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[Versión corregida: 2015]

TABLAS SEMÁNTICAS

Pablo Usabiaga - 2014

Al igual que las tablas de verdad, las tablas semánticas constituyen un procedimiento para determinar la validez o invalidez de razonamientos, y en el caso de las fórmulas, para determinar si son o no son tautologías. Con respecto a las tablas de verdad, presentan la ventaja de ser muchísimo más breves y rápidas de resolver. Una tabla semántica podría entenderse como una especie de abreviatura de una tabla de verdad, si bien esto no resultará evidente a primera vista, pero se entenderá cuando ya se haya comprendido la sustancia del método. Las tablas de verdad suelen tener mucha información redundante, irrelevante o ambas cosas. La tabla semántica, en cambio, “va directo al grano”, buscando la información precisa que se necesita para resolver el problema planteado, y solamente esa información. Una tabla semántica es (al igual que las tablas de verdad) un algoritmo. Eso significa que puede resolverse aplicando ciegamente una receta. Pero en este apunte, lo más importante es entender qué significa conceptualmente cada paso del procedimiento y qué significan cada parte de la tabla, y la tabla como un todo. Se puede aprender a resolver una tabla semántica (como otras cosas en lógica) “aplicando la receta”, pero saber aplicar una receta ciegamente sólo sirve para saber aplicar la receta, y cualquiera que conozca a una persona que se aprendió recetas para manejar una computadora o un teléfono celular sabe lo fácil que resulta que esa persona se pierda por el camino. Lo verdaderamente importante es la comprensión conceptual, que no puede lograrse sin un estudio reflexivo y profundo, y que es imposible de lograr si lo único que se aprende es a aplicar una receta sin saber los porqués de cada paso. Expondremos el método de las tablas semánticas alternando una serie de ejemplos, que irán aumentando en complejidad a medida que avancemos en el apunte, con una serie de definiciones y explicaciones de los conceptos necesarios para comprender su funcionamiento. Primero expondremos el método aplicado a la resolución de razonamientos (es decir, a la determinación de su validez o invalidez), y al final del apunte mostraremos cómo se puede extender fácilmente el método para aplicarlo la determinación de la tautologicidad (y contradictoriedad) de fórmulas y a la consistencia de conjuntos de fórmulas. Empezaremos por ofrecer algunas definiciones.

Literales Un literal es una fórmula atómica (=“literal positivo”) o bien la negación de una fórmula atómica (= “literal negativo”). Ejemplos de literales son: p, q, ¬r, s, ¬t, etc.; p, q y s son literales positivos, y ¬r y ¬t son literales negativos. Las fórmulas con dobles negaciones o con más negaciones no son literales:

para ser un literal negativo, la fórmula debe tener solamente una negación. Dos literales, uno positivo y otro negativo, y que tienen la misma letra, se llaman literales complementarios. Por ejemplo p y ¬p son literales complementarios. (Para ser complementarios, dos literales deben tener la misma letra, de modo que por ejemplo los literales p y ¬q no son complementarios).

Asignaciones Dado un conjunto de fórmulas atómicas, llamamos asignación a la atribución, para cada fórmula atómica del conjunto, de un valor de verdad determinado. Así, dado el conjunto de fórmulas

{ p, q, r, s } , las siguientes son asignaciones para dicho conjunto:

p = 1, q = 1, r = 0, s = 1

p = 0, q = 0, r = 0, s = 0

p = 1, q = 1, r = 0, s = 1

p = 1, q = 1, r = 1, s = 1

Dada una sola fórmula atómica, hay dos asignaciones posibles para ella (1 y 0). Dado un conjunto de dos fórmulas, hay cuatro asignaciones posibles para ellas (1-1, 0-1, 1-0, 0-0). Si el conjunto es de tres fórmulas, las asignaciones posibles son 8 (dejamos al lector que haga la lista). Y en general, dado un conjunto de n fórmulas atómicas, hay 2 n asignaciones para ellas:

1 fórmula: 2 1 = 2

2 fórmulas: 2 2 = 4

3 fórmulas: 2 3 = 8

4 fórmulas: 2 4 =16

5 fórmulas: 2 5 = 32

6 fórmulas: 2 6 = 64

7 fórmulas: 2 7 = 128

etc. (Es fácil ver que a medida que se agrega una fórmula, el número de asignaciones se multiplica por dos, como es característico de toda función exponencial).

Por supuesto, el alumno ya se ha encontrado previamente con el concepto de asignación, si bien tal vez no lo conozca con ese nombre: cada línea de una tabla de verdad corresponde a una asignación,

y dicha asignación es el conjunto de valores que toman las fórmulas atómicas en esa línea, y que constituyen las columnas del extremo izquierdo de la tabla.

Verdad o falsedad bajo una asignación

Se dice que una fórmula es verdadera bajo una asignación en el caso de que calculando el valor veritativo de la fórmula tomando como valores veritativos de sus fórmulas atómicas componentes los valores señalados por dicha asignación, la fórmula toma valor 1. Análogamente, se dice que una fórmula es falsa bajo una asignación en el caso de que haciendo eso mismo, el resultado es que la fórmula toma valor 0. Por ejemplo, la fórmula p q es verdadera bajo la asignación {p = 1, q = 0}, y es falsa bajo la asignación {p = 0, q = 0}. Vale la pena enfatizar aquí una vez más que las fórmulas no son verdaderas ni falsas más que con respecto a tal o cual asignación. Es decir, no tiene sentido afirmar que una fórmula es falsa o verdadera si no se especifica cuál es la asignación bajo la cual ella es falsa o verdadera. En cambio, de los enunciados no ambiguos, al tener un significado fijo, sí que podemos decir que son verdaderos o falsos sin indicar cuál es la asignación, ya que dicha asignación está sobreentendida, y nos la brinda nuestro conocimiento del mundo. “O bien Salta está más al sur que Córdoba, o bien Jujuy está más al norte que Córdoba” es verdadera pues el primer término es falso y el segundo término es verdadero, y nosotros sabemos esos valores veritativos debido a nuestro conocimiento del mundo. En cambio como p o q (r s) no nos dicen nada en tanto no sepamos qué enunciados representan p, q, etc., solo tiene sentido hablar de su verdad o falsedad o bien cuando los interpretamos como tal o cual enunciado, o bien cuando los consideramos bajo tal o cual asignación. Las asignaciones no son otra cosa que los mundos posibles, y cuando hablamos de la verdad o falsedad de un enunciado estamos dando por supuesto que asignamos a sus enunciados atómicos los valores correspondientes a nuestro mundo o universo, que es uno de esos mundos posibles.

Asignaciones falsadoras. Asignaciones invalidadoras

Dada una fórmula F, se llama asignación falsadora de F a toda asignación bajo la cual F es falsa. Es decir, es una asignación cuyos valores atribuidos a las fórmulas atómicas de F determinan (cálculo mediante) que F resulta falsa. Dada una forma de razonamiento R (en la que las premisas y conclusión no son enunciados, sino fórmulas), una asignación invalidadora de R es una asignación (para todas las fórmulas atómicas

que aparezcan en las premisas y/o en la conclusión) bajo la cual las premisas de R resultan verdaderas

y la conclusión de R resulta falsa. Por ejemplo, dado el razonamiento:

q (r s), q

/

r

la siguiente es una asignación invalidadora de dicho razonamiento:

{q = 1, r = 0, s = 1} El alumno puede comprobar, haciendo el cálculo correspondiente, que bajo esta asignación, las premisas resultan verdaderas y la conclusión resulta falsa. Las asignaciones invalidadoras se llaman así pues ponen de manifiesto (demuestran) la invalidez del razonamiento en cuestión, ya que su sola existencia demuestra que es posible que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa. (Trivial: si algo sucede, entonces es posible que suceda.) En otras palabras, y dado que una asignación es un mundo posible, hay al menos un mundo posible en el que las premisas son verdaderas y la conclusión es falsa, con lo cual el razonamiento es inválido, ya que si fuera válido, eso sería imposible.

Asignaciones parciales

Dada una fórmula F, una asignación parcial para F es una asignación que atribuye valores a algunas (pero no todas) las fórmulas atómicas de F. Por ejemplo, si F es ( p q ) r , la asignación {p = 1, r = 0} es una asignación parcial para F. Algunas asignaciones parciales de determinada fórmula permiten calcular su valor veritativo, mientras que otras no. Por ejemplo, dada la fórmula ( p q ) r , la asignación parcial {p = 0, r = 0} nos permite calcular el valor veritativo de la fórmula, que es 0 (dejamos al alumno la tarea de comprobarlo mediante el cálculo correspondiente): independientemente del valor que tome q en la asignación total, el valor de la fórmula va a seguir siendo 0. Es decir que podemos afirmar que la

fórmula ( p q ) r es falsa bajo la asignación (parcial) {p = 0, r = 0}. En cambio, dada la misma fórmula ( p q ) r , la asignación parcial {p = 1, r = 0} no nos permite calcular el valor veritativo de la fórmula, ya que éste dependerá del valor que tome q en la asignación total. Una asignación parcial para una fórmula, como la recién señalada {p = 1, r = 0} para ( p q ) r , puede expresarse también indicando con el signo de interrogación “?”el valor de las fórmulas atómicas cuyo valor no conocemos; de modo que podemos escribirla así: {p = 1, r = 0,

q = ?}.

Cuando es posible calcular, con los valores de una asignación parcial solamente, que el valor de la fórmula es 0 bajo esa asignación parcial, decimos que se trata de una asignación falsadora parcial.

Análogamente, dado un razonamiento R, una asignación parcial para R es una asignación que atribuye valores a algunas (pero no todas) las fórmulas atómicas componentes de las premisas y conclusión de R. Cuando es posible calcular, utilizando los valores de una asignación parcial solamente, que las premisas resultan verdaderas y la conclusión falsa (bajo esa asignación parcial), decimos que se trata de una asignación invalidadora parcial.

De más está decir que es indiferente el orden en que pongamos las fórmulas atómicas (con sus valores) en la asignación. Esto vale tanto para las asignaciones parciales como para las totales.

Determinación de validez de razonamientos

Comenzaremos con un razonamiento a modo de ejemplo.

Ejemplo 1

Sea el siguiente razonamiento, cuya validez o invalidez queremos determinar:

¬ (p q) , r /

p

Ya sabemos determinar su validez o invalidez mediante el método de la tabla de verdad. Empecemos por aplicar este método (luego veremos cómo se aplica el método de las tablas semánticas al mismo razonamiento). He aquí la tabla de verdad:

p

q

r

¬

( p

q )

r

p

1

1

1

0

1

1

1

1

1

0

1

1

0

0

1

1

1

0

1

0

1

0

1

1

0

1

1

0

0

1

1

0

0

0

1

0

1

1

0

0

1

1

1

0

1

0

1

0

0

0

1

1

0

0

1

0

0

0

1

1

0

0

1

0

0

0

1

0

0

0

0

0

 

¿Cómo hacemos, una vez hecha la tabla de verdad, para extraer de ella la información de si el razonamiento es válido o inválido? La respuesta, como ya sabemos, es que debemos fijarnos si hay una o más asignaciones invalidadoras, es decir, asignaciones que hagan verdaderas a las premisas y falsa a la conclusión (o dicho con más propiedad, asignaciones bajo las cuales las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa). Si no hay ninguna asignación invalidadora, el razonamiento es válido, y si hay una o más, es inválido. En este caso, tenemos ocho asignaciones (recordemos que cada renglón de una tabla de verdad corresponde por definición a una y exactamente una asignación):

{p = 1, q = 1, r = 1}, correspondiente al primer renglón, {p = 0, q = 1, r = 1}, correspondiente al segundo renglón, {p = 1, q = 0, r = 1}, correspondiente al tercer renglón, etc. De estas ocho asignaciones, la correspondiente al cuarto renglón es una asignación invalidadora de nuestro razonamiento. En la tabla lo hemos indicado resaltando esta línea. (De hecho, la asignación correspondiente al cuarto renglón es la única de las ocho que es invalidadora, pero como ya sabemos, da igual que haya una o quinientas, ello implica la invalidez del razonamiento.) De modo que nuestro razonamiento es inválido, pues hay una asignación invalidadora. (Hemos señalado con flechas simples ( ) las columnas de los valores de las premisas, y con una flecha doble ( ) la columna de los valores de la conclusión.) Se ve, entonces, que averiguar si un razonamiento es inválido se reduce a averiguar si hay o no hay al menos una asignación invalidadora para sus fórmulas atómicas. Esta es la clave del procedimiento llamado tablas semánticas: se trata de no perder el tiempo examinando la larga lista de todas las asignaciones, sino de ir directo al grano, para tratar de hallar rápidamente una asignación invalidadora (en cuyo caso el razonamiento será inválido), o bien inferir que es imposible hallar una, porque no existe ninguna (en cuyo caso el razonamiento será válido).

Veamos cómo se realiza la tabla semántica del mismo razonamiento. (Al principio resultará extraño el nombre de “tablas”, pero más adelante quedará claro por qué se llaman así.) En este método se comienza por suponer que el razonamiento es inválido, lo que equivale, por definición, a suponer que existe, al menos, una asignación invalidadora de nuestro razonamiento. Lo que a su vez equivale, aplicando la definición de asignación invalidadora, a suponer que existe al menos una asignación bajo la cual las premisas son verdaderas y la conclusión es falsa. No sabremos si nuestra suposición es correcta o no, es decir si existe o no alguna asignación invalidadora, hasta haber terminado la tabla semántica, de modo que, por el momento, insistimos en esto, se trata solamente de una suposición. 1 Es decir, hacemos esta suposición para ver qué pasaría si dicha suposición fuera acertada. Como veremos, si nuestra suposición es correcta, la tabla nos llevará a encontrar cuál es la asignación invalidadora en cuestión (o una de ellas, en caso de que hubiera más de una). 2 Lo primero que hacemos es escribir en columna las premisas y la negación de la conclusión:

¬ (p q) r ¬p

premisa premisa negación de la conclusión

Bajo cualquier asignación invalidadora de un razonamiento, por definición, las premisas de dicho razonamiento son verdaderas y la conclusión es falsa. Por lo tanto, bajo todas las asignaciones invalidadoras de nuestro razonamiento, las tres fórmulas que hemos escrito en columnas son todas verdaderas. (El alumno debería comprender por qué son todas verdaderas, y si no sabe decir por qué, haría bien en repasar los temas anteriores de la materia). Hemos supuesto que por lo menos hay una asignación invalidadora; de modo que bajo ella(s), las fórmulas que hemos escrito son todas verdaderas. En otras palabras: nuestra suposición podría reformularse así: existe por lo menos una asignación bajo la cual todas esas fórmulas son verdaderas.

Un detalle práctico:

Es importante que escribamos la columna de fórmulas que dan inicio a la tabla EN EL CENTRO de la hoja: ni a la izquierda, ni a la derecha. En el centro, y una fórmula debajo de la otra.

Así es como se inicia una tabla semántica para un razonamiento: poniendo en el centro, en columna, las premisas, y debajo de éstas, la negación de la conclusión. Lo que significa, repitámoslo, que estamos suponiendo que hay por lo menos una asignación invalidadora, y que bajo esa asignación todas esas fórmulas son verdaderas. Insistimos que no debemos olvidar que se trata de una suposición:

todavía no sabemos si el razonamiento es válido o inválido, es decir, no sabemos si hay o no alguna asignación invalidadora del razonamiento (ver nota 1). Si estuviéramos haciendo esta tabla semántica sin haber hecho antes la tabla de verdad, ni averiguado nada por otros medios, no sabríamos si existe o no alguna asignación invalidadora, no sabríamos si el razonamiento es válido o inválido. Lo que estamos haciendo es averiguar qué pasará en caso de que las hubiera, es decir, en caso de que el razonamiento sea inválido. Lo que haremos ahora es tratar de encontrar una de esas asignaciones invalidadoras. Para ello, a continuación, tenemos que “desarmar” todas las fórmulas que no sean literales. Si una fórmula no es un literal, se la desarma, y si es un literal, no se la desarma. En este caso, la única fórmula “desarmable” es la primera premisa (ya que la segunda premisa y la conclusión son literales). Para desarmarla, la copiamos debajo del todo (y cada vez que copiamos una fórmula de arriba a abajo, ponemos un asterisco a la derecha de la original):

1 En este ejemplo concreto, ya lo sabemos: existe una asignación invalidadora, por lo que el razonamiento es inválido. Pero lo sabemos porque “hicimos trampa”, ya que antes hicimos la tabla de verdad; pero si no hubiéramos hecho la tabla de verdad, no lo sabríamos.

2 Más adelante, en un ejemplo posterior, veremos qué sucede cuando la suposición es incorrecta, es decir, cuando el razonamiento es válido.

¬ (p q)

*

r

¬p ¬ (p q)

¿Qué queremos decir con “desarmar” la fórmula? Quiere decir descomponerla en sus partes. En el método de tablas semánticas, las fórmulas se van desarmando y las subfórmulas obtenidas se desarman también, y así sucesivamente hasta llegar a los literales. Pero no se las desarma de cualquier manera, sino que se lo hace de modo tal que las subfórmulas obtenidas sean todas verdaderas bajo la(s) asignacion(es) invalidadora(s) (al igual que las fórmulas iniciales). La idea es que toda fórmula que aparezca en la columna debe ser verdadera bajo esa(s) asignacion(es). Observe nuestra tabla semántica. La fórmula de abajo del todo es la negación de una disyunción. Acabamos de decir que todas las fórmulas que hemos escrito son verdaderas; por lo tanto esa fórmula es verdadera. 3 Por lo tanto, la disyunción es falsa, y en consecuencia sus dos términos son falsos (lo que puede comprobarse mirando la correspondiente tabla de definición de la disyunción). Eso significa que tanto p como q son falsos (ver nota 3). Por lo tanto, ¬p y ¬q son ambas verdaderas. Colocamos, entonces, este resultado debajo de las fórmulas anteriores:

¬ (p q) *

r

¬ p

¬ (p q) *

¬ p

¬ q

Al “desarmar” una fórmula, se coloca también un asterisco a su derecha. De modo que hay que grabase en la cabeza esta instrucción:

Si una fórmula se copia debajo, hay que señalar la original con un asterisco.

Si una fórmula se desarma, hay que marcarla con un asterisco.

Los asteriscos se usan en estos dos casos, y solamente en estos dos casos.

¿Nos queda alguna otra fórmula para desarmar? No, todas las fórmulas o están marcadas con un asterisco o son literales. Las únicas fórmulas “desarmables” ya han sido desarmadas, dado que están marcadas con un asterisco. (Aquí se ve cuál es la utilidad del asterisco: señalar las fórmulas ya desarmadas). Dado que no hay más fórmulas que desarmar, la tabla semántica está terminada, y hemos hallado una asignación invalidadora de nuestro razonamiento. Primero que nada: ¿tabla? ¿qué tabla? ¡Lo que hemos ido escribiendo no es una tabla, sino una columna de fórmulas! Bueno, no se enoje usted: es cierto, de modo que, por ahora, el nombre “tabla” le sonará un tanto caprichoso, y parecería más adecuado llamar a esto “columna semántica” y no “tabla semántica”. De acuerdo. Por ahora, concédanos el lector el capricho de llamar “tabla” semántica a lo que hemos escrito; más adelante ya le quedará claro por qué se llama así a este método. Por ahora, piense en esto: ¿qué es una tabla? Es una cuadrícula de filas que se cruzan con columnas. Es decir, lo que normalmente llamamos “tabla” (por ejemplo, en las planillas de cálculo o en las tablas de verdad) es una representación gráfica que tiene x filas e y columnas. Bueno, considere ahora el alumno, simplemente, que nuestro primer ejemplo es una tabla que tiene una sola columna (y seis filas). Y todos contentos. ¿Y adónde está la asignación invalidadora? Muy sencillo: para extraer de la tabla la asignación invalidadora, para “cosechar” de la tabla dicha asignación, tenemos que recorrer la columna desde su extremo inferior y siempre hacia arriba, e ir deteniéndonos en cada literal. Si encontramos un literal

3 A fin de no ser repetitivos, daremos por sobreentendido, cuando digamos que una fórmula es verdadera o falsa, que lo es bajo la o las asignaciones invalidadoras del razonamiento cuya existencia hemos supuesto. Como se explicó previamente, decir que una fórmula es “verdadera” o “falsa” sin que se sepa bajo qué asignación lo es, se trata de un sinsentido.

positivo X, eso significa que en nuestra asignación, X = 1. Si en cambio, encontramos un literal negativo ¬X, eso significa que en nuestra asignación, X = 0. ¿Por qué? Porque todo lo escrito en la tabla es verdadero, así que ¬X es verdadera y por lo tanto X es falsa. Aplicando este criterio, recogemos los valores de la asignación empezando por abajo, es decir, en nuestra tabla, empezando por ¬q , y ascendemos hasta el extremo superior. De esta manera, determinamos que la asignación en cuestión es:

{q = 0, p = 0, r = 1} Precisamente, se trata de la asignación invalidadora que habíamos hallado al hacer la tabla de verdad del mismo razonamiento. (No podía suceder de otra manera, porque vimos que ese razonamiento tiene una sola asignación invalidadora.) Nótese que en nuestra tabla semántica, el literal ¬p aparece dos veces, pero la segunda vez que aparece no significa para nosotros más que una confirmación de que el valor de p es 0. Como es obvio, en la asignación solamente consignamos una vez su valor. Es decir, si nos topamos dos (o más) veces con el mismo literal, hacemos caso omiso de él a partir de la segunda vez que lo hallamos. ATENCIÓN: estamos hablando de encontrar dos o más veces el mismo literal (por ejemplo, s y luego otra vez s, o ¬p y luego otra vez ¬p , y no de encontrar un literal y su complementario (por ejemplo, primero s y luego ¬s). Ya veremos más adelante qué significaría que suceda eso. Una vez que hallamos la asignación invalidadora, podemos hacer la comprobación de la invalidez; en otras palabras, comprobamos si la asignación encontrada es efectivamente una asignación invalidadora. La comprobación consiste en escribir el razonamiento, anotar debajo de cada letra (fórmula atómica) los valores indicados de la asignación encontrada, y calcular el valor de premisas y conclusión: si no hemos cometido ningún error, las premisas deben resultar verdaderas y la conclusión falsa, y con ello quedará demostrada la invalidez del razonamiento:

¬

( p

q ) ,

r

/

p

0

0

1

0

(Hemos copiado, debajo de cada fórmula atómica, el valor correspondiente según la asignación.) Dado que los dos términos de la disyunción son falsos, la disyunción también lo es:

 

¬

( p

q ) ,

r

/

p

 

0

0

0

1

0

Y

dado que la disyunción es falsa, su negación es verdadera:

 

¬

( p

q ) ,

r

/

p

1

0

0

0

1

0

Vemos entonces que ambas premisas resultan verdaderas y la conclusión resulta falsa bajo la asignación que hallamos. Queda comprobado entonces que se trata de una asignación invalidadora. De modo que queda demostrada la invalidez del razonamiento.

Reglas de tablas semánticas

El último paso realizado en nuestra tabla fue el “desarmado” de la fórmula ¬ (p q), y ese paso puede

sintetizarse como la aplicación de la siguiente regla:

¬ (A B) ¬A ¬B

Lo que dice esta regla es: si usted tiene una disyunción negada, escriba debajo el primer término negado y debajo de éste, el segundo término negado. Esta regla se llama falsedad de la disyunción, y

se deduce de la tabla-definición de la disyunción, en la que vemos que el único caso en que la disyunción es falsa se da cuando ambos términos son falsos (último renglón):

A

B

A B

1

1

1

0

1

1

1

0

1

0

0

0

La regla de falsedad de la disyunción es una de las reglas de tablas semánticas, que iremos exponiendo poco a poco a lo largo de este apunte. La regla que acabamos de aprender se llama así (“falsedad de la disyunción”) porque cuando es verdadera la negación de una disyunción, ello equivale a afirmar que la disyunción misma es falsa. (Como veremos en seguida, uno de los “trucos” de las tablas semánticas consiste en interpretar las negaciones como la afirmación de la falsedad de las fórmulas que ellas niegan.)

Como hemos dicho, todas las fórmulas que anotamos una debajo de otra en columna son verdaderas bajo las asignaciones invalidadoras (sean una o más de una) del razonamiento. Por lo tanto, si entre esas fórmulas elegimos alguna cuya conectiva principal es una negación y suprimimos esa negación, la fórmula obtenida es falsa (siempre, bajo las asignaciones invalidadoras, por supuesto). Por lo tanto, en la tabla semántica del Ejemplo 1, la fórmula p q es falsa, ya que se obtiene a partir de ¬ (p q), que es verdadera, suprimiendo la negación (que es la conectiva principal). A riesgo de ponernos pesadamente repetitivos, aclaramos: todo ello es así, bajo las asignaciones invalidadoras. No tiene sentido aquí decir que una fórmula sea verdadera o falsa sin aclarar bajo qué asignación o asignaciones lo es. Por lo tanto, bajo esas asignaciones, son falsas tanto p como q, según se deduce de los dos últimos renglones de la tabla-definición de la disyunción, y la regla expresa esto haciéndonos escribir las respectivas negaciones de p y de q p y ¬q). Es decir, ¬p nos dice que p es falsa, y ¬q nos dice que q es falsa.

Dijimos que ya se verá más adelante por qué hablamos de “tablas” y no de “columnas” semánticas. Pero, ¿y lo de “semánticas”? Lo que diremos aquí es: no hace falta que el alumno entienda el porqué de este nombre: simplemente, es el nombre de esta técnica, y punto. 4

La conexión entre los literales y los valores correspondientes debería ser bastante intuitiva: la tabla indica todas las cosas que resultan verdaderas bajo toda asignación invalidadora del razonamiento. De allí, como es obvio, llegamos a obtener un conjunto de literales (que por tanto son también todos verdaderos bajo las asignaciones invalidadoras), y deducimos los valores (en esas asignaciones) de las fórmulas atómicas a partir de los literales: las fórmulas atómicas de los literales positivos son verdaderas, y las de los literales negativos son falsas, en todas las asignaciones

4 (El alumno curioso podrá leer esta nota al pie, en la que exponemos el porqué de este nombre, pero si esa curiosidad no le quita el sueño, puede pasar por alto esta nota sin preocuparse más del asunto.) Las tablas semánticas se llaman “semánticas” por hacer uso del “truco” que mencionábamos antes, de interpretar toda fórmula cuya conectiva principal sea una negación como la afirmación de la falsedad de la (sub)fórmula obtenida al suprimir esa negación (es decir, interpretar ‘¬A’ como ‘A es falso’: vimos este “artilugio” en la regla de falsedad de la disyunción), e interpretar las fórmulas cuya conectiva principal sea cualquiera otra de las conectivas (es decir, cualquiera que no una negación) como la afirmación de la verdad de esa misma fórmula. Por eso, los literales negativos se interpretan, según vimos, como la afirmación de la falsedad de la fórmula atómica correspondiente, mientras que los que los literales positivos se interpretan como la afirmación de la verdad de la fórmula atómica correspondiente. Pero que una fórmula sea una negación (es decir, que su conectiva principal sea una negación) es una cuestión sintáctica, y “verdad” y “falsedad” son conceptos semánticos. De modo que las tablas semánticas se llaman “semánticas” por recurrir al truco de convertir o traducir un asunto sintáctico en un asunto semántico. Las tablas veritativas también forman parte del estudio semántico de las fórmulas, pues analizan la verdad y la falsedad; si son las tablas semánticas las que se llaman “semánticas” es porque consisten en una especie de transformación de lo sintáctico en semántico. ¿No entendió? No se preocupe, olvídese de esta nota y siga adelante.

invalidadoras. (Si no le resulta obvio, el lector tendrá que detener la lectura y ponerse a pensarlo hasta que sí le resulte obvio, y recién entonces seguir adelante.) Puede apreciarse, asimismo, que la tabla semántica despliega en sentido vertical (en columnas)

lo que en la tabla de verdad aparece en una línea horizontal (en filas). Los literales que aparecen al

recorrer en sentido vertical la tabla semántica del Ejemplo 1 (desde el extremo inferior al extremo superior) corresponden a la cuarta línea de la tabla de verdad (la que, como habíamos dicho, corresponde a una asignación invalidadora). Los literales positivos corresponden a las fórmulas atómicas que, en esa línea, tienen valor 1, y los negativos a las que tienen, en esa misma línea, valor 0. Cuando decimos aquí que una tabla semántica desarrolla en vertical lo que en la correspondiente tabla de verdad desarrolla en horizontal, estamos haciendo una observación un tanto sutil: no se trata meramente de que la tabla semántica sea la tabla veritativa girada 90º (aunque algo de eso hay). Hay diferencias. Una diferencia importante (y no es la única), es por ejemplo que una tabla semántica no despliega todas las líneas horizontales de la tabla de verdad, sino que es un intento de desplegar una sola de ellas (en vertical, como hemos dicho), que corresponderá a alguna asignación

invalidadora. Intentamos desplegar solamente una, ya que nos bastará encontrar una asignación invalidadora para demostrar que el razonamiento es inválido. Decimos “un intento” porque no siempre

se logra: como es obvio, si el razonamiento es válido, no existe ninguna asignación invalidadora para

él, ¡y por lo tanto no hay ninguna asignación que desplegar, y el intento resultará fallido! ¿Qué ocurre entonces si el razonamiento es válido? Si el razonamiento es válido, tal como acabamos de decir, no habrá ninguna asignación invalidadora: ninguna línea de la tabla de verdad será una asignación invalidadora, es decir, en ninguna línea de la tabla de verdad las premisas resultarán todas verdaderas y a la vez la conclusión resultará falsa. ¿Qué sucederá al hacer la tabla semántica? El ejemplo siguiente examinará este caso.

Ejemplo 2

Examinemos este sencillo razonamiento (tiene una sola premisa):

Esta es su tabla de verdad:

q

r

q

r

r

1

1

1

1

1

1

0

1

0

0

1

1

1

0

1

0

0

0

0

0

0

0

0

0

 

%

#

q r /r

No hay en la tabla ninguna asignación invalidadora, ya que no hay ninguna línea en la que todas las premisas (es decir, la única premisa, en este caso) sean verdaderas y la conclusión sea falsa. Por lo tanto, el razonamiento es válido.

Veamos su tabla semántica:

q r * ¬r q r

(premisa) (negación de la conclusión) (copia de arriba)

Ahora tenemos que desarmar la fórmula q r . ¿Cómo se desarma una conjunción? Veamos: esta

conjunción es verdadera, ya que no está negada. Por lo tanto, ambos términos, p y q , son verdaderos.

Y esto se sintetiza en esta nueva regla, llamada, como es de esperar, verdad de la conjunción:

A B

A

B

Análogamente a lo que vimos en la regla de falsedad de la disyunción, la regla de verdad de la conjunción se obtiene de la tabla-definición de la conjunción. 5 Aplicando esta nueva regla, la tabla semántica prosigue así:

q

r * ¬r

(premisa) (negación de la conclusión)

q

r *

(copia de arriba)

q

(2)

r

(3)

El asterisco en el tercer renglón señala que se ha desarmado la fórmula. (Recordar que se pone un asterisco a una fórmula cuando se la copia abajo, y también cuando se la desarma). Las fórmulas señaladas con (2) y (3) se obtienen de la fórmula q r por aplicación de la regla de verdad de la conjunción. Bien, ¿qué tenemos aquí? La tabla ya está terminada, pues ya no quedan más fórmulas que se puedan desarmar: todas las fórmulas son literales, o están marcadas con asterisco. ¿Tenemos una asignación invalidadora? No. ¿Por qué? Porque la presunta “asignación invalidadora” sería la siguiente (empezando de abajo, como ya habíamos indicado que debe hacerse):

r = 1 (último renglón)

q = 1 (penúltimo renglón)

r = 0 (segundo renglón)

Pero

verdadera o que r fuera falsa, ¡pero no ambas cosas! No hay que confundir este caso con el que habíamos visto en el ejemplo 1, en el cual un literal aparecía repetido, es decir, la correspondiente fórmula atómica tenía ambas veces el mismo valor veritativo. Lo que ocurre aquí, en el ejemplo 2, es diferente: no tenemos un literal repetido, sino dos literales complementarios. Podríamos decir que lo que tenemos es una “asignación invalidadora trucha”. Hablando con más propiedad, lo que ocurre aquí es que tenemos una inconsistencia o contradicción entre el segundo y el último renglón. Una contradicción aparece cuando en el sentido vertical (ascendente/descendente) aparece un literal positivo X y su literal complementario ¬X. Cuando nos topamos con una contradicción, como esta, la

señalamos con el símbolo ‘’:

un momento. ¡Tenemos que r = 1 y que r = 0! ¿En qué quedamos? Podría ser que r fuera

q r * ¬r

(premisa) (negación de la conclusión)

q

r *

(copia de arriba)

q

(2)

r

(3)

(4)

Esa contradicción se debe a que el razonamiento es válido. Como el razonamiento es válido, en lugar de encontrar una asignación invalidadora, vamos a parar a una contradicción. Y esa contradicción nos indica, precisamente, que el razonamiento es válido.

5 Tabla-definición de la conjunción:

A

B

A B

1

1

1

0

1

0

1

0

0

0

0

0

En esta tabla vemos que el único caso en que la conjunción es verdadera (primer renglón), se da que cuando ambos términos son verdaderos.

¿Por qué afirmamos que es válido el último razonamiento? (Olvidémonos que ya lo sabemos por la tabla de verdad; la pregunta es por qué lo sabemos a partir de la tabla semántica). Lo sabemos porque lo que hemos obtenido es una demostración por el absurdo. Hemos hecho una suposición: que el razonamiento era inválido. Hemos deducido, a partir de esa suposición, una serie de cosas, razonando correctamente: dedujimos que hay al menos una asignación invalidadora, y por lo tanto, bajo cualquiera de esas asignaciones invalidadoras, las premisas son verdaderas (mejor dicho, en este caso, la premisa es verdadera, porque hay una sola), y la conclusión es falsa. Eso es lo que escribimos al empezar la tabla: pusimos en columna la premisa y debajo la negación de la conclusión. A partir de estos nuevos datos fuimos desarmando las fórmulas de acuerdo con nuestras reglas, que son deducciones correctas, hasta que no quedaron fórmulas para desarmar. En caso de ser correcta nuestra suposición, todas las fórmulas obtenidas deberían ser verdaderas bajo todas las asignaciones invalidadoras. Por lo tanto, bajo cada una de esas asignaciones, r es verdadera y ¬r también es verdadera. ¡Pero eso es imposible! Es decir, tendríamos una (o más de una) asignación bajo la que r es verdadera y ¬r también es verdadera. En otras palabras, r sería verdadera y falsa al mismo tiempo (bajo la misma asignación). Pero eso es imposible: he aquí el absurdo. La suposición inicial es por tanto falsa, de modo que queda demostrado que es falso que el razonamiento es inválido, lo que equivale a decir que queda demostrado que el razonamiento es válido. MUY IMPORTANTE: No habría ningún problema, por supuesto, con que r fuera verdadera bajo una asignación y ¬r fuera verdadera bajo otra asignación. En otras palabras, no habría problema con que r fuera verdadera bajo una asignación y falsa bajo otra asignación: es lo que sucede en toda tabla de verdad, donde cada fórmula atómica es verdadera en algunos renglones y falsa en otros. Lo que es imposible es que eso suceda bajo la misma asignación: es como si en una tabla veritativa, la misma fórmula atómica pudiera ser verdadera y falsa en el mismo renglón. Repasemos lo mismo otra vez, un poco más detenidamente. ¿Cuál fue toda nuestra cadena de razonamiento al elaborar esta tabla? Lo primero que hicimos fue hacer una suposición: lo que supusimos fue que las premisas eran verdaderas y la conclusión era falsa. Recordemos que siempre, el primer paso de una tabla semántica es suponer que el razonamiento es inválido, lo que equivale a suponer que hay alguna asignación invalidadora: que hay alguna asignación bajo la cual las premisas son verdaderas y la conclusión es falsa. (Eso mismo habíamos hecho en la tabla semántica del razonamiento anterior). Esa es nuestra hipótesis del absurdo. En otras palabras: suponer que el razonamiento es inválido es lo mismo que suponer que existe al menos una asignación invalidadora de dicho razonamiento. Lo que hacemos al escribir las líneas iniciales de la tabla es poner por escrito una consecuencia directa de cualquiera de las asignaciones invalidadoras que damos por supuestas: que las premisas resultan verdaderas y la conclusión resulta falsa. Por eso, escribimos las premisas (sin modificación de ningún tipo), una debajo de la otra (en nuestro ejemplo actual, hay una sola premisa), y escribimos debajo de la(s) premisa(s) la negación de

la conclusión. Puesto que la conclusión es falsa, la negación de la conclusión es verdadera (bajo cualquiera de esas mismas asignaciones). Esto significa que de ser cierta nuestra suposición, todas las fórmulas escritas hasta ahora son verdaderas. Y así, seguimos deduciendo qué fórmulas serán verdaderas (bajo todas esas asignaciones invalidadoras) en caso de que la suposición sea correcta, hasta que llegamos a la contradicción, consistente en encontrar dos literales complementarios, que deberían ser ambos verdaderos bajo todas y cada una de esas asignaciones, lo cual es imposible.

Si nuestra suposición (la de la invalidez) hubiera sido correcta sucedería lo que ya vimos en el

Ejemplo 1: habríamos encontrado, mediante la tabla semántica, cuál es la asignación invalidadora en cuestión (o una de ellas, en caso de que hubiera más de una). Mostrar esa asignación es pues lo mismo que demostrar que el razonamiento es inválido, pues si estamos exhibiendo una asignación invalidadora, ello implica, como es obvio, que existe una asignación invalidadora. Pero resulta que en nuestro nuevo ejemplo, a diferencia del anterior, no llegamos a encontrar tal asignación (¡obvio, como

la vamos a encontrar si no existe!), sino que desembocamos en una contradicción.

Y es ahí donde entra a tallar la demostración por el absurdo:

1) Suponemos que el razonamiento es inválido. 2) Por lo tanto, existe para él una asignación invalidadora.

3) Desarrollamos la tabla sobre la base de la existencia de al menos una asignación invalidadora, escribiendo las premisas y la negación de la conclusión. Bajo esas asignaciones, tanto las premisas como la negación de la serán verdaderas, por definición. 4) Extraemos todas las conclusiones que podamos inferir a partir de esos datos, mediante la aplicación de las reglas correspondientes. 5) Llegamos a una contradicción. ¡ABSURDO! 6) Por lo tanto, la suposición es incorrecta: el razonamiento no es inválido. 7) Queda demostrado entonces que el razonamiento es válido.

Atención: no todas las tablas semánticas son demostraciones por el absurdo, y por eso no en todas las tablas semánticas llamamos “hipótesis del absurdo” a la suposición inicial. Solamente algunas de las tablas semánticas son demostraciones por el absurdo: lo son las que corresponden a los razonamientos válidos. Hasta que no encontramos una contradicción, no podemos llamar “hipótesis del absurdo” a la suposición, y recién cuando encontramos dicha contradicción (no antes) interpretamos la tabla como una demostración por el absurdo. En ese caso, sí, la suposición funciona como hipótesis del absurdo. En el caso de los razonamientos inválidos, la suposición inicial (la invalidez) es por supuesto correcta; en tal caso, no hay ningún “absurdo”, y por lo tanto no hay nada a lo que podamos llamar “hipótesis del absurdo”. Lo que hace la tabla semántica en esos casos es, por lo tanto, confirmar la suposición.

Esto nos permite resumir (de modo preliminar y no del todo adecuado) la esencia del método de las tablas semánticas: se empieza por suponer que hay una asignación invalidadora, se escriben en columna las premisas y la conclusión negada (que son todas verdaderas bajo todas las asignaciones invalidadoras), y si se llega a encontrar una asignación invalidadora, el razonamiento es inválido, pero si se llega a contradicción, el razonamiento es válido. El método es un poco más complejo que este resumen, porque como veremos más adelante, en algunos casos surgen ciertas complicaciones. Pero la idea básica es la que acabamos de exponer. Atención: lo dicho en este párrafo vale exclusivamente para las tablas semánticas que no presentan bifurcaciones (como las del Ejemplo 1 y Ejemplo 2). Todavía no vimos el concepto de bifurcación, que será expuesto un par de apartados más adelante. Por ello, luego de exponer ese concepto, podremos ofrecer un resumen adecuado y general (es decir, válido para todas las tablas semánticas). De modo que este resumen es todavía provisorio.

Más reglas

Veremos ahora un par de reglas más que podemos inferir a partir de las tablas-definiciones de las conectivas. (Todas las reglas de tablas semánticas se deducen de las tablas-definiciones de las conectivas.) Como hemos visto, hay dos tipos de regla: de falsedad y de verdad.

Doble negación Comencemos por esta regla muy sencilla, llamada doble negación. Es una de las reglas “de falsedad”. Esta regla se de deduce de la tabla-definición de la negación:

A

¬ A

1

0

0

1

Si ¬¬A es verdadera, entonces ¬A es falsa, y por lo tanto A es verdadera. Esto es precisamente lo que dice la regla de Doble Negación (abreviada DN):

¬¬A

A

Falsedad del condicional La tabla-definición del condicional es:

A

B

A B

1

1

1

0

1

1

1

0

0

0

0

1

Podemos apreciar que hay un solo caso en el que el condicional es falso (tercer renglón), y en ese caso,

el antecedente es verdadero y el consecuente es falso. Esto da lugar a la regla de falsedad del

condicional:

¬ (A B)

A

¬ B

Es decir: si usted tiene un condicional falso, puede inferir que el antecedente (A) es verdadero y que el consecuente (B) es falso (lo que expresará negándolo: ¬B).

A continuación veremos algunos ejemplos que hacen uso de estas nuevas reglas.

Ejemplo 3

De aquí en adelante, recomendamos al lector que tome lápiz y papel y vaya haciendo la tablas de los ejemplos a medida que las exponemos aquí.) Sea el razonamiento:

p q , s q

/

p (r ¬s)

Hagamos la correspondiente tabla semántica:

p

q *

premisa 1

s

q *

premisa 2

¬ [ p ( r ¬ s ) ] *

negación de la concl.

 

p

F

¬ ( r ¬ s ) ] *

 

¬

r

F

¬

¬ s

*

s

DN

p

q *

copia premisa 1

p

V

q

s

q *

copia premisa 2

s

V

q

A la derecha están indicados los pasos que se siguieron. Las nombres de las reglas se indican

abreviando “F” para falsead y “V” para verdad. (En las tablas semánticas no se indican las reglas usadas; aquí las ponemos solamente para guiar al alumno.) Primero se desarmó la conclusión, luego se copió y desarmó la primera premisa, y luego se desarmó y copió la segunda premisa. Nótese que ¬¬s no es un literal, porque tiene dos negaciones; por eso es que hay que desarmarla (con la regla DN, doble negación).Ya no quedan fórmulas por desarmar. No llegamos a ninguna contradicción. Llegamos, en cambio, a una asignación invalidadora. De abajo hacia arriba, sus valores son:

q

= 1

s

= 1

p

= 1 (nos salteamos la segunda q, que tiene el mismo valor que la anterior)

r = 0 (nos salteamos la segunda s, que tiene el mismo valor que la anterior) (Finalmente, nos salteamos la última p, que tiene el mismo valor que la anterior)

Encontramos una asignación invalidadora: queda demostrado entonces que el razonamiento es inválido. Queda como tarea para el alumno hacer la correspondiente comprobación.

La cosa se complica. Reglas bifurcadoras

¿Qué sucede si, por ejemplo, queremos desarmar un condicional verdadero? Habrá que aplicar, claro, la regla de “verdad del condicional”. Pero acá la cosa se complica. ¿Cómo será esta regla? Examinemos nuevamente la tabla-definición de condicional:

A

B

A B

1

1

1

0

1

1

1

0

0

0

0

1

Hay un solo caso en el que el condicional es falso. Pero hay tres casos en el que el condicional A B es verdadero:

a) A y B son ambos verdaderos (primer renglón), b) A falso y B verdadero (segundo renglón), y c) A y B son ambos falsos (cuarto renglón). ¿Cuál de estas tres posibilidades es la que corresponde considerar para desarmar la fórmula? La respuesta es: ¡LAS TRES! Podemos saber que el condicional es verdadero, pero eso no nos permite deducir nada seguro con respecto a los valores del antecedente y del consecuente. Tenemos entonces que tener en cuenta los tres casos. Y esto es lo que hace la regla de verdad del condicional. Hace falta dar un pequeño rodeo para comprenderlo, de modo que vayamos paso a paso. Primero: lo que hace esta regla es ramificar o dividir la columna en dos (¡ahora se empezará a entender por qué estas cosas se llaman “tablas”!) del siguiente modo:

A  B  A B
A  B
 A
B

¿Qué significa esta regla? Que debemos trazar una raya horizontal al pie de la columna en la que está A B, y dividir esta columna en dos, separadas por una raya vertical, obteniendo una columna a la izquierda y otra a la derecha. En el resultado de esta regla, a la izquierda tenemos ¬A (es decir, “A es falso”), y a la derecha tenemos B (es decir, “B es verdadero”), y derecha e izquierda representan las posibilidades. Pero, dirá el lector, ¡esas son dos posibilidades, no tres, y acabábamos de ver que hay tres posibilidades cuando el condicional es verdadero!

No tan rápido

y veamos cómo es la cosa. Las tres posibilidades están allí, pese a que a

primera vista no se vean y parezcan dos. Esas tres posibilidades son:

(i)

que suceda lo de la izquierda pero no lo de la derecha;

(ii)

que suceda lo de la derecha pero no lo de la izquierda;

(iii)

que sucedan ambas cosas, lo de la derecha y lo de la izquierda.

¿Se ve ahora que la regla representa tres posibilidades? Examinemos más en detalle las tres posibilidades:

(i)

A

es falsa pero no es cierto que B es verdadera.

(Es decir: izquierda sí, derecha no.)

Esta posibilidad corresponde al cuarto renglón de la tabla-definición del condicional (ya que si B no es verdadera, entonces es falsa).

(ii)

B

es verdadera, pero no es cierto que A es falsa.

(Es decir: izquierda no, derecha sí.)

Esta posibilidad corresponde al primer renglón de la tabla-definición (ya que si no es cierto que

A

es falsa, es verdadera, así que las dos fórmulas, A y B, son verdaderas).

(iii)

A es falsa y B es verdadera. (Es decir: se dan las dos cosas: izquierda sí, derecha también.) Esta posibilidad corresponde al segundo renglón de la tabla-definición.

De modo que la regla representa las tres posibilidades, y debe interpretarse como que suceden ambas cosas (lo de la izquierda y lo de la derecha) o bien una sola de las dos (ya sea lo de la izquierda sí y lo de la derecha no, o al revés). De estas reglas, se dice que “ramifican” o “bifurcan” la tabla, subdividéndola en dos columnas. Un ejemplo de aplicación de esta regla sería:

(p q)

s

¬ (p q)

s

La regla así aplicada en este ejemplo significa que o bien sucede que p q es falsa o bien sucede que s es verdadera, en un sentido INCLUYENTE de la palabra “o” (es decir, incluyendo la posibilidad de que sucedan ambas cosas). De este modo, estamos considerando las tres posibilidades antes señaladas.

Una cosa muy importante a tener en cuenta cuando se aplica una regla bifurcadora es que la raya horizontal debe ocupar todo el ancho de la hoja, del margen izquierdo al derecho, y la raya vertical debe seguir hasta el final inferior de la tabla. Lo ideal es que cuando se está haciendo una tabla y haya que aplicar una regla bifurcadora, el alumno trace la raya vertical hasta el borde inferior de la hoja. Eso le ahorrará muchos errores y dolores de cabeza. Y otra cosa importante es que las dos fórmulas obtenidas se escriban cada una en el centro de su respectiva columna (ni a la derecha ni a la izquierda de la sub-columna, sino centrada).

Hay otras reglas bifurcadoras aparte de la verdad del condicional, y todas ellas tienen la misma forma básica:

X

Y

Z

En todas ellas, la interpretación es siempre la misma: deben entenderse como la afirmación de que sucede lo de la izquierda (Y) o lo de la derecha (Z), o ambas cosas.

Una tabla puede tener muchas columnas, ya que cada columna puede llegar a tener que subdividirse en subcolumnas, y estas pueden llegar a tener que subdividirse en sub-sub-columnas, y así sucesivamente, adquiriendo el siguiente aspecto:

X

X

[tronco, columna inicial]

X

 

X

 

X

 

X

[1]

X

[2]

X

X

X

 

X

[1.2]

X

X

 

X

X

X

X

X

X

 

X

   

X

 

X

X

X

X

X

X

X

[2.1]

X

[2.2]

 

X

X

X

X

X

X

X

 

X

 

X

 

X

[1.1]

[1.2.1]

[1.2.2]

[2.1.1]

[2.1.2]

[2.2.1]

[2.2.2]

La numeración indica la estructura jerárquica de las distintas columnas, sub-columnas, sub-sub- columnas, etc. Esta numeración se ha puesto acá solamente para guiar al alumno en este gráfico; en las tablas semánticas no se numeran las columnas ni de esta manera ni de ninguna otra. Primero veremos un par de ejemplos sencillos en los que la tabla semántica solo se divide en dos columnas, y luego veremos ejemplos más complicados.

La introducción de bifurcaciones en las tablas semánticas supone la modificación de algunas de las cosas dichas previamente en el apunte (por ejemplo, como se verá más adelante, lo que sucede cuando se halla una contradicción). Una de las cosas que debemos modificar es la afirmación previa de que todas las fórmulas escritas en la tabla semántica son verdaderas bajo todas las asignaciones invalidadoras (siempre y cuando sea correcta la suposición de que al menos hay una asignación invalidadora, por supuesto). En una tabla con bifurcaciones, esto ya no es necesariamente cierto (puede ser cierto, pero puede no serlo). Dado que la primera vez que se introduce una bifurcación, sabemos que es cierto lo que figura en al menos una de las dos columnas, lo que podemos afirmar es que en toda tabla semántica, la primera vez que se introduce una bifurcación en dos columnas (como las columnas [1] y [2] del esquema de arriba), necesariamente tiene que ser cierto que todas las fórmulas de una de las columnas son verdaderas, o que todas las fórmulas de la otra columna son verdaderas, y cabe la posibilidad de que sean verdaderas todas las fórmulas de una y también todas las de la otra. Aplicando sucesivamente este principio, y generalizando, tenemos que, de ser cierta la suposición de que hay al menos una asignación invalidadora, entonces todas las fórmulas de al menos una de las columnas “finales” (las de los extremos inferiores; en nuestro esquema de arriba, son siete:

[1.1], [1.2.1], [1.2.2], [2.1.1], [2.1.2], [2.2.1], [2.2.2] ) son verdaderas (pudiendo ser verdaderas todas las fórmulas de más de una columna, incluso todas las fórmulas de todas las columnas). En rigor, son verdaderas todas las fórmulas de toda columna terminada que no contenga ninguna contradicción; y cada una de esas columnas constituye una asignación invalidadora (total o parcial).

Ejemplo 4

A continuación resolveremos una tabla semántica en la que tendremos que utilizar la regla de verdad del condicional. Sea el razonamiento:

Hagamos su tabla semántica:

(p

q) (¬s q) , ¬p /

s

(p

q) (¬s q) * ¬p ¬s

(p

q) (¬s q) *

¬(p q) * ¬p ¬q

¬s q ¬s q

*

¿Qué tenemos aquí? ¿Cómo se entiende esta tabla? Muy fácil: lo que tenemos aquí son dos asignaciones invalidadoras: una a la izquierda y otra a la derecha. Lo que “dice” esta tabla es: bajo todas las asignaciones invalidadoras, son verdaderas todas las fórmulas que aparecen antes de la bifurcación (es decir en la columna principal, o troncal). En alguna(s) de ellas, son verdaderas, además, las la columna izquierda, y en otra(s) son verdaderas, además, las de la columna derecha. 6 Siempre que tenemos dos columnas, eso ha de entenderse así: bajo las asignaciones invalidadoras, son verdaderas todas las fórmulas de la columna principal, y además son verdaderas todas las de la columna izquierda ó todas las de la columna derecha (pudiendo ser que sean verdaderas tanto unas como las otras). Es decir: las tres posibilidades: tanto lo de la izquierda como lo de la derecha, o una sola de las dos. (En este caso particular, se sucede tanto lo de la izquierda como lo de la derecha, pues las dos están terminadas y en ninguna de ellas hay contradicción). Las asignaciones se “cosechan” de la tabla, como siempre, partiendo del extremo inferior y ascendiendo hasta llegar a la primera fórmula de arriba del todo, copiando todos los valores de los literales que vayamos encontrando. De modo que la primera asignación invalidadora que encontramos es (izquierda):

q = 0 ;

p = 0 ; s = 0

Y la segunda (derecha) es:

s = 0 ; p = 0

q = 1;

Se deja como tarea para el alumno la comprobación de ambas asignaciones invalidadoras.

Es menester hacer un par de observaciones. Recordemos que un razonamiento es inválido si hay por lo menos una asignación invalidadora. Por lo tanto, basta con encontrar una sola para haber resuelto lo que se quería resolver: demostrar que el razonamiento es inválido o demostrar que es válido (en este caso, demostramos que es inválido). Eso significa que podríamos habernos detenido al terminar la columna izquierda, comprobar que no hay ninguna contradicción (en el recorrido ascendente), y dar por terminada la tabla, sin continuar el lado de la derecha, es decir, sin preocuparnos por desarmar ¬s q , y por lo tanto, sin haber escrito las fórmulas que aparecen debajo de esta fórmula (por eso, en la tabla las hemos escrito en esta otra tipografía). Reproducimos a continuación la misma tabla, pero con esas fórmulas encerradas en un círculo para que se aprecie claramente cuál es la parte que “sobra”:

6 Como veremos luego, puesto que en esta tabla hay dos columnas, hay dos asignaciones invalidadoras del correspondiente razonamiento. Cada columna simboliza una asignación invalidadora (siempre que en dicha columna no haya ninguna contradicción). Volveremos sobre esto unos párrafos más adelante.

Basta con hacer la comprobación de la asignación hallada a la izquierda y mostrar así

Basta con hacer la comprobación de la asignación hallada a la izquierda y mostrar así que es una asignación invalidadora: al haber una asignación invalidadora, queda demostrado que el razonamiento es inválido. Ni hace falta que nos fijemos en la de la derecha (y por eso no tiene sentido proseguir el desarmado de sus fórmulas). Nos da igual si hay una, tres o quinientas asignaciones invalidadoras: es suficiente con que haya una para saber con certeza que el razonamiento es inválido. En este ejemplo, por razones didácticas, hemos resuelto las dos columnas completas, para indicar luego la parte que está “de más”. Pero de ahora en adelante, cada vez que en una tabla semántica terminemos una columna sin que en ella hayan aparecido contradicciones, daremos por terminada la tabla, sin desarrollar las demás columnas, ya que habremos hallado ya la solución a nuestra pregunta de si el razonamiento es válido o inválido. La otra observación que vale la pena hacer es que aunque encontramos en una parte de la tabla un literal ¬q (columna izquierda) y en otra su literal complementario q (columna derecha), eso no constituye ninguna contradicción. Las asignaciones son aquellas que se “cosechan” en caminos ascendentes. Por lo tanto, dos columnas distintas corresponden a dos asignaciones distintas, y como ya hemos dicho, no hay ningún problema en que en distintas asignaciones aparezcan literales complementarios. Para encontrar una contradicción, debemos empezar por el extremo inferior de cada columna e ir ascendiendo, atravesando líneas horizontales pero sin cruzar ninguna línea vertical, y deteniéndonos cuando llegamos a la fórmula inicial, sin volver a descender. De modo que hay que grabarse bien en la cabeza estas dos cosas: la línea del recorrido debe ser siempre ascendente, y la línea del recorrido no debe atravesar ninguna línea vertical. Ello puede verse gráficamente recorriendo con una línea el “camino” ascendente correspondiente a cada columna (es decir a cada asignación): se ve así que en ninguno de los dos caminos aparece ninguna contradicción. Volvemos a copiar la misma tabla aquí, pero con dichas líneas dibujadas:

Volvemos a copiar la misma tabla aquí, pero con dichas líneas dibujadas: Tablas semánticas Página 18

Nótese que los “caminitos” cruzan la línea horizontal (cosa que sí se puede hacer), pero no cruzan la línea vertical. Para hallar la supuesta “contradicción” (entre comillas, porque no lo es) entre ¬q y q , habría que cruzar la línea vertical. No hay, pues, ninguna contradicción. Si en cambio, a lo largo de alguno de los dos caminos ascendentes encontráramos dos literales complementarios, entonces sí que habríamos encontrado una contradicción. Pero eso aquí no sucede.

Siempre, al terminar una columna (una columna se termina cuando no hay en ella más fórmulas para desarmar), hay que fijarse bien que no haya en el recorrido o “caminito” que va desde el final de esa columna, siempre ascendiendo, hasta el extremo superior, ninguna contradicción que pudiera habérsenos pasado por alto. Si revisamos las columnas de esta tabla, vemos que no la hay.

En realidad, lo que hay que hacer, para evitar dicho error, es lo siguiente: cada vez que obtenemos un literal, debemos detenernos y comprobar (mirando el camino ascendente) si dicho

literal no entra en contradicción con algo que esté escrito más arriba (es decir, comprobar si ascendiendo no aparece su literal complementario). No esperar a que no haya más fórmulas para desarmar, sino revisar el camino ascendente cada vez que se obtiene un literal. Una columna está terminada cuando se dan uno de estos dos casos:

en ella aparece una contradicción.

no quedan en ella más fórmulas para desarmar.

Más adelante expondremos esto con más detalle.

Los caminitos, pues, corresponden a las distintas asignaciones. El tronco central (la columna inicial) es todo lo que ambas asignaciones tienen en común: todo ello es cierto bajo todas las asignaciones. Las columnas, en cambio, señalan aquello en lo que las distintas asignaciones se diferencian.

Ejemplo 5 Sea el siguiente razonamiento:

Tabla semántica:

p r , p /

p r

p

*

s q

¬ (s

q)

*

¬s ¬q p r

*

¬p

r

¿Y ahora, esto cómo se entiende? Tenemos una contradicción del lado izquierdo (pues hay una línea ascendiente que une ¬p con p, que no cruza ninguna línea vertical), pero del lado derecho no hay ninguna contradicción. ¿Qué significa esto? Bien, pensemos un poco. Esta tabla (como toda tabla semántica) parte de suponer que las premisas son verdaderas y la conclusión es falsa (los tres primeros renglones). Y luego se deduce todo lo que se puede a partir de ello. Pero, ¿qué ocurre al llegar a la bifurcación? Que sabemos que (de ser cierta nuestra suposición inicial) al menos una de las dos columnas debe estar formada por fórmulas todas verdaderas (bajo todas las asignaciones invalidadoras). Sabemos que cuando hay una bifurcación, eso significa que es cierto lo de la izquierda, o lo de la derecha, o ambas cosas. Pero lo de la izquierda no puede ser cierto, porque en ese caso p sería falsa (columna izquierda) y a la vez p sería verdadera (columna central, segunda fórmula) bajo una misma asignación, lo cual es imposible. En casos como éste, en los que aparece una contradicción en una columna, se dice que dicha columna queda cerrada. Cuando se cierra una columna, dicha columna queda terminada y luego de señalarla

con el símbolo de contradicción (), no hay nada más que hacer en ella ni con ella. No corresponde a ninguna asignación invalidadora, ni a nada. Una columna cerrada no es más que una posibilidad que se

barajó previamente en un momento dado de la confección de la tabla, y que en un momento posterior (el momento en que aparece la contradicción, para ser precisos) se descarta de la lista de posibilidades. Si tenemos dos columnas, entonces, y ambas son las dos posibilidades, y queda descartada una de esas dos posibilidades, queda en pie solamente una posibilidad: la de la columna que no se ha cerrado. Si todas las columnas desembocaran en contradicción, entonces el razonamiento sería válido. Pero si una columna se termina (no quedan más fórmulas para desarmar) y no hay en ella contradicción, entonces esa columna representa una asignación invalidadora, y se la puede “cosechar” como hicimos en los ejemplos anteriores. Esto es, precisamente, lo que sucede en nuestro ejemplo presente; de la columna de la derecha recogemos la siguiente asignación invalidadora:

r = 1 ; q = 0 ;

s =

0 ;

p = 1.

Recordemos qué significan las columnas: significan que estamos ante distintas asignaciones, es decir, distintos posibles renglones de la tabla de verdad correspondiente. Las posibilidades, en nuestro ejemplo, son: a) Un posible renglón (o más de uno) de la tabla de verdad sería aquel en el que se da todo lo que está escrito antes de la bifurcación, y además en él p sería falso (columna izquierda). b) Otro posible renglón (o más de uno) de la tabla de verdad sería aquel en el que se da todo lo que está escrito antes de la bifurcación, y además en él r sería verdadero (columna derecha). Pero (a) es imposible, porque en ese caso, tendríamos que p sería a la vez verdadero (según se ve arriba) y falso (columna izquierda). Esto es así, recordemos, porque las contradicciones se dan en sentido vertical. (Recordemos: no tiene el menor sentido comparar lo que pasa a la izquierda y derecha de una raya vertical, pues son posibilidades distintas. Pero sí que es importante ver lo que ocurre “subiendo” y “bajando” pero nunca “cruzando” una raya vertical. Y justamente, “subiendo y bajando” encontramos la contradicción señalada.) Por lo tanto, la posibilidad (a) queda descartada. Así que la única posibilidad que nos queda es (b). Y allí es donde encontramos una asignación invalidadora: partiendo de r y subiendo (es decir, ignorando a la ¬p que aparece a la izquierda). Insistimos en esto: al “cosechar” la asignación invalidadora de la columna derecha, hacemos caso omiso de la fórmula ¬p, ya que si estamos examinando la columna de la derecha, entonces lo que suceda en la columna de la izquierda no tiene ninguna relevancia. El alumno podrá hacer la comprobación por su cuenta (y le queda como tarea) de que efectivamente, bajo esta asignación, las premisas resultan verdaderas y la conclusión resulta falsa. Queda demostrado, entonces, que el razonamiento es inválido.

Ejemplo 6

Sea el siguiente razonamiento:

Tabla semántica:

p ¬¬q , p /

s q

p

¬¬q *

p

¬

(s

q)

*

¬s ¬q

p

¬¬q *

¬p

¬¬q

q

En este ejemplo, tenemos una contradicción en la columna izquierda (con la p de la segunda línea) y una contradicción en la columna derecha (con la ¬q de la quinta línea). Recordemos qué significa la

tabla: la columna inicial son las fórmulas que serán verdaderas bajo todas las asignaciones invalidadoras, y cada una de las sub-columnas son las distintas posibilidades que se pueden dar. Dado que la posibilidad de la izquierda es imposible, pues significaría tener una “asignación” invalidadora con valores contradictorios para p, y dado que la posibilidad de la derecha es también imposible, pues significaría tener una “asignación” invalidadora con valores contradictorios para q, ambas posibilidades quedan descartadas. Es decir, todos los caminos conducen a contradicción. Por lo tanto, el razonamiento es válido: la suposición de que exista una asignación invalidadora nos lleva a un absurdo, ya sea por un lado, ya sea por el otro. Tal vez no se vea claramente “el” absurdo, pues hay dos contradicciones. Pero que haya dos columnas significa que, de ser correcta la suposición inicial (la invalidez del razonamiento y la existencia de una asignación invalidadora, o más de una) entonces o es cierto lo de la izquierda (bajo alguna asignación invalidadora), o es cierto lo de la derecha (bajo alguna otra asignación invalidadora). Lo de la izquierda no es cierto (es imposible, por la contradicción hallada), así que tiene que ser cierto lo de la derecha. En consecuencia, q es verdadera, pero (según vemos e la columna central) q es falsa bajo la misma asignación. Absurdo. Cuando se da un caso como el de esta tabla, en el que todas las columnas desembocan en contradicción, entonces concluimos que el razonamiento es válido. Nótese la diferencia con el ejemplo anterior, en que una columna desembocaba en contradicción, pero la otra no, por lo que aquel razonamiento era inválido.

Ahora sí podemos resumir en qué consiste el método de las tablas semánticas (ofrecimos un resumen preliminar en el apartado del Ejemplo 2, pero señalamos allí que había que esperar a exponer las bifurcaciones para poder hacerlo adecuadamente). En el apartado del Ejemplo 2 dijimos el método consiste en empezar por hacer la suposición de que el razonamiento es inválido y que por lo tanto existe una asignación invalidadora. A partir de esta suposición se construye la tabla. El resultado es que si se llega a encontrar la asignación invalidadora, queda demostrada la invalidez, pero que si se encuentra una contradicción, dijimos que eso significaba que el razonamiento era válido, y que la tabla funcionaba como una demostración por el absurdo. Ello no era totalmente correcto. Esa afirmación es correcta solamente para el caso de las tablas que no presentan ninguna bifurcación. La afirmación general, válida para todas las tablas semánticas (bifurquen o no), es la siguiente: Si todas las ramas de la tabla semántica desembocan en contradicción, el razonamiento es válido. Es suficiente que una sola rama termine sin contradicción para demostrar que es inválido. (Dicha rama exhibe una asignación invalidadora).

Copia de fórmulas en columnas subdivididas Antes de seguir con los ejemplos, hay que explicar qué ocurre cuando hay que copiar una fórmula que está en una columna que ha quedado subdividida. Supongamos que tenemos lo siguiente en una tabla semántica que estamos resolviendo:

X

Y

Z *

V

W

En esta tabla, V y W son el resultado de desarmar Z con una regla bifurcadora (por ejemplo, F). Y (supongamos) no se ha llegado a ninguna contradicción en ninguna de las dos columnas. Pero resulta que tenemos que desarmar, todavía, la fórmula Y ¿Adónde la copiamos? Respuesta: en TODAS las subcolumnas:

X

Y

Z

*

*

V

W

Y

Y

Seguimos haciendo la misma tabla, y ahora la cosa se complica un poco más. Llegamos a lo siguiente:

X

Y

Z

*

*

V

 

W

Y

*

Y

*

U

 

R

U

 

R

 

Hemos desarmado Y, que se bifurca en U y R, porque la fórmula Y es, por ejemplo una disyunción verdadera. Y por supuesto, lo hemos hecho en ambas columnas. Hemos encontrado, en una de las columnas, una contradicción entre R y alguna fórmula de más arriba (por ejemplo, R podría ser un literal y V su literal complementario). Esa columna queda cerrada, pero todavía quedan otras tres en curso de ser resueltas. Ahora supongamos que tenemos que copiar la fórmula X para resolverla. ¿Adónde la copiamos? Respuesta: en todas las columnas que no estén cerradas (se llaman “cerradas” a las columnas en las que ha aparecido una contradicción). De modo que el paso siguiente es este:

X *

Y *

Z *

 

V

 

W

Y

*

Y

*

U

 

R

U

 

R

X

X

X

 

Quedan cerradas tres columnas debido a dos nuevas contradicciones que han aparecido, y ahora seguimos adelante con la tabla, desarmando X en la única columna en que no ha quedado cerrada. La tabla prosigue y llegamos a lo siguiente:

X *

Y *

Z *

 

V

 

W

 
 

Y

*

Y

*

U

 

R

 

U

   

R

X

X

*

X

 

T *

 

S

*

Q

O

M

 

N

X se desarma en T y S (bifurcando), S se desarma en M y N (sin bifurcar), y T se desarma en Q y O (bifurcando). Y llegados a este punto, tendríamos que copiar todavía, para desarmarlas, W y U. Salvo, claro, que W o U sean literales (recordemos que los literales no se desarman). Supongamos que U es

un literal: no hay que copiarla, entonces, pues no hay que desarmarla. Y supongamos que en cambio W no es un literal: entonces tenemos que copiarla abajo, para desarmarla. ¿Adónde, en qué lugares, tenemos que copiar W? Respuesta: al igual que hicimos previamente, hay que copiarla en todas las columnas que no tengan contradicción. En este caso son tres. Y el resultado obtenido es:

X

Y

Z

*

*

*

 

V

 

W

*

 

Y

*

Y

*

U

 

R

 

U

   

R

X

X

*

X

 

T *

   

S

*

Q

O

 

M

 

W

W

N

W

Y así debemos seguir haciendo la tabla, copiando y desarmando fórmulas hasta que todas las fórmulas

desarmables hayan sido desarmadas en todas las columnas en las que no hayan aparecido contradicciones, es decir, hasta que todas las columnas se cierren, o hasta que en alguna columna queden solamente literales y fórmulas señaladas con asterisco.

Ejemplo 7

Sea el siguiente razonamiento:

(p q)   s, p s /  s q Hagamos su tabla semántica:

(p q)   s * ps * (s q) *  s * q  s *

s

p s *

p (p q)   s *

s

(p q)   s *

 

p q *

s

p q *

 

s

p

p

q

q

 

El razonamiento es válido. Como puede apreciarse, al copiar la fórmula (p q)   s , la copiamos en

todas las columnas (en este caso, son dos columnas).

¿En qué orden se desarman las fórmulas? Cuando tenemos en una columna dos o tres o más fórmulas (que no sean todas literales), ¿en qué orden debemos ir desarmándolas?

Por ejemplo, si hemos llegado a lo siguiente:

X

Y

W

Z

y suponiendo que de esas cuatro fórmulas solamente W es un literal, ¿qué fórmula debemos desarmar primero? ¿X, por ser la primera de la tabla? ¿Z por ser la que se puede desarmar sin copiar nada? No hay una respuesta obligada a esta pregunta. Lo único importante a tener en cuenta es que si decidimos desarmar X o Y, debemos copiar abajo la que vayamos a desarmar (y marcar con un asterisco la original). Ahora bien, aunque hay un orden obligado, es más conveniente tener en cuenta estos dos

trucos:

Si empezamos por la última de abajo (en este caso, Z), nos ahorramos el paso de copiarla.

Si entre las fórmulas que tenemos que desarmar hay alguna que se desarme(n) con una regla que no bifurque, y otra(s) que se desarme(n) con reglas que bifurquen, siempre conviene empezar con la que no bifurque: eso simplificará la tabla (o al menos evitará que se haga más compleja que lo necesario).

Si la de abajo (en este caso, Z) bifurca, y alguna de las de arriba no bifurca, conviene copiar la que no bifurca y desarmarla, pese a que después tengamos que copiar la de abajo (Z en este caso). Proceder así simplifica más la tabla que lo que se simplifica ahorrándose el paso de copiar la de abajo (la Z). En los próximos ejemplos veremos casos en los que mostraremos distintas alternativas en el orden de resolución de la tabla, y veremos cómo las que siguen los trucos recién mencionados resultan más sencillas que las otras. De modo que, en resumen: no hay un orden obligatorio para el desarmado de fórmulas, pero un orden dado resultará más práctico que otros, simplificando la tarea. Con la práctica, el alumno aprenderá a decidir cuál fórmula conviene desarmar en cada momento.

Ejemplo 8 Sea el siguiente razonamiento:

¬ (q s), s p /¬ (q p )

Hacemos la tabla semántica:

¬ (q s) * s p * ¬¬ (q p) * *

q p

¬q s p

*

s

¬ (q s) * ¬q ¬s

p

¬ (q s) * ¬q ¬s

p

s p ¬ (q s)

El razonamiento es inválido, pues encontramos la siguiente asignación invalidadora: {s = 0, q = 0, p = 1}. Nótese que cuando copiamos s p , lo hicimos en todas columnas que estaban abiertas (dos en total) en ese momento, y luego, cuando copiamos ¬ (q s) , lo hicimos en todas las columnas que estaban abiertas (tres en total) en ese momento. Nótese también que como hallamos una asignación invalidadora, no proseguimos con la tabla, y dejamos la columna de la derecha sin terminar. Dado que no desarmamos las fórmulas de esa columna, no tienen puesto ningún asterisco.

¿Es esta la “mejor” manera de resolver la tabla? No, ya que hay una manera más sencilla de resolverla. 7 En lugar de empezar por desarmar q p , que bifurca, podemos copiar abajo ¬ (q s) y desarmarla primero, ya que no bifurca, y dejar q p para desarmarla después. (En realidad, como se verá, no llegaremos a desarmar nunca q p , ya que antes de que eso sea necesario, encontraremos una asignación invalidadora 8 . Precisamente por eso conviene posponer el desarmado de fórmulas que bifurcan: porque es posible que antes de tener que desarmarlas, la tabla se termine.) La tabla prosigue así:

¬ (q s) *

s p *

¬¬ (q p) * (q p) *

¬ (q s) * ¬ q ¬

s

s p *

s

p

Es fácil darse cuenta de por qué la segunda tabla es más sencilla que la primera: mientras que la primera tiene 17 fórmulas (y bifurca dos veces), la segunda tiene solamente 10 fórmulas (y bifurca solamente una vez). Por eso, como se ve, siempre conviene desarmar las fórmulas que no dan lugar a bifurcaciones, y dejar las que bifurcan para después.

Antes de proseguir la lectura de este texto, en este punto remitimos al alumno a la lectura del Apéndice, en el que encontrará todas las reglas para tablas semánticas.

Ejemplo 9

Sea el siguiente razonamiento:

p q, ¬ (q r), /r ¬ p

7 En principio, no hay maneras mejores o peores de resolver un ejercicio en lógica. Sin embargo, con el desarrollo de la teoría de la computación, y la importancia que adquiere en ella el concepto de complejidad computacional, sí que puede hablarse de mejores formas de resolver un problema: son mejores aquellas en las que (como en la buena administración) se minimizan los recursos (en este caso, de cálculo). La cantidad de fórmulas de una tabla puede considerarse una medida de su complejidad. Una tabla menos compleja ocupa menos bytes de memoria. Y la memoria es un recurso escaso.

8 De hecho, veremos que se trata de la misma que encontramos en la tabla anterior. Podría haber sucedido que hubiéramos encontrado otra asignación invalidadora.

Tabla semántica:

p q *

¬ (q r) *

¬ (r ¬ p) *

p q *

p

q

¬ (q r) *

¬ q

 

¬

r

¬ (r ¬ p) *

r

 

¬ r

¬¬ p

*

¬ p

El razonamiento es válido.

Ejemplo 10

Sea el siguiente razonamiento:

Tabla semántica:

p q, q r,

/r p

p q *

q r *

¬ (r p) *

r

¬ p

q r *

¬ q p q *

 

r

p

q

p

¬ p

 

q

¬ q

El razonamiento es inválido: hallamos la asignación invalidadora en la segunda columna (p = 0, q = 0, r = 1). Dado que ya hemos hallado la asignación invalidadora, no hace falta resolver la tercera columna.

Tablas con asignación invalidadora parcial En algunos casos, la tabla se termina pues no hay ya más fórmulas para desarmar, pero las asignaciones invalidadoras que encontramos son parciales, es decir, no llegamos a establecer todos los valores de todas las fórmulas atómicas correspondientes, pero los valores hallados son suficientes para mostrar que el razonamiento es válido. Es lo que sucede en los dos ejemplos siguientes.

Ejemplo 11:

Sea el razonamiento:

Hagamos su tabla semántica:

p q ,

( p s ) /  ( t r )

p q

*

( p s ) *  ( t r ) *

t r

*

 

t

 

r

 

p q

*

 

p q

*

p

 

p

p

 

p

 

q

¬ q ( p s ) *

 

q

¬ q ( p s ) *

( p s ) *

 

( p s ) *

 
   

p

s

p

s

p

s

 

p

s

 

La tabla está terminada (no hay más fórmulas para desarmar: todas tienen asterisco). Sin embargo, todas las asignaciones invalidadoras que hemos hallado son parciales: en las de las columnas segunda, tercera y cuarta no está definido el valor de r, y en las de las columnas sexta, séptima y octava no está definido el valor de t. Podemos usar cualquiera de estas asignaciones parciales para demostrar la invalidez del razonamiento, por lo que son asignaciones invalidadoras parciales: por ejemplo, utilicemos la de la segunda columna, que es {s = 0 , q = 1 , p = 1 , t = 1}, y aplicándola al razonamiento, comprobamos su invalidez:

y aplicándola al razonamiento, comprobamos su invalidez: Queda así demostrada la invalidez del razonamiento. Nótese

Queda así demostrada la invalidez del razonamiento.

Nótese que hemos debido completar todas las columnas, ya que hasta no terminar la última, no sabemos si no hallaremos una asignación invalidadora completa (no parcial). Una vez que el alumno tenga suficiente práctica, ya no necesitará terminar todas las columnas: basta con que detecte que una columna está terminada 9 para saber que ha hallado, allí, una asignación invalidadora (en caso, por supuesto, de que no haya contradicciones en ella). En caso de que falte un literal (o más de uno) en el camino ascendente hasta la primera premisa, esa asignación será una asignación invalidadora parcial. No hay ninguna necesidad de buscar una asignación completa; al haber hallado una asignación invalidadora parcial, ya hemos resuelto nuestro problema, que era determinar de modo concluyente si el razonamiento es válido o inválido.

Ejemplo 12:

Sea el razonamiento:

( p q ) , ( q r ) /  ( ( q r) s )

9 Como veremos en el apartado siguiente, una columna está terminada cuando no hay ni en ella ni el camino ascendente hasta la primera premisa más fórmulas para desarmar, ya que todas las que no son literales están marcadas con asterisco.

Tabla semántica:

( p q ) * ( q r ) *  ( ( q r) s ) * *

( q r) s

 

q r

*

s

 

q ( p q) *

r

(p q)

( p q)

( q r )

p

p

( q r )

q ( q r ) *

q

q

r

 

El razonamiento es inválido, pues hemos hallado en la primera columna de abajo (y también, de paso sea dicho, en la segunda) una asignación invalidadora (parcial). (De paso sea dicho, también la segunda columna de abajo es una asignación invalidadora parcial). Queda como tarea para el alumno escribir esa asignación y hacer la correspondiente comprobación.

Terminación de una tabla

¿Cuándo está terminada una tabla semántica? Ya lo hemos visto, al menos intuitivamente, en todos los ejemplos expuestos (que el alumno deberá ahora volver a recorrer y revisar). Para responder esta pregunta debemos explicar previamente cuándo está terminada una columna. Las ideas básicas de este apartado están ya explicadas en los apartados precedentes, pero es conveniente aquí recapitular esas ideas y ordenarlas, a fin de lograr una comprensión más sólida de lo expuesto hasta ahora. Ante todo, definiremos qué es una columna cerrada. Una columna está cerrada si en ella aparece una contradicción. Es decir, si recorriendo las fórmulas desde el extremo inferior de la columna ascendiendo hasta la primera premisa (siempre ascendiendo y nunca yendo hacia un costado, es decir, nunca atravesando una línea vertical) encontramos en nuestro recorrido dos literales complementarios. Una columna está terminada cuando sucede alguna de estas dos cosas (cualquiera de las dos):

Dicha columna está cerrada.

En dicha columna no quedan más fórmulas sin desarmar (es decir, todas están marcadas con asterisco, o son literales).

Un par de observaciones importantes al respecto:

- Si sucede cualquiera de las dos cosas recién indicadas, la columna está terminada. Por lo tanto, si en la columna aparece una contradicción y se continúa desarrollando dicha columna hacia abajo, se está cometiendo un error. Hay que tener mucho cuidado de no cometer ese error. Para evitarlo, cada vez que se obtiene un literal, hay que detenerse y revisar todo el camino desde ese literal ascendiendo hasta el extremo superior (la primera premisa), para ver si no encontramos allí su literal complementario. - Cuando decimos que en la columna no quedan más fórmulas sin desarmar, queremos decir que no solamente no queden más fórmulas sin desarmar en la columna misma, sino tampoco en el camino ascendente desde esa columna hasta la primera fórmula de la tabla (la primera premisa). Si más arriba, antes de la última bifurcación, hay alguna fórmula sin asterisco, entonces hasta que esa fórmula no sea copiada abajo y desarmada, la columna no estará terminada.

Otra definición: tabla cerrada. Cuando todas las columnas de una tabla están cerradas (es decir, todas ellas terminan en contradicciones), entonces decimos que la tabla está cerrada. Cuidado:

no confundir “tabla cerrada” con “columna cerrada”. Una tabla puede tener columnas cerradas sin estar cerrada: si no están cerradas todas las columnas, la tabla no lo estará.

Ahora sí podemos definir cuándo está terminada una tabla. Una tabla semántica está cerrada cuando sucede cualquiera de estas dos cosas:

La tabla está cerrada.

Una columna está terminada y no tiene contradicciones.

Nótese la asimetría entre los dos casos: basta tener una columna terminada sin contradicciones para que la tabla esté terminada, pero una sola columna con contradicción no significa que se haya cerrado la tabla: hay que seguir desarrollando las siguientes columnas.

Por supuesto, el primer caso (tabla cerrada, es decir, todas las columnas cerradas) significa que el razonamiento es válido. Y el segundo caso (una columna terminada sin contradicciones) significa que es inválido (la columna terminada corresponde a una asignación invalidadora).

FAQS

- ¿Qué sucede si no terminamos de desarmar todas las fórmulas de una columna y aparecen

bifurcaciones? Respuesta: hay que copiarlas EN TODAS LAS COLUMNAS.

- ¿Qué sucede cuando aparece una contradicción, es decir un par de literales complementarios en un recorrido vertical? Respuesta: se cierra la columna y se pasa a las siguientes.

- ¿Qué sucede si en una columna no hay más fórmulas para desarmar (ni ninguna para copiar de

arriba)? Respuesta: que hemos encontrado una asignación invalidadora. La tabla se termina allí, pues

ya hemos averiguado que el razonamiento es inválido.

- ¿Qué sucede si se termina una columna y no hay contradicción, pero a la asignación invalidadora

obtenida le falta el valor de una o más letras? Respuesta: que lo que hemos obtenido es una asignación invalidadora parcial. Queda demostrada la invalidez, pues con los valores disponibles de la asignación, podemos demostrar que de todos modos las premisas son verdaderas y la conclusión es falsa.

- ¿Cuándo es válido y cuándo es inválido un razonamiento? Respuesta: es inválido cuando en al menos

una columna hallamos una asignación invalidadora. Por lo tanto, es válido solamente en el caso en que

todas las columnas desemboquen en contradicción.

- ¿Qué debemos hacer cada vez que obtenemos un literal? Respuesta: comprobar si no hemos llegado a

una contradicción antes de seguir adelante con esa columna.

- ¿Cómo se “lee” o interpreta una tabla semántica? Respuesta: todas las fórmulas que aparecen en un

camino vertical son verdaderas bajo una asignación (o conjunto de asignaciones). Lo que está arriba y

abajo es un “y”: sucede lo de arriba Y lo de abajo. En cambio, las fórmulas que aparecen en columnas paralelas son verdaderas bajo distintas asignaciones (si bien posiblemente son verdaderas bajo varias o todas), y la bifurcación de columnas debe entenderse como un “o inclusivo”: sucede lo de una columna, o lo de otra, o lo de otra, incluyendo la posibilidad de que suceda todo ello. Las sub- subcolumnas de una subcolumna indican, a su vez, distintas subposibilidades de la posibilidad de la subcolumna bifurcada. En el caso de los razonamientos inválidos, cada una de las columnas de la tabla que no terminan en contradicción constituye cada una de las asignaciones invalidadoras del razonamiento. Si hiciéramos la tabla completa (es decir, sin detenernos cuando hallamos una primera asignación invalidadora), tendríamos representadas, pues, todas las asignaciones invalidadoras: una por cada columna que no contenga contradicciones.

- ¿Por qué las asignaciones invalidadoras se “cosechan” de abajo a arriba, y no al revés? Respuesta: en rigor no es obligatorio ni necesario; sencillamente, es mucho más fácil confundirse si se lo hace de arriba a abajo, porque tenemos que ir eligiendo las bifurcaciones. En cambio, de abajo a arriba no se presenta ese problema, porque no hay bifurcaciones en sentido ascendente (todas lo son en sentido descendente): simplemente, hay que fijarse de recorrer el “caminito” siempre hacia arriba y nunca cruzando líneas verticales.

Determinación de tautologicidad, contradictoriedad y consistencia

Tablas semánticas para resolver tautologicidad y contradictoriedad de fórmulas Las tablas semánticas no solamente sirven para resolver la validez o invalidez de razonamientos. También sirven para determinar si una fórmula es o no una tautología, y para determinar si es o no una contradicción. A diferencia de las tablas de verdad, una sola tabla semántica no permite determinar si una fórmula es una tautología, una contradicción o una contingencia, sino que solamente nos informa de si es una tautología o si no lo es (sin que se determine, en caso de que no sea tautológica, si la fórmula es una contradicción o una contingencia), o de si es una contradicción o si no lo es (sin que se determine, en caso de que no sea contradicción, si la fórmula es una tautología o una contingencia). Para determinar si una fórmula es una tautología, lo que debemos hacer es una tabla encabezada por su negación. Es decir, es como si estuviéramos haciendo la tabla de un razonamiento con cero premisas: solamente ponemos la “conclusión” negada, que sería la fórmula “candidata a tautología” negada. Si la tabla se cierra, la fórmula es tautológica, y si en cambio alguna columna termina sin contradicciones, esa columna constituye una asignación falsadora. Es decir, una asignación que muestra cómo la fórmula puede ser falsa, y por lo tanto no es tautológica. Para determinar si una fórmula es o no es una contradicción, es más sencillo todavía: la tabla que tenemos que hacer empieza por anotar la fórmula “candidata a contradicción” misma (sin negarla). Eso equivale a hacer la suposición de que puede ser verdadera. Si la tabla cierra, eso significa que nuestro supuesto es un absurdo y que no puede ser verdadera, sino que es falsa bajo toda asignación. En tal caso, entonces, confirmamos que la fórmula es una contradicción. Si en cambio alguna columna termina sin ningún par de literales complementarios, eso significa que esa columna corresponde a una asignación verificadora: la fórmula puede, entonces, ser verdadera, y por lo tanto no es una contradicción. Por lo tanto, se puede determinar si una fórmula es una tautología, una contradicción o una contingencia mediante tablas semánticas, pero para ello se requiere resolver no una sino dos tablas. (La primera elimina una de las tres posibilidades, y la segunda elimina una de las dos restantes.) De todos modos, lo habitual y estándar en la literatura lógica es utilizar este método solamente para determinar si una fórmula es una tautología o si un razonamiento es válido o inválido.

Tablas semánticas para resolver consistencia de un conjunto de fórmulas También pueden utilizarse las tablas semánticas, con una modificación análoga a la antes referida, para la determinación de la consistencia o inconsistencia de un conjunto de fórmulas. Para ello, simplemente se anotan todas las fórmulas como encabezado de la columna principal, sin negar ninguna de ellas. En este caso, nuestro supuesto es que todas las fórmulas pueden ser simultáneamente verdaderas (es decir, que bajo alguna asignación dada, resultan todas son verdaderas). Si la tabla cierra, eso significa que nuestro supuesto es incorrecto: no hay ninguna asignación que las haga verdaderas a todas, y por lo tanto el conjunto de fórmulas es inconsistente. Si en cambio alguna columna termina sin hallar literales complementarios, esa columna corresponde a una asignación verificadora de todas y cada una de las fórmulas, y en consecuencia el conjunto es consistente.

Apéndice: Reglas para tablas semánticas y su aplicación

Cuando tenemos una fórmula (que no sea un literal) cuya conectiva principal es una negación, se aplicará una regla de falsedad; si en cambio tenemos una fórmula cuya conectiva principal es cualquiera que de las otras conectivas, se aplicará una regla de verdad. (Recordemos que a los literales no se les aplica ninguna regla). De modo que es la conectiva principal la que determina si la regla a aplicar será una regla de verdad o de falsedad. Hay dos tipos de reglas: las que bifurcan y las que no bifurcan. Las primeras abren la tabla en dos “ramificaciones”: dos cajas que corresponden a las tres posibilidades correspondientes (que se dé lo de la caja de la izquierda y no lo de la derecha, lo opuesto, o ambas cosas). Las segundas establecen las dos cosas que suceden como consecuencia de lo que indica la fórmula a la que se le aplica la regla.

REGLAS DE VERDAD

REGLAS DE FALSEDAD

 

(DN)

 

_¬¬A_

 
 

A

 

V

 

A

 

F

 

¬ (A B)_

 
 

¬ A

B

 

A

 
 

¬ B

V

_A B_

 

F

_¬ (A B)

 
 

A

 

¬

A

¬

B

 

B

   

V

A

B

F

_¬ (A B)

 
 

A

B

 

¬ A

 
 

¬ B

V

 

A B_

 

F

_¬ (A B)

 
 

_

A A

¬

 

A

¬

A

 

B B

¬

 

¬

B

B

La aplicación de la regla de falsedad de la negación puede abreviarse de la siguiente manera: tachamos con una rayita diagonal la doble negación, en lugar de escribir debajo la nueva fórmula. Así, en lugar de escribir:

podemos escribir directamente:

debajo la nueva fórmula. Así, en lugar de escribir: podemos escribir directamente: Tablas semánticas Página 31