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domingo 17 de octubre de 2010 | año 1 | n·155 | documento | tiempo argentino | 3

domingo 17 de octubre de 2010 | año 1 | n·155 | documento | tiempo argentino

La recurrente reacción opositora

De adversarios a traidores a la patria

reacción opositora De adversarios a traidores a la patria “ Cada actor cumplió al pie de

Cada actor cumplió al pie de la letra los augurios peronistas: la intromisión del imperialismo estadounidense, su alianza con la oligarquía local y la

colaboración de la izquierda marxista tildada, a continuación de ‘cipaya’.

Dardo Scavino Para Tiempo Argentino

L os estadounidenses debían in- miscuirse en los asuntos argenti- nos y lo hicieron: apenas llegado

de Washington, el embajador Spruille Braden encabezó una cruzada estridente contra Perón exigiendo una “democracia constitucional” y, sobre todo, “cooperan-

te”. Los militares liberales debían inten- tar un golpe de Estado y lo intentaron: el general Arturo Rawson sublevó las tropas en Córdoba con el propósito de derrocar

a

te Farrell debía apartar a Perón del go- bierno y lo hizo, y hasta lo confinó, con énfasis innecesario, en el penitencial de Martín García. El temor a un triunfo del peronismo debía abortar las negociacio- nes para cederle provisionalmente el go- bierno a la Corte Suprema con vistas a las elecciones, y no ocurrió nada distinto: los propios liberales que exigían un regreso

al orden constitucional contribuyeron a prolongación de la dictadura. Con el pago de la quincena, los trabajadores debían descubrir que los patro- nes no les pagaban el fe- riado del 12 de octubre,

y fue exactamente lo que

sucedió (“Vayan a recla- marle a Perón”, les repli-

caban). La izquierda debía mostrar un total desprecio por la multitud que el 17

se concentró en la Plaza Mayo y tampoco se privó

hacerlo: “hordas de desclasa- dos”, los llamó el periódico del Partido Comunista, y también “malón peronista”. Ni siquiera faltó la oportuna intervención del embajador británico, sir David Kelly. En aquellos días, cada actor de este drama interpretó concienzu- damente su papel para cumplir al pie de la letra los augurios peronis-

sus pares nacionalistas. El presiden-

augurios peronis- sus pares nacionalistas. El presiden- tas: la intromisión del imperialismo esta- dounidense, su
tas: la intromisión del imperialismo esta- dounidense, su alianza con la oligarquía local y la
tas: la intromisión del imperialismo esta-
dounidense, su alianza con la oligarquía
local y la colaboración de la izquierda
marxista, tildada, a continuación, de “ci-
paya”. Aquella improbable conspiración
de capitalistas y comunistas que Perón
había denunciado en sus discursos tuvo
efectivamente lugar: los argentinos pu-
dieron comprobar azorados cómo una
serie de organizaciones políticas, patro-
nales y hasta sindicales se aliaban con
los enemigos del exterior y empezaban
de José Domenech y de sindicalistas co-
mo Cipriano Reyes, no fueron evidente-
mente ajenos al fenómeno. Pero el propio
Perón lo reconocería en 1946 justo antes
de las elecciones: “Si me llevo dos tercios
del electorado, un tercio se lo deberé a
Braden.” Y cuando decía Braden, claro,
se refería también a todos sus estrechos
colaboradores locales.
En aquellos días los antagonismos
políticos que caracterizaron la prime-
ra mitad del siglo XX –radicales contra
conservadores o incluso la izquierda
contra la derecha– perdieron definiti-
vamente vigencia, para ceder su lugar a
una disyuntiva entre pueblo y oligarquía
entreguista, entre liberación y dependen-
cia, entre peronismo y anti-peronismo.
A partir de ese día, y con Perón en el po-
der, estas disyuntivas iban a asumir un
aspecto inquietante: los adversarios del
a consolidar esa coalición inverosímil
que pronto iba a convertirse en la Unión
Democrática. De modo que la oposición
a Perón favoreció como nadie aquella
equivalencia entre la Nación, los traba-
jadores y el peronismo. Los logros del
La próxima batalla puede ser
el proyecto que impulsan
Carlos Heller y Martín
Sabbatella para suplantar
a una piedra basal de la
economía liberal de la dictadura.
coronel al frente de la Secretaría de Tra-
bajo y Previsión, desde
el estatuto del peón
hasta el aguinaldo, que
le granjearon las sim-
patías de la CGT
peronismo se convertirían en potenciales
traidores a la patria. Pero a partir de ese
día, la Argentina iba a conocer también
esas especies paradójicas que fueron los
demócratas golpistas, las izquierdas sin
obreros, los liberales aferrados a formas
arcaicas de propiedad rural y sobre todo
una clase media que, deseosa de vivir co-
mo en Europa pero pagando los impues-
tos de África, confunde seguridad social
populismo, Welfare State y
demagogia. <
social populismo, Welfare State y demagogia. < memoria del fuego, el siglo del viento , de

memoria del fuego, el siglo del viento, de eduardo galeano

“Cuando acusan a Perón de agitador, responde que a mucha honra”

E l general MacArthur se ha-

ce cargo de los japoneses y

Spruille Braden se ocupa

de los argentinos. Para condu- cir a los argentinos por la buena

senda de la democracia, el em- bajador norteamericano Braden reúne a todos los partidos, desde el Conservador hasta el Comu- nista, en un frente único contra Juan Domingo Perón.

Según el Departamento de Es- tado, el coronel Perón, ministro de Trabajo del gobierno, es el jefe de una banda de nazis. La revista Look afirma que se trata de un perverti- do, que en los cajones de su escrito- rio guarda fotos de indias desnudas de la Patagonia junto a las imáge- nes de Hitler y Mussolini. Volando recorre Perón el ca- mino a la presidencia. Lleva del

brazo a Evita, actriz de radiotea- tro, de ojos febriles y entradora voz; y cuando él se cansa o duda o se asusta, es ella quien lo lleva. Perón reúne más gente que to- dos los partidos juntos. Cuando lo acusan de agitador, responde que a muchos honra. Los copetudos, los de punta en blanco, corean el nombre del embajador Braden en las esqui-

nas del centro de Buenos Aires, agitando sombreros y pañuelos, pero en los barrios obreros gritan el nombre de Perón las descami- sadas multitudes. El pueblo laburante, desterra- do en su propia tierra, mudo de tanto callar, encuentra patria y voz en este raro ministro que se pone siempre de su lado. El prestigio popular de Perón

crece y crece a medida que él desempolva olvidadas leyes so- ciales o crea leyes nuevas. Suyo es el estatuto que obliga

a respetar los derechos de quie-

nes se desloman trabajando en estancias y plantaciones. El esta-

tuto no se queda en el papel y así el peón de campo, casi cosa, se hace obrero rural con sindicato

y todo. <