Está en la página 1de 151
EL LENGUAJE OLVIDADO 3 Q yo 2 Introduccién = w ala comprension | g de los suefios, E GS mitos y cuentos C a de hadas . a ot Ww ISBN 978-850-12-4486 / iu e PAIDOS NUEVA BISLOTECA ERICH FROMM. Erich Fromm (1900-1980) esta considerado tuno de los pensadores més influyentes de! siglo xx, por su capacidad para conjugar la profundidad y la simplicidad en un estilo accesible y transparente. Es autor, entre otros libros, de El amor a la vida, La vida auténtica, EI humanismo como utopia real, Elarte de escuchar 0 Del tener al ser, todos ellos igualmente publicados por Paidés, que también ha editado Erich Fromm. Elamor a la vida, compilado por Rainer Funk. EL LENGUAJE OLVIDADO Nueva Biblioteca Erich Fromm ‘Titulos publicados: Elarte de amar La vida anténtica Delteneral ser El hurmanismo como utopia real Elamora le vida Y sertis como dioses Espiritu y sociedad Sobre la desobediencia Ellenguaje olvidado Erich Fromm EL LENGUAJE OLVIDADO INTRODUCCION ALA COMPRENSION DE LOS SUENOS, MITOS Y CUENTOS DE HADAS PAIDOS ‘Titulo original: The Forgoten Language, de Etch Fromm Publicado originalmente en inglés por Henry Holt, USA “raduccién: Marlo Cales RevisiGn de a radueci6m: Alicia Capel Cabierta de Idee juste de cubierta: Guscavo Macti pee are pees ala prs crated panto orriga Eivewirdie, Cte cou incaengae io saeccne lie cron, eer eas ier Eich longa aban nrc ee comoraraién de bs teen mics boris de hades iasescemenee Aires: Paids, 2012. ” “ fe titen ISBN 978-650-12-44857 1, Psobgla Tho, (600 169 1+ edicin en Argemtna, mayo de 2012 Reserados sods los derechos. Quads dgurosimenteprhibids, sin la sucorizacién crits de los iases del coprgh, bj Ins tancioncsexableads en Ls lye, la reprodaccién parcel 9 total de es bra por cualquier medio o procediminto,inclida la ceprogiafay el watamiento infor. © 1951, Brich Fromm © 2012, de todas as ediciones en castellano: Espasa Libros, $. LU. ‘Avda, Diagonal, 662-664 ~ 08034 Barcelona, Espana Paid e un sllo edicorial de Espasa Libros. . LU. www.espacioculturalyacademico.com swormplanetadelibros.com © 2012, de le presente edicén: Editorial Paidés SAIC Publicado bajo su sllo Paidést Independencis 1682/1686, Buenos Aites ~ Argentina Email: difasion@areapaidos.comat vwww.psidorargentina.comat ‘Queda hecho el depésito que previene la Ley 11.723 Lmpreso en la Argentina ~ Pred in Argentina Impreso en Buenos Aites Pring, Sarmiento 459, Lands, Provincia de Buenos Aires cen abril de 2012. “Tirade: 4.500 ejemplares ISBN 978-950-12-4455-7, SUMARIO Prologo ....ssscceeeeeees I. Introducci6n...-es-+++ II. Naturaleza del lengvaje simbélico. ......+ HL Naturaleza de los suefios . . IV. Freud y Jung... V. Historia de la interpretacién de los suefios 1. Primitiva interpretacién no psicoldgica de los suefios . .. 2. La interpretactn pico de los suefios .....« VI. Blarte dela Sees tan de los suefios .. VIL. Ellenguaje simbélico en los mitos, los cuentos de hadas, los ritos y la novela . . 1. Elmito de Edipo...... 2, Elmito de la Creacion . 3. Caperucita Roja. 4. Elritual sabdtico. ....... 5, «Elproceso» de Kafka ....-++ Notas... 15 25 A 67 129 130 134 169 221 222 256 260 265 274 291 PROLOGO Este libro esté basado en las clases de un curso prelimi- nar impartido a los postgraduados del Instituto de Psi- quiatria William A. Whitey a los estudiantes del Ben- nington College. Esta dedicado a un piblico similar, los estudiantes de psiquiatria y psicologfa, y a los legos a quienes interese la materia. Como indica el subtitulo, es tuna introduecién a la comprensin del lenguaje simbé licos por esta razén no trata muchos de los problemas més complicados del tema, cuya discusi6n seria incom- patible con el objetivo de una introduccién. Asi, por ejemplo, he analizado las teorfas de Freud tinicamente enel plano de su «Interpretacién de los suefios», y no ala luz de los conceptos més dificiles que elabord en sus escritos posteriores; y no he tratado tampoco de abordar aquellos aspectos del lenguaje simbélico que, aunque necesarios para comprender mejor los proble- mas que involucran, deben dar por conocidas las nocio~ nes generales que estas paginas se proponen transmitir. Deeesos problemas pienso ocuparme més tarde, en otro libro. El término «introduceién a la comprensi6n de los 10 BL LENGUAJE OLVIDADO suefios, etcétera», ha sido elegido a propésito, en ugar del més convencional de interpretacién. Si, como trata~ ré de demostrar en las péginas siguientes, el lenguaje simbélico es un lenguaje por derecho propio, més atin, el nico lenguaje universal que haya producido la hu- manidad, el problema reside, indudablemente, més en comprenderlo que en interpretarlo, como seria el caso sie tratara de una clave secreta formada artificialmen- te, Creo que esa comprensién es importante para todos los que quieran estar en contacto consigo mismos, y no solo para los psicoterapeutas que quieren curar las perturbaciones mentales; por eso creo también que la comprensién del lenguaje simbélico deberia ensefiarse en las universidades y en los institutos de ensefianza superior igual que los otros «idiomas extranjeros» que integran sus programas. Uno de los objetivos de este libro es el de contribuir a la realizacién de esa idea. Quedo reconocido al doctor Edward S. Tauber por haber tenido la gentileza de leer los originales de esta obra, y por sus criticas y sugerencias constructivas. Quiero agradecer a la doctora Ruth N. Anshen, directora de The Family, Its Function and Destiny, y a Harper Brothers por su autorizacién para usar en este libro mi articulo «El mito de Edipo y el complejo de Edipo». También quiero agradecer a los siguientes edi- tores por su consentimiento para emplear en estas pé- ginas los numerosos pérrafos de sus publicaciones que he reproducido: Random House, de Nueva York, ex- tracto de la edicién Modern Library de La Repsiblica, de Platén, traduccién de B. Jowett, Edipo en Colonna PROLOGO n y Antigona, traduccién de R. C. Jebb de The complete Greek Drama, The Basic Writings of Sigmund Freud, traducidos y dirigidos por A. A. Brill, y extractos de The World of Dreams, de Ralph L. Wood; Allen & Unwin, de Londres, por extractos de La interpreta- cién de los suefios, de Sigmund Freud; Burns, Oates 8 Washbourne, Ltd., de Londres, y Benziger Brothers, de Nueva York, por el extracto de la Summa Theolo- gica, de santo Tomés de Aquino, traducido por los pa- dres de la congregacién inglesa dominicana; The Mac- millan Company, de Nueva York, por el extracto de The Dreams of a Spirit Seer, de Kant, traduccién de E. Goerwitz; Houghton Mifflin Company, de Boston, extractos de Lectures and Biographical Sket- ches, de Ralph Waldo Emerson; Classics Club, W. J. Black, de Nueva York, extractos del Fedén, de Platén, traduceién de B. Jowett; Oxford Clarendon Press, ex- tractos de Las Obras de Aristoteles, traducidos con la direccion de W. D. Ross; Harvard University Press, de Cambridge, extractos de De Rerum Natura, de Lucre- cio, traduccin de W. H. D. Rouse; Yale University Press, de New Haven, extractos de Psicologia y Reli- ¢gidn, deC. Jung; B. W. Huesbch, fragmentos de Dreams, de Henri Bergson, traduccién de E. E. Slosson; Alfred ‘A. Knopf, de Nueva York, extractos de El proceso, de Franz Kaflea, traduccién de E. I, Muir. Ericu FRomM 1951 Un sueso que no ha sido comprendido es como una carta que no ha sido abierta. EI Talmud El suefio nos despojs del ropaje de circuns- tancias, nos arma de una terrible libertad, de modo que todos los deseos se lanzan a la ac~ cin, Los hombres prudentes se een los sueiios para conocerse si mismos; pero no los deta~ les, sino el valor. EMERSON INTRODUCCION + Sies verdad que la capacidad de intrigarnos es el punto de partida de Ja sabidurfa,-esa verdad constituye una triste apreciacién de la sabiduria del hombre moderno. Sean los que fueren los méritos de nuestro alto grado de educacién literaria y universal, hemos perdido el don de asombrarnos. Lo sabemos todo; y lo que no sabe- mos nosotros mismos, lo saben los especialistas cuya misién es la de saber lo que nosotros ignoramos. Mas atin: revelar asombro es embarazoso, es un signo de inferioridad intelectual, Hasta los nifios rara vez se sorprenden, o al menos tratan de no demostrarlo; y medida que vamos creciendo vamos perdiendo gra- dualmente Ia capacidad de sorprendernos. Lo tinico que importa es saber contestar; saber preguntar, en comparacién, es una ciencis insignificante. Esta actitud es quizé la razén principal por la que uno de los fendémenos mas asombrosos de la vida, los stiefios, provoca en nosotros tan poca admiraciény tan poca curiosidad. Todos sofiamos; no entendemos nuestros sueiios, pero actuamos como si no pasara nada raro en nuestras mentes dormidas, raro al menos 16 EL LENGUAJE OLVIDADO en comparacién con los actos l6gicos, intencionales, que realiza nuestra mente cuando estamos despiertos. En estado de vigilia somos seres activos, racionales, que nos esforzamos por conseguir lo que deseamos y por estar preparados siempre para defendernos de los ataques. Actuamos y observamos; vemos las cosas por fuera, tal vez no como son, pero al menos de un modo que nos permite usarlas y manejarlas. Pero carecemos generalmente de imaginacién y pocas veces —salvo cuando somos nifios, 0 si somos poetas— nuestra in- ventiva deja de repetir las mismas historias y los mis- mos argumentos de los hechos que componen nuestra existencia diaria. Somos eficaces pero algo obtusos. Al Ambito de nuestra observacién diaria lo llamamos «cealidad> y nos enorgullecemos de nuestro «realis- mo» y de nuestra habilidad para manejar la realidad. ‘Cuando dormimos, pasamos a otra forma de exis- tencia. Sofiamos. Inventamos historias que nunca han ocurrido y que a veces ni siquiera tienen precedentes en la realidad. Unas veces somos los héroes, otras veces los villanos; a veces contemplamos bellisimas escenas y nos sentimos felices; a menudo experimen- tamos indecibles terrores. Pero cualquiera que sea el papel que desempefiamos en el suefio, somos 7050- tos sus autores, el suefio es nuestro, nosotros inventa- mos su trama. Casi todos nuestros suefios tienen una caracteris- tica comin: no siguen las leyes de la légica que gobier- na nuestro pensamiento cuando estamos despiertos, Las categorias de tiempo y espacio se pasan por alto. INTRODUCCION 7 ‘Vemos vivas a personas que han muerto; presenciamos acontecimientos que han sucedido hace muchos afios. Sofiamos que estén ocurtieado simultineamente dos hechos que no pueden en realidad producirse al mismo tiempo. Tampoco hacemos mucho caso a las leyes del espacio. Con toda facilidad nos trasladamos en un ins- tante a cualquier lugar lejano, nos encontramos en dos sitios a la vez, unimos dos personas en una o cambia- mos repentinamente una persona en otra. Somos, en nuestros suefios, creadores de un mundo en el que el tiempo y el espacio, que limitan todas las actividades de nuestro cuerpo, carecen de poder. Oura cosa rara de los suefios es que pensamos en hechos y personas en los que hace afios no pensiba- mos, y que, estando despiertos, jamis recordariamos. De pronto aparecen en el suesio como #i hubiésemoe pensado en ellos muchas veces. Parece que cuando dormimos abrimos un amplio depésito de experiencias y recuerdos, cuya existencia ignoramos cuando esta- mos despicrtos. Pese a todas esas extrafizs caracteristicas, mientras dormimos nuestros suefios son para nosotros muy rea- les; tan reales como cualquier suceso que ocurra en la vida diatia, No hay «como siv en los suefios. El suetio. es un hecho real, actual; tanto que nos induce a plan- tearnos dos preguntas: Qué es la realidad? ¢Cémo sabemos que lo que sofiamos es irreal y que lo que nos ocurre en la vida diaria es real? Un poeta chino express esta duda con mucho acierto: «Anoche sofié que era ‘una mariposa, y ahora no sé si soy un hombre que ha 18 EL LENGUAJE OLVIDADO sofiado que era una mariposa, una mariposa que esté ahora sofiando que es un hombres. Todas esas vividas y excitantes experiencias noctur- nas no solo desaparecen cuando despertamos, sino que nos resulta muy dificil recordarlas. La mayor parte de ellas simplemente las olvidamos, hasta tal punto que ni siquiera recordamos haber vivido en ese otro mun- do. Algunas las recordamos débilmente en el instante en que despertamos, pero segundos después se nos escapan irremediablemente. Pero hay otras que recor- damos, y es de esas de las que hablamos cuando deci- mos: «Tuve un suefior. Es como si amistosa o inamis- tosamente nos visitasen espiritus, que al romper el alba desaparecen de golpe; nosotros apenas si recordarnos su visita y la intensa actividad que desarrollamos con ellos. Mis asombrosa que todas esas circunstancias es quiz la similitud que existe entre los productos de nuestra actividad creadora desarrollada durante el sue- iio y la mas antigua de las creaciones del hombre: los mitos. En realidad los mitos no nos maravillan mucho. Cuando se hacen respetables por formar parte de nues- tra religi6n, les concedemos una atencién convencional, superficial, como integrantes de una venerable tradi- cién; cuando no contienen esa autoridad tradicional, los consideramos como expresiones infantiles del pen samiento humano anterior a su esclarecimiento por la ciencia, De una manera u otra, ignorados, despreciados o respetados, juzgamos que los mitos pertenecen a un INTRODUCCION 19 mundo totalmente ajeno a nuestra mentalidad. Queda, no obstante, en pie el hecho de que muchos de nuestros suefios son, tanto en su tone como en su contenido, similares a los mitos, y nosotros, que los consideramos extraiios y remotos cuando estamos despiertos, posee- mos la capacidad de crear esos productos semejantes a los mitos cuando estamos durmiendo. En los mitos, ademés, ocurren acontecimientos dra- miticos que son imposibles en un mundo regido por las leyes del tiempo y el espacio: el héroe abandona su ho- gar y su patria para ir a salvar el mundo, o rehtiye su misiény vive en el vientre de un gran pez; muere y nace de nuevo, o el pajaro mitico es quemado y emerge de sus cenizas més hermoso que antes. Claro que pueblos diferentes crean mitos distintos, lo mismo que diferentes personas suefian distintos sue ios. Pero a pesar de las diferencias, todos los mitos y todos los suefios tienen algo en comtin, y es que todos ellos son es expresar el sentimiento en los conceptos légicos «de la vida despierta». Ea la vida durmiente no hay «como siv; la persona estd presente. En las paginas precedentes hemos tratado de des- cribir la indole del suetio y de extraer de la descripcion ciertas conclusiones relativas a las propiedades de la actividad onirica. Vamos a estudiar ahora un elemento especifico de las caracteristicas del suefio, muy impor- tante para comprender los procesos oniticos. Hemos dicho que cuando dormimos no nos ocupamos en el manejo del mundo exterior. No lo percibimos ni ejer- cemos influencia sobre él, ni estamos sometidos a la que el mundo exterior ejerce sobre nosotros. De ahi se sigue que el efecto de esta separacién de la realidad de- pende de la calidad de la realidad misma. Si la influen- cia del mundo exterior es esencialmente beneficiosa, su ausencia durante el suefio tender a disminuir el valor de nuestra actividad onirica, haciéndola inferior a las actividades mentales que desarrollamos durante el dia, cuando estamos expuestos ala beneficiosa influencia de la realidad ambiente. ¢Pero debemos suponer gue la influencia de la rea~ lidad es exclusivamente beneficiosa? No podria ser también perjudicial y que, por consiguiente, su ausen- 50 EL LENGUAJE OLVIDADO cia tienda a producir valores superiores a los que po- seemos cuando estamos despiertos? Al hablar de la realidad exterior a nosotros, no nos referimos principalmente al mundo de la naturaleza. La naturaleza como tal no es buena ni mala. Puede ser para nosotros itl o peligrosa, y la ausencia de percep- cin de ello nos alivia, en realidad, de la tarea de nues- tros esfuerzos para dominarla o para defendernos de ella; pero no nos hace ni més tontos ni més sabios, ni mejores ni peores. Otra cosa muy distinta es el mun- do hecho por el hombre, la cultura en que vivimos. El efecto que ejerce sobre nosotros es completamente in- cierto, aunque nosotros estamos predispuestos a supo- ner que es totalmente beneficioso. La evidencia de que esa influencia cultural es bene- ficiosa parece en verdad casi abrumadora. Lo que nos distingue del mundo de los animales es nuestra capaci dad para crear cultura. Lo que distingue las etapas su- periores del desarrollo humano de las inferiores es la variacién del nivel cultural. El elemento mas elemen- tal de la cultura, el lenguaje, es la condicién previa para cualquier realizacién humana, Se ha dicho con raz6n que el hombre es un animal creador de simbolos, porque si no fuera por nuestra capacidad para hablar, no podriamos llamarnos seres humanos. Pero todas las. dems funciones humanas también dependen de nues- tro contacto con el mundo exterior. Aprendemos a pensar observando a los demés y aleccionados por ellos. Desarrollamos nuestras facultades sentimentales, imtelectuales y artisticas bajo la influencia de nuestro NATURALEZA DE LOS SUEROS 51 contacto con el caudal de conocimientos y de creacio- nes artisticas acumulado por la sociedad. Aprendemos amar y apreocuparnos por los demés mediante el con- tacto con ellos, y aprendemos a refrenar nuestros im- pulsos de hostilidad y egoismo con el amo, por lo me- nos, con el temor, alos demas. 4Noes, entonees, la realidad externa creada por el hombre el factor mas importante para el desarrollo de lo mejor que tenemos, y no debemos suponer que cuando estamos privados del contacto con el mundo exterior regresamos temporalmente a.un estado mental primitivo, animal, irrazonable? Se pueden decir mu- chas cosas en abono de esa hipétesis, y el concepto de que esa regresi6n es el rasgo fundamental del estado del suefio, y por consiguiente de la actividad onirica, ha sido sustentado por muchos estudiosos de los sucfios, desde Plata hasta Freud. Segin ese punto de vista, los suefios serfan las manifestaciones de nuestros impul- s08 irracionales, primitivos; y el hecho de que olvide- mos con tanta facilidad los suefios se explica en gran medida por la vergiienza que nos producen esas ten- dencias irracionales y crimindles reveladas cuando no nos hallamos bajo la fiscalizacién de la sociedad. Indu- dablemente esa interpretacién de los sueiios es exacta, yen seguida volveremos a ella y daremos algunos ejemplos. Pero la cuestidn es saber si es exclusivamente exacta 0 silos elementos negativos de la influencia so- cial explicarian el hecho paraddjico de que no solo somos menos razonables y menos decentes en los suefios sino que también somos mas inteligentes, mds sabios y 52 EL LENGUAJE OLVIDADO. més justos cuando estamos durmiendo que cuando es tamos despiertos Lacultura ejerce, verdaderamente, en nuestras fun= ciones morales ¢ intelectuales, una influencia no sola- mente beneficiosa sino también perjudicial, Los seres humanos dependen unos de otros, se necesitan unos a otros. Pero la historia de la humanidad se ha visto in- fluida hasta ahora por un solo hecho: el de que la pro- duccién material no es suficiente para satisfacer las necesidades legitimas de todos los hombres. La mesa estaba puesta solo para unos cuantos de los muchos que querfan sentarse a comer. Los més fuertes trataban de asegurarse un sitio, o sea, de evitar que se sentaran otros. Si hubiesen amado a sus hermanos como lo pos- tulaban Buda, los profetaso Jestis, habrian compartido con ellos el pan, en lugar de comer carne y beber vino sin ellos. Pero, aunque el amor es la conquista mas alta y més dificil del género humano, no desacredita al hombre el hecho de que aquellos que podian sentarse a a mesa.a gozar de las cosas buenas de la vida no quisie- Fan compartir su suerte con nadie, y se vieran por lo tanto obligados a buscar poder para imponerse sobre los que amenazaban sus privilegios. Ese poder era a menudo el poder del conquistador, el poder fisico que forzaba a la mayorfa a conformarse con su destino. Pero el poder fisico no siempre se podia obtener, 0 no era suficiente. Habia que dominar los cerebros para que la gente se abstuviera de usar los pufios. La fiscali zaciGn del pensamiento y de los sentimientos fue un factor necesario para que la minoria pudiera retener NATURALEZA DE Los suENOS 53 sus privilegios. Solo que en ese proceso la mentalidad de la minoria se deformé tanto como la de la mayors El guardién que vigila al prisionero se vuelve casi tan prisionero como el mismo prisionero. Los «selectos> que tienen que fiscalizar a los que no son «elegidos» se vuelven prisioneros de sus propias tendencias restricti- vas. Yla mente humana, lade gobernadores y goberna- dos, se desvia de su primordial objetivo humano, que es el de sentir y pensar humanamente, usar y desarro- llar los poderes de la razén y delamor que son inheren- tes al hombre y que lo convierten en un invalido cuan- do no se desarrollan ampliamente. En ese proceso de desviacién y deformacién se de- forma el carécter del hombre, Adquieren supremacta objetivos que estan en oposicién con los intereses de su vordadera personalidad humana. Su poder de amar de- clina y se siente compelido a desear la dominacién de Jos demés, Su seguridad interior disminuye y se ve com- pelido a buscar compensacion en una avidez apasiona- da de fama y prestigio. Pierde el sentido de la dignidad y la integridad y se ve obligado a convertirse en una mercancia, y su decoro deriva de su aceptacién en el mercado, desu éxito. Todo esto contribuye a queapren- damos no solo lo que es verdadero, sino tambien lo que es falso;a que no solo averigtiemos lo que es bueno sino que estemos constantemente bajo la influencia de ideas perjudiciales ala vida. Esto se verifica en las tribus primitivas en las que leyes y costumbres estrictas moldean las mentes; pero también se cumple en la sociedad moderna con su pre- 54 EL LENGUAJE OLVIDADO tendida liberacién de ritualismos rigidos. De muchas maneras la difusién de la ensefianza primaria y de los medios de comunicacién popular hicieron que la in- fluencia de los clichés culturales fuera tan efectiva como en las pequeiias y sumamente coartadas culturas tribales. El hombre moderno est expuesto aun «albo- roto» casi incesante, el alboroto de la radio, la televi- sién, los titulares, los anuncios, el cine, los que en su mayoria nos embrutecen en lugar de aclararnos las ideas. Estamos expuestos al influjo de mentiras racio- nalizantes disfrazadas de verdades, de simples tonte- rias disfrazadas con el ropaje del sentido comin o de la sabiduria superior del especialista, del doble sentido, la pereza intelectual o la deshonestidad que habla en nombre del «honor» o del «realismo», segtin el caso Nos sentimos superiores a la supersticién de las gene~ raciones anteriores y de las llamadas culturas primiti- vas, y estamos continuamente atormentados por la mis ma clase de creencia supersticiosa que se erige a si misma en novisimo descubrimiento cientifico. ¢Es, en- tonces, sorprendente que estar despiertos no sea tinica- mente una bendicién sino también una maldicién? gEs sorprendente que cuando dormimos, cuando estamos solos con nosotros mismos, cuando podemos mirar~ nos por dentro sin que nos fastidien el alboroto y Ia necedad que nos rodean durante el dia, seamos mas capaces de experimentar y concebir nuestros més sin- ceros y valiosos sentimientos y pensamientos? Esta es, pues, la conclusién a que llegamos: el esta- do del suefio tiene una funcién ambigua. La falta de NATURALEZA DE Los sUENOS 55 contacto con la cultura provoca la aparicién de lo peor y también de lo mejor que tenemos; por consiguiente cuando sofiamos podemos ser menos inteligentes, me- nos sabios y menos decentes, pero también podemos ser mejores y més cuerdos que cuando estamos des- piertos. ‘Al llegar a este punto nos enfrentamos a un proble- ma dificil: goémo se hace para determinar si un suefio es la expresién de nuestra parte buena o de nuestra parte mala? Hay algtin principio que pueda servir de guia? Para contestar estas preguntas debemos abandonar el plano mas o menos general de nuestra exposicion y tratar de obtener una nocién més amplia a través de la presentaci6n de una serie de ejemplos concretos de suefios. El siguiente suefio fue descrito por un seior que habia conocido a «una persona muy importante» el dia anterior al suefio. La mencionada persona tenia fama de ser un hombre ilustrado y amable, y el sefior habia ido a verlo Ievando consigo la impresidn de lo que todo el mundo decfa acerca del personaje. Se retiré mas © menos una hora después, con la sensacién de que habia conocido aun gran hombre, atento y amable. Veo al sefior X [el importante personaje}; su rostro tiene una expresin muy distinta de la que presentaba ayer. Veo una boca cruel y un rostro severo. El sefior X cuenta a alguien risuefiamente que acaba de engafiar a una pobre viuda sacandole los tiltimos centavos que te- nia. Siento repugnancia. 56 EL LENGUAJE OLVIDADO. Al pedirle que dijera qué se le ocurria con respecto al suefio, el hombre declaré que recordaba haber expe- rimentado una fugaz sensacién de desencanto cuando entré en la oficina y vio la cara del sefior X por primera vez; esa impresién, sin embargo, desaparecié no bien el sefior X inicié una atrayente y amistosa conversacién, éQué entendemos en este suefio? 2Envidiaré el hombre la fama del sefior X, y por eso no simpatiza con él? En tal caso el sueio seria la expresidn del odio irracional que albergaba su autor sin saberlo. Pero el caso al que me estoy refiriendo era distinto. En entre- vistas posteriores, después de que sus suefios lo pusie- ron en conocimiento de sus sospechas, nuestro hom- bre observé cuidadosamente al sefior X y descubrid en 4l una caracterfstica de crueldad que habia advertido Por primera vez en el suefio. Su impresién fue corro- borada por los pocos que se animaban a poner en duda laopinion de la mayoria sobre las excelentes cualidades deX. ¥ fue confirmada por ciertos hechos de la vida de X que no eran de ningiin modo tan brutales como el del suefio, pero que revelaban no obstante un espiritu similar, Vemos, entonces, que la capacidad de apreciacién del caracter de X por parte del hombre era mucho més aguda cuando este dormfa que cuando estaba despier- to, El «alboroto» de la opinién publica, que insistia en que X era un hombre excelente, le habia impedido to- mar conocimiento de la impresi6n critica que X Ie ha- bfa producido cuando lo vio. Solo después de! suenio pudo recordar el fragmentario segundo de duda y des- NATURALEZA DE LOS suENOS 57 confianza que habia sentido. En estado de reposo, a cubierto del «alboroto» y en condiciones de encontrar- se a solas consigo mismo y con sus sentimientos e im- presiones, pudo emitir un juicio que fue mis acertado y exacto que el de su estado de vigilia. Este suefio, como cualquier otro, solo podemos de- terminar si es una expresion de pasiones irracionales 0 de la raz6n, analizando la personalidad del que lo ha sofiado, su estado de énimo en el momento de entre- garse al suefio y todos los detalles que poseamos sobre los aspectos reales de la situacién con la que ha soviado. En el caso presente nuestra interpretacion es corrobo- rada por una cierta cantidad de factores. El hombre pudo recordar su fugaz impresién inicial de desagrado; no tenia ninguna razén para abrigar sentimientos hos- tiles hacia X, ni los abrigaba; los datos dela vida de X y otras observaciones posteriores confirmaron la impre- sién que el durmiente habia recibido en el suefio. En ausencia de todos estos factores, nuestra intezpretacién hubiera sido diferente. Por ejemplo, si fuera propen- so a envidiar a las personas farnosas, si no hubiese ha- Ilado en X nada que corroborase el juicio del sueio, si no recordara la sensaci6n de disgusto que recibié cuan- do lo vio por primera vez, nos inclinarlamos a suponer que el suefio no era una expresién de perspicacia inte- rior sino de odio irracional. La perspicacia tiene un parentesco muy {ntimo con la prediccién. Predecir significa inferir el curso de los acontecimientos futuros de la direcci6n e intensidad de las fuerzas que vemos actuando en el presente. Todo 58 EL LENGUAJE OLVIDADO conocimiento completo, no de las cosas superficiales, sino de las fuerzas que operan debajo de ellas, permite formular predicciones; y toda prediccién, para tener valor, tiene que basarse en esa clase de conocimiento. Por eso. menudo predecimos derivaciones y aconteci- mientos que luego son ratificados por los hechos. Pres- cindiendo completamente del problema de la telepatia, muchos suefios en los que el durmiente prevé aconte- cimientos futuros caen dentro de la categoria de las predicciones racionales que acabamos de definir. Uno de los sueiios de prediccién mas antiguos es el de José: Y José sofid un suefio, y se lo conté a sus hermanos; y lo odiaron atin mis. Y él les dijo: «Oid, os lo ruego, este suefio que he sofiado: he aqui que atabamos gavi- las en el campo y he aqui que mi gavilla se levanté y quedose erguida, y he aqui que vuestras gavillas la ro- dearon y se inclinaron ante mi gavilla». Y le dijeron sus hermanos: «Habris de reinar sobre nosotros o habris de dominar sobre nosotros?>. Y lo odiaron atin més a causa de sus suefios y de sus palabras. ‘Y sofié otro sueio més, y lo conté asus hermanos, y dijo: «Hie aqui que he sonado otro suefo, y he aqui que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban ante mi». Y lo cont6 a su padre y a sus hermanos; y su padre lo reprendié, y le dijo: «Qué suefio es ese que has sofiado? @Habremos de venir yo y tu madre y tus hermanos a inclinarnos ante ti hasta el suelo?». Y sus hermanos lo envidiaron, y el padre aguardaba lo dicho. NATURALEZA DE LOS SUESOS 59 Este relato del Antiguo Testamento nos presenta un momento en el que los suefios todavfa eran entendidos inmediatamente por los «legos, en el que atin no habia que recurrir a la ayuda de un experto en interpretacién de suefios para entender un suefo relativamente senci- Ilo, (La historia de los suefios del faraén demuestra que para entender un suefio més dificil hacia falta un exper- to; los intérpretes de suefios de la corte no supieron entender los suefios del monarca y hubo que llamar a José.) Los hermanos entendieron inmediatamente que el suefio expresaba la fantasia de José de que algin dia seria superior a su padre y a sus hermanos y que ellos tendrfan que rendirle reverencia. Indudablemente el suelo expresaba la ambici6n de José, sin la cual pro- bablemente no habria alcanzado Ia alta posicién que conquistd. Pero el suefio se cumplid, y no solo fue una expresién de ambiciones irracionales, sino también tuna prediccién de acontecimientos que realmente ocu- rrieron, ¢Cémo pudo José hacer esa prediccién? La historia de su vida en el relato biblico revela que n0 solamente fue un hombre ambicioso, sino también un hombre de talento excepcional. En su suefio advirtis sus dones extraordinarios mejor que en su estado de vigilia, en el que estaba influido por el hecho de que era el menor y el mas débil de todos sus hermanos. Su sue- fio es una mezcla de su apasionada ambicién con una capacidad de percepcién intima de sus facultades sin la cual su suefio no podria haberse cumplido. Otra clase distinta de prediccién es la que ocurre en el sueiio siguiente: A se entrevista con B para discutir 60 EL LENGUAJE OLVIDADO. una futura asociacién comercial, se siente favorable mente impresionado y decide tomar a B como socio. A la noche siguiente tiene este suefio: Veo a B en la offcina, repasando los libros y enmen- dando los mimeros para disimular un desfalco suyo de grandes sumas de dinero. A despierta, y como esté acostumbrado a prestar atencidn a los suetios, se siente intrigado. Convencido de que los suetios son siempre la expresi6n de nuestros deseos irracionales, se dice que su suefio expresa su hostilidad y su tendencia a competir con los demés, y que su hostilidad y suspicacia lo condujeron ala fanta- sia de que B era un ladr6n. Interpretado de ese modo el suefio, se despreocupa tratando de librarse de sus sos- pechas irracionales, Comienza a trabajar en sociedad con B, pero ocurren una serie de incidentes que renue- van sus recelos. A recuerda entonces su suefio y su interpretacién, y convencido de que se encuentra de nuevo bajo la influencia de sospechas y sentimientos de hostilidad irracionales, decide no prestar atencién a aquellos detalles que le habfan provocado los recelos. Un afio después descubre que B desfalcs grandes su- mas de dinero disimulando la malversacién con falsos asientos en los libros. Su sueiio se habia cumplido casi al pie de laletra. El anilisis de las asociaciones de A revelé que su suefio habia expresado una visién de caracter intimo de B que A hab/a obtenido en el primer encuentro pero NATURALEZA DE Los suxios 61 dle la que no se habia enterado estando despierto. Unade esas numerosas y complejas observaciones que sole- nos hacer en una fracci6n de segundo acerca de otras personas sin que tomemos conocimiento de nuestro propio proceso mental, habia advertido a A de que B un hombre deshonesto. Pero como no habia «prue- bas» que abonaran esa opinién y como los modales de 1 impedian que la mentalidad consciente de A creyera ers la deshonestidad de B, A rep:imié completamente la idea, 0 mejor atin, no la asimilé estando despierto. En suecfios, en cambio, tuvo la clara nocién de su sospecha y si hubiese atendido su autocomunicacién habria po- ido ahorrarse muchos disgustos. Su conviccién de que los suefios son siempre la expresién de nuestras lantasias y deseos irracionales hizo que descifrara mal su sueiio y otros hechos que observé posteriormente. Un suefio que expresa un juicio moral es el del es- critor al que le habian ofrecido un puesto mucho me- jor remunerado que el de su empleo actual pero en el que se veria obligado a escribir opiniones que no com- partia y a quebrantar su integridad personal. La oferta, no obstante, era tan tentadora en lo que a dinero y prestigio se referia, que el hombre vacil6 en rechazarla. Repitié todos los razonamientos tipicos que casi todo el mundo suele formularse en casos similares. Discu- rrid que, después de todo, estaba viendo la situacion algo recargada de tintas, y que las concesiones que se veria obligado a hacer eran de menor impostancia. Ademis, aunque no pudiera escribir como quisiera, seria solamente por unos afios. Luego renunciaria al 62 EL LENGUAJE OLVIDADO empleo; pero para ese entonces habria reunido sufi- ciente dinero y seria completamente independiente y libre de realizar la obra que tenia sentido para él. Pensé en sus amigos y familiares y en lo que podria hacer por ellos. Se presentaba el problema de tal manera que aceptar el puesto era casi una obligacién moral, en tan- to que rechazarlo seria la expresién de una actitud ego- tista, de autocondescendencia. Sin embargo, ninguna de esas razones lograba convencerlo; siguié dudando, incapaz de decidirse, hasta que una noche tuvo el si- guiente suefio: Yo estaba en mi automévil al pie de una alta monta- fia, de donde partia, dirigiéndose a la cima, un camino angosto y sumamente empinado. Vacilaba en subir, porque el camino parecia muy peligroso. Pero un hom- bre que estaba junto al coche me dijo que subiera sin temor. Yo le hice caso, decidt seguir su consejo. Co- mencé a subir, pero el camino se iba haciendo cada vez més peligroso. ¥ no podia detenerme, porque no habia forma de dar la vuelta para volver atris. Cuando estaba cerca de la cima, el motor se ataseé, los frenos no fun- cionaron, el coche pegé una voltereta y se lanz6 a un precipicio. Desperté aterrorizado. Espreciso anotar aqui una asociacién para entender mejor el suefio. Segiin el escritor, el hombre que lo ha- bia animado a subir era un ex amigo suyo, un pintor que «se habia vendido», se habia convertido en un re- tratista de moda y habia hecho mucho dinero, pero al NATURALEZA DE LOS SUEROS 63 mismo tiempo habia dejado de ser un artista creador. Ulescritor sabia que a pesar de su buen éxito su amigo no estaba satisfecho y sufria por haberse traicionado a si mismo. No es dificil entender el suefio. El camino empinado por el que el hombre tenia que subir es la expresin simbélica de la fructifera carrera que debia resolverse a tomar o rechazar. En el suefio sabe que se trata de una senda peligrosa; conoce el hecho de que si ‘icepta el ofrecimiento hard exactamente lo mismo que hizo su amigo, algo por lo que lo habia despreciado rompiendo su amistad con él. En el suefio sabe que su decisién afirmativa solo podré conducirlo a su destruc- cin. En la imagen onirica la destruccién se refiere a su ser fisico, que simboliza al ser intelectual y espiritual cn peligro de ser destruido. El sujeto vio claramente ea cl suefio el problema ético y percibié que su opcién era entre el «éxito», por tuna parte, y la integridad y la dicha por la otra. Percibié cual serfa su destino si elegia mal, En estado de vigilia no advertfa claramente la alternativa. Estaba tan impre- sionado por el «alboroto» que proclamaba la estupi- dez de rechazar una oportunidad para aumentar el cau~ lal de dinero, poder y prestigio, estaba tan influido por las voces que afirmaban la puerilidad y la falta de saga- cidad de ser «idealista», que cay6 en las tantas raciona- lizaciones empleadas cominmente para ahogar la vox de la conciencia. En este caso al sujeto, consciente de que a menudo sabemos més durante el reposo que en la Vida despierta, experimenté a causa del suefio una s2- cudida suficientemente fuerte como para que se disipa- ot EL LENGUAJE OLVIDADO rala niebla de su mente, pudo ver claramente la alter- nativa y se resolvié en favor de su integridad y en contra de la tentacién autodestructora. En nuestros suefios no solo se producen perspica- ces apreciaciones internas de nuestras relaciones con los demas, o de las relaciones de los demas con noso- tros, estimaciones de valores y predicciones, sino también operaciones intelectuales superiores a las que realizamos estando despiertos. Lo cual no es sorpren- dente, ya que el pensamiento penetrante requiere una concentracién de la que a menudo nos vemos priva- dos en estado de vigilia, mientras que el estado de re- oso conduce a la concentraci6n. El ejemplo mas co- nocido de esta clase de suefios es el del descubridor de Ja cadena bencinica. Durante mucho tiempo habia es- tado buscando la f6rmula quimica de la bencina, hasta que una noche la vio en un suefio. Tuvo la suerte de recordarla después de despertar, Hay numerosos ejemplos de personas que buscan la solucién de un problema de mateméticas, ingenieria o filosofia, o de algin problema préctico, y de pronto suefian la solu- cién con perfecta claridad. A veces se encuentran en los suefios consideracio- nes intelectuales excesivamente complicadas. El sueio siguiente es un ejemplo de un proceso ontrico de esa clase, aunque involucra al mismo tiempo un elemento muy personal. El sujeto es una mujer inteligente, y este es su suciio: NATURALBZA DE LOS SUBROS 65 Via una gata y muchos ratones. Y pensé en pre- guntara la mafiana siguiente mi esposo por qué cien ratones no eran mis fuertes que un solo gato, y por qué no podian dominarlo. Conocia de antemano su respuesta; me dirfa que era igual que el hist6rico pro- blema de los dictadores, que gobiernan a millones de personas sin que estas los dertiben. Sabia, no obstan- te, que se trataba de una cuestién capciosa, y que su respuesta era errdnea. A la mafiana siguiente relaté a su marido la primera parte del suefio. Y le pregunté: - Qué significa mi suefio de que los cien ratones no podfan derrotar a una sola gata? E] esposo le dio inmediatamente la respuesta que ella habfa previsto en el suefic. Dos dias mas tarde la mujer recité a su marido un pequefio poema que habia compuesto. Trataba de una gata negra que se encontra- ba en un campo cubierto de nieve, rodeada de centena- res de ratones, Los ratones se refan de la gata porque, siendo negra, destacaba claramante en la nieve, y la gata deseaba ser blanca para no ser visible. Uno de los ver- sos del poema decia: «Y ahora comprendo lo que ano- che me extrafiaba». Alleer el poema a su esposo, la mujer no advertia la relacién que tenfa con su suefio, Su marido la miré y le jo: —El poema te da la explicacién del suefio. Ti te identificaste no con los ratones, como yo habia pensa- do, sino con la gata; y en tu suefio te sentiste orgullo- 66 EL LENGUAJE OLVIDADO sa de que cien ratones no pudieran derrotarte, Pero al mismo tiempo expresabas un sentimiento de humilla- cién antela idea de que esos pobres ratones, frente alos ‘cuales te sentias tan superior, se reirfan de ti site vieran claramente, (A Ja mujer le gustan los gatos y siente simpatia y afinidad con ellos.) Iv FREUD Y JUNG Mi definicién de que los suefios son las actividades mentales de cualquier clase, producidas cuando dormi- mos, aunque se basa en la teorfa freudiana de los sue- fios, esta de muchas maneras en agudo contraste con cla. Mi hipétesis es que los suefios pueden ser la expre- én de las funciones mentales més bajas e irracionales y también de las mas clevadas y valiosas. Freud supone que los suefios son siempre, necesariamente, la expre- sidn de la parte irracional de nuestra personalidad. Tra- taré de demostrar més adelante que las tres teorfas, de que los suefios son productos exclusivamente irracio- nales, de que son productos exclusivamente racionales y de que son ambas cosas, se pueden encontrar en la més remota historia de la interpretacién de los suefios. Considerando que la interpretacién de los suefios de Freud es el comienzo y es la contribucién mas conoci- day més importante a la moderna ciencia de la inter- pretacién de los suefios, empezaré con una deseripcién y un andlisis de la interpretaci6n freudiana antes de presentar la historia de aquellas tres teorfas anteriores a Freud. 68 EL LENGUAJE OLVIDADO. La interpretacién de los suefios de Freud se basa en el mismo principio que fundamenta toda su teoria psi- colégica: el concepto de que puede haber impulsos, sentimientos y deseos que motiven nuestros actos sin que tengamos conocimiento de ellos. Freud llama a esos impulsos «inconscientes», y con eso quiere decir no solamente que no los conocemos sino también que una poderosa «censura> nos evita que los conozcamos. Por numerosas razones, la més importante de las cua- les es el miedo de perder la aprobacién de nuestros padres y amigos, reprimimos esos impulsos, cuyo co- nocimiento nos harfa sentirnos culpables 0 temerosos de ser castigados, Pero la represidn de es0s impulsos y su eliminacién del campo de nuestro conocimiento no significa que dejen de existr. Por el contrario, siguen existiendo pederosamente, y encuentran numerosas formas de expresién; pero lo hacen de tal modo que no nos damos cuenta de que han regresado entrando de contrabando. Nuestro aparato consciente cree que se ha librado de esos deseos y sentimientos indescables y se horroriza ante la idea de que puedan estar de nuevo dentro de nosotros; por eso cuando regresan y revelan su presencia aparecen deformados y disfrazados de tal forma que nuestra mentalidad consciente no los re~ conoce. De este modo explicé rreud los sintomes neurdti- cos. Supuso que esos poderosos impulsos impedidos por la «censura» para hacerse conscientes, encuentran su expresién en los sintomas, pero disfrazados de tal modo que solo entramos en conocimiento de los sufri- FREUD ¥ JUNG 6 snientos causados por los sintomas y no de la satisfac- tigndelosimpulsosirracionales. Deestamanera, Freud iWentificé por primera vez los sintomas neurdticos como algo determinado por fuerzas que se encuentran dentro de nuestro ser, y como algo que tiene significa- do cuando se posee la clave para entenderlos. Un ejemplo ilustraré mejor este punto. Una mujer sc queja de que siente constantemente un apremio que |a obliga a lavarse las manos cada vez que toca algo. Iisa compulsion, como es natural, se convierte en. un sintoma sumamente penoso, porque trastorna sus ac- \ividadesy la hace completamente desdichada. La mu- jerno sabe a qué se debe. Lo dinico que puede decir es qque siente una intolerable ansiedad cuando trata de tesistirla, El mismo hecho de que se vea obligada a bedecer un impullso que se aduefia de su ser sin saber por qué, aumenta su desdicha. Analizando sus fanta- sias y sus asociaciones libres, se descubre que la pa- ciente lidia con un intenso sentimiento de hostilidad. {El sintoma comienza, en realidad, cuando el marido la dejabrusca y cruelmente para iniciar un episodio amo- roso con otra mujer. La paciente siempre ha dependi- do de su esposo y jamds se permitié criticarlo o contra- decitlo, Ni siquiera cuando le anuncié su propésito de sbandonarla; casi no pronunci6 palabra, no le repro- ‘ché nada, no lo acus6, no se enoj6. Pero en ese mo- mento el sintoma comenz6 a hacer presa de ella. Pos- teriores andlisis revelaron quela joven habia tenido un padre eruel y dominador, al que temia y a quien jamés Se habia atrevido a demostrar enojo 0 reconvencién. 70 EL LENGUAJE OLVIDADO ‘También puso de manifiesto el anilisis que su manse~ dumbre y su sumisién no indicaban ausencia de ira. Al contrario, debajo de su conducta manifiesta se habia acumulado la ira; una ira que se expresaba solamen- teen fantasias, como, por ejemplo, la de ver a su padre muerto, asesinado 0 invilido. Su odio y su deseo de venganza se fueron haciendo cada vez més intensos, pero el temor y las exigencias de su conciencia la for- zaban a reprimir casi completamente sus deseos. La conducta de su esposo hacia ella revivié su ira arrinco- nada y le afiadié mas combustible. Pero siguié sin po- der manifestarla; ni siquiera sentirla. Si hubiese tenido conciencia de su hostilidad, habria sentido impulsos de mataz,o por lo menos, de lesionar a su marido, y los sintomas neuréticos quizé no habrian aparecido. En cambio, la hostilidad actuaba dentro de ella sin que ella lo supiera. Aquel sintoma de la mujer era una reaccién a su hostilidad. Inconscientemente, el acto de tocar un ob- jeto se convertia en un acto de destruccién; tenia, por Io tanto, que lavarse las manos, para depurarse del acto destructor que acababa de cometer. Como si tuviera sangre en las manos, y tuviera que lavarse una y otra vez. La exigencia de lavarse era la reacci6n al impulso hostil, una tentativa de reparar el crimen cometidos pero la mujer solo tenfa conciencia de su necesidad de lavarselas manos, y no de las razones que la impelian a hacerlo. Solo penetrando en el sector inconsciente de su personalidad, donde su conducta aparentemente in- sensata hundia sus raices, se pudo apreciar que el sinto- FREUD Y JUNG a tna, que parecia un acto sin sentido, era una activud siyuificativa, El hecho de lavarse las manos era una transaccién que le permitia superar su ira, aunque in- conscientemente, y expurgarse de culpa mediante la eremonia del lavado. I descubrimiento de la comprensién de los proce- sos inconscientes condujo a Freud a otro hallazgo, que hhizo la luz en la conducta normal. Le permitié explicar Jos actos fallidos, como los olvidos y las equivocacio- ines, que habian intrigado a muchos observadores y para los cuales nadie haba encontrado explicacién. To- dos conocemos el fenémeno de no ser capaces de re- pente de recordar un nombre. Si bien es cierto que ese {enémeno puede responder a numerosas causas, Freud descubrié que a menudo debia buscarse la explicacién nel hecho de que hay en nosotros algo que nos impide pensar en el nombre olvidado porque esté asociado con el miedo, el enojo u otra emocién similar; y de que nuestro deseo de desvincularnos de la impresién dolo- rosa nos lleva a olvidar el nombre que se asocia con ella, Como dijera Nietzsche: «Mi memoria me dice que hhice tal cosa; mi orgullo me dice que no pude haberla hhecho.Mi memoria lo acepta». = a el El motivo de las equivocaciones no es imprescin blemente un sentimiento de miedo o de culpa. Cuando un hombre se encuentra con otro y en lugar del «Bue nas tardes» se le escapa un «Adiés», no ha hecho més, que expresar sus verdaderos sentimientos, su deseo de separarse inmediatamente de la persona con la que aca- ba de encontrarse, o de no haberse encontrado con ella. 72 EL LENGUAJE OLVIDADO Por razones convencionales no puede manifestar 1o que siente, pero su antipatia se manifiesta, por asi de- cirlo, sola, sin su permiso. Le pone en la boca las pala- bras que expresan sus verdaderos sentimientos, mien- tras él, conscientemente, tiende a decir ala otra persona el placer que le ha causado su encuentro. Los suefios son otra fase de la conducta que Freud considera como expresién de impulsos inconscientes. Supone que, como en el sintoma neurético del error, el suefio es la expresién de aquellos impulsos inconscien- tes de los que nos prohibimos a nosotros mismos to- mar conocimiento y que por lo tanto mantenemos alejados de la concieneia cuando estamos en pleno do- minio de nuestro pensamiento. Esas ideas y esos senti mientos reprimidos cobran vida y se manifiestan cuan- do dormimos, y nosotros los llamamos «suctios~. Deeste concepto general de los suefios derivan una serie de suposiciones mas especificas, Las fuerzas motivadoras de nuestra vida onirica son nuestros deseos irracionales. Durante el reposo revi- ven impulsos cuya existencia no queremos 0 no nos animamos a reconocer cuando estamos despiertos. E] odio, la ambicién, los celos y la envidia irracionales, y particularmente los deseos sexuales perversos o inces- tuosos, que excluimos de la conciencia, encuentran ex- presién en los suefios. Freud afirma que todos tenemos en el fondo de nuestro ser esos deseos irracionales, que los hemos reprimido por exigencias de a sociedad pero de los cuales no podemos librarnos completamente. Durante el reposo la fiscalizacion de nuestra concien- FREUD Y JUNG 73 cia se debilita, y esos deseos aparecen y se hacen oft en los suefios. Freud avanza un paso més. Conecta la teorfa de los suefios con la funcién del reposo. El suefio es una nece- sidad fisiolégica y nuestro organismo tiende a prote- gerlo todo lo que puede. Si sintiéramos esos deseos intensos, irracionales, cuando dormimos, nos pertur- arian y acabarian por despertarnos. De ese modo es- torbarian la necesidad bioldgica de dormir. ¢Qué ha- cemos, entonces, para resguardarnos el reposo? Nos imaginamos que nuestros deseos han sido satisfechos, y en lugar de una perturbadora privacién nos queda un sentimiento de satisfaccién, Freud llega de este modo ala suposicién de que la esencia de los suefios es el cumplimiento alucinatorio de deseos irracionales; su funcién es la de preservar el suefio. Esta explicacién se entiende més fécilmente en los casos en que los deseos no son irracionales y en los que, por consiguiente, los suefios no estan deformados; eso es, segtin Freud, lo que acontece en los suefios co- rrientes. Supongamos que alguien ha comido un plato muy salado antes de irse a dormir, y siente por la noche tuna intensa sed. El hombre suefia que va a buscar agua, que encuentra una fuente y que bebe grandes cantida- dles del fresco y agradable liquido. En lugar de desper- (ary levantarse para satisfacer la sed, se da una satisfac cidn alucinatoria mediantela fantasia de que bebe agua, y continia durmiendo. Todos conocemos esa especie similar de satisfaccién alucinatoria que experimenta- mos cuando suena el despertador; producimos en ese 74 EL LENGUAJE OLVIDADO mismo instante un suefo en el que ofmos las campanas de la iglesia y pensamos que es domingo y no tenemos que levantarnos temprano. También en este caso el suefio ha cumplido la funcién de proteger el reposo. Freud sostiene que esas sencillas realizaciones de de- seos que en si mismos no son irracionales son relativa- mente raras en los adultos, aunque més frecuentes en los nifios, y que en general los suefios no son la realiza~ cidn de esa clase de deseos racionales, sino de los de- seos irracionales que reprimimos durante el dia. Otra de las teorfas que formula Freud sobre la na~ turaleza de los suefios es la de que esos deseos irracio- nales que se ven cumplidos en los suefios tienen sus raices en la infancia, que tuvieron vida cuando éramos nifios, que continuaron luego una existencia subterré~ nea y que cobraron vida en nuestros suefios. Este con- cepto se basa en la teorfa general de Freud sobre la irracionalidad del nifio. Para Freud el nifio tiene muchos impulsos asocia- les. Como carece del vigor fisico y el conocimiento necesario para seguir susimpulsos, resulta inofensivo y no es necesario defenderse de sus perversos designios. Pero si se considera la calidad de sus tendencias y no sus consecuencias practicas, el nifio es un ser asocial y amoral. Esto se verifica en primer lugar en lo que res- pecta a sus impulsos sexuales. Segtin Freud, todos aquellos impulsos sexuales que cuando aparecen en el adulto son llamados «perversiones», forman parte del desarrollo sexual normal del nifio. En el nifio la energia sexual (la libido) se concentra en la boca, luego se rela~ FREUD ¥ JUNG 75. ciona con la defecacién y finalmente se concentra en los genitales. El nifio posee intensos impulsos sidicos y masoquistas. Es un exhibicionista y también un peque- fio curioso. No tiene capacidad para amar a nadie, es narcisista, se ama si mismo con exclusién de todos los demés. Es intensamente celosoy esté lleno de impulsos destructores contra sus rivales. La vida sexual del nifio © de la nifia esta dominada por tendencias incestuosas. “Tienen un fuerte apego sexual al padre del sexo opues- to y sienten celos y odian al padre del mismo sexo. Pero el temor a las represalias del odiado rival obliga al iiio a refrenar sus deseos incestuosos. Identificdndose con las érdenes y prohibiciones del padre, el nifio do- mina el odio que le tiene y lo reemplaza con el deseo de ser como él. La formacién de la conciencia es la conse- cuencia del «complejo de Edipo». E] cuadro que presenta Freud del nifio es notable- mente similar al de san Agustin. Una de las pruebas principales que ofrece san Agustin de la pecaminosi- dad inherente al hombre es lz depravacién del nifo. Argumenta que el hombre debe ser intrinsecamente perverso desde el momento en que el nifio es perverso antes de que tenga ocasién de aprender la perversidad le los dems y de ser corrompido por los malos ejem- plos. Freud, como san Agustin, no destaca aquellas cualidades del nifio que por lo menos equilibrarian el guadro: su espontaneidad, su capacidad de respuesta, gu delicado discernimiento de las personas, su capaci- (lad para reconocer las actitudes de los demas indepen- ilicntemente de lo que digan, sus incesantes esfuerzos 76 EL LENGUAJE OLVIDADO. fartPenetrar el mundo; en pocas palabras ods aque- Ais cualidades que nos hacen admirar y amar a los ui, Sos y que han creado el concepto de quela posesion de cualidades infantiles por parte del adulto es una de sus ito. Una de ella es que a época victoriana habia crea- lo ls ilusion ola fccisn del nifo winocente», Se nia que careciadetendencias sexualesy detodaclac to , elo censuraras,ysospecharias que de- tras de aquel suefio debia de esconderse algin suceso desagradable, cuya revelacin el hombre trataba de evi- tarse, Haz lo mismo con tu propio caso; tu opinién de aque el sueio es una tomteria solo significa, probable- mente, que hay una resistencia interna oponiéndose a su interpretacidn. No te dejes disuadi Continué, por lo tanto la inuerpretacién. Recuerdo claramente la impresién que me produjo esta segunda profecfa, Era en la época del «ministerio bur- igués»; mi padre habia levado a mi casa, pocos dias atrds, los retratos de los graduados universitarios del ministerio, Herbts, Giskra, Unges, Berger y otros, y nosotros iluminamos la casa en su honor. También ha- bia judfos entre ellos; de modo que todo escolar judio aplicado podia considerar que llevaba una cartera mi- nisterial en su valija. A aquelle impresién se debe indu- dablemente el que hasta hace poco antes de inscribirme en la Universidad quisiera estudiar abogacta; cambié de opinién en el iltimo momento. Los médicos no suelen ser ministros. En lo que respecta al sueiio, solo chora comienzo aver qué me traslada del sombrfo presente a los tiempos optimistas del ministerio burgués, y satis face completamente lo que fue mi ambiei6n juvenil de entonees, Tratando tan mal amis dos apreciables e ilus- trados colegas, solo porque scn judios, juzgando a uno un bobslicén y al otro un criminal, acttio como si fuera 86 EL LENGUAJE OLVIDADO ministro; me he puesto en su lugar. ;Qué venganza he tomado! Su excelencia me niega el nombramiento de profesor extraordinario,y yo en mi suefiolo reemplazo yme pongo en su lugar? La interpretacién de este suefio es un ejemplo exce- lente de la tendencia de Freud a considerar que los im- pulsos irracionales, como la ambici6n, son incompati- bles con la personalidad del adulto y forman parte, por lo tanto, del nifio que el hombre conserva en su ser. El suefio revela claramente la ambicién que dominaba a Freud en la época de su suefio. Pero Freud niega cate- goricamente que pudiese abrigar una aspiracién tan marcada. Y nos da un magnifico ejemplo del proceso de racionalizacién, que él describe tan brillantemente. Su razonamiento es el siguiente: «Si el deseo de ser Ila~ mado con otro titulo (con esta expresidn tiende a deses- timar su verdadera importancia, o sea el prestigio que trae consigo el titulo), fuera realmente tan intenso, probaria la existencia de una ambicién morbosa». ¥ esa ambicién dice que no cree albergarla. Pero aunque los demés lo consideren capaz de poseerla, esa ambicién no podria referirse al titulo de profesor. Y se ve, por consiguiente, obligado a suponer que pertenece a sus deseos infantiles y no a su personalidad actual. Si bien es cierto que los impulsos como la ambicién se desa- rrollan en el cardcter del nifio y tienen sus raices en la primera época de la vida, no es cierto en cambio que estén separados dela personalidad actual. Hablando de tuna persona normal como él, Freud se siente impulsa- FREUD ¥ JUNG 87 do a establecer una distincién categérica entre él y el nifio que lleva dentro. Se debe principalmente a la in- fluencia freudiana el que hoy se considere inexistente esa categérica linea de separacién fronteriza. Se admi- teampliamente que auna persona normal pueden mo- verla toda clase de deseos irracionales, pero que esos deseos son suyos, aunque provengan de sus primeros afios de vida. Hasta ahora hemos expuesto un solo aspecto de la teoria freudiana de los suezios. Los suefios son realizaciones alucinatorias de de- seos irracionales, y particularmente deseos sexuales que se originaron en nuestra temprana infancia y no fueron transformados completamente en formaciones, reactivas o sublimaciones. Esas realizaciones se mani- Giestan cuando la fiscalizacion de nuestra conciencia se halla debilitada, como sucede ea el estado de reposo. $i nos permitiéramos cumplir de forma cabal los deseos irracionales, los suefios no serian tan extrafios y des- concertantes. Pero rara vez sofiamos que cometemos unasesinato, 0 un incesto, o cualquier otro crimensy si lo hacemos, no gozamos con surealizacién. Para expli- car el fendémeno, Freud supone que cuando dormimos también esté medio dormida auestra censura moral. De ese modo pueden introducirse las ideas y las fan- tasias en nuestra conciencia dormida, a la que de otro modo les est completamente prohibida la entrada. Pero la censura solo esta medio dormida; permanece suficientemente despierta para impedir que los pensa- mientos prohibidos hagan su aparicién de forma clara 88 EL LENGUAJE OLVIDADO ¢ inequivoca. La funcién de los suefios es la de preser- var nuestro reposo; luego los deseos irracionales que se presentan en el suciio deben estar disfrazados para en- gafiar a la censura. Lo mismo que los sintomas neuré- ticos, constituyen una transaeci6n entre las fuerzas re primidas del ego y la fuerza represora dela censura que ejerce el superego. Sucede a veces que este mecanismao de alteracién no funciona convenientemente, y nues- tos suefios se hacen demasiado claros para poder des- pistar a la censura; entonces nos despertamos. Freud sostiene, como consecuencia, que la caracteristica prin- cipal del ienguaje onirico es el proceso de encubri- miento y desfiguracién de los deseos irracionales, que nos permite continuar durmiendo tranquilamente. Esta tesis tiene una importante relaci6n con el concep- to freudiano del simbolismo. Freud eree que la funcién, primordial de los simbolos es la de disfrazar y defor- mar los deseos subterrineos. El lenguaje simbélico es concebido como un «cddigo secreto»; la interpretacién de los suefios es la tarea de descifrarlo, La tesis de la naturaleza irracional infantil del con- tenido onirico y dela funcién deformadora de la elabo- racién onirica condujo a un concepto mucho més li- mitado del lenguaje de los suefios que el que yo he sugerido en la exposicién del lenguaje simbdlico. Para Freud el lenguaje simbélico no es un lenguaje que pue- de expresar cualquier clase de sentimientos y pensa- mientos de manera particular; solo expresa ciertos de- seos primitivos instintivos. La enorme mayorfa de los simbolos es de naturaleza sexual. Los genitales mascu- FREUD ¥ JUNG 89 linos son simbolizados por palos, arboles, paraguas, cuchillos, lépices, martillos, aviones y muchos otros objetos que pueden representarlo ya sea por su forma © por su funcién. Los genitales femeninos son repre~ sentados de la misma manera por cuevas, botellas, ca- jas, puertas, estuches, jardines, flores, etcétera. El pla- cer sexual es representado por varias actividades, como las de bailar, cabalgar, trepar, volar. La cada del cabello o de los dientes representan simbélicamente la castra- cidn. Aparte de los elementos sexuales, los simbolos expresan las experiencias fundamentales del nifio. Los padres y las madres son simbolizados como reyes 0 emperadores y como reinas 0 emperatrices; los nifios, como animalitos; la muerte, como un viaje. No obstante, en su interpretacin de los suefios, Freud emplea més los simbolos accidentales que los tuniversales. Sostiene que para interpretar un stiefio es preciso dividirlo en sus distintas partes y suprimir de ese modo su sucesién semildgica. Luego se buscan las asociaciones de cada elemento del suefio y se sustitu- yen las ideas aparecidas en ese praceso de asociacién con las partes que se presentaron en el suefio. Reunien- do los pensamientos hallados por la asociacién libre, se encuentra un nuevo texto que tiene consistencia inter- na y légica y que revela el verdadero significado del sueiio. A este suefio verdadero, que es la expresién de nuestros deseos ocultos, Freud lo llama el «suefio la- tente». La version deformada del sueiio, tal como no- sotros lo recordamos, ¢s el «suefio manifiesto», y el 90 EL LENGUAJE OLVIDADO proceso de deformacién y enmascaramiento es la «cla- boracién del suefio». Los principales mecanismos me- diante los cuales la elaboracién onftica traslada el con- tenido latente del suefio a su forma manifiesta son la condensacién, el desplazamiento y la elaboracién se- candaria. Con la condensaci6n, Freud explica el hecho de que el suefio manifiesto sea mucho més corto que el latente. La condensacién excluye una cantidad de ele- mentos del suefio latente, combina fragmentos de di- versos elementos, y los condensa en un nuevo elemen- to del suefio manifiesto. Si sofiamos con una figura masculina autoritaria a la que tememos, vemos, por ejemplo, en el suefio manifiesto, a un hombre que tiene el cabello como el de nuestro padre y el rostro como el de un maestro despético, y que viste como nuestro patrén. O si sofiamos con un acontecimiento en el que nos sentimos tristes y desdichados, podemos ver, por ejemplo, una casa cuyo techo representa otra casa en la que experimentamos alguna vez la misma sensacién de tristeza y cuya habitacién representa por suforma otra casa relacionada con la misma experiencia sentimental. En el suefio manifiesto ambos elementos se super ponen para formar una misma casa. Estos ejemplos demuestran que solo se condensan para formar una sola figura aquellos elementos que son idénticos, en su contenido sentimental. Dada la naturaleza del lenguaje simbdlico, el proceso de la condensacién es facil de entender. En a realidad externa es importante el hecho de que dos personas 0 dos cosas sean diferentes, pe- ro desde el punto de vista de la realidad interna ese he- FREUD ¥ JUNG 1 cho no tiene ninguna importancia. Lo que interesa es que estén relacionados con la misma experiencia inter- na, y que sean su expresién. Con el desplazamiento explica Freud el hecho de que un elemento del suefio latente, y a menudo un ele- mento muy importante, sea expresado por un elemen- to remoto del suefio manifiesto y generalmente por uno que parece bastante poco importante. Por eso el sueiio manifiesto trata frecuentemente a los elementos realmente importantes como sino tuvieran ningun va~ lor especial, y de ese modo disfraza el verdadero signi- ficado del suefio. Freud llama «elaboracién secundaria» a la parte de la elaboracién onfrica que completa el proceso de en- mascaramiento. Se llenan las lagunas del suefio mani- fiesto y se subsanan las contradieciones, de tal modo que el suefio manifiesto toma lz forma de un episodio logico, concordante, detrés de cuya fachada se oculta la excitante y dramética trama del suefio. Freud menciona otros dos factores que dificultan la comprensién del suefio y se agregan ala funcién de- formadora de la elaboracién onirica. Uno de ellos es el hecho de que los elementos suelen representar exacta- mente lo contrario de lo que son. Estar vestido puede simbolizar la desnudez, ser rico puede representar el hecho de ser pobre y un sentimiento de particular afec- to puede ser figurativo de sentimientos de hostilidad e ira. El otro factor es el hecho de que el sueiio manifies- to no expresa relaciones légicas entre sus diversos elementos. No tiene «pero», «por lo tanto», «porque», 92. EL LENGUAJ# OLVIDADO. «si», expresa esas relaciones logicas con la relacién de las imagenes gréficas. El sujeto suena, por ejemplo, que un hombre se levanta y alza un brazoy en seguida se transforma en una gallina. En el lenguaje de vigilia se expresaria del siguiente modo el significado del pensamiento onfrico: «Da laim- presion de que es fuerte, pero en realidad es débil y co- barde como una gallina». En el suefio manifiesto esa relaci6n se expresa mediante la concatenacién de las dos imagenes. Debemos hacer un importante afiadido a esta breve exposici6n de la teorfa freudiana de los sueftos. El he- cho de que destaque especialmente la naturaleza infan- til del contenido onirico podria hacer creer que Freud encuentra tinicamente la existencia de una relacién en- tre el suefio y el pasado, y no encuentra ningtin lazo importante entre el suefio y el presente. Sin embargo ‘no es asi. Freud sostiene que los suefios son siempre estimulados por acontecimientos presentes, produci- dos generalmente durante el diao la noche anteriores al suefio. Pero son provocados solamente por aquellos acontecimientos que tienen alguna relacién con los primeros impulsos infantiles. La energia con que se genera el suenio depende de la intensidad de la expe- iencia infantil, pero el suefio no se crea si un suceso reciente no hiere la primitiva experiencia permitiendo al suefio hacer su aparicién en ese momento preciso. Unejemplo sencillo servira para aclarar este punto. Un hombre que trabaja a las érdenes de un patrén autori- tario siente un temor inmotivado a su patrén debido FREUD ¥ JUNG. 93 al miedo que le infundia su padre cuando era nifio, Un dia el patron lo reprende por cualquier causa, y esa no- che el hombre tiene una pesadilla y ve una figura que es una mezcla de su padre y su patrdn y que trata de ma- tarlo. Si no hubiese tenido miedo al padre de nifio, el disgusto del patron no lo habria atemorizado. Pero si clpatrén no se hubiese disgustado ese dia, aquel recén- dito temor no habria sido movilizado y el suefio no se habria producido. El lector podré formarse uns idea més clara del mé- todo freudiano de interpretaci6n de los suefios viendo de qué modo aplica Freud en la préctica los principios que acabamos de presentar. El primero de los dos sue- jios siguientes se concentra en un simbolo universal: la desnudez. El segundo usa casi exclusivamente simbo- Jos accidentales. El embarazoso suefto de la desnudez En los suefios en los que aparecemos desnudos 0 ¢s- casamente vestidos en presencia de personas extrafias, sucede a veces que no nos avergonzamos en lo mis mi- nimo de nuestro estado. El sueio de la desnudez nos Hama la atencién solo cuando sentimos en él vergiien- za 0 turbacién, cuando desesmos huir u ocultarnos, y cuando sentimos una extrafia inkibicién que nos impide movernos y nos deja completamente impotentes para modificar nuestra penosa situacién. Solo con esa co- nexién adquiere el carécter de suefio tipico; de lo con- trario el micleo desu contenido puede estar involucrado EL LENGUAJE OLVIDADO en toda clase de conexiones distintas, 0 reemplazado por amplificaciones individuales. Lo esencial es que ex- perimentamos una dolorosa sensacién de que nos es im~ posible ocultar nuestra desnudez 0, como generalmente deseamos, emprender una precipitada fuga. Creo que la gran mayoria de los lectores se habrin encontrado algu- na vez en un suefio en una situacién similar. Lanaturaleza y el cardcter de la desnudez suelen ser més bien vagos. La persona que suefia dird, tal vezs «Soié que estaba en camisa», pero esta imagen pocas veces es clara; en la mayor parte de los casos la falta de ropa cs tan indeterminada que los sujetos la describen, al relatar el suefio, con una alternativa: «Sofé que esta- ba en camisa 0 en enaguas». Por lo general la ausencia de ropa no es suficientemente seria para justificar el sentimiento de vergiienza que comporta. En los hom- bres que han servido en el Ejército la desnudez es a me- nudo reemplazada por una forma de vestir antirregla- mentaria. , y que ha recibido més recientemente forma poé- tica en «El talisman» de Fulda. En el cuento de Ander- sen dos impostores tejen un suntuoso traje para el emperador; pero es un traje que solo pueden ver los buenos y los honestos. El emperador sale vestido con esa ropa invisible, y como la tela imaginaria es una es- pecie de prueba de la honestidad, la gente, impelida por el miedo, actia como si no viera la desnudez del empe- rador. Esa es precisamente la situacién que se produce en nuestro sueiio. No es muy aventurado suponer que el contenido ininteligible del suefio suministré un impul- so para inventar un estado de desnudez que ororga sig-~ nificado a la situaci6n presente en la memoria, Esta situacién es de este modo despojada de su significa- do original y puesta al servicio de fines distimtos. Pero vveremos que esa comprensién errdnea del contenido 96 EL LENGUAJE OLVIDADO onirico ocurre a menudo por la actividad consciente de tun segundo sistema psiquico, y debe ser considerada como un factor de la forma final del suefio; y que en la formacién de las obsesiones y as fobias esas interpreta ciones erréneas (siempre, desde luego, dentro de la misma personalidad psiquica) desempefian un papel decisivo. Inchuso es posible especificar de dénde pro- cede el material de la nueva interpretacién del suefio. El impostor es el suefio y el emperador el propio du miente, y la tendencia moralizadora revela un conoci~ miento confuso de la existencia, en el contenido latente del suefio, de una cuestién de deseos prohibidos, victi- mas de la represi6n. Las conexiones en que aparecen los suefios en los andlisis de los pacientes neuréticos prue- ban fuera de toda duda que los suefios reposan en los recuerdos de la primera infancia de los sujetos. Unica mente en nuestra infancia hubo una época en la que nos vefan con poca ropa nuestros parientes, las nifieras, los sirvientes y las visitas, y nosotros no nos avergonziba- mos de nuestra desmudez.* Muchas veces se observan nifios, ya de cierta edad, alos que el estado de desnudez. les produce un efecto excitante en lugar de avergonzar- os. Rien, brincan, se dan golpes o palmadas en el cuer- po; la madre, o cualquier otra persona que esté presen- te, los reprenden diciéndoles: «jNo hagas eso! jEs feo! i Qué vergiienzal». Los nifios revelan a menudo un de- seo de exhibirse; es casi imposible pasar por una aldea sin encontrar alguna criatura de dos o tres afios de edad que se levanta la blusa 0 el vestido delante del viajero, probablemente para rendirle homenaje. Uno de mis pa- cientes habia conservado en su memoria consciente un FREUD ¥ JUNG 7 episodio de cuando tenia ocho afios de edad; después de quitarse la ropa para irse 2 la cama, quiso ir a bailar, en camisa, ala habitacién de su hermanita menor, pero {a sirvienta se lo impidi6. En lz historia infantil de los neuréticos la exhibicién ante nifios del sexo contrario desempeiia un papel prominente; la manfa de los para~ noicos de creerse observados cuando se visten o desvis- ten puede atribuirse directamente a esas experiencias, Y entre los que han quedado pervertidos hay una varie dad en la que el impulso infantil se acentiéia hasta trans- formarse en obsesién: es la clase de los exhibicionistas. Lainfancia, en la que se desconoce el sentimiento de la vergienza, parece un paraiso cuando la miramos lue- gon retrospectivas y el mismo paraiso noes mis que la fantasia colectiva de la infancia del individuo. Por eso en el paraiso los hombres estin desnudos y no se aver- giienzan, hasta que llega el momento en que despiertan Ia vergiienza y el miedo; sobreviene la expulsién y se inician la vida sexual y el desarrollo cultural. Los sueiios pueden llevarnos de vuelta 2 ese paraiso todas las no- ches. Ya hemos aventurado anteriormente la sospecha de que las impresiones de nuestra primera infancia (desde el periodo prenatal hasta el final del tercer aiio) demandan una reproduccién, quizd de por si y quizé sin queen ello influya para nada su contenido; su repeticién 5, por lo tanto, una satisfaccién de deseos. Y por consi- guiente los suefios de desnudez son suefios exhibicio- nistas. El nicleo de los suefios exhibicionistas queda cons- tituido por la propia figura del sujeto, que no aparece con la edad de un nifio sino con la que tiene actualmen- 98. EL LENGUAJE OLVIDADO. te, y por la ideade la escasez de ropa que surge de mane- ra indistinta debido a la superposicién de numerosas ituaciones posteriores de falta de ropa o por considera- cién ala censura; a estos elementos se afiaden las perso- nas en cuya presencia nos sentimos avergonzados. No conozco ningtin ejemplo en el que los verdaderos es- pectadores de las exhibiciones infantiles reaparezcan en el sueiios porque un suefio rara vez es un simple recuer- do. Por extrafio que parezca, las personas que constitu- yen el objeto de nuestro interés sexual en la infancia son omitidas en todas las reproducciones, en los suefios, en Iahisteria y en la neurosis obsesiva. Unicamente los pa- ranoicos hacen retornar a los espectadores, y estin fa- niticamente convencidos de su presencia, aunque per- manezcan invisibles. El sustituto de esas personas en el suefio —el «un mtimero de personas desconocidas» que no prestan atenci6n al especticulo que se les ofrece— es precisamente el contradeseo de esa tinica persona inti- maa la que estaba destinada la exhibicién. Ese «nimero de personas desconocidas» suele aparecer ademés en otros suefios, incluido en toda clase de conexiones; como contradeseo tiene siempre el significado de un -esecreto». Se verd que el restablecimiento de la antigua situacién, que se verifica en la paranoia, también se ajusta a esa tendencia contraria. El sujeto ya no est solo; lo observan, esté completamente seguro de que lo observan. Pero esos espectadores son «un nimero de personas desconocidas, curiosamente indeterminadas». En los suefios exhibicionistas interviene ademés la represién. Porque la sensaci6n desagradable del suefio ¢s, desde luego, la reacciGn por parte de la segunda ins- FREUD ¥ JUNG 99 tancia psiquica al hecho de que!a escena exhibicionista que fuera condenada por la censura hays logrado, a pe~ sar de todo, presentarse. La tinica forma de evitar esa sensacién hubiera sido la de abstenerse de revivir la es- cena? Elsueno de la monografia sobre botdnica He escrito una monografia sobre cierta planta. Ten- go el libro ante mis ojos; paso una pégina en la que hay tuna limina en colores plegada. Cada modelo lleva ata- do, como en un herbatio, un ejemplar seco de la planta. Anilisis Por la mafiana habia visto en el escaparate de una librerfa un volumen titulado El género ciclamen; al pa~ recer, una monografia sobre laplanta. El ciclamen es la flor preferida de mi mujer. Me re- procho por no acordarme mésamenudo delllevarle flo res, como ella, sin duda, hubiera querido. Con relaci6n al tema de llevar flores a mi esposa, recuerdo un cuento que relaté hace poco 2 unos zmigos mfos como pruc~ ba de mi afirmacién de que a menudo olvidamos para secundar un propésito del inconsciente, y de que olvi- dando nos ponemos en condiciones de extraer deduc- ciones sobre le propensién secreta de los olvidadi- 0s. Una mujer joven que todos los afios el dia de su cumpleafios acostumbraba a recibir de su esposo un ramo de flares, cierto afio echa de menos esa prueba de afecto, y se pone a llorar. Llega el marido y no acierta a 100 EL LENGUAJE OLVIDADO explicarse la causa de sus ligrimas, hasta que la mujer le dice: . Y se propone salir in- mediatamente a buscarle las flores. Pero ella se niega a ser compensada, porque ve en el olvido de su esposo la prueba de que ella ya no ocupa en sus pensamientos el mismo lugar de antes. Esta mujer, la sefiora L, encontr6 hace un par de dias « mi espose, le dijo que se encontra- ba bien y pregunt6 por mi. Varios aios ards habfa sido mi paciente. Datos suplementarios: en cierta ocasién escribi, efectivamente, algo similar a una monografia sobre una planta, un ensayo sobre a planta de Is coca que atrajo la atencién de K. Koller hacia las propiedades anestésicas de la cocaina. Yo habia sugerido que el alcaloide podia ser empleado como anestésico, pero no me ocupé de estudiar el tema més a fondo. Se me ocurre también que ala mafiana siguiente al suefio (a cuya interpretacién solo pude dedicarme la noche de ese dia), habia estado pensando en la cocaina en tuna especie de ensueiio diur- no, Si alguna vez padeciese de glaucoma, habia pensa- do, irfa a Berlin a someterme a una intervencién y me haria operar, de incégnito, en la casa de un amigo, por elcirujano que mi amigo recomendara. El cirujano, que no conocerfa el nombre de su cliente, se jactaria, como de costumbre, de que esas operaciones son ahora muy féciles después de la introduccién de la cocaina en la préctica médica. ¥ yo no le diria que era uno de los que habian colaborado en su descubrimiento. Con esta fan- tasia se enlazaban otros pensamientos acerca de lo em- FREUD Y JUNG 101 barazoso que es para un médico pedir los servicios pro- fesionales de un colega. Yo podria pagar al oculista berlinés, que no me conocerfa, como cualquier otro pa- ciente. Solo después de recordar este ensuefio diurno adverti que detrés de él se ocultaba el recuerdo de un acontecimiento determinado. Poco después del descu- brimiento de Koller, mi padre contrajo un glaucoma y fae operado por mi amigo el doctor Koenigstein, espe- cialista en ojos. El doctor Koller fue el encargado de suministrar la anestesia con cocaina, y formul6 la ob- servacién de que nos habiamos reunido en aquella oca- sign las tres personas a las que se debfa la incroduccién de la cocaina en la practica médica. Mis pensamientos rememoran a continuacién la Gl- tima oportunidad en la que habfa recordado la historia de la cocaina. Fue pocos dias antes, cuando recibi un Festschrift, wna publicacién en la que alumnos agr: decidos conmemoraban el jubileo de su maestro y rector de! laboratorio. Entre las alabanzas de las perso- nalidades vinculadas con el laboratorio, figuraba el descubrimiento de las propiedades anestésicas de la co- caina, atribuido a K. Koller, Me doy cuenta repentina- mente de que el suefio se relaciona con un episodio de atarde anterior. Habfa acompaftado al doctor Koenigs- tein a su casa y me habia enzarzado con él en la discu- siGn de un tema que me acalora extremadamente cada vez. que surge. Cuando estdbamos conversando en el hall de entrada de la casa llegaron el profesor Gartner y su joven esposa. No pude abs:enerme de felicitarles por su floreciente aspecto. El profesor Gartner es uno de los autores del Festscbrift del que acabo de hablar, y bien 102 BL LENGUAJE OLVIDADO pudo habérmelo recordado en aquel momento. ¥ la se- fora L, a cuya decepcién, con motivo de su cumplea- fios, me he referido més arriba, salié en la conversacién que mantuye con el doctor Koenigstein, aunque desde Juego con otro motivo. Trataré ahora de dilucidar los otros determinantes del contenido onirico. Acompafia a la monogratia un sjemplar seco dela planta como sifuera un herbario, ¥ el herbario me recuerda al colegio. El director del colegio reunié un dfa a todos los alumnos de os cursos superio= es para que examinaran y limpiaran el herbario del es~ tablecimiento, en el que se habfan encontrado pequeiios insectos, gusanos «comelibros», El director no tenia, al Parecer, mucha confianza en la eficacia de mi colabora- cién, porque solo me entregé unas pocas péginas. Re- cuerdo todavia ahora que esas paginas tenfan plantas cruciferas. Nunca sent{ un interés muy grande por la botdnice. Cuando hice el examen preliminar de la mate- ria me pidieron que identificara una crucifera y no supe distinguirla; si mis conocimientos te6ricos no hubiesen acudido en mi ayuda, habria salido bastante mal ibrado de la prueba. Las cruciferas sugieren a las compuestas. La aleachofa es, en realidad, una planta compuesta, y podria decir, en rigor, que es mi flr favorita. Mi esposa, mis atenta que yo, suele traerlas del mercado. ‘Veo ante mi la monografia que redacté. También aqui hay una asociacién. Mi amigo me escribié ayer desde Berlin: «Siempre pienso en tu libro sobre los sue- Fos. Lo veo ante mi, completo, y hojeo sus paginasy. iCémo le envidié su poderosa visién! |Ojald pudiese verlo yo, ante mi, ya terminado! FREUD ¥ JUNG oy La lamina plegada y en colores, Cuando era estu- diante de Medicina tenia una especie de mania de es- tudiar exclusivamente en monografias. Pese a mis limi- tados recursos, me suscribi a una serie de periddicos de medicina cuyas léminas coloreadas me gustaban enor- memente. Yo sentia cierto orgullo por mi tendencia ala escrupulosidad. Cuando posteriormente comencé a publicar mis propios libros, uve que dibujar las 1é- minas de mis tratados, y recuerdo que una de ellas me habia salido tan mal que fui objeto de las burlas de un bienintencionado colega. Con esto se asocia, no sé exactamente de qué modo, un recuerdo muy remoto de mi infancia. Mi padre, en son de broma, nos dio una vez a la mayor de mis hermanas ya mi un libro que conte- nia laminas coloreadas (era un relato de viajes por Per- sia), para que lo rompiéramos;lo que desde el punto de vista educacional no era muy recomendable, por cierto. Yo tenfa a la sazén cinco afios de edad y mi hermana menos de tres, y la escena en que nosotros dos nos de- dicébamos muy contentos a deshojar el libro (como una aleachofa, podria agregar, hoja por hoja), es casi la tinica de aquel periodo de mi vida que conservo clara- mente en la memoria. Més adelante, cuando inicié mis estudios, adquiri una novoria aficién a reunir y poseer libros. (Correlativa a mi inclinacién a estudiar mono- srafias, mania ala que aludian mis pensamientos oni cos, en conexiéa con el ciclamen y la alcachofa.) Me volvi un , estas palabras: «El reino de los cielos est dentro de nosotros... Todo lo demas es papel». El sujeto ridiculiz6 a la Iglesia tratandola de gran organi- zacién, como las empresas comerciales o el Ejézcito, la acusé de emplear la adulacién para ganarse los favores de Dios, y ahora dice que Dios vive en nosotros y que fuera de esa experiencia «todo lo demés es papel», por- que no produce una viva impresién. Idéntica orientacién aparece en el segundo sueao del mismo paciente, que Jung presenta en su libro Psy- chology and Religion.'* El texto del suefio es el siguiente: Entro en una casa solemne. Se Hama «la casa de la serenidad interior 0 autorrecogimiento». En el fondo hay muchas velas encendidas, dispuestas de manera que formen cuatro puntas, como una pirimide. Hay un viejo junto a la puerta de la casa, Entra gente sin ha- blar; muchos permanecen inméviles, reconcentrados. El viejo de la puerta me habla delos visitantes que acu- den a la casa, y me dice: «Cuando se van son puros» Penetro en la casa y logro concentrarme completamen- te, Una voz dice: «Lo que haces es peligroso. La reli- gidn no es un impuesto que abonas para librarte de lz imagen de la mujer, porque esa imagen es indispensa- ble. jAy de los que usan la religion para sustituir 2 la otra parte de la vida del alma! Estén equivocados, y se- ran malditos. La religién no es un sustituto, es la dltima 126 EL LENGUAJ# OLVIDADO realizacién, aftadida a todas y cada una de las restantes actividades del alma. Con la plenitud de la vida engen- dearés wu religién, y solo entonces serés bendecido». Junto con la iiltima frase se alcanz6 a ofr una miisica apagada, una sencilla tonada ejecutada en un Srgano, que me recordé el «Fuego magico», de Wagner (Feuer- zauber). Salgo de la casa con la visién de una monzaiia llameante, y recibo la impresién de que un fuego que no se puede apagar debe ser un fuego sagrado. En este sueiio el sujeto ya no atacaa la Iglesia con la forma burlona de su suefio anterior. Formula un enun- ciado profundo y claro sobre la religién humanista ‘opuesta ala religién autoritaria. Destaca sobre todo el siguiente punto: la religin no debe tratar de suprimir el amor y el sexo (a imagen de la mujer), y no debe ser un sustituto de esa parte de la vida. La religion no debe nacer de la supresién sino de la «plenitud de la vida». La tltima declaracién del suefio, ede que un fuego que no se puede apagar debe de ser un fuego sagrador, se refiere, como se deduce claramente del contexto del suefio, alo que se expresa con la «imagen de la mujer», el fuego del amor y del sexo. Este sueiio es interesante como ejemplo de la clase de suefios en los que la mente expresa pensamientos y juicios con una claridad y una belleza que el durmiente no ha aleanzado en su vida despierta. Pero lo he citado principalmente para ilustrar las deficiencias de la inter- pretacién parcial y dogmética de Jung. Para Jung, el «fuego inextinguible» simboliza a Dios, la «imagen de FREUD Y JUNG 127 la mujer» y «el otro lado de la vida» representan al in- consciente, Es verdad que el fuego simboliza frecuen- temente a Dios, pero también es cierto que a menudo es un simbolo de amor y de pasién sexual. Freud pro- bablemente habria interpretado ese suefio como la ex- presin no de una manifestaciéa filos6fica sino de la satisfaccién de los deseos infantiles, incestuosos, del sujeto. Jung, con igual dogmatismo, ignora completa- mente este aspecto y solo piensa en simbolismos rel giosos. Creo que la verdad no reside en ninguna de esas dos orientaciones. Al sujeto le preocupa realmente un problema religioso y filoséfico, pero no separa su pre~ ocupacién filos6fica de su ansia de amor. Por el contra- rio, declara que no deben ser separados, y censura ala Iglesia por su concepto del pecado. v HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS asta la fecha se han presentado tres caminos de acce- so ala comprensin de los suefios. Primero, el punto de vista freudiano, que afirma que todos los suefios son expresiones de la naturaleza irracional y asocial del hombre. Segundo, la interpretacién de Jung, segiin la ‘ual los suefios son revelaciones de la sabiduria del in- consciente, anterior al individuo. Tercero, el concepto dle que los suefios expresan toda clase de actividades mentales y que, tanto los impulsos irracionales como la scnsatez y la moralidad, son la expresi6n de lo bueno y Jo malo que hay en nosotros. Estas tres teorfas no son de ningiin modo recien- s. Un rapido examen de la historia de la interpreta- (én onirica revela que la reciente controversia sobre significado de los sueiios contiene una discusin ue se extiende desde hace por lo menos tres mil os. 130 EL LENGUAJE OLVIDADO. 1, PRIMITIVA INTERPRETACION NO PSICOLOGICA DE LOS SUENOS La historia de la interpretacién de los suefios comienza con los intentos por entender el significado de los sue- ios no como un fendmeno psicolégico sino como ver~ daderas experiencias del alma desprendida del cuerpo © como voces de espiritus o fantasmas. Los achantis afirman que si un hombre suefia que mantiene relacio- res sexuales con la mujer de otro hombre, le seré apli- cada la correspondiente pena por adulterio, porque su alma y la de la mujer han mantenido relaciones sexua- Ies.' Los papties de Kiwai, dela Nueva Guinea britani- ca, ereen que si un hechicero logra apoderarse del alma de alguien que esté durmiendo, este ya no volverd a despertar? Otra forma de la creencia de que los acon= tecimientos de los suefios son verdaderos es la idea de que los espfritus de los difuntos aparecen en los suefios para exhortarnos, advertirnos o darnos otras clases de mensajes. Para los indios mohaves y yumas, por ejem= plo, es particularmente pavorosa Ia aparicién en los suefios de los parientes fallecidos recientemente? Otros pueblos primitivos sostienen otro concepto so= bre el significado de los suefios, mas aproximado al que también se puede hallar en las grandes culturas d Este. Los suefios son interpretados de acuerdo con: sistema de referencias fijo, religioso y moral. Los sim bolos tienen su significado preciso, ¢ interpretar suefio equivale a aplicar esos significados simbélico: fijos. Jackson S. Lincoln, en su estudio sobre los indi HISTORIA DE LA INTERPRETAGION DE LOS SUEROS 131 x j de interpre- navajos# presenta un ejemplo de esa clase p tacién: El suefio: soé que tenfa un huevo muy grande he- cho de una sustancia dura, rocosa. Partie huevo y sali volando un Aguila, joven pero adultz. Estibamos den- vro de una habitacibn, y el 4guila revoloteé tratando de satin pero no pudo conseguirlo porque la ventana estar rrada. i Ta interpretacin:eléguila perreneceal grupo de las aves de los espiritus superiores, que es un grupo que integra a tres expiritus aliadost el viento, el rayo y las tives los tres viven en la cima de la montaia de San Francisco. Estos espiritus, cuando alguien los ofende, pueden producir grandes estragosydestrucciones. Tam- bién pueden ser propicios. E} 4guils no pudo salir por- que usted habré ofendido al expirtu ave, posiblemente pisindole el nido; o quizd haya cometido Ia ofensa su padre. La interpretacién de los suedios del oriente ona yo tampoco se basaba en teor‘as psicologicas; se funda~ hy en la presuncidn de que los suefos eran mensajes gnviados a los hombres por los poderes divinos. EI tjemplo més conocido de este tipo de interpretacion io psicaldgica es el de los suefos del fara6n, content do en a Biblia. El faraén tuvo un suefio que le agit6 el tspirivu, [en el sentido en que] la entrada de un astro [en lz sombra] es la sefial del eclipse, o [en que] la aspereza de la lengua [es seiial] de fiebre; mientras que entiendo por «coincidencia», por ejemplo, el que ocu- rra.un eclipse de sol mientras alguien ha salido a pasears porque el pasco no es ni causa ni sefial del eclipse, ni el eclipse [causa o sefial] del paseo. Por esa razén las coin- cidencias no se producen de acuerdo con ninguna regla ‘universal o general. gDebemos decir, entonces, que hay suefios que son causas y otros que son seftales, por ejemplo, de hechos que se desarrollan en el organismo? De todas maneras, hasta los médicos nos dicen que de- bemos prestar diligente atenci6n a los suefios, y es ra- HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE LOS suENos 141 zonable que observenese punto de vista no solo los que no son profesionales sino también los filésofos que se dedican a a especulacién. Porque los movimientos que tienen lugar de dia [dentro del cuerpo}, son descuida- dos, a menos que sean grandes y violentos, en contraste con los movimiento despiertos, que son més impresio- nantes. En el sueno sucede lo contrario, porque enton- ces hasta los movimientos baladies parecen considera bles. Esto se ve claro en Jo que sucede a menudo en el suefio; los durmientes, por ejemplo, se imaginan que los acosan truenos y rayos, cuando en realidad solo tie- nen un ligero campanilleo en los cidos; o que estan gus- tando miel u otros sabores dulees, cuando solo una pe- quefia gota de flema se les ha deslizado (por el es6fago); © que atraviesan llamas, sintiendo un intenso calor, cuando solo sienten un ligero ardor en alguna parte del cuerpo. Cuando estén despiertos esas cosas aparecen con su verdadero cardcter. Pero como el comienzo de todos los acomtecimiemtos es pequefio, es claro que lo mismo ocurre con las enfermedades u otras afecciones que deben producirse en nuestro cuerpo. En conclu- sién, es evidente que esos comienzos deben ser més pa- tentes durante el suefio que durante la vgilia. No es, por cierto, de ningiin modo improbable que algunas de las presentaciones que aparecen en la mente durante el suefio puedan ser incluso causa de las accio- nes afines a cada uno de ellos. Porque cuando estamos a punto de actuar (durante la vigilia], o estamos desa- rrollando cualquier accién, o ya hemos cumplido con ciertas acciones, nos encontramos a menudo, en un suefo, preocupados por esas acciones, o realizéndolas; 142 EL LENGUAJE OLVIDADO Ja razén es que el movimiento onfrico encontré un camino allanado por los movimientos originales esta~ blecidos durante el dia; lo mismo, pero al revés, debe ocurrir cuando los movimientos establecidos primera- mente en el suefio resulten ser puntos de partida de ac ciones que deberan ser realizadas durante el da, ya que la reaparicién de dia de los pensamientos de esas accio- nes también ha encontrado su camino allanedo en las imagenes que se presentaron ante la mente de noche, Luego es perfectamente concebible que ciertos sue- fios puedan ser causas y sefiales [de acontecimientos futuros). Muchos suefios [llamados proféticos] deben, sin embargo, ser clasificados como simples coincidencias, especialmente los que son extravagantes, y aquellos en el cumplimiento de los cuales los durmientes no tienen iniciativa, como en el caso de un combate naval, o de cosas que ocurren lejos. Con respecto a esto es natural que el hecho se confirme cuando una persona, al men- cionar una cosa, averigua que esa cosa ha sucedido. 2Y por qué no ha de ocurrirlo mismo durante el suefio? Lo probable debe ser, por el contrario, que ocurran mu- chos de esos casos. Luego, cuando nombramos a una persona determinada, no es ni sefal ni causa de la pre- sentacién de la persona misma, y lo mismo, en el caso paralelo, el suefio no es, para el que lo ha sofiado, ni sefial ni causa de su [llamado] cumplimiento, sino una mera coincidencia. De ahi que muchos suefios no ten- gan «cumplimiento», porque las coincidencias no ocu- tren de acuerdo con ninguna ley universal o general HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS 143 Las teorfas romanas de los suefios siguen muy de cerca los principios desarrollados en Grecia, pero no siempre alcanzan la claridad y la profundidad de vi sin que hallamos en Platény Aristételes. Lucrecio, en De rerum natura, se acerca ala teoria freudiana de la satisfaccién de deseos, aunque sin el énfasis que Freud pone en la naturaleza irracional de esos deseos. Lucre~ cio declara que los suefios se ocupan de aquellas cosas que despiertan nuestro interés durante el dia, o de ne~ cesidades corporales que son satisfechas en el suefio: CCualquiera que sea la ocupacién a la que nos dedi camos con fervor, cualesquiera sean las cosas alas cua les hemos dedicado mucho tiempo en el pasado, al estar la mente preferentemente consagrada a aquella ocupa- cién, son por lo general las mismas cosas las que suclen tencontrarse en los suefios: los abogados suefian que li- tigan e interpretan leyes; los generales que combaten y libran batallas; los marineros que luchan con el viento; yo que me dedico a mi tarea, buscando siempre la na~ turaleza de las cosas para expresarla, una vez hallada, en nuestra lengua. Y todas las cemés artes y oficios, en sueiios parecen aferrar la mente de los hombres con sus ilusiones. ¥ siempre que los hombres han prestado a Jos juegos una atenci6n constante durante dias intermi- nables, solemos ver que cuando han dejado de prestarle atencién con los sentidos, quedan abiertos en la mente algunos pasejes por donde pueden penetrar las image- nes de esas cosas. Durante muchos dias esas mismas cosas se mueven ante sus ojos, de tal modo que aun es- 144 EL LENGUAJE OLVIDADO tando despiertos les parece ver bailarines, moviendo sus flexibles piernas, ofr a vibrante armonia y lzs sono- ras cuerdas de Ia lira, contemplar el mismo conjunto y las glorias de ta brillante escena, Son de tan grande im- portancia la devoci6n y el placer, que esas cosas no solo los hombres sino todas las criaturas tienen el habito de practicarlas?” La teor‘a mas sistematica de interpretacién onirica es la que formulé Artemidoro en el siglo 1, en su libro sobre interpretacién de los sueiios, obra que tuvo gran influencia en las ideas medievales. Segiin Artemidoro, hay cinco clases de suefios que tienen distintas propie~ dades: La primera es el suefio; la segunda, la visién; la ter- cera, el ordculos la cuarta, a fantasfa, o la vana imagina- i6n; la quinta, la aparicién, Se llama «suetio» la que descubre la verdad bajo una figura encubierta; como cuando José interpreté el sueiio del faraén, de las sieve vacas flacas que devorarfan a las re vacas gordas, y el de las espigas, etcétera. Lavisidn es la siguiente: cuando un hombre ve real- mente, estando despierto, lo que vio durmiendo. Como lo que le sucedié a Vespasiano, cuando vio al cirujano. que extrajo el diente a Herén. Un oriculo es una revelacién o una advertencia que nos hace en suefios un Angel, u otro santo, para cumplir la voluntad de Dios de acuerdo con su informacién; como le ocurrié a José, el esposo de la santa virgen, ya los tres reyes magos. HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE LOS suESos 145 La fantasia, 0 vana imaginacién, se produce en el instante en que las emociones son tan vehementes que suben al cerebro durante el suetio, ¥ se encuentran con los més vigilantes espiritus; de este modo aquello en que se emplean los pensamientos durante el dia, lo ima- ginamos de noche. Un amante, por ejemplo, que de dia piensa en su amada, cuando se duerme se encuentra con los mismos pensamientos. Sucede también que el hom- bre que ayuna todo el dia, suefia de noche que esté co- miendo; o si tiene sed de dia, de noche suefia que bebe y gozadela bebida. Elavaro y usurero sueiia con bolsas de dinero, y mas ain, discurrira de ellas en suefos. ‘Una aparicién no es otra cosa que una visién noc turna que se presenta a los nifios débiles y a los ancis- nos, que se imaginan ver quimeras acercindose a ame- nazarlos u ofenderlos."” Vemos que Artemidoro lama «suefio» auna vision interior expresada en lenguaje simbélico. Para él, el suefio del faraén no es una visién que le enviara Dios, sino la expresién simbélica de su propia visién racio- nal interior. Sostiene que hay suefios en los que un ngel nos revela la voluntad de Dios, pero les da el nombre de . Los suefios de ansiedad, llamados «apa: ciones», los atribuye a las condiciones particulares de los nifios débiles y los viejos. Artemidoro enuncia ex- 146 EL LENGUAJE OLVIDADO. plicitamente el significativo principio de que «las re- glas de los suefios no son generales, y por consiguiente no pueden satisfacer a todas las personas, viéndose que a menudo, segiin el tiempo y las personas, admiten variadas interpretaciones». El cuadro de la interpretacién romana de los suefios quedaria incompleto si faltara la voz del completo es- cepticismo, la de Cicerén. En su poema De la adivina- cion dice asi: Los suefios no merecen ningén crédito ni respeto. Puesto que los suefios no provienen de Dios, ni hay en la naturaleza objetos con los cuales tengan afinidad y conexidn necesarias, nies posible, mediante la experi- mentacién y la observacién, llegar a interpretarlos con certeza, se deduce que los suefios no merecen ningin crédito ni respeto... Rechacemos, por lo tanto, esta adivinacién de los suefios, lo mismo que todas las demas. Porque, para de- cirla verdad, esa supersticidn se ha extendido por todas Jas naciones, agobié las energias intelectuales de todos los hombres y los sumié en una interminable imbeci- lidad." Proviniendo més o menos dela misma época, figura en el Talmud una detallada teoria de los suefios. El pa- pel que la interpretacién de los suefios desempefiaba en Jerusalén, en los tiempos de Jestis, puede apreciarse por la referencia contenida en el Talmud” de que habia en aquella ciudad veinticuatro intérpretes de suefios. Dice HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE LOS SUEROS 147 el rabi Jisda: «Todos los suefios tienen significado, ex- cepto los que son estimulados por el ayuno. Por otra parte, el sueiio que no es interpretado es como una car- ta que no ha sido lefda». Esta declaracion contiene los principios que Freud anuncié en términos similares casi dos mil afios més tarde: todos los suefios, sin ex- cepci6n, tienen significados os suefios son importantes comunicaciones dirigidas a nosotros mismos, cuya in terpretacién no nos conviene descuidar. El rabi Jisda afiade una importante restriccién al principio general de la interpretacién psicolégica de los suefios al seitalar los que son causados por el ayuno. En términos més generales, la restriccin establece que los suefios causa- dos por fuertes estimulos fisicos corporales constitu- yen la Gnica excepei6n a la regla general del determinis- mo psiquico en los sueiios. Los autores talmitdicos suponen que ciertos tipos de suefios son pronosticadores. Dice el rabi Iojandn: «Hay tres clases de suefios que se cumplen: los sofiados por la mafiana, los que se refieren a otra persona y los que son interpretados por otro suefio. Segiin otros, también estén, entre los que se cumplen, los suefios que se repiten». Aunque no dan las razones que abonen el aserto, 0 es muy dificil descubrirlas. El suefio de la mafiana es menos profundo que el de las primeras horas de la no- che, y el durmiente se encuentra en un estado més préximo al de la conciencia despierta. El rabi Iojanin supone, al parecer, que en ese estado entra en el proce- so onirico el juicio racional ynos permite percibir mas 148, EL LENCUAJE OLVIDADO. claramente las fuerzas interiores que actiian dentro de nosotros, 0 de otras personas, y predecir de ese modo los acontecimientos. La suposicién de que los suefios que otros suefian acerca de nosotros se cumplen parece basarse en la idea de que los demas suelen juzgarnos mejor que nosotros mismos, y de que en estado de re- poso su capacidad de percepcién de nuestra naturaleza interior es particularmente aguda y tiene, por consi- guiente, valor de prediccién. El razonamiento que res- paldala teorfa segtin la cual el suefio que es interpre tado por otro suefio se cumple es probablemente el de que, en estado de reposo, poseemos una capacidad de percepcién interior intuitiva que nos permite inter- pretar un suefio sofiando su «interpretacin». Recien- tes experimentos realizados con suefios interpretados en estado de hipnosis parecen confirmar este punto de vista. Las personas que fueron hipnotizadas y alas que se les pidi6 que interpretaran diversos suefios hicieron sin yacilar una interpretaci6n significativa del lenguaje simbélico empleado en los mencionados suefios. Fuera del estado de hipnosis los mismos suefios les parecian totalmente carentes de significado. Estos experimentos tienden a demostrar que todos poseemos el don de en- tender el lenguaje simbélico, pero que esa facultad solo actia en el estado de disociacién provocado por la hip- nosis. Los autores talmtidicos sostienen que lo mismo se verifica en el estado de reposo, que cuando dormi- mos comprendemos en suefios el significado de otros suefios y podemos interpretarlos correctamente. Pocas dudas puede haber de que el sueiio que se repite tiene HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE LOS suENos 149 un significado particular. Muchos psicélogos contem- poraneos observan que los suefios que una persona suefia repetidamente expresan importantes asuntos de su vida, Cuando una persona tiende a actuar una y otra vez de acuerdo con un leitmoriv determinado, puede decirse que esos suefios repetidos suelen predecir acon- tecimientos futuros en la vida de sa persona. De particular interés es la interpretaci6n talmiidica de los simbolos. Sigue la linea freudiana, como, por ejemplo, en la interpretacién de los suefios en los que alguien «riega un olivo con aceite de oliva».'* La inter- pretacién es que el suefio simboliza el incesto. Cuando un sujeto suefia que sus ojos se besan, es un simbolo que indica relaciones sexuales con la hermana, Hay simbolos que no son sexuales por si mismos y son in- terpretados con significado sexual, en tanto que otros imbolos directamente sexuales se interpretan con sig- nificado no sexual. Dicen los autores talmidicos que el suefo en el que el durmiente suefia que copula con su madre significa que puede aspirar a poseer mucha sabi- duria. El que suefia que mantuvo relaciones sexuales con una mujer casada puede estar seguro de su propia salvacién. La interpretacién talmddica se basa aparen- temente en la idea de que los simbolos representan siempre otra cosa distinta de lo que son; por consi- guiente, el simbolo que es por si mismo sexual debe significar algo diferente de su significado manifies- to. Sin embargo, formulan una interesante reserva. El hombre que suefia con relaciones sexuales con una mu- jer casada puede estar seguro de su salvaci6n solo si no 150 EL LENGUAJE OLVIDADO ha conocido a la mujer del suefio antes de sofiarlo, y si no tuvo deseos sexuales cuando se durmi6." Vemos aqui la importancia que dan los autores talmiidicos al estado de dnimo que tiene el sujeto antes de irse a dor- mir. Siha tenido deseos sexuales o si ha conocido, aun- que solo fuera casualmente, a la mujer del suefio, debe- mos suponer que la regla general de que un simbolo representa otra cosa distinta no es vilida y que el sim- bolismo sexual expresa un deseo sexual. La interpretacién medieval de los suefios sigue muy de cerca la linea que hemos visto en la antigiiedad clésica. Un autor del siglo 1v, Sinesios de Cirene, for mula uno de Jos enunciados mis precisos y hermosos de Ia teoria de que los suefios provienen de la capa cidad de visién penetrativa, agudizada en el estado de reposo.'* Silos suefios profetizan el futuro, silas visiones que se presentan a la mente en el reposo proporcionan indi- cios para adivinar con ellos las cosas futuras, los suefios seran al mismo tiempo verdaderos y oscuros, y aun en su oscuridad residird la verdad. «Los dioses han cubier to conn velo espeso la vida humana.» [Hesiodo] No me sorprende que alguien haya debido a un suefio el descubrimiento de un tesoro; ni que uno se haya echado a dormir siendo un ignorante, y de que después de haber mantenido en un suefio una conver- sacién con las musas, se haya despertado convertido en. un hébil poeta, lo que a varios ocurris en mis tiempos y en lo que no hay nada de extrafio. No hablo de los. HISTORIA DE LA INTERPRETAGION DE LOS sUEAos 151 que han obtenido en suefios la revelacién de un peli- gro que los amenazaba, 0 el conocimiento de un reme- dio que los curaria, Pero cuando el suefio abre el cami- no de las inspecciones més perfectas de las cosas verdaderas a las almas que previamente no las habian deseado ni habfan pensado en el ascenso al intelecto, y las eleva para hacer que trasciendan la naturaleza y se reiinan con la esfera inteligible de la que se habian ale~ jado tanto que ya ni sabian de dénde procedian, e:t0, digo yo, es lo més maravilloso y lo més oscuro. El que juzgue extraordinerio que el alma pueda as- cender de ese modo a las regiones superiores, y no crea que la senda que conduce a ess unién bienaventurada se extiende a través de la imaginacién, que escuche a los sagrados oriculos cuando hablan de los diferentes ca- minos que llevan a la esfera més alta. Después de enu- merar las distintas subsidia que ayudan a ascender al alma despertando y desarrollando sus poderes, dicen: Unos con lecciones son ilustrados. Otros por el suefio son inspirados. Los oraculos sibilinos Vemos que el oréculo establece la siguiente distin- cién: por una parte la inspiracién; por la otra, el estudio. La primera, dice, es instruccién que recibimos cuando estamos despiertos; la segunda, cuando estamos dormi- dos. Cuando estamos despiertos, el instructor es siem- pre un hombre; pero cuando dormimos, es de Dios de donde nos llega el conocimiento Gracias a su carécter, la adivinacién por los suefios, 152 BL LENGUAJE OLVIDADO. esté al alcance de todos; sencilla y sin artficio, es emi- nentemente racional; sagrada, porque no hace uso de métodos violentos, puede ser ejercida en todas partes; prescinde de fuentes, roca y golfo, y de ese modo es lo que es realmente divino. Para practicarla no es necesa- rio que descuidemos ninguna de nuestras ocupaciones, ni que robemos ni un minuto de nuestros asuntos.. A nadie se le aconseja abandonar su trabajo e irse = dor- ir, especialmente para sofiar. Pero como el cuerpo no puede resistir prolongadas vigilia, el tiempo que la na turaleza ha dispuesto que consagremos al reposo nos trae, con el suefio, ua complemento més precioso queel mismo suefio: la necesidad natural se convierte en una fuente de gozo, y no dormimos simplemente para vivi sino para aprender a vivir bien... Pero en la adivinacién por los suefios, cada cual es por si mismo su instrumento apropiado; hagamos lo que hagamos, no podemos separarnos de nuestro oré- culo: habita con nosotros; nos sigue a todas partes, en nuestros viajes, en la guerra, en la vida piblica, en las areas agricolas, en las empresas comerciales. Las leyes de las mas celosas de las repiiblicas no vedan la adivina- ci6n; silo hicieran no podrian ser aplicadas. Porque no se puede probar el delito. ;Qué daiio se comete yéndo- se a dormir? Ningiin tirano podria emitir un decreto contra los sueiios, y menos atin proscribir el reposo en. sus dominios. Incurriria al mismo tiempo en el desati- no de ordenar lo imposible y en la impiedad de oponer- sea los deseos de la naturaleza y de Dio: Entreguémonos todos, entonces, ala interpretacién, delos suefios; todos, hombres y mujeres, j6venes y vie- HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS 153 jos, cos y pobres, ciudadanos y magistrados, habitan- tes de la ciudad y del campo, artesanos y oradores. No hay privilegiados, ni por el sexo ni por Ia edad, la for tuna o la profesi6n, El reposo st ofrece a todos es un oraculo que siempre estd dispuesto a ser nuestro infali- ble y silencioso consejero. En esta nueva especie de risterios cada cuales al mismo tiempo sacerdote ini- ciado. Lo mismo que la adivinacién, nos anuncia las fururas alegrfas, y mediante la dicha anticipada que nos ocasiona, proporciona una duracién mayor @ nuestros placeres; y nos previene las desgracias que nos amena~ zan, para que podamos ponemos en guardia contra ‘diag, Todo nos llega a través del suefio: las seductoras promesas de la esperanza, tan caras al hombre, y los previsores edlculos del miedo. No hay nada que tenga Fnayores ttalos, por sus efectos, para nutrirnos de es- peranzay ese bien tan grande y tan preciada sin el cual, ‘como dijeran los més ilustres sofistas, no soportaria- mos la vida. ‘Similares al concepto de Sinesios son las teorfas de los suefios que sustentaron los judios aristorélicos de los siglos xi1 y xu. El més grande de ellos, Maim6- rides, dice que los suefios, como las profecias, se deben alaaccién que ejerce la facultad imaginativa durante el sueio, El que el durmiente pueda separar por si mismo Ja parte racional del suefio de su velo simbélico, o que requiera la ayuda de un intérprete de suefios, depende del grado en que esté velada por Jos simbolos la posion penetrante, y de la fuerza de su facultad razonadora/ 154 EL LENGUAJE OLVIDADO. ‘Tomas de Aquino sefiala cuatro clases distintas de sueftos: Como declaro mis arriba, la adivinacién es supers- ticiosa e ilicita cuando se basa en falsas opiniones. Por eso debemos considerar lo que puede haber de verda- dero en la presciencia del futuro mediante los suenos. A veces los suefios son la causa de los acaecimientos futuros; por ejemplo, cuando un hombre se siente do- minado por la ansiedad a causa de lo que ha visto en un suciio, y se ve impulsado a hacer algo o a evitar algo. Y otras veces son signos de sucesos futuros, mientras puedan ser referidos a ciertas causas comunes a los sue~ fos y a los sucesos futuros; de este modo, el futuro es conocido frecuentemente a través de los suefios. Debe- mos, pues, considerar cual es la causa de los suefios, y si pueden ser causa de hechos futuros, o si pueden cono- cerlos, Deacuerdo con elloes preciso observar quela causa de los suetios esti a veces dentro de nosotros y otras veces fuera de nosotros, La causa interna es doble: una se refiere al alma, en cuanto que las cosas que han ocu- pado los pensamientos y los sentimientos de! hombre cuando estaba despierto acuden a su imaginacién cuan- do esté durmiendo. Esa clase de causa de los sueiios no es causa de futuros acontecimientos, de modo que los suefios de esta clase estan relacionados accidentalmente con los hechos futuros, y sise corresponden es por ¢a- sualidad, Pero a veces la causa interna de los suefios concierne al cuerpo; porque la disposicién interna del cuerpo conduce a la formacién de un movimiento en la HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE Los suEiOS 155 imaginacién consecuente con aquella disposicién, Un hombre, por ejemplo, que tiene abundantes humores frfos, suefia que se encuentra en el agua o en la nieve; por eso los médicos dicen que debemos observar los suefios para descubrir las propensiones internas, De igual manera Ia causa externa de los suefios es doble, corporal y espiritual, Es corporal en cvanto la imaginacién del sofiante se halla afectada por el aire circundante, o por la impresién de un cuerpo celeste, de modo que ciertas imagenes se le aparecen en con- cordancia con la disposicién de los cuerpos celestes. La causa espiritual a veces puede referirse @ Dios, que revela ciertas cosas a los hombres en los sucios, por intermedio de los angeles, segin dice en Nuimeros, 12, 6: «Si hubiese entre ustedes un profeta de Jehova, Ie apareceré en visi6n, o le hablaré en sueioss. A veces, sin embargo, ciertas imagenes aparecen a las personas en suefios debido a Ia accién de los demonios y, por este medio, a veces revelan ciertas cosas futuras.a aque- llos que han entrado con ellos en convenios ilfcitos. En consecuencia debemos decir que no hay adi nacién ilfeita en el empleo de los suefios para lograr la presciencia del futuro, mientras esos suefios sean debi- dos a revelaci6n divin, 0 a causas naturales internas 0 externas, y hasta donde se extienda la eficacia de esas causas, Pero sera adivinacién ilicita y supersticiosa si fueran causados por revelacién de los demonios, con los que se hayan hecho convenios, ya sean explicitos, mediante su invocacién formulada ex profeso, o impli. citos, mediante la extensién de la adivinacién hasta mas alla de sus limites posibles. 156 EL LENGUAJE OLVIDADO. Esto es suficiente para las Replicas a las Objecio- nes."* Santo Tomés, como Artemidoro y otros, creia que jertos suefios son enviados por Dios. Los que juzgaba provenientes del alma del durmiente no los considera~ ba, como sostenfa Maiménides, manifestaciones de la mis clevada facultad racional, sino como un producto de la imaginaci6n del durmiente ocupada por los mis- mos deseos e intereses que la llenaban de dia. Es intere- sante sefialar que, al igual que los peasadores indios y griegos, Tomas de Aquino afirmaba que los simbolos del suefio indican ciertos procesos somaticos, y que las propensiones somaticas internas pueden ser identifica- das mediante la interpretacién de los suefios. La interpretacién moderna de los suefios (a partir del siglo xvz1) es fundamentalmente una variaci6n de las teorias de la antigiiedad y de la Edad Media, aunque han hecho aparicién ciertas tendencias nuevas del pen- samiento. Mientras varios autores antiguos han sostenido la teoria de que los suefios pueden ser expresiones de dis- posiciones somaticas, Hobbes, por su parte, afirma que todos los suefios son consecuencias de estimulos so miticos, punto de vista este que ha sido ampliamente apoyado hasta el presente y a menudo empleado como refutaci6n contra Freud: Y viendo que los suefios son causados por las per- turbaciones de ciertas partes internas del cuerpo, di HISTORIA DE LA INTERPRETAGION DE LOS SUEROS 157 tintas perturbaciones deben ocasionar diferentes sue- fios. ¥ de ahi que tener frio genera suefios de miedo, y provoca pensamientos ¢ imégenes de objetos temibles (porque son reciprocos los movimientos del cerebro a las partes internas y de las partes internas al cerebro); y lo mismo que la ira causa calor en algunas partes del cuerpo cuando estamos despiertos, cuando estamos durmiendo el recalentamiento de las mismas partes causa ira, y hace que el cerebro se imagine un enemigo. De igual maners, asf como lz emabilidad natural, cuan- do estamos despiertos, causa deseos, y el deseo ocasio- na calor en ciertas otras panes del cuerpo, también e] cexcesivo calor de esas partes, mientras estamos dur- miendo, hace que el cerebrose imagine demostraciones de amabilidad, En suma, los suefios son el reverso de lo ‘que imaginamos en la vigilia; cuando estamos despier- tos, el movimiento comienza en un extremo, y cuando sofiamos, en el otro.” No es sorprendente que los fil6sofos del iluminis- mo hayan sido escépticos con respecto a las pretensio- nes de que los suefios sean enviados por Dios 0 que puedan servir para la adivinacién del porvenis. Voltaire proclama que la idea de que los suefios pre- dicen y profetizan es un desatino supersticioso. A pe- sar de lo cual sostiene que aunque los suefios suelen ser manifestaciones producidas por estimulos somaticos y por excesos «de as pasiones del alma», a menudo hace- mos uso, durante el suefio, de nuestras facultades ra- cionales més elevadas: 158 EL LENGUAJE OLVIDADO Debemos decir con Petronio: guid quid luce, tene- bris agit. He conocido abogados que litigaban en sue- fos, mateméticos que trataban de resolver problemas y poetas que compusieron versos. Yo mismo he hecho algunos, que eran bastante pasables. Es, por consi- guiente, incontestable que en los suefios se producen ideas consecutivas, lo mismo que cuando estamos des- piertos; ideas que sin duda alguna nos acudena pesar de nosotros mismos. Pensamos, cuando dormimos, que nos estamos moviendo en la cama, sin que nuestra vo- luntad tenga nada que ver ni con el motivo ni con el pensamiento. El padre Malebranche tiene r2z6n al afir- mar que no tenemos capacidad para darnos ideas 2 no- sotros mismos. zPor qué vamos a creer que somos sus amos cuando estamos despiertos, mis que cuando dor- mimos?” La teoria de Kant sobre los suefios es similar a la de Voltaire. Tampoco Kant creia que teniamos en los sue- fios visiones e inspiraciones sagradas. La base de los suefios es «dada simplemente por desdrdenes estoma- cales», Pero también decfa: Creo, més bien, que [...] las ideas que tenemos dur- miendo pueden ser més claras y més amplias que las mis claras de las de vigilia. Lo cual es l6gico que se pro- duzca en un ser tan activo como el alma cuando los sentidos externos se encuentran en completo reposo. Porque el hombre, en esas circunstancias, no siente su cuerpo. Cuando despierta, el cuerpo no se halla asocia~ do a las ideas concebidas en el suedio, de modo que no HISTORIA DE LA INTERPRETAGION DE LOS SUEROS 159 puede servir para hacer consciente aquel estado mental anterior de manera que parezcapertenecer a una misma persona, Confirma mi idea del suefio profundo la acti- vidad de los sonambulos, quienes hallandose en ese es- tado, revelan més inteligencia de la habitual, aunque Inego, cuando despiertan, no recuerdan nada. Los sueiios, sin embargo, es decir, las ideas que re- cordamos al despertar, no corresponden a este cuadro. Porque entonces el hombre no est completamente dormido; percibe hasta cierto grado claramente y en- treteje las acciones de su espiritu dentro de las impre- siones de los sentidos externos, Por eso después las re- cuerda en parte, pero solo encuentra en ellas quimeras absurdas y disparatadas, ya que se entremezclan en ellas ideas de fantasfa y de las sensaciones externas.” ‘También Goethe destaca que nuestra capacidad ra~ cional aumenta durante el suefio. Cuando Eckermann le conté un suefio més bien poético que habia tenido, Goethe manifests: —Porllo que veo... las musas lo visitan hasta cuando. duerme, y por cierto que favoreciéndolo de manera muy especial. Porque admitiré usted que le seria muy dificil inventar algo tan peculiar y tan hermoso cuando esti despierto No solo es mas poderosa nuestra imaginacién dur- miendo que en la vigilia, sino quelas tendencias innatas a la salud y la felicidad a menudo se afirman con més fuer- za cuando dormimos que cuando estamos despiertos: 160 EL LENGUAJE OLVIDADO —La naturaleza humana posee poderes maravillo- 05, y siempre tiene algo bueno preparado para noso- tros cuando menos lo esperamos. Hubo épocas en mi vida en que me iba a la cama bafiado en légrimas; pero en mis suefios venfan a consolarme y animarme las fi- guras més encantadoras, y a Ja matiana siguiente me levantaba fresco y alegre Una de las expresiones més bellas y concisas sobre elcardcter racional superior de nuestros procesos men~ tales durante el suefio, es la formulada por Emerso1 Los suefios poseen integridad y verdad poética. ¥ hay cierta r2z6n que gobierna ese limbo y muladar mental. Su extravagancia, que se aparta de la naturale~ 22, corresponde, no obstante, a una naturaleza més ele~ vada. Nos parecen sugerir una abundancia y una flui- dez de pensamiento ajenas a la experiencia de la vida despierta. Nos irritan independizandose de nosotros, pero nosotros nos reconocemos en esa caterva dese~ quilibrada, y debemos a los suefios una especie de adi- vinacién y sabiduria. Mis suefios no son yo; no son la naturaleza, o el no yo; son ambas cosas, Tienen una conciencia doble, al mismo tiempo subjetiva y objeti- va. A los fantasmas que presentan los consideramos creaciones de nuestra fantasia, pero ellos considera- mos como amotinados y disparan contra su coman- dante demostrando que todos los actos, todos los pen~ samientos y todas las causas son bipolares, y que la accién contiene en sila reaccién. Si golpeo, soy golpea~ do; si persigo, soy perseguido. HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE Los sUENOS 161 Prudentes y a veces terribles insinuaciones hari en cellos al hombre una inteligencia completamente desco- nocida. Dos o tres veces en su vida se sentira sobresal- tado el hombre por la justicia y la significacién de su fantasmagoria. Dos o wes veces parecerén abrirse los grilletes de la conciencia, alcanzéndose una expresion mis libre. En todos los tiempos los persiguié un carée- ter profético. Son la maduracién a menudo de opinio- nes no coneretadas conscientemente en declaraciones, pero de las cuales ya poseiamos los elementos. Cuando estoy despierto conozco el caracter de Ruperto, pero zo pienso en lo que puede hacer. En suefios lo veo ocu- pado en ciertas actividades que parecen absurdas, fuera de lugar. Es hostil, cruel, espantoso, pusilénime. Un afio més tarde resulta profético. Pero ya estaba en mi mente caracterizado, y los suefios sibilinos simplemente lo in- corporaron de hecho. ¢Por qué no podcin ser los sinto- mas, los augurios y los pronésticos, como quien dice, designios del espiritu? Esta experiencia nos conduce a la alta regién de la Causa y nos hace conocer a identidad de todos los efec- tos inverosimiles, Llegamos a siber que las acciones cuya vileza es reputada de manera muy diferente proce- den de los mismos sentimientos. El suefio nos despoja del ropaje de circunstancias, nos arma de una terrible libertad para que todos nos lancemos a cumplir grandes hazafias. El hombre prudente leesus stefios para cono- cerse a si mismo; pero el valor del suefio, y no sus deta- Iles. gQué papel desempefia en ellos? gUn papel alegre; viril, oel de un hombre infeliz? Por monstruosas y gro- tescas que sean las apariciones, contienen una verdad 162 EL LENGUAJ¥ OLVIDADO sustancial, La misma observacién puede hacerse exten- siva a los presagios y las coincidencias que nos asom- bran, Por sobre todo lo cierto es que su razén de ser est siempre latente en el individuo, Dijo Goethe: «Esos cuadros caprichosos, puesto que se originan en noso- tros, pueden muy bien poseer una analogia con nuestra vida y nuestro destino». * La exposicién de Emerson es significativa porque reconoce con més claridad que ninguno de sus antece- sores la conexi6n existente entre el cardcter y el suefio. Nuestro cardcter se refleja en los suefios, y sobre todo aquellos aspectos que no aparecen en nuestra conduc- ta manifiesta. Y lo mismo el carécter de los demas, Cuando estamos despiertos solo vemos, en general, st conducta y sus acciones. En nuestros suefios recono- cemos las fuerzas que se ocultan detrés de su conducta, y por eso los suefios a menudo predicen las acciones futuras. Concluyo esta breve resefia hist6rica dela interpre~ taci6n de los suefios con una de las teorias més origina- les ¢ interesantes: la de Henri Bergson. Cree Bergson, lo mismo que Nietzsche, que los procesos del sueiio tie- nen su origen en diversos estimulos somaticos; pero, en oposicién a Nietzsche, no cree que esos estimulos de- ban interpretarse por los anhelos y las pasiones domi- nantes que poseemos; de nuestro vasto y casi ilimitado depésito de recuerdos elegimos aquellos que concuer- dan con los estimulos somiticos, y esos recuerdos ol- vidados forman el contenido de los suefios. La teoria de HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE Los SUENOS 163 los recuerdos de Bergson se acerca mucho ala de Freud. Bergson también sostiene que no olvidamos nada, pero, que solo recordamos cada vez ura reducida porcién de la totalidad de nuestra memoria. Dice Bergson: Nuestros recuerdos, en cualquier momento dado, forman una totalidad sélida, una pirdmide, por asi de- cir, cuya punta se inserta precisamente en nuestra ac- ci6n presente. Pero decras de los recuerdos que se rela- cionan con nuestra actual ocupacién y son revelados por la misma, hay otros, millares de otros recuer- dos, almacenados debajo de la escena iluminada por la conciencia. Si, yo creo positivamente que alli se en- cuentra toda nuestra vida pasada, conservada hasta en sus mas infimos detalles, y que no olvidamos nada, y que todo lo que hemos sentico, percibido, pensado, deseado, desde el mis conciencia, sobrevive de manera indestructible. Pero los recuerdos que se conservan en esas oscuras profun- didades se encuentran alli en el estado de fantasmas in- visibles. Ambicionan, tal vez, la luz, pero no tratan si- quiera de subir a buscarla; saben que es imposible y que yo, como ser vivo y activo, tengo otras cosas que hacer més que ocuparme de ellos. Pero supongamos que, en un momento dado, yo me desintereso de la situaci6n presente, de la accién presente; en pocas palabras, de todo lo que anteriormente habia fijado y guiado mi memoria, Supongamos, dicho en otros términos, que estoy durmiendo, Esos recuerdos, al advertir que he retirado el obstaculo, que he levantado el escotillén que los mantenfa debajo del piso de la conciencia, sur- Wo instante en que despierta la 164 EL LENGUAJE OLVIDADO gen de las profundidades; se levantan, se mueven, eje- cutan en la noche de la inconsciencia una gran danza macabra, Se lanzan todos juntos hacia la puerta que fue dejada entreabierta. Todos quieren pasar. Pero no pue den; son demasiados. De toda esa multitud, cuales se- rin los elegidos? No es dificil decirlo. Cuando estaba despierto, los recuerdos que pugnaban por salir eran aquellos que podian invocar alguna relacién con la si~ ruacién presente, con lo que habia visto y oido a mi alrededor. Ahora son imagenes més vagas las que ocu~ pan mi vista, sonidos mis indeterminados los que afec- tan mis ofdos, contactos mas imprecisos los que siento distribuidos en la superficie de mi cuerpo, pero tam- ién estén presentes las sensaciones més numerosas que surgen de las partes mds profundas de mi organis- mo, Luego, de los recuerdos fantasmas que aspiran a saturarse de color y sonoridad, en una palabra, de ma- terialidad, los tinicos que logran su objeto son aquellos que pueden asimilarse al color que percibimos, a las sensaciones internas y externas que recibimos, etcé- tera, y los que responden, ademés, al tono afectivo de nuestra sensibilidad general. Cuando se efectia esa unién entre la memoria y la sensacién, se produce el suejio... Bergson destaca la diferencia que éxiste entre los estados de vigilia y de reposo: {Me preguntan ustedes qué es lo que hago cuando suefio? Yo les diré qué es lo que ustedes hacen cuando estén despiertos. Ustedes toman el yo, el yo de los sue- HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE LOS SUEROS 165 fios (el yo es la totalidad de su pasado), y lo fuerzan, haciéndolo cada vez més pequefio, a que encaje en el reducido circulo que se han trazado alrededor de su ac ciGn presente. Eso es estar despierto, Eso es vivir la existencia psiquica normal. Es luchar. Es desear. En cuanto alos suefios, znecesitan realmente que lo expli- que? Es el estado en el que caen ustedes naturalmente cuando se abandonan, cuando ya no tienen poder para concentrarse en un punto, cuando han dejado de que- rer. Lo que mas bien harfa falts explicar es el mecanis- mo maravilloso mediante el cual podemos obtener en cualquier momento, instanténea y casi inconsciente- mente, la concentracién de todo lo que poseemos en nuestro ser sobre tin mismo punto, el punto que nos interesa. Pero esta explicacién incumbe a la psicologia normal, la psicologia de Is vigilia, porque voluntad y vigilia son la misma cosa. EI hincapié que hace Bergson sobre la naturaleza del estado de vigilia como contrario al de reposo es el mismo punto de vista que sustenta mi propia teorfa de los suefios. Con la diferencia, sin embargo, de que Bergson supone que en el suefio nos encontramos sim- plemente desinteresados y que los estimulos somaticos son los tinicos factores en los que tenemos interés; y yo sostengo que estamos interesados intensamente en nuestros deseos, temores y perceptibilidad interior aunque no en la tarea de dominar la realidad. La historia de la interpretaci6n de los suefios, aun en esta breve resefia que acabamos de hacer, nos de- 166 EL LENGUAJE OLYIDADO muestra que en este, como en muchos otros campos de Ia ciencia del hombre, tenemos muy pocas razones para considerar que nuestros conocimientos son supe- riores a los de las grandes culturas del pasado. Hay, sin embargo, ciertos descubrimientos que no se encuen- tran en ninguna de las teorias anteriores: el principio de Freud de las asociaciones libres, clave para la com- prensién de los suefios, y su comprensién de la natu- raleza de la «elaboraci6n onfrica», particularmente de algunos de sus mecanismos, como los de la condensa~ cién y el desplazamiento. Ni siquiera alguien que se haya pasado afios estudiando suefios puede dejar de asombrarse continuamente al ver concertarse armé= nicamente las asociaciones provenientes de muchos recuerdos y experiencias diferentes y a menudo remo- 03, lo que permite descubrir el cuadro de los verda~ deros pensamientos del durmiente que se ocultan en el sueio manifiesto, frecuentemente ininteligible 0 engafioso, En cuanto al contenido de las antiguas teorias sobre los suefios, sera suficiente decir, en resumen, que am= bos puntos de vista, uno en que los suefios son expre- siones de nuestra naturaleza animal —la puerta del en- gafio—, y el otro en que lo son de nuestras facultades més racionales —la puerta de la verdad son postula- dos por muchos estudiosos de los suefios. Unos creen, como Freud, que todos los suefios son de naturaleza irracional; otros, como Jung, que todos son revelacio- nes de una sabidurfa superior. Pero muchos otros estu- diosos comparten el punto de vista expresado en este HISTORIA DE LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS 167 libro: el de que los sueiios participan de nuestras dos caracteristicas, la irracional y la racional, y de que el arte de la interpretacién onfrica tiene por objeto com- prender cuindo se hace oft en el suefio la mejor parte de nuestro ser y cudndo nuestra naturaleza animal. VI EL ARTE DE LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS La comprensién del lenguaje de los suefios es un arte que requiere, como cualquier otro arte, conocimien- to, talento, practica y paciencia. El talento, la decisién necesaria para poner en préctica lo que se ha apren- dido y la paciencia no pueden adquirirse mediante la lectura de un libro. Pero se puede adquirir el cono- cimiento necesario para entender el lenguaje onfri- co, y este es el propésito del presente capitulo. Sin embargo, como este libro ha sido escrito para los pro- fanos y los principiantes, trataremos de dar tnica- mente ejemplos de suefios relativamente simples, para ilustrar los principios més significativos de la inter- pretacion. De nuestras consideraciones teoréticas sobre el sig- nificado y la funcién de los suefios, puede inferirse que uno de los problemas més importantes y a menudo mis dificiles de la interpretacién de los suefios es esta~ blecer si el suefio expresa un deseo irracional y su satis- faccién, un simple temor o ansiedad, o una percepcién de fuerzas y hechos internos o externos. ¢Quién habla enel suefio en cuestién, nuestro yo inferior 0 nuestro 170 EL LENGUAJE OLVIDADO yo superior? ¢Como haremos para averiguar en qué clave debemos interpretarlo? Otras cuestiones pertinentes a la técnica de la inter- pretacién son las siguientes: ¢Nos hacen falta las aso- ciaciones del sujeto, como postula Freud, o podemos entender el suefo sin ellas? Ademés, ¢qué relacién existe entre el suefio y los tiltimos acontecimientos, particularmente los que el sujeto experimenté el dia anterior al suefio, y cémo se relaciona con su persona- lidad total con los temores y los deseos radicados en su carécter? ‘Me gustaria comenzar con un suefio sencillo para ilustrar el hecho de que ningiin suefio contiene mate- rial carente de significado: ‘Una mujer joven, interesada en los problemas de la interpretacién de los suefios, dice a su marido, durante el desayuno: Anoche cuve un suefio que demuestra que hay suefios sin significado. El suefio fue simplemente que ie veia sirvigndote fresas en el desayuno, Elesposo responde, riendo: —"Te olvidas, por lo visto, de que las fresas son la unica frura que no como. Evidentemente el sueiio esta muy lejos de carecer de sentido. La mujer oftece al esposo algo que ella sabe que no puede aceptar y que no le produce utilidad ni placer: ¢Indicaré el suevio que se trata de una person: dad frustrénea que se complace en dar precisamente EL ARTE DE LA INTERPRETACION DE LOS suEROS 171 aquello que es inaceptable? ¢Revelaré un conflicto profundamente arraigado en el matrimonio, ocasiona~ do por el cardcter de la mujer pero que es en ella com- pletamente inconsciente? ¢O seri el sueiio solamente lareaccién de la mujer ante una contrariedad ocasiona- da por el marido el dfa anterior, y la expresi6n de un cenojo pasajero del que se libra con la venganza conte- nida en el suefio? No podemos zesponder a estas pre- guntas sin poseer més datos acerca de la mujer y de su matrimonio, pero sabemos sin lugar a dudas que el suefio no carece de significado. El suefio siguiente es mas complicado, aunque no sea realmente dificil de entender: Un abogado, de veintiocho afios de edad, despierta y recuerda el siguiente suefio que luego refiere al ana- lis —Me he visto montando un caballo blanco, y pa~ sando revista a una gran cantidad de soldados. Todos me aclamaban estruendosamente. La primera pregunta que el analista formula al pa- ciente es més bien de carécter general. Qué se le ocusre? —Nada —responde el hombre—, Es un suefio dis- paratado. Usted sabe que no me gustan las guerras nilos ejércitos, y que no tengo ningtir. deseo de ser general. Luego agregé: —Tampoco me gusta ser el centro de la atencién general, ni que me miren, con o sin aclamaciones, miles 172 EL LENGUAJE OLVIDADO de soldados. Usted sabe, por lo que le conté, de mis problemas profesionales, lo molesto que me resulta defender un asunto en los tribunales, delante de todo el mundo. —Si, todo eso es muy cierto —responde el analis~ ta pero no suprime el hecho de que se trate de un Suefio suyo, de una trama que usted escribis y en la que se asigné un papel determinado. A pesar de todas sus evidentes contradicciones, el suefio debe tener algin sentido, debe significar algo. Comencemos con las ideas que pueda asociar al contenido del suefio. Con- céntrese en la escena del suefio, donde estén usted, el caballo blanco y las tropas que lo aclaman, y digame todo lo que se le ocurre al ver ese cuadro. —Escurioso, pero ahora veo un cuadro que me gus- taba mucho cuando tenfa catorce o quince afios. Era un cuadro de Napoleén en el que, por cierto, aparecta ca balgando al frente de sus tropas en un caballo blanco. Era muy parecido a la escena del sueio, solo que en el cuadro los soldados no lanzaban aclamaciones. —Ese recuerdo es ciertamente interesante. Digame algo més sobre la simpatfa que le tenia a la lamina y sobre su interés en Napoleén. —Podrfa decirle mucho, pero me resulta embara- zoso. Si, cuando tenia catorce 0 quince afios de edad era més bien timido. No era muy bueno para los de- Portes y tenia cierto miedo alos muchachos fuertes. Si, ahora recuerdo un incidente que me ocurrié en esa época, y que habia olvidado completamente. Uno de esos muchachos fuertes me gustaba mucho y queria EL ARTE DE LA INTERPRETACIGN DE Los suEfios 173 hacerme amigo suyo. Apenas si nos hablébamos, pero yo confiaba en que me cobraria simpatia cuando nos conociéramos mejor. Un dia me armé de valor, me acerqueé y le dije si queria venir a mi casa, que tenia un microscopio y podia mostrarle muchas cosas intere- santes. E] muchacho me mir6 un instante y luego se eché a reir, «;Maricén!», exclamé. «,Por qué no invitas alas amiguitas de tus hermanas?» »Me volvi y me alejé anegado en lagrimas. En aque- Ila €poca lefa avidamente todo lo que encontraba sobre Napoleén; juntaba laminas y me dejaba llevar por la ilusion de que algtin dia seria, como él, un famoso ge- neral admirado por todo el mundo. Napoleén también habia sido de baja estatura. Y de joven habia sido timi- do, como yo. ¢No podria llegar « ser como él? Pasaba muchas horas sofando despierto; rara vez pensaba en los medios concretos para lograrlo y casi siempre en el fin ya logrado. Yo era Napoledn, admirado, envidiado, y sin embargo magndnimo y dispuesto a perdonar a mis detractores. Cuando ingresé en el colegio, ya me habia olvidado de mi culto al héroe y de mis ensuefios napolednicos; y durante muchos afios no volvi a pen- sar en aquella época ni menos atin a hablar de ella con nadie. Incluso ahora mismo me resulta embarazoso hablar de eso con usted. —«Usted» lo olvid6, pero el otro usted, el que de- termina muchas de sus acciones y de sus sentimientos, a escondidas de su conocimiento diurno, sigue ansian- do ser famoso, admirado, poderoso. Ese otro usted es, el que se dej6 ofr anoche en el sueio; pero veamos aho- 174 BL LENGUAJE OLVIDADO, por qué lo hizo precisamente anoche. Digame qué sucedi6 ayer de importancia para usted. No sucedié nada; fueun dia como cualquier otro, Pui a la oficina,trabajé reuniendo antecedents legales Para un escrito, regresé a mi casa, cené, fui al cine y-a la vuelta me acosté. Eso fue todo, Todo eso no parece expli é plicarnos por qué cabalgé de noche en un corcel blanco. Cué ». Cuénte 6 ioe énteme lo que pasden ‘Ab, si, ahora recuerdo..! Pero no tiene nada que ver con el suefio... Selo diré, de todos modos... Cuando fui avera mi jefe, el socio principal de la firma, con el ‘material que habia estado reuniendo para él, descubrié que yo habta cometido un exror. Me dirigié una mirada de reprobacién y observé: «Estoy realmente sorpren- dido. {Lo creia mucho mas habi »Sufri una fuerte impresién; cref en aquel momens to que podia dar por perdidas las esperanzas de que més adelante mi jefe me incorporara a la firma como Socio. Pero luego me dije que era una tonteria, que cualquiera podfa equivocarse, que mi jefe habia estax 'o de mal humor y que el episodio no perjudicaria mi Porvenir. Por la tarde ya me habia olvidado del inci« lente. —~¢En qué estado de éni ¢En qué estado de dnimo se encontraba usted entonces? zEstaba nervioso, deprimid No, de ningiin modo. Al contrario, me sentfa cansado y sofiliento. No podia trabajar, y me alegré cuando liegé la hora de salida, —Elitktimo hecho importante de ese dia fue, por lo EL ARTE DE LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS 175 tanto, que vio una pelicula en el cine. ¢Podria decirme qué pelicula vio? —Si, vi Judrez, una pelicula que me gust6 mucho. En realidad, lloré bastante al verla. —En qué parte? imero durante la descripeién de la pobreza y los sufrimientos de Juarez, y luego cuando salié victo- rioso. No recuerdo ninguna pelicula que me haya con- movido tanto. —Luego se fue a dormir, y se vio en suefios monta- do enun corcel blanco y aclamado por las tropas. Aho- ra comprendemos un poco mejor por qué tuvo ese suefio, gno es asi? De nifio usted se sentia timido, tor- pe, rechazado. Sabemos, por nuestras conversaciones anteriores, que ese estado tenfa mucho que ver con su padre, que sabta enorgullecerse de sus triuinfos pero no sabia intimar y sentir afecto por usted (ya no hablemos de demostrarlo), ni tampoco animarlo. El incidente al que usted se refirié hoy, el rechazo del muchacho fuer- te, solo fue la gota final, por asi decir. Su amor propio ya estaba herido, y ese episodio afiadié un argumento més para convencerlo de que jams seria igual que su padre, que nunca llegaria a ser nada, que siempre seria rechazado por todos los que admiraba. ;Qué podia usted hacer? Se refugié en la fantasia, donde conseguia todo aquello que se sentia incapaz. de lograr en la vida real. Alli, en el mundo de la fantasia donde nadie podia entrar y nadie podia impugnarlo, usted era Napoledn, el gran héroe, admirado por millares de personas y; quizé lo més importante de todo, por usted mismo. 176 EL LENGUAJE OLVIDADO. Reteniendo esas fantas{as, estaba protegido de los a dos dolores que le ocasionaba su sentimiento de infe rioridad cuando estaba en contacto con la realidad ex- terior. Luego empez6 a ir al colegio, Dependia en menor escala de su padre, sentia cierta satisfaccién en los estudios, tenfa la impresién de que podia comenzar de nuevo, con mejores auspicios. Se sintié, ademas, avergonzado de sus ensuefios «infantiles», y los des« ech6; preveia que estaba en camino de ser un verdadero hombre... Pero, como hemos visto, su nueva confianza resulté un tanto ilusoria. Lo asaltaba un miedo terrible antes de cada examen; le parecfa que ninguna mucha- cha le haria caso mientras bubiese otro muchacho cer ca; temia siempre las criticas de su jefe. Y esto nos trae al dia del sueio. Lo que usted habia tratado de evitar con tanto empefio habia ocurrido: su jefe lo habia cen= surado. Usted comenzé a experimentar de nuevo el antiguo sentimiento de inferioridad, pero lo rechaz6; se sintié cansado en lugar de sentirse ansioso y triste. Vio entonces una pelicula que rozaba sus viejos ensue- ios, el héroe que se convierte en el admirado salvador de su pais después de haber sido un mozalbete despre- ciado e impotente. Usted se representé a si mismo, como habia hecho en la adolescencia, como un héroe admirado y aclamado. Ya ve usted que no habfa renun= ciado de veras al viejo recurso de refugiarse en fantasias de gloria; que no quems las naves que lo conducfan de vuelta al pais de la fantasia y que en cambio vuelve a él cada vez que la realidad lo desengafia y amenaza. Y vemos que, no obstante, ese mismo hecho es el que EL ARTE DE LA INTERPRETACION DE LOS SuENOS 177 contribuye a crear precisamente el peligro que usted teme, el de ser infantil, el de no ser adulto, el de no ser romado en serio por las personas mayores, y por usted mismo. Este suefio es muy simple, y por esta raz6n nos per~ mite estudiar los distintos elementos que son impor- tantes en el arte de la interpretacién onirica. gEste sue- fio es una realizaciGn de deseos o es una manifestacién de penetracién? La respuesta no puede ofrecer duda es la realizacién de un deseo irracional de fama y apre- cio que el sujeto concibié como reaccién contra los severos golpes que recibié su confianza en si mismo. La naturaleza irracional de ese deseo queda indicada por el hecho de que el sujetono haya elegido un simbo- lo que en la realidad pueda tener significado y ser ase- quible. E] hombre no tiene realmente interés en cues- tiones militares, y no hizo ni haria por cierto el mas minimo esfuerzo para llegar « ser general. El material del suefio procede de los ensuefios prematuros de un adolescente inseguro. Qué papel desempefian las asociaciones del sujeto en la comprensién del suefio? ¢Podriamos compren- derlo aun sin ellas? Los simbolos usados en el suefio son universales. El hombre montado en un caballo blanco y aclamado por las tropas es un simbolo univer- salmente entendido como expresién de esplendor, po- der, admiracién. (Universalmente, desde luego, en el sentido limitado de que es comin a ciertas culturas, pero no necesariamente a todas.) De sus asociaciones con respecto a su culto a Napoleén penetramos més 178 EL LENGUAJE OLVIDADO claramente en la naturaleza de su eleceién y en su fun- cién psicol6gica del simbolo elegido. Si no dispusiéra- mos de las asociaciones, solo podriamos sefialar en el sujeto una fantasia de fama y poder. Conecténdolo con su adoracién adolescente a Napoléon, comprendemos que el simbolismo del suefio es el resurgimiento de una antigua fantasia que tuvo la funcién de compensar un sentimiento de detrota e incapacidad. Reconocemos también la importancia de la co- nexién del suesio con las experiencias significativas ocurridas el dia anterior. El sujeto aleja consciente- mente de su memoria el sentimiento de desengafio y aprensién que le provoca la critica de su jefe. El suefio. os revela que la critica volvié a herirlo en su punto sensible, el miedo a la incapacidad y al fracaso, y re- abrié la vieja via de escape, el ensuefio de la fama. Este ensuefio siempre se conserv6 de modo latente, pero se hizo manifiesto, apareciendo en el suefio, solo a causa de un hecho ocurrido en la realidad. Casi no hay sue- os que no sean reacciones, a menudo demoradas, con- tra hechos significativos del dia anterior. En realidad, suele ser el suefio el que indica que un hecho, al que conscientemente no se le ha atribuido valor, era verda- deramente importante, y sefiala en qué consistia su im- portancia, Para comprender cabalmente un suciio, debe entenderse en funcidn de su reaccién a un episo- dio importante acaecido con antelacién al sueio. Encontramos aqui otra conexién més, aunque de diferente clase, con otra experiencia del dia anterior: la pelicula que contenia un material similar al de los sue- EL ARTE DE LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS 179 fios del sujeto. Es realmente atombrosa la forma con que el suefio logra entretejer distintos hilos en una mis- ma trama, ¢Habria tenido el sujeto ese suefio sino hu- biese visto la pelicula? Es imposible decirlo. Indu- dablemente el incidente del patrén y Ia fantasia de grandeza profundamente grabada en el énimo del suje- to podrfan haber sido suficientes para producir el sue- fio; pero quizé la pelicula haya sido necesaria para revi vir de manera tan articulada la fantasfa. Este punto no es importante aunque pudiera ser aclarado. Lo impor- tante es entender la textura del sueio en el que el pasa- do, el presente, el cardcter y el hecho real se encuentran entretejidos formando un disefio que nos dice mucho sobre los motivos de la persona que suefia, los peligros que debfa de conocer y los objetivos que debia de im- ponerse en sus esfuerzos para conquistar la felicidad. El siguiente es otro ejemplo de suefios que deben entenderse en el sentido freudiano de la realizacién de deseos. El sujeto, un hombre de treinta afios de edad, soltero, sufrié durante muchos afios de crueles ataques de angustia, un agobiador sertimiento de culpa y fan- tasias suicidas casi incesantes. Se sentia culpable por lo ue él llamaba su maldad, sus malos impulsos; se acu- saba de querer destruirlo todo y a todos, de querer matar nifios; y en sus fantas{as el suicidio parecia ser el nico medio para proteger al mundo de su perversa presencia y para expiar su maldad. Pero sus fantasias tenfan, ademés, otro aspecto: después de su sacrificio renacerfa en la persona de un hombre todopoderoso y amado, enormemente superior en poder, sabiduria 180 EL LENGUAJE OLVIDADO y bondad a todos los demés hombres. El suefio, que tuvo en los comienzos de la investigacién analitica, fue el siguien Subo una montaiia; a derecha e izquierda del cami- no yacen cuerpos de hombres muertos, Ni uno solo vivo. Al llegar a la cima encuentro sentada a mi madre; de pronto soy un nifio muy pequefio, sentado en el re- gazo de mi madre. El sujeto se despierta con un sentimiento de terror. En aquella época lo torturaba tanto la ansiedad que no pudo encontrar ninguna asociacién con ninguna parte del suefio, ni descubrir ningiin hecho especifico del dia anterior. Pero el significado del suefio es transparente si consideramos los pensamientos y las fantasias que el sujeto presentaba antes del momento del suefio. El pa- ciente era hijo primogénito y tenia un hermano un aio menor que él. El padre, un clérigo autoritario y rigido, queria muy poco a su hijo mayor; y a nadie, por otra parte. Su tinico contacto con el muchacho era para en- sefiarle, reprenderlo, retarlo, ridiculizarlo y castigarlo. El nifio le tenia tanto miedo que creia a su madre cuan- do le decia que, si no hubiers sido por ella, el padre lo habria matado. La madre era muy distinta del padre; una mujer patolégicamente posesiva, decepcionada con su matrimonio, sin interés en nada ni en nadie, sal- vo en la posesin de sus hijos. Pero se habia aferrado particularmente al mayor. Lo asustaba hablindole de fantasmas peligrosos, y Ie ofrecia luego ser su protecto- EL ARTE DE LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS 181 ra, diciéndole que rogaria por él, lo guiaria y lo haria fuerte, tanto que algtin dia serfa mas fuerte que su temi- do padre, Cuando nacié el hermanito menor, el mu- chacho sufrié visiblemente una gran perturbacién e in- tensos celos. Personalmente no conservaba ningtin recuerdo de ese perfodo, pero unos parientes suyos re- firieron que presentaba expresiones inequivocas de fuertes celos poco después del nacimiento del hermano. Esos celos no se habrian desarrollado hasta alcan- zar las peligrosas dimensiones que tuvieron dos o tres afios més tarde si no hubiese sido por la actitud del pa- dre, que eligié al nuevo nifio para hacerlo su preferido. El motivo nolo sabemos; quiza por el notable parecido fisico que tenia con dl, o tal vez porque su mujer seguia preocupndose por su favorito. Cuando nuestro pa- ciente tenfa cuatro 0 cinco aos de edad, la sivalidad entre los dos hermanos estaba en pleno desarrollo y aumentaba de afio en aiio. El antagonismo de los pa- dres se reflejaba y realizaba en el antagonismo de los dos hermanos, A esa edad ya estaban puestos los ci- mientos de la grave neurosis que luego tendrfa nuestro paciente: intensa hostilidad hacia el hermano, apasio- nado deseo de probar que era superior a él, intenso miedo al padre, sumamente inczementado por el senti- miento de culpabilidad derivado de su odio al hermano y elsecreto deseo de ser con el tiempo més fuerte que el padre, Este sentimiento de ansiedad, culpa e incapa- cidad era alimentado por la madre. Como ya hemos dicho, la mujer le infundia cada vez mayores temores. Pero le ofrecia al mismo tiempo una seductora solt- 182 EL LENGUAJE OLVIDADO. ci6n: si seguia siendo su nifio, poseido por ella y sin ningiin otco interés, lo haria grande, superior a su odia= do rival. Esa fue la base de sus ensuefios de grandeza y del lazo que lo mantenfa estrechamente ligado a la max dre, en un estado de dependencia infantil y de negativa a aceptar su papel de hombre adulto. Con esos antecedentes el suefio se entiende facil- mente. , se retine con su madre, es su nifio, recibe su fuerza y su proteccién. Todos los rivales han quedado suprimidos; él esté solo con ella, libre, sin ningiin mo- tivo para sentir miedo, Sin embargo, se despierta con un sentimiento de terror. E! mismo cumplimiento de sus deseos irracionales constituye una amenaza a su personalidad adulta, racional, que lucha por conseguir salud y felicidad. Bl precio de la satisfacciGn de los de- seos infantiles es el de seguir siendo un nifio, atado irremediablemente a su madre, dependiente de ella y sin que le sea permitido pensar por s{ mismo y amar a nadie més. El cumplimiento de sus deseos resulta ate- srorizador. La diferencia entre este suefio y el anterior es consi- derable en un aspecto. El primer sujeto es un hombre EL ARTE DE LA INTERPRETACION DE Los suuRos 183 timido, inhibido; experimenta en la vida dificultades que impiden su felicidad y lo debilitan. Un incidente insignificante, como el de la observacidn de su jefe, lo hiere profundamente y lo hace retroceder a sus ensue- fos primitivos. En general funciona normalmente, y hace falta un incidente de esa clase para ponerlo en co- nocimiento, en suefios, de sus fantasias de grandeza. El segundo sujeto esta més enfermo. Toda su vida, dur- miente o despierta, se encuentia afectada por obsesio- nes de miedo, culpa y una intensa ansiedad por volver a su madre. No hubo necesidad de que se produjera ningtin incidente particular para que tuviera el suefio; cualquier hecho hubiera servido para provocarlo, por- que el hombre vivia su existencia no en funcién de la realidad sino a la luz de sus primeras experiencias. En otros aspectos los dos suefios son similares. Ambos representan el cumplimiento de deseos irracio- nales, procedentes de la infancia; el primero produce satisfaccién por la compatibilidad del deseo con obje~ tivos adultos convencionales (poder, prestigio), el se- gundo produce ansiedad por s1 misma incompatibili- dad con cualquier forma de vida adulta. Ambos suefios se expresan en simbolos universales y pueden ser com- prendidos sin asociaciones, aunque, pata entender ca- balmente el significado de cada suefio, nos es preciso conocer algunos detalles de la historia personal del su- jeto. Pero aunque no conociéramos ninguno, de igual modo habriamos podido obtener por medio de los suefios alguna idea sobre el caricter de los sujetos. Veamos ahora dos suefios breves, cuyo texto ¢s si- 184 EL LENGUAJE OLVIDADO milar pero cuyo significado es distinto. Ambos son suefios de un joven homosexual. He aqui el primero Me veo con una pistola en la mano. Tiene el cafién extraordinariamente largo. Y el segundo: Tengo en la mano ua palo negro y grueso. Experi- mento la impresién de que hubiese estado golpeando a alguien. Sin embargo, no hay nadie més en el suefio. Siguiendo la teoria de Freud, hubiéramos supuesto que ambos suefios expresan un deseo homosexual, simbolizando el genital masculino en un suefio la pis- tola y en el otro el palo. Al preguntar al paciente si recordaba algo de los acontecimientos de los dias ante- lores a cada suefio, respectivamente, explicé dos he- chos completamente diferentes. La tarde anterior al suefio de la pistola habia visto a otro joven y habia sentido un intenso impulso sexual. Antes de dormirse habfa imaginado fantas{as sexuales que tenfan a aquel joven como objeto. La investigacién del otro sueiio, aproximadamente dos meses més tarde, ocasion6 una asociacién més bien diferente. El sujeto habia estado furioso contra un pro~ fesor del colegio porque juzgaba que lo habia tratado arbitrariamente, El paciente era demasiado timido para decir nada al referido profesor, pero imagin6 contra él una minuciosa venganza antes de irse a dormix, mo- EL ARTE DE LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS 185 mentos que solia dedicar frecuentemente a fancasear. Our asociaci6n que surgié con relacién al palo fue el recuerdo de un maestro que tuyo a los diez afios de edad y por quien sentia una total antipatia, y que una vez habia azotado a otro alumno con un palo. Nuestro paciente siempre habia tenido miedo a aquel maestro, y el miedo le habia impedido manifestar su ira. ¢ Qué significaba el simbolo del palo en el segundo sueiio? Era un simbolo sexua’, como el otro? ¢Expre- saba el suefio un recéndito deseo sexual, cuyo objeto era el profesor del colegio y quiz, en su infancia, el odiado maestro? Si suponemos que los acontecimien- tos del dia anterior, y especialmente el estado de dnimo del sujeto, son rastros importantes para descubrir el simbolismo del sueio, traducitemos entonces los sim- bolos de manera diferente, pese a su aparente similitud. El primer suefio se produjo después de un dia en que el sujeto tuvo fantasias sexuales, y la pistola con el cafién alargado debe suponerse que simboliza al pene. ¥ noes accidental que el érgano sexual esté representa- do por un arma, Esta ecuacién simbélica indica algo importante sobre las fuerzas psiquicas que sustentan los anhelos homosexuales del sujeto. Para él, la sexua- lidad no es una expresién de amor, sino un deseo de dominio y destruccién. El sujeto, por razones que no hace falta exponer aqui, siempre temié no poder desen- volverse adecuadamente como var6n. Primero, senti- mientos de culpa por la masturbacién y temor de per- judicar de ese modo los érganos sexuales; luego, miedo porque su pene era de tamaiio inferior al de otros mu- 186 EL LENGUAJE OLVIDADO chachos y una intensa envidia alos hombres, se combi naron en tn deseo de intimidad con los hombres en la que pudiera demostrar su superioridad y usar su 6rga~ no sexual como un arma poderosa. E] segundo suefio tiene un fondo emocional com= pletamente diferente. Allf el sujeto estaba irritado cuando se durmié y se hallaba inhibido para expresar su enojo. Su inhibicin incluso le impidié expresarlo en el suefio directamente sofiando que golpeaba al pro- fesor con el palo; solo sofié que tenia el palo en la mano y sentia la impresién de haber castigado a «alguien». La eleccién del palo como simbolo de la célera fue deter minada por su antigua experiencia con el odiado maes- tro que habfa azotado al otro alumno. El enojo actual contra el profesor se mezel6 con el anterior enojo con tra el maestro de escuela. Los dos sueiios son intere- santes porque ilustran el principio de que hay simbo- los similares que pueden tener distinto significado, y de que la interpretacién correcta depende del esta- do de animo que predomina en el sujeto antes de que se duerma y que prosigue ejerciendo su influencia du- rante el suefio. A continuacién veremos un suefio breve que tam- bign representa la satisfaccién de un deseo irracional Y que contrasta completamente con los sentimientos de que tiene conocimiento el sujeto. El sujeto es un joven inteligente que se presenté para someterse al tratamiento analitico debido a un sentimiento més bien vago de depresién, aunque es un hombre «normals, si se entiende la palabra «norma- EL ARTE DE LA INTERPRETACION DE Los SUENOS 187 lidad» en un sentido superficial, convencional. El pa- ciente habia terminado sus estudios dos afios antes de comenzar el andlisis, y desde entonces trabajaba en un puesto que correspondia a sus intereses y era conve- niente en cuanto a las condiciones de trabajo, el sueldo, etcétera. Era considerado un buen empleado, y hasta excelente. Pero ese cuadro externo era engafioso. El joven experimentaba un constante sentimiento de in- quietud, tenia la impresién de que no desempefiaba sus tareas todo lo bien que podria (Jo cual era cierto), se sentia deprimido a pesar de su aparente éxito, Eran particularmente penosas para él sus relaciones con su patrén, que tendia a ser un tanto autoritario, aunque dentro de limites razonables. El paciente oscilaba entre actitudes de rebeldia y actitudes de sometimiento. A menudo tenia la impresién de que se le formulaban exigencias injustas aun cuando no era asf; en esos casos tendfa a ponerse triste o a discutir. A veces cometia errores sin saberlo en la ejecucién de esos «trabajos forzados». Por otra parte, era cortés hasta el exceso, casi sumiso con su patrén y otras personas con autori- dad; en completo contraste con su actitud de rebeldia, admiraba enormemente a su jefe y se sentia desmedi: damente contento cuando este lo clogiaba. La constan- tealternancia de esas dos actitudes provocaba una ver- dadera tensi6n y agravaba el estado deprimido de su Animo. Debemos afiadir que el paciente, que habia lle- gado de Alemania después de la subida de Hitler al poder, era un ardiente antinazi no solo en el sentido convencional de sustentar una