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Comentario lingüístico del articuento “Ulises”, de Juan José Millás

Ulises
Cada español vio el año pasado una media de 22.000 anuncios. Así que a simple
vista, sin echar mano de la calculadora, es como si nos fusilaran 2.000 veces al mes,
unas 60 al día. Cruzas por delante de la tele para rescatar de los suburbios de la librería
un libro de poemas y recibes seis ráfagas o siete que te dejan en el sitio, aunque tus
5 deudos no lo adviertan: también ellos han sido ejecutados varias veces desde que se
levantaran de la cama. Con el libro en la mano vuelves sobre tus pasos, y mientras
abandonas la habitación decidido a no volver la vista a la pantalla, el electrodoméstico
continúa ametrallándote a traición no para que caigas, no es tan malo, sino para que,
verticalmente muerto, salgas a la calle a comprar una colonia, un coche, unas gafas de
10 sol, un cursillo de inglés, una hipoteca o una caja de compresas extrafinas y aladas
congeladas para amortizar la inversión del microondas.

Ya en la parada del autobús abres el libro y tropiezas, lo que son las casualidades de
la vida, con unos versos de Ángel González que se refieren a los reclamos publicitarios
de la civilización de la opulencia: "No menos dulces fueron las canciones / que tentaron a
15 Ulises en el curso / de su desesperante singladura, / pero iba atado al palo de la nave, / y
la marinería, ensordecida / de forma artificial, / al no poder oír mantuvo el rumbo".

Si miras alrededor, verás otros Ulises atados, como tú, al palo de un libro. Sólo que
esto es un autobús y no una nave, y que en lugar de regresar a Ítaca vuelves a la oficina.
Cómo no caer, aunque sea un instante, en la tentación de escuchar lo que dice la sirena
20 de Calvin Klein, de Mango, o de Winston, que te susurra al oído obscenidades
cancerígenas. Veintidós mil anuncios, 2000 al mes, unos 60 al día. No hay héroe capaz
de resistirlos ni Penélope que lo aguante. Estamos listos.

Tenemos ante nosotros un texto (daremos por sentado de momento que lo es) de Juan José Millás,
poular escritor y columnista español. Concretamente se trata de uno de sus Articuentos, neologismo con el
que trata de expresar la mezcla pretendida entre artículo de opinión y relato breve.
Este articuento lleva por título “Ulises”, lo que inmediatamente despierta en nosotros las inevitables
referencias al héroe griego de Homero: su participación en la Guerra de Troya (fue él quien ideó lo del
caballo) y su accidentado regreso a Ítaca junto a su esposa Penélope y su hijo Telémaco.
Efectivamente, el campo semántico-referencial sobre Ulises, concretamente sobre el episodio de las
sirenas, tiene mucha importancia en el texto: “No menos dulces fueron las canciones / que tentaron a Ulises
en el curso / de su desesperante singladura, / pero iba atado al palo de la nave, / y la marinería, ensordecida
/ de forma artificial, / al no poder oír mantuvo el rumbo” (líneas 14-16), otros Ulises atados como tú (17),
nave e Ítaca (18), sirena (19), héroe (21), Penélope (22). También puede establecerse un paralelismo entre
el propio Ulises y el protagonista de la pequeña narración, que es “atacado” continuamente por los anuncios
publicitarios de diferentes marcas y productos.
Las palabras referentes a esto último son abundantes: anuncios (1), tele (3), pantalla y
electrodoméstico (7), colonia, coche y gafas de sol (9), cursillo de inglés, hipoteca, caja de compresas
extrafinas (10), amortizar la inversión del microondas (11), reclamos publicitarios (10), civilización de la
opulencia (14), Calvin Klein, Mango y Winston (20). Todos estos términos, relacionados con el consumo y
la publicidad, aparecen de principio a fin, de lo que deducimos que constituyen el campo semántico-
referencial más importante, y en consecuencia, son el consumo y la publicidad -el consumismo- el tema
principal.
Son destacables otro grupo de términos bélicos, como fusilaran (2), ráfagas (4), ejecutados (5),
ametrallándote a traición (8) o muerto (9) -asociados a la publicidad- y otro grupo de términos de carácter
opuesto, representando la cultura, la libertad, el arte... relacionados todos con la literatura, como librería
(3), libro de poemas (4), libro (6, 12 y 17), versos de Ángel González (10).
Una vez determinado el tema principal del texto -la publicidad, o más concretamente, el exceso de ella-
veamos cómo se estructura la información.
1. líneas 1-3. Se trata de una parte dedicada a la información objetiva, estadística: una media de 22.000
anuncios. A continuación viene un Así que, que expresa una consecuencia pero ya de modo más subjetivo
(a través de la comparación como si nos fusilaran). Aquí es también muy interesante el plural nos, que pone
al autor y al lector al mismo nivel, en el mismo grupo de víctimas.
2. líneas 3-21. Se trata de una parte narrativa: cruzas... recibes... vuelves... abandonas... abres...
tropiezas... miras... donde un narrador en 2ª persona relata las dificultades de sobrevivir (aunque realmente
ya estás muerto) a la presión de la publicidad. Con este juego narrativo el autor busca también la
identificación con el lector, casi como si éste fuese también protagonista.
La historia es totalmente lineal, y transcurre en dos espacios, uno interior -la casa- y otro exterior -la
calle, de camino a la oficina-. Pero en ninguno de los dos espacios está a salvo el protagonista de los ataques
publicitarios.
Cuando el personaje abre el libro, aparece otra narración (una narración dentro de otra) donde el
protagonista es Ulises. Sabiendo del fascinante canto de las sirenas, que incitaba a los marineros a arrojarse
al mar para no volver jamás, Ulises tapona con cera los oídos de sus tripulantes y ordena que lo aten al
mástil, para poder oír él sin peligro alguno el mítico canto.
A partir de aquí, el autor conecta la aventura homérica con el tema que le interesa, a través de dos
metáforas. La primera, en la sirena de Calvin Klein, de Mango, de Winston (20), donde se identifican los
cantos de sirena con los anuncios de las marcas publicitarias. La segunda, otros Ulises atados como tú al
palo de un libro (17), donde identifica con el héroe a cada persona que trata de resistir ese hermoso pero
peligroso canto de las sirenas que es la publicidad.
3. líneas 21-22. Se trata de una parte donde se recupera la objetividad estadística inicial (curiosamente
ahora 20.000 aparece en letra, quizá para facilitar la transición entre una parte más narrativa y otra más
explicativa), pero inmediatamente tenemos una reinterpretación subjetiva de ese dato: No hay héroe capaz
de resistirlo (21) que nos lleva a la tesis argumentativa: no podemos luchar ante este ataque publicitario. La
frase final es totalmente irónica: Estamos listos, es decir, tenemos la batalla perdida, el consumismo nos
atrapa tarde o temprano.
Recogiendo todo lo anterior, podemos concluir que la idea principal del texto puede expresarse más o
menos como “la imposibilidad de poder resistir la presión publicitaria, comparable a los engañosos cantos
de sirena de la historia de Ulises”. La posibilidad de reducir el texto a una idea principal, así como su
organización y núcleos temáticos, nos dice que la coherencia es total.
En cuanto a la cohesión, esta también se da sin problema. Quizá el único “pero” que se puede plantear
es la relación entre las unidades de contenido y los párrafos, ya que sólo la segunda parte (la narrativa)
aparece en los tres párrafos. Tampoco hay muchos conectores textuales, quitando el Así que de la primera
línea y alguno más, pero debemos observar cómo el autor suple esto con la repetición casi plena de la línea
22 de lo dicho en la línea 1 y 2: Veintidós mil anuncios, 2000 al mes, unos 60 al día. Esto ayuda a que exista
una transición fácil de una parte a otra del texto.
En cuanto al título, también nos parece adecuado, sobre todo después de ver la identificación de cada
uno de nosotros con el héroe de Homero en este contexto de la publicidad: Ulises podemos ser todos.
En niveles más pequeños, la cohesión es total. Podemos destacar como elementos cohesivos
repeticiones como la de libro (6, 12 y 17), o sinonimias como tele, pantalla, electrodomético (3 y 7).
Finalmente, en cuanto a la clausura, tampoco hay problemas: ha quedado clara la intención del autor y
no hace falta añadir nada más, el texto es autónomo e independiente.
Una vez confirmado que el texto es genuinamente un texto, pasamos a ver sus características. El hecho
de que aparezcan textos explicativos en momentos puntuales (1, 21) o de que gran parte del texto se
constituya en una narración (3-21) no es obstáculo para afirmar que se trata de un texto argumentativo. La
subjetividad típica de los textos argumentativos está presente desde la segunda línea, y explicación y
narración están al servicio de la tesis que aparece al final, como colofón o clímax del conjunto.
Si analizamos el texto desde un punto de vista diatópico o del espacio, no vemos ningún dialectalismo
reconocible, por lo que estamos ante un dialecto estándar del español.
Desde el punto de vista diacrónico o del tiempo, tampoco aparecen arcaísmos que puedan llevarnos a
pensar que el texto se ha escrito en épocas pasadas. Tampoco hay anacronismos: por ejemplo, Winston,
Mango o Calvin Klein son marcas de empresas que a día de hoy gozan de bastante buena salud. El texto,
por lo tanto, pertenece a una variedad actual del español.
Desde el punto de vista diastrático, no vemos vulgarismos. Tampoco aparecen muchos cultismos, pero
sí que vemos palabras como deudos (5) ‘parientes’ o expresiones como los reclamos publicitarios de la
civilización de la opulencia, que nos remiten indudablemente a un autor culto. El uso general del lenguaje,
y muy especialmente la capacidad para aplicar un mito griego a la realidad cotidiana del siglo XXI nos
confirman el nivel culto de nuestro texto.
En cuanto al estilo (punto de vista diafásico), la primera característica del texto es que pertenece a un
registro formal. La organización de la información, el proceso argumentativo... es evidente que se trata de
un texto muy trabajado. Ello no está reñido con otra cualidad del texto: la sencillez. En general, vemos
frases no muy largas, con una sintaxis y un léxico sencillo. Otra característica es la coloquialidad. Lo
vemos, por ejemplo, en la narración hecha en 2ª persona, muy típica de las narraciones orales coloquiales.
Es evidente por todo ello que al escribir el texto el autor está pensando también en el gran público, y no en
algún grupo erudito especializado. También nos deja el autor algún que otro toque de humor, como en una
caja de compresas extrafinas y aladas congeladas para amortizar la inversión del microondas (11, y de
ironía, como hemos visto en la frase final. En ciertos momentos utiliza un registro más literario, con
metáforas como la ya mencionada otros Ulises atados, como tú, al palo de un libro
Por supuesto, la sencillez, la coloquialidad, el toque humorístico e irónico... no están reñidos ni mucho
menos con la corrección lingüística. En general, se trata de un texto accesible, bien construido y que logra
su objetivo, que no es otro que hacernos reflexionar sobre el consumismo salvaje característico de la
sociedad capitalista occidental.