NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO

http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

1

Ricardo Díaz Borregales
NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL

FIN DEL MUNDO

MENCIÓN HONORÍFICA / NARRATIVA
III Concurso ‚Por una Venezuela Literaria‛ 2013,
en homenaje a Rodolfo Santana.
Guarenas, Venezuela

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

2

“Niños, meteoros y otros causantes del fin del mundo”
© Ricardo Díaz Borregales 2014
© Negro Sobre Blanco Grupo Editorial 2014
Serie: Encontrares
Director y Editor General: Richard Sabogal
Gerente de Producción: Damaris Perdomo
Arte Final: Ricardo Díaz Borregales
Fotografía: Fernando Acosta
Hecho el Depósito de Ley
DEPÓSITO LEGAL lf78320148001570
ISBN 978-980-7668-03-3
Impreso en Venezuela por Fundación Negro Sobre Blanco Grupo Editorial

www.negrosobreblancoeditores.blogspot.com
www.negrosobreblancoeditores.wordpress.com
negrosobreblanco2010@gmail.com
Derechos reservados – es propiedad del autor.
Reservados todos los derechos.
Queda prohibida reproducir parte alguna de esta publicación, sea cual sea el medio
empleado, sin el permiso del autor o editor.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

3

A Carmen Mercedes Borregales

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

4

—¿Qué ha sido eso, papá? —preguntó Bert.
—No lo sé. Tal vez un meteoro.
Vamos a detenernos para que os atéis bien las botas.
El martillo de Lucifer
Larry Niven y Jerry Pournelle

Tanto lo deseas / que al fin sucede
Tanto le temes / que al fin sucede
Gustavo Cerati

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

5

Teoría

Tengo una absurda teoría. Una que, muy a mi pesar, ha resultado
correcta: soy una víctima de los niños. Por alguna extraña razón, como si
poseyera algo distinto a los demás, como si fuera un juguete o una rica
golosina, a ellos les resulto atrayente. Me explico. Si de pronto nos
reuniéramos varios adultos en una habitación, sin seña o distinción
alguna entre nosotros, vistiendo, riendo y oliendo exactamente igual,
clones idénticos, les aseguraría que al soltar a un(a) niño(a) en ese
mismo cuarto, éste(a), sin siquiera detenerse a pensarlo, ignoraría al
resto e iría tras de mí para hablarme, para jugar conmigo y luego, sin
piedad, hacerme papilla. Los niños al igual que los adultos pueden ser
muy crueles, te patean, te escupen, te estrangulan; molestan al perro,
rastrillan las cosas por el suelo, tiran piedras, bombas de agua y traqui
traqui; se mean, se cagan, se burlan de tu gordura, de tu irremediable y
fea vejez; y al final, para rematar, cortésmente te llaman ‚señor(a)‛<

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

6

Como una rata

Rafael dejó el morral sobre la cama y se desvistió. Dobló su uniforme
con sumo cuidado y lo colgó en el armario. Aquel guardarropa era una
luctuosa colección de camisas y pantalones grises, exquisitamente
ordenada en una fría degradación del blanco al negro, de izquierda a
derecha, completamente ausente de colores.
—¿Qué tal el día? —preguntó—. ¿Te has portado bien? Hoy
nuestros compañeros han vuelto a jugar. ¡A jugar! ¿Puedes creerlo? Eso
es lo falso de este tipo de asuntos. Al principio todos se muestran tristes
y confusos, pero luego, con la llegada de la navidad, cambian; solo
piensan en regalos y en ser felices. Seguro en un mes nadie se acordará.
El muchacho cerró las puertas del armario y volvió sobre sus pasos
hasta la cama, se movía en interiores, comodidad absoluta. La apacible
sonrisa en su rostro lo expresaba todo. Sentir el cosquilleo de
encontrarse nuevamente en su habitación era reconfortante.
—¡Oh, discúlpame! —exclamó apenado—. ¿Qué ha sido de mi
cortesía? Permíteme ayudarte.
Rafa se arrodilló ante la cama y metió sus brazos por debajo hasta
casi alcanzar el otro extremo; luego, con un leve esfuerzo, extrajo de su
interior ‚aquello‛ que celosamente ocultaba bajo las sábanas.
—Hola Adora —saludó, y le obsequió una horrorosa sonrisa a la
joven de uniforme que, atada y amordazada, aguardaba ante sus pies.
A los niños se les enseña desde muy temprano a desconfiar de los
extraños, se les repite una y otra vez que deben dudar de los adultos y
que, por ningún motivo, deben dejarse guiar por las apariencias; pero,
¿qué hacer cuando el villano resulta ser un chiquillo igual que ellos?
Hace unos años un chico raptó a una compañera de clases y la
ocultó bajo su cama durante un mes. Aquel fue un caso célebre que
escandalizó a toda la comunidad, los padres dejaron de enviar a sus
hijos al colegio y muchas madres, temerosas, abandonaron sus empleos
para poder vigilarlos a tiempo completo. Fue una verdadera histeria

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

7

colectiva: «¿Cómo es que un niño puede hacer algo así? ¿Acaso ya los
padres no revisan lo que sus hijos esconden debajo de la cama?».
Cuando la policía halló a la chica estaba sucia, desnutrida y aún vestía
su uniforme: camisa beige, falda, medias y zapatos escolares.
¿Extraviada? No, claro que no, Rafael siempre supo dónde encontrarla.
Rafa y Adora se conocían, llevaban años asistiendo al mismo
colegio; compartían el mismo salón, el mismo transporte y una vez hasta
el mismo sacapuntas. A pesar de la proximidad, no se hablaban. Ella era
tres años mayor que él. Encima, era la niña más popular, la más
encantadora, la rompecorazones. Rafa, por su parte, no era nadie, solo el
más listo de la clase. Su alto coeficiente intelectual le permitió saltar
algunos grados y alcanzarla. Era un chico brillante: conducta intachable,
calificaciones formidables, medallas, diplomas, reconocimientos, era el
sueño de toda madre, un modelo a seguir. Aunque no por sus
compañeros, estos le odiaban, así como algunos profesores quienes lo
veían como alguien ávido y presuntuoso. Su desmesurada inteligencia y
su precocidad les indignaba; su forma de hablar, de caminar, su manera
de vestir, todo en él era motivo de aversión. Y es que, francamente,
aquel chico parecía más un extraterrestre salido de alguna película clase
B que un chico.
¿Niño prodigio o abominación? Todos los padres del mundo
suelen creer que sus hijos son los más bellos del universo: «¡Mírenlo,
parece un príncipe!». Pero a Rafael no se le podía tildar ni siquiera de
feo: cabeza enorme, con venas y manchas que resaltaban claramente en
aquella áspera y pálida piel; y no tenía ni un solo cabello, ni cejas, ni
pestañas, nada. Por tratarse de un niño, algo que usualmente contempla
cierta compasión, ‚espeluznante‛ fue el calificativo menos ofensivo.
Rafa padecía de una rara variación de Progeria, un trastorno
degenerativo que lo hacía envejecer física y mentalmente, de forma
acelerada y brusca. Un mal que al atacar exclusivamente a la población
infantil promovía entre los niños cierta discriminación social. Y es que
era imposible que pasara desapercibido. «Mírenlo, parece un insecto, un
vampiro, una rata de laboratorio. ¿Habrá algo más repugnante?». Su

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

8

extraño aspecto físico y su comportamiento esquivo y solitario le habían
convertido en el marginado del salón, en la mascota del colegio y en la
víctima de los bravucones. «Oh, creo que me huele a rata / creo que
huelo una rata<». ‚Rafa la rata‛, así lo llamaron, repitiendo la última
silaba para asemejarla al sonido que produce una ametralladora:
ratatat<
¿Clubes? ¿Anuarios? ¿Bailes? Para la mayoría de los jóvenes estas
actividades resultan irresistibles, incluso imprescindibles a la hora de
buscar amigos y pareja. No para Rafa. Su vida era como estar
permanentemente en clases de gimnasia, no cuadraba, no encajaba, no
lo aceptaban en ningún equipo —ni en ningún lado—. ¿Relegado?
¿Perdedor absoluto? ¿Víctima del stress escolar? Contrario a lo que
podría esperarse, él nunca se sintió apenado de ser como era. ¿Para qué
pretender ser otro más del montón cuando era evidente que no? Rafa
sabía que este mundo hería y no lo evadía. Las adversidades le eran
completamente indiferentes. Las veía, inclusive, como desafíos de
imbéciles, pruebas insensatas e innecesarias. Él jamás se dejaría abatir.
Su convicción era tan intratable como su enfermedad. Sentía, sin temor a
caer en una irrisoria vanidad, que en la vida eran necesarias personas
como él, personas especiales.
Fue inusual hallar a un chico que a tan temprana y tempestuosa
edad tuviera claro lo que buscaba. Un chico que supiera bien lo que
necesitaba —y lo que no—. Lo que quería lo tomaría, así de sencillo. Y
Adora, la niña más popular, la más encantadora, la rompecorazones del
colegio, era su objetivo. ¿Amor? Un amor consciente. Siempre supo que
en circunstancias normales jamás la tendría. Armarse de valor y decirle
«hola, tú me gustas» no sería suficiente. Entonces, ¿qué hacer?
¿Qué impulsa a los chicos a esconder sus secretos, sus tesoros, bajo
el colchón? ¿Cuál es el anhelo de buscar escondrijos y poseer
madrigueras como auténticas ratas? ¿Soledad?, ¿diversión de niño
malcriado?, ¿brillantez? No, el gran problema de esta juventud (y

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

9

seguramente el de muchos adultos) es ese terrible defecto de querer
tenerlo todo: «quiero, quiero, quiero. ¡Ah, quiero tantas cosas!»
Para un niño de doce años el sexo no es imprescindible. Comprar
licor o aprender a conducir tampoco. Rafa no era la excepción. Sus
momentos más preciados, los más satisfactorios, los disfrutaba al
refugiarse cada tarde en sus cuatro muros. Su esencia, su naturaleza,
todo lo que necesitaba para vivir y ser él estaba encerrado en aquella
habitación, en su madriguera. No solo se limitaba a la cama, a los libros
y a los diplomas que colgaban de la pared, no, allí dentro existió algo
m{s, un ingrediente adicional<
En casa, ciertamente, no había cabida para glorificar posesiones
tangibles, ni nada; pero con la llegada de Adora las cosas cambiaron, se
convirtieron en algo mucho m{s< interesante.
Cada tarde al regresar de clases el chico saludaba a sus padres y se
sentaba en la sala a realizar sus deberes con absoluto fervor. Era un
orgullo verlo devorar los libros. La constancia y la dedicación le habían
otorgado puntos en su hogar. Cuestión de disciplina. Periódicamente
limpiaba su cuarto sin protestar y ser ordenado no era problema. Se
encargaba de la casa y no olvidaba sus estudios distrayéndose en
pasatiempos. No, jamás lo haría. Al terminar su faena recogía los útiles,
se servía leche y galletitas, y se retiraba a su habitación a contemplar a
su rehén durante horas. Él nunca le hizo daño a Adora, todo lo
contrario, la atendía, la cuidaba; únicamente lamentaba no poder
conversar con ella a sus anchas.
De noche, cuando todos dormían, Rafa saltaba de la cama y
despertaba a su amiguita para jugar junto a ella al ‚fin del mundo‛.
Imaginaba que aquél era el último día en la tierra y que el Señor,
enfadado, había enviado desde el cielo un meteoro a destruirlos. Por
supuesto, nunca sucedía nada, ni siquiera se comían las galletas, al chico
le resultaba imposible dar de comer a Adora con la mordaza puesta.
Durante un mes todo marchó de maravilla. Cuando Rafa se
ausentaba para ir a la escuela su maniatada invitada era incapaz de
hacer el menor ruido. Y con respecto a las ineludibles necesidades
fisiológicas de ésta, los pañales resultaron ser la opción más práctica e

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

10

higiénica. Rafael era el niño más feliz del mundo. ¡El más feliz!
Desgraciadamente una noche sus padres abrieron la puerta del cuarto y
pues, el juego se acabó.
Los talentos y aptitudes de esta juventud resultan difíciles de
explicar. La mayoría no son pretensiosos, solo desconfiados y selectivos.
Quizás por su aparente timidez y hermetismo suelen pasar por chicos
ingenuos e inseguros, pero no hay que dejarse engañar, detrás de esa
cándida fachada se esconden personas sumamente astutas. Es una pena
que los padres nunca puedan apreciar el verdadero potencial de sus
hijos.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

11

Haitón

Mamá solía contarme la historia de cómo papá y ella se conocieron:
«Una noche el pobre hombre estaba acostado en su hamaca cuando de
pronto cayó una tormenta y el techo salió volando con él enganchado.
Despertó al otro día en La Sierra, metido en el alambique de mis papás.
Apenas lo vi me enamoré, fue como un flechazo. Luego me trajo a Coro
y naciste tú».
¡Ah, cómo me gustaba esa historia!
***
La única posesión de valor que teníamos, a parte de nuestra
achacosa casita, era un viejo Apache ‘56 con el que pap{ y yo
buscábamos natilla para la venta. ¡Más sabroso! Todos los fines de
semana mi mamá nos encomendaba al Señor y subíamos a La Sierra a
disfrutar de aquel maravilloso paisaje falconiano: cardones, Harley
Davidsons, pequeñas capillas a orilla de carretera y toda esa gente
labriega de por esas partes: Taratara, Mapararí<
Recuerdo que estando por Curimagua, allá en el Haitón,
contemplé con fascinación aquel profundo abismo y pensé: «si empujara
a papá ahí dentro seguramente nadie lo encontraría».
Jam{s creí que llegaría hacer algo< algo tan terrible.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

12

Larga vida al Indio

Molesta, Cristina le dio un puntapié a la puerta y exclamó:
—¡No juegues a eludirme, en eso soy mejor que tú!
Una débil voz se dejó escuchar al otro lado:
—Hoy no es fin de mes, vuelve mañana.
—Mañana no puedo venir, tengo consulta.
—Entonces ven el mes próximo.
Imposible negociar con él, aquella absurda cláusula suya, esa que
restringía las visitas a solo una cada treinta días, era inalterable.
—¡Abre de una buena vez, coño! —protestó—. Traje lo que me
pediste<
Hubo un breve silencio. Enseguida se oyó la cerradura
destrancarse, la puerta se abrió e Indio Lenon asomó la cabeza.
—¿Me trajiste el ‚Diablo rojo‛1?
—No.
—¿Y el ‚Campeón‛2?
—Tampoco.
Sabiéndose engañado, el Indio emitió un gruñido y dejó entrar a la
mujer. Ésta, sin siquiera dirigirle la palabra, atravesó la penumbrosa sala
y descorrió las cortinas. El sol irrumpió en el lugar como una explosión
de luz incandescente.
—¡Ahhhhhhhhhh! —chilló el hombre, protegiéndose los ojos del
brillo cegador—. ¿Deseas matarme?
Cristina lo miró y se espantó. Estaba hecho una mierda. Juraría que
hasta llevaba puesta la misma ropa de la última vez: una roída franela
de Dark Side of the Moon y un descolorido pijama a rayas. Al
menos anda vestido, se dijo aliviada.
—¿Pensabas dejarme allí afuera? —preguntó.
—Pudiste haber sido una groupie psicótica disfrazada, no puedo
fiarme. Además, hoy no es día de visitas, lo sabes.
1
2

Destapador de cañerías.
Veneno para ratas.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

13

Cansada de estar de pie, la mujer se quitó el suéter, tomó asiento
en uno de los sillones y le echó un vistazo al recinto. A diferencia de su
desmejorado anfitrión, el lugar se veía pulcro y ordenado. En una
esquina de la habitación halló las guitarras, el sitar y el mellotrón; en las
paredes relucían los discos de oro, los premios, carteles de sus
presentaciones y varias fotos enmarcadas del Indio junto a celebridades
de la talla de Barbra Streisand, Bono y algunos miembros del numeroso
clan Lenon.
Cristina estiró la mano hasta una mesa e inspeccionó la superficie
con el dedo. Nada, no halló ni siquiera esa fina capa de polvo que
siempre lo cubría todo. El lugar estaba impecable. ¿Se estará obsesionando
con gérmenes y máscaras quirúrgicas?
Indio Lenon arrastró los pies hasta el sofá y se dejó caer
pesadamente. El retiro había acabado con él. Dolía verlo: tenía los ojos
hinchados (por el sueño, la resaca o quizá ambas cosas), su piel estaba
pálida, cadavérica; llevaba el cabello largo, una desaliñada barba y una
mosca que no paraba de revolotear a su alrededor.
—Parece que necesitas un buen reconstituyente —le soltó ella.
El hombre tosió.
—Lo que necesito con urgencia es un ataúd.
—Ese asunto tuyo de morir ya aburre ¿sabías? No te digo que
cambies de golpe pero podrías hacer un esfuerzo.
—No fastidies. "Ese asunto" le sienta muy bien a mi carrera.
—Mijo ¿cuál carrera?
En efecto, después del escándalo por abuso de drogas, los arrestos
y las inacabables querellas contra las viudas de los miembros de su
extinta banda, finalmente los fans se hartaron. Las limusinas, el jet, las
chicas en bikini, las fiestas, ¡todo!, todo había desaparecido; las luces se
apagaron y los altavoces dejaron de sonar; incluso los hoteles enviaron
sus facturas por los cuartos destrozados. La discográfica ya solo
reeditaba material viejo, box sets para coleccionistas o explotaban su
imagen en campañas publicitarias y tributos.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

14

Indio Lenon, el muchacho de Coro, superviviente del Glam metal
y el Grunge, había llegado a ser el artista más exitoso de todos los
tiempos, el más galardonado, el de las extensas giras. Algunos de sus
trabajos más emblemáticos, los clásicos ‚Indio Lenon Black and White‛,
‚Indio Lenon Unplugged‛ e ‚Indio Lenon Circus‛, obras aclamadas por
la Billboard y la Rolling Stone, habían batido records de ventas
alrededor del planeta, un hecho que le hizo acreedor de un lugar en el
Rock and Roll Hall of Fame y de un Guinness World Records como la
estrella de mayor popularidad entre los ‘90 y comienzos de la década
siguiente. Su legado había inspirado a infinidad de bandas emergentes y
estrellitas pop sin talento. Era una leyenda, una figura de culto, sin
duda, uno de los artistas más influyentes en la industria del espectáculo.
Pero como todo rockstar respetable, después del arrollador éxito
vino su muy publicitado hundimiento. En las fechas finales del tour de
despedida el artista enloqueció, adoptó un comportamiento errático que
nadie esperó ni comprendió. Había perdido facultades, ya no cantaba, ni
actuaba. Su último concierto, de hecho, duró apenas cinco minutos.
Durante los primeros acordes y ante la mirada atónita de los cientos de
espectadores que habían ido a verle, se desplomó en medio del
escenario y empezó a convulsionar, tuvieron que cancelarlo todo. Fue
un episodio lamentable.
Su padecimiento no era locura propiamente dicha, al menos no el
tipo de locura que da por abrirse las venas o lanzarse por la ventana —y
es que a su edad ya sabía que no entraría al prestigioso club de los 27—.
No, él sencillamente había dejado de disfrutarlo. Su adicción solo sirvió
de excusa para abandonar definitivamente aquel mundo de fama y
riqueza que ya no le satisfacía. En su rostro no había nada que
transmitiera placer, afecto o siquiera algo de orgullo por su trabajo. No
había nada.
Incapacitado ya para las presentaciones y las grabaciones, los
productores, en gratitud con el hombre que les había hecho ganar
millones, le acondicionaron un nuevo hogar en las afueras de la ciudad,
en un modesto vecindario apto para el retiro y la vida en anonimato.
Allí nadie lo reconocería ni le acosaría por autógrafos. Él simplemente

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

15

debía «relajarse y continuar con su vida». Su familia y su representante
se harían cargo de todo lo demás. Le dotaron de alimentos, de una
laptop con acceso a internet y de varios frascos de antidepresivos, «por
si acaso». No le dejaron dinero, no podían darse ese lujo, las regalías
apenas si alcanzaban para el alquiler y los abogados. Una vez al mes
vendrían a verlo, solo para cerciorarse de que aún respiraba.
Las visitas de Cristina eran completamente diferentes. Ella era la
ex novia de Indio Lenon, la única que portó licencia de ‚novia‛. Hubo
otras mujeres en su vida, desde luego, pero solo a ella amó —y aún
amaba—. A pesar de su ruptura nunca dejó de preocuparse por él, de
contactarlo, de visitarlo. Sus encuentros, que no incluían sexo ni
coincidían con las visitas de sus familiares, eran una bocanada de aire
fresco, le revitalizaban en todos los sentidos. El que ahora ella tuviese
marido e hijos no era inconveniente.
Acostumbrado ya a la luz del sol, el Indio sondeó con la mirada a
su inesperada visitante: cabello, labios, senos, vientre< Hubo una época
en que llegó a conocer a la perfección los contornos de aquel cuerpo, las
zonas erógenas, su olor; ahora las cosas habían cambiado, debajo de
aquel elegante vestido una panza se hinchaba con cada visita, con cada
mes.
—¿Cómo va el embarazo?
—Pronto estallaré —respondió ella—. Pasará un tiempo hasta que
pueda volver a venir.
—¿Gustas un coñac?
—No, gracias.
—¿Ensalada o jugo? Tengo de todos los colores.
—¿«Ensalada o jugo»?
—Lo sé, lo sé, mi comida no me comprende.
—La próxima vez te traeré un pan con mortadela.
Sí, aún la amaba. Lo curioso es que había sido él mismo quien la
exhortó a abandonarlo: «no te mereces un tipo como yo —le dijo el
mismo día que ella le exigió una vida más hogareña—. Sabes que no soy
de esos hombres que saben arreglar el carro, hacen parrilladas los

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

16

domingos o comentan los deportes junto al suegro, no; tampoco uno de
esos pobres diablos que viajan en descapotables y juegan al golf en
clubes privados mientras invierten acciones en la bolsa por celular».
Finalmente, hace unos años Cristina conoció a un partidazo, un
médico cirujano de sangre azul con clínica propia; se casaron, tuvieron
dos niños y ya habían encargado un tercero para navidad.
—Estás como para una portada tipo In Utero —dijo el artista y casi
tuvo una erección al pensar en ella desnuda—. Nunca me he acostado
con una mujer encinta.
—En eso te lleva una amplia ventaja mi marido.
El Indio no sonrió.
—A todas estas —continuó la mujer—, ¿qué hiciste con aquellas
polaroids donde aparezco desnuda?
—Hefner me ofreció una fortuna, lo estoy pensando.
Aparte de gente sin ropa retozando en la mansión del amor de Jack
Nicholson, en aquellas instantáneas también podía verse a un
jovencísimo Indio Lenon con pantalones de cuero, camisa de seda y pelo
enlacado sirviéndole el desayuno en la cama a una inocente Cristina. En
otra se les veía jugando con aquel difunto conejo que habían adoptado
en los comienzos de su relación como prueba de su imperecedero amor.
Particularmente les gustaba recordar aquellos días en su viejo
apartamento cuando, después de un buen cannabis, se arrastraban por
el piso muertos de risa imaginando a Enrique Bunbury enjaulado en
medio de la sala cantando para ellos: «rua, rua —le decían—, canta
Bunbury, canta. ¡Eres un buen loro!».
—¿Cómo están los niños? —preguntó el Indio.
A Cristina se le iluminó el rostro.
—¡Grandes y tremendos! Esos diablillos son los seres que más amo
en el mundo. Me gustaría traerlos un día para que te conozcan.
El hombre de pronto pareció muy incómodo, como si le doliera la
barriga o le chirriaran los tímpanos. Típico. La mujer sabía que jamás
podría hacerle aflorar sentimientos a su ex amante. A él no le interesaba
absolutamente nadie.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

17

—Si tanto odias a los niños por qué me preguntas por ellos —
indagó Cristina.
—Ya sabes por qué.
—Lo que nunca entenderé es que el tema principal de tus
canciones siempre es la niñez< Por cierto, ¿aún te gusta brincar por los
tejados como Peter pan?
Indio Lenon sonrió. Mordió el anzuelo.
—¡Ah, deberías probarlo un día! —exclamó—. De noche me
encaramo en el techo y voy de casa en casa zambulléndome en los
tanques de agua de mis vecinos. ¡Que nota! ¡Que frío! Es como estar
inmerso en un pequeño jacuzzi. ¡Y la vista! ¡Espléndida! Anda, quítate el
vestido y vamos a nadar. Aunque debo advertirte que a veces los ojos
fisgan, engullen. Antenoche una viejecita sonámbula me sorprendió
humeando en pelotas, mojao, enjabonao: «¡Deguste usted, bribona!» le
grité, «¡y recójase!». Estos nativos sí que me entretienen. La semana
pasada sorprendí a una de mis fogosas vecinas, a la ‚bateadora‛,
bateando con el bate que no era el de ella. Sí, soy un mal vecino, después
del baño lunático suelen entrarme ganas de mear, pero no meo en
cualquier tanque, solo en los de la gente mala, como esos que arrojan
basura a la calle o maltratan a sus mascotas. Temprano en la mañana los
espío por la mirilla de la puerta y me cago de risa al verlos aseaditos
para ir al trabajo.
Su interlocutora lo imaginó atrincherándose a placer, eludiendo la
realidad.
—¿No has probado salir de aquí —le preguntó—, tomar aire
fresco, hablar con otras personas?
—Prefiero no asomar la cabeza más allá de estas paredes. Temo
encontrarme con algún fan loco o una monja pidiendo donativos.
Olvídalo. La última vez sentí el terrible impulso de cometer un
homicidio. No no no, mejor continuemos como estamos, este sistema de
visitas me resulta ventajoso. Aunque, sinceramente, me quejaría menos
si viviera en un palafito, rodeado de agua, sin vecinos alrededor que se
pasen el día trasteando en sus garajes, con sus matracas y sus reuniones
de Tupperware. ¡Ah! Tengo los nervios destrozados. Desde que Caribe

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

18

Lenon se ahogó en su propio vómito y a Chino Lenon lo encontraron
flotando boca abajo en su piscina, presiento que algo va a pasarme. Ya
sabes que no le temo al segador, pero nuestro pacto podría caducar —
tosió varias veces—. ¿Dónde dijiste que queda el geriátrico?
Cristina se quedó viendo a la mosca que siseaba por toda la sala
deseando tener alguna revista a la mano para aplastarla.
—Sabes —prosiguió el Indio—, la semana pasada casi muero, sufrí
un terrible tortícolis y quedé tendido en medio de la sala, paralizado. No
pude ni alcanzar el teléfono para pedir ayuda. Pasé horas ahí tirado,
rastrero, mirando a ras del suelo como una hormiga. ‚Mirada de
hormiga‛. No no no, no pienso convertirme en una cucaracha gigante ni
en nada por el estilo.
—Que alivio... —dijo ella, sin prestarle demasiada atención—. A
ver, dime, ¿hay alguna chica nueva por allí? Sé que es algo que no me
incumbe pero...
—Huh< Es inevitable no extrañar a esas criaturas celestiales
llamadas mujeres. ¡Sin ofender! Este deseo irracional de sexo no se quita
con el celibato ¿sabes? Me esfuerzo en mantenerme ocupado para evitar
pensar demasiado en eso pero mi rutina diaria siempre se ve
interrumpida. Te cuento: todas las mañanas pasa una mujer trotando
por el frente de la casa< ¡María purísima! Tetas bamboleando, culo
sudado< Es impresionante, es como volver a pasar por los síntomas del
delirium tremens. He pensado en seguirla, acercármele sigilosamente
por detrás y preguntarle: «¿quieres que te deje en paz, que desaparezca,
que muera?». ¡Bah! No me hace falta en realidad. ¿Has visto a la mujer
que viene a limpiar?, ¿la que pesa como veinte toneladas? Es mi amante.
Ahí tienes pues, el secreto de por qué está todo tan limpio.
Ambos se miraron a la cara y rieron al unísono.
—Vaya —comentó Cristina—, esa sí que es una señal de mejoría. A
diferencia del resto de nosotros los mortales ella si puede venir a diario.
El hombre de repente bajó la cabeza y clavó la mirada en la
alfombra.
—Dime, Cris, dime de una vez por qué sigues viniendo. ¿Para
sentirte bien contigo misma?, ¿es eso?

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

19

—Ay, deja el drama. ¿Acaso olvidaste que fuiste tú quien me
aborrecía? Odiabas todo de mí, mi manera de vestir, de caminar, de
hablar; mis uñas, mi pelo, ¡todo! Fue algo criminal. Realmente me hiciste
sentir muy mal.
El Indio ahora parecía muy nervioso, inquieto, ansioso.
—Lo siento —dijo con voz entrecortada—. Finalmente creo que me
he convertido en una de esas caricaturas que un día, quizá por flojera
del autor, aparece sin pigmento, incompleta, mal hecha. Las
rehabilitaciones y peregrinaciones a la India no sirvieron de nada. Hay
días en que ni me reconozco en el espejo, me siento fatigado, falto de
entusiasmo, sin apetito, irritado y con ganas de romper algo. ¿Qué hago
ahora? ¿Me planteo una carrera como el cantante de una iglesia?
Afuera comenzaba a anochecer. La mujer consultó su reloj. Sí, era
hora de volver a casa. Se levantó del sillón, caminó lentamente hasta el
sofá y se sentó junto al hombre.
—Lo tuyo es un problema de motivación —le dijo, acariciándole el
cabello—, nada más. ¡Eres Indio Lenon, coño! ¡INDIO LENON! Una
deidad.
—¿Deidad? ¡Ja! Si me subiera ahora mismo a un escenario tendrían
que poner una alambrada para evitar que los fans acabasen conmigo.
—Tonterías. ¡Vamos! ¡Levántate y sal de aquí! Ve y demuéstrales
cómo se hace. ¡Demuéstrales quién es INDIO LENON!
Y así, emulando aquel icónico acto que los Beatles realizaron en
1969 cuando tocaron en el techo de los estudios Abbey Road —y es que
llevando el apellido Lenon, no Lennon, no podía ser de otra manera—,
el Indio subió al tejado de su casa, se quitó los pantalones y brindó un
último recital para sus odiosos vecinos. Afortunadamente para éstos, el
obsceno espectáculo solo duró cinco minutos, los agentes del orden
irrumpieron en el tejado y arrestaron al artista.
—Sí, señoras y señores —anunció cuando lo llevaban en la
patrulla— Indio Lenon ha vuelto.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

20

La niña cíclope

La hija de mi vecino era igualita a uno de esos seres mitológicos que
salen en los libros fant{sticos; ‚niña-cíclope‛ le decían, pues solo tenía
un ojo. ¡Uno solo! Pero no siempre había sido tuerta. Según, un día la
carajita le pidió a su papá un parche: «¡Quiero un parche, papi, quiero
un parche! Los parches están de moda. ¡Andaaa!». Fue tanto el lloriqueo
que le montó al pobre hombre que este, ya obstinado, le sacó un ojo con
el tenedor. «¡Gracias, gracias, gracias! —exclamó la hijita, feliz—. ¡Eres el
mejor pap{ del mundo!». Cuando la ‚niña-cíclope‛ salió a mostrarle a
sus amiguitas lo chic que se veía, éstas comenzaron a mofarse de ella. La
moda de los parches ya había pasado.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

21

Padre y Margarito

El día que nació Margarito su padre, el gran caporal Patricio, lo alzó
entre sus poderosas manos y promulgó: «¡He aquí mi primogénito, mi
varón, la sangre de mi sangre, mi asesino!». Confundidas, la parturienta,
la partera y demás presentes en el alumbramiento se vieron las caras.
Veinte años más tarde, cuando su hijo Margarito le asestó un hachazo en
la espalda por un asunto de faldas, todo el mundo comprendió.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

22

¡Despertad, borregos!

Carnaval, halloween, hanukkah, cada cierto tiempo el personal del
Centro Psiquiátrico La Vida se sentía complaciente y argumentaba
cualquier celebración para compartir junto a sus muy especiales
inquilinos un rato de ‚sano‛ esparcimiento. No obstante, esta era una
actividad que la mayoría de las veces resultaba deprimente. La mera
idea de estar en un sanatorio era agobiante, una sensación carcelaria. ¿A
dónde ir? ¿Con quién hablar? ¿A quién mirar? Aquellos seres lánguidos y
meditabundos daban la impresión de desplazarse en cámara lenta.
Algunos charlaban, otros fumaban, los demás simplemente estaban allí,
sentados, idos.
—Aquí dentro hay personas como tú, Adora —afirmó el
enfermero, guiando a la chica hasta el salón—. Gente con los mismos
problemas y necesidades. Cuando las cosas nos abruman solemos tomar
decisiones desesperadas de las que luego nos arrepentimos. Pero
¿quitarse la vida? Ese es un acto espantoso que solo puede ser
considerado por almas débiles y enfermas. La vida es el regalo más
maravilloso que el Señor nos ha dado. ¡El Señor es dulzura! ¿Puedes
sentir su inmensa presencia? Él es nuestro guía y nuestro salvador, el
único redentor del cielo que librará nuestras almas de todos sus
pecados.
—¿Pescados? —preguntó la chica, hastiada del sermón.
—PE-CA-DOS.
Desde un primer momento quedó en evidencia lo excéntrica que
era la joven recién llegada. Los aretes de corazones, el recortado cabello
púrpura y la dormilona de osos rosados que Adora desfiló durante su
estadía, contrastaron enormemente con las descoloridas y tristes
vestimentas que usaban el resto de los pacientes. ¿Alcurnia en harapos?
La inusual mezcla de pijamas, batas de dormir y camisas de fuerzas
resultaba inquietante, incluso para un pomposo cóctel de desquiciados.
Las luces navideñas de las guirnaldas y los faros intermitentes de las

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

23

ambulancias dibujaban en aquellos rostros aquejumbrados una colorida
máscara de miedo y vergüenza.
A pesar de la impresión inicial, en La Vida pululaban la élite y el
jet set: magnates, aristócratas, banqueros, artistas deprimidos, poetas sin
inspiración, músicos; individuos que aparte de fortuna o talento poseían
comportamientos peculiares, pasados increíbles, secretos.
Rafa, el chico en el jardín, era un claro ejemplo de ello. Era el
vástago en decadencia de una respetable y muy influyente familia (no
por nada había terminado en un lugar tan ostentoso). Habituado a la
hostilidad, parecía no importunarle aquel zoológico de gente curiosa
que se agolpaba a su alrededor para verlo. «¿Qué es este bicho raro? —
se preguntaban—, ¿un fenómeno de circo?». Iba vestido como la
mayoría, de gris. Su tez fantasmal simulaba fragilidad, días sin dormir.
Adora, al otro extremo del salón, lo observaba con notable interés.
Lo conocía, lo había visto merodeando un par de veces por el salón de
lectura y en el pabellón de psicóticos; ahora estaba segura que era él. Y
es que ¿cuántas personas podían verse como Rafa? Seguramente no
muchas.
Sin ceremonia, la joven atravesó el salón y salió al jardín resuelta a
su encuentro:
—¡Estúpido! —le soltó a apenas lo tuvo enfrente—. Estaba allí
dentro esperando a que fueras a saludarme y no lo has hecho.
El muchacho alzó la cabeza y la estudió con indecorosa atención.
Aquella era una chica muy bonita, mezquina de pechos, aunque
bastante aceptable para la ocasión. El cabello corto no le favorecía a la
chica, le hacía ver pequeña y un tanto varonil. Olía a recién bañada y
temblaba. La sugestiva dormilona de osos rosados parecía no protegerla
de la fría brisa nocturna.
—Bonitos osos —comentó Rafa y se dedicó a hostigarla con un
aluvión de preguntas y apreciaciones—. ¿Qué edad tienes?, ¿dieciséis,
diecisiete? Luces obscenamente infantil con ese atuendo, Lolita. ¿Estás
ya en tu despertar sexual? Seguro eres de esas jovencitas que se
atiborran de perfume para alborotar a sus compañeritos de clases. ¿Y

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

24

por qué te has pintado el cabello de morado? Pareces salida de un anime
japonés. Bah, las adolescentes están todas locas.
No había duda, aquel era Rafa, ‚Rafa la rata‛. Solo él tenía esa
manera tan particular de decir, hacer y obtener las cosas que quería.
¿Cuánto tiempo había pasado?, ¿uno, dos años? Jamás confió en
volverlo a ver. Mucho menos encontrárselo en un lugar como ese. Pero
ahí estaba, justo frente a ella. ‚Ratatat<‛.
La muchacha lo miró de arriba abajo y esbozó una sonrisa. Cómo
olvidarse de aquel chico, de su apariencia, de su enfermedad, de su
irresistible e incomprensible atractivo ratonil. ¿Le gustaba? ¿Fingía que
no? No lo odiaba ni le guardaba rencor, pero aquella hiriente
indiferencia con que su ex captor la trataba le confundía, la hacía sentir
rara, nerviosa, no lo podía explicar. Después de pasar un mes debajo de
su cama, de observarlo y oírle hablar a diario, siempre a solas, hoy tenía
una impresión muy diferente de él.
—Te ves bien —dijo ella.
Rafa evaluó el sarcasmo.
—Eres muy graciosa Isidora, Isadora< ¿Te llamas Adora, verdad?
Ya te recuerdo. Te secuestré en la escuela, entre tu primer y segundo
intento< ¡Ah, la escuela! Aquel día, por alguna extraña razón, estabas
más bella que antes. Nadie lo notó, nadie supo que acababas de salir de
un hospital, pero yo sí, yo presto atención. Pedías a gritos un secuestro.
Tuve que esperar hasta la hora del recreo para ir por ti.
La chica no pareció impresionada ante la memorable osadía.
—A propósito, lamento lo de tus padres —dijo el muchacho—, me
enteré en los periódicos.
A Adora le tomó un momento dar con un sentimiento. Cuando sus
padres se enteraron de su segundo intento corrieron a verla al hospital;
por desgracia en la autopista el auto volcó y murieron. Una tragedia.
—Sí< bueno —dijo—, ni siquiera tuviste la gentileza de llamarme
para saber cómo estaba. Ni un recado, ni un saludo, nada. Eres un
grosero. ¿Qué tal si hubiese querido volver a verte?
Rafa hizo una mueca, como una sonrisa, más o menos.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

25

—Lo del encierro no fue idea mía, Dorita —explicó—. Fue más
bien una torpeza de la policía, un incidente molesto. ¿Deseabas acaso un
Estocolmo?, ¿intercambiar cartas y ser amigos por siempre? No quiero
parecer insensible pero no, gracias, mejor háblame de ese último plan
suicida tuyo. Te encuentro muy saludable. Supongo que si estás acá en
La Vida es que algo salió mal. Por cierto, ¿de dónde sacabas las pastillas,
del botiquín de tu abuela? Claro< Oye, siento no haber podido
atenderte antes, esta gentuza y su alharaca siempre buscan molestarme
en mis momentos de ocio. ¿No te parecen insultantes sus fiestas? No
tienen buffet, ni máquina espresso y nunca sirven licor.
Para la joven, más que insultante, aquello resultaba tedioso. Sus
malogrados padres habían sido los típicos estereotipos burgueses y la
idea de pasar una velada deleitando a otros no era novedad.
—¿Ya tienes edad para beber? —preguntó Adora.
El chico negó con la cabeza.
—Recién cumpliré catorce, son como< Huh, setenta.
—¿De veras? Que viejo. ¿Y cuándo te darán de alta?
—Jamás en esta vida, amiga. Como bien puedes ver no soy ningún
Adonis, la gente tiende a encontrar mi apariencia un poco perturbadora.
No los culpo, mi condición es cada vez m{s patente, m{s< repulsiva.
Hay quienes piensan que recitando El flautista de Hamelín o
comprando ‚mataratas‛ logran fastidiarme. Ilusos. ¿Acaso olvidan que
soy un trastornado y que puedo valerme de ello? Antes consideré llevar
máscara y peluca pero pronto desistí de ello. Resulta más divertido ver
el miedo en sus rostros, su asco, su ignorancia, su odio. A ellos solo les
consuela saber que pronto moriré.
Aquella honesta respuesta tomó a Adora por sorpresa. ¿Rafa
moriría? Sí, en efecto, moriría. Las expectativas de vida de un paciente
con Progeria eran sumamente cortas. No existía tratamiento, ni cura. Él
jamás llegaría a cumplir los quince.
Consternada, la muchacha recogió la falda de su dormilona y se
sentó en la hierba junto a su desahuciado secuestrador. Por un instante
él le miró las piernas y ella sonrió con tristeza.
—¿Fumas? —preguntó el chico, sacando un cigarrillo.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

26

—Claro.
—Procura que no te vean los guardias.
Fumaron en silencio. Luego se quedaron quietos observando a la
jubilosa muchedumbre que indiferente se pavoneaba en la estancia
junto a las aves<
Estrellas de mar, relojes de arena, una mujer con un repollo entre sus
brazos, un viejo con cosquillas en los pies, un canguro dando brincos por allí,
alguien cazando moscas... ¡Que diversión la de estos lunáticos! Todos llevan
papelitos con su nombre en la solapa, como en un jardín de niños.
Rafa irguió su nariz y respiró el suave aroma que flotaba en el aire,
el suave y exquisito aroma de la recién bañada Adora.
—No tienes que compadecerte de mí —dijo él, colmado de una
ligera sensación de alivio—. Lo inevitable ya no me atemoriza. Disfruto
cada instante de este tiempo prestado. Vislumbro con alegría
acontecimientos mejores: plagas, hambruna, terrorismo y xenofobia. Mis
infortunios jamás se compararán a los del mundo: cambio climático,
derrames petroleros, recesión económica, sacerdotes pederastas,
desastres nucleares, amor< ¿Recuerdas el ‚fin del mundo‛? El
pesimismo es mi virtud, siempre espero lo peor de todo, así cuando
sucede no me duele nada. ¿Ínfulas? ¿Delirios? ¡Psss! Realismo, hermana.
¿Nunca te ha provocado insultar a la cajera del supermercado por ser
demasiado lenta, o golpear a alguien en la cabeza por no contestar los
buenos días? ¿No te parece asquerosa esa gente que se moja los dedos
con saliva para pasar las páginas de un libro, los ojos lagañosos, las uñas
sucias? Seres humanos despreciables. ¡Cerdos! Hieden y miran mal.
Imposible ser amable. Imposible verlos como mis iguales. Bueno,
tampoco es que tuve mucho parentesco con ellos.
La muchacha lo miró con incredulidad y cierta fascinación. Rafa
también escrutó a la bella suicida, y juntos se batieron en un duelo de
miradas.
—Dime algo, Adora. ¿Continuas empecinada en morir?
Obviamente tu afición por la Muerte no la he imbuido yo, ya la tenías
antes del secuestro. Pero, ¿aún conservas ese arriesgo o solo se trató de
un vulgar clamo de atención? En caso de esto último que aburrida eres

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

27

—Rafa entonces adoptó una expresión sombría—. ¿Qué se siente,
dorita? ¿Qué se siente saber que mientras yo en breve seré alimento de
gusanos, tú seguirás aquí? Aquí, en La Vida, viviendo sin vivir,
resignada a coexistir con la gente que bien decidiste odiar. A que un día
los niños te llamen ‚señora‛ y se burlen de ti porque tu ombligo ha
desaparecido entre los asquerosos pliegues de tu gordura y de tu
irremediable y fea vejez. Y te saldrán várices, y te volverás sorda y
estúpida, extrañarás a tu papi muerto y a tu mami muerta, a la rica
comidita y a las sábanas limpias. «Oh papá, ¿he sido buena niña?», «Oh
mamá, ¿he sido buena hija?». Y te sentirás sola, absurda, vacía e inútil.
¿Qué se siente, ‚adorable y encantadora Adora‛? Triste, siempre triste.
La vil ironía de aquellas palabras hizo temblar a la chica. ‚La rata‛
sabía donde dolía. Su manera de razonar era, en efecto, la de una
persona mayor. ¿Un demente con momentos de claridad, de genialidad?
Causaba incertidumbre el no saber lo siguiente que saldría de su boca.
—¡Vete a la mierda! —gritó la joven—. ¿Se te metió el demonio?
¿Tienes alguna avería en esa enorme cabezota? ¿Lombrices? Anda,
continúa. ¿Te regocija mi dolor? ¿Crees que estoy aquí para entretenerte,
que me afecta tu maldito complejo de superioridad? No eres más que un
niño necio y pretencioso, un neurótico, un pequeño monstruo. ¡Anda!
¡Vapuléame hasta morir! Tus alardes no me resienten. A pesar de lo
cruel y sin sentido que es la vida, esta< esta sería absolutamente
maravillosa si todo el mundo supiera qué hacer con ella. ¡Si yo misma
supiera qué hacer con la mía!
De repente, como si la cabeza del chico irradiara un raro fulgor,
todo el rostro se le iluminó. Parecía excitado, las mejillas coloradas le
daban un toque travieso y triunfal a su malcarada estampa; no, más bien
exagerada y teatral; no no no, grotesca, maligna.
—Solo los niños lo saben —afirmó el muchacho, complacido de
conducir la conversación hasta ese punto—. Pero no niños inestables y
feroces como tú y yo. No. ¡Los verdaderos niños! Los que ríen, los que
lloran, los que sueñan. A ellos no les interesa el mundo y sus estragos,
no les importa el futuro ni la vida, ellos solo quieren jugar, cazar
escarabajos, saltar la cuerda, correr, volar< ¿Sabías que siempre quise

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

28

surcar el espacio en un carrusel sideral? Dar vueltas y vueltas y vueltas.
¿Qué tiene de malo eso? Bah, los mayores nunca entienden nada, lo
confunden todo y hacen como que no nos escuchan. Mis padres,
personajes que alardeaban de su infinita tolerancia por haber tenido un
hijo como yo, me encerraron y olvidaron. Ahora mírame aquí, dos
largas temporadas en este lindo lugar. Me espían tras los espejos, me
temen, soy el eslabón perdido, el hombre elefante. Analizan mi
actuación, registran pulsaciones y ondas cerebrales, prescriben
medicamentos y llenan informes con una errada patología sobre mí. Los
muy crédulos piensan que hurgando dentro de mi mente lograrán
descubrir fantasías sádicas como las de El Hombre de las Ratas.
¡Aficionados! No hacen más que confiar en sus métodos, en su manual
de procedimientos, técnicas tan obsoletas como el electroshock o la
lobotomía, algo que fácilmente podríamos denominar BASURA.
¡Despertad, borregos! ¡La Vida es basura!
Adora se rascó la cabeza.
—¿Te refieres al Centro Psiquiátrico La Vida?
—No todos estamos cuerdos en este manicomio, claro, pero
algunos sí que están peor. ¿Ves aquel sujeto de allá? ¡Aquél! El que va
de Napoleón. Ayer intentó atacar a una anciana en pleno comedor.
Tuvieron que atarlo y aislarlo. Motivador ¿no? Te digo, amiga mía, estar
aquí no es como estar en un plan vacacional. En los folletos no te
explican que el día que quieras marcharte simplemente no podrás.
Primero tendrás que usar todo tu encanto y ser como ellos quieren que
seas: normal, normalita como todos. ¿Dónde queda la dignidad del
orate entonces? ¡Mejor arrójennos Zyklon-B!
—Yo no soy como esta gente —se apresuró a decir la joven.
—¡Igual serás salvada, hermana! ¡SAL-VA-DA! ¿Sabías que el
perdón divino del Señor es lo único garantizado aquí? Los diligentes
custodios de esta suntuosa ratonera siempre han tenido la razón. Lo
único aceptable de todo esto es su infinita misericordia. Chiflados,
fenómenos, inadaptados, todos, absolutamente todos seremos
perdonados en La Vida. ¿No te parece genial que el dinero de papá y
mamá pueda pagar eso también?

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

29

—Pues< —objetó la chica—, yo aún no he visto a ningún doctor.
—¡Y no lo verás! —aseveró el muchacho en una especie de clímax
atroz—. ¡Eres una suicida! ¡Un caso perdido! Ningún loquero
malgastará su tiempo intentando ayudarte. Tarde o temprano te
quitarás la vida y eso nadie podrá impedirlo.
Una familiar mezcla de orgullo y desconcierto turbó el rostro de la
joven.
—Pero serénate, Dorita —añadió Rafa—. Todo es más tolerable
cuando le damos menos importancia. Además, no sirve de nada hacerse
la exquisita aquí. Esta gente no te alivia ni la tos. Te compadecen, te
inflan de ‚pam‛ (entiéndase Clonazepam, Diazepam, Alprazolam,
Fluoxetina, Sertralina) y luego, con falso entusiasmo y una sonrisa
zalamera, te arrullan diciendo: «Respira, respira. Lugar feliz, lugar
feliz». No no no, mejor buscarse otra alternativa.
Adora titubeó. ¿Se lo diría ó no se lo diría?
—He pensado<, he pensado seriamente en escribirle al Doctor
Basura.
—¿Qué?
—¡Que quiero escribirle una carta al Doctor Basura! ¡Sordo!
Su interlocutor quedó perplejo ante aquella revelación. Mas
prontamente estalló en una sonora risotada. Pacientes, enfermeros,
pavos reales, todos a su alrededor voltearon a mirarlos.
—¿Al embaucador del periódico? —le preguntó el muchacho,
muerto de risa.
Efectivamente, el Doctor Basura era un médico de dudosa
credibilidad que atendía a sus pacientes por correspondencia. Una
especie de ‚Doctor del amor‛ bizarro que, como rasgo distintivo,
recomendaba siempre los peores remedios. Sus casos más sonados
solían aparecer en la prensa sensacionalista.
—Lástima que ya murió el Doctor Kevorkian, al menos él no te
habría expuesto al escarnio público —Rafael lloraba y tosía, parecía
ahogado en su propia diversión—. Que ingenua eres, Adora. ¿Ves lo
fácil que fue raptarte? Bah, las adolescentes están todas locas.
La joven lo miró con intensa dureza. ¿Quién coño era Kevorkian?

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

30

—¡TÚ ERES EL LOCO! —gritó—. ¡Odioso! ¡Ya no te soporto!
Era todo. Mejor no decir nada más. Se levantó y sacudió su
dormilona. Por un instante el chico alcanzó a ver destellos de su ropa
interior. Ella se dio cuenta e indignada se enrumbó a su dormitorio.
—¡PERDÓN! —chilló Rafa en la distancia—. Perdóname<
Adora se detuvo a unos pasos y bufó. Luego, sin darse vuelta,
preguntó:
—¿Perdón por qué?
Rafael cerró los ojos y hundió la cabeza en la hierba, se sentía
mareado, exhausto, plenamente feliz.
—Perdón —repitió—, por no poder secuestrarte esta noche.
Hubiese sido lindo poder pasar más tiempo junto a ti en la vida.
La chica volteó a mirarlo y Rafa abrió los ojos. Finalmente, ambos
sonrieron con complicidad.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

31

Piñata

Allí estaba el abuelo, ¡feliz!, celebrando el octavo cumpleaños de su
adorado nietecito. Al momento de reventar la piñata, el palo salió
volando y le abrió la cabeza en dos.
Apaleada y corrompida,
la piñata se mece solitaria en el techo de una extinta fiesta,
sin niños con quienes jugar, y con las entrañas desparramadas, devoradas;
es el fin de la niñez que pronto nos llega.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

32

Apophis

Por la calle Ampíes de Coro vivía Tomasito, el superhéroe.
Desde la fortaleza de su cuarto jugaba a ser más grande que el Señor.
Un día lo logró.
Su nombre aún está grabado en el pupitre del liceo.
«¿Quién, cara de culo, estará sentado en el?».
Paredes forradas con carteles de Blade Runner, Metrópolis, 2001: Odisea
del espacio; repisas repletas de figuritas de acción y robots
transformables, Boba Fett, Mazinger Z, Optimus Prime; comics, mangas,
una vieja máquina de escribir y un Martillo de Lucifer tirado por allí
describían perfectamente al inquilino de aquella habitación: Tomás, un
otaku, un nerd, un freak, uno de esos niños que seguirían unidos al
cordón umbilical durante al menos cuarenta años.
Entre las muchas particularidades que poseía el chico, valía la pena
mencionar solo una, una muy especial: de noche, cuando sus
progenitores se iban a la cama, Tomás aseguraba la puerta del cuarto, se
anudaba una toalla roja alrededor del cuello, se ponía sus underoos3 de
Superman y se sentaba a disfrutar de otro maratónico especial de su
programa predilecto: ‚Los Súper Amigos‛.
Batman, Robin, Superman, Aquaman, Linterna Verde, Flash,
Hombre Halcón y< y< En el momento en que su personaje favorito
hacía aparición, el jovencito levantaba la vista y contemplaba excitado el
enorme poster tamaño natural que dominaba la pared frente a él. Lynda
Carter, la actriz que había interpretado a la Mujer Maravilla en la serie
de los ’70, aparecía en aquel diminuto traje de superheroína: un corpiño
rojo ceñido al cuerpo y unas pantaletas azules con estrellas blancas.
Enseguida el muchacho se tumbaba sobre la cama y volvía a
experimentar aquella recurrente alucinación masturbatoria:
¿Podría María Constanza ser mi Mujer Maravilla?
3

Interiores con motivos de superhéroes.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

33

María Constanza era, sin muchos rodeos, una zorra. La niña más
arpía y desvergonzada del mundo. Alta, esbelta, cabello ensortijado,
boquita de pescao y grandes ojos verdes como agua de mar. Era tan
bonita la ninfa que no parecía real, flotaba en vez de caminar. Todos los
chicos del liceo, por no mencionar al portero o a los profesores solitarios
que la miraban de soslayo, se sentían atraídos por aquella Lolita letal
que cada tarde durante la hora de educación física se paseaba por el
patio en apretados shortcitos de gimnasia, tentándolos. «Pobres muertos
de hambre», chasqueaba la buscona.
¡Eres una zorra, María Constanza! le increpaba Tomás desde su
escondite, detrás de la cantina. Claro que lo eres, ahí estás, entretenida
escribiéndole mensajes a todos tus novios ridículos en vez de hablar conmigo un
rato. A mí me gusta echar cuento ¿sabes?
Tomás era un Peter Parker cualquiera, incomprendido, siempre
urgido, sin tiempo para atarse los zapatos, caminaba entre la gente como
un chico corriente pero no lo era, ni en broma; cuando se calentaba le
salía humo por las orejas y cuando se ponía nervioso canturreaba:
«Spiderman / Spiderman», versión Ramones. ¡No! No era ningún tonto.
Jamás salía a la calle disfrazado de Superman ni se lanzaba por la
ventana intentando alzar el vuelo (una vez lo intentó pero se le atoró la
capa y casi se ahorca). «¿No estás ya grandecito para andar viendo
muñequitos? —le increpaban sus padres, con preocupación—. Ponte a
practicar fútbol, has amigos, búscate una novia». Tomás no tenía amigos
y nadie quería serlo. Y sobre ese asunto de las chicas era mejor no
comentar. Incapaz de integrarse a la sociedad apenas si abría la boca
para hablar. Aunque la gente ignoraba que detrás de su silencio se
ocultaba un carácter complejo y siniestro. No obstante, a diferencia del
encapotado Bruce Wayne, él sí tenía un auténtico superpoder: una fértil
y muy poderosa imaginación capaz de recrear personajes y
acontecimientos que rivalizaban incluso con la realidad misma.
¿Mencionamos ya su vieja máquina de escribir? Tomás también era un
pujante autor de ciencia ficción. Entre los centenares de escritos que
tenía engavetados había uno que hablaba acerca de un cometa y el fin

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

34

del mundo. Cuando decidió enviarlo al periódico escolar, la Directora le
había salido con «no nos parece apropiado», pero finalmente la mujer
accedió y el cuento se publicó. Desde entonces todos en el liceo
comenzaron a sospechar de él, lo evadían, le temían. Todos excepto uno,
su tocayo, su archienemigo, el Tomás bizarro, un gordo abusivo que
medía como dos metros.
—Así que el ‚superhéroe‛ se cree m{s grande que el Señor —
exclamaba el muchacho—. Como si fuera tan difícil.
Y sucedió que un día fue avistado en el cielo un cuerpo brillante
distinto al sol. Todo el personal del liceo, alumnos y profesores, salieron
al patio a ver qué era: «es un pájaro, es un avión... ¡No, es Apophis! —
dijeron unos, refiriéndose al cometa que Tomás había descrito en el
periódico—. ¡Apophis!». Y mientras los ojos oteaban con incredulidad
aquel turbio firmamento, Tomás no dejaba de contemplar con ilusión a
su siempre adorada María Constanza. ¿Podría María Constanza ser mi
Mujer Maravilla? Por desgracia una de las amiguitas jalabolas de ésta lo
pilló en plena idolatría:
—Chama, adivina quién te anda sadiqueando.
—¿Quién?
—El baboso del Tomasito.
Cuando su diosa giró la cabeza, el sol arrancó destellos dorados de
aquella hermosa cabellera ensortijada: «¿Qué me ves? —le preguntó,
fulminándolo con esos grandes ojos verdes—. Zapatea pa otro la’o,
baboso». Y como era de esperar, Tomás comenzó a temblar. ¡A temblar
y a cantar! «Spiderman / Spiderman». Todos en el patio dejaron de
escudriñar el cielo y estallaron en una sonora carcajada. Risas, risas,
risas, bocas, dientes, lenguas< La cabeza del muchacho era una olla de
presión, humo, puro humo. Muero por tener una aplanadora. ¡Y aplanarlos!
Avergonzado se abrió paso a empujones entre la multitud y corrió a
esconderse, una vez más, detrás de la cantina: eres una zorra, María
Constanza, masculló, sollozante. ¡Claro que lo eres! Ya no quiero que seas
más mi Mujer Maravilla. ¡Ya no más!

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

35

Y de repente, como si la fuerza de gravedad hubiese dejado de ser
una ley fundamental, sus pies despegaron del suelo y poco a poco
empezó a elevarse, a flotar, ¡a volar! Y mientras volaba, decenas de
novelas gráficas y tiras cómicas, Watchmen, Maus, Condorito, agitaban
sus páginas a manera de bellas alas multicolores y lo escoltaron en un
vuelo rasante sobre el liceo.
¡ZOOOOOOOM!
Lamentablemente aquella sublime ensoñación duró apenas unos
segundos. Una mano lo jaló por la camisa y lo trajo de vuelta a la tierra:
—A cada rato que te nombran pienso que es a mí a quien nombran
—le acusó su tocayo, el temible Tomás bizarro, empujándolo con fuerza
hacia el interior de un salón vacío—. Ya estoy harto de voltear y ver que
no se trata de mí, que nunca se trata de mí, sino de ti, cara de culo.
El villano lo atenazó con fuerza por el cuello y comenzó a
ahorcarlo.
—¡Hasta mi pupitre lleva tu nombre! ¿Te sentarás también en él?
En el momento en que a Tomasito empezaba a faltarle el aire la
puerta se abrió y, para sorpresa de ambos, la Directora entró al salón y
se quedó ahí, de pie, observándolos. El agresor, que se había puesto
blanco, soltó a su homónimo y lo empujó con ira contra los pupitres:
«¡Ojalá te murieras!» le gritó, antes de salir huyendo al patio.
—S-siempre es lo mismo —musitó el maltrecho Tomás entre
lágrimas—, siempre a mí. No soy ningún superhéroe, ruedo por las
escaleras, me llevo las cosas por delante, me tiran pepas de mango y me
cagan los pájaros.
Al principio la mujer quiso echarse a reír pero algo la contuvo.
Entonces, en un inusual acto de gentileza, se acuclilló para ayudar al
muchacho a ponerse de pie y por un instante se asomaron bajo sus
faldas unas pantaletas azules con estrellas blancas.
PUM PUM, corazón palpitante. El chico se limpió los mocos y se
levantó. Las piernas le temblaban, las manos le sudaban, en todo el
tiempo que llevaba estudiando en aquel liceo jamás se le cruzó por la
mente semejante interrogante: ¿Podría la Directora ser mi Mujer
Maravilla?

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

36

—¿L-le gustaría ir a mi casa a ver los ‚Súper Amigos‛? —se
aventuró a preguntar.
La mujer, confundida, volteó nerviosa hacia uno de los ventanales
y peló los ojos.
—¿Pero qué te has creído, niño? ¡Despierta! ¡En breve nos caerá un
meteoro!
Y tal como el chico vaticinó en su texto, el cielo se abrió y Apophis,
con su larga cola llameante, cruzó el firmamento e impactó la tierra con
una fuerza equivalente a 20.000 bombas atómicas, ‚<fulgor maravilloso
venido de los cielos‛.
Aquella misma tarde, de entre los escombros, Tomás rescató su
vieja máquina de escribir y la estrelló con ira contra el suelo. «¡Vaya
superpoder de mierda!» gritó, y las palabras emergieron de su cabeza
dentro una nubecilla blanca, como en los comics.
 En 2004 fue descubierto Apophis (99942), un asteroide de casi 500
metros de diámetro y más de veinte millones de toneladas de
peso que, según la NASA, colisionará con la Tierra en el año
2036.
 La agencia espacial también estimó que uno de los lugares de
impacto más probables será Venezuela.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

37

Las Uvas del Tiempo (revisited)

Según, si se comen 12 uvas mientras suenan las 12 campanadas de la
Nochevieja se puede atraer la buena suerte en el año entrante. Esta
tradición decembrina viene asociada casi por herencia con escuchar en
la radio el poema de Andrés Eloy Blanco Las Uvas del Tiempo: ‚Madre,
esta noche se nos muere un año<‛.
En Coro es típico decir: «primo, si usted no ha escuchado a Pepe
Lupe (Polanco) un 31 no es coriano». Esa noche, sin duda la de mayor
sintonía radial, miles de familias vestidas con sus mejores galas, bailan y
se embriagan frente a sus receptores a la espera de las campanadas que
anuncian la llegada del Año Nuevo. Ahora bien, ¿qué sucedería si de
pronto se interrumpieran Las Uvas para emitir el primer Boletín
informativo del Fin del Mundo?
«Sí, señoras y señores, los Mayas solo se pelaron por diez días, en
breve el meteoro Apophis impactará la tierra y todos, absolutamente
todos, desapareceremos».
¿Cuesta imaginárselo?
La histeria colectiva provocada por La Guerra de los Mundos de
Orson Welles demostró el poder persuasivo que posee un medio como
la radio. El narrador se oiría nervioso, aterrorizado; al fondo se
escucharían disparos, sirenas, alaridos de horror. Presas del pánico, los
radioescuchas serían incapaces de cambiar el dial, de moverse, de tan
siquiera respirar. Por supuesto, una vez culminada la transmisión se
confesaría que todo ha sido una farsa.
¿Humor? ¿Un nuevo e inoportuno homenaje a la obra de H. G.
Wells? ¿Una falta de respeto a nuestro insigne poeta Andrés Eloy?
Habrá malestar, desde luego, pero no cabrá la menor duda de que
aquellos que comieron sus uvas —y los que no— se sentirán
agradecidos por la suerte que han tenido de recibir un Año Nuevo más
con vida. Y es que< ¡vamos! al fin y al cabo, cada fin de año es como
prepararse para el Fin del Mundo, ¿o no lo ven así?

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

38

Edén: Coro

Todo eso está muy revuelto por ahí pa’rriba,
no se habla sino del fin del mundo que ya y que se acerca.
Cantaclaro
Rómulo Gallegos

Intro
«Verás, todas las noches aquel niño saltaba de la cama y despertaba a su
amiguita para jugar junto a ella al ‚fin del mundo‛, imaginaba que
aquel era el último día en la tierra y que el Señor, enfadado, había
enviado desde el cielo un meteoro a destruirlos; pocos meses después
otro niño, un pujante autor de ciencia ficción, publicó en el periódico de
su escuela un relato acerca de un cometa y el fin del mundo; y como
bien sabemos, un día el cielo se abrió y Apophis, con su larga cola
llameante, cruzó el firmamento e impactó la tierra con una fuerza
equivalente a 20.000 bombas atómicas, ‚<fulgor maravilloso venido de
los cielos‛. ¿Acaso no te das cuenta, mujer? Todo lo que esos carajitos
predijeron sucedió: el meteoro, el fin del mundo... ¡Maldita sea, maldita
sea! ¡Los niños saben! ¡Saben!».

Capítulo 1
Arena hasta donde alcanzaba la vista. A la gente como le gustaba este
paisaje hostil, el sol, el calor, el viento que pica. ¿Habrá algo más sabroso
que rodar cuesta abajo por Los Médanos y llenarse el culo de arena?
A lo lejos, entre las dunas de aquel estéril y post-apocalíptico
desierto de Coro, el sonido de un tanque de guerra se dejaba escuchar.
BBBBRRRRRRR< ¡CRASH! ¡TRASH!

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

39

Bajo sus poderosas orugas la carrocería de un antiguo auto volador
quedó aplastada; un robot y un fósil de lavadora hechos añicos; chatarra
tecnológica pulverizada.
BBBBRRRRRRR< ¡CRASH! ¡TRASH!
Dentro del vehículo, los dos tripulantes debían hablarse a gritos
para oír sus voces por encima del ruidoso motor:
—¡Párame bola! —exclamó la última mujer del planeta—. Te digo
que de Falcón no queda casi nada. Todo lo que había del ‚cuello‛ para
arriba está bajo las aguas. De ese mar infestado de krákenes apenas
sobresalen los mechurrios y la puntica del cerro Santa Ana. Ignoro qué
fue lo que pasó, solo sé que ese día de la inundación yo traía a mi viejita
agarrada por una mano y el agua me la jaló: «¿para dónde vas má?» le
grité, y cogió para all{ abajo<
BBBBRRRRRRR< ¡CRASH! ¡TRASH!
El blindado armatoste esquivó un escarabajo monstruoso y casi se
lleva por delante el Monumento a La Madre, un triste recuerdo de
aquellos fértiles años que ya jamás volverían.
—¿Que qué pasó? —preguntó consternado Indio Lenon,
compañero de viaje y última estrella de rock del planeta—. Pues pasó
que el Señor, enfadado, envió desde el cielo un meteoro a destruirnos;
pero no hubo tal fin del mundo, nooo, eso hubiese sido demasiado
piadoso. Sobrevivimos. Aunque lo peor vino después, cuando
comenzaron a morir las mujeres. Al principio solo hubo cierta escasez,
luego proliferó una depredación sexual que terminó convertida en
norma social. Algunos hombres, dueños aún de su honra y cordura,
defendieron a sus hijas y hermanas hasta la muerte. Otros no.
El tanque sorteó los restos del Parque Ferial y se enfiló por la
desquebrajada avenida Independencia. La sobrecogedora paz atómica
que les recibió en Los Tres Platos los turbó. De no haber presentido el
peligro se habrían bajado a tomar fotografías.
—En fin —prosiguió el Indio, ya más calmado—, un día la
humanidad despertó de su locura y vio que entre las pocas criaturas que
aún poblaban este planeta no había ninguna mujer. Entonces el hombre

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

40

lloró, desconsolado comprendió que estaba solo. Y peor aún, que sin
descendencia su extinción era inminente.
Piano a piano continuaron el safari. Coro ardía bajo aquel
abrasador fuego solar. La fauna mutante y los eternos cardones que no
dejaron de reclamar sus derechos ocultaban de a poco los restos de
aquella extinta urbe de barro. No obstante, entre el caos de espinas y
vigas retorcidas aún se apreciaban atisbos de civilización: anuncios de
bebidas refrescantes y vieja propaganda electoral; Manaure, el gran
Caquetío, ya no ofrecía alimento a los visitantes, su brazo amputado
yacía inerte ante sus propios pies; de aquel centenario Arco de la
Federación, demolido y erigido media docena de veces, finalmente no
quedaba rastro; más adelante, en la esquina Trébol, un viejo pigmeo
seguía vociferando: «¡La vida! ¡La vida! ¡Llévate la vida!»
Capítulo 2
Días atrás: a 10.000 metros de altura el hidroavión comenzó a sacudirse
con violencia. Uno de los pasajeros, Indio Lenon, despertó en medio de
la turbulencia y desorientado miró a su alrededor. Se sobresaltó al
descubrir en el asiento de al lado a un payaso, uno de verdad, de cara
blanca y nariz roja. Aquí dejan viajar a cualquiera, se dijo. De niño había
visto a Popy en un acto de su escuela, pero ni siquiera entonces estuvo
tan cerca.
Ya más tranquilo se asomó a la ventanilla y observó con sosiego la
densa negrura. Observó, pesaroso, su propio reflejo.
Indio Lenon, la dilatada estrella de rock de los ‘90, era un
espécimen en peligro de extinción. Ya nadie compraba discos, por ende
el sello disquero le obligaba a embarcarse en giras de promoción por
todo el país, siempre de aquí para allá, siempre en vuelos baratos,
siempre solo. ¿Qué clase de vida es esta? se preguntaba el Indio,
deprimido.
Aquella mañana le había costado un mundo —jamás hubo frase
mejor dicha— levantarse de la cama. Bañarse, vestirse y tener todo listo
para estar a tiempo en el hidropuerto fue una verdadera proeza.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

41

—No vayas a comer nada durante el vuelo —le aconsejó en el
andén su bella y atenta Mecamante, un dulce robot doméstico de tercera
generación.
—Despreocúpate, amor —le contestó él, sonriente.
¡Ah! Cómo adoraba a su Mecamante. Desde que la adquirió, hace
más de un año, nunca antes se había sentido tan bien atendido, nunca
antes tan complacido. Con ternura besó aquellos labios sintéticos y
suavemente la tomó por el cuello. ¡TRACK! Giró su cabeza 360° y le
puso baterías nuevas en el compartimiento de la cerviz. Ojalá fuera real,
pensó con tristeza mientras embarcaba y le decía adiós con la mano, de
regreso la llevaré a cenar.
De haber sabido.
¡PAF! Un manotazo en el hombro sacó a Indio Lenon de su
abstracción.
—Muchacho —le habló su vecino, el payaso—, te vas a morir de la
risa con lo que te voy a contar. Verás, siempre quise ser un bufón. En mi
cumpleaños número nueve papá y mamá me llevaron a conocer el circo.
Fue lindo, había leones, jirafas, trapecistas< Por desgracia de regreso a
casa chocamos de frente contra un tractor y salí disparado del auto.
Perdí mi dentadura y a toda mi familia. ¿Te gustaría verme sonreír?
Indio Lenon no se atrevió a pronunciar palabra alguna. No, este no
se parece en nada a Popy. Da más miedo.
De repente las luces que indicaban abrocharse los cinturones se
encendieron, los motores del hidroavión se apagaron y bruscamente
comenzaron a descender en posición vertical. Todos a bordo entraron en
pánico cuando una de las Mecazafatas pasó deslizándose por el pasillotobogán gritando: «¡NOS MATAMOS! ¡NOS VAMOS A MATAR!». Y
mientras caían en picada el payaso no paraba de reír. Aquella boca era
un oscuro y profundo agujero desdentado.
Hilarante.
Capítulo 3

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

42

«Payaso / soy un triste payaso / que en medio de la noche / me pierdo en
la penumbra / con mi risa y mi llanto...».4 En las oscuras profundidades
del desierto de Coro, adyacente al antiguo cementerio indio, un
clandestino y concurrido prostíbulo, único establecimiento visible en
aquel inhóspito paisaje, ofertaba su lasciva mercancía.
El Cliente, un humilde artesano zoofílico asiduo al lugar,
desmontó de su ‚querida‛ burra parda y la ató en una de las barandas
de la entrada. «Lo siento amiga —le susurró—, pero dos mendigos no
pueden pedir comida juntos». Le acarició el pelo de la crin al animal y
cruzó el umbral.
‚Revise su (vehí)culo antes de abandonar este local‛, rezaba un
cartel en la puerta. Dentro, las risas plumíferas, el olor a sudor rancio y
las deprimentes melodías que expelía la rockola, describían a la
perfección aquel libidinoso Mos Eisley coriano. «No puedo / soportar mi
careta / ante el mundo estoy riendo / y dentro de mi pecho / mi corazón
sufriendo».
—Bueeenas —le salió al paso el Coronel, un truhán aprovechador
que alternaba los roles de madame y cantinero del local—. Tiempo que
no venías por acá, Careconcha. ¿Vas a comer o a coger?
—¡A comer, a comer!
—Ahí me quedaron algunos sobrados de asadura y chivo en vara.
—¿Qué es eso de chivo en vara?
—Un animal con un palo metido en el rabo.
—¿Y no tiene más nada, capi?
—Más nadita, Careconcha.
Hambriento como estaba, el Cliente prefirió no ponerse exigente,
llevaba meses alimentándose de legumbres radioactivas y le vendrían
bien unas buenas chanfainas.
Mientras esperaban a que saliera la orden el Coronel, viejo
proxeneta acostumbrado a tratar con todo tipo de gente, se propuso
desplumar esa misma noche a su cliente más esquivo.
—¡Este mundo es para los machos! —exclamó, alzando las tenazas
que tenía por manos—. Anda, échale un vistazo a la mercancía, tengo de
4

“Payaso”, célebre bolero ranchero interpretado por Javier Solís.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

43

todo: mutantes, robots, parrilla mixta y mujeres. Podemos negociar un
descuento.
—¿Mu-mujeres?
—¡Importadas de china! Nada de esa vaina plástica hecha en el
Imperio.
El Cliente miró hacia el extremo de la barra donde se apoyaban las
meretrices y arrugó la cara.
—Nuuu, capi —protestó—. No cambio a mi burrita ni por todo el
oro del mundo.
—Vamos, ya sé que se ven grotescas, sin brazos ni ojos, pero te
aseguro que son unas auténticas batidoras —el Coronel tomó de la mesa
contigua media garrafa de Cocuy y llenó dos copas—. Bueno, realmente
no te pierdes de nada, estas putas no son como las de antes. Desde que
el meteoro y la súper bacteria venérea acabaron con todas ellas, hallar a
una mujer, una de verdad, se ha convertido en una auténtica hazaña. Yo
particularmente prefiero a las hembras con rabos enormes pero<
escucha bien, cabrón, este es otro mundo con otras costumbres, aquí no
se halla ni siquiera una doña para un rosario, no se halla nada. Así que
más te vale que cuando tengas una cuchara enfrente, sea gorda, peluda
o maloliente, no dudes en meterlo. ¡Meterlo, carajo! Puede que seas la
última esperanza de este planeta, o al menos de Coro.
De pronto un gran estruendo se escuchó en el cielo. ¡BROOOOOM!
La clientela alzó la vista al techo y observó nerviosa cómo la bola de
espejos y los bombillos empezaron a mecerse. ¿Otro meteoro? Enseguida
se oyó un silbido ensordecedor y todo el burdel comenzó a temblar,
mesas, sillas, vasos, algunas botellas rodaron por el suelo y otras se
hicieron añicos.
Los primeros en salir corriendo fueron los que se encontraban en la
barra. Los más rezagados, aquellos dentro de los baños y en los cuartos
recibiendo servicios, dejaron atrás pantalones, sostenes, billeteras<
—¡Mi burra! ¡Mi burra! —clamó el afligido Careconcha al no hallar
en la entrada a su amante cuadrúpeda—. ¡Alguien ha cogido mi burrita!
En el instante en que la horda emergió del lupanar, pasaron sobre
sus cabezas los enormes flotadores de un hidroavión en llamas que

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

44

desprendió el techo del establecimiento y se estrelló lejos, en el
horizonte.
Interludio
¿Qué es esto que me brota de la cabeza?, se preguntó la última mujer del
planeta. ¿Pelos? ¿Alambres? Un adulto, tras años de contemplarse en el
espejo, debiera aceptarse tal cual es. No era su caso. De niña había
sufrido las inseguridades y traumas propios de la edad: menstruación,
sobrepeso, el tamaño de sus pechos; pero aquel problema capilar, ese
que continuaba atormentándole en su madurez, se había llevado el
premio mayor. ¿Por qué el cabello me crece así, tieso, “malo”, arremolinado e
impeinable. Hacia arriba y hacia los lados, totalmente opuesto a lo que dicta la
ley de gravedad y algunas estrellas de rock? En el liceo la habían bautizado
‚pelos de alambre‛, algunos la llamaban ‚pelo impermeable‛ y otros
mucho peor. A pesar de haber abandonado las aulas hace más de quince
años, las risas de sus crueles ex compañeros de clase seguían resonando
en sus oídos: «pelos de alambre, pelos de alambre, pelos de alambre...».
Capítulo 4
Y como pasa con algunos animales e insectos que entre sus dotes tienen
la capacidad de entrar en estado de estivación y despertar meses
después, Indio Lenon abrió los ojos. Lo primero que pensó fue que se
había quedado ciego. Luego, que estaba muerto. No podía doblar las
piernas ni levantar los brazos ni darse la vuelta, solo sentía una
incómoda rigidez bajo su espalda y sobre su pecho. Tosió con fuerza y la
boca se le llenó de arena. Entonces, como una especie de fatídica
revelación, lo supo: me han enterrado vivo. El Indio se lo tomó con calma.
Estas cosas pasan. Siempre intuyó que algo así podía sucederle. Por eso,
llegada la hora, prefería un buen nicho. Aunque ¿Cómo hará la gente para
dejarle flores a los que están más arriba?
Enseguida comenzó a excavar como pudo. Con uno, con dos, con
cuatro dedos, con la mano entera. Primero hacia abajo para aliviar la

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

45

tensión en los codos y liberar sus brazos, luego hacia arriba, hacia la
superficie. ¿Y si arriba no es arriba? ¿Y si me han enterrado de cabeza?
Durante el ascenso —o descenso— se topó con varios cráneos, vísceras
secas y miembros amputados. Cuando el revivido finalmente sacó la
cabeza una ráfaga de lluvia radiactiva le enjuagó el rostro. «¡NO ESTOY
MUERTO!» gritó. De inmediato clavó los ojos en la oscuridad y poco a
poco apareció en su campo visual un viejo tanque de guerra. Más allá,
en la penumbra, una lóbrega y ruinosa casa.
El ahora prófugo de su tumba prematura avanzó torpe entre la
arena y se introdujo con dificultad por una de las ventanas rotas. Aquel
recinto parecía un enorme depósito de cachivaches: relojes, sillas
chuecas, mecedoras descocidas, campanas, maracas, discos de acetato.
Que mal gusto, no hay ninguno mío. También halló varios recortes de
periódicos. Docenas de artículos acerca de niños que vaticinaban la
caída de un meteoro y el fin del mundo. Los niños saben. Saben.
De repente una delgada línea azul se coló por debajo de una
puerta y al abrirla, para su sorpresa, halló a uno de los pasajeros del
hidroavión sentado frente a un televisor. «¿Qué hay de nuevo, viejo?»,
preguntó Bugs Bunny desde la pantalla. Con cautela, Indio Lenon se
acercó al hombre del sillón y se le quedó viendo. A pesar de los
arañazos, de la nariz rota y algunos pelos arrancados, aquel siniestro
bufón aún se veía< ¿gracioso? Tenía la cara pintada como antes, pero
ahora llevaba una media negra en la cabeza y una licra de leopardo que
le cubría todo el cuerpo. ¿De dónde sacó esta ropa? El Indio pasó una
mano por delante de aquellos ojos amoratados y al no percibir ninguna
reacción le tocó en un hombro. Casi se desmaya de la impresión cuando
éste de pronto le saludó:
—Muchacho, te vas a morir de la risa con lo que te voy a contar.
Indio Lenon notó que al payaso también le faltaba un brazo y que
en su mano buena, la única que tenía, reposaba una sucia pala.
—¡TÚ! —gritó—. ¡Fuiste tú quien me enterró vivo, hijo de puta!
—¿Eh? Sí, he sido yo. Pero dime, ¿ahora que estás fuera de tu
tumba no extrañas la Muerte?

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

46

Colérico, el Indio le arrebató la pala y justo cuando iba a asestarle
el palazo un súbito vértigo lo paralizó. PUM. PUM. Terribles punciones
comenzaron a azotar su cabeza. PUM. PUM. La habitación se combó
como quien ve por la mirilla de una puerta, todo se veía lejos. Las
paredes se alargaron adoptando una perspectiva imposible, irreal. El
Conejo de la Suerte saltó del televisor y dio brincos por todo el lugar
hasta perderse en el pasillo.
—Sinceramente fue lo mejor que nos pudo ocurrir —continuó
hablando el de la nariz roja—. Digo, lo del hidroavión. Era repugnante ir
rodeado de tanta gente. Hedíamos. Míranos ahora, serenos, felices. ¡Ah!
Pero la felicidad es relativa, muchacho. Lo menos que tienen los
hombres de hoy es sentido del humor. Y no los culpo, vivir en un
mundo devastado y si mujeres no es nada gracioso. Nadie quiere un
bufón, ¡quieren un bufón salvador! ¿Te has fijado cómo la fe prospera en
época de incertidumbre y confusión? Hay quienes incluso ven la efigie
del Señor en el fondillo de un perro. Yo no puedo. ¿Tú tienes perro?
Seguro sabes que no se puede recoger la caca recién hecha porque corre
uno el riesgo de embarrarlo todo. Siempre es mejor esperar a que
endurezca, así el trabajo resulta más sencillo. Todo en la vida es igual.
Y finalmente ocurrió que el payaso, sobreviviente de un accidente
aéreo, además de un meteoro misógino, sufrió un infarto y todos sus
problemas acabaron. «Los infartos siempre dan risa —dijo, apretándose
el pecho con júbilo—. ¡Ahhh! Es el final que ya por fin ha llegado, me ha
venido a buscar, espero jamás volver a comenzar. Y que los muertos no
resuciten. ¡Ahhh!».
Ahí estaba otra vez esa grotesca boca sin dientes.
Capítulo 5
Que serena y triste era la noche en aquel estéril y post-apocalíptico
desierto de Coro. Como triste era tener que enterrar a la única compañía
que, tal vez, de algún modo, hubiese hecho más soportable aquel
incierto destino.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

47

El hombre, meditaba el Indio Lenon mientras sepultaba al payaso,
ese único habitante de esta asolada humanidad fálica, es solo un patético ser
resignado al consuelo momentáneo de una muñeca de plástico. Un ser
resignado a la espera de que un buen día, probablemente hoy, llegue la Muerte y
lo borre para siempre de la faz de la tierra. Oh Señor, juez y piadoso salvador.
Perdónanos.
Y mientras rellenaba la fosa, el hombre no dejaba de tararear
aquella tonada circense, Entry of the Gladiators, era lo más apropiado:
«Tata-tararara-tata<».
Acabada la labor, Indio Lenon volvió a la casa. Justo entonces, en
el instante en que trancaba la puerta, el leve murmullo de una regadera
abierta en el segundo piso se dejó escuchar. ¿Otro pasajero? El Indio
tomó la pala, subió las escaleras en dos zancadas e irrumpió con
violencia en el baño. Una vez allí, para su asombro, el mundo resultó ser
un Edén fragante y amarillo.
Alfombras amarillas, papel higiénico amarillo y unas velas
aromáticas amarillas que hacían ver todo el interior del baño< ¡Sí,
amarillo! Las repisas estaban repletas de jabones, cremas, colitas y
liguitas. También había un espejo de cuerpo entero y una cesta de ropa
sucia con el contenido esparcido por el suelo: medias, licras, sostenes...
Los ojos de Indio Lenon casi saltan de sus órbitas al descubrir
dentro de la regadera sin cortinas a una enorme morena desnuda. «¡Qué
sapo es éste!» exclamó al ver la gloriosa hendidura que la mujer, la
última mujer del planeta, tenía entre las piernas. «¡Alabado sea el Señor,
estamos salvados!».
Comenzaba a amanecer. Los primeros rayos entraron por una
ventanita e iluminaron la rolliza silueta de aquella hembra en plan de
remojo. El agua rebotaba en sus pelos de alambre. Los miles de
pequeños diamantes adheridos a su piel no dejaban de brillar. El Indio
no podía creer su buena suerte. A pesar de que el planeta se inundó y su
mundo tal como lo conocía se había esfumado, aquella Eva de cuerpo

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

48

generoso y cabello impermeable, verdadera belleza de Órdago, lo
compensaba todo.
De repente la muchacha cerró la llave y salió de la regadera. No se
molestó en tomar la toalla. Con retadora altivez avanzó chorreante por
el baño. Sus tetas, enormes como globos, oscilaban de lado a lado
salpicándolo todo. Sin mediar palabra se abalanzó sobre el intruso y
ambos cayeron sentados en la poceta.
—¿Peso? —le preguntó ella.
El hombre apretó los dientes y negó con la cabeza.
En el momento en que la chica sintió la inevitable erección del
Indio, comentó:
—No sería gracioso que siendo yo la última mujer del planeta no
me atrajeran los hombres.
Exhausto por el esfuerzo de enterrar y haberse desenterrado, Indio
Lenon meditó: ¿Qué será de mi fiel Mecamante? ¿Se habrá quedado sin pilas?
Bah, mejor espero a que endurezca la mierda.
—¿Damos un paseo en tanque? —preguntó la muchacha en tono
conciliador—. Desde que el mar engulló carreteras y gente ya nadie
viene por acá.
Pero el Indio ya no escuchaba. Con una tristeza en el alma y un
pasmo en las piernas se asomó a la ventanita para observar el amanecer.
Observó, animoso, a una burra parda que pasó trotando libremente
entre las dunas de aquel estéril y post-apocalíptico desierto de Coro.

FIN

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

49

Ya me voy

—Buen día...
—Sí, dígame.
—Habla la secretaria del Doctor Basura. ¿Podría pasar esta tarde
por su consultorio? Le urge hablar con usted.
—¿L-le urge<?
—Sí, pero no se alarme, solo desea conversar sobre los resultados
de sus exámenes.
Bitácora de vuelo – día inicial:
Ya me voy.
Siempre presentí que llegaría hacerlo, pero hoy, al fin, tengo una
buena excusa: CÁNCER (de algo). El Doctor Basura no se anduvo con
rodeos —es grato hallar gente así—, apenas entré al consultorio lo soltó.
No me salvaré. La fragilidad de nuestros cuerpos, sumado a las
dolencias del alma, nos hacen tan vulnerables, enfermamos, morimos.
Pero no moriré aquí abajo como todo el mundo, no Señor, lo haré allá
arriba, a kilómetros de distancia.
He de informarle, estimado lector, que he construido un cohete
espacial. Sí, tal como ha leído, un cohete espacial. ¿Que cómo hice?
Simple, lo ordené por tele-compras. Ahora, tras meses de romperme la
cabeza encajando las piezas, ya está listo. No ha sido una tarea fácil, ni
económica. Invertí todos mis ahorros en su adquisición. Encima, tuve
que trabajar turnos dobles para ganar dinero extra. ¿Le conté que llevo
veinte años atendiendo una farmacia? Es un oficio que amerita cierta
disciplina y ética. Por desgracia desde que supe sobre mi padecimiento
me vi en la imperiosa necesidad de hacer algunos negocios turbios con
psicotrópicos y otros fármacos. Clientela interesada es lo que sobra,
menos mal.
Ya, de seguro se preguntará por qué no he resuelto el asunto
ingiriendo un montón de pastillas. Pues, porque no moriré aquí abajo
como todo el mundo, lo haré allá arriba, a kilómetros de distancia.

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

50

Perdón, ¿me estoy haciendo entender? No se trata de un vulgar suicidio.
No Señor. Es un viaje estelar. El último. El único.
¡Solo quiero estar tranquilo!
Bitácora de vuelo – día final:
Para calmar al lector de esta escueta bitácora dejo por sentado que
estoy en mi sano juicio. No obstante, en un evidente arrebato de locura,
esta mañana me he encerrado en el baño a llorar. ¡No! No sienta pena,
mi estimado. Verá, yo ya me voy y usted no.
A pesar de observarse un cielo azul grisáceo, el día me pareció
ideal para el lanzamiento. El viento agitaba las copas de los árboles y
estos, a su vez, mecían los columpios que colgaban de sus ramas. Por un
instante alcancé a oír ladridos, carritos de helados, risas infantiles< ¡Ah!
¿Le hablé ya de ese sueño recurrente que tengo? Es sobre un mundo sin
polvo, sin mugre, donde nada se mancha; un mundo 100% libre de
suciedad, sin contaminación ni malos olores. ¿Se imagina? Un mundo
sin bocas hediondas ni pies podridos; sin hedor a pobredumbre, a viejo,
a pescao, a miao y a culo cagao. ¿Qué le parece? A que es un buen
sueño, a que sí.
Bueno, como iba diciendo, luego de llorar todo lo que debía llorar
cerré puertas y ventanas y me encaminé hacia la plataforma de
lanzamiento (el garaje). Al entrar noté que la punta del cohete, que
sobresalía del techo, estaba algo torcida. Bueno, en el camino endereza.
Hora de pasar revista: un par de bombonas de oxígeno y el traje de
inmersión profunda tipo escafandra, también solicitado por telecompras, que hará de traje espacial; varias bolsas de agua caliente y
expectorantes (en alguna parte leí que el espacio es un lugar frio);
Dramamine para el mareo y un rollo de papel toilet que nunca está de
más. Decidí dejar el salvavidas, ¡quién lo necesita! Lo único que lamenté
fue no llevar un mapa para orientarme. Ayer, luego de mi cita con el
Doctor Basura pasé por el supermercado pero esos chinos nunca tienen
un carajo.
¡Ahora sí, ya me voy! Encendí el motor, solté amarras y tranqué la
compuerta. Como mi perro y mi esposa me abandonaron hace más de

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

51

un año me ahorré el discurso de despedida. Y como siempre ando
apurado realicé el conteo regresivo en números pares:
30, 28, 26<
Uhm... ¿Y si los nazis tenían razón? ¿Y si los judíos, los negros y los
gitanos se lo tenían bien merecido?
<18, 16, 14<
Hasta ahora no me había fijado que nuestro himno nacional es el plagio de
una canción de cuna: «Duérmete mi niño que tengo que hacer / la ley
respetando la virtud y honor<».
<6, 4, 2, despegoooooooo.
Ya me voy.
¡Ya me fui! Salí disparado como una bala del mundo. Fue un
ascenso turbulento pero breve. En cuestión de minutos dejé atrás la
tierra y se abrió ante mí este infinito universo. ¡Ah! Que vista más
maravillosa. Cometas, meteoros, planetas que brillan en la oscuridad...
Es algo tan sublime que, que no puedo expresarlo con palabras. ¡Así que
ya, no escribo más! Esto ha sido todo, estimado lector. ¡Pero no! No
sienta pena por mí. Verá, justo ahora, en este preciso instante, soy quien
quiero ser, ingrávido, insignificante, tranquilo, sumamente tranquilo. ¿Y
usted?
FIN

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

52

NIÑOS, METEOROS Y OTROS CAUSANTES DEL FIN DEL MUNDO
http://www.ricardodiazborregales.blogspot.com

53

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful