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Declaración de académicos y académicas puertorriqueños en

Estados Unidos

Es con atención extrema y honda preocupación que un número de


académicos y
académicas puertorriqueños en los Estados Unidos hemos venido
siguiendo el desarrollo de los actuales conflictos de la Universidad de Puerto
Rico. Las dificultades por llegar a un acuerdo satisfactorio entre las
demandas del movimiento estudiantil y la alta dirección universitaria han
resultado a esta fecha en la declaración de una huelga indefinida por parte
del estudiantado en casi todos los recintos del sistema, en el cierre del
Recinto de Río Piedras hasta el 31 de julio—a instancias de su rectora
interina, la profesora Ana Guadalupe, con la aprobación de la Junta de
Síndicos—y en el despliegue ostentoso, desproporcionado y amenazante de
efectivos policíacos y de la Fuerza de Choque en el perímetro del campus
riopedrense, actualmente ocupado por estudiantes. A un día de
ratificado el voto de huelga en la asamblea estudiantil del 13 de mayo
pasado, el
superintendente de la policía, el señor José Figueroa Sancha (con la
venia de las autoridades universitarias), emitió una orden prohibiendo la
entrada
de víveres y agua al Recinto de Río Piedras, contraviniendo con ello los más
básicos principios de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que en
su expresión de los acuerdos de Ginebra hace del negar alimento y agua a un
antagonista, aún en
situaciones de guerra, un crimen de lesa humanidad. En este panorama
desalentador no pueden sino incubarse situaciones de violencia
potencialmente aún más graves, para no mencionar la continua y vergonzosa
denigración de la civilidad. Es por ello que urgimos de la administración
universitaria el reinicio sin dilación de las negociaciones con el Comité
Negociador Nacional de Estudiantes, el cese inmediato de la militarización del
Recinto de Río Piedras y la conducción del conflicto dentro de los más
estrictos términos de respeto a los derechos civiles y humanos.

Tres demandas se destacan en particular de la huelga estudiantil: 1)


la derogación de la certificación 98 (que elimina las exenciones de matrícula
para
los estudiantes de honor y los/as atletas, así como para los recipientes de las
becas
federales Pell), 2) la exigencia de que no se reduzca el presupuesto estatal
asignado a la universidad, según ha sido proyectado para el próximo año
fiscal por la legislatura y la administración del
gobernador Luis Fortuño, y 3) el que se abran los libros de la contabilidad de
la
institución para que la comunidad universitaria pueda iniciar un debate
público bien informado sobre su realidad fiscal y los modos alternativos para
paliar la crisis económica por la que atraviesa, y que entre otras cosas
incluye un
monumental déficit que, según diversos cálculos, oscila entre los 130 y los
200 millones de dólares. No obstante, en su raíz, estos reclamos expresan
otra serie de cuestiones más profundas y trascendentales que competen al
futuro de la educación superior pública en Puerto Rico, a las problemáticas
del autogobierno y la autonomía universitaria y a las relaciones entre
ciudadanía, democracia y educación, con las que los abajo firmantes nos
identificamos
tanto como puertorriqueños/as (muchos de nosotros/as egresados/as de
la Universidad de Puerto Rico) como en tanto académicos/as miembros de
una comunidad intelectual internacional.

La actual crisis económica global le presenta retos inmensos a prácticamente


todas las sociedades del planeta. Cómo afrontarla sin socavar los
fundamentos de la democracia, de los cuales el derecho a la educación es
puntal, es
asunto que merecería un primer orden de reflexión al momento de revisar la
necesidad de ajustes presupuestarios por parte del Estado. Es ésta una de las
consideraciones centrales que subyace las propuestas del movimiento
estudiantil universitario. “La educación es un derecho, no un privilegio” en
manera alguna es una consigna hueca o autoindulgente. El acceso libre y
amplio a la educación en colectividades democrático-liberales modernas
como la nuestra es clave tanto para el funcionamiento de la estructura socio-
económica misma como para el ejercicio efectivo de la democracia y los
derechos ciudadanos. No hay sociedad moderna sin cuadros profesionales
debidamente educados que la sostengan y administren
y sin creadores capaces de imaginar nuevos espacios y modalidades para la
vida
económica y cultural. Y no hay intervención ciudadana democráticamente
efectiva sin el desarrollo de un pensamiento y una sensibilidad críticos y
creativos
que nos ayude a debatir de forma sustancial las realidades del país y sus
posibilidades. De modo que, contrario a lo señalado incorrectamente por el
gobernador Luis Fortuño en su mensaje a la legislatura del pasado 26 de
abril, el ser estudiante de un sistema de educación pública, lejos de ser un
privilegio, es una instancia formativa socialmente necesaria para el
sostenimiento de una sociedad verdaderamente ágil y democrática. El
pensamiento autoritario teme al pensamiento crítico y pretende erosionarlo;
sólo la mediocridad
conformista teme a los riesgos de una disposición creativa ampliamente
diseminada.
Es con gran preocupación que desde la distancia hemos estado observando,
a lo
largo ya de varias décadas y diversas administraciones gubernamentales, la
progresiva erosión de los fundamentos y posibilidades de una educación
pública en
nuestro país. Esto es: la erosión de una educación dirigida a la
democratización de
las potencialidades sociales y de las capacidades críticas que ella incita, y no
sujeta a
la lógica de la ganancia o a las restricciones propias de la iniciativa privada.
El primer frente de ataque para esta erosión lo ha sido la educación pública a
los niveles elementales, intermedios y de escuela superior. Las escuelas
públicas puertorriqueñas se encuentran en un estado absolutamente
lamentable. Mal subvencionadas (por la desidia deliberada y el desprecio de
una clase política hostil a ella), con planteles deteriorados y recursos
insuficientes, pobladas por la desmoralización de un sector magisterial
malpagado y poco valorado, el
ataque contra la educación pública no ha comenzado con los actuales, y de
ninguna
manera nuevos, intentos por debilitar a la UPR. Este es sólo su
corolario. No obstante, y a contracorriente, la universidad pública queda aún
como uno de los pocos focos de esperanza para el presente y el porvenir de
nuestro país. Es aún un lugar en donde el o la estudiante de escuela pública
de una familia de bajos recursos (un 60% del total de la población estudiantil
del sistema proviene de familias con ingresos de menos de $30,000 al año)
puede, a pesar de las limitaciones de su formación, llegar a forjarse un mejor
futuro personal y de aporte social así como una distinta y más rica posibilidad
de ser. Quien ha pasado por la Universidad de Puerto Rico no puede dejar de
amar sus promesas y lo que nos ha dado. Recortar el presupuesto de la UPR,
del primer centro docente de nuestro país, sin explorar otras alternativas es
el camino más rápido para debilitar un proyecto absolutamente necesario
para nuestra democracia y existencia social, asentado en una tradición de
prácticas y luchas de libertad crítica insustituíbles que ya datan de más de un
siglo. No es una institución prescindible o reemplazable. Es el lugar en donde
generaciones de puertorriqueños/as han aprendido a pensar y sobre el que
se levantaron los impulsos decisivos de nuestra modernidad. Entonces,
defender la
educación pública es, en su sentido más profundo, una defensa de nuestra
democracia, aún con sus muchísimas imperfecciones, pero también, y tal vez
más importante, de su devenir siempre perfectible.

Nada ha atentado más contra la vida universitaria que su ya larga sujeción a


las
veleidades de la política partidista del país. Distinto a tantos lugares del
mundo en donde los nombramientos de las altas autoridades universitarias
se fundamentan en criterios autónomos de mérito académico, talento
administrativo y experiencia
institucional, en Puerto Rico estos puestos han sido concebidos como una
suerte de
remuneración personal para aquellos que han demostrado su lealtad al
partido de turno en el poder. Son criterios políticos y no académicos los que
han tendido a primar a la hora de hacer estos nombramientos, y sólo la
universidad misma y el país han sufrido las consecuencias de una práctica
tan extraviada y que de forma tan contundente sigue socavando los
principios de la autonomía universitaria. Consterna, desde nuestra
perspectiva exterior, ver cómo, con demasiada frecuencia, el alto liderato
universitario carece de la proyección intelectual necesaria para legitimarse
como autoridades de una institución académica. Y también perturba que las
figuras que con mayor excelencia y creatividad han contribuido a la
producción del saber en nuestros centros docentes tan a menudo ocupen
lugares
secundarios en su dirección.

Es éste un problema medular que la actual situación de la UPR ha vuelto a


poner
sobre el tapete. La intransigencia de la presente administración universitaria,
su negación a la negociación sostenida y paciente, no se adecúa al espíritu
de
deliberación ponderada propio de un ethos académico sino de la
instrumentalización rápida, y sin demasiado espacio para el disenso, de un
designio político. ¿Por qué la rectora de Río Piedras, así como los rectores de
los otros recintos, no han convocado aún a sus senados académicos o a
reuniones del claustro para reflexionar, debatir y buscar posibles alternativas
al actual conflicto? Los profesores universitarios, muchos de los cuales se han
mobilizado en defensa de sus estudiantes, vigilando los portones, listos a
mediar en cualquier situación potencialmente violenta, en rondas de 24
horas, siete días a la semana, suministrando agua y alimentos a los
estudiantes que han ocupado el recinto a pesar de las prohibiciones y de las
amenazas de la Fuerza de Choque, regalándoles libros, a esos profesores, a
esa intelectualidad académica puertorriqueña, la actual administración
universitaria no ha estimado necesario pedirle su parecer. Ello es
incomprensible y contrario al espíritu intelectual de debate que debe
vertebrar a una verdadera universidad, para no invocar aquí una noción
básica de libertad académica.

Si las demandas de los estudiantes apuntan hacia la necesidad de garantizar


el
acceso a una educación pública de calidad, no menos importantes son
las necesidades específicas y particulares, aún no enunciadas pero no por
ello menos reales, del profesorado universitario cuyas tareas docentes son
realizadas, las más de las veces, en condiciones inhóspitas cuando no
hostiles. Con una biblioteca deficiente e insalubre, sin apenas fondos para la
investigación y con una política de sabático desigual; muchos de ellos sin
oficinas en donde hacer su trabajo y atender a los/as estudiantes y con
salones abarrotados de alumnos frecuentemente aún necesitados de
programas de tutoría (que no existen) para remediar las deficiencias en
destrezas básicas de escritura, lectura y matemáticas con las que llegan;
obligados a impartir cátedra en edificios enfermos que
ponen en riesgo no sólo su salud sino las de todos los miembros de la
comunidad
universitaria; ese profesorado está lejos de ser un sector “privilegiado”, como
erradamente lo sugiriera el Gobernador Fortuño en su mensaje
presupuestario a la
legislatura.

A finales del pasado mes de abril el movimiento estudiantil le presentó al


presidente de la UPR, profesor José Ramón de la Torre, un pliego con
recomendaciones para atajar la actual crisis económica de la universidad sin
incurrir en el recorte de servicios claves para su funcionamiento, en la
eliminación de las exenciones de matrícula ya establecidas o en la imposición
de un alza. El llamado para discutir ese documento fue, sin embargo,
desoído. No obstante, se trata de un documento serio, ejemplar de lo que el
pensamiento universitario puede creativamente producir ante retos sociales
de envergadura como los que confronta el país en estos momentos. Ese
documento debería ser ponderado con rigor por las autoridades universitarias
en discusión con la comunidad universitaria en general, pero para ello se
requiere primeramente el retorno a la mesa de negociaciones. Por esto
reiteramos nuestra petición de que se reabra el diálogo en el más
alto espíritu de compromiso con una educación pública democrática y de
excelencia, que se desmilitarice el campus de Río Piedras y que se conduzca
el conflicto bajo la más estricta observación de los derechos humanos y
civiles de todas las partes implicadas.

Suscrito por:
[Afiliación para propósitos de identificación solamente. Se indica
también quiénes
han sido egresados de la UPR y sus trayectorias académicas]

1) Agnes Lugo-Ortiz
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Princeton University
Catedrática Asociada, The University of Chicago

2) Aldo Lauria-Santiago
Escuela Superior de la UPR
B.A. Princeton University
M.A. New York University
Ph.D. The University of Chicago
Catedrático Asociado, Rutgers University

3) Ivette N. Hernández-Torres
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Brown University
Catedrática Asociada, University of California, Irvine

4) Luis F. Avilés
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez
M.A. University of Illinois Urbana
Ph.D. Brown University
Catedrático Asociado, University of California, Irvine

5) Arcadio Díaz Quiñones


B.A. y M.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
PH.D. Universidad Central de Madrid
Catedrático, Princeton University

6) Aníbal González-Pérez
Escuela Superior de la UPR
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Yale University
Catedrático, Yale University
7) Richard Rosa
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey
M.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Harvard University
Catedrático Asociado, Duke University

8) Carlos J. Alonso
Escuela Superior de la UPR
B.A. Cornell University
Ph.D. Yale University
Cátedra Morris A. and Alma Schapiro in the Humanities
Columbia University

9) Roberto Alejandro
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Princeton University
Catedrático, Universidad de Massachusetts, Amherst

10) Nelson Maldonado-Torres


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Brown University
Catedrático Asociado, University of California, Berkeley

11) Ramón Grosfoguel


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras
Ph.D. Temple University
Catedrático, Universidad de California, Berkeley

12) Eduardo Bonilla-Silva


Escuela Superior de la UPR
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. University of Wisconsin, Madison
Catedrático, Duke University

13) Juan Duchesne Winter


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. SUNY at Stony Brook
Catedrático, University of Pittsburgh

14) Luis Figueroa-Martínez


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. University of Wisconsin-Madison
Catedrático Asociado, Trinity College

15) Edna Acosta-Belén


Estudiante de la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras (1965-67)
Ph.D. Columbia University
Catedrática Distinguida, University at Albany, SUNY
16) Efraín Barradas
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Princeton University
Catedrático, Universidad de la Florida

17) Cecilia Enjuto Rangel


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Yale University
Catedrática Auxiliar, University of Oregon

18) Federico Subervi


B.A. y M.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Universidad de Wisconsin
Catedrático, Texas State University, San Marcos

19) Asela Rodríguez de Laguna


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez
Ph.D. University of Illinois-Urbana
Catedrático, Rutgers, the State University of New Jersey, Campus at Newark

20) Elpidio Laguna-Díaz


Escuela Intermedia y Superior de la UPR
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Graduate Center, City University of New York
Catedrático, Rutgers, the State University of New Jersey, Campus at Newark

21) Frances R. Aparicio


Ph.D. Harvard University
Catedrática, Universidad de Illinois en Chicago

22) Francisco A. Scarano


Ph.D. Columbia University
Catedrático, Universidad de Wisconsin—Madison

23) Julio Ramos


Ph.D. Princeton University
Profesor Emérito, University of California, Berkeley

24) Pablo Delano


M.F.A. Yale University
Catedrático, Trinity College

25) Madeline Troche-Rodríguez


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez
Ph.D. Loyola University Chicago
Catedrática Auxiliar, City Colleges of Chicago

26) César A. Salgado


Ph.D. Yale University
Catedrático Asociado, The University of Texas at Austin
27) William Vélez
B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Yale University
Catedrático, University of Wisconsin-Milwaukee

28) Jossianna Arroyo


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Universidad de California, Berkeley
Catedrática Asociada, Universidad de Texas, Austin

29) Gladys M. Jiménez-Muñoz


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Binghamton University-SUNY
Catedrática Asociada, Binghamton University-SUNY

30) Kelvin Santiago-Valles


Ph.D. Union Graduate Institute, Cincinnati, Ohio
Catedrático Asociado, Binghamton University-SUNY

31) Eleuterio Santiago-Díaz


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
M.A. University of California, Santa Barbara
Ph.D. Brown University
Catedrático Asociado, University of New Mexico

32) Ilia Rodríguez


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
M.A. University of California, Santa Barbara
Ph.D. University of Minnesota
Catedrática Asociada, University of New Mexico

33) Rosilie Hernández


Ph.D. University of California, Irvine
Catedrática y Vice-Decana de la Escuela de Literatura, Estudios Culturales y
Lingüistica, Universidad de Illinois en Chicago

34) Víctor Figueroa


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Harvard University
Catedratico Asociado, Wayne State University

35) Milagros Denis-Rosario


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
M.A. Cornell University
Ph.D. Howard University
Catedrática Auxiliar, Hunter College-CUNY

36) Jason Cortés


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez
PH.D The Pennsylvania State University
Catedratico Auxiliar, Rutgers University

37) Wanda Rivera Rivera


B.A. y M.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Harvard University
Assistant Professor, University of Massachusetts, Boston

38) Ismael García-Colón


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. University of Connecticut
Catedrático Auxiliar, City University of New York, The College of Staten Island

39) Agustin Lao-Montes


Ph.D. State University of New York at Binghamton
Catedrático Asociado, Universidad de Massachusetts-Amherst

40) Harry Vélez Quiñones


Ph.D. Harvard University
Catedrático, University of Puget Sound

41) Antonio Lauria-Perricelli


Ph.D. New School for Social Research
Catedrático Adjunto, New York University

42) Ramón H. Rivera-Servera


Ph.D. University of Texas at Austin
Catedrático Auxiliar, Northwestern University

43) José R. Cartagena-Calderón


Ph.D. Harvard University
Catedrático Asociado, Pomona College

44) José Francisco Buscaglia Salgado


Ph.D. University at Buffalo
Catedrático Asociado
y Director del Programa de Estudios Caribeños, SUNY at Buffalo

45) César Ayala


Ph.D. State University of New York-Binghamton
Catedrático, University of California, Los Angeles

46) Arnaldo Cruz-Malavé


Ph.D. Stanford University
Catedrático, Fordham University

47) Víctor Rodríguez


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. de la Universidad de California, Irvine
Catedrático, California State University, Long Beach
48) Licia Fiol-Matta
Ph.D. Yale University
Catedrática Asociada, Lehman College, CUNY

49) Lena Burgos-Lafuente


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Candidate New York University
Catedrática Auxiliar, SUNY, Stony Brook

50) Lawrence La Fountain-Stokes


Ph.D. Columbia University
Catedrático Asociado, Universidad de Michigan, Ann Arbor

51) Luis Zayas


Ph.D. The University of Chicago
Catedrático Auxiliar, Arizona State University

52) Rosa Elena Carrasquillo


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. University of Connecticut
Catedrática Auxiliar, College of the Holy Cross

53) José A. Padín


Ph.D. University of Wisconsin-Madison
Catedrático Asociado, Portland State University

54) Juan Carlos Rodríguez


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
M.A. CUNY
Ph.D. Duke University
Catedrático Auxiliar, The Georgia Institute of Technology

55) Juan Carlos Quintero-Herencia


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Princeton University
Catedrático, University of Maryland, College Park

56) Ivette Rodríguez-Santana


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Yale University
Directora Asociada Centro de Estudios Latinoamericanos,
Universidad de Maryland, College Park

57) Néstor E. Rodríguez


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. Emory University
Catedrático Asociado, University of Toronto

58) Irmary Reyes-Santos


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez
Ph.D. University of California, San Diego
Catedrática Auxiliar, University of Oregon

59) Sheila Candelario


B.A. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Ph.D. State University of New York at Stony Brook
Catedrática, Fairfield University