranjero, se desmorona por las propias
contradicciones de la dependencia y la dictadura
velada del capital. La gobernabilidad neoliberal al
no poder lograrse democráticamente, debe
profundizar la cooptación, la represión policial, el
temor, el engaño y la división.
Preocupados por el desgaste del gran acuerdo
generado en torno a la llamada transición, los
líderes neoliberales y sus respectivas alianzas
políticas han empezado a construir los puentes
para lograr un nuevo acuerdo. Es destacable que
el desgaste de su acuerdo es producto de las

contradicciones propias de su modelo de
dominación. Es su propia corrupción, la gran
concentración de la riqueza, y la ausencia de una
estrategia de desarrollo propia, entre otras, las
que muestran los límites que tiene para nuestra
sociedad el modelo que ellos impusieron. No es
aún la presencia de la fuerza de los trabajadores
organizados con programa propio y movilizados
la que pone en cuestión la dominación del capital,
sin embargo, la aparición de movilizaciones
sociales con demandas muy justas les urge a
buscar formas, líderes y alianzas para volver todo
a la “normalidad”.
La realidad cada cierto tiempo pone las cosas en
su lugar, separa la paja del trigo y muestra la
crueldad existente detrás del exitismo del modelo.
De toda la corruptela conocida los últimos tiempos
es posible concluir que en ningún momento el
gran empresariado ha dejado de controlar los
destinos de la sociedad en función de sus
intereses. Frente a las demandas reales, los
servidores del capital han inventado formas y
procedimientos para intentar calmarlas. El proceso
constituyente y las reformas de todo tipo,
finalmente, jamás van al fondo de los problemas
y por ello no convocan masivamente al pueblo
que no quiere seguir siendo engañado. Ahora
que están a la vista los resultados de ellas, se
puede asegurar que siempre estuvimos frente un
paquete de reformas cínicas e insuficientes que
legitimaron la lógica del mercado por sobre los
derechos sociales.
Los servidores políticos del gran capital están
dados a la tarea de lograr el acuerdo político empresarial II para perpetuar la injusticia. Para
los demócratas verdaderos, es necesaria y urgente
la construcción de un gran acuerdo por la
democratización de la sociedad chilena. La
incapacidad de la izquierda y el progresismo para
constituirse en una tercera fuerza que presione
por la democratización desde los procesos
electorales municipales debe ser resuelta
rápidamente. Las injusticias que los trabajadores
y sus familias viven cotidianamente no permiten
éticamente que quienes se supone tienen grandes
acuerdos respecto del tipo de sociedad
democrática no lleguemos a acuerdos políticos
sociales y electorales.
POR UNA VIDA DIGNA PARA TODOS

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comunicaciones@mir-chile.cl

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