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A. An¡r,o, A. Anan¡as, M.-H. Bnoussc,

G. Cr¡srnes, A. D¡ Cnccn, A. Fnvo,

F. I¡cuu., H. Mp¡vano, A. Mnru¡r, D. Mrrpn,

J.-A. Mrlan, J. Ravann, A. Srawus,

M. Srneuss, R. Wenrei,

LA ENVOLTURA FORMAL DEL SINTOMA

MANANTIAL

Dlseño dc tapa: (ir¡st¡¡vo M¡u'¡l

Hecho cl dcpí>slto (ll¡(' rr¡¡u('¡l lrr lry I l.Tilil Imprcso t'rr lrr Argt'rrltrrrr

O 1989, I.lcll<:lt¡r¡cn Mnn¡urll¡rl l'ltl,

Urugu:ry 2(;3, lo Plrr¡.

ol. lll

Bucnos Alrr.s, Ar¡¡r.nllrur

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Prohlbld¿r su rt'prorlrrrr.lr¡r¡

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I)cn'r'l¡r¡s t cnr'¡v¡rr lr ¡¡

EDICIONIiS MANAN I'¡AI,

I

SINTOMA Y trNVOLTURA

F'ORMAL

FUENTES YTRADUCTOITES

[.os textos de J,-A.

I'Ecole de laCause

Irene Agoff y Adrtana Torres resPectivamente.

Miller V M,-H. Brousse fucron pulrll<:ados c¡l lils A<:tcs de

freudieine, Ne IX, LesJormes clu sürlptcirle, y trudur:lclos por

RBFLEXIONES SOBRE Iá. ENVOLTURA

FORMAL DEL SINTOMA

Jacques-Alaín Miller

¿Existe algún psicoanalista que prescincla del concepto de sintoma o

al menos no tenga la noción práctica cle este concepto? No lo creo. Aun-

que podamos pensar que se prescinde fácilmente del de estructura,

aunque hasta podamos dudar de que las estructuras cl¡n¡cas sean estructuras estancas -yde hecho en todaun áreade laprácticadel psi-

coanálisis se cree en una suerte de continuo clinico, se multiplican los

casos borderline, se habla de estados y no de estructura-, Ia noción de

sintoma, porel contrario, aparece como básica, comoverdaderamente elemental. En cierto modo responde a la conciencia natural, a la filo- sofia espontánea del terapeuta o del rnédico, puesto que es constitu-

tlvo de la posición médica el referirse a Ia noción de arrnonia, de lo que

funciona perfectamente en conjunto, de lo que anda en consonancia, y aqui el sintoma aparece como lo que perturba esa arnonia, la alte-

ra, la destruye. Asi pues, no hay síntoma sin la referencia a cierta sin-

fonia que se veria perturbada por una disonancia, por la aparición de un accidente. Este es el valor griego de sumptóma -que curiosamen- te conserya el sun de la sintesis. de la reunión, del conjunto-, o sea de lo que se produceJunto y coincide. El sintoma lleva consigo esa con-

notación médica, esa conexión con la armonia, e inevitablemente

cambia de valor cuando ya no se lo aborda desde la posición médica sino en el discurso analíttco. Admitimos que en este discurso ya no está articulado con una ar-

monía supuesta sino con una referencia de otro orden que sin embar-

go podemos considerar completamente contraria: el sintoma cambia radicalmente de sentido cuando se lo vincula noya con una armonia

slno con una disarmonia, es decir, Io que abreüamos llamándolo

castración. Podriamos decir que el sintoma, en el psicoanálísis, es ar-

10

JACQTJI,]S.AI,AIN MII,LI'IT

mónico con la castración. Y esto es lo que crea problernas para aislztr

el ser clel sintoma en el psicoanálisis. I)ara decirlo rápiclartnente y con-

cluir esta introducción: no podemos aislarlo más <¡ue como ttn ser

hablante, el ser hablante clel sintoma. Abreviemos clicienclo: el hablan- teser del sintoma.

Hace poco tuve ocasión cle decir cle qué moclo pocliamos iltrapar en

la práctica al hablanteser del sÍntoma, y ello partienclo de l-a«:an. I-la- mé a esta intervención "sintomay fantasma", y no hubiera pasarclo <le ahi si Jacques Adam rlo me hubiese peclido que hablara en estas Jnr-

nadas, cosa que hago gustoso porque me dije que iba a aclararnte una expresión de l-acan que ejerció sobre mi unaseclucción particular, trna

suerte de armonia especial, la de 'envoltura forrnal clel sintorna". Aunque haya indicaclo en el programa la referencia exacta cle esla expresión en la compilación de los Escritos, es sin clt¡cla conveniente

que la sitúe en su contexto. Aparece en la recordación que hace Lacan de sus antecedentes, especialrnente psiquiátricos, y cle aqtrello r¡tre lo

condujo, para decirlo en pocas palabras, de Clérambault y Kraepelin

a Freud y de la necesidad -término que él emplea- que lo llevó al psi-

coanálisis. Larazón que da l-acan es precisamente esa'lidelidad a la envoltura formal del sintoma'. Hace de ella, pues, su acceso particu-

lar, primero, en cierto modo ori§inario al cliscurso analitico, y esto por larazón de que esa "lidelidad a Ia envoltura lon¡ral clel sinton.ra, qtte

es laverdadera huella clinica [

[o condujo] a ese li¡nite en qtre ella

se invierte en efectos de creación'. Sigue una referencia a los escritos literarios del caso Aimée, que fue el de la tesis cle Lacan.

1,

Hay empero algo muy sorprenclente en esta arti«:ulación, posttrla-

da casi sin mediación entre el sintoma y la creación y nrtrr:ho anles de

"Joyce le symptóme". Pues pareceria que nacla dista r¡r¿ls clel sintoma que la creación pareceria que el suJelo padece el sinto¡na, r¡tre en él

es pasivo y no creaclor. En el sintc,¡ma es patológl«xr, ¡uienlr¿rs (lr¡e en

la creación es demiurgo, si puedo expres¿lrrr"re asi. Un prrnto de vuelta

al inicio -ya que esto es lo que I.acan evoca en la li'¿rse nrenclonacla-

es un puntodesde el cual unoda ¡necliavtrelta, en senllclo optresto, por

el mismo camino.

qué modo articular el sintoma y los el'e«:tos <le creaclón, como

vuelta

¿De

al inicio, el sÍntoma, que parece s(:r un esla<lo clcgra<lirclo clel

sujeto, y la creación, que parece en ca¡nblc¡ t¡n esl¿r<lo srrbllrne? Dlgo sublime pensando en la categoria de st¡blinrar:lón. I)ues blcn, ésta es

precisamente la cuestión que se plantea, la cle la artl<:t¡lar:lón co¡no contramarcha del sintoma en sublimación.

I^A EWOLTURA Flf,RI\,fAL DEL SINII)MA

I

I

- - Hoy no voy a responder a esta cuestión pues es preciso

blezca preüamente algunosJalones, es preciso que trace las coorde- nadas cartesianas del sintoma, sus dos ejes, de los que se puede declr

que esta_

que La.can desplazó elacentodel unoalotroalo largode su enseñanza:

el eJe del mensaJe y

el eJe del goce.

¿es

un mensaJe o un goce, una manera de

gozaf? creo haber demostrado ampliamente en mi curso que el abor-

El sfntoma analÍtico,

daJe de Lacan se desplaza de una deflniclón a la otra,

q,r

r,

"Función

ycampo de lapalabraydel lenguaJe", el sintomaes abordado como un

mensaje, y que en su semtnario "RSI", por eJemplo, lo sitúa como una

manera de gozar.

Fteud' qulen partió del sintoma

masoquismo primordial y á ta i"t-

de aquello que se satisface, de

una manera cerrada, en el sÍntoma. No voy a reiterar esta demostra-

slón de muerte, es decir a la cuestión

curiosamente, éste es un trayecto que repite el de

histérico como interprltablá y llegó a

Ia reacción terapéutica negativa, al

clón, hoy ampliamente conocida, pero puedo intentar ilustrarles con una anécdota -elevada, si puedo, al apólogo- cómo puede ser poslble

gozar de un mensaJe.

El ejemplo que voy a dar es muy reclente, data de ayer por la tarde

tarde ¡ra que tuve

y no sucedió aqui, puesto que falté a las charlas de la

que visitar a mi abogado y por moüvos sumamente

ligados a la

enseñanza de [,acan; lncluso podría decir: a su envoltura formal. y co-

mo durante nuestra

conversación pensaba constantemente en lo que

lba a decir aqui respondtendo a la inütación de Jacques Adam, páso

a exponerles lo que se me ocurrió.

¿Por qué fui a ver al abogado en vez de estar aqui? Lo hice porque

voy a presentar una querella.

tan, cosas que me producen,

me pasa que quiero presentar una

querella? Cabe señalar que presentar una querella es ya un grado más

del queJarse.* Me pasa que

¿eué

hay gente que hace cosas que me disgus-

diré, un displacer. Mi queja esta regida,

¿eué

es lo que hago entonces? C-omo

debtda al diiplacer que

pues, por el princlplo del placer.

soy clvilizado, recurro a un abogado, es declr ¿ aláulen que va a ha-

blar por mi, que va a hacer pasar esa queJa,

ocperlmento' al grado de presentar una querella. ¿y en qué consrite

presentar una querella? Preclsamente en que este abogado va a for_

mallzar mt queja.

- 'la' relacfón entre "querella'y 'queJa' es ¡¡r¡is maniflesta en francés. En

"presentar querella', plainte es 'queJa" y se plabrdre,

etecto, porter-platnte es

.eueJarse'.

desuso

Obsérvese que en

castellano, una acepcbn ae.queraU.-caida en

es lgualmente "queJa'. fN. de T.l

t2

JACOUES.AI./\IN MI IJ.I'R

Las formas de la queja son formas prescriptas, previstas por el cle-

recho. El formulará entonces mi queja en térrninos que pueclan ser en-

tenclidos porJueces. El es el operador que hani hablar a mi queja en

el campo del lenguaje del Otro. El eonüerte esta queja que emerge cles-

de el fondo cle mi displacer, en un mensaje, del que podemos clecir sim-

todo el mundo lo comprencle- que será emitido clesde el

pletnente

-y

lugar del Otro y en su lenguaje. A partir cle mi queJa, a la que se le han

puesto las formas convenientes, he aqui que yo voy a existir de una

nueva manera en el campo del Otro, y en una forma constituicla, lo que

además en ese campo se lla¡na'constituirse en parte civil". y obser-

ven bien que esa forma constituida en el campo del Otro clel derecho es una forma completada, ya que en él no puedo existir sino represen-

tado por un abogado, por alguien que habla por mi en las formas clel

Otro. En este orden, no me hago sujeto sino acoplado con un abogaclo. Además esto permite distinguir entre sujeto e inclivicluo: sl varios inclt-

üduos se constituyen en parte civtl, forrnan un único sujetojuriclico. Esto en cuanto a la forma del mensaje, en cuanto a la transforma- ción de la queja en forma constituida en el campo del Otro. AI mismo tiempo, por supuesto, esta formalización desnaturaliza mi queja, por-

que no se puede decir, hay una lógica

ustedes y qrre coagula, fiJa vues-

propia del Otro que se lmpone ante

que está lo que se puede deciry lo

tra queja. Y entonces ella sigue su curso. Pero hay algo más en esta formalización de la queJa. Es que mien-

tras vuestro abogado filtra, formula, formalizavuestra queja, ustecles

se percatan de que en alguna parte esto los satisface. En el proceso mismo de formalización, y mientras que nada cle vuestr<l displacer ha sido reparado, mientras que vuestro displacer sigue ahi, motivanclo

todo el asunto, en alguna parte ustedes ya están contentos, contentos de que se ponga en forma vuestro displacer. Ustedes están contentos,

en infracción al principio del placer. euká de este mo<lo

puedan comprender

por decirlo asi,

cluso su cifrado

cómo es que la fonnalización del mensaJe, e ln-

jurÍdico, produce un goce o, para ser más exactos. un

plus-de-gozar arrancado, sonsacado al displacer mlsmo a través de

esta formalización. I-o que acabo de exponer es tan sólo una anécclota,

destinada a ilustrar la conversión del mensaje y cle su for¡nallzaclón en goce. Diré más: laverdad de la c¡ueJa movillza el saberdel derecho,

y este saber trabaja para un goce. Veamos otro ejemplo que slgue la mlsma dlrecclón. lo que hace

unos años vl practlcar en Senegal en un villorrlo de curanderos.

¿Có-

mo curan éstos, tradiclonalmente? Inscriben clertas fór¡nulas en unas

IA ENVOTIUIIA FOITMAL DEI. SINIOMA

I3

pequeñas cintas -fórmulas que pueden ser coránicas, por ejemplo-, después las disuelven en un vaso cle agua, y ustecles toman este bre-

baje, que los cura. Esto es del mismo orden que el presentar qrrerella,

aun si la operatividad es más inmediata y quizais hasta de un orden

más elcvaclo.

'lbmbién pueden encontraresta conversión en el Iibro delApocalip-

sis, que frre soberbiamente ilustrado por Durero. cuya obra se repro-

duce en la tapa del Ne I 6 cle OrnicafT:'Luego la voz clel cielo que habia oido me habló de nuevo: 'Ve a tomar el librito abierto en la ¡nano clel

ángel de pie sobre el mary

sobre la tierra'. Entonces ful a

rogarle al án-

gel que me entregara

la entrañas de amargor, pero en tu boca tendrá la dulzura de la ¡niel'. ltrmé el librito de la mano clel ángel y lo engullí. En mi boca tenia la dulzura de la miel, pero cuando lo tragué llenó mis entrañas de amar- gor'. Esta es tarnbién una referencia de Lacan, de la que tal vez diré unas palabras al final de mi intervención.

el librito y él me dijo: -foma, cómelo, te llenará

De estos apólogos, que tienen el fin de establecer los jalones de la

cuestión, voy a nuestra experiencia del sintomay la tomo por lo más

simple, a ras del fenómeno cotidiano.

qué lugar ponen ustedes la

¿En

observación que, como analistas, hacen de su paciente? Cierto clia pueden observar su palidez, sus facciones tensas o incluso su febri-

lidad, y decirse: "Hay algo que no marcha", Pueden tener buenas ra- zones para pensarlo, pero saben que aqui no hay sintoma para uste-

des como analistas, pues todavia es preciso que él lo diga. y cuanclo

reciben a alguien por primera vez, eso es lo que esperan: el relalo de lo que no marcha. Si cuenta sólo todo lo que anda de maravillas, us- tedes se dicen que algo realmente no marcha. Hay que observar el re- lieve del relato de lo que no marcha. ya que ése es el hablanteser mis- mo del síntoma. El problema es que en un sentido hay una armonia

psicoanalitica, el problema es que ustedes no pueden dejar de pensar que en el propio relato del infortunio hay en realidad un arreglo, y que

el sintoma satisface ahi mismo donde se lo presenta como doloroso.

Esta es la paradoja que I-acan sitúa al definir la demanda como la 'de

uno que sufre", en Teleuisión" y que él describe también en Teleuisión, asÍ: 'El sujeto es fellz. Esta es incluso su definición, puesto que no pue- de deber nada sino a la suerte, a la fortuna, dicho de otra manera, y que toda suerte le es buena para aquello que lo mantiene, o sea para que él se repita". Esto implica que en el nivel al que se refiere lacan, donde el sujeto es feliz, el sintoma no es una dlscordancia sino que se

l4

JACOUES-ALAI N MI f ,LDII

clisuelve, puesto que satisface, y satisface especialnrente a la

repetición. ¿Y qué es lo que caracteriza a este nivel, a esa cierta par- te clonde el sintoma satislace? [-o caracter?a, por lo menos, el tratar- se cle un nivel distinto clel que corresponcle al hablanteser del sinto- ma, distinto de aquel cloncle el sintoma es hablado. En este sentido, el sinto¡na, tal como se articula y vehiculiza en la

palabra qtre se dirige al analista. lbrmaliz¿rdo en el campo clel Otro, es

una mentira. Es, si pueclo expresarne asi, trna alegoria cle sintoma; el término "alegoria'me resulta irreststible clescle qtre hace ¡nucho, en laSección Clinica, looi ulilizarcle la maneramás inoportunaclel mun-

do a propósito de la angustia. El sintoma es una mentira, pero

¿qué

qttiere clecir esto? No que tan pronto como uno entra en análisis se

convierte en un enfermo inlaginario, aunque el analizante se incline

a creerlo, puesto que puecle creer cle buena gana que mientras esté en

análisis no le puede ocurrir nacla. Decir qtre el sintoma es una men- tira no es un insulto aI dolor, al contrario, es decir <¡ue el hablanteser del sintoma pertenece a la dirnensión de laverclad. puesto que sólo ahi

se plantean lo vercladero y lo lalso. Y por eso Lacan formula que el sin- toma es verclad, "hecho de la misma madera cle la c¡ue está hecha ella,

si planteamos en sentido matertalista que la verclad es lo que se ins-

taura por la cadena significante'. Hay que entender lo que implica es-

ta afirmación sobre el fonclo de que

'la

verdad tiene estructura de

ficción": basta con superponer estos dos asertos cle l:lcan para que

uno inliera, para su gobierno, que el sintoma tiene estructura de

ficción. No nos precipitemos. No hay ahi tarnpoco insulto al clolor. y ni si- quiera a la queja; equivale sólo a plantear que no el dolor, no Ia queja, sino cabalnrente el sinto¡na co¡no analitico, en ct¡anto formalizaclo en

el campo del Otro, constituido como lo que se instaura por la caclena

signilicante, tiene estructura de ficción. Esto es lo que hace de la his- teria la condición propia del sintoma como analitico, hasta el punto de

que se habla usualmente, después de lacan, de la hlsterlzaclón clel

suJeto como condlción previa para su instalactón en el <llscurso ana- litico. Pero también es lo que hace cle la histerla el sintoma lncurable

como tal, ya que ella es la licción misma como sintoma -la e¡rl'er¡ne-

dad del semblante, poclrÍanros clecir-, que uno degrada abuslvalnente

en mitomania, o que uno descalilica erróneamente con el argttmento de que sus sintomas serian llcclones. Por el contrarlo, sólo por la hls- terla el sintoma revela su estructrrra profunda cle flcclón, cleblclo a que

ésta se lnstaura por la cadena slsntflcante ¿respecto cle qué? De ese

IA ENVOL.I.URA

I.OITMAI, DI'I, SIN'IOI!,[A

t5

nivel clonde el sujeto

sión, clel nivel,

es t'eliz, cle ese nivel que podenros llarnar cle la pul-

ciigamos, clel objeto a La histeria desaloja al sintoma

ella lo desaloja de las profundiclacles y que al ob.¡eto acomo real lo trae al lu§ar

que no sucecle sin un vaciamiento y además obli-

corno ser cle ver¿id <lel sujeto,

lo pone en eviclencia,

mientras

de la verclad, cosa

ga especialmente

V

"qúi

se abre el

a sumar la nacla a la nomenclatura cle los objetos cu

problema ¿e saber si el sujeto como tal no seria una

ficción. Asi, al plantearlo como respuesta cle lo real cobra tocla su con-

tundencia. observen que si el sintoma tiene estructura de ficción, la posición inicial cle Lacan cle que hay "un li¡nite donde la envoltura formal clel

sintoma

opaca.

se inüerte en efectos de creación' ya nos restllta

meno§

Pero se.trata cle saber cómo se articulan y clistingtren ticción y

cle todo son clos modos de fabricaciÓn. Diré

lo mismo ser poeta que ser poema' En el nivel

cieación, que elespués

brevemente que no es

clel sinto¡na el sujeto

tbrico,

de que es

es poenla, aun si se persuade gustoso' si es his-

poeta. Pero serpoeta es otra cosa; e§, diria don Pero-

grullo, producir poemas' Ser creadores producir formas, y formas que

no están Ya en el Otro.

Hay en nuestra lengua

é". palabra qu" L""t

una ambigüedad

acopla cle

fecunda cle la palabra'[or-

*.-,

que

buena gana a la de sintoma' lo

sólo puede sorprender si confundimos la for¡nay la figura' ya que

forma que la lengua alemana distingue

el sintoma alterarÍá la bt¡ena

ümo Gestalt. Ahora bien,

aqui hay que enlender lbrma co¡no esta otrq

traducción que nos ofrece la lengua alemana, Porm, que encontramos

en lógica formal. Porque

tán piegaclas a la lógica

tura foímal

signilicante, y lo negativo

*á "" q.r. él Lnvuelve

lógicarnente,

colnsiste en

cálculo.

Aqui

inicio

si el sintoma tiene formas, son formas que es- ¿e su vaciamiento. Y aqui el ténnino de envol-

plantei la cuestión de lo envuelto: el sintoma no es toclo

evocado por esa envoltura formal del sinto-

goce, materia gozante. [o que en consecuencia

se efectúa en el análisis, en cierto modo natllralmente, es clecir

es un trabajo sobre la envoltura formal' trabajo r¡ue

llevar el sinto¡na al lilnite donde se vuelve agudeza' que es

pero ese punto en el que se vuelve al clave de la lógica del fanlasma' aquel

transferencia retorna al punto inicial como subli-

la eliminaciÓn del sujeto supuesto al saber' Es decir que

sólo puedo ser alusivo,

no es otro que el punto

donde la operaciÓn

mación por

sólo hay

creación, retorno clel sintoma a su punto inicial donde devie-

to

JACOUES-AI.¿\I N I\,I ILLI'R

ne sublirnación, en la meclicla en que hay atravesamiento clel fantas-

¡na o cle lo que ha«:e sus veces, asi fuera sólo un pasa.ie al acto, en la medicla en que abre la via para que lo formal se disocie clel material de

goce que él envuelve p¿rra que este lbrmal juegue su particla por su la-

do y se apreste a gozar. Esto supone que el sujeto se clesprencla de la

creencia de que el Otro gozaya cle su sintoma. ¿Basta clecir que el strjeto es vectc¡r cle lo nuevo, de lo inéclito, de lo

que en el Otro no está, que el suieto se enfrenta con la falta en el Otro? I-a. castración entonces seria la cc¡nclición de la creación, pero enfren- tarse con lafaltaen el Otro no seria menosválido en ct¡anto.al sintoma. La condición de la creación es que el suieto sepa en alguna parte que

por qué no aclmitir que el sintoma lambién es

cle creación de sentido? Y esto es lo que supo-

un hecho de creación,

ne homologarlo con la nretáfora. El sintoma opera en Ia creación: cle ahi que siempre tiente a los analistas hacerel psicoanálisis cle los crea-

clores. Pero clebe aclvertirse que, en la creación, lo que opera es el sin-

en cuanto separado clel goce que él envolvia for¡nalmente. I-a

el Otro no existg.

¿Pero

IeIEa

obra

de arte ¿es un sÍntoma? ¿Por qué no? A ¡nenuclo se la llama pre-

sagio, signo precursor. Pero si ella es sintoma, es un síntoma pronto a transportar, pronto a captar nuestro goce a través de los siglos. El sintoma es goce como sentido gozaclo del sujeto. mientras que la obra ofrece senticlo a gozar a quien quiera hacerlo, segi¡n el encuentro.

Por eso el vaciamiento cle la envoltura

formal del sinto¡na es la

rr eso el vaciamiento cle la envoltura formal del sinto¡na es lá

ición de la creación, en ct¡anto ella procecle exnihilo, como se ex-

Lo que quiere decir: ¡para escribir tu libro, sabe comerte tu I)oseÍn!

EL SINTOMA Y LA PULSION

I\4 aríe - H éléne Brous se

El sintoma es un concepto que remite a la clínica. I;r clinica analitica, la que se elabora en el dispositivo freudiano, dispositivo de palabra, ha

hecho sin embargo necesar¡a su redelinición. No como signo cle una

realidad a la que remitiría, en relación con la ctral permitiria elaborar un diagnóstico, sino como formación de ese inconsciente freudiano del

que el psicoanálisis forma parte por constituir el destin¿rtario. El sinto- ma es entonces, en el discurso analitico, complementado por el ana-

lista. Es una de las vÍas de acceso al inconsciente del su.ieto, en tanto maniliestaen lamaterialidad de la cadena signilicante unaverclad que

se repite e insiste, de la que el sujeto está separado, pero en la que en- cuentra, sin embargo, alguna consistencia. "Represión y sintomas son

homogéneos y reductibles a funciones de signilicante".r

El los sitira en un extremo de la experiencia analitica. En el otro ex-

tremo ubica la interpretación, señalanclo "el cleseo al que <lice- en

cierto senticlo, es icléntica". Si, como lo pensaron algunos posfreudia-

nos, las pulsiones estuvieran organizaclas en estadios clel clesarrollo del individuo, según una génesis instintiva orientada por una madu- ración que no excluye eventuales fijaciones, el psicoanálisis seria una hermenéutica.

Ahora bien, en el intervalo entre el sintoma y el deseo, están las pul-

siones en tanto son parciales, planteando la sexualiclacl como abe-

rrante. Esta situación de intervalo caracteriza la pulsión. De esta

situación deriva una paradoja: contrariamente al sintoma, clesplega- do fenomenalmente en los relatos de cura, asi como analDado en cuanto a su estructura metafórica, la pulsión, mucho menos presente en la experiencia analiüca, constituye sin embargo para Freud prime-

IT]

MARII]-TIIILEND I]ROUSSE

ro, y lltego para Lacan, uno de los conceptos funclamentales: ¿por c¡tté,

en ese caso, ft¡nclamental? Funda¡nental, dice Lacan, a titulo cle Jiccíón. Comparilble en su

función con el míto (l.acan se reliere a éste en stt articulo "Del T¡'icb de

Freud y del deseo del psicoanalista"z como 'mitos de Freucl"), el con-

cepto de pulsión es introduciclo para responcler a una contr¿rclicción

fundamental en el psicoanáIisis, contradicción que señala la ocur:ren- cia de lo real. Pone por Io tanto orclen en la aparición cle una l¿¡lta en

la estructtrra, verdad horrible, que él señala y cubre al ¡nis¡no tiernpo.

Esta contraclicción central se Ie manifestó prirnero a Freud en cierto

número de fenómenos que representaron, después cle 1920, ptrntos cle

referencia de la historia del psicoanalisis: reaeción terapétrtica negati- va, problema clel masoqtrismo originario, cuestión clel linal o intenni- nabiliclad clel análisis. La pulsión es entonces la licción que trata, en el núcleo de la experiencia analitica, sobre la paracloja de la satisfac- ción en el sujeto: estar satisfecho no es tener aquello que su corazón o su cuerpo necesita, pide y hasla desea. 'Ibclas las tentativas que

I-acan estigmatiza ya en "Función y campo de la palabra y del lengu a.le

en psicoanálisis"3 de entremezclar el desciframiento del inconsciente y la teoria de los instintos sólo son formas de en¡nascarar la divislón entre el ser hablante y su goce. ta pulsión manifiesta las consecuen- cias, sobre el goce, de la inscripción en el orden sitnbólico. Es la res-

puesta lieucliana a esta subversión de la satislacción en el tsien,

respuesta ctryo origen Lacan ubica en Kant. Cuando la satislhcción de

la necesiclad implica el retomo cle un objeto. su consumo y la repeti- ción clel mismo, la satisfacción pulsional exige la ausencia clel objeto,

como causade una §palltrngen el sttjeto, ylarepetición de lodiferente:

es por lo tanto despliegue cle un trayecto circular. De éste, Lacan mos- trará que se efectúa por montaje. ya que la sexualiclacl no eslá cle acuerdo con el inconsciente. Ese montaje trata de enunciar la disyun-

ción entre la sexualidad fálicayel goce del otro lado: si bien la pulsión

sexualiza una parte de ese real haciéndolo pasar por los desfilacleros signilicantes de Ia demanda del Otro, deja un resto: en eso, es parci:ll:

Io funclamental del sexo es inte§rable, no por la pulsión genital, es de- cir por una libiclo bisext¡al, sino por la pars. La pulsi(rn es entonces,

en la articulación clel sujeto con la dernanda clel Otro, la concllctón del

surgimiento de la lalta del Otro: S {d ).

Aquello que justilica en consecuencia articular el sinto¡na con la pulsión, sin pasar por el fantasma, es en realidad la relación prtvlle-

giada que el neurótico mantiene con esta demanda, por la que se con-

EL S¡NroMA Y I^A' PTjI,SIoN

19

sagra a rellenar la falta en el otro, preservando así la posibiliclacl de

un

clominio del cleseo. De esta manera hace homogéneos lántasma y

pulsión.

En un caso que los posfreudianos no hubieran teniclo clilicultad en

lnterpretar a partir cle la fijación en un

estaclio instintivo, me gusta-

cle Lacan, yclelimiiar las

ría sacarlas consecuencias cle esta indicación

relaciones entre el sintoma y la demancla del Otro.

El analizante aI que voy a referirme es músico. Su activiclacl profe-

sional y sentimental se ve acosada por las cludas, por una

obligaciones, porla otra. sea que se trate cle su esposa o de su c.ri

parte, y las

a,

mezcla una indeterminación que hace alternar las

traclictorias ("me quedo con ella, la clejo.; .ser concertista, no, ser

proposiciones con-

pro-

fesor") con una programación muy estricta de toclas sus activiclailes, que lo agota: programa de trabajo preüsto hora por hora, programa de

clistracción, programa de comiclas. Ducla cle tener vocación

cle ¡núsico,

cluda de su pareja, cluda cle haber elegido los fragmentos musicales

convenientes, etcétera. Estos pensamientos clevoran su

tiempo y las

alternativas que suscitan le impiclen tocla elección. si bien

pio de su análisis se quejaba de su impotencia, se reveló bastante pronto que se trataba en realidad de la instalación de una estrategla

del rechazo, cuya consecuencia era rechazar cle su propio laclo el iie-

seo y transformarlo en demanda, dirigicla a é1. Iruecle, por lo tanto, ju-

gar con ese rechazo como con un simulacro de deseo que, sin embar_ go, no llega nunca totalmente a terminar en un clesagraclo profunclo,

a[ princi-

arraigándose, no en un lantasma, en el senticlo cle

sino ¡nás bien enfashes que provocan en él t¡n horror ante un goce por él mismo ignoraclo; para repetir las célebres palabras: carne viva de nrtrjer bajo el escalpelo, boca y sexo 'co¡no imagen cle una rata cli-

secada en el liceo".

Pero su