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EL NUEVO MUNDO DE LAS UTOPIAS CONTEMPORÁNEAS

ESCRITO POR: Gloria Henao Sánchez y Florentino Márquez Vargas

RESUMEN
El presente artículo hace una revisión de las obras literarias que asumen la
visión utópica, en los comienzos del siglo XXI, iniciando con un recorrido
histórico de las utopías, desde sus comienzos en la cultura griega del siglo V
A.C. y su formación estructural en la literatura inglesa, de mediados del siglo
XX, describiendo sus fines sociales, políticos y religiosos. Luego se ubican a
los escritores contemporáneos que están desarrollando dicho estilo,
principalmente en Europa, América del Norte y Japón, reseñando las obras
publicadas, entre los años 1990 a 2008, y que están resignificando la visión
utópica, desde otras posturas ideológicas y nuevas perspectivas narrativas.

PALABRA CLAVES: Utopía, Distopía, Literatura Contemporánea, literatura


utópica.

La historia de la literatura occidental ha establecido unos lineamientos


conceptuales para aquellos géneros narrativos donde se explora la visión
utópica. Desde Platón, pasando por San agustín, Bacon, Campanella, Tomás
Moro, Huxley, entre otros, la idea de un mundo mejor que supere los
conflictos sociales contemporáneos, abre una ruta literaria que sueña a un
ser humano libre de las vicisitudes, esclavitudes y sufrimientos,
padecimientos de una organización política y social, aparentemente
imperfecta.

A partir del siglo XVI, en pleno renacimiento europeo, se conocerá ese nuevo
modelo literario con el nombre de Utopía. Con el descubrimiento del nuevo
mundo, los viajes de Marco Polo, la disolución de las monarquías y la

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revolución copernicana, el ser humano asume conscientemente la postura
utópica, con un fuerte soporte filosófico, para plantear, en todas las esferas
de su existencia, nuevas perspectivas de superación de unas condiciones de
vida presentes que no son las deseadas. En este sentido, aparecen
tendencias utópicas orientadas a remediar problemas coyunturales,
pertenecientes a escenarios tan diversos como los económicos, familiares,
psicológicos, religiosos y ecológicos.

Hacia finales del sigo XIX y hasta nuestros días, las narraciones utópicas
adoptaron un carácter negativo, a medida que el progreso científico y
tecnológico se instauró en la sociedad, apareciendo las distopías que, como
fenómeno literario perteneciente a la ciencia ficción, ha contado con un
prodigioso y rápido desarrollo. En este sentido la realidad ocurre en términos
opuestos a los de una sociedad ideal o utópica, es decir, en una sociedad
opresiva, totalitaria o indeseable. Distopía se ha utilizado como antónimo de
utopía y se emplea sobre todo para hacer referencia a una sociedad ficticia,
normalmente emplazada en un futuro cercano, en donde las tendencias
sociales son llevadas a extremos apocalípticos.

LOS ALBORES DE LA UTOPÍA Y LA DISTOPÍA

El renacimiento europeo fue el momento propicio para el resurgimiento de


los ideales utópicos de Platón, los que se amalgamaron perfectamente con
la promesa de una tierra nueva prometida por la doctrina de la iglesia
católica. En este entorno se manifiesta también un nuevo paradigma
científico, donde aflora el espíritu crítico desde los planteamientos de la
política, la economía y el gobierno. En este contexto de búsqueda y rebeldía,
el religioso y humanista Tomás Moro, en 1516 publica la obra que le daría el
ribete de “utopía” a este estilo literario. En términos de Martínez García
(2007): “La utopía es la descripción de un Estado perfectamente dispuesto
en el ámbito social, político, religioso o científico, en el cual, además, existe

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una propensión natural de los ciudadanos para someterse al sistema. Se
trata, por tanto, de ficciones imaginativas incluidas dentro de un relato, que
describen modelos de conducta político-sociales no localizados en ningún
lugar y en ningún tiempo”.

Por supuesto, ya Platón en el siglo IV A.C. en su diálogo La República, hace


la presentación de una sociedad que el consideraba perfecta, remedo del
sistema comunitario vivenciado por él en la visita a Sicilia, sin embargo, en
el mundo griego, frente a las propuestas afirmativas como las del filósofo
ateniense, aparecen especies de contra-utopías, como el caso de
Aristófanes, quien elabora algunas narraciones burlonas y satíricas que van
en contravía de las utopías de la época; así, Aristófanes traza en las Nubes
la caricatura del sofista, haciendo resaltar su habilidad para pronunciar un
discurso justo y otro injusto sobre el mismo tema, recalcando su postura
política conservadora, apegada a las tradiciones, para rechazar el nuevo
mundo democrático propuesto por la filosofía socrática.

Esta tendencia literaria comienza a cobrar fuerza en la literatura occidental y


el sueño de una sociedad mejor se plasma en relatos como “catedrales de
cristal”, del irlandés Brendan, en el siglo VI D.C.; “la ciudad del sol” de
Tomasso Campanella, en el siglo XVII; “la nueva Atlántida” de Francis
Bacon, en 1624. Desde luego la anti-utopía sigue presente, y por esos años
Francois Rebelais, publica “Abadía de Thelema”, donde muestra a los
telecitas que viven en forma atemporal y desregularizados, por lo que viven
sin leyes opresoras, sin obligaciones esclavizantes y sin relojes asfixiantes.

Esta generación de escritores en la línea de la utopía positiva, cimentó dos


características básicas, primera, la utopía como un estado de cosas
deseable, como una meta digna de alcanzar, y segunda, el mundo descrito
en la utopía es perfecto, sin manchas ni tachaduras, orientado por leyes

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justas e invariables, que regulan hasta el más mínimo detalle, llevando a sus
habitantes a desconocer cualquier atisbo de libertad.

LAS DENUNCIAS DE LAS DISTOPIAS

A comienzos del siglo XX, en el marco de las guerras mundiales, los nuevos
desarrollos científicos y tecnológicos, la revolución rusa, las ideologías
marxistas, la colonización de África y las emergentes naciones americanas,
algunos escritores retomarán la utopía, pero en su perspectiva negativa,
apareciendo las novelas clasificadas como “antiutópicas” o también llamadas
“distópicas”. Estas narraciones “a diferencia de las anteriores, describen una
utopía consumada, pero que en lugar de constituir un universo deseable, se
nos presenta como una pesadilla invivible” (Elliot, 1976).
Así también, la literatura utópica y distópica, durante este siglo, creará
fuertes lazos con la ciencia-ficción y la novela apocalíptica; el ejemplo más
diciente de este cruzamiento es la obra de H. G. Wells: “una utopía
moderna” de 1905, o también “Hombres como dioses” de 1923.

La utopía entonces toma un giro desesperanzador, sobre lo cual afirma el


escritor ruso Nikolai Berdiaev: "Las utopías son hoy mucho más realizables
que en el pasado y nos encontramos enfrentados a un problema
incomparablemente más angustioso: ¿cómo podemos impedir su
consumación?". Así se percibe en la novela “Nosotros”, de 1924, del también
ruso Eugenio Zamyatin, en donde nos describe un mundo totalmente
socialista, dentro de mil años, con una transparencia en los comportamientos
que permite el control permanente. Las casas, por ejemplo, tienen paredes
de vidrio, el poder se asienta en "El Benefactor", que se vale de guardianes
que funcionan como ángeles de la guarda; no existe la intimidad, la
correspondencia es pública, es decir está controlada por los ángeles; el día
de las elecciones es denominado "El día de la unanimidad" y el objetivo

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supremo es que los humanos lleguen a ser "tan perfectos como las
máquinas". Un panorama a todas luces aterrador.

Corresponden a esta tendencia obras representativas como “Kallocain”


(1928) (polisemia en idioma sueco que podría escribirse Frigocaína o Frigo-
Caín) de Karen Boye; “Un mundo feliz” (1931) del inglés Aldous Huxley;
“1984” y “Rebelión en la granja” de George Orwell; “Eumeswill” y
“Heliópolis” de Ernst Jünger y “Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Estas
novelas anuncian, casi profetizan, un mundo muy poco hospitalario,
sociedades en las no habrá libertad, sino un férreo control de sus miembros
por parte de poderes tenebrosos.

Con la creciente publicación de las distopías, muchos profetizaron la


extinción de las utopías positivas, pero hacia la segunda mitad del siglo XX
resurge este estilo literario con obras como “Walden dos”, publicada en 1976,
por el estadounidense Burrhus Skinner. Se trata de una alabanza suprema
del conductismo y los condicionamientos positivos para la conformación de
un mundo verdaderamente feliz; Skinner describe un mundo sin conflictos,
supremamente agradable, conseguido mediante condicionamientos impresos
en los humanos desde su más tierna edad. La novela refleja la gloria sin
límites, sin resistencias, que su país vive después de la segunda guerra,
convertido ahora en el eje central de la política y la economía del planeta. Es
interesante advertir en la utopía skinneriana, el rasgo de la más radical
manipulación de los "afortunados humanos" que la habitan.

Lo anterior confirma que la tradición cultural de occidente ha sido permeada


por la conciencia utópica plasmada por dichos autores; como lo expresa
Domínguez García (2007):
El referente utópico en la literatura, lejos de la Utopía de 1516, se ha
convertido en una propuesta ideológica que va más allá del género
literario procedente de la categorización del corpus, en tanto que se

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proyecta como una actitud mental, la cual está frecuentemente
marcada por la búsqueda de una realidad social y política
determinada. La representación del paisaje utópico se ha
transformado en un referente crítico con una fuerte carga ideológica.

LAS UTOPÍAS Y EL SUEÑO DE UN MUNDO MEJOR

A partir de ficciones como las de Tomás Moro o Aldous Huxley, la sociedad


occidental contemporánea, incorporó elementos críticos que estimularon el
rechazo a las injusticias y a las desigualdades; consagrando un perfil
ideológico, involucrado en la narración utópica, lo que le dio identidad
estructural al género. Así mismo, desde el punto de vista de la creación
narrativa, podemos acogernos al planteamiento de Todorov, quien propone
tres vías de creación de un género literario: “por inversión, por
desplazamiento, por combinación”. La utopía, sin duda, se origina en “la
combinación”, mezclando los estilos de tratado, diálogo renacentista, cuadro
de costumbres y relato de aventuras.

Según lo anterior, casi todas las utopías escritas antes del siglo XX muestran
una estructura que incluye: un viajero, por lo general náufrago o extraviado,
quien llega a un no-lugar alejado en el tiempo y el espacio del punto de
partida, tras un viaje que puede ser real o imaginario. Un guía, quien se
encarga de mostrarle el nuevo territorio, casi siempre una ciudad, dando
detalles acerca de las costumbres y el modo de ser de sus habitantes, así
como el gobierno, las leyes e instituciones que orientan esa sociedad. El
viajero actúa de esta manera como portador de noticias entre el mundo real
y el mundo utópico. A través de su visión, la utopía propone al lector la
comparación entre dos mundos, el real y el imaginario, de tal modo que los
comentarios del guía suscitan el asombro del viajero y por supuesto del
lector. El contraste entre ambos modelos de organización es el germen de la
intención crítica del texto. De igual forma, la gran mayoría de las utopías

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usan el formato del diálogo, generando así un ambiente de realidad y
cercanía al lector, marco adecuado, por consiguiente, para desarrollar el
juego de perspectivas que se desarrolla en los relatos utópicos.

Desde esta perspectiva, la ficción literaria utópica, con sus argumentos y


personajes representan una situación, en muchos casos idealizada, que
transgrede una realidad apremiante y poco motivadora, brindándole espacios
posibles al receptor, para entender o evadir el mundo que le rodea; sin
embargo, es importante acotar que las utopías están atadas a su época,
contienen sus tendencias y llegan a trascenderla. En palabras de Juan
Manuel Vera (2008) podríamos decir que aunque con muchas variantes, se
reconoce que el género utópico señala visiones alternas de la realidad y
propone el mejor de los mundos posibles. Parece lógico que el continuo
cambio social y técnico, las guerras mundiales, las revoluciones sociales,
entre otros, llevaron a los autores a objetivar la desazón y el descrédito de
los ideales que experimentan los seres humanos.

Así mismo, el hombre ha evitado hablar de las cosas malas del mundo, ha
evadido situaciones opresoras o ha intentado remediarlas. De esta manera,
surge el pensamiento utópico como un elixir que permitirá alcanzar tan
anhelados sueños de felicidad, paz y bienestar. Sin embargo, cada intento
por hacer un mundo ideal conlleva un malestar para otros miembros de la
sociedad, otros grupos u otras formas de pensar y de actuar, que se verán
afectados por la propuesta de solución planteada por uno o algunos de sus
miembros. Surge entonces de forma paralela la distopía, como negación de
ese mundo ideal, donde los seres humanos deben perder la libertad
personal, a cambio de satisfacciones materiales, como el camino para
encontrar la felicidad,
[…]Toda utopía es, de entrada, una forma divergente de ver la
realidad. Y es que el ser humano es un animal divergente […]. El

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mundo, lo dado, el entorno social y natural no satisfacen al
hombre […] Cuando el hombre mira al mundo, sea el entorno
natural en que le ha tocado vivir: clima, fenómenos atmosféricos,
era geológica, o el conjunto de relaciones sociales que ha
heredado en forma de normas, costumbres, prácticas
socialmente aceptadas, lo primero que siente es insatisfacción.
El hombre es un ser insatisfecho, no adaptado a su entorno ni a
su hábitat, y esa insatisfacción le plantea ya un dilema:
resignarse o no conformarse con lo que se le presenta.(Orihuela,
2006, p.3)

En particular, todo hombre comprometido con su historia y su cultura, realiza


actos para mejorar o desmejorar su contexto vital. En este sentido, la
literatura no puede separar al escritor de su contexto histórico, quien se
convierte en un visionario que proyecta el desarrollo económico y social del
mundo en que vive, ideando correctivos hacia el futuro, desde la ficción
literaria. En esa búsqueda del mundo utópico hay respuestas posibles y
factibles al mundo del presente, es el caso de los relatos de Julio Verne,
quien a pesar de las limitaciones científicas y tecnológicas de su época, fue
un visionario del viaje a la luna o del submarino; muy diferente, sin embargo,
al trabajo científico sobre los mismos temas de Leonardo Da Vinci. El
propósito real del texto literario es la ficción, con lo cual no se pretende
remediar los problemas de la sociedad, ni acabar con la lucha de clases.
Otra cosa es que se haga una crítica abierta o velada a la sociedad
existente, a sus formas de producción, a sus relaciones sociales, a los
manejos políticos, a la administración de justicia, a la división del trabajo,
generando con ello soluciones literarias a problemas específicos de la
cotidianidad. Esta crítica esta dirigida al mejoramiento de aspectos como la
alimentación, el transporte, la producción de alimentos, la comunicación, la
sobrevivencia de la especie, el almacenamiento de la memoria, el

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aprovechamiento de los recursos, el manejo de los residuos industriales y el
control de la contaminación, así es como

La dimensión utópica que acompaña la acción histórica de los


hombres, no se valida por la eficacia de las mediaciones, a
través de las cuales necesariamente la acción se realiza, pero es
sólo a través de la imaginación trascendental en la que se
expresa la utopía donde es posible el acontecer de la acción
histórica.(León del Río, 2001:11)

LAS UTOPIAS DEL SIGLO XXI

El siglo que apenas comienza ha constituido una psicología de masas,


enclavada en las nuevas tecnologías de la información que generan
representaciones de la realidad que se instalan en el imaginario colectivo.
Ello estimula determinados sentimientos y pasiones, como el miedo o la
inseguridad, que son aprovechados por el poder para realizar sus proyectos
y planes de dominación. El individuo y la sociedad en conjunto asumen un
papel pasivo, ya que son continuos receptores de mensajes divulgados por
los medios, lo que perfila la manipulación de masas a gran escala, en un
entorno caótico de globalización y crisis de valores.

Este contexto de control social, que se agrava con los crecientes grados de
organización que establece la tecnología y sus estructuras, es lo que la
literatura utópica del siglo XXI retoma como argumento principal. En este
sentido, desde la postura distópica, se denuncia el incremento y la
dependencia hacia entes económicos de escala global y transnacional. Es el
caso de Microsoft para el software; IBM e Intel para el hardware; Google y
Yahoo para las búsquedas en Internet; en general son megacorporaciones
que tienden a concentrarse y crear monopolios capitalistas a escala global,

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controlando no sólo el mercado sino la información, el flujo de datos, el
desarrollo económico-financiero, las relaciones a través de los programas de
correo instantáneo, como también los sistemas de comunicación de las
instituciones del estado y sus ciudadanos.

Las distopías del siglo XXI muestran la represión de comportamientos no


deseados, por parte de los estados totalitarios, como quiera que esas
conductas reprimidas terminarían repitiéndose en el futuro. Este panorama
ya había sido visualizado por Aldous Huxley en “un mundo feliz”, donde al
ser humano se le suministraba el soma para programar sus
comportamientos, para lograr de él una total sumisión. En el mismo sentido,
se suele recurrir al poder cultural y mediático con un constante bombardeo
de mensajes repetitivos sobre la mente de las personas, unido a la
manipulación psicológica a través de las emociones sincronizadas, situación
que había sido pronosticada por George Orwel en “1984” , donde una
pantalla gigante controla todos los movimientos de la persona, imponiendo
normas de conducta, creando estados de ánimo a nivel social que se hacen
propicios para determinadas medidas políticas.

En esta dirección, el pensamiento utópico contemporáneo permitió el diseño


y consagración de un estilo de vida que fortaleció el mundo globalizado,
panorama que viene desatando un proceso de resignificación y de
intrincadas complejidades que conducen, invariablemente, al aumento de la
interdependencia en el mundo actual. En este contexto, determinados
comportamientos cotidianos, se van separando de su centro para asociarse
con nuevas formas. Se originan cambios trascendentales a nivel ideológico,
político, religioso, económico; hay un consumo popular masivo de lo
moderno, radio, cine, televisión, Internet, video; y el hombre, incapaz de
rechazarlo, accede al cambio, permitiendo que la modernidad lo habite.
Entonces, las prácticas y los ritos del pasado, pasan a un segundo plano y

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son reordenados de acuerdo con las circunstancias que brindan las nuevas
tecnologías, iniciándose así una lenta e inevitable migración, tanto a nivel
intelectual, como comportamental y actitudinal.

La globalización, proclamada como un proceso idílico, seduce a


la población mundial con la esperanza de beneficiarla
respetando sus peculariedades y brindando nuevas posibilidades
de información. Pretensión sin visos de realidad, ya que el
acceso es limitado y las oportunidades no son equitativas. Por
otra parte, el proceso de la globalización corre paralelo a
distintos intentos y realizaciones de modelos de integración
regional que también muestran grandes paradojas e
incoherencias. Una, ligada a la dialéctica entre proteccionismo y
liberalización; otra, al doble rasero por el que se mide la apertura
de fronteras a los capitales, servicios y mercancías y su cierre a
la libre circulación de personas. Además, estas integraciones,
preponderantemente económicas, se presentan permeadas por
discursos de fraternidad entre los pueblos, de inclusión, que no
tiene su correlato empírico. El ámbito social queda excluido y
regiones enteras marginadas.
www.ubiobio.cl/cps/ponencia/doc/p12.1.htm

Hay, por tanto, un proceso de reconversión, de resemantización cultural,


ideológica y filosófica que el hombre no es capaz ni tampoco le interesa
evitar. La época actual vive además una posmodernidad donde se impone
lo fragmentario, lo efímero, lo discontinuo, lo caótico y el pluralismo, en
donde la coexistencia de un gran número de mundos posibles, conforman
utopías y distopías que se vehiculan a través de la literatura, como una
forma de escape, a esas angustias continuas que son el pan de cada día del
hombre de hoy.

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Al tenor de lo anterior se hace una revisión de escritores utópicos-distópicos
entre los años 1990 y 2008, quienes vienen publicando novelas de este
género. Se hará una breve reseña del contenido de los textos narrativos
seleccionados.

Como utopías aparecen: "Fábula", de Félix Grande, 1991. "37º centígrados",


de L. Aldani. "Selección", de W. Ernsting. "Metrópolis", de T. von Harbou. "Si
esto es utopía", de K. Neville. "La maldición de los reyes", de C. Willis. "Los
que no nacieron", de F. Werfel. "La Tierra será un paraíso", de Lit Zún. "La
cueva", de Lir Cie. Entre las distopías tenemos: Akira, de Katsuhiro Otomo
(1982 - 1993). The Children of Men, de P.D. James (1992). El dador, de Lois
Lowry (1993). Guerracivilandia en ruinas, de G. Saunders (1996). Battle
Royale, de Koushun Takami (1999). El breve y espantoso reinado de Phil, de
G. Saunders (2005). Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro (2005).
TimeXplorers, de J. Vedovelli (2007).

SELECCIÓN DE NARRACIONES DISTÓPICAS

Se exponen a continuación los argumentos de seis novelas del género, que


por su contenido distópico han representado una fuerte influencia en la
narrativa contemporánea, en relación con los planteamientos críticos
inspirados en la literatura utópica. Ellas son: Akira, los Hijos del Hombre, el
Dador, Guerracivilandia en Ruinas, Batalla Real, Nunca me Abandones y
TimeXplorer. Estas novelas además se han producido recientemente entre
los años 1992 y 2007.

Phillis Dorothy James; nacida en Oxford, Inglaterra, en 1920. Enfermera


durante la segunda guerra mundial. Empleada del servicio forense y policial
en el ministerio del interior de Inglaterra. Se inició como escritora del género
policial. Su obra “The Children of Men” (hijos de los hombres), publicada
en 1992, es su primera novela utópica, con un fuerte carácter distópico. En

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ella narra que los últimos nacimientos de los seres humanos se producen en
1995, llamado por ello el año omega; a partir de allí, a todas las sociedades
solo les queda envejecer y morir, poco a poco, sin otro porvenir a la vista. La
infertilidad general llegó como una plaga y son infructuosas todas las
tentativas para revertirla. Esta novela describe un mundo sin esperanza, que
languidece lentamente; no hay avances tecnológicos, los años pasan y las
ciudades se convierten en depósitos de ancianos. La infertilidad llegó y a
pesar de los esfuerzos de la Naciones Unidas en el año 2021, ya se había
perdido toda esperanza. Este es un reflejo de la carencia existente en
Europa de una generación de relevo, por la drástica caída de las tasas de
natalidad, desde los años sesenta.

Katsuhiro Otomo, nacido el 14 de abril de 1954 en Hasama, en la


prefectura de Miyagi, Japón. Se inició como aficionado a la cinematografía,
especializándose en las películas norteamericanas. Se mudó a Tokyo con la
intención de convertirse en dibujante de cómics e hizo su debut en 1973, con
la adaptación de la novela Mateo Falcone. Tras crear numerosas historias
cortas en 1979 comenzó a experimentar con la ciencia ficción y viaja a
Nueva York para ambientar su primera novela larga, Sayonara Nipon.
Aunque su primera obra, Fireball, quedó inconclusa, le valió de incentivo
para obras posteriores. La novela “Akira”, publicada en 1993, relata un
ambiente de lucha callejera y caos urbano, en donde bandas de motoristas
callejeros, un estado policial represivo, entramados políticos, sectas
religiosas, un movimiento clandestino revolucionario, jóvenes con poderes
psíquicos y un misterioso proyecto secreto, todo ello combinado produce la
mezcla explosiva que es Akira.

El argumento de Akira relata que hace 38 años, un nuevo tipo de bomba


explotó en el área metropolitana de Japón y marcó el inicio de la III Guerra
Mundial. En el año 2019, la ciudad de Neo-Tokyo ha sido construida a partir
de los restos de la antigua Tokyo. En esa ciudad habitan Kaneda, Tetsuo y

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sus amigos, un grupo de jóvenes problemáticos, estudiantes de un centro
correccional, marginados sociales de negro futuro que pasan sus ratos libres
haciendo carreras en moto por la ciudad y enfrascándose en peleas con
bandas rivales de motoristas. Pero un día, durante una de las correrías del
grupo, Tetsuo tiene un accidente provocado por un misterioso niño que se
cruza en su camino. La policía expulsa al resto de la banda y durante unos
días nadie parece saber qué ha pasado con Tetsuo, por lo que pronto
Kaneda empezará a intentar averiguar por su cuenta qué ha sido de su
amigo y se involucra con Kai, una chica relacionada con un grupo
revolucionario de oposición al gobierno. Cuando Tetsuo reaparezca, sus
amigos pronto notarán como su carácter está cambiando y pronto empezará
mostrar unos poderes psíquicos que van afectando a su personalidad. A
partir de este momento se nos irá desvelando poco a poco el entramado de
un proyecto militar secreto para crear jóvenes con grandes poderes
psíquicos, un proyecto cuyo mayor éxito fue Akira, un misterioso chico con
una capacidad psíquica tan destructiva que ha sido retenido en "custodia"
criogénica durante casi 30 años; hasta que ahora un Tetsuo cada vez más
desquiciado y poderoso se propone "despertarlo".

Lois Lowry, escritora norteamericana, nacida en Honolulu, Hawai en 1937.


Estudió en la Universidad de Maine. Su padre era dentista de la armada por
eso ha viajado por todo el mundo. Después de trabajar como periodista
Freelance y fotógrafa, la autora publicó su primera novela juvenil en 1977.
Desde entonces, ha escrito más de veinte novelas para jóvenes lectores y ha
recibido los premios literarios en su género más prestigiosos de EEUU.
Incluso se le he otorgado el Premio Newberry des veces, una de ellas por
esta misma novela. La novela “el Dador”, publicada en 1993, es una
sugerente narración en la tradición de las mejores novelas futuristas. En ella
se describe un mundo en el que la vida es ordenada, previsible, indolora. La
vida social está completamente regulada: un Comité de Ancianos se ocupa

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de la unión de cónyuges, la imposición de nombres, la colocación de
nacidos, las misiones, así como los distintos oficios. No hay familias sino
Unidades Familiares, las cuales son estudiadas y aprobadas por el Comité
de Ancianos, luego es sometida a un control de seguimiento durante tres
años antes de que puedan solicitar hijos. Cada Unidad Familiar ha de tener
dos hijos, chica y chico: así «estaba escrito en las Normas con toda
claridad». Cada noche, había que manifestar los sentimientos; cada mañana,
el rito matutino era contar los sueños. Se trata de que todos los miembros de
la Comunidad estén bien educados: sepan dar siempre las gracias, pedir
perdón si han actuado mal, conocer y nombrar sus sentimientos y
encauzarlos; por ejemplo, “se consideraba grosero señalar lo que un
individuo tuviera de diferente o inquietante”.

Esta es la descripción de un mundo futuro en el que se ha conseguido la


igualdad total. En la Ceremonia Anual de cada diciembre se celebra el paso
de todos los niños a un nivel superior. Los Onces pasan a Doces y reciben
sus asignaciones vitalicias: después de dar a cada uno las «gracias por su
infancia», el Comité de Ancianos asigna, de acuerdo con las capacidades y
gustos, la misión más apropiada para cada chico. Jonás recibe, sin embargo,
una misión no común: ser el próximo Receptor de Memoria de la Comunidad.
Este oficio consiste en conocer todos los Recuerdos, de modo que todo el
peso del dolor recaiga sobre una persona y que no produzca inquietud en
nadie más. Pero Jonás se rebela cuando contempla cómo su padre, Criador,
se ocupa de «liberar» a un niño: han nacido dos gemelos y está previsto que
sólo sobreviva el de mayor peso. Jonás ve a su padre poner una inyección al
niño. No se analizan razones, pero a través de los ojos de Jonás vemos el
horror que significa matar a un inocente, no importa qué tamaño tenga. En la
Comunidad no hay dolor: a los niños se les dan «objetos sedantes» para las
noches; a los adolescentes se les proporcionan unas pastillas para frenar el
Ardor, cuando se presenta. Las noches en la Comunidad son siempre

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tranquilas, tiempos de renovación y preparación para el día siguiente. La
muerte no se nombra: se la llama liberación. De los liberados (niños con
defectos, ancianos, etc.) se dice que son enviados Afuera.

George Saunders, nacido el 2 de diciembre de 1958, es un aclamado


escritor estadounidense de relatos cortos. Sus historias han sido publicadas
en The New Yorker, Harper's Bazaar, y GQ, entre otros. También escribe
una columna semanal titulada "American Psyche", para la revista semanal de
los sábados del periódico The Guardian. Actualmente, es profesor en la
Universidad de Syracusa y ha recibido diversos premios, como el "National
Magazine Award" en su categoría de ficción en 1994, 1996, 2000, y 2004, y
el segundo premio de "O. Henry" en 1997. La obra distópica
“Guerracivilandia en ruinas”, publicada en 1996, es el primer libro de
cuentos del autor y, en opinión de muchos, el mejor. Todos están
ambientados en una especie de futuro apocalíptico en el que la mayor parte
de la población vive en la miseria, algunos sufren horribles mutaciones, y la
poca gente con dinero tiene la afición de visitar unos extravagantes parques
temáticos en los que transcurre la mayor parte de la acción del libro. El relato
de Guerracivilandia en ruinas, transcurre en un parque temático, refleja una
guerra civil norteamericana, en una instalación ajada que se cae a pedazos y
cuenta con la inoportuna presencia de auténticos fantasmas procedentes del
pasado y de violentas bandas de delincuentes juveniles que asaltan a los
clientes. Las cosas comienzan a torcerse definitivamente cuando el
encargado del parque contrata como refuerzo de seguridad a un mariner
enloquecido que se dedica a exterminar a los pandilleros y a parte de los
visitantes.

La trama de esta historia da buena idea del tono general de Guerracivilandia


en ruinas: futuros cercanos en donde la gente se siente tan desgraciada e
insatisfecha como hoy, con sus vidas insignificantes dominadas por oficios

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tan superfluos como inestables. Por Guerracivilandia desfilan octogenarios,
condenados a hacer trabajos no cualificados para sobrevivir, concretamente,
tareas de limpieza en un parque temático cuya pieza estrella es una vaca
transparente con estómago de plexiglás, racistas misérrimos que sobreviven
en un peligroso gueto negro, mutantes perseguidos y condenados a trabajar
como esclavos, un hombre que trabaja en un parque acuático en el que
provocó la muerte accidental de un niño, un obeso que trabaja en una
empresa fraudulenta dedicada al exterminio de mapaches y dirigida por un
sádico criminal. Guerracivilandia es un libro excesivo que nos muestra que
hay algo, no sólo equivocado sino, radicalmente maligno en este apacible
mundo de videoconsolas, coches tuneados, pizzas a domicilio,
monovolúmenes y franquicias de Walt Disney. Saunders recrea la forma de
vida de esos norteamericanos pobres que, cuando no están en Irak
torturando prisioneros de guerra, trabajan doce horas al día en el McDonald’s
más cercano a su granja. En una entrevista comentó Saunders: “Me interesa
el lenguaje que esos lugares permiten emplear y la clase de energía que los
rodea. Todo lo demás, las referencias políticas o el simbolismo, son
subproductos afortunados. Aunque, por otra parte, puede que esto sea una
forma de decir que, por alguna razón, un parque temático tiene una conexión
afortunada con los tiempos que nos ha tocado vivir, y que el escritor (o sea,
yo) percibe esas resonancias en las numerosas oportunidades que ofrecen
para emplear un lenguaje divertido o sorprendente”.

Koushun Takami; nacido en 1966, en Kagawua, Japón. Licenciado en


Literatura y estética en la Universidad de Osaka. Trabajó como periodista.
Battle Royale, es su primera novela, clasificada como distópica, publicada
en 1999. Esta obra fue adaptada al cine. El título del libro se inspira en el
nombre otorgado a los combates de lucha libre que reúnen a más de dos
luchadores a combatir. Tienen el derecho de combatir solos o en equipos, en
un mismo escenario o en el mismo ring. Simultáneamente se van eliminando

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los competidores hasta sólo quedar uno. Battle Royale ocurre en una línea
de tiempo alterna, Japón se ha convertido en un estado policial conocido
como la Mayor República del Asia Oriental. La novela relata la historia de
una clase elegida para participar en el "juego" Battle Royale bajo la excusa
de "un viaje cultural". Los estudiantes del instituto de Shiroiwa son
adormecidos mediante gases en el autobús en el que viajaban y son
secuestrados y llevados a la isla de Okishima y se les colocan unos collares
en el cuello para tenerlos controlados. Se les da a los alumnos un kit donde
tienen: comida, una linterna, un bolígrafo, un mapa, una brújula y arma
aleatoria. Las armas son distintas en cada alumno, mientras que algunos les
tocan armas de verdad como pistolas, navajas, metralletas, a otros les toca
utensilios inútiles como un bumerang, unos guantes de boxeo o una percha.
En algunos casos, el estudiante recibe una herramienta como por ejemplo un
GPS que detecta a otros estudiantes; o un chaleco antibalas; o cianuro para
envenenar. Al final del juego, sólo cuatro estudiantes permanecen con vida y
el antagonista. Uno de ellos consigue desmantelar los collares y se convierte
en ganador de Battle Royale.

Kashuo Ishiguro, Escritor británico de origen japonés, nacido en Nagasaki


en 1954. A partir de los seis años de edad vivió en Inglaterra, donde recibió
una formación académica absolutamente occidental, desde la educación
primaria hasta los estudios superiores, que cursó en la Universidad de Kent.
Posteriormente se doctoró en Escritura creativa por la Universidad de East
Anglia, donde recibió una marcada influencia del novelista Malcolm Bradbury,
quien había fundado e impartido dichos cursos doctorales. En 1982 publicó
su primera narración extensa, una novela titulada Pálida luz en las colinas,
con la cual recibió el prestigioso premio "Winifred Holtby". Su siguiente
novela, Un artista del mundo flotante (1986), se hizo acreedora del premio
"Whitbread" de Literatura. Su tercera novela, titulada Los restos del día
(1989), fuera recibida con el premio "Booker Prize". En la novela utópica

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"Nunca me abandones", publicada en 2005, Ishiguro nos muestra el típico
colegio privado británico, situado en el campo, donde los chicos son
educados y protegidos del mundo exterior, y donde se les inculca que son
especiales e importantes para la sociedad, donde se les inculca el cultivo de
las artes y se les prepara para un futuro en la sociedad, que en ningún
momento esta claro. De repente, conforme avanza la novela, descubrimos
que los residentes del colegio no son miembros de familias pudientes
llamados a ejercer el liderazgo de la nación, sino que son clones creados
para brindar "partes de repuesto" a los seres humanos que las necesiten. El
autor nos introduce en este ambiente a través de los recuerdos de Kathy,
una ex alumna de la institución, y del triangulo amoroso en el que se ve
envuelta con dos compañeros de colegio, a lo largo de los años. Ishiguro
consigue crear un aire de extrañeza en la novela, no por las localizaciones
donde transcurre la acción, sino por esos personajes "diferentes", distintos a
nosotros, tanto en sus reacciones, como en su evolución, lógicamente por el
hecho de ser clones.

Jorge Vedovelli, nació en Tenerife, España, en 1969 y su pasión por la


escritura comenzó desde niño. A los doce años escribió su primer relato. Ha
escrito más de medio centenar de relatos cortos, algunos de ellos publicados
en la antología "Corriendo cual Cuerdos", numerosos artículos literarios
online, "Anceo", "El llanto de las libélulas", entre otros, así como varios
relatos de literatura infantil en proceso de publicación: "Las Terribles
Aventuras del Pirata Benito", "Biro el Vambiro", y "Tristón y Moka". En la
actualidad compagina sus estudios de historia y antropología, con su mayor y
más ambicioso proyecto, TimeXplorers, una narración distópica, en clave de
ciencia ficción, que plantea el futuro de la humanidad si nos rendimos ante el
poder.

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TimeXplorers propone un mundo alternativo que, por desgracia, podría
convertirse en realidad. Las democracias se han quedado a medio camino y,
sin llegar a culminar su espíritu originario, se han convertido en un camuflaje
para hacer más ricos a los ricos y más poderosos a los que detentan el
poder. Con el Summo Iure, un gris profesor de Historia, Alexander T. Brice,
da un pretexto a las familias más influyentes del planeta para llevar a cabo
un Golpe de Estado Mundial y acabar con la farsa establecida. El resultado
de esta "Revolución por Arriba" son las Regiones Productoras, grandes
extensiones de terreno dedicadas a la cría y explotación de humanos
sometidos a la ignorancia medieval, gracias a una religión "a medida" (la Fe)
y a la amenaza de la fuerza militar. A este oscuro plan se contrapone la
lucha de un puñado de hombres y mujeres que pretenden librar al resto de la
humanidad de las cadenas que la esclavizan. Este grupo de rebeldes, que
aglutina a los descendientes de científicos y librepensadores de finales del
siglo XX y principios del XXI, se hace llamar Movimiento Cognócrata y su
brazo armado: TimeXplorers.

REFLEXIÓN FINAL

Las utopías contemporáneas plantean un mundo dominado por grandes


transnacionales y gigantes económicos, los cuales, a través del monopolio
de la investigación, el desarrollo e innovación de las tecnologías, ejercen una
dominación, más o menos velada sobre la población. A través de la
manipulación informativa y cultural, se distorsiona la realidad, a la medida de
los intereses de la clase dominante, o a través de controles tecnológicos que
parcelan la vida individual y sometan a las personas a una exhaustiva
vigilancia de corte ideológico.

Desde esta perspectiva, las utopías, en su visión distópica, observan que la


ciencia, la tecnología, los avances científicos y tecnológicos, proveen al

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hombre de armas mortíferas, las cuales son usadas sabiamente por este,
creando estrategias para destruir y someter a sus congéneres a través del
terror. Es la reestructuración de una cultura global y deshumanizante, donde
prototipos, imágenes y representaciones simbólicas, se propagan sin control
a través de las grandes empresas multinacionales de comunicación masiva.

La vida real, en la nueva literatura utópica, es fragmentaria y discontinua; en


su manifestación ética promueve la creación de otros mundos. Por ello, cada
uno de los textos elegidos es el producto de una creación artística, cuya
génesis es la mente brillante de un hombre, un artista, un escritor, que
vislumbra un futuro caótico para el hombre moderno, quien aparece como
victima de su propio invento y al parecer, aún no percibe la gravedad de la
situación, que lenta e inexorablemente, lo acerca a un abismo del cual no
podrá salir, porque es demasiado tarde para corregir errores.

En el actual mundo distópico hay una inversión total de valores y ya no se


maneja un final apocalíptico, cimentado en creencias religiosas, o una
propuesta de estado político ideal, desde donde el hombre pueda solucionar
sus problemas; por el contrario, es el mundo de la divergencia y del
utilitarismo. El egocentrismo del hombre no le permite reconocer al otro
como espejo, el otro es un objeto, un artículo de consumo que se utiliza de
acuerdo a las exigencias de una sociedad sin escrúpulos. La convivencia, la
democracia, la justicia son solamente palabras sin razón y sin sentido; de
igual forma los conceptos religiosos y morales han desaparecido, para dar
paso a una serie de transgresiones que se han convertido en costumbres
acríticas.

Estas utopías emergentes, desatan la búsqueda incesante de una sociedad


regida por la paz y la tolerancia; es lo que se demanda en las actuales
circunstancias. Tolerancia e interacción entre culturas para enriquecer el
patrimonio humano y para decantar los ámbitos de la violencia a través del

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fomento del diálogo convergente. Con la hipertecnología, ligada al poder
avasallante, asistimos al surgimiento de una inteligencia robótica artificial,
cuya misión es convertirse en guardián de un raza humana a costa de la
libertad. Ello nos pone frente a la encrucijada de los límites entre seguridad y
libertad, entre autonomía y heteronomía moral.

Es decir, no puede negarse que, más allá de la banalidad de ciertas


producciones, en la línea de la ciencia-ficción, destinadas al consumo
masivo, el género literario de las utopías y las distopías, tiene un gran
potencial, no sólo para tratar los problemas ético-políticos y metafísicos,
presentes en la historia de nuestra cultura occidental, sino también la de
hacer frente a los nuevos problemas de nuestra sociedad contemporánea.
Sociedades inmersas en los mitos del positivismo científico, donde los
referentes del inmediato pasado parecen haber entrado en crisis, para dar
paso a subversivas imágenes poéticas, ancladas en los videojuegos, que ya
han entrado a formar parte de nuestro imaginario colectivo.

22
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org/utopia.htm.

24
Armenia, 24 de octubre de 2008

Doctor

DARIO ALVAREZ MEJÍA

Decano de la Facultad de Educación

Universidad del Quindío

Con un cordial saludo adjunto estamos enviando el artículo “EL NUEVO


MUNDO DE LAS UTOPIAS CONTEMPORÁNEAS”, con el fin de que sea
revisado y aprobado para su publicación.

A la espera de sus comentarios e instrucciones,

GLORIA HENAO SANCHEZ FLORENTINO MÁRQUEZ VARGAS

Docente Docente

Programa de Español y literatura Programa de Español y literatura

Anexos, 24 hojas

1 CD

25