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Educación Laica en Chile. ¿Una Realidad Posible?

Rodrigo Silva Valdivia.

Programa de magister en psicología educacional

Facultad de Humanidades

Universidad de Santiago de Chile

Julio 2015

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Resumen

El siguiente ensayo tiene por objetivo principal tratar el tema del laicismo en la educación

Chilena actual. Para lograr nuestro propósito comenzaremos realizando algunas definiciones

relacionadas con el concepto de laicismo, sus características más fundamentales y su relación con

el proceso educativo.

Posteriormente se revisarán aspectos importantes del laicismo y su

desarrollo en otros países del mundo. Esto, con el objetivo de poder identificar en qué escenario

actual se encuentra nuestro país, el concepto actual de laicismo en la educación y cuáles son sus

principales desafíos para el futuro.

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Introducción

Hablar de educación es hablar de la

esencia

de un

país

o una

nación, es un

eje

fundamental para el desarrollo de la sociedad y sus miembros. Es por medio de la educación que

la sociedad progresa y avanza hacia el futuro. Ciudadanos educados e instruidos serán capaces de

ejercer responsablemente su rol en la sociedad, ejerciendo cargos públicos o aportando con sus

conocimientos al desarrollo social.

El sistema educacional de un pueblo es la forma en que se asegura la preparación

de las generaciones futuras para la difícil tarea de llevar a cabo la continuidad histórica de su

país. No hay duda que son las personas las que hacen grande a una nación, más allá de todas las

riquezas que esta pueda poseer. Es la educación una inversión a largo plazo, que todo país debe

ser capaz de resguardar y proteger.

El artículo N° 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada y

proclamada por la resolución de la asamblea general 217 A de la ONU con fecha 10 de diciembre

de 1948 afirma que:

Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo

concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será

obligatoria (

)

La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad

humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades

fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las

naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de actividades

para el mantenimiento de la paz. Organización de las Naciones Unidas [ONU] (1948).

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Ahora bien, No es el objetivo de este ensayo referirnos a temas cómo la calidad o la

equidad en el sistema educativo, pero al tratar el laicismo en la educación es imposible abstraerse

del concepto de igualdad, palabra tan en boga actualmente, cada vez que es utilizada de manera

recurrente por nuestras autoridades a la hora de referirse a los procesos de cambio que vive la

educación hoy en día en nuestro país.

El concepto de

laicismo o mejor dicho el concepto de Estado laico en el sentido más

amplio del término, refiere a un Estado que no privilegia ninguna religión, ni concepción ideal de

la vida, y a su vez garantiza la libre expresión de todas dentro de ciertos límites (Haarscher,

2002). Basta una breve revisión histórica para comprobar que en general el nacimiento de un

estado no sigue un desarrollo natural orientado al laicismo, pues en la antigüedad de la mano del

poder político, siempre se encontraba el poder religioso. El tránsito hacia el laicismo es un

proceso lento y no exento de obstáculos, como ya revisaremos más adelante.

Llegado a este punto, parece fundamental plantear nuestra tesis inicial con respecto al

tema que da origen al título de este escrito. Hemos revisado que el concepto de laicismo

se

encuentra indisolublemente ligado al concepto de Estado, pues es a través de él, que el laicismo

se canaliza y manifiesta en las distintas esferas de un país, de tal manera, y he aquí nuestra tesis;

No es posible hablar de una educación laica, sin pretender hablar de Estado laico, pues solo un

Estado que prescinda de la cuestión religiosa entre sus asuntos,

basada en los valores del librepensamiento.

puede promover una educación

Antes de continuar es necesario realizar una aclaración importante, hablar de laicismo no

es sinónimo de una postura antirreligiosa, quién entienda el real sentido del laicismo podrá

inclusive defender una postura religiosa si considera que esta puede ser víctima de la intolerancia

tan común por nuestros días.

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En educación el laicismo refiere a una enseñanza que sea capaz de poner en el centro al

ser humano y explorar de esta manera todas sus potencialidades, para hacerse cargo de su propia

libertad, sin pretender otro límite que el propio ser humano (Santander, 2014).

Visto así la

propuesta de una educación laica parece un desafío importante para todo Estado, ella es entonces

la que pretendamos encontrar cuando revisemos como se ha desarrollado

concepto en nuestro país.

hasta el día de hoy el

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Desarrollo

Como se desprende de nuestro primer análisis, el tránsito hacia el laicismo en educación

que cualquier Estado pretenda realizar, debe comenzar en un primer estadio por reconocer y

asegurar las libertades individuales y la prescindencia de los temas religiosos para llevar a cabo

su gestión.

Revisemos brevemente como este proceso se ha ejecutado en países de larga data

como son los europeos y que además cuentan con la particularidad de haber nacido al amparo de

una fuerte conexión con la iglesia.

El desarrollo del laicismo en el mundo.

Probablemente el más claro ejemplo del camino que debe seguir el laicismo a lo largo de

la historia para consolidarse en la institucionalidad de un Estado, pueda observarse en Bélgica. Si

bien su constitución de 1831 era la más progresista para la Europa de la época, en cuanto

garantizaba la libertad de conciencia. Este avance correspondía a un acuerdo entre liberales y

católicos ocurrido cuatro años antes (unionismo) en el que se aseguraba por ejemplo que el

salario y jubilaciones de los ministros de culto estarían a cargo del Estado.

En un debate que

duraría más de cien años (1842 a 1959), Bélgica logra institucionalizar una enseñanza opcional

para una “moral no confesional, como contrapartida a los cursos de religión impartidos dentro de

las escuelas públicas” (Haarscher, 2002, p.54).

En 1970 el Estado reconoce a las comunidades

filosóficas no confesionales y en 1981 comienza a proveer financiamiento estatal para las Casas

Laicas, organizaciones preocupadas por la defensa y promoción del laicismo en la nación. Si bien

a la fecha aún se mantiene el pago estatal de sueldos y pensiones a ministros de culto, desde 1993

garantiza

constitucionalmente

dicho

pago

también

para

los

delegados

de

organizaciones

reconocidas por el estado, que realizan asistencia moral según la concepción filosófica no

confesional.

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Tránsitos con matices similares han seguido en Europa países como: España,

Italia,

Francia, Inglaterra y Dinamarca, entre otros.

Aunque es necesario considerar la aclaración que

realiza Guy Haarscher en su libro denominado “El laicismo”:

Haarscher 2002

Sin embargo no hay que hacerse demasiadas ilusiones al respecto. La idea misma de

pluralismo y tolerancia, es decir, La necesidad de disociar los asuntos políticos de los

asuntos relacionados con la vida individualmente deseable, nació en un contexto europeo

específico, y no se exporta fácilmente. (p.73)

En Latinoamérica el país que probablemente lleva la avanzada con respecto al tema del

laicismo sea la República Oriental del Uruguay, con una clara separación del Estado y la iglesia

desde 1917. En Uruguay los presidentes no juran sobre la Biblia desde comienzos del siglo XX,

no existen crucifijos en los hospitales públicos ni en las escuelas y liceos públicos, no hay

capellanes en las Fuerzas Armadas, no se reconocen los casamientos religiosos, y la influencia de

la Iglesia Católica, es mucho menor, por ejemplo, de lo que ocurre en Chile.

Chile y el desarrollo Laico

En Chile, la promoción y el desarrollo del laicismo históricamente e inclusive hasta la

actualidad ha estado ligado por defecto a grupos liberales como la Masonería y el Partido

Radical. Son varios los avances que estas instituciones han promovido en la sociedad chilena,

entre ellos podemos mencionar por ejemplo, la libertad de culto consagrada finalmente con una

modificación al artículo 5° de la

constitución de 1833 que permitía a los que no profesasen la

religión católica, apostólica y romana, practicar su culto en la propiedad particular así como

sostener y fundar escuelas privadas para la enseñanza de la doctrina de sus propias religiones.

Siguen a este ejemplo, la eliminación del fuero eclesiástico, en el gobierno del presidente

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Errázuriz Zañartu (1871 1876), lo que le valió el odio de la Curia, costándole inclusive la

excomunión por parte de la iglesia católica a él, sus ministros y todos los miembros del Consejo

de Estado.

Se suman a estos, la ley de cementerios laicos (1883) y la ley de matrimonio civil

(1884).

Probablemente el hecho más trascendente en la historia laica de nuestro país ocurrió en

1925. Hasta esa fecha, todas las constituciones establecían que la religión oficial del Estado de

Chile sería la católica, apostólica y romana, y por ende no existía una separación entre la Iglesia y

el Estado. La Constitución de 1925 en el gobierno de Arturo Alessandri Palma, con José Maza

Fernández como principal redactor plasmó definitivamente esta separación.

Ya en la actualidad podemos nombrar la nueva

Ley de Cultos de 1999 que consagró el

régimen legal de constitución y funcionamiento de los diversos credos religiosos, la nueva Ley de

Matrimonio Civil el 2004 que contiene el divorcio vincular. Para el 2015, podemos nombrar la

Ley de Acuerdo de Unión Civil, y las iniciativas para despenalizar el aborto.

En esta rápida revisión hemos querido plasmar el vertiginoso camino hacia la laicidad que

ha tenido es Estado Chileno, y frente a la cual queda aún un largo camino por transitar.

Educación y laicismo en Chile.

El desarrollo del laicismo en la educación en nuestro país, ha seguido por una cuestión

lógica, un tránsito muy similar al laicismo en sentido amplio a nivel estatal.

Es importante

considerar en este punto que el nacimiento en Chile de la necesidad de educación esta

poderosamente relacionado con la promoción del aprendizaje de la lectura, con el claro objetivo

de evangelizar a los indígenas recién conquistados por parte de la corona española. Y sus

principales esfuerzos ya avanzada la patria independiente era llevados a cabo por la Iglesia

Católica a través de sus escuelas. (Serrano, Ponce y Rengifo, 2013).

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Cómo dato podemos considerar que para 1831 en Santiago

existían 82 escuelas: 8

municipales, 7 conventuales, 3 parroquiales y 64 particulares, con 3.432 alumnos en total, 2.296

varones y 1.776 mujeres. No existía ninguna escuela fiscal. (Concha y Maltés, 2003), un claro

ejemplo de como en los inicios de la nación el tema de la educación fue dejado en manos de

particulares,

donde

cada uno

con

sus

particulares

métodos

enseñaba

lo

que consideraba

importante y necesario siempre muy de la mano de la teología.

Otro ejemplo claro de este desarrollo son los catones o cartillas que se utilizaran

posteriormente en Chile, para la enseñanza de la lectura. Estos correspondían a documentos que

contenían distintas combinaciones de vocales y consonantes que más que enseñar a leer

pretendían la memorización de textos escritos, generalmente de carácter religioso,

tenemos

entonces la figura del maestro catequista, cuyo objetivo era el aprendizaje de la doctrina, y para

quien la lectura no constituía otra cosa que un medio para llegar a ella. (Serrano et.al., 2013)

De ahí en más, destacan los esfuerzos de hombres con ideas liberales que aportaron al

desarrollo laico de la educación y la cultura en nuestro país. José Victorino Lastarria que presidió

la Sociedad literaria en 1842, organización de intelectuales que provoco cambios libertarios en la

cultura. Andrés Bello, primer rector de la Universidad de Chile. Domingo Faustino Sarmiento,

Fundador de la primera Escuela Normal de Preceptores. Valentín Letelier, Precursor del Instituto

Pedagógico de la Universidad de Chile. Octavio Lazo, José Miguel Seguel y Santiago Labarca,

quienes diseñaron y consolidaron la Universidad Técnica del Estado, actualmente la Universidad

de Santiago de Chile, entre otros tantos.

Pero sin duda el gran tema pendiente en la actualidad hace referencia

a las clases de

religión obligatorias en el currículum escolar.

En 1950, en el gobierno de Gabriel González

Videla y siendo ministro de Educación Bernardo Leigthton, propuso el restablecimiento de las

clases de religión obligatoria en todos los colegios fiscales, y al efecto anunció la dictación del

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decreto supremo respectivo. Nuevamente la Masonería esta vez de la mano de parlamentarios

miembros de la orden y apoyados directamente por el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile en

ese entonces Humberto Henríquez Froëdden, pretendieron en respuesta a ello, impulsar un

proyecto de

ley que contenía un impuesto a bienes raíces que afectaba particularmente a las

iglesias. El resultado, ninguna de las dos iniciativas prosperó y no fue hasta la dictadura militar

en donde junto con instaurar el sistema subsidiario de educación, se impusieron las clases de

religión obligatorias que se mantienen hasta el día de hoy.

Si bien, el currículum escolar ha sido modificado en distintas oportunidades, ninguna de

esas

modificaciones

a

podido

dar

respuesta

real

al

tema

religioso

en

lo

educativo.

Encontrándonos en la práctica con alumnos de familias no creyentes o simplemente no católicas

que asisten a escuelas públicas donde se enseñan contenidos valóricos y éticos tal y como si

fueron propiedad exclusiva de la religión dominante.

La crítica actual que realiza la Iglesia católica al laicismo es decir que este favorece el

libertinaje en los aspectos valóricos, lo cual definitivamente no es así. Por el contrario, pensar en

sentido laico en la vida del hombre significa buscar que este ejerza su libertad de elegir en

función de los principios y valores que declara y no que sienta la presión externa de la

intolerancia y la incongruencia que propician los fundamentalismos existentes.

Destaca en este tema la postura del Monseñor Héctor Vargas, quien en una entrevista a la

Revista Occidente declara:

Laico no debe confundirse con lo no religioso, los cristianos estamos de acuerdo con la

laicidad del Estado, porque no se puede confundir su misión con la de las iglesias. (…)

Los cristianos no creemos y nos rebelamos cuando se nos dice que la educación laica es

antirreligiosa, porque justamente lo que busca es evitar que una

doctrina se imponga

sobre las otras, poco importa si ella sea ideológica o religiosa. Vargas, H. (2014).

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Este tipo de declaraciones, promueven un diálogo sincero y respetuoso sobre un tema de

fundamental interés para la educación.

Deben ser entonces considerados como una luz en un

camino oscurecido por los prejuicios y la intolerancia.

Para finalizar debemos mencionar que de acuerdo a lo contenido en la Constitución

Política de la República, en su Capítulo III, artículo 6°, se garantiza la libertad de conciencia, la

manifestación de todas las creencias y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la

moral, a las buenas costumbres o al orden público(Constitución Política de la República de

Chile, 1980).

Resulta paradójico entonces que aún se mantenga de manera obligatoria en el

currículum escolar la formación religiosa como parte de la formación establecida en el Estado.

Debiésemos entonces como mínimo pluralizar el término y hablar al menos de religiones como

un reconocimiento a la diversidad y en una mirada más inclusiva y tolerante.

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Conclusiones

Laicismo y educación es sin duda un tema mucho más extenso y con más aristas que las

planteadas en este escrito. Podríamos extendernos sobre otros temas de importancia como la

inclusión de las clases de sexualidad, prevención de drogas y alcohol, embarazo adolescente o

dinámicas familiares que también debiesen tener su legítimo espacio respetando las diferencias

individuales y el libre pensamiento.

Podemos extraer de nuestra revisión, que Chile si bien es un país donde las libertades de

culto

se

encuentran

protegidas,

la

promoción

del

pensamiento

libre

y

la

igualdad

de

oportunidades se encuentra aún en una etapa de pobre desarrollo. Es necesario realizar un cambio

real a nuestro sistema educativo, que garantice no tan solo mejores condiciones docentes o mayor

regulación en calidad y equidad. Para ello y con el objetivo de promover el laicismo en la

educación chilena es necesario intervenir al menos 3 ejes fundamentales de su quehacer. (Saubal,

2008).

Primero es necesario un rediseño del currículum con una visión en la formación integral

del estudiante y definitivamente centrado en las

competencias requeridas para cada nivel. En

segundo término se hace fundamental la incorporación a la docencia los adelantos científicos y

tecnológicos, que se dan hoy en día dentro de la sociedad del conocimiento en la cual estamos

insertos.

Finalmente

es

necesario

poner

énfasis

en

el

papel

de

la

construcción

de

los

conocimientos y su correspondiente aprendizaje a partir de la interacción que se da entre el sujeto

y el objeto de estudio.

Bajo estas premisas debería implementarse un nuevo modelo pedagógico, sustentado en la

interacción del estudiante modificando estructuras cognitivas a partir de conocimientos previos

en unidad con lo afectivo, motivacional y valórico. En un modelo académico que simule el

modelo social donde posteriormente se desenvolverá.

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Necesario se hace además, para que todas estas iniciativas puedan concretarse, una

voluntad política o mejor aún una voluntad de Estado. Nuestra tesis inicial se verifica al entender

que es imposible lograr una educación laica, sin la voluntad del estado por ejercer el laicismo

como forma de gobernar. En Chile nuestros políticos siguen jurando sobre la biblia, los crucifijos

siguen en los hospitales y en los colegios y lo que es peor aún, la asignatura de religión cargada

de dogmatismo sigue enquistada en nuestras salas de clases. De ahí entonces por ejemplo la

necesidad de derogar el Decreto Supremo 924 del año 1983, y reemplazarlas por una asignatura

de formación ética y ciudadana, con una cosmovisión del hombre.

Hasta hoy la iglesia levantaba la voz contra el divorcio, la píldora del día después o el

matrimonio de personas del mismo sexo. Ayer lo hacía por el matrimonio civil, e incluso su

derecho a no ser juzgado por sus actos, frente a la justicia. En fin, siempre hemos tenido una

iglesia que al ser tocada en sus intereses no solamente levanta la voz sino intenta movilizar todas

sus posibilidades de influencia social, cultural, política y económica para defender sus propias

visiones y no los de la sociedad en su conjunto.

Una nueva postura laica debe ser capaz de construir un Estado de libertad religiosa donde

se valoren sin duda los gestos y avances dados por la Iglesia Católica, al menos en sus

documentos oficiales desde el Concilio Vaticano II en adelante, pero donde se entienda que la

religión no es el único polo moral y ético de la sociedad. Sino que existen otros referentes que

conllevan un importante componente humanista integral, plural y diverso.

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Concha, A. Maltés, J. (2003)

Internacional SA.

Bibliografía

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Haarscher, G. (2002), El laicismo, Santiago de Chile, Ediciones Instituto Laico de Estudios

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