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La pía y nobiliaria

plaza de Ramón Sijé

L

Antonio J. Mazón Albarracín

a flamantemente retitulada plaza de
Ramón Sijé ocupa un amplio espacio
entre el eje principal Feria-Santa Lucía y las casas situadas en ladera de la
Sierra de San Miguel, una zona humilde urbanizada desde época islámica. No existe
como plaza hasta el siglo XVIII; y en los padrones no la separan de la calle de Santa Lucía hasta
bien entrado el siglo XIX, concretamente a partir
de 1824. Desde el punto de vista urbanístico, un
espacio así en el cotizado casco de la ciudad no
tiene sentido hasta el siglo de las luces; y sólo
se explica con un derribo y el cambio de orientación del palacio del Señor de Benejúzar, cuya
puerta principal miraba inicialmente hacia la calle de la Feria.
A pesar de aparecer tan tarde, ha recibido
diversos nombres. La cronología de sus titulaciones es la siguiente: Plaza de la Pía, Duque de
Pinohermoso, Ramón Sijé, Marqués de Rafal y de
nuevo Ramón Sijé. La mejor forma de comentarlas, es a través de los edificios que la flanqueaban.
Su primer nombre oficial y el más duradero
fue Plaza de la Pía, titulación del XIX que se mantuvo poco más de un siglo. Creo que puede referirse al término catalán “pia almoyna”, que viene
a significar limosna piadosa. La Pía Almoina fue
una institución benéfica propia de la Corona de
Aragón dedicada inicialmente a socorrer peregrinos y necesitados. Administrada por los cabildos
a través de mayordomías, con el paso del tiempo
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se encargaron de repartir comida, trigo y limosna entre los pobres vergonzantes. En Cataluña y
Valencia se conservan o conservaban edificios
con ese nombre. Es la única explicación que he
encontrado para esta titulación, relacionándola
con el Granero del Cabildo y la Casa de la Fábrica Mayor de la Catedral, que estaban en la ladera
de la sierra.
Las fábricas parroquiales administraban el tercio diezmo cedido por el rey Alfonso X a la ciudad para la construcción y reparación de templos. Su destino era decidido por los miembros
de la Junta de Fábrica, una por cada parroquia,
supervisadas por el Consell. La mayor era la del
Salvador.
En el siglo XVII, antes de formarse la plaza, la
calle de Comedias aparecía con el título de “Fábrica Mayor del Salvador”.

Fragmento plano siglo XVIII.

Colección Javier Sánchez Portas.

En el plano de Villanueva, confeccionado a
mediados del siglo XVIII, la flamante plaza aparece como “Plazuela de la casa de Fábrica” y un
edificio como “Granero de la Fábrica de la Cathedral”. Esto me llevó a pensar que dicha fábrica
tenía su sede en el granero o en una casa cercana, en un edificio propiedad de la Catedral que
ocupaba el solar de la antigua Caja de Nuestra
Señora de Monserrate.
Aunque ahora forma parte de una gran manzana, en el siglo XVIII, el edificio en cuestión estaba completamente aislado por dos callejas. Fue
reedificado a mediados del XIX para servir de
vivienda. Pero en el plano de Francisco Coello,
confeccionado por esas fechas, figura la leyenda
“salón de baile” con el número 17. Desconozco
esa función; lo cierto es que acabó convertido
en la sede del Ateneo San Luis de Gonzaga, centro cultural elitista y prestigioso salón de conferencias dirigido por la Compañía de Jesús. Fue
inaugurado en abril de 1897 con la banda de música de Santa Cecilia y una solemne comida para
cincuenta pobres.

En 1906 la Caja de Ahorros y Socorros y Monte de Piedad de Nuestra Señora de Monserrate se
independizó de la Caja de Crevillente. Su primer
presidente fue también un jesuita, el rector de
Santo Domingo. Tres años después trasladaron
la sede a la Plaza de la Pía comprando el edificio del Ateneo; y la caja asumió algunas de sus
funciones, al menos las conferencias y la distribución de comida para pobres. Estos repartos a
través del tiempo y siempre en la misma zona,
refuerzan la teoría de la pía almoina.
En cuanto a la Caja de Ahorros, esa compra
fue solo el principio. Tacita a tacita adquirió
once de las doce propiedades que componían la
manzana. En 1931, como reza la inscripción de
su fachada, el edificio fue totalmente remodelado interior y exteriormente para adaptarlo a su
nueva función según el proyecto del aparejador
Ignacio Sánchez Ballesta. Es en ese momento
cuando le incorporan su nueva fachada con el
escudo alusivo a la Virgen de Monserrate y las
iniciales CM.

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La operación urbanística continuó después
de la Guerra Civil. En 1940 se hicieron con el
granero y cuadras de la condesa de Pinohermoso por 20.000 pesetas para utilizarlo como almacén de abonos y enseres. Al ser rehabilitado
en 2007 para albergar una oficina de turismo
aparecieron en la planta baja unas tinajas de almacenaje que se mantienen preservadas bajo un
cristal. Con la compra de estos 170 metros, la
caja se hizo prácticamente dueña de la manzana; más de 1.000 metros cuadrados incluyendo
las callejas que fueron incorporadas al inmueble
como patios.
Al trasladarse la Caja de Ahorros a su nueva
sede en 1986, la propiedad acabó en manos del
Ayuntamiento, que le colocó el cartel de “Centro
cultural Miguel Hernández” y alojó el Conservatorio de Música y Danza, la sede de Convega, la
Centuria Romana, etc., hasta que “la seguridad
estructural quedó muy comprometida con posible riego de desplome”. Y así permanece, en
estado deplorable, pendiente de intervención.
La escultura de la Inmaculada Concepción se
colocó en 1954, con motivo del centenario de
la proclamación de su dogma. Durante cuarenta
años permaneció en el centro de la plaza, hasta
que fue desplazada en los años 90.
El edificio de la Biblioteca, burda copia de
la que hasta su criminal destrucción constituía
una de las casas señoriales más interesantes de
Orihuela, es el responsable de
la segunda titulación. Prácticamente nada de lo que queda
pertenece al palacio aunque en
su interior escondía elementos
arquitectónicos y artísticos de
muy diversa cronología fruto de las remodelaciones a las
que la sometieron sus dueños
durante siglos. La investigación
del edificio partió de un trabajo
que inicié con Jorge Belmonte
hace más de una década. Durante años fui almacenando datos sueltos, atando cabos; hasta
que un golpe de suerte me permitió establecer una teoría.
Plaza en los setenta.
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Ministerio de Cultura.

Todo comienza con un testamento de Beatriz Masquefa Masquefa, la viuda del “Magnifich”
Alonso Rosell, quien en 1540 dejó a su hijo Marcos Rosell Masquefa una heredad en Correntías
y unas casas en la parroquia del Salvador. Con el
paso del tiempo, a la herencia se fueron uniendo
valiosas propiedades, como la heredad de Tell o
la de Benejúzar.
Yo sostengo que las casas en la parroquia del
Salvador citadas en dicho testamento son esta y

la plaza en un plano con el título de “Plaza de la
casa del Gobernador”. Este marqués fue el artífice del cambio de bando que tanta ruina trajo a
Orihuela durante la Guerra de Sucesión, actuación que provocó el destierro y la confiscación
de sus bienes hasta que obtuvo el perdón real y
vino a morir a Benejúzar en 1727.

AMO D128 8-1 1885.

el Palacio de Portillo, actual sede de la Caja Rural Central; una a cada lado de la actual calle de
Comedias. Por eso, dicha calle ostentó durante
parte de los siglos XVI y XVII el título de Carrer de los Rosell. Podría haber una tercera casa,
derribada para formar la plaza, pero eso es ya
pura especulación, pues la herencia de 1540 no
especifica el número de casas recibidas en la Parroquia del Salvador.
De esa época procedía su patio, una interesantísima obra tardogótica fechada entre los siglos
XV y XVI. Su pérdida nos privó del único testimonio de arquitectura gótica civil que conservaba Orihuela. Pero sigamos con nuestro relato.
Marcos Rosell transmitió la herencia a su nieto Francisco Rocamora y Rosell, personaje de finales del XVI que casó con una Togores. De él
pasó a su hijo Pablo Rocamora Togores, motivo
por el que en un breve periodo del siglo XVI una
calle cercana se tituló de “Don Pablo”.
Por falta de descendencia, la herencia volvió
a los Rosell en la persona de Jaime Rosell Desprats, primer señor de Benéjuzar, localidad que
lleva el apellido en su escudo. Durante el siglo
XVII estas propiedades y el señorío de Benejúzar pasaron por cuatro generaciones de Rosell
para acabar en manos del famoso Jaime Rosell
y Ruiz; que al casarse con la marquesa de Rafal,
adoptó el apellido Rocamora y se convirtió en
Jaime Rosell de Rocamora y Ruiz, marqués consorte y gobernador militar de Orihuela. Creo que
este cargo motivó que a mitad del XVIII figure

Unir las propiedades y títulos de los Rosell y
de los Rocamora había sido la culminación de
una ambición; pero todo se fue al garete por
falta de descendencia. Muerto el marqués, cada
herencia siguió su camino. El Señorío de Benejúzar y la propiedad de la casa pasaron a su primo
Juan Rosell y Roda, gran terrateniente que vivió
en ella muchos años. Figura como propietario de
la casa en los padrones de 1728, 1731 y 1750
y sus arriendos de tierras se multiplican en los
protocolos notariales. Este es sin duda el que
construyó la portada que cambió la orientación
del palacio configurando lo que a partir de entonces fue una plaza.
Jorge Belmonte identificó los apellidos representados en los cuarteles del escudo: Rosell,
Roda, Rocamora y Tomás. Los dos primeros coinciden con los de don Juan y los otros con los del
primer marqués de Rafal: Jerónimo Rocamora y
Tomás. Es a partir de ese momento cuando la
plaza comienza a tener importancia.
Juan Rosell testó en 1761 y murió sin descendencia, iniciándose los pleitos entre Luis Roca
de Togores y la marquesa de Rafal que me permitieron hilar toda esta historia. El pleito lo ganó
don Luis, que se quedó con la casa. Luis Roca de
Togores había construido años antes una vivienda mejor, el edificio que en la actualidad alberga
el hotel Tudemir. El viejo palacio se lo dejó a su
hijo Juan Nepomuceno, quien ya aparece residiendo en el padrón de 1783. Los Roca de Togores emprendieron nuevas reformas. Fruto de
ellas es el arco carpanel que había en la entrada,
similar al del hotel, donde esculpieron el escudo
con sus apellidos.
En el verano de 1790 el rey Carlos IV instituyó el condado de Pinohermoso en la persona de
Juan Nepomuceno Roca de Togores y Escorcia,
fallecido cuatro años después a consecuencia de
una caída, cabalgando precisamente junto al rey.
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Su hijo fue el último señor de Benejúzar al
quedar abolidos los señoríos en el siglo XIX. Este
es el motivo por el que el edificio ha llegado hasta nuestros días como palacio de Pinohermoso; y
de que en el plano de Coello, al no estar todavía
fijados los nombres en el nomenclátor oriolano,
muchos años antes ya figurase como “Plaza de la
Pía o del Conde de Pinohermoso”.
Los nuevos propietarios dejaron también sus
huellas. La más importante en 1885, cuando bajo
el proyecto del maestro alarife Bernardo Irles,
la condesa Enriqueta María Roca de Togores le
agregó un segundo piso, decorando la fachada.
En 1907 Alfonso XIII convirtió a la condesa en
duquesa de Pinohermoso; y esta restauró de
nuevo las fachadas en 1913.
Su nieto -el tercer duque-, heredó el título en
1934, durante la II República. Era comandante
de Caballería y rejoneador de toros; y entabló
amistad con el concejal José Mazón Torrecillas
durante la organización de un festival taurino a
beneficio de las instituciones que dirigía: el Hospital y la Casa de Beneficencia. Días después del
festejo, el Ayuntamiento recibió una solicitud
para dar su nombre a la Plaza de la Pía, donde
estaba ubicado su palacio.
Yo creo que detrás de la petición, estaba el
concejal Mazón Torrecillas. Lo cierto es que en
la sesión del 7 de mayo de 1935 se leyó una instancia de los vecinos de la plaza que solicitaban
el cambio de titulación, quedando autorizado el
alcalde para recabar la conformidad de al menos
dos terceras partes de los propietarios. En vista
de que la mayoría estaba de acuerdo, el 29 de octubre se acordó rotularla con el título de Duque
de Pinohermoso.
La actual rotulación se gestó también durante la II República, quedando para siempre en el
recuerdo gracias al deseo inmortalizado en una
fotografía histórica de nuestro más famoso poeta subido a una escalera.Todo comenzó en la sesión del 12 de marzo de 1936, en la que se dio
lectura a una moción del concejal Luis Carrió,
sobre rotulación de calles:
“Que por las distintas comisiones gestoras
que este municipio ha padecido, han sido sus110

Colección Javier Sánchez Portas.

tituidos los nombres de varias calles de la población, ensañándose con aquellos que ostentaban nombres representativos de la verdadera
república del 14 de abril y de figuras cumbres
de diversas ideologías; demostrando el odio que
sentían con los verdaderos representantes del
pueblo honrado y trabajador. En consecuencia
tiene el honor de proponer a la corporación que
sean repuestos los nombres que a continuación
se dicen.”
Se acordaron varias modificaciones; se trataba
de reponer nombres anteriormente acordados
que se habían eliminado durante el bienio conservador. Pero añadió:
“Creo interpretar los sentimientos justicieros y oriolanos de la corporación honrando los
valores de nuestra patria chica y con este objeto, dedicarle un recuerdo a nuestro Ramón Sijé,
muerto en plena juventud y cuando tanto esperaban las letras españolas de su inteligencia y laboriosidad. Propongo que la plaza llamada en la

actualidad de Pinohermoso y antes de la Pía en
lo sucesivo se denomine de Ramón Sijé, siendo
el nombre del ilustre oriolano José Marín Gutiérrez, proposición que espera se aceptada por la
corporación a la que tiene el honor de dirigirse”.
Aquel día quedaron acordados por unanimidad los trámites a seguir para rotular la Plaza de
Pinohermoso con el nombre de Ramón Sijé. En
la sesión del 26 de marzo, Luis Carrió insistió
con su demanda; pero por sugerencia de Isidoro Sánchez Mora, se aplazaron las retitulaciones
hasta la fiesta del 14 de abril, añadiendo varias
calles que no vienen a cuento. Durante la manifestación, se descubrirían las lápidas, incluyendo
música en la Glorieta, reparto de comida a los
pobres y verbena en la plaza del Ayuntamiento
en la que se eligió a la “Miss República”.
El 14 de abril de 1936 Miguel Hernández llegó de Madrid para intervenir en la inauguración
de la plaza. Subido a una escalera leyó:

“Quisiera que esta piedra y esta plaza llevaran
para siempre el nombre que les ha sido impuesto: Ramón Sijé. Bajo el sonido de este nombre se
me ha ido un compañero del alma, y Orihuela ha
perdido su más hondo escritor y su más despejado y varonil hombre….”.
Acabada la Guerra Civil, el 29 de abril de
1939, a propuesta de Juan Villaescusa Ballester,
la Comisión Gestora franquista acordó:
“En atención a que las variaciones de nombres de las calles y plazas acordadas por el ayuntamiento rojo para rotularlas con nombres de
destacados marxistas, se llevaron a cabo sin previo expediente reglamentario, por unanimidad
se acuerda anular todas las variaciones de nombres con posterioridad al 14 de abril de 1931,
para rotularlas con los que en aquella fecha figuraban y que son…”
No vamos a citarlas todas; solamente confirmar que la Plaza de Ramón Sijé volvía a ser Plaza

Colección Javier Sánchez Portas.
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del Duque de Pinohermoso incumpliendo la orden de retomar los nombres anteriores a abril de
1931; que en este caso era el de “Plaza de la Pía”.
Pero parece ser que la única modificación en
la plaza fue el desmontaje del refugio antiaéreo
que la ocupaba, cuyas entradas para hombres y
mujeres permanecen cubiertas con chapas en la
actualidad.
Probablemente, al ser José Marín un personaje religioso y de derechas, su titulación se respetó. También debió influir la desaparición de los
Pinohermoso, al vender palacio y granero en los
años cuarenta. El añejo edificio quedó en poder
de la Federación de Sindicatos Católicos, la actual Caja Rural Central; o lo que es lo mismo en
manos del futuro obispo Luis Almarcha, que lo
usó para actividades relacionadas con la Iglesia o
vinculadas con la federación.También, en el piso
superior instaló unos telares para las Discípulas
de Jesús.

Ministerio de Cultura.

Colección Javier Sánchez Portas.

En 1958 la plaza tomó el nombre de su vecino
más ilustre; y ese cambio llegó en la sesión del 12
de marzo presidida por el alcalde Luis Cartagena
Soriano dentro de un paquete de titulaciones:
“Que en adelante, la actual Plaza de Ramón
Sijé se titule Plaza del Marqués de Rafal, en memoria del Excmo. Sr. Don Alfonso Pardo y Manuel de Villena, Marqués de Rafal, ilustre prócer
e Hijo Adoptivo de Orihuela. Que la nueva calle
que, paralela a la de Adolfo Clavarana, partirá del
“Callejón de Reales” hasta la carretera de Alicante, se denomine “Calle de Ramón Sijé”. Que la
calle de nueva apertura que desde la Plaza de la
Trinidad va al río se denomine “Calle de Gabriel
Sijé” en honor del joven escritor oriolano, no ha
mucho fallecido, Justino Marín Gutiérrez. Y por
último, que la actual Plaza del Marqués de Rafal
se denomine en lo sucesivo,“Plaza de la Condesa
de Vía Manuel”.

Archivo Rafael Almira.

Colección Javier Sánchez Portas.

Volviendo al edificio, las Discípulas de Jesús
regentaron luego el colegio Jesús Maestro, del
que fui alumno provisto de camisa blanca y corbata azul. También fue sede de asociaciones culturales y benéficas hasta que fue declarado en
ruina. El proceso para rehabilitarlo y darle utilidad fue complicado.
Colección Ajomalba.

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Colección J. Ezcurra Alonso AMO.

En Sesión Extraordinaria de 28 de septiembre
de 1984 el Ayuntamiento acordó su permuta a la
Caja Rural Central por el Palacio de Teodomiro,
que albergaba la biblioteca pública desde el año
1940, cediéndolo al Ministerio de Cultura para
su “restauración y acondicionamiento” como biblioteca pública. La idea era buena; pero lo que
tendría que haber sido una completa y cuidadosa rehabilitación se convirtió en un criminal
derribo para construir un insulso y geométrico
edificio de nueva planta, obra del arquitecto Alberto Campo Baeza, que fue inaugurado el 15 de
diciembre de 1992, como Archivo y Biblioteca
Pública Fernando de Loazes.
En cuanto al marqués de Rafal, la plaza que
albergó su palacio durante siglos había sido la
actual Condesa de Vía Manuel. Su trasladó se
gestó en el último cuarto del siglo XIX con la
prematura muerte del hermano de María Isabel
Manuel de Villena, decimotercera marquesa de
Rafal. Esta señora había acumulado en su perso-

na muchos títulos nobiliarios y dos grandezas de
España. Al crecer sus hijos los fue repartiendo
entre ellos. Cedió a su hija Isabel el marquesado
de Puebla de Rocamora y a María Josefa el Condado de la Granja. Esta última casó con Juan Manuel Agrela y el título de la Granja, rehabilitado
por Alfonso XIII en 1916, quedó asociado a este
apellido junto al antiguo Palacio de Rafal, que es
ahora de los Condes de la Granja.
La madre conservó el condado de Vía Manuel; y a su hijo Alfonso le cedió el marquesado en 1899, año en el que contrajo matrimonio.
El penúltimo marqués, recientemente fallecido,
contaba que su abuelo compró la vivienda de
la Plaza de la Pía a los Pérez de Meca; una casa
construida en la segunda mitad de XIX en la que
inicialmente instaló la sede de su partido; pues
Alfonso Pardo y Manuel de Villena, además de
marqués de Rafal, llegó a ser diputado conservador. En el diario local “La Época” de noviembre
de 1907 encontré esta curiosa noticia:
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“Se encuentra en esta población, donde se
propone pasar una temporada en su casa solariega de la Plaza de la Pía, la Sra. Condesa de
Vía-Manuel, madre de nuestro diputado a Cortes,
Excmo. Sr. Marqués de Rafal. Damos nuestro más
afectuoso saludo a tan aristocrática dama”.
Por motivos que desconozco, la condesa llegó
a Orihuela meses después de fallecer su marido
y en vez de instalarse en su palacio lo hizo en
la vivienda de su hijo. Esta casa fue totalmente
rehabilitada en torno a 1910, uniéndole además
otro edificio de la calle que daba a Santa Lucía.
En 1927, dos años antes de fallecer su madre, el
marqués hizo nuevas reformas en el decorado
de ambas fachadas de las que se conserva el plano confeccionado por el maestro Francisco Sánchez.
Hasta que falleció, la casa pertenecía a D. Santiago Pardo-Manuel de Villena, el décimo sexto
marqués. Ahora ha quedado en manos de su
hijo que la ha puesto en venta. Esperemos que
el nuevo propietario dé buen uso y cuidados a
este bello palacio necesitado en la actualidad de
muchas reparaciones.

el año 2002. Y aunque la Generalitat ordenó su
reconstrucción, todo se apañó con una ridícula
multa de 68.000 euros y la compra del solar al
infractor por parte del propio Ayuntamiento. Delirante forma de proteger el patrimonio.
Con el edificio de los Villafranca desapareció
también el pequeño tránsito entre las plazas. En
el XVIII aparece en los padrones como Traviesa de Tolmos, y en ella figura domiciliado un tal
Joseph Armengol. Ese es seguramente el motivo
por el que aparece en un plano del XVIII como
Traviesa de Armengol.
Su última titulación, antes de fundirse en el
vacío, fue dedicada a Emilio Bregante Palazón,
cuya preciosa y semanasantera placa nos recuerda que una vez hubo allí un callejón y un palacio que cerraban la pía y nobiliaria plaza que, el
14 de abril de 2016, justo ochenta años después
que Miguel se subiese a la escalera para inaugurarla, recuperó el nombre de Ramón Sijé.
Mi agradecimiento a Jorge Belmonte Bas, Javier Sánchez Portas, José Ojeda Nieto, Aitor L. Larrabide Achútegui, Juan José
Sánchez Balaguer, J. Alberto Pardines Pellús y Consol Payá
Amat.

Por último, del edificio que completaba la trama urbanística de esta antaño recoleta zona, nos
queda un solitario escudo colocado sobre sillares, cuyos cuarteles ostentan los apellidos Ruiz,
Villafranca, Aledo y Soler. Está ahí para recordarnos que, cerrando la plaza existía un edificio de
tres plantas que ocupaba toda la manzana. Tenía
dos fachadas, la de tramontana con salida a la
Soledad y la de mediodía a la calle de la Feria, separando dos plazuelas. Era la tristemente famosa
“Casa de Inquisidor”, rimbombante nombre que
le asignó Javier Sánchez Portas durante una campaña para intentar recuperarlo, por haber habitado en él un miembro de dicho tribunal.
Perteneció a Francisco Ruiz de Villafranca, Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición
de la ciudad de Murcia. Por ello se nombró como
Palacio Ruiz de Villafranca. Esta familia fue reconocida por el rey como parte integrante de la
nobleza oriolana en la primera mitad del XVIII.A
pesar de la protección que pesaba sobre él, acabó demolido ilegalmente y con nocturnidad en
Gaspar Poveda Grau

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