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CONTEXTO DE PLATÓN

1.1. Contexto histórico


El siglo V a.C. fue la época de mayor esplendor para Atenas, en la que florecieron sin igual la democracia, la
filosofía y las artes. Es ciertamente extraordinario pensar cómo en la Atenas de aquel tiempo coincidieron personajes
tan deslumbrantes como Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Heródoto, Tücídides, Sócrates, Protágoras,
Anaxágoras, Fidias, Praxíteles y un larguísimo etcétera. Por eso para muchos se trata de la verdadera edad de oro de
la humanidad. Además, bajo la dirección de Pericles, Atenas se convierte en la potencia hegemónica del mediterráneo
oriental después de su victoria sobre los persas.
Todo eso va a cambiar con las Guerras del Peloponcso que se inician en el año 431 a.Q, o sea, cuatro anos
antes del nacimiento de Platón. Atenas se encuentra entonces en el punto álgido de su dominio y decide que es el
momento de derrotar definitivamente a su rival de siempre. Esparta, que representa un ideal de sociedad jerarquizada
siempre dispuesta a apoyar a las colonias disconformes con el dominio -a menudo abusivo- impuesto por Atenas.
Pericles idea una estrategia que considera invencible: reunir a los habitantes de la Ática en Atenas. De esa manera,
dada la abrumadora superioridad ateniense en el mar, tenía garantizados los suministros y podía hostigar
indefinidamente los puertos de sus rivales. Pero aparece un hecho imprevisible: el hacinamiento de la población
provoca un brote de peste. El propio Pericles será víctima de la epidemia en el 430 a.C.
Es el principio del fin. A partir de este momento Atenas irá perdiendo progresivamente las señas de identidad
que la convirtieron en modélica y temible para sus enemigos. Su economía queda muy debilitada: las condiciones de
vida empeoran y las diferencias sociales aumentan.
Los sucesores de Pericles estuvieron muy por debajo de su altura. Por ejemplo Nielas o el veleidoso
Alcibíades, sobrino de Pericles y uno de los jóvenes preferidos de Sócrates.
El 404, después de más de 25 años de guerra. Esparta derrota a Atenas y le impone condiciones muy duras,
entre ellas, el gobierno de los Treinta Tiranos. En él intervienen familiares (Cármides y Critias) y amigos de Platón, que
le invitan a formar parte, pero rehusa por la crueldad que muestran.
La democracia se reinstaura en el 403, pero se trata de un burdo simulacro de la anterior, enseñoreándose el
caos, la demagogia y la corrupción. En ese contexto se produce la condena a Sócrates (399).
Tebas y Atenas llegan a formar una segunda Confederación Ateniense, pero son solo las últimas escalas de
un periodo de transición cuyo desenlace final será la derrota de las poleis griegas en la batalla de Queronea (338), que
terminará definitivamente con la independencia de las ciudades-estado y dará origen al imperio macedonio que
Alejandro Magno extenderá por medio mundo.
Platón vive, pues, unas circunstancias históricas extraordinariamente convulsas. Y de alguna manera su
filosofía es una respuesta a la decadencia y el desorden que le tocó vivir. Atenas se desmoronaba. ¿Cómo es posible
haber llegado a esta situación después del esplendor anterior? Platón cree encontrar la causa en la ignorancia de
ciudadanos y gobernantes acerca de qué es la Justicia. La única posibilidad de mejora pasa, pues, por la educación
filosófica de los gobernantes. En su famosa Carta VII Platón revela que su preocupación prioritaria son los asuntos
políticos. Su interés por la filosofía es secundario:
como medio para instaurar un Estado verdaderamente justo ("llegué a comprender que todos los estados
actuales están mal gobernados... Entonces me sentí irremisiblemente movido a alabar a la verdadera filosofía y a
proclamar que sólo con su luz se puede reconocer dónde está la justicia en la vida pública y en la vida privada").

1.2. Contexto cultural


En escultura se abandona el carácter solemne y ornamental de la época anterior y existe una
tendencia a plasmar el sentimiento, el momento fugaz. En literatura aparece la biografía como género y la prosa
gana terreno ante la poesía. La tragedia se aproxima al lenguaje cotidiano y representa temas actuales en los
que importa más el perfil psicológico de los personajes que la acción misma. El naturalismo psicológico y el
acercamiento a la realidad sustituyen al tono heroico-trágico anterior.
Contemporánea a la fundación de la Academia platónica, es la Escuela de Isócrates. Ambas pugnan
por la hegemonía espiritual en el campo de la educación y de la cultura. En la Academia el ideal educativo se
cimenta a partir de la filosofía (entendida como conocimiento de los supremos valores), mientras que en la
Escuela gira sobre la retórica (sin embargo, Isócrates, a diferencia de la retórica anterior, le confiere una meta:
una nueva ética panhelénica). Para Werner Jaeger, Isócrates es "el hombre que viene a coronar
verdaderamente el movimiento de la cultura sofística". También es considerado el padre de la "cultura
humanisra".
Platón escribió también poemas y tragedias, que rompió cuando conoció a Sócrates y decidió
dedicarse a la filosofía. No obstante, conservó el gusto por la belleza de las palabras y por la dramatización,
como demuestra la puesta en escena de muchos de sus diálogos.
Mostró gran interés por las matemáticas y la astronomía. En el frontispicio de su Academia colocó la
inscripción "Nadie entre aquí que no sea geómetra". A un matemático -Teeteto- le dedica un diálogo y a otro,
Eudoxo de Cnido (el mayor matemático de su tiempo), le encargó la dirección de la Academia en su segundo
viaje a Italia. Es un hecho conocido la decepción que provocaban en muchos sus conferencias sobre el Bien,
debido a que la mayor parte del tiempo solo hablaba de matemáticas.