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Taller 1 Doble Función de la Hora del cuento: Contar es encantar y Conversar es acoger

Taller 1

Taller 1 Doble Función de la Hora del cuento: Contar es encantar y Conversar es acoger

Doble Función de la Hora del cuento:

Contar es encantar y Conversar es acoger

II Encuentro Nacional Bibliotecas Escolares CRA Creando Redes Constanza Mekis – Andrea Bravo

Atención pido al silencio y silencio a la atención Martín Fierro 1

1.Introducción...........................................................................................................1

  • 1.1 Tradición oral y nacimiento del cuento escrito...............................................1

  • 1.2 El cuento de la vida: la literatura, expresión artística del ser humano ...........2

  • 1.3 La Hora del Cuento........................................................................................3

2.Contar es encantar................................................................................................4 3.Conversar es acoger.............................................................................................6

4.Bibliografía..........................................................................................................10

1.

Introducción

  • 1.1 Tradición oral y nacimiento del cuento escrito

El gusto por lo oral se inserta en una larga tradición que viene desde la prehistoria. Las obras clásicas de la antigüedad fueron fijadas por la escritura, después de años de ser repetidas de generación en generación.

Las dos grandes culturas que conforman nuestro pensamiento occidental la judeocristiana y la Antigüedad Clásica, griega y latina, se hallan fuertemente inscritas en la tradición oral.

Ya desde el Antiguo Testamento, encontramos la palabra como creadora de realidades: “Dijo Dios: Haya luz, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad, y llamó Dios a la luz día y a la oscuridad la llamó noche.” (Gen. 1, 3-4) Jesucristo es, en palabras de Borges el maestro de lo oral, lo que podemos encontrar en forma ejemplar en sus parábolas, pequeños relatos orales nacidos espontáneamente ante algo que se observa, o que se quiere hacer comprender a gente sencilla, quizá a menudo analfabeta.

En las culturas clásicas, conocemos a dos grandes escritores de la antigüedad, Homero (griego) y Ovidio (latino). Sus obras fijan en la lengua escrita los relatos mitológicos que proceden de la tradición oral de las generaciones que les anteceden.

1 Hernández, José: Martin Fierro, Buenos Aires, Editorial Losada, 1961

A nuestros días llega la tradición oral de los rapsodas de la historia griega y romana, de los juglares de la Edad Media, de los cuentos de diferentes países que se escuchaban en los tiempos modernos. Entre estas grandes obras se cuentan, la Ilíada y la Odisea, el Poema de Mío Cid, poemas épicos y romances medievales, los cuentos de Perrault y de los hermanos Grimm.

Todo esto nos demuestra la riqueza de lo oral. Es en esta tradición donde nace el género literario que llamamos cuento.

La palabra es trasmisora de cultura, une a los hombres, educa, conforma las naciones.

En el Libro de la Mil y Una Noches, se alude al encantamiento que el cuento oral es capaz de producir. El sultán de Persia ha sido traicionado por su primera mujer, a quien encuentra con un amante al volver de uno de sus viajes. Su dolor y furia es tanta, que decide matarla. Cada noche, el vizir debe traerle una mujer y luego de pasar con ella la noche, la manda matar a la mañana siguiente, así nadie volverá a serle infiel. Todos los súbditos viven el horror de esta situación.

Sherazade, la hija más hermosa del vizir, le pide a su padre que la lleve donde el sultán, con la idea de salvar a las mujeres del lugar. Ella ha leído mucho, ha estudiado filosofía, historia y artes, es poeta, y tiene una memoria prodigiosa. Luego de mucho rogar a su padre, quien acepta con lágrimas, le pide a su hermana que colabore con ella, pasando la noche en el dormitorio del sultán. El sultán, sin conocer la treta, acepta el pedido de Scherazade. Antes del amanecer, Dinarzade despierta a Scherazade, tal como fue acordado, y le pide le cuente un cuento para consolarse de su muerte inminente.

Scherazade empieza su narración, dirigiendo el cuento al sultán. Al amanecer, el cuento no ha acabado, y el sultán, que ha disfrutado tanto de la historia, le concede otra noche juntos para poder conocer el final. Así, siguen las mil y una noches, hasta que el sultán, profundamente enamorado de Scherazade, le perdona la vida.

  • 1.2 El cuento de la vida: la literatura, expresión artística del ser humano.

Amigo mío, hagamos siempre cuentos… El tiempo pasa y el cuento de la vida se acaba sin que uno alcance a notarlo. Diderot 2

Contar la vida es un decir, o “decirse”, a través de la palabra.

De algún modo, la

vida del escritor, sus circunstancias, afanes y emociones pasan a la obra literaria, no al modo de una fotografía, sino a través de la imaginación creadora. Así, el leer o el escuchar lo contado por otro nos pone en contacto con una parte de la vida, que va ampliando nuestro conocimiento de la condición humana.

2 En: Edwards, Jorge: Machado De Assis, Barcelona, Editor Vidas literarias, Ediciones Omega, 2002, pág. 37

1.3

La Hora del Cuento

Gabriela Mistral nos propone realizar con nuestros estudiantes la Hora del cuento, como una iniciativa ingeniosa para crear en ellos el gusto por la lectura o apetencia de leer, en sus propias palabras. 3

Para poder llevar a cabo una Hora del cuento exitosa, hay que considerar dos procesos importantes, los cuales se complementan y hacen inolvidable este ejercicio. Siguiendo las palabras de la Mistral y del profesor chileno de filosofía, Humberto Giannini, las siguientes frases resumen las dos etapas:

  • a) Contar es encantar

  • b) Conversar es acoger

La Hora del cuento es ante todo, una práctica pedagógica, concebida no sólo para niños, como muchos pueden pensar, sino para personas de cualquier edad. El mismo método puede adaptarse según el público al que nos dirijamos, considerando su edad, cultura, capacidad de atención y otras exigencias propias de cada grupo.

El

hilo conductor

que

recorre

la

Hora del

pedagógico, el soporte en el cual se inscribe son:

Cuento y que conforma el marco

  • a) pensamiento educacional de Gabriela Mistral.

Su pensamiento es profundo y muy de avanzada para nuestros días.

Si

lo

llevamos al interior de las aulas, la calidad de la educación de los niños de Chile mejorará de modo fundamental.

  • b) método participativo, en una relación de permanente conversación con los

alumnos. El método participativo es el único capaz de crear en las personas el deseo de conocer y cultivarse. Pretender entregar conocimientos, obligando a repetir lo que dice el profesor es trabajo perdido; lo recibido de esta forma se olvida si no educamos en los estudiantes las ganas, entusiasmo y deseo de aprender.

En un diálogo permanente con los alumnos y alumnas, estamos educando en el afán por alcanzar un mayor conocimiento de nosotros mismos. El auto- conocimiento es una tarea de vida que nunca termina y que nos permite insertarnos en la sociedad, alcanzando una relación de mayor riqueza humana, respeto y solidaridad hacia el Otro.

La primera función de la hora del cuento es despertar en los estudiantes la apetencia del libro. Este encantamiento del cuento (o texto en general) bien leído produce un encuentro entre personas de distintas edades, uniendo a quien narra el cuento y quien lo escucha. Esto permitirá entrar en la segunda fase y función de la hora del cuento, la del diálogo. “En nuestro modo de comprender esta actividad, pensamos que acá la hora del cuento cumple su función más profunda: la de aprovechar el encantamiento que la narración oral produce en el niño, para luego conversar con él en torno a los temas que el cuento nos entrega.” 4

3 Mistral, Gabriela: Magisterio y Niño, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1979, Pág. 93 4 Edwards, Angélica: La hora del cuento, Santiago, Aula XXI, Santillana, 1999, Pág. 15-16

La profunda riqueza de la Hora del cuento, debiera insertarse en los horarios escolares como una actividad esencial, abarcando todos los sectores del currículum. Ella inicia la apetencia de leer al:

  • a) crear lazos afectivos entre el lector y el auditor

  • b) desarrollar la imaginación y fantasía

  • c) educar la capacidad de escuchar, tan perdida en este mundo lleno de ruidos en

que estamos insertos

  • d) despertar la curiosidad y abrir mundos desconocidos al que escucha

  • 2. Contar es encantar

Contar es la mitad de las lecciones; contar es medio horario y medio manejo de los niños, cuando, contar es encantar, con lo cual (el niño) entra en la magia. Gabriela Mistral 5

Contar es encantar, nos dice la Mistral. ¿Quién no ha tenido la oportunidad de escuchar a alguien que nos cuenta algo con gracia, con entusiasmo, con un bello timbre de voz? ¿Quién de nosotros ha tenido la suerte y regalo que alguien, la mamá, una abuela, una persona cariñosa, nos haya contado cuentos cuando éramos niños? La narración oral o la lectura en voz alta nos van iniciando en el mundo del libro, donde se halla encerrado el tesoro de la palabra.

Esta virtud del buen contar hace que el niño entre en la magia, y así, el aprender se hace liviano: comienza la curiosidad por aquello que los libros contienen, por el mundo que se abre a través de la palabra.

Virtud del buen contar

“Esta virtud del buen contar es cosa mayorazga en la escuela.” 6

Si podemos

encantar al niño, toda su atención se hallará ocupada por el relato bello, suspendida y embelesada por aquello que se le narra.

Trabajemos este pensamiento de la Mistral, y vayamos poquito a poco, sin apresuramiento, con alegría, poniendo en práctica este buen leer y buen contar que nos servirá para todas las lecciones que demos en la escuela u otro lugar.

Máximas del buen leer:

Para leer bien un texto a un grupo de personas (historia, cuento, artículos de prensa, cartas, etc.) debemos preparar de antemano la lectura Sólo así llegaremos a una lectura en dimensión mayor. Una lectura improvisada puede aburrir, o ser mal comprendida por los que nos escuchan.

No es bueno contar un cuento cuya lectura no hemos gozado nosotros mismos. No podemos entregar con gusto algo que no nos haya producido placer, ni tampoco podremos entregar bien una lectura improvisada.

5 Mistral, Gabriela: Op. Cit. Pág. 94 6 Ibíd. Pág. 97

Para nuestros ensayos de lectura, recomendamos enfáticamente grabar lo que luego será leído. Este trabajo puede ser odioso en un primer momento, pero es un medio potente para conocer nuestro modo de leer, escuchando las grabaciones de nuestra voz, y así mejorando las deficiencias que allí notamos.

Tomarse el tiempo necesario: el ritmo de nuestra lectura debe ser relativamente lento, para permitir que entienda bien el que nos escucha. El ritmo se halla en la base del “buen contar”, es un agente de seducción. Tomarle el ritmo a un texto, es adentrarnos en la creación literaria del autor del mismo. Además, al preparar nuestras lecturas, debemos pensar en nuestros auditores: un niño de cinco años, por ejemplo, no tiene el mismo tiempo de atención que uno de 10, ni puede entender con la misma rapidez. Es indispensable, en nuestro quehacer pedagógico, observar muy cuidadosamente la capacidad de atención de los diferentes niños, el tiempo que requieren para comprender un relato que escuchan, y saber adaptarnos a estos requisitos indispensables para el aprendizaje.

Octavio Paz dice “Respirar bien, plena y profundamente. (…) Respirar es un acto poético, porque es un acto de comunión.” 7 El respirar bien, para comunicarnos con el que nos escucha, es una clave para que nuestra voz salga natural, fluida.

Otra de las máximas que nos entrega Octavio Paz, es para referirse al ritmo, al que considera agente de seducción. La recitación rítmica seduce y encanta, da lugar a que quien escucha entre en la magia de lo leído. La pausa que nace del ritmo tiene una importancia fundamental: es un tiempo detenido que da lugar a que quien escucha piense, elabore imágenes, relacione hechos, vivencie situaciones. El encantamiento se va entrelazando con el pensamiento y la potencialidad imaginativa, en un todo indivisible y profundamente enriquecedor. Pero, ¿qué es el ritmo, virtud tan importante del buen hablar y del buen leer?.

El ritmo es una opción particular por una forma de expresión; es una cierta distribución de sílabas, largas o breves, duras o suaves, sordas o agudas, ligeras o pesadas, lentas o rápidas, tristes o alegres. Es un encadenamiento de pequeños sonidos onomatopéyicos, análogos a las ideas que nos ocupan; a las sensaciones que queremos trasmitir; a las pasiones que sentimos y que queremos entregar.

Este arte, tiene los efectos del arco iris: no se puede coger, sólo se puede perfeccionar. Se halla inspirado por un gusto natural, sensibilidad y movimiento del alma. Es la imagen que se entrega en la inflexión de la voz, los matices, los tonos de un discurso acelerado, detenido, resplandeciente, apagado, templado de mil maneras diversas.

Para

leer

bien,

calmadamente,

hay

que

romper

el

miedo

al

ridículo,

no

preocuparse

de

posibles

risitas

burlonas

de

algunos,

sobrepasar

la

propia

inseguridad.

 

7 Paz, Octavio: “Poesía y respiración” en: El arco y la lira, México, Fondo de Cultura Económica, 1981, Pág. 296

Ajustar las palabras al cuento: Gabriela Mistral dice que el contador procurará que su cara y su gesto le ayuden fraternalmente el relato bello, porque el niño gusta de

ver conmovido y muy vivo el rostro del que cuenta. Si su voz es fea, medios hay de que la eduque siguiera un poco hasta sacarle alguna dulzura, pues es regalo que agradece el que escucha una voz grata y que se pliega como una seda al asunto. En el Segundo Acto de Hamlet, encontramos algunos consejos dados por el protagonista a los cómicos venidos a la corte, para que reciten bien ante su padrastro la obra que él escribirá: “recitar con soltura, naturalidad y moderación, sin vociferaciones ni aspavientos exagerados. Tampoco seas demasiado tímido, deja que tu discreción sea tu guía. Ajusta la acción a las palabras y las palabras a la acción”

Tonos que deben ceñirse a lo dicho o leído. Destacar palabras o frases, alargando el tiempo de la lectura de sílabas, dando mayor fuerza al tono de la voz en detalles que queremos destacar. Gabriela Mistral nos dice, “El contador ha de ser sencillo y hasta humilde si ha de repetir fábula maestra que no necesita adobo; deberá se donoso, surcado de gracia en la palabra, pues el niño es más sensible que Goethe o que Ronsard a la gracia” 8

Estas máximas no son fáciles de adquirir, pero la práctica ayuda

a mejorar el

“buen contar”. Estamos frente al arte de narrar, que tiene muchas aristas, y siempre podemos ir descubriendo otros aspectos de este arte.

  • 3. Conversar es acoger

Conversar es un modo de hospitalidad humana para lo cual deben crearse las condiciones domiciliarias tanto de un tiempo libre como de un espacio aquietado y al margen del trajín.

Humberto Giannini 9

La

segunda etapa de

la Hora

del cuento, se titula

Conversar es acoger, cita

recogida del libro La “Reflexión” Cotidiana de Humberto Giannini. 10

 

El

buen leer y el buen contar se complementan con una segunda

fase:

la del

diálogo, la conversación con niños y adultos. Este método de trabajo, esencialmente participativo, une a pequeños y grandes en una actividad cultural donde desaparecen barreras de edad, jerarquías, intereses diversos, en función de un aprendizaje más amable, cálido, y a la vez más eficiente para los que enseñan como para los que aprenden.

Giannini dice: Conversar es acoger, es decir, conversar se transforma en un modo de hospitalidad humana. Linda explicación para darnos a entender cómo debe llevarse adelante una buena conversación.

8 Mistral, Gabriela: Op. Cit. Pág. 97 9 Giannini, Humberto: La Reflexión Cotidiana, Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1987 10 Ibíd. Pág. 82

La primera condición para que una conversación fluya es que, además de estar atentos a lo que el otro expresa, lo acojamos desde nuestra interioridad, seriamente, sin descalificar, interrumpir ni apurarlo mientras habla. Lo que sentimos se refleja en nuestro rostro y actitud, y hay que recordar que el niño es muy sensible para captar si nuestras palabras vienen de lo hondo, o son simples frases vanas. El acoger de verdad supone un previo trabajo de nuestra interioridad, una introspección que nos permita comprender si al oír somos capaces de dejar a un lado nuestros pensamientos y modo de ver las cosas, adecuando nuestro ritmo al del alumno que está en un proceso de aprendizaje.

Por ejemplo, tomemos las palabras del poema gauchesco Martín Fierro de José Hernández, escritor y poeta argentino del siglo XIX. El libro está conformado por dos partes: El gaucho Martín Fierro y La vuelta de Martín Fierro. Esta segunda parte está encabezada por las palabras que el gaucho Martín Fierro dirige a su auditorio, a quien continuará contándoles su historia:

Atención pido al silencio Y silencio a la atención, Que voy en esta ocasión, Si me ayuda la memoria A mostrarles que a mi historia Le faltaba lo mejor. 11

Atención pido al silencio / y silencio a la atención. Los profesores siempre decimos a los niños frases como "atención", "pongan atención", "atiendan ahora". A través de estos versos, tan simples y profundos, podemos comprobar cómo nuestro lenguaje de adultos muy a menudo tiene un significado muy diferente al que adquiere en la comprensión de los niños. En los siguientes diálogos con niños de 3° y 4° año básico, iniciados a raíz de estos versos, podemos darnos cuenta de ello 12 .

Profesor: ¿Qué se entiende por atención? Alumno: Atender. P: Claro, de acuerdo; pero busquemos alguna palabra que diga lo mismo, pero sin usar ni la palabra atender, ni la palabra atención. Busquemos palabras diferentes a atender y que signifiquen lo mismo.

Las respuestas se suceden.

A: Atender es oír.

A2: Atender es estar en silencio. P: Sí, pero podemos estar en silencio, pensando en algo muy entretenido,

mientras oímos

a una persona

que nos habla,

y

al

final no saber

ni

lo

que dijo

esa

persona.

Sigue el diálogo.

A: Atender es mirar a la persona que nos habla P: Quizás, pero también podemos mirar a la persona que habla, sin escuchar lo que dice. Para tocar piano, ¿qué parte de nuestro cuerpo usamos?

11 Ibíd. Pág. 91 12 Edwards, Angélica: Op. Cit. Pág. 98-99

A: Las manos. P: Para jugar fútbol, ¿qué parte del cuerpo usamos? A: Los pies. P: Y para atender, ¿qué parte del cuerpo usamos? A: La cabeza. A2: La mente. A3: El pensamiento.

Así podemos seguir nuestro diálogo, sin pretender que a través de él se dé un rigor intelectual a las palabras o frases, sino únicamente que nazca allí un cierto acuerdo en el lenguaje que usamos.

Sin pretender alargarnos sobre la importancia de saber atender, cualidad que se desarrolla con la educación y que no es una virtud natural del hombre, pensamos que esta capacidad va unida a la capacidad de observar, de escuchar; y de esta cualidad nace la tolerancia ante las ideas, el respeto hacia los otros, la mesura en nuestras opiniones. Cuántas veces, por no poner atención en lo que vemos, oímos o leemos, nuestras pretendidas conversaciones no son otra cosa que diálogo de sordos, exentos de todo rigor intelectual.

El saber escuchar implica un trabajo de vida, que nunca acaba. Es fundamental que en nuestras conversaciones con los alumnos en torno a temas tratados en la sala de clases o biblioteca, prevalezca el respeto y la tolerancia de todos hacia todos. La expresión de nuestros pensamientos y opiniones, acogida por el otro en un ambiente tranquilo, al margen del ruido cotidiano, como dice Giannini, da lugar al crecimiento de cada uno de nosotros, chicos y grandes, y al desarrollo de la autoestima de nuestros alumnos, condición indispensable para entrar al mundo abierto de la sociedad, por oposición al mundo protegido de nuestros pequeños núcleos familiares y sociales. Por ello, es importante que todos los espacios culturales destinados a este modo nuevo de aprender, den lugar a una expresión libre que nos fortalezca de nuestras inseguridades y temores, y nos permita entrar con vigor y entusiasmo al ancho mundo, sin sentirlo como "ancho y ajeno" 13 .

Expresar nuestra vida interior, nuestras impresiones, opiniones, modos de comprender lo escuchado y exponer nuestra interioridad ante personas que nos aceptan y acogen, se transforma en acto liberador, ejercicio de la libertad que nos permite salir a la gran aventura de la vida, con valentía y seguridad exentas de prepotencia o torpe complacencia, rasgos éstos de un modo de ser individualista que tan frecuentemente nacen del no mirar al “Otro”.

Carla

Cordua,

filósofa chilena,

en

su

libro

Nativos de este Mundo tiene un

interesante artículo sobre Borges y la conversación, titulado Borges y los servicios de la palabra. Cita allí una frase de Borges en que se refiere a “La tranquila aventura de la conversación” 14 .

Tranquila aventura.

Borges se refiere reiteradamente a la importancia de que en

este acto del buen conversar, nuestro tono sea sencillo, modesto, exento de pedantería. No tratemos de exhibir lo que conocemos, no pontifiquemos. El saber es amplio y nunca

13 Como reza el hermoso título de una de las novelas de Ciro Alegría: El Mundo Es Ancho Y Ajeno 14 Cordua, Carla: Nativos De Este Mundo, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2004

llegaremos a ser dueños de la verdad. Para Borges, la conversación es un género literario comparable a la poesía. En una verdadera conversación, las personas se dicen a los demás y en este decirse, expresarse, nace la aventura, pues no sabemos lo que puede surgir al azar del diálogo. Allí nacen ideas nuevas que vienen de cualquier persona del grupo.

Una verdadera conversación en torno a temas propuestos en nuestras salas de clases o espacios culturales, genera una comunidad, un modo de hospitalidad humana, en palabras de Giannini, que nos abre al conocimiento de las personas para quienes trabajamos y de cuyas palabras podemos aprender muchas cosas.

El ensayista francés del s. XVI, Miguel de Montaigne, cuyas ideas sobre la educación de los niños son más avanzadas que mucho de lo que vemos actualmente, inicia su libro de Ensayos con un pequeño prólogo, en el que dice que escribirá de modo sencillo y sin artificios sobre cualquier tema que lo motive: “Por lo tanto, lector, considera que yo mismo soy el contenido de mi libro” 15 . En el ensayo XXV, “De la educación de los niños” dice:

No quiero que el maestro fabulice y hable solo: es necesario que oiga a sus discípulos hablar a su vez. Sócrates (…) exigía a sus discípulos que se expresaran, y luego hablaba él (…) El maestro debe enseñar al discípulo a pasar por el tamiz todas las ideas que le trasmita, y procurar que su cabeza no acoja nada por la simple autoridad y crédito suyo.(…) La verdad y la razón son patrimonio de todos, y ambas pertenecen por igual al que habla antes y después” 16

Iniciar la conversación

A raíz de un tema de aprendizaje sobre el cual queramos trabajar con los alumnos, podemos iniciar la conversación con frases muy sencillas que pueden dar lugar a interesantes conversaciones de grupo:

“Les propongo iniciar nuestro diálogo, escuchando las impresiones que han dejado

en ustedes los textos trabajados.” “Escuchemos ahora las opiniones que han nacido de estos textos.”

Hay una gran diferencia entre el concepto impresión y el concepto opinión. Las impresiones están muy ligadas a nuestro mundo emocional: “me gustó”, “no me gustó”, “lo encontré lindo”, “me conmovió”, “me dio rabia”, etc. Pertenecen a lo que podemos denominar el gusto por algo, pero es importante destacarlas, recibirlas con entusiasmo, pues en la base de nuestro trabajo pedagógico debe hallarse el deseo de crear el gusto por la cultura. Dice la Mistral que nuestra escuela trata de dar ideas antes de crear sensaciones, emociones, sentimientos (ella habla de su tiempo, pero esto es perfectamente aplicable a la educación de hoy en día). Si a nuestros niños les obligamos a aprender textos de memoria, conocimientos áridos para su edad, clasificaciones quizás innecesarias, mataremos en ellos la alegría de lo vivo, que es la base para iniciarse en el verdadero conocimiento. En esta etapa del aprendizaje, recojamos cuidadosamente,

15 Montaigne, Miguel de: Ensayos, Madrid, EDAF Ediciones, 1971 16 Ibíd. Pág. 142-144

respetuosamente, las impresiones expresadas por los estudiantes, pues en ellas se irá originando un pensamiento más abstracto y la capacidad de opinar.

Opinar es discurrir, pensar sobre algo. En un grupo, a medida que las personas comiencen a expresarse (lo cual no se logra en un primer intento), irán naciendo las opiniones, y éstas pueden ser muy diversas. En esta etapa de nuestro trabajo pedagógico debemos ser severos, es indispensable que a la persona que expresa una opinión, se le pidan argumentos basados en el tema que se estudia. No se trata de decir cualquier cosa: el pensamiento riguroso nace en la confrontación con el tema sobre el cual se discurre. Escuchemos con mucha atención las opiniones del grupo, dejando de lado nuestro modo de pensar, de ver el mundo. Sólo abriéndonos a las opiniones de los otros, buscando comprenderlas, podremos crear un debate serio y riguroso. Del mismo modo en que fuimos complacientes al escuchar las impresiones del grupo, ahora debemos pedirle, con dulce severidad, que las opiniones sean fundamentadas con argumentos sólidos, confrontados con los textos que estudiamos.

Sugerencias para preparar la conversación de la hora del cuento:

  • a) Lectura muy atenta del texto, subrayando las partes que les llamen la atención. Es interesante tener un cuaderno en que anotemos las ideas, palabras o frases que nos llamen la atención durante la lectura.

  • b) Seleccionar temas que nos interesen en la exposición.

  • c) Hacer un plan del trabajo que vamos a desarrollar. Hay que ser flexibles durante el desarrollo de la actividad, ya que el plan puede cambiar durante el proceso del trabajo. El plan del trabajo debe incorporar:

Ordenamiento de las ideas.

Profundidad y reflexión en los análisis, que deben ceñirse al texto.

Rigor en la exposición de los temas (cuidado de no dejarse ir por las ramas

sin volver al tema central) Lenguaje de la exposición: preciso y conciso, claridad y dicción correcta

4.

Bibliografía

 

Cordua, Carla: Nativos De Este Mundo, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2004

Edwards, Angélica: La hora del cuento, Santiago, Aula XXI, Santillana, 1999

Edwards, Jorge: Machado De Assis, Barcelona, Editor Vidas literarias, Ediciones Omega, 2002

Giannini, Humberto: La Reflexión Cotidiana, Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1987

Hernández, José: Martin Fierro, Buenos Aires, Editorial Losada, 1961

Mistral, Gabriela: Magisterio y Niño, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1979

Montaigne, Miguel de: Ensayos, Madrid, EDAF Ediciones, 1971

Paz, Octavio: “Poesía y respiración” en: El arco y la lira, México, Fondo de Cultura Económica, 1981