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¿La salud y la ley de la atracción?

Es increíble que tan pocas personas sean concientes de la manera como su


mente influye sobre su salud. Como veremos en un capítulo posterior,
nuestra manera de pensar y nuestra actitud ejercen una enorme influencia
en nuestra salud mental y física. Es claro que, como lo afirma la ley de la
atracción, el nivel de salud que cada uno de nosotros experimenta responde
en gran medida a sus pensamientos dominantes. Tanto así que,
curiosamente, las personas que viven con mayor temor a las enfermedades
son quienes más rápido parecen contraerlas.

Sin embargo, muchas conjeturas se han hecho en lo referente a la ley de la


atracción y la creación de un estado de salud óptimo. Se le han atribuido
poderes casi sobrenaturales que pueden, potencialmente, poner en peligro
la vida de muchas personas, mientras que lo verdaderamente importante -y
verificable- ha sido casi completamente ignorado. ¿Existe una relación
directa entre nuestra manera de pensar y nuestra salud física que nos
permita asegurar que cada uno de nosotros es responsable por el nivel de
salud que experimenta? ¿Dónde termina la realidad y comienza la ficción?

Sabemos que el corazón y el cerebro son los dos órganos más importantes
del cuerpo humano. Una pérdida de funcionalidad del cerebro produce la
muerte. Dentro de las muchas funciones del cerebro, se encuentra el
mantenimiento y mejoramiento constante de la salud mental y física del
individuo. Para ello, el cerebro causa la segregación de sustancias como las
endorfinas, que actúan como analgésicos naturales, las gammaglobulinas
que fortifican el sistema inmune, y las interferonas que se encargan de
combatir las infecciones, los virus y ciertas formas de cáncer.

Un creciente número de estudios ha podido establecer que la producción de


estas sustancias está influenciada en parte por los pensamientos, estados
emocionales, actitudes y expectativas de la persona. Si la actitud de una
persona afectada por una enfermedad es pesimista y no tiene expectativas
de que su estado de salud mejore, es posible que su cerebro no produzca
los niveles necesarios de las sustancias antes mencionadas para qué el
cuerpo comience a recuperarse.

Diversos estudios y casos médicos han logrado demostrar esta relación


existente entre nuestros pensamientos y nuestra salud física y mental. En
general, se ha podido observar que los pensamientos negativos y
destructivos suelen manifestarse en males y afecciones del cuerpo como
úlceras, trastornos cardiacos, hipertensión, artritis, males de la piel,
problemas digestivos, migrañas y otras enfermedades. De igual manera, se
ha logrado establecer que los pensamientos hostiles y de enojo aceleran los
latidos del corazón y suben la presión arterial, mientras que la ira, el
resentimiento y la tristeza debilitan el sistema inmunológico del cuerpo.
Estas actitudes y emociones negativas activan mecanismos bioquímicos, a
nivel del cerebro -específicamente el hipotálamo, la hipófisis y las glándulas
suprarrenales- que conllevan a una supresión o disminución de la respuesta
del sistema inmunológico, haciendo entonces posible la aparición de las
enfermedades.

Un ejemplo de esta relación entre nuestros pensamientos y emociones y el


funcionamiento del sistema inmunológico es la influencia de las hormonas
que se liberan con el estrés. Se ha visto que las catecolaminas y el cortisol,
entre otras, obstaculizan la función de las células inmunológicas. Basado en
esto, se ha establecido la hipótesis de que el estrés y otras emociones
negativas, como la ansiedad y la depresión, podrían ser la causa de ciertas
enfermedades. Aunque las investigaciones no han arrojado datos clínicos
suficientes como para establecer una relación causa-efecto definitiva, se
reconoce que, estas emociones, afectan la vulnerabilidad de las personas a
contraer enfermedades.

Ahora bien, si el sistema nervioso central y las emociones, actitudes y


creencias que se encuentran en nuestra mente, pueden influir tan
directamente sobre el sistema inmunológico, debe ser posible entonces
restablecer el funcionamiento óptimo del sistema inmune modificando
nuestras creencias y emociones negativas.

Los mismos estudios citados anteriormente señalan que, efectivamente, los


pensamientos positivos, como el entusiasmo, la esperanza y la tranquilidad,
producen un flujo de neurotransmisores y hormonas en el sistema nervioso
central que estimula, provee energía al cuerpo y fortalece el sistema
inmunológico,. De hecho, varias investigaciones han señalado que las
personas optimistas sufren de menos infecciones y enfermedades crónicas
que las pesimistas.

En conclusión, con nuestros malos hábitos -los cuales han sido siempre el
resultado de nuestros pensamientos dominantes- nosotros mismos nos
hemos encargado de atraer hacia nuestra vida el nivel de salud del cual
gozamos o las enfermedades que hoy nos aquejan. Esta es la primera
aplicación del enunciado de la ley de la atracción en lo que respecta a la
prevención de enfermedades y la creación de un estado de salud óptimo.

Otro aspecto de la ley de atracción tiene que ver con el efecto de nuestros
pensamientos en el proceso curativo y de recuperación del organismo frente
a la enfermedad. Hay una amplia evidencia de la efectividad de un gran
número de terapias basadas en la relación mente-cuerpo, cuya aplicación
tiene altos beneficios emocionales y fisiológicos para la recuperación de
diversas enfermedades, que van desde el cáncer, hasta los males
cardiovasculares, pasando por el dolor, el estrés, la depresión y el SIDA.

Es importante aclarar que, a pesar de todos los beneficios enunciados


anteriormente, no hay estudios médicos o científicos concluyentes que
sugieran que el pensamiento positivo, la visualización o la autosugestión,
por si solos, puedan reemplazar el tratamiento médico, las intervenciones
quirúrgicas o el uso de medicamentos para el tratamiento de enfermedades.

Lo que si es claro es que muchos estudios conducidos por prestigiosas


universidades, hospitales e instituciones como el instituto nacional de salud
de los Estados Unidos, han logrado documentar un gran número de casos
médicos que evidencian los extraordinarios efectos del pensamiento positivo
y el optimismo en procesos postoperatorios. En general, se ha podido
observar que los pacientes optimistas se recuperan más rápido de las
operaciones cardiacas y logran manejar mucho mejor los efectos
secundarios asociados con el tratamiento de diversos tipos de cáncer.

Todos estos estudios y casos clínicos han dado inicio al campo de la


Psiconeuroinmunología (PNI), la cual se dedica al estudio de los
mecanismos de interacción y comunicación entre la mente y los tres
sistemas responsables de mantener la homeóstasis o equilibrio fisiológico
del organismo: el sistema nervioso, el inmune y el endocrino. Los resultados
de estas investigaciones están siendo utilizados en programas médicos de
un gran número de universidades, entre las que se encuentran las de
Harvard y Stanford.

Entre los mecanismos sugeridos para causar un estado mental que


promueva una salud óptima se encuentran el uso de las afirmaciones
positivas, la eliminación del dialogo negativo, la visualización y la creación
de imágenes mentales que muestren un cuerpo saludable, libre de dolor y
en proceso de recuperación. De acuerdo con la doctora Jeanne Achterberg,
presidenta de la Asociación de Psicología Transpersonal, la visualización es
una poderosa herramienta en el proceso de recuperación del organismo.
Utilizada conjuntamente con terapias convencionales aumenta la efectividad
de muchos tratamientos médicos, y reduce los efectos secundarios
asociados con procesos como la quimioterapia y la radiación, utilizados en
el tratamiento de ciertos tipos de cáncer.

Es indudable la influencia que nuestros pensamientos y emociones tienen


sobre nuestra salud. Tal como lo manifiesta la ley de la atracción, nuestro
cuerpo responde a la manera como pensamos, sentimos y actuamos. Cada
día, la comunidad médica aprende más acerca de los diferentes procesos
mediante los cuales la mente y el cuerpo trabajan juntos para alcanzar un
estado de salud óptimo y recuperarse de las enfermedades. Sin embargo,
ésta no es una idea nueva; por más de cuatro mil años las culturas
orientales han estudiado el equilibrio de la mente y el cuerpo y los poderes
autocurativos que esta relación genera.

Si algo nos enseña la ley de la atracción en lo que respecta a este poder


autocurativo es a no vernos como seres enfermos que queremos sanar, sino
como seres sanos que buscamos combatir la enfermedad que pueda estar
afectando nuestro organismo.