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Sergio S. Povedano

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Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso escrito del autor. Todos los derechos reservados.

Título: Más allá de las nubes

Primera edición: febrero de 2011

© 2011, Sergio S. Povedano

ISBN: 978-1-4457-9970-4

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INDICE

- Capítulo I

pág 5

- Capítulo II

pág 8

- Capítulo III

pág 11

- Capítulo IV

pág 14

- Capítulo V

pág 17

- Capítulo VI

pág 20

- Capítulo VII

pág 23

- Capítulo VIII

pág 26

- Capítulo IX

pág 29

- Capítulo X

pág 32

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Este libro está dedicado a todos aquellos que aún siguen queriendo creer en los cuentos de hadas y fantasía y quieren regresar a esos momentos en que eran pequeños.

También va a aquellos que tengan hijos pequeños y por las noches estén demasiado cansados para inventar cuentos, este es mi regalo.

Sergio S. Povedano

CAPITULO I

Hace cientos de años, en una lejana tierra llamada Fárlar ocurrió algo poco habitual, un bardo visitó una pequeña aldea del norte. Era tan pequeña que ni siquiera tenía nombre. Todos sus habitantes se emocionaron mucho con su llegada. Sacaron grandes mesas a la calle y prepararon antorchas para la oscuridad del atardecer, hicieron un gran banquete, y todo lo hicieron en honor al bardo, para que recordase aquel pueblo y contase maravillosas historias acerca de sus habitantes. El bardo muy contento accedió a escuchar las historias de los aldeanos para poder llevarlas allá donde fuera. Cuando la luz se fue y el cielo se cubrió de un oscuro manto de estrellas todos se habían quedado sin historias que contar y descansaban en sus sillas con el estómago rebosante de comida. Entonces, el bardo se puso en pie y comenzó a tocar su laúd. Después de anunciar todos los sitios en los que había estado, que no eran pocos, empezó a contar sus historias y aventuras. - ¿Conocéis aquella historia de una dama y un dragón? –– preguntó con voz fuerte. Todos dijeron que no, pero también pidieron a gritos que la contara, o mejor, que la cantara. Y así fue, el bardo tiró de las cuerdas de su laúd y cuando la música salió se puso a cantar la historia. - En unas tierras más al sur, donde siempre es de día y nunca oscurece, había una pequeña aldea que se llamaba Parm. Allí había un granjero, que tenía dos hijas, una bella como el amanecer, y otra fea como el atardecer. Todos los hombres llevaban regalos al granjero con el fin de ganar la mano de la hermosa. El granjero nunca los aceptaba, decía que no eran suficientemente perfectos para su hija, pero un día un hombre de hermosa apariencia y lujosa vestimenta llegó desde muy lejos en un caballo. Al ver a la joven se enamoró y convenció al granjero para casarse con ella, finalmente aceptó. >>Al día siguiente se casaron y ella fue nombrada como su dama. La subió a su caballo y se fueron muy lejos, viajaron durante un año, hacia el lugar donde él vivía, un sitio donde siempre era de noche. En su viaje vieron cosas maravillosas pero más aún fue lo que la esperaba al llegar. Un lujoso castillo de oro y plata que atravesaba el cielo y las nubes, un castillo tan alto

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que no tenía fin. En el interior todo era de la mejor calidad, había grandes mesas y sillas de madera, muchas chimeneas, muchos cuadros de paisajes y personas, muchos cuencos con fruta, muchos criados, había mucho de todo. >>Pero no todo era tan maravilloso como parecía. Por las noches se escuchaba un sonido triste que venía desde lo más alto del castillo. Por la mañana, cuando todos salieron fuera, la joven dama comenzó a subir por las escaleras, un piso, luego otro, y después otro, parecía que no se acababan, pero cuando llegó al último se encontró con una puerta muy grande, al otro lado se escuchaba el sonido de unas cadenas, intentó abrir la puerta pero no pudo porque estaba cerrada con llave. Tuvo que regresar para que nadie se diera cuenta de dónde había estado, pues su marido le había prohibido subir allí.

>>Esa misma noche mientras su esposo dormía, vio que al cuello, en una cadena de oro llevaba una llave muy grande de plata. Sin que él se

despertara la cogió y subió corriendo hasta la puerta, metió la llave, giró, y empujó con todas sus fuerzas. Cuando se abrió encontró a un enorme dragón rojo, con grandes cuernos blancos y gigantescos dientes. El pobre dragón estaba encadenado para que no se fuera por la ventana que había, pues los dragones pueden volar.

- ¿Por qué estás aquí? – Preguntó ella – ¿Has hecho algo malo?

- No, el dueño del castillo me secuestro – respondió con voz triste.

- ¿Por qué lo hizo? – preguntó aterrorizada.

- Para convertirme en dragón, ¿por qué sino?

- ¿Para convertirte en dragón? ¿Acaso tú antes eras una persona?

- Sí, claro. ¿Tú no eres de aquí? ¿De dónde vienes?

- De un lugar muy lejano.

- ¿Por casualidad no conocerás al granjero de Parm?

- Sí, ¿cómo no? Es mi padre.

- ¿Tu padre? No, es el mió.

- ¿Entonces tu eres mi hermana?

- No, a mi me secuestraron hace años. El granjero era mi padre, pero

un día llegó un hombre muy bello y bien vestido, le ofreció a nuestro padre la oportunidad de tener una hija, y él acepto. Lo que nuestro padre no sabía

era que me iba a intercambiar el cuerpo con una dragona. Y así es que ahora yo soy un dragón, y tu hermana en realidad es una dragona.

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- Eso es terrible, padre nunca me lo dijo. Debemos volver y deshacer

este conjuro, porque es un conjuro, ¿verdad?

- No lo se, yo estaba cortando leña detrás de la casa y me dormí, al

despertar estaba encadenado y tenía alas. >>En un momento rompieron las cadenas, la joven dama se acercó a las grandes ventanas y las abrió. Ella se subió en la espalda de su hermano dragón y juntos volaron por el cielo donde siempre era de noche hasta las tierras del sur donde era de día. Regresaron junto al granjero de Parm. Le

contaron la historia y muy contento dio un abrazo a su hijo. Investigaron durante varios días y descubrieron que si el chico se dormía donde estuvo cortando madera y la chica dragón dormía a su lado, ambos se cambiaron de nuevo y todo regresaría a la normalidad. Así lo hicieron y así ocurrió. >>Más tarde escucharon una historia acerca de un hombre que en el pasado había sido dragón, y que viajaba por el mundo en busca de su amada, si era una dragona la convertía en humana y años después regresaba a por ella, pero aún no había encontrada a quien buscaba. >>El granjero de Parm vivió feliz con su familia y tuvo otra hija también bella como el amanecer. Pero el hombre dragón siguió buscando a su dama, y aún hoy día continúa buscando.

- Esta era la historia de la dama y el dragón – anunció contento el

bardo mientras saludaba. Todos los aldeanos aplaudieron y pidieron a gritos otra historia. Una historia de aventuras que ninguno hubiese escuchado antes, alguna historia

que el bardo hubiese conocido en alguno de sus viajes.

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CAPITULO II

- ¿Alguno de vosotros conoce la historia del perro corsario? ¿Tal vez

tú? – le preguntó a un gato.

- ¡Miau! – afirmó el felino.

- Pero los gatos no saben hablar, así que tú no cuentas – rió el bardo

y todo el pueblo con él.

- Está bien, os contaré la historia del perro corsario si no la sabéis.

>>Hace un par de años, o tal vez más, en los mares del este había un gran barco pirata. Tenía velas enormes con el dibujo de una huella de perro.

Era de los más rápidos, pues tenía cuatro mástiles. >>Aquellos mares eran de los más peligrosos, había grandes ballenas, grandes tiburones, grandes krakenes, grandes sirenas, grandes dioses del mar, y muchas otras cosas grandes, pero el valor de ninguno de esos seres era tan grande como el de Rwfer el perro corsario que sin duda era el capitán del barco pirata más grande, el de las velas con la huella de perro.

>>Ese perro amaba tanto el mar como el oro, lo que no era poco, así que cuando se enteró de que un barco cargado de oro iba a viajar por ese mismo mar, no pudo resistirse a ir por él. Emprendió un largo viaje en el que no asaltó ningún barco ni hizo ninguna parada, finalmente cuando vio el barco del oro a lo lejos, ocurrió algo terrible, un enorme kraken salió de las profundidades y abrazó el barco con sus tentáculos. Rwfer junto a sus camaradas peleó día y noche contra la gigantesca criatura. Tardó trece días, ni uno más, ni uno menos en deshacerse del kraken. Para ese entonces el barco con el oro estaría muy lejos. >>De nuevo viajó sin asaltar ningún barco ni parar en ningún sitio. Ahora, cuando ya tenía cerca el barco del oro vio que estaban cerca de una gran isla, y también pudo ver la bandera que llevaba, una huella de gato. Era sin duda el barco del cónsul gatuno Bigotes, un antiguo amigo del perro corsario, pero ahora un enemigo. >>Si quería tener el oro tendría que atracar en el puerto de la isla e ir con sus compañeros a por el oro, pero no sería nada fácil, estarían rodeados de gatos. Después de pensarlo bien, Rwfer tuvo una gran idea, se harían pasar por gatos. Echaron el ancla detrás de la isla y fueron remando en el

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bote hasta el puerto. Cuando llegaron vieron que todo en la isla era fabuloso y limpio, el mejor lugar en el que habían estado en años, eso si no tenemos en cuenta que llevaban seis años si bajarse del barco pirata.

- Perdone caballero, ¿podría indicarme dónde van a llevar el oro de ese barco? – preguntó Rwfer vestido de gato.

- A la mansión del cónsul Bigotes.

- ¿Podría indicarme dónde está la mansión?

- Desde luego, pero deberías saberlo, vosotros tres no sois de por aquí, ¿es que habéis venido desde tierra firme?

- Algo así, pero ahora debemos tratar asuntos muy importantes con

el cónsul.

- Bien, bien, pues entonces debéis ir por esa calle, después girar por

la otra, caminar hasta la siguiente y girar a la izquierda, luego dais la vuelta, camináis a la derecha, luego a la izquierda, otra vez a la izquierda, os sentáis en el banco de enfrente, camináis hasta otra calle, y os metéis hacia la de más allá, seguís rectos y giráis hacia donde esté vuestro compañero, de nuevo a la derecha y entonces veréis a lo lejos la mansión. No tiene pérdida. Que tengáis suerte – dijo antes de irse maullando.

- Ya habéis oído, vamos de frente y llegamos en un momento.

- ¡Guau! – ladró uno de ellos

>>Como era de esperar, los gatos que había a su alrededor se dieron cuenta de que eran perros y los empezaron a perseguir con el fin de apresarlos, pues eran los perros piratas que habían asaltado tantas veces sus

barcos. Estuvieron persiguiéndolos durante horas hasta que consiguieron escapar. Cuando se dieron cuenta de donde estaban se alegraron, pues habían llegado a la mansión de Bigotes, el cónsul. >>Saltaron la valla y corrieron tan rápido como les permitían sus cuatro patas. Abrieron una ventana y entraron a una oficina llena de libros. Olfatearon por todas partes en busca del oro, pero lo único que encontraron fue pescado salado en la cocina. De pronto, Bigotes bajó a la cocina y antes de que entrara consiguieron salir de allí, ese era el mejor momento para olisquear en su habitación. Allí, bajo la cama lo encontraron, un cofre lleno de oro, o por lo menos olía a eso. Salieron por la misma ventana que habían entrado y regresaron tan rápido como les fue posible hasta el puerto donde habían dejado el bote. Si que nadie los viera cargaron el cofre.

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- Si se dan cuenta de que nos llevamos el cofre, nos perseguirán, deberíamos hacer algo.

- Ya se – afirmó Rwfer –. Soltemos las amarras de los barcos. Los

gatos odian el agua más que a nosotros, no nadaran a por los barcos, antes preferirán fabricar unos nuevos. >>Así lo hicieron, liberaron todos los barcos que lentamente se fueron a la deriva. El perro corsario regresó a su barco y continuó asaltando barcos de gatos, quitándoles el oro y llevándolo a la isla canina donde

repartían todo lo que quitaban a los gatos, se lo daban a los perros, pero desde luego, Rwfer se quedaba su parte, enterrándola como hacía siempre. - Y hasta aquí la historia del perro corsario. ¿Os ha gustado?

- Si, claro que sí – gritaron todos los aldeanos a la vez –. Queremos

otra.

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CAPITULO III

En el pueblo llevaban horas despiertos escuchando las historias del bardo. Parecía que no hubiera pasado el tiempo y que el día siguiente no fuese a llegar, era como si nadie tuviese que hacer nada al día siguiente, pero la realidad es que en las tierras de Fárlar siempre había mucho que hacer. Aún así, todos querían escuchar otra historia.

- ¿Alguien conoce la historia del sauce sabio?

- ¡No, cuéntanosla! – gritaron todos ansiosos por que empezara a hablar de nuevo.

- Bien, dice así: hace mucho tiempo había un sauce que por todos sus

años de vida era muy sabio; Se terminó.

- ¿Qué? – Preguntaron todos – ¿No hay más?

- Entonces os contaré la historia entera.

>>A medio año de distancia de aquí conocí una vez a un árbol que hablaba, tenía cara y brazos, que eran las ramas, también respiraba por la enorme nariz que tenía. Cuando lo vi no pude hacer otra cosa que quedarme a escuchar su interesante historia. >>Hace trescientos años, un comerciante de semillas iba por un camino caminando cuando sin darse cuenta se le calló una semilla de sauce. Con el tiempo la semilla echó raíz y comenzó a crecer, pronto salió de la tierra, el pobre sauce no veía nada pues no tenía cara y eso lo entristecía mucho, pasaron largos años, pero un buen día notó que alguien se había subido a él, asustado se agitó y el niño que lo había trepado cayó al suelo. El niño se dio cuenta de que aquel árbol quería algo así que regresó corriendo a su casa a por un cuchillo con el que talló dos ojos, una boca grande, y una nariz aún más grande. En ese momento, el sauce pudo ver el mundo que había a su alrededor, también pudo oler lo que lo rodeaba y claro está, podía hablar.

- Muchas gracias joven, ¿cómo te llamas?

>>El chico le respondió, pero el joven sauce no tenía orejas y no podía oír nada, le pidió al muchacho que le tallara unas pero lo único que

hizo fueron dos agujeros, con eso escuchaba. Pero se dio cuenta de que todas las personas que pasaban tenían orejas y el también quería unas. Se paso muchos días preguntando a todo el que pasaba si conocía a un

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artesano, pero todos decían que no hasta que un día, uno le respondió que si. El artesano talló dos orejas grandes para que pudiese escuchar bien. >>Desde ese día el sauce escuchó las conversaciones de los que pasaban por allí, de vez en cuando los viajantes le contaban historias o le explicaban cosas. Al cabo de unos años el sauce tenía tanta sabiduría como muchos hombres. Casi todos los pueblerinos acudían a él en busca de ayuda para resolver sus dudas, y los jóvenes le contaban hermosas historias de amor y problemas que habían tenido. Al final el árbol acabó siendo el más sabio de entre los sabios. Tal fue su conocimiento que los más inteligentes de entre los hombres fueron a batir sus conocimientos con el árbol, pero siempre perdían. >>Después de mucho tiempo el sauce se empezó a poner triste,

porque no se podía mover, y entonces no se enteraba de lo que ocurría a no ser que se lo contaran. Con el tiempo, sus amigos fueron envejeciendo y dejaron de ir a visitarlo, entonces la gente dejó de escucharlo y de visitarlo. >>Pasaron muchos años sin que nadie le dijera nada y se puso tan triste que un día empezó a llorar y no paró quince años. Por sus lágrimas los campos de cultivo más cercanos empezaron a crecer más rápido y mejor que los demás. Pronto volvieron a hacerle caso y a hacerle preguntas, en poco tiempo estaban contándole historias otra vez. Y así es hasta nuestros días, ahora el sauce ya está viejo, pues si os fijáis bien tiene arrugas en el rostro. >>Pero la historia no acaba aquí, pues un día, una joven se le acercó con la cara triste de llorar y le preguntó si había visto a un chico de brillante armadura, con una espada larga y un casco con plumas.

- Es mi amado, y hace meses que fue en busca de un dragón para

cazarlo, temo por su vida.

- Lo cierto es que no lo he visto, pero si lo veo le diré lo que me has

dicho.

>>Unos días más tarde un enorme dragón se le acercó y también le preguntó si había visto a un chico de brillante armadura, con una espada larga y un casco con plumas.

- Es un cazador que me persigue, pero yo no he hecho nada malo, yo

solo vivía en mi cueva guardando mis tesoros. Si le ves no le digas donde he

ido.

 

-

Lo cierto es que no lo he visto, pero si lo veo le diré lo que me has

dicho.

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>>Otros días después se le acercó un chico de brillante armadura,

con una espada larga y un casco con plumas. Le preguntó si había visto a una chica con la cara triste de llorar y a un dragón.

- Ella es mi amada, y está preocupada por mi, teme por mi vida. El

dragón es a quien doy caza.

- La he visto, te está esperando. El dragón pasó por aquí, pero solo te

diré a donde fue si me prometes que no le harás daño, pues no ha hecho

nada malo.

-Por mi honor de caballero os lo prometo sauce sabio. >>El caballero se fue tras el dragón y la joven. Unos días después regresaron los tres para agradecer al sauce.

- Gracias a ti no le ha pasado nada a mi amado.

- Gracias a ti no me ha hecho nada su amado.

- Gracias a ti no le hice nada a mi ahora amigo, y mi amada ahora es

feliz.

>>Al mes siguiente los dos amados se casaron frente al sauce para que así pudiese asistir, el dragón estaba allí asando la carne con su aliento de fuego. Desde ese entonces siempre que alguien busca a su amado le pregunta al árbol, y si lo encuentra, se casan junto al árbol.

- Y hasta aquí llega la historia del sauce sabio.

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CAPITULO IV

Algunos aldeanos empezaban a estar cansados y ase empezaban a ir,

pero eso solo iba a conseguir que se perdieran lo mejor, pues el bardo estaba dejando la mejor historia para el final, la más fantástica, seguramente la que nadie creería, pero él tenía que contarla, y la contaría, pero no ahora, sino al final de la noche.

- Hace mucho tiempo conocí a un oso malabarista y bailarín, llevaba

un chaleco amarillo y siempre caminaba a dos patas. Por supuesto, también

hablaba, y era muy inteligente, una vez tuve una conversación muy interesante, pero ya os la contaré en otro momento. >>¿Alguno de vosotros conoce la historia del oso en reposo?

- ¡No, cuéntala! – gritaron otra vez los aldeanos.

- Está bien, pero que sepáis que es el mismo oso.

>>Hace seis años, en un lugar de las tierras de donde vengo había un

circo ambulante, y claro, no podían faltar los bardos ni los osos

malabaristas, ni los osos bailarines. Y en este circo no faltaban, pero solo había uno, el dueño del circo, el era el bardo, y también un oso, un oso bailarín y malabarista. >>La mayor sorpresa del oso fue cuando se encontró viajando hacia una isla repleta de gatos. No lo aceptaron bien pues hacía poco unos perros que se hacían pasar por gatos les habían robado el oro. Le dijeron que no le pagarían por el espectáculo porque no tenían dinero, pero el oso decidió hacerlo gratis, decía que su arte valía más que cualquier moneda. Durante tres días hizo su espectáculo hasta que regreso a tierra firme. >>Viaje durante largos meses haciendo paradas en todos los pueblos y ciudades que encontraba para enseñar su arte, pero un día, mientras descansaba debajo de un árbol, el sauce sabio, le contó al oso que tenía que cambiar su espectáculo o pronto la gente se aburriría, también le dijo que había visto pasar a un hombre azul de seis brazos que viajaba en una alfombra voladora.

- Ese hombre azul, sería un buen espectáculo para tu circo.

- Gracias buen sauce, por haberme informado, lo buscaré y formará parte de mi circo.

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>>Y así lo hizo, emprendió la búsqueda del hombre azul de seis

brazos que viajaba en una alfombra voladora. Corrió por todos los caminos hasta que lo encontró a un lado de un sendero enterrando algo.

- ¿Eres tú el hombre azul de seis brazos que viaja en una alfombra voladora?

- Si, ese soy yo. ¿Quién lo pregunta?

- Un simple oso bailarín y malabarista. Soy el dueño de un circo y

me gustaría que te unieses a él.

- Lo siento mi buen oso, estoy viajando en mi alfombra voladora en busca de aventuras y misterios.

- Pero puedes buscar aventuras y misterios con mi circo.

- No, tengo que llegar a un lugar muy lejano mientras busco las

aventuras y misterios.

 

-

Podría acompañarte a ese lugar tan lejano y así me ayudarías con

mi

circo.

-

Donde yo voy tú no puedes venir.

-

¿Por qué razón? Tengo dos piernas fuertes.

-

Por que yo voy más allá de las nubes.

>>Después de eso el hombre azul de seis brazos que viajaba en una alfombra voladora en busca de aventuras y misterios enterró un pequeño cofre junto al camino y se fue en su alfombra voladora. >>El oso decepcionado regresó por su camino y emprendió un nuevo viaje en busca de otra persona que lo pudiese ayudar con su circo. Buscó

durante años y no encontró nada. Escaló montañas, nadó mares, andó

praderas y recorrió cuevas. Cuando iba a dejar su búsqueda escuchó hablar

de un murciélago que bailaba y cantaba. Miró en todas las cuevas y no lo

encontró, pero un día mientras comía escuchó una dulce voz detrás de una colina, fue corriendo y a lo lejos lo vio, un murciélago enorme, estaba cantando mientras bailaba.

- ¡Murciélago, murciélago, te he estado buscando!

- ¿Por qué me buscabas?

- Para pedirte que actuases conmigo, soy el dueño de un circo.

- Pero yo no quiero viajar y cantar para otros. A mi me gusta bailar aquí y cantar aquí.

- Entonces traeré el circo aquí.

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- No, con las carpas taparías el cielo, y a mi gusta el cielo que se ve

aquí.

- Entonces no pondré el techo para que se vea el cielo.

- Pero, aún así no se verán los árboles ni la verde hierba.

- Entonces no pondré las paredes ni el suelo.

- En ese caso no habrá ningún circo.

>>El oso triste se fue, ya cansado de tanto viajar decidió descansar. Se puso a invernar y cuando despertó regresó a su circo. Habían pasado varios años y nadie se acordaba ya del oso bailarín y malabarista. Cuando abrió el circo otra vez, fue mucha gente a verlo, y llevaron a sus hijos para que vieran al oso que hablaba y bailaba mientras hacía malabares. >>Después de aquello decidió que nunca más trataría de cambiar su

espectáculo y que seguiría siendo el mismo sin añadir nada.

- Y hasta aquí llega la historia del oso en reposo.

A todos los habitantes del pueblo les gustó y decidieron seguir escuchando un rato más sus historias. La noche seguía igual de oscura, pero cuando se hiciese de día el bardo se iría. Ya solo quedaba tiempo para cuatro o cinco historias más, todo dependía de cuán largas fueran.

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CAPITULO V

Todos estaban ansiosos por escuchar la próxima historia que

contase, pero entonces ocurrió algo que no esperaban. El bardo guardó su laúd y se sentó en su silla. ¿Estaría cansado? Seguramente, llevaba mucho tiempo de pie tocando el laúd y hablando.

- Necesito descansar, que alguno de vosotros cuente una historia, y si

no la conozco la llevaré conmigo a otro lugar. Y así lo hicieron, cinco jóvenes distintos salieron a contar sus historias, pero el bardo ya las conocía y no quiso escucharlas. Otros cinco probaron, pero pasó lo mismo. El bardo ya había descansado y cuando se

iba a levantar, una chica se adelantó.

- Bardo, ¿conoces la historia de la muchacha encantada?

- No la conozco, cuéntamela – pidió apresurado.

- Te la contaré, pero recuérdala bien.

>>Hace mucho tiempo, en estas tierras, había una muchacha de hermosa apariencia, le gustaba ir al campo y coger manzanas de los árboles. Siempre caminaba cerca de las montañas, aquellas que se ven a lo lejos. Todos le decían que tuviese cuidado al caminar allí, pues había un malvado mago que vivía en las montañas y se llevaba a las muchachas de hermosa apariencia. >>Ella no les hacía caso pues decía que algo así no había. Sus padres preocupados le prohibieron ir a caminar allí, entonces ella, obediente fue a caminar a otro sitio, junto al bosque, aquel que se ve a lo lejos. Todos le decían que tuviese cuidado al caminar allí, pues había un malvado gnomo que vivía en el bosque. Era pequeño y siempre se llevaba a las muchachas de hermosa apariencia. >>Sus padres también le prohibieron caminar junto al bosque, ella muy obediente les hizo caso. Al día siguiente comenzó a caminar junto al lago, aquel que se ve a lo lejos. Todos le decían que tuviese cuidado al caminar allí, pues había un malvado pez que vivía en el agua y se comía a las muchachas de hermosa apariencia. >>De nuevo le prohibieron que caminara allí, y ella obedeció. Comenzó a caminar detrás de su casa y a comer manzanas de los árboles. Todos le decían que tuviese cuidado al comer esas manzanas, pues en ellas

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vivía un gusano malvado que atacaba a las muchachas de hermosa apariencia. >>Otra vez más le prohibieron caminar detrás de su casa, ella obedeció y empezó a caminar dentro de su casa. Todos decían que tuviese cuidado al caminar allí, pues bajo las alfombras vivía una mano que hacía tropezar a las muchachas de hermosa apariencia. >>Sus padres preocupados también le prohibieron eso, ella obedeció y solo caminó dentro de su habitación. Todos le decían que tuviese cuidado al caminar allí, pues había un geniecillo que cerraba la puerta cuando iba a salir una muchacha de hermosa apariencia. >>También le prohibieron andar en su habitación, ella obediente les hizo caso y se quedó en la cama, no se movía de allí, pero todos decían que tuviese cuidado con la cama, pues era malvada y se tragaba por las noches a las muchachas de hermosa apariencia. >>Le prohibieron quedarse en la cama, intentó obedecer, pero ya no tenía ningún sitio a donde ir ni en el que estar. Todos dijeron que fuese a una cueva, la más oscura y pequeña, pues allí nunca pasaba nada. Así lo hizo, y era cierto que en aquella cueva nunca pasaba nada, pero eso era aburrido y quería comer manzanas. Una noche salió y se acercó al bosque donde vivía el gnomo, tuvo cuidado de que no la viera. Cogió manzanas de los árboles y volvió a la cueva. Al día siguiente quiso ver las montañas y fue, el mago malvado no la vio. Otro día quiso comer manzanas de detrás de su casa, fue y cogió unas pocas, con cuidado de no llevarse al gusano malvado. >>Vio que no había pasado nada ninguna de las tres veces así que regresó a su casa cuando nadie la vio, levantó las alfombras y no encontró ninguna mano, subió a su habitación y salió por la puerta y no se cerró, se tumbó en la cama y tampoco ocurrió nada. Decidida con que todo era mentira fue al lago y nadó, allí no había ningún pez malvado. >>Se enfadó mucho con todos y se escondió en el bosque, cuando todos se acercaron, ella se disfrazo de gnomo malvado, porque los hay buenos, pero este era malo, y así los asustó. Al día siguiente hizo lo mismo en las montañas, se disfrazó de mago malvado y cuando todos fueron a las montañas los asustó. En el lago se disfrazó de pez y los asustó, en su casa les tiró manzanas y tiró de las alfombras cuando caminaban por ellas, y en su habitación cuando iban a salir les cerró la puerta, también se escondió

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bajo la cama y los asustó. Todos tenían miedo y se fueron a esconder a la cueva más oscura y pequeña. Ella se disfrazó de anciano sabio y fue a la cueva, allí les dijo a todos que en esa cueva vivía una muchacha de hermosa apariencia que ahora era malvada y se llevaba a todos los que entraban. >>Al final estaban tan asustados que se fueron del pueblo y nunca volvieron. Los padres de la muchacha se enteraron y la castigaron a vivir en el bosque, la montaña y el lago, y no la dejaron volver a casa hasta después de un año, cuando todos pasaron cerca del pueblo y ella les pidió perdón. >>La muchacha y todos regresaron al pueblo, y nunca volvieron a gastarle bromas a nadie. Ella volvió a caminar junto a las montañas, aquellas que se ven a lo lejos, y un día desapareció. Todos dijeron que había sido el mago malvado pero nadie los creyó. Desde entonces nadie se acercó a las montañas, ni al bosque, ni al lago, ni a la parte de detrás de la casa, ni al interior de la casa, ni a la habitación de la muchacha, ni a su cama. - Aquí se termina la historia de la muchacha encantada. A la gente del pueblo le gustó, aunque muchos de ellos ya conocían la historia porque habían sido los muchachos que gastaron las bromas.

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CAPITULO VI

El bardo ya había descansado suficiente y se puso en pie con su laúd.

Se quedó un instante pensando en que historia contar, y haciendo memoria recordó una muy entretenida.

- Antes os conté la historia del oso en reposo, pero ¿alguno conoce la historia del hombre azul de seis brazos que viajaba en una alfombra voladora? - ¡No la sabemos, cuéntala, con todos los detalles, cuéntala! – gritaron una y otra vez.

- Entonces os la contaré.

>>Hace mucho tiempo, en un lugar bastante lejano, en el oriente, donde nada es como aquí, todo es arena mires donde mires, las montañas son de arena y los lagos también, los árboles no son como estos, son más altos y con pocas hojas, pero muy grandes. Las casas son bajas con el tejado plano, no tienen puertas, usan cortinas, y no existen los pueblos, hay grandes ciudades con el suelo de piedra y grandes fuentes de oro con rubíes y zafiros. En todas las ciudades hay grandes castillos de formas extrañas con grandes torres de muchos colores, en esos lugares no hay rastro de la arena. Pero tenéis que saber una cosa, allí no existen los inviernos, solo los veranos, calurosos. >>En una de esas ciudades, y en uno de esos castillos vivía de pequeño un niño de piel azul, era muy avaricioso, y deseaba tenerlo todo. Una mañana despertó y le habían salido cuatro brazos más, con ellos podía coger más cosas. >>Sus padres, los grandes reyes del oriente no le dejaban salir del gran castillo de plata y zafiro pues decían que era demasiado extraño. En compensación, le llevaron a muchos escritores, porque allí es habitual escribir, de esa forma podía conocer el exterior sin tener que salir. >>Cuando creció, aprendió a leer, porque también es común, entonces ya no necesitaba a los escritores, solo los libros. Se pasó mucho tiempo leyendo historias de aventuras fantásticas. Deseaba tanto vivir esas historias que una mañana al despertar se encontró fuera de palacio. En ese momento empezó a viajar hacia donde lo llevasen sus pies.

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>>Un día mientras caminaba escuchó una fabulosa historia sobre una alfombra que volaba.

- El maestro artesano, el de las alfombras ha tejido una alfombra con

hilo y plumas de ave, es una alfombra que puede volar – le dijo un hombre a otro.

- No, seguro que es un truco para vender más alfombras, estoy casi

seguro de que es magia. Probablemente haya encontrado a un genio que la haga volar – le respondió al primero. >>El hombre azul de seis brazos no se pudo resistir a ver esa alfombra, pues eso supondría una aventura fantástica. Recorrió todas las calles en busca del maestro artesano. Cuando lo encontró le quiso comprar la alfombra, pero este se negó, en ese momento al hombre azul se le cayó la

capucha que llevaba puesta y el maestro artesano lo vio. - ¡Esto es lo más maravilloso que he visto en mi vida! ¿Eres un

hombre o un genio?

- No soy ningún genio, solo soy un hombre de piel azul.

- No eres solo eso, presiento que hay más en ti, algo mágico. Te daré

mi alfombra si me enseñas que es.

>>Y así lo hizo, se quitó la túnica y le enseñó los seis brazos. El maestro le dio la alfombra y le habló de un lugar donde podría hallar muchas aventuras, un lugar lleno de magia donde el tiempo transcurre lento, un lugar más allá de las nubes. En ese sitio ocurrían cosas aún más fascinantes que en el oriente, donde había genios.

>>El hombre azul de seis brazos lo escuchó atentamente y comenzó

a volar hacia ese lugar mágico. Surcó los grandes cielos azules por encima

de las enormes montañas y los gigantescos lagos de arena. Llegó hasta el

lugar donde el cielo se confundía con la tierra, donde el agua no estaba en

fuentes, sino que la tierra escaseaba. Voló por encima de islas y se adentró

en tierra firme. >>Al llegar a este sitio con tierra, hierba, grandes árboles y enormes

montañas comprendió que había llegado, mientras volaba tranquilo escuchó una voz que salía de un árbol, se acercó y vio que era un sauce con cara.

- ¿Estoy más allá de las nubes? – preguntó al árbol.

- No lo creo mi buen amigo azul, mira allí arriba y dime que ves.

- Solo cielo azul y… nubes.

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- Eso es, aún no has llegado, y probablemente nunca lo hagas, pero

si buscas aventuras yo se donde puedes encontrarlas. En el norte hay grandes dragones con tesoros. Al este existen enanos con cofres llenos de misterios, en el sur hay grandes magos con extraños conjuros. Aquí hay mucho que hacer, no tienes necesidad de ir allí. >>El hombre azul de seis brazos que viajaba en una alfombra voladora se lo agradeció y viajó por las tierras del norte, del sur, del este, del oeste, por todas partes, resolviendo grandes misterios y ganando batallas contra grandes dragones, sus hazañas se hicieron conocidas, tanto que un buen día, un oso bailarín y malabarista le ofreció unirse a su circo. >>Hace algún tiempo que no se sabe de él, pero la última vez que le vieron llevaba una corona de oro y tenía tres ojos, además de ir rodeado de

grandes marmotas.

- Y esta ha sida la gran historia del hombre azul de seis brazos que

viajaba en una alfombra voladora. Espero que os haya gustado. Todos sonreían mientras se maravillaban pensando en las aventuras que estaría viviendo el que con toda seguridad ahora sería el gran rey azul de seis brazos del reino de las marmotas gigantes.

- Jamás imaginé que vivíamos en un lugar tan fantástico – le dijo un aldeano al bardo.

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CAPITULO VII

Ya estaba más cerca el amanecer, algunas estrellas empezaban a

desaparecer y algunos aldeanos también, aunque la mayoría querían escuchar todas las aventuras del bardo, al día siguiente tenían que levantarse pronto para trabajar, y tenían que descansar.

-

Seguro que recordaréis al murciélago bailarín, ¿queréis escuchar su

historia?

-

¡Por supuesto! – gritaron los niños que había en la primera fila.

-

Pues allá va.

>>Hace cerca de treinta años los murciélagos vivían en cuevas donde la oscuridad reinaba y el silencio estaba por todas partes. Unos años después, con el nacimiento de un murciélago en una familia muy humilde, la cosa cambió. Cuando el pequeño creció las cosas empezaron a cambiar. >>Él era muy pequeño pero trataba de bailar mientras que los demás se esforzaban para vivir en la oscuridad y el más absoluto silencio. Pero eso no era posible porque cuando creció lo suficiente empezó a hacer antorchas pues sin luz no podía ver para bailar a gusto, y además necesitaba música para seguirla. Todos los murciélagos se empezaron a quejar, pero sus padres, por muchas veces que le dijeron que se olvidase de bailar, no les hacía caso. >>Un día, o una noche, no estoy seguro pues en una cueva no es fácil de saber… pero eso no importa, en una ocasión llegó un murciélago que decía venir de las cuevas de un lugar más al sur, y para llegar hasta allí había ido por fuera de las cuevas, y que el mundo exterior era maravilloso, lleno de luz, con sonidos y olores, con color y forma. >>Todos dijeron que el murciélago al que tanto le gustaba bailar debía de haber nacido en el exterior, entonces decidieron que tenía que irse fuera. Lo echaron y después de estar unas horas fuera volvió para hablarles de lo maravilloso que era el mundo fuera de la oscuridad. Muchos le escucharon y decidieron salir fuera a verlo con sus propios ojos, los que fueron quedaron maravillados y empezaron una nueva vida en el exterior. >>El murciélago bailarín voló durante mucho tiempo, pasaba días y largas noches viendo el mundo exterior, buscando un lugar donde quedarse.

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Finalmente tras mucho viajar encontró el sitio ideal, entre unos árboles, junto a una colina, donde podía ver el cielo azul. >>Allí se puso a bailar y no paró, durante tres años enteros bailó y bailó. La gente que pasaba por el camino cercano y lo veía, lo observaban durante largos ratos y después contaban su historia. Se llegó a hacer famoso y pronto montó una escuela de baile allí mismo, él no se movió de su sitio pues amaba aquel paisaje. >>Cuando pasó el tiempo, la gente empezó a olvidarlo e incluso algunos lo tomaban por loco porque durante toda su vida lo único que había hecho era bailar y bailar y bailar, siempre en el mismo lugar. Al final nadie se acordó de él, sus padres habían criado a otro hijo, este había decidido tocar música y recorrer el mundo con su arte y se hizo muy famoso. >>Un día, mientras bailaba apareció un oso que le ofreció participar en su espectáculo, pero hacía tiempo que había estado pensando en lo que había hecho con su vida y en que podía hacer en los años siguientes. Le puso excusas al oso y empezó a viajar en busca de su familia, quería conocer a su hermano que no había visto nunca. >>Llevaba tanto tiempo bailando que ya no sabía usar sus alas y no pudo volar. Durante las noches no pudo continuar, tenía que parar y dormir, porque de pequeño no se había entrenado para moverse sin luz. A veces lo seguían otros animales para quitarle lo que llevara, pero nunca sabía donde estaban porque tampoco se había preparado para vivir en el silencio absoluto y ahora escuchaba demasiadas cosas. >>Después de mucho viajar siguiendo el rastro de su familia dio con ellos cerca de un pueblo en la frontera de las tierras de Fárlar.

- Padre, Madre, soy yo, vuestro hijo – dijo con lágrimas en los ojos.

- No, tú no eres nuestro hijo, nuestro hijo es músico – le respondió

su padre.

- Soy vuestro otro hijo, el que bailaba, ¿ya no me recordáis?

- ¡Claro que sí! Ahora te recuerdo, desde que salimos de la cueva no te volvimos a ver – le respondió su madre.

- Pues ahora he venido porque sois lo más importante para mí,

¿dónde está mi hermano el músico?

- Aquí estoy, estaba deseoso de conocerte hermano. Me gustaría

mucho tocar una canción para que tú la bailases. Podríamos hacernos aún más famosos.

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- No hermano, la fama no es lo que he venido a buscar, he venido en

busca de felicidad. >>Sus padres se emocionaron y lo abrazaron, desde ese entonces vivió con ellos y su hermano, dejaron lo de ser populares a un lado y comenzaron a llevar su nueva vida más sencilla, como había sido al principio y debería haber sido siempre. >>Poco tiempo después, el murciélago bailarín tuvo un hijo y regresó con él y su familia a las cuevas para que viviese como debe hacerlo un murciélago, en las cuevas, en oscuridad y silencio, sin bailes ni música, sin olores ni colores, sin paisajes ni fama, solo como un murciélago debe vivir.

- Y esta es toda la historia del murciélago bailarín.

- Debería regresar con mis padres enfermos – dijo un niño.

- Yo tendría que portarme mejor con ellos – dijo otro niño.

En poco tiempo la mayoría de los niños se dieron cuenta de que debían regresar con sus padres para ayudarlos en el día siguiente.

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CAPITULO VIII

En este momento de la noche solo quedaban tres antorchas encendidas y cinco personas junto a las mesas.

- ¿Conocéis la historia del duende y el arco iris?

- No… fua – bostezaron – cuéntanosla.

- Pero no os durmáis todavía. Escuchadla, luego podéis dormir.

>>Hace algún tiempo, en algún lugar hay una entrada al interior de la tierra a través del que se llega a una gran sala con columnas de mármol y la que hay muchas puertas, cada una lleva a un lugar distinto. Nuestra historia transcurre detrás de una de ellas. Al otro lado de una puerta, la más

pequeña, hay un camino de tierra que lleva hasta una aldea de duendes, a todos ellos les gusta mucho trabajar con el metal. Y también les encanta el oro.

>>El maestro de la forja no podía vivir sin que cada día ganase por lo menos cinco monedas de oro trabajando con el metal. >>Un día le pedían que hiciese cinco llaves para puertas, otro día le pedían cubos de metal, al siguiente cubiertos, todos los días recibía un

encargo diferente, pero hubo uno bastante especial, un troll que vivía detrás de una de las otras puertas le pidió que hiciera a un hombrecillo de metal. Estuvo trabajando en él todos los días de una semana hasta que el más pequeño detalle quedó perfecto.

- Muchas gracias duende, este hombrecito de metal me será muy útil.

- ¿Para qué lo quieres? – preguntó el duende.

- Con ayuda de un hada le daré vida y me hará compañía.

- ¿Y no sería mejor que lo hubieses hecho de madera? Tengo

entendido que un artesano hizo uno que al final se hizo de verdad.

- Eso son solo cuentos, yo quiero uno de metal para que sea más

resistente y no se haga daño fácilmente, y si le ocurre algo tú podrás

arreglarlo.

- Pero solo si me pagas por ello. Yo no lo arreglaré si no es

pagándome. >>El troll se fue muy contento con su hombrecito de metal. El duende siguió trabajando y ganando oro. En poco tiempo lleno un caldero

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más grande que él. El oro lo era todo para él, y un día que no tenía trabajo, por suerte apareció el troll con su hombrecillo de metal.

- ¿Qué le pasa al hombrecillo?

- Me ha abollado este lado – le respondió el hombrecito.

- ¡Esto es imposible, vive!

- Ya te lo había dicho, las hadas hacen posible cualquier cosa, ahora

arréglalo y te daré oro. >>El duende entusiasmado pensando en el oro que recibiría a cambio se puso a trabajar tan rápido como pudo, y en unas horas ya había acabado de repararlo. De nuevo el troll se fue a su casa detrás de la puerta. >>Dos días más tarde regresó para que reparara a su hombrecito, a la semana siguiente también volvió, y a la siguiente, estuvo yendo todas las

semanas durante dos meses hasta que el duende tuvo tanta curiosidad que le preguntó por qué se estropeaba tanto.

- Eso no te importa – le respondió el troll, después se fue a dar un paseo mientras reparaba a su hombrecito de metal.

- ¿Y tú me lo puedes decir? – preguntó al hombrecito de metal.

- Pero solo si no le dices que te lo he contado.

- De acuerdo.

- El troll quiere robar todo vuestro oro y me está usando a mí para

excavar un agujero en la pared que une su casa con el almacén donde guardáis el oro. >>La realidad enfadó al duende que terminó su trabajo y le exigió el triple de oro, el troll no se quejó porque pensaba que lo iba a recuperar. >>El duende muy astuto hizo a su propio hombrecito de metal y le dio vida con la ayuda de un hada de la superficie. Excavó un agujero en la pared contraria y llevó allí todo el oro, le pidió ayuda a los carpinteros y juntos hicieron un gran arco de madera que iba del antiguo almacén al nuevo pasando por encima de todo el pueblo. Lo pintaron de muchos colores para que se viera bien y colocaron un cartel en el antiguo almacén

donde ponía que para llegar al oro tenía que pasar por el arco iris. >>Todo estaba preparado a la espera de que el troll terminase su agujero. Dos días más tarde, cuando era de noche el troll lo terminó y pasó al otro lado, al pueblo de los duendes, vio el cartel y empezó a caminar por encima del arco iris de madera. En cuanto los duendes lo vieron corrieron apresuradamente a donde estaba su oro para defenderlo.

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>>Aunque corrieron mucho, el troll llegó antes que ellos, pero junto al oro estaba sentado el maestro de la forja con su hombrecito de metal. Consiguieron echarlo fuera antes de que se llevase nada, después de aquello cerraron el agujero y taparon la entrada al exterior. Los enanos que eran mineros con ayuda de los duendes empezaron a excavar una nueva entrada por otro sitio para que el troll no la encontrase y así nunca más volviese. >>Cuando todo volvió a la normalidad, después de que los dos hombrecitos de metal ayudasen a excavar, comprendieron que eran hermanos y empezaron a trabajar en la forja con su padre el maestro. - Y esta es toda la historia del duende y el arco iris. Cuando el bardo terminó de contar su historia los aldeanos que había se fueron a dormir. En las mesas solo quedó una muchacha que quería seguir escuchando las historias y no parecía tener nada de sueño.

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CAPITULO IX

- ¿Te vas a quedar? – preguntó a la muchacha.

- No me iré hasta que no termines tus historias.

- Entonces te contaré otra más, porque al amanecer me iré, y ya solo

quedan unos minutos.

- Que sea entonces la última.

- Está bien – respondió – ¿Conoces la historia del pintor de cuadros?

- No, cuéntamela.

- Bien, pues dice así.

>>En una pequeña aldea de muy lejos nació hace mucho tiempo un niño que todo lo que hacía se le daba bien, era muy habilidoso y aprendía muy rápido. >>Se pasó muchos años estudiando todo lo que tenía frente a él y lo que lo rodeaba, practicó música y pintura, danza y escritura, todas las artes existentes, pero la que mejor se le daba y la que más le gustaba era sin duda

alguna la pintura. >>Cuando se hizo más mayor, un grupo de magos le ofreció ir con ellos a viajar por el mundo desconocido y aprender todo tipo de magia. Aceptó sin dudarlo, pero cuando ya no quedaba más mundo por conocer y ya sabía más conjuros que todos los magos, regresó a su pueblo y volvió a coger los lienzos de pintor y los pinceles. >>Se pasó meses pintando todos los sitios en los que había estado, eran infinidad de paisajes y ciudades. Cuando los terminaba, algunos parecían cobrar vida, como si las cosas se movieran, y algunos decían que de noche, en los cuadros oscurecía, pero era difícil de asegurar porque de noche no hay mucha luz. >>Un hombre muy rico que pasaba por el pueblo se enamoró de los cuadros y los compró todos. A la semana siguiente regresó al pueblo para hablar con el pintor.

- ¿Qué has hecho en tus cuadros para que sean tan maravillosos?

- Nada, solo pinto lo que veo y lo que he visto.

- No hablo de lo bellos que son, hablo de por qué se mueven las

personas, de por qué las cosas cambian, de por qué oscurece y amanece. Dímelo, ¿por qué?

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- Eso podría ser por la pintura que uso.

- ¿Qué clase de pintura es? Te compraré toda la que quieras si sigues

pintando estos cuadros. - Bueno, es pintura que compré en una ciudad en el oriente más lejano. No podrás comprarla, pero si me compras lo que necesito intentaré hacerla yo mismo. >>El hombre rico le compró un montón de cosas, cubos de madera, aceites, ancas de rana, flores variadas, miel de abeja negra, perfumes del oriente… Había de todo. El pintor se encerró en una habitación con todo lo que le había llevado el rico. Empezó a mezclar cosas y desde fuera de la habitación se le escuchó recitar conjuros. En pocos minutos hubo una explosión y el pintor salió andando con un cubo lleno de pintura de todos

los colores.

- Ya tengo la pintura, ahora tengo que probarla.

- Pinta este pueblo para que veamos que funciona – sugirió el rico.

>>Dibujó en el lienzo, y después rellenó con la pintura, que cada vez que pasaba el pincel por el dibujo, cambiaba de color para ser igual que los

objetos de verdad. Cuando acabó, salió un destello del cuadro y la gente empezó a moverse de la misma manera en el cuadro que en la vida real, como si fuese un espejo. >>Todos se pusieron muy contentos, porque cada día pintaba algo nuevo, y los aldeanos podían disfrutar de esos paisajes y ciudades como si estuviesen en ellos. Algunos incluso pasaban horas mirando a través de ellos.

>>Desgraciadamente, al pintor se le habían acabado los sitios en los que había estado, así que tuvo que pintar cosas que había a su alrededor, empezó a pintar retratos con los fondos que querían las personas. Pero cada día que pasaba, la gente que retrataba desaparecía, pero en el cuadro seguían moviéndose. >>Al final, toda la gente del pueblo desapareció hasta que solo quedó él. Se le ocurrió que tal vez hubiese mandado con la pintura mágica a las personas al lugar que había pintado. Entonces se pintó a si mismo en un pueblo, en el pueblo que siempre había soñado, con todo lo que siempre quiso tener donde el vivía. Cuando dio la última pincelada y el cuadro brilló, apareció en ese sitio. En ese momento empezó a dibujar un gigantesco mapa del mundo con el que siempre había soñado y dibujó y punto diminuto que

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era el pueblo donde estaba, después en otro, pintó todas las personas que quiso, aunque no existieran, pintó grandes castillos en diferentes sitios, en grandes colinas o en profundos valles, lugares con ruinas, lagos, ríos… todo un mundo fue lo que pintó. En el mapa añadió islas e hizo cuadros de las islas. Pintó grandes animales, y animales que andaban sobre dos patas, animales que hablaban y vestían como personas. Pintó un mundo completamente nuevo, el mundo que siempre había deseado. >>Cuando hubo terminado ese gran cuadro, el que era un enorme mapa, dibujo un pequeño pedazo de tierra en una esquina, allí puso una puerta y escribió: hacia el mundo real. Después, en otra esquina escribió el lugar en el que estaba todo aquello, era más allá de las nubes. >>Después de eso comenzó a viajar por ese mundo nuevo que había creado, un mundo infinito y lleno de sorpresas, lleno de aventuras y misterios, con todas las cosas que cualquiera hubiese querido. - Espero que te haya gustado esta historia – dijo el bardo –, pero ahora ya ha amanecido y me tengo que ir.

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CAPITULO X

- No te vayas, aun no es de día. El sol todavía está detrás de las

montañas – le dijo ella al bardo.

- Eso es cierto, pero tengo que irme.

- Aún te da tiempo a contarme una última historia, mientras el sol

sale por detrás de las montañas.

- Está bien, la historia que te contaré ahora va a ser la más fantástica,

una historia que seguramente no creerás pero es cierta. >>La historia del pintor de cuadros no es para nada falsa, sino que es el principio de todo. Ese pintor existió de verdad y tardó muchísimos años en aprender la magia que utilizó en el cuadro que hacía real cualquier

cosa. Como sabes creó un mundo entero, un mundo más allá de las nubes. El mundo menos allá de las nubes es el llamado mundo real y el del que pintor vino. >>El hombre azul de seis brazos que viajaba en una alfombra

voladora en busca de misterios y aventuras no fue capaz de llegar al lugar al que quería ir, porque en realidad estaba en él. Nosotros estamos viviendo en ese mismo mundo, más allá de las nubes. Eso el sauce sabio no lo sabía. >>Por cierto, todas las historias que he contado son de verdad, todos los personajes son reales. Yo me he cruzado con todos ellos y he hablado con ellos.

- ¿Sabes por qué he llegado a esta aldea? – preguntó el bardo.

- No lo se – le respondió.

- Cuando caminaba por este mundo tan fantástico y lleno aventuras,

este mundo tan maravilloso, un día descansé bajo la sombra del sauce sabio,

cuando vi quién era le pregunté algo que me importaba mucho ¿Sabes qué le pregunté?

- No lo se.

- ¿Dónde está mi amada? Y me respondió que en mis viajes la

encontraría, si me quedaba toda la noche en cada pueblo, la chica que se

quedase conmigo hasta el amanecer sería mi amada.

- Yo me he quedado contigo hasta el amanecer.

- Así es, eso significa que eres mi amada.

- Pero, ¿cómo puedes estar seguro? – quiso saber ella.

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- Lo se, porque hace muchos años yo te retraté. En uno de mis lienzos te dibujé, y con mis pinturas mágicas te pinté. Te dibujé en un lugar que no sabía donde estaba, y desde ese momento empecé a buscarte por todo este mundo tan maravilloso. La muchacha conversó con él y finalmente se convenció de que el bardo no era sino el pintor de cuadros y que realmente estaban en un lugar más allá de las nubes. Los dos empezaron a viajar por todo el mundo para que ella viera las mismas maravillas. El bardo la llevó a ver al murciélago bailarín y a su familia.

- Es fabuloso – dijo ella al verlo. El murciélago bailó para ella mientras su mujer e hijos se maravillaban con sus vueltas y giros, con su ritmo y movimiento. Después de verlo siguieron viajando, se dirigieron al reino de las marmotas gigantes, y en un palacio de oro y plata visitaron al gran rey azul de seis brazos de las marmotas, estuvieron con él y escucharon sus aventuras. Varios días más tarde fueron al circo del oso bailarín malabarista. Disfrutaron del espectáculo y continuaron. Llegaron a Parm y visitaron al granjero y a sus hijos. También navegaron hacia la isla de los gatos y cenaron con el cónsul Bigotes, cuando volvieron a tierra pudieron observar de lejos el gran barco del perro corsario. Siguieron viajando y pasaron junto a una casa en la que había un caballero, una dama y un dragón. Y finalmente fueron a las profundidades de la tierra y llegaron a la sala con muchas puertas, atravesaron la más pequeña y vieron a los duendes y el arco iris de madera, también estaban allí los dos hombrecitos de metal. Después de mucho viajar y vivir muchas aventuras juntos, el bardo y la muchacha se enamoraron y fueron al lugar donde había crecido el sauce sabio, ahora ya era muy viejo y tenía muchas arrugas, pero seguía siendo igual de inteligente. Siguiendo con la tradición, el bardo y la muchacha organizaron una gran fiesta de bodas junto al gran sauce porque gracias a él se habían encontrado, invitaron a todas las personas y animales y otras cosas… de manera que todos los de más allá de las nubes estuvieron presentes y así llegaron a conocer la historia del pintor de cuadros y también conocieron la verdadera identidad del bardo.

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Después de casarse, el pintor llevó a la muchacha al mundo menos allá de las nubes, atravesaron la puerta y llegaron a un mundo perfectamente normal. En ese lugar taaan normal vivieron felices para siempre mientras que en el mundo de más allá de las nubes todos siguieron con sus vidas llenas de aventuras y fantasía contando las historias que había habido y las que habría.

CDECDECDECDE

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