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EL DESARROLLO COMO UN PROCESO CONVERSACIONAL DE

CONSTRUCCION DE CAPITAL SOCIAL:


Marco Teórico, una Propuesta Sociotecnológica y un Caso de Aplicación en
la Región de Aysén*.
__________________________________________________________________
Carlos Vignolo Friz **
Christian Potocnjak Cabrera ***
Alvaro Ramírez Alujas ****
RESUMEN
En medio de la crisis paradigmática de las teorías del desarrollo, ya evidente a
comienzos de la década pasada, dos líneas de pensamiento han emergido con
fuerza en los últimos años: el enfoque del Desarrollo Humano y la Teoría del Capital
Social. Esta última, en particular, ocupa el centro de las preocupaciones de los
autores del presente artículo, en el que exploran las oportunidades que el enfoque
del Capital Social ofrece para comprender e intervenir en los procesos de
desarrollo, entendidos éstos como las transformaciones que una determinada
comunidad y/o sociedad es capaz de producir internamente para avanzar en la
dirección por ella deseada.
Asumiendo que la capacidad de una comunidad humana para producir tales
transformaciones depende, fundamentalmente, de la calidad de las relaciones que
establecen las personas que la conforman, planteamiento central del enfoque del
Capital Social, los autores se preguntan ¿qué es aquello que ocurre cuando decimos
que las personas se relacionan?.
El artículo propone que una muy poderosa forma de entender las relaciones entre
personas es conceptualizándolas, fenomenológicamente, como procesos
conversacionales en los cuales lo que las personas hacen es construir la realidad en
que viven. La tesis central que se deriva de este planteamiento básico es, por
tanto, que la capacidad de una organización, una comunidad, una región, un país,
de desarrollarse depende crucialmente de la calidad de sus procesos
conversacionales, y que estos pueden ser optimizados de manera tal que las
conversaciones sean productivas y, a la vez, generen bienestar.
Finalmente, el artículo presenta una experiencia en curso, en sus primeras fases,
orientada a la generación de un proyecto de construcción de capital social en la
región de Aysén, en el extremo sur de Chile, experiencia que permite reflexionar
sobre las implicancias, potencialidades, dificultades y espacios de aprendizaje que
ofrece esta “ontología conversacional del desarrollo”.
* El presente documento es el resultado del trabajo de un equipo adscrito a la Dirección de
Investigación, Desarrollo y Publicaciones del Programa de Habilidades Directivas (PHD) del
Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile que integraron, aparte de los autores,
al ayudante de investigación Manuel Pino. A él se le agradece su contribución y el apoyo técnico para
hacer posible este trabajo.
** Profesor y Director Académico del Programa de Habilidades Directivas (PHD), Departamento de

Ingeniería Industrial, Universidad de Chile. Correo electrónico: cvignolo@dii.uchile.cl


*** Investigador Asociado, Programa de Habilidades Directivas (PHD), Departamento de Ingeniería

Industrial, Universidad de Chile. Correo electrónico: cpotocnj@dii.uchile.cl


**** Director de Investigación, Desarrollo y Publicaciones, Programa de Habilidades Directivas (PHD),

Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile. Correo electrónico: alramire@dii.uchile.cl


2
INTRODUCCION
La pregunta por los determinantes del desarrollo - aquel elusivo proceso que
configura el avance de una comunidad humana en una dirección por ella misma
deseada- ha sido una de las cuestiones que más atención, preocupación e
investigación generaron durante todo el Siglo XX, en las más diferentes disciplinas:
ciencia política, sociología, economía, gestión, educación y filosofía, entre otras. Si
a la pregunta por el desarrollo de las naciones, las regiones y las organizaciones
agregamos la pregunta por el desarrollo de las personas –el proceso que lleva al
ser humano a “vivir bien”- no cabe duda de que estamos en presencia de la
interrogante central de la humanidad durante al menos los últimos 150 años. A
pesar de todos los avances en tecnología, en ciencia y en filosofía, los caminos
hacia el desarrollo siguen aún estando muy pobremente iluminados.
Las respuestas y propuestas que, en diferentes momentos, parecieron dar luces
potentes y permanentes a la “cuestión del desarrollo”, terminaron siendo
desvirtuadas por la evidencia proporcionada por la evolución fáctica de los más
diversos sistemas sociales.
Alguna vez pareció evidente que el desarrollo dependía en lo esencial de la “base
material” disponible para cimentarlo. Naciones o regiones con mayor riqueza
natural deberían con mucha mayor facilidad alcanzar niveles elevados de
desarrollo, al menos en el ámbito económico. La evidencia empírica mostró, sin
embargo, a lo largo de los años, que no se observaba una correlación positiva entre
la dotación y explotación de recursos naturales y el nivel de desarrollo. Incluso
más, la correlación parecía en no pocos casos más bien ser inversa 1. En ocasiones
se obtenía crecimiento económico pero con grandes desigualdades en la
distribución del ingreso. En otras el crecimiento no lograba estabilizarse ni tampoco
contribuir a la estabilización de los sistemas políticos.
Los investigadores del desarrollo evolucionaron, dado el fracaso de este
aparentemente obvio paradigma del desarrollo, en las más diversas direcciones.
Mientras unos pocos buscaron descubrir las fallas de las teorías previas en las
premisas filosóficas y valóricas del “sistema”, la mayoría siguió el camino más
simple de agregar “ítems” a los requerimientos del desarrollo. No bastaba tener
“capital natural”. Era también necesario tener “capital físico fabricado”, concepción
que puso a la industrialización en su momento como la panacea del desarrollo. Ello
a su vez requería “capital financiero”. Y tecnología, que es una suerte de
“acumulación del stock de conocimiento aplicado”.
La gran mayoría de los países del orbe buscaron su desarrollo por estas vías, con
variadas combinaciones y énfasis. Algunos de ellos con notables éxitos.
Muchos, sin embargo, con rotundos fracasos. Incluso algunos que conseguían
avances en la acumulación de todos estos capitales no conseguían articular
sistemas económicos y políticos estables.
La mirada se volvió entonces con mucha fuerza al “capital humano” y la educación
se transformó en el principal camino al desarrollo. Nuevamente, sin embargo, la
correlación no resultó universalmente válida. Algunas naciones lograron buenos
resultados por esta vía, por ejemplo en la Europa Nórdica y en el Sudeste Asiático.
Pero otras, que tempranamente en el Siglo XX alcanzaron elevados niveles
educacionales, como Argentina, Uruguay y Chile, y que habían logrado significativos
niveles de industrialización y desarrollo social y cultural incluso en las primeras
décadas del siglo, vieron frustrados, una y otra vez, su pasaporte al desarrollo. Un
caso emblemático de ello es el de Argentina, país que no sólo era una de las
1Véase al respecto Tironi, Eugenio y Vignolo, Carlos: “El aporte de la minería a un desarrollo
sustentable”. En Ambiente y Desarrollo, Vol 1 Nº 3, Santiago, Chile, octubre de 1985, pp 119-125.
3
potencias económicas del planeta hacia mediados del siglo sino que, además, fue
capaz de alcanzar un expectante nivel en los ámbitos de las ciencias básicas y la
tecnología. Contrasta ello dramáticamente con la dolorosa situación que enfrenta
ese país en los inicios del Tercer Milenio. Aun con un significativo Capital Científico
y Tecnológico acumulado, Argentina entró con un muy mal pie en la Era del
Conocimiento.
Por otro lado, en aquellos países que accedieron al desarrollo, las cosas tampoco se
han dado fáciles. En algunos, como es el caso de Italia, las diferencias entre
distintas regiones son enormes. En otros –la mayoría- el desarrollo económico,
político y social no logra asegurar niveles de “calidad de vida” altos a buena parte
de la población. En E.E.U.U, la mayor potencia económica y militar de la historia de
la humanidad, los índices de “felicidad” de la población en los años finales del siglo
no superaban significativamente los de los años 50, no obstante el producto per
capita se amplificó por tres en ese periodo2. La sorpresiva e impactante caída de las
“Torres Gemelas”, además de haber empeorado fuertemente dichos índices, reveló
la precariedad de los estados de desarrollo real –en un sentido integral- de las
“potencias” del mundo desarrollado. En todos los países desarrollados del mundo
nuevas endemias aparecen. Todos ellos enfrentan – en distintas combinaciones de
intensidad por cierto- los flagelos de la corrupción, la drogadicción, la delincuencia,
la inseguridad, la soledad y la depresión y, por sobre todo, la violencia, incluido el
terrorismo -en espacios públicos y privados.
La incapacidad de las teorías y los modelos de desarrollo para conducir a la
“felicidad” de las personas y las sociedades en que se organizan quedó plenamente
al desnudo con “El Fin de la Historia”. La caída del Muro de Berlín, en 1989, y la
consiguiente culminación de la confrontación ideológica y geopolítica que dominó
gran parte del siglo XX, abrían, ¡por fin!, la posibilidad de alcanzar un estado de
progreso y estabilidad, económica y política. Tal posibilidad, sin embargo, fue
rápidamente desvirtuada por los hechos y una profunda frustración y sensación de
impotencia empezó a cundir en los círculos pensantes y conscientes del planeta.
En la década del 90 dos grandes nuevas líneas de pensamiento emergen en el
medio de esta verdadera crisis paradigmática de las teorías del desarrollo: el
concepto de Desarrollo Humano (o Desarrollo a Escala Humana)3, que busca
acercar la teoría y la praxis del desarrollo a la calidad de vida de las personas- y la
teoría del “Capital Social”, que propone una visión del desarrollo centrada más en
las relaciones entre las personas que en las personas mismas.
Este artículo esta dirigido a mostrar la potencialidad de este segundo enfoque, el de
la Teoría del Capital Social en general, y la propuesta teórica y tecnológica
desarrollada por el Programa de Habilidades Directivas del Departamento de
Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile en particular. En el primer acápite
se presenta, en términos gruesos, el marco teórico de dicha propuesta y se
fundamenta desde allí la potencia interpretativa y transformadora de ella. En el
segundo acápite se desarrolla una Ontología Conversacional de la Construcción de
Capital Social, a partir de las propuestas biológicas y tecnológicas de Humberto
Maturana y Fernando Flores respectivamente. En el tercer y último acápite se
expone y comenta la experiencia de aplicación de estos postulados teóricos y
propuestas tecnológicas en la fase inicial de desarrollo de un Proyecto de
Construcción de Capital Social en la XI Región de Aysén, en el Sur Austral de Chile.
2 “Money Isn’t Everything”, Revista Science, Vol. 267, Marzo 24, 1995. Ver al respecto también:
“Hapiness is a warm vote”, The Economist, Abril 17, 1999.
3 Véase el texto seminal de este enfoque “Desarrollo a Escala Humana. Una Opción para el Futuro”,

CEPAUR, Fundación Dag Hammarskjöld – Development Dialogue, Número Especial 1986. Ver además,
los Informes de Desarrollo Humano en Chile del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) de los años 1996 sobre “Crecimiento Económico y Desarrollo Humano”, y 2000 titulado “Más
Sociedad para Gobernar el Futuro”.
4
1.- LA TEORIA DEL CAPITAL SOCIAL: “LA RECUPERACION DEL “SENTIDO
COMUN PERDIDO”
¿QUÉ ES EL CAPITAL SOCIAL?
La emergencia de la Teoría del Capital Social puede ser entendida como una mera
recuperación de aquel principio de “sentido común” relativo al valor de la
cooperación. Efectivamente, los estudios que están a la base de esta propuesta
interpretativa –los principales siendo los realizados por Robert Putnam, el “padre”
de la teoría- apuntan a señalar la fuerte incidencia del tipo de relaciones que se
establecen entre las personas sobre la capacidad de producir valor de dichas
personas así como de las organizaciones a que pertenecen o que configuran en su
actuar. Eso es lo que Putnam propone como factor clave para entender el desarrollo
económico del Norte de Italia4. Es también lo que pareciera ser un factor distintivo
en regiones de alto desarrollo y emprendimiento tecnológico, como es el caso del
famoso Sillicon Valley.
La acepción más difundida de Capital Social es aquella que pone el acento en la
triada confianza-reciprocidad-civismo. Y parece efectivamente apelar al “sentido
común”, primero, que la cooperación sí es un factor fundamental en la generación
de valor de cualquier organización o red de personas y, segundo, que la
cooperación es más viable y más “rentable” mientras más y mejores sean las
relaciones entre las personas. De alguna manera, entonces, la Teoría del Capital
Social está retrotrayendo las teorías del desarrollo, desde las posiciones extremas a
que los paradigmas centrados en la competencia atomística5 y el hiper-racionalismo
las habían llevado, hacia posturas que recogen el sentido común colaborativo.
Lo concreto es que, luego de su emergencia en la Sociología Americana, la Teoría
del Capital Social se expande hacia otras disciplinas, ganando adeptos de la talla de
Francis Fukuyama6 quien, a solo 5 años de su “Fin de la Historia”, argumenta que el
principal factor explicativo del desarrollo de las naciones es la “Confianza”7. La
confianza que los habitantes de ellas tienen entre sí, en sus instituciones y en sus
proyectos de país.
La Teoría del Capital Social aparece también con fuerza relativa en la Teoría
Económica, donde, sin embargo, encuentra prontamente fuertes detractores que
sugieren incluso desecharla del todo 8. No parece esto último extraño por ser al
interior de la economía donde las posiciones racionalísticas y competitivoatomísticas
encuentran sus huestes más radicales e intransigentes. El reciente auge
de la economía no-racionalística – que ya produjo un Premio Nobelpresumiblemente
ayudará a ampliar el espacio para la teoría del capital social en la
agenda de reflexión económica en los próximos tiempos.
Donde la Teoría del Capital Social encontró en la década un contexto muy propicio
para su avance es en el Management, la disciplina que se ocupa del diseño, la
dirección, la gestión y la administración de empresas y organizaciones en general.
De la mano de Henry Mintzberg, quién fustiga las visiones racionalísticas con sólida
evidencia empírica ya en los 70 9, y en un contexto en el cual el encuentro cultural
4 Putnam, Robert. “Making Democracy Work: Civic Traditions in Modern Italy”. Princeton University
Press, 1993.
5 “[...] They foresee an American maelstrom of atomistic competition, job insecurity and social division

[...]” Véase The Economist, “Showing Europe’s firms the way”. Editorial, Julio 13, 1996
6 Fukuyama, Francis. “El Fin de la Historia y el Último Hombre”. Revista del Centro de Estudios Públicos,

Santiago de Chile.
7 Fukuyama, Francis. “Trust. The Social Virtues and the Creation of Prosperity”. Free Press Paper-Backs

Book, 1996.
8 The Economist “Economics Focus. A question of trust”. Febrero 22, 2003.

9 Mintzberg, Henry. "Mintzberg on Management". The Free Press, N.Y., 1989.

5
Oriente-Occidente es cada vez más intenso y necesario, la teoría y la práctica del
Management enfrentan los años 90 con una franca apertura a paradigmas nuevos
sobre lo humano y lo social. Ello alcanza un punto culmine en el número especial de
Harvard Business Review de diciembre de 2001, titulado “Breaktrough
Leadership...It´s Personal: Why Knowing Yourself Is The Best Strategy Now”. Éste,
el primer número especial en los 79 años de existencia de esta prestigiada e
influyente revista, parece ser un punto de inflexión claro en el proceso de cambio
paradigmático del management, desde una concepción de la acción humana guiada
por el egoísmo, la competencia y la optimización racional hacia otra en la cual las
relaciones y las emociones juegan un rol preponderante. En su Editorial se señala:
“El término “Breaktrough Leadership”, como nosotros lo definimos, es
multivalente –apunta en varias direcciones al mismo tiempo. Ciertamente,
implica romper con los viejos hábitos de pensar para encontrar soluciones
nuevas a problemas antiguos. También significa romper con las barreras
personales que todos erigimos para evitar el genuino contacto humano”.10
Antes ya, en Abril de 2001, Harvard Business Review daba la bienvenida al
concepto de Capital Social en el Management al seleccionar como una de las cinco
“Breakthrough Ideas for Today´s Business Agenda”, la de “Only Connect”,
señalando:
“En años recientes, incontables ejecutivos han confesado que su trabajo
más importante no es la generación de la estrategia o la cuestión de la
visión sino la gestión de personas... Este año, sin embargo, una versión
más matizada, más profunda y, podríamos decir, mejorada, del mantra “la
gente primero” ha emergido. En vez de gestionar individuos, esta nueva
versión propone poner el foco en la gestión de relaciones entre ellos...
...No sorprendentemente, la noción de que las relaciones son la clave del
éxito de las organizaciones (en incluso del éxito de una sociedad) tiene un
nombre: capital social”. 11
El enfoque de capital social es poderoso en primer lugar por ello, porque permite
poner la mirada en un eslabón perdido: las relaciones entre las personas. Pero es
poderoso también porque permite abordar los aspectos contextuales – incluidos los
culturales- en que ocurren dichas relaciones. Es por esta razón que el enfoque
conceptual y tecnológico, desarrollado por el equipo del Programa de Habilidades
Directivas del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile,
amplía la noción de capital social que proponen la mayoría de los autores.
Buscando darle al concepto una acepción lo más rigurosa posible, dadas sus
distinciones componentes –“capital” y “social”- hemos propuesto entender el
capital social como “la capacidad de producir valor (de cualquier naturaleza) de una
organización social”. Y hemos propuesto, a partir de un modelamiento de las
organizaciones como redes de componentes, distinguir cuatro componentes del
capital social12:
10 Harvard Business Review (HBR). December 2001 – Special Issue. Volume 79, Number 11 (From the
Editor). El subrayado y la traducción son de responsabilidad de los autores.
11 Harvard Business Review (HBR). April 2001. Volume 79, Number 4. Page 12. From the Editor: Can We

Talk? – Page 123. The 2001 HBR List: Breakthrough Ideas for Today´s Business Agenda. La traducción
es nuestra.
12 Vignolo, Carlos (2002 a)

6
- El “capital humano”, como la capacidad de producir valor de las
personas que conforman una organización social (de cualquier
naturaleza) considerando a cada una de ellas en forma individual.
- El “capital relacional”, como aquel valor que se genera (positivo o
negativo) como resultados de las interacciones entre las personas que
constituyen la organización.
- El “capital ambiental”, entendido como aquel valor que se genera (o
destruye) como resultado del ambiente en que se producen las
interacciones.
- El “capital direccional”, entendido como aquel valor que surge del
alineamiento e involucramiento de las personas con un proyecto común.
Esta propuesta de ampliación del concepto, que da cuenta del capital social “a la
Putnam” a través de las dimensiones relacionales y ambientales, permite abordar la
investigación y el desarrollo del capital social aprovechando simultáneamente
reflexiones y propuestas referidas a los fenómenos anímicos, a los procesos de
generación de proyectos comunes y, por sobre todo, a los factores culturales
(paradigmas predominantes y prácticas sociales relevantes).
La teoría del capital social –en sus versiones restringidas o ampliadas- resulta
promisoria, por sobre todo, porque disminuye la enorme presión que sobre los
individuos han generado las teorías del desarrollo predominantes en los últimos
tiempos. Permite recuperar el fundamental rol de la cooperación, por sobre la
competencia. Y permite mirar el tema del “capital humano”, no sólo en la
dimensión técnica del mismo sino también en términos de las “habilidades
relacionales” de las personas así como en el factor actitudinal, el cual guarda una
directa relación con los entornos culturales.
De particular relevancia es lo anterior en países en que (como es el caso de Chile)
enfrentamos serias deficiencias en los ámbitos actitudinales y de habilidades así
como severas “endemias” culturales. Que duda cabe, es muy complejo producir
valor en sociedades marcadas por la desconfianza, el “chaqueteo”, la soberbia, el
paternalismo y el pesimismo.
La mirada del capital social permite entender el rol de todos estos factores en el
desarrollo – de las personas, de las organizaciones, de las regiones y de la nación
como un todo- y diseñar cursos de acción para hacerse cargo de ellos.
La teoría del capital social permite, en último término, volver a conceptualizar la
cuestión del desarrollo como un problema de evolución e innovación social de una
“cultura”, esto es, de un conjunto de personas que comparten una identidad, una
historia común, creencias, practicas de relacionamiento, rituales, hábitos, etc., que
desean conservar todo o parte de ello, en respuesta a los cambios del entorno en
que dicha cultura se inserta y con el cual debe mantener su congruencia en el
tiempo.
En palabras de Enrique Iglesias, Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID): “Hay múltiples aspectos en la cultura de cada pueblo que pueden
favorecer a su desarrollo económico y social. Es preciso descubrirlos,
potenciarlos y apoyarse en ellos, y hacer esto con seriedad significa
replantear la agenda del desarrollo de una manera que a la postre
resultará más eficaz porque tomará en cuenta potencialidades de la
realidad que son de su esencia y que, hasta ahora, han sido generalmente
ignoradas.”13
13Citado en Kliksberg, Bernardo “El Rol del capital social y de la cultura en el proceso de desarrollo”,
ensayo publicado en el libro “Capital Social y Cultura: Claves Estratégicas para el Desarrollo”, Bernardo
7
2.- UNA INTERPRETACION CONVERSACIONAL DEL CAPITAL SOCIAL
Si las relaciones que se establecen entre las personas que conforman una
organización –empresa, región, país o lo que fuere- son determinantes del valor
que dicha organización es capaz de producir, cabe entonces preguntarse,
fenomenológicamente, por aquello que constituye la esencia del relacionamiento
entre los seres humanos. Cuando decimos que dos o más personas se relacionan ¿a
qué fenómeno, en concreto, nos estamos refiriendo?
Debemos al privilegio, en cuanto chilenos, de haber tenido un acceso temprano y
cercano a los desarrollos teóricos y las propuestas tecnológicas de Humberto
Maturana, Francisco Varela y Fernando Flores, una tesis central de nuestro
argumento: proponemos que una muy poderosa forma de entender las relaciones
entre personas – y por tanto, también el desarrollo de las organizaciones- es
conceptualizándolas como procesos conversacionales14.
Y, entonces, ¿en qué consiste conversar? ¿Cuándo una conversación es productiva
y connota, por tanto, una relación de potenciación del valor generado por los
individuos que participan de ella?, ¿Qué hace que una conversación, además de
“productiva”, genere bienestar?
Una comprensión frecuente de conversación es aquella que la entiende como un
proceso de intercambio de información entre personas, que ayuda a estas a
mejorar sus individuales procesos de “toma de decisión” y, eventualmente, a
generar compromisos y acuerdos entre ellas.
Nosotros creemos, siguiendo a Maturana, que una interpretación más poderosa que
la anterior es aquella que ve al conversar como un proceso de “transformación en
la convivencia”15. Como un proceso de construcción de la realidad –individual y
social- en el entrecruzamiento de un “lenguajear” y un “emocionar”.
Maturana y Varela, eminentes biólogos de fama mundial, nos proponen, desde la
investigación empírica del fenómeno del conocer, que los seres humanos no
conocen por la vía de captar con sus sentidos y su razón aquello que está allá
afuera, sino que “construyen” lo que perciben a partir de las “distinciones” con que
lo enfocan. Aquello que se connota en el conocido proverbio “Todo depende del
cristal con que se mire”. Maturana y Varela nos proponen, además, que en la
construcción de la realidad que percibimos – y vivimos- juegan un rol muy central
las emociones, entendidas como nuestras “disposiciones corporales a la acción”.
Si uno acepta esta interpretación del fenómeno del conocer, entonces,
efectivamente, la realidad en que vivimos es una realidad construida en las
conversaciones en que entramos con los demás miembros de la comunidad que
habitamos.
Kliksberg, Luciano Tomassini (Editores). Banco Inter-Americano de Desarrollo (BID), Fundación Felipe
Herrera, Universidad de Maryland. Editorial del Fondo de Cultura Económica, 2000.
14 Los trabajos más importantes de estos autores que le sugerimos al lector son: “El árbol del
conocimiento” de Humberto Maturana y Francisco Varela; “Emociones y Lenguaje en Educación y
Política” de Humberto Maturana; "Understanding Computers and Cognition. A New Foundation for
Design" de Fernando Flores & Terry Winograd; “Disclosing New Worlds”, Fernando Flores, Charles
Spinosa & Hubert L. Dreyfus.
15 Maturana, Humberto. “Transformación en la Convivencia”. Editorial DOLMEN, Santiago de Chile, 1999.

8
El desarrollo puede entonces ser conceptualizado como un fenómeno
conversacional, un proceso de construcción social de la realidad en la interacción
dialogante con los demás16.
¿Cuáles serían, visto así, los factores determinantes del desarrollo de una
determinada organización? ¿Cuáles debieran, por tanto, ser los ámbitos
privilegiados de observación, evaluación y acción, por ejemplo, en la generación de
un Proyecto de Desarrollo Regional, que será en adelante el foco de atención de
este artículo?
LA CALIDAD DE LA “AGENDA” CONVERSACIONAL.
En una interpretación constructivista conversacional como la sugerida, el primer
factor determinante del desarrollo de cualquier organización es la calidad, esto es,
la completitud y relevancia de la “agenda” conversacional de la misma. En tal
sentido, proponemos un conjunto de preguntas que nos parecen poderosas para
reflexionar sobre el fenómeno del desarrollo en Chile y sus regiones. A saber:
� ¿Cuáles son los temas de conversación predominantes en Chile?
� ¿Cuáles en cada una de las regiones de Chile?
� ¿Cuáles son los temas que ocupan los titulares de los medios de
comunicación?
� ¿Cuáles son los tópicos que ocupan el centro de las conversaciones de
nuestros gobernantes y líderes de opinión?
� ¿Cuáles los de la sociedad civil?
� ¿Ocupan una parte importante de esas conversaciones, por ejemplo, los
temas de educación, salud, calidad de vida, cuidado del medio ambiente,
normas de convivencia, igualdad de oportunidades?
� ¿Es el tema de los determinantes del desarrollo en sí mismo un tema
importante?
� ¿Tienen las regiones de Chile una agenda conversacional propia?
� ¿Es ésta autónomamente generada?
� ¿Se hace cargo esa agenda de las especificidades regionales?
La respuesta a estas preguntas, a partir de una observación incluso superficial de
las conversaciones características de ella, pareciera indicar que en el tema de la
agenda ya hay un gran espacio para entender y atacar el subdesarrollo en nuestras
latitudes. Conversaciones fundamentales ocupan poco espacio en la conversación
nacional y regional mientras otras, con nulo poder de transformación de la realidad
–como aquellas muy frecuentes de responsabilizar a otros por nuestros malesconstituyen
una fracción significativa de nuestro conversar.
Por de pronto una conversación absolutamente fundacional, constitutiva de toda
organización, la Conversación sobre el Conversar –que es la que este acápite
nos ocupa- no tiene una posición de relevancia en el conversar nacional ni regional
en Chile. Ello por supuesto tiene que ver con el “paradigma de base” de la
modernidad occidental, que no visualiza el conversar como un proceso de
construcción de la realidad.17
16 Peter Senge, uno de los mejores exponentes del modelo de aprendizaje organizacional en el
management, ha tratado estas materias en sus dos principales textos: “La Quinta Disciplina. El arte y la
práctica de la organización abierta al aprendizaje”, Editorial Granica, 1998; y “La Danza del Cambio”,
Editorial Norma, 2000. En este último libro, la notoria influencia del aporte del biólogo chileno Humberto
Maturana en la perspectiva de las conversaciones como transformación en la convivencia aparece como
uno de los ejes del trabajo de Senge en los tópicos vinculados al aprendizaje y el cambio organizacional.
17 Véase al respecto los textos de Rafael Echeverría: “El Búho de Minerva”, Dolmen Ediciones, Santiago

de Chile, 1993; y “La Ontología del Lenguaje", Dolmen Ediciones, Santiago de Chile, 1994.
9
LA CALIDAD DE LAS CONVERSACIONES.
Aún con una buena agenda – que claramente no es el caso en países como Chileuna
comunidad no será nunca desarrollada si los temas de conversación son
conversados en forma ineficaz e ineficiente, es decir, si no logran transformarse en
acuerdos y compromisos, que luego se ponen en acción, o si ese proceso requiere
de recursos y tiempos elevados (en comparación con los estándares de otras
comunidades). Menos aún si dichas conversaciones se caracterizan por la
agresividad, el egoísmo o los intereses corporativos estrechos, lo que tiene por
obvio correlato que la gran mayoría se sustraiga de ellas y no respete a quienes
son los protagonistas de la misma, los sectores políticos.
¿Y como se logra tener conversaciones eficaces, eficientes y gratas? Por cierto
depende ello de la interpretación acerca de lo que entendemos por conversación.
En la tradición racionalística occidental, en cuanto se asume que hay una realidad
objetiva allá afuera, el conversar aparece como un proceso de interacción
exclusivamente lingüístico que tiene como una de sus motivaciones fundamentales
establecer “lo verdadero” y/o lo “correcto” sobre aquello sobre lo que conversa. Las
emociones no juegan un rol relevante en esta interpretación del conversar. El
conversar es un hablar en el cual la clave es la calidad de la argumentación lógica
acerca de lo que se conversa. El propósito fundamental que anima a cada
participante en las conversaciones así entendidas es convencer al resto acerca de
sus propuestas interpretativas o de acción. Ese es el meollo del discutir, que ocupa
una posición determinante en nuestras conversaciones.
En esta interpretación de lo que es conversar no está en juego el proceso de
inventar un futuro común y transformarse en coherencia con ese futuro deseado y
con los demás participantes. Tal pareciera ser, en cambio, el objetivo central de las
conversaciones en otras culturas18, como lo señalan Nonaka y Takeuchi en su “The
Knowledge Creation Company”, unos de los textos más aclamados acerca de la
innovación empresarial:
"La esencia de la innovación es recrear el mundo de acuerdo a un
particular ideal o visión. Crear nuevo conocimiento significa literalmente
recrear la empresa y a cada uno de los que la conforman en un
ininterrumpido proceso de auto-renovación ("self renewal") organizacional
y personal".19
Para que una conversación sea eficaz, eficiente y grata, son claves las
competencias conversacionales de los que conversan. Y ello depende del paradigma
acerca del conversar que predomine. Si conversar es discutir con buenos
argumentos, en función de “tener la razón” y convencer al otro, entonces lo que
requiere son argumentos sólidos y gran capacidad para perseverar en la discusión.
Si conversar, en cambio, es entendido como un transformarse en la convivencia con
otros, inventando un mundo con ellos, entonces será clave la capacidad de
“escuchar” a los otros, entendiendo por “escuchar” la capacidad de hacerse cargo
del mundo de intereses y preocupaciones de los otros. Será clave la capacidad de
relacionarse con los otros, de colaborar con los otros en un marco de respeto y
reciprocidad. Será clave establecer relaciones de confianza con los otros.
¡Exactamente todo aquello a que refiere la moderna teoría del Capital Social!
18 Al respecto, ver Vignolo, Carlos: “Innovando por la vida en la era del Nihilismo. Seis proposiciones
para el Tercer Milenio”. Por a parecer en Baeza Yates, Ricardo et. al. (editores). The Place of Man in the
Information Age: A Latin-American Perspective. Santiago, Chile (en preparación para ser publicado).
19 Nonaka, Ikujiro, Takeuchi, Hirotaka. "The Knowledge Creating Company". Oxford University Press,

N.Y., 1995.
10
Las capacidades de autoobservarse y autogestionarse, así como las de observar y
gestionar la relación con el entorno (constitutivas de la Inteligencia Emocional),
aparecen entonces como variables cruciales del desarrollo personal, organizacional
y de las regiones y las naciones. Lo mismo que las habilidades relacionales –básicas
(trabajo en equipo y comunicación) y directivas (gestión y liderazgo)- que se
constituyen como capacidades humanas fundamentales a la hora de generar capital
social y producir desarrollo, incluso por sobre las destrezas técnicas y habilidades
cognitivas en general.
El capital social será mucho mayor que la suma de los capitales humanos de una
comunidad si las relaciones entre las personas potencian el accionar de las
personas. Y puede ser menos que dicha sumatoria si la relación social impide,
reprime o dificulta la plena manifestación del poder de acción de las personas.
Aparte de las competencias conversacionales de los miembros de la comunidad, el
capital social de ésta dependerá también del contexto en que estas conversaciones
se dan y la administración de la continuidad de estas en el tiempo. Una comunidad
con buenas capacidades de conversar puede, sin embargo, tener poco capital social
y generar poco desarrollo si, por ejemplo, por razones de distancia física no resulta
fácil que las personas conversen, al menos en forma regular.
Por otro lado, comunidades con débiles competencias conversacionales pueden
lograr niveles de desarrollo significativos si establecen contextos conversacionales
favorables, por ejemplo, en términos del uso de tecnologías de facilitación de las
conversaciones y de administración de ellas en el tiempo.
El establecimiento de prácticas y rituales conversacionales, el cuidado y gradual
mejoramiento de los estados de ánimo predominantes en la comunidad, el
incremento permanente de las competencias conversacionales, son otras de las
áreas claves de la construcción de capital social y el desarrollo, si éste es mirado
con este prisma constructivista conversacional.
Por sobre todo, el potencial de construcción de capital social y desarrollo pasa por
los paradigmas dominantes en la comunidad, la forma en que los miembros de ella
entienden las cuestiones fundamentales que concurren a la configuración de una
“buena vida”, en lo personal y en lo social. Son los paradigmas –tanto aquellos de
los cuales son conscientes como de aquellos que pertenecen al sentido común de la
cultura- los que especifican el espacio de lo que se puede y lo que no se puede
lograr en una comunidad humana.
Lo que nosotros estamos proponiendo acá es que con un paradigma constructivista,
por ejemplo a la Maturana, es posible ampliar el espacio de construcción de capital
social y desarrollo de una comunidad, eliminando estados de ánimo negativos,
como los que son frecuentes de observar en Chile: resignación, resentimiento,
pesimismo, fatalismo, desconfianza y escepticismo.
La gran ventaja de un paradigma constructivista es que hace a cada comunidad
humana, y a cada persona, plenamente responsable de la realidad que vive,
eliminando la tendencia a culpar a otros de sus males y visualizando un amplio
espacio para la innovación a partir de las acciones propias.
Una perspectiva constructivista de la realidad permite, además, plantearse el tema
del desarrollo y el bienestar como una cuestión de construcción de la capacidad
autónoma de producir valor, en la dirección en que la comunidad desee producirlo y
orientarlo. Posibilita, por tanto, el tema del desarrollo como la construcción de
relaciones entre personas y contextos para su operar conjunto, en función de
avanzar hacia lo que la comunidad desea.
11
Tal como lo señala Harvard Business Review en su artículo “Only Connect”
anteriormente referido:
“Ninguno de los autores antes citados argumentarían que es posible hacer
“ingeniería” de relaciones, pero es ciertamente posible crear contextos que
las nutran” 20.
Una visión constructivista del desarrollo como proceso conversacional de
construcción de capital social, en la línea de lo argumentado en este acápite, puede
en efecto ser visto como la generación de una ingeniería social, en que si bien no
existe la capacidad de especificar los estados finales de los sistemas “intervenidos”,
puede asegurar que dichos sistemas aumenten la capacidad para, autónomamente,
generar direcciones de movimiento -o de no-movimiento- y orientarse en esa
dirección.
Proponemos que estas tecnologías de construcción de capital social serán las
tecnologías que harán la diferencia entre las organizaciones en el Tercer Milenio. Y
proponemos que en esta disciplina, que hemos sugerido denominar
Sociotecnología, Chile encuentra un interesante nicho de investigación y desarrollo,
filosófico, científico y tecnológico.
3.- EL PROYECTO DE CONSTRUCCION DE CAPITAL SOCIAL EN LA REGIÓN
DE AYSEN
Es desde el modelo conversacional antes descrito que el Proyecto de Construcción
de Capital Social Regional, en la austral XI Región de Aysén ha sido diseñado y
llevado adelante desde enero de 2001. En este acápite se presentan las principales
actividades realizadas, los resultados hasta ahora obtenidos y las principales líneas
de acción futura que el equipo del Programa de Habilidades Directivas del DII,
diseñador y facilitador del proceso, está proponiendo a quienes en la región han
liderado el proceso.
LA GÉNESIS.
Las conversaciones que dieron origen a este proyecto ocurrieron en el marco de la
celebración de los 15 años de la fundación de Pesquera FRIOSUR, un proyecto
empresarial que, en sí mismo, pone de manifiesto la potencia del enfoque
conversacional de construcción de capital social. En efecto, la supervivencia y el
desarrollo de esta empresa, en condiciones muy complejas que hicieron zozobrar
varios proyectos similares, se basó en buena parte de sus primeros años en un
intensivo proceso de incremento de las capacidades relacionales de sus equipos
ejecutivos y mandos medios así como en la configuración de un contexto anímico e
instrumental favorable al trabajo en equipo y la innovación, sobre la base del
principio de la autonomía y el “accountability” individual y grupal.21
La posibilidad de abordar un proyecto regional con estas metodologías estuvo
permanentemente presente tanto en las conversaciones sostenidas en Puerto
Chacabuco y Puerto Aysén, durante las actividades de la celebración de FRIOSUR,
como luego, en el viaje Balmaceda - Puerto Montt, en que Carlos Vignolo – Director
20Op. cit. página 127.
21FRIOSUR fue una de las primeras empresas chilenas en instalar y emplear intensamente “El
Coordinador”, Programa de Administración de Compromisos diseñado por ATI, una de las empresas
creadas por Fernando Flores en EE.UU. Fue también en FRIOSUR donde se llevó a cabo también uno de
los primeros Programas de Habilidades Directivas que, basados en la Ontología Lingüística de las
Organizaciones, condujo, con apoyo de REDCOM Chile, otra de las empresas creados por Fernando
Flores, el autor principal de este artículo.
12
del Programa de Habilidades Directivas del DII y también Director de Pesquera
FRIOSUR- coincidió con los diputados Pablo Galilea (RN) y Leopoldo Sánchez (PPD).
Como suele ocurrir, muchas veces con efectos muy trascendentes, fue en un viaje
en el que las bases de este proyecto se establecieron. Ello no es extraño: los viajes
generan estados de ánimo propicios para abrir nuevas conversaciones. La
innovación (bien lo saben los expertos y los líderes) se nutre fuertemente de los
viajes. Y no es, como algunos racionalistas sostienen, debido a la “información” que
los viajeros obtienen. Lo que los viajes normalmente producen son aperturas
emocionales que, a su vez, se traducen en “expansiones de conciencia” que, entre
otras cosas, permiten ser observadores de los paradigmas que encadenan la
innovación y el cambio.
Luego de conversar en repetidas ocasiones entre ellos, los diputados Galilea y
Sánchez llegaron a la convicción de que existía la posibilidad de llevar adelante un
productivo diálogo regional, especialmente si ellos lo convocaban y organizaban en
conjunto, lo cual por cierto generaba ya un contexto emocional propicio. Fue así
como solicitaron los servicios del PHD-DII quien accedió a diseñar y ejecutar lo que
sería la primera fase de un Proyecto Conversacional de Construcción de Capital
Social Regional (en adelante CCS-AYSÉN).
FASE 1: PREPARACIÓN DEL PRIMER COLOQUIO REGIONAL.
A partir de estas conversaciones generativas, las siguientes actividades del
proyecto CCS-AYSÉN consistieron en la preparación de un primer coloquio regional,
denominado “Conversando sobre la región de Aysén en el Siglo XXI”. El eje de esta
fase fue generar en la región un clima emocional propicio a las conversaciones que
se esperaba producir. Dos líneas de acción se desarrollaron para tal efecto:
1. Generación de una red de apoyo. Una condición de éxito del proceso estaba
dada por la generación de una convocatoria amplia, condición que se cumplió,
en gran medida, relevando, en diversas conversaciones, el carácter inédito de
esta iniciativa, emprendida por parlamentarios de tiendas opuestas. La unidad
mostrada por ambos parlamentarios atrajo el apoyo de prestigiados líderes y
personalidades de los distintos sectores de opinión y áreas del quehacer
regional a la iniciativa, e hizo que ésta obtuviese el patrocinio de importantes
instituciones regionales (el obispado y la Intendencia de Aysén entre ellas), y
los auspicios necesarios para su realización (ver listas de convocantes,
patrocinantes y auspiciadores en anexo).
2. Generación un clima anímico propicio. Este hecho, sin precedentes en la región,
debía ser comunicado e instalado en el panorama regional como una
oportunidad para todos. Los hechos que se señalan a continuación fueron
determinantes para el logro de este objetivo:
• Preparación y distribución de folletos de difusión e invitaciones personales.
Los equipos de ambos parlamentarios, trabajando conjuntamente,
prepararon y distribuyeron folletos de difusión del coloquio y,
posteriormente, 300 cartas de invitación personalizadas, dirigidas a una lista
de invitados elaborada de común acuerdo con los demás convocantes.
• Señales de unidad generan gran interés por el coloquio. La estrecha
colaboración entre los parlamentarios y sus equipos, además del amplio
respaldo alcanzado por la convocatoria, ampliamente visibles en una
comunidad relativamente pequeña como la de Aysén, transmitieron un
sentido de unidad pocas veces visto en la región, que generó alto interés en
la gente por asistir. Un alto porcentaje de los asistentes al coloquio señala
ésta como la razón principal que lo motivó a aceptar la invitación.
• Apoyo de la prensa local (escrita, radial y televisiva) aumenta interés por el
coloquio. Finalmente, el clima anímico que se requería fue reforzado gracias
al apoyo de los diversos medios de prensa locales. Titulares a tres columnas
13
en primera plana, como el que se reproduce a continuación, contribuyeron
enormemente a la instalación del clima y al éxito de la convocatoria:
DIPUTADOS CONVOCAN A SEMINARIO REGIONAL
"Conversando sobre la región Aysén en el Siglo XXI” se titula actividad que se inicia hoy en
Hotelsa. Iniciativa nace de los diputados Pablo Galilea, RN y Leopoldo Sánchez, PPD, como
hecho inédito para la unidad en bien del progreso.
El “Diario de Aysén”, 26 de Enero de 2001
FASE 2: EL COLOQUIO “CONVERSANDO SOBRE LA REGIÓN DE AYSÉN EN EL SIGLO XXI”.
El propósito del coloquio fue involucrar a los principales actores y líderes regionales
en un proceso conversacional para “reflexionar sobre el presente y futuro de la
región y fortalecer la cohesión de los actores regionales tras el objetivo de
engrandecerla para el beneficio de toda la población”22. Para lograr lo anterior, el
coloquio, una actividad de cuerpo presente en la que los asistentes, convocantes,
equipos de apoyo y facilitadores conviven en un espacio cerrado durante muchas
horas, fue concebido ante todo como un espacio de “alineamiento emocional”, es
decir, un espacio donde se desencadenan emociones que abren a las personas a
escucharse, aceptarse y colaborar entre sí23.
El diseño del coloquio se basó en los siguientes módulos:
MÓDULO 1: APERTURA.
Los líderes que convocan se dirigen al auditorio contando por qué se encuentran
juntos en este camino hacia el desarrollo y exponen sus particulares emociones en
el presente momento.
A continuación, se les pide a los asistentes mirarse a sí mismos y observar sus
propios estados de ánimo, así como sus intereses, expectativas e inquietudes. Esta
actividad, que en términos del proceso conversacional consiste en prepararse para
escuchar (a sí mismos y a los otros), es apoyada por un artefacto denominado
“Sintonizando” que cada asistente completa en la sala y que luego es procesado y
analizado por el equipo facilitador (se adjunta facsímil en la sección Anexos).
MÓDULO 2: BASES DEL MODELO CONVERSACIONAL
El siguiente módulo se desarrolló como una conferencia, cuyo objetivo fue preparar
conceptual y anímicamente a los asistentes para entrar en el espacio
conversacional, mostrando las bases teórico-epistemológicas desde las cuales se
propone mirar la región y su futuro. Este módulo buscó, además, contribuir a
ampliar los niveles de conciencia del auditorio sobre los desafíos que representa la
22 Texto de la carta de invitación al coloquio, suscrita por 17 autoridades, empresarios y representantes
de la región, reconocidos líderes regionales e sus distintos campos de actividad. Véase documentos
sobre la convocatoria en Anexos.
23 Las emociones, positivas y negativas, se contagian, como lo demuestra un estudio realizado con

setenta equipos pertenecientes a diferentes sectores de la industria en los Estados Unidos. “Las personas
que se sentaban juntas en las reuniones acababan compartiendo – en un plazo máximo de dos horas –
el mismo estado de ánimo (ya fuera positivo o negativo). Lo mismo se ha constatado, una y otra vez, en
diferentes estudios. Ver Goleman et. al. “El líder resonante crea más. El poder de la inteligencia
emocional”. Editorial Plaza & Janés, Barcelona - España, 2002. Páginas 34 a 37.
14
globalización para los países, las regiones, las organizaciones y las personas. Los
temas centrales de la conferencia fueron:
� La crisis de las teorías del desarrollo y la emergencia de la teoría del Capital
Social.
� La Biología del Conocimiento y la Biología del Amor de Humberto Maturana:
bases para una ontología conversacional del desarrollo.
� La Inteligencia Emocional y el desarrollo de habilidades: gestión de sí mismo
y gestión de relaciones con el entorno.
� Reinventando una agenda de conversaciones para el desarrollo.
MÓDULO 3: ENTRENADO LAS HABILIDADES BÁSICAS
El diseño contempló un segundo módulo, en el cual, mediante ejercicios
individuales y dinámicas grupales, se ponen en escena, de manera vivencial, las
habilidades de escuchar, declarar quiebres y aprender a aprender, entendidas como
destrezas básicas fundamentales para desencadenar procesos de emprendimiento e
innovación.
MÓDULO 4: REINVENCIÓN DE LA AGENDA DE CONVERSACIONES PARA EL DESARROLLO.
CONSTRUYENDO UNA VISIÓN PARA LA REGIÓN Y DECLARADO SUS QUIEBRES MAESTROS.
Luego de esta síntesis del marco interpretativo y tecnológico desde el cual se
aborda la construcción de capital social, se organizan grupos de asistentes que
desarrollan conversaciones para consensuar sus visiones de futuro para la región y
los quiebres maestros o centrales que sería necesario atender, proceso orientado a
generar una agenda de conversaciones para el desarrollo regional.
MÓDULO 5: IDENTIFICANDO LÍNEAS DE ACCIÓN
Finalmente, a partir del trabajo anterior, se contempla un módulo donde los
mismos grupos generan conversaciones orientadas a consensuar líneas de acción
para atender los quiebres maestros de la región, tomando conciencia de ellos y
aprovechando sus principales fortalezas.
PRINCIPALES RESULTADOS DE LAS FASES 1 Y 2.
El diseño y realización de las fases 1 y 2, antes descritas, generan los resultados
que se presentan a continuación, agrupados en dos categorías: resultados en los
procesos conversacionales y resultados en los contenidos.
a) RESULTADOS EN LOS PROCESOS CONVERSACIONALES.
• Superadas las expectativas de los convocantes respecto a asistencia y
permanencia en el coloquio. Efectivamente, la expectativa de los
parlamentarios y otras personalidades convocantes, situaban la asistencia para
el primer día en torno a las 60 o 70 personas y, para el segundo, no más allá de
40. En los hechos, asistieron 121 personas el primer día y sobre 100 el segundo
(ver cuadro 1). Más aún, al terminar el segundo día, los participantes
permanecieron en el recinto del encuentro bastante tiempo más allá de la hora
de término.
15
• Estados de ánimo de los asistentes significativamente más positivos
que los predominantes en la región. Mientras los asistentes señalan como
sus estados de ánimo predominantes el interés, la esperanza, y el entusiasmo,
evalúan que en la región (gráfico 1) predominan la indiferencia, el resentimiento
y el escepticismo. Esta diferencia admite al menos dos interpretaciones
posibles:
- La primera, es que los estados de ánimo de quienes asisten al encuentro
son, en general, más positivos que los del común de la población y,
precisamente por ello, asisten y participan.
- La segunda, que es la que suscribimos, es que el proceso de preparación
para el coloquio (la unidad que muestran los convocantes, el trabajo
colaborativo entre ellos, la invitación personalizada, etc.) gatilla cambios en
los estados de ánimo en las personas que deciden asistir y participar.
• Asistentes valoran positivamente el coloquio. El 100% de los asistentes
valora positivamente los beneficios personales y para la región, resultantes del
encuentro. Ven en él la posibilidad de iniciar un nuevo proceso de desarrollo con
visión de futuro (55%); lo evalúan como una valiosa oportunidad de encuentro
y comunicación de personas diversas (25%), o lo ven como una oportunidad de
desarrollo personal (20%).
• Disposición unánime a participar en futuros encuentros. 100% de los
asistentes responde afirmativamente cuando se les consulta, al finalizar el
coloquio, si están dispuestos a participar en un próximo evento de este tipo.
• Asistentes al coloquio temen que la iniciativa no tenga continuidad. Al
revisar las evaluaciones finales de los asistentes emerge un único tipo de frases
negativas: algunos de ellos anticipan la posibilidad de que este tipo de
encuentros no se continúen. Como veremos, esta percepción actúa como una
especie de profecía auto cumplida.
b) RESULTADOS DE CONTENIDO.
Distinguimos en esta categoría lo obtenido en el coloquio como contenido de las
conversaciones grupales. Estos contenidos se agrupan como consensos en tres
áreas: visión de futuro para la región, quiebres y competencias centrales; y
principales líneas de acción.
• Visión de futuro: se visualiza una región que basa su desarrollo en el uso y
conservación de sus valiosos recursos naturales, que promueve y favorece el
emprendimiento local para explotaciones responsables de sus riquezas marina,
forestal, ganadera y minera, potenciando el desarrollo turístico y velando por la
distribución equitativa de sus beneficios.
• Competencias centrales: Lo que podemos interpretar como la “oferta
regional” es, en la interpretación de los asistentes, la abundancia, diversidad y
belleza de sus recursos naturales. De 19 ideas fuerza en este sentido, doce
CUADRO 1. DESGLOSE PARTICIPANTES COLOQUIO I
� Nombre del Coloquio: “Conversando sobre la Región de Aysén en el
Siglo XXI”
� Nº asistentes: 121
Dirigentes sociales 7
Autoridades, directivos y funcionarios públicos 43
Empresarios, ejecutivos y dirigentes gremiales del sector privado 60
Parlamentarios y dirigentes políticos 5
Autoridades religiosas 2
16
apuntan en tal dirección. Las restantes fortalezas se relacionan con aspectos
socio culturales.
• Quiebres: Existe gran consenso en que los principales quiebres regionales se
encuentran en la falta de confianza (recíproca, en los proyectos de desarrollo y
en las instituciones); en la mala calidad de la oferta educacional regional y la
falta de centros de investigación y desarrollo regionales; y, secundariamente,
en la ausencia de mecanismos de coordinación y cooperación público-privada, y
la baja densidad poblacional y el aislamiento.
• Líneas de Acción: Se genera gran consenso respecto de líneas de acción
orientadas a:
- Ampliar y desarrollar la oferta educacional regional en todos los niveles;
- Crear un centro regional de investigación y desarrollo tecnológico;
- Mantener y ampliar instancias de conversación como el coloquio;
- Generar instancias de coordinación público-privada;
- Mejorar la infraestructura regional de comunicaciones y transporte.
FASE 3: EL “SÍNDROME DE LA DISCONTINUIDAD”
No obstante el gran interés suscitado por el coloquio y la unánime disposición de los
asistentes a mantener este espacio de encuentro y comunicación, el segundo
encuentro, programado para abril del mismo año no se realizó, cumpliéndose la
profecía de quienes vaticinaban que “esto no va a seguir”.
A pesar de que se conformó un comité de personalidades regionales que asumieron
la responsabilidad de preparar el próximo encuentro, y de que se hicieron
preparativos para ello (se redactó una nueva carta convocatoria y el equipo
académico diseñó una encuesta para hacer seguimiento a los estados de ánimo y
las conversaciones de los asistentes), nadie, con algunas pocas excepciones, hizo
nada para darle continuidad al proceso.
En julio de 2001 se organiza una reunión con algunas personalidades asistentes al
coloquio, en la que se hacen presentes el desánimo, la preocupación y un cierto
“sentimiento de culpa” por no haber cumplido con lo prometido. No obstante ello,
un asistente a la reunión señala que “los efectos positivos del coloquio aún
perduran en mí”, para luego agregar “creo que hay que ser prudentes con este tipo
de cosas que pueden conllevar manipulaciones”.
A esas alturas del año el proceso no podía ser relanzado y los diputados, principales
promotores de la iniciativa, comienzan sus campañas parlamentarias con vistas a
las elecciones de diciembre de ese año.
FASE 4: REINICIO DEL PROCESO
Un año después, en mayo de 2002, los reelectos parlamentarios, Pablo Galilea y
Leopoldo Sánchez, se acercan nuevamente al DII solicitando apoyo para la
realización de un segundo coloquio en la región. La petición es aceptada, sujeta a
dos condiciones: que ellos participen activamente en las gestiones para dar
continuidad a las conversaciones, y que contribuyan en la obtención de un
financiamiento mínimo para garantizar lo anterior. Ambas condiciones buscaban
generar bases más sólidas en la perspectiva de desarrollar un proyecto de largo
aliento de fortalecimiento del capital social regional. Se asume que, de no ser así,
un nuevo encuentro puede incluso resultar contraproducente.
17
Aceptada esta condición, se reinicia el proyecto y, como parte de su desarrollo, se
programa un segundo encuentro regional, que se denominó: “Fortaleciendo el
Capital Social para la Región de Aysén del Siglo XXI”.
ACTIVIDADES DE PREPARACIÓN DEL COLOQUIO:
A estas alturas de la exposición, ya debe ser evidente que el proceso
conversacional no se inicia ni termina con el acto de juntarse en un coloquio o
cualquier otra instancia. El proceso conversacional, nuevamente, se inicia en las
actividades de preparación del coloquio creando el clima emocional propicio y las
condiciones de entorno favorables para que la conversación sea, efectivamente,
una conversación. Conviene recalcar, en este punto, los elementos clave de la
ontología conversacional para el desarrollo que proponemos, para comunidades de
todo tipo:
� Preparación rigurosa y diseño del espacio conversacional.
� Cuidar que las variables de contexto faciliten y nutran la posibilidad de
conversar.
� Definición ampliamente participativa de la agenda conversacional.
� Incorporar a todos los actores relevantes para el proceso de desarrollo
Las actividades de preparación realizadas fueron las siguientes:
a) Recuperando las conversaciones del coloquio anterior. Dado el lapso
transcurrido desde el primer coloquio, más de un año y medio, y la promesa
incumplida de realizar un segundo encuentro a los tres meses, cabía la
preocupación por una eventual receptividad negativa de esta nueva
convocatoria. Se optó entonces por preparar el terreno, enviando una carta a
más de trescientas personas recordando el primer coloquio e informando de
esta nueva iniciativa, esta vez con la promesa de darle continuidad. La carta fue
firmada por veinte personalidades regionales y se les pidió a los convocados
que indicaran su interés a participar. Más del 90% de ellos respondió
afirmativamente.
b) Cobertura de prensa. Los medios de comunicación regionales (prensa, radio y
televisión) apoyaron firmemente la convocatoria, cubriendo las opiniones de los
parlamentarios sobre la importancia de la realización de este segundo encuentro
y difundiendo textos elaborados por el equipo de la Universidad a cargo de su
organización y conducción.
c) Búsqueda de auspicios. Paralelamente a las acciones de difusión, se realizó
una campaña de búsqueda de auspicios para financiar tanto el coloquio como
las tareas de preparación y gestión de la propuesta de continuidad. CORFO
regional y cuatro empresas privadas regionales aportaron donaciones y,
simultáneamente, se involucraron activamente en el proceso conversacional.
d) Invitaciones personales. Finalmente, se cursaron 300 invitaciones personales
al encuentro.
DISEÑO DEL COLOQUIO.
El marco de diseño del nuevo encuentro fue muy similar al anterior. Contempló un
primer módulo introductorio al modelo conversacional, concebido para poner al día
a quienes no hubiesen asistido al encuentro anterior o para aquellos que, habiendo
asistido, tuviesen interés en “repasar” sus conocimientos en este dominio.
18
A diferencia del anterior encuentro, esta vez los quiebres que aparecieron fueron
agrupados y analizados según su impacto o relación con los cuatro componentes
del modelo de capital social, a saber: en capital humano, relacional, ambiental y
direccional. Se buscaba así, facilitar la definición de líneas de acción que apuntaran
a incrementar el capital social regional a través de acciones dirigidas a fortalecer
sus componentes.
RESULTADOS DEL COLOQUIO.
Manteniendo las categorías de análisis utilizadas para el primer encuentro,
presentamos a continuación los resultados en los procesos y en los contenidos.
• Segundo coloquio regional atrae más interesados que el anterior. Al
igual que lo acontecido en el primer coloquio, nuevamente las expectativas
de asistencia y participación de los organizadores del coloquio fueron
superadas. No se esperaban más de 80 personas y asistieron 130, 90 de las
cuales permanecieron y participaron los dos días que duró el encuentro (ver
cuadro 2).
� Positivo estado de ánimo de asistentes al coloquio. Al comparar los
estados de ánimo al inicio y al final del encuentro, el cambio que más llama
la atención es la disminución de la frecuencia de mención de la
“expectación” y el “interés”, versus el incremento de “entusiasmo”,
“confianza”, “esperanza” y “optimismo”. El cambio es relevante toda vez que
los dos primeros tienen que ver con una expectativa de ver “lo que va a
pasar” e interés por el tema del encuentro. Los estados de ánimo de cierre,
en cambio, se relacionan con posibilidades de futuro, para ellos y para la
región. En el escuchar de los asistentes, la conversación abre posibilidades.
• Asistentes al coloquio enfatizan necesidad de invertir en las
personas. Comparados con los resultados del coloquio anterior, esta vez
tanto los quiebres como las líneas de acción identificadas están mucho más
concentradas en el incremento de las capacidades de las personas para
crear y fortalecer redes de colaboración. Tres meses después del coloquio,
una alta autoridad regional señaló que “la internacionalización de nuestra
economía regional requiere de un recurso humano altamente calificado en
labores de tipo técnico y de gestión, motivo por el cual cobran mayor
relevancia aún todas las acciones tendientes a mejorar el capital social,
cultural y la preparación de nuestra gente de Aysén”24.
24Sr. Abdalah Fernández, Intendente Subrogante de Aysén, declaración con motivo de la inauguración
del FORUM PATAGONIA, organizado por la Cámara Chilena de la Construcción. Publicado en el Diario de
la Sociedad Civil, www.sociedadcivil.cl, noviembre de 2002
CUADRO 2. DESGLOSE PARTICIPANTES COLOQUIO II
• Nombre de Coloquio: “Construyendo Capital Social para la Región
de Aysén”
• Nº asistentes: 129
Dirigentes sociales 5
Autoridades, directivos y funcionarios públicos 58
Empresarios, ejecutivos y dirigentes gremiales del sector privado 59
Parlamentarios y dirigentes políticos 4
Autoridades religiosas 3
19
• Empresas privadas y CORFO apoyan proyecto de Construcción de
Capital Social en Aysén. El apoyo obtenido de parte de empresas locales y
de la dirección regional de CORFO es un indicador más del interés que
genera en la región esta iniciativa. CORFO, además de haber contribuido al
financiamiento del coloquio, ha declarado interés en invertir recursos para
generar un proceso continuo de incremento de capital social en los sectores
productivos que atiende, específicamente en aquellos con mayores
oportunidades de alcanzar estándares de competitividad de clase mundial
(pesca, acuicultura, turismo y servicios públicos relacionados). Esta iniciativa
es respaldada, además, por el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo
(SENCE) y el Ministerio de Educación regionales.
4.-CONCLUSIONES Y LINEAS DE ACCION
1. El caso referido, de aplicación en la región de Aysén de las tecnologías que
derivan del modelo ontológico-conversacional, enseña que éste es exitoso
(produce los resultados esperados) si el diseño se hace cargo de desencadenar
un proceso amplio de preparación, realización y seguimiento, donde la
generación de un clima emocional positivo es crucial.
2. El caso ilustrado muestra logros significativos en asistencia y participación, que
superan ampliamente las expectativas de los convocantes, basadas éstas en los
resultados de experiencias anteriores. El clima emocional durante el encuentro,
visto a través de los reportes de estados de ánimo, indica que éstos son
variables, es decir, que pueden ser modificados mediante un buen diseño. Este
positivo clima emocional es el que permite a los asistentes consensuar la
agenda conversacional del desarrollo regional, así como visualizar líneas de
acción coherentes y consistentes para avanzar hacia el futuro deseado.
3. Otros resultados positivos se refieren al beneficio directo que las personas
perciben luego de participar en el encuentro: el incremento de sus niveles de
conciencia sobre la urgencia de los desafíos que enfrentan ellos (y la región)
ante los rápidos y profundos cambios del escenario local, nacional y mundial; el
aprendizaje de nuevas distinciones que pueden permitirles incrementar sus
habilidades relacionales, con ellos mismos y con su entorno; el positivo cambio
experimentado en sus estados de ánimo y el incremento inmediato de sus redes
de relaciones, figuran entre los más importantes beneficios reportados al
finalizar los encuentros. Las numerosas declaraciones de interés, incluidas las
de ambos diputados, por seguir aprendiendo y desarrollando habilidades
conversacionales en programas formales de entrenamiento y formación,
contribuyen a reforzar lo antes dicho.
4. Como resultado del proceso, los asistentes coinciden en evaluar que la región
cuenta con fortalezas centrales para avanzar hacia mayores niveles de
desarrollo, dadas, principalmente, por un entorno natural privilegiado y por su
capital humano. Sin embargo, también coinciden en señalar que sus debilidades
principales están en la ausencia de un proyecto estratégico de desarrollo de sus
habilidades relacionales que permita construir una agenda conversacional
poderosa y dar continuidad a procesos crecientes de cooperación para el
desarrollo.
5. Lo visto nos enseña que el fenómeno del desarrollo puede ser visto como un
proceso de construcción de capital social fundado en una ontología
conversacional, entendida ésta como un proceso de transformación en la
convivencia en contextos que posibilitan y facilitan dicha transformación. La
generación de climas emocionales positivos y favorables, y el equipamiento de
20
las personas con nuevas distinciones y prácticas para conversar, resultan claves
para desencadenar procesos de emprendimiento e innovación. Fundamental
resulta también una adecuada facilitación de las conversaciones, labor central
de un conductor entrenado que intermedia en las eventuales discusiones
haciendo posible la aceptación y facilitando la construcción de nuevas
interpretaciones que atienden la legítima diversidad de intereses.
6. Elementos clave de esta ontología conversacional del desarrollo que
proponemos son:
� Preparación rigurosa y adecuado diseño del espacio conversacional.
� Definición de agenda conversacional y sus principales componentes.
� Incorporar a todos los actores relevantes para el proceso conversacional
orientado al desarrollo de la organización y/o comunidad a intervenir.
� Cuidar que las variables de contexto faciliten y nutran la posibilidad de que
surja la conversación entre dichos actores.
7. La clave del desarrollo está en la continuidad de las conversaciones. Sin
embargo, la necesaria continuidad que en contextos sociales cerrados
(organizaciones públicas, privadas o sociales) se logra en gran parte mediante
la asignación de responsabilidades específicas a directivos, ejecutivos o
unidades adscritas a la estructura organizacional, en sistemas más abiertos y
complejos como un territorio, permanece como un tema no resuelto. La
tecnología, en este ámbito, fracasa pero abre el espacio para la investigación y
el desarrollo de nuevas herramientas específicas para atender esta necesidad.
5.- RECOMENDACIONES FINALES
El alto potencial de desarrollo que surge de la generación de procesos
conversacionales como el descrito en este documento, contrasta con la baja o nula
inversión que la planificación territorial contemporánea destina a proyectos de
incremento del Capital Social. Incrementar la inversión, pública y privada, en este
ámbito resulta, por tanto, una prioridad, en la que el país cuenta con tecnologías de
punta y con casos exitosos de aplicación.
Ese potencial de desarrollo depende, de manera crítica, de contar con tecnologías y
procesos que garanticen la continuidad de las conversaciones. Garantizar ello pasa,
necesariamente, por el diseño de arreglos organizacionales que asuman como su
misión central asegurar que los líderes y actores regionales conversen (y se
transformen) en forma continua. De allí que resultan ser factores clave, la
ampliación de los niveles de conciencia y el incremento de las competencias
conversacionales en los principales actores del desarrollo regional (Intendente,
Consejeros Regionales, Autoridades Políticas y Directores de Servicios Públicos,
Empresarios, Gremios, etc.). Además, en el nivel regional, aparece como un camino
posible el que los Gobernadores Provinciales actúen como articuladores,
catalizadores y mediadores de la plataforma conversacional que permita dar
continuidad a procesos de construcción de capital social territorial.
Finalmente, creemos recomendable que la inversión en el nivel regional sea
entendida como inversión en capital social y no sólo como inversión en
infraestructura, fomento productivo y desarrollo económico desde la perspectiva
tradicional. “Educar para conversar”, especialmente a los líderes y autoridades
regionales, se nos presenta como uno de los pilares básicos para el desarrollo
humano en cualquier horizonte de espacio y tiempo.

David Robert Putnam (nacido en 1941 en Port Clinton, Ohio) es un


científico político y profesor de la Universidad de Harvard. También es
profesor visitante y Director del Manchester Programa de Posgrado de
Verano en el Cambio Social, Universidad de Manchester (Reino Unido).
Putnam desarrolló la influencia de dos niveles teoría de juegos que asume
los acuerdos internacionales sólo será negociado con éxito si también dar
lugar a las prestaciones nacionales. Su más famoso (y polémico), Bowling
Alone, sostiene que los Estados Unidos han sufrido un colapso sin
precedentes en la vida cívica, social, asociativa, y la vida política
(capital social) desde el decenio de 1960, con graves consecuencias
negativas.

Contenido [ocultar]
1 Antecedentes y Principios de trabajo
Bowling Alone 2 y sus críticos
3 Diversidad y confianza dentro de las comunidades
4 Las obras publicadas
5 Referencias
6 Enlaces externos

[editar] Antecedentes y Principios de trabajo


Putnam se graduó de Swarthmore College en 1963, ganó una de Becas
Fulbright para estudiar en el Balliol College, Oxford, y pasó a ganar
maestría y doctorado de la Universidad de Yale, la última en 1970. Enseñó
en la Universidad de Michigan hasta ir a Harvard en 1979, donde ha
ocupado diversos cargos, entre ellos el decano de la Kennedy School, y es
actualmente el Malkin Profesor de Políticas Públicas.

Su primer trabajo en el ámbito del capital social es hacer que la


democracia funcione: Civic Traditions Moderno en Italia, un estudio
comparativo de los gobiernos regionales en Italia señala que gran
atención académica para su argumento de que el éxito de las democracias
depende en gran parte de los lazos horizontales que componen el capital
social.

[editar] Bowling Alone y sus críticos


En 1995 publicó "Bowling Alone: America's disminución de Capital Social"
en el Diario de la Democracia. El artículo fue ampliamente leído y obtuvo
mucha atención para Putnam, incluyendo una invitación para reunirse con
el entonces presidente Bill Clinton. Algunos críticos sostuvieron que
Putnam fue hacer caso omiso de nuevas organizaciones y formas de capital
social, otros argumentaron que muchas de las incluidas las organizaciones
son responsables de la represión de los movimientos de derechos civiles y
el refuerzo de la lucha contra la igualitario las normas sociales.
Durante la última década y media, los Estados Unidos ha visto un
incremento en jugadores, pero una disminución en las ligas de bolos.

En 2000, publicó Bowling Alone: El colapso y la reactivación de la


Comunidad de América, un libro-longitud de la expansión del original
argumento, añadiendo nuevas pruebas y responder a muchos de sus críticos.
A pesar de que mide la disminución del capital social con los datos de
muchas variedades, su punto más llamativo es que muchos tradicionales
cívicos, sociales y organizaciones fraternas - caracterizado por las
ligas de bolos - ha experimentado una enorme disminución en el número de
miembros, mientras que el número de personas que habían bolera aumentado
de manera espectacular.

Putnam hace una distinción entre dos tipos de capital social: la


vinculación de capital y la reducción de capital. Fianzas ocurre cuando
usted es socializar con las personas que son como tú: misma edad, misma
raza, la religión misma, y así sucesivamente. Sin embargo, con el fin de
crear sociedades pacíficas en una diversa país multiétnico, uno necesita
tener un segundo tipo de capital social: puente. Los puentes se lo tienes
que hacer cuando usted hacer amigos con personas que no son como usted,
al igual que los seguidores de otro equipo de fútbol. Putnam argumenta
que esos dos tipos de capital social, de unión y de transición, ¿se
refuerzan mutuamente. En consecuencia, con la disminución de la
vinculación de capital se ha mencionado anteriormente, inevitablemente,
viene la decadencia de la capital de transición que conduzcan a una mayor
de las tensiones étnicas.

Los críticos como el sociólogo Claude Fischer argumentan que (a) Putnam
se concentra en las formas de organización del capital social, y paga
mucho menos atención a las redes interpersonales de capital social, (b)
no tiene en cuenta el surgimiento de nuevas formas de apoyo a las
organizaciones y fuera de Internet; y (c) el decenio de 1960 son una
referencia engañosa porque la época había un número particularmente
elevado de las organizaciones tradicionales.

Desde la publicación de Bowling Alone, Putnam ha trabajado en los


esfuerzos para reactivar el capital social de América, especialmente a
través de la Saguaro Seminario, una serie de reuniones entre académicos,
dirigentes de la sociedad civil, los comentaristas y los políticos para
discutir estrategias para volver a conectar los estadounidenses con sus
comunidades . Estos se debieron a la publicación del libro y el sitio
Web, mejor juntos, que proporciona estudios de casos de vibrante y las
nuevas formas de construcción de capital social en los Estados Unidos

[editar] Diversidad y confianza dentro de las comunidades


En los últimos años, Putnam ha participado en un estudio exhaustivo de la
relación entre la confianza dentro de las comunidades y su diversidad
étnica. Su conclusión sobre la base de más de 40 casos y 30 000 personas
en los Estados Unidos es que, ceteris paribus, mayor diversidad en una
comunidad tiene una correlación [expresado como un beta igual a 0,04 en
un análisis de regresión múltiple (véase Putnam, 2007) ], A menos
confianza entre y dentro de los grupos étnicos. Aunque sólo un único
estudio, limitado a datos de América, y el Censo del tracto Índice de
Herfindahl homogeneidad étnica explicar sólo 0,16% de la varianza en la
confianza en los vecinos en el modelo de regresión presentado (Putnam,
2007) que dice poner en cuestión tanto la teoría de contacto teoría y los
conflictos en las relaciones interétnicas. De acuerdo con la teoría de
conflicto, la desconfianza entre los grupos étnicos se incrementará con
la diversidad, pero no dentro de un grupo. De acuerdo con la teoría de
contacto, la desconfianza disminuirá como miembros de diferentes grupos
étnicos conocer e interactuar unos con otros. Putnam describe la gente de
todas las razas, sexos y edades como "hunkering abajo" y entrar en sus
conchas, como una tortuga. Por ejemplo, él no encontró ninguna diferencia
significativa entre 90 años de edad y 30 años de edad.

Baja confianza con alta diversidad no sólo afecta a los grupos étnicos,
pero también se asocia con:

Baja la confianza en el gobierno local, los dirigentes locales y los


medios de comunicación locales.
Baja eficacia política - es decir, la confianza en la propia influencia.
Baja frecuencia de inscribirse para votar, pero más interés y
conocimiento acerca de la política y más participación en las marchas de
protesta y grupos de reforma social.
Menos expectativa de que los demás cooperen para resolver los dilemas de
acción colectiva (por ejemplo, voluntarias para facilitar la conservación
de agua o escasez de energía).
Menos probabilidad de trabajar en un proyecto comunitario.
Menos riesgo de dar a la caridad o el voluntariado.
Un menor número de amigos íntimos y confidentes.
Menos la felicidad y la menor percepción de la calidad de vida.
Más tiempo dedicado a ver televisión y más de acuerdo en que "la
televisión es más importante mi forma de entretenimiento".
Putnam publicó su conjunto de datos de este estudio en 2001 [1] [2] y
posteriormente se publicó el documento completo en 2007 [1].

Putnam ha sido criticado por el desfase entre su estudio inicial y su


publicación de su artículo. En 2006, Putnam fue citado en el Financial
Times diciendo que había retrasado la publicación del artículo hasta que
pueda "formular propuestas para compensar los efectos negativos de la
diversidad" (cita de John Lloyd de Financial Times) [3]. En 2007, escrito
en la Ciudad de Diario, John Leo se preguntó si la supresión de esta
publicación ha sido el comportamiento ético de un estudioso, y señaló que
"Los académicos no deben retener los datos negativos hasta que puedan
sugerir los antídotos a sus conclusiones." [4] Por otra parte, Putnam
hizo la liberación de datos en 2001 y difundido este hecho [5]. Las
propuestas que contiene el documento se encuentra en una sección
denominada "Área de Cómodo con la diversidad" al final de su artículo.
Esta sección ha sido criticado por la falta de rigor de las secciones
anteriores. Según Ilana Mercer "Putnam llega a la conclusión de los
hechos sombríos con una popa pep hablar" [6].

¿Qué es el Capital Social y cómo Analizarlo


en contextos
de Exclusión Social y Pobreza?
Estudios de Caso en Buenos Aires, Argentina
Resumen
El concepto de Capital Social es profusamente utilizado en ciencias sociales
desde la década del noventa a partir de las contribuciones de autores como
Bourdieu, Coleman, Putnam y Portes, y constituye probablemente una de las
innovaciones más prometedoras de la teoría social contemporánea. En años
recientes, ha generado un importante debate académico respecto de su
definición y, consecuentemente, respecto de las dimensiones e indicadores
adecuados para su análisis empírico. Paralelamente, se ha vuelto un
componente importante de las formulaciones de los organismos multilaterales,
las agencias de cooperación e incluso parte del discurso de dirigentes políticos,
funcionarios y periodistas al referirse a los problemas de las sociedades
latinoamericanas y sus posibles soluciones, ya que el concepto aparece como
especialmente apto para la elaboración de políticas orientadas a la inclusión. A
partir de un breve recorrido por la evolución teórica del concepto, la
formulación de algunas controversias conceptuales y el acercamiento a una
definición operativa del mismo, el presente trabajo se centra en la búsqueda
de una metodología adecuada para
su análisis en contextos de exclusión social de la Argentina y el resto de
Latinoamérica.
La confección del instrumento de medición presentado aquí es el resultado de
una investigación
llevada a cabo en dos barrios pobres del Municipio de Moreno (Alem y José C.
Paz), ubicado en el segundo cinturón del Gran Buenos Aires, la cual tuvo como
principal objetivo determinar la estrategia más adecuada para el análisis del
capital social en este tipo de contextos.
Para ello se analizó el fenómeno a nivel comunitario a partir dos preguntas de
investigación: ¿Qué clases de Capital Social generan los hogares de los barrios
más pobres del Gran Buenos Aires? ¿Qué clases de Capital Social generan las
organizaciones comunitarias de base de estos barrios? De este modo, los jefes
de hogar y los líderes de las organizaciones comunitarias de base del área se
constituyeron como unidades de recolección, construyéndose para cada uno de
ellos un instrumento de medición diferente: una encuesta aplicada a una
muestra probabilística para los jefes de hogar (en la cual se contemplaron las
dimensiones: visión del área local, apoyo social, redes sociales, confianza y
reciprocidad y compromiso cívico); y una entrevista semi-estructurada para los
líderes organizacionales, en la cual se indagó sobre los orígenes de las
organizaciones, su trayectoria y
sus miembros, aunque el énfasis se puso en las relaciones dadas a nivel inter-
organizacional, esto es, en las redes, espacio donde se crea y recrea el Capital
Social. Una estrategia de triangulación teórica y metodológica permite
comprender y abordar el análisis del Capital Social en contextos de exclusión al
nivel de la complejidad que esta tarea advierte.
Introducción
La Iniciativa del Capital Social de la Universidad Estatal de Michigan ha estado
trabajando por muchos años en el desarrollo del paradigma del capital social,
para lo cuál se requirió efectuar una serie de investigaciones empíricas que
validen los lineamientos teóricos de este paradigma. Bajo un convenio amplio
de cooperación firmado con la Universidad del Salvador de Buenos Aires,
Argentina se establece la conformación de equipos de investigadores
compuestos por miembros de
ambas universidades para la realización de trabajos de investigación conjunta
especialmente en el área del capital social.
El presente trabajo es el resultado investigación realizada en dos barrios
pobres del de una Municipio de Moreno (Alem y José Paz) del Gran Buenos
Aires. El objetivo principal de la investigación es el de evaluar como los
habitantes de estos municipios utilizan las diferentes formas del capital social;
de nexo, de vínculo, y de puente para contrarrestar los efectos de la crisis
socio-económica producto del colapso económico-financiero que la Argentina
sufrió a fines del
año 2001.
El concepto del capital social es relativamente nuevo, si bien existen trabajos
que citan al capital social en estudios que datan de principios del siglo pasado,
es recien a partir del trabajo seminal de James Coleman en la decada de los
noventa que empieza un estudio serio y profundo del mismo. Muchos autores
como Fukuyama, Putnam, Portes y otros realizarón importantes aportes para el
desarrollo de este concepto. El presente estudio efectua una revisión
exhaustiva de estos trabajos como base para la formulación de premisas e
hipótesis para el estudio empírico en las comunidades seleccionadas.

La perspectiva del capital social para evaluar problemas de extrema pobreza


es holística. Considera que la pobreza no solamente esta centrada en la
carencia de bienes fisicos y de servicios básicos, se da mucha importancia a las
deficiencias de bienes socioemocionales que es uno de los elementos del
paradigma del capital social. Las redes sociales existentes en estos municipios
nos dan una pauta de como los habitantes de los mismos interactúan para la
solución de los problemas producto de la crísis. La confianza, reciprocidad,
continua interacción, soporte mútuo y las características comunes heredadas y
adquiridas de los habitantes de estos municipios constituyen los pilares básicos
para el desarrollo del capital social en la comunidad.
Otro aspecto muy importante, de este proyecto de investigación, es el de
evaluar el rol que juegan las organizaciones comunales; religiosas, estatales y
otras en la solución de estos problemas. Usualmente en los municipios muy
pobres, estas organizaciones juegan un papel preponderante en la solución por
lo menos parcial de los efectos de la crísis. En este estudio se analizan
especialmente los nexos que ligan a las redes familiares y sociales existentes
en la comunidad con este tipo de organizaciones.
El enfoque tradicional para el desarrollo de comunidades hace hincapié en el
análisis de los déficits de la comunidad. El nuevo enfoque comienza con la
evaluación de los activos de la comunidad, siendo el capital social uno de los
activos más importantes en cualquier comunidad especialemente en las
comunidades pobres. Los autores esperan continuar con este tipo de estudios
orientados a demostrar las bondades del capital social para el alivio de la
pobreza.
Un Breve Recorrido Teórico
Las Primeras Formulaciones del Concepto
Ciertamente, la preocupación por las fuentes de la solidaridad social pueden
rastrearse hasta los mismos orígenes de las ciencias sociales. Ya a fines del
siglo XIX Emile Durkheim señalaba la importancia de las relaciones sociales en
la cooperación social como fuente fundamental de solidaridad social en las
sociedades

modernas. Un cuerpo social “saludable” era aquel en el


que los individuos mantenían múltiples y variadas
relaciones entre sí y compartían simultáneamente valores
y sentimientos comunes hacia la sociedad como un todo.
El concepto de capital social es profusamente utilizado en
ciencias sociales desde la década del noventa a partir de
las contribuciones de autores tales como Bourdieu,
Coleman y Putnam. Sin embargo, el término es bastante
anterior; Hanifan fue reconocido como el precursor en la
utilización del mismo. Data de 1916 un estudio en el que
argumentaba que el desempeño de las escuelas locales
podía mejorarse a partir de “aquellas sustancias
tangibles que cuentan más en la vida diaria de las
personas: específicamente buena voluntad,
compañerismo, empatía, y el encuentro social entre
individuos y familias que construyen una unidad social...
Si los individuos entran en contacto con sus vecinos, y
ellos con otros vecinos, habrá una acumulación de
capital social, que puede satisfacer inmediatamente sus
necesidades sociales y que puede producir un potencial
social suficiente para realizar una mejora sustancial de
las condiciones de vida en toda la comunidad” (Hanifan,
1916; Citado por Wallis, Killerby & Dollery, 2004).
Posteriormente, autores como Glenn Loury o Mark
Granovetter trabajaron en torno a este fenómeno y, sin
haber desarrollado el concepto, se convirtieron en
importantes referentes del tema.
A pesar de los importantes aportes teóricos
mencionados, Bourdieu es considerado comúnmente el
primer autor que realizó un estudio sistematizado sobre el
capital social. A partir de un tratamiento del concepto de
carácter particularmente instrumental, su análisis se
centra en los beneficios que obtienen los individuos a
partir de su participación en determinados grupos y en la
construcción de relaciones sociales con el mero objetivo
de crear este tipo de capital. De este modo, lo define
como “el agregado de los recursos reales o potenciales
que se vinculan con la posesión de una red duradera de
relaciones más o menos institucionalizadas de
conocimiento o reconocimiento mutuo” (Bourdieu, 1985
p. 248; citado en Portes, 1999). Desde la perspectiva de
este autor, el capital social constituye un medio a través
del cual es posible acceder a otros tipos de capital y, en
última instancia, los resultados de la posesión de capital
social se reducen a la posesión de capital económico. Lo
central aquí es que, es en virtud de la relación social
misma que los individuos pueden reclamar acceso a los
recursos poseídos por los demás individuos que
componen la red. “De allí que, a través del capital social,
los actores puedan obtener acceso directo a recursos
económicos (préstamos subsidiarios, información sobre
inversiones, mercados protegidos); pueden incrementar
su capital cultural gracias a los contactos con expertos o
individuos refinados, o de manera alternativa, asociarse
a instituciones que otorgan credenciales valoradas”
(Portes, 1999).
2
Para Bourdieu, la principal diferencia entre los
intercambios de tipo económico y el intercambio a partir
del capital social es el menor grado de transparencia y la
mayor incertidumbre presentes en el segundo. En este
sentido, las transacciones que incluyen capital social se
caracterizan por obligaciones inespecíficas, horizontes
temporales inciertos y la posible violación de las
expectativas de reciprocidad. En Bourdieu, así como
veremos en Coleman y Putnam, las redes sociales y la
densidad de las mismas juegan un papel central en la
creación y el mantenimiento de capital social,
convirtiéndose en la garantía más tangible de que las
expectativas de reciprocidad no serán defraudadas.
James Coleman y la Estructura de las
Relaciones Sociales
Para James Coleman el capital social constituye un
recurso cuya particularidad radica en ser algo inherente a
la estructura de las relaciones sociales. Este recurso
facilita el logro de objetivos personales que no podrían
alcanzarse en su ausencia o conllevarían un costo mucho
más alto. Para el autor, el capital social consiste en “una
diversidad de entidades con dos elementos en común:
todos consisten en algún aspecto de la estructura social
y facilitan ciertas acciones de los actores dentro de la
estructura” (Coleman, 1990:302). Por otro lado, “La
función identificada por el concepto de capital social es
el valor de esos aspectos de la estructura social que los
actores pueden usar como recursos para la realización
de sus intereses” (1990:305).
Se desprende de las anteriores citas que el capital
social se crea sencillamente allí donde las relaciones
entre personas se coordinan para facilitar una acción
colectiva. De este modo, éste puede por un lado, asumir
las formas más variadas y, por otro, desarrollarse en los
más diversos contextos societales. Entre las formas
específicas que este recurso puede adoptar Coleman
identifica algunas sin ninguna pretensión de
exhaustividad. A partir de la función identificada por el
concepto, encuentra entre ellas: el uso de amigos y
conocidos como fuentes de información; las relaciones de
autoridad; las organizaciones sociales, en tanto el capital
social disponible en su estructura a menudo puede
aprovecharse para la consecución de objetivos nuevos,
reorientando el tejido de relaciones que las conforman; el
establecimiento de obligaciones y expectativas; y el
desarrollo de sistemas de normas y sanciones dentro de
una comunidad.
El capítulo de “Foundations of Social Theory”
dedicado al concepto de capital social comienza con una
severa crítica a toda la corriente económica clásica y
neoclásica, argumentando que las sociedades actuales no
se caracterizan por mayores grados de individualismo,
sino que, contrariamente se caracterizan cada vez más por
mayores grados de interdependencia, en tanto los intereses
de cada uno dependen siempre, o están en alguna medida
bajo el control de otros actores, “…pues los individuos no
actúan independientemente, los objetivos no son
alcanzados independientemente, y los intereses no son
completamente egoístas” (Coleman, 301).
De aquí que la forma de capital social constituida por
el establecimiento de obligaciones y expectativas sea una
de las más desarrolladas por Coleman. Se basa
explícitamente en el intercambio de favores entre
individuos que forman parte de una misma estructura
social. La creación de capital social se pone en marcha en
el momento en que un individuo hace algo por otro
confiando en que aquél se comportará de manera
recíproca en el futuro. Así se establece entre ellos una
relación que comprende expectativas y obligaciones,
concretamente, una expectativa de reciprocidad por parte
de quien hizo el favor, y el establecimiento de una
obligación de no quebrantar la confianza por parte de
quien lo ha recibido. En términos de Coleman, el
establecimiento de la obligación se vuelve el
comprobante del crédito [credit slip] que asegura que el
favor será restituido.
El desarrollo de este tipo de relaciones encaja
perfectamente, para el autor, dentro de la teoría de la
acción racional y se esfuerza en justificar que el hacer
favores y la consecuente creación de obligaciones
constituye una acción en la cual, en última instancia,
prima el interés personal.
El capital social es un medio o un recurso que:
• Facilita a los individuos la consecución de sus
propios intereses.
• Es inherente a la estructura de las relaciones
sociales.
• A partir de la realización de favores el capital
social adopta la forma de obligación y es a través
de ella (de su cancelación) que el individuo
alcanza sus propios objetivos, procurando que la
retribución se produzca en el momento más
conveniente para él.
• La posibilidad de aparición de esta forma de
capital social queda sujeta a diversos factores,
entre ellos el grado de confiabilidad del entorno
social, las necesidades actuales de los individuos
y el grado de cercanía [closure] de las redes
sociales.
3
El establecimiento de sistemas de normas y sanciones
en cualquier estructura social siempre constituye
mecanismos reguladores de conducta que permiten
facilitar ciertas acciones, así como restringir otras,
señalando lo que es aceptable en la sociedad,
determinando qué comportamientos, valores y actitudes
son recompensadas y cuales quedan sujetas a sanción.
La internalización de las normas por parte de los
miembros de la estructura posibilita que ciertas conductas
sean apropiadas a modo de recurso por parte de los
individuos de una determinada comunidad. A modo de
ejemplo, “…las normas efectivas que inhiben el delito
hacen posible caminar libremente de noche por la ciudad
y permiten que los ancianos dejen sus casas sin temor por
la seguridad” (1990:310). Entonces, en tanto sea a través
de las conductas que surgen como resultado de la
internalización de cierto sistema de normas y sanciones
compartidas que cada miembro de la comunidad resulta
beneficiado, puede hablarse de otra forma de capital
social.
Ahora bien, la posibilidad del surgimiento de las dos
formas de capital social descriptas queda sujeta al tipo de
redes sociales que conformen las estructuras en cuestión.
De este modo, Coleman hace especial hincapié en la
importancia de la densidad de las redes sociales como
condición para:
a) el establecimiento de obligaciones y expectativas
de reciprocidad.
b) el surgimiento y el desarrollo de sistemas de
normas y sanciones, lo cual sólo es posible en
tanto existan lazos tan fuertes como para
garantizar el respeto hacia el mismo.
A medida que nos encontramos con estructuras
sociales más cerradas, caracterizadas por relaciones de
alto grado de interdependencia entre los individuos, se
hace posible controlar los comportamientos oportunistas,
disminuir el riesgo en los intercambios y, con ello, darle
continuidad a las confianzas y reciprocidades. “Lo
cercano de la estructura social es importante, no solo por
la existencia de normas efectivas, sino también por otra
forma de capital social: la confiabilidad de las
estructuras sociales que permiten la proliferación de
obligaciones y expectativas. Escapar de una obligación
es una forma de imponer una externalidad negativa en el
otro. Sin embargo, en una estructura sin cercanía, puede
ser sancionado (si puede), solo por la persona a la que la
obligación es debida” (Coleman, 1988). El grado de
cercanía de las redes sociales se encuentra en función de
dos factores en alguna medida relacionados. Uno es la
proximidad física, que estimula el contacto frecuente. El
otro se relaciona con el grado de interdependencia y el
establecimiento de obligaciones de los individuos dentro
de la comunidad, lo cual lleva al establecimiento de
normas y sanciones que a su vez garantizan su
cumplimiento, o al menos la sanción de las conductas
indebidas, estimulando la continuidad de las relaciones
de confianza y reciprocidad.
Las formulaciones de Coleman lo acercan a menudo
a Bourdieu, pero asimismo existe en ellas un importante
punto de contacto con Putnam. La definición del capital
social en tanto “bien público” lo acerca a aquella
perspectiva desde la cual el capital social puede ser
analizado en tanto atributo de comunidades, regiones,
estados e incluso naciones. El autor sostiene que el
capital social es un atributo de la estructura en la que los
individuos están insertos y no propiedad privada de
quienes se benefician de él. Una de las principales
diferencias respecto de las otras formas de capital, por
ejemplo el físico o el financiero, es que sólo quien
invierte en ellas se beneficia directamente de los
resultados de dicha inversión. No sucede lo mismo con el
capital social: no sólo, ni principalmente, quien se
esfuerza y trabaja en pos de la creación, mantenimiento y
acumulación de capital social se beneficia de sus
resultados, sino que todos aquellos que se encuentran
insertos en esa estructura social disfrutan de sus
beneficios aunque el esfuerzo lo haya realizado otro.
El Giro Conceptual: Robert Putnam y el
Análisis a Nivel Macro
Publicado unos años más tarde que el trabajo de
Coleman, Robert Putnam desarrolla su tesis en el libro
“Making Democracy Work: Civic Traditions in Modern
Italy” que surge a partir de un estudio comparativo entre
las regiones del norte y sur de Italia respecto de su
desarrollo institucional y económico. En esta ocasión el
capital social aparece como un instrumento de análisis
macro, como un atributo de las comunidades, y no ya
simplemente como un recurso de carácter individual.
Desde esta nueva perspectiva teórica el capital social se
define como “aspectos de la organización social tales
como confianza, normas y redes, que pueden mejorar la
eficiencia de una sociedad al facilitar la acción
coordinada” (Putnam, 1993:167). El eje central en la
obra de Putnam gira en torno a comprender los problemas
que presenta la acción colectiva. Específicamente, trata
sobre la tendencia comunitaria hacia la cooperación en
pos del bien común o al oportunismo y los factores que
condicionan la primera o la segunda elección,
determinando de qué manera repercuten en el desarrollo
económico y democrático- institucional de las
4 comunidades.
Putnam retoma a Coleman y define operativamente el
concepto de capital social. Comienza por un análisis
sobre la posibilidad de desarrollar relaciones de
confianza, la función que cumplen las redes sociales y los
sistemas normativos, y el modo en que todo esto influye
en el grado de cooperación de las comunidades.
Argumenta con ejemplos de la teoría de los juegos que la
cooperación en pos del beneficio mutuo no es irracional
y que a menudo en diversas situaciones todos estarían
mejor si les fuera posible cooperar entre sí. Putman pasa
de situaciones simples a contextos macrosociales y
explica que el buen desempeño de las instituciones
sociales depende en buena medida del modo en que se
resuelven este tipo de problemas. Aquí entra en juego el
concepto de capital social y su capacidad para resolver
los dilemas que presenta la acción colectiva. La
confianza, la reciprocidad, las redes sociales y,
fundamentalmente para este autor, el compromiso cívico
comprenden las dimensiones del fenómeno que logra
explicar por qué ciertas comunidades alcanzan mayores
niveles de desarrollo económico y democrático que otras.
La confianza es definida como “un componente
esencial del capital social […] La confianza lubrica la
cooperación. Cuanto mayor es el grado de confianza
dentro de una comunidad, mayor la probabilidad de
cooperación. Y la cooperación, a su vez, refuerza la
confianza” (1993:171). Sin embargo, la confianza
requerida que sustenta la cooperación no es ciega, sino
que surge a partir de la posibilidad de poder predecir en
alguna medida la conducta de los otros, “Uno no confía
que una persona (o agente) hará algo simplemente
porque dice que lo va a hacer. Uno confía sólo porque,
conociendo la disposición del otro, sus opciones
disponibles y sus consecuencias, su capacidad, etc., uno
espera que él elegirá hacerlo” (1993:171). El autor se
pregunta de qué modo la confianza de tipo personal se
transforma en confianza social y encuentra la respuesta
en la conformación de redes sociales y el surgimiento de
normas de reciprocidad entre los individuos. Estas dos
fuentes de confianza se relacionan entre sí de manera que
se retroalimentan generando, a su vez, niveles de
confianza cada vez más altos.
Por un lado, el principio de reciprocidad generalizada
(que se sustenta en la creencia de que un beneficio
concedido hoy será devuelto en el futuro) limita las
conductas oportunistas y lleva a un incremento de la
confianza por parte de quienes participan de ese tipo
relaciones a medida que las expectativas puestas en los
otros son concretadas. Por otro lado, la conformación de
redes sociales densas también incrementa la confianza al
estimular la continuidad de las relaciones y garantizar
que sus miembros posiblemente vuelvan a encontrarse en
otras oportunidades. “De este modo, sus reputaciones
están en juego, las que son, seguramente, más valiosas
que las ventajas de traiciones momentáneas. En ese
sentido, la honestidad es estimulada por la existencia de
redes sociales densas” (Putnam 2000:136).
El grado de densidad de las redes sociales influye en
el surgimiento de sistemas de normas y sanciones, así
como en la posibilidad de acceso a información fidedigna
acerca de la confiabilidad del entorno, siendo ambas
cuestiones resultado del desarrollo de las redes y
teniendo, en definitiva, el mismo efecto: reducir de
manera eficiente la tendencia hacia el oportunismo en las
comunidades.
Dos tipos de redes son identificadas por el autor, las
horizontales y las verticales, las primeras se definen
como aquellas que “reúnen agentes de status y poder
equivalentes,” mientras que las segundas “vinculan
agentes desiguales en relaciones asimétricas de
jerarquía y dependencia.” El capital social se genera allí
donde se establecen relaciones horizontales, “las redes
de compromiso cívico, tales como las asociaciones de
vecinos, sociedades corales, cooperativas, clubes
deportivos […] representan una interacción social
intensa. Las redes de compromiso cívico constituyen una
forma esencial de capital social: cuanto más densas las
redes de una comunidad, más probable es que los
ciudadanos estén dispuestos a cooperar para el beneficio
mutuo.” (1993:173). La conformación de redes sociales
densas estimula la cooperación en tanto fomentan el
desarrollo de normas sólidas de reciprocidad; facilitan la
comunicación y mejoran el flujo de información acerca
de la confiabilidad de los individuos en transacciones
pasadas; incrementan el costo potencial para aquel que no
se comporte de manera confiable (al poner en juego la
propia reputación) y representan el éxito que la
colaboración ha tenido en el pasado, lo que podría
funcionar como patrón culturalmente definido para la
colaboración futura.
Las investigaciones de Putnam, tanto la realizada en
las regiones italianas como en su estudio de la sociedad
norteamericana, toman como principal unidad de análisis
las asociaciones civiles. El protagonismo ésta al
momento de analizar los dilemas que presenta la acción
colectiva y el desarrollo del capital social comunitario, se
explica a partir de que tipo de asociaciones generarían
estos dos tipos de efectos:
5
Internos: inculcan en los individuos que participan en
ellas hábitos de cooperación, solidaridad y espíritu
comunitario.
Externos: Dan forma clara a los intereses de un grupo
determinado, reúnen a sus miembros y dirigen sus
energías en la misma dirección.
El índice de civismo es el instrumento que Putnam
construye para el análisis del grado de desarrollo
institucional y económico de las regiones italianas, a
partir del cual define como comunidades cívicas aquellas
que presentan los siguientes cuatro elementos:
compromiso cívico, entendido como la participación de
los individuos en los asuntos públicos; igualdad política;
solidaridad, confianza y tolerancia; y especialmente, una
importante vitalidad asociativa, tanto respecto de la
cantidad de asociaciones como del nivel de participación
en ellas. Putnam identifica las comunidades cívicas como
las portadoras de capital social. En la práctica el stock de
capital social de las comunidades se equipara con el nivel
de intervención asociativo y comportamiento
participativo de los individuos, y se mide con indicadores
tales como la lectura de diarios, la pertenencia a
asociaciones voluntarias y las expresiones de confianza
en las autoridades políticas (Portes, 1999). Resulta pues
que, las regiones cívicas son aquellas que cuentan con
densas redes de asociaciones y un activo compromiso en
los asuntos públicos, lo cual se preserva dado su stock de
capital social, y a partir del cual son capaces de demandar
eficiencia a los gobiernos dado que están preparados para
actuar colectivamente en pos de alcanzar sus metas
compartidas.
La Intensidad de las Relaciones y los Tipos
de Capital Social
Más recientemente los investigadores del Social
Capital Initiative (SCI) de la Michigan State University
(MSU) han definido el capital social como “la simpatía
de una persona o un grupo hacia otra persona o grupo que
puede producir un beneficio potencial, una ventaja y un
tratamiento preferencial para otra persona o grupo de
personas más allá del esperado en una relación de
intercambio" (Robison, Siles, Smith, 2003). De este
modo, el capital social consiste en los sentimientos de
solidaridad que una persona o grupo sienten por otra
persona o grupo. Dichos sentimientos pueden incluir
admiración, cuidado, empatía, respeto, sentido de
obligación y confianza hacia el otro. Al igual que en las
definiciones anteriores, las relaciones sociales
constituyen la base del capital social. El capital social se
origina en rasgos comunes denominados puntos de
coincidencia, los cuales pueden ser adquiridos o
heredados, entre los primeros, pueden mencionarse el
sexo, la edad, la nacionalidad, etc.; y entre los segundos,
la pertenencia a clubes, organizaciones cívicas, equipos
deportivos, etc.
De acuerdo con la intensidad de las relaciones de
solidaridad surgen tres tipos de capital social, y este es el
aporte principal de los investigadores de la MSU al que
haremos referencia en este artículo, de nexo [bonding
social capital], de vinculo [linking social capital] y de
aproximación o puente [bridging social capital].
El capital social de nexo existe en relaciones
socialmente estrechas, generalmente se basa en puntos de
coincidencia heredados o creados como resultado de
compromisos para toda la vida y un contacto personal
frecuente. Se caracteriza por intensos sentimientos de
conexión que pueden incluir sentimientos de
preocupación, afecto e interés por el otro. El capital social
de vinculo hace referencia a relaciones medianamente
estrechas y en la mayoría de los casos se basa en puntos
de coincidencia adquiridos. Se caracteriza por
sentimientos de moderadamente intensos de conexión
como el respeto, la confianza y el compañerismo, que
pueden existir entre colegas, compañeros de trabajo, los
miembros de un mismo club o comunidad. Por último, el
capital social de aproximación es aquel que existe en las
relaciones asimétricas entre personas que tienen pocos
puntos de coincidencia, un contacto personal limitado y a
menudo diferencias importantes en cuanto a los recursos
que poseen, caracterizándose por sentimientos
asimétricos de conexión. (Robison, Siles y Schimd, 2003:
61-62).
Algunas Controversias Conceptuales
El Capital Social: ¿Un Recurso Individual o Colectivo?
A menudo los enfoques teóricos respecto del capital
social resultan muy disímiles e incluso contrapuestos. Sin
embargo, a pesar de las diferencias, aparece un elemento
convergente en torno a todas las formulaciones: el capital
social es un recurso que se genera y se acumula en las
redes sociales.
Las redes sociales se definen como campos sociales
constituidos por relaciones entre personas, citando a
Larissa Lomnitz, las redes se constituyen a partir de
“relaciones de intercambio recíproco de bienes y
servicios (…) son conjuntos de individuos entre los
6
cuales se produce con cierta regularidad una categoría
de eventos de intercambio.”1 La conformación de redes
sociales depende de diferentes factores que regulan la
intensidad de dicho intercambio, entre ellos la distancia
social, la distancia física, la distancia económica (la cual
influye en el nivel de simetría del intercambio) y la
distancia psicológica (determinada por la confianza y la
disposición para entablar y sostener una relación de
intercambio recíproco). Clasifica las redes en dos tipos:
• Egocéntricas: conformadas por el conjunto de
relaciones centradas en un individuo
determinado, constituida a partir del conjunto de
individuos con quienes ego intercambia
recíprocamente bienes y servicios (Lomnitz,
1975: 141).
• Exocéntricas: conformadas a partir de un grupo
social, sea un grupo de parientes o de vecinos
unidos por una relación de cooperación,
caracterizada por el intercambio de todos con
todos basado en un principio de “reciprocidad
generalizada” en el cual no existen personas que
centralicen las funciones de intercambio.
Concretamente, el hecho básico de la existencia
de una red es el intercambio de favores y es en
función de su intensidad que las mismas se
conforman y se disuelven.
Entonces, ¿ambos tipos de redes generan y acumulan
capital social? O ¿alguno de ellos es más propenso a
generar y acumular este recurso? En alguna medida, los
autores que hemos visto responden a estas cuestiones
indirectamente al definir en qué consiste el capital social.
Todos ellos concuerdan en que el capital social es un
recurso que surge de las relaciones sociales, difieren en
que, para algunos de ellos, las personas individualmente
se apropian de este recurso, mientras que, para otros, es el
grupo, la estructura o las comunidades en su conjunto
quienes disfrutan de los resultados de la inversión en
capital social. Loury, Granovetter o Bourdieu dan cuenta
de la primera postura, mientras que Coleman, al definirlo
como bien público, y más explícitamente Putnam al
referirse a él como un recurso apto para la consecución de
objetivos de índole colectiva, se ubican en la vereda de
enfrente.
En realidad, el capital social es tanto un recurso
individual como colectivo. A menudo los individuos
acceden a ciertos recursos a partir de relaciones que
mantienen a nivel personal y no es erróneo suponer que
las mismas contienen capital social. Por otro lado, ciertos
grupos sociales logran beneficios a partir de su
constitución en red, en redes exocéntricas en términos de
Lomnitz, y no es menos cierto que estas relaciones
contengan también capital social. El punto es que nos
encontramos frente a un concepto multifacético, capaz de
manifestarse en formas diversas y capaz de producir
resultados diferentes en cada caso en particular. Se trata
de un concepto complejo, difícil de encasillar en una
definición estática dado que comprende realidades
diferentes que logran definirse en los mismos términos.
¿Relaciones Cercanas o Relaciones
Que Tienden Puentes?
La creación, el desarrollo y el mantenimiento de
capital social están condicionados por la existencia previa
de diversos factores. En términos generales podemos
identificar, a partir de lo expuesto con anterioridad: la
conformación de redes sociales y la existencia de
relaciones basadas en la confianza y en un principio de
reciprocidad mutua.
En la literatura teórica aparecen dos argumentos
fuertes que retoman la centralidad de estos factores, pero
definiéndolos en un modo esencialmente contrapuesto. El
primero es el de James Coleman, al que denominamos el
argumento de “la cercanía de las redes sociales,”2 el
segundo argumento, llamado de “las conexiones
puente,” es el elaborado por Ronald Burt.
De acuerdo con el primer argumento, a medida que el
grado de interdependencia entre los individuos aumenta
(a raíz del establecimiento de relaciones de obligaciones
y expectativas recíprocas) la densidad de las redes se
incrementa generando altos niveles de cohesión
intragrupo, condición sine qua non para la creación de
capital social. Esto es así porque sólo a partir la existencia
de relaciones lo suficientemente estrechas es posible el
surgimiento de un sistema de normas y sanciones, el que
influirá positivamente en el desarrollo y la continuidad de
relaciones basadas en la confianza y reciprocidad. La
densidad y la estructura cerrada de las redes cumplen la
función de controlar los posibles comportamientos
oportunistas y es en este sentido que incrementan el
capital social del grupo.
Ronald Burt responde y se opone a esta
argumentación con su teoría de los “agujeros
estructurales” [structural holes] y “las conexiones
puente.” Desecha la importancia de la densidad de las
redes y se enfoca en la calidad de las mismas, midiéndose
ésta en función de la posibilidad de acceso a información
7
referente a entornos lejanos e inaccesibles al individuo
por sí solo. Burt concuerda con Coleman, y por ende con
Putnam, en que ciertas estructuras sociales son capaces
de crear para ciertos individuos o grupos ventajas
competitivas a la hora de alcanzar sus propios intereses,
y en que los individuos mejor conectados son quienes
disfrutan de mayores beneficios. El desacuerdo aparece a
la hora de definir qué significa estar “mejor conectado”
(Burt, 2000). Burt describe el capital social por su
función de mediación en cuanto al acceso de
oportunidades retomando las formulaciones de Mark
Granovetter acerca de la fortaleza de los vínculos débiles.
A partir de un estudio sobre movilidad ocupacional y
los medios a través de los cuales los trabajadores acceden
a nuevos empleos, Granovetter logra captar la relevancia
que tienen los vínculos no primarios para la consecución
de estos objetivos. La explicación es sencilla y puede
resumirse en esta cita, “una idea natural a priori es que
aquellos con quienes se tiene vínculos fuertes están más
motivados para ayudar sobre información acerca de
trabajo. Contrarios a esta gran motivación están los
argumentos estructurales que he estado realizando:
aquellos con quienes estamos débilmente vinculados son
más propensos a moverse en círculos distintos al propio
y, por tanto, tendrán acceso a una información diferente
a la que nosotros recibimos” (Granovetter, 1973).
Burt observa que la estructura social de mercado se
compone de diferentes grupos de individuos que
mantienen relaciones más o menos estrechas entre sí
separándose estos grupos por lo que denomina “agujeros
estructurales.” Su existencia implica que los individuos
pertenecientes a cada grupo se focalizan en sus propias
actividades sin tener en cuenta a los individuos que se
encuentran por fuera. Sin embargo, son aquellos
individuos cuyas relaciones logran superar o atravesar
dichos agujeros quienes cuentan con una ventaja
competitiva respecto del resto. Esto es así dado que, las
personas a cada lado del “agujero” circulan en diferentes
flujos de información. El poder atravesar dichos
“agujeros” constituye una oportunidad de vincularse con
individuos pertenecientes a otros grupos, quebrando la
corriente de información y accediendo así a información
respecto de lo que ocurre en entornos distintos del propio,
incrementando así sus posibilidades de acción.
El autor denomina conexiones de puente a aquellas
que logran conectar a los individuos con grupos distintos
al que pertenecen. Las conexiones que tienden puentes
hacia otros grupos constituyen una ventaja respecto de las
posibilidades de acceso a información. Estos individuos
alcanzan un volumen mayor de información al
relacionarse indirectamente con un mayor número de
personas, pero más importante aún es que la diversidad
de los contactos garantiza, de algún modo, que esa
información no será redundante. Estos individuos
también cuentan con una ventaja de control, esto es, con
la posibilidad de poner en contacto ciertas personas en
pos de algún interés personal. “De este modo, individuos
en contacto con redes ricas en agujeros estructurales son
los individuos que saben acerca de, tienen una mano en
y ejercitan control sobre, más oportunidades
gratificantes. Los comportamientos por los cuales
desarrollan las oportunidades son muchas y variadas,
pero la oportunidad por sí misma es en todo momento
definida por un agujero en la estructura social. En
términos del argumento, las redes ricas en oportunidades
empresariales de agujeros estructurales son redes
empresariales, y los emprendedores son gente experta en
construir los puentes interpersonales que atraviesan los
agujeros estructurales” (Burt, 2000:07).
Desde esta perspectiva, un individuo que establece
relaciones superando los agujeros estructurales cuenta
con un grado mayor de capital social, en tanto sus redes
de relaciones le otorgan un más amplio, fácil acceso a, y
un mayor control sobre, la información, la que le otorga
mayores posibilidades de acción. De acuerdo con Burt,
son estas relaciones (las que logran vincular fuentes de
información heterogéneas separadas por agujeros
estructurales) y no las relaciones cohesivas y entre
agentes equivalentes, las que producen mejores
resultados en términos de capital social, ya que, estas
últimas sólo pueden proporcionar información
redundante. La construcción de capital social no parte del
establecimiento de vínculos estrechos, sino de la
capacidad de los actores para establecer diferentes
relaciones fuera de su grupo de pertenencia.
Hacia Una Definición Operativa de
Capital Social
El Análisis Empírico en Contextos de Exclusión Social
Luego de una revisión de la bibliografía disponible y
de investigaciones realizadas en diversas partes del
mundo, así como a partir de los resultados obtenidos de
una investigación piloto3 realizada en dos barrios con
altos niveles de pobreza, (ubicados en el segundo
cinturón del conurbano de la Provincia de Buenos Aires4)
elaboramos un instrumento capaz de analizar el capital
social presente en contextos de creciente exclusión social.
El principal objetivo de la investigación mencionada fue
8
esencialmente de carácter metodológico, y consistió en
determinar la estrategia más apropiada para la medición
del Capital Social en este tipo de contextos. Para ello
analizamos el capital social presente en dos barrios, Alem
y José C. Paz, a partir de la formulación de dos preguntas
de investigación: ¿Qué clases de Capital Social (de nexo,
de vinculo y de puente) generan los hogares de los barrios
más pobres del Gran Buenos Aires? y ¿Qué clases de
Capital Social son generadas por las organizaciones
comunitarias de base en las áreas más pobres del Gran
Buenos Aires?
La investigación se abordó a partir de una estrategia
de triangulación, partiendo de ambas perspectivas, la
cuantitativa así como la cualitativa, se llevó a cabo la
triangulación de métodos y fuentes de información. Cada
uno de los barrios se constituyó como una unidad de
análisis, los jefes de hogar y los líderes de las
organizaciones comunitarias fueron definidos como las
unidades de recolección (triangulación de fuentes), y a
cada una de las cuales se les aplicó un instrumento de
recolección diferente (triangulación de métodos). Para el
caso de los jefes de hogar se diseñó una encuesta
probabilística, mientras que a los líderes organizacionales
se les aplicó una entrevista semi-estructurada que hacía
especial hincapié en las características de las
organizaciones y en la conformación de redes y
relaciones a nivel Inter.-organizacional.
Respecto de los parámetros considerados para la
muestra probabilística se tomó un error del 0.05%, un
nivel de confianza del 95% con una varianza de 0.1 y 0.9.
Para el diseño del marco muestral (total de viviendas por
cada barrio) la red de organizaciones comunitarias de
base de Cuartel V facilitó dos mapas de catastro
correspondientes a ambos barrios. Posteriormente por
muestreo aleatorio simple fueron seleccionados los
hogares donde se encuestarían los jefes de hogar. La
muestra estuvo compuesta por 203 hogares en ambos
barrios.
Teniendo en cuenta que se trata de una zona de difícil
acceso, y considerando la posibilidad de rechazo a la
encuesta (desconfianza, miedo, etc.), el relevamiento de
los datos fue llevado a cabo por encuestadores
pertenecientes al barrio, capacitados por un grupo de
investigadores del IDICSO. De esta forma, se buscó
prever y disminuir las posibilidades de rechazo, ya que
por ser una zona pobre y de un nivel educativo bajo esto
era probable. El relevamiento de las entrevistas estuvo a
cargo de estudiantes avanzados de la Escuela de
Sociología de la Universidad del Salvador.
Construyendo un Instrumento de Medición:
Las Dimensiones del Capital Social
Visión del área local
De acuerdo con Coleman el capital social tiene que
ver con la forma que asume la estructura de las relaciones
entre las personas, así puede manifestarse en las
relaciones más diversas, de acuerdo con los fines
específicos de la acción y en relación a cada contexto
particular. De este modo, resulta evidente la relevancia de
los sentimientos de las personas respecto de su entorno
físico, cuyas características originan y delinean diferentes
tipos de relaciones.
Remitiéndonos a nuestro contexto de análisis cabe
mencionar que, en líneas generales, las áreas de creciente
exclusión del Gran Buenos Aires (así como del resto del
país y otras áreas latinoamericanas) se caracterizan por
graves deficiencias de infraestructura, específicamente en
relación al gas, cloacas, agua, líneas telefónicas y calles
de tierra que se vuelven intransitables con la lluvia. Por
otro lado, estas áreas no cuentan con industrias ni otras
fuentes de empleo, y se encuentran relativamente
aisladas.
Sostenemos que necesariamente las características
contextuales repercuten en el tipo de vínculos que
establecen los individuos entre sí y con su comunidad. En
este sentido, las percepciones de los individuos respecto
de su entorno físico se vuelven relevantes para el análisis
del capital social en una comunidad dada. Entre los
indicadores capaces de dar cuenta de esta dimensión,
consideramos aquellos referentes a las percepciones
individuales respecto de, los servicios públicos en
general, y particularmente, sobre los servicios de salud, el
sistema educativo, la policía, el transporte, etc.; respecto
de la seguridad del barrio y, por último, respecto de
cuestiones locales recurrentes definidas como
problemáticas, como por ejemplo, el vandalismo o el uso
de drogas y alcohol.
9
Fuente: IDICSO. COSNET. Gran Buenos Aires. Argentina. 2003
TABLA 1. Pensando en General Respecto de los
Servicios de la Zona Donde Vive ¿Cómo los Calificaria?
Barrio Barrio
José C. Paz Alem
Muy Buenos 1.8% -.-
Buenos 19.3% 10.5%
Normales 13.2% 10.5%
Pobres 33.3% 41.1%
Muy Pobres 32.5% 36.1%
N/S o sin Experiencia -.- 1.1%
Total 100% (114) 100% (95)
El hecho de que en ambos barrios más del 60% de las
personas califiquen los servicios de la zona entre pobres
y muy pobres podría tener alguna incidencia en el modo
en que los individuos se relacionan entre sí, en su
disposición para la acción conjunta y en su relación con
la comunidad en general.
Redes Sociales
Como dijimos anteriormente, a pesar de las
discrepancias teóricas entre los autores, resulta que la
característica intrínseca del capital social es su carácter
relacional. El capital social se genera y se acumula a
partir de las relaciones que establecen los individuos
entre sí. Los lazos informales constituidos por las
relaciones que se establecen entre familiares, amigos,
vecinos o compañeros de trabajo, y actividades como
juntarse a cenar, salir a caminar o visitarse entre sí, son
consideradas por Putnam como pequeñas inversiones en
capital social. Las formas informales de sociabilidad se
vuelven cruciales para el sostenimiento del nivel de
capital social en una comunidad. “Nos inclinamos a
considerar las asociaciones comunitarias y la vida
pública como formas más elevadas de participación
social, pero en la vida diaria, la amistad y otras formas
informales de sociabilidad proveen un crucial apoyo
social. Es seguro que los lazos informales generalmente
no construyen habilidades cívicas en el modo que lo hace
la participación en un club, en un grupo político, en un
sindicato o una iglesia, pero los lazos informales son muy
importantes en el sostenimiento de las redes sociales.”
(Putnam, 2000: 95).
En situaciones de exclusión la conformación de
vínculos fuertes tiene una connotación adicional: a
menudo constituyen una solución práctica a los
problemas que trae aparejados la situación de precariedad
en la que viven estos individuos. Las redes exocéntricas
descriptas por Lomnitz, a las que hicimos referencia
anteriormente, son características en estos contextos y se
sustentan en el intercambio de favores de todos con todos
entre grupos de parientes, vecinos y amigos. La cercanía
física es el factor clave que posibilita la conformación de
este tipo de redes, al estimular el contacto frecuente, lo
que contribuye al afianzamiento de la reciprocidad y la
confianza. En realidad, en contextos de exclusión, la
vecindad se vuelve condición necesaria para la
conformación de redes de intercambio recíproco. La
distancia física se convierte en un obstáculo para
mantener lazos estrechos dado el costo económico y la
dificultad que a menudo conllevan los traslados. Dado el
papel determinante de la distancia física en el modo que
se constituyen las redes, ésta aparece como un indicador
clave si se quiere evaluar la repercusión que tiene la
presencia de redes sociales en el grado y tipo de capital
social presente en la comunidad estudiada. La lejanía
suele dificultar la posibilidad de acudir a alguien en el
caso de necesitar un favor y, sin intercambio de favores,
difícilmente puedan establecerse relaciones de
reciprocidad, sobre las cuales se genera y mantiene el
capital social.
El estudio de los tipos de redes que conforman los
individuos resulta clave para el análisis de los tipos de
capital social que se generan dentro de una comunidad.
Observamos que en el barrio Alem el 35.7% de los
vecinos tiene entre uno y dos amigos que viven a 15- 20
minutos caminando o 5- 10 minutos en transporte
mientras que en José C.Paz un 26,8% de los vecinos se
encuentra en ésta situación. Para ambos suman un 60%
aproximadamente quienes tienen al menos hasta cinco
amigos cercanos. Por otro lado, el tercio restante no tiene
ningún amigo cercano en los términos planteados. El
análisis de estos datos nos da la pauta del grado de
densidad de las redes sociales conformadas por esta
comunidad.
Por otro lado, también es importante analizar el tipo
de vínculos que establecen las organizaciones sociales de
base y poder establecer con qué objetivos lo hacen, a
continuación citamos dos respuestas extraídas de las
entrevistas realizadas a los líderes organizacionales.
Bueno así con las otras Iglesias cuando hay
algún evento especial (...) nos juntamos para
compartir momentos, hacemos una comida y
compartimos el alimento y la palabra también...
(Entrevista Iglesia Evangélica Bautista, Barrio
Alem).
10
TABLA 2. ¿Cuántos Amigos Cercanos Viven a 15-20
minutos Caminando o 5-10 Minutos en Transporte,
Si Hay Alguno?
Barrio Barrio
José C. Paz Alem
Uno o dos 26.8% 35.7%
Tres o cuatro 20.5% 11.6%
Cinco o más 18.8% 16.8%
Ninguno 32.1% 34.7%
Otro 1.8% 1.1%
Ns/Nc 1.8% 2.1%
Total 100% (114) 100% (95)
Fuente: IDICSO. COSNET. Gran Buenos Aires. Argentina. 2002
Bueno, nosotros estamos en dos redes, la red
solidaria y la red parroquial, la red parroquial es
la que están los comedores que pertenecen a la
parroquia, que son ayudados por algunas
instituciones de la capital o Caritas, algo
recibimos de ahí, no es mucho pero, a veces
cuando en la semana no tenemos polenta si hay
en la parroquia nos dan. (Entrevista Comedor
San Juan Bautista, Barrio Alem)
El análisis de las respuestas dadas por los líderes
organizacionales tiene por objetivo determinar que tipo
de relaciones establecen las organizaciones entre sí y, por
ende, que tipos de capital social son capaces de generar.
Para analizar las relaciones interorganizacionales,
consideramos importante tener en cuenta las
formulaciones de Granovetter5 respecto de la importancia
de los vínculos débiles. Es sabido que la segmentación y
el aislamiento son rasgos característicos de la pobreza, el
proceso de segmentación lleva implícita la
homogeneidad social en los contactos de las personas
pobres, lo que se traduce en pocas oportunidades de
superar su situación actual. Para el análisis del capital
social a nivel comunitario y, más específicamente, para el
análisis de los tipos de capital social que generan las
organizaciones de base, es de crucial importancia analizar
los vínculos que éstas establecen tanto dentro como fuera
de su comunidad.
Apoyo Social
Esta dimensión está intrínsecamente relacionada con
la anterior y apunta a determinar el grado de densidad o
cercanía de las redes sociales. Al hacer referencia al
apoyo con que cuentan los individuos en caso de
atravesar por situaciones que requieren de una ayuda
comprometida, no estamos sino considerando el grado de
establecimiento de obligaciones y expectativas al que
hacía referencia Coleman. Entre los indicadores que
pretenden dar cuenta de esta dimensión nos centramos en
analizar a quiénes se pediría ayuda dentro de la
comunidad en diversas situaciones críticas.
Teniendo en cuenta las consideraciones de Burt
respecto de las relaciones que logran atravesar los
agujeros estructurales, accediendo a ámbitos de
información lejanos al individuo, consideramos necesario
en futuras investigaciones indagar sobre las relaciones
que pueden establecerse con personas ajenas al propio
entorno, evaluando la posibilidad de que los individuos
establezcan relaciones con diferentes intensidades
capaces de generar distintos tipos de capital social.
Reciprocidad y Confianza Local
La conformación y el sostenimiento de redes sociales
se explica por la existencia de relaciones de reciprocidad
entre los miembros de la red. Éstas implican que las
ventajas o beneficios que una de las partes obtiene de la
relación en el presente, serán retribuidos a la otra en un
futuro próximo. El principio de reciprocidad
generalizada, sobre el que se basan las redes sociales que
comprende una comunidad determinada, se refleja en la
siguiente cita de Putnam, “Haré esto por ti ahora sin
esperar nada a cambio inmediatamente, y tal vez sin ni
siquiera conocerte, confiando que en algún momento tú,
o alguien mas, me devolverá el favor.” (Putnam, 2000:
134). Este tipo de reciprocidad, no se limita a una
relación entre dos personas, sino que aparece como un
bien de la comunidad que no indica necesariamente altos
niveles de altruismo. Constituye para Putnam un atributo
capaz de volver a las sociedades más eficientes en tanto
la cooperación a menudo facilita la consecución de los
propios objetivos. “La norma de reciprocidad
generalizada reconcilia el interés personal con la
solidaridad: cada acto individual en un sistema de
reciprocidad es por lo general caracterizado por una
combinación de lo que uno podría llamar el altruismo a
corto plazo e interés propio a largo plazo: Le doy una
11
TABLA 3. Usted Necesita Que Alguien Lo Lleve Para
Estar en un Lugar Urgentemente.
¿A Quien Pediría Ayuda?
Barrio Barrio
José C. Paz Alem
Marido/ mujer/ pareja 31.1% 50.6%
Otros miembros del hogar 19.4% 24.1%
Pariente (fuera del hogar) 37.9% 33.7%
Amigo 35% 31.3%
Vecino 61.2% 65.1%
Total -.- -.-
Fuente: IDICSO. COSNET. Gran Buenos Aires. Argentina. 2002
TABLA 4. Usted Está en una Dificultad Financiera y
Necesita Pedir Prestado $100
¿A Quien Pediría Ayuda?
Barrio Barrio
José C. Paz Alem
Marido/ mujer/ pareja 25.6% 12.9%
Otros miembros del hogar 11% 17.7%
Pariente (fuera del hogar) 51.2% 56.5%
Amigo 41.5% 48.4%
Vecino 31.7% 27.4%
Total -.- -.-
Fuente: IDICSO. COSNET. Gran Buenos Aires. Argentina. 2002
mano ahora en la expectativa que usted me dará una
mano en el futuro. La reciprocidad implica una serie de
actos cada uno de los cuales es altruista en sí mismo,
pero que juntos hacen, típicamente, que cada
participante este mejor.” (Putnam, 1993: 172).
Ahora, el problema es cómo asegurar la continuidad
en la relación de reciprocidad una vez que una de las
partes ya se ha visto beneficiada. Al igual que para
Coleman, para Putnam la existencia de redes sociales
densas actúa como garante de que las personas se
comportarán de la manera esperada. Cuando una
comunidad cuenta con un tejido social denso, la
probabilidad de que las personas formen parte de las
mismas redes de relaciones sociales son elevadas. De este
modo, mantener una buena reputación resulta a menudo
más fructífero que intentar obtener algún tipo de ventaja
personal, ya que el costo del oportunismo a largo plazo,
resulta mayor que un posible beneficio momentáneo. La
reciprocidad se vuelve una dimensión fundamental del
capital social en tanto reduce los problemas de la acción
colectiva minimizando las posibilidades de oportunismo.
Los indicadores adecuados para analizar el principio
de reciprocidad llevado a la práctica tienen que ver con
los vínculos que establecen los individuos entre sí a partir
de la realización de favores: la frecuencia en que esto
sucede, la magnitud de los mismos, etc. En el cuadro de
ejemplo observamos que entre los vecinos en los barrios
de José C. Paz y Alem, es levemente mayor la proporción
de vecinos que recibió favores de otros en Alem, con un
69.5% respecto de José C. Paz con un 56.1%. Con
respecto a quienes declararon haber hecho algún favor, en
general las proporciones se mantienen, y nuevamente
existe una tendencia mayor en la realización de favores
por parte de los vecinos del barrio Alem. Más allá de las
diferencias, los cuadros presentados indican altos niveles
de reciprocidad en ambos barrios.
La reciprocidad y la confianza no son más que dos
caras de una misma moneda, en tanto la primera sólo
puede sostenerse por la confianza en que los favores
serán retribuidos, mientras que, es esta retribución la que
incrementa los niveles de confianza en una comunidad.
Simultáneamente, la participación de los individuos en
redes sociales más amplias permite que la confianza se
extienda más allá de las personas a quienes conocemos
directamente, lo cual implica que “confío en ti porque
confío en ella, y ella me asegura que confía en ti”
(Putnam, 1993:169), es a partir de este carácter transitivo
que la confianza se torna local o generalizada.
En términos de capital social, Putnam sostiene que la
confianza es el elemento que lubrica la cooperación, ya
que cuanto mayor es el nivel de confianza en una
comunidad se incrementan las probabilidades de
cooperación y de este modo,“La confianza social está
fuertemente asociada con el compromiso cívico y el
capital social. Si no intervienen otros factores, las
personas que confían en sus conciudadanos, a menudo
hacen voluntariado, contribuyen en obras de caridad,
participan más en política y en organizaciones
comunitarias, donan sangre más frecuentemente, pagan
los impuestos, son más tolerantes, y demuestran su virtud
cívica de muchos otros modos (…) Las personas que
creen que los demás son honestos, son menos propensos
a mentir, estafar o robar, siendo más probable que
respeten los derechos de los demás. En ese sentido, la
honestidad, el compromiso cívico y la confianza social se
refuerzan mutuamente.” (Putnam, 2000: 137).
12
TABLA 5. En los Últimos 6 Meses,
¿Algún Vecino le Hizo Un Favor a Usted?
Barrio Barrio
José C. Paz Alem
Sí 56.1% 69.5%
No 43.4% 29.5%
Recién se mudó al área. 1.1%
N/S 0.9% -.-
Total 100% (114) 100% (95)
Fuente: IDICSO. COSNET. Gran Buenos Aires. Argentina. 2002
TABLA 6. En los Últimos 6 Meses,
¿Le Hizo Algún Favora Algún Vecino?
Barrio Barrio
José C. Paz Alem
Sí 62.5% 71.6%
No 37.5% 26.3%
Recién se mudó al área -.- 1.1%
No Sabe 1.8% 1.1%
Total 100% (114) 100% (95)
Fuente: IDICSO. COSNET. Gran Buenos Aires. Argentina. 2002
Compromiso Cívico
Para el análisis del capital social comunitario esta
dimensión netamente Putnamiana es clave. Como vimos
anteriormente, Putnam sostiene que aquellas
comunidades portadoras de capital social son aquellas
que han desarrollado un grado de compromiso cívico
mayor, el cual se refiere al grado de participación de los
ciudadanos en los asuntos públicos. El nivel de civismo
[civic-ness] de una comunidad dada se analiza a partir de
indicadores tales como: la participación electoral, el
grado de clientelismo político, el grado de información de
los ciudadanos acerca de los asuntos públicos (a partir del
número de lectores de periódicos) y, fundamentalmente, a
partir de la vitalidad asociativa de la comunidad en
cuestión, considerando tanto el número de asociaciones
existentes como el grado de participación en ellas.
En la obra de Putnam, sin duda alguna, el
compromiso cívico queda reducido e identificado con el
nivel de asociacionismo de las comunidades.
Observamos que esta dimensión adquiere un lugar
privilegiado entre las demás cuando el autor sugiere que
las normas y los valores de una comunidad cívica se
basan y se sustentan a partir de este tipo de prácticas
sociales. De este modo, la importancia del compromiso
cívico, desde la perspectiva del capital social, radica en
los efectos que produce sobre las conductas de los
individuos que participan en asociaciones civiles, así
como también por los resultados que logra la comunidad
en su conjunto. En cuanto a los efectos internos o sobre
las conciencias individuales, la participación en
asociaciones cívicas inculca en sus miembros hábitos de
cooperación y solidaridad, así como un sentido de
responsabilidad compartida por los esfuerzos colectivos.
“Las redes de compromiso cívico, como las asociaciones
barriales, las cooperativas, los clubes deportivos, los
partidos de masa, y otras similares (…), son la expresión
de interacciones horizontales y representan un
componente esencial del capital social. Tanto más densas
las redes de una comunidad, tanto más probable que los
ciudadanos colaboren en ella para bien de todos”
(Putnam, 1993:204). Por otro lado, respecto de los
efectos externos, las asociaciones cumplen la función de
articular y dar forma clara a los intereses de un grupo,
reuniendo a sus miembros y dirigiendo sus energías en
una sola dirección, contribuyendo así a una efectiva
colaboración social.
Entre los indicadores de esta dimensión,
consideramos acertado centrarnos en la participación
activa del vecino en su propia comunidad y en su
percepción acerca de la posibilidad de poder influir en los
asuntos de su zona, así como en el grado de información
respecto de los asuntos comunitarios. La efectiva
participación de los individuos nos revela el grado de
compromiso cívico real, consecuentemente, se ha
considerado el nivel de responsabilidades asumidas en las
organizaciones por parte de los vecinos en sus respectivos
barrios.
En el ejemplo, observamos en ambos barrios altos
niveles de participación, encontrando una diferencia
significativa de casi veinte puntos porcentuales en el caso
del Barrio Alem respecto de José C. Paz.
Por otro lado, la tesis de Putnam sostiene que
aquellas comunidades que cuentan con más asociaciones
civiles cuentan con un mayor stock de capital social; la
vitalidad asociativa de las comunidades constituye una de
las más importantes fuentes de capital social. Para
abordar esta dimensión en primer lugar se llevó a cabo un
recuento del número de organizaciones de base existentes
en la zona, dado el denso tejido asociativo presente allí
decidimos partir de una perspectiva cualitativa. Como
dijimos anteriormente se elaboró una encuesta semiestructurada
que se focalizó principalmente en:
1. Dilucidar aquellas características internas de la
organización (tales como sus orígenes y
trayectoria, objetivos, tipos de miembros y
beneficiarios, actividades, recursos, estructura
organizativa y efectos sobre el barrio) que
pueden promover e incrementar la construcción
de capital social dentro de la comunidad en
cuestión.
13
TABLA 7. En los Último Tres Años ¿Tuvo Usted Alguna
Responsabilidad en las Organizaciones, ya Sea Como
Miembro, Voluntario, Reuniendo Fondos, Organizando
Eventos, Haciendo Trabajo Administrativo?
Barrio Barrio
José C. Paz Alem
Sí 66.7% 83.3%
No 33.3% 16.7%
Total 100% 100%
Fuente: IDICSO. COSNET. Gran Buenos Aires. Argentina. 2002
2. En los tipos de relaciones que pueden darse a
nivel inter-organizacional (formas de
cooperación entre las organizaciones, sus
propósitos, la frecuencia de la relación, los
intercambios, el grado de compromiso y los
conflictos existentes). Los indicadores
presentados pretenden analizar los tipos e
intensidad de las relaciones que mantienen las
organizaciones entre sí y de este modo poder
determinar si generan entre ellas alguno de los
tres tipos de capital social.
Algunas Reflexiones Finales
La amplia gama de aportes teóricos referentes al
concepto de Capital Social, que por supuesto exceden los
presentados en este trabajo, nos indica que es preciso,
tanto para comprenderlo como para analizarlo de manera
empírica, emprender un abordaje holístico del mismo.
Sostenemos que los postulados de los autores que hemos
desarrollado aquí no son necesariamente contrapuestos,
sino que logran enriquecer un concepto difícil de
encasillar en una definición estática. La
complementariedad de las formulaciones se vuelve
evidente al analizar empíricamente el fenómeno.
¿Relaciones cercanas o relaciones que tienden puentes?
No parece posible a simple vista salvar las distancias
existentes entre las posturas de Coleman y Burt. Pero al
analizar el capital social a nivel comunitario, observamos
que una diversidad de actores interactúan dentro de la
comunidad y que todos ellos tienen la capacidad
potencial de generar este recurso. Ahora, dada la posición
de los mismos dentro de la estructura sus posibilidades de
acción suelen ser diferentes, con lo cual es dable suponer
que el tipo de relaciones que son capaces de establecer
también los son.
En el caso de la investigación llevada a cabo en
Cuartel V (Moreno) identificamos dos tipos de actores,
por un lado las familias y por otro las organizaciones de
base de la zona. Observamos que, las familias a partir de
las relaciones que establecen entre sí, son capaces de
generar el tipo de capital social denominado de “nexo,”
resultado de su contacto frecuente y los sentimientos de
conexión y compromiso que establecen entre ellas. Las
características de las redes que éstas conforman se
corresponden con la descripción del tipo de redes al que
hacía referencia Coleman a la hora de sugerir qué
relaciones eran capaces de generar capital social.
También observamos que las organizaciones de base del
área establecen relaciones de diversas intensidades con
diferentes tipos de actores sociales. De este modo, a partir
de la intensidad de sus conexiones generan y se vuelven
portadoras de distintos tipos de capital social.
Principalmente, estas organizaciones se conectan entre sí
con el objetivo de ayudarse mutuamente y establecer
entre ellas relaciones recíprocas de solidaridad,
conformando redes a partir de las cuales se genera y
acumula capital social de unión. En muchas ocasiones
también logran vincularse con organizaciones de otros
barrios cercanos y relativamente similares sociodemográficamente.
A menudo, algunas de ellas logran
establecer vínculos con organizaciones lejanas a su
entorno, con recursos y posibilidades de acción muy
diferentes de las propias. Algunas de las organizaciones
de Cuartel V han establecido fuertes vínculos con
fundaciones, organismos estatales o grandes empresas,
logrando de este modo atravesar los agujeros
estructurales que mencionaba Burt y pudiendo acceder de
este modo a la información referente a lo que sucede en
entornos lejanos al propio, incrementando
indudablemente las propias posibilidades de acción. Así,
las organizaciones comunitarias establecen vínculos que
generan el último tipo de capital social mencionado por
los investigadores del SCI de la MSU, el capital social de
puente o aproximación, aquel que se caracteriza por
sentimientos asimétricos de conexión e importantes
diferencias en cuanto a los recursos que se poseen. Es
evidente entonces que, tanto los postulados de Coleman
como los de Burt resultan pertinentes y se complementan
al momento de analizar el capital social existente a nivel
comunitario.
La dimensión organizacional introducida por Putnam
es, sin duda, fundamental en el análisis de este fenómeno.
Los aportes del autor respecto los efectos del nivel de
asociatividad de las comunidades sobre el stock de
capital social de las mismas, son claves en el momento
del análisis empírico. Regresando a nuestro caso de
estudio, el denso tejido asociativo presente en la zona se
relaciona con la pre-existencia de redes sociales, las
cuales constituyen la base para la constitución del mismo
y el cual a su vez (por los efectos que la asociatividad
tiene para Putnam) vuelve a fortalecer dichas redes al
repercutir en el desarrollo de relaciones de confianza y
reciprocidad entre los miembros de la comunidad.
Las comunidades se conforman a partir de
entretejidos complejos de redes de relaciones sociales en
los cuales están involucrados una gran diversidad de
actores. Los mismos ocupan distintas posiciones dentro
de la estructura dada y es en función de ellas que
establecen distintos tipos de relaciones capaces de
generar resultados en términos de capital social. La
conjugación de los aportes teóricos presentados aquí, nos
permite comprender y abordar el análisis del capital
social en contextos de exclusión al nivel de la
complejidad que esta tarea advierte