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Literatura Latinoamericana – Prof. En Lengua y Literatura 2011.

Profesora: Pamela Cámara
Alumno: Gastón Acevedo Gayraud

Las mutaciones de la palabra en el fango del Barroco: el neobarroso

Luego de los años de plomo, esa serie de dictaduras que sometieron
nefastamente al continente latinoamericano, hubo un período de
reconstrucción, en especial del arte y de las ideas.
Es difícil encontrar y hacer un corte -sensible y evidente-, entre la literatura
barroca y la neobarroca, porque como se piensa siempre, el barroco está
siempre presente en todas épocas. Se dice que el barroco es un estilo en el
que acaban todos los estilos. Al decir que cada época tiene su barroco
estamos, de alguna manera, legitimando los textos de Alejo Carpentier, por
ejemplo.
Carpentier, en su Concierto Barroco, funde diferentes épocas en una sola
historia. La historia misma se vuelve anacrónica y entre los personajes
encontramos a Vivaldi compartiendo un ensayo de Opera con Handel (el sajón).
No solo por ser una ficción es que los elementos propios del barroco musical se
funden en una literatura impregnada de musicalidad, sino porque las palabras
están pensadas de manera milimétrica y decisiva… Carpentier además
carnavaliza la ficción y la lleva a ese realismo mágico cuando Filomeno aparece
con sus instrumentos extraños y rejuntados y ridiculiza la escena con una
magnífica improvisación.
-"¡El sajón nos está jodiendo a todos!" --gritó Antonio, exasperando el fortissimo. -"A
mí ni se me oye" --gritó Doménico, arreciando sus acordes. Pero, entre tanto, Filomeno
había corrido a las cocinas, trayendo una batería de calderos de cobre, de todos
tamaños, a los que empezó a golpear con cucharas, espumaderas, batidoras, rollos de
amasar, tizones, palos de plumeros, con tales ocurrencias de ritmos, de síncopas, de
acentos encontrados, que, por espacio de treinta y dos compases lo dejaron solo para
que improvisara. -"¡Magnífico! ¡Magnífico! -gritaba Jorge Federico. "¡Magnífico!
¡Magnífico! -gritaba Doménico, dando entusiasmados codazos al teclado del
clavicémbalo [Carpentier, Alejo. Concierto barroco. La Habana, Editorial Letras
Cubanas, 1987].

De algún modo, ese es el punto límite de la transgresión del constante barroco
latinoamericano.

el pópulo de los personajes. fue un Baco.Ahora bien. La literatura neobarroca. analistas y comunicadores berretas que han representado al poder post-dictadura (Federico Klemm. fue el uso de la semántica y su configuración desgarrada quienes tuvieron el poder persuasivo para recrear el bajofondo de su transgresión. sino. el lugar común (no figurativamente) descripto con mareas de palabras que conjugan verborragia y erudición callejera. más la ausencia de ideas y la presencia de filósofos. más bien. etc…) encontramos en la literatura neobarroca. y de realidades exuberantes fueron las características que definieron lo barroco. impregnó de un nuevo sentido al barroco. Fue leído por la masa partícipe del desenfreno neoliberal desde mediados de los setenta. descargan su fervor de manera dionisíaca. Lo deconstruyó y le dio un nuevo matiz. Marcos Aguinis. de extraña imprudencia y seguramente poco refinada para los cánones conservadores a los que venimos acostumbrados. una materia poco uniforme. que casi siempre han colaborado a dividir los pueblos entre pobres y ricos… entre ignorantes e intelectuales. la complejidad de las palabras utilizadas como catalizadores o válvulas de escape. Como una capa sobre la otra. Fueron esas conjunciones cuasi maquiavélicas que funcionaron como una combinación que alertaba y acusaba a toda una sociedad sobrecargada de asqueante macramé y puntillismo estéril. serán en el leitmotiv de una nueva camada de intelectuales que ya no desfiguran la semántica en apología de lo apolíneo. la trilogía Evita vive y en ella encontramos un relato que escupe el fango con el que se eleva por sobre el mismo barro (barroco) y . en ese sentido. Si el refinamiento de las palabras y la falta de transgresión -aún con una crítica decorosa-. Si pensamos que no solo hubo dictaduras en américa latina. tenemos por un lado ese estilo que hace un ritual de la palabra y decora… siempre decora y no llega nunca a blasfemar. además de las dictaduras hubo (y sigue habiendo) profundas crisis económicas. etc… Si a eso le sumamos la ausencia de líderes verdaderos como emblemas de una sociedad que buscó (¿y busca?) una unidad aceptada (y aceptable). el kitsch de las imágenes. torbellino de ideas que se entrecruzan con puntadas de sodomismo mundano y apreciaciones que sólo la elite de una minoría puede reconocer como la palma de su mano. como nuevo paradigma. Mariano Grondona. lumpenaje. Jorge Asís. utilizando a la mismísima palabra como culto al desenfreno. pero será en los ochenta y principios de los noventa que su producción alcanzará notoriedad por el mensaje visceralmente carnavalesco de su anarquismo suburbano. aturdiendo y desangrando la semiótica de su universo y del mundo al que pertenecen. El uso de un lunfardo hostil. Sin embargo no fue el mensaje en sí mismo. Perlongher. Tomamos. por ejemplo.

será una madama venida a menos. Evita diosa… ¿Quién más podría imaginar esa escena? Las palabras que. con brillantina y purpurina gay. yo no lo podía creer–. No lejos de la historia cruda y real. entre drogones y la más grande estrella del pop político nacional. Después quiso que la picaran en el cuello. estaba en la penumbra. Conocer a Evita. Perlongher se atrevió con la fibra de un pueblo. que –la verdad– no le quedaban nada mal. nos remite a una certera autoridad anecdótica desde el narrador. vivía. "¿Evita?"– dije. Evita prostituta. El extrañamiento entre el héroe y el villano. los dos se revolcaban por el piso y los demás mirábamos.se descompone con un turbio aroma que causa estupores y revulsiones entre los participantes del festín de una democracia en la que disfrutan unos pocos. estaba con un marinero negro que me había levantado yirando por el puerto. con la delicadeza de una . Nos sentamos todos en el piso y ella empezó a sacar joints y joints. bueno. la prostituta y marineros negros en alcobas desgarbadas. Evita “enchongada”.” El diálogo con Evita es la exacerbación de una promiscuidad sublime entre lo referencial y el referente. el flaco de la droga le metía la mano por las tetas y ella se retorcía como una víbora. Y era ella nomás. muy bien no la había visto): "¿Cómo? ¿No me conocés? Soy Evita". Ese personaje Evita. el delincuente. Y llegó mucho más lejos… “Ella me contestó. Esta característica. Evita y el cáncer. brillosa. inconfundible con esa piel brillosa. claro. describe una escena cualquiera. y las manchitas del cáncer por abajo. o mucho más extremo. Al mejor estilo beat-generation. "¿Evita. serán el escenario propicio para reacomodar la historia popular de un país en ruinas… Resucitó de entre los muertos. ¡hace ya tantos años! Yo vivía. está sentada a la derecha…. es claramente perceptible ese lánguido guiño barroco desteñido por profanos sintagmas. el travesti desechado. el personaje político más popular de la historia argentina. Ya desde las primeras líneas de esta composición. mirándome a los ojos (hasta ese momento tenía la cabeza metida entre las piernas del morocho y. la encarnación de Evita como madama/prostituta en un submundo marginal. Una sola línea cargada o sobrecargada de símbolos. vos?" –y le prendí la lámpara en la cara. como la mugre que se esconde debajo de la alfombra: Conocí a Evita en un hotel del bajo.

debo volver al cielo" decía Evita. algunos se le querían acercar. El trasplatino. como de locutora.” (…) Esa mujer es Evita. El cuerpo que se funde en una marca textual. Con tres polvachos la dejé hecha y guardé el cuarto para el marica. alcanza un poder de absoluta autonomía. mujer.maricona que se alucina con la presencia de una ella tan Evita. la embalsamamos. no da para siquiera sostener en el aire la sombra de esa mujer. El tatuaje o tajo como concepto que desangra. entre maricas y paquis. grasitas míos. irónico y hasta con triple sentido navega por los burdeles del puerto para abrir una ventana de luces y resurrección sobre la prostituta muerta. sensual. hasta los viejos lloraban. se lo merecía. la deconstruye y la transforma en una nueva obra) con el neobarroso. presente desde el mismo narrador. Lo que escondemos. La mina era una mujer. Esa mujer es el travesti negado. Esa mujer es la nación. autorreferencial. Al igual que en el poema “Cadáver de la Nación”… (…) “tembladeras y enroques. No aceptamos la muerte de Eva. No nos bancamos al travesti y le decimos “Puto!”… todo es una extraña paradoja. si precisaba algo. Me pidió que volviera. Chau loco. pero ella les decía: "Ahora debo irme. No vemos la nación destrozada. En la pieza había como un olor a muerta que no me gustó nada. que embarra. atraviesa los márgenes del Rio de la Plata para colocar el marco contextual en los márgenes. Evita lo vigila todo. de una sociedad políticamente correcta. Lo que no queremos ver. la nación muerta. "Grasitas.. como definiría el mismo Perlongher. El lumpenaje. entre cristianos y ateos. la chupaba como los dioses. Derrida y Lyotard en su salsa… El grado de posmodernidad que logra el autor (pensando en el paradigma epistemológico de la posmodernidad –gracias a De Toro. que recupera la historia. palabras como retazos de referente y roturas de significado. se impregnan de cultura popular y blasfeman contra su diosa. ideales y connotó con lexemas propios de aquellos círculos más . fragmentada entre zurdos y fachos.” La muerte y el cadáver serán recurrentes en la obra de este autor que surcó cuerpos. que. Le contesté no. que intimida y escarba hasta los huesos al cuerpo. Evita va a volver por este barrio y por todos los barrios para que no les hagan nada a sus descamisados". la verdad. el pueblo muerto. gracias. ensucia con más blasfemias y ridiculiza con seducción monstruosa y violento deseo: “Ella era una puta ladina. en las afueras. Tenía una voz cascada.

estremecen y hasta divierten -en tono sadomasoquista-.de una cultura y su historia reciente. el que escapó al barro. . autor de una nueva forma de escritura. se mantuvo al margen. aluviones de sintagmas destripados que destripan. en los límites… Perlongher junto a otros grandes poetas corrosivos y viscerales. El escritor. una vez tiesa. Léase y tírese (¡!). con absoluta impunidad. el neobarroso. estas pupilas que han visto desfilar carrozas y las verán desde lo alto de lo más bajo donde muevo la cítara de la multitud Aranda hágame los rulos y disimule las hebillas entre los tropos del cabello para que a quien las encuentre se les disuelvan en las yemas. con todo aquello que habita en lo más oscuro –y atractivo.invisibilizados. postales de submundos y afiebradas androginias que decodificaron tanto al país como a su “Cadáver de nación”… “Aranda hágame los rulos con la delicadeza de una onda cetrina nívea en su rubor amar el illo el bigudí sujéteme con un papelito disimulado en la tintura de la entretela para erguir el mamotreto del rodete hasta una altura suficiente para espantar las engrupidas junto a mi lecho que no digan que se me bajó el copete siquiera yerta hágalo digno Aranda hágame los rulos no me lo deje entrar al puto de la cabeza contra el piso al que se arrastra como un saurio al que inclina la sien (sus doraditos) frente al primer moreno de la guardia téngame en guardia contra él que mis muchachos son sensibles que no se enteren que ha tocado mis carnes casi necrosadas con esos dedos que han hurgado braguetas en el Rosemarie o en la penumbra del Eclaire que no me chanten al revuelo el revoleo de su anillo en los pasillos populares y sobretodo que no hieda a pobre semen el tocado la redecilla del rodete el tibio tul que ha de velar. inauguraron un estilo latinoamericano que no deja de presentarse sólo en las formas de las palabras y sus tensiones… además nos vomita. autor de prosa y poesía.” Perlongher y el neobarroso.