Está en la página 1de 2

Dignidad de la mujer y matrimonio

José Mª Martí Sánchez


Doctor en Derecho

Un asunto importante y actual

La dignidad de la mujer es una cuestión central. La han puesto de actualidad el Islam y su


integración a las sociedades occidentales. De otro lado, la ideología de género se justifica
por favorecer a las mujeres.

La ideología de género condiciona la política española. Cuenta principalmente con el


Ministerio de Igualdad y se traduce en medidas específicas, particularmente la Ley
orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la
violencia de género (con las observaciones críticas del Juez Serrano), la Ley orgánica
3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres y la Ley orgánica
2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del
embarazo. La ideología de género empalma con la revolución cultural del Mayo francés
de 1968. Sus notas comunes son: individualismo, antiautoritarismo y hedonismo
materialista.

Ahora bien, ¿el Islam y la ideología de género han mejorado el status y la consideración
social de la mujer?

El punto de partida sirve para evaluar lo que cada cual ha aportado o restado. Éste
responde, en España y en general en Occidente, a un ambiente de valores cristianos.
Frente a estos, el Islam presenta a una mujer capitidisminuida en su patrimonio jurídico.
Lo está respecto al varón. Éste tiene una posición mejor de cara a elegir casarse -incluso
con no musulmana-, repudiar a su mujer, heredar, o educar a los niños. La menor
consideración de la mujer es un dato muy repetido en diversas culturas. La encontramos
en la cultura clásica greco-latina, la israelita o la china. En general, los pueblos violentos
hacen de menos a la mujer, caso de los llamados «bárbaros».

Para obtener una visión de conjunto de la ideología de género hay que ponderar su
tendencia a disminuir el relieve del matrimonio o a suprimir su peso social. Es el
componente que refleja el Proyecto de Ley de registro civil, con la generalización del
término progenitor y el Anteproyecto de Ley del libro II del Código Civil de Cataluña,
presentado el 28 de agosto de 2008. Allí se equiparan diversas agrupaciones -«tipos de
familia»-, matrimonial, homosexual, monoparental, reconstituida, etc.

Según el esquema ideológico, el motor de los cambios es la tensión, la rebelión. En el


caso concreto de la ideología de género, se busca directamente enfrentar a la mujer bien a
una imagen estereotipada de varón, bien al orden establecido. Reforzar la figura de la
mujer se condiciona a la oposición sistemática a cualquier vínculo, a la reivindicación de
una autonomía absoluta. En consecuencia, se sacrifica el matrimonio y la maternidad,
como compromisos nocivos y estorbos para la mujer. Es la política antinatalista
predicada y practicada desde los círculos de poder.
Se cumplen, una vez más, las palabras premonitorias de Centesimus annus sobre la
ideología: «el hombre es respetado solamente en la medida en que es posible
instrumentalizarlo para que se afirme en su egoísmo» (n. 44).

Un enfoque integrador pro futuro

El Cristianismo parte de la igual dignidad, de una común filiación divina del género
humano. En consonancia con esta concepción y el ser comunitario, relacional, de la
persona, se concibe la vocación propia del hombre. El matrimonio es un género de vida a
su altura. De acuerdo a la dignidad de la mujer, el matrimonio requiere de su querer
maduro y responsable. Las voluntades de los consortes convergen para dar vida a una
comunidad, particularmente estrecha (común-unión). Sus rasgos básicos son:
complementariedad, equilibrio y estabilidad. La Iglesia entendió siempre que preservar el
principio consensual, la indisolubilidad y la unidad del matrimonio -frente a la poligamia-
era contribuir a dignificar a la mujer.

La institución era el cimiento de un orden social que valoraba a la mujer. El matrimonio y


la familia prestigiaban a la mujer, cuya dignidad quedaba así mejor reconocida en
cualquier coyuntura o circunstancia. Asimismo, en este contexto, se valoraba como un
don precioso toda vida. Los hijos, acogidos, en primer lugar, por las madres, se
introducían en la familia que era la pieza fundamental del edificio social. El mismo
mecanismo, en un acto reflejo, preservaba a ancianos y enfermos.

¿No podría un esquema así, dado su sustrato natural, ofrecerse como complemento del
modelo tradicional islámico? Se trata de facilitar una integración por adición y
enriquecimiento, que acepte lo bueno de la familia musulmana y enmiende sus
arbitrariedades o desajustes.

¿Puede aspirar a lo mismo una oferta basada en la ideología de género? Para responder
habría que analizar si goza del mismo grado de consenso potencial, es decir, si se apoya
en las inquietudes humanas y su anhelo de justicia. Esto sería tanto como dirigir la mirada
a los frutos de la ideología de género. Los efectos que la acompañan son la violencia y la
soledad, pues, ha cultivado la desconfianza. La constatación de este hecho, ¿tendría
fuerza de atracción, convencería de sus postulados a los jóvenes o a los inmigrantes?

El matrimonio bien regulado, respaldado por una moralidad que hace honor a la pareja
humana, nos acerca a la convergencia con otras culturas y nos libra de extravagancias. El
extravío y la debilidad humana hallan en él una ayuda, con independencia de la elección
de estado de vida, del estado civil de cada cual. Para el político, el matrimonio es un
límite y un soporte en su legítimo proceder.

El prestigio, la autoridad (moral) es la única fuerza que pude guiar a los hombres (Pacem
in terris, 4-5). Que legitima un estilo de convivencia. Una integración real. Prestemos,
pues, atención no sólo a quién detenta el poder, o si éste se sirve de mecanismos
técnicamente depurados, tratemos sobre todo de que se ejerza en función de un objetivo
creíble e inspirado en el bien común. En este sentido el matrimonio, propiamente dicho,
es irremplazable.