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Ethos en los discursos de Bruto y Marco Antonio

Adrián Martínez. Levy
Teoría de la Argumentación
Dra. Luisa Puig
MLA

El discurso de Bruto.
El discurso de Bruto está prácticamente fundamentado por la idea clásica del ethos, en
el sentido de que toda su argumentación circunda alrededor de una petición de principio
que descansa en el prestigio que este personaje gozaba entre los romanos: “Creedme por
mi honor, y respetad mi honor para que podáis creerme ”. Lo anterior, se muestra de
forma evidente, en términos aristotélicos, si uno atiende a la imagen que Bruto muestra
ante los plebeyos, la cual está fundamentada conforme a los tres elementos del ethos:
a) Se puede analizar la Phronesis (prudencia) con que Bruto supuestamente actuó, al
estar convencido de que César era un peligro para Roma: “como fue ambicioso le dí
muerte”. Lo cual, aquél sustenta (de manera muy cuestionable 1) a través de una serie de
preguntas: ¿Preferiríais que César estuviera vivo y morir todos esclavos, a que César
esté muerto para que todos vayan libres? ¿Quién hay aquí tan abyecto que quiera ser
esclavo? ¿Quién haya aquí tan vil, que no ame su patria?
b) La idea aristotélica de Areté (virtud) puede verse, en relación con el punto anterior,
en asumir haber cometido el asesinato, dado que si Bruto estaba convencido de la
amenaza que representaba el César era virtud del primero llegar a las últimas
consecuencias para no permitir que el segundo actuara en contra de los romanos: “El
motivo de su muerte queda registrado en el Capitolio; ni su gloria se apaga en cuanto la
merecía; ni sus ofensas se exageran, por la que sufrió la muerte.”;
c) Finalmente, se puede notar la Eunoia (benevolencia) de Bruto, al situarse a sí mismo
en el lugar de Cesar: “No he hecho más en contra de César lo que vosotros le haréis a
Bruto” y “tengo la misma daga para mí mismo cuando le convenga a mi patria requerir
mi muerte”.
1

No obstante que Bruto nunca haya dado razones realmente fácticas para comprobar la “ambición” de
César ni que el sustento de sus afirmaciones sean solo hipótesis basadas en la irrealidad, eso no importa
para la construcción de su ethos.

construye poco a poco. no siempre es suficiente construir una buena impresión para lograr la anuencia definitiva de un auditorio –sobretodo si se encuentra uno en un debate. no solo la imagen de ethos sino otros factores adyacentes. y éste. Sin embargo. el exordio de Marco Antonio resulta mucho más complejo. Antonio refleja una estrategia menos directa y mucho más entreverada que la de Bruto. quisiera mejor analizar la forma en que Marco Antonio se hace de una escenografía enunciativa. que todo anterior resulta importante para un análisis en torno a la conformación de la imagen que construye Bruto para sí mismo. y pese a la falta de evidencias concretas utilizadas. En otras palabras. Contrario al discurso de Bruto. e intercalando un «modus rectus» y un «modus obliquos». por la manera en que construye su discurso” y no necesariamente por el contenido referencial del mismo. efectivamente.En conclusión. puede ser caracterizado por las nociones aristotélicas. como se verá con el análisis del exordio de Marco Antonio. la propuesta de los escenarios de enunciación de Maingueneau que lo que nos puede decir la teoría clásica. En este sentido. una argumentación que retoma las propias palabras de Bruto para convertirlas en armas para atacarlo sutil pero certeramente. Sin embargo. para el análisis de Marco Antonio. y como ya hemos visto con los diferentes análisis a propósito de esta misma obra de Shakespeare. El exordio de Marco Antonio. una conclusión preliminar podría ir encaminada a subrayar la necesidad sustantiva de preveer los diferentes aspectos que cualquier orador debe atender para hacerse de un buen discurso y así triunfar en cualquier intercambio discursivo. el discurso de Bruto resulta afortunado en términos del ethos clásico. lo que importa para convencer a un interlocutor es “dar una buena impresión de sí mismo. Cabe añadir. la cual no sólo le permite revertir el ethos que se había construido Bruto sino también convencer a su audiencia de actuar en contra del último sin asumir como suyos los . Por su parte. que Antonio sí se construye a sí mismo un ethos. Me parecer que conviene más. Evidentemente. Como bien señala Aristóteles.

quienes han descubierto las embusteras mentiras de Bruto. Y bien. que Antonio logra generar todo un montaje discursivo. sus recién plantados jardines. y no él. . setenta y cinco dracmas. De acuerdo con Maingueneau. escenario englobante2) que desarrolla Antonio es de orden judicial.pronunciamientos que en efecto emitía. a efectos de que se juzgue a Bruto por el asesinato: ¿Parecía esto ambicioso “del César? Si lloraban los pobres. sus quintas particulares. ¡Éste sí que era un César!” 2 Me parece justificada esta analogía. que para “englobar” su discurso.. os los ha legado a perpetuidad a vosotros y a vuestros herederos para siempre: parques públicos. en este caso. para que salgáis a caminar y podáis recrearos. de aqueste lado del Tiber. individualmente a cada hombre. es necesario caracterizar primero el escenario englobante desde donde se fundamenta el discurso mismo que aquél emite. César se condolía. (…) Y más aún. Es decir. se puede decir que lo que pretende Antonio es dar las razones fácticas que desmienten lo que se dijo sobre la ambición de César. con el sello de César. Deja a cada ciudadano romano. (…) Oídme con calma. en que se puede catalogar o englobar un discurso. se puede decir que el tipo discurso (o. en el sentido de que ambas nociones se refieren al tipo o género discursivo más general. como ya habíamos analizado en otro momento con la retórica clásica. para entender la forma en que Marco Antonio construye esta denominada escenografía. “Aquí está el testamento. os deja sus paseos. Es decir. de material más duro debe estar hecha la ambición” ………. a través del cual hace creer a los plebeyos que son ellos.

¡Oh. más fuerte de las armas de los traidores. pobres bocas mudas a quienes les les pido que hablen por mí.Por otra parte. Estalló entonces su corazón magnánimo. y cubriéndose la cara con su manto exactamente al pie de la estatua de Pompeyo que no dejaba de derramar sangre se derrumbó el gran César. cuánto lo quería César! La más cruel fue ésta de todas sus heridas. . lo venció de pié. y percibo como os hace mella la compasión! ¡Son benditas estas lágrimas! Almas piadosas. y vosotros. pobres. capaz de mover las piedras de Roma al levantamiento y al motín” ……… “Juzgad vosotros. bajo la misma línea argumentativa del párrafo anterior. porque cuando el noble César vio cómo lo hería. compatriotas! Ahí yo. en orden de juzgar a Bruto. y Bruto Antonio. se podría decir. ese Antonio encresparía vuestro ánimo y prestaría lengua a cada herida de Cesar. ¿lloráis de sólo contemplar la herida la vestidura de nuestro César? ¡Mirad esto! Aquí está él mismo. que Antonio se vale de diversas formas emotivas para generar un escenario genérico de corte epidíctico. y todos juntos sucumbimos mientras triunfaba la sangrienta traición sobre nosotros. pero si fuera yo Bruto. En otras palabras. ahora lloráis. ¡Qué caída fue ésa. Antonio se vale de recursos emotivos para ganar el beneplácito de su audiencia: “os muestro las heridas del bondadoso César. la ingratitud. dioses. desfigurado.

En el fondo. una pequeña muestra de humildad –que se contrapone directamente a la empedernida soberbia de Bruto. lo que pretende Antonio al auto-denigrar sus capacidades oratorias. toma el curso que quieras. por los traidores” Para concluir el análisis. soy un hombre franco y sencillo que amo a mi amigo. es añadir a toda su estrategia de persuasión antes mencionada. se puede plantear también un análisis en términos de la propuesta polifónica de Ducrot. se ve claramente la diferencia que postula Ducrot entre «L»y «λ». y eso lo saben perfectamente los que me dieron licencia para hablar de él en público. sino que. se concretiza en la totalidad del discurso de Marco Antonio. ni elocución. “No soy orador.como lo podéis ver.” En otro orden de ideas. cuando Antonio se refiere a sí mismo como un mal orador. ni mérito. Si «λ» se define como el “locutor en tanto sujeto de la enunciación”. Es decir. En este sentido. ni elocuencia. ni fuerza oratoria que enardece la sangre de la gente” . se puede decir que todo lo anterior propicia la escenografía que finalmente incita a los plebeyos a enfrentarse contra todos los traidores. como Bruto. ni ademanes. que todo lo dicho y referido hasta ahora. Porque yo no tengo ingenio. en términos de la propuesta de Maingueneau. Lo más interesante es que Antonio nunca hace el llamado de voz propia sino que genera toda esta escenografía para que sea el discurso mismo lo que mueva las pasiones de sus interlocutores: “¡Que venga ahora lo que tiene que venir! Calamidad. aquí se ve nítidamente cómo Antonio habla de sí mismo como sujeto que dice –no precisamente por lo que está diciendo. ya estás en pie de marcha. como todos sabéis.