Está en la página 1de 141
Pasquale Villani ‘ a edad contemporanea, 1800-1914 Editorial Arid, S.A Barcelona Diseio cube: Nacho Soriano “Tilo original Let contemporanen ‘Traduccin de ‘SALVADOR DEL CARL 1 edict: febrero 1996 1relmpresi6n: septembre 1999 {© 1983, 1993 by Societh Esitrice It Mulino, Bologea (Italy) Derechos exclusives de edicin en espatol resesados para tod0e! mundo Y propiedad ea traduccié: G 1986 y 1999; Editorial Ariel, S.A. (Coreege, 270 - 08008 Barcelona ISBN: 84344-6581 Depssito legal: B. 37.228 - 1999 Impreso en Espaia Ningna pre ea pba eid eh io AES, pede wr reproduc alacenada tans ‘aitaners sgt a por saga medio, ya sex cto (uimic, wacinin, pice de prabaién ode fsneor 8, “Enema previ de dtr INTRODUCCION EL MUNDO CONTEMPORANEO Este volumen trata de la historia contemporanea prestando espe~ cial atencién a la historia europea. Existen algunos problemas preliminares para fijar el periodo que abarca la Edad Contemporanea. Aun cuando se haya determinado una fecha a quo —y la cuestién esta lejos de estar asentada— es sin duda imposible fijar un limite claro ad quem que no sea la expresién gené- rica hasta nuestros dtas: un Iimite no sélo poco preciso, sino extrema- damente mévil, que cambia aflo a afo, si no dia a dia. Si esta ausencia de un final datable con seguridad, del que parecen beneficiarse otros perfodes histéricos, establece realmente una dife- rencia apreciable, podria ser el primer cardcter distintivo de la histo- ria contempordnea. Y lo es en cierta medida. Aun en las otftsredades, en las que se suele distinguir y dividir el continu historico (Bdades Antigua, Medievo, Edad Moderna), los Ifmites de los periodos siempre son motivo de discusiones y pueden variar notablemente segtin los problemas que se consideren, Sin embargo, la fecha que convencio- nalmente cierra un periodo, al mismo tiempo abre otro que ya es pa- sado, que ya es historia... En la Edad Contemporanea no es tanto la movilidad 0 la indeterminacién respecto del perfodo anterior lo que hace la diferencia, sino la singvlaridad de terminar en el presente y de abrirse al futuro, o sea, a lo desconocido. Pero no hay.que olvidar que las raices de ese futuro se hunden en el pasado ¥, par ello;restablecen sa relacién presente-pasado-futuro que es la fuente inagotable del co- nocimiento y de la investigaci6n historica, Tal vez.aigin ejemplo podra aclarar mejor estas consideraciones y, también, llegar al fondo de los hechos y los problemas que luego de- ‘bern ser examinados més analiticamente. En la discutida cuestion de los orfgenes de la historia cohtempo- rénea hay que considesar si, mas que de esta o aquella fecha (tradi- cionalmente se mencionan los aitos 1815 0 1870), se debe hablar de 8 LA EDAD CONTEMPORANEA, 1800-1914 dos procesos: la Revolucién industrial y la Revolucién francesa. Es ne- cesario ser muy conscientes de que ambos procesos, profundamente arraigados en lo que suele llamarse la Edad Moderna, tienen segura- mente origen en el siglo xvin. Pero serfa una pretension excesiva pre- tender incluir ese siglo en la Edad Contemporanea. Por otra parte, es evidente que el impulso de ambas revoluciones, si indudablemente cierran el siglo xvmt y se vinculan por miiltiples as- pectos a precedentes més lefanos, marcan en mayor medida un corte Con el pasado, a menudo desgarrador y profundo, e inician nuevos procesos que se desarrollarén y articularén como objeto de la historia contemporanea. Como todos los acontecimientos de relevancia histé- rica, tienen dos caras: una que mira al pasado y otra al porvenir. Este ejemplo puede insinuar qué dificil es trazar una clara linea divisoria entre una edad y otra, pero no deja dudas sobre el carécter de hitos entre periodos que caracteriza a la Revolucién francesa y al proceso de industrializacién. En cuanto al final de la Edad Contemporinea, el nico rostro que se alcanza a ver es el que mira al pasado. Sin embargo, es todavia mas fuerte la sensacién, 0 la convicci6n, de que en los iltimos afios, y s0- bre todo desde 1989, se ha cerrado un perfodo y se abre otro cuyos signos de inestabilidad y de incertidumbre son evidentes. Aconteci- mientos muy recientes, que no sin razén se definen frecuentemente de revolucionarios, terminan claramente con el orden politico y territo- ial que las grandes potencias vencedoras habfan dado a Europa y al mundo después de la segunda guerra mundial. El desmembramiento de la Unién Soviética abre un proceso todavia mas profundo cuyo de- sarrollo es imprevisible. Al final de la segunda guerra mundial se ha- bia establecido un equilibrio fundado en el terror atémico pero so- cialmente estable. Con el final del «socialismo real», la reunificaci6n ‘alemana y la caida de la URSS, ha terminado también la estabilidad relativa, consolidada en los afios cincuenta —aunque conviene recor- dar que ese periodo, que hoy nos parece relativamente estable, fue considerado por muchos como la edad de la ircertidumbre— y las con- ‘secuencias son insospechadas. Se ha roto el equilibrio mantenido has- ta la mitad de los afios ochenta, y no a causa de una guerra, sino por el derrumbe de los regimenes del «socialismo real» en la Uni6n So- viética y en los paises de la Europa oriental, De ello habré que hablar mas detenidamente. Aqui interesa destacar cémo el presente se asoma ‘un futuro incierto cuyas raices se hunden en el pasado, en la histo~ ia; como sucede con la cuestién alemana, el renacer de las diferen- cias étnicas y nacionales y los grandes problemas de la organiza de la economia y del Estado. Por Io tanto, la historia contempordnea se cierra sobre un panorama del que sélo es posible avanzar conjetu- EL MUNDO CONTEMPORANEO 9 ras fundadas en pasadas experiencias pero, por cierto, no se puede an- ticipar su desarrollo real. Una vision sumaria de la historia de los tltimos doscientos aitos aparece fuertemente caracterizada por la transferencia masiva de la agricultura a la industria y los servicios de la poblacién activa y de la base productiva en Buropa y en los paises més desatrollados eco- nomicamente. Para referirse al proceso de industrializacién se em- plean a menudo los conceptos y las expresiones «producci6n» y «si tema productivo». Se trata de conceptos econémicos. El aumento y la dismistucién de Ia produccién pueden enun: tativos, en medidas estadisticas, Cuando en verdad hablamos de sistema productivo, nos referimos ‘a una realidad més compleja, en la que el componente puramente econémico es importante, por cierto, pero que también implica la or- ganizacién del trabajo y las relaciones sociales, de manera que abarca todos los aspectos, materiales y culturales, de la vida humana. Varios aspectos se retinen en las motivaciones y la realizacién de los actos humanos; el hombre, aunque lo haga en distintos niveles de conoci- miento, piensa y actéa como una unidad orgdnica. Pero, cuando ana- lizamos la organizacién de la sociedad en su devenir hist6rico, aun sin olvidar la fundamental unidad del individuo, debemos distinguir no sélo por razones didécticas, sino también por exigencias de claridad y de anilisis cientifico, las instituciones juridico-formales (por ejemplo, el Estado y sus distintas articulaciones), la lucha por la conquista y la administracién del poder, las relaciones internacionales, las activida- des econémicas y las inelinaciones religiosas y culturales. En el marco de estas distinciones, mientras la sublevacién de las colonias americanas y el nacimiento de Estados Unidos, y atin més, la Revolucién francesa, llevan al primer plano facetas politicas e institu- cionales, no se puede dejar de subrayar los aspectos econémicos y tec- nolégicos de la Revolucién industrial. Ello no significa que la Revolu- cién francesa tenga también importantes repercusiones econémicas, 0 que la Revolucién industrial no tenga importantisimas consecuencias politicas, y que ambos procesos no incidan profundamente en el teji- do sociocultural. En el plano ideol6gico, politico e institucional, se han desarrollado proyectos, realizaciones, polémicas y conllictos —a veces a través de Tupturas revolucionarias y choques armados— en torno a los temas del liberalismo, de la democracia y del socialismo; en torno a la cons- truccién y la evolucién de los regimenes politicos, a la formacién de los Estados nacionales, a la rivalidad nacionalista € imperialista. En estos breves indicios asoma ya la importancia fundamental que han tenido en la historia contemporénea la difusi6n de fa industriali- 10 LA EDAD CONTEMPORANEA, 1800-1914 zacién y la herencia de la Revolucién francesa. Un papel atin mas des- tacado ha cumplido en los diltimos ciento cincuenta afios el entreteji- do de relaciones entre aspectos econémicos, politicos y sociales, que ha llevado de la sociedad aristocrética del Antiguo Régimen a la so- ciedad de masas y sus manifestaciones. Con propésitos de aprendizaje y didcticos, se proponen dos perfo- dos para dividir el tiempo transcurrido desde comienzos del siglo xn hasta 1914, afios de los que trata este libro: 1800-1871 y 1871-1914. (En otros volimenes nos ocuparemos de dos perfodos més: 1914-1945 y 1945-1992.) Como toda separacién en periodos, se trata de una division cOmo- da para la que, sin embargo, no es dificil encontrar razones plausibles que, esperamos, aparezcan en el curso de la narracién, Dentro de cada perfodo, ademas, es posible, y acaso necesario, hacer distinciones y posteriores variantes. Sobre todo conviene observar que algunos de los limites cronolégicos seftalados para algunos aspectos y fenémenos son absolutamente insuficientes. Valga para ellos lo que se ha dicho bre- vemente de la Revolucién industrial y la Revolucién francesa. Quizé convenga en la historia contempordniea dar a los «acontecimientos» mayor espacio del que ocupan en edades més lejanas, pero no se pue- de olvidar la enseftanza de la historiografia de grandes ciclos. Ella con- tribuye a romper esquemas tradicionalmente demasiado anclados en ciertos acontecimientos en particular y, sobre todo, llama la atencién sobre tendencias seculares y ciclos de mayor o menor extensién que son instrumentos indispensables para la historia econémica y cuanti tativa y para el andlisis de sistemas juridicos o estructuras antropolé: icas. De cada perfodo se pueden considerar aspectos propios y particu- lares, rupruras y cambios que lo diferencian de los demés, o bien sub- rayar tiempos més extensos, permanencias, entretejidos que estable- cen una linea de continuidad. Proceder de esta manera implica la comparacién y la confrontacién. A la determinacién de coordenadas temporales, cronolégicas, debe corresponder la indicacién de coordenadas espaciales, geogrdlicas. Ni unas, ni otras son absolutas aunque marcan ritmos y limites que con- tribuyen a definir un contexto. También las coordenadas espaciales —quiza conviene recordarlo porque a menudo se les presta poca aten- cién— cambian con el tiempo. Y justamente del anélisis de estas coordenadas deriva otra de las caracteristicas distintivas que se puede atribuir a la Edad Contempordnea y que se afirma todavia més a par- tir de los tiltimos afios de! siglo xix: la interdependencia mundial, Durante cierto perfodo —con mayor empuje y evidencia entre 1870 ¥ 1914, como se vera— los paises fuleron protagonistas de una expan- EL. MUNDO CONTEMPORANEO u sién mundial acompafiada por el éxito de la economia industrial y ca- pitalista y por la difusi6n, 0 el intento de imposicién, de modelos po- liticos y culturales. No hay que olvidar, sin embargo, que la expansion curopea tenfa precedentes antiguos y que, al menos desde el siglo xvi, las relaciones con América y Asia habjan contribuido a extender y re- forzar el comercio internacional y las transacciones financieras, com- ponentes esenciales del nuevo capitalism. Pero, entre el final del siglo xvm y las primeras décadas del x1x apa- recen ntievos elementos que modifican el anterior marco de relaciones iternacionales y los equilibrios politicos y econémicos. La fundacién de los Estados Unidos de América, las conmociones provocadas en Europa por la Revolucién francesa, las guerras y la dominacién na- polednica, el dominio de los mares y del gran comercio internacional consolidado en manos inglesas y reforzado por el proceso contempo- rineo de industrializacién, la discusion y experimentacién de nuevos modelos politicos y constitucionales, la nueva idea de naci6n, el prin- cipio de Ia soberania nacional y popular, son componentes y factores del nuevo marco. Las distintas fases de la Revolucién francesa —el intento de ins- taurar una monarquia constitucfonal basada en la soberanfa popular y en la declaracién universal de los derechos del hombre y del citida- ‘ano, la guerra patriética, la movilizacién popular y nacional, la re- piiblica y el terror, la reaccién de Termidor, la oscilante politica del Di- rectorio, el golpe de Estado de Napoleén— acumulan un patrimonio de experiencias politicas y sociales del que se alimentan, aunque sea a beneficio de inventario, todos los paises de Europa y aun de otros continentes. En cuanto a la industrializacién, sobre todo en Inglaterra, pero no sélo allf, se convierte durante el mismo perfodo en un laboratorio y un modelo, al que algunos observan con temor o francamente con horror, y otros, con admiracién y esperanza. Crece la confianza en que las in- novaciones tecnolégicas, el uso y el perieccionamiento de las maqui- nas, puedan no s6lo aumentar los beneficios de los empresarios, sino también mejorar las condiciones de vida de la humanidad. Se inau- gura la «era del progreso», marcada contradictoriamente por prejui- cios raciales y voluntad de dominio o por las ilusiones pacifistas y so- cialistas que se rompen en el choque contra la realidad de conflictos sanguinarios y, luego, del «socialismo real». Mas alld de los temores y de las esperanzas, la nueva economfa capitalista e industrial muestra un poder de penetracién que impulsa con fuerza la «cuestidn social», aun en aquellos lugares donde tardard en afirmarse, con las formas que més habfan despertado la fantasfa y la imaginacién de los con- tempordneos (grandes fébricas, conceniraciones obreras y urbanas, 2 LA EDAD CONTEMPORANEA, 1800-1914 construcciones ferroviarias). Las condiciones de vida y de trabajo de Ja poblacién de un sector cada vez mas amplio del mundo serén pro- fundamente modificadas, el sistema de comunicaciones y la informa- cién adquiriran un protagonismo creciente; se afirmaran los regime- nes, los partidos y el consumo masivo; pero en la bisqueda de nuevos equilibrios y valores renacerin frecuentemente sentimientos y pasio- nes que parecen obedecer a antiguos enconos y temores, a primarias solidaridades étnicas y a fanatismos religiosos. Mientras los progresos de las comunicaciones y de la tecnologia vuelven cada vez. mas pe- quefio al mundo, a veces se tiene Ja impresién de que aumenta Ia dis- tancia entre los hombres. El curso de los acontecimientos contempo- réneos confirma que la historia no sélo no ha terminado, sino més bien, en vez de reducirse a un proceso de racionalizacién, replantea interrogantes sobre la naturaleza del hombre y la convivencia social. PRIMERA PARTE, 1800-1871 PREMISA VISION PANORAMICA La primera parte de este volumen abarca un amplio segmento cro- nol6gico que va desde el final del siglo xvi hasta 1871, y parte de la Revolucién francesa y la Revolucion industrial para llegar al nuevo or- den internacional y politico establecido en Europa con la constitueién de dos nuevos estados nacionales: Italia y Alemania. Es un lango perfodo que no es facil dibujar con tina linea sintética y unitaria, aun cuando no hayan faltado propuestas para definirlo, como «el triunfo de la burguesia» o «la formacién de los estados na- cionales». Ultimamente, retomando viejas tesis, se ha subrayado mas Ia permanencia de muchos aspectos del Antiguo Régimen hasta el fi nal de la primera guerra mundial, que el nacimiento y la maduracién de nuevas circunstancias, En una primera y répida mirada nos ajustaremos a Ia divisién que hemos adoptado. organizaudo la narracién en tres grandes capitulos. Para respetar exigencias didacticas, el planteamiento también atri- buye un peso importante a los tradicionales cortes cronolégicos. El primer capitulo, que cubre grosso modo los afios que transcurren en- tre 1800 y 1815, se desarrolla alrededor de dos temas: la Revolucién industrial inglesa y la politica interna y europea de Napoleén. Una época de guerras y de cambios econémicos y sociales. Gran Breiana, potencia naval y comercial y, en el futuro, cada vez mas moderna~ mente industrial, sale victoriosa del conflicto que la enfrenta a Fran- cia y que durante algunos afios se concentra en el ebloqueo continen- tale. Consigue una primacia mundial que seré absolutamente eviden- te a partir de los afios treinta y cuarenta del siglo x1x, coincidiendo con el final del primer ciclo de la industrializacién y con la politica del «