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Noche de Ronda: Rondallas y tunas

Por: Patricia Díaz Terés


“La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón”.
Magdalena Martínez
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“Cuando la luna se pone regrandota como una pelotota y alumbra el callejón” …. A lo lejos se
escucha el melodioso tañido de un conjunto de guitarras, que acompañan a las voces de un conjunto de
gallardos caballeros quienes cantan para halagar a cierta dama, digna de los afectos de uno de aquellos
rondalleros.
Siendo tan antiguas y diversas como el hombre mismo, las formas que han creado los varones para
cortejar a las mujeres, en más de una ocasión han encontrado en la música un medio perfecto para
expresar el sentir del enamorado.
De este modo, por ejemplo, durante los siglos XVI y XVII en la región de Zaragoza (España),
aparecieron algunos grupos de jóvenes que, acompañados con instrumentos de cuerda como la guitarra, el
laúd y la bandurria, ejecutaban canciones que enmarcaban manifestaciones folclóricas como la jota.
Habiendo varias teorías sobre su origen, se ha dicho que las rondallas eran conformadas por
muchachos ávidos de amores y aventuras que únicamente utilizaban las canciones con románticos fines;
otra versión explica que en realidad estas agrupaciones se reunían para rogar por la salvación de las almas,
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mientras que una tercera hipótesis sitúa sus actuaciones en los escenarios a manera de comparsa .
Tratando de establecer el origen de la palabra rondalla, nos encontramos con su procedencia
inequívoca del vocablo ronda, el cual durante el siglo XVII se utilizaba para designar lo que hoy en día
conocemos como serenatas, es decir, la interpretación de piezas con temas específicos y con un objetivo
particular, teniendo como escenario una calle o plaza.
De esta manera se conocen las rondas previas a importantes acontecimientos como las nupciales
o epitalamios, que se efectuaban en las vísperas de la boda para homenajear a la novia; o bien las rondas
de quintos realizadas la noche anterior al enrolamiento de uno de los rondalleros en las filas del ejército.
Por otro lado, se tenían rondas para fiestas específicas como la Navidad o el cambio de estación,
interpretándose canciones profanas como los Mayos o religiosas como las cantigas del siglo XIII.
Pero una cuarta explicación para el surgimiento de la rondalla –término que se hizo oficial hasta el
siglo XIX- lo sitúa en el contexto de las estudiantinas universitarias, que utilizaban una variedad de
instrumentos que incluía violines, mandolinas, flautas, chelos, bajos o castañuelas.
Y es aquí donde nos encontramos con el problema de hacer la distinción entre rondallas y
estudiantinas o “tunas”; para tal efecto, Martín Jadraque autor del libro “40 arreglos musicales para
orquesta de pulso y púa” afirma que mientras la tuna tiene un carácter juvenil que le es brindado por la
paridad –de edad y condición- de sus miembros, alumnos todos ellos universitarios y cuyas cualidades
principales son el ingenio y la frescura –dejando un poco de lado el dominio de las técnicas musicales-;
tanto la rondalla como la orquesta de pulso y púa, por el contrario, se caracterizan por tener bases
teóricas para las ejecuciones destacando así el dominio del solfeo, siendo la orquesta la más seria y formal.
Ahora bien, siendo las rondallas y las tunas las más populares han encontrado distintos países,
instituciones y foros que los han cobijado permitiendo su desarrollo y evolución a la par de las condiciones
sociales de su entorno.
Así, en cuanto a las rondallas podemos mencionar que su celebridad se volvió con el paso de los
años, de carácter mundial siendo posible ubicarlas en Estados Unidos, Sudamérica e incluso en sitios tan
remotos como Filipinas, donde los instrumentos y características propios de la música autóctona
permitieron que la influencia ejercida en su territorio durante las dominaciones española y americana, dieran
pie al florecimiento de este tipo de grupos musicales.
En el caso de las tunas, su origen tiene un carácter más utilitario que artístico. Habiendo varias
conjeturas sobre la propia raíz de la palabra tuna, la que más se acomoda a la acepción actualmente
utilizada es la sostenida por Vicente García de Diego, quien afirmó que proviene del latín “tonus” y
“tonare”, designando la palabra tunante –integrante de la tuna, también conocido como tuno- a una persona
que “tona música”.
Sin embargo, la definición de tunante que emplea la Real Academia de la Lengua Española –
individuo que se dedica a la vida vagabunda- no hace sino complementar la visión de García de Diego
sobre el oficio verdadero, como músicos andariegos, de los miembros de la estudiantina.
De esta forma, constituyéndose a manera de fraternidades dentro de las universidades, los
miembros de las tunas tenían tres fines principales: el primero de ellos consistía en hacer presentaciones
públicas en eventos, plazas, posadas, hosterías o eventos sociales para obtener el dinero que les permitiría
en primera instancia cubrir sus necesidades básicas de sustento, para posteriormente satisfacer las
demandas del grupo musical, a saber, la adquisición de instrumentos o el financiamiento de sus
característicos viajes.
Su segundo objetivo era la búsqueda de amores y aventuras, aquí se refuerza la idea que sobre los
tunos se tiene acerca de sus cualidades como conquistadores de jovencitas, siendo su estrategia principal
la realización de serenatas, es decir, que cantaban afuera de la residencia de la fémina para darle a
conocer el interés de uno de los tunos.
La tercera finalidad era por supuesto dar a sus talentos musicales un espacio para madurar, ya que
si bien –a diferencia de la rondalla- en la estudiantina no era tan importante la calidad de las
interpretaciones, con el paso del tiempo vieron la necesidad de perfeccionar su técnica y ampliar su
repertorio para combatir la extinción.
Actualmente tanto las rondallas como las estudiantinas han salido de sus estándares de antaño
acogiendo los ritmos y canciones populares, lo cual ha dado a estos grupos mayor frescura y versatilidad.
En México por ejemplo, si bien una de las más prestigiadas rondallas es la perteneciente a la
Universidad Antonio Narro –Rondalla de Saltillo- que se hizo famosa durante la década de los 60’s con
temas como Wendolyne o Morir de Amor, clásicos cuando se habla de música romántica; en los festivales
de rondalla de años recientes se han podido ya escuchar canciones como Por ti Volaré de Andrea Bocelli,
No soy el Aire de Carlos Rivera o Te va a Doler de Maelo Ruiz, abarcando de esta manera una amplia
gama de géneros musicales que van desde la ópera hasta la salsa.
Y así, rondalleros o tunos, en la puerta del hogar de una emocionada muchacha o en los mejores
escenarios, lo cierto es que estos grupos musicales siguen vigentes, haciéndose cada vez más
profesionales y albergando músicos de gran calidad, pero conservando sin embargo la esencia de las
antiguas rondas y haciendo honor a las palabras del compositor alemán Franz Liszt: “La música es el
corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso”.
Recomendaciones para escuchar diferentes rondallas:
Rondalla Nostalgia (Puebla, México) interpreta “No Soy el Aire”
http://www.youtube.com/watch?v=Wd3WNdsAoWU
Rondalla del Desierto (Sonora, México) interpreta “Al final del camino”
http://www.youtube.com/watch?v=tDxM5fEvqks
Rondalla Los Amigos (Zaragoza, España) interpreta “Amanece en el Valle”
http://www.youtube.com/watch?v=elpnthOuhOQ

FUENTES:
“Entrevista a Martín Jadraque”. Aut. Víctor Vela.
“Rondallas, una romántica tradición”. Periódico El Zócalo. Saltillo, Coahuila. México, febrero 2010.
“Historia de la Jota Aragonesa”. Aut. Alfonso Zapater. Alto Aragón No. 46. España, 2002.
“Origin of the Rondalla”. Filipino Heritage. Vol. 9. 1978.
“Cancionero de la Tuna”. Aut. Antonio Morán, Manuel García y Emigdio Cano. Univ. de Salamanca. 2003.
“La Tuna: Tradición Universitaria”. Aut. Rafael Pérez y Leopoldo Sanhuenza. Univ. De Concepción. Chile.

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Fragmento de la canción “El Gato Viudo” de Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri”.
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Grupo de personas que, vestidas de la misma manera, participan en carnaval o en otras fiestas. RAE.