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1 f EL PAN .DEL PUEBLO OFRENDA. Á S. M. LA REINA DE ESPANA POR ANTONIO
1 f EL PAN .DEL PUEBLO OFRENDA. Á S. M. LA REINA DE ESPANA POR ANTONIO
1 f EL PAN .DEL PUEBLO OFRENDA. Á S. M. LA REINA DE ESPANA POR ANTONIO

EL

PAN .DEL PUEBLO

OFRENDA. Á S. M. LA REINA DE ESPANA

POR

ANTONIO VINAJERAS.

Á S. M. LA REINA DE ESPANA POR ANTONIO VINAJERAS. MADRID. ESTABLECI:MIENTO TI POGRAFICO DE T.

MADRID.

ESTABLECI:MIENTO TI POGRAFICO DE T.

calle de la Libertad, núm. 29

FORTANET

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0

1866.

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MADRID. ESTABLECI:MIENTO TI POGRAFICO DE T. calle de la Libertad, núm. 29 FORTANET ~ 0 1866.

EL PAN DEL PUEBLO.

EL PAN DEL PUEBLO. \ ' '
EL PAN DEL PUEBLO. \ ' '

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EL PAN DEL PUEBLO OFRENDA Á S. M. LA REINA DE ESP!NA POR ANTONIO VINAJERAS.

EL

PAN DEL PUEBLO

OFRENDA Á S. M. LA REINA DE ESP!NA

POR

ANTONIO VINAJERAS.

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LA REINA DE ESP!NA POR ANTONIO VINAJERAS. ' 1 l 1 ·; MADRID. ESTABL ECIMIEI'\TO Tli'OCIIAPICO

MADRID.

ESTABL ECIMIEI'\TO Tli'OCIIAPICO DE T.

FORTA I'\ET

e311e de la Libcrlall, nüm . ~

1866.

l 1 ·; MADRID. ESTABL ECIMIEI'\TO Tli'OCIIAPICO DE T. FORTA I'\ET e311e de la Libcrlall, nüm
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S. M. LA REINA .

SEÑORA:

Cuando despnes de tres años en que no babia tenido

la alta honra de oir la augusta palabra de V. M., flti- mos al régio alcázar, mi amigo el conde de Yltmurí y yo, ambos de luto, por~ue cada uno lloraba la muerte

de su padre, V . M. se dignó decit·me:

- « ¿Por qué no escribes'? »

Tuve la .honra de contestar V. M. que tenía el co- rnzon lleno de lágrimas por haber perdido á mi padre del alma.

V. M . res-

ponde la humilde ofrenda de esta obrita, que pongo con respeto :í. los R. P. ele mi Soberana. V . M. la ins- piró, y buena ó mala, me complazco en debérsela in- telectualmente á quien es reina y madre de los es- pañoles. Dios y la Nacion, señora, protegerán siempre á V. 1\f. porque Dios sabe que Isabel II tiene un alma llena de gener osidad y elevacion, y porque la Nacion española comprende, que si hay males que deplorar, no son la consecuencia de una individualidad dada, sino de un siglo de t.ransicion, como han llamado al siglo x1x los grandes hombres de su literatura. V. M . que sabe ins- pirar á los poetas, ha sabido tambien inspirar amor á sus pueblos.

A la pregunta llena de benevolencia de

SEÑORA:

A L . R. P. de V. M.

ha sabido tambien inspirar amor á sus pueblos. A la pregunta llena de benevolencia de SEÑORA:
ha sabido tambien inspirar amor á sus pueblos. A la pregunta llena de benevolencia de SEÑORA:

EL PAN DEL PUEBLO.

J.

sin limites :

el gé rmen de cuanto deado de oscuri dad;

teza, la inercia, imperaban allí, como imperan la

al

melan colía y la duda, en las almas que vi enen mundo desgraciadas.

Rei na ban las lini eblas en el espacio

es y ha sido, se hallaba ro- y el silencio , el fr·io, la tris-

Y en

cada átomo, en cada fragm ento de tinie-

bla, había una parle de vida: palpitaba la natura- leza. Ningun pié human o, ni di vino , ni el ala del

ge ni o del hombre, babian surcado

angel, ni el

jamás aquella atmósfera inmensa.

human o, ni di vino , ni el ala del ge ni o del hombre, babian

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Por toda s partes veíanse g rand es abismos: los

grupos de tini eblas no flotaban al azar; gravita- ban hácia un ce ntro, como gravita el alma hácia la fatalid?d.

Hu biérase dicho que el soplo ve r tiginoso de

millares de ge neraciones, había ag rupado sin ar- bitrio aquellas masas informes, cuna del mundo, semejantes á hipogeos giga ntescos . Jamás penetró allí la luz: jamás se esparció el sonido.

¡Se había n es tancado las fuerzas todas de la na- turaleza por falla de movimiento, bien como un rio, cuando su fondo es enteramente plano, y no rizan sus olas las alas perfumadas de los céfiros!

lo expl ica, ningu na ciencia lo pe-

netra, nadi e te dirá ¡oh pueblo! cómo el es píritu

de Dios apa r eció en aquellas soledades. Él reunió en un foco toda la electricidad allí dispersa, y desd e enlónces el sol nace y se pone, para alum-

sociedades á qui enes destruye el veneno

lento , pe1·o segu ro, de las creencias hipócritas.

brar

' ingun libro

Y la mano de Dios imprimió el órdeo en todo;

, pe1·o segu ro, de las creencias hipócritas. brar ' ingun libro Y la mano de

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y se vali ó de la na tural eza, que es un gran sis-

tema de

fu erza s, y sobre és tas difundi ó con un

soplo el

espíritu: desde entó nces r eina la duda

entre los hombres, y reina por instinto la idea de la salvacion del alma . De spu cs qu e lo cr eyó todo di g no de su mis er i- cordia, des pues que vió con amor al homb re y á la muj er , á la fuerza y á la debilidad , voló en- vuelto en un piélago de luz de va1·ios colores á otros g rand es es pacios, y en ellos dos genios se iluminaron de repent e, y Dios les dijo:

lucha, que durara

mientras dure lo creado: cua nto es y ha de ser, cr ecerá ó desaparece rá de la sobre-haz de la tie rr a p o r v uest r o influ jo . Ab a rc a r eis lo~ limites del horizonte. Hijos de una misma madre, abra- zaos por la última vez.»

Entón ces se oye ron cantos divinos qu e las li- ras órficas no pudiet·an aco mpañar: parec ía qu e to do se desp lomaba ó se hundía: que se es treme- cía la inmens idad. ¡Y aquellos genios , vertiendo lágrimas de ter-

"Vosotros establece reis la

que se es treme- cía la inmens idad. ¡Y aquellos genios , vertiendo lágrimas de ter-

tO

nura, se abrazaron delante de Dios, labios , y por pr imera vez resonó un

Ambos ángeles eran en un todo iguales: sus alas tan bl ancas co mo la primera lágrima lfUe humedeció las mejillas de rosa de Eva: sus ojos

sembraban en el horizonte una multitud de ar- cos-i r is: la sonrisa com un parecía e l pri mer mo- vimiento de amo1· de la nat ural eza!

retumbó de horizonte en hori- pa1·a siemp r e.

Y uno de los ángeles conservó intacta su divina

fisonomía: el otro se vió trasfo rmado de repente:

Un tru eno que zonte, los se paró

uni eron sus beso!

su somisa, ántes tan pura, reveló sarcasmo: sus ojos, ántes tan llenos de inocencia y de candor, derramaron rayos de ira: sus alas tnu blancas y

los mares

ligeras, dejaro n ver el color negro de sin fondo.

~

El uno mostraba en su ma no un cáliz de or o. El ot r o, cadenas de pedernal con es labones de diamante.

de sin fondo. ~ El uno mostraba en su ma no un cáliz de or o.

u

Y e l Seiior'- Di os les dijo: u Vu estro es lo c r (>a-

do: allí es tá. "

Y su dedo despidió un re lám pago: y ascendió

el Altísimo en uu triángulo de luz de oro, y se

ocultó par·a siemp re, dejando en todas partes su

espíritu.

Y aq nellos ángeles se mi1·aron con desd en in-

contrastable, y la Ignorancia dijo á la Sabiduría:

« Yo nsonta 1· é mi 11· ono e n l as tini e blas: comba-

cubriré con

mi planta tus obras y al mundo con es tas cade-

nas, para impedir toJo movimiento que impri- rev esti ré las formas del sentimiento y de la

mas:

idea: las del place1·, de la fnerza, de la preva ri ca-

cion, de

la duda, de la hipocr esía; y una vez des-

truido lo creado, caerás en el abismo, sujeto por

estas cadenas, ménos firmes que mi sobe r bia

~ tiré la luz, po rque su b•·illo me daña:

en el abismo, sujeto por estas cadenas, ménos firmes que mi sobe r bia ~ tiré

Y

la abiduria exclamó: · Cuando esparzas el

mal ,

prodigaré el bien: cuando humilles á la hu-

manidad, la edificaré: tú aniquila rás las obras de los siglos, y yo las r eedificaré con pacien cia in- vencible: y cuando pl egue á Dios reducir á polvo

sus monumcn tos, te pondré sobre mis alas y le arrojal'é á sus piés . »

Y la Ignorancia se embozó en un manto de ti-

nieblas densisimas.

Y la Sabiduría, semejante á una aurora boreal,

centelleaba en los espacios .

Y ambos á dos, por diferente camino, se diri-

g ieron hácia el planeta, donde nadie se apiada de

tus lágrimas ¡oh pueb lo!

á dos, por diferente camino, se diri- g ieron hácia el planeta, donde nadie se apiada

11.

Antes qu e lance

el

volean mar es de lava, y

tiemble

la tierra, y

se

entreabra , el aire se enra··

rece , el

horizonte se enluta, la natural eza toda se

entri stece, la mar oscila, los r ios se precipitan,

los pajarillos y las águil as caen sobre los montes

y

los valles con

las alas plegadas .

Una columna de humo enneg1·ece la atmósfera:

tr

eme la tierra, ru ge el mar, la gran batería de la

naturaleza r etumba, llamas gigan tescas salvan el cráter candente , el hierro líquido ru eda ent re

olas de azufr e , y el hombre, sea cualquiera su

tescas salvan el cráter candente , el hierro líquido ru eda ent re olas de azufr

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potle i', se ve susp enso en el va cío , como lo está

la

fragi l barca en qu e navega la hum an idad.

la

Ya los acentos proféticos de Jsai as y d e David, zozobra de las sociedades antiguas, el terri ble

escarmiento del diluvio, la g rand eza y decade n- cia de las nac iones gentiles, babian precedido al nacimiento del hijo de Dios.

Y vino á la tierra cer cado de una aur eola de

giOJ·ia,

esce na

y los ángeles

ca ntaron su aparicion en

la

del mundo.

Y

~l a ría,

la

más h e rmo s a don ce ll a hebrea,

le

son i·ió con

la

in efable dulzura de una mach·e, y

besar on sus turbantes en niñ o fijaba sus miradas,

mientras la natu raleza r espla nd ecía en s us pupi- las co n lo.s encantos de la vi rg inidad. Al gun tiempo despu es, aqu e l nilio se diri g ió á lodos los pueblos de la ti erra, y predicó la fraLer- llidad, la misericordia, el amor puro; y aunqne príncipe del univ e r so , puesto que Di os lo inspi -

raba, no rel ucía en su manto ningun zafi ro, ni

t1·es magos de Oriente prenda de amor, y el

puesto que Di os lo inspi - raba, no rel ucía en su manto ningun zafi

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ostentaba en su cuello la imáge n de su excelso padre, guarnecida de pi ed ras pr eciosas .

¡Llevaba la cruz! este grao sím bolo del equili-

brio de las almas, de los desvalidos .

y de la santidad del derec ho

verdad, un pueblo fanático le

claYó en nna cr·uz, y alli, en medio de las ca r ca-

jadas y de los insultos de una plebe feroz, su es- píritu voló al St>ñor, y se colocó á su derecha.

Y la sangre que cayó de sus heridas fué la se-

milla de la mayor idea que ha ocupado los ámbi- tos del mundo.

Quedó el cristianismo sembrado en el campo de las generac iones.

Y esta idea fu é el más vasto circo abierto hasta

en tónces, á la lucha de los dos ángeles que se di eron, delante de Dios, el último beso.

Y fué l.ambien la más g rande y digna batalla

que recuerda la historia del Jinagc humano: laSa- biduría quedó dueria del campo, y la hurnauidad se arrodilló ante la Cl'UZ, penetrada de fervcr y duelo.

Y porqu e dijo la

dueria del campo, y la hurnauidad se arrodilló ante la Cl'UZ, penetrada de fervcr y duelo.

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Y los templos abrieron sus puertas, y las cam-

panas del orbe cristiano espacia ron sus sonidos,

que se difundi eron por lodos los ángulos del cielo.

Y Roma, que babia visto pasar las legiones de

César presenciando la idolatría de los gentiles, Roma vi ó elevada la figu ra impon ente de una re- ligion que engrandece y consuela.

Y la Sabidu ría condenó á la barbarie á que no

turbara en ningun tiempo la paz de la civilizacion.

¡Y la barbarie no vol verá nunca!

Ynada sería comparable , ningun ruido for-

mado con cuanto existe de más agreste y salvaje, pudiera imitar el estridente gri to de la Ignoran- cia, que ayudada de la fuerza, había guiado las

legiones

de los Pclasgos, Teuton es, uevos, Go-

dos, Cimbros, Hun os y Galos, poniendo frcP.le hombres como Atila ó como César.

á su

La

Igno rancia había empleado la fuerza

gro -

sera, y empuñaba el hacha de Alarico ó la clava de hierro.

La

Sabiduría enarbolaba la cruz.

Y

la Ig noran cia abarcó grande espacio, y el

Ori ente la prome tió su apoyo.

Y la Sabiduría

asaltó sus conquistas, derrocó á

la media luna, y se elevó triunfante.

ente la prome tió su apoyo. Y la Sabiduría asaltó sus conquistas, derrocó á la media
t7 Regocijate ¡oh pueblo! tú que naces entre ha- rapos; Lti que duermes sob re

t7

Regocijate ¡oh pueblo! que naces entre ha-

rapos;

Lti

que duermes sob re la paja donde halla

abrigo

el

insecto .

Que

Crist0 nació en un estab lo.

Regocijate ¡oh pueblo! que tienes las manos

el pan

con el sudo r de tn frent e. Qu e el pad re del Red entor las tenia como tú, y como alim entaba á su es posa.

y tus cantos ascien-

incienso , y org ull oso

de tu ol'igc n , que te parez can lodo amasado co n

dan al ciclo e ntre nu bes de

enca ll ecidas pot· el tra bajo: tú que ga nas

¡Rcgocijate! ¡Regocija tc!

la

Yergíienza

, las pi ed ras preciosas de qui enes

te

insulta n.

¡Ama á los que te sirv en de leng uas de or o! á

á

los qu e sepa ran los ojos del mundo y rnir:m

trav és de la etern idad

Tu s lilg r imas son las qo e Di os r ecoge , pu es e l

pu eblo co rn pre ndió los es fu erzos de su amado Hijo.

·'

2

s lilg r imas son las qo e Di os r ecoge , pu es e

t8

El hijo d e Di os le hizo combatir y Lr·iunfar:

porque eres el fu er·te , y la ma r envidi a tu po-

desde la cima d e tu

de r cua ndo Le pr eci pitas cólera.

¡Tu bendic ion regener a!

Tu maldicion abrasa!

Y tú su fres co n paciencia sublime como Cristo,

y parles furioso cuando abusan de li, como parle el leo n cuando se ve solicitado y her ido.

Y tus antepasados acompañaron á Moisés; y

Moisés los guió por desiertos inm ensos , y au·:we-

sa ron ri os á pi é eujuto . Ellos propagaron la palabra divina.

fraternidad' que no el de la

sobe rbia , se <:uhri ó de tlores encarn adas, y sus

per-fumes emba lsamaron la tierra. ¡Regocijate , y bendice á Dios que te busca sie mpre, para cum pli r sus misteriosos designios!

y

el

arb ol de la

¡Ah! pe r o cuú nt o pu g na la r oea r Ltr inc r· ca do pr es li g io ,

Ignorancia, por· de r- y prostituirte, co mo

pe r o cuú nt o pu g na la r oea r Ltr inc r·

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el hombre de mala re, que anhela envil ece r á la mujer despreciadora de su brutal apetito!

¡Y cuán justo es tu dolor al ver· los temp los t'e-

camados en oro, y al ve r confund idos con la va-

nidad munda na, los se ntimientos de humildad y verdadera g randeza, de aquel que espiró por los hombres, en la cumbr e del Gólgota!

Un monarca declaró gue rra injusta á un a na- cioo, y atropellando la lib ertad, triunfo, pl an tando s us banderas ensangrentadas, en las torres de la ciudad vencida.

 

Y

volvió á su capital co n ping üe botín, atado

á

su

car·ro , el pu ebl o herói co defenso r

de

s u

patria. Antes de e ntr·a r· e n su palacio, puso la

sacrilega en el templo , y los bronces de la cate-

dral se agitaron con es tr·épito

Y se celeb ró un Te Deum , y voces an gélicas

decian:

planta

¡Domine salvwn fact imperatqrem noslrum!

Y en ti hubo sob rada vir tud, en ti suficiente abnegacion, para ver á la religion cristiana con-

imperatqrem noslrum! Y en ti hubo sob rada vir tud, en ti suficiente abnegacion, para ver

~o

sagrando involuntariamente el crimen y para no arran car al cru el monarca su diadema de perlas

y arr ojarla á los piés

de la ciudad vencida.

cadalso, al cual subía entr e

bayonetas un hombre. Su cri me n fué decir: • ¡Muera la tiranía; vi va

el derecho de los hombres libres! " Ese hombre había nacido en el pueblo , y el jefe de otra nacion de sesenta millon es de almas, le hacia expiar su delito, ¡que era el delito del ni-

Y \'iste otro día un

velado•·

de las ge nera ciones !

Y se oyet·on tres campanadas .

Y un redoble de tambores que abogó la voz ue la víctima.

Y hubo silbidos y aplausos.

¡Y la bárbara pena capital le salpicó la frente, co n la sang re de tn hermano : con la sangre del

reo!

Maldicelos ¡oh pueblo! maldícelos.

capital le salpicó la frente, co n la sang re de tn hermano : con la

111 .

El sol ap arece por Or·ieote, precedido de una luz suave parecida á la luz (¡ue despiden los ojos

asciende e l ~si ro, y va alegr·ando

la naturaleza: la mar· lo mi ra, el úguila lo can ta en

los espacios , y el pececillo

hasta la superficie de la ola, lo saluda y se oculla:

lns ciudades des pic•·tnn, e l amo!' ríe, y el monarca

s ube desde el fond o

d e la inocencia:

ele

los cielos ll ega al ce nit: allí la lnz es

oro: bri-

lla

el sol entre dos g rand es hemisferios

de fuego

vivisimo, como broche ele diamante que reu no los pliegues del inn1enso manto azul suspe ndid o so bre la tierra: desciende el astro, y va la natu- raleza perdi endo su alegría; entra el sol en vcaso,

y busca el pájaro el nido , el lcon la gruta, el

y va la natu- raleza perdi endo su alegría; entra el sol en vcaso, y busca

~:!

amar la noche, y el hombre el sueilo, que es imagen de la mue rte.

sol, un cenit de

prosper·idad: lnego descienden , y entran en un

ocaso donde toda luz se ¿Qui ón más poderosa

r11undo , cuya fren te ciii.ó tantas coronas, cuyo suelo produjo tantos hombres que sirven de faros ft la historia

Y Roma ligura hoy en el cuadro de los venci-

dos! Roma, la humilladora de los Cimbros: Roma, el ter ror de los fero ces Galos.

Así las nacion es tienen como el

ext ing ue. que Roma, la ser)ora de l

~

Porque todo cae, todo se desvanece, todo tiene

un di a

de

ruido, y una eternidad de

sile ncio .

Y

el

árbo l, cubie rto de flores, que

levantaba su

frente con org ullo, al ni vida, si r·vc de asilo

fin se enco rva, y sin flores á insectos inmundos

Y el corazon ric o de entusiasmo y de fuerza,

se siente desfallecer grado

~ grado ,

y

cae al

á insectos inmundos Y el corazon ric o de entusiasmo y de fuerza, se siente desfallecer

fondo del egoísmo y la debilidad, como el p,lomo en el agu a.

sus ojos en lá-

¡Oh! ¡quién no sien te bañados

derrota d e la múg ica

pa labra ¡t1·iun{o! El alma es la qu e triunfa: e l pe nsami e nto tam - bi cn: esa alma negada por Césm·; ese pensami ent o orige n de las disp utas de Jos siglos .

g ri ma s , al conce bir

la g r an

¿no alcanzaste tu dia derr amados en el es -

de apogeo, como esos so les

pacio

Tú fui ste aq uella nacion de valientes, aso mbro del guerrero fenicio: tú la patr ia de Viriato : tú qui en qu eb ró las aJas al ág ui la de la ca pital del mu nd o: tú la qu e holló el turban te de los sectarios de Mahoma. Tú qui en besó la man o á la conquistadon1 de Granad a; quien amparó á Colon; quien conq ui s tó

á Méj ico; qu ien de1Tibó los ídolos del vasto im-

perio peruan o;

giosa de Cúl'los V, y vió la frente nub lada de itleas de Felip e; quien venció en Lepanto, g ui ada po1·

Y tti , ge nerosa España ,

?

qui en presenci ó la marcha prodi-

de Felip e; quien venció en Lepanto, g ui ada po1· Y tti , ge nerosa

t4

un héroe malograd o; la nacion, eo suma, que di- lataba su dominio, aterrando por su indepen- dencia y por su fuerza.

creían envi lecida, hundi ste en una la revolu cio n franc esa, al Mario de

la patria de Luis Xl; qne tú fui ste la grand e, la

valiente, la magnánima.

roca al hij o de

Y cuando te

Tal fu é tu espada, aquella espada que resp lan- dec ió en Co va donga, que espantó en Gravel inas, que admiró en Albuera. «¡Despertad, l1ijos de España! ¡despertad! ¡Ade lant e! la caiJalleria, vu es tra antigua divinidad, es qui en os llama; no ostenta ya, como en otros días, una lanza roj a de sa ngre, ni el penacho de purpura flota entre las nubes : aho1·a vu ela sobre el hum o de las detonacion es inflamada s, y ru ge como un trueno, por la voz de las gargantas de bronce: á cada es tampid o os grita : • ¡des pertad! ¡levan taos! • Decid: ¿s u voz es mas débil de lo qu e fué há tiempo , cuando su clamor de g uerra r esonaba en las costas de la Andalucía?

-

u voz es mas débil de lo qu e fué há tiempo , cuando su clamor

•¡Oh Albuera! ¡campo de gloria y de luto! en el momento en qu e nu estro pe regrino lanzaba su caballo por la llanura, ¡qu¡éo podia prever que fueras tan pronto el teat ro do tantos enemigos

llega rían á tri unfar ya morir! ¡Paz

tos! ¡puedan la palma guerrera y el llanto de Jos vencedores, ser por largo tiempo su recompensa! Hasta que otros guerreros sucumban guiados há-

cia ot r os lugares por distintos j e fes , Lu

¡Albuera! reunirá en círculos la mullitud maravi- llada, y los cantos del pueblo Le concede•·án una glorin fugitiva., Así habló By•·on de tí: la musa antigua no hu- biera hnllndo acentos más sul.Jl imes, ni pecho hu- mano habria simpatizado más con el tuyo, que el de aquel grande hombre, tiltimo acento de liber- tad que resonó en Gr ecia.

a los muer-

nomb•·e

Pero los laureles de la guer•·a no son tus úni- cos títul os de gloria: patl'ia de g randes ideas y de

Pero los laureles de la guer•·a no son tus úni- cos títul os de gloria: patl'ia

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eminentes pensadores, tú viste nacer á Quinti- lia no, á Marcial, á Séneca, á Lucano, este insign e poeta muerto á los 27 arios.

Tti qu ien oyó la voz Er cilla, de Herr er a, do

su fu ego divino á Garcilaso; quien vivió en las

vast as ideas de Cis neros : quien sir ve d e pedes tal al nomb r e impe r·eced er o de Ce r vantes.

¿No fui ste de Cald eron

en un libro el catá logo de tus g lorias, los br es d e tu s ilustr es a1·tista s como Morillo y

ra, los de tus fi lósofos, h isto r iadores y políticos?

A tí misma ¡oh Es pañ a! te pa rece hoy fábu la esta suma de recuerdos; ¿por qué? porqu e tu fe ha decaído, porque tu pueblo duda, porqu e re has extraviad o en el mar proceloso de la incerti- dumbre.

de Granada, de Lcon, de f\ioja: tú quien com un icó

la inspirad ora de Lope, la musa

y de Moreto y de Qu ev edo? ¿Ca brían

nom- Ri ve -

¡Ah! cuando carece un país de unidad, no mu y

es tado

de g ran decade ncia. Tu fe, que en otros tiempos era tu sagrad a égida, se ha debi litado: tu pu e-

léjos es tá su ruina . Todo en ti revela un

que en otros tiempos era tu sagrad a égida, se ha debi litado: tu pu e-

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blo, ántcs tan lozano y tan créd ulo, es hoy en- fermizo y escrptico: semeja nte á un bajel que

abandona el puerto, para dar la vuelta ni mundo, a:;i ¡oh España! sacudiendo el pesaJo yugo

te hiciste á la mar ambicionando glo-

ria; hoy, tu política, tu saber, tu prog re so, las clases de tu sociedad, son como el pedazo de

quilla, el giron de vela, el

de una emba rcacion víctima de un g•·an desastr e.

f•·a gmento de casco

sarra ce no,

Te queda, no obstante , una esperanz a: reina una mujer; las muje •·es son generosas; t•·iunfan cnando lloran: Isabel, esta princesa de alma ele- vadil, no puede heril·, porque su corazon es de

siempre, porque su c01·azon es

madre; perd ona de Reina . ¡Y abusan de

ella ! no tú, oh pueblo, que la

comprendes, sino los cobardes incapaces de se- cunda r tu bravura cuando la r evolucion es tr e- mece con su aliento cuanto halla al paso.

Y esos hombres, esas almas españolas, ¿son rlignas de sus antepasados? ¡;Esta es la nacion que

cuanto halla al paso. Y esos hombres, esas almas españolas, ¿son rlignas de sus antepasados? ¡;Esta

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amenazó á Roma , y venció? ¡,Esta la que fué s iempre g alante y caballe r esca? bY ti enen excusa por su talento los hombres políticos que la minan? Tú co noces ¡oh pueblo! sus errores. Tú conoces sus errores y sus bajezas.

los bas visto palid ece r al peso de la concie n-

cia: y sabes tambi en, que cuando, en cierta vez, el t.alenlo administr ativo no luvo recurso para alimentar á tus es posas , á tns hijos, fué una mu-

jer la que despojó á los suyos de un tesoro, y lo· enLI'egó á la patria. Y no falló quien llamara cálr.ulo á esta acciou

qu e esculpira la La avaricia tle

conc ebido,

ni el refinado cálcu lo de más narcas qu e cirie n hoy corona,

cia del ca rde nal Mazza rin o . ¡Tal es el premio del bien! pero tú, oh pue- IJio, tú sabes dis1ingui1· el agua pura que Dios

envia cua ndo

que cae de ro ca en roca.

abre las nubes , y el agua dairosa

de uno de los mo- y abrigan la avm·i-

hi sloria. Lui s Xl no la hubie ra

Porque tu sentido es cla ro como la luz, y rá- pido como ella misma.

la avm·i- hi sloria. Lui s Xl no la hubie ra Porque tu sentido es cla

29

Porque tus inspi racio nes no arrancan del fango en qu e le hac en viv ir Jos sico fantas y Jos hip ó- CI'ilas, los cnfatuados y los ambiciosos. Bajan del cielo, y traen la pureza de las r egio- nes donde viven los ánge les: la paz de aquellos espacios donde la naturaleza traza en silencio las órbitas de los astros.

Del pueblo han nacido los héroes: las dinastías del génio, son hijas del pueblo. Y cuando los pueblos quieren p r es ti gio, f abrican u na coro n :~ :

¡que nada hay más bello que un padre que ejerce el pr incipio de su autoridad! Parece un enviado de D10s. No : las rep~1blicas no es tán esc ri tas en el co r a- zon humano. Todas cae n por su propi o peso . Vuelve tus ojos ¡oh pu ebl o! al continente de Amé rica: el fin del cuad r o represe nt a la muerte de un hombre vi r tuoso. Hubo quien lo creyó tirano. Porque no tan só lo mueren los r eyes . Roma admi tia un dios y no un rey ; pero Roma

Hubo quien lo creyó tirano. Porque no tan só lo mueren los r eyes . Roma

50

eu nombre de ese dios, de ese gran demócrata, era precipitada desde la roca Tarpey:1, ó llevada á los circos de los gladiadores pa ra ser degollada ó arrojada á las fieras.

n en nom bre d e

La tiranía puede eje r cerse, áu la Divinidad.

falta es un alma recta, y

un a inlencion digna de aplauso . ¡Que no te seduzca ningun gé ner o de influen cia! no pe rm itas que tu voluntad sea el j uguete de la

arlcl'ia política, y te n libre el pensami en to, para

Lo que siempre ha ce

que nadie

ria de ti; para que cuando qui eran em-

pujarle á

la revo lucion, camino

de otros, pero

que tú humedeces con lu sang re,

tu cuer po des-

pi da llamas, y caiga n espa ntados ante ti los que te

ex plotan, como los que gu ardaban el sepulcro Cristo , cuando se ab rió la piedra, y envuelto

el tru eno y e n la luz, ascen dió el hijo del Altísimo.

en

de

Cristo , cuando se ab rió la piedra, y envuelto el tru eno y e n

~

IV.

Dos Vi siones me :)Orpr en di e ro n durant e el sueño: una de ellas reve laba en su fisonomía la indcscribible majestad de las mnje res del cr·istia-

ni

smo: la otra er·a el tipo de la belleza imponente

y

tosca

de las figuras del mundo pagano : aquella

vertía por sus ojos la luz limpia y h·anquila del

astro que ilumin aba la fr·en te de

és te vió la escala en cuya cima res plandecía el

Creado r de cuanto ex iste: la otra lanzab a los r ayos del dios mitológico que fabricaba el fuego de Júpite r.

Y la primera tenia el pié sobre una nube color

.Jacob , cuando

de ópalo.

Y la seg unda asentaba el suyo en un r eguero

de sangre.

tenia el pié sobre una nube color .Jacob , cuando de ópalo. Y la seg unda

52

En el horizonte se destacaba el mundo como una sola ciudad. ¡Como una nueva Henoch! Y noté que ambas Visiones se arrojaron sobre el orbe, diciendo aquella de mirada ben igna:

"Paz á los hombres de corazon uomado: paz á quienes desean el bien y á los que lo propagan:

para ellos habrá flores en el mundo y frutos en

el cielo: vivid unidos ¡oh vosotros, imágenes de Dios! creed y esperad : el tráns ito del hombre en el mundo es mu y triste; poderosos enem igos as- piran al extermini o de la raz a humana: la íilo- sofía semb1·ará dispu tas y la poesía dadas; pero

mientras

seais di gnos de la mi se1·icordia di vi na,

vosotros

sereis ¡oh pueblos! prot eg idos po r mi:

calmaré vuest ra hambr e y vuestra sed, y mi es-

pada quebrantará la cabeza del mónslrno de las ambiciones, como la muj er puso el pié sobre la cabeza de la serpiente.,

Amad las disputas de la

razon y del sentimiento ¡oh pueblos! ¡Dudad! La

Yla ot1·a Vision dijo:-

de la serpiente., Amad las disputas de la razon y del sentimiento ¡oh pueblos! ¡Dudad! La

55

duua os salva rá: el fin de toda cie ncia es el vér- tigo : la tranquilidad del ánimo os perjud icará siempr e . Yo os dar 6 ¡•ico bolin : vivirei s e n el ruido, y el desencanto no llega1·á á vuestro co- razon: lanzaos los un os contra los oii'OS: yo se-

cundaré vuestros es fu erzos y os sos tendré e n

la

lucha:

mi voz será

la del trueno: mi

mar cha

la

de l to r bellino; y cabalga ré en In tempestad agi- tando mi espada de llama s !

Y la primera Vision era la Concordia.

La segunda la fi evo lucion.

Y vi en el lienzo hi sló ri co que pasaba á mis

ojos, cam pos floridos llenos

bajadorcs ; allí la gen til aldea na con rosas en el

cabello , y en todas pa1·tes luz, riqueza, variedad; nii'ios como ángeles, mu cho azul en el cielo, mu -

cho pe r fume en el aire; cion y colorido.

Y vi e n ese mismo lienzo vastos ar ena les,

vida y progreso; anima-

de masas de tl·a-

3

en el aire; cion y colorido. Y vi e n ese mismo lienzo vastos ar ena

54,

pueblos que ardía n , niños degollados, madres que huian, tor rentes de sangre , pob reza inm en- sa, osc urid ad en el so l, polvo que subia hasta él, hom bres qu e pugnauan por un pedazo de tierra, un cielo teneb roso , y una desolacion sin límites.

li é alli el resultado de la Concor dia. Hé aq ui el de la Revolu cion. (Oí en mi sueño.)

¿Y qué poder logra realizar tales milagros? (me dij e á mi mismo. ) ¿Cómo obedece n las masas populares con ta nta ceguedad~ Y la voz miste- t·iosa me dijo:- • Cuando los que habitan un pais desean realmente su bien, se unM y no se opo- nen al ejercicio de un poder qu e en si es conse r - vador: e ntónces no hay partid os , y nadi e se

la legitimidad del de re- Estados; todas las clases

son en br eve fe lices: Lo s prime r os pu es to s son dis-

con igualdad, y nadi e se opone á ell o:

at re ve á poner cho de quienes

en dud a ri gen los

tri buidos

todos

tra bajan; el poe ta como poeta, el lab rad or

como

lab r ador, el mi ni s t1·o corno minist ro. Reinn

todos tra bajan; el poe ta como poeta, el lab rad or como lab r ador,

55

la concordia y da esos bellísimos frutos. Pero cuando todos desean los primeros puestos, cuando se dividen en partidos y cada ciudadano es un ast•·o lanzado fuera de su órbíln, el letrado quiere ceñir faja, el labrador sueña ser ministro; se di scute todo, y realmenlc nadie sabe lo que pid e:

si impera un prín cipe , unos gritan qu e otros que viva condicionalmente: quién es

si impera un prín cipe , unos gritan qu e otros que viva condicionalmente: quién es

muera,

claman

por su abdicacion, quiénes por una alianza impo· sible; y ¡nadie es feliz! entonces reina Ja Revo- Jucion y no produce más que tini eb las.»

Así dijeron, y pensc en ti, ¡oh España! y dos lágrimas tan ardientes como el oro líquido que hie1·ve en las entra1ias de la tierra, quemaron mis mejillas y escaldaron mis labios. Fijé la vista en ti, y llorando sobre tus ruinas, pensé de este modo, en tanto la luna se perdía entre nubes, como pasajero sorprendido por la niebla.

¡oh puel.Jlo! Ellos

conspiran contra ti; ruegan á Dios que seas la

Muchos enemigos tienes,

por la niebla. ¡oh puel.Jlo! Ellos conspiran contra ti; ruegan á Dios que seas la Muchos

56

arnbicioo perso ual la diri- instrumento, la viclima.

Un partido Le dice : ¡Rompe tus cadenas ! ¡lán- zate á la rcvolucion; seamos iguales: abajo los tronos: que los ejé r cilos de Euro p& se subleven y

caiga n las co ronas á los pi L'S del pueblo!

hoja de la espada : la gi rá, pero tú se rús el

As í exc l amaba tambien Mi rabeau, este gran t r i-

buno; y Mirabea u , el r ey de la demo cr acia, el

pt·imet· oJ·ador· del mundo, cslaba vendido por va- ri os mill ones al r ey y al pueb lo Defendía las dos ca usas. Lo mismo dijo Dan ton, este giga nte revolu- cionario , como lo llama la histor·ia mode rn a.

Y Danton se vendió y profanó la belleza de sus

doct rin as , al parece r purí simas . Los homb res uo procede n siemp re así; mas tal es la tend encia gene ral del corazo o hu ma no; y en esta vieja Europa no ha habido tal vez, un solo ejemplo de verdadera generosidad, de ve rdadero amot· al pueblo.

Otro

bando

político,

esco ria de la patria,

bando perju ro, le dice: · Arrójate por la senda

rdadero amot· al pueblo. Otro bando político, esco ria de la patria, bando perju ro, le

37

de la reaccio n, y en tréga te á los p:u-tidarios de

D. Cárlos: le oc ultan , ¡oh dóc il pueblo! que co n él

tendr ás sobrada cosecha de perjuicios, y que las

tu lib erlad e n otros .dias,

volverán á sacrifica rla á tus ojos espa ntad os; no

hecho ensayos rid icuJos

y

tras fue un partido puro, mereció respeto; hoy forma part e de otro que si r·ve de rémo ra al pro- g reso de la Europa.

la ola en la r oca: mien-

obstante, ese partido ha

mano s manc illad o r as el e

se ha est rellado como

Otro partido, de credo político ambiguo •. que cuenta con un a sola espnda, y que llegado al pod er perd eria la razo n como Hermó ge nes, no pudiendo emp lea r á cuantos cuelgan de él, le exas pera diariamente con discu rsos sat-ánicos, y

s ir ve

d e p ária (él lo di ce ) , e n e l cnadro d5! la po-

líti

ca

espa riola : ti ene dos vir·tudes; el va lor y la

co

nstan c ia: en esto se distingue el e la d emocra-

cia. Los demócratas, á la manera de Ciceron, cirien coraza, per·o creen ver puii ales denlro y fuera de ella: en el momento del peligro mu chos de sus

prohomb r es dejan la clúmide entre los zarzal es, como tú , ¡oh Demós tenes!

en el momento del peligro mu chos de sus prohomb r es dejan la clúmide entre

58

Hay otra comunion desco ntenta hasta de si

misma: verdadero cometa, describe elipses irre- gulares en el cielo de la potíLica. Este par tido

pide

la abdicacio n y la regenc ia, otras una extra ña fusion ibé1·ica, ó bien el predom ini o de la toga 6 el del sabio: su ídolo es Llll prisma, y cada lado es una opinioo distinta; te adula ó te desp re- cia: resto del exccpticismo y podredumb re de los partidos desacreditados, emponzoi1a cuanto Loca y vive en la oscuridad co mo las aves noc- tu r nas : este partido es el del lucro, el del me- dro personal; la patria es á sus ojos el becerro

pero él mismo no lo sabe; unas veces

de oro de la

Sin embargo , existe en España otra colectivi- dad política más dañosa que las demás, ménos disculpable que ellas, amasada con la hipocresía; agnq)acion qne se prevale del nombre augusto de Di os , pa1·a vi lipendiado; que no c r ee en nada, pero qn c sabe de memoria los Evang elios, y que,

nombre augusto de Di os , pa1·a vi lipendiado; que no c r ee en nada,

39

t.:olocada entre la fé y la duda, entre t;abri el y Satanás, excomulga co n la autoridad de un Pon-

tífi ce , y ali e nta las amb icion es de los miembros

de la Iglesia, que tien en

Mar a t, es te hip óc r ita a mi go de l pu ebl o : se lla ma el neo-catolicismo; es dec ir, e l ca toli cismo-polí-

Biblia, tilda

la Vida ele Jesús, de Renan, y en el fondo sien te como ese escr itor: es te mónstru o de ambi ciones

su sp it·a por los ti emp os e n qu e la inteligencia vi-

la cruz, y y la igno -

como Au g us to a l mo-

e n la o tra el s ímbol o el e la ranc ia: ca p az de exc lama r

vió baj o yu go, y lleva en un a mano

ti c a. Capaz d e e scribit· la c.riti ca de la

por plum a, la pluma de

Inqui s icion

r ir, ¿he representado bien m• comedia? si rv e de

co mbu stibl e á la reaccion: á se mej anza de la ser- piente del Paraíso , ti ene el don de la palab t·a :

pero léjos de ser un reptil, es la tra sformacion

r epu g nant e del prín cipe de las tini ebl as .

com o dijo Dy r on : paz á

ese c adáver qu e se ll a mó en otr o Li e mp o partid o

moderado: hij o

como se pi erd e la razon al peso de las desventu-

¡Paz á los mu ert os!

de la inteligencia, la ha perd ido,

hij o como se pi erd e la razon al peso de las desventu- ¡Paz á

qQ

ras: tan graves erro res ha comeLido, que el índice de ellos pone grima en el al ma: ese partido tuvo por cárceles para sus víctimas los archipiélagos asiáticos y las casas de locos: balas para los ni-

rios, segun cuenta la historia : y como lógica

ministrativa, los empréstitos: esos partidos y sus ag r upaciones. que son muchas , te habl an siempre de órden, moralidad, franquicias, libert ades ,

abundancia, pr·emios y muy contados castigos.

Así ltablaba el loco Caligula, y en su deli rio azotó

como Xerges , y el pesebre de su caba ll o

er·a de mat·fil, y la cuadra de mármol, y los ar- neses del animal, de piedras preciosas, y su que- r ido lncitato, su caballo, que nó su pueblo, tomó rango entre los sacerd otes, y fué propue sto para cónsul.

ad-

la mae

Tu verdadera salvacion como sistema de go-

bie r no es el monárquico: lu pa r tido debe ser

el

consc r rador. Trono y legalidad . Tal debe ser

tu

divisa . Todo viYe y produce ft·utos de LJendieio"n

cua ntlo el amo r de la pa tria se antepone á las conveniencias personales: pero ese amor debe

de LJendieio"n cua ntlo el amo r de la pa tria se antepone á las conveniencias

41

temer hasta la sospech a, como la esposa de Cé-

sa r: ese amor debe ser corno el alma, in co rrup- tible. Los partidos necesita n de ti, porque hasta los ejé rcitos son ag rupac iones de pueb lo: pero ¡cuán pocos Le dicen la ve r dad! La leng ua, d ecí a un gran ateo, ha sitio dada al hombre para dis-

fraza!' los pensami ent os . Así r azonan los te qui eren bi e n: así, los qu e elevados por

cu nstancias, qu eman lo qu e ado1·aron, como el

famoso sicambro de

tal ec ido por la relig ion, guiado por Dios, sa- brás penetra ¡· las inte nciones, y al ca nzarás al fin

el g rad o de perfcccion, g1'auo al quc aspira es te gra n pueblo for mado de mil naciones, qu e se ll a-

ma huma nidad.

que no las ci r-

la anti giicclad: pero tú, for-

te gra n pueblo for mado de mil naciones, qu e se ll a- ma huma

V.

Dios no exis te ;-ha dicho la fi losofía mate ri a- lista al ver un cadúve r que animado por un agente físico, abrió los ojos y movió los brazos:- Dios

ma r al precipitar sus olas, y los en el horizont e. La prim e ra pala- al hombre d e l bien, es aqu ell a; y

ex iste; dijo la

as tros al ra ya r b1·a qu e apa1·ta

c uand o se aba ndona la idea divina, el alma fl ota en la dud a, y los hombr es se detestan , y se arma el brazo y la sa ngr e corre.

Di os exisle,

porq ue la concie ncia existe : la

con ciencia tH.l vic rl c al hombre qu e hay un Dios,

sa ngr e corre. Di os exisle, porq ue la concie ncia existe : la con

y el ge nio de los pueb los, las inspiracion es de

de los mis- y la muerte así á todas las

ge neraciones.

terios, el ade lanto de la barbarie, lo

las mad res, la influencia poderosa

de la ci vilizacion

van dec larando

No hay acc ion g r a nd e qu e no s ea provid e n-

cia l: pt·oviclenc ial fu é la elevacion de Bab ilon ia, y

pt·ovidencial su ca ída: provide ncial para los unos

es la riqu eza: pa ra otr·os la miseria : para unos la

libertad : para otros la esclavitud : Cristo era po-

br·e, era esc lavo, ¡y era rey! La hum an idad no sa l e n~1n ca d e l os limit e s d e ese e t e rn o mode l o :

y

á

la novela para fabrica r argumentos.

los qu e ni ega n su divini dad , tienen qu e acudir

Secas las fu entes de la ori gi nalidad literari a,

los escrito r es atacan los augustos misterios de la

rel

representada

mn y d:st into

no se halla bi en

en la tierra, sufre in crepacio nes ele

igion cr istiana ; y ésta, que

gé nero . La cien cia lu cha po r tle r-

bi en en la tierra, sufre in crepacio nes ele igion cr istiana ; y ésta,

u

ribar las sencillas firmísimas bases del cristia- nismo, y éste, ¡gran maravilla! resisle, como un continente á la furia del mat·.

Empero la juventud se descorazona y muerde el bronce de las creencias más venerandas: la ju- ventud respira la venenosa almósfera creada por los químicos del pensamiento, y mirando con desden la religion, se prostituye en los placeres, y acaba por ser presa de la ambicion más des- enfrenada, y po1· perder el cariño de la patria, esta enca1·nacion viva de Jos grand es afeclos.

No hay cla se de la sociedad que no se baya trasformado: solam ente ¡oh pu flblo! susp e nd es de tu cuello la imágen de Dios, y acudes al tra- bajo diat·iamente, enco r vado al peso de tus tre- mendos infortunios. Para ti se han fabricado los últimos pisos de las casas: para tí el humo de las fraguas, para tí el trabajo grosero; y esa misma mano enneg 1· ecida que das á besar á tus bijos, es

el humo de las fraguas, para tí el trabajo grosero; y esa misma mano enneg 1·

la qt:e escr iuc letras de oro en el marmol

triunfo y de la libertad.

~5

del

Rechaza pues toda humillacion; rechaza el en-

ga ño; t'echaza y postra á quienes Le crea n

to de virludes; ¡,careces por ventura de ellas? ¿Qui én no las ha visto e n ti?-Óyelas.

exen-

En una noche muy oscut·a, atravesaba cierta p e li g r osa calle uc Madrid una mujer d e belleza adm irabl e: la lluvia caia it to n·e ntes; el relámpa- go iluminaba á veces el cielo y Jos edifi cios, como llama que se esca pa del antro de una caverna; no se oian las pisadas de nadi e; de vez en cuando el tru eno r ugía entre nubes, como el leon en las selvas. Esa muje r llevaba en s us brazos un nióo de dos meses, y la inoc ente cri atu ra lloraba de frio y de hambt·e. Parecia que po r negar le am- paro , hab ian muert o los millones de habitan tes que tiene el mu ndo. Brotó un nuevo relámpago.

que po r negar le am- paro , hab ian muert o los millones de habitan

r ~---------------------------------------------------------~

46

La madre fijó su vista en los ojos de su hijo, y en ellos cayó , como la gota de rocío en flor mo- ribunda, una lágrima.

decia la desventurada, y el

vi ento an·ebataba esta palabra salvadora. Esa mujer, era una bija del pueblo. Llamó á las puertas de los poderosos, y fué en vano. Llam ó ü las puertas de los qu e practican la

vi1·tud por os tentacio n; ¡la virtu d en pleno dial Ninguna la fu é abie r ta. -¿Qué buscas, hija del pueblo? la dijo un jor- nalero qu e pasaba. -Una cuchal'ada de leche para mi infeliz hijo, y un poco de fuego para calentarlo; es un hijo natural; pero, ¿qué culpa tiene de mi ext raví o? Yla desg t·aciada rompió en llanto.

aquel hom-

esposa

bre la arl'opó de la mejor mane ra, y su

crió al niño, y la madre de éste labró con el tra-

bajo una pequeña fortuna, que le red imió de ser-

vir a1 rey, y el niño fué hombre, y casó

con la

hija del qu e fué pt·otector de su desventu ra. iAsi son las vi rlud es ose uras del pu eb lo! las que

¡hijo!

-Dame esa criatu t·a y sigueme. Y

de su desventu ra. iAsi son las vi rlud es ose uras del pu eb lo!

,,,

pero qu e una vez sabidas, nunca des-

aparecen de la memoria. ¡Benditos sean los pueblos que viven unidos y que mezclan sus lág rimas de placer ó de pena!

nadie r e;

¡Ah! pero no siempre rod ea la oscuri dad tus altos hechos; la inmortalidad te canta en su trasporte glorioso, y una luz semejante á la del Paraíso da brillante colorido al cuadro. Dilo ¡oh invicta Gerona, donde aprendió la

Dilo tú ¡oh César

Au gus ta, inmortal Zar agoza, cuanclo cei1iste e l nombre de Palafox de glo r·ia eterna: dilo tú, g ran Sevilla, la prim era que levantó el g rito; lli, ciu- dad, donde vive la muj e r· más hermosa de la tierra! bCallariais vosotros, campos de Talavera, llanuras de Bailé n, todavía húmedas con la san- g re de los vaiientes patriotas, á quienes rasgar·a el pec ho el águila de la Fr'ancia?

6Quién al pasar por la capital de Aragon no descu bre do qui era, las somb ras de los egre- gios va rones que hicie ron asom ara el rnbor en la frente de los Césares de Europa? Todavía se respir·a el humo de la p61vora: todavía se oye

tiranía

á respetar la liber tad!

los Césares de Europa? Todavía se respir·a el humo de la p61vora: todavía se oye tiranía

~8

el choque de la usurpacion y de la indep en- dencia: todavía, cuando ruge el viento y cuan- do parece el ciclo un panteon de astros y de ti- nieblas, cree el viajero que la peste y la guerra se disputan el territorio de España; ven los ojos una tempestad de balas, de hombres y de relám-

oido nó las con vulsio n ~s de la el clamor del moribundo, la vi-

p agos, y llegan al atmósfe ra, si no

bracion de la bomba que deja tras sí un camino de fuego, el áspero ruido de las cur·erias, el paso del corcel herido por la metralla, el ronco acento de los vencedores; en suma, la prepotente voz

de la España de Cúrlos V, que parece ahogar el estruendo de las legiones de Napoleon I, bien como domina y sofoca el Lt·ueno en las montar"ias, los rugido s del leon que se estremece de hambre.

La nacion de Pel ayo desmintió la at r·evida frase de Luis XI V. Los soldados de Aosterlitz c r eye- ron á Oailén, campo de trofeos: la caballería im- perial se ar·r·oj ó co mo un torrente de devastacion mientras la ar tillería inOamaba las más altas ca- pas de la atmósfe ra. Bailén confiado en los es- ftH!r·zos del pueblo, rechaza el gol pe, postra la

las más altas ca- pas de la atmósfe ra. Bailén confiado en los es- ftH!r·zos del

t

i

j

i

·J

;

t

49

arrogancia, y llenas las manos de sangre y pól-

vora y lodo , manda

ejemp lo á los primeros políticos de Europa. ¡Ah!

Si algo hay sag1·ado, si algo lleva en la fr ente el

r ayo de la inspiracion de Dios, es

forme que se llama pueblo: no hay arte en él : el

entusiasmo lo condu ce, el corazo n lo guia.

Di os , mitad hombre, el hijo del pueb lo apoya el

pié en el barro del mundo, y ocul ta su espí ritu

e ntre las nub es de fuego que truenan bajo el

di sco de sangre del sol. Los pueblos so n las pi-

rámides desde donde Di os arenga á los siglos por venir. Tú fu iste la pirámide de la libertad y del orgullo, ¡oh pueblo de Esp Si algun nuevo Ero s trato quiere quemar tan

heróicos r ecuerd os, si algu no intenta dar al vie nto las cenizas de los guerreros del 2 de Mayo

y las de los héroes de Bailen , ¡que caiga n sob re

él la furia , la indi gnaci on, las maldiciones todas del pueblo!

el pu eb lo español el grande

esa masa in-

Mitad

Entónces el pueblo de España defendió su li-

bertad y su s reyes: Jo mas mínimo se convi r-

tió en medio de ataque y defensa, y las mismas

i

7 1

50

pn!ciosas manos qn e más tarde tejerían coro-

nas,

pueblo que insultó á Godoy~ precipitándolo des -

cmpluiaban

buces y espadas : ese fué el

de su trono de espumas: ese, el pueblo qu e

llo-

roso recorría las ca ll\!s, sin sosiego, cua ndo

un a

mano al eve aten tó á los dias de lsabel ll , su reina

y se ñora.

Porque los pueblos tien en el corazo n herid o pot· un ra yo de luz del ciclo, y por otro del in -

tie rn o: semejant e á la mar, que á veces sus pira

blandamente, y aponas se

la brisa , mient r as en otras

do fuera una

y loca e n las

olas, asi los pur.blos ve n un niño en pel igro, y sus penden toda agres ioo y lloran; ó bien tien en delante murall as co ronadas de ca ñones y hacie nd o

escala con los cadáver es, aspiranuo pól vora y pre- ti ados de it·a, entran por la brecha, y desde allí saludan al gen io de la libertad y de la victoria!

mueve al co nta cto de tr uena co mo si su fon-

lar·ga serie de cráteres in flamados .

nubes co n el lomo platead o de sus

¿Q11ién nplandió la guerra de Arrica .que han

visto los con tem porán eos ?

El pu elJlo. ¿Qui e n

platead o de sus ¿Q11ién nplandió la guerra de Arrica .que han visto los con tem

i'it

vo lunl arin m e nl e se Cl li stú paea vengar la palria y

preparar un nn evo

Triunfó Isa-

he!: triunfó el ejt'wcito: tr iunfó el pueblo. Y el pu eblo de Espaíia lle nó de flores las ca ll es, de

banderas

y así fné

Monarquía .-Un partido nu evo triunfó: la union liberal' que declaró gue l'l'a a los infieles, justifi- Cílmlo asi las aspi ra ciones públicas .

recibido el ej ér cito en la cap ital de la

Guadaletc de sa ngre ú la me-

di a lun a? El pu eb lo. ¿Qu ién triunfó?

Jos balcones, de gu irnaldas sus manos,

partido! si en vez de colma r la

noble ambician de la pat r ia, te co nfund es con

políticas que han dado de sí

aquellas ba nd el'ias

r l más ve rgo nzoso

de los escarmientos! En se

co nce ntran las esperanzas de qui enes no se acogen

¡Ay de ti,

¡oh

ni á

personajes

ni á banderas: ¡oh li iJerlad! ple-

g

ue

á Di os que

los boy reu nid os en torno á un a

idea liberal, no se hagan dignos del enoj o del

pu eblo, ni de las maldi cion es de aq uellos que

sa lud aron tu aparici on en e.) cuadro polí tico de

Espaiia.

del pu e blo, ni de las maldi cion es de aq uellos que sa lud

VI.

¡Cristo no fué un r·evolu ciona r·io! l'ué un

r·efor-

mador sublime. Antes de él los pu ebl os sob resa lían en

cruel-

dad: despues de él, han r·ivalizado en car idad y eievacion.

Cristo fné ot ra estátua de Memno o: Dios la hi-

ri ó con sn luz, y

Él destruyó la esclavitu d, y ha ciendo del mon- do una gran familia, propagó la palabra divina.

su sonido fué el cristianismo.

La Escrit ura di ce que lo creado tie ne un fln. Que lodo <lesaparece rá c0mo el humo en los

:t il'C\S.

Qu e los cetr os polvo.

se rán cañas, y los monarcas

Que lodo <lesaparece rá c0mo el humo en los :t il'C\S. Qu e los cetr os

Qu e

53

el c ielo se ha d~ r ecoge¡· como un manto,

y Dios aparecerá: los astros se detendrán en su carre ra , la ma r se estancad¡, y el pensamiento de la hum nn id ad quecfa ¡·ú so rprend ido y fijo.

hu-

manas, dará su bendicion á los pueblos qne hl-

ya n comido el pa n de su al~ja l;,s des,•enturas.

los elegidos

por Dios se rán aquellos que hnyan sido car itnti- vos, los que ltayan amado y defendido la lil)cr- rad, odiando la tiranía por vo lunt ad propia, y no 1~or imil acion ó por rutina.

Entónces r l Altísimo, juzgando las acciones

gracia, qu e forti fica y

Y en ese Congreso de pueblos,

Y coronnrá de rúsas inmorlalrs á los desgTa- ciados y ú los pode rosos qu e hayan practi cado lo que dijo e l diYino labio d e J esüs : " Apre nded el e mí qu e soy manso y humild e de co razon, y ha- llareis de scanso pa ra vuestras almas. Qui en e enoja co ntra sn her·mano quednrá suj eto á juicio. Si presentas ofrendas en e l alta r, y allí le aco r- dares de qu e lu herman o tie ne algu~~a cosa co n-

á juicio. Si presentas ofrendas en e l alta r, y allí le aco r- dares

M

tr·a tí, dejo al lí tu ofr·end a delante del al tar· , y vé prim eram e nte a rcco nci liar·t e co n tu herm ano.

sac:.ri ficio. Habei s oido y di ente por diente. Mas

yo os digo que si alg un o os hi ri ese en la mejilla

que fué di cho: ojo po1'

Mi se ri co rdia qu ie r o y n o

ojo

der echa, le pr·ese nt cis tambi cn la ot ra. ,

Y aqu el se r:'l un g r·a n di a , aque l en qu e las pe r-

sonas que nos fueron qu eri das , abandon en las

tumb as y suba n á empaparse en da del Hace rl or.

la glo ria incrca-

Y la

Yel hijo ú su hermana.

madr C' C' n co ntradt á S il hij o .

Y

ésto á su es poso.

Y

e l que ti r·a rri zó a l desva li do bajará s us oj os,

y e l que l o socorrió,

de se renidad .

a l zarú

s u mir ada radiant C'

Innum erables ast ro s es parci rán su luz, y Dios

teniendo

á Cristo ;'t su derecha, y

en

torn o á su

frente el Espi ri tu-Santo, pu es to el

pi é sob re alas

de ángeles. y rodeado de ellos, ve rá á la humani·-

frente el Espi ri tu-Santo, pu es to el pi é sob re alas de ángeles.

dad en g rup os

mah~ria de que

5a

inmens os, y descompuesta ya la form ó los mun dos.

Y los mu nd os irán desapa reciendo

dose en los espac ios

bo r rán-

Y los astros perderán de r epente su brillo.

Vol ve r'á il reina r la pav orosa oscuridad de los primeros tiempos.

Y las miradas de Di os ser vi r ún presto de faros,

á su luz caerán desl umbrados los que insulla-

ron en la ti err a s u maje~lad: los que so colo r' de rcligion le esca rncciet'on, los que mezclaron la ambicion ú sus oraciones.

y

Y aquellas almas dotadas de sentimiento puro

y sencillo , r·esistirán sin dario el resplandor· vi- vísimo

Y Dios

dira á estas: u Venid, ¡oh elegidas! ve-

pan de mi gra cia, que es el pan

nid á r ec ibir el del pueblo. "

Y

armonías sublimes se oi rán en los

espacios .

Y

se eslrcmece r·á n el tiempo, la inm ensidad ,

" Y armonías sublimes se oi rán en los espacios . Y se eslrcmece r·á n

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¡lo que no és! Que tan lo puede la gracia del que suspendió los cielos svbre la frente de los hom- bres.

Y la gran par le de humanidad que ha prevari- cado en el mundo, que ha sido injusta, cruel, va- riable, ingrata, viciosa, den·amará lágrimas.

Y esas

lág rima s formaran un mar sin limites.

Allí no

r eina r á Di os. Allí reinarán la os curidad,

el gemido, el

tru eno y el relámpago .

Y mientras

estos malditos de Di os, vivan en el

tormento y la desesperacio n eterna,

asome en s u horizonte, sin estrellas que les ha- gan ver el cielo, los bue nos, es decir, los pue- blos que fueron sensatos, y que oponiéndose á

loda revol ucion' difundieron el uien, recibirán entre ángeles y espirales de incienso , ¡El pan de la gracia! el a pan del pueblo. •

sin sol que

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espirales de incienso , ¡El pan de la gracia! el a pan del pueblo. • sin