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Año 51 - N°67 / 1° Mayo 2016 / www.mir-chile.

cl

SUPLEM ENTO

1° MAYO
La refundación de la CUT en el año 1988, fue
consecuencia del nuevo pacto económico, político y social
de la burguesía que sellaba por una parte, la salida de la
dictadura y por otra, el inicio de gobiernos civiles que, -bajo
el subterfugio de la democratización-, perfeccionarían y
consolidarían la economía de mercado en todos los aspectos
de la sociedad chilena. Para lo anterior necesitaban
desmantelar todo resabio de orgánica popular proscribiendo
cualquier organización política que aspirara a la
construcción de fuerza propia en una dirección distinta a la
pactada por el nuevo bloque.
La CUT de haber ostentado históricamente el
carácter de “única”, pasaba ahora a ser una organización
“unitaria”, erradicando de su seno lo poco que quedaba de
fuerza de clase organizada. Ésta nueva condición permitiría
a las “renovadas” fuerzas políticas influenciar al
movimiento sindical bajo la idea de “exigir lo mínimo”,
asegurando así, la transición hacia la estabilidad neoliberal.
El país iniciaba la consolidación de una economía
improductiva (créditos y servicios), extremadamente
dependiente y con una carga tributaria orientada
principalmente en las personas que viven de un salario. La
CUT, -sin manifestarlo expresamente-, se definía ante éste
nuevo modelo de acumulación, como una central
conciliadora y colaboradora con la economía neoliberal,
subordinada a la patronal, y obsecuente con las prácticas
fácticas y burocráticas de sus dirigentes.

Coincidentemente, el trabajador del actual periodo
desecha la idea de organizarse y evita abordar sus
problemas de manera colectiva. Enfrenta el conflicto de la
liquidez de sus salario de manera individual o esperando las
dádivas que puedan llegar de los distintos servicios del
Estado. Si los resultados les son adversos, recurre al crédito,
exacerbando su rol de consumidor. El concepto
contemporáneo de “trabajador” está ligado principalmente
al del consumidor, por eso cobran mayor importancia las
organizaciones de consumidores que las de trabajadores.
La nueva forma de acumulación del capitalismo
actual (neoliberalismo) y los nuevos elementos que éste ha
introducido en las relaciones laborales, ha destruido y/o
extinguido el concepto clásico que entendíamos por
“trabajador”, logrando confundir el rol y lugar que éste
sigue ocupando en las relaciones sociales de producción. Se
ha alterado su visión estratégica, sus tácticas de lucha y sus
formas de organización. Aun así, bajo toneladas de
propaganda conceptual neoliberal, subsiste una realidad
fundamental: “en cualquier modelo de acumulación
capitalista el generador de la riqueza es el trabajador”,
aunque hoy se le ubiquen en un lugar periférico. El
movimiento sindical chileno no da cuenta de lo inédito de
la situación de dominación en el plano nacional, regional y
mundial.

La actual situación de los trabajadores en el ámbito
de las ideas, de la conciencia y de los niveles de
organización, es a nuestro juicio, de absoluto retroceso
respecto de las conquistas históricas que tuvieron su mayor
consolidación durante el gobierno de la Unidad Popular. La
ausencia de ideología propia en los trabajadores es lo
característico del actual periodo. El movimiento sindical
chileno, es esencialmente reivindicacionista, no se plantea
intereses de clase, pues no se identifica en su clase.

Las aspiraciones sindicales acumuladas en 25 años
de gobiernos civiles y en 17 años de dictadura, no
estuvieron expresadas en los contenidos de la Reforma
Laboral de la Nueva Mayoría. Tampoco fueron
consideradas en el desarrollo de las conversaciones CUTGobierno-CPC, ni fueron incorporadas en el debate
legislativo. La Reforma Laboral no modificó la esencia del
Plan Laboral de la dictadura, ni menos esbozó
planteamientos sobre un programa de desarrollo nacional
propio, productivo y sustentable que permita la distribución
justa y equitativa del ingreso nacional, riqueza que solo
generan los trabajadores. La reforma laboral mantuvo
intacta la doctrina que prohíbe a los trabajadores contar con
herramientas políticas efectivas para enfrentar al
empresariado en mejores condiciones.

Consecuencia de lo anterior, la actividad sindical
no genera canales de unidad, solidaridad, participación ni
acción común. Las cúpulas sindicales están supeditadas a
ser operadoras políticas y a transferir base social en los
procesos electorales a las dos coaliciones que gobiernan el
país. El sindicato es incapaz de proporcionar formación de
algún tipo, siendo la función de “bienestar” la tarea por
excelencia que orienta el accionar de las organizaciones. No
se promueven las relaciones sindicales entre trabajadores,
toda la estructura sindical está diseñada para la interacción
sólo entre dirigentes. Las propias dirigencias excluyen a los
trabajadores en la elaboración de diagnósticos y objetivos
para cada sector laboral en particular.

Frente al actual momento, las tareas más
importantes son: 1) Consolidar la demanda de la asamblea
constituyente para una nueva constitución, 2) levantar una
lista democratizadora en las próximas elecciones de la
CUT, tarea central de los dirigentes honestos y clasistas, 3)
detener el deterioro ideológico y organizativo mediante un
proceso de cuestionamiento y discusión sobre la
explotación laboral, 4) llevar la discusión política al seno
de los trabajadores organizados y no organizados, 5) dirigir
y protagonizar la lucha política y social y 6) avanzar hacia
la concepción de un modelo económico de desarrollo
nacional que permita la superación de las condiciones de
vida de todos los trabajadores y los Pueblos de Chile.