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Doctorado en Ciencias Sociales

Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Buenos Aires

DOMINACIÓN Y RESISTENCIA EN LOS ESPACIOS DE TRABAJO

.

ESTUDIO SOBRE LAS RELACIONES DE TRABAJO EN EMPRESAS DE TELECOMUNICACIONES

Tesista: Mg. Juan S. Montes Cató

Director: Dr. Julio C. Neffa

Buenos Aires

Junio 2006

Dedicado a mi madre y a mis hijas

Agradecimientos

La realización de esta tesis no hubiera sido posible sin la participación de

trabajadores, delegados y dirigentes sindicales que respondieron con paciencia mis preguntas y aclararon mis dudas. Muchos de ellos compartieron sus archivos personales, información que resultó de mucha utilidad. Por cuestiones de confidencialidad no es posible mencionarlos (simplemente agradezco a Silvia, Claudio, Alberto y José). A mis queridos amigos y colegas del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-PIETTE del CONICET), especialmente a Paula Lenguita, Ana Drolas, Martín Spinosa y Ariel Wilkis. A ellos les agradezco la voluntad de consagrar muchas

horas a discutir los principales problemas abordados en esta tesis y también tantos otros temas que hacen al hacer sociológico. A Ana también le agradezco su enorme generosidad cuando estuve trabajando y estudiando en Madrid. También agradezco los comentarios y la discusión de varios de los ejes que entrecruzan este trabajo a Marcelo Delfini y Valentina Picchetti. Compañeros, amigos y excelentes docentes del seminario Teoría comparada de la negociación colectiva y el conflicto laboral. A Raúl Bisio le agradezco el enseñarme el sentido de la docencia.

A Valeria Giner y Walter Bosisio por su constante apoyo y enorme

compañerismo. Julio C. Neffa actuó como director de tesis, agradezco la lectura del manuscrito . A su vez, agradezco al CONICET, pues sin el patrocinio de esta institución a través de diversas becas de investigación, difícilmente hubiese podido dedicarme por entero a la elaboración de esta tesis. Las discusiones presentes en la tesis de manera central o tangencialmente fueron motivas por los innumerables intercambios con otros colegas del CEIL-PIETTE. Tanto los espacios formales como informales hacen a la vida de una institución y promueven la cooperación de ideas y esfuerzo más allá de las áreas de referencia. Retribuyo, en este sentido, a Constanza Zelaschi, Germán Quaranta, Matías Berger, Mariano Feliz, Héctor Angélico, Claudia Figari, Julio Testa y Héctor Cordone. A Guillermo Neiman agradezco su enorme paciencia para resolver mis interrogantes de orden institucional.

Agradezco a Cecilia Senén González, Damián Pierbattisti y Federico Vocos por facilitarme material, bibliografía y en particular por las ricas discusiones acerca de las características del sector telefónico. Una parte significativa del material bibliográfico utilizado en esta tesis fue adquirido en mi estadía de investigación en la Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Sociología III. Esa inestimable experiencia se vio favorecida por el fraternal apoyo y acompañamiento de varios docentes e investigadores de esa universidad; en especial de Juan José Castillo y de su esposa Paloma Candela, gracias a los cuales he podido conocer una porción de lo que es la sociología del trabajo en España. A Arturo Lahera Sánchez por brindarme material específico y extremadamente útil sobre los modelos de participación en las empresas. A Pablo López Calle, colega y amigo por compartir su tesis y sus reflexiones; también por guiarme en la ciudad de Madrid. A Carlos Castillo Mendoza, por facilitarme material de su cátedra, especialmente sus lecturas del marxismo.

A su vez, agradezco a Jean de Peña del CREALC, IEP d´Aix-en-Provence por su

incalculable amistad, por su generosa hospitalidad en Marsella y por las horas dedicadas

a la discusión de los problemas de Argentina. En todo trabajo de investigación hay implicadas cientos de tareas de orden administrativas, sin el apoyo de Patricia Ponte y los consejos de Ana Brandi hubiese sido imposible avanzar, especialmente en la última etapa de esta tesis.

A mi padre por incentivar en mí el interés por los problemas sociales y políticos.

Finalmente, agradezco la cariñosa paciencia y apoyo incondicional de mi esposa Dolores. Para todos ellos mi profundo agradecimiento

“La sociedad no se compone de individuos; expresa la suma de los vínculos y relaciones en que están insertos los individuos” El capital: crítica a la economía política, Karl Marx

"Donde hay poder, hay resistencia. Pero esa resistencia nunca está en una posición de exterioridad en relación al poder". Historia de la sexualidad, M. Foucault

“Tenemos muy claro que no se trata apenas de soñar sino de encaminar nuestras acciones hacia la recuperación, como mínimo, de nuestras legitimas condiciones de trabajo. En esa tarea tenemos que estar unidos y cada vez mas y mejor organizados". Boletín de lo pasantes telefónicos

ÍNDICE DE TESIS

INTRODUCCIÓN

PAG. 13

PRIMERA PARTE: CAMBIOS PRODUCTIVOS Y MUNDO DEL TRABAJO

PAG.19

CAPITULO I

REFORMAS ESTRUCTURALES

PAG.20

I.1.- CONSOLIDACIÓN DEL RÉGIMEN DE ACUMULACIÓN Y

REFORMAS DE LOS NOVENTA

PAG.21

I.2.- LA EROSIÓN DE LA NORMA PROTECTORA DEL TRABAJO

PAG.28

I.3.- LA CRISIS DEL MERCADO DE TRABAJO

PAG.37

CAPITULO II

EL PROCESO PRIVATIZADOR Y LAS MARCAS DE ORIGEN

PAG.45

II.1.- LA CONVERGENCIA DE INTERESES

PAG.47

II.2.- ANTECEDENTES DE LA PRIVATIZACIÓN DE ENTEL

PAG.52

II.3.- LAS MARCAS INDELEBLES DE LA PRIVATIZACIÓN:

RENTABILIDAD EXTRAORDINARIA Y CONDICIONES CUASI

PAG.54

MONOPÓLICAS

CAPITULO III

LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN

PAG.67

III.1.- LAS RELACIONES LABORALES COMO FORMA DE

SUBORDINACIÓN DEL TRABAJO AL CAPITAL

PAG.69

III.1.- INDIVIDUALIZACIÓN DEL VÍNCULO

PAG.74

III.3.- LA DESLABORALIZACIÓN

PAG.77

III.4.- FLEXIBILIDAD LABORAL

PAG.79

CAPITULO IV

PERSPECTIVA METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN

PAG.87

IV1 - FUNDAMENTOS METODOLÓGICOS

PAG.87

6

 

IV2.- UNIVERSO BAJO ESTUDIO

PAG.89

IV.3.- ESTRATEGIA

PAG.90

IV.4.- FUENTES Y TÉCNICAS DE RECOLECCIÓN DE

PAG.91

INFORMACIÓN

PAG.95

IV.5.- TRATAMIENTO ANALÍTICO ASIGNADO A LOS DATOS

SEGUNDA PARTE: PROBLEMATIZACIÓN TEÓRICA Y PERSPECTIVA ANALÍTICA

PAG.98

CAPITULO V

LOS ESTUDIOS SOBRE EL TRABAJO EN EL SECTOR DE LAS

 

TELECOMUNICACIONES

PAG.99

V.1.- LOS APORTES NACIONALES A LA TEMÁTICA

PAG.100

V.2.- LAS PERSPECTIVAS INTERNACIONALES

PAG.105

V.2.1.- LOS ESTUDIOS LATINOAMERICANOS

PAG.105

V.2.2.- LAS INVESTIGACIONES EUROPEAS Y

PAG.110

NORTEAMERICANAS

CAPITULO VI

FORMAS DE DOMINACIÓN Y DISCIPLINA

PAG.119

VI.1.- EL ORIGEN DEL PROBLEMA

PAG.120

VI.2.- EL ABORDAJE DEL CONTROL Y LA DISCIPLINA

PAG.123

CAPITULO VII

EL CONFLICTO LABORAL EN LOS CENTROS DE TRABAJO

PAG.139

VII.1.- LA PERSPECTIVA FUNCIONALISTA Y SISTÉMICA

PAG.141

VII.2.- LA PERSPECTIVA PLURALISTA

PAG.146

VII.3.- LA PERSPECTIVA NEOMARXISTA

PAG.149

TERCERA PARTE: SINDICATOS Y NEGOCIACIÓN COLECTIVA

PAG.159

7

CAPITULO VIII

LA DISPUTA INTRASINDICAL Y LA CUESTIÓN DE REPRESENTACIÓN

PAG.160

VIII.1.- LA RESISTENCIA DE LOS TRABAJADORES Y LA

 

RUPTURA DEL FRENTE SINDICAL

 

PAG.161

 

VIII.1.1.- EL CONTEXTO SINDICAL

 

PAG.161

VIII.1.2.- LOS ORÍGENES DE LAS DISPUTAS SINDICALES

EN LOS TELEFÓNICOS Y SUS PROYECCIONES EN LA

 

LUCHA POR LA REPRESENTACIÓN

 

PAG.167

 

VIII.2.- LA CONSOLIDACIÓN DE UNA NUEVA COMPOSICIÓN

LABORAL: LA FUERZA DE TRABAJO EMERGENTE Y AUMENTO

PAG.182

DE LA PRODUCTIVIDAD

 

CAPITULO IX

LOS CONVENIOS Y ACUERDOS COLECTIVOS DE TRABAJO COMO

   

CRISTALIZACIÓN DE LAS RELACIONES DE FUERZA

 

PAG.192

IX.1.-

LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA DE TRABAJO EN LOS

PAG.192

NOVENTA

 

IX.2.-

CONVENIOS

Y

ACUERDOS

COLECTIVOS

EN

LAS

PAG.199

EMPRESAS DE TELEFONÍA

 

CUARTA PARTE: DISCIPLINA Y CONFLICTO: ELEMENTOS CONFIGURATIVOS DEL

   
 

ESPACIO LABORAL

 

PAG.220

CAPITULO X

DISCIPLINA E INTERIORIZACIÓN DEL CONTROL

 

PAG.221

X.1.- LA DESESTRUCTURACIÓN DEL OPONENTE

PAG.222

X.2.- EL CONTROL DIRECTO

 

PAG.238

X.3.- INTERIORIZACIÓN DEL CONTROL

PAG.246

CAPITULO XI

LA CONSTITUCIÓN DE LA ACCIÓN COLECTIVA EN LOS

   

TRABAJADORES JÓVENES

 

PAG.260

XI.1.- FORMAS SUTILES DE RESISTENCIA Y CONFORMACIÓN DE

PAG.262

8

 

LOS ACTORES

 

XI.2.- ACCIÓN COLECTIVA Y LUCHAS REIVINDICATIVAS DE LOS

PAG.273

PASANTES

CONCLUSIONES

PAG.291

BIBLIOGRAFÍA

1.- BIBLIOGRAFÍA SOBRE TELECOMUNICACIONES

PAG.302

2.- BIBLIOGRAFÍA GENERAL

PAG.309

3.- BIBLIOGRAFÍA METODOLÓGICA

PAG.327

4.- OTRAS FUENTES CONSULTADAS

PAG.328

ANEXO

A1.- FICHAS DE LOS CONVENIOS

PAG.329

A2.- GUÍA DE ENTREVISTAS

PAG.335

A3.- CODIGOS Y REFERENCIAS DE LAS ENTREVISTAS

PAG.340

A4.- ENCUESTA

PAG.343

9

ÍNDICE DE ESQUEMAS, GRÁFICOS Y TABLAS

ESQUEMA Nº 1 CLASIFICACIÓN DE LAS MODALIDADES DE TRABAJO EN EL

 

MERCADO SEGÚN LAS RELACIONES CONSTRACTAULES Y LA ORGANZAICIÓN

DEL TRABAJO

PAG. 72

ESQUEMA Nº 2 TENDENCIAS SINDICALES EN FUNCIÓN DE LA RELACIÓN

 

ENTRE REPRESENTACIÓN Y PRESENTATIVIDAD

PAG. 284

GRÁFICO Nº 1 TASA DE DESOCUPACIÓN, SUBOCUPACIÓN HORARIA Y

 

TRABAJO NO REGISTRADO, TOTAL PAÍS (1991-2001).

PAG. 40

GRÁFICO Nº 2 VARIACIÓN DEL SALARIO REAL 1991 -2001 (1991 BASE 100)

PAG. 40

GRÁFICO Nº 3 EVOLUCIÓN DEL PBI Y DEL SALARIO (1993 BASE 100)

PAG. 41

GRÁFICO Nº 4 POBLACIÓN POBRE E INDIGENTE (1991-2001)

PAG. 42

GRAFICO Nº 5 DIFERENCIA ENTRE EL DECIL1 1 Y 10 CON RESPECTO

AL

 

INGRESO FAMILIAR EQUIVALENTE (1991-2001) (GBA)

PAG. 43

GRÁFICO Nº 6 LÍNEAS INSTALADAS POR HOMBRE OCUPADO (CANTIDAD DE

 

LÍNEAS POR EMPLEADO)

PAG. 65

GRÁFICO Nº 7 DOTACIÓN DE LAS EMPRESAS 1988 Y 2000

PAG. 183

GRÁFICO Nº 8 RELACIÓN ENTRE AUMENTO DE LA PRODUCTIVIDAD POR

 

ABONADO Y VARIACIÓN DE LA DOTACIÓN

PAG. 184

GRÁFICO Nº 9 FACTURACIÓN Y VALOR AGREGADO NETO POR EMPELADO

 

TELEFÓNICA + TELECOM MEDIDO EN PESOS-

 

PAG. 185

GRÁFICO Nº 10 GANANCIA FINAL POR EMPLEADO TELEFÓNICA Y TELECÓM

 

(EN PESOS)

 

PAG. 185

GRÁFICO Nº 11 EDAD PROMEDIO Y ANTIGÜEDAD DEL PERSONAL

 

PAG. 187

GRÁFICO Nº 12 AFILIACIÓN EN FOETRA BUENOS AIRES. (EN TÉRMINOS

 

ABSOLUTOS)

 

PAG. 190

TABLA Nº 1 COEFICIENTE DE GINI. EN RELACIÓN AL INGRESO FAMILIAR

 

EQUIVALENTE. OCTUBRE 1974 A 0CTUBRE 2002 (GBA)

 

PAG. 44

TABLA Nº 2 COMPOSICIÓN ACCIONARIA DE LAS EMPRESAS PRIVATIZADAS

 

PAG. 56

TABLA

3

POSICIONAMIENTO

ACTUAL

DE

LOS

CONGLOMERADOS

 

LIDERADOS POR TELECOM.

ITALIA-FRANCE, CEI CITICORP HOLDINGS-

TELEFÓNICA INTERNACIONAL, AGEA/CLARÍN Y BELL SOUTH-MOVICOM

EN EL MERCADO LOCAL DE TELECOMUNICACIONES (FINES DE 1999)

 

PAG. 58

TABLA Nº 4 VALOR DEL PULSO TELEFÓNICO, 1985-1990 (EN CENTAVOS DE

PAG. 60

U$S)

TABLA N° 5 COMPARACIÓN INTERNACIONAL DEL COSTO DE UNA CANASTA

 

TÍPICA DE CONSUMO TELEFÓNICO EN FUNCIÓN DEL SALARIO PROMEDIO

INDUSTRIAL, 1996 (EN DÓLARES, PORCENTAJE E ÍNDICE)

 

PAG. 62

TABLA Nº 6 MARGEN DE UTILIDAD SOBRE VENTAS DE TELEFÓNICA Y

 

TELECOM, 1991-1999 (EN PORCENTAJES)

 

PAG. 63

TABLA Nº 7 COMPARACIÓN

INTERNACIONAL

DE

LOS

MÁRGENES

DE

 

RENTABILIDAD SOBRE VENTAS, 1991-1996 (EN PORCENTAJES)

PAG. 64

TABLA Nº 8 EVOLUCIÓN DE LA PARTICIPACIÓN PORCENTUAL DE LOS

 

SALARIOS EN EL VALOR AGREGADO NETO DE LAS EMPRESAS

PAG. 186

TABLA Nº

9 NÚMERO DE TRABAJADORES SEGÚN VÍNCULO LABORAL EN

 

TELECOM Y TELEFÓNICA DE ARGENTINA S.A.

PAG. 187

TABLA Nº 10 NIVELES DE INSTRUCCIÓN DE LOS TRABAJADORES EN LA

 

EMPRESA TELECOM

PAG. 188

TABLA Nº 11 PORCENTAJE DE AFILIADOS SEGÚN SINDICATO

PAG. 190

TABLA Nº 12 NÚMERO DE CONVENIOS COLECTIVOS DE TRABAJO FIRMADOS

 

POR ACTIVIDAD Y EMPRESA. 1991-1999

PAG. 195

TABLA Nº 13 DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE LOS CONVENIOS COLECTIVOS

 

NEGOCIADOS POR SECTOR DE ACTIVIDAD ECONÓMICA (1991-1999)

PAG. 198

TABLA Nº 14 NÚMERO DE CONVENIOS Y ACUERDOS FIRMADOS POR LAS

 

EMPRESAS PRIVADAS EN EL SECTOR TELEFÓNICO

PAG. 204

TABLA Nº 15 DISPOSITIVOS DE DISICPLINA Y CONTROL EN

EMPRESAS DE

PAG. 257

TELECOMUNICACIONES

INTRODUCCIÓN

El espacio de trabajo constituye un ámbito social que estuvo expuesto a grandes transformaciones durante la década de los noventa visible tanto en las condiciones concretas de trabajo como en las relaciones laborales que las producen. Así como a mediados de la década de los cuarenta comenzó a consolidarse en Argentina un conjunto de relaciones sociales y políticas que permitieron canalizar las demandas de los trabajadores y materializarlas en conquistas laborales, desde el año 1976 y más notoriamente desde 1991 operó una tendencia de naturaleza inversa destinada a que los trabajadores y sus organizaciones de representación perdieran capacidad de incidir en aspectos relevantes de la dinámica laboral. Las políticas y prácticas laborales llevadas adelante desde la asunción del gobierno de Menem han buscado un reordenamiento de los campos de poder, aumentando el grado de discrecionalidad en el uso de la fuerza de trabajo por parte de las direcciones empresariales. Los cambios en el modelo de acumulación, en el mercado de trabajo y en la normativa laboral constituyen los soportes más visibles de las políticas de desestructuración del poder de los trabajadores. A pesar de la fuerza de estos cambios, en este estudio sostenemos que en los espacios de trabajo se desarrollaron otros procesos no tan evidentes que buscaron erosionar la base de acción colectiva de los trabajadores. Esos procesos que buscaban la implementación de modernas políticas de gerenciamiento lograron extenderse gracias a la puesta en práctica de un conjunto de dispositivos de disciplina y control. En la presente investigación, el abordaje de las técnicas disciplinarias permitirá evidenciar no solo que el desarrollo tecnológico amplía las posibilidades de control sobre el proceso de trabajo sino que se busca por medio de otros dispositivos redefinir el propio contenido de lo que significa ser obrero. La tesis pone en evidencia así la profundidad y heterogeneidad de los dispositivos disciplinarios sobre los que se asienta la dominación en el trabajo. Aunque dichas técnicas poseen una enorme capacidad para subordinar la fuerza de trabajo existen actos de resistencia que acorde a ciertas condiciones materiales y simbólicas abren la posibilidad a la

expresión del conflicto y de ese modo recobrar los márgenes de acción y decisión de los trabajadores sobre los espacios de trabajo. Para abordar estos problemas, el estudio está centrado en uno de los sectores que más expuesto estuvo a los procesos de reestructuración: se trata del sector de las telecomunicaciones. La combinación de privatización, nueva cultura gerencial, disminución radical de la plantilla de trabajadores, desarrollo tecnológico constituyen

solo algunos aspectos que prefiguraron un escenario sumamente complejo para el desarrollo de las demandas de los trabajadores. En este sentido representa un caso testigo y paradigmático de cómo se configuraron las relaciones del trabajo en Argentina. Específicamente la tesis se centra en las relaciones de trabajo bajo las cuales ejercen su actividad los teleoperadores de las empresas Telecom y Telefónica de Argentina -oficinas de Capital Federal y Gran Buenos Aires- durante el período 1991-

2001.

Para analizar la dinámica que adopta la relación entre capital y trabajo, la investigación se estructura en torno a tres ejes analíticos: la flexibilidad laboral como mecanismo que expresa el proceso de precarización del trabajo; la disciplina y el control como el medio para subordinar a los trabajadores; y la resistencia y el conflicto como emergente de la respuesta de los trabajadores y sus organizaciones. Con respecto al primer eje, la indagación se encuentra orientada a develar los cambios en las estrategias de negociación a partir de la noción de flexibilización laboral, los nuevos contenidos en la negociación colectiva de trabajo y su vinculación con la implementación de la flexibilidad. Puesto que en todo proceso de trabajo se pretende que los trabajadores cumplan con las exigencias productivas, resulta de importancia analizar de qué modo se logra en los ámbitos de trabajo cumplir con dichas exigencias. De ahí que en segundo lugar, resulte significativo analizar las técnicas de disciplinamiento y la manera en que se desarrollan y operan. La gerencia de las empresas tienden a una constante búsqueda y aplicación de los métodos más idóneos para conseguir la mayor adecuación laboral posible de los trabajadores, así como la neutralización de aquellas prácticas que pudieran afectar a la consecución de las previsiones establecidas (Gaudemar, 1991). De esta manera, pretendemos desarrollar una visión que reintroduzca la cuestión de la disciplina en el trabajo, comprendiendo no solo los cambios desde una perspectiva

técnica sino como un proceso por el cual las formas de dominación simbólica están redobladas y los trabajadores se encuentran en una situación de vulnerabilidad objetiva y subjetiva desde el momento en que esa relación de dominación se asienta sobre el miedo, sobre la amenaza del desempleo y la precariedad (Beaud y Pilaoux, 1999). El capital tiene un imperativo de control tanto más necesario cuanto que la lógica de la acumulación le obliga a revolucionar continuamente el proceso productivo y por lo tanto, a asegurarse que aunque las condiciones de trabajo cambien, la extracción del esfuerzo va a estar bajo su control (Thompson, 1989). Ahora bien, existe cierta controversia acerca de las maneras en que dicho imperativo se concreta en la práctica en los centros de trabajo (Coller, 1997). En esta tesis sostendremos que la forma en que se resuelve este problema en los espacios de trabajo es por intermedio de la articulación de formas diversas de control que responden a principios claramente definidos. A pesar que la subordinación cuenta con elementos materiales y simbólicos que la refuerzan, los trabajadores articulan diversas acciones de resistencia, que en algunas oportunidades asumen la forma de acciones colectivas. Estas acciones pretenden invertir los términos en que se articulan las relaciones entre el capital y el trabajo. Precisamente, el tercer eje analítico permite comprender las relaciones de trabajo como un campo conflictual donde se despliegan diversas manifestaciones del conflicto (Edwards, 1990; Jermier, Knights y Nord, 1994; Thompson y Ackroyd, 1995; Lahera Sanchez, 2005) imposible de reducir solo a sus expresiones más visibles. Las tres instancias de análisis no presuponen compartimentos estancos sino que están relacionadas; representan claves analíticas que hacen posible la indagación y comprensión del fenómeno bajo estudio. Las nociones de dominación y resistencia nos permiten analizar la morfología del trabajo pero la reflexión por ellas no pueden aislarse de la condiciones concretas en la que la actividad de los teleoperadores se desarrolla. La pregunta central está dirigida a comprender la dinámica de las relaciones de trabajo en empresas de telecomunicaciones en función del marco conflictivo en que se establecieron los procesos de flexibilización y disciplinamiento. Para facilitar la operacionalización, hemos trabajado con una serie de interrogantes que apuntan a resolver los siguientes nudos problemáticos: ¿qué aspectos de la flexibilidad laboral fueron tomados en cuenta e implementadas en las empresas analizadas? ¿en qué medida la flexibilización contribuyó a reformular las relaciones entre empleadores y

sindicatos?; ¿de qué manera el proceso de precarización de la fuerza de trabajo estuvo redoblado por una estrategia de disciplinamiento?, ¿qué procedimientos se articularon para implementar las técnicas de disciplinamiento?; finalmente, nos preguntamos acerca de la naturaleza del conflicto, específicamente nos interesa develar ¿cuáles fueron los ejes del conflicto? ¿cómo se gestaron las acciones colectivas? La investigación se llevó a cabo fundamentalmente a través de un estudio cualitativo –aunque se apelan a datos de orden cuantitativo- en el cual la entrevista en profundidad y el trabajo con fuentes secundarios resultaron herramientas adecuadas para responder la pregunta acerca de los cambios en las relaciones laborales y específicamente el modo en que éstas se configuran a partir de la relación entre los entramados de dominación y las acciones colectivas de resistencia. Sin lugar a dudas animan este estudio el conocimiento y la comprensión de los principales efectos ocasionados por las políticas económicas y sociales durante gran parte de los noventa sobre los espacios de trabajo. Pretendemos, a su vez, que el trabajo aporte una reflexión teórica sobre los marcos interpretativos más pertinentes para comprender los fenómenos sociales. Por último, aspiramos también que las reflexiones expuestas permitan aportar algún tipo de herramienta para la acción. * La tesis doctoral está divida en cuatro grandes bloques y al interior de cada uno por capítulos. En la Primera parte “Cambios productivos y mundo del trabajo” el objetivo es resaltar los atributos más salientes de los cambios socioeconómicos y la característica del mundo del trabajo emergente. De ahí que en el Capítulo I Reformas estructurales”, busquemos relacionar los cambios operados en el modelo de acumulación con la erosión de las normas protectoras del trabajo y con la crisis del mercado de trabajo. Seguidamente, en el Capítulo II “El proceso privatizador y las marcas de origen”, orientamos la atención hacia las principales características que contornan el proceso de privatización de ENTEL y las múltiples deficiencias que este tuvo. En el Capítulo III “Las relaciones sociales de producción”, distinguimos tres tipos de tendencias que se están desarrollando en el mundo del trabajo: la individualización, la deslaboralización y la flexibilización. Cierra esta primera parte de la tesis el Capítulo IV “Perspectiva metodológica de la investigación” en el que se

*

*

delinean las principales decisiones adoptadas en el transcurso de la investigación y las características de las técnicas de recolección utilizadas. La Segunda parte “Problematización teórica y perspectiva analítica”, está orientada a esclarecer nuestro objeto de estudio desde el punto de vista teórico. Para ello se lleva a cabo, en el Capítulo V “Los estudios sobre el trabajo en el sector de las telecomunicaciones” una indagación sobre las principales investigaciones -en el plano nacional e internacional- que se focalizaron en el sector y que tuvieron el tema del trabajo como una de las preocupaciones principales. En el Capítulo VI “Formas de dominación y disciplina” desarrollamos las claves analíticas desde las cuales interpretamos el fenómeno estudiado. Se presentan algunas de las teorías con las cuales se discute y se precisa el contenido del marco teórico. Fundamentalmente abordamos el tema de la disciplina y el control acentuando los dilemas que encierra este problema. En el capítulo siguiente, Capítulo VII “El conflicto laboral en los centros de trabajo”, estudiamos en profundidad la problemática de la resistencia en los espacios del trabajo y las derivaciones que posee este tema hacia el del conflicto. La Tercera parte “Sindicatos y negociación colectiva” está dedicada al estudio del actor sindical, las disputas internas y el modo en que la negociación colectiva manifiesta la debilidad por la cual transitó este actor. Para ello dedicamos el Capítulo VIII “La disputas intrasindical y la cuestión de la representación”, a ubicar dentro del espectro sindical a los sindicatos que operan en el sector de las telecomunicaciones haciendo especial hincapié en el tema de la representación y representatividad. En este capítulo, desarrollamos una caracterización de la fuerza de trabajo que tendió a consolidarse durante la década y que en gran media emerge como consecuencia de los diversos posicionamientos adoptados por los sindicatos. Puesto que la materia negociada también sufrió cambios resulta sumamente interesante estudiar en el Capítulo IX “Los convenios y acuerdos colectivos de trabajo como cristalización de las relaciones de fuerza” el contenido de la negociación colectiva. Desarrollamos las características principales de la negociación colectiva a nivel nacional para pasar a analizar detenidamente el contenido de la materia negociada por las empresas Telecom / Telefónica y los sindicatos. En la última parte “Disciplina y conflicto: elementos configurativos del espacio laboral”, se aborda el modo en que se despliegan la disciplina y el conflicto en los

casos estudiados. En el Capítulo X “Disciplina e interiorización del control” se abordan los diversos dispositivos de disciplina que organizan la actividad laboral en las empresas, especialmente en los puestos de operadores telefónicos. Aquí distinguimos diversas formas de disciplina retomando las discusiones del Capítulo VI. En este punto de la investigación es de importancia comprender las técnicas de disciplina y control en función de los principios bajo los cuales están organizados: desestructuración del oponente; expansión de la disciplina directa; e interiorización del control. Esto permitirá establecer los concretos y específicos modos en que la subordinación tiende a consolidarse a través de ciertos mecanismos que buscan en su extremo ocultar las relaciones de dominación. En el capítulo XI La constitución de la acción colectiva en los trabajadores jóvenes” indagamos la naturaleza del conflicto laboral, la capacidad de los sujetos de expresar una resistencia organizada, los orígenes del conflicto y las posibilidades de las acciones colectivas de alcanzar los objetivos expresamente propuestos. Puntualmente, nos centramos en un conflicto dirigido por una organización de pasantes hacia fines del año 2001. A modo de cierre, presentamos las Conclusiones donde se pretende retomar algunos de los hallazgos y proponer nuevos interrogantes que estimulen el estudio y profundización de las reflexiones vertidas en este trabajo. De manera complementaria, adjuntamos una serie de Anexos que complementan la información metodológica.

PRIMERA PARTE

CAMBIOS PRODUCTIVOS Y MUNDO DEL TRABAJO

“…el economista identifica y confunde la función dirigente impuesta por el carácter del proceso colectivo de trabajo y aquella que tiene su raíz en el carácter capitalista, y por tanto antagónico, de ese proceso. El capitalista no es tal capitalista por ser director industrial, sino al revés: es director industrial por ser capitalista” El capital: crítica a la economía política, Kart Marx

(1867)

CAPÍTULO I REFORMAS ESTRUCTURALES

La sociedad Argentina ha sufrido varias marcas, que como hitos que permanecen grabados en la memoria colectiva, actúan alentando o desalentando las acciones de los sujetos. El recorte presumiblemente discutible pretende remarcar fundamentalmente tres momentos: el primero refiere al terror sembrado por la última dictadura militar; el segundo, la impronta dejada por la hiperinflación; y el tercero, el drama de la desocupación. El común denominador es que en uno y otro caso se ha promovido una tendencia centrífuga en el entramado social, imponiendo nuevas representaciones colectivas sobre los sujetos y fundamentalmente marcando -en muchos casos estrechando- las opciones de los trabajadores El auge del terrorismo de Estado de mediados de los setenta y principio de los ochenta, desarticuló las organizaciones sociales reprimiendo y persiguiendo a sus militantes. La hiperinflación habilitó y legitimó en cierta medida los llamados cambios estructurales y la implementación del modelo neoliberal. Montado sobre ambos procesos, la desocupación puede leerse como un continuo que profundizó la fragmentación social, no sólo en términos posicionales sino en tanto que erosionó los proyectos colectivos. En este capítulo nos interesa contextualizar nuestro objeto de estudio, para comenzar a comprender los principales elementos que fueron transformados desde la asunción del gobierno menemista y a partir de allí delinear aquellos que impactaron más intensamente sobre el mundo laboral. Resulta un pasaje necesario en vistas de la cuantía de elementos que se vieron alterados, y más precisamente el sentido y orientación que ellos adquirieron. Como sugerimos en las primeras líneas de este acápite, existe una continuidad entre los objetivos de reestructuración menemista y las demandas históricas de los grupos dominantes.

I.1.- CONSOLIDACIÓN DEL RÉGIMEN DE ACUMULACIÓN Y REFORMAS DE LOS NOVENTA

Suele identificarse lo acontecido en la década de los noventa con una tendencia más basta orientada a desbaratar una serie de atributos que caracterizaron lo que usualmente se ha denominado estado benefactor. Más allá de las discusiones en torno a la existencia o no de un estado con estas características en Argentina, o de su carácter híbrido 1 con relación a las experiencias europeas, lo cierto es que puede identificarse un punto de inflexión a mediados de los setenta y específicamente en el año 1976, con el golpe militar 2 . A partir de ese momento comienza la transición hacia un nuevo régimen de acumulación que dará por tierra con ciertos rasgos que constituyeron la base del desarrollo productivo argentino. Esta inflexión en el entramado de producción y su reflejo en la estructura social tuvo un objetivo definido, buscar que el capital recupere el control perdido sobre el proceso de trabajo 3 a través de una constelación de acciones represivas sin precedentes y restituir de ese modo la autoridad patronal en las empresas. En este sentido, el golpe militar generó una profunda transformación estructural en el plano sociocultural, indicativo de la posterior implementación del nuevo régimen de acumulación. Las medidas llevadas adelante para generar una retracción en las conquistas laborales durante la dictadura fueron bastas y profundas y abarcaron la suspensión por tiempo indeterminado de las negociaciones colectivas de trabajo y los montos salariales eran fijados por el Poder Ejecutivo; a través de la Ley 21.161 se suspendió el derecho a huelga y toda medida de acción directa; la ley 21.356 suspendió la actividad gremial; se facultaba al Ministerio de Trabajo a intervenir discrecionalmente los sindicatos; la Ley 21.400 prohibía cualquier medida grupal de acción directa; se declaró la

1 Para su discusión pueden consultarse las contribuciones de Neffa, Julio C. (1998a) y Lo Vuolo, Rubén M. y Barbeito, Alberto C. (1998), especialmente el "Apéndice teórico acerca del funcionamiento y crisis del estado de Bienestar". 2 Puede sin embargo, rastrearse algunos intentos previos de imposición de los rasgos neoliberales. Como sostenían a mediados de los años setenta, Bisio, Forni y Neffa (1974) la política de Krieger Vasena -Ministro de economía del Onganía- tenía como objetivo imponer en el plano económico transformaciones con un corte decididamente neoliberal.

3 El movimiento obrero acompañado por la acción estatal había logrado imponer desde mediados de la década de los cuarenta, en los espacios de trabajo, condiciones menos rígidas que las prevalecientes durante los años anteriores. El resultado fue un desafío al control que antes ejercían los empleadores sobre las condiciones en que se desempeña la fuerza de trabajo (James, 1981).

prescindibilidad de los empelados públicos, autorizando a dar de baja sin sumario previo; se suspendió la vigencia del Estatuto del docente; se anularon o modificaron 125 artículo de los 300 que constituía la Ley de Contrato de Trabajo por estimarlos “demasiados” favorables a los trabajadores (Cordone, 1999; Cortés y Marshall, 1991). Además se llevó a cabo una política de secuestro y desaparición de delegados y activistas sindicales. Sobre este legado, las reformas de los años noventa lograrán imponer un conjunto de políticas destinadas a profundizar y llevar a cabo de manera acelerada y profunda aquellas medidas que facilitarán de manera definitiva la transformación del modelo de desarrollo. En efecto, durante los años noventa se produjo el pasaje de un estado benefactor periférico a un estado neoliberal postsocial de signos diametralmente opuestos; un giro copernicano en las formas, agentes, mecanismos y reglas de regulación social de las relaciones entre sociedad y Estado (Neffa, 1998). La transformación no solo afectó la fisonomía del Estado sino también las acciones llevadas desde esa instancia. Este pasaje fue fundamentalmente: a) drástico (shock); b) auto-mutilante en su carácter de agente directo de la producción (privatización); c) minimizador, ya que relegó su rol como coordinador de los flujos económicos vitales y principalmente su responsabilidad de productor de normas e instancia legitimadora de los criterios de regulación. Si llama la atención la velocidad que adquieren los cambios en los noventa en relación con la mutación que sobrevino al Estado, no lo hace menos las escasas resistencias políticas significativas articuladas, frente al cambio que se imponía y que en términos históricos estaba íntimamente asociado con las políticas económicas y sociales de la dictadura. Un indicador elocuente de la incapacidad de llevar adelante un conjunto articulado de acciones que supusiese algún nivel de resistencia a las políticas que se avecinaban es la fractura que sufre la CGT en la Central San Martín y Azopardo 4 . La

4 En la CGT San Martín se encolumnan los sindicatos mercantiles, gastronómicos, de la carne, de loa construcción, mecánicos, plásticos, telefónicos, textiles, sanidad, ferroviarios, vitivinícolas, azucareros, taxistas, del caucho, personal civil de la Nación, calzado, mineros, seguros, molineros y del vidrio. En esta CGT convivían tres sectores: los 15 (Smata, sanidad y plástico); los “ultramenemistas” (gastronómicos) y los “andreonistas”) Uocra, carne y comercio). En la CGT Azopardo se alinean los gremios de la alimentación, camioneros, docentes, empleados estatales, metalúrgicos, telegrafistas, tranviarios, marítimos, de Obras Sanitarias, de farmacias, de las universidades, químicos, periodistas, viajantes, La fraternidad, judiciales, madereros y petroleros privados. Al interior de esta CGT también se conforman tres

división manifiesta la puja por el lugar en la estructura de poder y el posicionamiento con respecto al proyecto económico y político que se estaba delineando a principios de la década de los noventa. Por su parte, en 1992 un conjunto de sindicatos constituye la CTA 5 , expresando otro peldaño del conflicto hacia el interior del campo sindical. El fundamentalismo de los grandes "equilibrios macro económicos" saturó el escenario de manera elocuente a partir de la hiperinflación de fines de los ochenta, y esa preocupación obsesionante por la estabilidad se convirtió en un valor dominante de gran eficacia electoral que desplazó a futuro toda preocupación por acuerdos o compromisos políticos o sectoriales que tuvieran por objeto el "equilibrio social" -empleo, lucha contra la pobreza, redistribución de ingresos- (Bisio, 1999). Esta obsesión guardaba estrecha relación y principio de explicación con la hiperinflación de 1989, que produjera profundos efectos en la sociedad argentina y en sus cuadros dirigentes. Desde la perspectivas más ortodoxas el diagnóstico de la crisis que venía arrastrándose desde mediados de los setenta y que hace eclosión de forma generalizada a fines de la década de los ochenta es a grandes rasgos el siguiente: la crisis es producto del aumento excesivo de los salarios, lo cual estuvo asociado a una expansión en los gastos del Estado a través de la acción del Estado de Bienestar y por lo tanto del consiguiente endeudamiento estatal, tendiendo a incrementarse el costo del “factor trabajo” gracias a la expansión de la seguridad social, de una legislación protectora del trabajo frente al despido y accidentes laborales. A su vez, la falta de coordinación entre la política de ingresos y la presupuestaria provocó que la lucha del banco central en contra de la inflación condujera de manera inevitable a profundas fricciones económicas generando un aumento de la tasa de interés que afectaba y generaba dificultad al capital. La combinación de estos elementos y el efecto acumulativo produjo una disminución en la rentabilidad del capital. Ante un escenario de estas características, la solución al problema no podía darse solo a través de un cambio de gobierno, se requería por el contrario una transformación esencial en las estructuras institucionales del sistema

grandes agrupamientos: los “miguelistas” (UOM, viajantes y Supe); los “ubaldinistas” (UTA, OSM y viajantes) y una línea más opositora (Ate, Ctera y periodistas). Los bancarios, Luz y Fuerza y de Correros quedan como “independientes” (Senén González y Bosoer, 1999). 5 El 14 de noviembre de 1992 se conforma la Central de Trabajadores Argentinos. Según el artículo 2 del Estatuto “la zona de actuación de la CTA será todo el territorio de la República Argentina y al mismo podrán adherir sindicatos de primer grado, uniones, asociaciones o federaciones de trabajadores que acepten los principios, propósitos y fundamentos de la entidad de tercer grado”

socio-político, como así también un cambio en las relaciones de poder cristalizadas en su interior. Para la ortodoxia neoliberal suponía hacer retroceder a los sindicatos, reducir las demandas, cambiar el patrón de consumo, desmantelar y reestructurar el Estado, desregular y minimizar la intervención estatal y concomitantemente reforzar el poder del mercado (Hirsch, 1992). Esta mirada sobre la realidad olvida que el Estado no constituye una entidad exógena a la economía o un mero instrumento de los sectores capitalistas que actúa garantizando el aumento de la tasa de ganancia –versión neoclásica-; tampoco es un actor que regula, integra y asegura la reproducción capitalista – perspectiva de la denominada “reformulación de la teoría del Estado” -. El Estado es más bien objeto y resultado de la lucha de clases. De este modo no resuelve las contradicciones del capital, sino que las reproduce en forma política (Clarke, 1992). En el mismo sentido, “el Estado actúa como mediación en el conflicto clasista y por ello su accionar refleja las transformaciones y cambios en la correlación de fuerzas sociales; por lo mismo, los propios actores sociales actuarán para inducir al Estado a llevar políticas que los favorezcan” (Feliz y Pérez, 2004). Como sugieren Hirsch, Bonefeld, et.al. (1992) el carácter de las diferentes formaciones que el capitalismo desarrolla se encuentra definido por una estrategia de dominación, por un modelo de acumulación y por una estructura hegemónica. De este modo las crisis agudas se producen cuando en el marco del modelo de acumulación y una estrategia hegemónica determinada, resulta dificultoso movilizar suficientes contratendencias a la caída de la tasa de ganancia y cuando la consiguiente valorización del capital requiere de una transformación capitalista. Es en el marco de esos procesos en los cuales para restablecer el proceso de acumulación, resulta esencial transformar dicha estructura. Basta resaltar que no se trata de una interpretación “economicista” u “objetivista” pues las crisis remiten a condiciones sociales concretas, a estrategias de acumulación específicas y las estructuras hegemónicas logran instituirse producto del modo en que se desenvuelve la lucha entre los sectores dominantes y las clases subalternas. La correspondencia histórica entre una estrategia y un modelo de acumulación junto con un modelo de dominación caracterizan un bloque histórico. Es por ello que una crisis estructural supone que la reestructuración de la acumulación debe estar

acompañada por una reorganización correspondiente del modo de dominación. Resaltar la preeminencia del factor económico es “hacer una lectura teleológica del desarrollo histórico, y subordinar el proceso de lucha a un esquema determinista. Esta subordinación conlleva en sí el peligro de ser, a final de cuentas, tautológica: en primer término se abstrae un modelo o norma de tendencias históricas dispares, y luego se aprecia el significado de estas mismas tendencias a la luz de ese modelo. La distancia entre el modelo y la realidad trae como consecuencia una sobreestimación del grado de cambio que el capitalismo ha experimentado” (Bonefeld, 1992: 91). Por lo tanto las tendencias producto de las estrategias y modelo de acumulación son reales, pero sólo en su relación con la lucha y, por lo tanto, objeto y resultado de la lucha En efecto, en Argentina si bien la dictadura constituye un punto de inflexión entre un proceso de acumulación basado en la sustitución de importaciones a otro primordialmente financiero (Rapoport, 2004; Rofman, 2000; Neffa, 1998), el éxito mayor de ella fue articular una nueva correlación de fuerzas favorable al capital (Bonnet y Glavich, 1993). El elemento que aún quedaba pendiente era configurar un esquema de reestructuración regresiva que permitiera un nuevo salto en el proceso de acumulación, pero para ello aún hacía falta aplicar con toda fuerza la “violencia del dinero” –proceso hiperinflacionario- y una creciente sub-utilización de la fuerza de trabajo. “La violencia del dinero está implícita en las economías capitalistas, la reproducción de la vida se articula en torno a la compra-venta de mercancías y por lo tanto al acceso al dinero. La desaparición del valor del dinero (hiperinflación) o la ausencia misma de la posibilidad de acceder a suficientes cantidades del mismo (desempleo, deflación salarial) impone la violencia de las relaciones dinerarias sobre la población” (Feliz y Pérez, 2004: 204). Ambos elementos tenderán a debilitar la resistencia de los trabajadores durante los años venideros. El gobierno menemista será el que vehiculice e imprima de manera profunda la transformación del Estado y la reestructuración del entramado productivo. Si bien este proceso resulta una clave de interpretación significativa para develar las transformaciones sociales operadas a partir de la instauración de un gobierno de corte conservador, es imprescindible vincular dicho desbaratamiento estatal con los cambios en la estructura socioeconómica que caracterizó el modelo de la economía argentina. Ambos procesos -transformación del estado y reorganización económica- se articulan en

un movimiento más amplio que reside en la transformación del modelo de acumulación. La diferencia de la política económica llevada adelante por el gobierno de Menen con otras experiencias en la materia fue que tuvo como objetivo hacer al mismo tiempo un profundo ajuste estructural respecto de la situación generada luego de la segunda posguerra y produjo un verdadero cambio de régimen de acumulación (Neffa, 1998). En el plano legal, una serie de leyes inaugurarán esta nueva etapa: por un lado la Ley de Convertibilidad (n° 23.928), paridad un dólar un peso (que suprime toda indexación precedente de contratos 6 , entre los que se incluían los salarios); por otro, las leyes de Reforma del Estado (n° 23.696) y de Emergencia Económica (n° 23.697). Los ámbitos de injerencia de estas normas son amplios, entre otros aspectos, abrieron la posibilidad de privatizar las empresas públicas. Se redujeron significativamente las barreras aduaneras, liberalizándose el comercio exterior y la inversión extranjera. A su vez, se aumentó la presión fiscal y de manera significativa se suprimieron los principales mecanismos de control del Estado sobre la economía a favor de las "reglas del mercado" 7 ; aunque en otros casos como en lo referente a la normativa laboral el accionar estatal tendió a re-regularizar –como se verá en el aparatado siguiente cuando abordemos las leyes sancionadas-. Por otra parte, se redujo el gasto público, se produjo una descentralización estatal y se trasladó una serie de competencias al nivel provincial y municipal (escuelas y hospitales). De tal forma, muchas de las medidas promovidas a partir del golpe de 1976 encontrarán su definitiva implementación en la década de los noventa. La dictadura militar contribuyó de manera sustancial a la interrupción de un modelo de acumulación basado en la industrialización mediante sustitución de importaciones (ISI), imponiendo un nuevo comportamiento económico y social basado en la valorización financiera. Entre 1976 y 1983, comienza a cambiar "el modo de regulación, y de manera sustancial las formas institucionales del Estado, la moneda, la competencia, la inserción internacional y la relación salarial. La economía se abrió de manera abrupta al

6 Más adelante veremos como las tarifas de servicios telefónicos no respetaron las normas de prohibición de indexación. 7 Esta es una forma eufemística de referirse a la no intervención del Estado. Queda claro que por acción u omisión el Estado asume un papel fundamental. En este sentido coincidimos con Feliz y Pérez (2004: 180) cuando resaltan que el “capital buscará la intervención activa del Estado a favor de sus intereses. El capital no sólo no esperará que el “mercado” resuelva sus problemas sino que pretenderá que, en caso que fuera necesario, la coacción mercantil sea complementada por alguna forma de coacción directa, en especial mediante la acción estatal”.

comercio exterior especialmente en cuanto a bienes de consumo durables y de producción, afectando seriamente a la industria nacional. El estancamiento de la demanda interna desalentó a los empresarios y generó un desplazamiento de las inversiones hacia el mercado financiero especulativo, facilitó la fuga de capitales al exterior, al mismo tiempo que aceleró el crecimiento de la deuda externa" Neffa (1998:

269). La dictadura es en efecto, el antecedente y condición de posibilidad de las políticas económicas y sociales impuestas a partir del gobierno peronista liderado por la fracción menemista. Por su parte, el nuevo patrón de acumulación produjo una modificación en la relación capital-trabajo, pues facilitó que el capital impusiese una dinámica de predominio sobre el conjunto de los trabajadores. Esto se manifiesta claramente por una regresividad en la distribución del ingreso y un aumento de la exclusión social 8 . A su vez, el predominio también se afianzó entre los sectores del capital mediante la transferencia de recursos desde las pequeñas y medianas empresas, que sufrieron el impacto del proceso de desindustrialización, la caída del mercado interno y la apertura económica de bienes y capitales. El proceso de acumulación ya no estaba enlazado a la expansión de la producción industrial interna y al consumo de los sectores populares, sino que ahora la clave era la acumulación mediante inversiones especulativas. De esta manera, la estrategia tendiente a imponer nuevos comportamientos sociales y el aniquilamiento de posibles alternativas, permite destacar otro de los rasgos presentes en la consolidación del nuevo patrón de acumulación. En resumen, lo acaecido en la Argentina entre el año 1991 y 2001 resulta por demás emblemático, en términos de ese huracán neoliberal que tendió a extenderse y aplicarse a través de un conjunto de dispositivos institucionales. Como sugiere Azpiazu (2001: 10) “la intensidad que asumieron tales transformaciones, sumada a la celeridad y convergencia temporal en su implementación, convierten a la experiencia argentina en un ejemplo casi pionero por su adhesión plena a los parámetros neoliberales más preciados: privatización, desregulación, apertura y subordinación del trabajo al capital."

8 Recordemos que dicha imposición hubiera sido imposible sin la eliminación de trabajadores, delegados, sindicalistas y activistas sociales durante la dictadura.

I.2.-LA EROSIÓN DE LA NORMA PROTECTORA DEL TRABAJO

Para que el proceso de acumulación logre restablecer el poder del capital uno de los objetivos manifiestos consistía en desactivar los elementos constitutivos de la legislación laboral forjada a mediados de la década del cuarenta. Recordemos que los rasgos esenciales se consolidaron a partir del ascenso del primer gobierno peronista. En gran medida los trabajadores lograron plasmar de manera acumulativa las conquistas laborales en la legislación y las nuevas leyes se caracterizaron por ser protectora de las relaciones individuales de trabajo y por una tendencia hacia la intervención estatal en el área de las relaciones colectivas de trabajo (Cordone, 1999; Bunel, 1992; Goldín, 1977). Si bien los gobiernos previos al menemismo habían comenzado a erosionar las conquistas laborales, aún la normativa contemplaba elementos protectorios con respecto a los trabajadores y había logrado soportar diversos embates. El más cercano al elaborado por el gobierno menemista fue durante la gestión radical. En esa oportunidad la denominada Ley Mucci planteaba una modernización y democratización de los sindicatos. El fracaso de esta propuesta adquirió nuevos bríos de la mano del por entonces Secretario de Trabajo –Caro Figueroa-. El proyecto inspirado en la normativa española tenía el propósito de “modernizar las relaciones laborales” a través de la descentralización de la negociación colectiva articulando los diferentes niveles (rama y empresa); fortalecer la autonomía de las partes en la creación de normas; diferenciación geográfica de la estructura salarial; procedimiento y modalidades para la solución de conflictos como materia de negociación colectiva y la incorporación de los trabajadores del sector público a la negociación colectiva. En gran medida este proyecto también naufragó pues suspendía transitoriamente la discusión salarial El argumento central, a principios de los noventa, sostenía que resultaba necesario para “modernizar” y “adecuar” la fuerza de trabajo a la nueva realidad productiva eliminar las rigideces impuestas por los sindicatos al Estado y las empresas. Ciertamente no se trata de una evolución lineal, si bien existe una tendencia general, no ha estado exenta de contramarchas producto de las presiones de grupos empresariales, la resistencia sindical, los condicionantes de los organismos externos y de las coyunturas electorales.

La reforma laboral promovida desde la política gubernamental se dirige esencialmente a desactivar el principio de estabilidad en el empleo, de irrenunciabilidad de los derechos adquiridos, de indemnidad (el trabajador no debe sufrir perjuicios materiales o morales a causa del trabajo), de asunción del riesgo empresario y de aplicación de la norma más favorable (Fernández Lamadrid y Caubet, 1993). Este quiebre en los principios rectores operó gracias a la modificación de las normas e instituciones que determinan el uso y reproducción de la fuerza de trabajo teniendo objetivos claros: modificar la correlación de fuerza al deteriorar el poder de los trabajadores 9 restableciendo las atribuciones de control y disciplinamiento de los empresarios respecto a los asalariados en cuanto a las normas regulatorias de las condiciones de ingreso y egreso de los trabajadores; en función de las regulaciones salariales; con respecto al marco normativo de las relaciones colectivas; en relación a la canalización del conflicto; y en función de la seguridad social y riesgos de trabajo. En el año 1991 bajo el argumento de controlar la desocupación y el trabajo en negro se sancionó la Ley Nacional de Empleo nº 24.013 10 que incorpora varias innovaciones como el sistema de contrataciones “promovidas” diferenciadas en cuatro formas: fomento de empleo, lanzamiento de actividad, práctica laboral para jóvenes y trabajo-formación. El carácter “promocional” se basa en la reducción de las contribuciones patronales entre el 50% y 100% -según la modalidad- a las cajas de jubilaciones correspondientes, al INSSPyJ, a las cajas de asignaciones y subsidios familiares y al Fondo Nacional del Empleo y en la disminución del monto de indemnización en caso de despido. Este modo de operar en el carácter indeterminado del contrato laboral será característico del período (1991-2001) y la flexibilidad contractual a partir de ese momento adquiere diversa vías como las modalidades contractuales de tiempo determinado (plazo fijo o por obra, contrato por temporada, contrato de trabajo eventual, agencias de de empleo eventual, contrato de trabajo de

9 Como plantea ajustadamente Martha Novick (2001) el nuevo modelo de relaciones de trabajo no hay que evaluarlo solo en el plano de las medidas económicas sino que afectó significativamente la propia identidad sindical. 10 Las diferencias entre las dos CGT con respecto a la política laboral del gobierno se hace evidente ante las debates previos a la promulgación de la ley: la CGT Azopardo manifiesta que la ley tenía “el único fin de liberar de responsabilidades a los empleados y hacer más fáciles y baratos los despidos (Diario Gremial, 14 de agosto 1990); mientras que la CGT San Martín sostenía que la norma abre la “posibilidad de una mayor recaudación provisional, la reincorporación al sistema de los desocupados y un reaseguro para los trabajadores activos” (citado por Matsushita, 1999).

grupo o equipo; que preexistían a la modificación de la normativa); actividades laborales que no adoptan las modalidades de un “verdadero” empleo como pasantías, becas, planes de empleo de carácter administrativo; la modificación del período de prueba; la instauración de un régimen paralelo de contratación laboral; la contratación de trabajos o servicios temporarios o eventuales y la modificación del régimen indemnizatorio (Neffa y otros, 2005). La norma se aleja del principio del derecho argentino que indica la necesaria causalidad objetiva para la contratación temporaria (Feldman, 1995). Si bien las modalidades promovidas remiten a ciertas causales al referirse a los rasgos propios de los trabajadores –edad, encontrarse en situación de desempleo o primer empleo- ya dejan de remitir a causas asociadas con la actividad o el puesto -como por ejemplo la estacionalidad-. Si bien las modalidades promovidas aumentaban el grado de discrecionalidad empresarial, formalmente se mantenía algún grado de control en manos de los sindicatos (Battistini y Montes Cató, 2000) ya que para la implementación de estas formas de contratación era necesario aprobarlas mediante los convenios colectivos de trabajo 11 . La nueva legislación amplió las potestades para el desarrollo de los intermediarios privados en el mercado de trabajo como las empresas de contratación de trabajo temporario 12 , eslabón sumamente importante para comprender el proceso de tercerización productiva y externalización de la fuerza de trabajo. A través de este recurso también de operaba sobre las cargas sociales. En 1995 a través de la ley de Fomento del Empleo se agregan dos nuevas modalidades contractuales como la de fomento especial de empleo por medio de la cual no existe derecho al preaviso ni a indemnización. A su vez, se habilita el Contrato a aprendizaje, en esta modalidad el empresario y el aprendiz están exentos de aportes y

11 En 1992 solo 28.7 de los convenios pactados incorporaron este tipo de cláusulas aumentando paulatinamente durante toda la década –por ejemplo en el año 1998 alcanza a prácticamente el 50% de los CCT negociados- según la información del Ministerio de Trabajo 12 En el campo de la intermediación del mercado de trabajo existen una variedad de organizaciones sociales destinadas a la inserción laboral con una diferenciación creciente según lógicas organizacionales y el grado de institucionalización. Giner y Zelaschi, 2003; Neffa y otros, 2001; Forni y Angélico, 2001; Giner, 2000 han profundizado el análisis de este tema desde el punto de vista estadístico como así también a partir de estudios de caso.

contribuciones que conforman la Contribución Unificada de la Seguridad Social 13 . A su vez, la ley sobre Régimen Laboral para Pequeñas y Medianas empresas (nº 24.467) otorgaba la posibilidad a estas empresas de utilizar las formas promovidas pero sin previa negociación colectiva de trabajo. En 1998 la ley de Reforma Laboral (25.013) va a derogar las leyes de modalidades promovidas de 1991 y 1995 y extiende el período de prueba de 1 mes hasta 6 meses (aunque pasado el primer mes los empleadores y asalariados deben contribuir a la obra social y al fondo para subsidios familiares). En este año en el marco del cambios de Ministro de Trabajo –Erman González en lugar de Caro Figueroa- y en medio de un proceso electoral se produce un viraje en la política del gobierno privilegiando una mejor relación con la CGT concediendo y estableciendo mecanismos destinados a asegurar el control sindical sobre la negociación colectiva (Battistini y Montes Cató,

2000).

Si bien uno de los argumentos esgrimidos para incorporar estas modalidades fue su contribución a la generación de empleo, en la práctica implicó un desplazamiento de otras formas de contratación en la medida en que el aumento neto de desempleo asalariado fue inferior al número de trabajadores contratados bajo esta modalidad; además un segmento determinado de empresas concentró su uso tanto en número como en frecuencia (Feldman, 1995).

13 La seguridad social y en especial el caso de las obras sociales constituye un eje de importancia de las reformas. Como sugiere Claudia Danani, en relación a la dirigencia cegetista esta “concentró sus esfuerzos en obtener la limitación de la competencia (vía la exclusión de la medicina prepaga) y la postergación de la implementación de la reforma. En este caso, el instrumento fue el aplazamiento de la depuración de los padrones y la demora no fue la simple postergación del condenado a muerte que trata de ganar días de vida contra una sentencia

inapelable, sino la readecuación a nuevas condiciones, para aliviar o invertir el impacto de sus efectos indeseables. Efectos indeseables como el estrechamiento en lo político- institucional, que debilitaría el poder sectorial. Así, desde 1992 se había visto a OSECAC acelerar la reorganización para un funcionamiento acorde a parámetros empresariales; a partir de 1993, el Instituto de Servicios Sociales del Personal de Seguros estudió formas de cubrir rápidamente el 20 % de ingresantes permitido por la ley original , con grupos familiares de 15 ciertas características; se vio a varias Obras Sociales haciendo convenios entre sí y con empresas de medicina privada en carácter de "socios", para mejorar sus condiciones de competencia. Se vio a obras sociales, finalmente, pensando sistemas de exclusión de los que aparecían como "afiliados indeseables". El paradigma ha sido la preocupación por la afiliación de los trabajadores de la

ganan poco, tienen muchos hijos y se enferman mucho" (Danani, 1998:

construcción, porque "

12).

Las indemnizaciones por causas injustificadas también sufrieron cambios, disminuyendo las erogaciones que las empresas debían pagar en caso de despido. En principio, las leyes de Reforma de Estado y de Emergencia Económica limitaron el monto de la indemnización y eliminaron el tope de tres Salarios Mínimos Vitales. La ley sobre Pymes cambió los plazos de indemnización y estableció para los trabajadores contratados a partir de la vigencia de dicha ley. Otro elemento de importancia que se reformó fue lo atinente a las remuneraciones y salarios. El decreto 1334/91 sobre Negociación Salarial y Productividad fue en este sentido fundacional en la medida en que solo podían darse aumentos salariales atados a parámetros de productividad, negando todo tipo de mecanismos indexatorios de acuerdo a lo expresamente determinado por la Ley de Convertibilidad. De allí la importancia del modo en que se definía el cálculo de productividad 14 que debía ser pactado en el ámbito de la convención colectiva. A través del decreto 333/93 se introdujo una ampliación en el sistema de pagos en especie a través de los denominados Tickets que constituyen aportes no remunerativos y por lo tanto no son computados a los efectos del Derecho del Trabajo y además los montos por ellos representados quedan excluido de la base imponible de aportes y contribuciones. La ley Pyme habilitó el fraccionamiento del aguinaldo (previo acuerdo convencional). Un elemento que también sufrió alteraciones, aunque las disputas fueron

intensas en este campo, es la normativa colectiva de trabajo. El objetivo de las empresas era desarticular la homogeneidad en el plano de la negociación colectiva llevando las convenciones a una unidad menor de negociación obteniendo con ello minar el poder sindical. Esto se logró gracias al decreto 2284/91 que permitía a las partes signatarias de los convenios elegir el nivel de negociación sin estar atados al nivel precedente. En

1996 bajo una nueva avanzada sobre la regulación colectiva se eleva un proyecto que

facultaba a la “representación sindical en la empresa” a celebrar convenios; reconociendo a las “partes legitimadas” la elección del nivel de negociación. A su vez,

habría la posibilidad a que dentro de ciertas limitaciones se modificasen las normas legales referidas a categorías y funciones, tiempo de trabajo, estructura de las remuneraciones, sueldo anual complementario, suspensión y extinción de contrato de trabajo, sentando el principio de que las convenciones colectivas de ámbito menor

14 Para una discusión sobre los sistemas y criterios adoptados para la medición de la productividad, ver Novick, Bisio, Catalano, y Deibe (1996).

prevalecen sobre las de ámbito mayor. El proyecto no fue aprobado pero muchas de sus cláusulas se trataron de introducir vía reglamentaciones (Neffa y otros, 2004). En gran medida los elementos establecidos en el proyecto dan cuenta del horizonte hacia el cual estaban dirigidas las propuestas. Como se dijo, la legislación incorporó la distinción entre Pymes y no Pymes facilitando la negociación de condiciones indemnizatorias, descansos, vacaciones, jornada y sueldo compensatorio, por debajo de los establecido por el convenio marco. La novedad con respecto a esta ley es la “atribución concedida a la negociación colectiva de apartarse, aún en perjuicio de los trabajadores, de algunas normas o instituciones reguladas en al ley” (Goldín, 1997: 156) profundizándose la tendencia hacia la descentralización de la negociación colectiva de trabajo al habilitarse la posibilidad de acordarse convenios por empresa. Recuérdese que los convenios firmados por empresa implica la posibilidad de que los sindicatos acuerden CCT directamente con empresas de manera unitaria y no a través de un conjunto de ellas agrupadas en rama o actividad. Sin embargo, el sindicato firmante representa a los trabajadores de una actividad, rama u oficio y no directamente a una empresa 15 . Algunas de las demandas pronunciadas por los empresarios estaban dirigidas precisamente a reformar este criterio, posibilitando la creación de sindicatos de empresa. En un contexto de fuerte debilidad de los sindicatos, presumiblemente hubiese significado un mayor grado de subordinación de los representantes sindicales a los empleadores 16 . Esta tendencia se agudizó en el caso de quiebras en la medida que la Ley de Concursos y Quiebras 17 estipulaba que el CCT quedaba sin vigencia durante tres años y se podía firmar un “convenio colectivo de crisis” que facilitaba la implementación de

15 En Argentina no existen legalmente sindicatos de empresa. Existen negociaciones colectivas de trabajo a nivel de empresa, pero no Sindicatos que su representación se limite legalmente a una sola empresa. Decimos legalmente porque si una empresa es la única en su actividad el sindicato puede adquirir rasgos de sindicato de empresa. En gran medida los sindicatos que operaban en las empresas estatales pueden ser rotulados con estas características.

16 En esta línea Cortés y Marshall (1999) expresan que los empresarios sostenían que los costos asociados con las regulaciones vigentes atentaban contra la competitividad, la negociación colectiva fortalecía el poder sindical lo cual impactaba sobre los costos laborales y que el conjunto de protecciones ahondaba la indisciplina laboral.

17 Las disposiciones de la Ley 24.522 (Ley de Concursos y Quiebras) establecía además de suspender la vigencia del convenio colectivo el hecho por el cual los acreedores laborales (los trabajadores) lo eran de la quiebra y no de los adquirientes o continuadores. De esa manera los nuevos adquirientes (esto facilitaba el dispositivo de quiebras fraudulentas) no asumían las deudas ni con los trabajadores ni con el sistema de seguridad social.

condiciones por debajo de lo estipulado por la legislación y los convenios de la rama a la cual dependía la Pyme. Un punto clave en este proyecto –y de varios intentos sucesivos 18 - es el de eliminar la ultractividad. Recordemos que ella es una noción medular del derecho laboral (Ley nº 14.250) en la media que constituye un método para evitar que al término de la vigencia de un CCT se produzca un vacío de normas colectivas. En los hechos implica que si las partes no acuerdan un nuevo CCT, el que rige a los trabajadores sigue siendo el último CCT firmado. Por el contrario, su eliminación implicaría que al vencer un CCT el que norma las condiciones de trabajo sería la Ley de Contrato de Trabajo que en general contiene condiciones mas desfavorables para los trabajadores en la medida que constituye un piso para los convenios colectivos, es decir las partes negociadoras no pueden suscribir en los CCT condiciones por debajo de las impuestas por la Ley. Esto explica las numerosas tentativas empresariales por excluir la ultra-actividad y en gran medida el vigor de las organizaciones sindicales por defenderlo. Si bien la negociación colectiva de trabajo sufrió significativos cambios en el contenido de la materia negociada (como se verá en el capítulo IX) la estructura de negociación no fue alterada esencialmente 19 . La estructura de la negociación colectiva formal 20 al concluir la década de los noventa es muy similar a la de diez años atrás, a pesar de los fuertes cambios económicos y regulatorios que se produjeron en este período en la media en que persistió el principio de ultra-actividad, las estructuras representación sindical y en tanto que las estructuras sindicales retuvieron el control de la negociación descentralizada (Marshall y Perelman, 2002) a través de la posibilidad que sean las entidades de orden superior las que se encuentran habilitadas a firmar convenciones colectivas de trabajo. Hasta aquí se han detallado las principales reformas dirigidas ha incorporar nuevas figuras contractuales, cuyo impacto no solo erosiona la relación por tiempo

18 Por ejemplo la Ley de Reforma Laboral (nº 25.250 del año 2000) bajo el gobierno de De la Rúa establecía un sistema de caída de la ultra-actividad para los Convenios.

19 Nos referimos principalmente al control por parte del sindicato de mayor grado sobre la negociación colectiva de trabajo. Como veremos más adelante, hubo cambios que cambiaron la configuración por ejemplo en el porcentaje de convenios negociados en el nivel de la rama y de la empresa.

20 En las empresas existen constantemente negociaciones de carácter informal, es decir que en muchos casos son producto de acuerdos de palabra. Históricamente han existido este tipo de negociaciones y en etapas en que la negociación colectiva fue cancelada las comisiones internas apelaron a este recurso.

indeterminado sino abaratando los costos de entrada y salida de los trabajadores; simultáneamente se introdujeron reformas en la regulación del salario y en el marco normativo de las relaciones colectivas de trabajo. Como se ha señalado, este proceso de transformación productiva –previsiblemente- encontraría resistencias por parte de los trabajadores. Es por ello que el gobierno en el poder necesitaba también en el plano legal contar con algún tipo de instrumento que colocase un freno a las expresiones colectivas de descontento, especialmente las huelgas. Para ello en 1990 –previo a la privatización de las principales empresas estatales- y a través del decreto 2184 se reglamentó el derecho a huelga habilitando de ese modo al Poder Ejecutivo decretar la ilegalidad siempre que se considere afectada una actividad que preste “servicios esenciales”. Esta noción abarca aquellos servicios cuya interrupción total o parcial pueda poner en peligro la vida, salud, libertad y al seguridad de las personas. Por lo tanto el margen de aplicación era lo suficientemente ambiguo como para abarcar un conjunto variado de actividades. El decreto establecía la obligatoriedad de prestación de un servicio mínimo, el incumplimiento de esta norma era sancionado declarando la ilegalidad de la medida de fuerza. En caso de sancionarse la ilegalidad los empleadores podían despedir a los trabajadores involucrados sin cumplir las obligaciones que les corresponde según la Ley de Contrato de Trabajo. El efecto disciplinador de esta norma es manifiesta y contribuía junto con el resto a desmantelar la cohesión de los sindicatos. La reforma –a través del decreto 1792/1992 que reglamenta la ley 24.028/1991- también dio mayor margen a los empleadores en lo que respecta a las protecciones contra accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, limitando los montos máximos de indemnización; imponiendo al juez la determinación de la causalidad laboral y no laboral en la producción de accidentes (Rubinstein, 1997) y establece la obligación de denuncia ante un accidente de trabajo. En 1995, se aprueba la ley 24.557, se reforma nuevamente la norma. El sistema de riesgo de trabajo sugería un giro total en el sistema vigente, a través de una concentración de las facultades normativas, produciendo una desjudialización al sustraer del fuero laboral y llevarlo a una instancia administrativa. La ley de 1995 al “circunscribir la responsabilidad por enfermedades a las enumeradas en el sistema legal, plantea una noción de siniestralidad que se construye legalmente, donde el infortunio laboral no es cualquier hecho, sino aquel que se considera como tal en la legislación. Y al intentar desjudicializar el ejercicio del

derecho obrero que emana de esta normativa, se limita la posibilidad de ampliar ese derecho en el ámbito judicial a través de la interpretación juridisprudencial” (Pérez, 2003: 94) Esta ley, se vincula en una maniobra alentada a proporcionar previsibilidad económica en los costos del sector empresarial y los costos (de siniestralidad) para el sector asegurador, garantizando una demanda de los grupos de interés beneficiarios del régimen de acumulación (Pérez, 2003). No solo se apuntaba a través de la modificación de la norma reducir los costos en caso de accidente, sino que significó un importante negocio para las empresas ubicadas en este rubro. En esta misma lógica se inscribe la modificación del sistema de jubilación (sistema dual de capitalización y de reparto) que afianzó aquellos sectores ligados a la acumulación financiera. De allí que el régimen de capitalización tiene costos que aparecen sumamente elevados, tanto de manera manifiesta a través de las comisiones de las AFJP, como implícitas por medio de los costos de las compañías de seguros, el costo de recaudación, etcétera. Estos costos son particularmente significativos si se considera que el funcionamiento del nuevo régimen no ha significado una reducción en el presupuesto del la ANSeS -el organismo de administración del régimen de reparto- (Rofman, 1999). En el año 2000 se llevará a cabo otra reforma –que deja intacto la imposibilidad de remitirse a la legislación civil y la finalidad de lucro de las ART- al ampliar el monto de las prestaciones dinerarias así como los aportes de las empresas a las ART; se posibilita incorporar enfermedades no enlistadas; amplía la nómina de los derechohabientes cuando se produce la muerte como resultado de una accidente; y se instrumenta la vuelta al sistema de prevención en 1979 en la medida que el nuevo sistema no había logrado los objetivos para el cual había sido diseñado: fomentar la prevención y mejorar el sistema de reparación. A las características excluyentes de la normativa laboral hay que añadirle el hecho que el conjunto de trabajadores no registrados no estaban amparados por la reglamentación en caso de accidente de trabajo. Este aspecto es tributario de los avatares que sufrió el mercado de trabajo, que en principio constituyó otro aspecto sobre el que se superpone el conjunto de dispositivos de gestión que permitirá un mayor grado de discrecionalidad empresarial.

I.3.- LA CRISIS DEL MERCADO DE TRABAJO

Mientras las usinas intelectuales neoliberales pregonaban la necesidad de realizar una cirugía sin anestesia para extirpar los problemas del país y presionaban sobre la idea de que no había otra salida, "los costos no deseados" de este proceso volvían a recaer sobre los mismos sectores de la sociedad que habían recaído en el pasado; aunque ahora avanzaba sobre los sectores medios que vieron redireccionadas sus trayectorias en una tendencia cuesta abajo. El trabajo, que había dado forma a unos de los procesos de mayor integración social y política vividos en nuestro país desde mediados de los años cuarenta, delineaba ahora, vía su escasez, un mundo plagado de incertidumbres. La reestructuración regresiva de la economía argentina (Nochteff, 1999; 1998) ponía en evidencia, en los primeros años de la década de los noventa, la incapacidad para generar puestos de trabajo estables, en cantidad suficiente y con remuneraciones adecuadas (Neffa y otros 2004, 2001; Panigo y Pérez, 2002; Beccaria, 2001; Salvia, 1997) operando como un factor fuertemente disciplinario de los actores sociales y de las organizaciones sindicales en particular. Una de las variables que manifiestan más claramente la crisis del mercado de trabajo es la desocupación 21 . En el periodo caracterizado la tasa de desocupación se triplicó (de 6.3 a principios del año 1991 a 19 puntos a fines del 2001); impactando más intensamente en jóvenes y mujeres. Si un rasgo característico de la crisis de la desocupación se sustenta en el fuerte aumento del total de desocupados también se

21 Gran parte de los sectores dominantes (conglomerados empresarios, partidos políticos, parte del establishment académico y ciertos sectores del sindicalismo) sostuvo durante mucho tiempo que el aumento de la tasa de actividad registrada durante los noventa estaba relacionada con el hecho que un gran número de individuos al sentirse “seducidos” por los salarios más elevados y las posibilidades de consumo deciden dejar la inactividad y entrar al mercado laboral. Los altos costos laborales, las rigideces de contratación y las restricciones opuestas por los sindicatos, serían en este marco las causas del problema de la desocupación y la precarización de las condiciones laborales. En realidad el aumento de la tasa de la actividad es producto de la caída en el salario de la unidad familiar lo cual presiona a otros integrantes al mercado laboral vista la escasez de ingresos. Como sostienen Santacargelo y Schorr, (2000: 75) “producto de la reducción salarial y de la creciente regresividad distributiva, un número cada vez mayor de individuos debió ingresar al mercado de trabajo lo cual implicó un incremento en la oferta de mano de obra que, en el marco de un sistema económico caracterizado por un reducido dinamismo en lo que a creación de empleos refiere, determinó un incremento del desempleo y un empeoramiento en las condiciones laborales de la mano de obra ocupada”

manifiesta a través del crecimiento relativo de la desocupación de larga duración. Durante toda la década se observa un crecimiento constante en la intensidad de la desocupación -más de 3 meses- llegando a alcanzar a prácticamente el 50% de la población desocupada -46.4 para el caso del Gran Buenos Aires- (Neffa, Salas y Giner, 2004). Ambos elementos y fundamentalmente la desocupación constituye una modalidad típica de disciplinamiento en la media en que la amenaza de despido redefine la subordinación del trabajador, erosiona desde allí su capacidad de negociación y deja al trabajador indefenso llevando a que este acepte peores condiciones de trabajo para no quedar desempleado. A su vez, el deterioro del mercado laboral también se refleja cuando analizamos la evolución de la sub-ocupación horaria 22 , es decir a través de un variable que nos indica el porcentaje de trabajadores que están desarrollando su actividad por debajo de la jornada normal 23 . En gran medida indica la precariedad del mercado de trabajo pues muchos de esos trabajadores no trabajan un mayor número de horas porque no cuentan con la posibilidad de hacerlo. La subocupación puede comprenderse así como asociada a la desocupación por responder a la misma naturaleza de problemas. Ambos procesos afectaron intensamente a los sectores más dinámicos de la economía produciendo una mutación en la estructura económica. De ahí que las actividades que se desarrollan durante los años noventa son aquellas que están asociadas con la prestación de servicios, algunas actividades comerciales y en ramas industriales vinculadas con la explotación de las ventajas comparativas de carácter estático con una baja intensidad relativa en el uso de trabajo, con una reducida calificación en la mano de

22 Refiere a aquellos trabajadores que trabajan menos de 35 horas semanales. Esta categoría diferencia entre aquellos que demandan y no trabajar un número más elevado de horas; de ahí la diferencia entre la categoría subocupación demandante y no demandante 23 La estructura horaria tendió hacia una polarización del tiempo de trabajo (Pérez, 1999). Entre 1991 y 1999 los asalariados que trabajan menos de 30 horas por semana han aumentado su participación en el total de asalariados (del 12% al 18%). Por otro lado, los asalariados que trabajan más de 45 horas semanales también aumentaron su participación respecto al total de asalariados (del 36% al 50%). Por el contrario, los asalariados que trabajan una jornada “normal” (30 a 45 hs.) han dejado de ser el grupo más numeroso, como lo era a principios de la década, reduciendo su participación en el total de asalariados de un 52% en 1991 a un 31% en 1999. En consecuencia el aumento de trabajadores en jornadas (subocupados horarios) y sobreocupados han crecido en detrimento de empleos realizados a lo largo de una jornada normal (Neffa y otros 1999).

obra 24 y con retribuciones salariales menores al de otros sectores (Santarcagelo y Schorr, 2000). Mientras que el PBI se expandió a una tasa media de variación anual del 3,5% entre 1991 y el 2001 (Feliz y Pérez, 2004) “desde de la vigencia de la convertibilidad, el nuevo régimen de acumulación redujo sensiblemente la anterior elasticidad elevada del empleo respecto del aumento del PBI, de manera que por el incremento de la productividad y la intensificación del trabajo, inclusive en los momentos de expansión, fue baja la capacidad para generar nuevos empleos e incorporar desocupados que cubrieran puestos vacantes (Neffa, Salas y Giner, 2004). En la fase recesiva esta tendencia se agudiza El impacto del modelo económico no solo se expresa través de la exclusión del mercado de trabajo de miles de trabajadores, también la calidad del empleo generado cuenta con un componente de precariedad elevado. Así los asalariados en situación de no registro 25 aumentaron de manera significativa durante la década de los noventa. Si bien el valor a inicios de la década era elevado, prácticamente aumentó diez puntos –en 1991 afecta a 28.9 por ciento de asalariados estimándose a fines del 2001 en el orden de 38.5 por ciento-. Además de los menores costos implicados para el empleador –se calcula que un trabajador no registrado puede ganar hasta un 40% menos que otro contratado de acuerdo a las normas legales- el grado de vulnerabilidad es mayor en la medida en que no se beneficia con las disposiciones del convenios colectivo de trabajo y al no poder cotizar tampoco puede ser representado por el sindicato (Battistini, 1999; Galín, 1995).

24 Un fenómeno vinculado al de las habilidades exigidas por los puestos de trabajo es la sobrecalificación de muchos trabajadores con lo cual se produce una pérdida en el conjunto de la sociedad en la media que se desaprovechan las calificaciones de la fuerza de trabajo (Kulfas y Ramos, 1999) 25 El trabajo no registrado es el que sin ser ilícito en sí mismo no está declarado a una o varias autoridades que deberían tener conocimiento de él y, de ahí, se sustrae a la reglamentación o a los impuestos, o lleva una reducción de las prestaciones de la seguridad social (Galín y Feldman, 1997). En términos estadísticos, puede obtenerse el valor del trabajo no registrado a través de una variable Proxy -la utilizada usualmente es la que refiere al descuento jubilatorio-.

GRÁFICO Nº 1 TASA DE DESOCUPACIÓN, SUBOCUPACIÓN HORARIA Y TRABAJO NO REGISTRADO, TOTAL PAÍS (1991-

2001). 40 30 20 10 0 Desocupación Subocupación Horaria 1991 1992 1993 1994 1995 1996
2001).
40
30
20
10
0
Desocupación
Subocupación Horaria
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001

Trabajo no registrado1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 Fuente: Neffa, Giner y Salas (2004)

Fuente: Neffa, Giner y Salas (2004) Ceil-Piette en base a la EPH del INDEC

La erosión en las condiciones de trabajo, también se ve reflejado al tomar en cuenta la evolución del salario. Si bien la estabilidad de los primeros años de la década permitió una recuperación salarial, a poco de evaporarse estos efectos el deterioro fue revelador de la dinámica adoptada por el modelo económico instaurado. La disminución del salario entre el 2001 y 1991 (base 100) fue del orden de los 10 puntos, lo cual indica un profundo deterioro en el poder adquisitivo de los trabajadores asalariados.

GRÁFICO Nº 2 VARIACIÓN DEL SALARIO REAL 1991 -2001 (1991 BASE 100) 110 105 100
GRÁFICO Nº 2
VARIACIÓN DEL SALARIO REAL 1991 -2001 (1991 BASE
100)
110
105
100
95
90
85
80
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001

Fuente: Delfini (2005) en base EPH del INDEC y MECOVI

A su vez, es importante resaltar la evolución del salario con respecto al PBI. Mientras el producto bruto interno crecía (hasta 1998 cuando se entra en una etapa

profundamente recesiva), el salario sufría una caída constante. Esto indica que el modelo de desarrollo no respondía a la tan mentada teoría del derrame, sino que por las propias características del modelo económico, los trabajadores quedan en una situación de profunda desigualdad al momento de evaluar la distribución de beneficiosos.

GRÁFICO Nº 3 EVOLUCIÓN DEL PBI Y DEL SALARIO (1993 BASE 100)

130 122 118 117 120 109 110 106 103 100 100 99 90 94 93
130
122
118
117
120
109
110
106
103
100
100
99
90
94
93
93
91
90
80
70
60
pbi
salario
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999

Fuente: Delfini (2005) en base EPH del INDEC y MECOVI

Estos datos provenientes de la caracterización del mercado laboral y que describen la situación del trabajo en función de un modelo económico que desplazó del centro al mundo laboral como una de las herramientas privilegiadas de distribución de los ingresos, tuvo un impacto regresivo sobre la materia distributiva (Féliz y Panigo, 2002; Santarcángelo y Schorr, 2000; Salvia, Donza y Philipp, 1997). En este sentido, el aumento de la población bajo la línea de pobreza e indigencia son una indicador revelador de dicha tendencia.

GRÁFICO Nº 4 POBLACIÓN POBRE E INDIGENTE (1991-2001) 35 30 25 20 15 10 5
GRÁFICO Nº 4
POBLACIÓN POBRE E INDIGENTE (1991-2001)
35
30
25
20
15
10
5
0
Pobreza
Indigencia
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001

Fuente: Informes de Coyuntura Segundo Trimestre 2002, INDEC

El impacto de la estabilidad a principios de los noventa será relativamente beneficiosa con respecto a los fuertes aumentos que habían sufrido ambas variables durante los procesos hiperinflacionarios de fines de la década de los ochenta, sin embargo, ambas dimensiones tenderán a aumentar de manera prácticamente constante durante todo el resto de la década de los noventa 26 . Por su parte el carácter regresivo del modelo económico se manifiesta claramente al observar la transferencia de recursos de los sectores más pobres hacia los de mayor ingreso económico. En efecto, la brecha entre el decil más pobre y el más rico tiende a ensancharse durante el período que transcurre el gobierno menemista y no adquiere valores alentadores en los años que gobernó De la Rúa. Si a mediados de la década de los setenta la diferencia entre el decil 10 y el 1 era de 8,2 puntos en el año 2001 ascendió de manera vertiginosa alcanzando los 34 puntos.

26 Si bien el aumento de la pobreza e indigencia están asociada fuertemente con los aumentos de la desocupación, con la caída salarial se inaugura un fenómeno inédito en nuestro país que ha sido denominado por la bibliografía como el de los asalariados pobres (working poor).

GRAFICO Nº 5 DIFERENCIA ENTRE EL DECIL1 1 Y 10 CON RESPECTO AL INGRESO FAMILIAR
GRAFICO Nº 5
DIFERENCIA ENTRE EL DECIL1 1 Y 10 CON RESPECTO AL
INGRESO FAMILIAR EQUIVALENTE (1991-2001) (GBA)
40
30
20
10
0
1991
1993
1995
1997
1999
2001

Fuente: Centro de Estudios distributivos, laborales y sociales (CEDLAS). Departamento de Economía, Facultad de Ciencias económicas, Universidad Nacional de La Plata

Si bien este dato es por si mismo elocuente, otro que nos permite evaluar el proceso de concentración y de distribución regresiva de los ingresos es el provisto por el Coeficiente de Gini. 27 . Como se observa en la Tabla siguiente, exceptuando algunos años la tendencia es prácticamente ascendente.

27 Este coeficiente es el indicador más utilizado para medir la desigualdad del ingreso en una sociedad, especialmente a través del ingreso per cápita familiar. Varía entre cero -situación ideal en la que todos los individuos o familias de una comunidad tienen el mismo ingreso- y uno, valor al que tiende cuando los ingresos se concentran en unos pocos hogares o individuos. Este índice de desigualdad puede definirse a partir de la Curva de Lorenz. La diagonal de 45º -Línea de Equidistribución- muestra la situación teórica de perfecta igualdad en la distribución del ingreso. Por ejemplo, el 50% de la población percibe el 50% de los ingresos. La Curva de Lorenz refleja la distribución del ingreso real en una sociedad.

TABLA Nº 1 COEFICIENTE DE GINI. EN RELACIÓN AL INGRESO FAMILIAR EQUIVALENTE. OCTUBRE 1974 A 0CTUBRE

2002 (GBA)

Año

Coeficiente de Gini

1991

0,435

1992

0,418

1993

0,420

1994

0,431

1995

0,461

1996

0,458

1997

0,457

1998

0,477

1999

0,465

2000

0,480

2001

0,506

Fuente: Centro de Estudios distributivos, laborales y sociales (CEDLAS). Departamento de economía, Facultad de Ciencias económicas, Universidad Nacional de La Plata. Nota: Corresponde a la mediación de Octubre de cada año.

Este formidable proceso de transferencia de los sectores con menos recursos

hacia los que cuentan con mayor cuantía de ingresos también se afianzó entre los

sectores del capital mediante la transferencia de recursos desde las pequeñas y medianas

empresas, que sufrieron el impacto del proceso de desindustrialización, la caída del

mercado interno 28 y la apertura económica de bienes y capitales.

Durante los años noventa el patrón de crecimiento de la economía Argentina

estuvo asociado a un profundo deterioro en el mercado de trabajo. El efecto fue una

etapa marcada por la reducción de los planteles asalariados, significativa precarización

de las condiciones laborales y una creciente regresividad en materia de distribución del

ingreso. A su vez, las modificaciones operadas en el marco regulativo del mundo del

28 El proceso de acumulación ya no estaba enlazado a la expansión de la producción industrial interna y al consumo de los sectores populares, sino que ahora la clave era la acumulación mediante de inversiones especulativas.

trabajo estuvieron orientadas claramente a desmantelar muchas de las conquistas que los trabajadores habían logrado plasmar en las leyes y las normas. Por el contrario, la tan mentada retracción del Estado en el campo laboral significó un proceso de re-regulación de las relaciones laborales que permitió aumentar el grado de discrecionalidad del empresariado en amplias materias laborales. La regresividad en la legislación laboral sumado a los profundos desajustes en el mercado de trabajo no pueden analizarse como factores aislados –aunque respondan a lógicas propias- sino que constituyen un verdadero paquete destinado a la consolidación hegemónica de los sectores dominantes. Por ello las reformas estructurales pueden comprenderse en un plano macrosocial como una etapa destinada a potenciar la acumulación del capital que apela a un número amplio de recursos para la imposición de sus intereses. Por ello, en el capítulo siguiente, se desarrollará claramente como esta lógica operó en el caso de la privatización de ENTEL y de que manera el marco regulatorio consolidó a muchos de los sectores económicos predominantes. Las condiciones extraordinarias en que se llevó a cabo dicho proceso preanuncian los parámetros en se desenvolverán las relaciones de trabajo en las empresas concesionarias del servicio de telefonía básica.

CAPÍTULO II EL PROCESO PRIVATIZADOR Y LAS MARCAS DE ORIGEN

La privatización de ENTEL está asociado a un cambio drástico del Estado en cuanto a su función como administrador de empresas de servicios públicos. Si bien hubo intentos de privatizar la empresa en periodos precedentes, las correlaciones de fuerza y la etapa en el proceso de acumulación no facilitaron su materialización. Recién en la década de los años ´90, luego de una intensa resistencia por parte del sindicato Foetra Buenos Aires, el traspaso a la órbita privada logrará efectivizarse. Las consecuencias para los trabajadores telefónicos fueron radicales porque conllevó un cambio en la organización del trabajo y fundamentalmente en el modo en que estaban configuradas las relaciones de fuerza y las condiciones políticas hacia el interior de las empresas. En vistas que el sector de telecomunicaciones en su conjunto se alteró radicalmente a partir de la privatización, resulta esencial profundizar el modo en que se llevó a cabo el traspaso, los marcos regulatorios emergentes y la relación de ellos con los conglomerados económicos que lograron converger sus intereses con el proceso de reestructuración. Para ello, detallamos en el primer apartado de qué manera el procesos de privatización resuelve una puja distributiva en los sectores dominantes entre los capitales locales y los internacionales. Seguidamente, hacemos referencia a los antecedentes de la privatización tanto aquellos que se efectivizaron como los otros que no lograron canalizarse. En el tercer apartado, se profundiza en los principales elementos que caracterizan el proceso de concesión de las empresas resaltando la fuerte asociación entre el marco regulatorio y los intereses de los grupos económicos que se adjudican la explotación del servicio telefónico.

II. 1.- LA CONVERGENCIA DE INTERESES

Desde el punto de vista de los sectores dominantes el período que transcurre entre 1976 -1989, se produjeron dos procesos que influenciarán el desarrollo de los acontecimientos posteriores: por un lado, un aumento de la concentración del poder económico en manos de un sector reducido de grupos económicos y por otro, el aumento de la incidencia de los acreedores externos en la determinación de las políticas económicas. Si bien se produjo un proceso de concentración, los conflictos entre los sectores beneficiarios no estarán ausentes, lo que comenzará a tornarse evidente en abril de 1988, pocos meses antes del lanzamiento del Plan Primavera (Azpiazu y Basualdo, 2002). En efecto, los ingresos del Estado no resultaban suficientes para garantizar las transferencias de recursos hacia los grupos económicos y para cumplir, al mismo tiempo, con el pago de los intereses de la deuda a los acreedores externos. Lo que se estaba poniendo en evidencia era que el equilibrio entre los intereses del capital concentrado vernáculo, sumado al de algunos grupos extranjeros, entraba en una zona de definición con respecto al de los acreedores externos. Con el objetivo de visualizar la puja de intereses entre ambos grupos del sector dominante, puede destacarse que entre 1981 y 1989, se remitieron transferencias a los acreedores -en concepto de deuda externa- del orden de los 27.000 millones de dólares, mientras que el capital concentrado interno fue beneficiado con transferencias que alcanzan a los 67.000 millones de dólares. 29 Muchos de los grupos económicos beneficiados durante ese período –y que contribuyeron a la desfinanciación del Estado- serán aquellos que posteriormente, durante el proceso de privatización se adjudicarán, ahora con la participación de capitales extranjeros, la explotación de las empresas del Estado.

En este marco es comprensible el lugar que ocupó la deuda externa en el proceso de acumulación financiera. Los grupos económicos locales y las empresas transnacionales se endeudaban no para realizar inversiones productivas sino para

29 Azpiazu y Basualdo (2002) indican que en la transferencia al capital concentrado interno se computan los subsidios al sector financiero por la quiebra de distintas entidades; el costo fiscal de los diversos regímenes de promoción industrial; los subsidios a las exportaciones industriales; la licuación de la deuda interna por de la intervención de Domingo Cavalo en la dirección del Banco Central en 1982; la estatización de la deuda externa privada mediante la instrumentación de los seguros de cambio; y los subsidios en los primeros regímenes de capitalización de deuda externa. Los montos son una estimación de mínima, al no computar los sobreprecios en las compras del Estado y sus empresas.

obtener una renta mediante colocaciones financieras. La diferencia entre las tasas internas y las internacionales redundaba en las ganancias que obtenían los grupos que depositaban millones de dólares en este círculo financiero. La otra etapa era la fuga de esos capitales al exterior, con lo cual el ciclo se reiniciaba nuevamente. Este proceso produjo que la deuda pasase de 13 mil millones de dólares a mediados del setenta a 46 mil millones en 1983 30 Si esta situación produjo una “relativa marginalidad” de los acreedores externos con respecto a los grupos locales, se hará aún más evidente en 1988 cuando se produzca la interrupción de los pagos de la deuda externa, al privilegiar los intereses de los capitales vernáculos por sobre los de los acreedores. Esta tensión entre las dos fracciones de los sectores dominantes se manifestará de manera elocuente durante el gobierno de R. Alfonsín, con la explosión hiperinflacionaria del segundo trimestre de 1989. Lo que estaba en juego en esos acontecimientos era la lucha por la apropiación del excedente que estaba produciendo este nuevo modelo basado en la acumulación financiera. Pero también manifestaba la presión por implementar una serie de reformas que apuntaban a modificar y redefinir el carácter del Estado. Si bien para los sectores dominantes era una necesidad remover ciertos escollos estructurales que impedían el despliegue de la valorización financiera, también pujaban por modificar la naturaleza del sistema político que ponía trabas a la convalidación de las reformas estructurales y de esta manera, a la profundización del modelo iniciado en los setenta (Basualdo, 2002). Así los episodios hiperinflacionarios acaecidos a fines del gobierno de Alfonsín y en los primeros meses del gobierno de Menem, tuvieron un efecto de disciplinamiento no solo entre las fracciones de los sectores dominantes sino también en el conjunto de la sociedad, pues permitieron convalidar una serie de medidas de raíz económica pero también social. La hiperinflación constituye un equivalente funcional al trauma de la dictadura militar como medio para inducir en el marco democrático y no coercitivamente a un

30 En los ´90 los organismos internacionales sostienen que el modelo fue exitoso en la media que permitió reanudar el flujo de capitales hacia la Argentina y que a su vez. contribuyó a una nueva etapa de crecimiento. Sin embargo una mera cuantificación de los ingresos de un conjunto de “masa líquida” no permite analizar con precisión el impacto en el sistema productivo, la acumulación y los condicionantes que producen sobre la estructura económica y social local. Por otra parte, el ingreso de capitales favoreció a la acumulación de determinados actores económicos antes que favorecer al desarrollo nacional (Basualdo, 2000; Kulfas, 1999).

pueblo a aceptar profundos cambios orientados por las políticas neoliberales (Anderson, 1994). De esta manera, el proceso hiperinflacionario desplegado al concluir el gobierno de Alfonsín y en los inicios del de Menem, no solo supuso colocar en la superficie el componente conflictivo del fenómeno en términos de lucha distributiva, sino que al mismo tiempo creó las condiciones para salir del problema. Es decir, se resolvió por la derrota de los sectores más débiles de la clase trabajadora, lo que facilitó el cambio en la manera y condiciones en que se manejaban las políticas macroeconómicas (Lo Vuolo y Barbeito, 1998). Si bien existía una puja distributiva abierta, estaba claro que la necesidad desde los intereses de los sectores dominantes era expandir y profundizar el modelo de acumulación financiera. En este marco, las privatizaciones asumen un lugar clave, pues por un lado permitirán restablecer el pago de los servicios de la deuda externa mediante la instrumentación del mecanismo de capitalización de los títulos de la deuda en la transferencia de los activos estatales; y por otra parte abrían la posibilidad para que los grupos económicos locales y los conglomerados extranjeros radicados en el país pudiesen intervenir en nuevos mercados y actividades económicas con un muy bajo riesgo empresario, pues se trataba de sectores monopólicos u oligopólicos y con ganancias extraordinarias garantizadas por los marcos regulatorios elaborados. Este proceso de privatización de las empresas públicas hay que interpretarlo en el marco del Plan Baker, pues la venta de las empresas propiedad del estado, permitían el pago de los servicios de la deuda externa mediante el mecanismo de capitalización de los títulos de la deuda al transferir los activos estatales. De esta manera se produjo un importante canje de títulos por activos. Desde el punto de vista de la reproducción de los sectores dominantes, la significación de las privatizaciones reside en que, a través de ellas, se logró hacer converger los intereses de los acreedores externos y del capital concentrado radicado en el país, pero a costa de un modelo que privilegió la valorización financiera de reducidos sectores y la marginalización de los sectores populares en la distribución de los excedentes. En este sentido, el proceso de privatización implicó un nuevo mercado para el sector privado y un renovado avance tendiente a erosionar los ámbitos de influencia del Estado, de ahí que las privatizaciones no constituyen una técnica sino que son parte

de una estrategia política (Thwaites Rey, 1993) destinada a consolidar los grupos económicos. La crisis expresada por la puja entre las dos fracciones de los sectores dominantes que se desencadena en 198931 y concluye con las reformas estructurales que convergen en el plan de convertibilidad y en la firma del Plan Brady, permitirá en el marco de una renovada liquidez internacional emprender una nueva etapa de endeudamiento externo. La reformas estructurales implicaban una serie de transformaciones orientadas a modificar el sector público y especialmente a reorientar las transferencias de los recursos estatales. Estos cambios se objetivaron por un lado en la Ley de Reforma del Estado32 que básicamente alteraba las funciones del sector público y en la Ley de Emergencia Económica que transformaba la estructura de gastos del Estado. La primera abrió la posibilidad de gobernar por decreto, autorizaba las privatizaciones (mediante decreto del Poder Ejecutivo Nacional); la capitalización de los créditos por parte de los acreedores del Estado; la posibilidad del ministro responsable de declarar la rescisión de los contratos vigentes y el despido de trabajadores como condición para la privatización de las empresas; mientras la de Emergencia Económica, estaba orientada a eliminar la variada gama de subsidios, reintegros impositivos y distintas transferencias implementadas por el sector público. Ni la dictadura militar ni el gobierno radical alfonsinista había logrado implementar el conjunto de políticas destinadas a reformar estructuralmente el Estado y el entramado productivo y sus instituciones. Como se ha señalado, si bien el proceso dictatorial había avanzado en la reformulación del modo de acumulación, no había

31 Existe una amplia bibliografía que analiza de manera minuciosa los antecedentes que provocaron los picos hiperinflacionarios de finales de la década de los ochenta. Para su análisis puede consultarse Acuña y Golbert (1990); Levit y Ortiz (1999). 32 En un interesante estudio sobre el tratamiento parlamentario de la Ley de Reforma del Estado, Duarte (1999:50 ) indica que "el debate de la reforma marcó puntos neurálgicos del modo de acumulación de la economía argentina para señalarlos como los males a extirpar (la propiedad estatal de las empresas de servicios públicos, la promoción de la industria, los subsidios a la producción, etc.), aislando otras cuestiones que habían estado en discusión durante el gobierno anterior (quiénes adquirirían las empresas, en qué proporción se privatizarían o darían en concesión, cuáles serían los mecanismos de control, etc.) y evitando otras que nunca estarían en cuestión. Por ejemplo, que el problema estructural de la economía argentina de los años ochenta residía en los pagos de la deuda, unidos a la transferencia de recursos a los sectores dominantes internos. Este punto, si bien fue esbozado por algunos legisladores, no logró constituir un eje de discusión".

logrado el consenso necesario para perpetuarse. Entrado el proceso democrático de 1983, el gobierno fluctuó entre medias cercanas al populismo y políticas pregonadas por el neoliberalismo. Muchos de los sectores que se habían opuesto a las medidas del radicalismo, devenidos gobierno cumplieron ampliamente con los objetivos del programa de la dictadura y consolidó a una fracción de los sectores más concentrados de la economía en fracción hegemónica (Duarte, 1999). Sin embargo esto fue posible

gracias a la cooperación política entre los dos principales partidos, que concertaron un acuerdo que permitió la transferencia anticipada del gobierno alfonsinista a Menem, así como a las pautas de cohabitación de los dos partidos en el período de transición (Torre

y Gerchunoff, 1999). El acuerdo se basaba en el compromiso por parte de la oposición

de facilitar la sanción de las leyes de emergencia que el nuevo gobierno enviara al Congreso. El proceso de concentración de poder económico tuvo, como se dijo, su correlato en la cesión de las facultades legislativas en manos del poder ejecutivo (por la aplicación de decretos). Pero también hay que agregar los cambios producidos en la Corte Suprema de Justicia (el gobierno menemista utilizó la facultad concedida por el Congreso para aumentar el número de la Corte y nombrar jueces de su confianza). La importancia de esta última reestructuración reside en que de esa manera se evitaba que el alto tribunal se convirtiera en un obstáculo a la implementación de las medidas impulsadas por el gobierno. Así en un breve lapso, el gobierno, concentró el poder de decisión suficiente para avanzar en las privatizaciones. Una de las características salientes del proceso de privatización menemista en relación con otras experiencias internacionales, es la rapidez con que se llevaron a cabo

y a su vez, lo abarcativo en términos del número de empresas públicas traspasadas

(Basualdo, 2002; Nochteff, 1999; Neffa, 1998; Azpiazu, 1995). En efecto, la mayoría de las privatizaciones se efectuaron entre 1990 y 1994 y abarcó empresas de servicio públicos (teléfonos, aerolíneas, medios de comunicación, energía eléctrica, gas y agua)

como también de producción (carbón y petroquímica). Además se incluyeron empresas

y servicios que serían concesionadas, como la reparación y mantenimiento de caminos,

infraestructura ferroviaria, exploración y explotación de petróleo. En términos generales, el programa privatizador tuvo múltiples deficiencias que incluye la subvaluación de los activos, baja difusión de la oferta e ineficientes Entes

Reguladores creados posteriormente. Sin embargo, en términos políticos los objetivos estratégicos perseguidos fueron alcanzados con el apoyo de la "comunidad de negocios" y fundamentalmente resolviendo la tensión existente entre los grupos que conformaban el sector dominante, por la transferencia de nuevos mercados de negocios, prácticamente libres de controles. Por otra parte, y en referencia a los consorcios adjudicatarios, prácticamente en todos los casos se produjo una triple alianza (Basualdo, 2002) que abarcó grupos económicos locales, bancos extranjeros y empresas transnacionales. Cada uno de ellos aportó una serie de recursos que incluyen desde capacidad operativa y conocimiento del mercado interno; pasando por el aporte de los títulos necesarios para realizar las operaciones; hasta la capacidad y experiencia tecnológica y de gestión.

II.2.- ANTECEDENTES DE LA PRIVATIZACIÓN DE ENTEL

Si bien la estrategia de privatizar la empresa de telecomunicaciones (Entel) se cristaliza definitivamente en los noventa, pueden destacarse tres etapas previas a la desvinculación definitiva del Estado (Margheritis, 1999). En 1977 el Ministro de Economía, José A. Martínez de Hoz impulsó la privatización total de la empresa, pero el proyecto fue vetado por la Junta Militar. El poder de los grupos económicos, la presión de los directores de las empresas, los sindicatos y los usuarios, dejaban poco espacio para la privatización que supondría un horizonte temporal más amplio que el que tuvo la dictadura (Duarte, 2002). Sin embargo en ese mismo año se dio un primer paso con la privatización “periférica”, traspasando servicios no considerados esenciales o ciertas actividades como la reparación de redes externas, la provisión e instalación de ciertos equipos, mantenimiento de vehículos y el procesamiento de información. En la segunda etapa -en el año 1982- el proyecto incluía la privatización del servicio internacional e interurbano, dividía la empresa en cinco regiones y pretendía constituir un consorcio formado por capitales extranjeros y nacionales. Varias de las empresas interesadas estarán en los noventa vinculadas con muchas de las privatizaciones: Siemens; Itt. Bridas; NEC asociado con Perez Companc y la empresa Ericsson; estas empresas ya eran parte de lo que se denominó la “patria contratista”. Los cambios legales para que las empresas privadas prestaran servicios nunca se concretaron, por lo cual el proyecto no llegó a materializarse.

El tercer momento se lo asocia a la gestión gubernamental de R. Alfonsín. El administrador general de la empresa –Ing. Manuel García- firmó un protocolo con la

Compañía española, que estipulaba la creación de un plan estratégico de comunicaciones y el asesoramiento gerencial para la conducción de la empresa estatal.

A su vez, se eleva un Proyecto de Ley presentado por los entonces ministros R.

Terragno y J. Sourrouille que facultaba al Poder Ejecutivo Nacional a conformar junto

con Telefónica de España S.A., una sociedad anónima de derecho común denominada Telecomunicaciones Argentinas (Telecom S.A.), constituida por un 60% del capital en manos del estado argentino y el restante 40% por la empresa europea (de tal manera quedaba constituida una compañía mixta). En la presentación del citado proyecto de ley

el Poder Ejecutivo Nacional cree que el Estado debe preservar, en todo

momento, el control de la nueva empresa. Un servicio esencial, como el de las telecomunicaciones, no debería ser objeto de un monopolio que sirviera a los intereses particulares. Pero el Estado nacional no tiene por qué ser el titular del ciento por ciento del capital, ni tiene por qué encargarse directamente de la gestión empresaria. La idea es que retenga permanentemente la mayoría accionaria, y el control correspondiente,

permita el ingreso de capital y la formación de la estructura gerencial necesaria para que nuestro sistema de telecomunicaciones funcione eficientemente". El proyecto propiciado por el gobierno radical, finalmente no fue aprobado por

el Poder Legislativo, con lo cual este nuevo intento quedó postergado. Sin embargo,

varias condiciones detalladas en la citada ley fueron retomadas cuando se concretó definitivamente la privatización. Como apunta Margheritis (1999), se mantenía el carácter monopólico del mercado; se incrementaba el precio del servicio antes de la transferencia; se fijaba una tasa de ajuste de dicho precio con un subsidio implícito, en caso de ser necesario; se liberalizaba la importación de equipos y la deuda quedaba a cargo del Estado. Con respecto a la situación de los trabajadores, la carta de intención firmada entre las partes (Estado –Empresa Telefónica) en el tercer punto del Proyecto destaca que la nueva empresa contratará al personal que en el momento de su constitución se desempeñe en relación de dependencia en Entel, respetando su antigüedad, retribución, encuadramiento laboral y beneficios de los convenios colectivos de trabajo y del Fondo compensador para Jubilados y Pensionados Telefónicos. A su vez estaba previsto transferir al personal el 9% del capital social de

se resalta: "

Telecomunicaciones Argentinas S.A. Contradiciendo la carta de intención, entre los objetivos del Proyecto del gobierno, se plantean medidas tendientes a disminuir progresivamente la dotación de personal. En este marco de transformación de la empresa, el gobierno lanza el Plan Megatel con el que se pretendía resolver la demanda de líneas telefónicas. Para llevar a delante dicho proyecto de infraestructura, la administración radical, concedió la responsabilidad a un conjunto de empresas contratistas –entre ellas se destacan Natelco, Equitel, Sade, Gardebled, Teyma, Delta y Standard- que tuvieron una participación incrementada en un 95% del plantel exterior y con costos de 5 a 8 veces más elevados que el precio testigo de ENTEL (Donadio, 1994). Dicha situación terminó ahogando financieramente a la empresa y con un número significativo de clientes sin líneas telefónicas instaladas pero abonadas. El fallido programa de extensión de la red de telecomunicaciones sumado a la anuencia de los grandes medios de comunicación 33 irá constituyendo un cambio de la opinión pública a favor del traspaso a la órbita privada de la empresa ENTEL. El definitivo proceso de privatización de la empresa, siguiendo algunas experiencias internacionales en la materia, se formalizó mediante de la Ley N° 23.696 de Reforma del Estado y sus decretos reglamentarios; se instaló un drástico proceso de desvinculación y desincorporación de empresas de la órbita estatal.

II.3.-

LAS

MARCAS

INDELEBLES

DE

LA

PRIVATIZACIÓN:

RENTABILIDAD

EXTRAORDINARIA

Y

CONDICIONES

CUASI

MONOPÓLICAS.

Si bien la rapidez con la cual se realizó la transferencia a la órbita privada de las empresas públicas resultó uno de los rasgos destacables, en el caso de Entel adquiere mayor relevancia por ser una de las primeras. Tal celeridad respondió, sin duda, a los plazos impuestos por el propio gobierno en su afán de “ganar credibilidad frente a la

33 Un dirigente sindical recuerda la importancia que los comunicadores sociales en los medios masivos y la eficacia que ello tenían en tanto formadores de opinión: “Nosotros hacíamos una campaña fenomenal de resistencia y esclarecimiento y podíamos hacer en el mes cinco movilizaciones, cincuenta mesas de trabajo, diez debates y Menem con tres minutos en el programa televisivo Tiempo Nuevo de Bernardo Neustadt nos mataba” [Ref. D3, Delegado de Tráfico].

comunidad de negocios”. La importancia otorgada por el gobierno al cumplimiento de los cronogramas de transferencia de la empresa, aumentó la capacidad de negociación de los consorcios interesados en adquirirla, al tiempo que impidió el diseño de un marco normativo adecuado –y de una agencia estatal - capaz de regular en el futuro una actividad que, al margen de la privatización, permanecería en una lógica monopólica (Abeles, Forcinito y Schorr, 1998). Los argumentos esgrimidos por el gobierno eran:

mejorar la eficiencia de la infraestructura económica; obtener recursos para incrementar los ingresos fiscales mediante la venta de activos y reducir el gasto público destinado a compensar los déficit; limitar la intervención del estado en el funcionamiento del mercado; aumentar la inversión privada; eliminar la corrupción administrativa; articular el proceso de privatización con la reducción de la deuda externa. Estos objetivos deben comprenderse en el contexto de cambio de modelo económico 34 . Una vez analizados los pliegos de las propuestas, tres fueron los consorcios con posibilidad de ser seleccionados: el primero estaba representado fundamentalmente por Telefónica de España, Pérez Companc, Techint y el Citibibank; el segundo por la empresa Bell Atlantic, Manifacturers Hanover, Citiel, Blaston Trading, Siar, Cofipa, Cadipsa y Welbers Insúa; el tercer consorcio era representado por Stet Societá Financiaría, France Cable et Radio, Pérez Companc y el banco Morgan. Si bien las dos primeros consorcios presentaron las mejoras ofertas, el liderado por la empresa Bell Atlantic no logró reunir el total de títulos de la deuda –condición para la adjudicación- por lo que finalmente se designó el consorcio a la tercer propuesta. De modo tal, la región sur quedó adjudicada a Telefónica y la norte para Telecom. Inicialmente el porcentaje accionario quedó distribuido de la siguiente manera:

34 Como sugieren Abeles, Forcinito y Schorr (2001: 28) "El interés que despierta el análisis de la privatización de ENTel no solo se vincula con el hecho de que haya 'preparado el terreno para posteriores privatizaciones'. En él pueden advertirse, a su vez, algunos de los principales rasgos que caracterizaron la dinámica de desenvolvimiento social y económico en la Argentina de los años noventa: desde la novedosa -en contraste con lo acontecido en la década precedente- asociación y convergencia de intereses ente el capital concentrado interno, la banca acreedora externa y determinadas empresas transnacionales, hasta la forma concreta en que el Estado se subordinó a los intereses de estos actores, entre otras cosas facilitándoles el accesos a la propiedad de las empresas privatizadas y estableciendo, por acción u omisión, tanto desde el diseño como desde la aplicación de los marcos regulatorios correspondientes, las condiciones para que obtuvieran ganancias extraordinarias".

TABLA Nº 2 COMPOSICIÓN ACCIONARIA DE LAS EMPRESAS PRIVATIZADAS

 

Telecom

Telefónica

Compañía con experiencia internacional en el merado de las telecomunicaciones

France Telecom

18%

Telefónica de

34%

 

España

 

Italia Telecom

18%

Banco con títulos de deuda

Morgan

6%

Citibank

20%

Empresa de origen Argentino

Pérez Companc

18%

Techint

6%

TOTAL

 

60%

60%

Fuente: Gerchunoff y Coloma, 1992

Así el primer paso de la privatización consistió en la venta del 60% del paquete

accionario de ENTEL a los dos consorcios que habían ganado la licitación. El restante

40 % se dividió en un 5% para las cooperativas preexistentes, el 10% para los

trabajadores de la empresa a través del mecanismo de Propiedad Participada y el 25%

restante quedaba en manos del gobierno que lo vendería más tarde en el mercado

bursátil (Herrera, 1992).

Si bien el eje del sector de telecomunicaciones siguió siendo el servicio de

telefonía básica (SBT) la estructura sectorial se modificó producto de la privatización

del servicio de SBT; el cambio tecnológico radical en los SBT y el consecuente

desarrollo de subcontratistas en las obras de modernización y proveedores de insumos y

equipos; y finalmente por la aparición de empresa que comercializan nuevos productos

(Senén González, 2000). En este marco el mercado de las telecomunicaciones quedó

integrado del siguiente modo (Walter y Senén González, 1998):

1) El primer nivel abarca a tres grupos:

(a) El de servicio básico de telefonía (SBT): compuesto por las empresas

licenciatarias del mismo, de capital mayoritariamente transnacional. Por SBT se

entiende los enlaces fijos de telecomunicaciones que forman parte de la red

pública y la provisión, por dicho medio, del servicio de telefonía urbana,

interurbana e internacional.

(b) El de subcontratistas de actividades primarias para el servicio básico de

telefonía (SAP): aquí se ubican las empresas cuya actividad contribuye a la

expansión, renovación o mantenimiento del SBT. Se trata por lo general de tareas básicas relacionadas con actividades de plantel externo –infraestructura civil-. Es un grupo formado por grandes empresas, con largo tiempo de radicación en el país y una composición mixta desde el punto de vista del capital.

El de nuevos productos y servicios (NPS): aglutina a un conjunto de

empresas nuevas, de capital mixto, cuya actividad se relaciona con el desarrollo de

(c)

2)

nuevos productos o servicios, tan variado como telefonía celular móvil, transmisión de datos, radiomensajería, información y servicios telefónicos. Si bien se vinculan a la red pública de telecomunicaciones, hacen uso de la misma sólo como soporte de los productos ofrecidos. En el segundo nivel se ubica: el grupo de proveedores, productoras e instaladores

3)

de equipo (PPE), constituido por grandes empresas proveedoras y productos de equipos. En la mayoría son de capital transnacional, subsidiarias de firmas extranjeras. Su actividad principal se orienta a la comercialización, instalación y mantenimiento de los grandes equipos producidos fuera del país. En el último nivel se encuentran dos tipo de empresas:

(a)

el de subcontratistas de servicios varios (SSV): formado por empresas

pequeñas y medianas, en su mayoría de capital nacional. Este conjunto reúne

a

empresas dedicadas tanto a la instalación de equipos de

telecomunicaciones, o a las radiocomunicaciones (radioenlaces, radiotransmisión). Desde el punto de vista tecnológico, el grupo des muy heterogéneo.

(b)

El de empresas “fantasmas”: estaría conformado por aquellas dedicadas a

tareas poco especializadas (generalmente relacionadas con la construcción) llevadas a cabo por trabajadores poco calificados. El mercado en este sector se amplió hacia la creación de nuevos productos y servicios reconfigurando el sector de telecomunicaciones. En gran medida el desarrollo de la electrónica, la informática y las telecomunicaciones permitieron ampliar las capacidades, particularmente en el área de la trasmisión, y quebrar el rígido corsé generado por el monopolio natural que caracterizaba esta actividad (Herrera, 1998). En efecto, el cambio en el perfil productivo del sector amplió los límites en que se desenvolvía la actividad incorporando medios alternativos de transmisión de

información de imágenes, datos y voz. La consecuencia, en términos de prestación de telefonía básica, es que potencialmente las firmas prestadoras de televisión por cable, como las operadoras de telefonía móvil y satelital, estarían en condiciones tecnológicas de proveer un servicio alternativo para las comunicaciones de esta naturaleza. A pesar de las enormes oportunidades técnicas, el desinterés estatal en generar marcos regulatorios que permitan la incursión de nuevas empresas permitió la consolidación del poder de mercado de un número muy acotado de empresas que pasaron a tener un papel determinante en el desarrollo del mercado de las telecomunicaciones (Schorr, 2001). La consecuencia fue que en el caso de la televisión por cable solo dos conglomerados se repartan la casi totalidad del segmento; en la transmisión de datos vía Internet el 75% de la actividad está controlada por tres holdings; la televisión satelital es controlada mayoritariamente por el grupo Agea/Clarín y de los cinco canales de televisión abierta, tres están en manos de dos conglomerados, además de participar en canales con alcance provincial. De ahí que la integración no solo fue vertical sino también horizontal. La tabla siguiente expresa claramente el lugar de los principales conglomerados en el espectro del mercado de telecomunicaciones.

TABLA Nº 3 POSICIONAMIENTO ACTUAL DE LOS CONGLOMERADOS LIDERADOS POR TELECOM. ITALIA-FRANCE, CEI CITICORP HOLDINGS-TELEFÓNICA INTERNACIONAL, AGEA/CLARÍN Y BELL SOUTH-MOVICOM EN EL MERCADO LOCAL DE TELECOMUNICACIONES (FINES DE 1999)

Servicio prestado

Telecom.

CEI Citicorp

Agea/

Bell

Italia-

Holdings-

Clarín

South-

France

Telefónica

Movicom

Telecom

Internacional

Telefonía básica Llamadas internacionales Transmisión de datos Telefonía celular Comunicaciones satelitales Televisión por cable Servicio de comunicaciones personales Televisión abierta Producción de contenidos Radiodifusión

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Fuente: Área de Economía y Tecnología de la FLACSO

Esta tendencia detallada para el mercado en general adquiere ciertas particularidades en el caso de la privatización que como marcas indelebles condicionará el desenvolvimiento de las empresas aumentando el grado de discrecionalidad. De este modo, desde el inicio del ciclo de privatización se tomaron una serie de decisiones que condicionarán hacia el futuro el desenvolvimiento de la actividad de telecomunicaciones y facilitarán el pasaje de la empresa a manos de conglomerados económicos y holdings. En primer lugar, mediante el decreto 731 de fines de 1989 se establecía que el Estado absorbía los pasivos de Entel, registrándose un notable aumento del endeudamiento durante el período de transición dirigido por la Ing. Julia Alsogaray. Durante ese período se registra un aumento del 122% de la deuda interna y externa de Entel: u$s1.500 millones correspondía a la deuda externa, mientras u$s 500 millones a deuda interna. De esta última es significativo destacar que los principales acreedores eran aquellos que luego participarían de la adquisición de la empresa. Nos referimos, entre otros a Siemens, el Grupo Pérez Companc y el grupo Techint. Otro dato significativo se refiere al monto pagado por las concesionarias por la compra de la empresa. "La subvaluación de los activos transferidos se vería reflejada cuando, en diciembre de 1991 y marzo de 1992, se colocó a la venta en el mercado de valores el 30% restante de las acciones de la ex Entel: por dicho remanente se recaudó una suma de u$s 2.057 millones, más del doble de lo recaudado con la venta inicial del 60% de ambas empresas, pero totalmente en efectivo (u$s 830 millones por las acciones de Telefónica, y u$s 1.227 millones por las de Telecom" (Abeles, 2001: 77). Tomando en cuenta este dato, si se hubiese cotizado del mismo modo el 60% adjudicado en primera instancia y canjeado por deuda, en lugar de recaudar solo u$s 5.000 millones se hubiese alcanzado el monto de u$s 25.000 millones. Si la subvaluación es un indicador claro de cómo se realizó la transferencia de Entel a manos privadas, otro dato clave para comprender el desenvolvimiento futuro del sector está relacionado con la estructura del mercado de telecomunicaciones. Esta dimensión de análisis se encuentra relacionada con las posibilidades objetivas de instaurar un sistema de competencia en el futuro, cuando el período de exclusividad terminase. La forma en que fue diseñado el mercado de telecomunicaciones, señala Abeles (2001), constituía un obstáculo para la futura competencia, dadas las propias condiciones establecidas en el punto de partida del proceso. De hecho, sea por acción u

omisión, dicho problema fue considerado, si bien dando lugar a una estructura de la

oferta de servicios de telefonía fuertemente concentrada e integrada (vertical y

horizontalmente), en perjuicio de la efectividad –al margen de la declaración de

intenciones- de alcanzar una dinámica competitiva en el mercado de telecomunicaciones

una vez finalizado el período de exclusividad. Naturalmente, ello tendería a beneficiar,

en el largo plazo, a los consorcios adjudicatarios. Esta afirmación responde a un

movimiento estratégico conocido como de primer jugador (Celani, 2000). Es decir, si

bien es cierto que las empresas sobrecumplieron las metas fijadas inicialmente -lo cual

puede comprenderse, en cierta forma, por la subestimación potencial del mercado-

también se explica por la estrategia de las empresas de desalentar el ingreso de posibles

competidores y en caso de producirse, encontrarse una mejor posición relativa.

El modo en que se definió la estructura del mercado, a su vez, estuvo

relacionado con el diseño de la política regulatoria. El estado en su función de contralor

debía garantizar la mejora en la calidad de prestación del servicio, el desarrollo de la red

a través de su expansión y la reducción de las tarifas. Si bien los dos primeros objetivos

se cumplieron con creces (recordemos que no insumieron elevadas inversiones en

comparación con al rentabilidad que las empresas obtuvieron), en lo que respecta a la

disminución de las tarifas no se percibieron logros significativos. En gran medida, el

período de intervención se había encargado de producir aumentos significativos en el

pulso telefónico aumentando entre 1985 hasta el momento previo al traspaso de la

empresa en un 175% -de u$s 1,38 centavos a u$s 3.81 centavos.

TABLA Nº 4 VALOR DEL PULSO TELEFÓNICO, 1985-1990 (EN CENTAVOS DE U$S)

Año

Mes

Valor del pulso

1985

Enero

1.38

1986

Abril

1.51

1987

Enero

1.07

1987

Septiembre

0.75

1988

Enero

0.77

1988

Junio

0.82

1988

Septiembre

0.80

1989

Enero

1.02

1989

Marzo

0.50

1989

Mayo

0.31

1989

Julio

0.87

1989

Diciembre

0.47

1990

Marzo

1.77

1990

Noviembre

3.81

Fuente: ENTEL Citado por Abeles, Forcinito y Schorr

(2001:106)

De tal manera, el impacto del fuerte aumento del pulso quedaba a cargo de la

anterior administración desligando de esa responsabilidad a las nuevas empresas

adjudicatarias.

La delimitación de la estructura de precios (tarifas) no estaba fijada en función

de la inflación de nuestro país, sino atada a los aumentos inflacionarios de Estados

Unidos. Así durante el período analizado, dichas tarifas tendían a aumentar mientras el

resto de los indicadores económicos, especialmente el salario, se estancaban (lo cual

repercutía en una disminución relativa). Además de este modo de operar sobre la tarifa

debemos destacar que en los meses previos a la transferencia de Entel a manos privadas,

se produjo un incremento medido en dólares de siete veces De ahí que los precios de

partida superaran los especificados en los pliegos de la licitación. Esta disposición fue

una de las variantes que adquirió el "trabajo sucio" (Basualdo, 2002) realizado por el

Estado previa transferencia, sumada concomitantemente al deterioro del servicio. Esto

último se evidencia por de la variación de líneas habilitadas que se registró entre 1989 y

1990: se produjo una disminución del 70%. Mediante el decreto 2.585 de fines de

noviembre de 1991 se estableció la "conveniencia" de "expresar el valor del pulso

telefónico en dólares estadounidenses" y que el mismo se actualizara según la variación

del índice de precios al consumidor de los EEUU. Contrariamente a lo expresado en la

Ley de Emergencia Económica, dichos aumentos desconocieron la ilegalidad de toda

indexación, estipulada por la ley.

A fin de aclarar el impacto que ha tenido esta política, en el cuadro siguiente, se

presenta la comparación del costo de una canasta típica de consumo telefónico y su

relación con el salario.

TABLA N° 5

COMPARACIÓN INTERNACIONAL DEL COSTO DE UNA CANASTA TÍPICA DE CONSUMO TELEFÓNICO EN FUNCIÓN DEL SALARIO PROMEDIO INDUSTRIAL, 1996 (EN DÓLARES, PORCENTAJE E ÍNDICE)

País

Costo de una canasta típica de consumo (en u$s) (1)

Salario medio

(1) / (2)

(1) / (2) (Prom. =

industrial (en

u$s) (2)

100)

España

31,01

1.553

2,0%

108,0

Estados Unidos

13,93

2.300

0,6%

33,0

Francia

43,25

1.739

2,5%

135,0

Reino Unido

53,42

2.068

2,6%

140,0

Promedio

35,40

1.915

1,8%

100

Argentina (2)

39,31

649

6,1%

328,0

(1) Incluye 20 llamadas locales de 1 hora de duración, el costo del abono mensual y el costo de conexión de una línea telefónica (excluye llamadas de larga distancia). (2) El costo de dicha canasta ascendió, luego del rebalanceo tarifario, a u$s 42,4

(10,4%).

Fuente: Área de Economía y Tecnología de FLACSO, en base a datos de la OIT, OCDE, FIEL e información oficial. Citado en Abeles, Forcinito y Schorr (2001:106)

Como indica el cuadro precedente, el índice obtenido entre el costo de una

canasta básica de consumo y el salario percibido por un trabajador industrial, expresa

que dicha relación se encuentra para el caso argentino muy arriba en comparación con

otros países. A su vez, desde principios de 1997 se llevó a cabo el denominado

rebalanceo tarifario que implicó: a) la ampliación de la banda horaria correspondiente a

la tarifa normal de las 20:00. a las 22:00hs.; b) se introduce una nueva franja horaria en

las llamadas urbanas entre 10:00 a 13:00.; c) disminución en las tarifas interurbanas e

internacionales 35 ; d) aumento en el costo del abono; e) eliminación de los pulsos libres.

Si bien los dos primeros ítems fueron revisados, según estimaciones de FLACSO el

rebalanceo provocó un aumento del 16% en el costo promedio del servicio telefónico

para los usuarios residenciales del AMBA.

Como se sabe, las tarifas además de diferenciarse entre urbanas, interurbanas e

internacionales también se diferencian entre el servicio residencial y comercial. En el

período que va desde la implementación del plan de convertibilidad (1991) a 1998, se

observa que las tarifas comerciales bajaron un 28,3%, mientras las residenciales

subieron un 42.9%. Abeles (2001: 114) indica que "el abaratamiento relativo de las

35 Las llamadas internacionales poseen una baja incidencia en las llamadas de los hogares y un peso significativo en aquellas entidades (por ejemplo empresas) que poseen vínculos con el exterior).

tarifas comerciales refleja, en cierta medida, lo acontecido en la Argentina de los años noventa desde una perspectiva estructural: la transferencia de recursos desde los sectores asalariados y de bajos ingresos a los sectores empresarios". De lo anterior se desprende que, si tomamos en cuenta la caída que han sufrido los salarios y por otra parte el aumento del servicio telefónico, resulta que el rubro gasto en telecomunicaciones de los hogares, ha tendido a aumentar notablemente desplazando otro tipo de estipendios. En relación con este punto resulta necesario remarcar que el Estado, al desprenderse de Entel, no solo se desprendió de activos, sino que con la empresa transfirió un poder decisivo en la regulación de precios, tornándose en los hechos prácticamente impotente en esta materia. La liberalización del mercado no cambió radicalmente el escenario en la medida en que “finalizados los siete años iniciales de reserva de mercado, el gobierno no había tomado aún decisión alguna respecto de la prórroga o la extensión del período de exclusividad, ni acerca de las condiciones bajo las cuales se otorgarían nuevas licencias para la prestación del servicio básico telefónico. Recién en marzo de 1998, es decir, cuatro meses después de concluido el período de exclusividad, se sancionó el denominado ‘Plan de Liberalización de las Telecomunicaciones” por el cual se prorrogó por dos años más, hasta noviembre de 1999, el período de prestación monopólica del servicio básico telefónico” (Forcinito, 2001:239) y además se estipular duras condiciones para el ingreso de nuevos operadores. Una vez analizado el costo del pulso en relación con los ingresos percibidos por los trabajadores, resulta interesante resaltar de manera comparativa, los márgenes de rentabilidad que las empresas adjudicatarias obtuvieron durante los noventa. El primer elemento a destacar es que efectivamente el margen de utilidad sobre ventas aumentó decididamente durante toda la década.

TABLA Nº 6

MARGEN DE UTILIDAD SOBRE VENTAS DE TELEFÓNICA Y TELECOM, PORCENTAJES)

1991-1999 (EN

 

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

Telefónica

10,5

13,8

16,8

18,7

16,8

14

15,8

14,9

13,4

Telecom

6,1

12,5

13,4

15

15,9

13,5

15,1

16,7

16

Ambas

8,6

13,3

15,3

17

16,4

13,8

15,5

15,6

14,4

Empresas

Fuente: Área de Economía y Tecnología de la FLACSO, Citado en Abeles, Forcinito, Schorr

(2001:121).

El segundo elemento indica que en comparación con al rentabilidad de las

principales empresas internacionales, la de Telecom y Telefónica de Argentina han

tenido rentas extraordinarias producto de una normativa que creaba condiciones

excepcionales de explotación.

TABLA Nº 7 COMPARACIÓN INTERNACIONAL DE LOS MÁRGENES DE RENTABILIDAD SOBRE VENTAS, 1991-1996 (EN PORCENTAJES)

Empresa Nippon Telegraph & Telephone AT&T Deustche Telecom France Telecom British Telecommunicatiosns Telecom Italia

País

Promedio 1991-1996

Japón

2,43

EEUU

4,70

Alemania

3,64

Francia

3,89

Gran Bretaña

13,02

Italia

3,82

GTE

Corporation

EE.UU.

10,03

Bell Souyh

EE.UU.

10,86

MCI

Communication Corp.

EE.UU.

5,55

Telefónica de España Promedio Telecom Argentina Telefónica de Argentina Promedio Argentina

España

8,06

5,44

Argentina

13,43

Argentina

15,50

Argentina

14,61

Fuente: Área de economía y Tecnología de la FLACSO, Citado en Abeles, Forcinito y Schorr (2001:106).

En la comparación precedente puede observarse claramente que la rentabilidad

de las empresas concesionarias en Argentina se encuentra muy por encima de las

obtenidas por las empresas líderes en el nivel internacional. Es difícil explicar dichos

resultados si no se lo hace interpretando que obtuvieron ganancias extraordinarias como

resultado de la manera en que se diseñó el mercado de telecomunicaciones y

fundamentalmente, por la forma en que se diseño la etapa denominada de exclusividad.

Pero a su vez, es significativo reparar, para explicar estos resultados extraordinarios de

las empresas de telecomunicaciones, en el comportamiento de la productividad. En el

cuadro siguiente se observa la variación de la productividad en función de la cantidad de

líneas por empleado.

Gráfico Nº 6

LÍNEAS INSTALADAS POR HOMBRE OCUPADO (CANTIDAD DE LÍNEAS POR EMPLEADO)

500 450 400 350 300 250 200 150 100 50 0 Telefónica Telecom 1990 1991
500
450
400
350
300
250
200
150
100
50
0
Telefónica
Telecom
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000

Fuente: SET sobre balances de Telecom y Telefónica

Al iniciar la serie el promedio de líneas instaladas –efectivamente- era de 84,8 por trabajador ocupado; al finalizar la década se ha quintuplicado, alcanzando en promedio las dos empresas a 429,3 líneas 36 . Los incrementos en la productividad suponen una disminución de los costos operativos que no se expresaron en una disminución de las tarifas, con lo cual hubiese beneficiado al conjunto de la sociedad, sino solo a las empresas, que vieron de esa manera incrementada sus tasas de retorno del capital. De este modo la experiencia de la privatización de Entel -como también del resto de los servicios públicos- indica que si se tienen en cuenta los aumentos tarifarios, la productividad y las rentas extraordinarias, emerge un escenario donde las empresas obtuvieron enormes beneficios. En este sentido, el desempeño económico sumamente exitoso de las empresas se refleja en la expansión a una tasa de ganancia tres veces más elevada que el conjunto de la economía argentina (Basualdo, 2001). Dicho crecimiento se ha mantenido tanto en fases expansivas como recesivas estando disociado en relación al ciclo económico interno.

36 Se trata de una medida internacional para analizar la productividad en el sector telefónico y refiere al total de líneas instaladas en relación al total de ocupados de las empresas.

La asociación existente entre retirada del estado y la liberalización del mercado implicaría un mejora en la capacidad competitiva contiene una triple falacia. En primer lugar, no hubo tal retirada del estado en la medida que éste contribuyó sancionando leyes y reglamentaciones que favorecieron a los sectores oligopólicos generando una articulación sistemática entre las normas y los intereses de los grupos empresarios predominantes; segundo, en los casos en que si hubo una retirada fue en perjuicio de los usuarios en la medida en que las responsabilidades estatales en tanto contralor de las labores de las empresas fueron desatendidas por los Entes correspondientes, además de la renuncia estatal en cuanto a la evaluación de los impactos que producen los movimientos empresarios sobre el mercado de telecomunicaciones; la tercer falacia es que la estructura emergente luego de la privatización de ENTEL, y del conjunto de operaciones de compra y venta en el sector de telecomunicaciones antes que producir un aumento de la competencia como se pregonaba, consolidó un mercado concentrado y centralizado en un grupo de holding. Estas falacias encubrieron las condiciones extraordinarias en que se llevó a adelante la explotación de las empresas prestatarias de telefonía, su correlato estará en las condiciones excepcionales en que se produce la explotación de la fuerza de trabajo. Pero antes de abordar este proceso en las empresas bajo estudio y el modo en que impactó en la configuración del trabajo en el período pos-privatización resulta necesario contar con otros elementos para poder comprender cabalmente el sentido por ellas adoptadas; para ello en el capítulo siguiente abordamos los cambios suscitados en materia de relaciones laborales caracterizadas fundamentalmente por un proceso que concatena flexibilidad, individualización y privatización del trabajo.

CAPÍTULO III LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN

Existen tres elementos que caracterizan a las relaciones laborales: un Estado que interviene mediante definiciones de normas básicas y en algunos casos participando activamente en el sistema tripartito de negociación; una legislación laboral cuya función es corregir las asimetrías de poder entre empleadores y trabajadores; y un modelo tripartito de actores que define en forma contractual derechos y deberes de empresarios, sindicatos y trabajadores. La consolidación de estos elementos fue ampliamente descrito por Castel (1995) en su ya célebre obra La metamorfosis de la cuestión social en la que analiza el modo en que la sociedad salarial permitió salir a grandes masas de trabajadores de una zona de incertidumbre. Sin embargo, la dinámica actual, no está caracterizada por la proletarización sino por la precariedad. La vulnerabilidad que se creía conjurada aparece bajo el manto del desarrollo “tecnológico”, de la “modernización” y de la “globalización”, términos que han plagado la escena académica como si se tratara de entidades independientes de los intereses de los propios sujetos que participan de las relaciones sociales. El escenario que emerge configura un mundo laboral complejo, donde las diferentes aristas que se proyectan, a pesar de su heterogeneidad, responden a una orientación similar. El contrato laboral estable, con salario fijo y a tiempo completo, con garantías de seguridad social, salud y protección sindical, dejó lugar a la subcontratación generalizada, la destrucción de la relación contractual de trabajo y la capacidad de negociación de los trabajadores, la degradación sistemática de las condiciones de trabajo, el incremento de la intensificación del trabajo, tanto en los trabajos manuales, como en el creciente mundo del trabajo “inmaterial” (Castillo, 2005). Este proceso que no ha carecido de contradicciones impregnó el modo en que se entablan las relaciones sociales de producción y si bien se manifestó claramente en la década de los ochenta en algunos de los países europeos y en USA (como lo documentó numerosa bibliografía: Hyman, 1991, 1999; Kochan, Kats y Mc Kerise, 1986; Pollert

1991; Van Ruysseveldt y Visser, 1997), en Argentina logra consolidarse una década más tarde. La interpretación desarrollada en un texto clásico como el de Sabel y Piore (1984), sostenía que la especialización flexible permitiría una interacción entre el capital y el trabajo que superaría las contradicciones básicas constitutivas de la sociedad capitalista. Evidentemente estas lecturas optimistas han fracaso básicamente porque han perdido de vista el carácter constitutivamente contradictorio de las relaciones entre capital y trabajo. Detrás de las modificaciones en el proceso de trabajo y en la organización de la fuerza laboral se están desarrollando una serie de fenómenos que adquieren enorme vitalidad e importancia desde la perspectiva sociológica, básicamente porque manifiestan una imbricación entre factores técnicos organizativos y elementos de orden cultural y subjetivo. De ahí que en este capítulo nos proponemos abordar algunas tendencias que se están consolidando en los últimos años porque estimamos que poseen una formidable concordancia con los intereses de los sectores dominantes. Esta interpretación se aleja de aquellas que analizan por ejemplo los cambios tecnológicos 37 y luego desprenden los efectos sobre el modelo de relaciones laborales 38 .

37 Si bien volveremos más adelante sobre este punto basta adelantar que para algunas perspectivas, la tecnología emerge imponiendo una determinada pauta creando nuevas relaciones como si estás moldearan la sociedad autónomamente y además como si se tratara de procesos inevitables a los cuales los sujetos y la sociedad en su conjunto están obligados a adaptarse (Lahera Sanchez, 2000). 38 Para una recopilación de las discusiones sobre las relaciones laborales en la última década a nivel internacional remitimos al interesante estudio Reflexiones e implicancias teóricas sobre los cambios recientes de las relaciones laborales en Argentina de Senén González (2005) en el que organiza los debates en torno a tres ejes o criterios: el primero, refiere al impacto de globalización sobre los sistemas de relaciones laborales y se pregunta si dicho fenómeno produce una tendencia hacia la convergencia y/o a la divergencia de los modelos laborales; el segundo eje de debate parte del dilema acerca del peso que ejercen los marcos institucionales y/o las opciones estrategias adoptadas por los actores en la modificación de los sistemas de relaciones laborales en cada contexto nacional; por último, el tercer debate reflexiona acerca de si son las estrategias de los actores y/o las estructuras las que condicionan o determinan las relaciones a nivel de empresa. También puede consultarse el artículo Sistemas nacionais de relações industrias e os desafios da trnsnacionalização: um balanço bibliográfico de Richard Hyman, donde se estudia la tensión provocada por la internacionalización de la economía y los sistemas nacionales de relaciones industriales puntualizando que esos procesos son naturaleza contradictoria en la medida que depende del tipo de respuesta que los trabajadores adquieran. Por último, una mirada comparativa que señala la tendencia hacia los pactos sociales y la constitución de un posicionamiento neocorporativo en los actores sociales puede encontrase el libro de Udo Rehfeldt, Globalización, neocorporativismo y pactos sociales. Teoría y práctica de las relaciones de trabajo.

Contrariamente estimamos que son las relaciones sociales y las de producción en

particular –tomando en cuenta las correlaciones de fuerza según el momento histórico-

las que habilitan la puesta en marcha de un conjunto de políticas que en muchos casos

logran establecer novedosos marcos de relacionamiento entre el capital y el trabajo.

III.1.- LAS RELACIONES LABORALES COMO FORMA DE SUBORDINACIÓN DEL TRABAJO AL CAPITAL

La historia de la regulación capitalista de la fuerza de trabajo se concibe bajo el

principio de la productividad destinada a la valorización del capital gracias a la

extracción de un plus-trabajo. Pero esto se logra gracias a la subsunción del trabajo al

capital “cuya adecuada consideración exige hacer evidente la existencia de una

organicidad del capital que desborda el restringido espacio productivo para adentrarse

en la globalidad de un complejo ciclo reproductivo desde el cual se debe considerar lo

que subsunción implica” (Castillo Mendoza y García López, 2001).

De este modo, el proceso de trabajo está sobredeterminado por el proceso de

valorización del capital en la media en que constituye un proceso que transforma los

valores generando un trabajo excedente más allá del trabajo necesario. Esta dinámica

lejos de circunscribirse al espacio productivo abarca el resto de las modalidades de

relacionamiento social, precisamente porque el proceso de valorización del capital

adquiere su dimensión no solo en el momento de la producción sino también en el de la

circulación 39 .

De ahí la importancia de la noción de subsunción resulte una clave tal como los

plantea Jean-Marie Vincent (1995: 77):

“La subsunción no es sólo sumisión a las directrices del capital en la industria, es más fundamentalmente sumisión a procesos abstractos de socialización. Se trata, en primer lugar, de sumisión al conjunto de las operaciones sociales que

39 Resaltemos que “en el modo de producción/reproducción capitalista, antes que el operador active sus habilidades y conocimientos, en y sobre un proceso productivo concreto, ha de ser producido bajo una forma social determinada, ha de ser producido en tanto “capacidad o fuerza de trabajo”. Bajo “una forma social determinada” pues, ya que esta producción social específica del operador supone que el conjunto de los presupuestos vitales de una actividad, así como los recursos y potencialidades intelectuales que son su contenidos sean reguladas y colocadas a disposición de mecanismos sociales generales (Vincet, 1995; Castillo Mendoza y García López,

2001).

producen el trabajo abstracto (constitución de la fuerza de trabajo, mercado de trabajo, forma valor de los productos de trabajo, etc.). Se trata igualmente de sumisión a la tecnología en tanto que ella induce los modos de relación en los medios técnicos, comportamientos y modelos de acción, lugares en el proceso de trabajo y relaciones con los otros. Se trata, finalmente, de sumisión a las formas del intercambio mercantil que formalizan y dan contenido a una gran parte de los intercambios humanos”. 40

La subsunción adopta dos modalidades. El fundamento de la subsunción formal

está vinculado con el control exclusivo de las condiciones de trabajo que posee el

capitalista; en cambio la subsunción real del trabajo al capital implica el desarrollo y

control de nuevos modos de producir plusvalor (relativo) revolucionando las

condiciones técnicas y sociales del proceso de trabajo, y por tanto el modo de

producción mismo, la productividad del trabajo y la relación entre capitalistas y el

obrero colectivo (Marx, 1973 [1867]).

Como sugerimos anteriormente este proceso general adopta diferentes formas

según se trata el momento histórico y en gran medida el desarrollo y la capacidad de

plasmar los intereses de los trabajadores en instituciones. Retomando el aspecto que

refiere al vínculo entre el trabajo y el capital podemos caracterizarlo a través de dos

nociones según el tipo dependencia económica y jurídica 41 . La primera forma de

dependencia se ve reflejada a través del contrato en la medida en que para el trabajador

su principal medio para hacerse de un ingreso es su fuerza de trabajo; el contrato

manifiesta y estipula el intercambio de dinero por tiempo de trabajo. La dependencia

jurídica por su parte da cuenta del hecho que el trabajador realiza su tarea bajo las

órdenes de otro, de ahí que este tipo de dependencia haga referencia al plano

organizacional. Ambos aspectos nos permitirán comprender algunos de los corrimientos

ocurridos desde la relación salarial “clásica” hacia otras formas en las que la

dependencia contractual y jurídica tiende a adoptar otras formas pero sin que por ello

estemos frente a modalidades fuera de la sujeción del trabajo al capital. En efecto, la

tendencia hacia la sujeción de la fuerza de trabajo al capital aún cuando sigue vigente en

las nuevas modalidades, en varias de ellas no se induce a la manera de sujeción directa,

sino como una sujeción indirecta (Palomino, 2000).

40 Citado por Castillo Mendoza y García López (2001: 12).

41 Retomamos en los siguientes párrafos el artículo desarrollo por Palomino (2000) acerca del trabajo asalariado y la sujeción indirecta del trabajo al capital, presentado en el Congreso de ALAST.

En este sentido, podemos decodificar las transformaciones señaladas a través de diversas modalidades de trabajo en el mercado según las relaciones contractuales y la organización del trabajo. Si tomamos el eje de la organización (que remite al plano económico), existen situaciones que van desde la subordinación a la autonomía. Por otra parte el eje contractual refiere a situaciones de dependencia o independencia. Al cruzar ambos ejes obtenemos una serie de campos que reflejan de manera paradigmática las variantes que asume la sujeción del trabajo al capital. Como se dijo, la relación salarial clásica ha dejado de monopolizar las formas de inserción laboral, por lo cual es necesario comprender las características que asume la subordinación de los trabajadores. De la conjunción entre la dimensión contractual (las dos variantes son dependencia e independencia) y la organizativa (las variantes son subordinación y autonomía) surgen cuatro configuraciones que poseen rasgos particulares (Ver Esquema Nº 1). El campo que combina la dependencia contractual y la subordinación organizativa caracteriza la modalidad típica del trabajo asalariado (Campo número I). El que está constituido por la autonomía organizativa y la dependencia contractual contiene tanto a las viejas modalidades de subsunción formal del trabajo al capital, como también modalidades de gestión del trabajo que se entablan actualmente producto de los modelos gerenciales que priorizan la participación de los trabajadores (Campo número II). El cuadrante que vincula la independencia en la relación contractual y la subordinación organizativa determina la figura de la subcontratación (Campo número III). Del entrecruzamiento entre la independencia contractual y la autonomía en la organización define una modalidad que se denomina prestación de servicios –que alude en términos generales al carácter comercial que adquiere las relaciones de trabajo- (Campo número IV). Estas modalidades surgidas del entrecruzamiento de la dimensión contractual y organizativa constituyen un esbozo sobre la complejidad de las relaciones laborales y exceden ampliamente las modalidades clásicas sobre las que una importante tradición de la disciplina de las relaciones laborales tendió a circunscribir los estudios en este campo (Palomino, 2000). En gran medida estas aproximaciones han estado premiadas de un excesivo formalismo, definiendo como ámbito de estudio solo aquellas relaciones que están reguladas por la normativa legal.

CONTRATO**

ESQUEMA Nº 1. CLASIFICACIÓN DE LAS MODALIDADES DE TRABAJO EN EL MERCADO SEGÚN LAS RELACIONES CONTRACTUALES Y LA ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO

ORGANIZACIÓN*

 

Subordinación

Autonomía

 

I.-

 

II.-

Variedades:

Dependencia

Trabajo

a)

Subsunción

Asalariado

formal del

trabajo al

Estable/protegid

capital

o

b)

Nuevas

Inestable/precar

modalidades de

io

gestión

 

III

 

IV

Independenci

Subcontratación

Prestación de

a

 

servicios

Nota: * Expresión de la dependencia jurídica; ** Plano de la dependencia económica. Se ha modificado muy levemente el esquema original pero sin perder con ello su esencia. Fuente: Palomino (2000: 15).

El campo I caracteriza el tipo de relación establecida bajo la figura del trabajo

asalariado prototípica y puede manifestarse como una relación estable y protegida o de

manera inestable y precarizada sin por ello alejarse de la dependencia contractual y la

subordinación con respecto a la organización del trabajo. En el cuadrante II la

dependencia en relación a un vínculo contractual laboral persiste pero los trabajadores

cuentan con un grado mayor de autonomía en cuanto al locus de trabajo –las formas de

teletrabajo domiciliario 42 puede ser un ejemplo de este tipo de modalidad-; otras formas

son las que surgen de “redes de derivación” propias de las actividades de reparación de

42 Para una profundización del fenómeno del teletrabajo recomendamos las investigaciones que viene desarrollando desde hace tiempo Paula Lenguita, en especial Las relaciones laborales “invisibles” del teletrabajo a domicilio y Principales debates de los teletrabajadores en un espacio de formación profesional. Si bien en muchos casos los trabajadores bajo esta modalidad cuentan con márgenes de autonomía para organizar su espacio de trabajo, en los último tiempos se están desarrollando formas novedosas de control que restringen en otro plano los márgenes de autonomía (Ver Lenguita, 2005).

servicio público. También en este tipo de vínculo pueden encontrarse algunas formas de gestión en las grandes empresas 43 . En el cuadrante III, caracterizado por la independencia contractual y la subordinación organizativa, se encuentran ubicadas las modalidades de subcontratación. Uno de los aspectos que caracterizan este tipo de vínculo es que el trabajador está entrecruzado por una doble sujeción: con respecto a la empresa que dispone y controla las actividades hacia el interior del espacio de trabajo y en segundo lugar con respecto a la empresa que lo contrata en forma directa. Como se hizo referencia en el Capítulo I el auge de las empresas intermediarias de trabajo acompañó el desarrollo de este tipo de modalidades de vinculación. En el cuadrante IV se ubican aquellas formas denominadas de prestación de servicios. Lo característico es que la adquisición ya no es un determinado tiempo de trabajo que logra plasmarse en fuerza productiva en el proceso de trabajo sino que la adquisición es de un determinado bien, por lo cual –aquí reside el hecho que nos interesa resaltar- deja de estar regulado por las normas laborales y pasan a estar regidas por el derecho comercial. En este nuevo contexto la iniciativa en materia de relaciones laborales se encuentra en manos del capital. Los imperativos de reducir costos y de adaptar el trabajo a los requerimientos de “competitividad" y “eficiencia” aumentan la tendencia a la subcontratación, a la tercerización y a la reducción del tamaño del plantel de trabajadores efectivos, aumentando la cantidad de contratos por tiempo determinado y a tiempo parcial y por locación de servicios. Estas características que asume la relación salarial y laboral, de alguna manera afectan la constitución y el funcionamiento de las comisiones internas dentro de los lugares de trabajo y el peso de su poder al momento de firmar los convenios colectivos de trabajo que van perdiendo sus funciones de reguladores internos. Estas transformaciones en las formas de sujeción del trabajo al capital operaron en el modo de gerenciar y regimentar las relaciones de trabajo que exceden lo estrictamente normativo –entendido como el marco legal- en la medida que logran constituirse en prácticas sociológicamente relevantes. En gran media, los cuatro

43 Aunque el propósito de este esquema es delinear algunas tendencias que están operando en el vínculo entre capital y trabajo, en relación a esta última caracterización, valga adelantar -aunque en capítulos precedentes profundizaremos extensamente- que esta autonomía es eficaz con los dictámenes de acumulación de las empresas y de ningún modo implican una disminución en la disciplina y el control ejercido.

alineamientos que se han destacado están relacionados con tres tendencias susceptibles de diferenciarse y que aparecen mediando la relación entre capital y trabajo: la individualización, la deslaboralización y la flexibilización.

III.2.- INDIVIDUALIZACIÓN DEL VÍNCULO

Las relaciones laborales entendidas en un sentido amplio, como el modo de gestionar el trabajo y el empleo dentro de un espacio laboral, están dinamizadas por varios elementos profundamente conectados entre los que podemos resaltar: la división social del trabajo; las maneras de asignar las tareas y funciones al personal en general que refiere a la división técnica del trabajo y lo cual incluye las formas de gestionar el mercado interno de trabajo y los tipos de relación contractual; la fijación de los salarios y su composición; los modos de evaluar el rendimiento del trabajo y del trabajador; la promoción y categorización de los trabajadores; el vínculo entre la empresa y los trabajadores. Estas dimensiones de las relaciones laborales, tienen una base colectiva, especialmente por encontrarse reguladas por CCT negociados por los sindicatos o sus representantes en los lugares de trabajo que conforman las comisiones internas, como una especie de escudo frente a la arbitrariedad del empleador (Drolas, Montes Cató y Picchetti, 2005). Pero la presencia sindical se encuentra en retirada. Las comisiones internas están constituidas por delegados elegidos y elegibles entre los militantes sindicales y en la medida en que el plantel fijo de trabajadores disminuye también se reduce el número de delegados por lugar de trabajo lo que implica una clara pérdida de poder reivindicativo, de acción, negociación y conflicto, quedando así el campo más despejado para la ofensiva individualizadora y la puesta en marcha de nuevos “compromisos” en los que el sindicato tiende a no ser tenido demasiado en cuenta como actor fundamental (Fernández, 2002; Cornfield, 1999; Dombois y Pries, 1998) y en los que las relaciones laborales implementadas tienden a construir colectivos “a la medida de la empresa” (Linhart, 1996). Estos nuevos imperativos profundizan la individualización 44 y logra ubicarse en primer lugar en el deshilachamiento de las grandes categorías colectivas que estructuran

44 Coincidimos con Martínez Lucio y Simpson (1993) cuando indican que la individualización no debe encubrir el carácter profundamente social de la producción. Precisamente la tendencia

el mundo de trabajo: fragmentación y diversificación de las normas de empleo, de los tiempos de trabajo y de los horarios, en las remuneraciones y evolución de la negociación colectiva. De este modo la individualización no se manifiesta de un solo modo sino que adquiere diversas vías según se trate el criterio clasificatorio. En efecto, la remuneración se funda en la evaluación de logros y de los objetivos alcanzados en el período establecido y en ella se fijan las metas a alcanzar en el período siguiente que el trabajador se compromete a cumplir. La formación y las carreras se diseñan a partir de balances individuales de competencias y de la evaluación de los potenciales personales. En los puestos de trabajo la responsabilización de cada uno se halla comprometida con la calidad y con la cumplimentación de plazos (Castillo, 1998; Linhart, 2002; Beau y Pialoux, 2004). En algunos casos esta tendencia se refuerza a través de la comunicación y transmisión de información destinada a cada trabajador en particular. En muchas actividades la idea de individualización como una innovación necesaria e inevitable toma su legitimación de la figura en lo sucesivo omnipresente y omnipotente del cliente. El cliente es explícitamente presentado como un individuo, una persona a la que hay que respetar sus especificidades, sus particulares exigencias. Esto implica un cambio, una personalización de la producción de bienes y servicios que le concierne, por medio de una personalización de las situaciones de trabajo (Linhart,

2002).

La profundización de esta tendencia hacia la individualización del vínculo entre le capital y el trabajo se concatena con un proceso más amplio que Danièle Linhart a denominado de enfeudalización de la subjetividad de los asalariados. Esta noción encuentra su base en la ética de la empresa o de la economía y se trata de la producción de una moral fundada exclusivamente en la realización individual, en su compromiso personal, y que no se satisface con el interés colectivo ni con valores generales. Esta moral individualista forjada por la empresa modernizada reposa en la descalificación de la moral social y en su capacidad de generar sentido y valores colectivos (Linhart, 2002:56). Esto se manifiesta, en las grandes empresas en la producción de cartas éticas donde plasman sus reglas de vida, que giran siempre en torno a la expansión del

individuo por la responsabilidad, la expresión auténtica de sí, la necesidad de singularizarse, de afirmar su autonomía, la transparencia y la verdad de las relaciones. Sin lugar a dudas estas apelaciones se entroncan estrechamente con los criterios gerenciales de la movilización de los asalariados y con la búsqueda de erosionar agrupamientos colectivos que puedan minar el poder de los empleadores. Muchas de las actuales formas asumidas por las relaciones laborales aparecen sombreadas por una estrategia que pretende individualizar los vínculos y llevarlos al plano personal de modo tal que logre desde ahí deslegitimar y quitar poder de acción e intervención a las instancias colectivas de resistencia (Drolas, Montes Cató y Picchetti, 2005). En efecto, la individualización tiene como uno de sus máximos objetivos elaborar un tipo de tratamiento con respecto a los trabajadores en el que se privilegia la particularización del vínculo buscando erosionar la capacidad que tienen los trabajadores a través de su acción colectiva de poner en peligro la producción y la búsqueda de mayores márgenes de rentabilidad en las empresas. Se trata de hacer frente a los valores contestatarios, a las culturas de oposición, a los comportamientos rebeldes; de combatir la ideología de la lucha de clases. La cultura sindical, los valores obreros, las identidades de oposición y se intentará hacer emerger, en la empresa relaciones sociales que rompan esas lógicas (Beaud y Pialoux, 1999). Así, durante años asistimos a la desorganización estructural del mercado de trabajo lo cual tiene un fuerte efecto sobre las relaciones laborales al interior de las empresas. La multiplicación de las formas de contratación redobla el carácter individualizador de las relaciones de trabajo. El trabajador contratado a través de la puesta en práctica de figuras legales que así lo permiten, entra en el espacio de trabajo en una posición claramente diferenciada respecto al resto de los trabajadores y motivado de alguna manera por valores individuales45.

45 “Este proceso de individualización no comienza ni termina en los lugares de trabajo. “Especialmente entre los jóvenes, esto tiene evidencia sociológica (aunque no absoluta) también fuera de los lugares de trabajo en donde la pérdida del sentido de la vida colectiva (muchas veces propiciado por las políticas sociales implementadas por el Estado), es un proceso que comienza en la familia, se traslada a la escuela y persiste en el empleo. Si ni la familia, ni la escuela, ni el empleo poseen hoy en día un rol activo en la sociabilidad inclusiva, ¿cómo pretender la ponderación de valores colectivos? Con esto queremos mostrar (sin poner pie en las teorías de corte conspirativo) el carácter intensivo del aprovechamiento de las condiciones sociales generales y políticas por parte de las empresas” (Drolas, Montes Cató y Picchetti,

2005:101).

Se produce de este modo una pérdida del carácter colectivo de las relaciones laborales, operando un proceso de descolectivización tanto en el plano contractual, en el de las prácticas y adicionalmente en el plano intersubjetivo. Por ello, el capital intenta permanentemente individualizar a los trabajadores para que no se produzca el pasaje entre fuerza de trabajo a la clase obrera, porque ello se produce a través de complejos procesos de identificación y construcción constante de imágenes identitarias. Como sostiene Andrés Bilbao, la “aplicación del modelo liberal requiere de la reducción del coste salarial como condición para el relanzamiento del beneficio empresarial. Esta condición entrañaba una condición política, que es la desestructuración de la clase obrera, la reducción de la fuerza de trabajo a una suma de individuos” (Bilbao, 1993:12). Desde allí se produce un cambio en los procesos de socialización destruyendo las proyecciones que aglutinaba a la tradicional clase obrera, proceso que en absoluto corresponde solo al espacio de trabajo porque como lo han delineado Beud y Pialoux (1999) la constitución de la condición obrera se logra dentro y fuera de la industria, se trata en fin de una combinación de factores materiales y representacionales que se reproducen a través de innumerables medios extralaborales.

III.3.- LA DESLABORALIZACIÓN

El contrato laboral surgió como un reconocimiento de la desigualdad intrínseca a los individuos en la medida en que los trabajadores están obligados a vender su fuerza de trabajo para poder subsistir, esta noción que refleja la asimetría que constituye a las relaciones de producción está tendiendo a ser resquebrajada de la mano de un proceso de deslaboralización. Señalamos que las formas de sujeción directa del trabajo al capital comienzan a superponerse con otras donde la sujeción no aparece de manera evidente sino que es indirecta, producto de la expansión de modalidades bajo otras lógicas de relacionamiento como la constituyen los vínculos comerciales. Este corrimiento del derecho laboral al derecho comercial no solo responde al supuesto de minimización de los costos sino que apunta también a desmantelar el sustrato colectivo de las relaciones del trabajo.

En esta derivación, sostiene Montero (2000:10) "se abandona la dimensión colectiva del derecho del trabajo y su carácter tutelar del trabajador individual, ya que en esos ámbitos será concebido en un status de igualdad con el que recibe el trabajo". El desplazamiento de la constelación jurídica del trabajo hacia la comercial o civil implica desconocer la base sobre la que reposa el derecho del trabajo, es decir la asimetría entre las partes. Por lo tanto esas otras constelaciones legales colocan en un plano de igualdad formal a sujetos que en la dimensión práctica no lo están. El envés de la erosión del sustrato colectivo es, como sugerimos más arriba, la individualización de los vínculos de trabajo. La figura prototípica que se ha extendido y que refleja el proceso de deslaboralización es la de “locación de servicio”. En ella, resaltamos unos párrafos más arriba, el trabajador en muchos casos permanece desarrollando las mismas tareas que en el pasado pero ahora lo que se compra ya no es su fuerza de trabajo sino una cantidad determinada de productos –o servicios- elaborados por él. El patrón no es por ejemplo el tiempo en que el trabajador está a disposición del empleador sino la cantidad de productos generados. Esta tendencia se ha visto reforzada con discursos que apelan al desarrollo de las habilidades empresariales de los trabajadores y la necesidad de canalizarlas a través de emprendimientos productivos, de ahí la idea de microemprendedores. Como analizamos en el apartado destinado al estudio de las reformas laborales en el Capitulo I, la tendencia hacia a la deslaboralización no solo se lleva a cabo a través de la ejecución de contratos de una índole diferente a la laboral, sino también que muchos de los litigios producto de accidentes de trabajo también se corren, gracias a la nueva normativa, del plano laboral para ser resuelto por la vía administrativa. En este caso también se refleja la tendencia a imprimir a las relaciones entre capital y trabajo un sello que deja al trabajador en un grado mayor de vulnerabilidad frente a sus empleadores. La disminución en la población cubierta por la legislación laboral es la consecuencia de estos procesos que a su vez se vieron potenciados por las tendencias flexibilizadoras. En efecto, como sugiere Urréa Giraldo (1999: 187) “en el lenguaje de las modalidades de contratación laboral el punto máximo de flexibilidad se da vía el contrato por producto o tarea ejecutada. Entre las modalidades clásicas de flexibilidad

se distingue de una manera especial -asociada más a la fuerza de trabajo no calificada y a lo largo de todas las etapas del capitalismo desde sus orígenes históricos en las diferentes sociedades- el trabajo a destajo o remunerado por pieza o ejecución de una tarea”. La expansión de esta figura es la que se encuentra en gran parte de los discursos flexibilizadores vinculados a esta materia

III.4.- LA FLEXIBILIDAD LABORAL

Un número amplio de autores coinciden que el término de flexibilidad es polisémico (Pollert, 1991; Freyssinet, 1991, 2001; Stankiewicz, 1991; Kalleberg, 1991, Fernández, 1996) y existen innumerables definiciones provenientes de escuelas diversas, cristalizadas en debates encontrados 46 . A priori estos debates encuentran diferencias en torno a su significado; las diversas formas que reviste en la práctica; su inserción en una corta y larga duración; las variantes que pueda adoptar en los contextos nacionales; y finalmente, la discusión sobre su eficacia como instrumento de política económica y de empleo. Algunas de las variantes recogidas por Sayer y Walker (1993) remiten a la flexibilidad en el volumen de entrada y salida de productos; en los propios productos; en la flexibilidad del empleo; en las prácticas de trabajo; otros remiten a la flexibilidad en relación a las herramientas; o a las formas de organización y a la reestructuración. La idea en este apartado no es revisar todas las concepciones -lo cual ya ha sido hecho por otros autores- ni abordar todos los ejes de tensión anteriores, sino concentrar el análisis a fin de desplegar un mapa que permita visualizar algunas de las concepciones puestas en juego, para luego proponer y detallar el sentido adoptado en este estudio. Siguiendo a de la Garza Toledo (1997) pueden caracterizarse tres fuentes de explicación de la flexibilidad laboral, a saber: la teoría neoclásica; las corrientes postfordistas; y las asociadas con las teorías gerenciales de la organización de la empresa.

46 Tomando en cuenta sus implicancias políticas, quién se apropia del concepto también posee la capacidad de asignarle aquellos atributos o contenidos más afines con la posición que representa. Por tal motivo, toda construcción conceptual se vincula fuertemente con el contexto en el cual se genera y principalmente en el cual se aplica.

Con respecto a la teoría neoclásica, la base de esta concepción está asociada al concepto de productividad marginal, ya que partiendo del presupuesto que el mercado de trabajo se encuentra distorsionado por instituciones, regulaciones y conflictos colectivos, el objetivo estaría dado en reducir a su más mínima expresión estas influencias a fin de alcanzar el equilibrio. La flexibilización del mercado de trabajo viene dada por la capacidad de variar la oferta y demanda de trabajadores, eliminando aquellas externalidades que actúan especialmente sobre la demanda (la oferta se la considera como dada). Esto se lleva a cabo “facilitando el empleo y el desempleo, el uso de la fuerza de trabajo dentro del proceso de trabajo, individualizando formas de pago de acuerdo con productividad marginal. Es decir, la flexibilidad del mercado de trabajo es la adecuación de la realidad, en la que hay instituciones, sujetos colectivos, normas y conflictos; los supuestos del modelo de competencia perfecta” (de la Garza, 1997: 136) Dentro de las perspectivas cercanas a la concepción postfordista puede destacarse aquella que deriva de la Teoría de la Regulación 47 . Desde esta perspectiva, la flexibilidad está relacionada fundamentalmente con el proceso de trabajo. Pero a su vez, revaloriza el rol de los actores y de la negociación; por lo tanto postula una flexibilización negociada donde participan empresas, trabajadores y sindicatos. Uno de los autores más relevantes de esta teoría -R. Boyer- postula la diferenciación entre flexibilidad interna (ofensiva) y flexibilidad externa (defensiva). La flexibilidad interna se refiere a elementos de la relación salarial vinculados a las modalidades y condiciones de puesta en práctica de la capacidad de trabajo. Multiprofesionalidad, polifuncionalidad, trabajo en equipos, implicación y mayor independencia en el trabajo, descentralización de las decisiones, carrera profesional, introducción de tecnología flexible, suelen ser los componentes de este tipo de flexibilidad. En cuanto a la flexibilización externa, esta hace referencia a la flexibilidad de los ajustes de mercado,

47 Esta escuela analiza el funcionamiento del régimen de acumulación a través de cinco formas institucionales, mediante las que se codifican una o varias relaciones fundamentales: la moneda, el estado, las formas de la competencia, las modalidades del régimen internacional y la relación salarial, siendo esta última un modo de caracterizar las relaciones mutuas entre diferentes tipos de organización del trabajo, el modo de vida y las modalidades de reproducción de los asalariados (Boyer, 1989). Por otra parte, el autor que estamos siguiendo también destaca la corriente denominada especialización flexible (Piore y Sabel, 1990) y el neoschumpeterianismo (Freeman, 1982).

sostenido por la facilidad de entrada y salida de los trabajadores de las empresas que no redundan en mayores costos para el empresario (indemnizaciones, aportes sociales, etc). A su vez, realiza un ejercicio de mayor descripción a fin de dilucidar los distintos aspectos que encierra el término y distingue cinco posibilidades de flexibilización:

a.- la capacidad de adaptar los equipamientos productivos a una demanda variable en volumen y en calidad, lo que constituye el "sistema de producción flexible”. La flexibilidad se produce por adaptación interna por medio de la incorporación de bienes de equipos reprogramables, de usos múltiples: máquinas herramientas de control numérico, robots, automatismos. En este aspecto se incluyen aquellas estrategias de externalización de la producción b.- la predisposición de los trabajadores a cambiar de puesto de trabajo en el seno de su empresa, aún en situaciones de rápidas modificaciones de la organización del trabajo, lo que genera el "tipo" de agente de producción polivalente y móvil. Esta estrategia busca obtener de la fuerza de trabajo una mayor capacidad de respuesta a situaciones imprevistas y a exigencias de calidad; c.- la que implica el debilitamiento de las obligaciones legales de los empresarios respecto del contrato de trabajo, fundamentalmente en relación con la reglamentación que rige para los despidos 48 ; d.- la sensibilidad de los salarios (nominales y reales) para adaptarse a la situación económica general, condicionada por el mercado de trabajo; esta forma de flexibilización conduce a la aparición de salarios diferenciados y determinados por el rendimiento individual o por los resultados y los beneficios de cada empresa (productividad) y/o en función del desempleo. Su

48 En este mismo sentido sostienen Catalano; Hernández y Rojas (1992: 26) “De modo general podría decirse que esta estrategia apunta en el extremo a una revisión diaria del contrato de trabajo para ajustar de modo permanente tanto el volumen como el tiempo y las condiciones de trabajo. En el interior de la misma se inscriben la eliminación de trabas legales a los despidos, formas de contratación por un cupo de horas anuales de trabajo que se acomodan a las necesidades y curvas de producción

generalización tiende a introducir una fuerte diferenciación salarial por empresa y por productividad individual; e.- la posibilidad de las empresas de desentenderse de una parte relevante de sus obligaciones sociales (aportes jubilatorios, obras sociales, seguros sociales) y/o de eliminar o debilitar las normas jurídicas que regulan el contrato y su rescisión. La flexibilización socio-jurídica consiste en derogar o modificar parte de la legislación laboral y de la acción social del "estado benefactor", esta estrategia disminuye al mínimo la intervención del estado en la seguridad social.

El tercer enfoque surge de las críticas al proceso productivo promovido por el

taylorismo. Este enfoque retoma las nuevas doctrinas gerenciales que se han sintetizado en conceptos tales como calidad total y justo a tiempo. "En estas doctrinas está presente

la crítica a la rigidez taylorista, sobre todo a la idea de separar tajantemente concepción

Hay un énfasis en los aspectos culturales de identidad de los

trabajadores con la empresa, la productividad y la calidad; en la recuperación del saber obrero, el involucramiento y la participación; en la reintegración de tareas y la

capacitación amplia" (de la Garza, 1997: 139). Retomando algunas de estas consideraciones, otros autores como J. Atkinson (1987) sostienen que existe una diferencia entre 1) la flexibilidad numérica, que permite

a las empresas adaptar el número de trabajadores, o el número de horas de trabajo, a los

cambios de la demanda; 2) la flexibilidad funcional, como la capacidad de las empresas para reorganizar los puestos de trabajo de forma tal que los empleados puedan ejercer sus calificaciones realizando un mayor número de tareas; 3) la exteriorización, el cual

hace referencia a las subcontrataciones y 4) las distintas formas de movilidad del colectivo de trabajo (geográfico, profesional y del empleo). Por otra parte, Monza (1992) reconoce tres formas de flexibilidad que remiten a aspectos de índole contractual, tecnológica y salarial. La primera se encuentra orientada

a la conformación de la relación salarial, vinculado con la estabilidad laboral y con

algunos beneficios sociales; la segunda estaría asociada a las formas y modalidades organizacionales, a los cambios e innovaciones tecnológicos; el tercer aspecto asocia la remuneración salarial con la productividad de cada trabajador.

de ejecución (

)

Otras conceptualizaciones hablan del modelo de flexibilidad “por lo alto”, donde se contempla la posibilidad de lograr mayor eficiencia y calidad en la producción a partir de una situación de altos salarios, estabilidad del colectivo de trabajo y un sistema no autoritario de relaciones profesionales, básicamente apuntan al involucramiento de los trabajadores para con la empresa por medio de células de trabajo, o trabajo en equipo. Esto se encuentra relacionado con sistemas productivos cercanos al modelo kalmariano, donde se exige una implicación de los trabajadores para obtener mejoras en la productividad y en la calidad de los productos. Algunos autores vinculan la implementación de la flexibilidad laboral con las “instituciones del trabajo”, de tal forma Spyropoulos (1991) sostiene que la búsqueda de la adecuación del tiempo de trabajo y del número de trabajadores a la demanda es el núcleo central sobre el cual se sostiene dicha conceptualización. En este sentido, la implementación de la flexibilidad impactaría sobre las partes que conforman la relación laboral (empresas, sindicato y Estado) y su organización; las normas de regulación del mercado de trabajo; y la normativa relativa a la protección social y a la redistribución de los ingresos. El argumento propuesto se acerca a los sostenidos por aquellas posturas que asocian la flexibilidad laboral como una herramienta que apunta a destruir las bases sobre las que se sustenta el derecho del trabajo, porque se pretende abolir toda normativa tutelar. A partir de este sucinto recorrido por las diversas perspectivas que retoman la noción de flexibilidad laboral, proponemos a continuación una tipología de las formas de la flexibilidad que retoma en gran medida la planteada por Boyer (1988) a fin de que sirvan como herramienta para orientar la indagación y su contrastación en el plano empírico. Los siguientes aspectos constituyen las dimensiones estudiadas:

La primera dimensión remite a la flexibilidad numérica. Esta apunta a aquellos aspectos que permiten debilitar los contratos de duración indeterminada, es decir a la precarización del vínculo trabajador-empleador, adaptando el volumen de trabajo a las necesidades de las empresas ante modificaciones estructurales o transitorias de la demanda y/o evoluciones tecnológicas. Los instrumentos son variados: trabajo eventual, contratos por tiempo determinado, trabajo por temporada. Algunos autores la vinculan con la simplicidad que cuenta el empresario para que los trabajadores entren y salgan de la relación laboral. Lo que implica el debilitamiento de las obligaciones legales de los

empresarios respecto del contrato de trabajo, fundamentalmente en relación con la reglamentación que rige para los despidos. La segunda dimensión es la flexibilidad salarial cuyo eje fundamental se asocia con el rendimiento; conformando de tal modo un salario compuesto por una parte fija y otra variable. Reviste dos formas o se ve influenciada por dos aspectos diferentes:

a.- la adaptación de los salarios a las variaciones cíclicas (inflación y productividad); b.- la adaptación de los salarios con respecto a los resultados obtenidos por la empresa.

La lógica de esta flexibilidad no es otra que una forma de salario-participación, que puede estar asociada a la dependencia de la remuneración con respecto al esfuerzo individual o haciendo que los trabajadores participen de algún modo de los beneficios de la empresas. La tercera forma destacada de flexibilidad es la técnica-organizativa. Esta es la capacidad que tiene la unidad productiva para combinar nuevas técnicas de organización y de equipamientos polivalentes en un conjunto cuya finalidad consiste en responder a una demanda incierta o aleatoria, tanto en volumen como en composición (Meulders y Wilkin, 1988). Por un lado, se contempla la adaptación interna por la incorporación de bienes de equipos reprogramables de usos múltiples: máquinas herramientas de control numérico, robots, automatismos, informatización. Por otro (en numerosos casos con una fuerte vinculación al primer aspecto caracterizado por su componente técnico) se piensa en las diversas formas de movilización de la mano de obra: adaptación de los trabajadores a tareas diversas, polivalencia y multifuncionalidad, rotación de puestos, células de trabajo, reprofesionalización y recalificación. También se contemplan la adopción de la subcontratación, el cambio de los métodos de adquisición de los suministros y de los sistemas de compra, que tengan por objeto adaptar más estrechamente los materiales necesarios para la producción. Por último destacamos la flexibilidad del tiempo de trabajo, caracterizada por la adecuación de los horarios y la gestión que de ella se realice (la configuración adoptada). Las categorías tomadas en cuenta remiten a la fijación de los horarios

normales o máximos de trabajo (semanal, mensual o anualmente); las diversas formas de trabajo discontinuo es decir con interrupciones; la gestión de las horas extraordinarias y de los permisos recuperables; trabajo nocturno; trabajo en fines de semana. Además, incluimos en esta categoría la gestión llevada a cabo con las vacaciones: distribución en cualquier época del año y el fraccionamiento.

Las relaciones de trabajo en los centros productivos constituyen un campo de la vida social en la que se ponen en juego dos órdenes de problemas: por un lado la lucha por los recursos, es decir la disputa en torno al salario -la distribución del plusvalor, en términos clásicos-. Por otra parte, en el campo laboral también se entabla la lucha por el establecimiento de las condiciones de trabajo (tiempo de trabajo, organización de la producción, ritmos, entre otros). Pero esta lucha que llevan adelante los diferentes sujetos que participan de las relaciones laborales también se dirime en el plano político, es decir en la capacidad que poseen los sujetos de imponer a los otros una visión, una lectura en torno a lo considerado adecuado, posible y deseado. Precisamente, en el transcurso de este capítulo hemos defendido la tesis que al abrigo ideológico del cambio técnico y la modernización económica se implementaron en las relaciones sociales de producción un conjunto de transformaciones que adquieren significación sociológica en la medida en que impactan en el vínculo entre capital y trabajo modificando los términos en que se producen las disputas por el plusvalor y las condiciones de su extracción. Fundamentalmente precarizando la fuerza de trabajo y restando margen de acción a los trabajadores frente a la expansión de los intereses del capital. De las tendencias observadas hemos subrayado aquellas destinadas a individualizar el vínculo ente los trabajadores y sus empleadores; la deslaboralización llevando las relaciones hacia campos donde la protección legal supone relaciones entre iguales desconociendo la asimetría constitutiva de las relaciones de trabajo; y la flexibilización laboral como paradigma empresarial que enmascara el objetivo de erosionar gran parte de las metas conquistadas por los trabajadores. Pero a su vez, se ha insistido en que esos cambios penetran en el modelo establecido de relaciones laborales creando novedosas –aunque varias de ellas abrevan en formas históricas- figuras que

proyectan un escenario heterogéneo cuando lo analizamos a través de la vinculación entre dependencia contractual y subordinación organizativa. Estas tendencias adquieren relevancia en tanto condensaron diversos aspectos tendientes a precarizar el trabajo. La flexibilidad, como sostiene Hyman (1991), implica una intensa segmentación dentro de la mano de obra, entre los relativamente protegidos y los vulnerables; y para estos últimos no significa otra cosa que el recorte de los salarios reales, acabar con los procesos de negociación a nivel nacional; abolir la legislación sobre el empleo; facilitar el despido; elevar la inseguridad en el puesto; atacar el sistema de seguridad social y desmantelar la protección en cuanto a seguridad e higiene. Pero a su vez, la flexibilidad laboral, además de contribuir a la precarización de los elementos considerados como parte de las condiciones de trabajo, también facilitó la consolidación de la dominación del capital sobre la fuerza de trabajo. La ofensiva neoliberal "incluye el objetivo capitalista de recuperar el dominio pleno del proceso de trabajo, desafiado por las grandes rebeliones obreras de los años sesenta y setenta. La política de flexibilización laboral es una respuesta a la movilización sindical y a la radicalización política de ese período" (Katz, 2000: 174). La concepción productivista (con una fuerte impronta flexibilizadora) se transformó en la base de las políticas de las empresas que pretendían redefinir el núcleo central de las relaciones de trabajo. Pero junto con ella y a través de ella se instaló la individualización y la deslaboralización En esta concepción, las empresas buscaban subsumir las relaciones bajo nuevos esquemas disciplinarios y de control de la fuerza de trabajo y a su vez, encorsetar las acciones de los sindicatos y quitarles la base de poder y la capacidad de llevar adelante acciones colectivas.

CAPÍTULO IV PERSPECTIVA METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN

Los aspectos metodológicos de una investigación refieren a un conjunto de saberes y procedimientos que no se encuentran aislados del tipo de fenómeno social analizado y de las preocupaciones teóricas entrecruzadas en él. El proceso de recolección de la información, elaboración de datos e interpretación si bien está reglado por ciertas técnicas es esencialmente dinámico y permanentemente se propende a la revisión y ajuste en función de los hallazgos obtenidos en el "campo". En los párrafos que siguen se pretende dar cuenta de los fundamentos metodológicos implicados en la investigación. También detallamos el universo de trabajo en el que se circunscribe el estudio, como así la estrategia metodológica; las fuentes y técnicas de recolección de información y el tratamiento asignado a los datos. Estimamos que el conjunto de estos aspectos permitan esclarecer algunas de los principales problemas y decisiones que se llevaron a cabo durante la investigación.

IV.1.- FUNDAMENTOS METODOLÓGICOS

El desarrollo de un diseño de investigación tiene por objeto organizar las diversas etapas que componen la investigación de manera lógica y coherente, vinculando las preguntas y objetivos con los datos empíricos y el análisis de los mismos partiendo de criterios teóricos y metodológicos que le otorgan unicidad al mismo. Esta investigación fundamenta su diseño en un estudio de caso. El estudio de caso es una estrategia de investigación que resulta pertinente para preguntas destinadas a profundizar "cómo" y "por qué" acontecen determinados fenómenos. Siguiendo a Yin (1994) se trata de una estrategia que permite y facilita captar la globalidad de un fenómeno y sus significados en contextos "naturales", es decir en los espacios mismos donde estos se producen y toman sentido.

Los estudios de caso constituyen una estrategia particular que suele enriquecerse a partir de la integración de diferentes métodos (Coller, 1999). Se trata de diseños de investigación empírica que abordan eventos en su medio o contexto "natural" al mismo tiempo que utilizan una amplia gama de fuentes de datos e instrumentos de recolección. La validez de los diseños de investigación de estos estudios está estrechamente relacionada con la selección de los casos en función de la pregunta y los objetivos del trabajo, así como de las fuentes de información y de las técnicas de recolección de datos.

Existen una variedad de diseños que articulan diferentes métodos y técnicas, tanto de origen cualitativo como cuantitativo. La integración de los distintos métodos se denomina "triangulación" y tienen como objetivo enriquecer la investigación a partir de las ventajas que presentan los diferentes métodos, técnicas y teorías. Entre las formas más utilizadas de triangulación se destaca la de métodos y técnicas cualitativas y cuantitativas, aunque al interior de cada una de estas estrategias se utiliza la triangulación intramétodo. Para el desarrollo de nuestro estudio hemos optado por esta última alternativa, vinculado la información suministrada por los entrevistados con los datos provenientes de documentos secundarios (convenios colectivos de trabajo, balances de gestión de las empresas, boletines, cartillas internas de las empresas y sindicatos, entre otras fuentes). De este modo, tomando en cuenta los objetivos planteados y las características de nuestro objeto de estudio no resulta conveniente reducir la indagación a una sola herramienta metodológica, más bien la utilización articulada de diversas técnicas – cualitativas y cuantitativas– favorecerán la recolección de información y la posterior construcción de los datos necesarios para comprender la dinámica de interacción que se produce en los espacios laborales bajo estudio. Si bien hemos de integrar datos provenientes de estrategias variadas, ciertamente las características de nuestro objeto de estudio prefiguran una estrategia predominante cualitativa. Esta estrategia se caracteriza por responder a una lógica esencialmente inductiva, en contraposición a los procedimientos hipotético-deductivos del análisis de variables. En este sentido, el diseño de investigación propuesto permitirá captar nuevos núcleos problemáticos relevantes en el contexto del estudio de caso propuesto; esta cierta flexibilidad puede permitir la resignificación del problema de investigación, en

sus aspectos conceptuales y a la formulación de hipótesis de trabajo (Gallard, 1992). Esta estrategia es apropiada si el objetivo consiste en captar las definiciones y los significados que los propios sujetos sociales asignan a las situaciones que viven y a sus propias conductas. Siguiendo a Blumer (1982) esta perspectiva permite analizar los fenómenos sociales desde un punto de vista dinámico, que permitirá llegar a comprender los procesos que condujeron a un cierto “estado de cosas”. En los siguientes apartados se detalla el universo de trabajo; la estrategia; las fuentes y técnicas de recolección de información; y el tratamiento analítico asignado a los datos.

IV.2.- UNIVERSO BAJO ESTUDIO

El estudio se encuentra circunscrito espacialmente a las empresas de telecomunicaciones -sucursales y oficinas de Telecom y Telefónica de Argentina ubicadas en la Capital Federal y en el Gran Buenos Aires. La selección de este ámbito responde a que aquí se encuentra concentrado el mayor número de trabajadores y que en este ámbito se concentraron las acciones más significativas de resistencia por parte de los trabajadores a las políticas de precarización y disciplinamiento. En cuanto al corte temporal, la investigación abarca el período que transcurre desde la privatización de la empresa ENTel (1991) hasta fines del año 2001. El universo está representado por los trabajadores de estas empresas específicamente aquellas áreas orientadas a telefonía básica. Abarca a los trabajadores vinculados con la actividad a través de contratos por tiempo indeterminado (relación salarial clásica), contratados por tiempo determinado (aquí se contempla unas serie variable de formas que van desde el contrato por locación hasta una figura muy extendida en esta actividad como son los pasantes). Otro criterio de selección está relacionado con el tipo de tareas realizadas. Como se dijo nuestro campo está delimitado por los trabajadores de tráfico es decir aquellos encargados con la comunicaciones de los usuarios, puntualmente trabajadores de las oficinas de larga distancia nacional e intencional (19 y 000); atención comercial y telegestión (112); información (110).

IV.3.- ESTRATEGIA

En términos de estrategia metodológica, el estudio se desarrolló a través de dos instancias. La primera, que podríamos definir preliminar, se circunscribió a una estrategia de orden cuantitativo. La primer fase de esta parte consistió en seleccionar, utilizar y reelaborar información estadística agregada proveniente del Indec, Ministerio de Economía y Ministerio de Trabajo; en particular la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL). De ahí de obtuvieron esencialmente datos sobre el mercado de trabajo lo que permitió caracterizarlo e identificar sus principales mutaciones. En la segunda fase de desarrollo de la estrategia cuantitativo se recolectó información a través de una encuesta 49 que aportó datos sustantivos para la elaboración de un contexto general de la actividad -la muestra teórica abarcó setenta (69) trabajadores-. La encuesta fue realizada en los meses de Octubre y Noviembre de 2000 en Capital Federal y Gran Buenos Aires. El trabajo centró su interés en los comportamientos y percepciones de los trabajadores con respecto a la problemática de la representación sindical y la flexibilidad laboral. Para ello se trabajaron con ciertas dimensiones y variables significativas (Ver Anexo 4), que fueron traducidas posteriormente a través de un cuestionario con preguntas cerradas y abiertas. Se tomaron como criterios teóricos antigüedad en el puesto; tipo de contratación; empresa (Telecom o Telefónica S.A.); y puesto: administrativos (8 casos); instaladores, mantenimiento y reparación (20 casos); operadores telefónicos (41 casos). Estos datos se asociaron con otros datos secundarios del mismo orden a fin de obtener información que permita caracterizar la actividad (número de empleados, nivel educativo, tipo de contratación). En el relevamiento a través de la encuesta también se indagaron algunas aspectos vinculados con la flexibilidad laboral (atributos y definiciones resaltadas por

49 La encuesta fue diseñada, elaborada y aplicada junto con Ariel Wilkis en el sector de telecomunicaciones y automotriz. A su vez colaboraron en la aplicación de la encuesta estudiantes de sociología. Los primeros resultados fueron presentados en el 5º Congreso de la Asociación de Especialistas en Estudios del Trabajo (Ver Montes Cató y Wilkis , 2001).

los encuestados) a través de preguntas abiertas. La encuesta estuvo orientada a los trabajadores de las oficinas del servicio 19; 000; 112; y 110. En una segunda instancia (con un mayor grado de centralidad en vistas del tipo de problemas estudiados) se estableció una estrategia cualitativa de abordaje (Vasilachis de Gialdino, 1992) que permitió analizar los modos cómo los sujetos, integrados por significados y acontecimientos compartidos, describen modelos, símbolos y signos del mundo social del que forman parte. La vinculación de las diversas técnicas de orden cualitativo (entrevistas y análisis de contenido de documentos secundarios) se realizó tomando en cuenta una estrategia de triangulación (Bericat, 1998) cuya fortaleza reside en incrementar la confianza en los hallazgos y a su vez, observar críticamente el material y testearlo. El diseño seleccionado responde a uno de tipo descriptivo, es decir, se analizó dando cuenta las nuevas configuraciones adoptadas en las relaciones laborales y las transformaciones en la organización del trabajo. Para ello se recabó información tomando en cuenta el posicionamiento del los trabajadores y sindicatos; los empresarios y a su vez interesó también analizar, en el caso de la acción colectiva llevada adelante por los pasantes, el rol asumido por el Estado por intermedio del Ministerio de Trabajo.

IV.4.- FUENTES Y TÉCNICAS DE RECOLECCIÓN DE INFORMACIÓN

Para el estudio de los antecedentes de la privatización de la empresa y las contrapuestas del sindicato fue significativo el análisis del Proyecto de Ley presentado por los ministros R. Terragno y J. Sourrouille y el Plan Estratégico de Desarrollo de ENTEL elaborado por Foetra. Resultan de importancia porque manifiestan el contenido de la disputa en torno a la privatización y además porque incorporan en alguna medida referencias explícitas a la morfología de la fuerza de trabajo y centralmente los planes con respecto a ella. Puesto que un eje analítico de importancia de nuestro estudio fue el de la negociación colectiva de trabajo, se seleccionaron todos los convenios colectivos de trabajo (CCT) y acuerdos firmados en el período sobre el cual se centra la investigación, entre las empresas y los sindicatos con personería gremial en el sector. A través del

análisis de contenido se rastrearon las cláusulas que han sufrido modificaciones, para ello se realizó un análisis comparativo con respecto a los CCT firmados en la ronda de 1975 a fin de resaltar las nuevas temáticas incorporadas en los CCT de los '90, aquellas que han desaparecido y las cláusulas modificadas. Puesto que los acuerdos salariales constituyen una instancia a través de la cual se introdujeron modificaciones significativas, se estudió el contenido de la materia negociada en estos materiales. Para facilitar la comparación se confeccionó para cada uno de los CCT una ficha de análisis (Ver Anexo I) que permitió identificar cada convenio y acuerdo a través del número de convenio y las partes firmantes; los principales aspectos analizados (como aumento del tiempo operativo de la jornada; reglamentación de la actividad sindical; habilitación de formas contractuales promovidas; distribución anual de vacaciones; premios sujetos a normas de rendimiento, entre otras) y el contenido concreto de cada cláusula (en la columna derecha). A su vez, se vincularon las cláusulas estudiadas con la legislación vigente. Entre las principales leyes y decretos se destacan el Decreto sobre negociación por productividad (N° 1334/1991); Ley Nacional de Empleo (N° 24.013/1991); Decreto sobre pasantía (N° 340/1992); Decreto sobre negociación por productividad (N° 470/1993); Nuevo régimen de contratación (N° 24.465/1995); Ley de Empleo (N° 25.013/1998); Ley de Riesgos de Trabajo (Nº 24.557/1995). El análisis se complementó con la bibliografía disponible (puntualmente aquellos trabajos que han dedicado parte de su esfuerzo a interpretar las transformaciones en la legislación). Adicionalmente, y a fin de caracterizar los aspectos flexibilizadores, resultó de mucha utilidad estudiar los rasgos de la flexibilidad a través de entrevistas semiestructuradas. Se elaboraron una serie de dimensiones (flexibilidad numérica, salarial, técnica organizativa y del tiempo de trabajo) tomando en cuenta los atributos definidos en el marco teórico y se procedió a efectuar el relevamiento. En base a dichas dimensiones confeccionó una guía de preguntas aplicada a las dirección de recursos humanos (9 entrevistas 50 ), así como a trabajadores (23 entrevistas) y delegados de Foetra y Foessitra (8 entrevistas), a dirigentes sindicales (9 entrevistas) y a funcionarios del Ministerio de Trabajo (3 entrevistas); lo cual implica un total de 52 entrevistas

50 Para estas entrevistas se tomaron notas y apuntes, pues no pudieron ser grabadas.

semiestructuradas. Las referencias de cada una de las entrevistas se adjuntan en el Anexo 3. Por otra parte, se tomaron en cuenta documentos y material institucional de las empresas (Balances de gestión desde 1990 hasta el año 2001; revistas y periódicos internos como Televip, Televip Infantil; E-Telecom). Para determinar la existencia de los cambios producidos. También se consultó material elaborado por los sindicatos (periódico El Telefónico, circulares de los archivos privados de los delegados y dirigentes sindicales y cartillas informativas). Puesto que nuestro análisis incorpora como parte de la materialidad de las relaciones de trabajo las percepciones que poseen los actores sobre su propia práctica 51 y la del resto de los sujetos, es clave dar cuenta de los discursos que circulan. Este objetivo se indagó a través de entrevistas semiestructuradas y por intermedio de una serie de preguntas abiertas incorporadas al formulario de la encuesta. Se pretendió, con el material recolectado, organizar una serie de tipologías que aporten al análisis general de la flexibilidad a fin de no reducir esta problemática a lo “estrictamente observable”. Como será planteado más extensamente en el marco teórico de la siguiente parte (especialmente Capítulos VI y VII), la disciplina constituye un eje determinante de nuestro investigación. Ella no constituye una entidad inmutable, sufre alteraciones temporo-espaciales, por ello es que resulta esencial estudiar las nuevas configuraciones que adopta en el marco de la consolidación de parámetros de dominación en las empresas. A través de entrevistas semiestructuradas a los trabajadores se pretendió identificar las diversas tecnologías de disciplinamiento y el modo en que operan en los centros de trabajo. La guía de preguntas apuntó a detectar aquellas acciones llevadas a cabo por la empresa en relación a los empleados, tendientes a controlar la fuerza de trabajo y a garantizar la subordinación. Fundamentalmente interesó destacar la relación entre los dispositivos de coacción directa con aquellos que apuntan a interiorizar el control. Para la indagación de estos aspectos y en particular de aquellos que apelan a la socialización de los trabajadores en nuevos valores y patrones, resultó especialmente útil el estudio de los manuales y cartillas elaboradas por las empresas que están dirigidas a los trabajadores o que cuentan con alguna referencia a ellos (Manual del

51 La importancia de estas percepciones reside en que se puede actuar sobre la realidad objetiva a través de la redefinición de las categorías de apreciación.

teleoperador del 112; Manual de inducción para el ingresante; Programa de formación de supervisores para tráfico asistido; Marketing directo y Telemarketing). A su vez, resultó un material valioso las encuestas internas de “satisfacción laboral”, no tanto por el resultado estadístico de ellas, sino por las características de los atributos indagados. El diseño de ese tipo de materiales denota las apreciaciones de quien lo elabora y constituye un medio por demás significativo para acceder a los intereses de los agentes que orden su elaboración en la medida en que podemos reconocer algunos de los aspectos ideológicos puestos en juego a la hora de definir objetivos, prescripciones y expectativas definidas por las empresas. Si bien partimos de la concepción que el conflicto es inherente a toda relación y por lo tanto presente de manera continua en las relaciones de trabajo, entre los innumerables medios para dar cuenta de este, se ha decidido investigar en profundidad el conflicto suscitado en diciembre de 2001 por los pasantes del servicio internacional (denominado genéricamente triple cero -000- ) y servicio nacional de larga distancia - servicio 19-. La elección de este conflicto está basada en los siguientes argumentos: por un lado quienes llevan adelante las acciones representan a los pasantes -grupo de trabajadores caracterizados inicialmente como aquellos con una vinculación débil, por lo menos desde lo contractual, con la empresa y que hasta ese momento no habían desarrollado acciones directas de envergadura-. A pesar de ello, en el desarrollo del estudio interesó destacar que esta inicialmente llamada “vinculación débil” se ve complejizada por las expectativas de continuidad que poseen los jóvenes trabajadores redefiniendo la propia noción de pasante que denota un vínculo fugaz y efímero con la entidad empleadora. Si el primer argumento que justifica la selección del caso está relacionado con las peculiaridades del grupo que lleva a delante la acción colectiva, el segundo se vincula con el modo atípico en que se ha articulado el colectivo de pasantes con otras organizaciones (muchas de ellas con ámbitos de acción ligados con otros ámbitos, como centros de estudiantes y organizaciones de derechos humanos). El último argumento, está vinculado con el grado de autonomía que adoptó la organización de pasantes con respecto al sindicato que contaba como ámbito de representación esa actividad. En efecto, si bien la organización de pasantes tenía contacto fluido y dinámico con Foetra Buenos Aires –y de hecho hacia el futuro articularán sus acciones-, contaba con grados de autonomía inéditos en lo que respecta este tipo de

organizaciones. Estos tres argumentos se fraguan bajo la pregunta por cómo articulan la resistencia los colectivos de trabajadores más vulnerables y que dinámica adopta la acción colectiva en el marco de la fragmentación de los trabajadores. Dicho esto, podemos especificar las herramientas metodológicas utilizadas para abordar la problemática del conflicto. Por un lado se realizaron entrevistas con informantes clave del sindicato, delegados y trabajadores que participaron de la acción colectiva. Estos relatos permitieron detectar tensiones, oposiciones y similitudes en la interpretación de los acontecimientos. Por otro lado, se llevó a cabo el análisis de contenido de los boletines informativos de los pasantes (abarcaron los números publicados desde su inicio en 1990 hasta fines de 2001, incluidos algunos del 2002). En ellos se difunden las preocupaciones de cada sector, se discuten cuestiones específicas de las empresas y otras vinculadas a problemáticas de orden nacional. En total se consultaron veinte publicaciones. Este material fue de gran utilidad para reconstruir los diferentes episodios que marcaron el conflicto, la posición de los pasantes con respecto a las diversas vicisitudes que se iban dando a medida que avanzaba la toma y ocupación de las oficinas y fueron integrados al análisis en terminando acontecimientos relevantes y contrastando la información adquirida en las entrevistas.

IV.5.- TRATAMIENTO ANALÍTICO ASIGNADO A LOS DATOS

Los datos cuantitativos, especialmente los referidos al material primario provisto por la encuesta aplicada a los trabajadores que desarrollan su actividad en el sector de telecomunicaciones, fueron procesados por medio del paquete informático SPSS. Se confeccionó un plan de cuadros y en función de las herramientas estadísticas provistas por el software se elaboraron los cruzamientos correspondientes. Para el análisis de los datos de orden cualitativo obtenidos se recurrió básicamente al procedimiento de inducción analítica. A partir de este procedimiento se realiza simultáneamente recolección y análisis a fin de formular categorías que contengan una formulación conceptual de los fenómenos bajo estudio. Este proceso de recolección y análisis se detiene cuando se alcanza un estado de saturación, momento a partir del cual los resultados obtenidos pueden generalizar analíticamente al espacio

temático bajo estudio. Además de apelar al procedimiento de comparación entre los datos empíricos y la teoría, se utilizó este método de manera constante en el estudio de las cláusulas flexibilizadas. También resultó significativa la comparación para estudiar cómo ciertos fenómenos operan de manera diferencial según se trate el área de servicio donde se focaliza el análisis. Fue especialmente útil en el análisis de los dispositivos de control al permitir resaltar las diferencias entre los servicios del 112 y el resto de las oficinas (000, 19, 110). Estas diferencias observadas entre uno y otro servicio contribuyeron a profundizar el análisis y la búsqueda patrones de comportamiento que permitiesen explicar la acción de los delegados y la formación de la organización de los pasantes. En cuanto a la encuesta el tratamiento de los datos se realizó construyendo tabulados y frecuencias –se utilizó para ello el paquete estadístico SPSS-. De aquí se obtuvieron los rasgos distintivos de los puestos de trabajo y de la flexibilidad laboral. Para facilitar la interpretación del contenido de los convenios colectivos de trabajo y acuerdos se elaboraron fichas de trabajo organizadas a través de una serie de dimensiones que permitieron su comparación. Este trabajo contribuyó a la identificación de las diversas cláusulas negociadas, los actores involucrados y el marco general en que fueron firmados los CCT. En relación a las entrevistas se construyeron cuadros comparativos que permitieron identificar cada uno de los tópicos delineados por nuestro marco teórico. Nos interesó destacar recurrencias y rupturas en cuanto a la flexibilidad, la disciplina y el control y en términos de las acciones colectivas. La composición de cuadros tomando en cuenta cada uno de los tópicos resulta esencial al momento de trabajar con una masa extensa y densa de información. Por último, y con respecto a los documentos utilizados se trataron básicamente de dos modos. En cuanto al material de las empresas y el sindicato, se trabajó ubicando constantes en cuanto a la definición de nuestros tópicos. En relación a los boletines de los pasantes se pretende analizarlos de manera tal que pueda rastrear el origen de sus acciones, preocupaciones y especialmente referencias a la acción colectiva.

En este capítulo se han desarrollado las principales etapas que caracterizaron la investigación que sustenta la presente tesis. Como se ha señalado se partió de una perspectiva relacional y por la naturaleza de las preguntas formuladas a la luz de los fenómenos estudiados se optó por abordar los interrogantes a través de múltiples herramientas de recolección de la información. Los datos de orden cuantitativo nos permitieron visualizar las principales consecuencias, en términos económicos, de la privatización. A su vez, las referencias de organismos públicos contribuyeron a resaltar los elementos que delinea el mercado de trabajo consolidado durante la década de los noventa; y la información recabada a través de la encuesta a trabajadores de telecomunicaciones permitirá (en el Capítulo VIII) esclarecer la composición de la fuerza de trabajo. Por su parte, las herramientas de recolección de orden cualitativa fueron la entrevista semiestructurada y el análisis de contenido de material secundario. La articulación entre ambas constituye la fuente para estudiar el modo en que las relaciones de trabajo tendieron a flexibilizarse y desde ahí operar sobre la configuración de la disciplina y el conflicto laboral. Como se planteó en las primeras líneas del presente capítulo, la perspectiva metodológica está articulada con los supuestos teóricos y analíticos que guían la investigación. Por ello en la Segunda Parte de esta tesis –Problematización teórica y perspectiva analítica- dedicamos el esfuerzo a delinear y abordar los principales elementos que permitirán comprender las ramificaciones implicadas en el problema de la dominación y la resistencia, en la disciplina y el conflicto en los espacios de trabajo.

SEGUNDA PARTE

PROBLEMATIZACIÓN TEÓRICA Y PERSPECTIVA ANALÍTICA

“Desde el comienzo de mi dirección, consideré a los trabajadores, junto con los mecanismos y todas las otras partes del establecimiento, como un sistema compuesto por muchos elementos. Era mi obligación y mi interés combinarlos para que cada trabajador, así como cada resorte, cada palanca y cada rueda pudieran realmente cooperar con el fin de producir el mayor beneficio pecuniario para los propietarios” A new view of society, Robert Owen (1816)

CAPITULO V LOS ESTUDIOS SOBRE EL TRABAJO EN EL SECTOR DE LAS TELECOMUNICACIONES

El presente capítulo constituye la apertura a la segunda parte de la investigación.

A través de tres capítulos –el actual y el VI Formas de dominación y disciplina junto al

VII El conflicto laboral en los centros de trabajo- dedicaremos el esfuerzo a delimitar

teóricamente el problema bajo estudio, remarcando los principales dilemas que se presentan y el modo como fueron abordados por las ciencias sociales. Los elementos que se extraigan de dichas reflexiones serán las claves analíticas de acceso que permitirán interpretar y comprender las relaciones establecidas en la actividad de

telecomunicaciones. De ahí que nos interese, en este capítulo, dar cuenta de los antecedentes en la materia y en función de dicho recorrido delimitar en los dos siguientes el abordaje específico y el recorte que consideramos importante profundizar. Como se verá, existen precedentes en la materia tanto en nuestro medio como en

el resto de los países latinoamericanos, europeos y norteamericanos; a ellos remitimos

en el presente capítulo en la medida en que el objetivo es dar cuenta del estado del arte en relación a nuestro objeto de estudio señalando las vertientes e intereses que han guiado esas investigaciones y estudios 52 . Precisamente este sector posee algunas particularidades que lo caracterizan diferenciándolo de otros y en gran medida han marcando su desarrollo. Existen tres motivos que explican la expansión de estudios laborales sobre la actividad y el enorme interés que suscitó en los medios académicos: a) auge del empleo en el sector servicios; b) desarrollo tecnológico y comunicacional; c) los procesos de privatización. En muchos países este proceso se dio de manera escalonada mientras que en otros la consolidación se produjo prácticamente de manera simultánea.

52 Si bien el recorte por país o región es en alguna medida arbitrario porque hay abordajes similares en cada realidad, estimamos que permite ordenar la discusión tomando en cuenta algunas tendencias que se consolidaron en diferentes momentos.

En lo párrafo que siguen analizamos en primera instancia los aportes nacionales en la materia, luego se sigue con las investigaciones internacionales destacando por un lado los desarrolladas latinoamericanos y por otra parte, aquellos centrados – fundamentalmente- en la realidad europea y norteamericana.

V.1.- LOS APORTES NACIONALES A LA TEMÁTICA

La privatización de ENTEL estimuló numerosos estudios preocupados por determinar los efectos de la reconversión productiva sobre el proceso de trabajo, en la organización y relaciones laborales. Algunas investigaciones se focalizaron en aspectos específicos como la incorporación de tecnología y el impacto en las calificaciones, otros estuvieron regidos por una lógica comparativa sectorial, mientras que un conjunto de investigaciones centraron su foco de interés sobre las estrategias sindicales ante el nuevo marco productivo y fundamentalmente ante el hecho de negociar con empresas con prácticas absolutamente diferentes que las que rigieron durante el período en que prevaleció la empresa estatal. Un temprano análisis crítico y general sobre las privatizaciones y su efecto para los trabajadores se desarrolló en el marco del CIPES 53 en el que se delinean algunas de las principales consecuencias negativas de la flexibilidad en la organización del trabajo como así también los efectos implicados de estas políticas para la organización gremial al producir una continua fragmentación del colectivo de trabajadores (Cifarelli, Couto, Martínez, 1992). Estos estudios dieron cuenta de las políticas desarrolladas en los primeros años por las empresas en cuanto al cambio en el tipo de contratación, la depuración de tiempo improductivo y las implicancias de las nuevas tecnologías en la generación de empleo (Saez, 1994). A su vez, estas líneas de trabajo fueron retomadas en Cifarelli y Martínez (2001) en el que interpretan el proceso de reconversión de las empresas de telecomunicaciones en el marco de la ofensiva empresaria por intensificar el trabajo. Otro campo de estudios se inscribe en la tradición de investigaciones que vinculan los requerimientos productivos y las Cymat. En esa línea, en 1998 se lleva a

53 Centro de Investigaciones y Promoción Educativa y Social conjuntamente con Foetra Seccional Buenos Aires.

cabo un estudio dirigido por Julio C. Neffa –desde una óptica pluridisciplinar- destinado a analizar el impacto de la telegestión sobre la salud de los trabajadores. Ella puso de manifiesto la existencia de problemas que tienden a hacer más intenso y penoso el trabajo producto de la gran cantidad de llamadas, la complejidad, el tiempo ilimitado, escaso y rígido del que disponen para atenderlas y la inexistencia o reducido tiempo de pausas entre llamadas (Neffa et. al, 2001). El estudio puso de relieve, simultáneamente, no solo los efectos físicos de las tareas sino las consecuencias perjudiciales en la salud psíquica de los trabajadores producto de la intensidad de trabajo, la duración de la jornada y las tensiones derivadas de la atención a los clientes. Desde una perspectiva cercana a la sociología organizacional, los tempranos estudios de Senén González y Walter (1995, 1998a) analizaron la relación entre cambio tecnológico y el desarrollo de redes formales e informales de capacitación. Dicho cambio se dio en dos modalidades polares, por un lado bajo la forma de la modernización sistemática y por otro bajo la “repotenciación” de los equipos existentes. En la primera los conocimientos y experiencias acumulados por la empresa estatal se vuelven obsoletos, por ello sostienen los autores, las nuevas prestatarias invierten masivamente en la transferencia de tecnología, en el desarrollo de sistemas de capacitación y en el entramado de redes formales de cooperación educativa de formación. En la segunda forma, los saberes preexistentes son valorizados. En esta misma línea, los trabajos de Novick, Miravalles y Senén González (1997) aportaron evidencias acerca de las competencias requeridas en función de los condicionantes tecnológicos y la formación de la fuerza de trabajo en la medida en que este elemento constituye un eje clave para el desarrollo del sector. De allí que propongan una tipología de tres elementos para evaluar el grado de importancia que adquiere las calificaciones en las empresas. La primera refiere a la que las autoras denominan “gestión propia autónoma” caracterizada por una estructura identificable de capacitación; importante recursos e infraestructura destinados; acuerdos de capacitación y formación. La segunda, “gestión propia”, no posee una estructura identificable de capacitación aunque destina recursos y posee convenios con instituciones públicas y privadas de formación. La tercera, la caracterizan como de “gestión escasa” por no contar con un grado desarrollado de sistematicidad, pocos recursos y no contar una estructura organizacional que facilite su desarrollo. Otro de los elementos que se corroboran es el hecho que la

polivalencia comienza a instalarse dentro del discurso y las prácticas de formación. De ahí que se estaría en presencia de una “nueva estructura de calificaciones que genera demandas diferenciales al sistema educativo, por una parte, y a los subsistemas de formación profesional por otra” (Novick, Miravalles, Senén González, 1997: 271). Los primeros avances significativos en materia de relaciones laborales estuvieron preocupados por analizar los cambios en las regulaciones y en la configuración adoptada por los canales de la negociación y el conflicto (Brikman, 1991, 1999; Walter, 1998, 2000; Senén González y Walter, 1997; Walter y Senén González, 1996, 1998). En el primero de los casos –los estudios de Brikman- profundizan las características del modelo de relaciones entre el gremio y la empresa durante la década de los ochenta y destaca los amplios ámbitos de injerencia sindical en materia de gestión del personal y aporta elementos significativos a la hora de identificar los principales rasgos que caracterizaron el contenido de la negociación colectiva de trabajo en las rondas anteriores a la efectuada durante la década de los noventa. Por su parte, Senén González y Walter (1997) caracterizan los cambios tomando en cuenta la constitución de un sistema multiempresario y multisindical que modificó las reglas de juego al operarse un doble movimiento, de segmentación y especificación. El primero refiere a la multiplicación de empresas que operan en el sector lo que condujo a una segmentación de la negociación entre actividades estables y no estables, incentivado por la incorporación de otros sindicatos –especialmente en los primeros años por el arribo de la Unión Obrera de la Construcción-. El segundo está relacionado con una tendencia hacia la especificación de la negociación por categorías de trabajadores y un realce del tema de formación y capacitación. La multiplicación del actor empresario y la emergencia de varios sindicatos actuando en la misma actividad, opera haciendo “emerger “ nuevos procedimientos de negociación que configuran un nuevo sistema de relaciones laborales en la telefonía argentina, finalizando así una larga tradición de relaciones diádicas sindicato único-empresa monopólica (Walter y Senén González, 1998: 67). Por su parte, en los estudios de Tomada y Senén González (1999) y Tomada (1999) se interroga acerca de la emergencia de nuevas relaciones laborales a partir de la inversión extranjera y la privatización. En este sentido, se subraya que el impacto de la empresas extranjeras sobre las relaciones laborales tuvo un rol más ejemplificador que

innovador en la medida en que no introdujeron en general prácticas novedosas hasta entonces desconocidas en el ámbito local, sino que con su acción aceleraron y profundizaron ciertas tendencias que ya formaban parte, en forma incipiente y en algunos sectores de punta. El elemento significativo en esta consideración es que cuestiona la capacidad explicativa del atributo nuevo en tanto criterio evaluativo general de la realidad en materia de relaciones laborales. Las consecuencias de la aguda disminución en la plantilla de trabajadores también fue abordado por la literatura. Una primera línea caracterizó la “gestión” de los retiros voluntarios en la empresa Telefónica desde la óptica de la propia organización (Brikman, 1998) remarcando diversas etapas en la que se destaca el momento en que dejan de ser “retiros voluntarios” para pasar a ser “inducido” por la organización en función de los perfiles laborales. Por su parte, Dávalos (1998) identifica tres etapas en este proceso: la primera, se caracteriza por una fuerte resistencia por parte de los trabajadores –aún estaba muy presente el conflicto por la privatización- equivalente a los enormes esfuerzos de la empresa por incentivar los retiros. En la segunda etapa, en vistas de las sumas de dinero obtenido por los trabajadores que habían aceptado la desvinculación, el clima cambia a favor de su aceptación lo cual contribuyó a promover para algunos la fantasía de independizarse y poder desarrollar una actividad más próspera en término económicos. La etapa que siguió fue nuevamente de resistencia, al tiempo que se constataba que las experiencias en el mercado de trabajo –muchas de ellas en calidad de cuenta propia- no cumplían con las expectativas iniciales. Un aporte significativo, en este registro de investigaciones, es el estudio longitudinal a partir de trayectorias laborales de los ex-trabajadores donde se evidencia que la pérdida de empleos no solo impactó en las condiciones materiales sino que significó además la pérdida del status laboral y los marcos de referencia colectivos estructurantes y dadores de sentido que el trabajo telefónico tenía para las vidas y proyectos de los ex-empleados (Dávalos, 2001). En una línea de trabajo que también hace hincapié en los esquemas de percepción e identitarios pero destacando las estrategia empresarial destinada a erosionar la anterior identidad y recrearla sobre nuevos elementos, se destaca el estudio de Piebattisti (2001, 2005a, 2005b). En esta investigación se analiza el modo en que la empresa logra recuperar la noción de familia telefónica y marcar los atributos necesarios

para que un trabajador se constituya en un integrante pleno. La neutralización política de los trabajadores de la ex-ENTel constituye un acto de atribución de identidades en la medida que todo acto de atribución negativa, por parte de aquel que tiene la iniciativa política –en este caso la empresa-, conlleva la desvalorización del grupo portador de dicha identidad (Pierbattisti, 2001: 19). La importancia de este tipo de estudios es que permite resaltar la materialidad de dimensiones subjetivas y su vinculación con el modo en que se entablan las relaciones hacia el interior de los espacios laborales. Por su parte, Senén González (2000, 2004) llevó a cabo investigaciones destinadas a analizar comparativamente en el plano macro, meso y micro el sector de telecomunicaciones, agua y saneamiento y gas tomando en cuenta dimensiones tales como la innovación técnico-organizativa, las políticas de recursos humanos y las políticas sindicales. Los hallazgos son relevantes en la medida en que pone en perspectiva la performance de las empresas telefónicas desde el punto de vista del marco interpretativo provisto por las “opciones estratégicas”. En este sentido, la autora sostiene que mientras que en el sector de telecomunicaciones la opción estratégica combinó la confrontación con la participación en distintos momentos del proceso privatizador, el los restantes se optó estratégicamente por la participación desde el inicio de la concesión. Estas opciones no solo refieren al sindicato sino que involucra también a las empresa en la medida en que los empresarios telefónicos, optaron por un modelo de exclusión y unilateralidad mientras en el sector de agua de inclusión y consenso relativo con las esferas sindicales (Senén González, 2000). Esta línea de trabajos que analizan comparativamente el sector no se reduce a un plano intersectorial sino que avanza sobre la comparación internacional. En efecto, el estudio de Walter (1998, 2003) aborda una comparación de lo acaecido en los países Latinoamérica con respecto a las relacione laborales acentuando la influencia sindical en su rol de habilitar, resistir o condicionar la privatización. A su vez, señala que una vez que la privatización de lleva acabo los sindicatos observan un retroceso de su influencia en prácticamente todos los países donde la privatización se llevó adelante.