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LETRAS DEL SIGLO XX

Miguel G. Rodríguez Lozano

Escenarios del norte de México:
Daniel Sada, Gerardo Cornejo, Jesús Gardea
y Ricardo Elizondo

B
..
.

.

.

.

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES FILOLÓGICAS
CENTRO DE ESTUDIOS LITERARIOS

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
MÉXICO, 2003

ÍNDICE
7

Prólogo

Escenarios: la experiencia del norte en el ámbito literario

13

Daniel Sada . . . . . . . . . . . . . . . . . .

43

Gerardo Cornejo

65

Primera edición: 2003

D. R. © 2003, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE
Instituto de Investigaciones Filológicas
Circuito Mario de la Cueva s. n.
Ciudad Universitaria, C. P. 04510, México, D. F.
www.filologicas.unam.mx
iifl@servidor.unam.mx

MÉXICO

Jesús Gardea.

. . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . .

113

. . . . . . . . . . . . . . . . . .

137

Departamento de publicaciones del I!FL
Tel. 5622 7347, fax 5622 7349

Ricardo Elizondo

Portada: Natalia Rojas

Bibliografía

Fotografias:
Portada:
"Hole in the Fence". José Galvez.
"Sin título". Flavio Becerra.
Contraportada:
"Sin título". Yvonne Venegas.

ISBN 970-32-0688-3
Impreso y hecho en México

Bibllotecaa

93

PRÓLOGO

The discourse of nationalism is not my main concern.
In sorne ways it is the historical certainty and settled
nature of that term against which I am attempting to
write [...]asan obscure and ubiquitousform of living
the locality of culture. This locality is [...] more hybrid in the articulation of cultural differences and
identifications than can be represented in any hierarchical or binary structuring of social antagonism.
HüMI

,t

K. BHABHA

Hace varios años inicié el estudio de la literatura escrita en la
frontera norte de México. Arribé a ese espacio cuando me sumergía
en la lectura de la obra de cuatro autores: Daniel Sada, Gerardo
Cornejo, Jesús Gardea y Ricardo Elizondo. Era un momento en
que descubría a otros escritores de la misma zona que llamaban la
atención de la crítica literaria, por ejemplo, el tijuanense Luis
Humberto Crosthwaite. Mis intereses entonces se dispersaron más
allá de sólo cuatro autores. Redescubrí a los muchos Méxicos que
habitan en la superficie de la cultura. No podía ser de otro modo,
las dos últimas décadas deLsiglo pasado demostraron que en cuanto
a literatura se refiere, México es de una amplitud avasalladora.
Las publicaciones de obras de creación fuera y dentro del Distrito
Federal me aseguraron un amplio campo de reflexión. ¿Cómo

'.¡,,

aprehender sin errar, desde el centro, pero consciente de las
diversidades, el ámbito de producción creativa? En realidad, tener
presente dicha diversidad era ya una ventaja.
Una primera mirada al entorno literario de fines del siglo xx
indicó que en cuanto a producción, los estados de la frontera norte,
cada cual a su modo, tenían una presencia que destacaba o por lo
menos resaltaba frente a otros lugares. El auge de publicaciones
escritas y producidas en los estados norfronterizos, Tamaulipas,
Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Sonora y Baja California, era
notable. Pero tal detección y destacar una zona geográfica, implicó
considerar de otro modo el armazón sociocultural sobre el que se
desarrolla la cultura en general y la literatura en particular en el
país todo. Así, fue inevitable distinguir el norte fronterizo como
una zona geográfica, por lo tanto sociocultural, que permitiera,
por lo menos metodológicamente, adentrarse, en el caso de la literatura, a otros autores y tendencias. Considerar esto me hizo percibir
esos puntos territoriales que por su situación plenamente fronteriza
parecían no aportar nada al desarrollo de la cultura; sin embargo,
es cierto que ciudades como Tijuana, Ciudad Juárez o Nuevo
Laredo son ya lugares que presentan una consistencia en el ámbito
cultural.
Por supuesto, tal efecto de desarrollo cultural no sólo se da en
ciudades del norte de México. Cada estado de la República, y en sus
ciudades, va construyendo poco a poco una intensa y plural dinámica en cuanto a cultura se refiere. Existen varios ejemplos: el
trabajo de Roberto Ruiz y Juan Martín Cárdenas, cuentistas de San
Luis Potosí, por citar algunos; 1 o el de Javier Báez Zacarías, en

Zacatecas, por mencionar otro.2 Sin contar con el muestrario que
representa la colección Tierra Adentro del Consejo Nacional para
la Cultura y las Artes, que si bien es variable en cuanto a la calidad

,l

de los trabajos de narrativa, ofrece una clara idea de la presencia de
los estados de la República en el ámbito nacional literario.
Es claro que situar a los autores a partir de una territorialización
geográfica no implica alejarlos de la práctica universalista que
distingue a la literatura mexicana en general; por el contrario, es
abarcar y ampliar nuestras experiencias como lectores; es, en todo
caso, permitirse una libertad de reconocimiento que otorga amplias
posibilidades a los estudios literariosdedicados a la literaturamexicana contemporánea.
Así, en un intento por abarcar más o menos ese corpus heterogéneo de la zona norfronteriza, con sus matices, sus autores y
tendencias, me di a la tarea de leer lo más posible para reconocer
el terreno de producción. Me adentré en espaciosparticulares como
Tijuana o Nuevo Laredo con el fin de tener fijo un escenario particular, pero consciente de la presencia de la frontera toda del norte
de México. Quise distinguir a los autores, sus obras, la recepción
que tenían, para colocar dichos aspectos en las líneas de reflexión
alrededor de la literatura.
Esto funcionó en varios sentidos, en cuanto que distinguí mejor
las semejanzas y diferencias de un país como el nuestro; marqué,
de cierta manera, los niveles de creación en los que se movían los
escritores de los estados que me interesaban. En otras palabras, el
clímax de producción literaria de los estados de la República,
detectado en las dos últimas décadas del siglo xx, originó que
empezara a escribir, considerandoel área de interés, sobre las obras
de autores más recientes. Ya no fue sólo meditar sobre los cuatro
escritores que dieron inicio a mi investigación. El mismo campo
de producción dio para más. De hecho, el proyecto amplió las
expectativas. De él surgieron dos libros: uno, El norte: una
experiencia contemporánea en la narrativa mexicana;3 y el que el
lector ahora tiene en sus manos: Escenarios del norte de México:

1

R. Ruiz, Por las tardes la miel, 1998; J. M. Cárdenas, Hasta la madre de
rock, 1997.
2 J. Báez Zacarías, Nunca a nini, 1993.

Monterrey, Nuevo León, México, Consejo para la Cultura y las Artes de
Nuevo León, 2002.

8

9

3

Daniel Sada, Gerardo Cornejo, Jesús Gardea y Ricardo Elizondo.

El primero abarca, en efecto, a algunos autores nacidos en los años
cincuenta y sesenta que no radican en el Distrito Federal; también
contiene textos alrededor de revistas y editoriales de los estados
del norte. En sí, muestra la diversidad literaria, cultural y la
movilización de los estados norfronterizos en cuanto a literatura
se refiere.
Este segundo libro presenta un texto por cada autor y un primer
capítulo general en el que se plantean ciertas directrices sobre la
producción literaria en el espacio norfronterizo; por ejemplo, se
destaca la heterogeneidad social y cultural de la zona, los rasgos
generales de la literatura escrita ahí, la crítica literaria y la idea de
frontera. Ese primer capítulo, titulado "Escenarios: la experiencia
del norte en el ámbito literario", es, ciertamente, la ubicación de la
zona norte. En ese sentido, funciona casi como una introducción
general para ambos libros. Si aparece aquí es porque justifica, a su
vez, el estudio de la literatura de esa parte de la República y la
pertinencia de los estudios dedicados a esos autores que hicieron
posible, en el fondo, mi acercamiento al ámbito norfronterizo.
Respecto a los textos dedicados a Sada, Cornejo, Gardea y
Elizondo, debo decir que no se abarca toda su producción. Por el
momento, se optó por señalar los rasgos más característicos de su
obra. Para los análisis consideré seguir una línea de reflexión desde
los textos mismos, de ahí que el acercamiento global del libro no
presente una uniformidad. No reduzco mi análisis a un esquema.
En Daniel Sada, se intenta destacar la propuesta estética que
subyace en su obra sobre todo desde su producción cuentística,
con énfasis en la relevancia de las historias que se cuentan. En el
caso de GerardoCornejo ubico su literaturaen relación con algunos
textos narrativos realizados en la ciudad de Hermosillo, con el fin
de enfatizar los elementos que distinguen su obra y adentrarme en
su última novela: Juan Justino Judicial.
Dada la extensísima producción de Jesús Gardea, opté por
centrarme en sus cuentos, en la relación del espacio y la visión de
10

mundo que subyace en éstos. Con ello se demuestra que hablar
de literatura del desierto es reducir al mínimo una obra que trasciende las etiquetas. De la producción de Ricardo Elizondo, pongo
el acento, por un lado, en la eficacia con que se construyen los
personajes femeninos y su funcionalidad; y por otro, en la carga de
oralidad que se percibe en varias de sus historias.
Por lo anotado, cada uno de los estudios intenta ser una aportación que se distancie de lo dicho por la crítica literaria hasta ahora.
También se trata deque cada texto cumpla un doble papel: el de la
información sobre la obra general de los autores, y el del diálogo
que implica toda reflexión literaria. Espero que eso sea posible. Al
final del libro se encuentra la bibliografia general, que he dividido
en seccionespara facilitarla búsqueda al lector, según sus intereses.
En todo esto, no puedo dejar de citar las palabras de Steiner, que
sin duda han sido guía en las reflexionesque presento en este libro:
La crítica literaria debería surgir de una deuda de amor. De un modo
evidente y sin embargo misterioso, el poema, el drama o la novela se
apoderan de nuestra imaginación. Al terminar de leer una obra no
somos los mismos que cuando la empezamos[ ...]. Las grandes obras
de arte nos atraviesan como grandes ráfagas que abren las puertas de
la percepción y arremeten contra la arquitectura de nuestras creencias .
con sus poderes transformadores. Tratamos de registrar sus embates
y de adaptar la casa sacudida al nuevo orden. Cierto primario instinto
de comunión nos impele a transmitir a otros la calidad y la fuerza de
nuestra experiencia, y desearíamos convencerlos de que se abrieran
a ella. En este intento de persuasión se originan las más auténticas
penetraciones que la crítica puede proporcionar.4

Queden los escenarios como una puerta de entrada a los intrincados caminos de la literatura del norte de México y la práctica
escritura! que la acompaña.
4

G. Steiner, Tolstoi o Dostoievski, p. 9.

11

Finalmente, agradezco a Laura Navarrete, Héctor Perea y Vicente
Francisco Torres sus comentarios y sugerencias para hacer este
libro más apreciable. Claro que los posibles defectos son, totalmente, responsabilidad mía.
Cuautepec Barrio Bajo
(Frontera norte del D. F.)
Instituto de Investigaciones Filológicas
Ciudad Universitaria

ESCENARIOS: LA EXPERIENCIA DEL NORTE
EN EL ÁMBITO LITERARIO

Ya no se trata de implantar un teatro de objetos, o de
crear una atmósfera, sino de resolver un problema,
de proporcionar la respuesta más sutil a un traslapamiento de datos, de movilizar un espacio.
JEAN BAUDRILLARD

Escenario 1
Parto de un elemento fundamental, visible, obvio, aunque a veces
olvidado cuando se trata de estudiar lo cultural: hablar de México
es hablar de costumbres, formas de vida, creencias; es hablar de
ríos, mares, bosques; es hablar de un país heterogéneo y plural. El
siglo xx constató y agudizó la sensación de diversidad. Podemos
considerar las palabras de Guillermo Bonfil, no obstante estén
pensadas para un tema en concreto como es el de las culturas
indígenas, cuando dice sobre la cultura nacional: "la sociedad mexicana se compone de un abigarrado conjunto de pueblos y grupos
sociales que poseen y practican, cada uno de ellos, una cultura
específica y diferente de las demás. El grado de divergencia cultural varía [,..] desde matices que no alteran la pertenencia a una
misma cultura básica, hasta el contraste entre formas de vida
12

radicalmente diferentes".1 Esta esencia específica de nuestro país,
como del resto de América Latina, da pie a considerar las múltiples
posibilidades que se abren en el campo de lo literario cuando se
trata de estudiar fenómenos que por sí mismos se alejan y no participan abiertamentedel sistema literario emanado del canon. En el
caso concreto de México, no participan del centralismo político,
social y cultural que durante todo el siglo xx formó parte del Estado
priísta, y si lo hacen es desde sus marcos de referencia, desde su
práctica social.
En estos momentos es impostergable observar un dinamismo
cultural en el ámbito de la literatura que no sólo tiene una constancia
en la ciudad de México, sino también en otros lugares. Editoriales
y proyectos culturales abundan a lo largo del territorio nacional,
así como escritores que, incluso con ediciones de autor, proveen
de experiencias particulares la realidad toda del país. Este tipo de
manifestaciones no es nuevo, baste recordar los escritos de José
Luis Martínez de los años cuarenta del siglo pasado, para darse cuenta
de que la literatura mexicana, en sus diferentes géneros practicados,
ha subsistido a los avatares del centralismo, sobre todo, y de manera
frecuente, a través de las revistas, situación que planteaba Martínez
del siguiente modo: "En la capital, los libros son el lujo de las
letras; en las provincias, la gala son las revistas".2 En cierta forma,
tiene razón. Sólo en las dos últimas décadas del siglo xx fue notable el auge de publicaciones en forma de libro. Poesía, novela,
cuento, ensayo, crónica, llenaron los espacios de la República. De
Yucatán a Baja California, hombres y mujeres se hicieron presentes
con su obra creativa; imposible negarlo y cerrar los ojos ante una
avasalladora muestra de la riqueza literaria que emana de uno y otro
lado de esos estados.
Ante eso, es posible considerar la heterogeneidad desde la
división territorial en campos semánticos, que pueden incorporar
1
2

zonas estratégicas, ya sea desde la misma formación geográfica,
considerando la división política territorial (Zacatecas, San Luis
Potosí, Campeche, etcétera), rebasando a ésta o yéndose a espacios
particulares como una ciudad, por ejemplo. Se trata de abarcar las
regiones periféricas, que de suyo abren caminos para contrarrestar
las fuerzas centrípetas, que reafirman un centralismo agobiante e
impráctico, el cual pierde de vista el dinamismo de otras prácticas
literarias. Asumo que el proceso de producción de la literatura desde
el ejercicio de recepción de fines del siglo xx, requiere una visión
más amplia y menos reduccionista. Por ello, la zona norte de
México, por el momento, es viable para resaltar otra experiencia
en los márgenes de lo cultural y por ende en lo literario.
Escenario 11
La elección de la zona norte no es arbitraria. En el campo de la
literatura ha dado pasos agigantados en las últimas dos décadas
con autores y obras que mantienen su vigencia. Es imposible no
darse cuenta de ello. Escriben desde su ciudad, publican ahí o fuera
de ella; se nutren del lugar desde el cual crean sus obras. No es una
casualidad. Cuando hablo de la zona norte de México, me ubico
concretamente en un espacio específico; estoy reconociendo a los
estados norfronterizos, es decir, Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Sonora y Baja California. Me circunscribo a una
región, considerando que el término región "se aplica a un cierto
espacio fisico, delimitado como parte de otro de mayor amplitud;
es decir, la región es un segmento de un conjunto más grande[ ...]
una región plantea implícita o explícitamente, que existen un
espacio y una sociedad más amplias [...]". 3 Esto, sin perder de vista
que "la identificación de una región no depende tanto de las
características geográficas del territorio, como de las características

G. Bonfil Batalla, México profundo. Una civilización negada, p. 101.
J. L. Martínez, Literatura mexicana, Siglo XX 1910-1949, p. 347.

Sergio Ortega Noriega, Un ensayo de historia regional. El noroeste de
México 1530-1880, p. 10.

14

15

3

sociales de los grupos humanos que viven en esa región'',4 y por

ende, de las cualidades culturales. No obstante, lo geográfico, esa
"historia inmóvil" sobre la que escribe Braudel,5 tiene un peso en
los procesos históricos de las sociedades, y los estados norfronterizos no son la excepción.
( Cuando escribo estados norfronterizos, pienso en los estados de
¡ la frontera norte de México, a los que los une, precisamente, la
1
frontera con Estados Unidos; es decir, este es un rasgo que los
agrupa y los distingue del resto de los estados de la República. No
sucede así, en sus historias particulares; su forma de vida, su
(
imaginario social les da una autonomía que al fin y al cabo delinea,
a su vez, la heterogeneidadde la región norfronteriza.6 Sólo hay que
pensar, por ejemplo, en la comida, más allá de la carne asada,
que abunda en esos lugares: los "Burritos de chile" de Baja California norte; el "Tamal huasteco" (zacahuil) de Tamaulipas; las
"Coyotas" de Sonora; el "Machacado con huevo" de Nuevo León;
el Cabrito en chile ancho de Coahuila; o los "Mochomos" de Chihuahua.7 Y para reafirmarlo heterogéneoestán las variantesinternas
-económicas, demográficas,políticas, sociales- de cada estado,
los contrastes entre las ciudades plenamente fronterizas y el resto
de los lugares, cuestión que es notable en unos estados más que en
otros.8 Aunado a ello, se encuentranlas particularidadesgeográficas
de San Luis Río Colorado frente al noreste de Sonora, la zona

norte de Tamaulipasa lado de la zona sur (lahuasteca) y las diferencias entre las ciudades fronterizas de Nuevo Laredo, Ciudad Juárez
o Tijuana, todo como punto ejemplificativo de la variedad que
se percibe en ese espacio que, desde siempre, ha sido de sumo
interés; sobre todo, se ha vuelto objeto de reflexión y análisis,
más que nunca, desde los años ochenta del pasado siglo y hasta
la fecha.9
\
La historia de la frontera norte de México, tal y como la cono- \
cernoshoy como frontera, inicia en el año de 1848,cuando México \
pierde más de la mitad de su territorio y se firma el Tratado de \
Guadalupe Hidalgo, con el que finaliza la guerra con Estados Uni- )
dos, iniciada dos años antes. Evidentemente, en cuanto a límites /
territoriales se refiere, la historia de la frontera norte "ha de remon- /
tarse a los primeros contactos entre las posesiones españolas de !
América y las colonias inglesas, pues de ahí arranca la larga serie \
de conflictos que condujeron a la gradual e inexorableextensiónde /
tal fronterahaciael sur [...]".10Unamiradaa losmapasqueacompañan J
el clásico trabajo de Peter Gerhard, La frontera norte de la Nueve!
España, con los que vienen en el libro del citado Sepúlveda,resulta
aleccionadora para cerciorarse de la movilidad de la frontera, de
esa línea divisoria que, incluso con el Tratado de 48, siguió dando
pie a querellas sobre la fijación de límites, que "no cesaron sino
hasta más de un siglo después, cuando se arregló la disputa sobre
1

1

1

En esos años, período de Miguel de la Madrid (1982-1988), es notable el
interés por el norte de México; llama la atención el afán por observar ese espacio
con todos los mecanismos posibles; el económico es uno. Se trata de "incrementar
la integración de las economías de las regiones y estados fronterizos del norte
de México con la actividad productiva del resto del país" (Alfonso Corona
Rentería y Juan Sánchez Gleason, Integracióndel norte de México a la economía
nacional. Perspectivas y oportunidades, p. 15). Un aspecto trascendente, si se
piensa que en el sexenio siguiente, el de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994)
se firmó el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.
Había que establecer una red económica sólida en la frontera.
10César
Sepúlveda, Lafrontera norte de México. Historia, conflictos, 17629

/dem.

4

5

Cf F. Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de
Felipe JI, Tomo 1, 1987.
6 Cf Jorge A. Bustamante, "Frontera México-Estados
Unidos: reflexiones
para un marco teórico", Frontera norte, enero-junio de 1989.
7Véase
Jorge Mejía Prieto, Gastronomía de lasfronteras, 1990.
8

Quizás lo que mejor ejemplifica esa situación es el contraste demográfico
entre Ciudad Juárez y Chihuahua, la capital del estado: "cabe destacar el
fenómeno demográfico de Ciudad Juárez [...] para 1990 casi la mitad de la
población (46%) vivía al norte de la ciudad de Chihuahua" (Luis Aboites, Breve
historia de Chihuahua, p. 168).

16

1983, p. 13.

17

\,

El Chamiza!". 11 Es cierto, sin embargo, que ese 1848 marca un
momento clave en la historia del país.
De ese año y a la fecha, la frontera norte ha pasado por varios
procesos. Durante el porfiriato hubo un desarrollo en el área agrícola, ganadera y minera; además se apoyó el auge de vías ferroviarias. Antecedente todo ello del movimiento revolucionario de
191O en el que el norte tuvo un papel preponderante (hay que
recordar, por ejemplo, el caso de Sonora).12 Desde este momento y
hasta la segunda guerra mundial, el norte fronterizo se convirtió
en un escenario por el que transcurrieron entre otras cosas: la
creación de una leyenda negra sobre las ciudades fronterizas (unas
más que otras), como ciudades de vicio, que fue provocada por el
surgimiento de bares, casas de juego, la venta de licor, pensado
para los norteamericanos que cruzaban la franja por la "Ley Seca"
de los años veinte; el impacto de la depresión' económica que
provocó una crisis, cuyo efecto se vio reflejado en lá repatriación
de mexicanos del país vecino hacia México, muchos de los cuales
se quedaron en la zona de la frontera; el proyecto de Lázaro
Cárdenas que consistió en el mejoramiento de las vías de comunicación y sobre todo la afectación a latifundios de la Comarca
Lagunera, Baja California, Sonora y Chihuahua, con el fin de
beneficiar a los campesinos, en un intento por incrementar la
población de la zona, entre otras cosas. 13
Así, entre 1940 y 1960, en la zona fronteriza hubo un incremento demográfico que tuvo sus efectos en lo económico y en lo
social.14 De hecho,poco antes de 1976(laprimera gran devaluación
11

Ángela Moyano Pahissa, México y Estados Unidos: orígenes de una
relación, 1819-1861, p. 173.
12
Cf Héctor Aguilar Camín, Lafrontera nómada. Sonora y la Revolución
Mexicana, 1985; y Linda Hall y Don M. Coerver, Revolución en la frontera,
1995.
13
Para una rica narración de lo que fue ese peculiar momento cardenista es
recomendable el libro de Luis González,Los días delpresidente Cárdenas, 1981.
14
Véase Gabriela Estrella Valenzuela, "Migración y población en la frontera

18

del peso mexicano), la fronteravivió, hasta donde pudo, con un alto
nivel económico. Quienes se vieron beneficiados con ello fueron
los sectores medios. En los setenta y ochenta, con todo y la crisis
económica de México y su deuda exterior, es notable el desarrollo
urbano en los estados norfronterizosy el apogeo de las maquilado- ,
ras, que constituyen, para los años noventa, "la tercera fuente de
divisas que registra oficialmenteMéxico, después de los productos
manufacturados por la industria interior y el sector petrolero" .15
Estamos frente a una zona dinámica, social y económicamente
hablando.
Si cada ciudad, desde la zona plenamente fronteriza o hacia el
norte interior, tiene sus características propias, y cada estado se
distingue de los otros, no hay duda de que la región que constituye
los estados norfronterizos goza de una base histórico-social que
ha abierto la posibilidad a la presentación de una literatura de esa
zona; ha dado pie no sólo a la creación sino también a la recepción.
Escenario III
A fines de los años ochenta y durante la última década del pasado
siglo, el discurso teórico literario producido en Estados Unidos
relacionado con la frontera vio un auge sorpresivo. La publicación
en 1987 de Borderlands. Lafrontera. The New Mestiza de Gloria
Anzaldúa y posteriormentelos trabajos de José David Saldívar,por
ejemplo Border Matters. Remapping American Cultural Studies
(1997), abrieron caminos en el acercamiento a la problematización
de la fronteracomo concepto, la situaron sobre el símbolo de Aztlán
dentro de los discursos teóricos chicanos. No obstante, desde la
posición 9e Anzaldúa, quien habla de un tercer país, "a border
culture", o desde el academicismode Saldívar, la noción de frontera
norte", David Piñera Ramírez, coord., Visión histórica de lafrontera norte de
México, Tomo VI, pp. 143-150.
15
Claude Bataillon, Espacios mexicanos contemporáneos, p. 95.

19

,,,
t

1:

u

se metaforiza; se trata, desde su perspectiva, de una :fronteratextual,
teórica, nada geográfica, que nulifica cualquier apreciación real del
espacio compartido por Estados Unidos y México, y cualquiera de
las diversas experiencias que subyacen en la práctica social y
cotidiana: "the Borderlands para la mayoría de las y los chicanos es
la tierra prometida, el regreso a la tradición mexicana o latinoamericana, el asiento de la identidad deseada. Es un sitio a donde se
acude, generalmente, a través del recuerdo, de la lectura o de la
escritura; es un lugar, empero, que raramente visitan o en el que
pocas veces se establecen los promotores de dicho discurso".16
En los noventa, la noción de frontera se popularizó desde el
ámbito de las letras chicanas y la academia estadounidense; sin
embargo, dicha noción nada tiene que ver con la cultura producida
en la frontera norte de México, concretamente, en los estados
norfronterizos. 17 La esencialización del concepto de :frontera, su
homogeneización en una sola imagen, evade la heterogeneidad
i cultural de las ciudades fronterizas como Nuevo Laredo, Ciudad
Juárez, San Luis Río Colorado, Tijuana, o las capacidades de producción, en cuanto a cultura se refiere, de las ciudades capitales de
dichos estados u otras ciudades del norte interior. Nuestra frontera
hoy en día, la de este lado, es diversa, múltiple, tremendamente
plural y por tanto problemática, con todo lo que ello implica:
cuestiones de migración, tráfico de drogas, la influencia del narco,
la explotación laboral en las maquiladoras, la pugna por los bienes
energéticos, la pobreza.

J

16 Socorro

Tabuenca Córdoba, "Aproximaciones críticas sobre las literaturas
de las fronteras'', Frontera norte, julio-diciembre de 1997, p. 92.
17 Incluso autores como Guillermo Gómez-Peña o N éstor García Canclini, a su
modo, han caído en el extremo cuando ven en Tijuana, por ejemplo, "el laboratorio
de la posmodernidad". Los performances de Gómez-Peña no logran transgredir
la posición metafórica, por el contrario la mitologizan y la acentúan más al perder
de vista la frontera geográfica, real, empírica y sus diferentes conflictos, a los que
se aluden en las actuaciones presentadas. Véase N. García Canclini, Culturas
híbridas... (1990) y G. Gómez-Peña, TheNew WorldBorder... (1996).

20

En realidad, es posible hablar de una frontera que se expresa a
través de procesos disímiles, los cuales imposibilitan una unicidad
de un espacio que de suyo se fragmenta en la vida social. 18 Y en
ese corpus variable la cultura que permea al interior y hacia afuera
de esos estados con editoriales y revistas independientes; grupos de
rock como Control Machete, Tijuana No, El Gran Silencio y la misma
Julieta Venegas;19 las fotografías de Flavio Becerra, Odette Barajas o Yvonne V enegas, con su percepción del desierto y la vida
cotidiana fronteriza;2º la literatura que se expresa en cuentos,
novelas, poesía, teatro, ensayo y crónicas.21 Todo ello es un mundo
cultural que late en y desde la frontera total.
En efecto, la frontera norte de México en poco se relaciona con
la frontera vista desde el otro lado. El auge de la cultura de la
frontera norte "devino en una toma de conciencia [...] que cuestiona
ya la base mítica de la simbología chicana y mexicana: podemos
18Gail

Mummert, ed., Fronterasfragmentadas, 1999.

19Estos

grupos son sólo un ejemplo de lo que sucede en el ámbito musical.
Resulta interesante cómo en su propuesta hay implícita una variedad de matices,
de estructuras, de mezclas instrumentales (el uso del acordeón) que vinculada
con letras de trasfondo de cultura de la frontera norte provocan un efecto
renovador en la historia del rock mexicano. El segundo CD de El GranSilencio,
Chúntaros Radio Poder (Monterrey, Nuevo León, 2000), sin duda ejemplifica
bien tal expresión. Para el desarrollo del rock en una ciudad fronteriza como
Tijuana, véase José Manuel Valenzuela y Gloria González, coords., Oye cómo
va... (1999) y Manuel Rojas, La cicatriz. El rock en la últimafrontera (2000).
Sobre la experiencia del rock vista por autores que viven en el norte: José Luis
Velarde, A contracorriente... (1998) y Roberto Castillo Udiarte, Banquete de
pordioseros ... (1999).
2ºVéase
Y. Venegas, Retratos desde Tijuana (1997) y O. Barajas, Del río

amarillo... (1997). Una selección de fotografías de F. Becerra se encuentra en
Revista de diálogo cultural entre las Fronteras de México (primavera de 1999).
21

Por supuesto, habría que considerar otro tipo de discursos, como el cine o
los corridos, con su, a veces, carga mitologizadora. Piénsese, para el cine, en las
películas de los hermanos Almada, por ejemplo (cf Norma Iglesias, Entreyerba,
polvo y plomo. Lofronterizo visto por el cine mexicano, 1991 ); y para mirar los
temas que se presentan en los corridos véase la notable antología El río bravo
es charco (1995) de Gustavo Lópcz Castro.

21

1111
1'11

:11
1

1.:1

ser parientes pero no podemos homogeneizar nuestros procesos
culturales".22 La cultura de la fronteranorte de México no es única,
se construye desde adentro de los microespacios geográficos de
los estados, se desenvuelve en una praxis que la convierte en una
forma empírica dentro de las prácticas sociales,23 se dispersa y
disuelve al exterior del país universalizándose a través de los temas
tratados y el modo en que son abordados. Tal alcance es notable en
la literatura que obviamente participa del sistema literario, mismo
que subyace en la frontera, con autores, obras, crítica literaria y el
trabajo de universidades y centros culturales. En ese sentido, la
producción literaria, y con mayor notabilidad la narrativa, lejos de
estancarse en las metaforizaciones venidas de Estados Unidos,
busca trascender la invisibilización provocada por el desarrollo de
la cultura chicana y las reflexiones teóricas en tomo a ésta. Más
aún, ese sistema literario de la fronteraprueba reemplazar la visión
centralista alrededor de la cultura proveniente de la ciudad de
México.
( Ahora bien, al interior de las prácticas literarias, y contrario a lo
que sucede allende el Río Grande, poco se ha teorizado sobre la
frontera y su relación con los procesos culturales o en concreto
) con .la in~titución lite~aria.Son me~os los trabajos que presentan
/ ese mteres aunque existen. Lo que tiene que ver con la frontera se
11
vincula más con estudios de tipo histórico, sociológico, antropológico o de tradición oral.24 No obstante, quizás por ello, es en
la creación literaria donde mejor se recrea, sobre todo en esos
espacios fronterizos, la frontera real, cotidiana, diversa. Esto es
notable,ya queencuantodiscursoalternativo,frentea lametaforización
1
y el centralismoagobiante,la creaciónliteraria,y aquí pienso en la

narrativa, responde más a inquietudes inmediatas y opta por no
estancarse, en cuanto a temas y formas de representación, en lo /
regional. Hay una intención por romper con las visiones reduc-;
cionistas del campo cultural, que nulifican o encasillan esa área de .
producción con títulos como el de "literatura del desierto" o aludiendo a la imagen, ya rebasada, de que en la zona norte no existe 1
una cultura más que la de la machaca y la carne asada.25
J
En los mismos tiempos en que florecían las reflexiones de
Anzaldúa, hay un auge productivo, literariamente hablando, a lo
largo de los estados norfronterizos. Los autores permanecen en su
lugar de origen y desde ahí escriben y participan de varias maneras
en el desenvolvimiento de la cultura; publican en su ciudad o fuera
de ella, y se percibe su presencia. El avance económico dado en la
zona norfronteriza, la participación de una clase media lectora, el
mantenimiento de universidades con presencia en el área de
humanidades (la de Baja California, Sonora y en algún momento
la de Nuevo León), la creación del Programa Cultural de las
Fronteras en 1985,en el período de Miguel de la Madrid, que volvió
los ojos a la zona del norte, y la llegada de consejos culturales o
institutos dependientes del Consejo Nacional para la Cultura y las
Artes que permitió acentuar la presencia de editoriales, revistas,
talleres literarios, más una dinámica que se vio reflejada con éxito
a fines de los noventa entre los escritores nacidos en los cincuenta
y los sesenta, configuran, sin olvidar las particularidades de cada
estado, algunos de los componentes que han construido la diversidad cultural de la frontera norte en la que la literatura juega un

1

Francisco Luna, "Frontera norte", La Jornada Semanal, 18 de julio de
1993, p. 30.
23
Cf Víctor Zúñiga, coord., Vocesdefrontera. Estudios sobre la dispersión
cultural en lafrontera México-Estados Unidos, 1998.
24
Algunos textos de este tipo pueden verse en la bibliografía final.

A tal situación aludía el escritor GuillermoLavín a mediados de los ochenta
en relación con Tamaulipas: "Durante mucho tiempo, hasta convertirse en lugar
común, se ha dicho que en Tamaulipas no existe más cultura que el machacado,
el cabrito y la carne asada" ("Tamaulip,s: ¿arte sin tradición?", 1987, p. 160).
Afirmación que puede extenderse al/esto de los estados de la frontera. Sin
embargo, como lo muestra el mismo.texto de Lavín, eso es relativo, ahora más
que nunca, pues la cultura de la frotfrem'fiórtecentinúa con ímpetu, destacando
con sus aportaciones.

22

23

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papel importante. Así, es notable vislumbrar las intenciones y preocupaciones literarias tanto de las ciudades capitales como de las
ciudades fronterizas, situación que descubre la activa multiplicidad
temática y formal de lo producido;26 cada estado y cada ciudad ejercen a su modo la experiencia de creación y recepción de las obras.
Escenario IV

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La poca reflexión sobre la literatura producida en los estados del
norte de México ha ido casi a la par de las publicaciones. En esto
han tenido que ver, como se ha dicho, las universidades, las revistas
independientes o institucionales, las editoriales e incluso las obras
ensayísticas de los mismos creadores, quienes también buscan
reconocer las trayectorias literarias de los lugares que habitan. Por
supuesto, no ha sido una práctica uniforme. Es notable cómo cada
estado norfronterizo se ha movido en diferentes niveles de
apreciación.
Baja California ha demostrado que el ensayo es el género que
mejor funciona para el acercamiento a los textos y a la reflexión
teórica. Los trabajos de Humberto Félix Berumen y Sergio Gómez
Montero son importantes en ese sentido. El segundo, más teórico
que el primero, ha planteado aspectos alrededor de la problemática
fronteriza en relación con la literatura, con aquella que se realiza
en ese estado y en ciudades a veces muy concretas, como Tijuana.
Con bases teóricas que van desde la sociología hasta, por momentos,
el estructuralismo, Gómez Montero apuesta, por ejemplo, hacia la
26

Asumo que, en tanto diversidad, existen variantes interesantes entre los
escritores de las ciudades fronterizas (Tijuana, San Luis Río Colorado, Ciudad
Juárez y Nuevo Laredo, por ejemplo) y los que escriben desde las capitales de
los estados. Éstos participan del proceso cultural de la frontera, pero en tanto
que se mantienen al margen de la cotidianidad fronteriza,proponen, pienso sobre
todo en aquellosque apuntana un realismoinmediato,una estéticaque los deslinda
de las intenciones de quienes tan cerca de Estados Unidos se desenvuelven en
una realidad que no deja de percibirse por momentos en su obra.

24

relevancia de aspectos como el lenguaje y su entorno. Sus textos
"Lenguaje y frontera", "Tradición narrativa en la frontera norte" y
"Frontera: espacio, tiempo y postmodernidad" sugieren abiertamente las distinciones de esa parte de la República en cuanto a
creación se refiere.27
Con Berumen nos encontramos frente a un historiador de la
literatura del norte en general, sobre todo, con una dedicación a
los autores del estado de Baja California, en concreto a los que
están en las ciudades fronterizas, o los que se encuentran más cerca,
los de Sonora o Chihuahua. Es un defensor y propagador de esa
literatura. En su libro fundamental, De cierto modo. La literatura
de Baja California, hay un texto que se ha convertido en una
referencia de los diferentes procesos por los que pasa la literatura
de esa zona en los últimos lustros, me refiero a "El cuento entre
los bárbaros del norte (1980-1992)", en el que hace un recorrido
demostrativo de lo que ha sido ese género en aquellas tierras a
través de escritores relevantes. 28 Poco antes de este libro, ya había
aparecido una útil antología con autores representativos del estado,
en la que se da "una visión panorámica del cuento contemporáneo
de Baja California". Berumen es claro con respecto a lo que se
propone la antología: "Su principal objetivo [...] consiste en dejar
constancia de la madurez alcanzada por los cuentistas bajacalifornianos más destacados, dejando de lado a otros de menor
oficio. Toma en cuenta[ ...] la calidad y la originalidad de los textos
seleccionados".29 Hasta el momento, es la única antología dedicada
sólo a cuentistas de ese estado.
Desde Mexicali, el fructífero escritor Gabriel Trujillo dedica
varias de sus obras al fenómeno literario; con reseñas, ensayos,
artículos, entrevistas, da cuenta de lo que sucede en Baja California.
S. Gómez Montero, Sociedad y desierto. Literatura en la frontera norte,
1993.
28
H. F. Berumen, De cierto modo. La literatura de Baja California, 1998.
29
H. F. Berumen, comp., El cuento contemporáneo en Baja California, p. 13.
27

25

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Señas y reseñas (1992) y De diversa ralea (1993) conjugan una
muestra del quehacer de divulgador atento y entusiasta, características que envuelven los textos de este autor. Ahí destaca su
compilación La lengua del camaleón I (1990), en la que se entrevista a varios de los escritores (narradores, poetas, ensayistas) de
Baja California. En otra línea de observación, está el trabajo de la
Universidad Autónoma de Baja California Sur, donde se busca
reconocer el camino que ha seguido la literatura al sur del estado y
cuál es la trascendencia de una literatura regional y lo que implica. 30
El caso de Sonora es diferente. En su capital, Hermosillo, la
Universidad ha tenido un papel importante en la difusión de la literatura que se produce en el lugar. Sin duda, el Coloquio, que desde
los años ochenta y hasta ahora promueve el Departamento de Letras
y Lingüística, es un punto de encuentro para la meditación alrededor
de los fenómenos literarios de los estados de la República. Con el
tiempo, el evento ha tenido sus cambios, no sólo en el título, sino
también en cuanto a contenidos. Los variados títulos así lo indican: Coloquio de análisis de la literatura regional, Coloquio de
las literaturas del noroeste, Coloquio de las literaturas regionales,
Coloquio nacional de literaturas regionales y Coloquio de las
literaturas mexicanas, con el que se mantiene hasta el momento.31
Resalta mucho en las primeras Memorias publicadas la dedicación
hacia la reflexión en tomo a la literatura regional, pero más particularmente hacia la literatura sonorense, un aspecto que a lo largo
de los años se modificará a partir de la apertura temática del
evento.32 Por supuesto, en las Memorias se encuentran textos de
diferentes tipos, desde los muy teóricos hasta los ensayísticos. En

este aspecto también es notable el cambio que presenta el modo de
acercarse a los textos y las manifestaciones literarias. De cualquier
modo, lo que es importante resaltar es la beligerancia con que se
destacan los procesos literarios de las zonas que el centralismo ha
dejado de lado; en eso, el evento de la Universidad trasciende, puesto
que abarca un campo más amplio que el de la literatura canonizada.
En ese intento por aprehender de manera más concreta la
literatura sonorense, en esa misma institución se han publicado
varias obras dedicadas a situar los procesos de la narrativa y la
situación de otros discursos, como el periódico por ejemplo. Varios
de esos trabajos se publicaron a fines de los ochenta y a lo largo de
los noventa.33 Todos esos estudios son necesarios, y se consideran
una parte fundamental para cualquier acercamiento a la literatura
sonorense, sobre todo a la narrativa.
Los estados de Chihuahua y Coahuila son, quizás, los que menos
trabajos presentan alrededor de la literatura de la zona. De éstos,
Coahuila se encuentra relativamente en ceros; no quiere decir, por
supuesto, que no haya una producción literaria en ese estado, la hay.
Algunas reflexiones aparecen en el Segundo encuentro. "Lectura y
conversación de escritores", aunque participan ahí autores del
noreste de México.34 Por su parte, en Chihuahua, y concretamente
en Ciudad Juárez, es posible encontrar libros interesantes, como el
de Socorro Tabuenca, Mujeres yfronteras. Unaperspectiva de género
(1998), en el que se aborda la literatura de la tijuanense Rosina Conde
y la juarense Rosario Sanmiguel. El trabajo resulta de interés porque
se distancia de la visión centralista relacionada con la escritura
realizada por mujeres; aporta las pautas para seguir estudiando a
otras autoras de la zona norte.

Véase Rubén Sandoval, ed., Memorias de las jornadas de literatura regional (La., 2a. y 3a. Jornadas), 1997.
31
Hasta ahora van dieciocho eventos. Las referencias de las memorias publicadas se encuentran en la bibliografia.
32
Localizamos por ejemplo, entre otros, textos como "Camino hacia las
fuentes de la historia de la literatura de Sonora", de Carlos Moneada Ochoa

(IX Coloquio ... ); "El caso del narrador en la prosa sonorense", de Rita Plancarte
Martínez (X Coloquio ... ); "Observaciones lingüísticas en textos literarios
sonorenses", de Andrés Acosta Félix (XI Coloquio ...).
33
Véase el capítulo dedicado al escritor Gerardo Cornejo.
34
Jesús de León y Gabriel Pereyra, Palabras del norte. Memorias. Segundo
encuentro. "lectura y convcrsacion de escritores", 1991.

26

27

30

A su modo, Nuevo León y Tamaulipas han hecho lo propio. En
1998, Mónica Díaz Avilez publicó Paisaje de Nuevo León en la
literatura. Visión de tres mujeres, donde estudia la obra de Irma
Sabina Sepúlveda, Cris Villarreal Navarro y Patricia Laurent
Kullick;35 poco anteshabían salido los imprescindiblesDiccionario
de escritoras nuevo leonesas. Siglo XIX y U'y Escritores de Nuevo
León. Diccionario Biobibliográfico, de Irma Braña Rubio y Ramón

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Martínez Sáenz, el primero, y de Israel Cavazos Garza, el segundo.
Ambas obras, de 1996, aparecen en un momento en el que la
narrativa en la ciudad de Monterrey se desliza con fortuna por los
caminos de la producción. La cantidad de autores de excelente
calidad es sorprendente.
En cuanto a Tamaulipas, el asunto ha sido un poco distinto. Ha
habido interés, es cierto; así lo demuestra la clásica obra en tres
tomos de Carlos González Salas, Historia de la literatura en
Tamaulipas, que resulta apreciablepor la información de autores y
obras. Más recientemente, los estudios sobre literatura escrita en
ese estado están vinculados a un nombre, el del escritor Orlando
Ortiz, quien es uno de los mejores conocedores de lo que se escribe
por allá. Muestra de ello son sus más recientes antologías, Cuentistas tamaulipecos. Del fin de siglo, hacia el nuevo milenio y
Novelistas tamaulipecos del siglo xx, ambos del 2000.
Los estados que más reflexiones presentan sobre la producción
en general y particular del norte de México, cuantitativamente
hablando, son Baja California y Sonora. Si esto sucede así no es,
obviamente, porque haya más producción de obras. Creo que es
determinante para ello, por un lado, en el caso de Baja California,
la aparición en el ámbito cultural de un lugar como el Centro Cultural Tijuana, el trabajo de la Universidad y el desarrollo de las
instituciones como El Colegio de la Frontera Norte, cuya sede prin-

cipal se encuentra precisamente en Tijuana. Florece pues un dinamismo cultural. Si bien en Sonora no existe un centro como aquél,
aparte de la Universidad, ha sido importante el trabajo editorial
que El Colegio de Sonora ha realizado.
Hay que considerar en lo arriba anotado que para la difusión,
posible lectura y reconocimiento de los autores, las antologías
publicadas por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes son
una referencia que debe ser considerada, pues cada una de estas
viene acompañada de una introducción y una sección biobibliográfica bastante útil; funcionan como fuentes de primera mano
que no pueden perderse de vista.36Un lector de la literatura de esa
región encontrará la información adecuadapara profundizar en los
estudios.37 Como quiera que sea, estas antologías forman parte de
esos mecanismos de reflexión, bosquejados arriba, que indican el
interés suscitado al interior de los estados y fuera de ellos. Marcan
un área que permite desde ya observarcon otros ojos los fenómenos
culturales de la zona norfronteriza.
Escenario V
La creación de revistas independientes,con o sin apoyo del Estado,
ha sido fundamentalpara exteriorizarlo que se hace a nivel literario
en los estados del norte. De las más duraderas están A Quien
Corresponda y Umbrales (ambas de Tamaulipas, una de Ciudad
36

Para más detalles sobre este libro y el ya nombrado de Socorro Tabuenca,
véase mi reseña dedicada a ambos textos en Literatura Mexicana XI. l (2000),
pp. 407-415.

Respecto a las antologías de los estados norfronterizos, la que jamás salió
a la luz fue la del estado de Chihuahua.Las otras son: Tamaulipas.Una literatura
a contrapelo; Nuevo León. Entre la tradicióny el olvido; Innovación y permanencia en la literatura coahuilense; Sonora. Unsiglo de literatura; Baja California Sur. Otro mar, otro desiertoy Baja California.Piedra de Serpiente. Véase
la bibliografia.
37
Es cierto que cada antología quiso ser una muestra de lo más relevante. La
crítica que se les podría hacer es la inclusión de autores canonizados. Es decir,
pareciera que sólo incluyendoa autoresde la talla de Alfonso Reyes,por ejemplo,
se le otorga validez institucional a los otros autores que escriben desde el estado
que habitan.

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Victoria y la otra de Nuevo Laredo). La primera es la que ha permanecido contra viento y marea como una muestra de constancia;
lleva hasta ahora más de cien números y es reconocida en varios
lugares del mundo. También es relevante considerar la fundación
de editoriales en la propagación de esta literatura. Ahí están
Yoremito y La Espina Dorsal, las cuales, desde Tijuana, aportan
su visión de lo que se escribe en el norte. De las dos, Yoremito
cumplió, en un breve tiempo, un papel trascendente como difusora
de los escritores nacidos en los cincuenta y sesenta en alguno de
los estados norfronterizos; publicó novela, cuento, crónica, con
temas diversos y opciones formales; igual ciencia ficción que
narrativa policiaca o literatura con tema homosexual. En los varios
títulos, la editorial Yoremito expuso, a su modo, la efectividad de
la literatura de la frontera norte. Lo mismo ha intentado Ediciones
Papel, de San Luis Río Colorado, Sonora, íntimamente ligada a la
Asociación de Escritores de ese lugar. Y en igual línea han hecho
cosas las instituciones dependientes del CNCA y los institutos
culturales de los mismos estados, que permitieron que los autores
jóvenes y los no tanto publicaran en sus colecciones y revistas.
Abundan, por ejemplo, las publicaciones de autores nacidos en los
años sesenta y setenta en Monterrey, Nuevo León.
No creo que haya una zona dentro de la República Mexicana
que muestre, con la excepción del Distrito Federal, un movimiento
interactivo tan vivo y sui generis, que además se agudiza al interior de los textos cuando se nota la calidad e intenciones estéticas
de los autores, quienes, en esa diversidad cultural, proponen
poéticas desde la ciencia ficción, la narrativa policiaca, la novela
histórica o el humor, abocándoseal espacio de la frontera o, por el
contrario,huyendode él, como en el caso de PatriciaLaurent, quien,
desde Monterrey, sitúa varias de sus historias del libro Esta y otras
ciudades (1991) en países de Europa, o el caso de Willivaldo
Delgadillo,quien,desdeCiudadJuárez,traspasasu cosmos ficcional
al mundo árabe en la novela La virgen del barrio árabe (1997).
Así, podemos descubrir un cuento que escrito desde Mexicali,
30

inicia: "El amor, Amor, es una lata Nestlé de leche condensada,por
eso te empalaga y luego, después de la tercera cucharada, la pobre
lata de amor termina siempre en el bote de la basura"," que bien
puede ser compuesto desde cualquier lugar de México, u obras en
que la carga social y la referencia a la ciudad que se habita se
encuentra de inmediato: "Monterrey es una ciudad que engendra
animales nocturnos, sedientos de sangre", piensa el personaje de
"Nocturno fugaz", mientras recorre las calles llenas de bares de la
capital regiomontana.39
Muchas son las obras y los autores que participan del aceleramiento narrativo de la frontera. Por el momento, me sitúo en
algunas de las ciudades fronterizas, para destacar aún más la
participación de los escritores en la práctica cultural. Con ello, se
ejemplifica además un discurso que pone en jaque la percepción
metaforizada y reduccionista de la frontera, frente a una viva, que
día con día se percibe tremendamente apabullante.
,
Desde Tijuana, pasando por San Luis Río Colorado, Ciudad \
Juárez, hasta llegar a Nuevo Laredo y a veces hasta Reynosa, la
1/
literatura generada en tales ciudades es más que sugerente en su
relación con la frontera. Ahí podemos encontrar una narrativa que
se apega a una realidad concreta, la de la cotidianidad de las
ciudades fronterizas, a través de un lenguaje por medio del cual
se hace evidente el interés por atrapar el ambiente en el que se
desenvuelven los personajes.
Existen obras en las que, sin titubeos, se abordan temas como la
migración, la pobreza, y en los que el orgullo fronterizo surge.
Una novela como Give me one penny (1996) de Rubén Meneses,
publicadaen San Luis Río Coloradopor la Asociaciónde Escritores,
narra la experiencia de un niño que observa la miseria y el espacio
fronterizo mientras pide limosna, de ahí el título. La escritora Lucía
Calderón, con un título más que sintomático, "¿Narcos?, ¡Líbrenos
Regina Swain, La señorita supermán..., p. 37.
Eduardo Antonio Parra, los límites de la noche, p. 72.

38

39

31

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Dios!", cuenta la historia de una familia en la que la esposa, para
obtener dinero y sobrevivir, se dedica a pasar costales de droga a
través del Río Bravo en la zona limítrofe de Tamaulipas."
También están presentes las cuestiones sociales (de clase y de
género) que son inevitables en una frontera más que distinguida,
Juárez-El Paso. En estos autores hay la referencia inmediata, sin
tapujos, a la realidad; algunos de ellos con una fluidez descriptiva
que deslumbra, como en el caso de Rosario Sanmiguel:

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[...]La vida se renovaba. La melodía del acordeón se mezclaba con
el fragor del mundo. Algunas monedas caían en el sombrero a los
pies del músico. Hacia el poniente la catedral soltaba las campanas.
Los fieles a misa. Atrás del campanario el desierto devoraba una
naranja en llamas. El templo metodista abría sus puertas. Los cholos
buscaban sus guaridas, cercanas a las vías del tren. Las indígenas
recogían sus tendidos de yerbas y dulces. Los gringos cruzaban los
puentes para beber toda la noche [...].41

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Los cuentos que componen la obra de esta escritora muestran
las estrechas relaciones, las diferencias y semejanzas de los seres
que habitan y se mueven en ambos lados de la frontera. Pero en
esos niveles, en los que la frontera real es un fantasma cotidiano e
inevitable, se ubican también los cuentos y novelas policiacas de
Gabriel Trujillo. El caso de la novela Mezquite Road (1995), en su
brevedad, coloca al lector en el mundo de los antros fronterizos,
los narcos, las drogas, la corrupción.
Ahora bien, si los ejemplos aludidos tienen que ver con un
realismo inmediato, en un ámbito como el de las ciudades fronterizas donde todo es posible, no extraña encontrar una narrativa
que deje ese realismo y hasta donde puede aproveche, como base
formal, la ciencia ficción. La larga trayectoria dentro de ese género
40L. Calderón, "¿Narcos?, ¡Líbrenos Dios!", Orlando Ortiz, ed., En lasfronteras del cuento ..., pp. 13-18.
41 R. Sanmiguel, Callejón Sucre y otros relatos, p. 37.

32

es visible en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Los obras dedicadas a la
frontera, pero vistas en el futuro, son propuestas que valen la pena
considerarse.
El libro El salmo del milenio de Ramón López Castro y el cuento
"Náyade" de Jorge Álvarez proponen una frontera utópica. La zona
fronteriza vista por los autores que habitan ese espacio participa
de la frontera real en la que la ciencia ficción es un recubrimiento,
pues en el trasfondo descubrimos que la frontera está ahí y que es
inevitable. Las pugnas internas, la lucha entre el norte de México,
el centro y el sureste, y la franja fronteriza como una línea de batalla,
son sólo escenas irrevocables en una literatura de tal tipo, en la
que se encuentran visiones nada optimistas: "Pero en la frontera
ya no hay merengue-house, ni fiestas, ni hablar de las pocas
hembras. Ilegales, por otro lado, los hay en exceso, y no a todos les
gusta ese ritmo. La mayoría prefiere sencillamente matar. Para
comer, para robar, para encontrarle sentido a la vida. Toda la América Latina envía sus representantes a la zona divisoria, en un intento
desesperado por cruzar la línea dura".42
La narrativa de ciencia ficción, la policiaca y la argumentativamente realista conforman parte de la creación notable en algunas
de las ciudades fronterizas. No obstante, de todos los lugares que
más inspiran a la ficción se encuentra Tijuana. Incluso es una de las
ciudades fronterizas que, en cuanto a prácticas culturales se refiere,
es la más rica si la comparamos con otras.43 Dada esa relevancia,
habrá que decir que existe una tradición de varios años, en cuanto a
narrativa se refiere, y al igual que las producciones de otras ciudades,
se acerca al mundo de la frontera desde ángulos que van desde la
forma policiaca, hasta un realismo sugerente que se distingue por el
lenguaje coloquial que propone. Un lenguaje directo, que se atreve
a la experiencia estética, sin dejar de lado la frontera viva:
42

J. Álvarez, "Náyade", Orlando Ortiz, ed., En lasfronteras del cuento ..., p. 63.

43

No estoy considerando, por supuesto, las obras que aluden a Tijuana, sino
los autores que viven en esa ciudad y participan de ella en su vida diaria.

33

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Mi city tiene una zona de tolerancia para amantes de las infecciones
y el asunto sádico del sex for money. Hoteles de paso y mogollón de
ilegales en pos del sueño americano. Una central camionera en la
que ávidos polleros y carteristas se pelean por clientes elusivos.
Funciones de box y lucha, canales locales de tele y cine para ratas.
[...] Un odio indiferente a chilangos [...]. Bandas de rock, grupos
tropicales y sonidos pachuco [...]. Pochos who never leam to speak
spanish y que vienen a comer tacos with mucho guacamoles and to
buy sorne galletas and cobijas pa'taparse del frío racial en su home.
[...]Camiones recolectores de basura[ ...].
Mi city es un punto libre y un aparte sin censura, un rincón lleno
de contrastes y esperanzas, mosaico de posibilidades y frente en alto
[...].Como diría un home-boy de la Liber: We're very proud to live
here en la city fronteriza más visitada del mundo. Do you understand
that ese? Si no, fuck off."

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En este fragmento final del cuento "Tijuana para principiantes",
el tono desinhibido y el orgullo de pertenencia a un lugar es notable. La manera en que se alude a las imágenes comunes de Tijuana
es prácticamente destronada con las últimas palabras llenas de cierta
ironía sutil. Esa cualidad de oponerse abiertamente a la percepción
mitificadora de esa ciudad fronteriza, es bien lograda cuando se
atrapa el habla popular de ciertos sectores sociales marginados,
como el caso de los cholos. Nótese la percepción de usos y costumbres desde la perspectiva de un personaje femenino, una chola, en
el siguiente texto:
Aliviánese, mi Saico. Qué onda con usté, qué rollo. ¿No eres mi bato,
no soy tu ruca? La primera vez, ¿no te acuerdas? Hace cinco años
que te guaché, ahí tabas parado con tu clica en el borlo de mi prima la
Carlota, tus mejores tramos, tus mejores cacles, el chalequito, la
loción. Olías re suave,mi Saico, tu greña brillosa, muy acá, tu peocha,
tu mostache bien crecidito. La Carlota y las demás rucas me decían
que nomás me guachabasa mí, que nadie más había en el mundo. Y yo

me hacía del rogar. Decía: nel, con ese bato nel, ese bato anda con
todas, nel. La Carlota está zafada, nel, ese bato no. ¿Te acuerdas,
pinche Saico?45
Esas imágenes no ocultan ni nulifican la frontera, por el contrario,
estamos observando un caleidoscopio de prácticas sociales que son
inevitables en la narrativa desarrollada en Tijuana y que exponen a
su manera las contradicciones humanas que nos rodean. Claro que,
en la literatura, la visión no puede ser tan trágica, o mejor, puede
ser sutilmente aligerada. Los recursos usados por el escritor Luis
Humberto Crosthwaite son el humor y la ironía para desafiar el
mundo de la frontera. Qué mejor ejemplo que una de sus crónicas,
cuyo título es "The invaders":46
Ésta es una tierra invadida. Al principio había puros indios y llegaron
los españoles a invadirlos. Luego había puros mestizos y llegaron los
gringos a invadirlos. Luego se hizo la ciudad. Una ciudad para los
invasores. Esta ciudad no existiría si no fuera por ellos. Necesitaban
un lugar para beber cuando sus leyes lo prohibían y construimos
cantinas para que se emborracharan y prostíbulos para que murieran
de amor. Querían perder dinero e inventamos casinos. Trajimos para
ellos corridas de toros. Creamos un gran hipódromo. Importamos
pelotaris del País Vasco. Los invasores pensaban que México debería
parecerse a España e inventamos el primer table-dance, con bailarinas
de flamenco que castañeteaban y zapateaban enseñando sus atrevidos
chamorros. [...] ésta es una tierra que complace a los invasores.
Después del arribo de los gringos se dejaron venir los chilangos, con
su actitud de supremacía y prepotencia. Fueron llegando poco a poco,
primero seducidos por la fayuca, después huyendo de los temblores.
Cuando despertamos, los chilangos ya estaban aquí, diciéndonos que
eran superiores a nosotros, que allá en el D. F. las cosas son distintas,
mejores.Inclusonosotros,tan complacientes,terminamosaborreciendo
esa actitudmetropolitana,y algunosinsurgentesencabezaronsu propia
45

Rafa Saavedra, Buten Smileys, pp. 75-77.

44

34

Luis Humberto Crosthwaite, El gran preténder, p. 21.
El título de la crónica hace referencia al programa de televisión con el
mismo título, de los años sesenta. En México: "Los invasores".
46

35

lucha, buscando hacer patria, eliminar el problema. Pero hasta los
insurgentes eran invasores. Ésta es una tierra constantemente invadida.
[...]venga conmigo al aeropuerto, a la central camionera, vea usted
la multitud de invasores que llegan cada día de otros rincones de la
república. Mírelos.47

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Ante una reflexión como ésta, desde la mirada del cronista que
observa y además muestra un conocimiento del campo de acción,
uno distingue el destronamiento de la imagen de la frontera. La
desmitifica ciertamente como el lugar de la abundancia y a su
manera se acerca a un tipo de distanciamiento espacial frente a lo
que se ha planteado en la teoría como metáfora.
Así pues, la producción cultural de la frontera norte de México,
específicamente en el campo de la literatura y mejor, en el ámbito
de la narrativa, no es para nada cerrada, unívoca, ni única. Es una
producción que asume las diversidades de la creación, de la imaginación, a veces sin perder de vista la heterogénea realidad que
envuelve a los estados norfronterizos de México.

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Último Escenario

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En la búsqueda por distinguirse de la cultura centralista, los diferentes estados norfronterizos han creado una distancia frente a las
propuestas que se divulgan en la ciudad de México. En el Coloquio
La literatura en Baja California: trayectoria, propuestas y perspectivas (1991), por citar un ejemplo, de uno u otro modo, se intentó
ver la trayectoria literaria de ese estado, sin tener como punto de
referencia al Distrito Federal.48 Más específicamente, Francisco

47

"The Invaders". Sección "Red Hispana" de la página electrónica de la revista

Letras Libres. Diciembre de 1999.

José Amparán apuntaba sobre los "Obstáculos y problemas de una
generación perdida'', hablando de los escritores norteños de la
generación pre-68: "a fin de siglo viene resultando ya una necesidad
imperiosa el llamar la atención acerca de un grupo que, en el
conjunto de la literatura mexicana del siglo xx, resulta interesante,
novedoso y relegado".49 Esta ansia de distinguirse frente a la
institución cultural oficial es un hecho que no puede negarse y que
tiene como base el desarrollo de una narrativa que cada día se
solidifica más.
A lo largo del siglo xx, el norte de la República materializó
esfuerzos y a partir de los años setenta dio muestras de escritores
sólidos, como Jesús Gardea o Gerardo Cornejo, quienes abrieron
paso a otros autores: Ricardo Elizondo y Daniel Sada. La década
de los noventa marca el mejor momento, en cuanto a creación y
recepción de las obras, de los autores nacidos o radicados en los
estados fronterizos del norte de México. Ahí se descubren los
autores de los sesenta y setenta como Patricia Laurent, Eduardo
Antonio Parra, David Toscana, Luis Humberto Crosthwaite,
Joaquín Hurtado, Fran Ilich, Rafa Saavedra, Regina Swain, Ernesto
Moneada, Rafael Cárdenas, Marcos Rodríguez Leija, Jaime
Romero Robledo; se redescubren a los que vienen de los cincuenta:
Guillermo Lavín, Rosina Conde, Federico Schaffler, Francisco José
Amparán, Héctor Alvarado, Rosario Sanmiguel, Gabriel Trujillo,
Gerardo Segura; y se mantienen los que iniciaron años antes. 50
Casi todos, con la excepción de Daniel Sada, desde diferentes
espacios del norte, son clara prueba de lo que se escribe fuera del
centro. Todos, con una fuerza verbal que los radicaliza y los
la necesidad de la crítica literaria. Véase Humberto Félix Berumen, "La necesidad
de la crítica: de la impresión al juicio literario'', Coloquio La literatura en Baja
California: trayectoria, propuestas y perspectivas, pp. 21-26.
49

48 Como

en otros coloquios realizados en la frontera norte, los diferentes
ponentes dieron propuestas que pueden considerarse no sólo para el caso concreto de Baja California, sino para el resto de los estados del norte, por ejemplo,

36

F. J. Amparán, "Obstáculos

y problemas

de una generación perdida'',

Fronteras, invierno 1996-1997, p. 26.
50

Para los títulos de las obras, véase la bibliografia.

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distancia del resto de la producción narrativa hecha en nuestro país,
oxigenan una narrativa mexicana muchas veces centralizada y
envuelta en sus propios mitos.
Para vislumbrar esos procesos de producción en una región dada,
como la aquí sugerida, había que considerar la posibilidad, en el
marco de lo que ha sido la literatura mexicana, de reducir, si fuera
necesario, el campo de acción creativo, de modo que se pudieran
abarcar varias circunstancias. Para ello, el concepto de microhistoria,
usado en la historiografia, lo tuve presente como herramienta, para
abarcar otros espacios no impuestos por la institucionalidad, con
lo que se logra estudiar más campos semánticamente producibles.
La frontera norte permite, por el modo en que se ha desarrollado
en la práctica social y cultural, mirar de otra manera la literatura
que se produce en el país. Se podría hablar entonces, y por
cuestiones puramente metodológicas, de una microhistoria literaria,
en cuanto que es útil y flexible para abarcar espacios geográficos
reducidos, sin negar ámbitos amplios que pueden o no influir en
los procesos de construcción literaria.51
En el campo concreto de la historia mexicana, la microhistoria
ha sido desarrollada ampliamente gracias al entusiasmo de Luis
González, quien, con su libro Pueblo en vilo. Microhistoria de
San José de Gracia, dio inicio a una escuela historiográfica que se
mantiene aún, con la publicación de obras relacionadas con la
microhistoria. 52 Luis González propuso pautas para elaborar
estudios microhistóricos. Tres ubicaciones pueden considerarse
para estudiar un lugar: la ubicación geográfica, la histórica y la
51

La idea, por cierto, no es tan novedosa. Veáse Zulma Palermo, "Hacia una
historiografía literaria en el noroeste argentino", Sociocriticism, vol. XIII, 1998.
Y ya en la práctica literaria:Miguel Méndez, "De la microhistoriay la literatura",
Rosa Morillas Sánchez y Manuel Villar Raso, eds., Literatura chicana. Reflexiones y ensayos críticos, pp. 33-39.
52
Véanse, por ejemplo, aparte de Pueblo en vilo..., Jorge F. Hemández, La
soledad del silencio. Microhistoria del Santuario de Atotonilco (1991); Carlos
Flores Marini, Apaseo el Grande: un estudio de microhistoria regional (1988).

38

biográfica. Éstas hacen posible el acercamiento concreto y específico. En todo caso, "la microhistoria en cuanto práctica se basa
en esencia en la reducción de la escala de observación"53 y, corno,
procedimiento metodológico, puede ser aplicable.
La utilidad de la microhistoria radica en que libera del anonimato
aquellos lugares que la historia oficial deja a un lado o sencillamente
no le interesan. Con la microhistoria se intenta llegar a argumentos
de cierto alcance, que rebasen lo que asigna la tradición histórica.
Como lo anota Giovanni Levi: "Ciertos fenómenos que anteriormente se consideraban suficientemente descritos y entendidos, se
revisten de significados completamente nuevos al alterar la escala
de observación. En ese momento es posible utilizar estos resultados
para extraer generalizaciones mucho más amplias". 54 La microhistoria
es relevante porque el método propuesto es lo suficientemente
maleable como para reconstruir espacios que pueden llegar a totalizar
la realidad y estar más cerca de una historia que hace "aparecer
todas las discontinuidades que nos atraviesan" cotidianamente.55
Así pues, esa categoría permite que uno vaya de igual manera a
ciudades como San Luis Río Colorado, Tijuana o Monterrey sin
perder de vista la zona norfronteriza como conjunto. Esta visualización no se estanca con la microhistoria literaria, por el contrario,
como método, me permite recorrer lo que ha sido el desarrollo
cultural de ciudades particulares del norte.
A los autores de la frontera norte de México no sólo los une el ~
lugar geográfico, sino la diversificación de situaciones que se
explican a partir del mismo ámbito espacial. Los antros de Tijuana,
el narcotráfico, la parodia de instituciones políticamente establecidas, la ciencia ficción, lo religioso y la constante experimentación
a través de una escritura distintiva, fuera de todo realismo inmediato

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53

Giovanni Levi, "Sobre microhistoria", Peter Burke, ed., Formas de hacer
historia, p. 122.
54
fbidem, p. 126.
55 Michel Foucault, Microflsica del poder, p. 27.
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urbano, trascienden cualquier encasillamiento; se resalta la heterogeneidad de la práctica literaria.56 Con estilosdiferentes,los autores
enmarcan su escriturapara trascender a veces los variados espacios
de la extensa superficie del norte.
Como se ha intentado establecera lo largo de este texto, es en los
últimos veinte años del pasado siglo cuando se da un auge en la
literatura norfronteriza, pero esto no quiere decir que no haya
antecedentes. La continuidad en cuanto a obras y autores ha sido
sorprendente e inesperada, aunque explicable por una tradición
narrativaque,subrepticiamente,en edicionesde autory publicaciones
en revistas y periódicos," daba indicios de lo que sucedería en el
futuro. Si bien estos antecedentes fueron opacados por el auge de
la literatura defeña de los años sesenta, ahora, a la distancia, es
que se redescubre su trascendencia.
Evidentemente, el tener presente como metodología una microhistoria literaria implica reconocerse más como literato, pues no
se olvida que estamos frente a una obra artística a partir de la cual
fijamos nuestros criterios de análisis;58 no es un criterio histórico
sino estético el que determina la elección. En este sentido, he
tomado en cuenta, cuando es necesario, para mis reflexiones
alrededor de la narrativa norfronteriza las interrelaciones que se
consideran actualmente en la teoría literaria: autor, obra, lector,
contexto; es decir, "aprehender el fenómeno literario de la manera
más significativay completaposible,no sólo averiguandoel sentido
de un contexto cultural, sino procurando estudiar cada autor en su
integridad estética".59 No perder de vista el contexto y a su vez
56

Como se ha anotado antes, la crítica literaria ha reducido la experiencia al
título de "literatura del desierto". El desierto aparece, sí, pero como un elemento
más dentro de muchos y variados intereses estéticos.
57Piénsese,
por ejemplo, en la reivindicada novela de Hemán de la Roca,
Tijuana In (1932), o en los cuentos de Irma Sahína Sepúlveda, Agua de las
verdes matas (1963), sólo conseguibles en edición de la autora.
58
Cf René Wellek y Austin Warren, Teoría literaria, 1979.
59
Antonio Candido, " 'Introducción', Formaciio da literatura brasileira

40

resaltar la singularidad de cada uno de los autores. Ya el mismo
Valéry apuntabaque
[...] el conocimiento de los autores y su tiempo, el estudio de la
sucesión de los fenómenos literarios no puede .sino incitamos a
conjeturar lo que pudo ocurrir en lo íntimo de aquellos que hicieron
lo necesario para obtener su inscripción en los fastos de la Historia
de las Letras. Si lo han obtenido es por el concurso de dos condiciones
[...]:una es necesariamente la producción misma de la obra; la otra
es la producción de cierto valor de la obra, por aquellos que han
conocido, gustado la obra producida, que han impuesto su renombre
y asegurado su transmisión, su conservación, su vida ulterior."

Con la posibilidad de un uso de la microhistoria literaria tuve la
ventaja de distinguir un espacio geográfico, histórico, social y
cultural. No se trata, por supuesto, de caer en arbitrariedades;
tener presente esa categoría y su funcionamientome ha permitido
destacar rasgos culturales diversos que posibilitan la construcción
de otra manera de ver el fenómeno literario, ya no sólo del norte
sino del resto de los estados. La microhistoria literaria me facilitó
la vinculación entre el "espacio de producción" y los "modos de
producción" (la poética), de tal manera que fue posible empezar a
construir una serie de reflexiones más allá del centralismo.
Así,sinperderdevistalastresubicacionesnecesariasenlosestudios
microhistóricos (geográfica, histórica y biográfica), y teniendo
presente a su vez las marcas autor, obra, lector, contexto, de los
productos literarios, he considerado para llevar a cabo el trabajo
sobre el espacio norfronterizo los ejes social, generacional y de
recepción, como un andamiaje previsible por medio del cual se
obtiene un conocimiento general y particular de la producción
(Momentos decisivos)", Alberto Vital, ed., Conjuntos. Teorías y enfoques
literarios recientes, pp. 313-314.
60Paul
Valéry, Obras escogidas, Tomo 11,p. 34.

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narrativa de la fronteranorte, lo cual permite reconocer los avances
y las propuestas estéticas de los autores. Esos ejes poseen las
siguientes características:
l. El eje social remite al saber del espacio norfronterizo, en
cuanto a cultura, lenguaje, modos de vida; eso que evidencia su
distanciamiento y su riqueza. En dado caso, tomé en cuenta el
"imaginario social" que promueve y explica la ficción. Al hablar
de "imaginario social" hay una intención teórica evidente. Me
alejo de la historia tradicional y me acerco a la búsqueda interpretativa de cualquier actividad humana, explicable también a
través de cualquier tipo de fuente que no se reduce sólo al
documento, sino más bien abarca otras acciones creativas del
hombre que permiten observar los procesos históricos: el cine, la
fotografia, la moda, etcétera.
2. El eje generacional responde a una necesidad metodológica:
distinguir las diferentes generaciones de escritores que dan razón
de ser al auge de la narrativa del norte es primordial para recuperar,
hasta cierto punto, a aquellos autores no reconocidos y que tienen
una producción de calidad.
3. El eje de la recepción me llevó a lo que se ha escrito sobre las
obras estudiadas. Se debe tener en cuenta la crítica literaria que se
hace en el norte: antologías, textos introductorios, ensayos, textos
periodísticos, etcétera. La inmediatez desde la que escriben los
lectores, el conocimiento del terreno cultural, su cercanía con el
mundo que narran los autoreshace necesarioconsideraresos textos.
Con esta sistematización es que ha sido posible detectar la
diversidad cultural de la frontera norte de México, su participación
en la vida social e histórica del país, y sobre todo, adentrarse al
mundo ficcional de los escritores.
Como quiera que sea, la riqueza en los variados ámbitos de la
vida social y cultural norfronteriza ha sido detectada; se ha
convertido en un imán que no se puede repeler. En cuanto literatura
viva, es sólo el principio de un largo camino para la creación y el
estudio.
42

DANIELSADA

En 1999apareció la novela de Daniel Sada, Porque parece mentira
la verdad nunca se sabe. Su publicación atrajo la atención de los
lectores; 1 el título era un acierto sugerente que volvía inevitable la
mirada hacia un texto que demostraba en su totalidad la madurez
creativa del autor. Porque parece mentira ... es, paradójicamente
-por la cantidad de páginas que la sustenta, 600-, la síntesis de
un proceso que ha llevado mucho años, desde que Sada publicara
en 1980su primera novela, Lampa vida.2 En efecto, esa última obra
conjuga todos los elementos estilísticos que se han convertido en
forma de representatividad poética, desde la intención de la rima,
el ritmo, hasta la construcción de personajes artísticamente
elaborados, dentro de historias que sin duda se conservan en la memoria del posible lector. Existe un desenvolvimiento estético que
explica la fascinante atracción de Porque parece mentira ..., y las
percepciones menos atrayentes hacia el resto de la obra, con
excepción del libro de relatos Registro de causantes; situación que
se observa en la producción total de Sada y que da las pautas para
acercarse de manera mínima a la propuesta estética de este autor
1

Véase Elena Poniatowska, "Noventa personajes y diez historias", Equis.

Cultura y sociedad, agosto de 1999, pp. 33-37.
2
Ya en 1997Sadapublicó un antecedentede Porque parece mentira ..., perocon
el título de Ex-absurdo, el cual, por fortuna, fue modificado. Confróntese "Exabsurdo'', Crónica dominical, supl. de Crónica, 12 de enero de 1997, pp. 8-9.