Capítulo II Breve historia del urbanismo.

Las ciudades medievales nacen como una comuna encargada de costear y mantener las
murallas y los fuertes, así como su continua restauración, por lo que son entendidas como una
fortaleza. Tendrán la labor de resguardar a los ciudadanos y el ganado en tiempos de
inseguridad o guerra. E por todo esto por lo que es necesario que la gente que vivía dentro de
los muros, genere la mayor posible riqueza para mantener la fortaleza. Todo esto le conferirá
a las ciudades un estatus de administración y legislación excepcional (Pej: Prohibido que
propiedades de dentro de los muros pertenezcan a la iglesia, puesto que esta estaba exenta de
pagar impuestos y, por lo tanto, el terreno sería improductivo). Se llegan incluso a poner
multas a los ciudadanos que abandonan la ciudad.
Estos datos corresponden a la ciudad meramente europea, pues en otras culturas las ciudades
eran entendidas de manera distinta. La ciudad medieval europea es fruto de lo irracional:
construcción continuada que hacen calles irregulares, plazas con formas raras... La llegada
del racionalismo busca formas rectas, ordenadas, racionales. Las primeras huellas serán
incoherentes, pej: Plaza mayor de Madrid: Rectángulo perfecto en medio de una maraña de
calles irregulares. Luego se extenderán por ampliaciones de ciudades en las que priman las
calles rectas y cuadriculadas. Esto último se ve muy claro en las ciudades fundadas en
América, como México, que son cuadriculadas. El barroco transforma a las ciudades en
centros de arte y belleza, que se usará básicamente como símbolo de poder y riqueza.
Posteriormente, el siglo XIX supone un notable cambio. El utilitarismo se impone, junto a la
convicción de que lo más importante e aumentar la riqueza de las personas. Desaparece la
belleza frente a lo útil, que se implanta en la ciudad: industrias, minas... nace la ciudad como
sede de la industria.
Históricamente, la ciudad se ha ido adaptando a las ideas culturales del ser humano, por lo
que se puede decir que no sólo es un terreno físico, sino también un compendio de ideas
culturales. Ciudad: Terreno + cultura. Esta fusión provoca que la ciudad se arraigue
invariablemente al terreno. El autor asegura que una ciudad que quedara completamente
arrasada, y fuera reconstruida, se parecería física y culturalmente a la anterior.
La ciudad es distinto a la industria y a las aldeas: "la industria se impone y la ciudad se
implanta", y la aldea es campo, frente a la ciudad que es "campo hecho patria". El autor llega
incluso a decir que la ciudad es "un estado del alma" en referencia al profundo arraigo que
esta tiene en la cultura de la región y en el devenir histórico de las generaciones de ciudadanos
que han habitado en ella y que son, en cierto modo, moradores de ella todavía.
La Ley de pervivencia del plano dice que si bien las ciudades pasan por multitud de momentos
históricos, el plano de la misma apenas varía, encontrándonos ciudades con 'capas': Casco
medieval, ampliaciones, zona moderna... como es el ejemplo de Toledo, que apenas ha
variado el trazado árabesefardí.
Por todo esto, la ciudad es, en última instancia, historia. El hecho de que una ciudad pueda
ser llamada así, significa que es antigua, y que la mayoría de los espacios y estructuras por
los que se mueven las personas, no los han hecho ellos, sino sus antepasado. Es un
importantísimo archivo de recuerdos, muchas veces plasmados en las propias calles. El ser
físico y moral se conjugan en el ser histórico. Respecto al arte, no se puede considerar que la
ciudad sea una obra de arte en sí misma, sino que participa en el espíritu artístico, y sólamente

pasa a ser recordada como tal cuando esta desaparece y se transforma, por así decirlo, en una
'reliquia perdida'.
Para terminar, se puede decir que la ciudad es el órgano principal de la socialización, pues
acoge en su seno sociedades que pueden variar entre distintas ciudades. No se puede decir lo
mismo de industrias, que son meros instrumentos de producción y riqueza, o de aldeas y
villorrios, que están demasiado inmersos en el medio natural como para escapar de él.

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