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iGUERRA

*
d e FRENTE!
POR

P RESBI TERO

ENERO

DE

1S 9 7

¡GUERRA DE FRENTEI
I
Por[ vía de'^introducción.

g w jg )

rom etida nos tenéis tiem -

de
vuestro librejo: Acción
antim asónica, que p u blieó el año pasado «El Buen
combate.»
— En efecto, y como lo prometido es
deuda entre caballeros, y debe serlo m£s
aún entre cristianos, ahí me tenéis, plu­
ma en ristre, para pagaros al contado
sin necesidad de apremio ni deejecuciói
Y por de pronto leed el título que le aca­
bo de echar al presente opúsculo, que os
prometí: ¡G uerra de f r e n te !
. — ¡Bravo! así me gustan los hombres, y
sobre todo los escritores. Hablad, pues, y
explicaos sobre el particular.
po ha segunda parte

i

— A. eso v o j, y entrem os, sin más exor­
dios, en m ateria. ¿Cuál es, decid, hoy día
nuestro principal enem igo como cristianos?
— V o s d iréis.

— Después de nuestros propios pecados,
que son el peor enemigo de Dios y de nos­
otros mismos, sigue en orden de perversi­
dad la Masonería, ¡La Masonería, he ahí
el enem igo)
— E stá bien' es devolverle, ojo por ojo y
diente por diente, aquella su an tig u a fór­
m ula de guerra á la Iglesia, que ella in ­
ventó y que Gam betta lanzó un día á los
cuatro vientos de la moderna E u ro p a: Le
clericalisme, voila Vennemi!
— Exactam ente. Lo cual significa que
asi como ella uos tiene declarada guerra
franca á nosotros, á nosotros toca corres­
ponder en igual forma, y declarársela á
ella con la mism a franqueza. ¡Guerra de
frente! significa, pues, algo más que el
títu lo de un librillo de los nuestros, hijo
de cualquier momento de fervorosa exal­
tación; es sencillam ente un deber de todo
cristiano, por el mero hecho de ser tal, por
el agua y la gracia del Santo Bautismo.
Y quien de ese modo no lo entiende, ignora

que es verdadera milicia. . — Sea. lo que vais á leer en las presentes cuatro páginas.6 el abecé de su cristiana profesión. hasta no poder más. pues no se ha cambiado el Evangelio. pues. y despachaos á la buena de Dios. amigo mío. si tenéis pacien­ cia para tanto. — Como siempre. — Decíais.. — Digo. sólo para dar gusto á los maulones y cobardes. ni lleva trazas de cambiarse in sécula stsculorum. — Belicoso y matachín andáis hoy día. pues.. camarada. ó no tiene sentido a l­ guno.

bien que pro­ metiendo estar siempre con su Iglesia para como Cabeza suya dirigirla y am pararla y defenderla. — Esto es evidente. otras re­ lativos al fomento y sostén de la Sociedad divina de que forma parte. de nuestros propios brazos. por decirlo así. quiso. para volver al seno de su Padre. — Como no lo es menos lo que se dedu­ ce.7 II Si es ó no deber de todo cristiano luchar contra la Masonería ESUCRISTO. á su conservación y defensa. al abandonar en cuanto á su presencia visible este mundo. Hijo de Dios vivo. De un modo . no obstan­ te. fuésemos los hijos de ella quienes por nuestra parte cooperásemos todos con el es­ fuerzo. De ahí nacen para el cristiano dos órde­ nes de deberes: unos relativos á su san­ tificación y salvación individual.

resultan verdaderos gentiles prácticos. de la que por . — Tam bién eso paréceme fuera de dis­ cusión.8 parecido á la doble obligación que al hom­ bre compete en su vida civil: una como particular y miembro ó jefe de tal ó cual fam ilia. Contrayendo nuestra consideración á los que por el tenor general de su vida suelen llam arse y reco­ nocerse con el dictado de buenos cristianos. sólo al cum plim iento de sus deberes priva­ dos é individuales. que llevando costumbres en­ teram ente ajenas á aquella su profesión gloriosísim a. que igualm ente les impone la profesión dicha en orden á la Iglesia católica. h ay todavía muchos de éstos que. en algún modo de peor género que los que por desconocimiento absoluto de la fe nacen y viven y mueren en la ver­ dadera m aterial infidelidad. y por tanto casi de solo nombre. — No hablemos hoy de los infelices cris­ tianos de solo bautism o. otra como público ciudadano d é la patria común á la cual le lig an lazos no menos inviolables. atentos . desconocen ú olvidan ó siquiera atienden menos los otros deberes públicos y por decirlo así sociales.

que me . — Es cierto. hemos querido ahora tratar con el carácter mismo que el mismo Vica­ rio de Cristo se ha dignado como presen­ tarnos de su mano en un párrafo del citado Documento. opo7 niendo prensa contra prensa. que y a en otro lu g ar y bajo el epígrafe de E l Apostolado seglar tenéis más ampliamente tratados estos p u n ­ tos. ' — Es realm ente gráfica la fórmula. que nosotros. y de las que se pegan al oído. Lo cual haréis vosotros. á fe. no es suficiente ponerse en guardia contra ella. coiiA greso contra congreso. — Paréeeme. en una palabrá^ acción contra a c c i ó n . que todo lo ha invadido. que habla del modo sig uiente: «Tratándose (dice) de la secta masónica.9 el Bautismo fueron hechos miembros y por la Confirmación soldados. como lo es que la palabra del Papa en su consabida Carta al pueblo italiano dió nueva oportunidad á estas m a­ terias. dóciles en todo á tan au g u sta voz. sociedad contra sociedad. escuela con­ tra escuela. amados Hijos. S eguid. H ay que salir al campo y afrontarla con valor. que en alguna m anera no hacéis aquí más que someramente recordar.

contra la acción diabóli­ ca. La acción divina. Y en tal día recibieron divina y celestial investidura de paladines de Cris­ to. —-Lo merece. En lo cual no puede menos de verse una exacta repre­ sentación de todo el pueblo fiel en sus di­ versas clases y categorías. el día de Pentecostés. De allí proce­ dió como de su primera fuente la acción ca­ tólica que no cesamos de predicar. no solamente los Apóstoles. ha sido en todos tiempos la ocupación exclusiva de la Iglesia católica y de sus hijos. y entre ellos con María varias piadosas m ujeres. empero. para lanzarse á pelear esas b atallas. arm ada de todas armas la sociedad cristiana álu c h a r con el demo­ nio. dueño del mundo é ignom iniosam ente servido por todos los poderes de él. más de lo que creí. y de la que el mismo Soberano Pontífice nos traza . y lo venció. aunque no co­ rresponda á la grandeza de él la poquedad de ini ingenio para ofrecéroslo como de­ manda su im portancia. Del Cenáculo deJerusalén salió. sino muchos otros discípulos del Salvador. Sigam os.40 ya interesando el asunto. por cierto. en nú­ mero todos de ciento veinte.

44 como con el dedo el más sintético progra­ ma. Como boy y más que hoy bramaban en torno del re­ cogido Cenáculo délos primeros discípulos del Crucificado ciegas y enfurecidas m u­ chedum bres. como hoy y más que hoy desatentados gobernantes m aquinaban le­ yes de proscripción co n tra ía Iglesia. y sea con iguales medios y sea sobre todo por ig u al E spíritu de Dios . dejó de ser muy en breve. que tan parecido van tornando el mundo moderno á lo que fué en tiempo de los primeros cristianos y á lo que por el es­ fuerzo de ellos. y la vida es movimiento. Hoy. Y la acción católica arrolló aquella formida­ ble acción diabólica. es fuerza. pues. es la completa inercia. como entonces desarróllese acción contra acción. es el no ser. es actividad. á El nos dé tal vida y fuerza como boy se requie­ ren para corresponder á las presentes nece­ sidades. sostenidos por la virtud de Dios. Pidámosle. Casi es lo mismo el no obrar. para no dejar de la últim a más que el ominoso recuerdo. así como la m uerte es pasividad absoluta. pues. y afi­ laban cuchillos para hacerla desaparecer ahogada eu mares de sangre generosa. Es vida el E spíritu Santo.

de ahí la necesidad de la Guerra de fren te que os estoy predicando. poned algo más en claro el carácter de esta ac­ ción ó guerra. Iguales se­ rón entonces los resultados. y sepa cada cual á qué hay que atenerse sobre el particular. quienes andemos en. en el capítulo siguiente. Y como ésta hoy por hoy. todos los católicos. amigo mío. pero ¿qué queréis sacar para nuestro objeto de estos precedentes? — ¡Friolera! Saco de ellos que si ha de ha­ ber y es de ley que haya acción católica.a que agigante nuestra pequenez. ó sea la anticatólica. y de la que la dicha demoníaca secta ha de ser el objeto principal. — A eso voy. M as. es claro que sigue. ella de continuo á tajos y á puntillazos contra la otra acción. está sintetizada en el program a doctrinal y perversos amaños de la M asonería... . ¿Sigue ó no si­ gue el argum ento? — Pues. — Bien. hemos de ser nosotros los católicos.

. que al fin y á la postre verán que no lo es.'-L.V nadie se burle de la perogru­ llada. N uestro siglo es pródigo en manifestaciones y protestas de todas clases. que creen buenam ente haber hecho algo cuando en el terreno de la propa­ ganda han conseguido meter algo de ruido con estas sus protestas y m anifestaciones. í' . — Pues ahora veréis que no lo es au n ­ que lo parezca. Acha- . Es preciso ante todo que la acción sea de veras tal y no mera pam plina. debe ante todo procurarse que sea de verdad católica y que sea de verdad acción. para que de verdad lo sea. —A fe que lo parece.<3 III Que la acción antímasónica ha de ser acción "verdaderamente católica a acción antim asónica. Y muchos son tan cándidos. y que con ello de veras han librado hasta u n a batalla. Y ju zg an buenam ente que eso es y a una suerte de acción católica.

pues. tiro con bala y no con pólvora sola á modo de juego de pirotécnica. antes el que mucho obra suele hablar poco y exhibirsecontadas veces. Quedamos. — Lo doloroso del caso es que sea v e r- . La hojarasca es lo más vano y hasta cierto punto más inútil del árbol. Obrar es hacer algo. con todo y ser lo que se ve más de lejos y lo que más suena al roce de cualquier airecillo. de realidad y efectos positi­ vos.14 que es éste de nuestros tiempos parlam en­ tarios y periodísticos. — Tenéis razón. El fruto suele ser escondido y de poca y á veces de n in g u n a pompa exterior. — Sangriento estáis en vuestra sátira. espada de filo y de p u n ta y no tan sólo de bruñida hoja y de dorada em puñadura como las de teatro. aunque esta fra­ se parezca tam bién otra perogrullada. eficaz. Obrar no es solam ente hablar y exhibirse. de que á todos se nos ha pegado algo. en que acción significa algo esencialm ente activo. — No lo cree así la m itad por lo menos del mundo de hoy. por n u estra desgracia. B itoque del obrar es­ tá en su eficacia práctica y no en su reso­ nancia. y gran parte de la otra m itad.

Con lo cual ya habréis comprendido que voy contra el N aturalis­ mo ó hum anism o. P ero. su razón formal que es su alma y vida y lo que le da el verdadero esencial carácter. aun de algunas que quieren apare­ cer cristianas y no consiguen ser más que hum anam ente honradas. tierra es. que debe ser la gloria de Dios.45 dadera. y el sello y marca prim ordial y visible de su Santísimo Nom­ bre. en lo cual en tra de lleno lo que podemos llam ar su espíritu. La acción. si ha de ser lo que todos necesitam os. Y eso no solamente por ser de católicos. aim hay más. ó escolástica­ m ente hablando. debe ser católica. además de ser acción.. cuando no contraproducentes. sino católica por su objeto fin. pero siempre inferior á aquél. y como la tierra polvo vil y m iserable nada. Si falta en ellas el principal motivo. y por tanto en la m ayor parte de los casos perfectam ente es­ tériles. que es como la polilla y gorgojo de la m ayor parte las de obras mo­ dernas. pues des­ graciadam ente sucede alguna vez que no son católicas todas las cosas de los católi­ cos. si tal obrar no m ira derecham ente al cielo. por más que apunte á otro blanco m uy elevado. . y cir­ cunstancias..

Con Cristo por delante . como solda­ dos que para com batir al enemigo aceptan de éste el terreno y el plan de ataque y hasta las m uniciones. Se nos figuran los tales. poniendo por delante el nombre de Jesucristo. el moderno descreimiento social. Salvar al mundo y á la sociedad sin con­ tar para nada con el Salvador de ellos parece á ciertas personas. — Cierto que no. el Socialismo. cuando en realidad son ellos los en g a­ ñados por ese sutilísim o padre de la m en­ tira. Presum en tanto de serlo que ju zg an con sus artificios poder engañar al mismo dia­ blo. por m uniciones cartuchos de pólvora mojada ó de serrín. la pública depravación de costum bres. por plan de ata­ que el que y a tiene contrastado de antem a­ no.46 — No son éstas por lo visto las ideas que más privan boy día. aun buenas cristianas en sí. se les antoja torpeza y bobería contraproducente á esos hábiles y sutiles. Claro está que el enemigo les dará por terreno el más v enta­ joso á los propios intentos.Combatir la Maso­ nería. y harto nos luce á los católicos la moda desastrosísim a que priva hoy. el colmo de la habilidad y del ingenio y de la superior diplomacia.

con Cristo y su gloriosa ignom inia y su sublime necedad hay que confundir la m undaaa soberbia.. ¿Parece ya tan pleonástico ó perogrullesco aquello de que la acción católica para serlo ha de principiar por ser de veras católica y de veras acción? — No.. — ¡Como que estoy. con Cristo y en nombre de El y para darle á El todos los lauros de la empresa y para consolarse sólo con El de todos sus quebrantos y para esperar de El los úuicos decisivos auxilios. amigo tnío. gracias á Dios.47 y al descubierto h ay que m archar en esas lides. so pena de quedarse sin hacer nada.. y hay que reconocer que estáis en lo práctico y en lo sólido en esta cuestión. en lo úuico y exclusivam ente cristiano! 2 . hay que hacerlo todo en esta laboriosa ta re a .— ¡C U E R E A D E F R E N T E ! .

No siempre es posible considerar separa­ dos ó independientes uno de otro el deber privado é individual del buen católico. además de privada. En muchos casos llegan estos deberes á identificarse de tal . que debe poner en práctica todo fiel cristiano en favor de sí mismo. :: llp ^ fe) ^ a acción de que hablamos aquí no es solamente la individual. Se tra ta principalm en­ te de la que viene obligado á ejercer de un modo particular el católico de nuestros días en orden á la defensa de la Iglesia Santa y de la sociedad amenazada. de su deber público y social. contra las fuerzas del mal que en odio á ambas cons­ piran hoy con furor tal vez jam ás visto en los pasados siglos.48 La acción católica contra la Masonería debe ser. social «|C> í & . para lograr la salvación propia. No se tra ta hoy de esto.

que es desastrosí­ sima hoy día la conducta de muchos cató­ licos que se contentan á lo más con ser buenos para sí y quizá (no siempre) para su fam ilia. sin em bargo. adm itam os brevem ente la clasificación que de los deberes religiosos más com únm ente se señala. y del que podemos llam ar Cris­ tianism o social. para consigo mismo y para con sus sem ejantes. que no se es buen cristiano en m a­ nera alguna si se desatienden los deberes de tal en orden á la vida pública. po­ sición ú otros análogos. pues. bajo un punto de vista g en eralí­ simo la cuestión. ó sea. Digo. cuando se dice que el hombre los tiene para con Dios.19 suerte. sobre todo si se trata de personas á quienes con­ cedió Dios especiales dotes de talento. de la debida y leg í­ tim a intervención que debe tener la Reli­ gión en la marcha de los públicos negocios . que es dolorosa. sin poco ni mucho preocuparse de lo que pueden y deben trabajar por los in ­ tereses generales de la Iglesia como pública institución. ó que en v irtud de cargos determ inados que obtienen se hallan más rigurosam ente constreñidas á hacer algo más que mirar por sí. que es demasiado frecuen­ te. Tomando.

— Demasiado exacta es esta observación por nuestra desgracia. hasta los no mal intencionados. — Ahora bien. debida . es quizá por eso mismo la que más de ordinario suelen. si es cierto que nada po­ demos hacer sin el auxilio de Dios. y en ella nos m uestra el único remedio de nuestros males y la sola esperanza de restauración social. tín los ma­ les públicos que nos aquejan solemos tener siem pre. una g ran parte de responsabilidad. que es la que con má^ urgencia reclaman las necesi­ dades de nuestros tiempos. A éstos llam a y á voz en grito conjura el acongojado Vicario de Dios en la Eucíclica que estamos comentando. m uy delicados y escrupu­ losos por otra parte en el cum plim iento de otras obligaciones. ol­ vidar y hacen aun gala de despreciar no pocos cristianos. sin que en algo nos ayudem os nosotros mismos.30 de su país. Y á la verdad. E sta suerte de acción. obligaciones no más sa­ gradas por cierto é im prescindibles que las de que aquí estamos tratando. no lo es menos que nada de ordinario quiere ha­ cer Dios en auxilio nuestro. A esta acción contra acción (son sus propias palabras) compele y obliga.

. si anduviese con­ trapesada y firmemente contrastada con la de los hombres de bien. aunque realm ente lo son m ucho. Cuando. por no de­ cir la causa prim era y principalísim a de to­ dos ellos. — Quizá está en eso el secreto de la ma­ yor parte de nuestros desastres. de que fuera menor esa influencia y pesaría menos en la vida social de nuestros días. Resultando casi siempre verdadero que el m undo. lamentamos lo m uy perversam ente que anda el mundo. pues. es claro que hemos de señalar como causa prim era de ello la influencia que tienen hoy en su desastrosa marcha hombres claram ente per­ versos. sino porque no son los buenos tan buenos como debieran ser. no anda mal hoy día precisam ente porque sean tan malos los malos. no hay empero que desconocer y mucho menos que negar la otra verdad tam bién dolorosísima. resueltos á oponer siempre á la acción de los malos su propia y decidida y animosa acción.21 por lo común á nuestra pasividad y ap atía ó en prevenirlos ó en resistirlos ó en reme­ diarlos. porque real­ mente no están la m ayor parte de ellos á la altu ra que exigen las presentes necesi­ dades.

pero que en realidad no lo son. y prac­ tican en su conducta privada y en su do­ méstico hogar lo que ésta las tiene precep­ tuado. H ay en el m un­ do moderno más católicos de lo que á pri­ mera vista parece. gracias á Dios. Hay en el mundo moderno muchos menos cató­ licos de lo que parece á prim era vista. y no obstante encierran uno y otro profun­ da verdad de experiencia.22 — Decís m uy bien. que creen firmemente lo que les manda creer la Iglesia. to ­ davía innum erables. Opuestos se considerarán estos dos asertos. H ay en el mundo moderno menos católicos de lo que com únm ente se cree. Y esto es no menos cierto que lo anterior. si se observa que son relativam ente escasos los que comprenden toda la extensión de deberes sociales que dicho título y profe­ sión impone. Es eso indiscutible si se atiende á las alm as. — Más claro y más en crudo me atreve- . H ay en el mundo moderno más cató­ licos de lo que á prim era vista parece. y ahora os añadiré que el estudio y observación directa de lo que estamos exponiendo sugiere dos afirmaciones que pueden parecer á alguien contradictorias.

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innum erables. Cató­ licos en núm ero. En línea de parada. gracias á Dios. no tantos.2i ría á formularlo j o . g ra ­ cias á nuestra pereza. Católicos en acción. y perdonadme si os tomo sin licencia vuestra la palabra. muchos todavía.. ¡cuán pocos! .. en línea de b atalla.

que se llam a acción católica es la que resulta de los es­ fuerzos unidos de todos los ca­ tólicos en sentido opuesto á la acción anticatólica. que por nuestra desgracia es hoy la pre­ dominante en el mundo. pues. de veras acordes. varios estos órdenes de la vida social en que dicha acción debe ejercerse. diversos los medios ó procedimientos. en no desear ni procurar más que aquel final ob­ a . sin que se corra riesgo de que alguno de ellos paralice ó si­ quiera entorpezca la eficacia de otro. pero que por necesidad ha de ser varia. el objetivo final. que es única y exclusivam ente el triunfo y consiguiente influencia de la idea cristiana en todas las esferas de la sociedad. Acción católica que debe ser una por su fin. según son diversas estas es­ feras. Uno. si est í n todos acordes.?5 Que todos podemos hacer algo en ese te­ rreno de la acción católica contra la Masonería.

todo debe en consecuencia utilizarse en defensa de Cristo por los verdaderos hijos y discí­ pulos de Cristo.$6 jetivo. todos. á los enemigos de Cristo contra la Iglesia de C risto . y está de hecho sirviendo. — ¡Hermosa palabra. que es ella sola todo un programa! — Ciertam ente. todos pa­ ra el caso. ofrece la ven­ taja de que todos los hijos de la fe pueden tener parte en ella y ser en la misma fac­ tores de algún valer. sin que nadie pueda ale­ g a r razonable motivo para evadirse de esa leva general de huestes cristianas. católica que recomienda el Papa y exigen las necesi­ dades de nuestros tiempos. Es el siguiente. mas no nos separemos del verdadero punto de vista práctico de nuestra cuestión. pero que es la más precisa de cuantas puedan darse para significar el fin supremo de la acción que aquí se predica: reinado social de Dios. Este puede condensarse en la fór­ m ula hoy día tan vulgarizada. Lo v a­ rio y m ultiform e de la acción. pues. á las que no se exige sino que haga cada uno de sus individuos lo que buenam ente pueda y . Servimos. Todo puede servir.

confeso y convicto de perezoso y de cobarde. los días de su vida con ese algo á que les llam a­ ba su especial condición. y cuando se ha dicho algo se ha reducido la cosa á su menor expresión. quien se esté cruzados los brazos ó metidas las manos en los bolsillos sin resolverse á obrar. Se pide hacer algo. — Es verdad. Los grandes reos del miserable pecado de no haber hecho na­ da en favor de la causa de Dios. y nada más. Algo es á lo que todos llegan. en defensa de su gloriosa bandera. pues cuando hay de veras buena voluntad nadie hay que no sea capaz de algo pro­ porcionado á ella. — Reparadlo. Algo no es lo opuesto á mucho. por lo mismo.27 sepa. sin necesidad de ser hé­ roes ni mucho menos. sino parte y principio de él. bajo fútil pretexto de que no sirve para ciertas bizarrías que aquí no se piden. serán conde­ nados como grandes crim inales en el divi­ no tribunal por no haber cum plido en. y que el Criador les había im puesto como censo ó pensión de . cuando no de traidor. Queda. Algo es tan sólo opuesto á nada. Algo es sencilla­ mente la expresión de la buena voluntad.

talento. y sin los cuales no vie­ ne obligado á darles participación alguna en su gloria. que no fueron malos pa­ dres. que á nadie tal vez hicieron el me­ nor daño. ni malos esposos. cuando la condición exigida para ganar el cielo era que las tuviesen en con­ tinua actividad. fortuna ú otros (naturales ó sobrenaturales) con que los había dotado.28 los medios de salud. aunque en estos na­ die y nada vayan comprendidos su Dios y su Religión. repetim os. ni defraudaron más que á su Dios y Señor. y sí tan sólo católicos amigos de su personal conveniencia y de no darse pena alguna por nada ni por nadie. á quienes tuvieron ociosas. que no hurtaron ni defraudaron en sus negocios. á quien no rindieron con su persona los servicios que como tal pudo y quiso exigirles. á la categoría de g ra n ­ des crim inales no pocas personas m uy res­ petables y m uy bien vistas y m uy bien quistas. No hicieron daño más que á sus propias alm as. Por no haber realizado este algo que era su misión especialísima pasarán. ni malos hijos. — ¡Ya se ve si éstas son frioleras! — Lo veréis más claro con u n a com pa- .

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Quiere no solam ente ser respetada. sino ser eficazmente auxiliada. que puede. en casos dados. que llega alguna vez hasta el sacrificio de la vida. Se puede ser m uy mal ciudada­ no. y no solamente que dejen de tu r­ bar la pública tranquilidad con ruidosas fe­ chorías. Apliquemos la semejanza. sino ser tam bién servida. por ejemplo. Y á quien eso niega ó defrauda le castiga como reo de pú­ blico delito. El Estado exige de los súbdi­ tos el cum plim iento de ciertos deberes pa­ ra con él. Manda.30 ración. y como tal ser justam ente castigado por las leyes de cualquier país. y á los que son aptos exige la prestación personal en el servicio de las armas. Puede exigir y exige que le presten la cooperación que se le debe y que según los tiempos necesita. . que den to ­ dos los contribuyentes el tanto por ciento de su riqueza im ponible. ser calificado hasta de verdadera traición. sin ne­ cesidad de ser. bandolero ó anarquista. no só­ lo no ser contradicha. La Iglesia cató­ lica no se contenta con que no sean los s a ­ yos personas de mal vivir ó de más ó m e­ nos buena reputación en su conducta priva­ da. por ejemplo.

no como buenos católicos. los tenga acá la Iglesia y los ju z ­ gue en su día Dios Nuestro Señor. .31 — ¡A y! ¡A y! ¡A y! ¡Con buen registro les salís á muchos católicos que no han creído nunca que les fuese de obligación m eterse en tales honduras! — Pues meterse han. si no quieren que como infieles y paganos.

al c a tó lic o a m i g o d e h a c e r a lg o por su fe y por e l o r d e n socia l cristia n o . a n ch o s c a m ­ p o s d o n d e ejercer s u c o n la a y u d a a cc ió n . en efecto. lo s q u e a n d a n p a r a p e ta n d o s u p ereza ó s u co b a rd ía tras el esp e cio so p retexto de q u e ello s « n o q u ie ­ ren m eterse en p o lític a . q u e e s it n p o r - en e s e terren o d ifíc il para ca tó lic a . y en e l c u a l m á s q u e e n otro a l g u n o h a n d e ser ■ virtudes c o m u n e s y ció n y o r d in a r ia s la el sa crific io . d e la d iv in a y p ro d u cir g r a c ia m a r a v i­ llo s o s r e s u lta d o s . n o abnega­ o b stan te. q u e d a n .33 VI Como aun en el terreno político pueden hacer mucho contra la Masonería hasta los más alejados de la política. — N o so n p o cos. resc in d ie n d o '/ s de esfera la a c respetando el natural temor que inspira á ciertas personas poner el pie ta n tísim a ció n Sy' v la p o l í t i c a . m á s q u e tod os.» .

y á él no pue­ de faltarse sin contraer responsabilidad de pecado.33 — A éstos. es seguro que se necesita tan ta y tan especial vocación de Dios como para la política. amigo mío. por más que 110 siempre podamos aplaudirla. me dirijo ahora de un modo particular. y en otros hasta aconsejarse á determ inadas personas. H ay vocacio­ nes para todo. E l abstencionismo de la política mala es de toda obligación. y para nada. para la que ciertam ente no se necesita vo­ cación especial. Son muchísim as las gentes de pró que no se sienten con bríos para meterse en el m arem agnum de los asuntos político-católicos. El abstencionismo de la política buena puede en algunos casos tolerarse. en el orden humano. Esta sola cosa es que no contribuyan en manera alguna á la polí­ tica mala. si ha de trabajarse en ella con al­ gún fruto. No todos estamos obligados á ha­ cer todo el bien. pero sí estamos todos 3 . y á quienes nos vemos obligados á respetar en esta su abstencionista conducta.— ¡G U E R R A D E F U E N T E ! . Mas nosotros creemos que aun los no llamados á la acción político-cató­ lica propiam ente dicha. pueden hacer algo en su favor y apoyo con sola una cosa.

Estos pagan y leen sus periódicos. más que por su propio valer. y no dudéis de que entre los males de peorg-éoero y condición figura hoy día la política anticristiana. con sólo que se resuelvan á no secundar poco ni mucho la política del diablo. éstos m anipulan sus elec­ ciones. Dase.*4 obligados á no hacer clase alguna de mal. empero. en algún modo política de Dios las almas miedosas. pues. — H arán. por el auxilio que les pres­ tan m illares y millones de hombres honra­ dos que por todo quisieran pasar menos por enem igos de Dios y por perseguidores de su Iglesia santa. con sobras de él para apoyar y favorecer con todas sus fuerzas la política mala. y no es raro ver en determ inadas localidades y nacio­ nes (y España es tal vez una de éstas) donde los políticos del mal triunfan y se imponen y tiranizan al bien. siéntense. con dolorosa frecuencia el caso de que no pocos cristianos que no se sienten con valor para em prender ó siquiera para secundar la po­ lítica buena. empero. éstos dan realce y pedestal á sus personajes. — Es innegable. éstos votan más de «na vez en los .

— Ahí. donde las más de las gentes más que su oro y su plata j sus billetes de banco tienen metidito todo su corazón. enhorabuena. Es hacer y a alg[o el no hacer el mal. la Lacen anticristiana siempre que les pone un enemigo de su fe en algún serio compromiso para su respeto humano ó para su libro de caja. cuando por algún moti­ vo atendible y razonable no podemos hacer el bien. —-No es otro el secreto de la mayor parte de las flojedades y cobardías. mas no lo seáis . reducidos á sus solas fuer­ zas no darían cuidado alguno al Catolicis­ mo. A los tales no nos cansaremos de repetir: es también una suerte de acción católica el abstenerse rigurosamente de tomar parte. pero que por debilidad ó por móviles todavía más feos. Se lo dan y le ponen en los duros aprietos aue vemos. en la acción anticatólica.36 Muuicipios y Parlamentos según el m an­ dato imperativo de las logias. los impíos acompaña­ dos por infinito número de no impíos que no quieren hacer política cristiana. Los franca­ mente impíos. Ahora bien. ahí duele. No seáis políticos en el campo católico.

si no se siente con alientos ó ap­ titudes para ayudar eficazmente á los buenos. .86 tampoco ni con la más insignificante com­ placencia ó contemporización en el campo de los enem igos de vuestra fe. Lo menos que puede pedirse á un hombre de bien es que no ayude en modo alguno á los mal­ vados.

sino con más autoridad. nos obliga á sacudir el perezoso letargo: es el instinto de nuestra propia conservación personal y de nuestros mism os intereses amenazados el que nos aprem ia y espolea.37 V II Cuál debe ser el carácter verdadero de la acción católica contra la Masonería la ocasión presen­ te más que otra alguna á en trar de lleno en este orden de consideracio­ nes. Cansado tal vez Dios Nuestro Señor de que no sea es­ cuchada su palabra de labios de quien ha puesto El en la tierra como m inistro y pre­ gonero el más autorizado de ella. E ra hasta hoy la voz de la Iglesia la que con más urgencia nos llam aba á los católicos á una acción común en defensa de ella. permite ú ordena que se haga oir entre nosotros por medio de nuestros propios enem igos y s u onvida . quizá con voz de m ayor resonancia. Es ahora el mismo in ­ fierno quien.

todo lo esperan de la fuerza y de la policía. que aun chorrean sangre.s que nuestras inconcebibles ceguedades nos lleven hasta mares de san ­ gre en que perezca anegada la por tantas títulos prevaricadora sociedad a c tu a l. los políticos. convertidos de repente en heraldos de su ju sticia y de sus más formidables ame­ nazas. . nues­ tra Barcelona. sordo á la voz del mansísimo Moisés. no perm ita Dio. En las plagas estamos y a . los m uy cobardes y comodones. la Iglesia? Ellos. A todos se les figu­ ra que les h a d e salvar el Gobierno. sin po­ ner ellos nada de su parte.38 yos. en cum plim iento de su de­ ber. últim a forma do la acción diabóli­ ca contra nosotros y contra Dios? —Sí. — ¿Aludís 4 las recientes expansiones que se ha permitido contra nosotros el Anar­ quismo. Así al antiguo Faraón. ¿Nada les dice todavía eso á los católicos pazguatos y remolones en or­ den á la acción católica de veras á que les está llam ando. aterró primero con las espantosas plagas que hau quedado en proverbio hasta nuestros días. á eso aludo. de la m era re­ forma del Código penal. y testimonios tiene de ello. y castigó luego con el definitivo hundim iento en el mar Rojo.

Para eso quieren ellos Iglesia y Catecismo y sacer­ dotes y Religión del Estado y presupuesto del culto. y casi para nada más. y piden á ésta que los saque del atolladero. ó más celosos en exigir el cum plim iento de ellos á cuantos dependen de su autoridad ó reciben su influencia. Dios no se resigna á ese hum illante papel. y maldicen la Revolución y las ma­ las ideas y la corrupción de las masas y la desatada corriente de anarquism o que amenaza devorarnos. Diríase que para nada les hace falta Dios N uestro Se­ ñor. Creen muchos de esos bienaventurados del paraíso de la tie­ rra. si no ha de servirles para polizonte ó guardia de pública tranquilidad.39 Otros llam an á voz en grito á la Religión. de sus íiquezas y aun tal vez de sus pecados. — Y sin em bargo. En este sentido son hombres de orden y gentes de pró. Ni para eso tomó car­ ne hum ana su U nigénito Hijo. ni fundó para eso su Iglesia y dictó su adm irable doctri­ . de sus placeres. Mas no por eso se m uestran más rígidos en la observancia de sus santos preceptos. que tiene el cielo una como obliga­ ción de velar por la paz y seguridad de sus personas.

Y pues el infierno y los adheridos á su bandera no cesan día y noche en su acción espantosa para destruir en el mundo los efectos de la venida y m uerte del Hijo de Dios. no que á El le hagan servir de mero lastre para que con más seguridad puedan nave­ g ar ellos viento en popa por el ancho mar de sus m undanas felicidades y terrenas concupiscencias. pero á condición de que trabaje­ mos nosotros con El en sus obras. Trabajar ha prometido con nosotros. ni para eso enalteció en sus Bienaven­ turanzas la pobreza y predicó á los deshe­ redados de la fortuna la paciencia y la re­ signación.40 na. sino que traigam os de conti­ nuo entablada contra el infierno otra acción . como se dice. — Pues. exige E l que no nos durmam os nosotros en las pajas. Quiere Dios que sean los hijos de su ley santa soldados de su cruz y cooperadores con El á la obra de la redención del mundo y al logro de su paz tem poral y eterna. es claro como el agua. ni para eso dio á los ricos sus rique­ zas. y sólo no lo aciertan á ver los ciegos de convenien­ cia. que ta n ­ to como obras suyas deben en este concep­ to considerarse obras nuestras.

Y en este sentido es la Iglesia la tutora de la civilización y la salvaguardia del orden público y el dique de las revoluciones.— 41 no menos animosa y enérgica. . y nos enriquezcamos cada día y enriquezcamos á nuestros prójimos con nuevos frutos de ella. con la cual y auxiliados por la divina gracia m anten­ gam os viva en la sociedad la eficacia de la divina Sangre. y en otro sentido no. para su felicidad en esta y en la otra vida.

¿ ü e qué se trata cuando se convoca á todo el pueblo cristiano á general cruzada contra la Masonería? Trátase de una obra toda sobrenatural y divina. y fin y medio. Principio. y que más que símbolo sea de la misma verdadero p rin ci­ pio y fin y medio al mismo tiem po? Todo esto tenéis en el Corazón de Cristo. cuando con su divina Sangre se propuso rescatarlo del poder de . hemos dicho. ¿Q ueréis sím ­ bolo de ella apropiadísimo. continuación y extensión de la que inició en el mundo el U nigénito de Dios.48 V III Recapitulación final y compendio y suma de todo lo dicho ue sea de veras acción y que de veras sea acción católica quiere nuestro Santísim o Padre la acción antim asónica que reco­ mienda hoy día con más ahinco que nunca á todos sus hijos.

hasta dejarnos sumisos en la vergüenza del desengaño y en la desesperación de la im potencia. Haciendo. anda m uy equivocado. Y si alguien ju z g a hallar tam bién aquí notoria contradicción. se vienen por sí solas en pos de El todas aquellas te­ rrestres ventajas. nó de puro mejoramiento social.43 Luzbel en cuyo ignom inioso yugo gem ía. Porque sucede aquí una cosa por todo extrem o rara y curiosísim a. De todo eso se trata. por­ que todo eso hallan en Cristo los que fiel y verdaderam ente le buscan á El y su d i­ vino reinado. nó del suspirado y nunca hallado equilibrio de clases. no de terrena conquista. pero no se trata de eso. de nada de eso se trata. por­ que en realidad no hay que buscar eso como especial objetivo de n u estra acción. Es verdad que de todo eso se trata. No se trata de obra alguna hum ana. de ellas pretencioso blanco de n u estra ac­ tividad. so pena si eso buscamos de no alcanzarlo j a ­ más. huyen de nosotros cuando más hacemos por alcanzarlas. en cambio. Buscando á Cristo-Dios y el reinado suyo. . — Como al ojo lo tenemos cada día. nó de mera civilización y cultu ra. nó de m aterial progreso.

Obra toda so­ brenatural. cuando para el mal de entrañas que le consume no hay más que un reactivo eficaz. como enfermo de clase hol­ gada y opulenta. Lan­ guidece. Es que cuantos médicos le van saliendo al infeliz no hacen más que apli­ carle remedios de uso ewterno. es lo que puede tener. perece. perdónese­ nos la v u lg a rid ad . alguna eficacia redentora y restauradora. de la gala y pompa de sus filó­ sofos y oradores. toda divina. en medio del fausto de sus riquezas. agoniza. no los halla para contener por unos momentos el curso de su m ortal dolencia. del ingenio y travesura de sus gobernantes y diplomáticos. sólo el esfuerzo del HombreDios. gracias á eso. toda de celestial origen y fin fué la que emprendió en el mundo el Divino Redentor y Restaurador de las almas y de los pueblos. del brillo y novedad de sus inventos. Languidece. el siglo más proveído de toda suerte de hum a­ nos recursos. ó mejor agoniza y perece el mundo de hoy. y de éste hay empeño . y ól.u —Justo castigo y desengaño del N atu­ ralismo hoy día dom inante. y sólo la acción terrena identificada con aquella ac­ ción celestial.

por me­ dio del continuo abrir y cerrarse de esa válvula misteriosa que se llama el corazón. no se vive.se y ani­ mase con toda suerte de poderosas y reaccionadoras influencias. es todo lo que el mundo puede ofrecer de sí con sus cálculos. os quitaré el corazón de piedra que tenéis. por b rillan ­ te que sea. procede en el hombre la acción de todos los miembros? ¿Por cuál órgano fundam ental la comunica y d istribuye. Con eso solo no se logra sino agonizar y perecer. invenciones. Con eso solo. egoísta. dijo por un Profeta con sublim e metáfora. «Os quitaré.» Corazón de pie­ dra. y os daré corazón de carne. Decid sino ¿de dónde'. Sufre anemia de esta vida. ingenio. fisiológicamente hablando. rique­ zas. E l reacti­ vo es la vida sobrenatural. Para servir de corazón al organism o moral del género humano dióle el Verbo encarna­ do su propio Corazón. y no sanará si ella no vuelve á levantar su decaído organism o.4B formal en no hacer caso alguno. el alma hasta las partes más insignificantes del cuerpo? Pues. sabiduría. por decirlo así. estéril. duro. Corazón vi- . á fin de que latiendo sin cesar en medio de él lo vivifica. insensible.

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la que nace (y no hay otra) y vive del Corazón de Jesús hecho corazón y centro de la vida moral del género hu­ mano. cuyo verbo es la Masonería. corazón sediento de toda clase de sacrificios y basta del m artirio para acrecentarla. — Despertemos. .47 vo. ésto es el único que pue­ de hoy reanim ar y rejuvenecer el yerto organism o moral del mundo. — Demasiado lo estamos viendo. de carne viva y vivificada por el Espí­ ritu de Dios. pa­ ralizar siquiera (por medio del Liberalismo) en sus movimientos. en cambio. la acción católica legítim a es. á título de pro­ greso y emancipación de la hum anidad. corazón que no puede ser de tales condiciones como no sea el Corazón de Dios ó tocado del fuego del Corazón de Dios. y reducir en su in ­ fluencia. pues. y lo están pregonando nuestros desastres. corazón abrasado en incen­ dios de caridad. E ste. pretende extirpar de sus entrañas. es el que el infeliz con suicida lo­ cura está pugnando forzosamente por aca­ bar de arrancar de su seno. ó si tanto no logra. como otra vez lo reanim ó y rejuveneció. Corazón que el N aturalism o.

. 1897.48 Tal es «El Buen combate» ( Bonwm cer­ tamen) en que deben andar los católicos de hoy. tal la única poderosa y eficaz «G uerra de frente» que á todos se nos im­ pone contra la Masonería. Sabadell. . d. u . a . a .