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Fornerín [Pausas]

12. La lluvia. ¿Quién nos enseñó que la lluvia moja? Es una clarividencia infantil. Ver la
lluvia caer es un espectáculo. Pero la lluvia puede ser ácida o demasiado fría, casi helada. No
es lo mismo la verde lluvia de primavera que las frías lluvias de otoño. Para mi sorpresa, de
niño aprendí que las gotas de agua no caen juntas, sino que, en maratónico y agitado trance
y en forma horizontal, se apresuran a hacer filas. Unas primero; otras después. Sin chocar,
sin molestarse una a una las gotas de agua son un concierto espectacular de la naturaleza.
Me juraba (¡Oh, utopías infantiles!) que podía
caminar por los estrechos pasadizos de la lluvia sin
que una sola gota me tocara. Me acompañaban los
sueños y la languidez. Lo intenté muchas veces y
hasta llegué a creer que lo lograba. Luego me
pregunté si en verdad podíamos pensar que la lluvia
no nos moja al caer. Es como si la realidad fuera un
océano. ¿Cómo podemos navegar sin mojarnos? Ya lo
sabe el marino. A ratos, la mar feliz, otro rato, en
calma; pero de pronto entra Poseidón endiablado
porque Ulises no le hizo reverencias y te llena el
tanque de laste y hasta el mástil y piensas que te
anegará el líquido albo de Heráclito. Entonces sabes
si preocuparte o no. Porque pudiste ser habitante del
agua. Ahora, si caminas por la vida y crees que
cuando llueve no caen gotas de lluvia, podrías creer
que vives una realidad- sueño, pero si notas que estás
despierto y no hay tiburones ni animales mitológicos
en tu camino, y no los hay porque, aunque ataviado
de modernidad, eres un ser mitológico que te crees
que la lluvia ya no moja y que caminas sobre las cosas
que como cabezas en la iglesia no son nada más que
meras siluetas reminiscentes. Y te crees que es la vida
que se ha inventado su propia realidad, como si
estuviéramos viajando a una dimensión paralela
donde los sueños no tienen ni recuerdo ni solución. Y
te crees inmortal, y que la vida de los demás te
pertenece. Y que el grito del vecino no te importa. Entonces, eres tú el monstruo que estaba
esperando. Eres el dragón voraz que ha venido a dominarlo todo. ¡Ay, señor de señores! Yo
voy a tu encuentro. No sé como presentarte cuerpo, en qué valle una celada, en cuál castillo
sitiarte y por cansancio vencerte, para que la lluvia nos vuelva a mojar a todos por igual y
me devuelva el sueño que tuve de niño de caminar soñando que cruzaba los pasadizos
secretos de la lluvia como el amante que llega furtivo y rubicundo a su amada. La mira
dormida y ella dice, “estaba bordando,” y tú sabes que en verdad hilaba en su rueca los
sueños que todas las aguas no podrán apagar.
11. ÉTICA Y ACCIÓN. Las acciones humanas están dentro del bien y el mal. Ir
más allá es una osadía. Es como encontrar la isla del tesoro en el tesoro. Es
como contar las rayas a al tíguere. La ética designa las acciones dentro de un
paradigma muy reducido. Aceptar aquello que no está bien, a sabiendas o por
conveniencia, es un acto despreciable. Sé que el sujeto se juega y se las juega.
La vida es así sumamente contradictoria. Pero, allí está el terreno de los
perversos. Los híspidos, los cobardes. Las hazañas son de los que, sin mirar las
conveniencias personales, rompen las barajas y juegan a ser lo que son y no lo
que las conveniencias quieren. Calla el bandido y el pusilánime. Saben que no
está bien, pero piensan en los bienes que les aporta su silencio. ¡Cuántas
manadas de culpables! Borregos de la renta de las circunstancias, sacan
provecho y viven; se unen en
cobardía a los asesinos y
responsables. El mundo es
así por ellos. ¿Quién les pide
cuenta? ¿Quién les azota su
responsabilidad en la cara?
Vivimos en un mundo donde
cenan juntos el ministro y el
asesino; el político y el
corrupto (que se miran en el
mismo espejo); el sicario y el
abogado; el publicista y el
político… y todo da igual. Pero, me pregunto: ¿puede haber acción sin ética?
¿Podríamos aceptar un mundo en el que las acciones humanas, dentro de un
marco de relatividad, no tengan ninguna consecuencia? Que da lo mismo ser y
no ser. Hablar y no hablar. Tomar posición y ganar, cuando la vida manda que
estemos del otro lado de la acera. Hemos visto llover. Parece que ya la lluvia
no nos moja al caer.
10. El ser y su peso. El ser que es, no es únicamente un ser físico. De ahí que
su peso es una fábula. El ser mismo es una metáfora. La idea de que algo
que es, vuelve, es la justificación y la verdad de esa historia. Todo está
retornando. No hay nada nuevo bajo el Sol. Lo cotidiano, lo que vivimos,
más allá de la contemporaneidad de los grande relatos. Lo que se queda en
lo íntimamente vivido, vuelve constantemente. Regresan las alegrías, las
esperanzas, y las tragedias y las pequeñas caídas. Hitler no regresa, pero
regresa el autoritarismo, en forma
mínima, en partículas, en otro
escenario. Vuelve de forma
cotidiana. Hitler es una hipérbole
de la Historia. Lo que vuelve de
Hitler no nos acontece en la
grandeza sino en la pequeñez y
nos asusta. Por eso, cuando
levanta cabeza lo neo, pensamos
que vuelve el Nazismo. Pero no.
Como no volverán los
dinosaurios. Aunque algunos
político sean la alegoría de
animales mitológicos. La contemporaneidad está tan llena de la novedad,
que no resiste lo viejo. Pero lo que era está ahí, y regresa y lo regresamos.
Es el habitante de la memoria. El ser no tiene peso, sino liviandad. El ser
fluye, como el río de Heráclito. Verde y humilde vio Ulises su Ítaca. ¿Y yo,
cómo te veo, si a ti te estoy buscando: lejana y liviana, vida? Hazme el
favor, sal a la calle y vístete con tu mejor camisa; tal vez puedas, de tal
manera, mostrar tu verdadero sentido.
9. Consumidores. Parece como si los consumidores borraran con su acción
toda ciudadanía. Veamos. Los derechos humanos los defienden grupos
marginales; los Estados crean defensores: del ciudadano, del paciente, (que
es el que pace en las salas de Emergencias), de la mujer, de los géneros, del
consumidor, de los animales, etc.) Actualmente, parece que a los Estados
no les preocupa los derechos humanos. Sus defensores son grupos
marginados. Solo las leyes y
los códigos como legado de
un tiempo, están ahí. ¿Y
por qué? Porque los
gobiernos están interesados
en lo que el hombre es hoy,
en du deriva, en el
consumidor de objetos y en
la publicidad que es toda
una mitología de la vida
instrumental. En ella el
cuerpo vació (horror vacui u
horror a la cultura), se
convierte en mensaje para
el mercado. Hay unas metáforas muertas en la sociedad de consumo. Hay un
paraíso encontrado en los senos de actriz porno de la adolescente y en las
manos y el BMW del cirujano salido de la universidad de la “economía del
conocimiento”. Y en eso, amigos, soy irreductible.
8. Las grandes verdades. Las verdades universales no existen. Creo que es un
problema, en principio, ontológico. Existen las grandes verdades, porque
alguien cree en ellas. Empero, la pura existencia no le da valor dentro de un
paradigma. Las grandes verdades pueden ser las pequeñas verdades;
podemos conocer las chicas verdades, más no las grandes verdades. Ese es
un problema epistemológico. Necesitamos verdades para vivir y razones
para soñar. Ese es un
planteamiento antropológico y,
si Ud. quiere, teológico y
teleológico. No existe nada de lo
que estamos diciendo, es un
disparate, es una afirmación
postmoderna. ¿Pero cómo afirmar
lo anterior si están en crisis los
grandes relatos? Pienso que el
hombre es siempre una crisis.
Que no estamos mejor ni peor
que en 1810 ó 400 A. C. Lo
humano no tiene ninguna
solución. Parece algo pesimista.
No confundir, lo permanente
con lo que muda. El hombre
siempre es el hombre. No hay
perfección ética ni moral. No se debe confundir la civilización (como
desarrollo del mundo material) con el sentido que tenía esa palabra en sus
orígenes, desarrollo de las costumbres. El hombre siempre será un animal
para el hombre, ¿Entonces, por qué piensa en la utopía? Contradicción. El
pesimismo no tiene salida.
7. La vida simbólica. ¿Qué es la vida después de la muerte de Dios? ¿Cuál es el
verdadero valor que tiene vivir o dejar que los demás vivan? No hay
manera de pensar estas interrogantes sin volver a los proyectos simbólicos.
El hombre necesita un consuelo. El hombre necesita una verdad. La vida es
esa búsqueda. De ahí la charlatanería que le endilgaba Schopenhauer a
Hegel. Decía que este último elaboraba una doctrina mítica. Tal vez por eso
Hegel es más referido que
Schopenhauer. ¿El hombre es
un ser mítico que ha creado la
mítica de la razón? ¿El
proyecto de la modernidad no
es más que una de esas
expresiones fabulosas de la
verdad como universal que
busca el hombre? ¿Qué es la
vida simbólica si no contamos
con una utopía? ¿Puede haber
otra más grande que aquella que Gandhi pregonara: “todos los hombres
son hermanos”? ¿La Humanitas de Cristo hasta el Renacimiento? ¿Cómo
podemos vivir una vida con las cosas y sin nosotros? ¿Podremos seguir
confundiendo el sujeto con el yo, el nosotros con el yo, la subjetividad con
el egoísmo? Es la vida simbólica una manera de trascender a la realidad
inmediata. ¿Cuál es el papel del arte como creación de la vida simbólica?
Dios es una de las más grandes Metáforas del ser humano; creada a nuestra
imagen y semejanza. La vida verdadera es una fábula. ¿Será preferible a esta
hiperrealidad que vivimos?
6. La vida instrumental. ¿Cómo definir la vida instrumental? No es otra cosa—me
pregunto—que vivir abandonando el proyecto simbólico. Pero, ¿podríamos
pensar lo instrumental sin su contrario? Solo lo instrumental nos sirve, nos ayuda.
El problema es que si convertimos la vida en un instrumento ella se queda vacía,
sin sentido. Como si el sentido de la vida fuera una metáfora muerta. Es decir, no
se vive como sino que se vive. Lo vital, tan
unido a la voluntad, al poder, a lo dionisiaco,
a lo natural, nos asalta desde El mundo como
voluntad y como representación, de
Schopenhauer, al Origen de la tragedia, de
Nietzsche. Pasando por el irracionalismo de
Dostoievski a Freud. Empero, ¿podemos
pensar la instrumentalidad de la vida, más
allá de la falsa conciencia, del arrojarse a las
cosas? La vida como un supermercado o la
vida Wal-Mart, donde todos los objetos están
ahí listos para ser usados. Sin que haya que
hacer el menor esfuerzo. Come y vive. Tienes
derecho a un plasma (que no sea sanguíneo,
por supuesto). El capitalismo ha hiperbolizado el desarrollo de la
instrumentalidad. El hombre es esclavo de las cosas. Las cosas son sucedáneas. La
vida queda en un vacío, es algo vacuo, sin sentido. ..Los cuerpos lipidosos están
frente a los televisores. Una mano se alarga, busca en el refrigerador algo que
comer. En la pantalla se proyecta una pelea de box, un juego de fútbol, o, de
cualquier cosa. El ludismo pasivo, el consumo de grasa, la quietud. Se escucha, a
lo lejos, el grito por el último jab del boxeador. Somos HBO, McDonald, K-Mart.
Frente a eso, pocos se preguntan por los símbolos y los saberes. Los símbolos
están ahí encuestados (metro medidos) por la cultura de mesa y el mercado; los
saberes son simplemente informáticos.
5. Alain Touraine Príncipe de las Humanidades en Asturias. Alain Touraine ha
sido un gran amigo de América. Un escritor celebrado y reconocido. Ha vivido
entre nosotros y conoce nuestra realidad social. Varias universidades nuestras
le han doctorado. No sé si revolucionó la sociología después del Mayo francés,
pero su teoría sobre el actor y su dedicación al estudio de
la modernidad y el sujeto me han llenado de mucha
esperanza. Uno de sus temas fundamentales es el del
sujeto en una sociedad multicultural. Ha sido un crítico del
autoritarismo y ha propuesto y una nueva manera de ver y
de concebir la democracia transparente y de consenso
entre los actores. Enhorabuena por este reconocimiento y
espero que sus teorías tengan ahora más difusión de la que
han tenido en Francia, América Latina y el mundo.
4. Economía del conocimiento. ¿Cómo podemos insertarnos en la “economía del conocimiento”? El
término es muy liviano. Es parte de la retórica neoliberal. De la llamada globalización. Lo importante
es cómo el trabajo genera riquezas. Quién la produce y quién la acumula. La enajenación económica
queda intacta. No es cierto que la era informática la ha cambiado; creo que la potencia. Hoy somos
más informados; pero más enajenados. Cada vez las grandes empresas acumulan más capital (Exxon
Oil, por ejemplo). La economía
inteligente devela que los productos
intelectuales, inteligentes, potencian las
ganancias y la acumulación. De ahí
que se esconde el problema del
desarrollo basado en la informática, a
favor de una hipermodernidad,
demasiado dura y un discurso muy débil.
En ese cuadro, los estudiantes son
clientes; los profesores no existen; la
ideología disfraza los discursos a favor
de una “democratización” del
mercado. Los actores son
consumidores y, a su favor, la
sociedad evita la negociación, los
consensos, el diálogo. Su interés es
determinar la forma del escenario: las
políticas educativas, las formas de
producción, distribución, la economía, y
su agregado, “el conocimiento”. Lo único
que pudiera salvarnos son las ciencias
humanas, las Humanidades. Pero, quieren desmantelarlas, desaparecerlas a favor de la
“investigación científica” para las grandes industrias. Por eso se hace tan difícil el escenario político, que
es cada vez es más conservador y neo-. En la economía del conocimiento, los consumidores son
masa pasiva, silente. De ahí que la tradición de lucha regrese. ..Ya las grandes familias
oligárquicas no tienen el dominio de la información. Pretende controlar el Internet. Hay demasiado
aire en la atmósfera, dicen. La respuesta a la pregunta inicial, ¿cómo nos podemos insertar en la
“economía del conocimiento”?, es: nadando, como en el diluvio de Macondo.
Fornerín [Pausas]

3. Diálogo. Está íntimamente ligado a la


dialéctica como arte de hablar, de discutir,
discernir, buscar la verdad a través del
contraste de las ideas. Requiere que los
dialogantes se traten con respeto y que se
reconozcan el uno en el otro. Sócrates, el
gran dialéctico heleno, entendía que su
método, la mayéutica, era como un parto
que le permitía sacar del otro la verdad
escondida. El hombre no sabe cuánto sabe.
Es el diálogo que le permite descubrir su
propia verdad. Ahora que hablamos de
dialogo, debemos reflexionar sobre la ética
del diálogo, sobre la palabra y como la
empeñamos. Dialogar es encontrar puntos
de coincidencia; es dar un poco para logar lo que queremos. Los dialogantes se
sienten en una competencia, no solo por los logros que esperan alcanzar, sino por
la sabiduría que demuestran tener. Es sabio el que alcanza a solucionar los
problemas. Después de todo, de lo que se trata no es de la competencia
ingeniosa, sino del bien de todos. El dialogo es el camino. Dice el pueblo con
mucha sapiencia: dialogando la gente se entiende.
2. La democracia representativa, fundada en la idea de la soberanía del
ciudadano, que delega sus poderes a otro para que le represente entre asamblea
y asamblea, ha dado paso a una democracia de los consensos. La sociedad de la
información y de las redes sociales, permiten un plebiscito diario, que es el que da
pie a la legitimidad de los gobernantes. Como los periodos de reunión de la gran
asamblea de ciudadanos son de 4 a 6 años, es perentorio postular el referendo
revocatorio, para que los soberanos decidan si --
pasado un tiempo-- se sienten bien representados.
Como la posibilidad de consultar y oír a los
ciudadanos soberanos es mayor en el siglo XXI,
pecan de traidores a los poderes representados
quienes enajenan la voluntad de los ciudadanos a
favor de sus propios intereses. De ahí, en suma, que
es imperioso pensar en una democracia
consensuada como una consulta permanente.
¡Escuchar a los ciudadanos y tomar en cuenta sus
opiniones, debe ser la principal tarea de los
representantes! De lo contrario no son más que
testaferros y la representación queda trunca.
Entonces, lo que queda es una democracia formal,
pero en el fondo no es más que una dictadura de los
intereses particulares de los representantes.
1. Una Universidad debe ser un centro académico
en el que impere el saber como búsqueda, para con
él cambiar el error por la verdad. Las universidades
han sido centros de respeto a los derechos
humanos en la medada en que están fundadas en la
tradición de las humanitas, que ponen al hombre
como centro del universo. La universidad y lo
universitario es una puerta para el aprendizaje de
formas democráticas de convivencia. Siempre
estará contra al uso de la fuerza, la presencia
miliar, los gritos y a las imposiciones. Donde otros
ponen la fuerza, los universitarios colocamos el
diálogo y la comprensión. ..Tenemos esperanza de
que en la Universidad de Puerto Rico retornemos
al camino de la democracia, en la que debe imperar
el diálogo, la cultura de paz, los consensos y el
respeto a los derechos de todos.

fornerin© 2010