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François Makandal

Por Marcos R Taveras


El 20 de enero del 2009, a exactamente 251 años de la fiesta esclavista de Saint
Domingue para exhibir la ejecución en la hoguera de François Makandal, fuimos
testigos de la ascensión como presidente de EUA de Barrack Obama, mulato,
media sangre de inmigrante africano y blanca norteamericana, primer no blanco
en ocupar tal posición. Entre ambos hay la coincidencia de haber pasado el
aprendizaje de los preceptos e historias del Cristianismo y del Islam, desde cuyas
perspectivas, si se tienen ambas, se pueden comprenden mejor las demandas de
las dos culturas que han estado luchando por dominio desde antes del
advenimiento de Muhammad.
Hay, sin embargo una gran diferencia entre ambos. Mientras que el nombre con
que conocemos al presidente de USA fue elegido por sus progenitores, François
Makandal fue nombrado por quienes conculcaron su libertad cuando apenas
contaba 12 años de edad, por haber nacido en Kanda, Congo, cuyo plural,
makanda, era usado como gentilicio para designar a los de Kanda, mientras del
elegido por sus padres nada sabemos.
Makandal es símbolo de lucha por la libertad desde hace un cuarto de milenio,
ejemplo del compromiso contra la injusticia para todas las etnias y todos los
sometidos por el poder imperial. Ha trascendido desde Haití la leyenda,
transmitida oralmente de generación en generación, de que Makandal era
sacerdote vodú y bocó, y de que en su lucha por la emancipación pretendía
ensamblar un ejército de zombies diseñado a partir de sus conocimientos sobre
botánica.
Es el Makandal leyenda quien inventa el zombí, el vodú y la lucha por el
exterminio de los blancos. Veamos cuan cierta es esta percepción. Mark Davis
dice que Makandal fue bien educado desde niño y que dominaba la música y el
arte, inclusive la pintura y la escultura, que su dedicación al aprendizaje durante
toda su vida era obvio, que aunque la vegetación de la isla era completamente
diferente a la africana se convirtió en doctor para tratar y curar los problemas de
salud de esclavos y colonos.
Robert Charles Stewart también comenta que la vegetación de St. Domingue era
diferente de la del Congo, obligándolo a estudiar su nuevo ambiente para llegar a
conocer las propiedades de talvez cientos de plantas, antes de decidirse a ser
líder. Nos recuerda que Makandal tuvo como estrecho asociado al monje jesuita
francés Duquesnoy, quien secretamente y con ahínco apoyó su trabajo
revolucionario. Opina que “la novela de Carpentier disminuye la verdadera
brillantez de Makandal y su capacidad de organización al presentarlo como
sacerdote vodú.”
Pregunta, además: “¿Fue Makandal cristiano, islamita, sacerdote vodú o racista
vengativo?” Responde: “Makandal no era ni Cristiano ni Musulmán. Era todavía
un niño cuando llegó del Congo cristianizado, pero tenía raíces islámicas.”
Considera que tampoco hay evidencias de que apoyara o rechazara el
cristianismo ni el islamismo ni el voduismo, ni de que fuera sacerdote vodú. Por
contrario, Makandal parece haber visto la religión como impedimento al desarrollo
de la libertad.
Considera Davies que la lucha de Makandal tenía como único propósito unir a
toda la gente sin importar religión, tribu o raza, en favor de la gran causa de poner
fin a la esclavitud, y que su oratoria mostró un dominio erudito de la retórica
religiosa. Afirma que de lo que sí hay evidencia substancial es de que trató de unir
a todos los esclavos de St. Domingue junto a cualesquiera otras personas
horrorizados por el sistema esclavista, para producir un derrocamiento masivo de
éste.
Señala Stewart, que su alianza con Duquesnoy, sacerdote cristiano, blanco y
francés, quien posiblemente hiciera a Makandal versado en el cristianismo, echa
por tierra la tesis de que quisiera matar a todos los blancos, a todos los franceses
o a todos los religiosos. Por el contrario, tal alianza presenta a un líder corajudo y
extraordinario que no se abrazó ni de la religión, ni de la raza, ni del origen, ni del
sexo, ni de la etnia para promover el cambio hacia un gobierno nuevo y justo.
Trabajó doce años, desde cuando a los 18 años de edad se hizo cimarrón
escapando de la plantación. Logró la unión de miles de cimarrones que aunque
libres estaban divididos por sus afiliaciones tribales y las guerras entre éstas.
Empezó a llamarse a sí mismo El Mesías Negro e hizo atrevidas, peligrosas y
multitudinarias apariciones en localidades secretas en las cuales pronunciaba
discursos incendiarios para reclutar esclavos para la causa, en las que aseguraba
que Dios no los había condenado a ser esclavos pero sí los veía como
merecedores de igualdad, libertad, santidad familiar, educación y autogobierno.
Consiguió afiliación de aproximadamente la mitad de la población esclava de Saint
Domingue, como agentes secretos de su revolución, así como de más de 20,000,
de los habitantes de las comunidades de cimarrones a quienes lideró en
innumerables ataques a los esclavistas.
Ideó Makandal su guerra de exterminio químico al no conseguir suficientes
armamentos para combatir el poder de fuego de los esclavistas y, después de
haber puesto en marcha sus planes, cuando preparaba el asalto final en fecha
precisada (Komgold), con los esclavos envenenando los pozos de agua y el
suministro de alimentos con millares de paquetes de veneno que había repartido y
con sus soldados cimarrones para descender de las montañas en un gran ataque
coordinado, una seguidora suya de nombre Assam, fue hecha prisionera y
torturada para que delatara los planes del líder cimarrón.
En la cárcel (cuenta Fick) la visitó el Padre Duquesnoy para evitar que delatara a
Makandal y a otras personas envueltas en la conjura, amenazándola con los
fuegos del infierno si así lo hacía. A pesar de las advertencias, los torturadores
lograron sacarle la verdad.
Otra versión (Moreau de St. Mery) dice que Makandal fue capturado antes de que
se produjera el asalto final, después de ser delatado por un joven esclavo negro
mientras asistían a un festival en la plantación Dufresne. El suegro del dueño de
la plantación M. Trevan, obsequió a los asistentes cantidades ilimitadas de tafiá y
Makandal fue hecho prisionero y amarrado mientras estaba en estado de total
ebriedad. Atado fue llevado a la oficina de la plantación mientras se enviaba a
trabajadores en busca de las autoridades esclavistas. Sin embargo logró
deshacer las ataduras y escapar. Su rastro fue seguido con el auxilio de perros
amaestrados, con los cuales se logró su recaptura. Fue condenado a morir en la
hoguera.
A la ceremonia fueron conducidos representantes de esclavos de todas las
plantaciones. De alguna forma, encadenado, logró escapar de la hoguera
mientras el fuego ardía. Pero según Korngold, después que se liberó de las
cadenas colapsó dentro de las flamas. Así muere el Mesías Negro, inmortal, que
siguió viviendo según la leyenda haitiana transmutado en mosquito como lo había
anunciado.
Marcos R. Taveras es Consultor Empresarial
marataveras@hotmail.es