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Son del Ingenio

Pedro Mir expresó su queja poética con palabras de en verdad contundentes para que no
quedaran, talvez en el vacío con la esperanza de que el futuro entregara mayor justicia o
cuando menos tuvieran sus gentes mejores esperanzas. Muestra al país colocado en el
mismo trayecto del sol, en archipiélago inverosímil de azúcar y alcohol; liviano, apoyado
en la brisa, claro, frutal, fluvial, material, tórrido y plateado, triste y oprimido, agreste y
despoblado. Con cuatro cordilleras, tres penínsulas con islas adyacentes y un asombro de
ríos verticales. Y tierra por doquier, donde el amor del campesino a la tierra que brota y se
derrama como vena rota que los haría ir a cultivar cantando, aunque faltasen hombres.
Mas el canto lo pone Pedro Mir, con ritmo de desmonte, de la tumba de árboles, en una
lírica que trae un son que nace del alma de la patria herida y usurpada por la impiedad y
ubicuidad del extranjero, expresada en letanía pagana que convierte versos en atabales, que
denuncia al explotador sempiterno que como camaleón se pone careta de los tiempos y los
espacios para disfrazar de bondades el traje vistoso que solo a él ajusta.
Se viste de misionero, educador, conquistador, esclavista, invasor, guía, guardián, protector,
cuando a sus intereses conviene un ropaje. Hoy usa traje de magnate financiero, disfraz de
socio, benevolente e igualitario con el que esconde la enorme desigualdad anticipada. Socio
es, pero el propósito permaneces inmutable, siempre ha sido extraer riquezas. Antes acudía
al pillaje, al saqueo, el engaño vil y despiadado. Ahora es más sutil, usa la inversión directa
y los mercados de valores para quedarse con la nata toda, en acto de altruismo falsificado
que entrega al huésped solo puestos de operarios, así se incluyan entre ellos a obreros de
intelecto que son tan operarios como los manuales.
Esa es la verdadera intención que se arropa de los planteamientos de los “padres” de las
ciencias económicas para la predicción de bondades socio económicas como la reducción
del desempleo, el incremento del poder adquisitivo, el ensanchamiento del mercado
potencial para los productores locales por acceso a nuevos mercados. Sin embargo no se
menciona que todas esas bondades están fundadas en una cohabitación en donde ofertantes
y demandantes carecen de poder para afectar los resultados de la interacción, premisa
fundamental, sin la cual no se producen tales beneficios.
El mundo de hoy, con procesos informáticos instantáneos factibles de fácil manipulación,
puede operarse y de hecho opera con base en “confidencias” plantadas en internet, u otra
vía, con el propósito de condicionar las expectativas de jugadores que asumen riesgos
parecidos a los despreciados por los participantes en el juego de ruleta rusa, pero que
originan la casi totalidad de las transacciones que se dan en los mercados de valores y de
“commodities” a nivel mundial. A estos inversionistas jugadores no les interesan los
resultados de operaciones empresariales, ni conocer a funcionarios ni facilidades ni los
productos que mercadea la entidad donde acaban de invertir o desinvertir. Solo les interesa
producir fluctuaciones convenientes para salir gananciosos al vender o al comprar.
Manipuladores son también las empresas multinacionales que con su poder económico y de
mercado imponen tendencias, diseños, ganan preferencias, eliminan adversarios, compran
la competencia, establecen estructuras de precios, y mediante tales mecanismos transfieren
riqueza hacia donde más les convenga. Igualmente la banca que manipula el valor de
mercado de los bienes hipotecados para ofrecer a sus clientes reestructuraciones de deudas
para adquirir otros bienes raíces con nuevos préstamos hipotecarios. Lo son también los
agentes financieros que manipulan los precios de futuro para crear tendencias de sus
conveniencias en los mercados bursátiles y de “commodities” creando expectativas
generadoras de perturbaciones en todos los sectores económicos, afectando así la calidad de
vida de la mayoría de los habitantes del planeta tierra.
Con todo y ese panorama, la alianza o asociación entre Estados puede producir beneficios.
Solo que tiene que estar precedida de otra alianza. Una nacional, entre el Estado y el sector
productivo nacional, el de un Estado promotor, regulador, facilitador y fiscalizador, con un
sector productivo consciente de su rol social, en compromiso respetable y respetado. El
propósito sería colocar al sector productivo en capacidad de competir con ventaja vis a vis
los demás países participantes del acuerdo de libre comercio. En consecuencia, deberían ser
partícipes de la alianza las organizaciones e instituciones del sector agropecuario, el sector
minero, el turístico, las instituciones y organizaciones de servicios de apoyo logístico y
financiero.
La alianza debe contener enunciados de política de desarrollo rural y de disminución de la
pobreza, acciones concretas de incremento al valor rural agregado, de incremento del poder
económico y de negociación a través de la unión o asociación campesina, de la dotación de
recursos financieros para la asunción de las nuevas funciones, del aseguramiento de
suministro de materias primas al sector industrial. El sector industrial, a su vez habría de
servir de garantía y estímulo a la actividad agropecuaria, con precios justos negociados de
común acuerdo. Deberá igualmente contemplar la alianza, guías que dirijan la acción
directamente hacia rubros de producción y mercadeo previamente identificados con
ventajas del productor o para rubros nacionales.
Por último, la alianza debe permitir la reconversión de las organizaciones productoras con
ventajas comparativas haciéndolas competitivas, así como de la facilitación de
financiamiento a aquellas que deban ser objeto de cambios radicales para ser competitivas.
Marcos R. Taveras es Consultor Empresarial
www.marataveras@hotmail.es