Vol. 19 No.

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- Noviembre de 2001

Lo que opina Stratfor sobre Venezuela:
"El presidente Chávez al borde del precipicio"
Durante el último mes, la
firma privada de inteligencia
mundial Stratfor, con sede en
Austin (Texas, EE.UU.), ha
presentado dos análisis a
fondo sobre la situación
política de Venezuela. Ambos
documentos produjeron un
revuelo en los medios
nacionales. En vista del
interés que han suscitado los
puntos de vista de Stratfor
entre nuestros lectores,
VenEconomía obtuvo autorización para reproducir aquí
el segundo y más amplio de
dichos artículos

Con los precios petroleros y su popularidad en franca baja, las posibilidades del Presidente de Venezuela de mantenerse en el
poder durante más de un año lucen cada vez
menos probables. Aún peor es que parece
estar ocurriendo un alejamiento entre el Presidente y la Fuerza Armada del país, y ello
podría, potencialmente, conducir a una situación de golpe de Estado en un futuro cercano.
En un discurso reciente ante un pequeño
grupo de simpatizantes, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dijo, en tono desafiante, que mandaría en el país hasta el año
2013, el período máximo que permite la nueva
Constitución aprobada en 1999. Pero ante la
caída de apoyo y el crecimiento de la oposición, se hace cada vez más probable que el
mandatario se vea obligado a dejar el poder
en menos de un año, posiblemente por la vía
de un golpe militar, lo cual parecería contar
con el apoyo de muchos venezolanos.

Resumen
El pugnaz presidente de Venezuela, Hugo
Chávez, le ha infligido un daño irreparable a
sus relaciones con el gobierno de Bush. Estados Unidos sigue considerando a Venezuela como un socio comercial importante, pero
ahora piensa que Chávez está a la cabeza de
un régimen potencialmente hostil anti-yanqui. A medida que se va desvaneciendo la
popularidad del presidente venezolano, la lucha por el poder se intensifica entre los que
buscan consolidar el control político de su
gobierno y los que procuran su destitución.

Análisis
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
dijo el 14 de noviembre que “no existe la más
mínima posibilidad de un golpe militar” en el
país, a pesar de afirmaciones recientes, entre
ellas las de Stratfor, de que dicho escenario
se está haciendo cada vez más plausible. Cuatro días antes, el Presidente también había

dicho a reporteros en la Ciudad de Nueva York,
que el reciente “impasse” diplomático de su
gobierno con la administración Bush había
sido superado. No obstante, puede que
Chávez esté mostrando un exceso de confianza en ambos respectos.
Stratfor ya ha explicado que la baja de los
precios petroleros, la cada vez menor popularidad de Chávez y las crecientes divisiones entre el gobierno y los militares, probablemente obliguen al primer mandatario a salir
del poder en menos de un año. Ahora parece
estarse librando una lucha por el poder entre tres vectores claramente identificables,
que procuran, o bien fortalecer el vacilante
régimen de Chávez u obligarlo a salir antes
de concluir su mandato.
Chávez ya ha dañado gravemente las relaciones con Washington, cuando comparó la
campaña aérea estadounidense en Afganistán
con los ataques del 11 de septiembre. Desde
entonces, lo único que ha hecho el gobierno
es agravar sus problemas con Estados Unidos. Por ejemplo, el 8 de noviembre, la
vicepresidenta Adina Bastidas declaró que la
“dominación WASP” en el mundo era la causa del terrorismo. (WASP es el acrónimo de
“White Anglo-Saxon Protestant, o blanco anglosajón protestante).
Puede que Chávez esté tratando intencionalmente de provocar un enfrentamiento diplomático con el gobierno de EE.UU., a fin de
desviar la atención interna en su país de la
cada vez mayor inestabilidad política de su
gobierno. Puede que también esté tratando
de crear incertidumbre internacional y de procurar el apoyo de sus aliados árabes para provocar la subida de los precios petroleros. Pero
independientemente de sus motivos, lo único que Chávez ha conseguido es agravar su
aislamiento internacional y la inestabilidad política de Venezuela.
La desconexión de Washington se produce en un momento en que la economía vene-

zolana se está desacelerando debido a la caída de los precios
petroleros, los cuales cerraron por debajo de $16 por barril de
crudo venezolano el 9 de noviembre. La retórica cada vez más
intemperante y amenazante de Chávez también ha acabado por
alienar prácticamente a todos los sectores importantes del ámbito político venezolano, incluidos muchos de sus anteriores
colaboradores, y, cada vez más, a los electores de bajos ingresos que constituyen su base política.
En este momento, Chávez parece llevar las de ganar políticamente, porque todavía controla a la Fuerza Armada. Pero ese
control nunca ha sido absoluto, y ahora parece estarse debilitando, a medida que crece el descontento social y que la baja de
los precios petroleros van llevando a la economía hacia una
depresión. Entre los problemas del Presidente, ya hay grupos
que están pugnando por el poder.
El primero de los tres vectores es el de personas y grupos
que están haciendo un llamado a la salida rápida y pacífica de
Chávez, a menos que su comportamiento y políticas cambien
dramáticamente. Esta facción incluye a propietarios de tierras,
la industria petrolera, el sindicalismo, padres de familia de clase
media, la Iglesia Católica, los medios de comunicación, dirigentes empresariales y los partidos políticos de oposición como
Primero Justicia.
Durante los últimos tres años, Chávez ha venido alienando
sistemáticamente a todos esos grupos. Más aún, aunque tienen agendas y prioridades divergentes (algunos compiten abiertamente entre sí políticamente), lentamente se están uniendo
alrededor de la oposición al gobierno de Chávez, la cual comparten.
Este vector cívico-político espera forzar un cambio pacífico,
democrático y constitucional reuniendo los 1,5 millones de firmas de electores que se necesitan para que Chávez salga de la
Presidencia mediante el mecanismo del referendo revocatorio.
Están apostando a que la baja en picada de la popularidad de
Chávez y la situación económica del país, cada vez peor, sean
los catalizadores necesarios. Sin embargo, incluso si se llegase
a recoger la cantidad de firmas suficientes, el control del gobierno de Chávez sobre la Asamblea Nacional, el Poder Judicial y el
Consejo Nacional Electoral significa que cualquier intento por
obligar a elecciones adelantadas probablemente será bloqueado fácilmente.
El segundo vector consta, principalmente, de oficiales y personal militar profesional de corte conservador. También incluye
a algunos civiles conservadores que se oponen a las políticas
de Chávez, las cuales consideran peligrosas para sus intereses
económicos y sus propiedades. Este grupo considera unas relaciones estrechas con Estados Unidos como la piedra angular
de la doctrina de seguridad nacional de Venezuela.
Se oponen a la política exterior de Chávez, cada vez más antiEE.UU., a sus relaciones amistosas con personas y grupos
percibidos como enemigos de Venezuela desde hace mucho
tiempo, tales como el líder cubano Fidel Castro y los grupos
rebeldes colombianos, y a su politización de las fuerzas arma-

das. Este grupo también se siente cada vez más amargado por la
aparente corrupción de muchos de los oficiales de alto rango
nombrados por Chávez, en un momento en el que la Fuerza
Armada atraviesa por una crisis económica grave.
Esta facción está a favor de una remoción pacífica de Chávez
como la primera opción. De fallar esa vía, muchos estarían dispuestos a tomar las armas contra el Presidente, si éste se niega
a dejar el poder. Pero esos oficiales antichavistas no tienen
acceso directo al mando de tropa y equipos que necesitarían
para llevar a cabo un golpe exitoso.
De hecho, los oficiales que participaron en la asonada de
Chávez en 1992, o que la apoyaron, actualmente se encuentran
al mando de todas las guarniciones y unidades de combate
claves del Ejército venezolano. Oficiales leales a Chávez, ya sea
por razones políticas o institucionales, también están al mando
de la Fuerza Aérea, la Armada y la Guardia Nacional.
Para poder lanzar un golpe exitoso contra Chávez, este grupo
tendría primero que eliminar o neutralizar los varios cientos de
oficiales prochavistas del Ejército que comandan las guarniciones y unidades de combate claves. Dado que el control del
Ejército es la primera línea de defensa de Chávez contra un
golpe, es probable que cualquier intento en su contra implicaría
una cruenta confrontación entre el Ejército y elementos combinados de la Guardia Nacional, la Armada y la Fuerza Aérea, los
cuales no son tan leales a Chávez.
De hecho, hay un antecedente histórico de enfrentamientos
entre fuerzas. En 1992, la Guardia Nacional desempeñó un papel
decisivo en la derrota de dos intentonas golpistas, incluida la
que encabezó Chávez, en febrero de ese año.
El tercer vector incluye a civiles y personal militar que apoyan políticamente a Chávez, principalmente por motivos de
oportunismo. Muchos tienen intereses económicos o políticos
que ganar con la continuidad del régimen de Chávez, incluso
sin la participación del Presidente, de ser necesario. Esta facción incluye a personas como el ministro del Interior y Justicia,
el titular de la Defensa y oficiales de alto rango, tales como el
general en jefe de la Fuerza Armada, Lucas Rincón Romero, y el
general de división del Ejército, Víctor Cruz Weffer.
Este tercer vector parece ser el políticamente dominante, por
ahora. Chávez controla el Ejército, el Poder Judicial y la Asamblea Nacional, y luce decidido a reprimir a su oposición. Por
ejemplo, el titular del Interior y Justicia, Luis Miquilena, dijo el 9
de noviembre que el gobierno prohibiría las manifestaciones en
áreas públicas, y el gobierno también ha amenazado con retirarle la concesión a Globovisión, canal de televisión que se ha
mostrado crítico del gobierno. Rincón, quien anteriormente había parecido distanciarse de Chávez, también anunció, el 10 de
noviembre, que no habría “compasión” para nadie que fuese
descubierto conspirando contra Chávez.
Sin embargo, el apoyo militar al régimen de Chávez muestra
profundas grietas. El ministro de la Defensa, José Vicente Rangel,
y al alto mando militar emitieron un comunicado público altamente inusual el 6 de noviembre, en el que manifestaban su
VenEconomía Mensual / Noviembre de 2001

Gobierno y Política
apoyo pleno a Chávez. La declaración llevaba la intención de
contrarrestar los informes de descontento generalizado en la
Fuerza Armada.
Sin embargo, dicho documento no fue firmado por ninguno
de los principales comandantes militares, incluidos Rincón y
Cruz Weffer, quienes son considerados como las fichas militares más importantes del Presidente. La declaración es el resultado de percepciones exacerbadas de que sectores amplios del
estamento militar venezolano se están sintiendo cada vez más
descontentos con Chávez.
Las causas primarias de las dudas de los militares en cuanto
a Chávez, cada vez más profundas, tienen que ver con lo económico y con la corrupción. Aunque la mayoría de los oficiales
viven con estrechez, se cree que muchos oficiales de alto rango
nombrados por el Presidente se están beneficiando de la corrupción.
Por ejemplo, el diario venezolano El Nacional, informó recientemente que el general Cruz Weffer había pagado $1,8 millones por un apartamento en la exclusiva urbanización Colinas
de Tamanaco, en Caracas. Cruz Weffer dijo que era blanco de
una campaña de difamación, pero no desmintió la nota publicada en El Nacional.
Según una fuente que posee vínculos familiares y políticos
con militares venezolanos que se remontan a más de 50 años,
también se cree que se estarían sustrayendo de uno a dos millones de dólares diarios hacia cuentas bancarias privadas clandestinas, a través de contratos con el Ministerio de la Defensa
y otros métodos de desfalco del presupuesto.
Según se informa, parte de ese dinero proviene de sobornos,
regalos y comisiones relacionados con contratos de compras
militares, y se cree que los fondos están yendo a los bolsillos
de oficiales de alto nivel, al igual que hacia un fondo secreto
cuyo objeto es apoyar la agenda política del régimen chavista.
El cultivo de vínculos con el régimen de Castro en Cuba
también está dividiendo a los militares. En agosto pasado, por
ejemplo, Rincón canceló una visita planificada al Pentágono,
en Washington, 48 horas antes del momento pautado para la
partida, citando limitaciones de tiempo.
Menos de una semana después, viajó a La Habana para una
visita de una semana a sus contrapartes antillanos. Agencias
de inteligencia de los gobiernos estadounidense y colombiano
también han confirmado la existencia de vínculos directos entre
algunos funcionarios activos de la Fuerza Armada venezolana

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y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
A principios de noviembre, el gobierno de Bush concluyó
una revisión de las relaciones bilaterales de EE.UU. con Venezuela, en la que participaron funcionarios de varias agencias de
ese gobierno, como el Departamento de Estado, el Consejo
Nacional de Seguridad y el Pentágono. Al parecer, se tomó la
decisión de adoptar una línea más dura en los tratos con el
gobierno de Chávez.
La embajadora estadounidense en Venezuela, Donna Hrinak,
dijo en Caracas que su gobierno todavía esperaba recibir una
declaración “inequívoca” del régimen de Chávez sobre el terrorismo. También indicó que los países que deseen tener buenas
relaciones con Estados Unidos deben repudiar totalmente el terrorismo, negarse a acoger y brindar protección, ayuda y suministros a terroristas, bloquear el movimiento de terroristas por su
territorio y compartir inteligencia con Estados Unidos sobre los
movimientos y transacciones financieras de los terroristas.
Al medirlo según estos principios medulares de la doctrina
Bush, el régimen de Chávez sale mal parado en todos los frentes. Chávez simpatiza abiertamente con las FARC de Colombia,
y emisarios militares del gobierno han viajado clandestinamente en varias ocasiones hasta la zona desmilitarizada que controlan las FARC en el sur de ese país. El gobierno de Chávez
también ha dado cobijo y protección a un guerrillero colombiano que secuestró un avión comercial, y ha concedido privilegios casi diplomáticos en Venezuela a miembros de las FARC y
del Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN).
Entretanto, las dificultades políticas internas de Chávez empeorarán en los meses venideros. Una encuesta de Mercanálisis
señala una caída de 15 puntos de su popularidad en septiembre
y octubre. Otro sondeo de Datanálisis descubrió que su apoyo
medular ha caído a 28% de los electores. Una tercera encuesta
halló que 70% de los votantes responsabiliza a Chávez de sus
penurias económicas, 73% está cansado de sus largas y tediosas cadenas de TV y 67% desaprueba sus declaraciones sobre
el terrorismo desde el 11 de septiembre.
Jack Sweeney
El autor es consultor en Washington y analista de inteligencia de
Stratfor, una firma privada de inteligencia mundial con sede en Austin,
Texas (www.stratfor.com). Fue también coanfitrión del programa
“Choque de opiniones”, transmitido por CNN en español, así como
cofundador de VenEconomía. El análisis que antecede fue preparado
originalmente para Stratfor y se reproduce en esta edición con la
debida autorización. Su correo electrónico es
jppsweeney@hotmail.com .

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