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La innovación y la Destrucción Creativa van muy de la mano.

El concepto de Destrucción Creativa lo ideó el
sociólogoWerner Sombart y lo popularizó el economista Joseph Schumpeter. Básicamente define el proceso
por el que la aparición de nuevos productos destruye otros ya existentes en el mercado e incluso hacen
desaparecer empresas y modelos de negocios hasta ese momento habituales en el propio mercado.
Schumpeter era un estudioso de la innovación y definió 5 tipos de innovación:





1 – La introducción de un nuevo bien.
2 – La introducción de un nuevo método de producción o comercialización de bienes existentes.
3 – La apertura de nuevos mercados.
4 – La conquista de una nueva fuente de materias primas.
5 – La creación de un nuevo monopolio o la destrucción de uno existente.

Posiblemente un proceso de Destrucción Creativa sea menos obvio en el tercer caso, pues la apertura de
nuevos mercados no necesariamente significa la desaparición de los existentes… o sí si esos nuevos
mercados requieren una gestión o la definición de una propuesta de valor incompatible con los anteriores. En
estos casos las empresas han de elegir qué mercado es el más atractivo según sus recursos y los beneficios
que esperan obtener.
El modelo de Destrucción Creativa implica una acción doble: por un lado se produce un proceso de
construcción de una realidad nueva (ya sea un producto, un mercado, un canal, un modelo de negocio…) que
viene a ocupar un lugar en el mercado, y por otro se da la desaparición de ese producto, mercado, canal o
modelo de negocio expulsado por el nuevo. Es un movimiento en doble dirección que implica una reeducación
sobre todo de las empresas, porque es el mercado (los consumidores) el que define la aceptación de esa
nueva realidad (sobre todo a través de los early adopters). Las empresas que tienen capacidad de adaptación
a los nuevos entornos (por ejemplo a través de estrategias de Empresa Creativa oInnovación Abierta) pueden
responder adecuadamente a estos cambios.
No es cierto, sin embargo, que cualquier aparición de un nuevo producto, mercado, modelo de negocio…
implique necesariamente la desaparición del anterior. Puede ocurrir que haya una coexistencia temporal de
ambos mercados, como hemos señalado antes, o de ambos productos. La aparición de los MP3 supuso la
desaparición de los aparatos walkman, pero la aparición de la fotografía y las cámaras digitales no ha
supuesto la desaparición de máquinas como la Polaroid, que lo que sí ha hecho ha sido redefinir su mercado
centrándose en uno más segmentado y fiel.
El modelo de Destrucción Creativa sí implica la desaparición de uno (producto, modelo de negocio…) para
que se desarrolle otro. Pero evidentemente esos cambios no son instantáneos, ni ocurren de la noche a la
mañana. Pueden ser procesos más o menos lentos que en ocasiones no son prácticamente apreciables. Los
cambios tecnológicos suelen ser más inmediatos, pero los sociales (o que implican cambios sociales) pueden
ser más lentos. Ante esta situación es fundamental que cuando desarrollemos un proyecto seamos
conscientes de en qué ola está la tecnología y la corriente social en la que estamos trabajando. Cuando Sony
continuó innovando sobre el walkman cuando ya habían aparecido los MP3 no comprendieron que estaban
trabajando con una tecnología que era la parte perdedora de un proceso de Destrucción Creativa.
Es interesante analizar si el proyecto que estamos desarrollando incide en una costumbre social en declive o
se enfoca a un cambio social creativo. Los cambios en los hábitos vacacionales, por ejemplo (vacaciones más
cortas y numerosas, cambios en los procesos de compra…), suponen la necesidad de nuevos productos y
servicios, y posiblemente la desaparición de otros.
Cualquier proyecto, cualquier producto o modelo de negocio, ha de tener en cuenta si forma parte de un
proceso de Destrucción Creativa y de qué lado del mismo está. Es posible que sea un proceso lento que no
vaya a afectar de manera importante a nuestro producto o servicio, pero resulta interesante disponer de esta
información para mejorar nuestra capacidad de gestión.