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PUAPAM. FACULTAD REGIONAL SAN NICOLAS. UTN.

2016 1
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO. norojor@cablenet.com.ar

TERCERA EDAD – ADULTOS MAYORES
NADA CONCLUYE: LA VIDA RECIÉN COMIENZA
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO
norojor@cablenet.com.ar

Fueron jóvenes los viejos
pero la vida se ha ido
desgranando en el espejo
y serán viejos los jóvenes
pero no lo divulguemos
que hasta las paredes oyen
BENEDETTI: CONFIDENCIAL

01. JORGE LUIS BORGES murió en GINEBRA, el 14 de julio de 1986. Entre sus obras (ensayos, cuentos y
poemas), hay dos versiones de la POESÍA “LÍMITES”. Fueron escritas y publicadas en momentos diversos de
su vida. 1 Hay una (la más antigua) que nos permite iniciar estas palabras:
Hay una línea de VERLAINE que no volveré a recordar.
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,
hay un espejo que me ha visto por última vez,
hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
hay alguno que ya nunca abriré.
Este verano cumpliré CINCUENTA AÑOS;
LA MUERTE ME DESGASTA, INCESANTE.
Para aquel BORGES que escribió ese poema, hay una mirada de la vida que comienza a declinar a partir de
los 50 o de los 60. Lejos estaba BORGES de pensar que esos 50 años se transformarían en los 87 que vivió
(37 años más), tiempo en el que – aunque estaba ciego - logró los mayores reconocimientos y en los que
siguió publicando muchas de sus mejores obras.

02. PERO BORGES NO FUE UNA EXCEPCIÓN: la percepción de la vida en su tiempo y en su cultura era
esa.La vida tenía todo el empuje en los primeros cincuenta o sesenta años, se concentraba en el período de
trabajo y producción, y luego se suponía que se iniciaba un CAMINO DE REGRESO, que era siempre más
corto e imprevisible. Por lo tanto, sólo había que limitarse a recluirse, a callarse, a esperar, porque ese
tiempo era una especie de regalo adicional, social y económicamente ignorado, que podía concluir en
1

La primera versión aparece en EL HACEDOR (1960) ,pero en realidad fue escrita en 1923 bajo el pseudónimo JULIO
PLATERO HAEDO. La segunda fue publicada en el DIARIO LA NACIÓN el 30 de marzo de 1958.

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cualquier momento. Por eso, esa sensación de despedida constante, de muertes progresivas, que
comenzaba a ser la vida a partir de cierta edad, con esas conocidas expresiones: “ya he vivido lo suficiente”
o “tengo que dejarle el lugar a los más jóvenes”. BORGES lo dice de manera magistral: “miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga en una pálida ceniza vaga que se parece al sueño y al olvido”.2

03. TRADUCIENDO EL ECLESIASTÉS de los libros SAPIENCIALES3, una vieja agrupación, VOX DEI,
interpretaban en 1971 una canción que muchos seguramente recuerdan: 4
Lo que ves ya se ha visto ya
tal vez un día lo sabrás
todo tiene un tiempo bajo el sol
porque habrá siempre
tiempo de plantar y de cosechar
tiempo de hablar, también de callar
hay tiempo para guerra y tiempo de paz
tiempo para el tiempo y un rato mas.
ESTE ES EL CRITERIO QUE GUÍA NUESTRA ÉPOCA: hay un tiempo para cada cosa. Deberían enseñárnoslo si
no lo sabemos o no lo hemos comprendido. Hay tiempo, es decir hay años, para ser niño, años para ser
adolescentes, años para ser jóvenes, años para ser adultos (muchos) y años para ser ADULTOS MAYORES,
un buen eufemismo que nos ha permitido desplazar esas otras designaciones a las que le escapamos: viejos,
ancianos, tercera edad, sexagenarios, etc. Hay tiempo para el tiempo y un tiempo más. Eso es precisamente
lo que ha descubierto la civilización actual: que la vida no termina cuando se concluye con el trabajo o
cuando las funciones de criar los hijos ha concluido o cuando se cumplen determinados números de años.
La vida no concluye nunca, sino solamente cuando nos sobreviene la muerte. Pero a la muerte no la
tenemos que esperar, aunque siempre debe estar en nuestro horizonte de posibilidades, porque la muerte
como la enfermedad o el deterioro físico no son cuestiones de una edad, sino resultado de nuestra
condición humana limitada y finita: en algún momento habrá de venir.

04. LA HISTORIA NO HA PASADO EN VANO. Nos encontramos ante una nueva cultura, un nuevo formato
del pensamiento, una nueva manera de ver la vida. Y en este contexto, hemos descubierto que nuestra
existencia se extiende en cantidad de años y en calidad de vida. Pero eso está en relación directa con la
forma con que hemos vivido el nacimiento, la infancia, la niñez, la adolescencia, la juventud y la edad
adulta. A mayor CALIDAD de vida, cuidado del cuerpo, equilibrio psíquico, bienestar espiritual, contexto
afectivo, familiar y social armonioso, para los adultos mayores serán mejores y mayores sus años. Las
diferencias económicas y sociales que observamos se proyecten también en esta etapa de la vida: no
envejecen de la misma manera los pobres que los ricos, los que han sido felices que los que han tenido
experiencias desgraciadas, los que se han cuidado que los que se han des-cuidado. No es un problema de
merecimientos, sino de co-relación entre lo vivido y lo por-vivir, entre el pasado y el por-venir.

05. Por eso podemos afirmar que, EN CADA ETAPA DE LA EXISTENCIA, lo que concluye es la etapa anterior,
pero LA VIDA RECIÉN EMPIEZA, siempre está re-comenzando, dándose una nueva oportunidad, ofreciendo
alternativas para poder cambiar o mejorar. Para eso es necesario cambiar la mirada, descubrir otra
2

BORGES:” POEMA DE LOS DONES”.
ECLESIASTÉS, CAPÍTULO III, 1 - 8
4
LA BIBLIA fue el segundo álbum de la banda de rock, VOX DEI y fue lanzada en 1971. Del álbum se destacarían dos
grandes éxitos del grupo: "Génesis" y "Libros Sapienciales", ambas canciones lograrían estar entre las 100 mejores
canciones del rock argentino.
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perspectiva y convencer de que cada edad es nuestro tiempo, es el tiempo elegido, no un tiempo para
contemplar con nostalgia la vida perdida o vivida, sino el tiempo para vivir la vida plenamente.

06. NO SE PUEDE VIVIR DEL PASADO, porque no es verdad que todo tiempo pasado es mejor. “CARPE
DIEM” decía el curioso profesor de la SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS.5 Cada día es el momento justo
para vivir el presente, para disfrutar de un presente que suele tener mucho menos urgencias, horarios y
compromisos. Para eso, es necesario equilibrar las miradas y las cuotas de generosidad: solemos ser mucho
más generosos con el tiempo pasado, porque depositamos en él todo lo bueno y silenciamos los malos
momentos. En cambio con el presente, solemos ser injustos, porque sólo nos representamos los males y los
inconvenientes que vivimos. Es saludable dejar de enredarnos en y con el pasado: muchas veces
convertimos a nuestra memoria en una ficción, inventando una versión del pasado que en realidad no
hemos vivido. Es común descubrir que diversas personas tienen versiones contradictorias de experiencias o
hechos pretéritos6. Debemos vivir en el presente y del presente, porque lo que nos sirve del pasado es
precisamente lo que utilizamos de él: la experiencia que hemos acumulado subjetivamente, todo lo que la
vida nos enseñó y podemos recordar y transmitir: los saberes, las habilidades, los recursos con los que
seguimos afrontando la vida y acompañando a los que nos rodean.

07. Vamos a permitirnos jugar con algunos cálculos sencillos. ALGUIEN QUE LOGRA VIVIR GLORIOSOS 90
AÑOS, ha destinado alrededor del 25 AÑOS al crecimiento, a sus estudios y a la preparación para la vida
adulta, ha invertido otros 40 AÑOS en su activa vida laboral, asociado a la vida familiar, y todavía puede
disponer – con una simetría admirable - de otros 25 AÑOS para disfrutar de una nueva vida. Traducido
matemáticamente en DÍAS, en 90 años ha vivido 32900 días, equilibradamente distribuidos: 8812 + 16425
+ 8812. Pero esa serie finita y limitada de días no tiene interrupciones, no hay pausas, es una línea recta o
zigzagueante que podemos trazar desde el momento del nacimiento (cierto, seguro) hasta el momento de
la muerte (incierta e indefinida). Ni los cambios de años, ni los cumpleaños nos marcan el paso de la edad.
Es decir que somos niños y nos vamos volviendo adolescentes y jóvenes; y de pronto nos damos cuenta – si
queremos – que ya somos adultos, y los años van pasando, y suceden demasiadas cosas en nosotros y a
nuestro lado, y un día, nos descubrimos ya adultos, ADULTOS MAYORES. ¿Qué día, a qué hora, por qué
razón de han producido esos cambios? No hay respuesta, sólo continuidad y tiempo.

08. NUESTRA VIDA ES COMO UN TEXTO, como un libro, como una NARRACIÓN. Cada día escribimos una
página, vivimos el anverso o el reverso de alguna hoja. A veces lo que escribimos o borroneamos es muy
pobre, casi nada; en otros momentos nuestra escritura es extensa, se llena de imágenes y movimientos.
Pero las páginas van avanzando una tras otra, escribiendo la biografía de nuestra vida, esa que archivamos
estratégicamente en la memoria, que hace una cuidadosa selección, porque se trata de un relato que
nosotros sabemos contar a nuestro modo. Ya tenemos la tapa inicial del libro y sabemos que nos espera la
tapa que cierra la existencia. Sabemos que estamos viviendo el último tramo y podemos definir la carrera,
vivir experiencias que aun no hemos vivido, armarnos de proyectos que nos parecían imposible. “Sorpresas
te da la vida, la vida te da sorpresas”, dice la canción, y sintetiza la forma más genuina de afrontar esta
etapa: generar sorpresas, sorprendernos y sorprender a los que nos rodean, para que no nos archiven, ni
nos desplacen.

5

Originalmente la frase pertenece al poeta latino HORACIO (ODAS, I: 11) y aparece en la película (1989) cuando el
profesor JOHN KEATING acompaña a sus alumnos a observar los cuadros de los viejos alumnos de la escuela.
6
En reuniones familiares, cada año cuando celebramos el cumpleaños de mi MADRE, suelo preguntar sobre aquellos
momentos de la historia familiar que no pude vivir o que he olvidado. Cada uno de los miembros de la familia suelen
dar versiones distintas y opiniones diversas sobre los hechos.

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09. TAMBIÉN ES CIERTO QUE YA HEMOS VIVIDO buena parte de la vida y que entramos – con orgullo – en
una nueva fase. No tenemos la fortaleza ni la vitalidad del pasado, pero tenemos otros saberes. De alguna
manera pagamos el precio de la experiencia y de cierta sabiduría con algunas pérdidas. Uno va notando – si
quiere verlo, por cierto - que ya no se tiene la misma fuerza física, que el cuerpo se hace notar y nos pasa
algunas facturas por los años vividos, pero detrás de cada una de las arrugas, la potencialidad mental es
superior a la de antes y podemos vivir momentos de una gran plenitud. Porque se trata de VER LA VIDA
DESDE OTRA PERSPECTIVA: relativizar muchas cosas, administrar los tiempos, saber que hay cosas que se
consiguen con buenas dosis de paciencia, aplacar ciertas reacciones innecesarias, saber brindarse a los
demás y, sobre todo, aprender a necesitar de ellos. Por eso alguien puede decir:
“Para mí la felicidad consiste en NO TENER DEUDAS CON LA VIDA, comprender que no hay una
respuesta teórica al sentido de la existencia, sino una respuesta práctica. Si en algo consiste la
felicidad es en arrebatarle a la vida el beneficio de esa HORA BUENA, en cada una de sus etapas y
hacerlo en la medida que podamos con placer, a fin de que si realmente somos niños en la niñez,
maduros en la madurez y viejos en la vejez, no acumulemos demasiadas deudas con la vida, no
arrastremos ese sentimiento de que la vida siempre nos está debiendo algo”. 7

10. EL BIENESTAR Y GOZO DE NUESTRO PRESENTE no nos lo entrega EL PASADO, sino el FUTURO y
tenemos futuro, tenemos vida, cuando estamos rodeados de PROYECTOS. Sabemos que viviremos o
trataremos de vivir el tiempo suficiente como para concretarlos a todos. Por supuesto que el paso de la
edad nos recuerda nuestra natural fragilidad, imperfección, finitud, con la cuota de disfunciones y
enfermedades que debemos afrontar. Pero esto es relativo: de alguna manera envejecemos en la medida
en que nos detenemos, nos negamos a avanzar, nos sentamos a la orilla del camino para ver pasar a los
demás, cuando hay una crisis de sentido que nos comienza a paralizar. Cuando caminamos, avanzamos y
estamos siempre viendo el horizonte lejano al que queremos llegar, estamos llenos de vida.

11. Conviene recordar que hay REVOLUCIONES, HECHOS, PRODUCCIONES, DECISIONES que han sido
pensadas, programadas, decididas y producidas en esta tercera edad, por adultos mayores. Tal vez
estuvieron toda la vida preparando ese impulso que los hizo grandes. Pero en muchos casos, fue EN ESE
MOMENTO DE LA VIDA cuando pudieron comprender todo y tuvieron la fuerza para poder atreverse a dar
el gran salto. No es necesario buscar mucho porque la historia y los medios nos regalan numerosos
ejemplos. Para todo ellos, la vida no se detuvo, sino que mantuvo siempre su impulso creativo.

12. Es verdad que LA JUVENTUD ES UNA CONDICIÓN DESEADA, pero no siempre la juventud es maravillosa,
porque hay una EDAD o una ETAPA DE LA VIDA que sea maravillosa para todos. Lo cierto es que se
considera deseable UNIR LO MEJOR de la juventud y lo mejor de los adultos mayores: la experiencia y el
saber de los adultos, la vitalidad y la belleza de la juventud. Pero no podemos reunir lo que la vida ha
separado y compensa para hacernos la existencia más tolerable. A cada edad le da sus fortalezas y sus
debilidades, sus oportunidades y sus amenazas. Este, por ejemplo, es el único momento de la vida en que
podemos DISFRUTAR DEL TIEMPO, decidir sobre nuestro tiempo. Toda la vida vivimos atados al tiempo que
nos imponen los compromisos y los demás, pero en esta edad el tiempo está en nuestras manos. Por eso,
para muchos adultos mayores este TIEMPO DISPONIBLE es un problema porque tienen en abundancia lo
que han administrado como un bien escaso. Y hay que aprender a ser libres, a poder decidir, a tomarse
todos los permisos y saber que el descanso, el quiebre de los horarios, el tiempo libre, el ocio son
verdaderas oportunidades para bien-vivir.
7

JAVIER GOMA, escritor y filósofo español (1965). Entrevista. Obras: Filosofía mundana. Microensayos completos
(2016) - Tetralogía de la ejemplaridad, (2014)

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13. UNO ES LO QUE FRECUENTA Y HABLA. No hay que contagiarse de los malestares, las enfermedades y
los padecimientos propios y ajenos, porque el mal-estar termina generando nuestro mal-estar interior, la
mirada pesimista y oscura de la vida. Es necesario compartir y buscar los BIEN-ESTARES, aquello que puede
contagiar y contagiarnos de la mejor onda, a pesar de todos los problemas. Esto no es una novedad, porque
los adultos mayores no son más que una proyección de lo que han sido a lo largo de toda su vida: GENIO Y
FIGURA HASTA LA SEPULTURA. La edad no cambia ni cura a nadie: los adultos mayores no hacen más que
repetir esas miradas de la vida que han tenido a lo largo de la existencia. Los que nos rodean son lo que
nosotros decidimos que sean y nos tratarán como nosotros somos o queremos ser. Es posible que –
lentamente – volvamos a depender más de los demás, de los que nos rodean. El ciclo vital nos devuelve al
inicio y nuestra independencia, nuestra autonomía, nuestra omnipotencia nos deposita en ese lugar en que
nuevamente estamos en manos de los otros.

14. ESTA ES UNA EDAD A LA QUE UNO ARRIBA, SIN AVISO Y SIN PREPARACIÓN. Es verdad que no estamos
preparados para nada. Hay mucha escuela, muchos maestros, pero son pocas las cosas que nos enseñan y
para algunas lecciones no hay maestros, no hay escuelas ni hay exámenes que nos garanticen las
competencias deseadas. No hay escuela de vida, de vida verdadera y no de simulacros de vidas, esas que se
compran en cómodas cuotas vacías y huecas. Nadie nos dice como convertirnos en niños. Nadie nos da la
receta para ser buenos adolescentes y no sufrir en el intento. Nadie nos convierte en jóvenes. Nos vamos
enterando de a poco que somos adultos… y un buen día descubrimos que SOMOS ADULTOS MAYORES
(eufemismo que nos sienta bien): el cuerpo no es el mismo, la agilidad tampoco, la memoria se resiste a
recuperar palabras, fechas y nombres, los dolores golpean y se quedan a vivir, la memoria falla, el oído es
más perezoso, sabemos que algunas cosas nos las haremos más, y escuchamos algunas frases, que van
recordando lo que somos. Cuando eso sucede ya estamos, ya no podemos regresar. La recordadas COPLAS
de JORGE MANRIQUE nos lo recuerda: “No mirando nuestro daño, corremos a rienda suelta sin parar;
desque vemos el engaño/ y queremos dar la vuelta, / no hay lugar.”8 No siempre nos damos cuenta de los
cambios, porque ese espejo en el que nos miramos todos los días es piadoso con cada uno de nosotros y
nos dice que somos los mismos, que no hemos cambiados. Y aun cuando nos hemos reflejado allí cincuenta
años, son LOS DEMÁS, LOS OTROS, los que nos marcan los cambios, especialmente en esos re-encuentros
en donde debemos saltar los años que han pasado y que al recuperarnos nos entregan en un solo pago
todas las facturas. Y ésta es una gran verdad: UNO ES SIEMPRE EL MISMO, tiene el mismo nombre, se
encuentra con su mismo rostro y su mismo cuerpo, escucha su voz, reconoce su mirada. Parece que nada ha
cambiado, pero los años han pasado y NO somos los mismos, somos diferentes. Somos lo que siempre
fuimos, pero siempre distintos. Somos lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos.9

15. HACE TIEMPO SE HABLABA MUY POCO DE LA VEJEZ. No hablar era una manera de ignorarla, de alejarla,
de no verla en el futuro de todos. Ha pasado el tiempo y el discurso ha ido cambiando, los ADULTOS
MAYORES no pertenecen a la etapa más miserable de la vida, no es donde sólo se va perdiendo lo que se ha
tenido a lo largo de la vida. Es una etapa más de la vida y como es la nuestra, ES LA MEJOR: es una
oportunidad para planificarla, tener un montón de posibilidades y de recursos, y saber que son los demás
los que pierden si es que no se dan cuenta de todo lo que pueden aprovecharnos, si nos escuchan, si nos
cuidan, si nos hacen un lugar. Y nosotros prometemos portarnos bien, no ser molestos, indiscretos,
pesados, sólo ser NOSOTROS, lo que hemos sido a lo largo de la vida. Podemos ser JUBILADOS, RETIRADOS
8

MANRIQUE JORGE (1440 – 1479), COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE
HERACLITO (533 – 484 acá) afirmaba en uno de sus fragmentos: NO NOS BAÑAMOS DOS VECES EN EL MISMO RÍO,
porque cuando volvemos, ya el río es el mismo y nosotros no somos los mismos. Podríamos cambiar la frase, diciendo
NO NOS MIRAMOS DOS VECES EN EL MISMO ESPEJO, porque nosotros siempre cambiamos y cambia con nosotros el
espejo que nos refleja.
9

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de los compromisos laborales10, pero uno no se jubila nunca de la vida, del amor, de los afectos. Por el
contrario, ahora que nos hemos sacado el peso de las obligaciones podemos vivir mejor, amar mejor,
encontrarnos mejor con los que nos quieren; tenemos mucho para dar, aunque necesitemos también
recibir mucho para poder mantener las fuerzas y las ganas de luchar.

16. Es verdad que hace mucho tiempo, los ADULTOS MAYORES OCUPABAN POR TRADICIÓN Y DERECHO
UN LUGAR en la sociedad y que, desde allí, podían aportar sus conocimientos, sus criterios, su sabiduría y su
experiencia. Ese tiempo pasó. Después vino la nada, la destrucción y el olvido. Y ahora, hay un
redescubrimiento social y cultural de los adultos mayores. Pero no es un lugar ya definido, sino un lugar que
debemos ganarnos, una especie de lugar personal y social que debemos construir. No nos van a regalar
nada: pero podemos ganar todo. Como en tantos acontecimientos de la vida, todo puede suceder, pero
nada puede ocurrir con certeza absoluta. Pero ese no es un problema de edad, sino de época: estamos
viviendo en condición de incertidumbre continua, permanente, tanto que la incertidumbre es la única
certeza que tenemos.

17. La INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN DE LOS ADULTOS MAYORES en este lugar, ha logrado
reunir a los que poseen diversos conocimientos y saberes, teóricos o prácticos, intelectuales, artísticos o
artesanales con los adultos mayores que quieren APRENDER para saber, para hacer, para aplicar, en el
ámbito acto de la UNIVERSIDAD, el lugar del conocimiento. Es el mismo juego de ENSEÑANZA y
APRENDIZAJE de la escuela que conocimos y frecuentamos. Pero no es la misma escuela porque son otros
los actores y las razones por las que se encuentran en ella. No los une la obligación, sino la elección y la
libertad. Cada uno elige lo que quiere estudiar o ejercitar. Permanece, continúa o abandona según su
decisión. Y los docentes saben que no es lo mismo. Tal vez haya que pensar – lentamente – en otro formato
de las ESCUELAS PARA ADULTOS para que no se repliquen los modelos del pasado, sino para que sientan
cómodo en un lugar, un tiempo, una forma de encuentro que los considera como son. Lo importante es que
es una forma de asumir esta etapa, llenarse de vida, sentirse plenos, disfrutar, salir de algunos encierros, y
compartir lo que son y saben. Una gran oportunidad por cierto.

18. No podemos dejar de recordar UNA SERIE DE PELÍCULAS que han abordado el tema de los adultos
mayores, especialmente en los últimos años, acompañando una legislación que ha consagrado los derechos
y la definido la protección de esta franja etaria. El cine no hace más que recordar lo que sucede a nuestro
alrededor: (1) JUVENTUD, (2) MIS TARDES CON MARGARITA , (3) EL JUEZ, (4) LA MEJOR OFERTA (5)
DESCUBRIENDO A FORRESTER (6) LA LENGUA DE LA MARIPOSA (7) SAN VICENTE (8)DERECHO DE FAMILIA
(9) LAS INVASIONES BARBARAS (10)ANTES DE PARTIR (11)VIDAS MAESTRAS (12) EL FIN ES EL PRINCIPIO
(13) EL HIJO DE LA NOVIA (14) CEREZOS EN FLOR (15) GOOD BYE LENIN (16) EL CURIOSO CASO DE
BENJAMIN BUTTON,(17) COCOON (18) ELSA y FRED(19) EL EXÓTICO HOTEL MARIGOLD (20) CONDUCIENDO
A MISS DAISY (21) EL ESTANQUE DORADO (22) FRESAS SALVAJES (23) VENUS

19. Antes de concluir es oportuno INVITAR A DOS ADULTOS MAYORES para que hablen de esta edad
privilegiada en la que ellos siguen produciendo pensamiento, palabras y mensajes. Uno es menos conocido
porque pertenece al ámbito de la filosofía y la sociología, aunque sus ideas se han divulgado mucho:
ZYGMUNT BAUMAN (1925) que – además de haber escrito mucho sobre la MODERNIDAD LÍQUIDA como un
estado provisorio que ha sucedido a la MODERNIDAD SÓLIDA – nos ha entregado un libro llamado VIDAS
DESPERDICIADAS: LA MODERNIDAD Y SUS PARIAS. La tarea de BAUMAN es describir, anunciar y mostrar,
porque su tarea como intelectual no le permite otra intervención. Hay otro que aborda el mismo tema, pero
10

Es curioso: durante buena parte de la vida TRABAJO Y PROFESIÓN son las que completan nuestra identidad. Somos
lo que somos y somos lo que hacemos. La JUBILACIÓN o el RETIRO no quita el trabajo y nos quedamos sólo con lo que
somos, con nuestra identidad: es el momento de la verdad.

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cuya presencia en el mundo es mucho más relevante: el PAPA FRANCISCO (1936) que una y otra vez habla
de la “cultura del descarte”, en donde se suele incluir a los ADULTOS MAYORES. 11
"Estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el ambiente, pero sobre todo lo vemos en
el hombre. La persona humana está en peligro: ¡He aquí la urgencia de la ecología humana! El
peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una
cuestión de economía, sino de ética y antropología...dominan las dinámicas de una economía y
una riqueza carentes de ética. Lo que manda hoy no es el hombre, es el dinero. En lugar de
disfrutar de la tierra, los hombres y las mujeres son sacrificados a los ídolos de la explotación y del
consumo: es la CULTURA DEL DESCARTE. La vida humana, la persona, no se ve como un valor
primario que respetar y cuidar. Esta cultura del descarte nos ha convertido en insensibles.
La tercera edad, SER ADULTOS MAYORES, es una vocación. No es aún el momento de “abandonar
los remos en la barca”. Este período de la vida es distinto de los anteriores, no cabe duda;
debemos también un poco inventarlo porque nuestras sociedades no están preparadas, espiritual
y moralmente, a dar a este momento de la vida, su valor pleno. Es necesario que cada uno y todos
solidariamente sepamos construir ese nuevo tiempo, rico para todos.”

20. JOAN MANUEL SERRAT fue el autor – en 1987 y cuando tenía 40 años12 - de una aleccionadora canción,
que nos advierte sobre los riesgos del paso de los años. Es lo que hemos intentado revertir.
Si se viviese entre amigos
que al menos de vez en cuando
pasasen una pelota...
Si el cansancio y la derrota
no supiesen tan amargo...
Si fuesen poniendo luces
en el camino, a medida
que el corazón se acobarda...
y los ángeles de la guarda
diesen señales de vida...
Quizá llegar a viejo
Sería más razonable,
más apacible,
más transitable.
Si tuviese más ventajas
y menos inconvenientes...
Si el alma se apasionase,
el cuerpo se alborotase,
y las piernas respondiesen...

11

FRANCISCO I: Alocuciones, mensajes y homilías. 2013 – 2015. BAUMAN Zygmunt (2005): Vidas desperdiciadas: La
modernidad y sus parias. Barcelona. Paidós. Modernidad líquida (1999), Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los
vínculos humanos (2005), Vida líquida (2006), Vida de consumo (2007), Tiempo líquido(2007)
12
SERRAT Joan Manuel: CD BIENAVENTURADOS. 1987

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Y del pedazo de cielo
reservado para cuando
toca entregar el equipo,
repartiesen anticipos
a los más necesitados...
Quizá llegar a viejo
sería todo un progreso,
un buen remate,
un final con beso.
Si no estuviese tan oscuro
a la vuelta de la esquina...
O simplemente si todos
entendiésemos que todos
llevamos un viejo encima.
No importa que todos llevemos un viejo encima:
¡NADA CONCLUYE: LA VIDA SIEMPRE VUELVE A EMPEZAR!

KANT: 1724 -1804
PUBLICÓ HASTA 1799

MARX: 1818 – 1803
TRABAJÓ HASTA 1881

HEIDEGGER: 1889 - 1976
TRABAJÓ HASTA EL FIN

PERON: 1895 – 1974
MURIÓ PRESIDENTE

BORGES: 1899 – 1986
ESCRIBIÓ HASTA EL FINAL

SABATO: 1911 – 2011
PUBLICÁ HASTA 2005

EINSTEIN: 1879 – 1955
TRABAJO HASTA EL FINAL

PICASSO: 1881 – 1973
PINTO HASTA EL FINAL

SOCRATES
470 - 399

MANDELA
1918 - 2013

MAO TSE TUNG
1893 - 1976

STRAVINSKI
1882 – 1971

V. FRANKL: 1905 – 1997
TRABAJO HASTA EL FINAL

FREUD = 1856 – 1939
ESCRIBIO HASTA 1937

JUAN PABLO II: 1978- 2005
PAPA HASTA EL FINAL

CHAPLIN: 1889 – 1977
SE RETIRO EN 1976

TERESA DE CALCUTA
1910 – 1997

GOETHE: 1749 – 1832
FAUSTO: 1832

U. ECO: 1932 – 2016
PUBLICÓ HASTA EL FINAL

BENEDETTI: 1920 –
2009
LIBRO: 2005

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ANEXOS

01
CALVINO ITALO = LAS CIUDADES INVISIBLES. LEONIA
La ciudad de Leonia se rehace a si misma todos los días: cada mañana la población se despierta entre
sábanas frescas, se lava con jabones apenas salidos de su envoltorio, se pone batas flamantes, extrae del
refrigerador más perfeccionado latas aún sin abrir, escuchando las últimas retahílas del último modelo de
radio.
En los umbrales, envueltos en tersas bolsas de plástico, los restos de la Leonia de ayer esperan el carro del
basurero. No solo tubos de dentífrico aplastados, bombillas quemadas, periódicos, envases, materiales de
embalaje, sino también calentadores, enciclopedias, pianos, juegos de porcelana: más que por las cosas que
cada día se fabrican, venden, compran, la opulencia de Leonia se mide por las cosas que cada día se tiran
para ceder lugar a las nuevas. Tanto que uno se pregunta si la verdadera pasión de Leonia es en realidad,
como dicen, gozar de las cosas nuevas y diferentes, y no más bien el expeler, alejar de sí, purgarse de una
recurrente impureza. Cierto es que los basureros son acogidos como ángeles, y su tarea de remover los
restos de la existencia de ayer se rodea de un respeto silencioso, como un rito que inspira devoción, o tal
vez sólo porque una vez desechadas las cosas nadie quiere tener que pensar mas en ellas.
Dónde llevan cada día su carga los basureros nadie se lo pregunta: fuera de la ciudad, claro; pero de año en
año la ciudad se expande, y los basurales deben retroceder mis lejos; la importancia de los desperdicios
aumenta y las pilas se levantan, se estratifican, se despliegan en un perímetro cada vez más vasto. Añádase
que cuanto más sobresale Leonia en la fabricación de nuevos materiales, más mejora la sustancia de los
detritos, más resisten al tiempo, a la intemperie, a fermentaciones y combustiones. Es una fortaleza de
desperdicios indestructibles la que circunda Leonia, la domina por todos lados como un reborde
montañoso.
El resultado es éste: que cuantas más cosas expele Leonia, más acumula; las escamas de su pasado se
sueldan en una coraza que no se puede quitar; renovándose cada día la ciudad se conserva toda a sí misma
en la única forma definitiva: la de los desperdicios de ayer que se amontonan sobre los desperdicios de
anteayer y de todos sus días y años y lustros.
La basura de Leonia poco a poco invadiría el mundo si en el desmesurado basurero no estuvieran
presionando, más allá de la última cresta, basurales de otras ciudades que también rechazan lejos de sí
montañas de desechos. Tal vez el mundo entero, traspasados los con fines de Leonia, está cubierto de
cráteres de basuras, cada uno, en el centro, con una metrópoli en erupción ininterrumpida. Los límites entre
las ciudades extranjeras y enemigas son bastiones infectos donde los detritos de una y otra se apuntalan
recíprocamente, se superan, se mezclan.
Cuanto más crece la altura, más inminente es el peligro de derrumbes: basta que un envase, un viejo
neumático, una botella sin su funda de paja ruede del lado de Leonia, y un alud de zapatos desparejados,
calendarios de años anteriores, flores secas, sumerja la ciudad en el propio pasado que en vano trataba de
rechazar, mezclado con aquel de las ciudades limítrofes finalmente limpias: un cataclismo nivelará la
sórdida cadena montañosa, borrará toda traza de la metrópoli siempre vestida con ropa nueva. Ya en las
ciudades vecinas están listos los rodillos compresores para nivelar el suelo, extenderse en el nuevo
territorio, agrandarse, alejar los nuevos basurales."

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02
BIOY CASARES: DIARIO DE LA GUERRA DEL CERDO. 1969
VERSION DESPIADADA DE LA VEJEZ
Plantea una guerra generacional, de los jóvenes contra los «cerdos», epíteto dado a los viejos. Lo que se
puede ver en muchos aspectos de la vida, en la novela adquiera una naturaleza radical. No sólo hay
competencia entre las generaciones, no sólo hay recelo, sino que la lucha se vuelve explícita, ESUNA
GUERRA, y cuando hay una guerra gana el más fuerte, y éste suele ser el joven. Así, vemos cómo los viejos
son víctimas de la violencia y la arrogancia de los jóvenes. La violencia se extiende a lo largo de toda la
novela, y así somos testigos de distintos ataques, persecuciones y asesinatos, siempre de los jóvenes contra
los viejos, los cuales se debaten entre los deseos de continuar su vida normal, la indignación y el miedo.
La novela está enfocada en el personaje de ISIDORO VIDAL, un hombre al límite de la vejez, que para
algunos puede pasar por joven (al menos por el momento) y para otros por viejo, lo que lo pone en una
situación errática que no lo excluye del peligro. Así, mientras que algunos le dicen que todavía es joven y
que no tiene nada de qué preocuparse, en varias ocasiones debe huir de ataques juveniles y llega incluso a
estar marcado para ser objeto de destrucción.
Sin embargo, aparece la reflexión que hace Bioy sobre la vejez (en un momento de su vida en que estaba
ingresando inexorablemente en ella). Los viejos son presentados con crueldad, tanto que la publicación
misma fracasó en Europa justamente porque los lectores tenían la misma edad que
los viejos de la novela.
La vejez es el lugar de lo repugnante, de lo desvaído y de la muerte, pero lo
interesante es que, en medio de la guerra, las principales razones contra los viejos
no son dadas por los jóvenes, sino por los viejos mismos. Son ellos los primeros en
odiar la vejez, y por eso casi ninguno se asume de buenas a primeras como viejo, y
todos quieren seguir siendo jóvenes (o parecerlo). Mientras que por un lado los
jóvenes son violentos y descerebrados por el otro los viejos aparecen, muchas
veces, como merecedores de la violencia de la que son víctimas: corretean a las
muchachas, son egoístas y cobardes. Todos parecen haber perdido la belleza y la
coherencia, arrastrados hasta los extremos de la violencia y la miseria.13
“En esta guerra los chicos matan por odio contra el viejo que van a ser. A través de esta guerra
[los jóvenes] entendieron de una manera íntima, dolorosa, que todo viejo es el futuro de algún
joven. ¡De ellos mismos, tal vez! matar a un viejo equivale a suicidarse”.

13

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03
SIMONE DE BEAUVOIR
LA VEJEZ (1970)

PREAMBULO
He hablado hasta ahora de la vejez como si esta palabra abarcara una realidad bien definida. En verdad,
cuando se trata de nuestra especie, nos es fácil delimitarla. Es un fenómeno biológico: el organismo del
hombre de edad presenta ciertas singularidades. La vejez acarrea consecuencias psicológicas: ciertas
conductas se consideran con justa razón como características de una edad avanzada. Como todas las
situaciones humanas, tiene una dimensión existencial: modifica la relación del individuo con el tiempo, por
lo tanto su relación con el mundo y su propia historia. Por otra parte, el hombre no vive jamás en estado de
naturaleza; en su vejez, como en cualquier edad, su condición le es impuesta por la sociedad a la que
pertenece. Lo que hace compleja la cuestión es la estrecha interdependencia de esos diferentes puntos de
vista. Es una abstracción, como se sabe ahora, considerar por separado los datos fisiológicos y los hechos
psicológicos: se gobiernan mutuamente.
Ya veremos que en la vejez esta relación es particularmente evidente, siendo por excelencia, la esfera de lo
psicosomático. Sin embargo, lo que se llama la vida psíquica de un individuo sólo puede entenderse a la luz
de su situación existencial; ésta tiene, pues, repercusiones sobre su organismo; y a la inversa: la relación con
el tiempo se experimenta de modo diferente según que el cuerpo esté más o menos deteriorado.
Por último la sociedad asigna al anciano su lugar y su papel teniendo en cuenta su idiosincrasia individual, su
impotencia, su experiencia; recíprocamente, el individuo está condicionado por la actitud práctica e
ideológica de la sociedad para con él. No basta pues describir de una manera analítica los diversos aspectos
de la vejez; cada uno reacciona en todos los demás y es afectado por ellos; hay que captarla en el
movimiento indefinido de esta circularidad.
Por eso un estudio de la vejez debe tratar de ser exhaustivo. Como mi fin esencial es iluminar lo que hoy es
hoy, en nuestra sociedad, la suerte de los viejos, asombrará quizás que dedique tantas páginas a la
condición que se les asigna en las llamadas sociedades primitivas, a la que tuvo en los diferentes momentos
de la historia humana. Pero si la vejez como destino biológico, es una realidad transhistórica, no es menos
cierto que ese destino es vivido de manera variable según el contexto social; a la inversa: el sentido o no
sentido que reviste la vejez en el seno de una sociedad pone a toda ésta en cuestión pues a través de ella se
descubre el sentido o el no sentido de toda la vida anterior. Para juzgar a la nuestra es necesario confrontar
las soluciones que ha elegido con las que han adoptado, a través del espacio y del tiempo, otras
colectividades. Esta comparación permitirá elucidar lo que hay de ineluctable en la condición del anciano,
en qué medida, a qué precio podrían paliarse sus dificultades y cuál es, pues, a su respecto la
responsabilidad del sistema en que vivimos.

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Toda situación humana puede ser considerada como exterioridad –tal como se presenta a los demás- y
como interioridad, en cuanto el sujeto la asume superándola. Para los demás el viejo es el objeto de un
sabe; él tiene de su estado una experiencia vivida. En la primera parte de este libro adoptaré el primer
punto de vista. Examinaré lo que la biología, la antropología, la historia, la sociología contemporánea nos
enseñan sobre la vejez. En la segunda trataré de describir la manera en la que el hombre de edad interioriza
su relación con su cuerpo, con el tiempo, con los demás.
Ninguna de estas dos investigaciones nos permitirá definir la vejez; comprobaremos, por el contrario, que
adopta una multiplicidad de rostros, irreductibles los unos a los otros. En el curso de la historia, como hoy,
la lucha de clases decide la forma en que un hombre es dominado por la vejez; un abismo separa al viejo
esclavo del viejo eupátrida, a un viejo obrero con una pensión miserable de un Onassis. La diferenciación de
la vejez tiene también otras causas: salud, familia, etc. Pero la oposición de explotadores y explotados crea
dos categorías de ancianos: una extremadamente vasta, la otra reducida a una pequeña minoría. Todo
alegato que pretenda referirse a la vejez en general debe ser recusado porque tiende a enmascarar este
hiato.
De inmediato se plantea una cuestión. La vejez no es un hecho estadístico; es la conclusión y la
prolongación de un proceso ¿En qué consiste ese proceso? En otras palabras, ¿qué es envejecer? Esta idea
está ligada a la de cambio. Pero la vida del embrión, del recién nacido, del niño es un cambio continuo.
¿Cabe incluir, como lo han hecho algunos, que nuestra existencia es una muerte lenta? Seguramente que
no. Esa paradoja desconoce la verdad esencial de la vida, que es un sistema inestable en que el equilibrio se
pierde y se reconquista a cada instante; la inercia es, en cambio, sinónimo de muerte. La ley de la vida es
cambiar. Lo que caracteriza al envejecimiento es cierto tipo de cambio irreversible y desfavorable, una
declinación. El gerontólogo norteamericano Lansing propone la definición siguiente: ”Un proceso progresivo
desfavorable de cambio, ordinariamente ligado al paso del tiempo, que se vuelve perceptible después de la
madurez y concluye invariablemente en la muerte”.
Pero de inmediato nos detiene una dificultad: ¿qué significa desfavorable? Implica un juicio de valor. No hay
progreso o regresión sino en relación con un objetivo al que se apunta. El día en que Marielle Goitschel
esquió menos bien que otras más jóvenes, en el plano deportivo debió de considerarse vieja. En el seno de
la empresa de vivir se establece la jerarquía de las edades, y el criterio es mucho más incierto. Habría que
saber qué objetivo persigue la vida humana para decidir cuáles transformaciones la alejan de él o la
acercan.
El problema es sencillo si sólo se considera en el hombre su organismo. Todo organismo tiende a subsistir.
Para eso hay que restablecer su equilibrio cada vez que se ve comprometido, defenderse contra las
agresiones exteriores, tener sobre el mundo el poder más amplio y más firme. En esta perspectiva las
palabras: favorables, indiferentes, perjudiciales, tienen un sentido claro. Desde el nacimiento hasta los 18 o
20 años de edad, el desarrollo del organismo tiende a aumentar sus posibilidades de supervivencia: se
fortifica, se vuelve más resistente, sus recursos aumentan, sus posibilidades se multiplican. El conjunto de
las capacidades físicas del individuo alcanza su punto más alto de expansión hacia los 20 años. Durante los
veinte primeros años la mutación del organismo, tomada en su totalidad, es, pues, benéfica.
Ciertos cambios no entrañan ni mejoramiento ni disminución de la vida orgánica, son indiferentes, como la
involución del timo que se produce en la primera infancia, la de las neuronas cerebrales cuya cantidad es
inmensamente superior a las necesidades del individuo. Algunos cambios desventajosos se producen muy
pronto. La amplitud del margen de acomodación se reduce a partir de los diez años. El límite de altura de
los sonidos audibles disminuye ya antes de la adolescencia. Cierta forma de memoria bruta se debilita a

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partir de los 12 años. Según Kinsey, la potencia sexual del hombre decrece después de los 16 años. Esas
pérdidas, muy limitadas, no impiden que el desarrollo infantil y juvenil siga una línea ascendente. Después
de los 20 años y sobre todo a partir de los 30 se inicia una involución de los órganos. Desde ese momento,
¿hay que hablar de envejecimiento? No. En el hombre, el cuerpo mismo no es pura naturaleza. Las
pérdidas, las alteraciones, los desfallecimientos, pueden quedar compensados por montajes, automatismos,
un saber práctico e intelectual. No se hablará de envejecimiento mientras las deficiencias sigan siendo
esporádicas y fácilmente paliadas. Cuando cobran importancia y son irremediables, entonces el cuerpo se
vuelve frágil y más o menos impotente; se puede decir sin equívoco que declina.
La cuestión se vuelve mucho más compleja si consideramos al individuo en su totalidad. Se declina después
de haber alcanzado un apogeo; ¿dónde situarlo? A pesar de su independencia, lo físico y lo anímico no
siguen una evolución rigurosamente paralela. Anímicamente un individuo puede haber sufrido pérdidas
considerables antes que se inicie su degradación física; por el contrario, es posible que en el curso de esta
decadencia realice beneficios intelectuales importantes. ¿A cuál concederemos el valor más alto? Cada uno
dará una respuesta diferente según que otorgue más precio a las aptitudes corporales, o a las facultades
mentales, o a un feliz equilibrio entre unas y otras. Con arreglo a tales opciones los individuos y las
sociedades establecen una jerarquía de edades; no existe ninguna que sea universalmente aceptada.
El niño supera al adulto por la riqueza de sus posibilidades, la inmensidad de sus adquisiciones, la frescura
de sus sensaciones; ¿basta esto para considerar que al adquirir edad se degrada? Esta parece hasta cierto
punto haber sido la opinión de Freud: “Piénsese en el contraste entristecedor que existe entre la
inteligencia resplandeciente de un niño sano y la debilidad intelectual de un adulto medio”, escribió. Es la
idea que ha desarrollado a menudo Montherlant: “El genio de la infancia, cuando se extingue, no vuelve
jamás. Se dice siempre que de un gusano sale la mariposa; en el hombre, la mariposa se convierte en
gusano”, dice Ferrante en La Reine morte. Los dos tenían razones personales –muy diferentes en uno y otro
caso- para valorizar la infancia. Su opinión por lo general no es compartida.
La misma palabra madurez indica que naturalmente se concede al hombre hecho la preeminencia sobre el
niño y el joven: ha adquirido conocimientos, experiencia, capacidades. Sabios, filósofos, escritores, suelen
situar el acmé del individuo en mitad de su vida. Algunos de ellos consideran la vejez incluso como la época
privilegiada de la existencia; piensan que aporta experiencia, sabiduría, paz. La vida humana no conocería la
declinación.
Definir para el hombre lo que es progreso o regresión implica referirse a cierto fin: pero ninguno es dado a
priori en su valor absoluto. Cada sociedad crea sus propios valores; en el contexto social la palabra
declinación puede encontrar su sentido preciso. Esta discusión confirma lo que he dicho antes: la vejez sólo
puede ser entendida en totalidad; no es sólo un hecho biológico sino un hecho cultural.

04.
VICTORIA CAMPS = FILOSOFIA DEL ENVEJECIMIENTO
https://www.youtube.com/watch?v=LZMpXiPq8p8

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05
NORBERTO BOBBIO= DE SENECTUTE
La sabiduría para un viejo consiste en aceptar resignadamente los
propios límites. Pero, para aceptarlos, hay que conocerlos. Para
conocerlos, hay que buscar alguna razón que los justifique. No he
llegado a ser un sabio. Los límites los conozco bien, pero no los
acepto. Los admito únicamente porque no tengo más remedio.
Diré con una sola palabra que mi vejez es la vejez melancólica,
entendiendo la melancolía como la conciencia de lo que no he
conseguido ni podré conseguir. Es la imagen de la vida como una
calle donde la meta siempre está más lejos y, cuando creemos
que la hemos alcanzado, no es la que habíamos pensado como
definitiva. La vejez se convierte entonces en el momento en que
nos damos cuenta de que el camino no sólo no está realizado,
sino que ya no hay tiempo para realizarlo, y que hay que
renunciar a conseguir la última etapa.

“Pienso, al contrario que BOBBIO, que no debemos vivir la vejez recordando el tiempo pasado, sino
haciendo planes para el tiempo que nos queda, tanto si es un día, un mes o unos cuantos años, con la
esperanza de realizar unos proyectos que no pudieron acometerse en los años de juventud.”

RITA LEVY MONTALCINI. EL AS EN LA MANGA. EDIT. CRITICA, 1999

06
JEAN AMÉRY: REVUELTA Y RESIGNACIÓN. ACERCA DEL ENVEJECER.14 Valencia: Pre-textos, 2001.
14

JEAN AMÉRY es en realidad HANS MAIER, intelectual vienés nacido en 1912. En la década de los treinta inició una
prometedora carrera de novelista que se vio truncada por el ascenso del nazismo. Exiliado a Bélgica, participó en la
resistencia anti-nazi distribuyendo propaganda hasta que fue capturado, torturado y deportado a Auschwitz. Tras su
liberación se instaló en Bruselas, cambió su nombre y trabajó en la sección de cultura para periódicos suizos. Durante
años se negó a publicar en Alemania o Austria. En 1964 salen a la luz sus memorias de Auschwitz bajo el título Más allá
de la culpa y la expiación. Revuelta y resignación, un peculiar ensayo dedicado a la fenomenología del envejecer, se
publica en 1968. La continuación, Levantar la mano sobre uno mismo, texto dedicado al suicidio, aparece en 1976. Jean
Améry se quitó la vida en 1978 con una sobredosis de somníferos. Los cinco ensayos que componen Revuelta y

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AMÉRY advierte en el prólogo que sus reflexiones no están sujetas a comprobación o refutación. Son
especulaciones que se mueven de espaldas al criterio de verdad de las ciencias positivas, pues nacen de una
subjetividad que medita sobre una experiencia intransferible: la decadencia del cuerpo, su progresivo
deterioro. Los límites de esta forma de conocimiento son los límites de un cuerpo que transforma sus
procesos en laboratorio de una hipótesis: la imposibilidad de abolir la muerte, la absoluta intrascendencia
de la vida humana. Newton nos habla del tiempo como de una magnitud homogénea, eterna, absoluta,
pero antes de que las teorías de Einstein cuestionaran esta imagen, la experiencia subjetiva de nuestro
cuerpo ya nos había revelado que la vivencia del tiempo cambia con los años. Para la juventud, EL TIEMPO
ES ESPACIO: el lugar donde se realizan nuestros proyectos; durante LA VEJEZ, EL TIEMPO YA NO ES UN
LUGAR, SINO MEMORIA, pasado actualizado por el recuerdo. “Ser joven equivale a lanzar el cuerpo en el
tiempo, que no es tiempo, sino vida, mundo, espacio”. La muerte, en cambio, representa la abolición del
sujeto, su “des-espacialización” y, en la medida en que nos expulsa del mundo, también constituye la
aniquilación del sentido, la suspensión de cualquier forma de inteligibilidad. Améry ironiza sobre la vieja
metáfora que identifica la vejez con el otoño. Esta bella imagen apenas esconde que la vejez no es una
estación, sino un final inapelable. La muerte significa la interrupción de cualquier ciclo. No es un otoño, pues
al otoño sigue el invierno y a éste el verano, mientras que la vejez carece de horizonte. No tiene continuidad
ni posibilidades de invertir su curso. Sólo es el término de un proceso que concluye abruptamente. Nada
más ridículo que reservar un espacio perpetuo para el cuerpo sin vida. La muerte se ríe del bienestar
burgués. Los panteones sólo expresan la impotencia de los que sueñan con una eternidad acompañada de
privilegios materiales. En el descanso eterno no hay lugar para el confort. LA MUERTE es un fenómeno ahistórico, algo que no puede caracterizarse con las categorías asociadas a la vida: hoy, mañana, futuro. En
cierto sentido, se puede interpretar como un corte epistemológico, pues implica el paso a otro estado: el yo
sólo se constituye cuando se condensa en tiempo transcurrido, pero adquirir una identidad significa perder
el mundo o, lo que es lo mismo, la posibilidad de ser. “El yo-en-el-tiempo y el yo-en-el-mundo no pueden
ser realidad”.
Améry advierte en el prólogo de Revuelta y resignación que sus reflexiones no están sujetas a
comprobación o refutación. Son especulaciones que se mueven de espaldas al criterio de verdad de las
ciencias positivas, pues nacen de una subjetividad que medita sobre una experiencia intransferible: la
decadencia del cuerpo, su progresivo deterioro. Los límites de esta forma de conocimiento son los límites
de un cuerpo que transforma sus procesos en laboratorio de una hipótesis: la imposibilidad de abolir la
muerte, la absoluta intrascendencia de la vida humana. Proust comprendió perfectamente que la finitud es
un componente esencial de nuestro vivir. Por eso, cuando en El tiempo recobrado muestra los estragos de
la edad sobre unos personajes que han ido transformándose al ritmo de los cambios sociales, surge de
inmediato una pregunta: ¿Qué ha pasado? ¿Por qué el arrogante barón de Charlus o el espléndido SaintLoup han perdido su prestancia? ¿Dónde está su aplomo, su ingenio, su capacidad de sorprender e
intimidar? No ha pasado nada, apunta Améry. O mejor dicho, ha pasado todo. Simplemente, “el tiempo ha
transcurrido”. Newton nos habla del tiempo como de una magnitud homogénea, eterna, absoluta, pero
antes de que las teorías de Einstein cuestionaran esta imagen, la experiencia subjetiva de nuestro cuerpo ya
nos había revelado que la vivencia del tiempo cambia con los años. Para la juventud, el tiempo es espacio: el
lugar donde se realizan nuestros proyectos; durante la vejez, el tiempo ya no es un lugar, sino memoria,
pasado actualizado por el recuerdo. “Ser joven –escribe Améry- equivale a lanzar el cuerpo en el tiempo,
resignación son: (1)“Existencia y transcurso del tiempo” (2) “Convertirse en extraño de sí mismo”(3)“La mirada de los
otros” (4)“No entender ya el mundo” (5)“Vivir con el morir”

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que no es tiempo, sino vida, mundo, espacio”. La muerte, en cambio, representa la abolición del sujeto, su
“des- espacialización” y, en la medida en que nos expulsa del mundo, también constituye la aniquilación del
sentido, la suspensión de cualquier forma de inteligibilidad. Améry ironiza sobre la vieja metáfora que
identifica la vejez con el otoño. Esta bella imagen apenas esconde que la vejez no es una estación, sino un
final inapelable. La muerte significa la interrupción de cualquier ciclo. No es un otoño, pues al otoño sigue el
invierno y a éste el verano, mientras que la vejez carece de horizonte. No tiene continuidad ni posibilidades
de invertir su curso. Sólo es el término de un proceso que concluye abruptamente. Nada más ridículo que
reservar un espacio perpetuo para el cuerpo sin vida. La muerte se ríe del bienestar burgués. Los panteones
sólo expresan la impotencia de los que sueñan con una eternidad acompañada de privilegios materiales. En
el descanso eterno no hay lugar para el confort. La muerte es un fenómeno ahistórico, algo que no puede
caracterizarse con las categorías asociadas a la vida: hoy, mañana, futuro. En cierto sentido, se puede
interpretar como un corte epistemológico, pues implica el paso a otro estado: el yo sólo se constituye
cuando se condensa en tiempo transcurrido, pero adquirir una identidad significa perder el mundo o, lo que
es lo mismo, la posibilidad de ser. “El yo-en-el-tiempo y el yo-en-el-mundo no pueden ser realidad”.

07
DYLAN THOMAS D. POEMAS 1934 - 1952
NO ENTRES DÓCILMENTE EN LA NOCHE CALLADA
NO entres dócilmente en la noche callada,
que al morir la luz la vejez debería
delirar y arder; odia el fin de la jornada.
Aunque el sabio ve en su ocaso la alborada,
como a su verbo el rayo vigor no confía
no entra dócilmente en la noche callada.
Llora el hombre bueno tras la última oleada,
por lo que pudo su obra danzar en la bahía,
y odia, odia feroz el fin de la jornada.
Y el loco, que al sol cogió al vuelo en su “albada”
y advierte, aunque tarde, la ofensa que le hacía,
no entra dócilmente en la noche callada.
Y el grave, que al morir ve con ciega mirada
que ojos ciegos ser pueden meteoros de alegría,
odia, odia feroz el fin de la jornada.
Y tú, padre mío, de tu cima alejada,
maldice o bendíceme con voz airada o pía.
No entres dócilmente en la noche callada.
Odia, odia feroz el fin de la jornada.
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO
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