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Tannhäuser

OBERTURA

ACTO I

Escena primera
(Interior del Monte de Venus: Sirenas, Venus, Tannhäuser, Ninfas, Bacantes, Parejas de enamorados)

Sirenas
¡Acercaos a esta playa!
¡Acercaos a esta orilla,
donde, en los brazos
de un amor ardiente,
vuestros deseos quedarán
cálida y deliciosamente satisfechos!

Escena segunda

Venus
Amado mío, dime,
¿en qué estás pensando?

Tannhäuser
¡Basta ya! ¡Basta ya!
¡Oh, si pudiera despertarme ahora!

Venus
Dime, ¿qué es lo que te contrista?

Tannhäuser
¡En sueños me parecía escuchar algo
que hace tiempo se ha vuelto extraño
a mis oídos!,
¡me parecía escuchar el alegre tañido
de las campanas!
¡Oh, dime! ¿Cuánto tiempo hace
que no escuchaba yo algo semejante?

Venus
¿Hacia qué lugares te pierdes?
¿Qué es lo que se apodera de ti?

Tannhäuser
El tiempo que aquí he permanecido
no puedo medirlo.
Días, meses… no existen ya para mí,
pues ya no veo el Sol,
ni tampoco
los amables astros del cielo;
no veo ya la hierba
que, al verdear,
trae consigo un nuevo verano;
al ruiseñor que me anuncia
la primavera, tampoco oigo.
¿Nunca más volveré a oír
ni a ver tales cosas?

Venus
¡Ay! ¿Qué es lo que oigo?
¡Que quejas tan insensatas!
¿Es que tan pronto te has cansado de los
gritos prodigios que mi amor te depara?
¿Qué te ocurre?
¿Tanto te arrepientes de ser un dios?
¿Tan pronto te has olvidado
de que en otro tiempo sufrías,
mientras que ahora gozas?
¡Levántate, cantor mío! ¡Coge tu arpa!
¡Ensalza el amor, pues tuya fue
su más alta recompensa!

Tannhäuser
¡Resuenen tus alabanzas!
¡Ensalzados sean los prodigios
que tu poder creó para mí, haciéndome feliz!
¡Las dulces delicias
que nacen de tus favores ensálcelas
mi canto con fuertes gritos de júbilo!
Alegrías, ay,
goces espléndidos
era lo que mi corazón quería,
lo que mi espíritu anhelaba:
y eso que en otro tiempo concediste
únicamente a los dioses,
¡a mí, pobre mortal,
me lo otorgó tu gracia!
Pero no he dejado, ay, de ser mortal,
y tu amor me resulta demasiado grande.
Un dios puede estar gozando siempre,
pero yo estoy sometido al cambio;
no es sólo el placer lo que me importa,
anhelo pasar de las alegrías
a los dolores.
Tengo que huir de tu reino,
¡oh reina, diosa mía! ¡Déjame partir!

Venus
¿Qué es lo que tengo que oír?
¡Qué canto es ése!
¿En qué confusos tonos ha caído tu canción?
¿Adónde ha huido aquel entusiasmo
que sólo te dictaba cantos de placer?
¿Qué es lo que pasa?
¿En qué ha fallado mi amor?
Amado mío, ¿de qué me acusas?

Tannhäuser
¡Gracias sean dadas a tus favores!
¡Ensalzado sea tu amor!
¡Feliz será por siempre
quien junto a ti ha morado!
¡Envidiado será por siempre
quien, lleno de cálidos deseos,
entre tus brazos
ha participado del ardor divino!
Encantadores son los prodigios de tu reino,
en él respiro la magia de todas las delicias:
ningún país del ancho mundo
ofrece nada igual,
al parecer tú puedes prescindir fácilmente
de lo que el mundo posee.
Sin embargo, quiero abandonar
estos perfumes de rosa,
lo que yo anhelo son los aires del bosque,
el claro azul del cielo de los hombres,
el fresco verdor de nuestros prados,
el grato canto de nuestros pajarillos,
el familiar tañido de nuestras campanas.
Tengo que huir de tu reino,
¡oh reina, diosa mía!
¡Déjame partir!

Venus
¡Infiel! ¡Ay de mí!
¿Qué cosas he mas hecho oír?
¿Es que te atreves a burlarte de mi amor?
¿Es que lo ensalzas
y quiere, sin embargo, huir de él?
¿Es que te has hartado de mis encantos?

Tannhäuser
¡Ay, bella diosa!
¡No te enojes conmigo!
¡De lo que huyo es de tus encantos
demasiado grandes!

Venus
¡Ay de ti! ¡Traidor!
¡Hipócrita! ¡Ingrato! ¡Ay!
¡No te dejaré ir!
¡No te apartarás de mi lado! ¡Ay!

Tannhäuser
¡Nunca fue mi amor más grande
y verdadero que ahora,
cuando he de huir de ti para siempre!

Venus
¡Amado mío, ven! ¡Mira allí la gruta
donde flotan suavemente perfumes de rosa!
Incluso a un dios le encantaría habitar
aquella estancia de los más dulces goces.
Suavemente apoyado en los blandos cojines,
de tus miembros huirá el dolor,
un aire fresco bañará tu ardiente cabeza,
un delicioso ardor hará vibrar tu corazón.
Dulces sones que llegan
de tiernas lejanías
incitan a mis brazos
a ceñir tu cuerpo en grata proximidad:
beberás de mis labios el licor de los dioses,
¡en mis ojos brillará la gratitud amorosa!
Brote de nuestra unión una fiesta de goces,
¡deja que nos entreguemos felices
a la celebración del amor!
No le ofrezcas una tímida ofrenda,
¡no!, disfruta unido
a la diosa del amor.

Sirenas
¡Acercaos a esta playa,
acercaos a esta orilla!

Venus
¡Caballero mío! ¡Amado mío!
¿Es que quieres huir?

Tannhäuser
¡Para ti, sólo para ti resonarán
por siempre mis canciones!
¡Lo único que cantaré con fuerza
serán tus alabanzas!
Tus dulces encantos son la fuente
de toda belleza,
y de ti proceden
todos los amables prodigios.
¡Sólo para ti arderá en llamas ese fuego
que tú en mi corazón has derramado!
Sí, frente al mundo entero, sin cansarme,
yo seré en lo sucesivo tu intrépido paladín.
Pero tengo que regresar
al mundo de la Tierra,
pues junto a ti sólo puedo ser un esclavo;
y lo que yo anhelo es libertad,
estoy sediento de libertad, de libertad;
¡quiero enfrentarme
a la lucha y a los combates,
aunque en ellos muera y sucumba!
Por ello tengo que huir de tu reino.
¡Oh, reina, diosa mía! ¡Déjame partir!

Venus
¡Vete, insensato, márchate de aquí!
¡Ya ve, traidor, que yo no te retengo!
¡Te doy la libertad! ¡Vete de aquí!
¡Que eso que anhelas sea tu sino!
Huye a los fríos seres humanos,
de cuya estúpida y confusa demencia
escapamos nosotros, los dioses de la alegría,
refugiándonos en el cálido seno de la Tierra!
¡Vete de aquí, iluso! ¡Busca tu salvación,
busca tu salvación, que jamás la encontrarás!
Pronto tu orgullo abandonará a tu alma,
ya te veo acercándote humillado,
me buscarás cuando estés
destruido, pisoteado,
¡entonces implorarás la magia de mi poder!

Tannhäuser
¡Ay, bella diosa, adiós!
¡Jamás regresaré a ti!

Venus
¡Ay! ¡Jamás regresarás a mí!
Pero si no regresas, ay, ¡entonces maldeciré
al entero género humano!
¡En vano buscará
entonces mis prodigios!
¡El mundo estará desolado,
su héroe será un esclavo!
¡Regresa, regresa a mí!

Tannhäuser
¡Nunca más volverá a alegrarme
la dicha del amor!

Venus
¡Regresa, si tu corazón te trae!

Tannhäuser
¡Tu amante huye para siempre!

Venus
¡Ojalá que todo el mundo te repudie!

Tannhäuser
¡La penitencia me redimirá de la maldición!

Venus
¡Jamás se te concederá el perdón!
¡Regresa si no encuentras la salvación!

Tannhäuser
¡Mi salvación! ¡Mi salvación está en María!

Escena tercera
(Un valle delante del Wartburg. Se ve a lo lejos el Hörselberg).

Pastor
La señora Holda salía de la montaña
para recorrer los campos y los prados;
cantos muy dulces escuchaban mis oídos,
y mis ojos deseaban contemplarla.
Muchos sueños hermosos he soñado,
y, apenas he abierto los ojos,
allí estaba brillando cálidamente el Sol,
había llegado mayo, el mes de mayo.
Ahora toco con alegría mi flauta,
¡mayo, el querido mayo está ahí!

Peregrinos
¡Hacia ti camino, Jesucristo,
hacia ti, esperanza de los peregrinos!
¡Alabada seas, Virgen dulce y pura,
muéstrate clemente con esta peregrinación!
Ay, la carga de los pecados gravita
pesadamente sobre mí,
ya no puedo seguir soportándola;
por ello no quiero sosiego ni descanso;
y escojo con gusto las penas y las fatigas.
En la festividad sublime
de la gracia y el perdón
humildemente expiaré mis culpas;
bendito sea el que se mantiene fiel a su fe:
el arrepentimiento y la penitencia lo salvarán.

Pastor
¡Buena suerte! ¡Buena suerte hasta Roma!
¡Rezad por mi pobre alma!

Tannhäuser
¡Loado seas, Dios Omnipotente!
¡Grandes son los milagros de tu gracia!

Peregrinos
¡Hacia ti camino, Jesucristo,
hacia ti, esperanza de los peregrinos!
¡Alabada seas, Virgen dulce y pura,
muéstrate clemente con es peregrinación!

Tannhäuser
¡Ay, la carga de los pecados gravita
pesadamente sobre mí,
ya no puedo seguir soportándola;
por ello no quiero sosiego ni descanso
y escojo con gusto las penas y las fatigas.

Peregrinos
En la festividad sublime
de la gracia y el perdón
humildemente expiaré mis culpas;
bendito sea el que se mantiene fiel a su fe.
Escena cuarta

Landgraf
¿Quién es ese que ahí está rezando
ten fervorosamente?

Walter
sin duda un penitente.

Biterolf
Por el traje parece más bien un caballero.

Wolfram
¡Es él!

Otros cantores
¡Es Heinrich! ¡Es Heinrich!
¿Ven bien mis ojos?

Landgraf
¿Eres tú realmente?
¿Es que regresas al círculo
que con tanto orgullo
y arrogancia abandonaste?

Biterolf
Dime, ¿Qué es lo que significa
para nosotros tu regreso?

Landgraf, Walter, Heinrich, Reinmar


¡Dínoslo!

Biterolf
¿La reconciliación?
¿O vienes para luchar de nuevo?

Walter
¿Te acercas a nosotros como amigo
o como enemigo?

Cantores
¿Como enemigo?

Wolfram
¡Oh, no hagáis preguntas!
¿Es ése el rostro de la arrogancia?
Te saludamos, osado cantor,
que ¡ay! hace ya tanto tiempo
faltas de entre nosotros.

Walter
¡Bienvenido, si regresas en son de paz!

Biterolf
¡Te saludo, si nos das el nombre de amigos!

Walter, Heinrich, Biterolf, Reinmar


¡Te saludamos! ¡Te damos nuestros saludos!

Landgraf
¡Pues yo también te doy la bienvenida!
Dime. ¿dónde has estado tanto tiempo?

Tannhäuser
He viajado muy lejos, muy lejos,
a un sitio donde nunca encontré
sosiego ni reposo.
¡No hagáis preguntas!
No he regresado para luchas con vosotros.
¡Reconciliaos conmigo
y dejadme que prosiga mi camino!

Landgraf
¡Ah, no! Ahora vuelves a ser
uno de los nuestros.

Walter
No te irás de aquí.

Biterolf
No te dejaremos que te vayas.

Walter, Heinrich, Wolfram, Reinmar, Landgraf


¡Quédate con nosotros!

Tannhäuser
¡Dejadme! No me gusta detenerme,
nunca podré hacer alto en mi camino.
He de seguir siempre hacia adelante,
no me es lícito mirar hacia atrás.

Landgraf y Cantores
¡Oh, quédate! Permanece con nosotros,
no te dejaremos que nos abandones,
Y ya que nos has buscado,
¿por qué has de irte tan pronto,
tras un encuentro tan breve?

Tannhäuser
¡Me voy! ¡Me voy de aquí!

Landgraf, Walter, Heinrich, Biterolf, Reinmar


¡Quédate, quédate con nosotros!

Wolfram
¡Quédate con Elisabeth!

Tannhäuser
¡Elisabeth! Oh, poderes celestiales,
¿sois vosotros los que me decís
ese dulce nombre?

Wolfram
¡No me acuses de ser tu enemigo
por haber pronunciado ese nombre!
(Al Landgrave)
¿Me permites, señor, que sea yo
el que haga el anuncio de su felicidad?

Landgraf
¡Háblale de la magia que ha ejercido,
y que Dios le conceda la virtud
de practicarla noblemente!

Wolfram
Cuando, con audaz canto,
te enfrentabas a nosotros,
y unas veces triunfabas
sobre nuestras canciones,
y otras eras derrotado por nuestro arte,
hubo un premio que tú fuiste
el único en ganar.
¿Fue magia o fue un poder puro
lo que hizo que lograses el prodigio
de cautivar con tu canto,
lleno de delicias y de sufrimientos,
a la doncella más llena de virtudes?
Pues, ay, cuando orgullosamente nos dejaste,
el corazón de ella se cerró a nuestros cantos,
vimos cómo sus mejillas se tornaban `pálidas
y cómo evitaba en todo momento
nuestro círculo.
Oh, vuelve a nuestro lado, audaz cantor,
no se aparte tu canto del nuestro.
Que ella no siga faltando a nuestras fiestas,
¡que de nuevo nos ilumine su estrella!

Cantores
¡Sé uno de los nuestros, Heinrich!
¡Vuelve a nuestro lado!
¡Terminen las discordias y las disputas!
¡Resuenen unidas nuestras canciones,
y en lo sucesivo llamémonos hermanos!

Landgraf
¡Oh, regresa, audaz cantor,
vuelve a nuestro lado!
¡Terminen las discordias y las disputas!

Tannhäuser
¡A ella! ¡A ella! ¡Oh, conducidme a ella!
¡Ay, ahora es cuando vuelvo a reconocer
el bello mundo del que escapé!
El cielo me mira desde lo alto,
los campos lucen sus más ricas galas.
La primavera, con miles de acentos suaves,
se me ha entrado jubilosa en el alma;
con una dulce y fogosa impaciencia
mi corazón grita con fuerza: ¡a ella, a ella!
¡Conducidme a ella!

Landgraf y Cantores
¡Regresa el habíamos perdido!
Un milagro lo ha traído.
¡Bendito sea el noble poder
que ha conjurado su arrogancia!
¡Ahora los oídos de la doncella tan alabada
volverán a escuchar
nuestros solemnes cantos!
¡Brote de todos los pechos la canción,
con sonidos animados por la alegría!

ACTO II

Escena primera
(La sala de los cantores en el Wartburg)

Elisabeth
¡Vuelvo a saludarte, sala querida,
con alegría te saludo, estancia amada!
Las canciones de él que aquí resucitan
y de un sueño sombrío me sacan.
Desde que él te abandonó,
¡que triste me pareciste!
¡De mí huyó entonces la paz,
de mí escapó la alegría!
Y ahora que mi pecho se ensancha,
qué noble y orgullosa me pareces.
Aquel que a ti y a mí vuelve a darnos vida,
no está ya lejos de aquí.
¡Recibe mi saludo, recibe mi saludo!
¡Sala querida, recibe mi saludo!

Escena segunda

Wolfram
Allí está ella; ¡acércate sin miedo!

Tannhäuser
¡Oh, princesa!

Elisabeth
¡Oh, Dios! ¡Levantaos! ¡Dejadme!
¡No me es lícito verso aquí!

Tannhäuser
¡Sí te es lícito! ¡Oh, quédate y permite
que continúe a tus pies!

Elisabeth
¡Levantaos!
En esta sala no debéis arrodillaros,
pues ella es vuestro reino. ¡Oh, levantaos!
¡Recibid mi agradecimiento
por haber regresado!
¿Dónde habéis estado tanto tiempo?

Tannhäuser
Lejos de aquí, en tierras remotas,
muy remotas. Un denso olvido
ha caído entre el ayer y el hoy.
Todos mis recuerdos
han desaparecido rápidamente,
y una sola cosa me resulta posible olvidar:
que ya no esperaba saludaros nunca
ni alzar alguna vez mis ojos hacia vos.

Elisabeth
¿Qué es, pues,
lo que os ha conducido aquí de nuevo?

Tannhäuser
¡Un milagro ha sido,
un milagro excelso, incomprensible!
Elisabeth
¡Bendigo ese milagro
desde el fondo de mi corazón!
¡Perdonadme si no sé
lo que me hago!
Estoy soñando y soy
más insensata que una niña,
entregada estoy
al poder de los milagros.
Ya casi no me reconozco a mí misma;
¡oh, ayudadme a resolver
el enigma de mi corazón!
En otro tiempo me gustaba escuchar
las sabias melodías de los cantores;
un noble juego parecíanme
sus cantos y sus loas.
¡Pero qué vida tan extraña y nueva
hacía surgir en mi pecho vuestra canción!
Unas veces me hacía temblar,
como si fuera dolor,
otras penetraba en mí cual un place súbito.
¡Sentimientos que nunca había yo tenido,
anhelos que nunca yo había conocido!
¡Las demás cosas que me eran queridas
se esfumaban
ante unas delicias que nunca cantes
habían sido nombradas!
Y cuando vos os alejasteis de nosotros,
desaparecieron mi paz y mi dicha;
las melodías que cantaban los cantores
me parecían apagadas, y confuso su sentido.
En sueños sentía unos dolores sordos,
y la vigilia era un triste delirio;
huyó de mi corazón la alegría…
¡Heinrich! ¿Qué fue lo que me hicisteis?

Tannhäuser
¡Al dios del amor debes ensalzar,
él es el que pulsaba mis cuerdas,
él es el que te hablaba en mis melodías,
él es el que me ha traído hasta ti!

Elisabeth
¡Loada sea la hora,
loado sea el poder
que me ha traído la dulce noticia
de que estabais cerca!
Rodeada estoy de un esplendor delicioso,
la luz del Sol me sonríe:
¡resucitada como estoy a una vida nueva,
llamo mía a la alegría!
Tannhäuser
Loada sea la hora,
loado sea el poder
que me ha traído de vuestra boca
una noticia tan dulce.
Animosamente puedo así consagrarme
a esta vida que he vuelto a conocer;
¡temblando de alegría digo
que mío es el más bello de sus milagros!

Escena tercera

Landgraf
¿Cómo es que te encuentro aquí, en esta sala
que por tan largo tiempo has evitado?
¿Es que por fin te atrae
la fiesta de cantores que estamos preparando?

Elisabeth
¡Tío mío! ¡Oh, mi buen padre!

Landgraf
¡Es que por fin te sientes empujada
a abrirme tu corazón?

Elisabeth
¡Mírame a los ojos!
Hablar no puedo.

Landgraf
Quede, pues, por breve tiempo
impronunciado tu dulce secreto;
quede sin romper la magia
hasta que sepas encontrar la solución.
¡Sea de ese modo!
Todas aquellas maravillas
que el canto despierta y suscita,
hoy deberá él ponerlas de manifiesto
y coronarlas con perfección.
¡Que el noble arte se haga hoy realidad!
Ya se acercan los nobles de mis tierras,
que aquí he convocado para una fiesta única;
vienen en mayor número que nunca,
pues han oído que tú vas a ser
la princesa de la fiesta.

Escena cuarta
(Entrada de los invitados: Condes, Caballeros, Pajes, Landgraf, Wolfram, Tannhäuser, Cantores, Elisabeth)

Coro
Con alegría te saludamos, noble sala,
haya aquí siempre tan sólo arte y paz,
resuene aquí por largo tiempo
este alegre grito:
¡Salve, príncipe de Turingia,
Landgraf Hermann!

Landgraf
Muchas y bellas cosas en esta sala
fueron ya por vosotros cantadas,
amados cantores;
tanto con sabios enigmas
como con alegres canciones,
siempre alegrasteis con igual ingenio
nuestro corazón.
Nuestra espada luchó, sí,
por la majestad del Imperio alemán
en combates serios y sangrientos;
nos resistimos
a los rabiosos güelfos
y nos opusimos a la funesta discordia,
pero el premio que vosotros conquistasteis
no fue menor.
Para la gracia y para las nobles costumbres,
para la virtud y para la fe pura
obtuvisteis vosotros con vuestro arte
una victoria realmente excelsa y bellísima.
Preparadnos una fiesta también hoy,
el día en que ha regresado a nosotros
el osado cantor,
que largo tiempo echamos de menos.
Lo que de nuevo
lo ha traído a nuestro lado,
eso a mí se me antoja
un misterio prodigioso:
mediante el arte de la canción
habéis de descubrirlo
y por ello es ésta la pregunta
que ahora os hago:
¿podéis averiguarme la esencia del amor?
Quien de ello sea capaz,
quien más dignamente
cante al amor, ése recibirá
de Elisabeth el premio
que él exija, por muy altos
y osados que sean sus deseos,
yo me preocuparé de que ella lo conceda.
¡Vamos, queridos cantores!
Tomad vuestros instrumentos!
¡Ya está propuesto el tema,
luchad por el premio
y recibid todos por anticipado
mi agradecimiento!

Caballeros y damas nobles


¡Salve! ¡Salve! ¡Salve, príncipe de Turingia!
¡Salve, protector de las nobles artes!

Cuatro pajes
¡Comience Wolfram von Eschenbach!

Wolfram
Cuando miro este noble círculo que me rodea,
¡qué visión tan excelsa enardece mi corazón!
Un gran número de héroes,
de héroes valientes, alemanes y sabios,
un soberbio bosque de encinas ciertamente,
un bosque magnifico, fresco y verde.
También contemplo
damas nobles y virtuosas,
una corona perfumada
con las flores más delicadas.
Mi vista se embriaga entonces
con este espectáculo
y mi canción enmudece
ante el esplendor de tanta gracia.
Por ello alzo mi mirada
a una sola de las estrellas,
que se encuentra en el cielo que me ciega:
mi espíritu se concentra entonces,
apartándose de todas las cosas lejanas,
y mi alma se sume devota en la oración.
Y ¡ved!, lo que se me muestra
es una fuente maravillosa
que mi espíritu contempla
lleno de admiración;
de ella saca él delicias llenas de gracia,
con las que reconforta
indeciblemente mi corazón.
Y yo no quisiera enturbiar
nunca esa fuente
ni tocar con ánimo sacrílego el manantial:
a ella quisiera devotamente sacrificarme
y derramar con gozo hasta la última gota
de sangre de mi corazón.
¡Oh, nobles amigos, leed en estas palabras
cómo conozco la esencia más pura del amor!

Caballeros y damas
¡Así es! ¡Así es! ¡Alabada sea tu canción!

Tannhäuser
¡También yo puedo decir
que he tenido la dicha
de contemplar eso que tú,
Wolfram, has contemplado!
¿Quién no conoce esa fuente?
¡Escucha, voy a ensalzar
en voz alta su virtud!
Pero no puedo acercarme al manantial
sin sentir un ardiente anhelo.
Tengo que refrescar el ardor de mi sed,
confiado acerco mis labios al manantial:
a sorbos bebo las delicias,
en las que nunca se mezcla titubeo ninguno:
pues es una fuente no puede secarse,
igual que tampoco se extinguen
nunca mis deseos.
Y así, para que mi anhelo arda eternamente,
eternamente me reconforto en ese manantial:
y sábelo, Wolfram, ¡así es como yo conozco
la esencia más verdadera del amor!

Walter
La fuente que Wolfram nos ha nombrado
también la vio la luz de mi espíritu;
pero tú, Heinrich, que ardiste en sed de ella,
en verdad que no la conoces.
Déjame que te diga, déjame que te enseñe:
esa fuente es ciertamente la virtud.
Tú debes honrarla con fervor
y hacer ofrendas a su noble claridad.
Si acercases tus labios, a su manantial
para refrescar una pasión sacrílega,
más aún, si sólo quisieras tomas
un pequeño sorbo de su margen,
¡entonces su fuerza maravillosa
se apartaría eternamente de ti!
Si quieres apagar tu sed
en esa fuente,
entonces lo que tienen que reconfortar
no es tu paladar, sino tu corazón.

Invitados
¡Salve, Walter! ¡Alabada sea tu canción!

Tannhäuser
¡Oh, Walter, tú que así has cantado,
de mala manera has desfigurado el amor!
Si en tales languideces te consumieras,
entonces en verdad el mundo
se volvería árido.
¡En alabanza a Dios alzad los ojos al cielo,
a altas, sublimes lontananzas,
mirad sus estrellas!
¡Rendid adoración a tales prodigios,
pues no los comprenderéis!
Pero lo que se inclina hacia el contACTO,
eso está cerca de mi corazón
y de mis sentidos,
aquello que, fabricado con la misma materia,
se amolda a mí con blandas formas,
eso merece ser disfrutado con gozosos deseos,
¡Y sólo en su disfrute conozco yo el amor!

Biterolf
¡Sal a luchar contra todos nosotros!
¿Quién que te oyese se quedaría quieto?
Si es que le place a tu arrogancia,
¡entonces, blasfemo,
escúchame también a mí!
Cuando un amor excelso me entusiasma,
lo que hace es templarme las armas
con coraje;
para que ese amor eternamente
permaneciese sin afrenta,
derramaría yo con orgullo
hasta la última gota de mi sangre.
Por el honor de las mujeres
y por la excelsa virtud
combato yo como caballero
con la espada;
pero eso que a tu juventud ofrece disfrute
es cosa que vale poco
y no es merecedor de un combate.

Caballeros y damas
¡Salve, Biterolf!

Caballeros
¡Aquí está nuestra espada!

Tannhäuser
¡Ah, Biterolf, estúpido fanfarrón!
¿Tú, lobo rabioso, cantas al amor?
Ciertamente tú no te has referido
a aquello que a mí me parece digno
de disfrute.
Tú, miserable, ¿de qué has gozado tú?
No ha sido rica en amor tu vida,
y las alegrías que han germinado para ti,
¡ésas, en verdad, no son merecedoras
de un combate!

Caballeros
¡No le dejéis terminar!
¡Haced frente a su osadía!
Landgraf
¡Atrás las espadas!
¡Cantores, conservad la paz!

Wolfram
¡Oh, cielo, deja que te implore,
concede a mi canción
el premio de la unción!
¡Deja que vea desterrado el pecado
de este círculo noble y puro!
Para ti, amor excelso, resuene
entusiasta mi canto,
¡para ti, que con angélica belleza
has penetrado hondamente en mi alma!
Tú te aproximas como enviado de Dios,
yo te sigo desde una noble distancia:
y así es como me guías a las regiones
donde eternamente brilla tu estrella.

Tannhäuser
¿Para ti, diosa del amor,
es para quien debe resonar mi canto!
¡Ahora voy a cantar en voz alta tu elogio!
Tus dulces encantos son la fuente
de toda belleza,
y de ti proceden todos los nobles prodigios.
Quien te ha estrechado ardientemente
entre sus brazos,
ése es el único que conoce lo que es amor.
Vosotros infelices
que nunca habéis gozado el amor,
¡Id al Monte de Venus, penetrad en él!

Todos
¡Ah, infame! ¡Apartaos de él!
¡Oíd! ¡Ha estado en el Monte de Venus!

Damas nobles
¡Vayámonos! ¡Apartémonos de él!

Wolfram
¡Ya lo habéis oído!

Landgraf, Cantores Y Caballeros


¡Ya lo habéis oído! Su boca sacrílega
ha manifestado horriblemente el crimen.
¡Ha compartido los placeres del infierno,
ha estado en el Monte de Venus!
¡Qué espanto! ¡Qué horror!
¡Merece ser maldito!
¡Bañad vuestra espada en su sangre!
¡Devuelto sea a los pantanos infernales;
sea execrado, sea proscrito!

Elisabeth
¡Deteneos!

Walter, Biterolf, Reinmar


¿Qué es lo que oigo?

Landgraf, Caballeros y Cantores


¿Cómo? ¿Qué es lo que veo? ¡Elisabeth!
¿La casta doncella está a favor del pecador?

Elisabeth
¡Atrás! ¡O no me dará miedo la muerte!
¿Qué es la herida de vuestro hierro,
comparada con el golpe mortal
que de él yo he recibido?

Landgraf, Caballeros y Cantores


¡Elisabeth!
¿Pero qué es lo que tengo que oír?
¿Cómo es que tu corazón
se ha dejado trastornar
hasta el punto de conjurar
el castigo de quien
también a ti te traicionó tan atrozmente?

Elisabeth
¿Qué importo yo? ¡Pero él…, su salvación!
¿Es que queréis arrebatarle su salvación?

Landgraf, caballero y cantores


Él ha rechazado todas las esperanzas,
¡jamás podrá ganar la salvación!
La maldición del cielo ha caído sobre él;
¡que perezca envuelto en sus pecados!

Elisabeth
¡Apartaos de él!
¡No sois vosotros sus jueces!
¡Crueles!
¡Arrojad lejos de vosotros la espada salvaje
y prestad oídos a la doncella pura!
¡Escuchad de mi boca la voluntad divina!
Ese desventurado que está preso
de una magia atrozmente poderosa,
¿es que nunca podrá alcanzar la salvación
mediante la expiación y la penitencia
en este mundo?
Vosotros, que sois tan fuertes en la fe pura,
¿es que ignoráis el consejo del Altísimo?
Si queréis arrebatar la esperanza del pecador,
entonces, decid ¿qué mal os ha hecho?
¡Miradme a mí, a la doncella, cuya flor
él ha roto con un golpe súbito,
a mí, que lo amé en lo profundo
de mi ánimo,
y a quien con júbilo
ha traspasado él el corazón!
Yo imploro por él, imploro por su vida,
¡que, arrepentido, encamine sus pasos
hacia la penitencia!
¡Que le sea devuelto
el coraje de creer,
pues también por él padeció
en otro tiempo el Redentor!

Tannhäuser
¡Ay! ¡Ay de mí, desventurado!

Landgraf, Cantores y Caballeros


Del luminoso éter ha descendido un ángel
para anunciarnos el sacro consejo de Dios.
¡Míralo, traidor infame,
y cobra consciencia de tu crimen!
Tú le diste muerte a ella
y ella reza por tu vida;
¡quién permanecerá insensible
al escuchar las súplicas del ángel?
Si bien no me es lícito perdonar al culpable,
no puedo oponerme
a la palabra que viene del cielo.

Tannhäuser
¡Para conducir el pecador a la salvación
se ha acercado a mí la evidencia de Dios!
¡Pero, ay, para tocarla sacrílegamente
he alzado hacia ella mis miradas pecadoras!
Oh tú, que estás muy por encima
de esta baja Tierra,
tú que me has enviado al ángel
de mi salvación
¡apiádate de mí, que, ay,
sumergido en pecados,
desconocí oprobiosamente
a la mediadora del cielo!
¡Apiádate de mí! ¡Ay, apiádate de mí!

Elisabeth
Yo imploro por él, imploro por su vida,
¡que, arrepentido, encamine sus pasos
hacia la penitencia!
¡Que le sea devuelto el coraje de creer,
pues también por él padeció
en otro tiempo el Redentor!

Landgraf, Cantores y Caballeros


Si bien no me es lícito perdonar
al culpable,
no puedo oponerme
a la palabra que viene del cielo.

Landgraf
Un crimen horrible fue cometido.
Con un máscara hipócrita se introdujo
entre nosotros el maldito hijo del pecado.
Te arrojamos de nuestro lado…
No te es lícito permanecer entre nosotros;
nuestro hogar está mancillado por ti,
y hasta el propio cielo lanza miradas
amenazantes sobre este techo
que ya te ha cobijado demasiado tiempo.
Para salvarte de la condenación
eterna, sin embargo,
te está abierto un camino;
arrojándote de mi lado,
te lo muestro. ¡Utilízalo para tu salvación!
De mis tierras se han juntado
aquí en gran número
peregrinos dispuestos a hacer penitencia.
Los más viejos ya han seguido
hacia adelante,
los más jóvenes descansan todavía
en el valle.
Por culpa de pecados veniales
su corazón no los deja en paz,
para calmar el devoto afán de penitencia
van a Roma a la fiesta de la gracia

Landgraf, Cantores y Caballeros


¡Con ellos debes peregrinar
a la ciudad de la misericordia,
y allí postrarte en el polvo
y expiar tu culpa!
Prostérnate delante de quien
pronuncia el juicio de Dios;
¡pero no vuelvas nunca más
si no obtiene su bendición!
Nuestra venganza tiene que ceder
porque un ángel la ha quebrantado,
¡pero si te obstinas en el pecado
y la ignominia, esta espada te alcanzará!

Elisabeth
¡Permite que él peregrine a ti,
oh Dios de la gracia y la misericordia!
¡A él, que tan bajo ha caído,
perdónale la culpa de los pecados!
Sólo por él quiero rezar,
sea mi vida entera una plegaria;
¡permítele que vea tu resplandor
antes de que se pierda en la noche!
¡Con un gozoso estremecimiento
deja que te sea ofrecido un sacrificio!
¡Toma, oh, toma mi vida:
ya no la llamo mía!

Tannhäuser
¿Cómo encontraré la gracia,
cómo expiaré mi culpa?
He visto desaparecer mi salvación,
el favor del cielo se aparta de mí.
Pero quiero peregrinar en penitencia
y golpear mi pecho
y postrarme en el polvo.
Que la contrición sea mi placer.
¡Oh, con sólo que él esté reconciliado,
el ángel de mi miseria,
ese ángel que, tan vilmente escarnecido,
se ha ofrecido en sacrificio por mí!

Peregrinos
¡En la excelsa fiesta de la gracia
y del perdón,
humildemente expiaré mi culpa!
Bendito sea el que permanece fiel en la fe:
será redimido por la penitencia
y el arrepentimiento.

Tannhäuser
¡A Roma!

Elisabeth, Landgraf, Cantores y Caballeros


¡A Roma!

ACTO III

Escena primera
(Un valle delante del Wartburg; el Höselberg)

Wolfram
Bien sabía yo que aquí
la encontraría rezando,
como la encuentro a menudo
cuando, a solas,
desde la cumbre boscosa
me pierdo en el valle.
Llevando en su corazón
la muerte que él le dio,
postrada en el suelo entre dolores ardiente,
ella implora día y noche la salvación de él;
¡oh, eterno poder del amor sagrado!
Está aguardando que regrese
de Roma los peregrinos.
Ya caen las hojas de los árboles,
el regreso es inminente.
¿Regresará con quienes han obtenido la gracia?
Eso es lo que ella pregunta,
eso es lo que ella implora,
oh santos, ¡permitid que lo vea cumplido!
Aunque su herida no se cure,
¡oh, que al menos le sea otorgado un alivio!

Los Peregrinos
Oh patria, ahora estoy feliz
de poder contemplarte
y poder saludar con alegría
tus hermosos campos;
ahora puedo abandonar
el bordón de peregrino,
porque, fiel a Dios,
he realizado la peregrinación.
Mediante la expiación y la penitencia
me he reconciliado
con el Señor, a quien sirve mi corazón,
con el Señor, que corona mi arrepentimiento
con su bendición
y en honor del cual resuenan mis canciones
¡La salvación de la gracia
le ha sido otorgada al penitente,
que un día entrará en la paz
de los bienaventurados!
El peregrino no tiene ya miedo
ni del infierno ni de la muerte,
por ello alabaré a Dios durante toda mi vida.
¡Aleluya por toda la eternidad!

Elisabeth
Es el canto de ellos…
¡Son ellos, regresan a casa!
¡Oh santos,
mostradme ahora cuál es mi ministerio,
para que lo cumpla dignamente!

Wolfram
Son los peregrinos… Es la piadosa melodía
que anuncia la salvación de la gracia recibida.
¡Oh cielo, conforta ahora el corazón de ella,
para el ACTO decisivo de su vida!

Elisabeth
¡Él no regresa!

Peregrinos
Oh, patria, ahora estoy feliz
de poder contemplarte
y poder saludar con alegría
tus hermosos campos;
ahora puedo abandonar
el bordón de peregrino…

Elisabeth
¡Oh Virgen omnipotente, escucha mi súplica!
¡Es a ti a quien invoco, Virgen alabada!
¡Déjame morir aquí en el polvo,
delante de ti, oh, llévame de esta tierra!
¡Haz que ingrese pura y parecida a un ángel
en tu reino bienaventurado!
Si alguna vez se apartó de ti mi corazón,
preso de una necia locura,
si alguna vez ha germinado dentro de mí
un deseo pecaminoso, un anhelo mundano,
¡he combatido entre mil dolores
para matarlo dentro de mi corazón!
Pero, aunque no haya podido expiar
todas mis faltas,
acógeme en tu gracia,
para que, con saludos humildes,
pueda acercarme cual digna sierva de ti:
¡a fin de implorar el beneficio más precioso
de tu gracia únicamente para la culpa de él!

Wolfram
Elisabeth,
¿me permites que te haga compañía?

Escena segunda

Wolfram
Cual un presagio de muerte
cubre el crepúsculo las tierras
y envuelve el valle
en un vestido negruzco;
el alma que aspira a aquellas alturas celestes
siente miedo de su propio vuelo
a través de la noche y el horror.
Entonces apareces tú,
la más amable de las estrellas,
y envías desde lejos una luz suave;
tu amado rayo hiende
la oscuridad nocturna,
y amablemente nos muestras
el camino para salir del valle.
Oh, tú, mi amada estrella vespertina,
siempre me ha agradado mucho saludarte;
desde este corazón
que nunca la traicionó a ella,
¡salúdala cuando pase a tu lado,
cuando vuele lejos del valle terrenal,
para convertirse allá arriba
en un ángel bienaventurado!

Escena tercera

Tannhäuser
He oído un toque de arpa…
¡qué triste sonaba!
Sin duda no venía de ella.

Wolfram
¿Quién eres tú, peregrino,
que caminas tan solitario?

Tannhäuser
¿Que quién soy?
Yo te conozco bien a ti;
tú eres Wolfram, el hábil cantor.

Wolfram
¡Heinrich! ¿Eres tú?
¿Qué es lo que te trae por aquí? ¡Habla!
¿Es que, sin estar aún libre
del pecado, te atreves
a dirigir tus pasos hacia este lugar?

Tannhäuser
¡No te preocupes, mi buen cantor!
No te busco ni a ti
ni a nadie de tu casta.
Pero busco a quien
quiera enseñarme el camino,
el camino que en otro tiempo encontré
con tan prodigiosa facilidad.

Wolfram
¿Y cuál es ese camino?

Tannhäuser
¡El camino que lleva al Monte de Venus!
Wolfram
¡Infame! ¡No profanes mis oídos!
¿Allí es adonde te arrastran tus instintos?

Tannhäuser
¿Conoces tal vez el camino?

Wolfram
¡Insensato!
¡Me siento horrorizado de oírte!
¿Dónde has estado?
Dime, ¿es que no fuiste a Roma?

Tannhäuser
¡No me hables de Roma!

Wolfram
¿Es que no estuviste en la Santa Fiesta?

Tannhäuser
¡No me hables de ella!

Wolfram
Entonces, ¿no has estado allí?
¡Dímelo, te lo suplico!

Tannhäuser
Sí, también yo he estado en Roma.

Wolfram
Entonces ¡habla! ¡Cuéntame, infeliz!
De mí se apodera la compasión por ti

Tannhäuser
¿Qué es lo que dices, Wolfram?
¿Es que no eres enemigo mío?

Wolfram
¡Nunca lo he sido, mientras te he creído
un hombre piadoso!
¡Pero habla! ¿Has peregrinado a Roma?

Tannhäuser
¡Bien!
¡Escucha! Wolfram,
ahora te enterarás.
(Wolfram se dispone a sentarse a su lado)
¡Apártate de mí!
El lugar en que yo descanso
está maldecido.
¡Escucha, Wolfram, escucha!
Sintiendo en mi corazón un fervor
como ningún otro penitente
lo ha sentido jamás,
busqué el camino de Roma.
Un ángel, ¡ay! le había arrebatado
al arrogante el orgullo del pecado:
por ese ángel quería yo
con humildad expiar,
implorar la salvación
que me había sido negada,
¡con el fin de endulzar a ese ángel
las lágrimas que en otro tiempo
él había derramado por mí, pecador!
El modo como recorría a mi lado el camino
el más agobiado de los peregrinos
me parecía a mí demasiado fácil:
si sus pies pisaban el blando suelo
de los prados, yo buscaba espinas y piedras
para las desnudas plantas
de los míos;
si él buscaba alivio a su boca
en un manantial,
yo bebía los tórridos ardores del Sol;
si él piadosamente enviaba
sus oraciones al cielo,
yo derramaba mi sangre
a gloria del Altísimo;
cuando él, cansado, reposaba en el albergue,
yo me tendía sobre la nieve y el hielo.
Con los ojos cerrados
para no ver sus maravillas
recorrí a ciegas
los hermosos campos de Italia.
¡Lo hice porque quería
expiar contrito,
con el fin de endulzar las lágrimas
de mi ángel!
De este modo llegué a Roma,
el santo lugar,
y rezando me prosterné en el umbral
del santuario.
Empezó a amanecer:
en ese momento tañeron las campanas
y a la tierra descendieron cánticos celestiales;
resonó entonces un grito exultante
de intensa alegría,
pues aquello cánticos prometían la gracia
y la salvación a la muchedumbre.
Entonces lo vi a él,
a aquel a través del cual se anuncia Dios,
y ante él se postró en el polvo
el pueblo entero;
y él impartió la gracia a millares de personas
y, una vez que estuvieron libres del pecado,
les ordenó que se levantasen con alegría.
También yo me acerqué entonces:
con la cabeza inclinada
y con gestos de dolor me acusé
del malvado placer que experimentaron
mis sentidos,
me acusé de deseos
que ninguna penitencia había aún enfriado,
y, sacudido por un dolor salvaje,
le imploré que me redimiese
de aquellos ardientes lazos.
Y aquel a quien yo rogaba comenzó a decir:
"Si has tenido parte en aquel malvado placer,
si te has inflamado del el fuego del infierno,
si has estado en el Monte de Venus,
¡entonces estás condenado
por toda la eternidad!
Así como esta vara que llevo en mi mano
nunca más volverá a adornarse
con frescas hojas verdes,
¡Así tampoco florecerá para ti la redención
que te libere del incendio ardiente
del infierno!"
Entonces yo, aniquilado,
caí sordamente al suelo,
perdí el sentido. Cuando me desperté,
en la plaza desierta reinaba la noche,
de lejos llegaban piadosas
canciones de gracia.
Entonces sentí náuseas
de aquel hermoso canto,
de aquellos mendaces sonidos de la promesa,
que, gélidos, me atravesaban el alma,
y el espanto hizo que me alejase de allí
con pasos salvajes.
Me sentía atraído hacia el lugar
donde tantas delicias y placeres
había gozado, ¡hacia el cálido pecho de ella!
A ti, Señora Venus, regreso,
vuelvo a la hermosa noche
de tus encantamientos;
¡desciendo hacia tu corte,
donde tus encantos me sonreirán
por toda la eternidad!

Wolfram
¡Deténte! ¡Deténte, desgraciado!

Tannhäuser
¡Ay, no permitas que te busque en vano,
cuando tan fácilmente
te encontré en otro tiempo!
Ya estás oyendo
que los hombres me maldicen,
¡guíame, pues, a ti, dulce diosa mía!

Wolfram
Insensato, ¿a quién estás invocando?

Tannhäuser
¡Ah! ¿Es que no percibes las suaves brisas?

Wolfram
¡Ven a mí! ¡Que te pierdes!

Tannhäuser
¿Y es que no respiras los gratos perfumes?
¿Es que no oyes los sonidos jubilosos?

Wolfram
Me tiembla el pecho
con un estremecimiento salvaje.

Tannhäuser
¡Ésa es la muchedumbre danzante
de las ninfas!
¡Aquí, aquí, delicias y placeres!

Wolfram
¡Ay! ¡Se abre un encantamiento malvado!
Se acerca el infierno corriendo salvajemente.

Tannhäuser
Un arrebato penetra mis sentidos
cuando veo esa luz crepuscular;
ése es el reino encantado del Amor,
¡ya hemos penetrado en el Monte de Venus!

Venus
¡Bienvenido seas, varón infiel!
¿Es que el mundo te ha proscrito
y desterrado?
¿Es que en ninguna parte encuentras piedad
y buscas el amor entre mis brazos?

Tannhäuser
¡Señora Venus, oh tú, compasiva!
¡Hacia ti, hacia ti me siento atraído!

Wolfram
Encantamiento del infierno,
¡apartaos, apartados!
¡No turbéis el espíritu del hombre puro!
Venus
De nuevo te acercas a mi umbral,
quede, pues, perdonada tu arrogancia;
eternamente corra para ti el manantial
de las alegrías,
¡nunca más huirás de mí!

Tannhäuser
Mi salvación, he perdido mi salvación
¡ahora elegiré los placeres del infierno!

Wolfram
¡Omnipotente, asiste al hombre piadoso!
Heinrich, una sola palabra, ella te hará libre:
¡tú salvación!

Venus
¡Oh, ven!

Tannhäuser
(A Wolfram)
¡Apártate de mi lado!

Venus
¡Oh, ven!
¡Sé ahora mío por toda la eternidad!

Wolfram
¡Todavía alcanzarás, pecador, la salvación!

Tannhäuser
¡Nunca, Wolfram, nunca! ¡He de irme allí!

Wolfram
Un ángel oró por ti en la tierra,
pronto flotará sobre ti bendiciéndote.

Venus
¡Ven a mí! ¡Ven a mí!

Wolfram
¡Elisabeth!

Tannhäuser
¡Elisabeth!

Cantores y coro masculino


¡Salvación para el alma que acaba de salir
del cuerpo de la piadosa penitente!

Wolfram
Tu ángel implora por ti
ante el trono de Dios
¡y es escuchado! ¡Heinrich, estás redimido!

Venus
¡Ay de mí! ¡Lo he perdido!

Cantores y coro masculino


(Viniendo del Wartburg, un cortejo fúnebre conduce un ataúd abierto)
A ella le ha sido concedida la bienaventurada
recompensa de los ángeles,
la excelsa ganancia de las alegrías celestiales.

Wolfram
¿Oyes ese canto?

Tannhäuser
¡Lo oigo!

Cantores y coro masculino


¡Santa es la mujer pura que, unida ahora
a las cohortes celestiales,
se encuentra delante del Eterno!
¡Bienaventurado es el pecador
por el que ella lloró
y para el cual imploró la salvación del cielo!

(Wolfram conduce a Tannhäuser hasta el ataúd, ante el cual éste se desploma)

Tannhäuser
¡Santa Elisabeth, ruega por mí!
(Muere)

Peregrinos
(Llevando en medio de ellos una vara sacerdotal que acaba de reverdecer).
¡Salve! ¡Salve! ¡Viva el milagro de la gracia!
Al mundo se le ha otorgado la redención.
En la sagrada hora nocturna
se ha hecho manifiesto el Señor
mediante un milagro.
Con frescas hojas verdes ha adornado
la seca vara que llevaba
en su mano el sacerdote:
¡así florecerá de nuevo la redención
para el pecador que está en el fuego
del infierno!
¡Gritádselo por todas las tierras a aquel
que mediante este milagro
encontró la gracia!
¡Por encima de mundo está Dios
y su misericordia no es una burla!
¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Aleluya!

Landgraf, Cantores, Caballeros y Peregrinos


¡Al penitente le fue concedida la salvación
de la gracia;
ahora entra
en la paz de los bienaventurados!