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Arlette, viuda del inspector Van Der Valk, decide montar una asesoría que la distraiga de
la apacible vida de Estrasburgo. Sin embargo, no podía imaginar que esta nueva actividad
la conduciría a complejos y peligrosos asuntos…
Los lectores que ya conocen al inspector Henri Castang, protagonista de Los amos de la
noche y El viento del norte, descubrirán en Arlette Van Der Valk un nuevo personaje
entrañable del magistral Nicolas Freeling.

Nicolas Freeling

La viuda
Van Der Valk - 11
Crimen & Cia. - 42
ePub r1.0
algarri 05.07.14

Título original: The Widow
Nicolas Freeling, 1979
Traducción: Carmen Camps
Diseño de cubierta: Jordi Paris
Editor digital: algarri
ePub base r1.1

Aurentina. Argentina. Rhenum. aliis. celebrada desde los tiempos primigenios por numerosos autores clásicos. Aurentina la Dorada. urbs virtute. por la integridad. Estrasburgo). nomen commutare velit. cerca del Rin. «Argentoratum. mencionada por otros como Argentina la Plateada o incluso con un juego de palabras. aut. traducido muy por encima. la ciudad junto al río de plata. 1572. quiere decir. cuius ob antiquitem Prolemeus d’Hieronijmus.Dedicatoria a la ciudad de Estrasburgo «Argentoratum. honestis Studiis. obra de Abraham Hogenberg. pero en lengua vulgar Estrasburgo: ciudad renombrada por el coraje. Sed vulgo Strasburgum dicta. ac integritate. (Del original que se encuentra en el Gabinete de Estampas del Palacio de los Rohan. la metrópoli de Alsacia. la prudencia de sus gobernantes. Lo que. magistratuum prudentia. por el valor intelectual y una noble Universidad». ac nobili schola inclyta». Leyenda de un grabado del siglo dieciséis que representa la ciudad. si quis ex re. .

una precaución medieval contra las inundaciones cuando se funden las nieves. para desalentar a los conductores que van rápidos: la avenida es ancha y recta. en el asiento delantero del pequeño Lancia color verde almendra que le había ofrecido Arthur como regalo de boda. pero cuando coges un semáforo en verde apenas tienes tiempo de poner tercera y acelerar antes de que el siguiente se ponga rojo en tus narices. Desde 1870 hasta 1918 fue alemana. el sol no brillaba y amenazaba lluvia». Actualmente. Arthur. Además de ser inglés. El sueño eterno. limpia. posee otra vez el sabor abierto de los tiempos . Los semáforos de aquí se han dejado adrede sin coordinar. un día de mediados de octubre. Eso era exacto. Entre el Rin y los Vosgos se encuentra Alsacia. llega hasta allí. al igual que muchos ingleses. sino a siete kilómetros tierra adentro.1 La fantástica imaginación de Arthur Davidson «Era alrededor de las once de la mañana. Es una ciudad de tamaño medio. dijo Arthur. Se habría indignado con toda esta fantasía que no venía al caso. unas trescientas mil personas. Arlette habría estado de acuerdo con la palabra «privado»… Tampoco exigía cuatro millones de dólares. de Estrasburgo. un buen tamaño. Estrasburgo no está junto al Rin. Con todo. Al este está el Rin. iba afeitada. Al oeste están los Vosgos y Francia. ni siquiera se parecía a Lauren Bacall. y la ciudad moderna se extiende también hasta allí unos siete kilómetros. cuya memoria era fenomenal. apacible. El resto. Debido a la gran proximidad de las colinas —se podía alargar el brazo y tocar los Vosgos. era todo lo que debería ser el detective privado bien vestido. y Alemania. la región es francesa: antaño fue motivo de grandes discusiones. aunque se disfrazara con el traje azul oscuro o la camisa azul oscuro. no. pero como está en la orilla francesa. Su esposa. por supuesto. Ni francesa ni alemana. Conducía por la Avenue des Vosges. Arthur se sabía de memoria el párrafo inicial de. era sobria y no le importaba quién lo supiera. no se parecería a Humphrey Bogart: diablos. el Doctor Davidson tenía cincuenta años y era sociólogo. que estaban a treinta kilómetros— su impermeable y uno de sus sombreros informes estilo Garbo estaban a su lado. Según decía Arlette. aficionado a las pipas. una blusa ancha con cinturón. Ella poseía una mente prosaica: era Arthur quien tenía estas fantasías extravagantes. el paralelismo le divirtió: Arlette era pulcra. estaba hecho para el fanatismo por los detalles secundarios en las tan apreciadas historias sensacionales antiguas. Nada de armas. ocultaba (piensa que es Tolkien o algo así) una imaginación poderosa y excéntrica bajo un inofensivo aspecto académico. Ella llevaba pantalones negros. En verdad sorprendió a Arthur. En la actualidad. La Avenue des Vosges es el principal eje este-oeste de la ciudad. más bien sucio. Y los investigadores privados estaban cuarenta años anticuados: ¿cuándo se publicó El sueño eterno? Mil novecientos treinta y nueve.

se penetra en el tráfico que se dirige al sur. Al frente estaba Schiltigheim. Ni siquiera la imaginación de Arthur encontraría dónde se halla Laurel Canyon Boulevard. del departamento del Var. Esto es lo que ella hizo. y aquí es hacia donde se dirigió ella. y el Consejo de Europa. Cronenbourg es otro suburbio. .medievales. El primer desvío indica Cronenbourg/Hautepierre. y el Tribunal de Derechos Humanos. a París. Arthur Davidson. todo en varias lenguas. Fue a parar a la gran «U» de la Place de Haguenau. pero no a la General Sternwood. encajaba a la perfección. en dirección a Suiza. a Metz. donde se fabricaba cerveza. Hautepierre es más interesante. hacia Francia. Frau o Mrs. donde se fabrica más cerveza. y ahora legalmente Madame. Grandes letreros azules anunciaban la autopista del norte. El Parlamento Europeo se encuentra aquí. Si se sigue girando a la izquierda. Arlette Sauve. Conducía hacia el oeste. más recientemente viuda de van der Valk de Holanda.

Si se lo recogía arriba. alguna de las antiguas asomaba la cabeza y chillaba. volvía a caer al instante. seguía siendo aburrido. eran destructivos. que había desaparecido tiempo atrás. nariz huesuda de puente alto. casi. El ruido llegó a un paroxismo y finalmente todo el mundo fue gaullista. En los años cuarenta. la fase anarquista y de no lavarse mucho. superpuestas. rubia. El puerto se llenó otra vez de buques de guerra abandonados. Se sonrojaba. mientras seguía siendo Esa Vaca Francesa. Su cabello era de un rubio ceniza. Vivían en un piso sobre la tienda. Cuando la novedad se disipó. más o menos en ese orden. Era lacio y terriblemente fino. Una vez que esa sucia estudiante empezó a lavarse de nuevo. ella prefería sus recuerdos de infancia. Algún accidente en su ascendencia le había proporcionado un aspecto fenicio. tampoco le favorecía. Y después. en el sur de Francia. Los franceses. Ahora era algo magnífico. los pobres volvieron a ser comunistas y los burgueses siguieron siendo católicos. a lo chico. Se era Darlanista o Pétainista. La tienda. todos eran bienpensantes y armaban mucho jaleo con ello. siguió fanática y obstinadamente virgen hasta el matrimonio: bueno. extremadamente primitivo. la blusa siempre limpia y los juguetes siempre ordenados. terriblemente bien educada y primera en la clase de catecismo. con flequillo. grandes ojos brillantes. Habían existido varias Arlettes.2 Mirada retrospectiva a la viuda Arlette Sauve nació de padres más o menos burgueses cincuenta años atrás. según convenía. Era alta. que no había durado demasiado. en Holanda. Pero la suma era mayor que las partes que la componían. a pesar de la guerra o debido a ella. Su padre era librero anticuario de un modo indolente. su aspecto se consideraba llamativo. Si lo dejaba suelto. todo civiles anticlericales y oficiales navales clericales. Bien controladas en general. los alemanes y los americanos. Toulon en los años treinta era muy aburrido. con unos cuantos árboles frutales y un sembrado de vides bastante mediocres. Había existido la buena colegiala. castaños con un matiz verde. nunca había dado dinero. aunque no sea lógico. Uno era católico y comunista. Esto no le hacía sonrojarse. por portarse tremendamente mal con sus padres. una gran revolución como estudiante. Ningún peluquero había sido jamás capaz de hacer nada con él. caía tieso igual que un cadáver. donde quedaba escultural. No era alta según los cánones holandeses. Cerca de Cassis tenían un pequeño cottage. Durante algunos años lo había llevado muy corto. Gaullista o Giraudista. pero el hermano mayor de Arlette todavía conservaba el cottage. De vez en cuando. elegante porte erguido y un andar espléndido. más o menos corriente. En realidad no se habían fundido unas con otras salvo en los bordes. muy normal. y tenía remordimientos que aún perduraban hoy. a Dios gracias. y poseía cierto interés por las lenguas mediterráneas. hasta la deplorable tarde en que . Todavía existían varias.

Piet. Él mismo estaba ansioso por retirarse prematuramente: le parecía que todavía estaba en su apogeo. mientras que odiaba a los franceses. en esta ocasión para siempre: murió allí mismo. demasiado inteligente para ser un buen policía y con demasiado carácter para desempeñar la profesión. con cuánta amabilidad Piet había traído —y vaciado— cubos. su padre era ebanista. donde. El cottage de la infancia de Arlette tenía una gran importancia en su tradición personal. y le enviaron a pacer a una ciudad de provincias. Habían sido unos niños revoltosos. Los dos habían recibido sumas de dinero inesperadas. conoció a un policía holandés. cosa aún más impropia. y al final. Con el transcurrir de los años. para gran sorpresa de todos. aunque le faltaba bastante para llegar a los cincuenta. peleando con furia. encontraba un fastidio su pierna mala. más pequeña. neurótica y mimada. sin tener siquiera la tentación de convertirse en holandesa. fue ascendido de nuevo recibiendo un empleo burocrático en La Haya. El cottage había surgido de esto. en interés de la ciencia experimental. Nadie la había obligado a beber pastís ni a sacarse la ropa. se había encontrado fatal toda la noche). y fue muy galante con las consecuencias (ella había comido grandes cantidades de langosta. De niño nunca había vivido en el campo. en la calle. Stendhal. agua de colonia. o eso decía él. se hizo comunista en la universidad. toallas empapadas de agua fría. Durante más de veinte años vivieron juntos. Y le dispararon otra vez. Piet van der Valk se había vuelto mucho menos holandés. con cuánta bondad había hecho frente a las lágrimas airadas y a las palabras ásperas. Ella no quería . se casó con él. católica en sus días de colegiala. Ahora eran estudiantes. Los dos conservaban… digamos que características regionales muy fuertes. después de decir que no era ninguna deshonra morir en la calle: sin embargo. peor aún. estaban fuera de casa y casi fuera de su alcance. mejor. Y cuanto menos se dijera acerca del noventa por ciento del trabajo de la policía. al final sintió de nuevo curiosidad. Siempre tenía miedo de que le jubilaran prematuramente. Ella le había dado dos hijos. La mayor parte de ese tiempo lo pasaron en Amsterdam. la atiborró de Pernod. y lo peor de todo fue que resultó un éxito. Pero con cuánta calma. Habían discutido mucho dónde debería estar el cottage. la virginidad y el Pernod. dos chicos. Consiguió llamar la atención de una manera espectacular una o dos veces. Arlette se había ido haciendo cada vez menos francesa. escritor al que ella admiraba. algo relacionado con la reforma de la ley criminal. fue un buen marido. no gran cosa. Al llevar una existencia tranquila. probablemente por razones políticas pero utilizando el pretexto médico. Le hizo el daño suficiente para ir cojo. Tenían una hija adoptada. Procedía de un barrio pobre de Amsterdam. siendo ascendido a cambio de esa pérdida de categoría. Piet. se atrajo el odio de los bienpensantes y se fue a París. hizo lo mismo. llamada Ruth. y entre eso. Piet van der Valk. pero siendo felices. ¿Y se había armado jamás tanto alboroto por hacerlo? Arlette. hacia quien Arlette cogió una gran aversión. insuficiente para nada importante. Piet recibió un disparo de una mujer belga. Ambos se comportaban de una manera muy xenofóbica cuando se enfadaban. no hay que hacerlo a propósito.

cálido y fácil de mantener limpio. incluso como capital regional posee riquezas y una resonancia inusuales. Él siempre había tenido debilidad por Alsacia. el Renacimiento . entonces? A Arlette le gustaba el campo de la región del Loira. Y otras cosas por el estilo. ¿Qué es una viuda más o menos. decía con ínfulas mediterráneas. y Ruth estaba creciendo. y a hablar con deleite de retirarse. La gente fronteriza era salvaje. Práctico para todo. incluso confortable. Arlette se quedó allí. le encantaba la «línea azul de los Vosgos». dijo ella muy irritada. Si había algo que él odiaba eran los chistes de Maigret. Le gustaba el vino blanco local. cosa que a él le enfurecía. y él sólo disponía de su pensión. en un pueblo? Pero no es sitio para una adolescente.estar en el sur. Habían pasado allí dos felices vacaciones de verano. ¿Aquitania? No. La catedral es la mezcla más feliz de gótico temprano y tardío. y efectuaron la instalación sanitaria y se gastaron hasta el último penique. entre el centro y la universidad. Wotan Mit uns. había estado allí una vez y se había enamorado del lugar. Es mucho mejor que una ciudad de provincias. Respecto a Estrasburgo tenía diversos sentimientos. El puesto fronterizo romano de Argentoratum. Ella trabajó para conseguir un diploma en fisioterapia. Pero era alarmantemente caro. el enorme hospital central que ha ido creciendo desde sus orígenes de hospital medieval hasta nuestros días con una formidable sucesión de remiendos según transcurrían los siglos. punto que ganó fácilmente. Como si uno no viera el mar en Amsterdam. le permitía un medio de vida razonable. famosa durante siete siglos por su brillantez intelectual y su tolerancia religiosa. Pensó en vivir en Estrasburgo sin gran alegría. Un poco demasiado primitiva para los tiempos actuales. ¿Turena. lo más parecido a estar en casa. Ahora estaba enterrado en aquel lugar. En el Krutenau. la Ciudad de las encrucijadas que atraía todo lo mejor de Francia y Alemania. Encontraron un pequeño piso de tres habitaciones. A ella no le entusiasmaba. Hablan una jerga despreciable e incomprensible y estoy segura de que todos se acuestan con su madre. Y ella tuvo que admitir que la casita le había gustado. y lo consiguió. Pero la idea siguió tentándole hasta el terrible día en que descubrió que Maigret se había retirado a las orillas del Loira. ¿Qué era esta pasión holandesa por las montañas y los bosques? Un lado romántico y bobo que él tenía. y unas maravillosas Navidades nevadas. Esto. se convirtió en la Ciudad de las Calles. Holanda en aquella época era muy barata en comparación con Francia. Pero las escuelas y la universidad están entre las mejores que existen. Pero ella quería estar junto al mar. la ciudad junto al río de plata. dijo. Ruth la salvó. enterrada con él. y próximo a los Hospicios Civiles. demasiado según ella. ya que a Piet le desagradaban los climas húmedos. demasiado calor y lleno de horribles holandeses e ingleses: sería un ghetto. La arreglaremos. Le gustaba el que no fuera ni francesa ni alemana. y era barato. junto con su pensión. Colaboradores todos sin excepción. a él también. Él la había vencido. Un pretexto absolutamente frívolo. Arlette tenía experiencia en pisos. y las escuelas del campo cada vez resultaban más insuficientes. Él empezó a construir muebles.

y Arlette siempre había sido una devota asistente a conciertos. En la actualidad se ha construido demasiado suburbio. Demasiado cerdo fresco y demasiada salchicha llena de grasa. inevitable. la Filarmónica sobresaliente. es notable por la mejor planificación y la arquitectura más fea que jamás se haya visto. atravesó fases terribles. Ahora vivía en un estudio. Se veía pocas veces con Arlette. . ceñido por sus fortificaciones. Al contrario de la leyenda que tan bien alimentan. La ópera es buena. y probablemente también en pecado y entre suciedad. Ruth creció.y edificios del siglo dieciocho bellamente proporcionados. Suficiente para convertirse al judaísmo ortodoxo. y demasiado poco de todo lo demás. y es demasiado grande. La gente tiene los mismos dos extremos de carácter. esto era normal. Estrasburgo vive en una feliz dicotomía de lo extremadamente hermoso y lo absolutamente feo. decía Arlette con aspereza. La ciudad nueva. A veces insoportables. no ha cambiado tanto como sería de temer. Se había convertido en ella misma. La vida empezó a hacerse muy aburrida para la viuda. se come muy mal. pero el casco antiguo. construida por los alemanes después de 1870. se hizo estudiante.

Las «mailles» o anillos eran hexágonos de bloques de viviendas. La carretera empezó a serpentear. en la jerga de los burócratas. Una Zona de Urbanización Prioritaria. pero tardaría otra media hora. pequeños senderos serpenteantes.3 Hautepierre con acento de Manchester Hautepierre es. «Maille Karine». y a menos que seas nativo no saldrás jamás. en Estrasburgo. La técnica usual es dos chicos. Probablemente no era un lugar para pasear sola por la noche. El cielo estaba hermoso. grandes masas de piedra. unidos para formar una enmarañada cadena por calles de una sola dirección. Unos carteles que no servían para nada decían «Maille Cathérine». La lluvia no perdía el tiempo. pero no estaba indicado en ningún sitio. pero todavía quedaban en pie bastantes. El esfuerzo había sido considerable. podían arrebatarte el bolso. incluso acogedor. Los bloques de viviendas no estaban mal. y llevaba el brazo a través de la correa y las manos en los bolsillos. El interior del hexágono estaba ajardinado también con montecillos de tierra. eran alegremente irregulares. con grupos compactos de nubes en todas las tonalidades de gris hasta el horizonte. Ella quería ir a «Maille Eléonore». Muchos habían sido destrozados. distribuidos de un modo irregular. Las calzadas estaban flanqueadas por márgenes de césped y árboles. imponente. Arlette pudo dar nombre al primer anillo porque había un gran letrero sobre una arcada que decía «Centro Comercial Maille Cathérine». No se había molestado en abrocharse el impermeable. Tal vez tuviera que andar mucho. Caminaría. de no más de seis o siete pisos. Arlette aparcó el coche. Uno conduce muy cerca de la acera. No sólo aquí. No eran muy grandes. El lugar parecía agradable. alegre. le gustaba caminar. o pueden ser también dos chicas. Penetra aquí. Nada de esos terribles bloques rectangulares esparcidos al azar en un subsuelo rasado sin nada entre medio más que corrientes de aire: los «anillos» estaban diseñados para ser un pueblo en sí mismo. y el otro combina un tirón y un empujón mientras el primero acelera y desaparece tras la esquina. una ZUP. Un grupo de casitas más bien de baja calidad eran. donde se hacía negro azulado. Ella no creía que la incidencia de los pequeños delitos fuera más elevada que aquí. Arlette avanzaba a grandes pasos. el jardín de infancia y parte de la escuela primaria. una zona de juegos para los pequeños con una estructura de madera para subirse y un arenal. unidos por calles de acceso. en cualquier parte. muchos de los pequeños balcones estaban adornados con geranios. . nada que observar en ella. sin lugar a dudas. y «Recinto Comercial Peatonal» sin indicar dónde estaba cada cosa. El bolso le colgaba del hombro. los árboles van más despacio que el cemento. Ningún sitio lo es. en una motocicleta.

se juzga no tanto por los exteriores como por las entradas. El gran capital lo había absorbido todo. Arlette comprendió: para no crear ghettos.No había mucha gente por allí. Los buzones también son muy reveladores. escueto. espere. pero había esperado ver más mujeres realizando sus compras. En Francia. Aquí y en ningún otro sitio. los planificadores municipales habían mezclado «VRL». ¿o no? No estoy segura. Los edificios tenían un carácter diferente. con bloques del sector privado que pueden comprarse y venderse. y poseerse. periódicos y chismorreos. Le pareció entenderlo. Tres niños pequeños jugaban con un balón a fútbol. ¿Por qué no estaban en la escuela? . Unas cuantas plantas verdes agrupadas en torno a un arreglo artístico de grandes guijarros colocados de manera tosca: «categoría». salió a un ángulo donde había unos árboles agrupados alrededor de una especie de patio. alegre sólo cuando las voces de los niños en las horas de recreo resonaban estridentes entre los bloques. —Lo siento —dijo una mujer—. ni siquiera un pub. Algunos bloques tenían una sorprendente categoría. eso es Jacqueline. otros ninguna: trampas horrendas de ladrillos amarillentos con el pie de la escalera de incendios que sobresalía. No. la animación y el color. Siga recto. ese modesto acrónimo de Viviendas de Renta Limitada. La idea de los pequeños pueblos era correcta en sí misma. Los hombres estarían todos en el trabajo. Aparte de la pequeña arcada adonde iban las mamás que habían olvidado algo o tenían muchísima prisa. Polvoriento con tiempo seco y encharcado después de llover. —En esa dirección. echándole patadas. Se había construido un «anillo» separado de los demás para que los coches aparcaran en torno a un gigantesco supermercado. Esto es Cathérine. hombre notable. Ninguna sucia tienda donde vendieran caramelos. Esto último sustituido por una pequeña fuente en un estanque con peces: «gran categoría». El interior de los demás hexágonos estaba vacío y lánguido. tenía mucho tiempo. atrapándolo y dándole cabezazos sin gran entusiasmo en el oscuro espacio para juegos. a través de los finos hilos grises de caminos y pasos inferiores y pequeños puentes peatonales. —¿Por dónde está Eléonore? —Ni idea —dijo un hombre con prisa. con una galería cubierta llena de tiendas especializadas alrededor. Arlette. como rellanos de una prisión. El enorme recinto peatonal era un cáncer: chupaba la vida de los otros anillos. No había ninguna tienda en la esquina. —Una mujer más pausada. es lo único que sé. El arquitecto municipal. —Arlette siguió caminando. Aquí estaban el calor y la luz. en «Cathérine» no había otra actividad. había hecho lo que había podido. por supuesto. —Por allí —dijo un hombre de edad que iba con un perro—. medio asfaltado y medio con tierra endurecida. que ya se había extraviado a pesar de su buen sentido de la orientación. pero no tenía un centro. con una cesta sobre ruedas.

pero no para él. Se detuvo y se dio la vuelta con educación después de ejecutar un comer. Examinó los nombres que había en los timbres. sin energía para poco más que la mera supervivencia. y los rancios apellidos teutónicos de Alsacia. —El inglés. El vestíbulo olía. Al final se abrió la puerta de Norma. la escalera olía. Ni siquiera sabía el apellido de Robert. un par de negros. Apellidos franceses. col. había encontrado el camino. —Le dije que vendría esta mañana.—Chico —gritó el que estaba más cerca. Sonrió otra vez. —Un niño acostumbrado a ayudar a deshacerse de las visitas no deseadas. apática. falta de aseo general. ¡El hijo de Norma! Bueno. seguramente. Me estará esperando. examinándola con atención. El muchacho se quedó pensando. —No hablo su idioma. —Eh. —Muchas gracias —dijo Arlette con educación. a mentalidad corta e ignorante. —Estoy buscando a tu madre. Ian —gritó hacia el otro lado del jardín—. No estoy muy seguro. y en cierto modo maliciosa. el ascensor olía peor. pero su rostro se despejó enseguida. después de un fuerte ruido de agua de cisterna. Uno de los bloques VRL. españoles y portugueses. Era una red grande. Olía no tanto a pobreza —esta gente no era sin duda «pobre»— sino a negligencia. así como normas respecto a los perros y a no jugar a la pelota. No era una zona de baja calidad para la mano de obra inmigrante menesterosa. —Siempre puede intentarlo. Una sonrisa repentina de inesperada vivacidad. señora. un niño alto y delgado con una cabellera rubia revuelta. La depresión aumentó cuando llamó al timbre y se abrió la puerta del otro lado. aun con un acento tan fuerte como el suyo. señora —dijo el niño en inglés. Se notaba en el aire un débil pero seguro olor a orín. que había recogido toda clase de peces. El último bloque de allí. un par de árabes: pero todos ellos en las proporciones que cabría esperar para una ciudad de esta índole. pero ¿dónde vive? —¿Mi madre? —con un acento tan abierto que Arlette tuvo que hacer un esfuerzo para no reírse. que anunciaban acerca del club de cine y las patéticas actividades del barrio. o probablemente una maestra—. Pero se habían hecho esfuerzos por borrar los graffiti y mantener barrida la escalera. La mirada de Norma también fue suspicaz. La tercera de la esquina. sudor rancio. Ella no se volvió pero pudo notar la mirada curiosa. a descuido. precisamente cuando Arlette iba a darse la vuelta y mirar atrás. Ha salido. Pero todavía no estaba preparada para hablar en inglés. y unos cuantos carteles rotulados en color con grandes letras y ciclostil. Había los avisos de costumbre relativos a los incendios y a cómo llamar a la policía o a la ambulancia. ¡No era un alguacil! Quizás una de aquellas asistentas sociales. como una corriente de aire en la espalda. y sólo era curiosidad «sociológica». ¿Nuestra madre ha salido? —La respuesta fue incomprensible. una elaborada lista de los turnos para limpiar los rellanos y arreglar el vertedero de basura. Arlette llegó arriba deprimida. La puerta de la izquierda. . le tranquilizó. tenía que concentrarse.

Arlette sabía que había hecho bien en venir. Rompía el aislamiento. Si tomas una cerveza o una taza de café. ¿Se podía hablar con elegancia y con acento francés al mismo tiempo? Llamaron a la puerta. Magnifico. Pero la media hora de ayer. . Y puede que el lugar estuviera en desorden. Haré un poco de té. has perdido todo lo que has ahorrado. —Norma se esforzaba algunas veces por hablar con acento menos abierto. pero la pequeña ha ido a hacer la compra. —¿Hasta el supermercado? —No… voy pocas veces allí. y sería de nuevo la buena y alegre Norma. pero siempre se levantaría por sí sola. se pasaría la vida cayendo por las escaleras. Probablemente dejaba los calcetines de los niños en remojo en el bidet. Soy Karen. Karen ha ido al Suma. —Hola —dijo la niña en tono amistoso—. con flequillo y ojos brillantes. Técnicamente. Norma ni siquiera quería que la ayudaran. Podía hacer muy poca cosa por Norma. me temo. —Ésa es Karen. sacó la lengua a la vecina. Menuda y morena como la madre. nada. ¡Niños! No hay que preocuparse… estará arreglado antes de que Robert pueda empezar a gruñir. Qué amable haber venido. una concepción inglesa de la estructura de clases que ella encontraba típicamente sutil. pero no olía. ¿Qué derecho tenía ella a sentir lástima de sí misma? Norma podía muy bien romper a llorar con violencia. en Cathérine. ¡Bolsitas de Lipton! —No me importa en absoluto. igual que la lluvia. Su grito de angustia era producto de estar sola. pero su dureza y el asombroso respeto por sí misma la llevarían lejos. ¿eh? No como el suyo. Eso inspiraba confianza. de todos modos. —Cerró la puerta de golpe. como había hecho ayer. paso la mayor parte del tiempo aquí. pero es una trampa. pero era evidente que le costaba. Sólo para comprar unas cuantas cosas que son más baratas. de apoyo moral… era suficiente. —Han bajado a mear —dijo Norma. dejando la tetera con un golpe y mirando por la ventana—. Los chicos muy bien. No se fije en la cocina. —Es un nombre bonito —con aprobación. Déjeme calentar el agua. ¿De qué servía hablar con elegancia? Arlette hablaba así. pero ella iba aseada y el piso también lo estaba. —Y yo soy Arlette. con una cesta grande patéticamente cargada de pescado y puré de patata instantáneo. que ahora estaba sobre sus cabezas y a punto de caer en cualquier momento. hizo un guiño a Arlette y le dio una palmada amistosa en el brazo—. —La depresión se había desvanecido instantáneamente. El grande está demasiado lejos. Entre. y hoy otra vez. ¿quiere? Ese viejo cuarto de estar está hecho un caos otra vez. En realidad. —La pequeña. ya que le habían explicado que significaba una buena crianza. Siempre tendría problemas. No importa.—Es usted. pero pasaría.

cuando Robert esté en el pub.—Conseguiré un billete de tren de ese Consulado —dijo con aire reflexivo. mamá? —De ninguna manera —dijo Norma—. y estaba escuchando extasiada a un locutor alemán que daba los niveles de agua del Rin. venía corriendo por el espacio ajardinado. —Se puso de puntillas para darle un beso—. No será la primera vez. No exactamente inocente. más o menos de lado. ven conmigo. —¿Podemos comer una galleta. Se movían en este mundo francés hostil y suspicaz con la facilidad y dignidad de los jóvenes lobos. —¡Eh! —dijo Norma. con las manos en los bolsillos. ¿Qué importa un poco de lluvia? Los dos entraron con aquel andar duro de los delincuentes. . pues en realidad era a las claras sexual. Y si no puedo. pero apoyando a mamá instintivamente. vendré a recogerla y la llevaré en coche. conmovieron a Arlette. Los dos dijeron lo mismo. —Pongamos un poco de música. Neun. los ojos bajos. La niña había puesto en marcha un pequeño transistor. que apenas pudo aguantarse la risa. Me acordaré de usted. No causaré problemas. El muchacho sonrió. Davidson. Arreglaos un poco y saludad a Mrs. e hizo un guiño a la cincuentona Arlette de una manera tan cómica. Tendré que aprovechar la ocasión. Siebenundizwan. secas y pequeñas. Arlette sabía que no aceptaría dinero. —Muy amable de su parte. ¿verdad cariño? —No —dijo la niña con firmeza. Nunca había visto a unos chiquillos menos tímidos. —Bingen. El mayor se acercaba caminando despacio. pero no tendré tiempo. indiferente. Zwei. sin saber muy bien de qué estaba hablando. —Vamos —dijo a Karen—. —Muy bien. retirándose del labio una hoja de té—. coño. no con asombro. —Si puede enviar a uno de los niños. — Le tendieron la mano de la manera francesa que habían aprendido a copiar: las manos de estos dos niños. — Cuando salió vio que la otra puerta del rellano se entreabría. siempre queda hacer auto-stop. sino restaurando la disciplina. inesperadamente cálidas. con el balón de fútbol. cariño —dijo Norma—. —Me voy a marchar —dijo cuando la lluvia disminuyó. enséñame el camino para salir a Cathérine. Me iré sin hacer ruido. pero aquella franqueza pueril era muy atractiva. El hijo pequeño. De repente la lluvia comenzó a golpear en las ventanas y todas miraron hacia allí.

pero Arlette había buscado el número en la guía telefónica. el dentista. ¿Aborto? De ningún modo. No para coger el delantal de cocina y ponerse a trabajar. duro. como si los policías que están todo el día remoloneando junto a la puerta de la Prefectura lo hubieran estado frotando. esbelto. sonrió como Norma y arrugó el billete en su mano sin decir palabra. pero la niña ya se había marchado corriendo. de categoría… Arlette aparcó en donde pudiera observar. Tan pulida como el coche. sombríos por las persianas cerradas y las puertas herméticas. se lo pensó. Y educaría al bebé igual que a todos los demás. y Cathy sale. Había dejado una nota en la mesa de la cocina. sin mirar a ningún punto. pero Norma se ocuparía de hacer una salida discreta y callada. sacó un billete de cincuenta francos. y la comida estaría en la mesa a las doce y media en punto. —No seas boba —dijo Arlette—. Muy parecido al suyo. elegante de una manera corriente como Cathy. la carretera de Colmar hasta Suchard Chocolate y giró a la izquierda después del estadio de fútbol. Las doce y cuarto. de las demás. Ahora era más rápido ir por el centro de la ciudad que por los muelles. Pero aquí trabajamos con un horario apretado: a las doce en punto él tiene un «aperitivo» oficial conocido como vino de honor con alguna cámara de comercio u otra. muy pulido. con desdén.Fingiendo rebuscar en el bolso las llaves del coche. y Arthur se las apañaría. lo cerró con llave. Ella se agachó para darle un beso. El Lancia no era un coche que llamara la atención. a los protagonistas. Una mujer de carrera. con esa belleza enjuta y dura más bien corriente. Las doce y veintidós. Porque sin duda se trataba de la madrastra Cathy. El Meinau. Un Jaguar de seis cilindros se acercaba en silencio por la calle. y la hora punta del mediodía estaba comenzando. Grandes chalés burgueses con árboles en los jardines amurallados. Echar un vistazo. Se alejó conduciendo con calma. con botas y una piel de leopardo que podría ser nylon pero no lo era. tenía criados. No había nada que distinguiera la casa de Siegel. ¡No tan bonito! Pero más limpio. No es que hubiera nada que observar. Una mujer rubia y menuda. Pero incluso la pequeña mostró una educación estricta: frunció la boca y negó con la cabeza. Color borgoña oscuro como . El buen gusto de Siegel. si era posible. De todas maneras llegaría tarde a almorzar. Cathy Pelletier: el Prefecto no podía pasar sin ella. Para un paquete de patatas fritas. y sin duda no lo hacía en esta zona. Rue du Général Offenstein. Bonito cochecito. Lo dejó en la acera. Tienes derecho. Un pequeño y brillante Fiat azul oscuro con tapicería de cuero beige pálido. fuera de la ciudad vieja y al otro lado del puente hacia Estrasburgo Sur. Todo el mundo iba a casa a almorzar en esta parte del mundo. Sólo las características del lugar. para estar en el seno de su familia durante dos horas exactamente. abrió la puerta de la verja y la cerró de nuevo tras de sí. en realidad. —La niña lo miró. Entró de prisa en casa. Nada ostentosa. Aquel pesado de Robert se quedaría farfullando y agitando su escopeta. Había un largo trecho hasta el Meinau. Tuvo que poner el ventilador un minuto para eliminar el vaho del parabrisas. La fortuna estaba de su parte y pasó todos los semáforos en verde hasta el Hospital Gate.

despeinado por el viento. eran muy cuidadosos con sus puertas. se detuvo sobre la acera frente a las puertas de la verja. se palpó los bolsillos en busca de las llaves. En una motocicleta Peugeot. Arrancar la página con indignación. No había gran cosa que observar en él: era un hombre regordete con un perfil lleno y una nariz insolente levemente respingona. Despliega la servilleta y baja la cabeza enseguida. sonriendo. Abrió las puertas con meticulosidad y entró de nuevo en el Jaguar. muy bonito. tiene un patio interior. ansiosa al principio. adonde siguen siendo enviados los retoños de las buenas familias protestantes. En absoluto preocupada por llegar un poquito tarde a comer. Se mantenía erguido: ningún signo de la deformación característica de los dentistas. está en el centro del casco antiguo. avergonzada. Arlette regresó a casa conduciendo tranquilamente. Entonces le vio bien la cara. ¿La habrían esperado? Cathy tal vez habría tomado una copa. el rostro de Marie-Line indiferente entre el cabello rubio maíz. regresó para cerrar las puertas de la verja. Las doce y treinta y cuatro. dar el resto al vagabundo de Saint André des Arts… quizá le mantenga los pies calientes. aunque todo París sabe por qué una estudiante de izquierdas compra Le Fígaro… . cruzó la puerta y dejó la motocicleta apoyada en la pared del otro lado de la puerta. mmm. Un ligero cabeceo. Siegel no parecía un hombre que bebiera. La chica había estado cómica fingiendo mirar a hurtadillas. Bajó de la moto dando un salto atlético. ni siquiera para la hora de comer. hasta que recordó que las clases del lycée terminan a y cuarto. Arlette siguió esperando a Marie-Line. y un dentista no deja que el estómago le haga ruidos. comiendo despacio y masticando bien: hacer bien la digestión es más importante que esperar cinco minutos a la hija de dieciocho años. ¡Sólidamente de derechas! No quedaba nada por ver. Avanzó despacio por el sendero de grava. hay que comprar Le Fígaro para leer la clásica página de «Alquileres». Entró.una ciruela madura. Giró con arrogancia. y una chaqueta de piloto cruzada color azul marino. Esto era lo que le delataba como padre de Marie-Line. un hombre a quien tomar a la ligera. Su edificio de oficinas. recordando a una de las chicas deshonrosas pero atractivas de su hijo. sin duda. No era. Y el Gymnase Jean Sturm. como Cathy cuando él se ponía encima de ella en la cama. Abrigo ajustado oscuro y sombrero a lo Anthony Edén. De nuevo al editorial de Le Monde… ¡no! Lector de Le Fígaro. esto es lo único para lo que servía aquella brutalidad. a su alrededor. no iba a dejar el coche en la calle. aparte de eso no se parecían mucho. más probable. aparcó exactamente enfrente de la puerta en el círculo de grava. en el río junto al Pont Royal. Buscando piso en París. Siegel bajó para abrir las puertas. el cual tembló un poco.

se puso la pipa en la boca y se marchó. Para ser alguien que se suponía se acordaba de todo. —Ella no recordaba dónde había conocido a Arthur. el jardín del Observatorio no es estrictamente Botánico. —¿Quiénes fueron los antepasados? —Generales. pero valía la pena por los árboles del Jardín Botánico. comiendo un bocadillo holandés. agradable como todas las cosas con cúpulas. soy lo bastante judía en realidad por el mero hecho de negarme a comer cerdo todo el día… horrible. esta noche? Ah. pero no importaba. Frau Davidson. miles de ellos. pero dejémoslo. Davidson. Si se quería ser fantasioso. bien. ¿Puedes encargarte de la cena. dejando. Dios mío.4 El observatorio de la viuda Arlette vivía en la Rue de l’Observatoire. —Lo siento. saludó alegremente con la mano. lo cual era repugnante. y todo el lío que acompañaba a la pipa. ¿Qué demonios observaba. Incluso hay una clase de mostaza… picante. tengo mucho trabajo. mucha salsa de Alsacia (que es suave). Y el pequeño Observatorio. en cosas misteriosas como los Ingenieros Reales. Mrs. Medía las ondas de los temblores de tierra o algo así. en medio de la vieja Estrasburgo llena de humos? Nada. esto era malo. Estaba leyendo Newsweek. —No puedo entender —accedió Arthur plácidamente— qué están haciendo todos estos Davidson en Escocia. Piénsalo. sospechaba ella. pero pedía prestados sus jardineros. La pipa. —¿Casarme?. nunca. también estaba sobre la mesa. Hacía sólo un mes que estaban casados —apenas— pero había estado rechazando a Arthur durante dos años. El Director. Él levantó la vista. Encontró a Arthur ante la mesa de la cocina. Le vio por la . tenía uno de esos empleos ideales. Madame luz y sonido. éste era el observatorio de ella. sol matinal en la parte posterior y por la tarde en la delantera. No creo que ni uno de ellos oyera jamás un tiro disparado por ira. singularmente horrible. Pasaba mucho tiempo con sus zanahorias y apios. huellas grasientas en todas partes. Arthur tenía los hábitos de suciedad de los ingleses. Pan de centeno. tocino previamente cocido en sopa de guisantes. No estoy de humor para cocinar. lo cual Arthur era de vez en cuando. Arthur no podía vivir sin un círculo de trastos en un radio alrededor de un metro. Pero igualmente típico de Arthur… Él tomó un poco de leche. rodeado de migas. Igual que un canario. apio ligeramente cocido igual. —Ella tampoco. masculló algo mientras masticaba: parecía una hospitalaria invitación a unirse a la suciedad. nada de aspecto sureño.

pero falso. pero el vino blanco es seco y bueno. pero funcionaba. nombrado por el Consejo de Europa para realizar estudios sociológicos. Arthur se había caído de ella. Prefería las habitaciones que se podían limpiar y los sistemas de cañerías que funcionaban. Le divirtió la aparición de Arthur en el papel de galán. La Rue de Zürich era ancha en este punto. Hacía cuatro años que estaba en el Krutenau. La Universidad estaba a dos minutos. pensaba Arlette.ventana alejarse en bicicleta. si se piensa. La vida era aburrida. Se sentía conmovida y agradecida. el acento inglés y el repentino coloquialismo. y había acudido a Arlette para hacer fisioterapia. Cinco pisos de altura. —¿Cómo se lo ha hecho? —como observación de cortesía. —¿Qué clase de sociólogo? De la conducta. Ahora todo había terminado. Grandes mechas en el pelo color aleonado. Arlette no era romántica. te trae flores… Habían ido a la vuelta de la esquina. Muy íntimo. en su mayor parte edificios medievales viejos y destartalados. importunados por esa pesada menopausia. aptos para ser demolidos. Un hombre que aparece en el umbral de la puerta. y nada pintoresca. Un pequeño piso de tres habitaciones en una casa tranquila y sólida del período del Art Déco. No se había ido a la cama con nadie. pantalones cogidos en la pernera con elásticos. pero emocionalmente hundida. Ella bebió mucho. sin prisa. o sólo le llaman así? Arthur tenía la sensatez. y tenía plátanos falsos. Cuatro años. El Krutenau era pintoresco. como pillarse una teta en el escurridor de ropa. o sólo la suficiente experiencia sociológica para dejarla en paz. estaba prestado de una manera misteriosa. te invita a salir. Era ruidosa y triste. La comida en Estrasburgo es muy mala. Es típico. —Era un hombre divertido. . lo que significaba sol y aire. con flores estilizadas y lianas. o la sensibilidad. La cruda frase de Ruth: «Mamá tiene un pretendiente». lo sabía. se trata de uno de los barrios más antiguos de Estrasburgo. profundos surcos en torno de los ojos grandes y bonitos. La instalación de cañerías era de 1900. Pipa. —¿Crees que este Calvados será auténtico. Jardineras en las ventanas. e incluso de pretendiente. La viuda había adelgazado y otra vez estaba guapa. financiado por ellos. suficiente para decir innecesariamente que no tenía intención de irse a la cama con él. —Ella se había reído por el francés educado y correcto. Cincuenta años. pero el porte erguido y los rasgos fenicios no se habían alterado. Fue agradable descubrir que tenían los mismos gustos. Ruth se había hecho mayor. y no suspiraba por la calle de la Zorra Predicadora ni el Puente de los Gatos. hace cumplidos exagerados. —No llevaba elásticos y me he pillado los pantalones con la cadena. Él no formaba parte del claustro de profesores. causándose una distensión de ligamentos en la rodilla. No tenía a ningún hombre. La bicicleta se lo hizo recordar todo. al Preaching Fox. con tendencia a sufrir repentinos calores y encontrar que estaba demasiado gorda para sus faldas. o la Fundación Cultural Europea o alguien: él se mostraba vago respecto a este tema.

Había intentado arreglar las cosas con una esposa alejada. y a vuelta de correo recibió los libros de Lord Peter Wimsey.—¿Para qué preocuparse? —gratamente—. —Debías de estar desquiciado. Yo estaba en traje de baño y un chico. diría Arthur más adelante. Respondió con suavidad que a ella no la habían salvado de la horca y no tenía miedo de que la considerasen agradecida. Estos dos años fueron ridículos. —¿Y tú qué hiciste? —preguntó Arthur un poco agriamente. —Un profesional no lo ve así. en lo que a ti se refiere. ¿Y eso fue culpa mía? —preguntó Arlette. me cogió una teta. que se había casado otra vez y divorciado de nuevo. —Mmm —dijo Arlette—. muchísimo. Harriet con hijos… Por cierto. Muy estimulante… en ambos sentidos. escupiendo sangre y mascullando. Harriet tiene argumentos excelentes y es muy agradable. ni desea que piensen en él en ese aspecto agrícola. Te las llevabas a la cama y al instante empezaban a preocuparse por la Guerra Civil Española. con gran insolencia. le tuve un rato bajo el agua. —La sociología trata en gran parte de la gente que no lo hace. —Él no piensa en sí mismo. rebuscando. —Si no pensara que tienes mejores argumentos que éstos… como amante potencial. eres alrededor del cien por cien frustración. Y horribles. claro está. —Ya he tenido suficientes hijos. Pelo suelto. faldas sin forma. —Totalmente cosa mía. Él dijo que esta broma de Harriet Vane era muy cansada. ¿no? A aceptar las responsabilidades de uno. Las mujeres intelectuales de los años treinta… marisabidillas. Y enseñar a nadar a parapléjicos… Muchos de ellos son adolescentes: las motocicletas… —Desgarrador. mucha política para que le renovaran la beca y le publicaran. La mujer al final se suicidó. Responsabilidad. pero primero quiero casarme contigo. El escenario local es bueno: ¿para qué dedicarse al folklore? —No quiero irme a la cama contigo —dijo él la próxima vez que se vieron—. Lo deseo. —A eso se reduce todo. Mujer diabólica. Arthur se lo dijo por fin. —Oh. soy demasiado mayor para tener hijos. Ella le preguntó quién era. como si le acabaran de arrancar las cuatro muelas del juicio. No obstante. . —Esto prosiguió durante bastante tiempo. El trabajo había sido difícil también.

No sé qué hacer.—No es responsabilidad tuya —dijo Arlette con mucha firmeza. ¿verdad? Ahora la conoces ya bastante bien. —Mi querido muchacho. por supuesto. no habría espacio. —¿Qué te impide aceptarlo? —Tú. para el Krutenau. con toda esa categoría? —He pensado en ese problema —dijo Arthur—. y algunos son sociológicos. Demasiado elevada. La mía —dijo Arthur con alegría— será bastante elevada. traiga la lista de vinos. Pero ¿dónde se está mejor? —Me han ofrecido un trabajo bien pagado aquí. La comida es espantosa. ¿Estarás de acuerdo? —Estaré de acuerdo. —He pensado algunas veces en mudarme. ya sabes. Nos quedan muy pocas. —Comete locuras por todos los medios posibles —dijo Arlette—. los caminos del Consejo son misteriosos. sin duda. . ¿eh? Tauro. —Camarero. a treinta kilómetros de Estrasburgo. —Qué agradable verles tan felices —dijo el propietario cortésmente. imbécil. Los burócratas son horriblemente quisquillosos en lo que se refiere a su categoría. Ni vivir en un piso del Consejo de Europa. yo lo aceptaría. ¿O el aliciente es el empleo bien pagado? —Basta ya. —Cuéntamelo —dijo ella. pobre gente. —Debes de ser muy rico —dijo Arlette—. pero la comida era de tres estrellas. Estaban en el pueblo de Illhausern. —Si eso es todo. Tendremos nuestro propio piso. ¿Y habrá espacio en alguna parte para estar tú y yo juntos. y tienen poco sentido del humor. por favor. trayendo una fantástica botella y un camarero para abrirla. Gran cantidad de tonterías relacionadas con la jerarquía. —Oh. ¿O es algo especial? —Estrasburgo es una buena ciudad. Lo elegirás tú. —Déjate de tonterías. —Ni jugar al bridge con sombrero. Tú no quieres ir a cócteles. probando el vino. Estás acostumbrada a hacer las cosas a tu manera.

Tendríamos que encontrar algo mejor. Nada de esto ahora: Esposa. Has de tener. —Oh. Me parece que me gustaría tomar un poco de queso. Una pareja debe ser una pareja real.—Sí que lo soy. y tápate la cabeza con una almohada. —Déjate de tonterías. —Deja de ser supersticiosa y de comportarte como una francesa. —No estás satisfecha con él y yo tampoco. . sírvenos el aperitivo y corre a tus cacerolas. La peor que existe. de veras. mujer. —Estoy de acuerdo —dócilmente—. —Absolutamente. querido —dijo Arlette—. —Estoy hablando en serio. una área profesional de intimidad y actividad —dijo Arthur. Puedo cocinar y lavar platos con cualquiera. —Seguro. deja de ser francesa. El axioma de la nueva sociología. ¿habrá mucho más de este color? Bájate los pantalones. La combinación es espantosa. —Solicito que ese pensamiento sea consumido —dijo Arthur con austeridad. —Yo tengo un empleo. ¿Y tú qué eres? —Piscis.

No quiero hacer nada a espaldas de tus padres: nos hace parecer culpables y a ellos les da mucha más fuerza contra ti. He echado un vistazo a tu casa a la hora del almuerzo. Sólo serviría para que todo el mundo se enfadara más. Así que consigue primero que la chica dé un poco… Puedes ser una mamá-sustituta si eso es lo que la niña quiere. Nunca había que implicarse. pero era una lástima. si cada uno estaba dispuesto a ceder un poco. excitadas y nerviosas. También me gustaría conocer a Michel. y ver si puedo conseguir algo con tacto. ni me acercaré a ellos de ninguna manera sin tu consentimiento y aprobación. Una copa de Mauricette es lo más lejos que puedes llegar. he visto un momento a tus padres y a ti. Tal vez podríamos tomar una copa en Chez Mauricette. Arlette». empleando a una abogada. ¿qué te parece? Tuya. pero casi seguro que era exagerada. Sus explicaciones sobre sí misma y sus circunstancias familiares podían ser exactas. No lo haré. y en especial con las jovencitas como Marie-Line. las observaciones efectuadas a la hora del almuerzo no parecían demasiado contradictorias. si te es posible. Me gustaría que. No he tenido tiempo de gran cosa. pero meterse con la igualdad de derechos. al menos. o con la madrastra. esperaba que Marie-Line fuera capaz de hablar de sus padres con un poco más de despego si no con simpatía. y tampoco tus padres. ¡No podían ser tan malos! Algún terreno de pacto con el padre. Ella no había oído nada de la otra parte todavía… Cuando estuviera en un estado mental más tranquilo. Me gustaría ir Contra ellos abiertamente. «Marie-Line. No llegarás a ninguna parte fingiendo ser joven y jugando a camaradas. muy superficial. pensaba Arlette. lo suficiente para confirmar que legalmente no se puede hacer mucho: la ley y los jueces dan mucho peso al padre de familia. y la hija indómita no lo sería tanto. Ha sido. Y muy poco a las mujeres. vinieras a verme otra vez. todavía no— pero unos cuantos principios de sentido común servían. y aficionadas a los dramas. Ella no tenía experiencia en este trabajo —todavía no. y quizá muchísimo. en un clima de confianza. y en mi opinión ésa no es la manera de llevar las cosas. Tú no has reparado en mí. creo que no nos haría mucho bien. No había nada fundamentalmente improbable respecto a la historia de la chica. recordó que «Cathy no está mal». Podía parecer bastante pesada y como la tía mayor. forzosamente. aficionadas a implicarse ellas mismas. No había estado . Las dos queremos cambiar eso.5 Chez Mauricette Tenía que escribir una carta.

¿de acuerdo? Sí. Madame. Albert. sí. pasada aquella lúgubre mazmorra que era el Instituto de Zoología. haciendo chistes en voz alta y forzando mucho el acento: se cree que es gracioso y crea popularidad. como siempre. presidiendo la barra. ¿Hay algo en la cinta? Lo había. Ve a buscar a otro a quien confundir. el aspecto ligeramente desaseado está muy bien para ir a Mauricette. estaba lleno de estudiantes. garantizamos la entrega inmediata. Sólo he llamado para decirle que los detalles sobre los que usted preguntó. —Ah. bastante agradable. y parece que va a llover más. y. de todas maneras lo odiarían. a unos cientos de metros en el Boulevard de la Victoire. No te molestes en cambiarte. por supuesto. Era un mitómano. no tenía que cambiar ningún plan. Bueno. Au revoir. por supuesto. . aunque las estructuras de precios. un pub pequeño y anticuado. una mujer menuda y morena. quizá la conoce. se ensanchaba en la parte posterior. estaban en todas partes donde había espacio. una muchacha alta y rubia. ¡No tienes que llevarles a casa a tomar el té!. Atestado en la parte delantera. Pero no iba a dar la vuelta. piel áspera y arrugada. rezongaba Arthur. Cuando cerraba la puerta del piso sonó el teléfono. cogeré el coche. Madame. con un flequillo brillante y de un negro poco natural. Un mensaje de Albert: había venido mientras ella estaba fuera esta mañana. se estrechaba hasta formar un cuello de botella entre la barra y una gran estufa que calentaba en exceso la atmósfera. Se puso un poco de pintalabios y salió corriendo. ¿a qué estaba jugando ahora este asno de Albert? ¿Trataba otra vez de hacerse el interesante fingiendo que era difícil de conseguir. Madame. no era más que un pub corriente. hasta que pueda darle las cifras. y seguramente tenía razón. el contestador automático grabaría la llamada. sí. Primero acabaré este asunto. —Sólo quiero dejar una nota para una de las chicas… Marie-Line. y una sonrisa llena de muelas de oro. O sea que la llamaré otra vez. No iba a preocuparse por él ahora. La personalidad se la proporcionaba una cantidad enorme de plantas trepadoras que ascendían por un enrejado o se columpiaban en cestas o maceteros de latón colgados de cadenas. Los objetos de latón y la gran vieja estufa proporcionaban una confortable sensación belga.nunca allí. como esperaba Arlette. Y allí estaba la propia Mauricette. buenos días. haciendo ver que conocía profundos secretos que no podía divulgar? ¿Por qué ese fingimiento? ¿Creía auténticamente que había alguien escuchándole en la oficina o que tenía el teléfono intervenido? Bueno. Tengo que ir a la carnicería. Chez Mauricette. todavía no estoy en condiciones de darle la información que quería. lleno de celacantos y animales por el estilo —con nombres repulsivos todos— era exactamente como esperaba. siempre lleno de estudiantes. no tenía que venir hasta las seis. por no hablar de ese cerdo de carnicero. Así que aplazaremos la discusión de eso un par de días más o menos.

—Una chica menuda con cara de pilluela y corte de pelo a la «garçon». por el amor de Dios. —Tomaré algo. La mesa estaba llena de tazas de café. — Mauricette se volvió para pegar el sobre en la esquina del gran espejo—. Tuvo una idea. me la saltaré. Realmente debería irme a clase… oh. Hoy no la he visto. Terrón de azúcar envuelto en el platillo de Beghin-Say: ¡casi parecía que estaba en Holanda! Arrancó una hoja de su bloc y escribió: «Marie-Line. tengo que pedirle que me devuelva la otra nota… no he puesto fecha. No.—Claro. Ven un segundo. ¿Tal cual? —El pequeño vaso en forma de tulipán lleno hasta el borde de incolora ginebra… tenía el olor que ella había echado de menos. caray. cálmate y no hagas nada que sólo sirva para ayudar a los que piensan que te comportas de un modo irresponsable». . Eh —dándose la vuelta otra vez—. —Todo esto se estaba haciendo demasiado público y demasiado dramático… —¿Marie-Line te ha dado esta nota para mí? Espera. —La chica que ha dejado esto… ¿ha sido hace poco? ¡Françoise! —un chillido—. Se metió en problemas por estar fuera. maldita chiquilla boba. —Lo siento. los otros se van. no veo otra salida: me cortaré las venas. A menos que encuentres una manera de ayudarme. no puedo salir y estoy desesperada. no perjudicaba hacerle saber a Mauricette que una tenía el temperamento que convenía. —¿Es usted Arlette? Anoche me habló de usted. Mierda… ¿cómo redactar esto? Maldita sea. Me tomaré una cerveza. después de todo… ¿tiene ginebra holandesa? —En este lío de mensajes. Letra grande escrita con rotulador. Vamos a sentarnos allí. —Claro. pero sólo es fisiología. y gracias. pero un chico gusarapiento que trajo la cerveza y la ginebra se las llevó. sólo para saber qué es todo esto. el tubo digestivo o alguna porquería. ¿no había ninguna mesa libre? Tuvo que apartar una cuantas brazadas de follaje tropical y hacerlo en el extremo de la barra. tomó un sorbo del vaso rebosante. la clase es a las tres. ¿por casualidad no se llama usted Arlette? Tengo una nota de ella para usted. detrás de aquellas enormes gafas a que eran aficionadas las chicas. Oh. en general entran después de clase. no hay problema. Haré que Françoise le lleve esto. «Arlette. Marie-Line». ¿te apetece tomar algo? Me gustaría que te sentaras un minuto. Arlette la abrió. brillantes de interés y excitación. Ojos grandes y bonitos. Mauricette se asomó con curiosidad. puede confiar en ella. —No hay problema —con indiferencia.

Ella me estuvo contando lo que usted dijo. Telefoneó desde aquí. entonces. —¿No ha dicho nada? —Sólo que no iría a la escuela porque no la dejaban salir. le estaba escribiendo una nota. voy al otro engañabobos. así que le pusieron otra marca negra. yo vivo cerca. pero estoy bastante al día en el trabajo. Quiero decir. y llegó la tarde. Pater. mi viejo está inquieto por el examen. Una hora… diré que estaba en el dentista. Su viejo conoce al mío. entiendo. —Está bien. se saltó una clase. Yo no voy a ese horrible Gymnase. gracias a Dios. y Marie-Line había estado llorando y no quería hablar. —No me gusta este intercambio secreto de misivas. como más o menos está en la nómina de su padre. y ahora la tiene bajo una especie de toque de queda: no le permiten salir después de cenar. pero en estos momentos no puedo elegir. —Me pidió consejo sobre un problema familiar. estaba que echaba chispas. que es absolutamente como un personaje de Zola. El Bruto (es una vieja víbora que tienen allí para vigilar) le puso una falta de asistencia y. que abra una grieta y quizá yo pueda meter el pie . Bueno. pero nada más. ¿se la llevarás? —Claro que sí. —Hacía demasiado calor tan cerca de la estufa. generalmente vamos hasta allí juntas. Mientras no llegue tarde por la noche con demasiada frecuencia… Ese viejo dentista. y supongo que hoy ha habido una especie de autopsia a la hora del almuerzo. La terminaré. —Fui a su casa después de almorzar. De todas maneras. no me importa. bebió un poco de cerveza y se mostró sensata. Te pido que añadas tu voz a la mía. pero me ha metido esta nota en la mano. así que se me tolera aunque se me mire agriamente. Bueno. bueno. lo sé. Yo encontré el anuncio y se lo sugerí. telefoneó para decirle que Marie-Line se ha saltado una clase y he pensado que usted querría saberlo. —Sí. Dile que lo solucione. La chica se calmó. supongo. se desabrochó el impermeable y tomó un sorbo de ginebra. No hay nada privado en ello. Y fue a verla. y que yo podía ir a verla. Al parecer hubo una bronca en el almuerzo. he llamado a su puerta cuando venía. —¿Y tú? ¿No te pondrán una falta de asistencia? —Oh. Me dejarán entrar. pero que se muestre dócil y no abiertamente hostil. Usted ya lo sabe. en bicicleta. No espero de ella que pida disculpas si no es capaz de hacerlo. deseando no haberla pedido. enfrente de aquí.—Parece que está en un lío tremendo —con voz fría. realmente pertenece a la época en que enviaban a las chicas al convento por bailar con el hombre inadecuado. —Bueno. No hay ningún problema —con acento de Mauricette—. y la vieja ama de llaves me ha puesto mala cara pero me ha dejado entrar. También somos amigas.

¿Conoces a Michel? —Por supuesto. ¿verdad? Supongo que sólo quiere asustarme. Esta tontería de cortarse las venas. —Bien. . Al cabo de diez minutos lo habrá olvidado. y no es tonta. Le encantaría. pero es una chica muy emocional y está tremendamente agotada. —Suficientemente espontánea para animarme.en ella. —¿Ha dicho eso? Dios mío. —¿Vendría a verme? —Claro. no es tan tonta. es un cordero. El problema es que no tiene un duro. Muy tranquilo y bien equilibrado.

—¿Y tú? ¿Qué hay allí? —Una Prefectura. que era casi lo mismo. y la colada de la Armada Francesa colgada en cuerdas interminables. comprada en Jermyn Street. —Ella no toleraba nada de esto. —Realmente es una lástima. inglesa y deformada. —Algodón de primera calidad… —excitándose—. la Cara de mi Führer. Y ni una teta desnuda a la vista. —¿Cómo está la querida Norma? —Muy bien. ¡Dónde están mis pantalones! Tengo que ir a una recepción para unos belgas. —Me la deja floja. y mira. que cruzaba la frontera para comprarse la ropa interior. —Ella se puso el delantal y fue a la cocina. Sólo lamenta cambiar Estrasburgo por Salford. —Es evidente —dijo Arthur en plan sociológico— que ninguna de las dos ha estado en Tahití. . Se largará cuando el viejo Robert no la vea.6 Inventario Llegó a casa y encontró a Arthur yendo de un lado a otro con una extraña ropa interior. Está de acuerdo en que no ganará nada quedándose. más o menos la de Les Deux Sèvres. Él se detuvo y puso cara de fiscal. en realidad. Con detergentes. Hautepierre es la isla de Tahití. mi general. Una marca que conocía y que llevaba cuando era niño. Han afeitado a un gran luchador negro… —¿Cómo lo han hecho blanco? —preguntó mi mujer de mente literal. muy cara. en comparación. —¿Quién te ha enseñado esa expresión tan vulgar? —Norma. —¿Hay mucha diferencia realmente? —Según ella. —Aquí ocurre lo mismo —dijo comprensiva Arlette. —Tú lo has estado lavando.

Las personas de tu especie están intensamente cansadas y las necesitamos. y regresado al pequeño piso de Krutenau. No debías haberte casado con Arthur. ¡Así tendrías todavía tu pensión de viuda! El Empleo había surgido el día después de Illhausern. con lluvia y viento. no iban a mostrarse generosos. Engañoso y aburrido. Dios mío. exactamente. ella preparó café. lo que quiero explicar… mantienes el tipo todos estos años y luego. Detesto los muebles holandeses. —Sí. No parecía que estuviera ganando mucho dinero con su trabajo. sus curvas están todas equivocadas. —Sí. Un sábado. ¿Por qué sigues en este sitio tan pequeño?…no eres pobre. ¿Y el otro. Ahora. para hacer caldo. Norma no tenía un duro. Habían hecho juntos las compras del fin de semana. a quienes sencillamente les sobraba. —Parecías tan vulnerable y patético con tu pipa. Ahora dime: ¿qué opinas del piso de la Rue de l’Observatoire? —Está bien. luego en calma y brillante otra vez después de un inicio de niebla. de repente te derrumbas. que lo tenía. parecía maldispuesto. metió huesos de buey en el horno para que se asaran y puso cebollas a dorar. ¿No es agradable ser rico? —Sí.Arlette. Ahora bien. ¿fue Lutero quien dijo que si el mundo fuera a acabarse mañana él saldría a plantar un manzano? —Qué bien. Nunca he hecho nada interesante. Hay un bonito sentido del compromiso. También tenía que hacer inventario de la situación. Y un paisaje nevado de Breitner. Los sociólogos están siempre recogiendo datos sobre los rusos a los que les huele mal el aliento y sacando conclusiones acerca de la pasta de dientes en la Unión Soviética. ¿Qué puedo perseguir? —Cuantificar las cosas es aburrido —dijo Arthur—. el del muelle? . Pero está bien. Ahora estoy tolerablemente marchita. a mí me pagan en exceso. Tengo mi pensión de viuda en encantadores guldens holandeses que valen tanto al cambio en francos. Los padres de MarieLine. Nunca me acostumbré a que la paleta de las cucharillas de té estuviera al otro lado. Tiempo malo. y el hospital me paga. —Dos niñitas en el bosque. Albert Demazis. —Soy bestialmente rica. yo tengo algunos muebles holandeses antiguos muy bonitos. Soy una persona corriente que procede de un medio insulso y limitado. que tenía ganas de tomar consomé. —No lo entiendo —dijo—. entre la Esplanade y Saint-Maurice. Y tengo un rimbombante diploma en Terapia del Movimiento. Mmm. Hay que quitar aquel espantoso papel de las paredes.

Hubo un silencio. Los dos fregaron los platos. Y no está mucho más lejos que esto. pensando con tristeza que estaba destinado a fregar platos. La cena estuvo bien: la ensalada. estamos de acuerdo. En la oficina tengo a gente. Podemos salir a dar un paseo. Oh.—Mucho mejor. —Entiendo —dijo Arthur. Puedo ir a trabajar en bicicleta. Pero ¿pagar un alquiler no es capitalismo entonces? —La anciana depende del alquiler de esa casa: es su único recurso. Se concentró para efectuar un asalto a esta temible mujer. ¿Qué sería? Mecanógrafa. y que hablan la jerga lamentablemente ignorante. —Arthur se encontró con un pelapatatas en la mano. No te quiero en la oficina. Se trata de un empleo. Te casas conmigo porque actúo según mis creencias. Quiero que tengas tus propios intereses y responsabilidades. es monótono. por favor. —Absurdo. Pero tengo áreas . —Ha despejado —dijo Arlette regando las plantas—. Muy bien. Aparte de que no siento entusiasmo por una esposa que vaya de un lado a otro con su delantal blanco y su vocabulario clínico. a pesar de que el Ill huele mal. cosa muy desagradable. —Se puede hacer una hipoteca. —Te compraré un lavaplatos. —Bien. o eso dijo ella. fue sobresaliente. — Casi tan excéntrico en Estrasburgo como en Los Ángeles. —Escucha con atención. Más fácil de limpiar. Con los conocimientos y la mentalidad necesarios. Ahora tenemos que cocinar. repetitivo y muchas veces inútil. Más soleado. son un estorbo. A mí también me gusta el Observatorio. —Tengo que hablar de algo importante. oliendo a éter. queridísima muchacha. No tengo conocimientos ni experiencia. pero no voy a estar en la Rue de l’Observatoire puliendo suelos. que explota a los inmigrantes turcos de todo Estrasburgo. preparada por Arthur. Puede volverse peripatético más adelante. tengo la ambición de verte compartir mi trabajo. pero a Arthur le gustaba pasear. todo esto será muy caro. —No quiero lavaplatos. Estoy seguro de que es dueña de una chabola. querido. —No voy a dejar mi trabajo en el hospital. —Déjame hablar. —Mmm —dijo Arthur—. Más aprovechable. Sí. Negarme a hacer ricos a los bancos pidiéndoles dinero prestado es una de ellas. Arlette dijo—: Me gustaría tener un horno a la altura de la vista. Pero no hay ni que pensar en él. Más bonito. Pero es demasiado caro. —Yo también monto en bicicleta. —No se hace una cosa así.

Creo que tú estás inusualmente bien cualificada. Necesitamos paciencia y un poco de habilidad. El síndrome del “anula tu propio fin” de todas las instancias gubernamentales. Me gustaría ampliar mi libertad en campos que me interesan. ¿Alguien pone un cartel que diga “Experto”? Cualquiera puede hacerlo. Déjame presentarte los argumentos: he pensado mucho en ello. incluido yo. embotados y desecados por su propia profesionalidad. »¿Las privadas? Tienen sus propios intereses a los que servir. Empezaron con mal pie. Soy el espíritu de la iniquidad. Por supuesto. ¿Las públicas? Las asistentas sociales. Poseemos una amplia biblioteca. Otras que no apruebo en absoluto. dan consejos valiosos y desinteresados. Arlette cogió un cigarrillo y se quedó callada. La burocracia les hace perder eficacia. No frunzas el ceño. Como los policías. La otra manera son los libros. ¿Eres un aficionado? Sólo tengo que decir que los profesionales. y ¿qué significa? ¿Cómo evitar el obstáculo del dinero? Digo yo: el sol ha salido. —Un juguete tuyo. Les asfixian las reglamentaciones. alcohólicos. Y demasiado caro. pero es mi intención ahora… que tuvieras que hacer trabajo freelance como una especie de asesoría. pero están impuestas por la presión política. ministeriales o municipales. consagrados a la defensa de los Diez Mandamientos y a preguntarse por qué no funciona. Supongamos… no lo he pensado. están limitados. —De ninguna manera. la farsa y el interés propio. sobrecargadas de trabajo y mal pagadas. »Veo dificultades. Prácticamente todo el material bueno viene a mi mesa. Incluso cuando son buenos están ensombrecidos por la hipocresía. —Los de pago… cualquier cosa desde psiquiatría hasta evasión de impuestos. escúchame hasta el final. acepto aproximadamente un setenta por ciento de cosas sin valor. por supuesto. »¿Existen ya innumerables oficinas de asesoría? De dos clases: las que son gratuitas y las que no lo son. ¿Para qué es un matrimonio? Pregunta retórica. Uno es que la única manera de adquirirla es hacer trabajo de campo experimental. ¿Médicos y curas?…bien hasta donde llegan. Un pequeño laboratorio experimental. »¿Experiencia? Hay pocos dogmas dignos de ser mencionados. la codicia y las trampas legales: porquería. esposas maltratadas y todo eso. son cuerpos de hombres honrados. para el trabajo que considero valioso. Se parecía mucho a lo que decía Piet. . La mayoría se basan en el medio. apagan incendios. Estamos sometidos. salgamos nosotros también.muy grandes de trabajo que son necesarias pero muy aburridas. Tanto hablar de la Justicia… Son como los bomberos. Pero tienen tanto tiempo para ayudar a la gente como para pescar a los ladrones de bicicletas. La mayoría de libros de texto están en cualquier caso desfasados en cuanto están escritos. a los grupos de presión. cuanto encuentran tiempo. mujeres admirables. Tú tienes experiencia y yo tengo la mía. Para ganar un poco de libertad. »Juguete en ningún sentido. por supuesto.

eso es bastantes corriente. unirse a la Legión Extranjera. sí: jugador compulsivo. Misterio: ya había robado el mismo cajón dos veces y sabía que no se guardaba dinero en él. buscan a tientas la novedad perpetua. Pasearon hasta la esquina donde la compuerta une los puertos interior y exterior. donde guardaba recortes de periódico. —Sociópata. discutiendo Arthur tranquilamente y Arlette mostrándose obstinada. Padre excelente de tres niñas de trece. diez días en el Rin sin nada que hacer más que comer. Después efectuó seis intentos de suicidio diferentes. —Oh. si aceptas la jerga de los débiles mentales. entró en la comisaría. Bajo el puente de Churchill después del parque Citadel. —Pero éstos son casos clásicos para el psiquiatra. . rumiando. intenta compensar un agujero enorme en algún punto de su personalidad. Los periódicos no dicen nada. Un día dejó el trabajo. Cinco días más tarde. es uno de los vicios que más cuesta quitarse. Al cabo de un año. que quiere ser un barco vikingo. Pasado el Drakkar. Pasaba el día haraganeando. le pusieron en la lista negra de los casinos a petición propia. Buen profesor. materia prima de la sociología. muy hermoso bajo la luz otoñal: los barracones del siglo diecinueve donde aún se podía. haciendo crucigramas. fíjate bien. Siguió fingiendo los ritmos del trabajo. saliendo de casa a la misma hora. sentado en los cafés. Intentó dejarlo varias veces. Como sabes. esposo modelo de una esposa devota. y la hilera de barcazas belgas con nombres encantadores. fue a casa. que era compañera de la infancia. Informes de la Audiencia de lo Criminal… —El primero es un ingeniero de treinta años. El Pont d’Anvers y el puerto del carbón. Los vapores de recreo de la línea Colonia-Dusseldorf. y donde se vende cerveza. que no era suya. Pasada la barcaza nodriza. El primero es un depresivo neurópata y el segundo es como el alcoholismo. sumamente cualificado. Estaba familiarizada con estas cosas. sigue. »El segundo es un profesor de treinta y cinco años. —¿Ninguna pista? —preguntó Arlette alarmada. —Esto son muestras cogidas al azar. Lavó y vistió con pulcritud los dos cuerpos. once y diez años. discutiblemente justo antes de que le echaran el guante. —En realidad no veo —dijo ella— qué podría hacer yo que no esté ya hecho. Correcto. —Arlette no hizo ningún comentario.Cruzaron la Rue de Jura y caminaron junto al canal donde se amarran las barcazas. Piet solía «llevárselas de la oficina». si se quería. no dijo nada en casa. Estranguló a la vendedora de una perfumería que le sorprendió robando en el cajón del dinero. asesinó a su amante y a su hija. llena de cilindros de butano rodeada de chatarra herrumbrosa y vigilada por numerosos perros. Arthur se palpó los bolsillos. Infancia feliz en circunstancias confortables.

pronuncia. y estas personas son trasladadas a un psiquiátrico donde esperamos. hasta el punto de que a los testigos. . Puede que sólo les faltara despego. pero demasiado frecuente. Ella no sabía lo que había sido el Consejo de los Quince. gritos pidiendo ayuda. Han sido acusados. evidentemente. mientras que la gendarmería local todavía no ha cogido a los autores materiales. ¿no te parece? Consejo pagado. Hubo chillidos. que suman una docena. —Espantoso —dijo Arlette—. estamos de acuerdo.—A la policía no le preocupan las definiciones. El juez de instrucción solicita psiquiatras. o simplemente fuerza de carácter? —Estaban demasiado implicadas. o los mirones no habrían sido acusados de no prestar ayuda. el fuerte ruido continuó: destrozaron todos los muebles». que… etcétera. El primer hombre tenía un buen empleo. —Éste es el toque irónico: esta gente está de lo más indignada. Un grupo de casitas de obreros de antes de la guerra. Cuando se hizo de noche. Cada uno de ellos dirá: «¿Implicarme yo? ¡Claro que no!». Pasará un centenar de coches a toda velocidad frente a una persona evidentemente herida. una sentencia aplazada. La anciana peleó. lo que en general es una buena razón para no ser capaz de hacer frente a las situaciones. muchas veces. con rosales y grupos de dalias en los diminutos jardines. ¿no te parece? —No es exagerado. posiblemente recortado y con torpeza por algún subeditor. —Sin tener en cuenta que es exagerado para ser un relato superficial y confuso. y el padre del segundo estaba en unas circunstancias fáciles. se les acusa de no haber ayudado a una persona que se encontraba en peligro. Algún consejo y un poco de ayuda habrían podido evitar todo. este punto es importante. —Muy bien —dijo Arthur—. Pequeños chalés burgueses demasiado apretados. estrépitos. un apunte. quienes alegan disminución de la responsabilidad pero no demencia legal. pasado el domicilio del «Conseil des Quinze». —¿Quieres decir que la amante y la esposa eran muy devotas pero les faltaba algo? ¿Inteligencia o educación. Lo que no es banal es que la paliza duró más de una hora y fue muy ruidosa. es demasiado. »Un barrio minero de Lorena. Un caso de haber eludido deliberadamente la responsabilidad. pero el distrito no es ninguna de las dos cosas. La audiencia de lo criminal lo examina todo. o que se inhiben de hacerlo. —Más o menos. Paredes delgadas: oyes el ruido de los interruptores al encender o apagar la luz. Habían dado la vuelta a la esquina y caminaban junto al canal Rin-Marne. cubierta de sangre en una cuneta. tan asombroso que salió en la primera página. Una anciana conocida de todos (hacía cuarenta años que vivía allí) murió apaleada por unos rufianes. sinceramente. Gente incapaz de hacer frente a sus responsabilidades. Aquí hay otro que es peor. sonaba a veneciano y vagamente siniestro. presumiblemente para robarle la caja del dinero. pero reconoce los estados. Son de poca calidad. y ella había muerto.

Detrás. dijo el portero. Evasión individual y colectiva de la responsabilidad. —Los coches están absolutamente prohibidos en el parque —dijo Arlette malhumorada —. John’s» —dijo Arthur con aire perezoso—. Nada es increíble en una aldea centro europea. Habían llegado hasta la Orangerie. Siempre simpaticé profundamente con Leda. Todos y cada uno de ellos.—Estas personas eran vecinos. Se limitó a sonreír. Estaba ilustrando un fenómeno notorio. Las responsabilidades son eludidas por la administración. —Tenían miedo de los rufianes. «Que quería entenderse con los cisnes. Hay un bonito pabellón de estilo siglo dieciocho. por tu propio comentario tan corriente como un borracho disparando a una luz roja. Vete. —Así es como yo lo veo. O quizás era una bruja que hacía mal de ojo. —«Había un hombre joven de St. Un cisne miró perversamente a Arlette. un bonito parque urbano al estilo romántico de principios del siglo diecinueve. salió corriendo diciendo que tenía que ir a ver qué estaba pasando. Una vez le pedí a un guardia que interviniera. pero los cisnes están reservados para los rectores». Unos patos de Canadá se paseaban por allí. dice con sarcasmo el periodista. Pero eso no viene al caso. tómese libertades con mi hija. Se sentaron a la orilla del lago. que no han dicho —decidió ella—. no. —Hay algo que no han revelado. No. —¡Dámelo a mí! Y debes de haber puesto el dedo cerca de la verdad. A lo largo de la terraza hay naranjos. Poeta irlandés en la Universidad de Cambridge. —Aquí tienes un punto —dijo Arthur. y ahí van. A quien todo el mundo odiaba y a quien nadie echaría de menos. supuestamente construido para la emperatriz Josefina. para la conveniencia de unos cuantos parásitos. que a menudo chillaba y arrojaba cosas. Eso podría rebajar su autoimportancia. O una usurera. Se encontraban cerca del bloque. Miraba a una vaca y la vaca moría. . bestia odiosa. un espléndido césped va a parar a una perspectiva de árboles ahora estropeada por la fea silueta del nuevo edificio del Parlamento Europeo. en este caso la Municipalidad de Estrasburgo. La anciana era una borracha violenta. —¿Qué? ¿Una docena de hombres capaces? ¡Mineros! Una anciana a los que todos conocían. cuyos gritos encienden a todo el barrio. una de cuyas características es no hacer cumplir sus propias normas. como en Dostoyevski. le dijo ella. —Los burgueses —sentenció Arthur— son constitucionalmente incapaces de bajar de un coche para caminar cien pasos.

SOS.—Ése es el núcleo de la cuestión —enojada—. ¿Cómo puedes acusar a la gente. míseramente preparada y educada para depender de los caprichos de su gobierno para evitar responsabilidades? Hasta en el feo Palacio del llamado Elíseo. Anticuados. —También —muy serio— hay algo en esa noción. —Sí. individual. . ¿Arlette van der Valk. De una manera humilde. la viuda del policía? Podría ser más atractivo que tu nombre de soltera. Igual que hacen todos los demás. Eso es de lo que hemos estado hablando durante dos horas. engaña y roba. Todo más o menos comedores públicos. Philip Marlowe. las Viudas Maltratadas. Anónimos y paternalistas. el Ejército de Salvación. el detective de buen corazón. Pero ¿y un nombre. Piénsalo. ese mismo gobierno espantoso miente. personal. —Sigue sonando muy anticuado —se lamentó Arlette—. —¿Un número de teléfono? Realmente de muy poco. —Por eso nosotros —dijo Arthur tranquilamente— intentamos reconstruir. seguido de un pequeño despacho…? ¿Quizás en la Rue de l’Observatoire? ¿Un pequeño anuncio en el periódico local? Hay que pensarlo. Alcohólicos Anónimos. Borrachos reformados que se han vuelto religiosos.

dijo Piet con pesar. Ah. tan consoladora. Exasperándose. no llegará prácticamente nunca. es que de repente es mañana. y ¿qué hiciste tú? Tuviste hijos y los educaste. Tonterías: lo sabía muy bien. Holanda es como una familia. la libertad y el progreso: ¿quién rechazó el Edicto de Nantes. Todo esto era muy pesado. Sin duda penetró en una rutina bien engrasada: un cuerpo y una muerte que seguían la misma ruta. una persona amable y considerada cuyas suaves excentricidades eran un antídoto divertido contra el aburrimiento. reprendiéndola. como de costumbre. pero ¿qué hiciste? Después tuvimos a Arlette la Viuda. relativamente. incluso para ella. mucho más que de Piet. y usted es una extraña. Pero una lógica ineludible. dijo la Policía Política. Se había enamorado perdidamente de Holanda. Existió la esposa del policía van der Valk. En este momento le habría gustado huir. Una decide de repente volver a casarse. Se desvaneció pronto. Seguía instintos profundamente arraigados. por supuesto. del martes en quince. Lo habían discutido. . Algunas tonterías que ella dijo y algunas que hizo provocaron comentarios maliciosos. tan reconfortante. Cultivando egoístamente la relación más deliciosa de todas. y perjudicaron. el martes en quince casi había llegado. Que llevaba una vida burguesa. y todos los Hugonotes? A Holanda. bueno.7 Redefinición del investigador privado Con frecuencia. Piet fue un hombre bueno y justo durante veinte años. claro. Había estado muy segura —decidida por completo al respecto— de que no volvería a casarse. Le costó trabajo. a la que ella había calificado de Gestapo. Hubo el episodio con la Policía Política. Eso está muy lejos. cuando estar vivo era una gloria. Esto era el comienzo de la revolución. declarando que Francia es y siempre ha sido el más amargo y más obstinado enemigo de la tolerancia. un largo aprendizaje. Y ella también. la lógica… Arthur era lógico. Pero no se huye en lugar de hacer frente a las consecuencias de las decisiones frívolas y tomadas probablemente estando bebido. Amsterdam sólo es otra ciudad provinciana de mentalidad estrecha. a su carrera. Ahora había cambiado de opinión. Ella no sería socióloga. Y ahora. Arlette no sabía por qué hacía las cosas. nunca se había podido olvidar. con ésa clara manera de pensar a lo BarbaraCelarent-Darii. y el pobre Arthur no sabía dónde se metía. una amitié amoureuse. y más tarde lo analizaba. eh? ¿Y dónde había ido Descartes. bueno. Con Arthur Davidson.

—¿Todavía te sientes un poco inglés? —Hay un proverbio turco muy bueno a este respecto. son un aburrimiento. Fueron a Venecia a pasar la luna de miel tardía. Canadá. el principal problema con los franceses siempre ha sido que encuentran que todos los sitios. que no merecen la pena. salvo que no fueran muchos trastos femeninos como tablas de planchar y máquinas de coser. Nada podría ser más aburrido. Arthur preguntó un par de veces por la Agencia de Detectives. y a un carpintero de pueblo que le puso patas. También halló una hermosa tabla gruesa de madera. —¿Todavía te sientes un poco francesa? —preguntó Arthur. o la India: enormes lugares aburridos sin sentido. Tampoco se le permitía entrar en la «habitación de ella». pero lo echó todo a perder bebiendo demasiado champán. o más una amenaza que la Nación-Estado. Pero también Francia se ha vuelto un aburrimiento. . Napoleón vapuleó Luisiana. Llegó el martes en quince. o más muerto. —Sí. a pesar de ser una lata.—¿La ventana del dormitorio —preguntó Arthur— se deja cerrada o abierta por la noche? —Abierta. por ejemplo. Había demasiados libros: siempre los había. Ella había conseguido perder una buena cantidad de peso. El cuarto de estar y la habitación de trabajo de Arthur eran un horrible burdel. Esto lo encontraba muy normal: ella tenía que tener algún lugar totalmente privado. y los llamados franceses no pueden ser más pesados que los llamados británicos. por una suma trivial. Arlette encontró una suma agradablemente grande en su cuenta bancaria: aquel adorable florín holandés no paraba de subir. fuera del querido Hexágono. Consiguió un teléfono extra. —De acuerdo —dijo Arthur—. y dice que la madre patria está donde está el alimento. simplemente porque era demasiado aburrida. y después de pensarlo un poco un magnetofón. Pero llegó un momento en que ella tuvo que hacerle una confidencia. Porque ya no soy francesa. —Mi querido muchacho… Los pintores se retrasaron mucho en el nuevo piso. y ella le dijo que se lo estaba pensando. —Tienes razón. No sabía muy bien lo que quería. Ella quería una habitación de trabajo para sí: la Agencia de Detectives de Arthur. Arthur prestaba poca atención a lo que ella hacía. de hecho estaba ocupando su mente. Arlette pasó mucho tiempo sudando sobre una escalera de mano. pues estaba muy ocupado con su propia habitación de trabajo. como siempre hacen.

queriendo decir que no se piensen que estamos en esto por otra cosa que por dinero. No un anuncio. he decidido que me gusta lo de la Agencia de Detectives. y tienes que ayudarme. Hay que decir que la consulta no cuesta nada. Mi estimado colega Monsieur de Montlibert. —No es eso exactamente. Una pequeña nota en el periódico —explicó ella—. Ahora bien. puedo conseguirte un lugar para tus actividades. cosas que yo sin duda no soy. No importan las «ologías». que se entienda al instante. son técnicos. —Basta. —Aconsejar y consentir. es una valiosa herramienta de investigación. Pero no hay que decir esa palabra… suena a pitonisas. y no nos aumentarán el alquiler? —Estos problemas déjamelos a mí. no hace el mismo trabajo que yo. ¿no hay algún impuesto especial. —Y muchas personas tienen miedo del gasto. —Pero ¿esto no es muy inmoral? ¿Tentar la confianza de la gente y luego utilizar la información? . —Ropas vieja y leche en lata para las víctimas de los terremotos. Una especie de frase lapidaria. burlándose de ella—. Té y simpatía. —Déjame pensarlo. claro que puedes fumar en pipa. Está de acuerdo con que venga gente aquí. En cuanto a la casa… ¿me dejarás que te ayude. Como «Nuestro negocio es nuestro negocio». —Bien. pero a ambos se nos llama sociólogos. —Ayuda. —Ahora entiendo —solemne. he hablado con la dueña. —Arthur todavía no había penetrado en su pensamiento elíptico—. Yo proporciono un cierto aire profesional. Desde el punto de vista oficial. Consejo y consuelo. en este tipo de cosas? —Claro. Siéntate… Oye. —Y cuándo haces entrar a la gente (de paso. yo sola no podría. —Problemas personales y familiares. Asesoría suena a cosa fiscal y financiera. ¿cómo la haces entrar?). pero no tengo la menor idea de cómo hacerlo.—Ven a mi habitación… No seas tonto. pero mi trabajo es de naturaleza criminológica y penal y generalmente sociopatológica. pero algo parecido. Elaboras un archivo. que es Catedrático en la Facultad. tú eres una especie de radiólogo: examinas a la gente por una pantalla. Las definiciones vagas apropiadas son el pan de cada día para mí. ¿dónde la pones? Y si uno utiliza la casa para consultas profesionales.

Puede que trabes conocimiento con algunas personas indeseables. por supuesto. Te enseñaré cómo. Ahora que lo pienso —dijo Arthur. Tus fichas serán confidenciales. »Pero tú no eres Información del Ayuntamiento. tú eres un perro guardián. Podría ser el chico de la carnicería. hasta que fulanito cuelga el teléfono. No. llevan una gran carga de responsabilidad. para que adopten la legislación normalizada contra el abuso de la información informatizada. viendo la cara de asombro de ella—. esposos posesivos. caramba —exclamó ella—. Todas las fichas son inmorales cuando se utilizan para amenazar a la intimidad individual. Creo que tu anuncio lleva un número de teléfono. después del cual graba una voz que llega de fuera. con una sólida puerta interior que dé al apartamento. pero debes tener alguna protección. »Tu puerta de la calle se abre con un timbre —explicó Arthur. o paseando a tu perro. No aparecen los datos de identidad. Cuando éste suene. sé cuidar de mí misma. Ese corredor ancho de la entrada: lo partimos. Así que desconectas el zumbador. donde la presión de dentro y de fuera es igual. debes tener también alguna protección física. podemos permitirnos algunos juguetitos electrónicos. obscenidades anónimas. El Consejo de Europa hace poco ha exhortado a sus miembros dos veces. —¿No es demasiado sofisticado? —Estoy de acuerdo en que las oficinas están rodeadas de estos aparatos y es fácil tener demasiados. tú lavas y planchas las fichas. la verdadera puerta del apartamento.—Me encanta oírte esto —dijo Arthur con sequedad—. —Oh. podemos hacer que se abra de un empujón. Si tienes un cliente. »El piso utiliza otra técnica sencilla. —Mi querida niña. Borrachos. Supongamos que hay alguien ahora en la cámara de aire. neuróticos de todas clases. cuando estés aquí sola. le haces entrar en la oficina. ¿es que eres un lacayo? Estás en el baño. Para decirlo con una asquerosa frase de la jerga. a quienes les encanta la información informatizada. una cámara de aire: en realidad. La mejor garantía posible. Es lo normal para todo el que no tiene secretaria a tiempo completo. podría poner en marcha un mensaje grabado. poniéndose serio de repente—. . —¿Por qué no puedo contestar al teléfono? —preguntó la bien entrenada esposa del doctor. y miras por la mirilla. —Entiendo. La puerta del rellano. o un vendedor de seguros. Entre las dos puertas queda un filtro. Mis colegas. Como no tenemos que pagar ascensor. Es para las personas que aprietan tu timbre simplemente para tener acceso a la casa. lunáticos. que tienen mente estadística. Se dispara un zumbador. Tienes una puerta interior —haciendo un dibujo. una pequeña sala de espera. cambiando el tono del zumbador. no quieres que entre cualquiera. la técnica es sencilla. Era la esposa de un policía. —O una amiga.

Arthur se sirvió una taza de café y lo removió un buen rato. sabiendo que habría discusiones interminables. dar un golpe sobre la mesa y decir «ésta la voy a ganar yo». Quiero que vayas al gimnasio de la policía a tomar clases de autodefensa. como la nueva matemática o las tarjetas de crédito: causan un sinfín de problemas. —Arlette puso cara de obstinación. —Una completa tontería —dijo ella—. es necesario para la estabilidad de la moneda. —Malditos americanos —dijo Arthur—. pero con todo… Hablaré con el Comisario de Policía: de todos modos necesitamos su permiso y aprobación. El comisario. Más imbéciles que locos. No voy a discutir. Tienes que tener una. . eran inútiles en las sociedades dominadas por las mujeres. se preguntó Arthur. —Con toda la razón. en las que los hombres llevaban armas. Y de otras personas también: una cosa va con la otra. Los suizos no tienen complejos respecto a las armas. hay unas cuantas situaciones en las que una pistola es de auténtica utilidad. pensó Arthur. Los principios de poder masculino. —La violencia sólo engendra violencia. estará de acuerdo. —Mi querida muchacha. Sin embargo. —Así que puedes. Totalmente inútil. En algunos aspectos también eres una mujer protegida. Uno se casaba con esta mujer. Piensa en el oro que está en los sótanos del Banco de Francia. Tienes una inocencia que resulta muy valiosa. ya lo verás. sonriendo. —Me niego a llevar un arma. Pero de alguna manera. y es necesario que tengas licencia de armas. »Pero hay mucha violencia. Mejor. no estás endurecida por la experiencia. Su neurosis por las armas está a la par con otros numerosos inventos idiotas. La estabilidad de la moneda depende de no gastar más de lo que ganas. —Pero yo no. —Absolutamente. Pero diles eso a los gobiernos… no se atreven a admitirlo: todos los economistas se quedarían sin empleo. dirás. ¿Estoy en una sociedad dominada por Arlette?.

No hay nada oficial en esto. sí. Entre otras cosas hacen simple gimnasia. era como si el sol mirara a través de sus gafas de montura de oro. pero… bueno. También es posible que de vez en cuando se vea importunada por algún oficial escrupuloso. Igual que un banco. Llevaba un traje gris de corte ajustado a su cuerpo enjuto. No parecía un policía. Me gustaría que llevara esta tarjeta. Eso la honra. aparentemente con aprobación: si con placer o no. y ella conocía a suficientes policías para saber que muy pocos se parecen a los de las películas. un tono que conseguía ser tan insulso y perfectamente educado que no admitía discusión.8 En el borde del profesionalismo Ella pensó que había ganado esta discusión. No son suficientes. hasta que fue avasallada por el Comisario de Policía. »Muy bien —examinándola. —Aquí está su autorización —dándole un pedazo de papel—. libertades y limitaciones. Ella había abierto la boca. atractivos cuadros en las paredes: en realidad. Conozco sus escrúpulos. lo único que evocaba a un policía era la cara de sacerdote viejo. querida. Hay numerosos charlatanes a quienes nuestras nociones de libertad. Muy bien. y es una ciudadana puramente particular. Mmm. El profesor Davidson y yo tuvimos una larga conversación. procura que no se te quede abierta. Bueno. »Usted no desea ser una especie de mujer policía. Tengo que saber qué agencias operan en mi ciudad. Venga y ellas . Encantado de conocerla. Creada por el profesor Davidson y yo. Está usted en el borde de la categoría profesional. las responsabilidades también tienen sus límites. Hablaba con voz tan baja. Podía haber sido el despacho de un banquero privado de Ginebra: las paredes habían oído la misma cantidad de vilezas secretas. Con frecuencia. Tengo algunas chicas en mis servicios. que tuvo que aguzar los oídos. no totalmente espurio. lo cual no sucedía con frecuencia. a su categoría amateur. y era casi imposible imaginarle portando un arma. Sin embargo lleva mi sello y mi firma. La característica general es que no lo parecen. y la legislación actual. »Esto ayudará a demostrar su buena fe con algunas personas. »Tenga también un permiso de armas. Tenía una bonita alfombra en el suelo de un despacho completamente distinto al de un policía normal: en las ventanas (limpias) había unas alegres cortinas. Notifíqueme si la pierde o se la roban. Da cierto profesionalismo. Sí. Cuando sonreía. permiten florecer. usted conoce sus derechos. era imposible de decir—. con chaleco. de uniforme. que es consecuencia de escuchar muchas confesiones. No está usted bajo juramento. —Y eso fue todo. dentro o fuera de las definiciones de mi competencia profesional. Podemos reunimos de vez en cuando. un tipo al que reconoció. »También hay… tenga… una especie de tarjeta de crédito. Una responsabilidad que yo acepto.

Sólo… se había mostrado práctico. cuya punta se había enredado con la rueda trasera de su bicicleta. ¿Quedarse allí? Podía decir en el hospital que había cambiado de opinión. un número de teléfono donde localizarle y la hora más conveniente. Y le enseñarán a utilizar el arma. Éste es el teléfono de mi casa. Ella lo había escuchado innumerables veces antes de que la dicción. La idea no es que sea un tribunal supremo. había un sobre en la mesa de la cocina. Como con el arma. su bonita cocina nueva. Frío e impersonal. Asesoría y ayuda: problemas personales y familiares. La ambulancia llegó demasiado tarde. quiero decir. Ayer todo había sido académico: demasiado largo o demasiado corto. que las palabras habían perdido su sentido. «Esto es una grabación de Arlette van der Valk. Como una pistola de alarma de tamaño grande. con una cinta y una nota de Arthur. El chico murió asfixiado lentamente. no como un juego. indique su nombre. Le flaqueaban las rodillas. La voz de Arlette. Va bien para la figura. creo». pero ninguno llevaba un cuchillo. contralto suave. un arma. poniendo el dedo entre las ruedas dentadas. a no hacerlo. surgió por los altavoces de alta fidelidad de Arthur. —El Comisario pareció aprobarlo.le enseñarán. demasiado serio o no lo suficiente. —Y la peligrosa sonrisita. Ahora puede hablar». Parecía serio. Con un permiso. Un revólver de cañón corto de acero azul. —Ahora le sonaba extraño—. Es necesario para concertar una cita y no hacerle esperar. —Escribió algo en una tarjeta de visita—. Ésta era ella. Al final. el tono y tiempo fueran correctos y él llevara la cinta a cortar y empalmar. En casa. Práctico. No se había reído ni la había tratado con desprecio. la línea quedará abierta para grabar su mensaje. Achacarlo a un capricho de recién casada. Dios santo. para mostrárselo al vendedor cuando comprara munición. Es absolutamente discreta. en su interior. Había testigos. —No es demasiado. «Esto está muy bien ahora. Bueno. ¿Dónde se estaba metiendo? Un día o dos atrás había muerto un niño. ¿qué frase ha adoptado como eslogan publicitario? —Arlette van der Valk. Por favor. Por cierto. cortó la gruesa tela de lana e intentó resucitarle. Ese espantoso comisario de policía. Se levantó. . Miró a su alrededor. Como Isadora Duncan. Al fin apareció un policía. allí estaba su bolso sobre la mesa de la cocina. Estas cosas se propagan de boca en boca. Llevaba una bufanda larga. y ahora ninguna de las dos cosas. puedo confiar en que conozca usted el trabajo policial cuando lo vea. La acompañó cortésmente hasta el final del pasillo. que será confidencial. Había estado tan concentrada en las exigencias técnicas. Confío en su discreción y buen criterio. para indicar con educación que la conversación había terminado. sonando mejor de lo que sonaría al teléfono. La secretaria se ocupará de ello. pero no lo consiguió.

trabajo de mujer. ¿Voy a ser una memsahib? ¿Arreglando las flores. —Sólo te estaba apuntando algunas sugerencias —dijo Arthur con humildad—. porque parece barato. Consigo este piso y todo lo demás. No. Pero el Consejo me ha nombrado. —Ésa es mi chica. Dios mío. no tengo elección. lo aprenderás sólo observando sus movimientos. hago un buen trabajo. Tengo un . Con todo —dijo Arthur pensativo—. Si puedo conseguir que estés de acuerdo. ¿Qué otra cosa podía hacer. Un arma… como si fuera una caja de cerillas. un lugar donde vivir. Y ¡ah!. Había que hacer la compra.Arthur la había dejado tranquila para que decidiera. Si resulta que tienes que sacar el arma. Y tu compañero. El hombre también se pregunta qué está haciendo. eso no te costará. He criado a tres hijos. Y bonita. todo esto son pretextos. casi me olvidaba transportado como estaba en el torbellino de tus emociones. la ropa. —Así pues. A la mierda con eso —rompiendo a llorar de rabia—. era absurdo. con esta idea fantástica. ¿verdad? —No. Arthur lo entendería. y no lo fue. —Idiota no. será excepcional? Cama y la cocina. —Las chicas policías me enseñarán. Estas burocracias europeas son lujos extremadamente caros. que son vistosos y te sientan bien. en esa idiota Torre de Babel. Mira ahora: mujer inútil se echa a llorar. Dios mío. ¿no? Y entonces viene un hombre corriendo tras de mí. y en florines holandeses. pagado. —Me he dicho a mí misma que contabas conmigo. ¿Para aprenderlo? Ven a sentare al lado de Nellie. Un experto en ciencias sociales. Me podía sentir satisfecha. están estos trajes pantalón. Sólo tenía que decir lo siento. Tenía un empleo aquí. por supuesto. Por cierto. hace treinta años que está en la misma máquina de coser. Cretina. —¿Qué he hecho para merecer esta suerte? He vivido mi vida. para las que ella estaba muy preparada. ese horrible comisario… te tomó en serio. Me quedé viuda. la Universidad me da cabida. —Pero tú no trabajas allí. en realidad. —¿Qué otra cosa podía hacer? Realmente. Y preparar una comida comestible. E idiota tener miedo. pues? —Cálmate. dando una palmada para llamar al mozo? ¿Ofreciendo pequeñas fiestas de vez en cuando. Tareas femeninas. No lo he ganado. Y pagado. ¿qué te ha hecho volver a cambiar de opinión? —preguntó Arthur con curiosidad profesional. Ese Palacio es tan feo. No es asunto tuyo. Una pensión. en las que la comida. Me parecía… poco profesional. negarme. deberías estar femenina en la oficina. que ha sido bastante buena.

Estos hombres. Arthur era muy listo. con una escoba y un recogedor. ¿Dónde está mi pipa? Maldita sea. —Lo siento. como vio él con satisfacción. —Lo probaría ahora —ansiosa— pero la comida casi está a punto. le dio largas explicaciones que a ella le costó seguir. Aquí están las llaves. está bien. tapicería de tweed. Conducía el Lancia con el debido respeto. Vino el electricista. El mayor milagro: él mismo lo limpió todo cuando terminó. esta tarde. pero. ¿Esa cosa verde almendra? ¿Qué es? —¿Qué es? —fingiendo asombro—. Vino el carpintero: más extraño aún. Arlette conducía el coche. Es lo que conduce el detective privado femenino. El Consejo de Europa y las Naciones Unidas juntos no podían ser más pródigos. —Allí empezó a reír de modo incontrolable durante un rato demasiado largo: su secretaria contempló esta hilaridad y se dio unos golpecitos en la frente. pensó Arlette. Un pequeño pero apropiado Lancia. trabajó. Ese policía con su arma. —Santo cielo —exclamó ella mirando por la ventana—. —Puedes llevarme a la oficina. Era como un cumpleaños perpetuo. Fuera.coche para ti. Un día de estos habrá un carpintero liberado. en la calle. que utilizará el aspirador. —¿Le importa mostrarme su mano? ¿Y subirse la manga un momento? Gracias. Se compró ropa. enfadada con todos los demás conductores que no le dejaban ni el espacio reglamentario de treinta metros. —No era ella mujer de gritos roncos. Sylvie. instaló cosas. Abrigo la esperanza de que me dejes cogerlo de vez en cuando. Realmente. . se había quedado con la boca abierta. Esta parte tiene sus recompensas. me la he dejado en casa. Discretamente desaseado.

Grosería. muchacha. ¿ocultaba a alguien vulnerable?. Era extraño. a alguien le costaba digerir toda aquella basura grabada y comenzaba de nuevo. Ni siquiera sé dónde está exactamente. la cinta. muy escueto y práctico: «Llame a este número. y la puso con paciencia para borrarla. —¿Monsieur Dupont? Soy Arlette van der Valk. Eso hizo. hablo inglés. o como se llamara. y el servicio de autobuses… Un acento curioso. ignorancia. No importa: haré todo lo que pueda. Voz de hombre. gente frustrada. Una persona que parecía estar demasiado bien para ser cierto que dijo: «Oh. Zoquetes. . aunque no tenía experiencia. una voz tranquila y razonable dijo en inglés: «Lo siento. y. tres mensajes juntos en la cinta. ¿Lluvia? Diluviaba. tonterías. no sabía a qué hora tenía que venir aquella extraña persona. vivarios. las agencias matrimoniales. tomaré un autobús… No sé cuánto rato tardaré. pida por Dupont». entre las pitonisas. —Risitas. he conseguido la dirección. No sé qué decir. Muchos con entusiasmo y vocabulario limitado que decían que esto no era trabajo para una mujer. Sucedieron cosas. Arlette se dijo que esto era lo que en secreto había esperado. Me parece que iré igualmente. realmente. La cinta ya estaba llena de basura. «Arthur. y escribió la hora. y colgó. Me arriesgo a que usted lo entienda. Mire. el hombre que tenía acuarios. terrarios. una empresa de débil mental—. más bien». holandés… ¿lo pongo en el anuncio?». sin embargo. ¿Qué puedo perder? Ni siquiera sé si alguien me oye en este artefacto —Risitas—. gazmoñería. gente del lumpen. Aquí estaba… En el silencio. bueno. al no oír nada. por supuesto. Él no parecía perturbado. De la que llama por teléfono a los bomberos la víspera de Año Nuevo para desearles un feliz año y se ríen del chiste. No ocurrió nada. en realidad… Oh. ¿de acuerdo? Lo siento: adiós». Puso en marcha la cinta otra vez. Arlette apretó Stop y se preguntó qué tenía que hacer para ser profesional. pero de la clase que Arthur había profetizado. lo siento… me temo que sólo puedo hablar inglés. —por la experiencia sobre el transporte público de Estrasburgo. o la agenda.9 La esposa del hombre delgado Sin que se notara. Luego. saltó hacia adelante. del norte de Inglaterra. y un poco de alemán. violencia e hipocresía abundaban en la ciudad de Estrasburgo. el anuncio fue insertado en el periódico local. querida. bien. Cogió el diario. Nunca ocurriría nada. Arlette no se sentía nerviosa. la cantidad de gente que no tiene nada mejor que hacer. No teorices más allá de tus datos. sabe. Clics. llámale y averígualo». no podía entender muy bien todo eso. dándose cuenta de que estaba siendo ridícula—. Borrachos. «Agresividad masculina. y pensó que Arthur había malgastado mucho dinero. pero eso ya lo sabía. ¿Para qué servía eso?.

pero no sé exactamente cuándo podré hacerlo. no puedo arriesgarme a que me telefonee a casa. no creo que sirva de nada darle la dirección. ¿de acuerdo? —Puede venir aquí y verme. usted vive cerca del Observatorio. se monta un alboroto tremendo cada vez por la cuestión de qué he hecho y dónde he estado. espero poder verla. Segura de sí misma. hasta que sepa lo que puedo hacer. eso tampoco serviría. Haga entonces todas las preguntas que quiera. de una manera cansada. Voz de ejecutivo en jefe—. La chica se había mostrado apresurada y confusa. Sólo a dos . «Soy Marie-Line Siegel. —¿Llama desde su oficina? —No. estoy en una cabina. —Nada. no quiero hacer eso. No tengo intención de discutir mis asuntos con nadie antes de saber más cosas de la persona con quien estoy hablando. —Se sentía muy verde. o un poco después. en cualquier momento a partir de ahora. El día estaba lleno. Vivo en el Meinau… no. pero ¿cómo se conseguía experiencia? ¿Se telefoneaba a la gente para practicar? ¿Se les decía lo siento. Es un asunto particular. —Es justo. pero es usted el primer cliente que tengo? —No. ¿de acuerdo? Esta tarde a las seis. Arlette cogió la guía de teléfonos y se encogió de hombros. pero evidentemente en tensión. si eso es lo que quiere —preguntándose si eso estaba bien pero no queriendo perder la oportunidad.—¿Quién? Ah. es inútil hablar: oiga. Lo único que podía esperar era que perseverara y lo llevara hasta el final: por el momento no podía hacer nada. pero tenía algún problema en casa. Mi padre… mierda. —¿Cuánto cobra por hacer eso? —rudo aún. junto a la estatua de Juana de Arco. a las seis junto a la iglesia de Saint Maurice. Esto… abrigo azul marino y sombrero marrón. o como se llamara. La tercera voz de la cinta era la de una chica joven. y no particularmente coherente. necesito ir a verla. Siegel. Oiga. al parecer. era un apellido muy corriente. Colgó con brusquedad. en el Meinau. y le pido que me disculpe si llego tarde». ¿verdad? Reúnase conmigo en la calle. No. al menos de momento. sí —como si lo hubiera olvidado. Desearía saber… Tengo que esperar que pueda sugerir algo. Y este Dupont. Truco de autoafirmación. tan corriente que no valía la pena fijarse en él. hacia las dos me va bien. Esta tarde… lo siento. Una chica que podría o no aparecer a primera hora de la tarde. La voz clara y educada de los que han recibido una buena crianza. Esta mujer inglesa. quizás. Espere. ¿de acuerdo? —Muy bien.

¿Qué pauta seguirían las cosas? Se encogió de hombros. Ella estaba a medias cuando sonó el timbre. donde comienzan todas las mujeres. con bonitos y sencillos dibujos de flores en las paredes. mejor aún. espero que hable inglés. Pero era el primero. Y la gente dice que el ruso es difícil. Te metiste en él por estupidez llena de bondad. a punto. en realidad la única salida que veo. cough. Lo sentía si era un poco tarde. ¡el primero! Una cara pálida que habría sido bonita pero que era regordeta y ojerosa. La mujer de la limpieza. pronunciado «raf. honesta. Arlette no había comprendido nunca a aquellas mujeres que tiraban veinte pares de zapatos nuevos y buenos. Lo siento. da como resultado una caja. Y algo más bien rápido para ahora. La mirilla le mostró a una mujer joven vestida de negro. Todos ellos eran ambiguos y torpes: nada definitivo. Si este Dupont quería hablar. . Arlette estaba satisfecha con la sala de espera. Si la comprendía. aunque sea ancho. bau. bough. dou». No logro aprender francés. No tenía claustrofobia: acogedora como un claustro materno. Sonaba al tipo de hombre que entra y enciende la televisión directamente. pero la comida es importante. y focos y ventilación en el falso techo. mirando con sorpresa en torno a la «sala de espera». Y ella lo había querido tener convenido de antemano como un dentista… Empieza en la cocina. gracias a Dios. dough. se tomaba la comida en serio. mucho mejor. es largarse enseguida. ¿no? Arlette tenía una también. —Quítese el abrigo y póngase cómoda. trabajaba bien y duro. como parecía probable. se estaba tomando una taza de café. porque ha tenido un día muy duro en la oficina. Todos aquellos años en Holanda. Se quitó el delantal con una mano y se alisó el pelo con la otra. Estaba revestida de madera de pino clara. siempre que pudiera tomarse uno fuerte con intervalos de un cuarto de hora. Sacaría algo del congelador. mientras que su idea de una comida era un pollo congelado mejorado con trocitos de piña de lata. ese Dupont. La partición de un corredor grande. —Querida Escuela Berlitz. por mucho que pretendas que no lo es. decía Arthur con admiración. y se colocó su delantal. Arthur tendría que preparar la cena. mi querida amiga. Rough. No es que Arlette pudiera pensar en muchas. Estás en un lío. Un oyente. Había decidido admitir la caja. Arthur. Salió deprisa a la oficina y abrió la puerta con ganas de decir «El siguiente». —Digo.minutos a pie en la misma calle. Mmm. kef. una pequeña alma portuguesa perniabierta. y vomitarlo todo era lo que realmente quería. no cogería el coche. Si tenía alguna sugerencia inteligente que hacer. La mujer no había tenido con quien hablar durante siglos. era posible que no estuviera en casa durante un buen rato. Todos tenemos nuestras pequeñas manías. y la mejor manera de salir de él. lo siento. El primer día de trabajo. y que el cielo ayude a la esposa si no tiene preparada una comida fuerte. aunque conseguía ser mejor que fea.

debía de haber un consulado danés en alguna parte. Tengo mi orgullo. A eso se le llamaba dignidad. quien poseía cierta gallardía. El problema con las mujeres. Sólo negligente. no era un mal padre. Robert. ¿Y de qué servía que alguien un poco negligente por naturaleza fuera traído por la fuerza? Volvería a estar fuera al cabo de cinco minutos. ¿no? Vas a donde está tu hombre. hasta que un día se dio cuenta. —Ella se las había apañado. Robert hacía un par de años que rondaba por ahí. domesticado. en realidad. y era de Salford. vaya. pero aparte de conseguir los detalles necesarios. se llevaba bien con todos. Oh. De todos modos. con un empleo en la zona de Manchester. Arlette lo sabía bien. ¿allí. que cada vez fueron más y más largos. —¿Hizo esfuerzos por encontrar a Jackie? —En realidad no. Se podía ver la cuestión. pero a Arlette le gustó Norma. ¿Qué tiene de diferente Francia? También hay escuelas. es que insistirán en engañarse a sí mismas con el mismo tipo de hombre. que pudiera coger a Master Jackie. ¿Para qué? —Bueno. No técnicamente quizá. sólo con una ligera sensación de sorpresa. —Sí. Era marinero. Hablaba bien el inglés. Un buen empleo. ¿qué la retenía a ella? Su hermana había estado en contra: ¿qué?. nadie estaba en peores circunstancias que el propio Jackie. Su esposo podía decirse que la había abandonado. para que un tribunal se excitara con los derechos conyugales. Era amable. el empleo en Manchester terminó. sospechaba ella.Se llamaba Norma. y generosidad. Arlette tomó nota conscientemente: Danés. no tiene ninguna. aunque le habían dejado en paz mucho tiempo. Un tipo sólido. a él no le había preocupado meterse en la cama con Norma. y otras cosas bastante pasadas de moda. entre los gabachos? Su hermana siempre había sido una aguafiestas. Los hombres eran infernalmente plausibles. ¿Y cómo había salido? Era evidente que mal. como dijo Norma con gran sensatez. le propuso ir con él a Estrasburgo. Bueno. Bueno. ¿Divorcio? —No. para ser francés. Ninguna queja auténtica. para recordarle sus responsabilidades. demasiado. . tranquilo. Un buen tipo. había que darle a Norma la oportunidad de vaciar todo lo que llevaba dentro. Lo suponía. La dejó con tres hijos: había hecho todo ese trabajo en casa. le gustaban los niños. Amable hedonista. en Estrasburgo. lo veía con intervalos. que Jackie se había ido para siempre. sabe. Algunas mujeres nacían víctimas. para entonces acostumbrado a las comodidades domésticas. él estaba bien. no en tal fecha.

lo ponían sobre el pan con margarina y lo cortaban con cuchillo y tenedor: extraño. esperando que de allí salga la comida del día para cinco personas. y habló animadamente durante diez minutos. la verdad. como ella. ¿Los niños se veían diferentes de los franceses? ¿Y ella? Aprendes unos cuantos nombres. pero a ti no te asusta el trabajo. Cuido de su casa. te ayudaré a llenar los formularios. Pero. tampoco importa que seas inglesa. niña. Y te ayudaré a elegir la escuela. y le daba un billete de su bolsillo de vez en cuando. paquistaníes o algo así. No soy simplemente un amor de prostituta. ella sabía cómo tirar adelante. lo que impedía que la felicidad fuera completa era este maldito Robert. Siempre se había negado a entregarle una asignación semanal. Mire. y dijo que dispararía si ella miraba alguna vez a otro hombre. si escribes «concubina». Sinceramente me encanta estar aquí. Habían ido a la escuela. Hautepierre está bien. Tengo que vestir a los niños. No. Averiguaré exactamente a qué tienes derecho. has de valerte por ti misma. No como si fuéramos negros. no está bien. Esto es esclavitud. —Estoy acostumbrada a pasar con poco. y cuando antes se meta Robert esto en la cabeza… ¿Algún oficio? ¿Camarera? Bueno.Empezó bien. no me avergüenza ni me asusta. Tienes derecho a la Seguridad Social como cualquier otra. pero poco francés… Aun así. Estrasburgo era encantador. A los niños también les gustaba. Como ella. ¿Qué edad tienen los niños? ¿Siete. la mujer había sido muy amable. tranquilo. No hablaba francés. ¿eh? Estaba claro que lo primero que había que hacer era levantarle la moral a Norma. querida. están las asignaciones para los niños. hay montones de niños en ese barrio. Nunca lo son. eso es de locos. Robert tenía un bonito piso pequeño. No. los colocó con otros muchos niños vietnamitas que tampoco hablaban francés. No era el mismo que en Inglaterra. Ella había pasado por lo mismo en Amsterdam y le pareció difícil. Hicieron amigos en todas partes. Los holandeses llamaban al queso Kahss. Siempre he sido pobre. y aprendías a llamar a la vinagreta slahsowse. pero a los pequeños no les preocupa. quince? Suficiente para valerse por sí mismos. Trabajo duro y horarios incómodos. los niños aprendieron mucho chino. y estás en casa. y le pongo la comida en la mesa. puedes ganar un buen dinero con eso. que comen comida especial y llevan turbante. sabe. Suspicaz y celoso. No importa. ni siquiera el querido Piet… Robert se había vuelto realmente curioso. mucho papeleo. . y una para ti. y mucho más. el otro día cogió un rifle. quiero decir. Sirvió una segunda taza de café. se las arreglaban bastante bien. se las apañaba para comprar. y los alineó a todos contra la pared. Esto es una tontería. Otra cosa: se había vuelto tan terriblemente tacaño. No es broma. pero él no bromeaba. once. y mejor aún en Alemania. Arlette simpatizó con Norma. pensó Arlette con pesar. Diablos. lo que es más importante. ¿Eso había funcionado? No demasiado bien. Pero darte un billete de diez francos. y la tengo limpia. encontró un paquete de cigarrillos Virginia. deberías ver Salford. Claro que has de tener dinero propio. fromage. y la asustó. Dios mío. tener cierta independencia. No es que ella lo hubiera hecho. todo se irá al diablo. con espacios verdes alrededor y árboles.

¿estás dándole un bocado más grande de lo que puede masticar? O le buscarías un montón de problemas. Me ha sentado bien. no sirve de nada. De modo que. pero ella no habla inglés y tú sí. Pero estoy asustada. —Sí. El diez por ciento de una mensualidad. Es un caso para la asistenta social. que parecía bastante costoso. ver lo que puedo hacer. ¿Le parece justo? —Claro. ¿verdad? —echando un vistazo al despacho. La pobre Norma tenía que ir en autobús hasta Hautepierre. —Hasta la vista. Arthur la escuchó con paciencia. Tres niños retrasando el hambre con pan y mermelada. —Me pagará lo que pueda. y no voy a darte ninguno. —No. Es violento… —Pero yo no lo soy. —No. ¿puedo ir a verla? ¿Quizá mañana? Necesito pensar en ello. Porque Robert no me puede hacer nada. pero por ahora… —Oiga. Pero podría dar una paliza a esta indefensa mujer. por Robert. Es casi la hora del almuerzo. Gracias por el té. No le diga nada todavía. dijo Norma con firmeza. La pobre mujer está indefensa. que también parecía rica. No es usted el Ejército de Salvación. y podía ver más. Tu pregunta tiene que ser. volverán al día siguiente a por más. ¡Camarera…! Arlette había previsto este obstáculo. —Por supuesto. —Claro. peor aún. —Y podía adivinar cuál sería. Me ha hecho usted mucho bien. o. Pero… ¿Cómo le pagaré? Los niños vieron su anuncio. —Eso es lo que pensaba yo. pero el maldito Robert es tan celoso. Como Arthur decía. Dales en cambio un poco de fuerza para que se ayuden a sí mismas. Siempre estoy allí. cuando pueda. No importa. . puedes salir del apuro con la olla a presión.Claro que no. es del supermercado. a uno de los niños. Tendría que ir con cuidado —. pues. Tal vez él tenga algún buen consejo. Pero no ayudarás a esa mujer simplemente sintiendo lástima de ella. y a Arlette. lo sabes. lo siento. ¿Quieres un poco de queso? —¿Compras este Brie? Parece un pedazo de piedra. —Tú no quieres ningún consejo. Como un agente. si encuentra un empleo. ¿cuál es la realidad del caso? No te limites a ayudarles. También hablaré con mi esposo. si puedo. tenía que ser así.

pensó ella.Arthur refunfuñó. . pero le echó una mano a la hora de fregar los platos. Las cosas van mal.

En todas partes se está asediado. la dividían en parcelas. suponiendo que lo quisiera intentar. Mucho peor. El Meinau es un asunto diferente. Casas de un mal gusto presuntuoso se alzaban y se rodeaban con pequeños árboles y arbustos floridos.10 Marie-Line del Meinau Para la valiente burguesía de la ciudad. Todo muy bien. en estos momentos. de poca categoría. proyectaban una red de calles. Con un poco de desasosiego. De risa. o simplemente estudiaras la moral de las ciudades provinciales. Hoy en día apenas hay ningún sitio que valga lo que cuesta. había un precedente excelente. Existe: es suficiente. Si no es en realidad un desierto habitado por dragones. flanqueado por pequeños canales serpenteantes y rústicos huertos. para aliviar el tráfico pesado. como los había antes. Antes de la guerra —ah. llena de estaciones de servicio en todo el recorrido hasta Illkirch: aterrador. Un capitalista emprendedor podía hacer maravillas. Y lo peor. Había un campo de fútbol en un terreno baldío al otro lado de la línea del ferrocarril a Alemania: los estadios son de poca categoría. Hautepierre existe de oídas: a nadie se le ocurriría jamás poner los pies allí. los buenos tiempos pasados— la tierra era barata y los permisos de construcción se conseguían con un pequeño soborno. Compraban una granja. que había prosperado desmesuradamente vendiendo información dudosa a los gobiernos y botas de cartón al ejército. Si fueras estudiante de sociología o de psicología urbana. Fue en los años sesenta cuando empezaron las cosas alarmantes. mucho. clásico en estar ruinoso y hecho trizas. y ya estaban metidos en una cómoda senda de negocios. Schulmeister. la municipalidad puso las manos en la finca Schulmeister y construyó bloques de renta limitada para los pobres en todo el parque y la laguna «Canardière»: en una palabra. el socialismo era para los pobres y se llamaba la Sección Francesa de la Internacional de los Obreros. los . llenarse los bolsillos generosamente. una parte rural del mundo junto a la carretera principal a Colmar. El Meinau. o de arquitectura. valdría la pena estudiar el Meinau: un suburbio residencial en el sur de Estrasburgo. En el Meinau. había construido allí una finca enorme. y los valores seguían subiendo: encantador. ahora disculpándose un poco pero no hay ningún barrio es Estrasburgo. La carretera de Colmar se convirtió en un vulgar jaleo de tráfico congestionado. El equipamiento de aceras y cloacas era superficial. Estabas cerca de la ciudad y del trabajo. que buscaba una salida de Alemania por el oeste evitando el saturado centro de la ciudad. un aventurero napoleónico. era ideal: las calles no conducían a ninguna parte. sí es terra incógnita: uno ni siquiera está seguro de cómo llegar hasta allí. No había ningún control. palacio y parque. instalaban electricidad. y Arlette era todas estas cosas. Incluso en los años cincuenta el volumen del tráfico motorizado se estaba haciendo imposible: todo el mundo lo decía. pero eso nunca había preocupado a nadie. La gente «que conocemos» vive allí. y sin embargo tranquilo y libre del bullicio: los viejos barrios urbanos en la Avenue des Vosges se estaban volviendo alarmantemente sucios y ruidosos.

un silogismo complicado. quizá tres. Las MarieLines del viejo estilo procedían de chabolas físicas: las nuevas. Garajes en el sótano resguardando a coches bien lavados y encerados. si es que planchan. divididos en dos pisos.espantosos proyectistas están abriendo nuevas carreteras periféricas. . Un vástago burgués del Meinau. Los pesados «trenes callejeros» articulados vienen galopando a través de los rústicos huertos. Un centro sólido de sólidos chalés feos. de gangsters de diez años y de mujeres violadas en garajes subterráneos. tienes un lugar bonito. no puede conseguir que se vayan a lugares horribles como Hautepierre. Todavía quedan una docena de calles plácidas. apestando y chillando frente a la puerta de uno. con los españoles y los árabes? Se cuentan historias horribles de estos bloques. de ascensores manchados de orina. Estas personas han llegado. Lo que más temen es el ataque rastrero por los traidores de dentro. Puedes enviarlas a la lavandería. Ella sólo conocía estas casas desde fuera. Las manifestaciones entonando consignas producen sonrisas de labios apretados tras las cortinas de encaje. pero lo suponía. Los anarquistas de hoy en día raramente son huérfanos tuberculosos que viven en húmedos sótanos. Sentía curiosidad por Marie-Line. El enjambre de grasientos moscardones unisex en sus motocicletas. ¿De dónde vienen todos los pobres? ¿Por qué la municipalidad. y los pobres aparecen a tu lado. Conclusión lamentable: si no quieren que los hombres sean un hazmerreír. Las condiciones sociopáticas le parecían a Arlette tan amenazadoras como las de las barracas ruidosas y malolientes de Neuhof o el Elsau. Los burgueses están bien parapetados contra los tumultos por la muchedumbre. Armarios de las bebidas ocultos y sofás de cuero auténtico. las mujeres deben plancharles las camisas. Pero es una agonía que dura mucho. Timbres bruñidos y setos recortados. pero no es rentable. aparentemente intactas. Los hombres planchan con torpeza e incompetencia. mientras el dinero huye discretamente a Suiza. Cuartos de baño con azulejos italianos y cocinas a juego. de chabolas morales. Un error. Planchar es una esclavitud de la mujer. Uno vendería. Por Dios que permanecerán. de residencias deseables en el Meinau. prestigio. Arlette estaba planchando las camisas de Arthur. categoría. donde mandan todos nuestros amigos. Pensionistas inválidos que se vuelven locos y disparan desde la ventana de su prisión con rifles del 22. La mayoría son adolescentes que han recibido una buena y costosa educación y que gozan de excelente salud. El cliché marxista es que el capitalismo está agonizando. ahora que ya no hay criadas. pero los valores han bajado. Y es lo mismo en todas partes. Pelearán con uñas y dientes para asegurarse de que sus hijos no van a perder clase. Pero les están apretando el nudo: están luchando contra la asfixia. y las camisas de algodón hay que plancharlas. ¿verdad? Pero ningún hombre civilizado lleva camisas sintéticas.

a menos que esté preparada para confiar en usted? No la conozco. El axioma de Keats es en conjunto demasiado blando y débil para la recolección de uva en Europa Central. no nos metamos en retórica. dedos huesudos y delgados. —Vayamos al grano. Mediados de otoño era la mejor época. trasero plano como un chico. Arlette planchaba dando golpes malhumorada. Quizá se le volvería basto o engordaría sorprendentemente pronto. —No tengo ni idea. —No me importa. ¿Quién había dentro de casa? Sonó el timbre. eso es todo. supongo. Pelo rubio como el maíz. No es que… olvídelo. Rostro muy bonito. Había sacado un cigarrillo de la caja sin que se lo hubieran pedido. Maravillosa nariz clásica. . Maldita chiquilla pesada. Fuera hacía un día espléndido.Eran pasadas las dos. Se mordía furiosamente los dedos. y picoteaba lánguidamente un dedo castigado. incluso sin cerveza ni patatas fritas. Casi adulta. había mirado a su alrededor con aire de suficiencia para disimular la falta de práctica y la timidez. —Soy Marie-Line Seigel —dijo al entrar—. Al entrar. —Irritada por haberse mostrado incontrolada y vulnerable al teléfono—. No había que ser muy hábil para darse cuenta de que se hallaba en un estado de nerviosismo. Pero ¿de qué sirve haber venido. arrugando la suya: eso no era cerveza. Se puede parecer muy asqueada del mundo a los dieciocho años. «Entrevistar» a la gente ante un escritorio requiere don de gentes: Arlette no lo tenía todavía. Es irritante. Las facciones bien formadas. Lamento llegar un poco tarde. pensó Arlette. La niña le había dado a la botella de whisky. Alta como Arlette y bien alimentada. ¿Hay mujeres detectives? Quiero decir si hay muchas. eso dando vueltas. para el espléndido cóctel de vigorizantes olores acres. Es una mujer. fumaba con ansiedad. si prefieres que esté apagado —dijo Arlette. rostro pálido que el exceso de maquillaje blanquecino hacía aún más pálido y que destacaba graciosamente junto al jersey negro y una bufanda violeta. la voz reposada. —No. daba golpecitos con los pies. La chica parecía saberlo. Cuando se levantan las neblinas —hay demasiados valles fluviales en la zona de Estrasburgo— la luz de color cereza está llena de suave fecundidad. —Entonces qué… oh. bueno. ¿Tiene que estar necesariamente conectado? —señalando con un dedo el magnetofón. —¿Qué te ha hecho confiar en mí? —No lo sé. Pero hay que confiar en alguien. los movimientos ágiles. Marie-Line todavía era una niña.

Es bastante fría y desapegada. —Cathy está bien. Catherine-Rose Pelletier. hay que perdonar y sufrir. . ¿Usted es muy de derechas? —¿Te refieres a si voto a toda esa gente que se llaman a sí mismos republicanos? No.—Tiene razón. Y hablo demasiado. era. Lo normal. Muy de derechas. La chica se rio con menos tensión. ésa es otra gran dinastía de médicos. —¿Por qué? La brusquedad hizo soltar a la muchacha una corta carcajada incómoda. escrita en una hermosa máquina IBM de las grandes. usted no conoce a mi familia. —¿El trato del divorcio? —No. El divorcio es un escándalo. Gran radiografía panorámica. Véronique Ulrich. eso fue parte del trato. mejor dicho. Así él podría casarse con su extremadamente respetable amante. pero es demasiado cristiana para permitirlo. mi padre es el doctor Armand Siegel. chicas solteras. hablo demasiado. lo aprecias cuando llega la factura. yo diría. una mujer de carrera. Demasiado cristianos. Sería mejor que lo hicieran. Chico. Me deja en paz. que está en el gabinete del Prefecto. así que no sé si es muy malvada. Lo siento. se fugó. Se las da de culta. ¿Quieres que te enseñe credenciales? No. sabe. —Sólo es que todo esto es muy de la clase alta de Estrasburgo. Acéptame tal como me encuentras. ¿Y parece que siento lástima de mí misma? —Puedes sentir tanta lástima de ti misma como quieras. —¿Y tu madre? —Es. pura y de un solo propósito. estoy siendo injusta. Pero ella fue un deshonor. No paraban de decirme qué malvada y desagradecida. —Tiene usted razón. ellos no se divorcian. supongo. Equipo sofisticado. Lo siento también. si la mereces. Bach y todo eso. convertida hábilmente en alegre. pero son para cagarse en ellas. —¿Qué clase de doctor? —Dentista. No la veo. Me odia. Ayudantes y enfermeras. Pero no hace ver que es mi nueva mamá. Toda esas personas son muy honorables. —También pareces un poco molesta con ella. pero estoy un poco molesta con mi padre. Bueno.

si me entiende. —Ha llovido mucho desde entonces —con el desprecio tolerante de los dieciocho por los cincuenta—. es un poco extraño pero le interesa la prehistoria. Ellos quieren saber quién eres. Así que haces los estudios de filosofía en A. pero éstos sólo piensan en el marketing y el cash flow. de dejarse mutilar y distraer por algún pasivo almohadón de sofá. —Todos quieren ganar dinero. no oigo otra cosa en todo el día. No lo tiene fácil. no hay ni que hablar. haciendo matemáticas. pero si tienes seso no te quedas ahí sentada obsesionada por el sexo. al fin y al cabo. —Estupendo. La única religión auténtica. No me habrían despreciado. De D. Procede de una familia . O haces las carreras falsas como Sociología o Psicología. Es normal dadas las circunstancias. Ten paciencia. que no estoy obsesionada por el sexo. O podía haber hecho B. Pero ¿tú dónde encajas? —Me gusta usted —con una risa auténtica. conociendo a gente. No sería conveniente desfavorecer a alguien que bien podría tener un cuñado en París. allí están todas las comerciales que ganarán dinero. en el lycée. y lees a Marx. —Sí. Gran cumplido. y desde luego la pandilla de ninfómanas. para saber cómo se comportarán ellos. te decían solemnemente cómo habían sido descifrados los Pergaminos del Mar Muerto y no debías bostezar. son los desechos de A y C. Arlette se estaba preguntando cuál era el asunto y cuándo llegaría a él. que lo hace todo el mundo. por supuesto. todavía voy al colegio. Entonces pensabas sobre todo en conseguir un hombre. Sí. Para eso ha venido. No me verían una inútil.—Bien. —Ahora Arlette sabía más cosas de Marie-Line y también del sistema de selección escolar. si me hubiera decidido a hacer medicina. y ¿dónde estás? —Estás en la Facultad de Derecho —dijo Arlette como si esto no fuera retórico—. Así es como una se corrompe. y a Freud. Primero tengo que pasar una prueba. —Yo no. —Así que sabe de qué va. es apropiado para una mujer. Estudia griego. O en la gran cuadrilla de Arte. —Yo lo hice. Llegará allí. —Oh. estoy en la última clase. te contaban las mayores banalidades. Te hacían confidencias. filosofía y lenguas. Lo siento. Los hombres no pueden permitirse el lujo de casarse. Debería estar en C. Están las putas baratas. Para serle franca. donde se supone que están las alumnas brillantes. aprendiz de maestro de escuela. lo que nadie hace. y las matemáticas me aburren soberanamente. como Cathy. para saber dónde encajas. —Conozco a un chico —dijo Marie-Line bruscamente—. Ciencias Económicas. Biología o algo así. soy cruda. terminal A.

estoy en contra. Y yo dependo de él.pobre. y yo los respeto. son muy palurdos. —¿Qué clase de medidas? —Encerrarme en alguna clínica psiquiátrica —con voz baja. Hago lo que papaíto quiere. Así que él depende en gran parte de mí. pero no sé hacer nada. sin ningún tipo de educación. que es que obtenga el honorable título de Bachillerato y sea una buena chica. una especie de nulidad. »Y somos dependientes económicamente. y aunque son agradables. o papá y tío Freddy Ulrich tomarán medidas. ¿Para qué sirve la universidad? De todas maneras. lo que significa elimina a Michel de tu existencia. . No es un camino de rosas estar en estas circunstancias en un vertedero provinciano como Estrasburgo. Me gustaría tener un trabajo.

¿Quién estaba allí? ¿Quién va a decir que no eras la compañera complaciente que ellos presentan? Se estaban abriendo perspectivas. ¿O esta chica estaba tratando de hacerse la interesante? —¿Abiertamente a mí? Sí. —¿De veras? ¿Lo han dicho abiertamente como una amenaza? —Lo había oído. con cuidado y legalmente. —Bueno… pides ayuda. —Sí.11 Realidades La voz baja que se guarda para las malas noticias: «Parece que las pruebas muestran un cáncer bastante extendido». —No seas tonta. tendrás ayuda. —No es inmediato. ¿había que apelar a un tribunal para conseguir un experto independiente? «Igual que si te violan vas a un abogado especialista. Pero si se producía en la familia. . Una intervención hecha con torpeza empeoraría las cosas. y sucedía demasiado rápido. no era fácil de combatir. lo llama el código penal. ¿Quizás a un sacerdote? —Miró a Arlette—. La amenaza se supone que es suficiente. Parece un problema legal. Es una amenaza bastante fuerte. había un notable vacío en los procedimientos legales para una declaración de demencia. que conoce las escapatorias. —¿Alguien más conoce esta amenaza? —¿Se refiere a Michel? No se lo he dicho… cometería alguna locura. ¿A quién más se lo iba a decir… a los médicos? —con desdén—. todo esto? —La muchacha la miró con una sonrisa amarga. Arlette se sobresaltó. Suficiente para mí. Me tiene asustada —con tristeza. Necesito tiempo para pensar. Eso no le ayudaría. Ya no se desheredaba a los hijos desobedientes: te decían que te metieras la herencia donde te cupiera. Secuestro Arbitrario. inmediato. ¿Es muy urgente. No lo oí escuchando detrás de la puerta. Usted no me cree. Tendría que consultar la jurisprudencia. como si fuera capaz de ver cierto humor ácido en todo esto. Si una opinión médica decía que una persona era neurótica y que necesitaba cuidados psiquiátricos… para contradecir eso. ni cómo. llevar la carga de pensar que era culpa suya. Todavía no sé qué. Como alegar una violación: has de saber que es notoriamente difícil alegar violación. hubo un caso notorio unos años atrás. No se trata de eso.

Puedes venir a verme aquí. . Y la chica consideraría que había traicionado su confianza. Tampoco era una asesoría para ciudadanos. a pesar de Norma. Tampoco. cuyo nombre está en la puerta. de oro de verdad. Has sido esposa de un policía. De todos modos. Él lo consideraría una intromisión de una extraña en un asunto de familia. Tienes… tenemos que ganar un poco de tiempo. No era cuestión de ponerse sentimental con las jovencitas y sus problemas. eres todas estas cosas. Las jovencitas y sus problemas no podían tomarse con frivolidad. ¡a Arthur le gustaría! —Sólo tienes mi palabra de que él no lo hace. Regalo de Primera Comunión de una familia burguesa. No se podía interferir irresponsablemente. Pero otras veces lo puedes hacer muchísimo mejor. qué cualificaciones tenía? Ninguna. por experiencia —había dicho Arthur—. una «agencia de detectives»… —Sabrás lo que eres. Debes ser dócil durante unos días. Algunas veces no lo puedes hacer tan bien como ellos lo harían.—Seguro que no conseguiría ningún abogado que tocara este tema. —Mauricette. —Todo lo que me digas aquí es confidencial. —Hace demasiado rato que estoy aquí —mirando su reloj. Esto era serio. —Está bien —con una sonrisa repentina. En el sobre sólo ponga Marie-Line. Tengo mucho dinero en la cuenta de ahorros. ¿quién lo pagaría? Ni siquiera sé cómo voy a pagarle a usted. puedes confiar. que es un buen sitio para una autopista. pensó Arlette. Ella no era un refugio para viudas maltratadas. ¡Sociólogos!. pero ¿qué sabes? La vaguedad fundamental y la ambigüedad fatal de la idea todavía le preocupaban. Mmm. que aceptan sobornos del gobierno para decir que sí. el pub que está en el Boulevard de la Victoire: vamos por allí. Pero yo he de tener algún sitio donde pueda encontrarte. y eso es lo que la gente quiere. Dios nos libre. ¿verdad?. —Eso servirá. ¿Me das permiso para pedirle consejo a mi esposo? —Es ese profesor de sociología. Un paso en falso y… ¿Qué sabía ella. o para dejar alguna nota o un mensaje. Un buen reloj. Porque sólo eres una persona. —Tenía que recordar esa definición adolescente. Pero acepto la tuya. pero no puedo tocarlo. ni legal ni médica. y envías a la gente a la autoridad competente. inesperadamente dulce. Tendría que hablar con los padres —con este padre— y no sería fácil. y aportas esfuerzo individual y comprensión. —Todavía no tienes que preocuparte por eso. Si apruebas tendrás una moto.

pero no tenía experiencia en su interpretación. es un engaño. Pero Marie-Line… Podía consultar los textos legales. por ejemplo. Erguida y fuerte en su chándal. invariablemente. bueno… si se ha terminado el café. ¿de acuerdo? Lo siento. Mira Dinamarca o Noruega. Mira. Pero podía hablar inglés y ofrecer una taza de té. Pero sugerir que una clínica psiquiátrica serviría de algo. no es divertido para ninguna de las dos. —Es patético —dijo Corinne—. La realidad… »¿El viejo Joe la envía para que aprenda algo de esa mierda de combate sin armas? Ah. ni habilidad para preparar un argumento. por muy expertos y comprensivos que fueran. mucho. tenemos un gimnasio aquí al fondo. El modelo de familia rota explicaba el resto. que estaba en tensión. de la época de estudiante. bastante… No te emborraches y no te quedes aislada: ten medios de apoyo visibles e invisibles. Aquí esperan que seamos como las chicas que salen en televisión: rubias soberbias con tetas de mármol cuando se te rompe la blusa peleando. has tenido que enfrentarte con la violencia. ¿Es suficiente? Nunca. Y eso era realmente lo que Norma necesitaba. como la Asistenta Social. Así que empezaré por violarla. A esta edad siempre son un problema. y quizás ayudarla a llenar formularios. una inspectora de la brigada de patrullas callejeras. sencilla. Este mes de julio hubo cuatro de nosotras que pasamos como posibles comisarios. Igual que en todo: treinta años de retraso. En cuanto a una opinión médica sobre la neurosis… Seguro que cualquier persona con sentido común podía ver que aquella chiquilla era un problema. . Pero siempre estabas protegida. A la chica simplemente le faltaba afecto. me temo. no sabes nada de medicina. Reglas de la época de la escuela. Nos pondrán sin duda a cargo de la sección de Perros Extraviados. Trescientas treinta y dos. ¿Cuál es el resultado? El Metro es un lugar donde te pellizcan el trasero… Los viejos verdes pueden ser de todas las edades: personas muy normales pueden volverse neuróticas con la carne de mujer: oh. Llámalo neurosis si quieres. Con fecha 1 de enero de este año. ¿sabes cuántas había en toda Francia? Quiero decir mujeres con el rango de inspector. como no hablar con extraños o abrir la puerta a personas que no conoces. La habían enviado a Corinne. Seguías las reglas. La realidad era más dura. pero fuerte. Indirectamente sí. Corinne esparció unas colchonetas en una atmósfera masculina de calcetines y sudor rancio. Se llevaban bien. una mujer cansada y con demasiado trabajo.Norma… sí. tranquila. Reglas exactamente iguales que en la infancia. Sólo podía darle el mismo consejo. Ella había tenido que apreciar la sabiduría de su comisario de policía. —Lección número uno. Tienes cincuenta años: has criado a tres hijos. es que no te violen. De hecho hay pocas cosas que no sepas.

y le pasó lo mismo que a las demás. Las mujeres son infelices. No llevar cabello largo. Mire. Él la golpeó. Así que intente aprenderlo: no pelee. Una mujer saludable. eso es lo profesional. lo digo de verdad. sí. colgantes con cadenas. Pero es inevitable. ahora esto es un puño de hombre. Y puede que todas ellas sean fuertes. —Adelante —dijo Arlette con brusquedad—. en un país latino. Mire —sacando un horrible aparato metálico para ponerse en los nudillos—. La mujer es carne para el carnicero. No tengo intención de ser esa una ni las otras nueve. Ellos no se detienen a preocuparse por el aspecto suyo. Cierto. Esta actitud es una de las más primitivas que existen. Hubo una mujer policía inglesa. con franqueza. —¿Quién? ¿El viejo Joe? No. Si no le gusta esto. ahora es el momento de decirlo. pero si le doy de lleno en la cara con esto. Disculpe. Usted es alta. pendientes. Suponemos que una de cada diez es denunciada. aunque yo vaya por mi carril a treinta por hora. Es una prostituta o es violable. Oh. Yo dije lo mismo. —Le han dicho. es tener un hombre. francamente. me gustaría conocer al hombre que va a violarme —dijo Arlette como hacía en general: ¿no era todo esto un poco tonto? —Me temo que podría —dijo Corinne sin sonreír—. dos. —Eso es. que le rompa algo. pero debe aprender esto: no tiene la fuerza necesaria. perderá el sentido. pero que le mostrara lo que podía ocurrirle si lo hacía. Tomar primero las precauciones evidentes y razonables. tendemos a decir que nueve de ellas sólo son mujeres atractivas asustadas. Así que. Una vez sola. Lo siento. Está bien. Mire. lo sé. Apenas hemos rascado en la superficie. en la calle o el café o el tren. la jodió: una. Pero la mejor protección. Él me dijo que usted era lo suficiente sensata como para no meterse en problemas. el único lugar donde el gigante es vulnerable son los huevos. intente parecer que lo está deseando. voy a empezar por lo peor. collares. —Así es. —Créame. —Me puede golpear un borracho en un coche. que me demuestre que sólo soy una simple aficionada —dijo Arlette en voz baja. Sí. pero hay un núcleo falso. ¿Cuántas violaciones hay en realidad? No lo sabemos. una mujer sin un hombre es propiedad pública. »Ya lo sabe. —Ahora me asombra usted. fuerte y decidida le da una patada en la entrepierna. se la contempla como perteneciente a cualquiera que se encapriche con ella. y tiene músculos. ¿no?. A toda costa evite que él la golpee.—Con franqueza. He conseguido educar a los hombres de esta oficina. que le aseguro no era ninguna blandengue. mientras usted está semiconsciente con una mandíbula y mejilla aplastadas. Porque eso es lo que ellos quieren creer. y eso es París o incluso Estrasburgo. . que salió como cebo para un tipo violento. Lo sé. le mete los dedos en los ojos. tres veces. pero les interesa sólo esto —dándose unas palmadas en la pelvis—. la estranguló.

Arlette. soy hetero de verdad. eso no le ayuda a una cuando está con las bragas bajadas. van der Valk. pero ni zoquete ni rufián. No dé nada por supuesto. no siempre una personalidad pulida. En dos años he hablado con unas treinta mujeres que han pasado por esta experiencia. y bastante bien. Él no hizo ningún comentario. en ningún sitio. nunca supe lo que eran celos hasta que me hice Verdugo. Para quien sentía respeto: un policía. —Recordaré eso —había dicho Arlette. más bien oscuro. La gente hace cosas violentas.de modo que usted debe darles esa ilusión. y el Citroën blanco que parecía de juguete. El piso de La Haya. »Mejor… Ahora haremos un descanso de un minuto. al teléfono. —Bastante bien —Arthur había dicho cuando le contó lo de Corinne—. una larga y. donde Piet había muerto en el pavimento. estoy totalmente de acuerdo con Corinne. y de reducidas dimensiones. Ahora: mis manos están ocupadas con usted. Pero. dónde están sus manos… haga como que quiere ayudarme. »Lo siento. Su propia «rareza»: todos los que la conocían estaban de acuerdo en que se había mostrado bastante psicótica durante todo el desdichado episodio. ligeramente pesada pieza de Mahler. y a Ruth cuando era adolescente. haga ruidos. Pero lo auténtico es peor. Sé que esto es horrible. pero comprendía. pero si la ha tirado. Tal vez fuera una especie de réquiem por Mr. No importa lo que diga el psiquiatra de lo muy tímidos que en realidad son. Monsieur Dupont no había parecido un violador. a quien él no había conocido. Ella estaba recordando el campo de los Vosgos. y la música que eligió para escuchar. No lo entiendes hasta que sales y aprendes las actitudes profesionales. dijo Corinne: —Usted es una mujer. Si tiene una pistola y las manos no se le quedan clavadas. claro. ¿Quiere un cigarrillo? Hemos hecho lo peor. Ninguna actitud sentimental hacia ti. no puede llegar a ella… ¿de acuerdo? ¿Preparada. . —En el mundo hay emociones violentas. »Apriete los dientes. Hable. por razones violentas ocultas. El mundo era muy malo. profundamente asustada. bájeme los pantalones. querido. olvídela. Aquella noche estuvo silenciosa. el Verdugo del Home Office. De hecho —con su voz más seca—. Realidades. Incluso en ese trabajo te hacen sabotaje los colegas profesionales. Y la carretera a Sceveningen. si la cogen por detrás. Hay unos mecanismos de misericordia que borran estas cosas de la memoria. para Arthur. como dijo Ruth. pensaba él. jadee y gima como si hiciera una película porno. y tuvo buen cuidado de no molestar. Cierto: ella recordaba poco de lo que había sucedido. estupendo. otra vez? Ahora. me encanta. Sospechaba que era más un réquiem por la viuda van der Valk. «Arlette se ha vuelto loca». a una amiga. citando textualmente las interesantes memorias de Albert Pierrepoint. No se preocupe.

nunca había visto como una persona. hizo todas aquellas cosas que no podía recordar. Esta mujer… cuyo cuerpo está siendo utilizado de nuevo. Las piernas de Piet. musculosas. Había hecho cosas que no sabía que estaban en ella. era una cosa con la que la gente se obsesionaba: era mejor recordarlo. Pero nada de violencia. No era justo para Arthur. La agencia existía. dejaba eso a las mujeres policías. pensó de repente. La mujer Corinne le había recordado de un modo brutal que este cuerpo. Se precipitó a Amsterdam. devorada por la vanidad. pero éste no se me va a montar encima. estúpida zanahoria bifurcada. que es tan poco egoísta. La pistola era una herramienta. Será doloroso. Existe en primer lugar. para deshacerme de la Viuda. y se estaba quitando siempre la pegajosidad de las manos. informada. había roto de una vez por todas con la vida pasada. Muy agradable también. como la sala de espera. no sólo en justicia hacia Arthur. la Detective… no. Era desagradable que le hubieran recordado cuántos hombres no percibían más que un objeto sexual para satisfacer sus instintos. No podía recordar su cara. como el dispositivo de grabación del teléfono. Estoy modelada. .Una persona peculiarmente desagradable. de mentalidad mezquina y sádica. Miró al otro lado de la habitación. Y había sido una criatura infeliz. había puesto el pie en él. Arlette se levantó de un salto para dar la vuelta al disco. ni nada humano en él: había surgido en ella una intensa violencia incontrolable. que había manipulado a un muchacho indefenso e inmaduro. La violencia… Arlette la Vengadora. su bolso. Ella había elegido un nuevo camino. no tenía intención de retirarse. a quien ella no podía ver. y no: nunca volvería a arriesgarse a viajar por aquella carretera. y con un propósito. Lo había aceptado. que hizo que Arthur levantara la vista un segundo: la mujer tenía una sonrisa en el rostro que parecía tener poco que ver con Mahler. El lento movimiento llegó a un brusco fin. referentes a Marlowe o a la Esposa del Hombre Delgado. se enrollaron en torno a mi cuello estrangulándome… gracias. sin duda. quien merecía algo mejor. La Viuda se volvió rigurosa con el Sexo del Papel Matamoscas. Una mujer con la que he vivido ya suficiente tiempo. sería despreciado. Y ninguno de los chistes de Arthur. Se había visto impulsada por lo que había visto como la apatía y el cinismo de la policía. demasiado peludas. Se oyó un ronquido que podría haber sido una risa ahogada. incapaz de hacer nada por sí mismo. que no deseaba recordar. Un símbolo de que ya no era la Viuda. con una pistola dentro. curtida por mi pasado.

pelo castaño. Un estrasburgués en coche es un huno: muy aficionado a la carne cruda bajo su silla de montar. Un pequeño tic le hacía fruncir el puente de la nariz y el entrecejo. confío en usted. Más bien alto. Ah. cuando se quitó el abrigo. Aspecto completamente normal. Aunque estés embarazada de siete meses y lleves un impermeable naranja y empujes un gran cochecito de niño llamativo color rosa. Incluso hizo retroceder a un Mercedes. Esto debe permanecer confidencial. —¿Fuma usted? —Paquete de Camel. Ni siquiera un gesto de agradecimiento al conductor. lo que le daba una momentánea mirada perpleja cada pocos segundos. —No era hombre de cerveza ni de pastís. No era una mala santa patrona para las mujeres liberadas. —Había hecho esfuerzos para pronunciar bien en francés. pero no haga caso de estas direcciones y números. una buena cabeza. El hombre pequeño-burgués bebe whisky aunque odie su sabor: es una bebida correcta. pero no era molesto. distraída. o Mademoiselle? —Madame. y especialmente no en el paso de peatones. Era hora punta: la Avenue de la Forêt Noire estaba llena de ruido y de mal olor. Rebuscó en los bolsillos de un traje de ejecutivo hasta encontrar un encendedor. —Eh… tengo mi coche aparcado. indiferente a los automóviles que. —Tenía que recuperar la superioridad masculina—. no me importa. si eso tiene alguna importancia. otra afectación. —¿Madame. no vio llegar a M. quien le sonreía. ¿Quiere acompañarme a tomar algo? —Había un bar tolerablemente lúgubre en la siguiente calle. él advirtió que ella lo miraba y lo levantó. Albert Demazis. Ni siquiera bajo la protección particular de Juana de Arco. una botella de Perrier y… tomaré un whisky. Buena complexión. Justo en ese momento una mujer con un cochecito cruzó la calle.12 Las confidencias de café de Monsieur Dupont Arlette se quedó fuera de la iglesia de Saint Maurice. Arlette. especialmente no en ese caso. con la cabeza alta. no intentes cruzar la calle. a través de la ventanilla de su prisión. bonitos ojos azules cuando decidió sacarse las gafas de sol. —¿Le importa decirme su nombre verdadero? —Demazis. en conversación silenciosa con una mala estatua de Juana de Arco a caballo. ¿quiere? También preferiría que no se pusiera en contacto conmigo en casa. parados. De hecho. exhalaban gases y a un coro de bocinas. bueno. le daré una tarjeta. Hombros un poco redondos. . —¿Qué quiere tomar? Camarero. Aux Merlets de Lorraine. Pequeño sombrero de terciopelo. ella era joven y bonita. Dupont. Tenga. hombre galante.

no se trata de nada de eso. La patrona frotaba lánguidamente el cromo de la máquina de café. Y como había dicho Arthur con sequedad. Una parte de la conversación que no había practicado todavía. —Debe usted darme algo para empezar. no estaría metida en este trabajo. Camarero. viajes o lo que sea. así que no hay ningún porcentaje. Si está usted buscando uno. qué hay de los honorarios —con aire práctico. creo. Fumaba con avidez.—Tiene usted mi palabra. y nada menos que de sociología. Si dices que es profesor. la misma tarifa que cualquier consulta a un especialista. miraba con aire ausente. Todos los presentes parecían inocentes: si había algún hombre de la KGB. Disculpe. Volví a casarme. —Bueno. si bien se había tranquilizado. Mmm… ¿ya no lo es? —Murió. le sugiero que vaya a la oficina de información de siempre. probablemente su hijo. —Parecía haberse establecido su buena fe. El último peldaño de los ingresos. como había recomendado Corinne. . no se sentía cómodo. no hay nada que los franceses respeten más. muy delicado. sacando el máximo de cada chupada. no. y jugueteaba con su vaso. quien hizo un gesto negativo con la cabeza. dejando el cigarrillo en el centro de una boca carnosa y aspirando con fuerza. Yo me establecí aquí. Monsieur Demazis. lo mismo. Esto es… difícil. dos o tres ancianos disfrutando como un ritual de lo de siempre. estaba bien disfrazado. Un par de grupos de estudiantes riéndose a carcajadas en torno a unas tazas de café frío. —Ah. empiezan a buscarte los agujeros en los calcetines. que esto no le cuesta a usted nada. —¿Y cuánto hace que está metida en éste… trabajo? —Fui esposa de un oficial de la policía. podemos ponernos de acuerdo en alguna tarifa diaria. —Hazles saber siempre que tienes a un hombre. Si ésta no fuera buena. Dejé bien claro. un trabajador o dos tomando una copa rápida en la barra y prolongándola con algunos chismes. Después. —El camarero trajo la bebida de él y miró a Arlette. di siempre que tiene una profesión liberal. Y los ojos no paraban de moverse. —No. Atañe también a mi esposa… —¿Sabe usted que no soy abogado? Si quiere usted detener un divorcio tal vez podría ayudarle. aunque Monsieur Demazis. y el chico. Él tiene una profesión liberal. durante veinte años. Si hay algo que necesite ser investigado. —Me parece… razonable —apagando el cigarrillo y cogiendo enseguida otro—. Los gastos normales. —Entiendo. ¿A qué venía este estúpido juego del Dupont? ¿Qué daño podía hacer decir tu nombre? El café estaba tranquilo. No hago nada de tipo financiero. —Aún no me ha dicho lo que quiere.

Aun así. — Irritado—. no podemos progresar. —Si cada vez se irrita.—Me están amenazando —dijo él bruscamente—. —¿Cómo voy a saberlo? Podría ser una cosa corriente. hay que jugar limpio. —¿Quiere decir que tengo alucinaciones? Es ridículo. —¿Está usted en tratamiento de alguna enfermedad? —¿Qué? ¿Se refiere a píldoras o algo así? —Algunos medicamentos provocan reacciones extrañas. —¿Por qué? —He recibido mensajes —de mala gana—. Acudiría a un médico si fuera lo que usted sugiere. Empleado descontento. —Oh. —Eliminado esto. O con envidia. tres. querida. Tengo razones para creer que mi vida está en peligro. Estoy en la oscuridad. ¿No estará usted insinuando si tengo algún problema psiquiátrico? —nada complacido. —Hay que eliminar lo evidente. ¿Ningún problema de salud? —Como todo el mundo. No seamos absurdos. —¿Alguna persona conocida? —Perfectos extraños. veo luz donde puedo encontrarla. —Se le ocurrió lo que sugería esto—. No me servirá de ayuda si no me cree. y neurótico por eso. demasiado trabajo. exceso de fatiga. ¿cuánto hace que tiene esta sensación? —Una o dos semanas. ¿No tiene usted nada sobre su conciencia? ¿No sabe . Tengo una garganta sensible. Llamadas telefónicas peculiares. Uno de ésos. susceptible de sufrir infecciones. —Estoy perfectamente bien. —Pero ¿no puede atribuirlo a nada definido? —Explíquese. Arlette se sintió traicionada. le pareció que perdía el tiempo. No me gusta nada. ¿qué tiene que ver con ella? —Ha estado actuando de un modo extraño… diciendo cosas curiosas. —Ha mencionado a su esposa. Síntoma de depresión. Monsieur Demazis. Al principio no me lo tomé en serio: alguien que se las daba de gracioso. No mensajes escritos que dejarían un rastro. allí.

alguna cosa o incluso está implicado en algo que sería mejor que mantuviera usted oculto? Sólo para poner un ejemplo. quiere usted decir? No. Usted es un agente de investigación. ¿Eso sería más útil? —No. Con todo. No tienen discreción. Como los abogados. —¿No le piden dinero? —No —chasqueando los dedos. y sea quien sea a quien usted pida ayuda. por ejemplo en el trabajo? ¿Algo que pudiera interesar a un rival comercial? . está trastornando toda mi vida. ¿De qué serviría la policía? Sólo se reirían. —¿Juega usted? —Él sonrió con falsedad. Incluso mi esposa… —¿No confía en ella? —Hace quince días habría dicho que sí. —Olvídese de que soy una mujer. Un boleto de la loto de vez en cuando sólo como diversión. —¿Líos extramatrimoniales? —No —sonrojándose. ¿Por qué cree que acudo a usted? Después. También son unos entrometidos. —Bueno… fácilmente. Ésa es la cuestión. ¿Posee usted alguna información confidencial. Tengo suficiente experiencia en el trabajo policial —audazmente embustera—. —Claro que no. Son unos extorsionistas. De todos modos. —Un poco de curiosidad es inevitable —dijo con suavidad—. por ahora. No puedo verlo claro. buscan todos los pretextos para pedir más dinero. de mucho dudar. ¿Seré yo? —Tengo que confiar en alguien —mirando su vaso y recordándolo. preguntando cuándo revisaron mis libros por última vez. que sería mejor que no llevara a la policía. tiene que hacer algunas preguntas personales. —¿Con los fondos de mis jefes. ¿quién confía en ellos? Irrumpen en la oficina. Situación financiera… toda clase de maniobras secretas. era una sonrisa. bebiéndolo y deseando un tercero. ¿Actividades políticas? Miembro de un grupo quizá con alguna motivación política. debo decirlo. —No. Me está preocupando. ¿verdad? —No en el sentido ordinario. te arrancan mil francos y luego no se ocupan de ti. pero decidiendo que podría hacerle soltar la lengua aparte de no parecer bien—.

Eso es justo. ya lo descubrirá usted. Fuera de la policía. Cualquiera puede llamarse a sí mismo detective. hemos llegado hasta aquí. Pero o bien tendría usted que ocultármelo. —¿Qué significa eso? —con gesto enojado. Los que lo hacen. por ejemplo. y esto no me resulta fácil. —Le daré todos los consejos que pueda. ahora es imposible. Las cifras son confidenciales. Pero no aquí. —Mire. Monsieur Demazis. —He de tener una autorización —dijo ella. Pero si adquiero conocimiento de un acto criminal. sin divulgar nada a nadie sin el permiso expreso de usted. piden toda clase de garantías. Supongo que soy una persona reservada. ¿le inspiro confianza? —He llegado hasta aquí… Me parece que no puedo elegir mucho en este asunto. por supuesto. Supongamos que usted tuviera conocimiento de algo así. —Ya me lo he pensado. no miles. Pero está bien. digamos. salvo que descubra que tengo la obligación moral de hacerlo. Trescientos. por educación e inclinación. ¿quiere que prosiga? Tendré que preguntarle muchas cosas. si veo a alguien con apendicitis podría recomendar más o menos urgentemente que le miraran el estómago. —Lo supongo.—Soy contable. o un poco más tarde. me parece. Pero Arthur le había dicho que fuera con cuidado—. . pues. o bien aceptar que yo lo usara más adelante. indicando que estoy trabajando para usted. no puedo ocultarlo sin participar en la culpa. quizás algo que no ha tenido lugar pero que podría suceder. no existe ningún código formal para las investigaciones. Quiero saber más acerca de las amenazas y su naturaleza. Y le diré francamente si veo alguna posibilidad de ayuda. —Sí. incluso? ¿O preferiría pensarse las cosas? Frunció el ceño y consultó su reloj. Pero no. —Quiero pensármelo —dijo Demazis—. quiero decir lo del dinero y lo del pacto. perplejo. preguntándose si estaba siendo melodramática. Mañana podría ser. Me pagaría una suma. Recibiría una nota detallada de mis actividades: mi pacto es que yo respeto enteramente sus confidencias. No estoy sugiriendo eso. Eh… no quiero suscitar curiosidad acerca de mis movimientos. No tengo experiencia auténtica de la situación. Y no. Pero no hay nada que pudiera justificar ninguna amenaza de ningún tipo. Sé dónde vive usted. —Sí. ¿Le parece bien? —Me gustaría pedirle que me firmara una sencilla hoja de acuerdo. —¿Le gustaría ir a mi despacho? ¿Ahora. Digamos a las cinco y media. Bueno. por unas horas de trabajo.

Lo arreglaré. y la música de fondo de una máquina tragaperras había tapado sus voces: los estudiantes se reían con estrépito. Sacó su cuaderno de notas.—Yo sí —con firmeza—. «Monsieur Demazis se halla en un estado de gran tensión. A nadie le interesaban ella y sus actividades. levantándose pesadamente y calándose su pequeño y vistoso sombrero—. Arlette se quedó un momento. quizá. pero no tenía que ir lejos. Se fue a casa. y sin duda parece incómodo o asustado por algo de lo que le gustaría desprenderse. entonces? —De acuerdo —dijo Demazis decidiéndose. Habían hablado en voz baja. —Buenas noches. Había empezado a llover. de si esto es algo criminal o no? No confía en su esposa: ¿se siente obligado a dar razón de ella por esta vez? ¿Qué está tratando de confiarme?». Buenas noches. ¿Hasta mañana. Hasta mañana. ¿No está muy seguro. necesidad de confiar en alguien. .

esperando que estimularía la imaginación de Arthur. me gustaría tu opinión. Una categoría entera de historias de miedo escritas por mujeres. estás aquí. Como caso marcado con una «X»… —Zumo de limón. por favor. no hay nada como un poco de lluvia para mejorar a una mujer. es muy moderno. mi primer día? No. —Sólo medio pollo que ella había sacado del congelador aquella tarde. No tengo derecho a hablar mucho de él. —¿Qué es esto? Puedo reconocer el tomate y el jerez. Si no lo hace. prepara la ensalada. —¿Y eso? Cuéntamelo todo. parecía satisfecho. Así que ¿para quién? ¿Por qué tanto melodrama? ¿Está listo tu arroz? Estoy muerta de hambre. ¿Un mito en beneficio de quién? Podría ser asunto de la policía. —… o sea que o está bastante chiflado o es una trampa elaborada de la que no se puede ver el fondo. Ahora. Tres seguidos. no he de atiborrarme.13 Puesta a punto Arthur. Oh. no vinagre. nadie me conoce. —Un mitómano. Temblores y chillidos en la casa con las persianas cerradas. Servirá para seguir adelante. pero no ha parpadeado. —Es cuestión de tener el cuchillo afilado. —Tengo trabajo —dijo Arlette sonriendo—. Bueno. piel de naranja rallada. . es algo corriente. Quiero decir. lo que las mujeres jamás hacéis. Difícilmente para mí. esas otras dos chicas. —Ah. Pero él estaba asustado. Te aconsejaría que lo dejaras. adúlales con generosidad. Le he dicho venga al despacho y desembúchelo todo. me he preocupado bastante de advertírselo. no te quedes ahí con las manos en los bolsillos. Mojada y deliciosa. ya veo. —Tu sentido del misterio lo hace bastante elíptico y pesado. con el delantal puesto. —Me ha dicho que se llamaba Monsieur Dupont. —¿Qué. es que es una farsa. El que mirara nerviosamente de un lado a otro no significa que estuviera asustado. —Cuando has conseguido meter a los hombres en la cocina. Puedes hablar pero no interrumpir. no quiero más arroz. nos vamos a chupar los dedos. —Qué finas picas las cebollas. estaba cocinando. La especie fue descrita por Jacques Barzun como «Todo da bastante miedo».

Más bien pienso que se lo debemos a la fértil imaginación de Napoleón. —Si tienes un médico manso. Basta ya. Tengo que ponerme en contacto con los padres. sale mañana a visitar al General Sternwood. Pero es una violación. Si voy a Hautepierre mañana.—Norma es el clásico perro cojo y. las muy bobas. y por supuesto él tiene muchos. —Ah. Estás negando el control de una chica joven sobre su propio cuerpo. —Pero sólo tienes su palabra respecto a todo esto. bueno. estoy de acuerdo. la dama sin ropa atada al árbol. pero el Meinau es siniestro. ¿quién sabe? Norma. —Claro. espiaré un poco el terreno. —Intensamente divertido —dijo ella. —En eso estoy contigo —dijo Arthur irritado—. Lo hacen. recoger perros cojos y cargarlos a cuestas es otra. son unas pequeñas actrices temibles. nada es más fácil. como un perro… . Estoy en una encrucijada. Manipular a las adolescentes es en verdad perverso. como te he dicho esta mañana. pasaré por allí. mordiéndose el pulgar y pareciendo recatada. —¿Se te ocurre algo más perverso? No necesitas un lavado de cerebro. para que Joe pueda tomar una buena foto de tu coñito. — Pero le gustó Marie-Line. —Primero haremos el lavado —dijo Arlette con firmeza. —¿En Hautepierre? —Sí. poniéndose de malhumor—. —Estás haciendo aire —murmuró Arthur. Ten cuidado con esas jovencitas. Esa maravillosa casa con las ventanas de vidrios de color. Se sienten profundamente humilladas y heridas aun cuando se dicen a sí mismas que no tiene importancia. Podrías muy bien encontrarte entre los pornógrafos de Laurel Canyon Drive. Es una violación. el tan traído y llevado Galahad. Phil Marlowe. sí —dijo Arthur con aire sentimental—. Y algunos psiquiatras sostienen que el porno es bueno para ti. pensó Arlette soñolienta. No fueron los rusos quienes inventaron el uso de la clínica psiquiátrica como medio de represión. Siempre que Marie-Line no empiece a comportarse como Sternwood. Los hombres… dando vueltas. ayudar a una persona que tiene problemas es una cosa. —Exactamente como las fotografías porno: ahora abre las piernas. no se parece mucho al General Sternwood. —Los psiquiatras masculinos —aburrida por esta discusión de lo evidente. Subió la colcha para estar más confortable. querida.

Cuantas más calles construyen. Salchicha. Al lavabo le cuesta vaciar el agua: debe de haber cabellos que lo obstruyen. entonces podré… ¿qué? No lo sé todavía. Dejó algunas instrucciones en la cinta para la mujer de la limpieza. que podrías pararte en la tienda italiana de comestibles. Cuatrocientos tipos de salchicha en Estrasburgo y ninguno se puede comer. salió con precipitación. Él está intentando comprenderlo todo también. —En el pequeño coche italiano. No sabía freír un huevo. Vergonzosamente se quedó dormida otra vez. Inútil. Arthur le trajo una taza de café a la cama. Si Arthur puede enhebrar una aguja. La vida era demasiado corta. más necesitan. ¿Tengo que pasarlo a máquina todo por triplicado? Mientras que Arthur enhebraba una aguja y se cosía los botones. la ética. Las leyes. Recuerda a Piet. Simplificar. Esto se traducía en quejas por la gran cantidad de papel higiénico gastado para tareas como secar la sartén. donde deberían estar. frases sin sentido. Cada vez más técnicas. no es sólo sociología. despertó. pero le gustaba de vez en cuando «pararse a ver las cuentas de la casa». Escribió bombillas. sosteniéndolo en alto a la luz para hacerlo pasar por el maldito agujero. Suspirando. de rosca y de bayoneta. Arthur desempeñaba muy bien el papel de ama de casa. Fue a pie a la tienda italiana. Todos se preocupan tanto por los ladrones. La agenda-cassette estaba sobre la mesa de la cocina. está bien. mientras se cocinaba. Sé justa con Arthur. simplificar… Se quedó dormida. escurrió la grasa. por no decir una vieja holandesa remilgada. Cuando hirviera rebajaría el gas. añadiría las cebollas y sus . Se podía pensar. asustada. Te lo robarán todo. El consomé requiere tiempo. y demasiado estúpido conocerlo. y pensó que era una buena detective. complicaciones. Él se quitaba las gafas para este menester. lo dejaría cocer durante diez minutos. Necesito unas tenazas. tirando del hilo con fuerza. —No hay nada que merezca la pena robar —dijo Arthur tranquilamente. Arthur se había marchado al trabajo. muy macho y anticuado. Los profesionales no hablan de metodología. —Café —dijo la voz de Arthur—.Si puedo entender algo de estas tres personas. —¿Quieres decir que dejas las llaves a la mujer de la limpieza? —se maravilló una tonta mujer burguesa—. Salió corriendo hacia la tienda italiana. encendió el extractor para que se fuera el olor a cebollas ennegrecidas. La estructura entera de nuestra civilización está agonizando. Y papel de aluminio. no había mucha diferencia. ella se ponía las suyas. yo puedo destapar un sifón. Jamón. Por lo demás. Se me ha ocurrido. Las encontró en el armario de la electricidad. herramientas sofisticadas. metió un clavo y un cuarto de hoja de laurel. de 75 vatios. puso la olla en el fuego. si vas a Hautepierre. Sacó los huesos del horno. ¿dónde están las tenazas grandes? No están en el armario de las escobas. Ni una esperanza de encontrar un sitio donde aparcar allí.

La cena iba a ser algo sencillo. Había llegado a un estado de gran nerviosismo. que disfrutaba bastante con todo esto. Nada que valiera la pena. sereno con la luz que empezaba a desaparecer y el gran paisaje marino que la miraba con amabilidad. Pero no. era mejor no perder más tiempo. Ojalá sus otras tareas fueran tan sencillas. Te quedabas sentada en la oficina. Pero para esto estaba allí. Arlette no la había tomado por ella. consomé. se mostraría más bien fría y seca. Resultado. Si venía gente sería sin importancia.pieles. unos tallos de perejil. se aprovechara. Al día siguiente estaría frío. si lo hacía. La olla con los huesos. Albert Demazis… Se amontonaban distintos problemas y ella no tenía ni idea de cuáles ni de cuántos. Las mistificaciones no son apreciadas y tampoco me interesa el dinero. No tenía intención de dejar que eso la preocupara. Ni un penique. Cualquiera que fuera la idea loca que le hubiera pasado por la cabeza cuando la llamó… probablemente nunca más volvería a verle y. Esta tarde. y quizá también una dosis de aceite de ricino. Dos días de trabajo y parecía que había vuelto otra vez a las tonterías incoherentes que habían estado apareciendo en la cinta durante una semana. Ningún problema pues. En la cinta no había nada. el caparazón del pollo de Arthur y algunas sobras que encontró en la nevera había dejado de hervir. más o menos. Iría a ver a los padres. . con historias banales. se colaba el caldo y se ponía otra vez al fuego para que se aclarara con carne picada y una clara de huevo. haciéndose sus humeantes azules más profundos y más humeantes a medida que avanzaba la tarde. Había tomado su decisión. y realmente cometía un disparate. así como jamón que no llevaba agua para que pesara más… Fue al despacho. tampoco. Mientras persistiera en ello. no estaba desanimada. Como Norma. Se tapa y se deja cocer a fuego lento hasta la noche. y era probable que aquella Françoise de ojos saltones. había comprado macarrones grandes en la tienda italiana. Así era. un poco de apio. se había calmado igual que ella. una zanahoria. Se necesitaba una dosis de agua fría. al cabo de otra hora. Norma estaba decidida. Marie-Line. entonces se quitaba la grasa.

Si hubiera estado fuera habría ido a esperarla a Chez Mauricette. Hasta que puedan pincharme en el brazo y meterme en el coche sin protestar. pues. Lamento haberla molestado. Entra. —Era claramente un «Soy una chica mayor. Y hacer auto-stop sola… —Ninguna de estas cosas habría servido para nada. Tenía que venir un hombre. —No seas absurda. pero hay tantos policías buscando terroristas. pero te prometo que no ocuparé mucho sitio en la cama». casi las cinco y media—. pensaba que eras el hombre del gas. armando tanto alboroto. Pareces salida de una tormenta. que me pedirían la documentación enseguida. no hay nadie. —Gracias. Siéntate y relájate. Entra en el piso. sobresaltando la atmósfera de meditación ermitaña. Françoise me la trajo. No tenía ni idea de que eras tú. —Todo el mundo me dice que me quede en casa. Al abrir se encontró frente a frente con Marie-Line. Un innecesario doble timbrazo en la puerta de su piso lo confirmó: oprimió el botón que abría la puerta y se preparó para mostrarse pausada y reprobadora. —¿Qué pasa? —Nada. no. por eso he puesto cara de sargento. ¿puedo quedarme con usted? —Te iría bien un trago. —Mi querida muchacha. —Siéntate. Esto no iría bien: la atmósfera de «oficina» estaba mal—. me parece. —Sé cuándo no soy bien recibida. Me alegro de que hayas acudido a mí. Pero ¿es buena idea? Creía que no podías salir de casa. —Arlette. Sólo podía ser el repartidor de telegramas o el hombre que venía a mirar el contador del gas. ¿no te dieron mi nota? —Sí. Vienen por mí esta tarde.14 Un invitado ligeramente no deseado Hubo un tremendo estrépito en el timbre de la puerta de la calle. Por eso he venido. pero ha llamado para aplazar la visita. y estoy segura de que si fuera a París lo notificaría a la policía antes de que yo llegara. —Dios mío. Aunque… —Arlette se dio cuenta de que todavía estaba en pie. —Consultó su reloj. . Sí que puedes. He pensado en Alemania y he pensado en Suiza. Pero ¿qué otra cosa se le podía responder?—.

siempre que no tenga que picar perejil. tengo que ir a ver a los padres de Marie-Line. ¿Hay que dar a alguien más estas explicaciones? —Bueno. —Yo puedo picar el perejil —dijo Marie-Line con una vivacidad un poco excesiva. En realidad. Michel o cualquiera de los chicos… eso sería buscar problemas. lo siento. supongo que lo recuerdas. —No tengo donde ir —a modo de disculpa—. —Encantado. a través de la puerta abierta del cuarto de estar se oyó un resonar de llaves y una voz inglesa que se alzaba melodiosa. Sobre todo no debemos empeorar las cosas. ésta es Marie-Line Siegel. pensó Arlette. Te mencioné su nombre. —Soy yo. Dijo Bollocky Bill el Marinero. mi marido estará aquí. —La gente no llama a la policía con tanta rapidez. No te preocupes. mi esposo. —Tonterías. oh. Para eso estoy yo aquí —reflexionando tristemente que sí. y preguntándose al mismo tiempo si había suficiente jamón. así era. él sólo está llevando a cabo una pequeña venganza y esperando a ver si me indigno y hago alguna observación maliciosa referente a tocar el piano a cuatro manos. Arthur tendría que pasar sin una segunda ración. Ya veo lo que quiere decir. lo cual admito que me aburre. Françoise o cualquiera de las otras chicas que conozco. el doctor Davidson. si eres tan amable de encargarte tú. a no ser que haya salido. sus padres estarían al teléfono en un abrir y cerrar de ojos. Pero no había tiempo que perder. —¿A qué hora está tu padre en casa? ¿Y Cathy? —Cathy a cualquier hora. ¿Juegas al ajedrez? Espléndido. mientras preparaba las bebidas estuvo pensando. todos debemos aprender a hacer sacrificios. Ella necesitaba un trago. Sé susceptible. Pero a él se le debe una explicación y hay que dársela. sí. Estaré de vuelta para la cena. —Arthur. —Entiendo —dijo Arlette un poco seca—. a que te piden que cocines otra vez. Papá no llega hasta las seis y media. Tiene problemas en casa y se quedará a cenar y a pasar la noche. . Me estaba preguntando si mis pijamas te irían bien. si puedes. contando la hora punta. ¿de acuerdo? —Totalmente de acuerdo —no demasiado ofensivamente coqueto—. En ese momento.—Sólo quiero coger… —Salió al rellano y volvió con una bolsa de cuero. que vengo de allende el mar.

que digamos. A pesar de ser hora punta. —El doctor Siegel. —No. Para demostrar cuán controlado estaba. También hay sopa. o ya estaba guardado en el garaje. pero no estará a punto hasta mañana. Me temo que no comprendo del todo: ¿mi hija es amiga suya? . Ha acudido a mí en tal estado de nervios. dijera: —¿Qué quiere? —con brusquedad y un fuerte acento alsaciano. —Lo haremos —dijo Arthur sirviéndose unos cubitos de hielo. La hicieron pasar a una habitación fría con la calefacción apagada. con un traje marrón y un aire de ira contenida. Ni rastro del pequeño Fiat. cerró la puerta sin hacer ruido y avanzó hasta la alfombrilla de la chimenea.—Hay macarrones. —Ha sido muy amable de su parte… y de su esposo. No iba a esperar. y hay endivias preparadas. Arlette estuvo en el Meinau antes de las seis y media. Ella fue al dormitorio a cambiarse. si está en casa. y viejas cortinas color verde oscuro con muchas cuerdas y borlas. hizo una leve inclinación de cabeza y dijo: —Me han dicho que tiene usted información respecto al paradero de mi hija. es referente a su hija. O el Jaguar todavía no estaba en casa. El doctor Siegel hizo otra leve y tensa inclinación de cabeza pero no sonrió. El doctor Siegel. Arlette tuvo la sensación de que la examinaban ante la puerta antes de que ésta se abriera y una mujer de edad. La he dejado jugando al ajedrez con mi esposo. Madame van der Valk. —Por aquí. pero al menos me dejará un poquito menos estreñido. Me ha parecido correcto venir a verle en lugar de telefonearle… menos explicaciones inútiles. lo cual debería tener un efecto calmante —sonriendo—. con un delantal blanco. Marie-Line está bien. —El vestíbulo daba la impresión de sólida caoba y relojes del abuelo. una leve tos y Arlette se volvió. paredes forradas de librerías llenas de volúmenes repelentes y la atmósfera sofocante de la habitación que aquel día no había sido ventilada. y podéis poner cualquier clase de salsa que os guste salvo tomate. Al pasar por el pasillo oyó: —Siento el mayor desagrado posible por desprenderme del más infeliz de los peones. la luz del porche se encendió. —Muy feliz. donde se puso las manos a la espalda. que le he pedido que se quede a cenar. dejadla cocer despacio. y ese jamón italiano tan bueno. compañero: oblígala a concentrarse. Quizás esmitana. Había el tipo de escritorio en el que un hombre firma cheques para el seguro. El asunto es personal. No hubo tiempo para más. No creo tener el gusto de conocerla. La verja se abrió al llamar al timbre.

Lo que se me dice es confidencial. —¿Le parece sensato. Él se relajó un poco. —Doctor Siegel. —Hay algo más de que hablar. pero no es que eso eliminara las espinas. Cualquier miembro del público es libre de consultarme. Entonces puedo suponer que una vez calmado este espasmo incontrolado. tal vez. aunque muy lentamente. —Sin duda no servía de nada disfrazarlo. . Hay una silla detrás de usted. La sonda: vamos a asegurarnos de que no hay infección—. —Disculpe. tan pronto? Creo que se le debería dar un día o dos para superar el trastorno. quieren hablar con alguien. Las chicas de esa edad. atención médica.—Confió en mí. con las pequeñas tenazas de dentista. le aconsejará que regrese enseguida a casa. —Una oficina de consejos —utilizando esas palabras con delicadeza. como una cortesía entre miembros de la confraternidad. lo único que yo deseaba decir era que. Pero algo pútridas. No estoy seguro de que lo haga ahora. de modo que si uno se acercaba más notaría que no olían muy bien—. —A Arlette le pareció enseguida que podía haberlo expresado mejor. que sea yo quien lo juzgue. Sólo el golpecito suave de la inexperiencia que obstaculizaba. ¿no le parece? —¿Puedo preguntarle qué le ha estado contando mi hija? No me había dado cuenta de que no ha habido ninguna petición para discutir este asunto. pero… —Me permitirá usted. Entiendo —dejándolas sobre una mesa de cristal a la que aludiremos en un minuto. Tengo cierta experiencia en el asunto. o creían que necesitaban. he tenido a muchas personas en el umbral de mi puerta que necesitaban. la expresión bien elaborada de las ideas. Sólo es algo emocional. él ejercía en Holanda. —No me ha pedido que me siente —dijo Arlette en tono amistoso. —Todavía no he comprendido —su tono era muy educado— cómo llegó usted a… conocer a mi hija. que tienen muchas cosas dentro. como he sido esposa de un médico durante veinte años. no necesariamente de la familia. —Llevo una oficina de consejos. —Me disculpará usted. Creía que conocía al menos de nombre… —No.

y también que me desagrada discutir asuntos de familia. abrió el bolso y encontró una tarjeta. examinando a Arlette. Es evidente que no permito ninguna interferencia en mis asuntos por parte de personas bien intencionadas. —Se dirigió hacia la puerta—. No he venido aquí para pelear. Mi pariente. no puedo felicitarla. y estaba segura de que estaría de acuerdo en que aquella ira había pasado. puedo asegurárselo. —Marie-Line me dijo que usted la amenazaba con una insinuación que encontré difícil de creer. Cuando el consejo que se da consiste en instigar a una chica alocada a que se rebele contra su padre y custodio legal. ¿tendrá usted la bondad de decirme dónde puedo encontrar a mi hija? Arlette se levantó. . Su hostilidad está fuera de lugar. y merece consideración. Ella cree que está en conflicto con su familia. y muy bien preparados. —Arlette había querido sonreír y decirlo a la ligera. Monsieur Siegel. creo que sería mejor que fuera a su casa a buscarla. Ahora. La dejó sobre el escritorio y dijo: —Ahí es donde yo vivo. y tiene terrores reales o imaginarios. Pensé que si usted había dicho tal cosa debía de haber sido movido por la ira. —¿No nos llevará otra vez al punto de partida? Ella acudió a mí y me pidió consejo: ¿no fue sensato? La próxima vez podría hacer algo más bobo y más peligroso. Si ha incitado usted a esa chica a adoptar una actitud de desobediencia directa. —Me parece que he hablado con claridad —dijo Siegel con la boca tensa—. es… tal vez usted no lo sabía. pero he de decirle que yo soy el único juez de lo que atañe a mi hija. La chica es vulnerable. —No voy a hablar más de ello. —Madame. No quiero que piense que soy hostil. —No es hostilidad. —No puedo estar totalmente de acuerdo con usted en eso.—Pero usted no está cualificada. sino para hallar un entendimiento. el doctor Frederic Ulrich. estoy en libertad de interpretar eso como un esfuerzo porque esta situación redunde en beneficio suyo. debo darle las gracias por sus buenos oficios. Para hablar abiertamente. —Me alegro de oírlo. lo siento. Me siento justificado al decir que dentro de la familia los hay que lo están. no sé lo que es una «oficina de consejos». pero estaba demasiado tensa. El doctor Siegel pensó en esto diez segundos. La mano le temblaba un poco en las asas de su bolso. —No busco dinero. Para no causarle más problemas. Siegel no se movió pero señaló con un dedo. —Marie-Line ha mencionado a su tío.

pero se sintió mejor cuando llegó a casa. erguida y con las rodillas juntas. —Esperaba oírle contradecir esa noción asombrosa de negarle la libertad a la chica. —No estoy segura de que eso no pueda aplicarse a lo que usted se propone. La partida de ajedrez había terminado. ¿Está usted tratando de desafiarme? Responderá de ello. —Me parece como un secuestro arbitrario. pero así fue. —No sabía por qué tenía que tener miedo al irse. La obstinación natural la ayudó. Un delito. nadie dijo quién había ganado.—Un momento. como chica bien educada. Arthur estaba tumbado con la pipa y los pies en alto. Nadie la persiguió. y estaban escuchando a Count Basie. Ella me ha pedido refugio y yo se lo doy —Siegel se había recuperado. . Marie-Line estaba sentada.

Los diccionarios. La gente sigue haciendo las mismas tonterías —con un crujido. como decía Arthur. Veré lo que puedo inventar. Me voy a trabajar. Se dará cuenta de que su idea no funcionaría muy bien. un habitante de Neudorf cometió la grave imprudencia de caminar junto a la vía de la línea principal del ferrocarril que une Francia y Alemania. variado o diferente. —He pensado en probar la mujer de la Prefectura. La conducta de la población es muy a menudo arcaica y jocosa. Todo el que ha sido rígido puede permitirse ceder un poco. has logrado tu objetivo. Éste es el significado de la frase francesa «faits divers». la clase de persona cuya curiosidad le lleva a consultar el diccionario Concise Oxford a la mesa del desayuno. Hay que distensionar la situación. No querría verse en la sección de sucesos diversos —pasando la página con el dedo manchado de mantequilla. «En verdad.15 Sucesos diversos El diccionario define «diversos» como varios. —También significa de naturaleza distinta. la chiquilla tiene que volver a la escuela… un día no importa. ¿Qué vamos a hacer con ella? —Hasta cierto punto. era el «Dernières Nouvelles d’Alsace». sucesos varios. que incluye las noticias banales que aparecen en el periódico local. Como «Le Monde» sólo llegaba con el cartero. en un esfuerzo para controlar al perro. como dicen los franceses. Hay que evitar cualquier litigio. —Está bien —dijo ella. te dejan con hambre —volviéndose alegremente hacia el tostador—. va bien con la Coopers Marmalade. la chica se lleva muy bien con ella. con un casco blanco en la cabeza —alegremente —. Este dentista puede que esta mañana todavía esté apretando los dientes (oh. «Entre las nueve treinta y las diez de la noche de ayer. que está dividido cómodamente en secciones muy adecuadas para la lectura durante el desayuno—. «Imprudencia fatal» decía el titular. que estaba alarmado o excitado porque se aproximaba un tren. la gente sigue haciendo las mismas imbecilidades». llámame. pero si necesitas un emisario para la paz. cogiendo el periódico. ¿Cuáles eran los sucesos diversos esta mañana en la querida Estrasburgo?. pero no se puede quedar en casa. al parecer con el propósito de pasear a su perro. el hombre saltó a la vía y fue herido mortalmente por la locomotora». Eso al menos decía Arthur. —Deberías estar en la frontera israelí. porque el hecho de que nosotros lo conozcamos significa que se podría hacer cierta publicidad desagradable. ¿Marie-Line todavía está en la cama? —Déjala dormir. . qué apropiado) pero se calmará. más de uno. Según se supone.

«Punto aciago».
«Hay que recordar que en esta misma zona, cerca del puente que cruza la Rue de Soultz,
un niño que estaba jugando tuvo un trágico final parecido a éste hace unos meses. Un
portavoz de la S. N. C. F., como se recordará, denunció la indiferencia del público. “Es
imposible” señaló entonces “proteger totalmente este sector. Si bien hacemos hincapié en
nuestro rechazo total a aceptar la responsabilidad en estas circunstancias, nos dirigimos
de nuevo a la población en general para que ejerzan cierta disciplina colectiva”».
«Muchas esperanzas tienes tú, compañero».
«El perro dio la alarma».
«La alerta, según hemos sabido, la dio el perro, un pastor alemán, gimiendo y ladrando a
la puerta del apartamento. La esposa de la infeliz víctima, llamada Albert Demazis…».
De pronto Arlette se dio cuenta de que estaba temblando violentamente. Alargó la mano
para coger un cigarrillo. No había. Se levantó y fue a buscar un paquete. «¡Santo Dios!».
»…de cuarenta y tres años, descrita como contable, con domicilio en la Rue de
Labaroche, alarmada por este comportamiento, llamó a la policía. Tras una infructuosa
búsqueda en las calles del barrio, la investigación se dirigió a la vía del ferrocarril, donde
se halló a la infortunada víctima, atrozmente mutilada. La hipótesis de que el perro había
escapado al control fue apoyada por el patético hecho de que Monsieur Demazis aferraba
aún en la mano la correa del perro. Esto y su salud, que era normal, parece descartar que
sufriera un desvanecimiento o un colapso cardíaco, pero se ha señalado que la lluvia de
ayer pudo hacer que los raíles y las traviesas fueran traidoramente resbaladizos, y un
tropezón con consecuencias fatales parecía demasiado fácil.
»Una vez más, este periódico subraya el peligro extremo de prácticas de este tipo».
Incluso con la irrisoria prosa del periódico local, Arlette captó el mensaje.
En ese momento apareció Marie-Line en pijama, animada, y Arlette tuvo que guardarse la
sorpresa. Da lo mismo, se dijo. No hay que perder los estribos. Expresión extraña, diría
Arthur.
Son conocidos de todo el mundo estos días; días con mal de ojo. Desde las pequeñas
frustraciones: la cremallera que se encalla, el hilo que se rompe, todo va mal en un
crescendo. Uno mismo se ve atacado por una estupidez impenetrable: ¿por qué, si no, se
derrama la leche, por qué se rompe una uña y se hace una carrera en las medias nuevas?
¿Qué es esta mancha en el tejido que debería ser pálido y delicado? Te miras al espejo y
lo que ves te deprime profundamente.
A la bien conocida perversidad de los objetos inanimados, con la que cualquier
comediante puede hacer surgir la carcajada, se añade la torpeza de la raza humana: el
mundo está poblado por alegres imbéciles. En el correo hay una carta del Ministerio de

Finanzas, en tono desagradable. Y en todas partes, suspendida en el aire como un olor
acre, está la brutalidad, lo barbárico, un placer derivado del sufrimiento infligido.
La muchacha deambulaba por la casa de un modo irritante, ocupando durante horas el
cuarto de baño. ¿Por qué tengo este piso anticuado? Todo el mundo tiene dos cuartos de
baño: es lo mínimo para llevar una vida civilizada.
La Prefectura de Estrasburgo tiene dos caras. Una es la Prefectura misma, un feo edificio
en la Place de la République donde nunca hay sitio para aparcar el coche, lleno de
instancias gubernamentales desde registros del automóvil hasta permisos para
extranjeros. Todos los de allí tienen la extrema falta de ganas, propia de los burócratas, de
hacer nada. Siempre tratan de convencerte de que vayas varios pisos más arriba y pruebes
en la Sala 304. Siempre estás en la que no es. Nunca llevas suficientes fotocopias o
documentos o fotografías, sin lo cual el Estado no puede funcionar, y tú no puedes salir
de nuevo sin comprar muchos sellos fiscales por grandes sumas de dinero, extrañas y
arbitrarias. Ésta es la cara que se muestra al público.
La cara privada está detrás, al otro lado de la False Rampart, en el barrio viejo: el Quai
Lezay-Marnesia, al lado de la Ópera. Esto es el Hôtel du Préfet, un palacio del siglo
dieciocho en un bonito jardín. No es para el público. Unos policías están apostados en la
verja para detenerte; es la clase de policía con medallas y galones, con cara de corso
mayor y cansado, cuya edad y dolencia le han asegurado que nunca más hará trabajo
alguno aunque es capaz de impedir que otra gente lo haga. Esta peste majestuosa es un
obstáculo. Arlette fue contemplada con suspicacia y prácticamente desnudada allí mismo
para cerciorarse de que no llevaba ninguna bomba encima. Este tipo de policía siempre
está muy cansado, pero lleno de cinismo. Pasarles una botella de Chivas Regal es muy
crudo.
Ella era consciente de que había caído en una pequeña trampa. Al teléfono, Madame
Pelletier, cuando por fin había conseguido encontrarla, se había mostrado aburrida y
superficial.
—Ah, sí —vagamente—. Bueno, venga a verme a la oficina, ¿quiere? —Hicieron esperar
mucho a Arlette. La maquinaria del gobierno es silenciosa aquí, y muy pausada. Uno
imagina cosas importantes tras las puertas forradas, líneas directas privadas con el
Ministerio del Interior, pero todo el mundo parecía estar leyendo Le Canard Enchainé y
haciendo chistes particulares de exquisita malignidad. Maldita sea, esta Pelletier sólo
estaba en el Servicio de Estadística.
Hay una subprefectura en Colmar, donde algún granjero, al que habían dicho que
esperara mientras un funcionario acababa el crucigrama, se extravió y al final fue
descubierto tomando un baño pacíficamente en la suite privada del Subprefecto. Arlette
pensó en ello con placer.
Cathy-Rose Pelletier, a la que había costado encontrar, era bonita, iba bien peinada y bien
vestida, olía bien, parecía brillante, y se comportaba con amabilidad. No hizo ninguna
mueca cuando Arlette se presentó, ni frunció el ceño cuando oyó mencionar a Marie-

Line. Pero no se dejaba impresionar. Era pulida y resbaladiza como el suelo de un salón
de baile, y al mirarla se veía sólo el reflejo propio.
—Sí. No debe usted creer todo lo que dice Marie-Line.
—Claro que no. Es perezosa, insolente, toda teatro. Un buen fastidio, probablemente.
¿No lo éramos nosotras, también, a su edad?
—Siento por ella un gran afecto, cosa que ella desprecia. Es mandona y exigente.
Encuentra defectos en todo.
—Me lo imagino. Es la adolescente típica, ¿no? Y quiere que se le preste atención, y va
muy lejos para conseguirlo. Y sin pretender ser muy perspicaz, su padre es una persona
rígida, impaciente y perfeccionista, que es consciente de lo que no es adecuado y quiere
estar orgulloso de su hija, y se enfada mucho cuando siente que le humilla. Sé que esto
debe de ser superficial y me alegraría oír que estaba equivocada.
—No puedo decirlo. No quiero discutir las personalidades. Yo me encuentro en una
posición especial no sé si Marie-Line ha hablado del tema. Ella, por supuesto, no me
aprueba.
—No. Dijo que le gustaba usted. Nada más.
—Su padre es un hombre bueno.
—No lo he dudado ni por un instante. Por favor, créame; quiero verla en su casa y no
quiero perder tiempo. Y haré todo lo que esté en mis manos para convencerla. Pero ella
sin duda necesita sentirse menos aislada. Estará usted de acuerdo conmigo en que la idea
de ingresarla en una clínica es ultrajante.
—¿Sabe que Marie-Line bebe mucho?
—No me sorprendería saber que ahí hay un problema.
—¿Y que la han pescado tomando drogas? Para ser justos con ella, nada realmente
peligroso todavía. Fumar, sí, cuando puede. Y las llamadas píldoras para animarse. Y una
cosa lleva imperceptiblemente a otra.
—Otra vez, no me gustaría ponerme a hablar de psicología, pero ¿no es lo mismo… un
sentimiento negativo de que no te aprueban e incluso de que no gustas? Ella es una chica
afectuosa, pero lee mucha basura en los textos del colegio y piensa que la rechazan,
convirtiéndolo todo en un drama.
—Me atrevería a decir que es cierto lo que dice usted. Haré lo que pueda por Marie-Line,
y me alegro de haberla conocido; debe de ser bueno para ella encontrar en usted a alguien
que la escucha y la comprende. Quizá podría ir más lejos y darle un amistoso… bueno,
no utilizaremos la palabra consejo. ¿Una pequeña señal? Su padre no es un buen hombre
que tolere cualquier cosa que considere una interferencia. Más bien dudo que, al final,

este interés compasivo que se está tomando, o que piensa tomarse, a ella le sirva de
mucha ayuda. Ya he dicho demasiado. Le conozco muy bien, ¿sabe? Usted ya ha logrado
su objeto, por así decirlo. Pero ya que lo ha logrado… bueno, debe decidirse. Marie-Line
imagina las cosas de una manera muy viva. Estoy encantada de haberla conocido. ¿Sabrá
encontrar la salida de este laboratorio, o quiere que la acompañe?
Marie-Line no estaba en casa cuando Arlette llegó allí. Aquella botella de whisky estaba
más llena por la mañana, seguro. Por enésima vez se preguntó si no había sido demasiado
espontánea.
Puso la cinta en marcha.
«Soy Françoise. Lo siento, Madame, sólo quería preguntar si Marie-Line está con usted.
Supongo que sí, porque no ha ido a clase esta mañana, y tiene ya muchas faltas de
asistencia, y el Censor está refunfuñando y ha preguntado muy serio dónde estaba:
enviará una notita a papá, supongo. Si la ve, dígale que será mejor que no aparezca por su
casa de momento, porque esta mañana he visto la cara del viejo y ¡había tormenta! Eso es
todo, pero estaré en Chez Mauricette por si usted o ella quieren ponerse en contacto…».
«Scheffer, oficial de la policía municipal. He estado tratando de ponerme en contacto con
usted, Madame, por un asunto que le concierne, la mujer de la limpieza me dice que
estará de regreso antes de la hora del almuerzo, me gustaría decir que le agradecería si
pudiera estar en casa a primera hora de la tarde y llamaré antes de las tres o si no llame
por favor para fijar una cita en la oficina central. Gracias».
«Apriete aquí, Jean-Claude Bouillon. Estoy ansioso por ponerme en contacto, Madame,
para concertar una pequeña entrevista acerca de una información que está circulando, y
nos gustaría tenerla esta tarde a lo más tardar, así que quizá no le importaría llamarme a la
oficina para confirmarlo; si no estoy aquí diga cuándo le iría bien, y por favor no lo
aplace, o tendríamos que decir que no estuvo disponible para hacer comentarios, y esto
nunca queda bien, así que sólo perjudicaría a sus propios intereses. Bueno, espero tener
noticias suyas a la hora del almuerzo si es posible, ¿de acuerdo?».
Arlette conectó el teléfono y en ese momento sonó.
—Arlette van der Valk.
—Aquí Bouillon. ¿Ha recibido mi mensaje?
—Acabo de oírlo. Sea lo que sea, estaré encantada de aclararlo lo antes posible porque
estoy a punto de estar extremadamente ocupada, así que le agradeceré que se las arregle
para venir aquí dentro de un cuarto de hora.
—Está bien, de acuerdo. Rue de l’Observatoire, ¿verdad? Sí, tengo el número anotado;
cinco minutos.
Arlette colgó el teléfono y marcó.

Le he contado unas cuantas verdades que la han hecho tambalear un poco. parece que han lanzado un ataque. ha estado aquí. ¿tienes idea de dónde está Marie-Line? —Sí. La prensa en el umbral de la puerta y la policía. —¿De veras? Bueno. aprendiendo cómo se hace la sociología. puedo encargarme yo. Dentro de unos diez minutos estaré en casa. me ocuparé de eso. Por cierto.—¿Arthur? ¿Podrías dejar la oficina un poco más temprano? Estoy un poco asediada. me ha pedido diez francos y creo que se ha ido hacia al pub. . —No. Me gustaría tener tu ancho pecho a mano para poder descansar una mejilla si lo necesito. ¿La prensa está literalmente en la puerta? Retenía hasta que yo llegue.

quizá pueda usted decirme qué es exactamente. Siéntese. ¿Tiene usted algún título en concreto. —Un penique aquí. Si te muestras ruda con este hombre. y ninguna necesidad de un artículo. Nuestro famoso espíritu cartesiano del sistema. Y ahora sepamos algo de usted. pero le gustaba más el sonido de su propia voz. —Ah. —Soy francesa. ¿no es cierto? —Ni la busco ni la evito. ese es su nombre. —Está usted cómoda. por favor. —Vayamos al grano. Enseguida se sintió como en casa. —Qué bien. —Habla bien el francés. procure no tergiversar mis palabras. Tenía experiencia suficiente para escuchar. —Ya lo había hecho. un penique allá. cierto desagrado por la publicidad. —Mi intención no fue seguir la moda. —Arlette estaba decidida a conservar la cabeza. No tengo ganas de salir en la sección de sucesos varios de su periódico. y. —Madame van der Valk. ¿verdad? —No utilizo su nombre. Supongamos que me dice usted el motivo de su visita. él encontrará la manera de ser desagradable. La pintura está muy bien puesta. yo no me dirijo a ningún tipo en particular. Llegó el paisaje marino y dijo—: No está mal. que pensara que los cuadros y el acento de uno estaban bien. La misma mirada rápida por las paredes blancas del despacho. Es curioso cómo está volviendo lo representativo.16 Hechos varios La Prensa era joven y se mordía las uñas. él es un profesional. Bueno. Propenso a hacer ruido. —En este país nos gusta poner etiquetas a las cosas. por decirlo de alguna manera. ¿verdad? —Correcto. es sólo una entrevista de rutina. —Se casó usted con el doctor Davidson. si no le importa decírmelo? . —No es necesario que se preocupe. oficina de ayuda. Hay muchas organizaciones de ayuda que se dedican a un propósito concreto. aquí —echando un vistazo a la «sala de espera». Parecía bastante limpio. —¿Qué? Oh —riendo alegremente—.

según tengo entendido. me atrevería a decir que él se lo responderá. Madame. Está usted cobijando a una jovencita bajo su techo. Encontró a Arthur en el cuarto de estar. —Es cierto. —Lo sé —dijo ella. —Pero usted le aconseja que no vaya a casa. digamos que ante alguna autoridad legal o judicial? —Si tiene la bondad de ir a la policía. No hay necesidad de que se enfade conmigo. Por mi amplia experiencia. que no cuelgo en las paredes. estoy aquí para responder. Él sonrió. Si hay alguna queja. Se puso de pie—. y le pido ayuda ¿qué pasa? —¿Tiene algún problema con su jefe. —Tengo varios diplomas de temas médicos y sociales. me toca a mí preguntar. su sindicato. aquí. con una copa en la mano y el ceño fruncido. Creo que ha aparecido algún interrogante. se lo diré enseguida. Puesto que éste es el objeto de su visita. Tengo que preparar la comida. Tanto si se trata de un psiquiatra como de una pitonisa. Tendrá que preguntárselo a los del despacho. sus títulos. No sería actuar en interés de ella.—Monsieur Bouillon. No tengo intención de hablar de eso. Monsieur Bouillon. . Ha hablado usted de una información que está circulando. Y eso es lo que he hecho. —Una última pregunta respecto a un hecho. así que no es necesario que se ofenda: ¿alguna de sus actividades ha sido objeto de queja. la envío allí. nos estamos yendo por las ramas. sólo una pregunta directa. y preguntárselo al comisario. y en especial con lo que insinúe. —Que yo sepa no. si veo que alguna persona que me consulta sería mejor servida en otro sitio. Sólo cumplo con mi trabajo. A mí sólo me han pedido que me pasara por aquí y cogiera una idea general. su familia. Me estaba usted diciendo. Ninguna insinuación. Acudió a mí ayer en un estado de ansiedad. —O sea que supongamos que yo vengo. —Pero se lo estoy preguntando a usted. ¿De acuerdo? Tenga cuidado con las sospechas. ¿Me dirá lo que es? —Tiene razón. —Ni idea. —No está mal. Sé que lo tendrá con los hechos. ¿verdad? —Sin comentarios. Es libre de irse cuando guste. Monsieur Bouillon. por favor. sus deudas o su coche? El mejor consejo que puedo darle sin conocerle mejor es que vaya con mucho cuidado con lo que publique. lo siento. y nada de sugerencias.

si quieres. No estoy acostumbrada a ellos. bastante ofensivo y. la mayoría de la gente es así: actuar por interés es la principal ocupación del mundo. —No. Ssst. Eso parece reconfortante. Consiguen mucha cooperación de varias fuentes que consideran valiosas. mientras está libre de presión emocional. bueno. provinciano. Ha tragado saliva. Me hace pensar… quiero decir. A tiempo. Tendrá cuidado con lo que publiquen. la creo capaz de actuar en consonancia. —Si fuera necesario. Se me ocurre que lo que podrían hacer es rechazar mi anuncio. Sí. iría a su oficina y le pondría en su sitio. pero si coge la idea de que pensamos que necesita la opinión de un experto. . Está claro que ese Siegel les está azuzando. Supongo que pensaba que era holandesa. pero era de esperar. suponiendo que no tuviera ningún amigo influyente. Teniendo eso presente. —Esa mujer. con cierta brusquedad. He intentado comportarme como si se tratara de cualquier otro. Llámalo egoísmo. pero ¿no es un poco drástico? ¿No podría imaginar cosas y empezar a hacer una de sus comedias? Está sana como un roble. y es absolutamente normal. no me meteré para nada. —Mi querida muchacha. —Entiendo. Tenemos que hacer que vuelva a casa. Me ha dicho que hablaba bien francés. —Se actúa según la dirección que interesa. Pelletier. Por cierto —cambiando de tema—. esta mañana le he dicho. ha estado bien.—¿Te ha estado molestando? —preguntó él—. por supuesto. —Sí. Arthur se encogió de hombros. o cierta categoría social. prefiero pelear yo mi propia batalla… si tiene que haber batalla. pero si hay algún hostigamiento. que no sea tonta. especialmente cuando hay mucho interés. Pero altivo. Son incapaces de comprender nada que no lleve una etiqueta escrita claramente y que no entre dentro de su experiencia. realmente. un poco distante. sólo por si le hacen una jugarreta cuando regrese a casa? Ahora. y ha dicho que sería buena. Arlette estaba un poco indignada con Arthur. —Entonces te intimidarían. se me ha ocurrido… pero todavía no sé cómo te ha ido esta mañana. Es neutral. aparte de que cualquier experto lo reconocería. no podemos tenerla rondando por aquí. Es un hecho universal. Se niega a intervenir en ninguna dirección. ¿qué te parece si pedimos la opinión de un psiquiatra respecto a Marie-Line. —No. aquí está. Una tendencia a escuchar detrás de las puertas… —No ha sido muy fácil. Admito que me ha resultado bastante difícil controlarme. les dejaré bien claro que no estás sola.

Sabes… no quiere ser la madrastra que interfiere. —He tenido una pequeña charla con Cathy. ¿Vendrá usted conmigo? —No. Nunca le he guardado rencor. Esto anularía cualquier sugerencia posterior de que no lo estabas en algún momento. Arlette entró en la oficina y probó tres o cuatro teléfonos de psiquiatras. Ni a ti. claro. —No andas muy desencaminada. . ya que hablamos de eso. y para entonces cualquiera estaría neurótico. no sabía que hubiera tantos estrasburgueses con neurosis. me parece. un anciano caballero que estaba en su salón fumándose el cigarro de después de comer. cuando se mudaron. —Arthur se rio. el resultado de ello sería. pero es una excusa para ella. Hay que esperar toda la mañana. por supuesto. preferiría que lo hicieras tú sola. para disculparse por todo el maldito ruido. mientras hace ver que es neutral. sí. tanto en casa como en el trabajo. y a ella le gusta. sólo es una formalidad. me gustaría dejar al viejo Rauschenberg como vecino nada más. Un poco excitada emocionalmente. como siempre hacía. Fingir que yo la desapruebo le permite estar de acuerdo con ellos. —Eso es mentira. Es mejor una evaluación completamente independiente. la saludó cordialmente y le ofreció una taza de café. era una de esas mujeres que se desvanecen. Te comprende bastante. pero Arthur ha sugerido una cosa y podría ser interesante. No es obligatorio que lo hagas. pero lejos de ser neurótica. Está bien. —He venido a pedirle un favor: si podría meter a alguien media hora sin desbaratar todas las citas concertadas. En el piso de abajo hay un vecino perfectamente bueno. —¿Por qué molestarte? —dijo Arthur—. que estás perfectamente bien equilibrada. lo había estado desde que había bajado. en el hospital. Y realmente te tiene bastante miedo. No quiero que se diga que te sugiero cosas al oído. Lo sentían muchísimo.Tacto con Marie-Line. Señor. Un poco crudo. que no tienen nada que decir cuando un hombre está presente. Como anoche. Puedo telefonear por ti. claro. y si la idea es tuya tiene más peso. —No me importa en absoluto. Todos fueron de lo más educado. Arlette estaba en buenas relaciones con sus vecinos. Bajó a ver al doctor Joachim Rauschenberg. Se hace la independiente y la ejecutiva intelectual. Tiene la impresión de que tú tienes una opinión ligeramente mala de ella. señor. pero está dominada por los hombres. y es pedir a un psiquiatra que te haga un reconocimiento rápido. La señora Rauschenberg saludó y desapareció en la cocina. pero no vamos a psicoanalizar a Cathy. Hay una clínica. y Arlette tuvo que sonreír. —No. sí. a la hora del almuerzo. pero lo tenían completo ese día.

—Una chica que ha venido con un problema familiar. probablemente eso no será ningún problema. —Ajá. supongo. Podría tomarse a mal. y no tengo intención de sentar precedentes. que se nos han anticipado. o eso dice ella. —Entiendo. No querría molestarle. El viejo de abajo estaba subyugado. con el aspecto. ¿Se trata de usted? — sonriendo. Dentista. Ah. pero ahora no estoy muy seguro. ¿Cómo se llama? —Marie-Line Siegel. Me pone usted en un ligero aprieto. cuando entró con aire falsamente indiferente. Un colega profesional. y perdone que le haya molestado. —Parece ser. «de John Wayne en un momento de desaliento». Me pregunto si lo que usted sugiere no podría ser un poquito delicado. eso es. ¿No la ética pero quizá la etiqueta? —Alguna expresión de protocolo de este tipo. —Ninguna tensión —dijo Arlette—. los padres están. si usted quisiera hacer un examen más completo. Me pregunto… quizás estoy confundido. entiendo —dijo Arlette enseguida. Quiero que se marche a su casa lo antes posible. —Siegel. Todos los psiquiatras de Estrasburgo están muy preocupados. mi querida madame Davidson. amenazándola con un psiquiatra sólo porque tiene algunos problemas de conducta. —Sí. sabe. Muchas veces hay anulaciones y aunque no las haya podría sacar media hora. ¿es algún colega? —En efecto. ayudado por Marie-Line. Quiere usted decir algo rápido y superficial. —El anciano se quedó mirándola. —No me sorprendería en lo más mínimo —dijo Marie-Line.—Oh. si no es más que eso. chiquilla. que no tiene de qué preocuparse. No creo que haya ningún problema si tiene que volver. Tal vez quiera que vuelva. ya sabe. no le conozco socialmente. Me encantaría hacer lo que me pide. Casi pienso que ha recibido una llamada telefónica. sabiendo que era inútil presionar—. dijo Arthur. este nombre me suena. pero ella tiene un poco de miedo de hacerlo. El padre a quien conocí de joven era extremadamente Victoriano. y yo he pensado que se quedaría más tranquila si hablara con un experto y le dijera. frotándose la barbilla—. . Él es un poco estirado. ¿Un poco de conversación paternal? Eso es fácil. las manos en los bolsillos y el cigarrillo en la boca. y anticuado. pero nos sentamos juntos en un comité. Arthur estaba fregando platos. sin ningún test.

con claras insinuaciones de que soy una charlatana. —No —dijo Arlette—. Esta ciudad todavía es pequeña en muchos aspectos y estimula las ilusiones de grandeur. tu viejo es una lata. —Parecía intensamente obstinada. ve a París y consíguelo. ordenando meticulosamente todas sus pequeñas bayetas y esponjas. es idiota. Debo admitir que cierta tenacidad natural. que probablemente querrá saber si te tengo encerrada en la buhardilla. —Ése es mi John Wayne —dijo Arthur—. Un amigo aquí y allá. Tonterías. ¿Cuántos psiquiatras hay en Estrasburgo… veinte? Bueno. pero posible. No sé qué he hecho para merecer esto. en la Prefectura o en el periódico. alguna pitonisa. Ridículo.—Una conspiración —entrecerrando los ojos por el humo del cigarrillo y cayéndosele la ceniza al suelo—. No quiero correr a París cada vez que no podamos conseguir que aquí se haga algo. Esta tarde viene un policía. y. —Marie-Line pareció encantada con esta idea. se apodera de mí. . Esta mañana la prensa. con mis disculpas. si quieres uno. socava su fuerza. ¿Quién es? Alguna extorsionista. horriblemente británica. Marie-Line. Nos defenderemos aquí. —Una campaña para desacreditarle —dijo—. Una mujer desafía a su autoridad. y es una desconocida. Arthur había estado secando el escurridero.

nos encarga a nosotros que nos aseguremos de que no está frecuentando malas compañías. ¿Impuestos o higiene o salidas de incendios o algo? —Los gordos dedos dijeron que no y aplastaron una colilla en el cenicero con gran cuidado—. mis antecedentes son impecables. le ruego que no sea agresiva». Madame —sin cambiar de expresión. Que falta de su casa. Ha sido usted muy abierta conmigo. La frase cortante. —Es difícil saber cómo satisfacerle a usted —dijo ella con paciencia—. etcétera. esto indica que serán lo contrario. el Comisario Berger está al corriente de mis actividades y me ha extendido un certificado de salud moral o como quiera llamarlo. —No es eso —dijo. pero aspiró pacíficamente un nuevo cigarro y dijo—: Sólo una sombra de inquietud por lo de esa chica. la réplica mordaz. Madame. y cuyo tutor legalmente designado. Sea cual sea la queja. lo que habría sido un error y le costaba reprimir. no sugiero nada de eso. —Que yo sepa. de edad madura y de facciones embotadas. Llevaba botines de ante con cremallera encima y gruesa suela de crêpe. con una chaqueta que necesitaba un cepillado y una caja rota de cigarros pequeños. sólo que quizá se esté incitando a una menor a abandonar el techo paterno. curvadas y amarillentas. no sirve para la policía. aunque me gustaría que no fuera tan agresiva. Entiéndame. Bueno. que realiza un trabajo científico en interés del Consejo de Europa. Soy una persona absolutamente respetable. no se le puede considerar un irresponsable. o de práctica ilegal de la medicina. puesto que puede regresar y pasar la información de que no tengo nada que ocultar y menos aún de lo que avergonzarme. En cierto modo agradezco su visita. y a mi esposo. —¿Puedo verlo? —Claro que sí.17 Presión Monsieur Scheffer era un hombre impasible. la cosa más normal del mundo. ni de nada de eso. ¿todo bien? —Todo en orden. —En general. Seré franco con usted. no burlo ninguna regulación municipal. y no me dice la naturaleza de la queja o dónde tiene su origen. De todos modos. Habla usted con vaguedad acerca de una queja. que acabó por hacer que Arlette se sintiera agresiva. Era ambiguo al hablar. y tenía unas gordas uñas cuadradas. no es nada criminal. después de esperar con paciencia el final de la diatriba—. . No me está acusando de extorsión fraudulenta de dinero. y tenía una irritante manera de decir «Bueno.

—¿Dónde está ahora? —Ha ido al cine con mi esposo. por favor? —Siguieron los suspiros. Pero ¿qué representaba aquella llamada telefónica? No parecía que fuera el digno dentista. ¿No se equivoca de número? —Un susurro profundo y ronco. —Hubo un extraño sonido como un suspiro al otro lado de la línea. No le hace ningún daño distraer la mente durante una hora o dos. era directo a ella—. ¿Quién llama. Lo siento. —Arlette van der Valk. y luego al fin el clic y el zumbido de la línea libre. Una chica joven que todavía va a la escuela. ella tiene dieciocho años y es libre de ir a su casa cuando quiera. —Como iba diciendo. y tal vez se encuentre usted ante el Tribunal de Magistrados con algo de lo que responder. cariño.—Vamos. y ella miró si el interruptor estaba puesto en grabación pero no. ¿no?— era más burocrática. Pero ¿era la clase de llamada que Albert Demazis dijo que había recibido… antes de morir? . Hay muchos engaños respecto a los Tribunales de Magistrados. dijo: —Lo lamentarás. era una especie de respiración asmática profunda—. La idea que éste tenía de una amenaza —ella tenía buena prueba. —Disculpe un segundo. —Mmm. —Sonó el teléfono. podría ser más inteligente dominar sus escrúpulos. No le estoy diciendo nada ahora. pues era como distorsionado. ¿no? Lo que significa legalmente ser mayor de edad es objeto de interpretación. Debería estar en la escuela. Los textos no son muy claros. y enviar a la chica a casa. volveré y lo consultaré. que parecía masculino pero no podía asegurarse. —No se disculpó por el tiempo que le había hecho perder. porque el asunto podría complicarse más. sabe. lo siento —y nada más salvo la respiración. No podía estar segura. En vista de la actitud autocrática de su padre. me marcho. que vive con su familia y depende de ellos… Bueno. pero podría ser que le enviara una citación. Yo no intento retenerla. creo que está justificado pensar que en este momento su hogar no es el mejor lugar para ella. sabe. Bueno —poniéndose en pie—. Arlette dejó el teléfono y dijo: —Algún despistado. pero sonaba como a policías desconcertados y armando un gran revuelo para poder retirarse en orden. pero la policía nunca lo hace.

así que si quieres hablar con él podrías encontrarle en el Palais. se me está enfriando el té. estaba en el Palais. Albert había sido ambiguo. vagamente Nuremberg. todo adorable. en un juicio. ¿Serías tan amable de cocer las espinacas?. Le he telefoneado. y por dentro un edificio enorme. Guapo. Arlette no sabía si estaba asustada o no. Arlette halló a maître Friedmann en un rincón lleno de armarios. Cualquier telefonista. El Palais de Justice de Estrasburgo es lúgubremente neoclásico por fuera de una manera teutónica. por el amor de Dios.No se podía saber. joven. fumando un pequeño cigarro como Monsieur Scheffer. y pon a hervir esas patatas. Y una persona que no necesitaba explicaciones. y me ha dicho que terminaría hacia las cinco y tenía intención de ir a casa. seguro. pero sin parecerse a él. ¿y no era demasiada coincidencia? ¿Asunto de la policía? Cuando el teléfono sonó otra vez sintió repugnancia. rutilante de esa manera particular de los judíos con un adorable cabello negro que jamás necesitaba un cepillado. ojos magníficos. ya están lavadas y preparadas. Sin embargo. Arthur y la chica habían cogido el autobús. algo entre Roma y Egipto visto en un día de lluvia a través de la ventanilla sucia de un autobús después de haber comido demasiado. pero le he pillado. y no había razón alguna para suponer que había agotado todas las maneras que hay de ser un chiflado. tendría interesantes historias que contar sobre este tema. no. Ella había tenido ya a muchos chiflados directamente al teléfono o en la grabadora. . si Arthur hubiera sido el tipo inefable de inglés que consideraba graciosos los chistes prácticos. amarillo sucio. Era la clase de cosas que cabría esperar de Arthur. no se le fue de la cabeza. Por una parte. Arlette tenía un estofado en el horno cociéndose lentamente. era tan corriente como que te pellizcaran el trasero en el Metro. de manera que cogió el cassette y dijo: —Saca el estofado del horno a las siete menos cuarto si todavía no he regresado. un adorable traje gris. judío. y fue un alivio oír a Arthur. sencillo. más para que ella se divierta que yo. que era alguien que le gastaba una broma…? Quiero decir realmente… Quieren asustarte y. Hay una escalinata gigantesca con leones. ¿No había dicho Albert que pensaba. He estado pensando… durante la película tonta. Había hablado de amenazas. que parecía malhumorado. al principio. —Salió corriendo hacia el Lancia. Estoy tomando una taza de té con la chiquilla. He pensado en alguien bueno: Paul Friedmann. desvistiéndose. un hormigueo en el cuerpo que tuvo que dominar. construido como con jabón de Marsella. —Una película tonta. o quizá «llamadas anónimas». Albert Demazis estaba muerto. tengo que firmar unas cartas en la oficina. La traeré a casa. y utilizado una expresión como «llamadas telefónicas extrañas». Podríamos pedir una opinión legal. Adiós. no te pongas a temblar por tener un chiflado al teléfono.

—¡Claire! Claire… maldita vaca. por supuesto que esa horrible oficina no. dar en el clavo. Este Scheffer es un buen pájaro. Zas. están equivocados. Le diré por qué. asunto de machismo. El libro de Estatutos rebosa montañas de textos. sexista. Siempre están diciendo lo que es la ley. »Cuestión de psicología. viejos horribles. lo desenredas. apoyo a la disciplina paterna. como aquí. Lo defiendes. No interrumpió ni una sola vez. no. y ni ellos lo saben. qué espléndidamente ha programado su llegada. está fuera. Está siendo acosada e intentaré remediarlo. Todo muy moderno. apareció un bloc de papel amarillo sobre sus rodillas. pero ¿con cuánta fuerza se da en el clavo? Para tener éxito es muy importante esta cuestión de distribución del tiempo. Coja un caso interesante de violación. el hombre tiene que defenderlo. sientas un poco de jurisprudencia apropiada sobre ello. Le garantizo que no volverá a saber nada de los policías. feminista. La cuestión es así. »De hecho. sí. El tornado se sentó enfrente de ella con un tazón grande de porcelana que llevaba impreso un dibujo de un sátiro y decía: «¿Se lo contarás al Vicario? Yo soy el Vicario». ustedes. un lápiz amarillo y una página de pulcra letra pequeña había cobrado forma. Mi coche está enfrente. es a mí a quien están violando. todo tan ambiguo y tan mal redactado que la ley es lo que cualquiera dice que es. me muero por tomar una taza de café. El olor del café se mezclaba deliciosamente con el del Cointreau. No queremos molestarla con un montón de cuestiones legales. y tiene usted razón. la mitad yids y la otra mitad viejos hugonotes diciendo que sí. ¿Quién lo defiende? Yo. un asunto de control paterno sobre una jovencita. —Iba muy rápido. Así que recusas un punto. él ya había vuelto de la cocina con una cafetera y un tazón con cubitos de hielo. que venga de París una mujer hábil. así que eso lo elimino. picara mujer. Condujo muy deprisa en un Alfa Romeo blanco hasta uno de los pisos cerca de la Orangerie que a ella le gustaban tanto pero que no podía comprar. soy un maníaco del café. y se quedó quieto. . en la mano ya tenía un gran vaso de hielo y algo incoloro que resultó ser Cointreau. Todo es cuestión de elegir el momento adecuado. El tribunal puede ser sorprendentemente flexible y comprensivo. No hizo ninguna pregunta. »El tribunal la ve venir de lejos con las bragas inflamadas. eso es violación. —Cuente —dijo. será mejor que cojamos los dos. Arlette apenas tuvo tiempo de cerrar los ojos con fuerza y respirar hondo y desear estar calmada cuando zas.—Hola. Póngase cómoda. Tomó un trago de café. interminables enmiendas a esto o aquello. Estaba totalmente inmóvil. —Bien. ¿y el suyo? Aparcado en doble fila. a casa. y hará una defensa furiosa. La gente piensa. bonita. El tribunal es terriblemente malo. o incluso. sucios viejos verdes. enciérrenla en un convento. la jovencita está replicando con impertinencia. piensa usted. usted es Arlette. La expresión de su cara no cambió ni siquiera cuando ella se fue por las ramas. Sin que se hubiera movido para nada.

muy bonita. puso el freno de mano y empezó a recoger atributos femeninos. Envíenosla aquí. A mí no me importa. »Pero ¿le serviría a usted de algo eso? ¿O a Marie-Line? Ella es la interesada. como un . apagó las luces. Cuando los niños eran pequeños. ¿qué es una vaquilla más o menos? Arlette iba a pronunciar una leve protesta ante esta clasificación rumiante de todas las mujeres. ¿es una idea espléndida para ella ser la manzana de la discordia? Le encantaría sin duda. Dos niñitas mías. al otro lado de la calle. nada más fácil. »No quiero enfrentarme con este viejo sabueso de dentista. que nos llama vacas otra vez? Oh. dos terneras en casa. cuando llegó la «vaca doméstica». »Detener el acoso es fácil. Puesto así en su lugar. »La presencia de Marie-Line en su casa es un inconveniente y un obstáculo. llevándose a los niños a sus habitaciones para que hicieran sus deberes y entrando luego. Usted tiene “derecho a réplica” legal si quiere utilizarlo. El periódico irá con mucho cuidado. maître Friedmann sonrió y dijo: —¿Tenemos sitio para una espléndida rubia de dieciocho años? Arlette tiene una de la que necesita desembarazarse. —¿De qué está hablando ahora. callada. él ya se ha propasado mucho. y era negra noche cuando Arlette llegó a casa. que sólo desea armar un escándalo. Aparcó en la acera. que repercute en la fama de un brillante joven abogado. La llamarada de la publicidad. lo sé. Si llega el tribunal puedo ponérselo difícil. Se ruega al tribunal que haga poner en pie a este hombre y demuestre por qué habría que considerarlo adecuado para ejercer el control paterno sobre sus propios calcetines: como primer testigo llamaremos a la doncella a la que se estaba tirando la semana pasada en el armario de las escobas. a Claire le gustará. —Creo que sí —dijo Claire tranquilamente. ¿qué? No en la vida de usted. me abrazaba tiernamente y decía: «Déjame chupar también». Publicar algo que no sea información objetiva es prácticamente publicidad pagada. réplicas y contrarréplicas. y pondrán una nota a pie de página con una renuncia legal negando toda responsabilidad. maldito joven ansioso que quiere hacerse famoso. Tengo mi vaca doméstica. Si tenemos que hacerlo.»Ahora puedo verla venir. de complexión delicada pero aspecto duradero: delgada. Fuera estaba oscureciendo con rapidez. bajo los árboles del jardín del Observatorio. Tiraré de las orejas de ese dentista para que se pare a pensar. Te arrastran al juzgado entre una multitud de interjecciones y mandatos. Debemos sacarla de debajo de su techo. »Tacto y mano ligera. pero usted no opina igual y yo tampoco. Oh joven incendiario. es simplemente espantoso. como si el sujetador estuviera siempre húmedo de leche.

Se había producido un impacto. ¿qué verás? ¿Eres Scotland Yard o qué? Llama a Paul Friedmann. Miró a su alrededor. Era una bala medio aplastada y repugnante. —Déjame echar un vistazo. Lo siento. en todo caso. demasiado colérica para preguntarse por qué. Habían disparado al coche. Se sentía como si le hubieran disparado a ella. Todo en silencio y tranquilo hasta el tráfico que pasaba por el Boulevard de la Victoire. me estoy portando como una tonta. maldita sea —exclamó Arlette irritada. la dejó caer y se limpió la mano temblorosa en la falda. No puedo llevarte en el coche. El parabrisas se ha roto. perpleja. débiles reflejos en ventanas y balcones. es muy agradable. No pudo deducir nada. Aquí. —Mi querida muchacha. Perdona. Un ruido complejo. Marie-Line. No me mires con esos ojos —a Marie-Line. Arlette se irguió. Arlette se estremeció como si todavía quemara. Le pareció que había un fuerte golpe seco y otro más apagado. Eso tampoco. Palpando en el relleno destripado encontró un pequeño objeto duro. el coche se estremeció sobre su suspensión. La policía judicial. Ahora mismo. La Rue de l’Observatoire por la noche. Su querido coche nuevo… ¿alguien le había dado un golpe? No… ¿una piedra catapultada por un camión que pasaba? Golpeó con furia el respaldo del asiento de su lado y apartó la mano como si se hubiera quemado. La mano no le temblaba cuando cerró con llave el coche y se encaminó a pasos agigantados a la puerta principal. paisaje de cielo y tejados iluminado por el resplandor naranja de la ciudad por la noche. sostenía un abanico de cartas y enseñaba a Marie-Line a jugar al juego de los cientos. la espalda recta. —Oh. pídele que venga. La tapicería estaba rota. No debía quedarse allí para que le metieran en el morral como un conejo paralizado. Que alguien me dé un cigarrillo. te lo explicaré enseguida: se trata de un amigo que muy amablemente te pide que vayas a su casa y te quedes allí uno o dos días. Salió y cerró la portezuela con un golpe. eso es todo. En la calle. sin el guante. —Arthur… por el amor de Dios. cuyas hojas empezaban a caer. No. no hagamos un drama. Volvió a poner la mano con cuidado. —Llama a la policía. Lo siento. . —Me han disparado. malhumorada—. El parabrisas estaba escarchado. Arthur. arrugada y doblada. furiosa.zapato de tacón alto que no podía llevar mientras conducía y que se había metido debajo del asiento: estaba doblada en una postura incómoda cuando se oyó un fuerte ruido. —No. La miraron alarmados. las sombras más oscuras de los árboles. sin sentir miedo. Por el amor de Dios. encogido y muy inglés con chaleco. Dame un trago. que ella no pudo comprender. Es una tontería. pide disculpas.

Es demasiado Chandleriano para expresarlo. —No. Y está muerto. Sea lo que sea lo que el buen dentista prepare. La muerte anula ese tipo de promesa. se supone que se denuncian estas cosas. Podrían haber estado de pie o agazapados. haber caído y golpeado el respaldo del asiento. Legalmente. y la policía podría enfadarse si no lo hacemos. unos veinte metros. Afrontemos estas siniestras carreteras. esto no es más que una gamberrada de algún chiquillo malintencionado. Nosotros hemos pensado igual que la Policía. al otro lado de la calle. no creo que nadie vaya a dispararte. —Bien —dijo Arthur—. —Pues claro. —Sí. Bastante extraño. en realidad —dijo Arthur—. casi lo lamento. He tenido tiempo para pensar. Había perdido el guante. —He recibido una llamada extraña. —Yo estaba agachada. Eso hice. había un hombre. —¿Todo es bastante terrible? Has tenido un shock. no. no creo que tenga nada que ver con esto. esperaría a que estuviera fuera del coche. Pero recibo montones de llamadas extrañas. —Intento de asesinato de un popular joven abogado. En el garaje te pondrán un parabrisas nuevo mañana. masculinos e importantes. Vamos. Rifle del veintidós. Has aparcado con el morro un poco fuera. claro que no. si alguien quisiera dispararme. Arthur. como siempre que a un coche le ocurre algo. a la sombra de esos arbustos que habría que recortar sobre la acera. demasiado hacia la izquierda. él no se arrastra por la noche con su pistola de aire. . ¿estoy metida en algo que es demasiado para mí? —No. Escucha.18 Energía —Intimidación —dijo Paul—. Marie-Line. llamadme por la mañana. —No es nada. No hay ningún otro desperfecto grave. O dilo de otra manera. No te habría tocado. ¿verdad? —Sí. Eso lo he pensado. por supuesto. ni siquiera a ti. La bala podría haberse desviado un poco por culpa del cristal de seguridad. Paul. y me hizo prometer que no revelaría su confidencia. Trayectoria plana. —Los dos hombres habían estado ocupándose del coche. Bueno.

No es necesario poner plástico. no es necesario añadir. Escríbelo otra vez cuando te hayas enfriado. ¿me pondrás la manta? —Sí. si bien nos esforzamos por asegurarnos de que los anuncios que aparecen en las columnas de publicidad son presumiblemente de buena fe. y que éstas se publican obedeciendo sólo a nuestro reconocido deber de informar. no podemos hacernos responsables del contenido de los mismos. —Primero voy a discutir esto. »En consecuencia. ¿quieres una píldora? —No. Al publicar sus puntos de vista. El periódico se encontraba entre los dos—. no intervendré —dijo Arthur. —Sí. Y Paul ya nos saldrá bastante caro. ojalá nunca hubiera puesto los ojos en ella. Paul y yo estábamos boquiabiertos de admiración. No. y Arthur tuvo que darle un empujón para que dejara de roncar. Que Maître Friedmann se ocupe de ello. nunca quiero píldoras. redacta un borrador ahora mientras estás al rojo. es asunto mío. Se quedó dormida como un tronco. tal como él lo ve. eso me gustaría. y que las reclamaciones deben presentarse a la autoridad competente. Acepta mi consejo. Con frecuencia hemos avisado a nuestros lectores de que la publicidad fraudulenta está incluida en el Código Criminal. —Querida. —Muy bien. . Quiero irme a la cama. —Qué chica tan pesada. —¿Sumamente incompetente? ¿Patosa? —Sí. supone publicidad maliciosa y que induce a error en este periódico. qué tonta soy. Estoy helada. No quiero decir que me lleven a la cama. Caliente y reconfortante. había sugerido Arthur. Ella ya estaba garabateando activamente en un bloc de notas con la taza de café apartada. té de lima hirviendo. y Marie-Line simplemente emocionada.—Sí. tienes todo el día. dijo ella. Déjalo descansar. Sólo insinuar… Una carta a un periódico… «Un lector escribe para quejarse de lo que. querido. que debemos hacer hincapié una vez más en que. se entiende que los editores de este periódico no necesariamente están de acuerdo con las opiniones expresadas en las cartas que se reciben. —Lo sé. hace una mañana estupenda. he sacado fuera todo el vidrio. para hacer justicia a la opinión pública. Oh. Por cierto. quiero decir ir a la cama.

al menos en teoría. para toda persona responsable. cierta madame «V». estas operaciones como la descrita han de ser contempladas como seducción. que no sea en interés suyo o de su familia”. pero si pasas por las oficinas de la Policía Judicial. Si salgo de la oficina para ir a cortarme el pelo. de armas. naturalmente. No tengo nada que decir como crítica de las organizaciones de caridad reconocidas. que ha aprendido a poner sobre papel una simple pieza de prosa. Cuando se le pidió que se explicara con más detalle. no confirmó ni negó el argumento presentado por nuestro lector. que no te desborde el trabajo. »Nuestro reportero. no son más que un método impúdico de ganarse la confianza y quizá de obtener fondos por la fuerza. La sinceridad… sabes que es un concepto relativo. gratamente estimuladas por la malicia. no podía recordar qué aspecto tenía. estará encantado de escuchar tu historia confidencialmente. El inspector Simon de la Policía Judicial se parecía mucho más a un policía que cualquier otra persona de las que había conocido allí: al cabo de media hora de haberle dejado. ¿lo digo? No. “No tengo nada que reprocharme”. La persona de que al parecer se trata. Ancho de espaldas. digo que tengo una reunión de trabajo de lo más importante. pero diga lo que diga parece estar mal. (Nota editorial: la carta de nuestro lector es demasiado larga para reproducirla entera).»“Es un escándalo público —escribe nuestro lector— que mientras que la venta. Si puedo decirlo humildemente. eres todavía un poco rígida con la pauta que sigues. se negó a efectuar más comentarios». Como padre de familia y ciudadano que goza de una posición de confianza pública protesto enérgicamente contra la aparición de anuncios que ofrecen lo que llaman ‘ayuda o consejo’ que. y es de esperar que la atención del legislador se dirija hacia una laguna deplorable en la regulación de las ofertas que se hacen al público”. señaló al ser entrevistada. Llevaré el coche al garaje y otra vez conmigo. las personas sean libres de anunciar en su periódico ‘servicios’ que pueden ser igual de nocivos. regulada. déjamelo a mí. que estaba terminando de afeitarse. Después de mucho tachar y rectificar. No te desenfrenes. y con una camisa azul marino . hizo todo lo posible para verificar el anuncio motivo de la queja. vence tus escrúpulos. armando un buen lío. “No pido ningún pago por adelantado. ¿te parece bien? No te preocupes. Ella pasó un momento malo. Sin embargo. Sobre todo. te lo traeré a la hora del almuerzo. drogas o pornografía está. ni menores ni de otro tipo. He hablado por teléfono con nuestro amigo Monsieur Berger. —No puedes hacerlo todo tú sola. Me siento deplorablemente como una aficionada. Madame V. Dice que no hay de qué preocuparse. y no doy ningún consejo a nadie. —Pobrecita mía. como un borracho arrepentido después de tomar un trago. Había ya algunas llamadas anónimas en la cinta. —Se supone que soy una mujer instruida. y pides por Simon. especialmente a menores. —Eres una gran ayuda —dijo Arlette sin inflexión en la voz—. en una dirección del distrito de la Universidad. Arlette se acercó cabizbaja a Arthur. Cualquiera que se haga llamar sociólogo puede redactar un párrafo pomposo para aplastar a este bicho.

—Arlette no estaba segura de si esto iba por Demazis o por ella. todavía no lo veo claro. coja un crimen horrendo. no he sido yo. —Espere un segundo. Imagíneselo. —Eso y ni siquiera eso. O las fantasías sistematizadas. Si estaba nervioso por algo. Furtivo. Todos tenemos algo de sadismo. —Parece coherente. entonces es cuando hace un movimiento torpe y resbala. Sin duda era por cortesía hacia Arthur por lo que le concedían tiempo. hay un tren casi encima de usted. y está reflexionando sobre algún problema grave. —Parecía Peter Lorre en una vieja película. Los que tienen los tornillos un poco flojos. y sugiriendo sólo de una manera diplomática que las mujeres eran frágiles y bobas.abrochada hasta el cuello. se pueden revelar sus cifras o le duele la vesícula. cuando es evidente que no vieron nada de eso. mucha gente lee el caso y se desequilibra. que cogen el coche y conducen una hora para ir hasta el escenario de un accidente grave. —Un hombre asustado. —Una de las primeras cosas que se aprenden en este trabajo es que la gente cuenta mentiras todo el tiempo. Vi esto y vi lo otro. pero no tanto como para que los demás lo adviertan. que no son anormales pero que llevan una existencia monótona y aburrida. Verse clasificada en el grupo de mujeres de talentos dispersos le hizo comportarse de modo más estúpido que de costumbre. Y él se comportó de un modo extraño. Y se puso en contacto con usted. o financiero. quieren participar en la excitación. De todos modos se lo pregunté. nada de lo que sentirse culpable. Otros muchos. Monsieur Simon suspiró un poco. Señalé que no estaba preparada para ocuparme de ningún asunto médico o legal. No me refiero a cuando les pillan rompiendo una ventana y dicen no. paciente. Educado y laborioso. se encontraron en ese pub. dice el psiquiatra. y de repente se sobresalta. Gente muy ordinaria. y mirando a su alrededor todo el rato. Ver y participar y disfrutar. Piense en ello. usted va paseando por ahí. —La gente intenta hacerse la importante. nada que ocultar. se vuelven neuróticos. pero hay que tener paciencia. sería la clase de persona que no oía venir un tren o que se aturdía si lo oía. —¿Se refiere a los mirones. Usted tuvo la impresión de que se trataba de un hombre que tenía algo en mente. O la gente que no tiene ideas muy brillantes. Él le telefoneó dándole un nombre falso. sólo para verlo? —Eso es. . Están un poco enfermos y nos obstaculizan. con sangre y violencia. incluso intentan copiarlo. Son los que confiesan. —Pero los libros de contabilidad o un dolor de estómago no le habrían traído a mí. como tenemos con demasiada frecuencia. Respondió que el asunto era otro. Algo parecido me ocurrió a mí. Jesús.

un accidente de tráfico o suicidio. junto a la vía. encendió un cigarrillo y cogió de su mesa una delgada carpeta. Hombre serio. las mediciones. pero incluso si te golpea un coche a esa velocidad. que era un animal. Este asunto. no quería confiar y parecía tener miedo. hay muchas ramas muertas. nada de alcohol. Me pasaron la ficha cuando la solicité. Velocidad cuarenta y cinco kilómetros hora. y de alguna manera no fue así. se rascó el espeso cabello castaño con el bolígrafo. piedra con contornos agudos. de una manera extraña. igual que cualquier relativo a una muerte violenta. Bien. —¿Eso es corriente? . —Mire. Se mostró un poco desconfiado. visibilidad. ¿Entiende? Cito al pie de la letra: siempre vamos muy atentos. »La hora: tarde. ya sabe lo que quiero decir. eres hombre muerto. eso es justo. Pensó. Balasto suelto. no soy ninguna niña». Es fácil tropezar. Ningún grito. pasó la página de tupido texto mecanografiado—. pero es peligroso. y quién puede reprochárselo. rotura completa. pues el público es muy indisciplinado en lo de cruzar. Las señales. muchos años de servicio. o se supone que lo hacen. La locomotora es un BB. normal para el tramo. por la noche. Los equipos de mantenimiento lo cortan o lo queman. y llamó para cancelarlo. Cuarenta kilómetros no parece mucho. dice él. El doctor dice… le ahorraré eso.—He pensado en todo esto. La atención un poco floja al ser tan tarde. normal. pero es algo rutinario. buen expediente. te destroza. es una situación muy peligrosa. es fácil que pierdas el equilibrio. recibió el tratamiento apropiado de la brigada urbana. como usted sabe. Un día lluvioso. Prometió venir y hablarme. y actuamos a sus órdenes. Monsieur Simon suspiró otra vez. La sacudida ligera pero perceptible es lo que le alerta. las observaciones apuntaban a la adversidad. En esta época del año. se cuadruplica. el conductor de la locomotora. —Dio una chupada a un cigarrillo. De vez en cuando él echa un vistazo mecánico a la vía. ningún accidente. no sé cuántas toneladas pero es muy pesada. Bien. Carriles grasientos y resbaladizos. si te golpea una locomotora en cualquier sitio. un zorro o un perro. La probabilidad de accidente se triplica. Camino estrecho. las señales. pero de todos modos es un peligro. no resbala como las piedras lisas. todo completo. No tiene que decapitarte o darte en el corazón: shock traumático colosal. sino que su superficie es inestable e irregular. Significa que si pones el pie encima. ya que estaba dentro de los límites de la ciudad. con frecuencia queda oculto por las zarzas que han crecido mucho en verano. »La vía del ferrocarril. claras. esto no tiene nada que ver con nosotros. el croquis. se refiere a las luces. porque el lecho suelto forma subidas y bajadas. no se espera ningún encuentro inesperado: ¿por qué iba a haberlo? La visibilidad. o si no ¿por qué se avisa a la gente que se mantenga lejos de la vía? Allí no tendría que haber nadie. es técnico y sangriento… —Ella quiso decirle «No me lo ahorre. Estamos a disposición del Fiscal. Declaración obtenida del único testigo. utilizado por los ferroviarios. condiciones climatológicas. Puedes ir en bicicleta por él y ellos lo hacen. comprenda. tiene ganas de salir de allí e ir a casa. un poco de niebla. pero no pudo encontrar ninguna base para objetar.

reprobador. —Supongo que no hubo autopsia —dijo ella cuando estaba en la puerta. director de empresa categórico en que todo fuera normal. ¿dónde estaríamos? Hágase esta pregunta. Debería ver cuántos nos importunan. a usted le parece que debería realizarse una investigación a fondo porque el asunto le inquieta. auditados recientemente. El perro no iba sujeto con la correa y le distrajo. telefonea. no hay problema. C. y es más que una estadística. Pero si efectuáramos una investigación exhaustiva de cada muerte. La esposa. señala que no hay motivo para el suicidio. La frecuencia de tráfico en aquella línea. Ninguna deuda importante ni fuertes obligaciones. Menos en los límites de la ciudad. pasado ese punto? —preguntó Arlette. pasando más páginas—. Usted se disculpa. —Es necesariamente muy superficial. cosa nada sorprendente. los bomberos y el hombre de seguridad de la S. así que por supuesto retrocede. hay un convoy de carga inmovilizado en la vía. el asunto está clasificado y va al archivo: no hay ninguna razón para mantenerlo abierto. ¿en qué está pensando? El tipo explotó. y con razón se preocupa entonces de la seguridad del ferrocarril. pero es un tipo de impacto diferente. Pauta de vida normal. la verificación de costumbre. ¿Se disculpan? Jamás.—Venados o tejones en la zona de bosque lo es bastante. estuvieron allí al cabo de veinte minutos. N. por ejemplo —añadió rápidamente. —¡Autopsia! —exclamó Simon. dos o tres de encontrarte con un tren. No se considera suicidio si no está muy claro. Pero bueno. y oh Jesús. pero hay arbolado en abundancia hasta el Rin. Seguridad Ciudadana efectúa. —Se lo agradezco. y amigo del Comisario. lo que no arregló las cosas. Vio a ese tipo vivo. tienes una probabilidad en una. »Así que. Pocas. No como si lo hubiera hecho usted. a punto de estallar en carcajadas de maníaco—. lo entiendo. y me avergüenza haberle robado su tiempo. por eso nuestras estadísticas están falseadas porque los hospitales siempre indican accidente por consideración a los parientes. —Ésa es la investigación técnica —dijo Monsieur Simon. o le parece que lo está. y usted es testigo de cierta confusión mental. naturalmente. Es humano. ¿qué conclusión podemos sacar? Sacas a tu perro a pasear quizá quince minutos junto a la vía. F. entre diez y treinta minutos. —Oiga. o simplemente estaba preocupado. y esto también es normal. señora Davidson —paciente—. Bastó una mirada para ver que no se podía ayudar al tipo. no es nada inaudito. como si hubiera saltado de un décimo . Con franqueza. por supuesto. lo que él hace. ¿no? —Pareció una falta de tacto—. Las instrucciones son detenerse y examinar el daño o ver de qué se trata. Y por supuesto los chiquillos y los lunáticos ponen troncos y piedras y cosas para obstruir el paso. no es nada fuera de lo corriente. —¿Y no se realiza ninguna investigación. y criminólogo. —No. Es normal. Los libros en el trabajo. muy perturbada. Su esposo es un científico. Conclusión: fatalidad debido a imprudencia y la probabilidad de tropezar. los primeros investigadores. ¿Por qué? Porque usted está implicada personalmente.

Fue a parar a la cafetería de los estudiantes. hilador de fantasías. Hacía sol. que iba un poco más allá y empezaba a representar su argumento? ¿O. que se preocupa. se decepcionó. ¿por qué? ¿Por si había tomado alguna droga o medicamento que le hubiera mareado o adormilado? Pregunta de siempre. . ¿Estaba siguiendo su esposo algún tratamiento? ¿O había consultado recientemente a algún médico? Respuesta: no y no. un grupo indiferente en mangas de camisa jugaba al fútbol. se dijo a sí misma. ¡Cierto! Aproximaciones. No que la mujer supiera. ¿Era lo que Arthur había pensado. pidió ayuda. ¿Cuál era el resultado? Era una tonta… una entrometida… se comportaba como una ama de casa… ¿Qué había logrado hacer? Había dado a Norma algún consejo que no necesitaba. pensó que desde hacía unos días la comida había estado un poco por debajo de lo normal. Desolada se sentó en su casa y tomó un trago. cruzando el terreno abierto que quedaba entre el campus de la Universidad y el Krutenau. que no había sabido cómo soportarla. En segundo lugar.piso. y lo que la policía pensaba llanamente. ¿no? —Gracias —dijo ella. que se excita. y ¿no sería mejor que hiciera algo al respecto? ¿Fue sólo el alcohol lo que endureció su resolución? No te hundirás. cruzó el Boulevard de la Victoire y llegó a casa. era un hombre triste y asustado con una carga. La aficionada diligente. narrador de historias. Y ella tendría que saberlo. sugiere que llenen unos cuantos más y descubrirán que sus conciencias se hacen más elásticas. Lo sacaron con pala. el día era cálido y tranquilo. como había pensado ella. La hembra inquieta. Los estudiantes estaban sentados o paseaban y conversaban. Como decía el hombre. no débil mental pero lo que el psiquiatra llamaría frágil mental? ¿Tipo corriente. ¿quién sabe realmente cuál es el índice de suicidios? La gente tiene ya tantos formularios que rellenar. Y no había servido de nada a Albert Demazis. Regresó a pie a casa. promedios y estadísticas. una persona un poco neurótica. No había conseguido ganarse su confianza. sé un poco más enérgica. Vamos. recayó en una indecisión fatal. llegando hasta una muerte que no era ni verdadero suicidio ni verdadero accidente? Ella había sido un fracaso en ambos casos. formulada a la esposa —pasando páginas hacia atrás—. Había complicado la existencia de Marie-Line poniendo tensos al padre y a la hija. y no había logrado saber nada de él.

—«Una voz le gritó —dijo. llevándose a Marie-Line consigo. producir un estampido y romper algún cristal. llamadas telefónicas obscenas. Trelawney. . incluso a mí me da envidia. Probablemente ha sido alguien a cuyo Renault muy viejo se le ha pinchado una rueda y que se ha irritado al verla pasar en ese magnífico Lancia. pues las pistolas sí lo están. Tomé en consideración eso. sin apuntar a nadie en particular. La gente dispara rifles por la calle. Arthur había tenido un susto. no la especulación académica como la mía. Típicamente francés. si puede decirse así. eres el mejor tirador Pero ¿por qué le habían disparado a ella? Fue algo idiota. etcétera. Mierda. recibe amenazas ambiguas. Por eso son más peligrosos. —No —dijo Arthur. una Marie-Line encantada con Paul. Cualquiera cuyo trabajo sea la acción.19 Coge el arma. mirillas. el lugar está lleno de individuos débiles mentales con vagos rencores contra la sociedad. melodramático. después de que Paul se marchara. venganzas de débiles mentales. »Conclusión: junta las dos series de estadísticas y se superponen. Se había calmado. Demasiada premeditación. la grabadora. El lugar está lleno de rifles del veintidós. Parece una emboscada. meditativo— que se apartara de la luz de la luna o recibiría el impacto del plomo. Les va bien. Pero armas… quiero pensar en ello. el filtro en la puerta principal. —Silogismo. —¿Qué es? —La isla del tesoro —dijo Arthur con cara seria. y en ese mismo instante una bala le pasó silbando junto al brazo». »Dos. Ya sabes. Son mucho más exactos y tienen un alcance mucho mayor. al igual que prohibir la publicidad del alcohol e importar más. pequeñas porquerías. El disparo estaba hecho cuidadosamente. con el Alfa Romeo y con las aventuras: espera a que oigan todo esto en Chez Mauricette…—. Paul Friedmann se había mostrado escéptico. No. y se había irritado por ello. Dios sabe por qué. No están controlados. De ahí las diferentes precauciones. —¿Intimidación? —Lo he tenido presente desde el principio.

Arlette cocinó un poco, más bien sin ningún orden; estaba intranquila. Fue de un lado a
otro. No había tenido valor para contarle al inspector Simon lo del parabrisas del coche.
Habría alzado las cejas, adoptado una pose y dicho «Tócala otra vez, Sam». Igual que
Arthur.
—Coge el arma, Trelawney, eres el mejor tirador. —La llamada telefónica hablándole en
susurros era la misma. Eran las travesuras de adolescentes retrasados mentales, seguro.
Mira, querida, Dingus te habla de una manera misteriosa, y un día después resbala en la
vía del tren. Al instante te excitas.
—No, no; No —dijo ella irritada a la pared de la cocina—. No voy a excitarme. Pero no
voy a hundirme sin más. No voy a permitir que un poli del cuerpo judicial me diga que
soy una hembra frágil mental y que vuelva a mis sartenes. —Fue al cuarto de estar, se
sirvió un whisky, y como burla puso el disco de Estoy baja de defensas.
Se quedó de pie ante el alféizar de la ventana para ver llegar a Arthur. ¿Dispararía alguien
a la ventana? ¡Que lo hagan! Era consciente de que esto se debía a los efectos del whisky,
y le importaba un comino.
Arthur llegó conduciendo el Lancia, con un espléndido y reluciente parabrisas nuevo.
Sin embargo, estaba serio. Bajó un poco el volumen de la música, se sentó, empezó a
llenar la pipa y dijo:
—Me pregunto si cometí un grave error arrastrándote a todo esto.
—¿Te refieres a que realmente me dispararon?
—Me refiero a que nadie sabe mucho acerca de la violencia. Están las cosas evidentes,
como el alcohol, la gente que se encuentra oprimida entre la gran densidad urbana, la
agresividad en la carretera, cosas de este tipo. Se ha estudiado fragmentariamente. Es un
tema amplio, sin forma. Se me había ocurrido que entre otros experimentos éste tendría
valor. Ahora no estoy tan seguro. Las personas malvadas pueden ser desagradables de
muchas maneras. Pienso que no deberías involucrarte con las cabezas de chorlito; tal vez,
después de todo, deberíamos dejárselo a los profesionales.
—Yo he pasado por la fase de pensar lo mismo. He cambiado de opinión. Estaba muy
insegura y desanimada. Pero no, no voy a renunciar.
—¿Qué te ha hecho cambiar?
—Los profesionales. He estado en la Policía Judicial. He visto a ese Simon. Tenía la ficha
de Demazis. No se van a ocupar de ello, porque, claro está, no hay ningún fundamento
para suponer que hubo homicidio. La policía municipal. La policía del ferrocarril.
Técnicamente es muy concienzuda. Yo no habría podido hacer nada de eso.
—¿Pero?

—Pero, hay varios «peros». Por ejemplo que no hay datos. Preguntaron a la esposa si
sufría vértigos, preguntaron a su jefe si sus libros estaban bien llevados. Nadie preguntó
qué estaba haciendo en la vía del tren, eso en primer lugar. Es algo tonto de hacer. Como
acudir a mí. ¿Por qué no volvió? Llama y cancela la cita, y al día siguiente muere en la
vía del tren.
»Los profesionales son conscientes de estas lagunas. Se resignan al hecho de que su
máquina, que funciona muy de cerca y con gran competencia en áreas que les interesan,
no está adaptada para las cosas extrañas. Y hay demasiadas cosas extrañas. Estoy
hablando mucho; he tomado mucho whisky.
—Sigue.
—Se encogen de hombros. Se resignan al hecho de que nadie investiga la frontera entre
el suicidio y el accidente. Resultado: muchos homicidios ni se sospechan. Simon, cuando
le he contado lo que sabía, ha dicho con toda justicia que no podías medir la neurosis de
un hombre muerto. Como esos suicidios en coche, en los que los que no han podido
conseguir saltar del puente provocan un accidente. Esquivando la responsabilidad. Para él
podría ser uno de esos casos. Una mezcla de bravata y cobardía.
—¿Llamarte fue un truco teatral para hacerlo más grande e importante?
—No quiero especular.
—Pero ¿puedes averiguarlo?
—Puedo intentarlo. El aficionado suele encontrar áreas de las que el profesional no se
preocupa. No sé qué, todavía. Pero si se trató de intimidación, eso simplemente refuerza
mi decisión.
—Mmm —dijo Arthur—, No debes tomártelo como algo personal.
—No, no lo convertiré en una obsesión. No perdamos la euforia. No nos dejaremos
atropellar por personas como Siegel.
—Por cierto, he redactado tu carta. Puedo rehacerla esta tarde. Si no te gusta, quiero
decir.
—Marie-Line merece un esfuerzo. Y no debemos permitir que ese miserable de Siegel
imagine que puede dominar a todo Estrasburgo. Déjame ver.
«La carta de su lector es una tergiversación.
El público tiene derecho a buscar consejo y ayuda. Numerosas organizaciones lo
proporcionan en circunstancias específicas. Por la naturaleza de la burocracia su acción
se retrasa, se extravía, a menudo deja perplejo y con frecuencia es ineficaz.

La oficina de asesoría privada no compite con los servicios estatales o municipales.
Puede que ayude a acercarlos, o a simplificar el procedimiento.
Funciona en los casos en que no existe autoridad competente, pero son demasiado
numerosos para mencionarlos.
En todos los casos, hay que juzgar por sus méritos.
Niego categóricamente la acusación de pescar en río revuelto para obtener un beneficio.
En mi caso, la consulta no cuesta nada; nunca pido que se me pague antes de que se me
haya explicado el problema y se haya acordado alguna acción.
En las profesiones que ofrecen servicios al público debe existir un código de deontología,
de comportamiento ético, y hay que hacer que se cumpla. En los casos controlados por un
cuerpo gubernamental la inmoralidad puede existir y permanecer durante mucho tiempo
si ser descubierta. La oficina privada, autodisciplinada, debe ser juzgada por su práctica.
Existe para combatir la apatía, así como para reducir el abuso e incluso la corrupción.
Nadie que ejerza esta profesión y que sea ético aconsejará a una menor sin conocimiento
de los padres o tutores, no recomendará una acción contraria a la opinión paterna
conocida, salvo cuando el interés de la menor, como en casos de malos tratos, exija la
intervención de la autoridad.
De acuerdo con el derecho legal a réplica, estas palabras son enviadas al periódico para
su inserción».
—Bien —dijo Arlette—. Coge el arma, Trelawney; eres el mejor tirador.
—¿Suficientemente pomposo? Tú podías haberlo hecho igual de bien.
—Claro que podía, sin duda. Lo que me importa no es que yo pudiera, sino que tú debías.
Arthur la contempló, con placer.
—La Viuda —dijo Arlette— ahora está casada.
—No necesitamos a Paul, aunque le diré que lo repase. He telefoneado al periódico, les
he dado un pequeño golpe con mis impresionantes títulos profesionales. Se han mostrado
conciliadores, y han prometido compensar. Fueron engañados, claro está, por Siegel; no
admitirán que les asustó. Su defensa legítima es el derecho a hacer campaña contra las
agencias trapisondistas. O sea que hemos aclarado esto.
—¿Es necesario? Quiero decir, me preguntaba si adoptar un silencio digno, desdeñoso.
—No, es necesario; no negar una acusación es, a los ojos del público, una aceptación de
que tiene fundamento. Y nos da una definición. He sido ambiguo sobre este punto: me
refiero a que un sociólogo como norma no ofrece consultas al público. He hablado de ello
con Paul, para protegerte si es necesario. Tú no ofreces tratamiento médico o legal, que es

donde infringirías la ley y existiría un cargo de práctica ilegal. Paul ha estado muy
divertido respecto a la jurisprudencia que atañe a los curanderos y brujos.
—Que es lo que yo soy.
—Exacto. Dar un consejo no constituye una intervención. Tú aconsejas a tu cliente que
busque donde sea apropiado un tratamiento profesional: él decide y la responsabilidad es
suya. Es sumamente importante que lo tengas claro. Yo no lo había pensado —riendo—
pero Paul cree que Siegel podría intentar atraparte, y el próximo ataque podría ser toda
una serie de agentes provocadores con historias verosímiles.
—Bueno, yo no ofrezco masajes tailandeses a hombres de negocios cansados.
—No —riendo entre dientes—. Lo que Paul quiere es plantear un reto, poner a prueba lo
que legalmente constituye una menor. Estamos en lo correcto en lo de la ética, y eso lo
confirmará cualquier tribunal, de manera que Siegel se echará atrás. Piénsalo: un médico
que intenta obligar a su propia hija a efectuar un examen y tratamiento psiquiátricos. Si se
ponen pesados con tu ética, ése es exactamente el terreno en el que Paul se mostraría más
desdeñoso respecto a la inmoralidad.
—Está bien. Envía la carta al periódico.
—¿Quieres hacer algo?
—Bueno, soy como Kennedy con los rusos. Si se produce una confrontación, una
colisión frontal, uno intenta explorar un poco por los márgenes. Mientras tú zurras a
Siegel con la deontología —buena palabra, ésa— yo estoy pensando en el tío Freddy
Ulrich. Quizá le gustaría que le hicieran un poco de masaje tailandés.
—No voy a investigar eso —dijo Arthur, alegre—. Tengo un hambre terrible.
—Las patatas ya deben de estar cocidas. Y gracias por llevar mi coche a arreglar.
Intentaré que no vuelvan a dispararme.
—No, sería una mala costumbre. Por esas calles sórdidas camina Marlowe a grandes
pasos, sin miedo. De vez en cuando tropieza con su pene. ¿Es conejo? Oh, qué bien.

un lío tremendo. es un hombre servicial. se paró en seco ante su puerta principal recién pintada. Alguien había pedido despojos al carnicero. todo el mundo en la casa estaba corriendo. en el umbral de su puerta. el plástico deja una porquería espantosa. pensé. bueno. contemplando las infelices locuras de la trastornada humanidad. nadie miraba acusadoramente a Arlette diciendo: «Usted es la culpable». un caballero oriental inescrutable. que regresaba para coger el aspirador y un trapo mojado.20 Solidaridad Todo ocurrió rápido. De repente. Sin embargo. alto y delgado. En el vestíbulo había humo. —Alguien ha llamado. estaba ausente. indignada. El inquilino de la planta baja. las manos y los pies en equilibrio en el aire. Nadie estaba preocupado. —Un lío desagradable… me llamó la atención. —No lo intentarán otra vez. que era experto en lenguas europeas orientales. he de decírselo al doctor Davidson… —Arlette. periodistas… Me preguntaba quién sería el próximo. agrupados en actitudes tontas. todo el mundo empezó a hablar al mismo tiempo. —Pero fue necesario sustituirlos. una fuerte y aterradora explosión. se encontraba en una actitud como de cigüeña. Un fuerte olor a sangre. La tercera planta. Había trozos de papel y escombros por doquier. Arlette corrió. corrió. y he pensado quién demonios puede ser a esta hora… —Nada de plástico. Hubo un tímido «pip-pip» en el timbre de la puerta principal y. Unos chiquillos horribles metieron petardos en los buzones. —De todas maneras no había en ellos más que basura publicitaria. habrá que mantener los ojos abiertos. Como en una película cuando una sucesión de imágenes se congela de repente. todos estaban de pie inmóviles. pero la propietaria del piso de arriba. Arthur. Un montón rosáceo de tripas o pulmones. con la boca abierta. permanecía de pie. estaba brazos en jarras. que acababa de poner una cara resignada de «Yo iré». —Igual que en la víspera de Año Nuevo. conocida para Arthur como «la pequeña Miss Traslado» porque siempre llevaba una bolsa llena de documentos. un olor pungente a explosivos. imperturbable. Monsieur Lupescu. El doctor Joachim Rauschenberg. alguien con . un impresionante técnico de algo en Electricité de France. Como es usual. al pie de la escalera. —Policías. —Iré al carpintero ahora mismo. al mismo tiempo.

muchos gatos… Era mucho más desagradable que los pedazos de papel rojo de los
petardos atados y arrojados a un espacio cerrado.
Apretó los dientes, metió la porquería en el cubo, lo tiró al retrete y volvió con
desinfectante. Cuando regresó le conmovió encontrar a Miss Traslado recogiendo astillas,
a Monsieur Lupescu empujando con gran energía el aspirador y a Arthur frotando las
manchas de humo. El doctor Rauschenberg estaba en su rellano, dando un vistazo
profesional a la carpintería.
—No es agradable para usted —dijo Arlette—, poniéndose a trabajar.
—Oh, mi querida muchacha, eso no es nada. Teatro de adolescentes; ¡si uno se deja
conmover o intimidar por estas cosas! Pida a Madame Fuchs que le cuente la historia de
un paciente mío bastante pesado que la perseguía por toda la casa con un revólver
cargado. Se enfadó mucho porque yo estaba fuera.
—¿Qué hizo ella? —preguntó Arlette, fascinada con esta nueva visión de Miss Traslado.
—Ella le pidió que entrara, le hizo sentar, habló ininterrumpidamente durante tres cuartos
de hora, y cuando, cosa muy natural, el pobre hombre se quedó dormido, ella se fue sin
hacer ruido y llamó a la policía. Esta casa ha visto más cosas. Cuando haya terminado, le
agradecería que entrara y…
»Bueno, le debo una disculpa. ¿Le gustaría un kirsch? ¿Un cigarrillo? La desairé con lo
de Siegel. Es un buen tipo, pero se excita tremendamente por banalidades, como habrá
podido comprobar ya.
»Procede de un ambiente bastante humilde, y es consciente de que es un recién llegado.
¿Un regusto de los nuevos ricos? Casarse con un miembro de la familia del profesor… él
quería con todas sus fuerzas adquirir ese estilo de vida. Se sentía —esto es importante—
terriblemente traicionado por la esposa que se fugó. ¿Fue eso, se pregunta en secreto y le
carcome, debido a su rigidez, a su tensión por llegar? Me sigue usted. Echaba en falta una
cátedra. Es sorprendente que traspase cierto rencor a la chica, sin darse la más mínima
cuenta. Reconocí a la pequeña, cómo se llama, Marie-Line, ¿no?, en la escalera.
Recuerdo haberla visto cuando era niña. Créame, el que fuera una niña fue una
decepción».
—¿No tiene un hermano?
—Lo tiene, en realidad, un joven un poco presumido, un santurrón, sabe, un modelo de
virtud a quien uno instintivamente desea dar una patada en el trasero.
—Esto es clásico.
—Naturalmente. Bueno, lo que pensaba preguntarle, ¿le serviría de algo que llamara a
Freddy Ulrich —en presencia de usted— y le pidiera que tuviera unas palabras con
usted?

—Eso sería una gran ayuda —agradecida.
—¿Sabe dónde vive? —marcando—. En ese bloque nuevo en Contades. El doctor Ulrich
por favor… No es de mi gusto, pero… Freddy, soy Jo Rauschenberg. A mi amiga y
vecina, Madame Davidson, le gustaría mucho tener unas palabras contigo, acerca de un
tema que os interesa a los dos. Sería una buena idea, pienso yo… Sí, me parece que eso
iría bien; se lo preguntaré. Si se da usted prisa, la hará pasar antes de su primer paciente;
sí, espléndido; de acuerdo entonces: ¿cómo te va la vida? Estupendo, y dale recuerdos a
Julie. Hasta uno de estos días, chico.
—Es muy amable. Dígame, puramente como opinión general, la gente que realiza
ataques como ése, ¿es peligrosa?
—Peligrosa… no. La gente que ensucia el lugar con sangre, ¿cometería un delito de
sangre?; sería difícil decirlo. En algunas combinaciones raras, habría que decir:
posiblemente. Pero poner petardos en los buzones, no. Es violento, sí, en el sentido de
que es una personalidad incapaz de expresarse a través de los canales normales.
Emocionalmente son tullidos y, por supuesto, con frecuencia son retrasados
intelectualmente. No es como nuestro amigo Armand Siegel —sonriendo—. Eso se
calmará y se arreglará solo.
—Le estoy muy agradecida, de verdad.
—Excelente —aprobó Arthur—. Tú te marchas y yo defenderé el fuerte. Presencia
masculina para calmar a Miss Traslado. Bastante extraño, no obstante —añadió el doctor
Davidson—. Tengo que preguntar al viejo Joachim. Lo que aparece en el periódico, cosas
sin importancia, a veces provoca manifestaciones hostiles, pero esto parecía demasiado
bien planeado para eso.
—Mientras nadie se lo tome en serio —dijo ella—. Es muy reconfortante ver a todo el
mundo mostrar tanta solidaridad.
—Nosotros los burgueses, amor mío, nos unimos de manera instintiva. Vete ya o Freddy
se pondrá nervioso.
—Me voy zumbando —tapando la barra de labios y lanzándose al lavabo.
—No conduzcas demasiado rápido —recomendó Arthur.

21
Un hacendado en el cielo
El «parque» de las Contades —de hecho una plaza o jardín público— es el centro del
Estrasburgo burgués. No es particularmente bonito, y en realidad es bastante feo, aunque
tiene algunos árboles y un elegante quiosco de música de hierro forjado de estilo Segundo
Imperio. Es un barrio preferido por la población judía, debido a que la sinagoga está en la
esquina, y en general está llena de robustas matronas con perros pequeños y niños
chillones y enérgicos con gorro. La mayor parte de la arquitectura es estilo Hohenzollern,
pero a un lado, junto al bonito pequeño río Aar, hay un buen ejemplo de compañía de
seguros-inversión doméstica que merece totalmente el espantoso nombre de condominio.
El edificio estaba demasiado caliente, lo que habría provocado en Arlette un malestar aún
más acusado de no haber sido el doctor Frederic Ulrich tan sumamente frío.
No tanto su actitud, que era sin duda alguna glacial, pero que no estaba pensada para
dejarla a ella helada: siempre era glacial. Físicamente, su mano era la más fría con la que
Arlette se había encontrado jamás. Era especialista en aparato digestivo. Gracias a Dios,
pensó, no le ocurre nada a mi hígado. Esa helada mano explorando mi estómago sería
como el cuchillo de obsidiana ofreciéndome a la Serpiente Emplumada.
No es que Freddy se pareciera a una Serpiente Emplumada: llevaba un austero corte de
pelo y un bonito traje azul oscuro de gabardina. Su entorno demostraba una devoción a la
escultura tipo Brancusi y los cuadros de Sophie Tauber-Arp. Su voz era baja y suave, y
sus modales impecables. Elegante no es la palabra correcta, ya que suena como a Sir
Leicester Dedlock. Pero sí, era muy del estilo de Sir Leicester frente a una incitadora
radical. La vida imita el arte; ella lo había aprendido de su padre: la fregona de Proust se
parecía a la Caridad de Giotto. Él solía leer Dickens a sus hijos, lo cual ella odiaba. Desde
entonces ha visto cuántos políticos franceses adoptaban el estilo de oratoria de Mr.
Chadband, o cuántos cantantes pop se parecían a Mr. Guppy en el teatro, y ahora, esta
atmósfera callada le hizo recordar que Sir Leicester se creía un «considerable hacendado
en el cielo».
—Me alegro de tener esta oportunidad. Los dos tienen razón. Que Marie-Line echa de
menos, indudablemente, la influencia estabilizadora que una madre debe proporcionar, no
lo pondré en duda. Que usted se ponga a arbitrar asuntos de familia de los que no sabe
nada está, por decirlo así, abierto a la crítica. Sus motivos son generosos. Creo que no
cometo ninguna injusticia si le digo que actuó con demasiada precipitación e
imprudencia.
»Como ha penetrado usted, sin saberlo, en una vieja herida que jamás se ha cerrado,
puedo decir esto. Mi hermana se comportó de un modo lamentable; la conducta de mi
cuñado forzó el respeto que le tengo.
»Marie-Line —al ver que ella no decía nada— se parece mucho a su madre. La ansiedad
de su padre respecto a ella debería ser comprensible. Esa ansiedad se traduce en una

especie de defensa agresiva. Dada mi situación, no me permitiré criticar su actitud, que
tiene su origen en una dolorosa herida emocional. Sin embargo, puedo expresar mis
disculpas, con ánimo de que usted comprenda, por una respuesta demasiado apresurada al
brusco reto que usted hizo a su autoridad. Lamento ese asalto, puesto que fue esto: una
impugnación de su carácter. Deseo que se dé cuenta de que fue producto de la excesiva
precipitación con que usted se tomó literalmente las… divagaciones de Marie-Line».
—Bueno, aquí acierta bastante —dijo ella—. Debo disculparme yo también, y lo haré.
También le pediré que entienda usted que nunca la incitaría a ser hostil con su familia. Yo
quería que regresara a casa; sigo queriéndolo.
—Eso espero, de veras.
—Por favor, no me interprete mal —irritada consigo misma por parecer que se rebajaba
—. Lo primero que hice fue ir a ver a Monsieur Siegel, para intentar ayudar a Marie-Line
a arreglar cualquier desacuerdo que se hubiera producido y hacerle ver a ella dónde tenía
culpa. Tuve una recepción muy… recelosa.
—Lo acepto.
—Me acaloré bastante, y estaba equivocada, lo lamento. Pienso, y me siento obligada a
decirlo, que seguramente él… su padre debería darse cuenta de que su ansiedad, que es
natural, la exaspera. Perdóneme, no quiero hacer observaciones personales, doctor Ulrich,
pero ¿las mujeres de su familia, incluso su propia hermana, es justo decir que no eran
muy importantes y se las trataba como a inferiores?
Su rostro no se alteró.
—Le responderé, en la medida en que respondo, que mi padre pertenecía a una
generación mayor, y las mujeres que ejercían una profesión eran consideradas como
bichos raros. No iré más lejos. Mi hermana no tenía el tipo de capacidad que llega
fácilmente a una formación profesional. Yo mismo soy lo bastante anticuado para no
aceptar que la educación que mi padre nos dio sea tema de conversación con extraños.
—Lo siento otra vez —sintiendo el peso del desaire—. Viene al caso ya que concierne a
esta chica. Claramente, a ella no le parece que se la trate según sus méritos. Comprendo
los problemas de su padre: ¿no deberíamos pensar en los de ella también? Ya es
suficientemente mayor para atacar: no es una rabieta de adolescente.
Freddy no dijo nada durante un rato. Detrás de los ojos, una mente muy disciplinada se
puso a funcionar y se paró.
—Dígame —sonrió débilmente—. ¿Ha estado mucho en compañía de ella?
—He observado que bebe demasiado. No parece tan sana como debería.
—Sí… Antes se pensaba que el uso de un tipo de estimulante artificial tendía a inhibir la
atracción (no hablaremos de adicción) hacia los otros. El cuadro clínico no está del todo

Tomamos precauciones. Creo que no se ganará nada actuando como si usted no tuviera un profundo interés por esta chica. pero aparte de eso… —Su reticencia le hace honor —con el primer esbozo de una sonrisa—. con los lugares que ella frecuenta. Como es comprensible. goza usted de su confianza. ¿no es verdad? —Le mostré un poco de amabilidad. Las circunstancias no justificaban una denuncia a las autoridades. cualquier cosa que se pueda interpretar como una acción represiva podría ser grave. pensó Arlette. Incluso con pruebas clínicas sería difícil demostrar que sí y en qué medida… Se ha negado a someterse a cualquier examen médico. no en un número grande. ¿Sabe usted que vienen como talonarios de cheques. No intento perjudicar a mi sobrina ni mucho menos. no pretendo ocultárselo. El hecho es que nos ha robado recetas a su padre y a mí. Oh. Hasta cierto punto. —Aquí te tengo cogido. ¿Cree usted que es más probable que estuviera haciendo un favor a un amigo? —Yo no pienso nada. y yo cuestionaría el caso. Preguntarse en qué anda metida una chica de esta edad es asustarse por falso fuego. No dijimos nada. De una manera confidencial. —Joachim Rauschenberg es un viejo amigo y no veo nada impropio en eso. con matriz y copias? Se han falsificado. —¿Ha estado tomando drogas? —Estamos en el ámbito de las conjeturas. . ya que hace muchos años que no veo a mi hermana. No hay pruebas de que ella las robara para utilizarlas o para obtener beneficios. o de poseerlos. por supuesto. —¿Pero hay alguna evidencia? —De tomar estimulantes. ocultar el robo de hojas de recetas es un delito—. No apruebo el que se obligue a los jóvenes a ir a una clínica a que se les efectúen pruebas si no quieren hacerlo. ¿Puedo confiar en usted? —Sí. Los derivados de opio. Pienso que se les puede hacer tanto daño como bien. Me gustaría rectificar una opinión que puede usted haberse formado del carácter de su padre. al menos no son acumulativos. no. y es posible que del mío. No le estoy proponiendo que comente las confidencias que le haga. Y de que usted confíe en mí. a él le disgustaba la idea al no haber autorización paterna. trato de confiar en usted. Existe. Creo que con la hostilidad que ella siente hacia su padre.claro. el tráfico de falsificaciones. Le agradeceré que considere lo que le estoy contando como de lo más confidencial. la escuché con simpatía. —No puso objeciones a la sugerencia de que el doctor Rauschenberg le echara una mirada. Ni que la espíe. Sugeriría que intentara familiarizarse con sus amistades. En pocas palabras. Pero ella nos preocupa. pero la experiencia parece demostrar que los jóvenes se adaptan con una facilidad desconcertante a un estimulante y después a otro. Madame. mi sobrina. No es exactamente lo que yo estaba pensando.

Es lo mejor para todos los implicados. lo secó. Rebuscó en el bolsillo. Freddy no se había movido de detrás de su escritorio. tiene usted los ojos saludables.—Eso es justo. Creo que es mejor que no se ponga en contacto con mi cuñado. —No se puede hacer una reverencia cuando se está sentado. Esto. su tiempo. —Estoy de acuerdo —dijo Arlette con una sonrisa—. Usted debería tener alguna prueba tangible de esta confianza tan delicada. —Esto debería tener una base profesional. Davidson. Mrs. sus gastos… —Abrió un talonario de cheques. La felicito por ello. ha de quedar entre nosotros. Si puedo decirlo. sin que se le hagan reproches? Me gustaría verla regresar de una manera normal. clínicamente hablando —dijo Freddy—. —Me temo que sus pacientes le estarán esperando. —Puede contar con ello. Además. exactamente como si se hallara en su sala de consulta. Usted me ha dejado libre. escribió con rapidez. ¿Puedo enviar a la chica a casa. y se lo agradezco. doctor Ulrich. Una autoridad. y abrió un cajón del escritorio. —Tengo buen ojo. Una base para la confianza. —La acompañó con cortesía formal—. debe perdonarme por mi insistencia. Siga así. será mejor que le deje libre. lo arrancó: un cheque de mil francos—. podemos decir. .

esposas colgando. y aquí está la prueba. lo primero que vi fue un enorme policía irlandés. ¿Qué dice el viejo Flaubert? Sé muy burgués y convencional en tu vida. Recuerdo la primera vez que fui a América: Boston. exactamente igual que ese jefe de Los Ángeles que cree en la instalación de horcas en los aeropuertos para colgar allí mismo a todos los secuestradores del aire. —Pero no se puede hacer. por ejemplo. cada penique. Por cierto. —¿Lo está? —dijo Arlette. A los pacientes de Rauschenberg no les gustaría. pero birla billetes de diez francos del bolso de Claire. Encontrarás un jefe de . pensé. Ahora ya no existe el dinero blanqueado. no sé si es exactamente así. no escupas en él. bastante arrogante. si vuelve a casa no la atosigarán. Admira esto. ¿también es bastante tópico? —Hay que ir con cuidado. Un disuasor. —Eso está muy bien. Cóbralo. los cogía por el pescuezo y les daba una patada en el trasero. —Bésalo. ¿Lo pongo en un marco? —Paribas Bank. es lo mejor para concentrar la originalidad de tu arte en tu trabajo. poner en un marco el primer cheque es un tópico. Todo se roba. —Claro que no. con porras y pistolas del cuarenta y cinco. —Marie-Line tomando drogas o pasándolas. —Eso hemos ganado a los capitalistas. el vientre empapado en sudor. La Gran Oreja les está escuchando.22 La guerra de Arthur —Este edificio está bajo vigilancia electrónica —dijo Arthur. botas del oeste y sombrero a lo John Wayne. saltaba sobre ellos. Los buscaba. ¿sabes? Efecto de periscopio. como en los puntos ciegos. —Nada detestaba más Arthur que los tópicos. Ve a Chicago. Pero si se pusiera un cartel grande en el vestíbulo diciendo que lo está. A Paul no le importa. —Tiene una variedad de truquitos con los que nadie querría vivir mucho tiempo. Deplorable. mucha gente se lo creería. porque piensa que podría estar tomando drogas. ¿Cómo te ha ido? —He sido empleada por Freddy para investigar con tacto en el ambiente de Marie-Line. espléndido. idiota. El tópico es una cosa curiosa. Pensemos quizá en esos espejos convexos ojo de buey colocados en un ángulo. —Ajá. alarmada.

un terrón de azúcar en una taza y el té que se vierte. tallos de col. necesitaba llorar. Tomó un sorbo de té hirviendo. como si tuviera que protegerse la cabeza de otro golpe fuerte. tomó un gran sorbo de té para que los dientes dejaran de castañearle. soy una mujer incompetente. pues. Se sentía incapaz de llorar: qué injusto era todo. tentando caer en el crudo prejuicio barato. bebió el té y se sintió muchísimo mejor. como dicen los franceses muy sensatamente. . se incorporó. —Salió un momento mientras ella trataba de dejar de llorar. raíces viejas. Podían arrojarle. Hizo varios intentos de sonreír. roto sólo por los reconfortantes pequeños ruidos del hogar. a la cara. Siempre hay tópicos. Arlette no podía abrir los ojos. No puedo ver a nadie en otra hora. considerado. el ronroneo de una cuchara que lo remueve. ante el que soltó un estornudo colosal. El resto es buena idea. planas. —Cálmate ahora —dijo Arthur. con voz suave. como agazapada a los pies de algún montón de basura. He cerrado la puerta con llave. dejó de toser. como dijo Arthur al instante.policía que será muy civilizado. entrañas. siendo mimada sin merecerlo. cayendo de arriba abajo del montón de basura. Estas palabras cayeron sobre ella como tres golpes con un palo. Eso. Que suena como catéteres y no muy bien. en una representación inconsciente se llevó las manos. y además negro. era el tópico que acababa con todos los demás. por supuesto. embruteciendo. Hubo silencio durante cinco minutos. piedras. he puesto al teléfono lo de «vuelva usted mañana». Una voz suave le habló. Dios mío. estás muerta de cansancio. y empezó a toser sin poder parar. y el borde de una taza. y una pequeña maldición de Arthur por su torpeza. lo único que podía hacer era agacharse allí. Se sentó con pesadez en la silla más cercana. y se quedó allí como una masa estúpida. El golpe de la tetera puesta al fuego. cualquier cosa que tuvieran a mano. Al pensar esto tuvo que llorar otra vez. un pañuelo de linón auténtico agradablemente empapado en colonia. Té caliente. y se sonó la nariz. retintín musical de porcelana y plata. —No quiero ir a la cama. le llegó a los labios. Cerró los ojos para no ver las caras sonrientes. le hizo llorar más fuerte que nunca. ante lo cual ella estalló en fuerte llanto. el tintineo de algo que cae. se ahogó. —Catarsis. latas de cerveza vacías. se sonó la nariz un poco más. Al fin. Se casser les nerfs. Arthur era tan bueno. pero no mucho rato. Crudo prejuicio barato. duro y muy caliente. se incorporó y dijo: —Esa tetera va a explotar de tanto hervir. sonido de una bandeja que se coloca sobre la mesa. —Esto es shock retardado —dijo Arthur en tono clínico—. Se sentía demasiado cansada y estupefacta para reaccionar. terrones de tierra. desvirtuando. —Pobrecita mía. y declaró que se sentía mucho mejor y que le había hecho mucho bien. Quiero otra taza de té. Lo cual. Siguió tosiendo durante casi una hora hasta que la voz dijo «toma» y ella cogió el pañuelo. y ahora te vas a la cama a dormir. y empezó a sentir que volvía a tener control de sí misma cuando la cogieron y la abrazaron firmemente. Una autocompasión furiosa vino en su ayuda y una lagrimita caliente se derramó. —Una mano amable con un pañuelo le secó la cara. Huesos.

divertido. nunca habría visto la luz del día de no haber sido por aquella necesidad fatal de ver mi nombre en letras de imprenta. —Ay de mí —dijo Arthur—. Es la descripción exacta de mí misma. todo el mundo le repite que es maravillosa y siempre está autosatisfecha con su vocecita dulce y suave rugiendo —Arthur. En realidad puede tolerarse sobradamente. y he tenido la insolencia de entrar allí mirándole con desprecio. —La vocecita dulce y suave —secándose los ojos—. y luego se sacó las gafas también. Como era joven y necio. —Me he sentido humillada. Eso nos ocurre a todos. Ahora. La cuestión es que Freddy no es así. entiendo. me senté con ese bálsamo para la vanidad. No me digas que Freddy ha blandido un arma. la pluma hundida en ácido. de mentalidad estrecha. Pero oh. soy una necia. lastimosos e innobles él había dicho algo absolutamente cierto. —Escucha —dijo Arthur. —Sí —dijo Arlette—. ¡Que me muera! —Ella se puso tensa. que no es ningún charlatán. Cierto.—¿De veras? No de la manera en que el objeto en cuestión me concierne. Debo telefonearle y echarle un sermón sobre su juramento hipocrático. apenas si puedo reconocer una melodía cuando es aporreada. El primer libro que escribí. —Esta conversación idiota le dio fuerzas. Hay que admitir. —Por favor. —¿Qué? ¿Porque te daban un cheque? Ningún francés se siente humillado jamás por recibir dinero. Rígido. ¿Quién es el mejor director que jamás has oído? —Carlos Kleiber. un trabajo muy brillante y nada importante. se quitó las gafas. Pero tú. oh. Pero me lo pasé muy bien escribiéndola. en el «Times Literary Supplement» me tildaron de no ser serio. y aun así capaz de nobleza. —Excelente. Habla de burgueses egoístas e insensibles. y que él mismo no era en absoluto serio. puritano y que se ve a sí mismo como elegido. Me di cuenta entonces de que por motivos triviales. que había estado pensando para encontrar mejores ejemplos sociológicos—. Como Sir Leicester Dedlock. de mala gana. No sé nada. pues no tenía ningún conocimiento del tema y no era más que un portavoz consumado de actitudes de moda. pero los gustos difieren. oh. la muerte en el corazón. ¿quieres tener la bondad de darme tu opinión sobre Herr von Karajan? —Sí. deja de ser tan inglés. De manera que no pude enviar la carta. Me humillaba tener un montón de ideas preconcebidas y que me las lanzaran a los oídos. . que estaba motivado por una animosidad personal. tú tienes buen gusto y un criterio informado. Y yo me sentía como esa repulsiva Esther. No sé nada de música. sin duda. me molesta. insinuante pequeña zorra. y escribí una espléndida carta demostrando que quien había hecho la crítica era un reaccionario imbécil.

—¿Lo ves? Eres capaz de aplicar niveles honestos de crítica a tu ego. un amor por el mínimo común denominador. Es algo que pocos pueden hacer. Arthur se quedó pensativo. aunque Demazis me dijo que él había recibido llamadas extrañas. los tifones. mmm…. parece que suscito hostilidad. Quiero ir a ver a esa frau de mi Mister Demazis. Nadie podía suponer cómo reaccioné. El sociólogo te dirá que es miedo. los terremotos. suponiendo que le siguieran u observaran. fui a la oficina de la policía judicial. La gente tiene miedo a grandes cataclismos como las guerras. El suceso más ligeramente adverso desata el miedo como una gran nube de gas asfixiante. Nadie podía saber lo que me dijo. pero ¿y qué? Ni siquiera estaban investigando su muerte. Pero ¿por qué tuvo que golpearme con tanta furia? Y esa otra gente… ¿qué he hecho yo? Arthur dejó su actitud jocosa. —¿Tienes entradas? —preguntó Arthur alarmado—. —Mujer. cosas pacíficas. En cuanto a estas manifestaciones de violencia o quizá de odio derivado del miedo o la miseria. —Estás haciendo algo nuevo. nadie podía saber que yo me tomé interés. su caso está archivado. —Me gustaría salir esta noche —dijo Arlette. y satisfecho demasiado fácilmente con las ideas preconcebidas? —Arthur. ¿Te parece que es cierto? —No estarás pensando en serio que mataron a Demazis porque había hablado contigo y le habían dicho que no lo hiciera. es mejor que lo dejemos para los filósofos. soy como el hombre del libro de James Bond. Tú y Rauschenberg decís que es consecuencia de la tontería que se publicó en el periódico. —Entiendo. Hay una mediocridad inherente en los seres humanos. los débiles mentales que se unen para patear algo que ha provocado un alboroto. Ulrich me ha demostrado con claridad que Siegel es un tipo de persona que se defiende atacando y que se siente vulnerable de todas las maneras. Y tienen miedo a lo . Soy un perro dormido. ¿quién me disparó? Las llamadas telefónicas tontas son una cosa. ¿Adónde quieres ir? —No me refería a eso. —No. conciliadoras. Dos podrían ser casualidad. no tengo ni idea. ensuciar la puerta con sangre o hacer saltar el buzón con un montón de petardos. La policía es como los hospitales. —No entiendo que haga lo que haga. ¿Encuentras al inspector Simon un crítico de poco valor. Cierto. eso es todo. tal vez aliviara mi conciencia. puedes salir de ellos muchísimo más enfermo que cuando entraste. De qué serviría. ¿por qué alguien iba a despertarme? Pero supongamos que dejara de serlo. pero otra más y yo iría a la policía. las plagas. tu tiempo es tu tesoro y puedes emplearlo como quieras. Y el vandalismo.

nunca dejo de asombrarme. Uno de los versos más terribles que jamás se han escrito. No voy tras el trabajo de nadie. como dice Kipling. pero son unas necias.desconocido. »Incluso yo. Una las entiende. Existe el miedo a la ciencia. aunque sea una verdad trillada. Botas. . El miedo de quedarse de repente frente a frente con uno mismo en el cruel espejo. no amenazo a nadie. Toda obra de arte original en cualquier estado suscita una gran hostilidad e incluso odio: Yeats lo dijo. Concedido que no hay más oscurantista. botas. y el miedo al arte. botas. las que odian a los hombres. —Que no te oigan decir eso —dijo Arthur. —¿Cuándo pondrán fin a esto las mujeres? —preguntó Arlette—. arriba y abajo otra vez. Sin embargo estoy rodeado de gente que conspira contra mí por miedo de que yo pueda echarles del estrecho borde. Los miedos pequeños son más difíciles de comprender. ¿Por qué? ¿Miedo a lo desconocido. El miedo de perder la posición y categoría adquiridas con tanto esfuerzo. Por los dos. pero soy consciente de que tengo que seguir. cobarde y rastrero que los círculos académicos. ¿Has estado sola en un bosque. por la noche? ¿O en el mar? Fantasmas y vampiros. el hipócrita odia la verdad. De alguna manera esto no se convierte nunca en un tópico. Estás pagando un poco el precio de todo esto». botas. o miedo de verse a sí mismos? La oscuridad odia la luz. lo falso odia lo real. No serán las del movimiento feminista. —No lo entiendo. —No hay salida en la guerra. la oscuridad y el silencio.

Cruzó la Esplanade. No es como el Meinau. la cúpula del observatorio mismo. silencioso y oscuro entre las últimas hojas. ¡Quédate en casa! ¡Escucha a Maria Callas! Qué canciones cantan las sirenas. Subió al coche. y hasta hace un siglo casi desaparecía bajo él cada vez que las nieves alpinas se fundían. muchacha. Estrasburgo es espantosamente llana. Es la vieja carretera oriental hacia el paso del Rin. la puerta de la ciudad era la de la Antigua Aduana. la carretera de los banqueros para ir a Augsburgo. y sólo ves el hermoso barco anclado. primo. Una unión clásica que constituía una cena maravillosa.23 Mujeres pensando. al lado de la Esplanade está la Ciudadela Vauban. Limítate a observaciones terrestres. Aquí. Puso en marcha el Lancia. dejando un acogedor nido de música y el olor de la ternera al curry que había sobrado. del tipo que en Europa Central te indica que Rusia no está muy lejos. Había tenido miedo de salir. las exhalaciones sudorosas propias y de tantos otros cuerpos. Neudorf es la parte más llana y más fangosa que está junto al Rin. el aire era tan vivificante que pudo olvidar los cienos y fangos de la ciudad. Pero la Rue de l’Observatoire parecía la parte inferior de un cañón. y lo siento. Le había costado mucho cruzar aquella puerta. Resultado soberbio de ello es que si miras atrás a veinte kilómetros de distancia toda la ciudad desaparece. Arlette miró a través del enrejado hacia el jardín. a Nuremberg. Ellos le dirían que podría ser brillante. Neudorf huele como si todavía sucediera. pasó por el puente Churchill y el sucio canal y fue a parar a Neudorf. los falsos plátanos resistiendo valerosamente como siempre. fría para octubre. ¡Gente! ¿Por qué no estáis ahí observando? Me gustaría entrar y llamar a la puerta y subir hasta arriba y echar un vistazo a algo simplemente glorioso como la Nebulosa de Cáncer. Construyeron la catedral en la única colina que había. Ella no sabía la altura. la carretera de los judíos. El firmamento estaba saturado de estrellas. el Rin tiene que recorrer un largo camino antes de llegar a los canales de Holanda llenos de barro. desnudo en los bancos de barro. mujeres hablando Arlette salió a una noche clara. el miedo y la ansiedad de las trescientas mil sardinas mojadas enterradas en el barro. Había salido como lo hace la pintura de un viejo tubo retorcido y seco. Estrasburgo está más cerca de Praga que de París. Incluso hoy. La carretera de los buhoneros. Mucho antes. pero que en realidad había una espesa capa de porquería causada por ella y por todos sus primitos. Había añadido unas sobras de atún de lata en salsa de crema de leche. sabía que era la misma que la aguja de la catedral. que está situado en su flanco occidental. el nuevo parabrisas ya estaba sucio. Estrasburgo está a uno doscientos metros por encima del nivel del mar. y en la . de mala gana. En la orilla del río están las fraguas y los molinos del Puerto del Rin.

Y sobre el dique construido con piedras de Alsacia. El hombre podía denunciar su presencia al Puerto del Rin. se sonreían. Por la noche las calles eran tranquilas y se conocía a las otras personas que paseaban el perro. Al cabo de un rato sus ojos se acostumbraron a la luz de las estrellas. Estúpida mujer». ¿Se oiría? Arlette. sí. Alfred Hitchcock sonrió. Temblando de frío y de miedo Arlette subió hasta arriba. Árboles delgados y arbustos adornaban el dique. Un poco de novela aquí. con enigmáticas letras cirílicas a ambos lados. un estrecho camino oblicuo hasta lo alto. se lo había demostrado ella misma de la manera más eficaz. y estaban colocadas demasiado juntas para el paso de un hombre. Desde la cabina un hombre meneó la cabeza y se dio unos golpecitos con el dedo en la frente. había zarzas con las que tropezar. podía ver lo que estaba buscando. En el ambiente tranquilo. Sí. su perro delante. Por la ruta del Rin. Arlette huyó de allí sintiéndose culpable. con la cara horrorizada. se quedó mirando la doble hilera de silenciosas piedras. El loco —quizás el mismo loco— pasó la curva traqueteando hacia el silencio. el ruido del tráfico de la ciudad ahora distante. aparcó. de Hungría. sus faros manchados de barro de Turquía.carretera se pueden reconstruir los comienzos de la revolución industrial. el volante giró. se saludaban. siguió un camino de ciclista. el Orient Express pasó con estruendo. ¿por qué no lo hacía? Una especulación estúpida. se deseaban buenas noches. «Hay otra persona en el mismo sitio de la vía. si te apartabas para evitar un charco lleno de barro había piedras sueltas en las que resbalar. absorta en su empeño detectivesco. ¿iría…? Y si no lo hacía. ansioso por no caer en estas pequeñas trampas en la oscuridad pasabas por las traviesas. las viejas vigas estaban gastadas y eran resbaladizas. el estropeado camino ancho sólo para una bicicleta o un hombre a pie. Los ferroviarios de la estación del Puerto del Rin o del aparcamiento de camiones de Neudorf iban en bicicleta por aquí. Accidente… Dios mío. de súbito retrocedió de un salto con el corazón en la boca. Arlette condujo hasta el final. los gigantescos camiones articulados vienen a descansar. ¡Cristo! El corazón le latía con violencia y notó que tenía sudor en las axilas. sin sonreírle. se oiría cualquier cosa que se acercara desde lejos. quizá recordado por los otros paseantes de perros. de Bulgaria. y en el silencio una señal cambió y ella saltó otra vez. cansada e inútil. detrás o en la vía. Sí. un kilómetro abajo. Demasiado fácil. Una locomotora sola había pasado la curva silenciosa como un fantasma sobre alguien despistado. la Dama Desapareció. . reconocido. cruzó un puente peatonal que había sobre ella. Sólo que ¿qué demonios estaba haciendo él en la vía del tren? No era cómodo ni fácil caminar o pasear por allí ni a la luz del día. tomaban atajos para ir a su casa. con los cobertizos y tinglados de los talleres artesanales aún entre las fábricas. Sí. Albert Demazis murió. ¿Era eso? Si un no quería ser visto. Sus linternas brillaron con una luz amarilla aceitosa e hizo sonar el silbato con enfado cuando pasó a su lado. para aquéllos a quienes guste.

entre los árboles. la puerta chasqueó y zumbó. con esa mirada que pone precio a la ropa. como el hombre de la muleta en Doble indemnización. Monsieur Demazis me telefoneó el día antes. —Disculpe. El rostro de Joan Fontaine se vio un instante en la ventana. Qué extraño. La puerta del ascensor se cerró y éste descendió. pero ¿quién es usted? —Me llamo Arlette van der Valk. dispuesta a retroceder de un salto y cerrar la puerta de golpe y llamar a la policía para informar de que había un intruso. Un paquete misterioso era lanzado por la ventanilla al hombre que esperaba en la sombra de los arbustos. como es natural. todo era un poco confuso. —¿Señora Demazis? Lo siento. atisbando para ver quién podría ser a aquellas horas de la noche. pasándose la uña del dedo por su gran dentadura grande y regular—. Y cuando me enteré de su muerte. Atrás. La mujer esperó. para considerar esto. El interfono hizo un débil ruido incomprensible. preguntándose qué significaba.Su mente se había desviado hacia absurdas situaciones tipo Hitchcock: espías. y que la acompaño en el sentimiento. Barbara Stanwyck encendía y apagaba sus faros dos veces. cauta. Arlette sacudió la cabeza y regresó a la Rue de Labaroche. Cary Grant. No me dijo exactamente lo que quería. especialmente en una mujer que vivía sola. un poco. —¿Una oficina de consejos? —pensativa. —¿Sí? —ladró la pequeña rejilla de metal. Una pausa. —Vaciló. Me preguntaba… ¿podría hablar un momento con usted? Otra pausa. Y me preguntaba si usted sabía algo. me sobresalté. —Quería decir primero que lo lamento. Llamó al timbre donde decía «Demazis». ¿Y? —Verá. examinando a Arlette con desconfianza. una mujer estaba de pie en el umbral. por los periódicos. Tengo una oficina de consejos en la ciudad. esclavas blancas. fantasías carmesí del Orient Express. Conocía a su esposo. atlético. . —Es usted muy amable. La curiosidad venció a la irritación. —¿Sí? —dijo la mujer otra vez. Cuando Arlette salió del ascensor la puerta del piso estaba abierta y la luz de la escalera encendida. la boca abierta para lanzar un grito justo antes de que se la tapara un algodón con cloroformo. sabe la hora en que fuiste a la peluquería por última vez—. Arlette estaba sola. saltaba ágilmente de la plataforma trasera. te clasifica socialmente. Creo que quizá será mejor que entre. Era normal esta tensión. y si yo podía ayudarla. como de alguien que se levanta de delante del televisor.

demasiada madera. —Lo entiendo. Brevemente. con olor a limpio y agradable. con un vestido gris como de seda. demasiado tallada. Rostro ovalado grande que había sido bonito. que se perdiera nada diciendo la verdad. sin pintar salvo por un poco de pintalabios rosado perfilado con fuerza. Se quedó mirando la pared y dijo—: Sí —otra vez—. por favor —con educación. con las uñas sin pintar. Le dije más o menos lo que yo podía hacer y lo que no podía hacer. Grandes gafas sin montura en forma de concha sobre unos ojos grandes. no me ocupo de divorcios y no sé nada de finanzas. era todavía bonito. —Sí. Con bastante frecuencia puedo ayudar. La gente empieza a dar vueltas y acaba mordiéndose la cola. Pero mi esposo… —A mí también me pareció extraño. —Me temo que no entiendo lo de la oficina de consejos. no puedo explicármelo… ¿Usted en realidad no le conoció personalmente. ¿quizá la molesto? Tímida en el pequeño recibidor. Zapatillas de piel con borde de lana. con arrugas bastante profundas. dijo que se lo pensaría. todo se desvaneció a la vez y la mujer dijo—: Siéntese.—Lo siento. iluminación difuminada. quizás amplificados. La sonrisa era agradable y el rostro mostraba un leve recelo aún. Cálido y brillante. la garganta era suave. Ya sabe usted cómo son los agentes de policía. te envían a otra parte. —¿Y sacó usted alguna conclusión? . Un poquito más baja y más gruesa que ella. No. Por eso he venido a verla —sonriendo. rasgos grandes y bien formados. de un vivo azul pálido. abrochado de arriba a abajo a modo de bata. mobiliario demasiado grande para el piso. Manos blancas bien cuidadas largas y fuertes. La mujer se sentó enfrente con un gesto pesado y flexible. no —distraída. convencionalmente arreglado con moqueta azul oscuro. o fino al menos. El confort de Alsacia. y saltones. ¿Qué es? —Es muy sencillo —sonriendo—. unos bailarines hacían ondear vagamente unos pañuelos y se agitaban al son de un confuso dúo de cantante y saxofón. moviéndose con movimientos rápidos y ágiles sobre unas robustas piernas bien formadas—. pero no tenía tiempo de mirar a su alrededor. No me dio ni una pista de lo que le preocupaba. pero sobre todo curiosidad. Como le dije a él. peinado hacia atrás y recogido en un moño. —No. Botones granate en los pálidos y carnosos lóbulos de las orejas. Sería interesante saber dónde había vivido Albert y cómo. —En el cuarto de estar. la expresión concentrada. con incipientes canas. nos conocimos. me ha dicho? Era raro. gruesa. El desaliento lleva a la frustración. Estoy sola. Cabello claro. más rubio y más metálico que el suyo. una cornamenta de ciervo para los sombreros. contrachapado rojizo en los armarios. y una gargantilla a juego. Sólo estaba mirando la tele. nada interesante. tal como veía las cosas Arlette. —La mujer se pasaba la gargantilla por los labios. —Sí —dijo la mujer.

no. Una impresión. buscando algo que encajara. —Lo envié a la perrera. Querían saber. Me estropeaba los muebles. —Así que me temo que no puedo ayudarla. y si había algún pequeño error en la contabilidad. mucha gente se tira al tren. —¿Qué le ocurrió al perro? —Esta pregunta pareció desconcertarla. —De encontrar que algún empleado estafaba. Estaba haciendo conjeturas. Era una persona muy seria. ¿Iba mucho a pasear por la vía del tren? No parece un lugar muy seguro. y me pedía que le averiguara más cosas de él. poniéndose de pie para marcharse—. ¿Le sugirió algo de este tipo? —En lo más mínimo. ¿se habría preocupado? ¿Un caso de conciencia? —Oh. Un hombre muy agradable. Y si hubiera algo más. Nunca me había gustado. —La policía me lo preguntó. Pensé que era bueno de su parte. Pensé que usted sabría algo más de eso. supongo. Era extremadamente meticuloso. yo lo sabría. —Sólo era una idea —con educación. Por ejemplo. Mr. —Jamás oí nada de eso. si el suicidio parecía posible. —Pareció pensar que faltaba algo más. lo mucho que lo sentía y todo eso. Ya se lo dije a la policía. me pareció que estaba nervioso. antecedentes. Ayer me llamó un hombre. Taglang lo sabría. Para decir. —No lo sé. —Era un recordatorio triste. habría ido directo al jefe. Trabajar demasiado… no. Lo único que pude decir fue que no me parecía probable. Muchos simplemente se niegan. y se tomaba muy en serio su trabajo. quizá. Quería emplear a un hombre que había estado en prisión. que estuviera obligado a despedir al hombre pero que esperara que yo pudiera ayudar. sin más. no paraba hasta que lo encontraba. Me pregunté si había estado trabajando demasiado. familia. Solía sacar a pasear al perro.—No tenía suficientes datos para nada. La cabeza se volvió para mirarla severamente. Quiero decir. ¿no? —Claro. quizá. . Vino a verme. bueno. ¿Por qué lo pregunta? —de pronto—. —La gente no siempre es dura de corazón. —De haber existido algo en el trabajo —dijo la mujer—.

incluso. Quedarse viuda de repente —Arlette lo sabía— no era la experiencia más fácil. y que ya no lo estaría más. Tal vez sólo era que había decidido una nueva vida. y bastante atractiva. Como el perro. Ha sido muy amable recibiéndome. ¿Este aire nocturno la hace a una más observadora. poniéndose aún la gargantilla entre los finos dientes. ¿Esa mujer no tenía hijos? ¿Trabajaba? Una mujer tranquila. No quiero entretenerla. Extraña mujer. Eres todavía relativamente joven. y mucho menos al cabo de una semana. Lo pasado. Levantó la vista mientras hacía girar la llave de la cerradura. Pero ¿cuál de las dos ha observado más a la otra? . Simple curiosidad. pasado está. Ninguna señal que no fuera una rutina cómoda. Sólo superando la pérdida de un esposo. ¿por qué la mujer es tan cautelosa? Precavida… recelosa. Convencional en un ambiente convencional. La esquina de una cortina estaba levantada. Entonces. o simplemente más imaginativa? Existe una cosa que es el exceso de observación: de un modo natural. Algo que casi todo el mundo hacía. —Yo no me preocuparía más. Arlette no podía recordar haber estado tan despegada respecto a la muerte de su esposo. más bien dura.—Sí. por supuesto. —Acompañó a Arlette hacia el ascensor. Circunstancias fáciles. Hablaba de su esposo con un despego inusual. Tu esposo ya no está contigo. aprendiendo a vivir con la viuda. un hombre que había estado a su lado. Arlette subió al coche. una mujer es observadora de otra de su propia edad.

Pero tener a una chica bajo el techo de uno. —Eso me ocurrió a mí.24 Una indiferencia irritante Arlette regresó por la Esplanade. Si no es hija mía. le he dicho que la quería de regreso a las diez. me he enterado de que se ha metido en el bolsillo a esos espantosos médicos. pero nos hemos apretado el cinturón y nos hemos dicho que es por una buena causa. y birla dinero del bolso de Claire. —Lo siento. —Deja de disculparte. Paul la hizo pasar. Objetivamente. empecé sintiendo lástima por él. Es una maravilla que quede alguna copa para ofrecerle. —Paul sonrió. . yo tenía muchas ganas de hacer quince asaltos rápidos con ese Siegel. —Eso es una exageración. pero en lugar de torcer hacia su propia calle prosiguió por el Boulevard del Marne. sus deliciosas hijas y un huésped temporal. claro está. Deja de reírte. aunque en el fondo he llegado a simpatizar con él en secreto. Creo que Freddy Ulrich fue razonable. ¿Es irrazonable? —En absoluto. Pero he venido para quitártela de las manos. pero la chica bebe un poco a hurtadillas. No hay nada más hermético que los médicos con sus labios sellados. que es vuestro por todas las molestias que habéis tenido. ¿es demasiado tarde? —preguntó Arlette a modo de disculpa. La buena causa parece haberse derrumbado… tenía al viejo Arthur al teléfono. También me dio algún dinero. —En absoluto. —Sí. —Nos considera a mí y a la vieja Clancy como la joven pareja moderna. mirando el reloj y frunciendo un poco el ceño. excepto. más bien es una lástima. es una gran responsabilidad. ¿no te alegra saberlo? —Ya no le da vergüenza decir que es un alivio —admitió Claire. —Tome una copa. mucho mayor. la necesito. magníficas piernas que salían de un vistoso estampado de batik—. todo es muy molesto. la Sociedad de Leyes. Pero para Marie-Line sí lo es. salió a la Orangerie y la bordeó hasta que llegó al bloque de apartamentos de gran categoría donde el elegante y dinámico joven abogado Maître Friedmann vivía con su bonita y encantadora joven esposa. vaca.

todo normal y como es debido.—No quiero dinero. no he hecho nada. . —Se oyó un fuerte estrépito en la cocina. He tenido una larga (y me alegro de decir útil) sesión con tu tío Freddy. pero nada peor. En la nevera hay una jarra. Guárdeselo. La cuestión es: el terreno está libre para Marie-Line. pero se lanzan a ello. y pone cara triste como si lamentara que seas tan absolutamente ineficaz. Ella es simplemente indiferente. Marie-Line no pareció nada interesada. Alcohol sí. —Sólo me dan ganas de darle una bofetada. Escucha. Siento llegar un poco tarde. sólo un poco sucia. —Oh. en realidad. desmañada. —¿Ve lo que quiero decir? —Lo siento. —No me extrañaría —dijo Paul. salta. ¿puedo tomar un poco de limonada? —Claro que sí. y creo que cuanto antes vuelva a casa. —Esto te interesará —dijo Arlette—. pequeño látigo —con la mirada fija y farfullando—. —Hola —desplomándose en el sofá—. ¿toma alguna droga? Yo pensaba que no. tonterías —dijo Claire—. Nunca dice adónde va y siempre llega tarde a comer. —¿Era buena la película? —No. un poco. ella es igual. ahora están todas profundamente perturbadas. Lin. te enseñaré cómo amansamos a los leones. No como mis hijas. Lo he barrido —virtuosa. mejor. un perfecto pequeño horror. Incluso esta noche. Así podrá ir al colegio mañana. he ido al cine. Eso es de lo más injusto. Canta. Justo cuando estás gloriosamente en silencio ella enciende la radio a todo volumen. les gusta. Le hablas y no te escucha. ¿Alguien más quiere? Yo sí. se me ha caído un vaso. —Las mujeres contuvieron la risa con falso entusiasmo cuando la puerta se abrió y Marie-Line entró. baila y cuando dices algo te mira. un poco desaliñada. pero sigo pensando en lo que yo era a los diecinueve años. una mierda. No me importa. como si se diera cuenta en aquel momento de que estás en la habitación. Si le pides que te eche una mano en la limpieza te romperá las mejores tazas. antes de que llegue. tú. Película porno sádica: bájate las bragas. —Hola —dijo Arlette. y se mordisqueaba una uña. Tengo sed. el viejo ha jurado solemnemente que no la importunará. En realidad no parecía nada disoluta. Tiene esa indiferencia irritante. Te lo contaré en un segundo. pero a Paul le pone negro. Ella es muy normal. Pero nada de perturbación o como lo llame el psiquiatra. Tirarse de los pelos y chillar. Importuna para hacerse notar. Pero ¿para qué se lo dio? ¿Con la esperanza de que mantenga la boca cerrada? —No seas tonto. trae otro vaso. Grandes botas.

Llegar a una hora razonable y decir dónde estás. No voy a hacer un sermón. Arlette tiene toda la razón. Mostrar obstinación debilitaría tu posición. esperamos. pero básicamente me pareció una persona agradable. nadie lo sabe mejor que Arthur. ¿eh? —Para evitar un choque de cabeza. y ya no habrá más toque de queda. y debo decir que yo también. Tal como él lo ve. Tanto si vas a la universidad como si no. El examen es inútil. y defensiva en cuanto a su preciosa categoría social. estarás de acuerdo en que bebes demasiado. La chica decidió poner buena cara. de repente pareció desolada —. —Gracias —dijo. verás que estos años no han pasado en vano. La situación cambia —dijo Paul. —Hemos estado encantados de tenerte —con igual galantería. y estoy segura de que podríamos conseguir que tu padre accediera a que vivieras fuera de casa si lo quisieras. si accedes a ello y pasas el examen tu padre estará contento. —Arthur está de acuerdo —dijo Arlette haciendo girar el coche—. Por supuesto puedes ver a tus amigos. al contrario. ya sabes dónde estamos. pero te da libertad de movimiento.—Me alegra decir que él se ha mostrado razonable. y se sentirá recompensado. Eso es fatal para tu salud y te está estropeando el cutis. ha sido muy grosero no decir a Claire que ibas al cine. A nosotros también. dando un beso a Claire—. Lo que se te pide no es mucho. Tu padre acepta que fue demasiado lejos. —Esto es ya una evasión. —Mmm. sí. —Cathy me gustó bastante —en el semáforo rojo del Boulevard d’Anvers—. has sido muy amable y yo he estado horrible. —Y en cualquier momento en que te sientas sola o necesites apoyo. Puede que sea un poco quisquillosa. Ellos le han hecho cambiar. Y. Daría a cualquiera el mismo consejo: evita el litigio cuando la otra parte parece conciliadora. No debemos intentar forzarle a decirlo. El carácter se envilece y uno pierde su atractivo. y a quien tú quieras. Se está haciendo demasiado tarde. —Marie-Line. . Esto no es una penalidad. Promete que no te hará ningún reproche. y no quiero llevarme el mérito de ello. Anímate cariño. que ahora es fuerte. —Mmm. —Hablo en serio respecto a lo de no beber tanto. Marie-Line. hemos de hacer todo lo que podamos para ayudarle a salvar las apariencias. que se había mostrado malhumorada. y he prometido que estarías en tu casa esta noche. —Antes estaba usted de acuerdo en que me marchara.

he prometido que no haría ningún sermón. —Sólo un minuto. entre y tome una copa. hija mía —con un beso paternal en la frente. No te pondré en evidencia. Michel. gracias. lo que parecía un poco preparado. —No me hace ningún efecto. sí. —Muy sensata. —Mmm. lo sé —irritada. —Considérate afortunada. Marie-Line había ido al cine. o ¿resultaría que los dos eran el mismo? Después del congestionado tráfico de la calle principal. —Está bien. con una bata de seda desabrochada. me gustaría conocerle. —No tiene importancia. Marie-Line rebuscó en los bolsillos de la chaqueta para encontrar las llaves. recibido respetuosamente—. el rincón «burgués» del Meinau era un remanso de paz y respetabilidad. —Es agradable. y yo no lo sabía. Nada hay más estúpido que ser fichada por la policía por posesión de drogas. —Debo decir algunas palabras de cortesía. Françoise. para demostrar que las estaba esperando. y de presentarle mis excusas por las observaciones tempestuosas que hice cuando nos vimos la última vez. Pero no caigas en la tentación de probar nada más fuerte. tengo que conducir. aprendes a decir frases hermosas. Fumar un porro no es motivo para armar un escándalo. Las luces estaban encendidas en casi todas las casas. La clínica psiquiátrica sería como unas vacaciones. Y no hay nada más desagradable que ser enviada a hacer una cura. pero no quiero beber nada. Arlette pensó que era mejor dejar el tema. quien según aquella chica. En guardia. —Lamento llegar tarde. . la calle parecía inocente y amistosa. en mi opinión. —Hay que reconocerle esto a la educación burguesa. Al menos tengo la oportunidad de darle las gracias. Un poco extraño —sin hacer ningún ofrecimiento a presentárselo. ¿no es verdad? Parece agradable. —Tu chico. La apetecible residencia del doctor Siegel tenía encendida la luz del porche. estudia griego.—Sí. Bueno. Arlette la detuvo y llamó al timbre. estaba en Bellas Artes. sólo me entra un poco de sueño y nada más. Muy posiblemente uno u otro era producto de la imaginación. El propio Siegel abrió. Había estado a punto de preguntar por el otro Michel. No importa.

—No vamos a discutir —con la voz antigua—. —Lo único que puedo decir es que en este poco tiempo nos hemos encariñado con ella. Es muy generoso por su parte. —Dijo adiós con la mano y se alejó deprisa por el sendero. espió el terreno con cierto cuidado. Esto es ser delicado. Pero no parecía que la siguiera nadie. doblados y que servían como señales. ¡Cuánto tráfico había aún! Los camiones circulaban toda la noche. pipas y pedazos de papel con notas escritas. y un ojo cauto en el retrovisor. —Bueno —dijo Arlette. Arthur se había ido a la cama. Llevaba las puertas cerradas con llave y las ventanillas subidas. No. Arlette condujo con cuidado. Bueno. resonando sus tacones en el pavimento. —Deja de hacer esos ruidos con la boca —gruñó Arthur. Mientras se desvestía Arlette abrió el sobre de la propina. No aparece en la declaración del impuesto sobre la renta de Monsieur Siegel. y bien llena de alcohol. y la mano salió del bolsillo agarrando un sobre pequeño del tamaño que sirve para una tarjeta de visita. Saludos a madame Pelletier. Pero esta noche no había bromistas. con la habitual confusión de libros. y ven a verme siempre que quieras. y se metió en la cama. —Tenía una dignidad conmovedora. cayendo absurdamente en el tópico—. Dos billetes de quinientos francos cuidadosamente doblados y cogidos con un clip. siento decirlo. Arlette fue a coger una naranja y una manzana. Unos cuantos estudiantes con alegres voces. ¿Por qué necesitaba todo aquello… si estaba concentrado en algo que tenía una rubia en la portada? Él no habló sino que soltó unos gruñidos. Una leve inclinación tensa. me alegré mucho de conocerla. Que duermas bien. Marie-Line. .—Yo estuve un poco regañona. No estaba acostumbrada a estar fuera a esas horas. podía haber sido mucho peor. Mi hija me es muy querida. pero la multitud que iba al pub todavía estaba en la calle. lo acepto por el ánimo con que se ofrece. pues. en la mía tampoco. pero mi hermano me asegura que no hay malentendidos entre nosotros. y recordó los consejos de prudencia de Arthur. Me despediré. ¿o habría que llamarlo precavido? Ni rastro de haber cambiado de manos. mientras Monsieur Siegel esperaba con educación en el umbral de la puerta hasta que ella salió de la finca. En la rue de l’Observatoire aparcó un poco más abajo.

entre la Catedral y el Palacio Rohan. Arlette encontró al director en un pequeño despacho atestado. Madame? . Tenía la envidiable habilidad de parecer que disponía de todo el tiempo del mundo aunque estuviera siempre frenéticamente ocupado. está bien. El Lycée Fustel de Coulanges tiene hoy el mismo aspecto que a principios de siglo. cuyas paredes estaban cubiertas por entero con gráficos y cuadros de trabajo. rojo oscuro y rosa pálido. Ahora algunos son chicas. era un hombre accesible y agradable. Enmarcado en una gran mandíbula afeitada. no se sentirían fuera de lugar. Detrás de la fachada. o West Point. las algas marinas representadas por las latas de cerveza metálicas y envases de yogur de plástico. M. La impresión visual que producen los coches aparcados en la place du Château. Los pequeños animales imprudentes podían verse atrapados. ¿Era muy urgente el problema? ¿No podía esperar a mañana? Hoy tenía el día muy ocupado. Devotas declaraciones referentes a no lanzar calumnias sobre unas credenciales impecables. I. para que fuera necesario saber leer entre líneas antes de comprender que Paul les había metido miedo y Siegel. Los dos pilares gemelos de un establecimiento de esta clase. Sonó el teléfono. O desde la Revolución. tampoco han cambiado. después de hinchar un gran globo rojo. es deplorable. vas al director de estudios. sí. Bueno. dioses remotos tras puertas blindadas. parece frágil y no permanente. pero no es fácil determinar cuáles. Todo esto tuvo un efecto inmediato en el negocio. Pero no acudes a ellos para que te informen sobre un alumno. Como una anémona marina que ondea con inocencia. el Preboste y el Decano. igual que V. pide con educación el antropólogo. estudiadamente trivial. la boca móvil era peligrosa. —¿Qué puedo hacer por usted. apaciguados sólo mediante el sacrificio humano. Cara severa y de mucha bondad y humor. con bastante injusticia lo había reventado. el cuadrángulo militar tampoco ha cambiado: los chicos uniformados que cambian de clase al redoble del tambor. El periódico local publicaba una suave retractación de todas las insinuaciones desagradables que pudiera haber vertido. para ser exactos. Esto sirvió para que Arlette pensara que efectivamente tenía el día muy ocupado y se vistió deprisa. «¿Puedo bajarte los pantalones un momento?». de piedra arenisca de Alsacia. igual que las motocicletas de fuera. La desaliñada horda de tejanos. la elegante fachada del siglo dieciocho. sólo necesita que le quiten de los pies la marca de la marea.25 Lycée classique Una mañana pacífica y también saludable. una mujer presumiblemente de edad madura y bastante excitable tenía un problema.

sin mirar. Zissel. A éste le conozco bien. ¿Puede? Enseguida. que hace griego. Le encontrará al pie de la escalera. eres un chico muy malo —con indulgencia. Disculpe. —¿Quién le conocería mejor? —¿Su trabajo. Murmullo impreciso. y creo que está en el último año. Su principal profesor es Monsieur Perregaux. Es un buen alumno. mucho peor que cualquier redoble de tambor —incluso el de una ejecución— le hizo retroceder a su infancia junto con los olores y los corredores . —Entiendo. Todavía no está aquí. Sé que no eres nada de eso. Madame —mientras entraba un chiquillo sucio de tinta y se quedaba de pie con aire de flojera—. para ponerme en contacto con él. Eso es todo. Tus profesores se sienten hartos. pasando las sucias hojas con el pulgar. —Eso no es problema. —Disculpen —dijo. ¿te das cuenta? —Los papeles estaban cubiertos de exasperados garabatos en rojo—. —¿Está aquí? Hazle entrar. junto a la oficina del portero. —Otra mirada al cuadro—. encantado de serle útil. Zissel. incluido el jovencito Zissel. Estás libre a las cuatro. Un hombre que no malgasta ni un segundo preguntándome quién soy y de qué se trata. Y tu padre también. estudia griego. su carácter? Da lo mismo. ¿Qué tienes que decir?». Ahora tienes tres segundos para ir de aquí a tu clase. Disculpe un momento. decide que soy seria y lo arregla todo en medio minuto. De hecho estás pidiendo una bofetada monumental. ¿decía usted? El joven Carlin. —Ese horrible Zissel. No tiene clase hasta las diez. En absoluto. Madame. que tenga la bondad de venir a verme cuando vaya a casa y tendremos una charla. un joven inspector entró a toda prisa. Zissel. Que está —un giro medio a la derecha hacia otro juego de cuadros—… nada hasta las diez: estará preparando sus cursos —cogiendo un teléfono sin mirarlo. La campana de las nueve. para persuadir a todo el mundo de que eres un deficiente mental. —Un giro medio a la izquierda. —¿Qué es esto? —con disgusto. »Tu padre. Estás haciendo un gran esfuerzo. Un chico que haga griego ahora es una especie rara. totalmente inaudible. y dejó con un golpe unos papeles de aspecto sucio sobre el atestado escritorio. parándote en el camino para lavarte bien. —Se abrió la puerta. Este trabajo huele a una inmensa capacidad de no tomarse molestias. ágiles sobre los botones los gruesos dedos—. una mirada a un cuadro—. ¿Dónde trabaja tu madre? Irás a esperarla. —Maravilloso pensó ella. echa una mirada. y le darás este mensaje con mis cumplidos.—Estoy tratando de identificar a un chico del que sé muy poco. Referente a ti. ¿Está Perregaux ahí? Pregúntele si podría arreglárselas para hablar con una señora que está interesada en uno de sus alumnos. Madame. Se llama Michel.

—¿Me dirá cómo es él? —Soy viejo. evitar que los padres se inquieten. Ella lo lleva un poco en secreto y se muestra evasiva al respecto. pero Arlette no se estaba acercando a Michel. Es sólo una madre. No hay que confiar en mí. Me retiran al finalizar este año. para dejarle paso sin siquiera mirarle. que ha venido a quejarse de su Zissel al director. en lo que a ellos se refiere. —El viejo era divertido. Pero todavía me queda algo de prudencia. —¿Planta de invernadero? —Oh. que tiene. No oficialmente. . o tenía. No es cuestión de hacer preguntas de ese tipo a ningún directivo del Lycée. de aterradora erudición acerca de las Bacantes de Eurípides. —¿El joven Michel? Un chico espléndido. pero se alegrarán de deshacerse de mí. cuarenta años de devota colaboración. amistad y quizás una relación emocional con este chico. No tengo ninguna queja en ese sentido. Esto es todo más o menos. Ya no me importa lo que digo. todavía tenemos la clase que prepara para las Escuelas Avanzadas en lugar de esa universidad absurda. Mirada inesperadamente penetrante. un caballero de edad con porte académico cargado de espaldas. vagamente. ¿Quién es usted? ¿Por qué busca información en mí? —Tengo interés en parte profesional y en parte amistoso por una chica de su edad. y ahora hacemos exactamente lo mismo con las fórmulas de álgebra que sustituyen a las pedanterías de Cicerone.llenos de niños en grupos que se abrían amigablemente. —¿De verdad? —Está bien. quizá se lo diré a usted. ese taller de la Seguridad Social con sus cursos de Envidia y Calumnia. Se sospecha que manipula o posee drogas. Michel. Estoy tentado de decir que sabe más de los aqueos él que yo mismo. Conocer algo de sus amigos y compañeros es un paso evidente. Una ave rara. El viejo rio en silencio. Gran jolgorio. pero puede ser difícil detectarlo y no he visto muchas cosas en ella. No soy moderno. Mmm. no es un asunto policial. Michel es uno de los pocos para quienes el estudio tiene significado. no es alumna de aquí. más rara ahora que la matemática se ha convertido en el nuevo latín. Monsieur Perregaux fue fácil de reconocer. una auténtica figura de su infancia. Me darán un reloj y un montón de estudiados discursos. el profesor con una licenciatura y un doctorado. sí. sabe. Yo no he visto en ella ninguna señal de drogadicción. Las dos cosas son lo mismo. lanzándole una sonrisa divertida. Lo que les interesa es silenciar las cosas. ¿Le ha parecido extraño? Basábamos nuestros criterios para la excelencia en la capacidad en el tema de latín. abandonamos todo eso con horror como un elitismo anticuado. el Ladrillo de Oro y la Manzana Pulida. en lugar de cuánto se cobra. Pregunta cuál es el trabajo.

el fenómeno infantil. Su profesor de filosofía no tiene una opinión de él tan elevado como yo. Expresiones asombradas. como la de cuántos tienen piojos en el pelo. pero bueno. O gonorrea. Patroclo más que Aquiles. Sus poderes analíticos son bajos. en mi opinión. »En cuanto al resto. ¿Y toda esa gente que ahora tenemos? Médico de escuela. Estos chicos sufren de ansiedad. a quienes ven como los auxiliares domesticados de la autoridad. no sería suficiente o sería demasiado. cosa que no quiero. Tampoco puedo decir que confíen en mí. »Lo que quiera. »¿Y la evidencia valdría mucho? Los chicos no confían en esa gente. El consumo de hachís y derivados del opio es muy antiguo en la tradición oriental. yo no voy por ahí haciéndoles la pelota. naturalmente. Tengo dos o tres en mis clases que mezclan sedantes y estimulantes. No es tan dotado intelectualmente. Finge ser un poco más duro con los zoquetes de las motocicletas. por supuesto. —Todo es muy superficial. tengo que ir a pensar en mis cursos. no voy a decir más». Sufre. Por tanto nunca he prestado mucha atención. Su desarrollo precoz se muestra más en una inusual sensibilidad de observación y una sorprendente madurez. Reprime el romanticismo. No puede soportar la brutalidad o la crueldad. —Muy halagador. he contestado a mi propia pregunta. los labios permanecerían sellados. Los adultos tienen los armarios llenos de productos farmacéuticos. —No lo habría hecho mejor en mucho más tiempo. un chico tranquilo y amable. —¿Qué le parecen las chicas? . y nunca han oído hablar de una cosa así. Fuera lo que fuera lo que hiciera yo. Mmm. De fibra dura. no es. Una ansiedad. Muy disciplinado y una gran capacidad de concentración. una imaginación que florece fácilmente. Los padres no me darían las gracias por airear mis opiniones. Bueno. es brillante. Y por otra parte no le veo como al joven Proust. ¿cómo quiere que los chicos hagan otra cosa? Así que no me sorprende ni me asombra. Se ve en su trabajo. he tenido a muchos con mucho más cerebro. sin embargo. no se confunda. asesores sociales y psiquiátricos… parece que no se acaban nunca. Bueno.—Una vergüenza social —dijo—. lo conseguirá. los médicos los reparten a todos. »Oh. Si hiciera una observación educada. una ostentación febril. que significa represión. soñadora. enfermera. a mi modo de ver. y existe una gran presión sobre ellos para que adquieran prestigio social y éxito en los exámenes. respecto a esta parte sensible. Defensivo. ¿Qué puedo decir? Por separado ninguno de estos talentos parecería excepcional. bueno. textura apretada. Juntos son. »¿Drogas? Sí. un don flexible de la expresión. »¿Michel?…no. muy prometedores. Una investigación así fracasa. Un buen poder de síntesis. Si hurgara un poco más se armaría un escándalo.

Me gusta oler su hermoso cabello limpio. . El viejo pedagogo no siempre es pederasta. desde luego. espero haberle sido útil. me gustan muchísimo. Y no menos vulnerables.—¿Las chicas? Ah. me gustan las amazonas. uno raras veces lo es. Ay. están más patéticas aún que el macho adolescente. Como a Teseo. arrojar luz es mi vocación en la vida. Cuando van sucias y desaliñadas. Bueno. ay.

esperanzada —. todas ellas entrelazadas. ¿Cómo pueden seguir tragándose mentiras cada vez más grandes y evidentes? ¿El público está tan atontado. Habiendo proclamado en una ocasión que el pueblo es soberano y decide.26 El suburbio floreciente Si se sigue la Carretera de Colmar pasado el Meinau. contesta a la pregunta. ¿Qué más había? Como todo el mundo. por favor. y que lo metas en tu cesta. Los aburridos barrios gemelos de Illkirch-Graffenstaden hace tiempo que han abandonado la pretensión de ser pueblos. los jóvenes simplones sustituyen a los viejos cínicos. atravesó un paso subterráneo de una autopista y fue a parar a Geispolsheim. tonadas y cancioncillas más fáciles. ellos pueden sentarse tranquilos. los suburbios tentaculares del sur de Estrasburgo parecen extenderse eternamente en una estrecha carretera congestionada. A mitad de aquella larga carretera Arlette torció a la derecha. Los niños miran la publicidad porque es más divertida que lo que ocurre el resto del tiempo. sabiendo a la perfección que la gente a la que se le ha impedido decidir nada durante todos estos años no va a empezar a hacerlo ahora. técnicamente más inventiva. Los promotores de viviendas que han comprado los últimos campos se muestran muy líricos cuando hablan de la vegetación y del aire del campo a «menos de quince minutos». —Por favor. desde el centro de la ciudad. . Los redactores creativos no esperan que les tomen en serio. extasiadas por el nuevo champú que acaban de descubrir. antes de llegar al final he olvidado el principio. dio unos rodeos para evitar otros dos suburbios que le rogaban que fueran a vivir en ellos. bloqueada por las luces de tráfico cada treinta segundos. aquí nada de superioridad masculina. La gente no está más educada. Arthur sonrió amablemente. El mercado se renueva continuamente. lo está menos. Ahora incluso les están vendiendo cornflakes. tan embrutecido y anestesiado que simplemente no lo advierte? ¿Cuál es el límite de la credibilidad? ¿Cómo se puede votar a cualquier partido político? ¿Quién está sentado chupando del bote? El límite de la credibilidad hace tiempo que se ha pasado. Sólo quieren que recuerdes el nombre del producto mientras caminas indecisa ante los estantes del supermercado. ¡Pobre muchacha! Tenía experiencia en eso. Muy parecida a las chicas desnudas en la televisión. en todo caso. Los políticos están ahí porque hay un vacío que ninguna otra cosa llena. —Pobre Francia. Es más imaginativa. —Hay diecisiete respuestas. De todos modos. —¿No es de este lado de donde vendrá la revolución? —preguntó a Arthur. sin especificar medio de transporte. ¿qué me estás preguntando? Tus pensamientos son tan buenos como los míos. Arlette no lo entendía.

esperaba no estar actuando demasiado. pues? —Oh. Ganaban muchísimo dinero. supongo. hay una pequeña carretera rural donde puedes ver campos y en los bordes hay manzanos silvestres. Yo soy el técnico. ahora embellecidos con baldosas italianas y terrazo. —Las manos en los bolsillos. Los campos se están llenando rápido de bungalows. muy bien recortado. cambiándose los zapatos. Se había pasado retrocedió. pero salimos adelante. Era un hombre ajado y amigable de poco más de cuarenta años. Una chica con varios teléfonos le dio los buenos días y dijo que intentaría encontrar a Monsieur Taglang. una estación de ferrocarril en torno a la cual había surgido una colonia de casitas tímidamente rústicas. y un Porche Carrera plateado y también un Maserati rojo como los de carreras italianos. —¿A qué se dedica usted? —Ninguna sospecha. Mentir no era sencillo. Pero todavía hay campos. Sólo pocos años atrás era tranquilo y agradable. y el aeropuerto se destaca inquietante… y ruidosamente. sin él. Igual que ella. con el pedazo de Nueva Inglaterra unido al de California-España. de los que se quejan los motoristas. piscina. naranjos en alegres cubas de madera y limonero en enormes macetas de barro. y un poste indicador que decía Oficina. Ésta era Geispolsheim-Gare. Ella contó una historia vaga de relaciones comerciales con Monsieur Demazis. La oficina era la parte vieja del bungalow. con montones de estiércol en los corrales de las granjas y un campanario con una cigüeña. entró por donde decía Entrada. que ahora se había ampliado. Si ganaban tanto dinero. estilo Biot. y árboles. sólo simple curiosidad. ya podían invertir en unos cuantos camiones de grava. la antigua cocina y el cuarto de estar. y fue a parar a un trozo pantanoso que varios coches hacían más fangoso. y muchas plantas en macetas. pensó Arlette. un nuevo invernadero reluciente y grande. Dos kilómetros más lejos se halla el pueblo de Geispolsheim.Hay dos. He ido a despedir a alguien al aeropuerto. Está todo un poco enredado. dobló la esquina y encontró un bungalow. él se ocupaba de la parte financiera. Cuando sales de aquí. —Aquí también dejó alguno —poniendo cara de fastidio—. con cierta dificultad. Una mezcla de invernaderos viejos y sucios. ¿Qué la ha traído aquí. Todo esto en medio de los humildes campos de Geispolsheim. las piernas cruzadas. por aquí. muy grande y soberbio. informal. patio. chaqueta deportiva. anunciando uno aún mayor. terraza. y debía procurar no adornar la historia. que apestaba a nuevo rico. dijo que se había enterado con gran sorpresa de su muerte repentina… había dejado un par de cabos sueltos. camisa a cuadros. Las empresas estaban ganando mucho dinero. La sencilla verdad no serviría aquí. y un cartel que necesita ser pintado de nuevo y que dice: «Empresas Hortícolas Taglang». simple curiosidad. un gran rectángulo de cemento con unos pilares mohosos que sobresalen. pantalones de franela y botas de cowboy. . Un seto alto. con unos modales calmados. y una puerta desvencijada. y un Jaguar V6.

Tres o cuatro hombres jóvenes con barba. Como la gente vive en unas condiciones espantosas. Hay que tener habilidad para ellas. Gran decepción. Azaleas. —Parecía que le gustaba hablar con ella. otros calientes y húmedos. realizando las pequeñas tareas manuales con diminutas plantas de semillero que eran bañadas con calor y luz especial. les inspiraba confianza. —¿Cómo se las arreglan ahora? —preguntó Arlette. La pasión por la ecología nos ayuda. Ha tenido mucha suerte. .—Oh. Olores intensos de vegetación. especializarse en lo adecuado —con un entusiasmo atractivo—. y trabaje variedades ornamentales. Más baratas que las flores cortadas. forzadas todas con hábiles artificios. Pero nos estamos poniendo al día. Si se muere. Venta por correo. A usted le va bastante bien… lo digo con admiración. comprensiva. La gente nota esta bondad. decía Arthur. sabe. —Fascinante —dijo ella. incluso en un piso pequeño. algo bonito. —Hay que saber encontrar el rincón correcto. En realidad. No eran caras. como casi siempre ocurre. mimadas con pulverizadores automáticos. ¿Por qué no? Gustaba a la gente. Este mercado apenas está explotado. Pero las repartimos con el camión a todas partes. antes lo hacía mi esposa —dijo Monsieur Taglang—. Aunque es un trabajo de jornada completa. Siempre me han interesado las plantas de interior. volviste y compraste otra. Yo lo hago. la parte superior de la piña. por ejemplo. digo… no podría irle mejor. ¿y qué?. pilas de macetas pequeñas. Percibe que pueden confiar en ti. —No. No sólo era una buena oyente. languideció y murió. porque son muy frágiles. —Ah. convertidas al cabo de seis semanas en unos pequeños arbustos llenos de flores. Tome un par de plantas básicas. Alemania. Lo dejó hace unos años. Cantidades de turba y tierras especiales. Es barato. serios. Cualquier negocio es interesante. añadía. ¿Le gustaría echar una mirada? —Mucho. Suiza. se puede reemplazar. eh. no me dedico para nada al material de exterior. Eso era lo que Albert hacía bien. quiere algo natural. el hueso del aguacate. —Sí. Todavía tenía en la cabeza los hilos principales. Tres semanas más tarde la querida cosita se volvió loca. en realidad. Tendremos que comprar un ordenador. Bien. Muy complicado. lo entiendo perfectamente. por un pasillo acristalado. Y una buena persona. —No trato de hacer un garden-center. o hibiscus. Un grano de café. ¿no le parece? Siempre se echa un vistazo. propiedades inmobiliarias. y eso se notaba. Era una persona feliz. o casi nada. casi. Debería ver lo que tienen en Holanda: diez veces las variedades que tenemos aquí. Algunos frescos y secos. de corazón—. Cultive sus propias plantas. claro. alimentadas con pociones mágicas. a cualquier sitio. para tener familia. fuera y a otro. Visita relámpago. El tipo de la carretera tiene la mitad del mercado de poinsettia de Europa. hasta un invernadero.

la verdad —con aire complacido—. ¿Por qué no? Y ganar mucho dinero con ello. No hay que forzarlas demasiado pronto. —Uno de mis intereses principales. No. están empezando a salirle las hojas. —Sí. que lo ama. ¿El oro vale mucho? ¿No perderá su valor? ¿Es agradable trabajar con él? ¿Dúctil. Pero puede tener un pequeño mandarino.Bah. eso es lo que soy. Entonces es cuando la gente las necesita más. Se puede hacer lo mismo con los limoneros. Cuesta una fortuna. Hay sitio para todo el mundo. no son horribles. agradable al tacto y de llevar encima? ¿Cálido y sólido? Una mediocridad dorada. Un hombre sumergido en su trabajo. Espero no cambiar. Capital de riesgo. un buen conductor? ¿Pesado. Son adorables —acariciando el follaje—. —¿El banco vio perspectivas favorables? . —Una es caduca. —En casi todos los sitios este mes están obsesionados con esos horribles crisantemos. en febrero. los lirios. Rosas. decía Arthur. Y esto son azaleas. —¿Qué es esto? —Camelias. Una gran inversión. claveles. Pero hay que arriesgarse. Están en período de reposo. el trabajo ha terminado. por ejemplo. La manera como habla de ellas. —Todo este cristal… debe de ser caro. ¿Por qué siempre creemos lo peor de todo el mundo? ¿Por qué siempre mostramos suspicacia y desconfianza? Mr. claro. mire. incluso con los pomelos. Un naranjo de tamaño normal es demasiado para la mayoría de la gente. No se puede hacer todo. Pónticas y japonesas. Estoy consiguiendo con cierto éxito acelerarlos y miniaturízalos. ¿Qué? Buena como el oro. para poner en las tumbas el día de Todos los Santos. Lentos y difíciles. —Sí. Si quiere verlas en flor. Algunas personas se dedican a las plantas bulbosas. Estoy dispuesta a creer que la gente es buena. Taglang era una persona agradable. vuelva en enero. se dice. de cincuenta centímetros de altura y que da frutos. —Nunca puedo ver la diferencia. —Los limones pequeños son encantadores. ¿Por qué no? No hay nada malo en ello. buena. Estas plantas son para él más que un medio de ganar dinero. eso se nota enseguida. Aunque yo no los toco. Al comercializarse ahora. La gente que son auténticos entusiastas siempre lo son. cuando todo está de lo más lúgubre. Tienes inocencia.

Le echará usted de menos. como los animales. ¿Esto es suyo?. Taglang pasó por allí. Morirían si se las llevara ahora. ¡Gustos ingleses! El mío es el Porsche. Albert se ocupaba de todo eso. Ya sabe lo que dicen: no es un coche. Los impuestos aduaneros. Holanda. Bonita. —Es muy amable —agradecida. Lo de aquí no es suficiente. La mujer estaba de pie. Se la llevaré al coche. hermoso. —Es usted muy amable. usted era amiga del pobre Albert. Se la regalo. —Quizás era la pregunta de más. me gusta la espera y la incertidumbre. —Sólo para decir algo. es una manera de vivir. ése es de mi esposa. Y lo otro. Están demasiado inmaduras. sabe. —Habían regresado al exterior del despacho—. le decía a la chica que se fuera. Este lote ha estado fuera todo el verano. con un vestido de un bonito tono rosado. demasiado ruidosa. —No. Sería la esposa. Me gustan estos Lancias. Le encontraré una natural si quiere. Todo lo que es indispensable para el transporte. —Sí. Pero no florecerá hasta la primavera. a juzgar por los gestos que hacía.—El mío sí. —Cielos. —Una mujer de piel morena. —¿Qué le parece ésta? Tiene una forma muy bonita. Le traeré un poco de papel. sí. —No es nada. —No habría dicho que hubiera tanto movimiento. Ah. —Veinte francos. No podía verla bien a través del cristal. La parte técnica… tienen sus dificultades. —Pero usted prefiere un Jaguar —riendo. —Pero ésas no. y se detuvo para decir algo. Una camelia en flor. no —riendo también—. se veía a través del cristal. con una hoja de papel de envolver verde. Salió con la maceta envuelta. mirando a Arlette con curiosidad. del que usan los floristas. ¿Demasiado tiempo de espera? —No. necesitan cuidados y atención constantes… Mi esposa se ocupa del embalaje y los envíos. un poco más atrás. no pudo verle la cara. También había otro hombre. —La mayoría de las personas son demasiado impacientes. O no le gustaba pensar en la hipoteca que tenía pendiente con el banco. la distribución. —Me gustaría comprar una de ésas. —Es encantadora —buscando el monedero. Inglaterra. Lo quieren todo al momento. la verdad. . Ahora están a punto para entrar.

Vendré en enero para comprar camelias. —Bueno. Déjelo tumbado. ¿no? —Maserati. No lo ponga de pie. —Ha sido fascinante. Socio —bruscamente—.—¿Y esto tan espléndido de ahí…? Un Ferrari. ¿De acuerdo? Encantado de conocerla. Adiós. . pensativa. si se cae se le estropeará la forma. Arlette regresó a la ciudad. Es de un amigo. Las ramas son frágiles.

Han obligado a la municipalidad a declararla una zona de no aparcamiento. un poco de paz.27 Los dos Michel El estudiante de griego vivía al otro lado del río desde el lycée y el palacio Rohan. La violencia. Pero detrás está el barrio de Sainte-Madeleine. y adquirir un prestigio absurdo por poner un poco más lejos la frontera? Sin embargo. y ya han ganado un poco de terreno. y accedió sin entusiasmo a hablar en francés. sin luz y tristes. ¿Qué ha hecho jamás por nosotros cualquiera de los dos países. los árboles pocos y decaídos. ¿Cama?. no son muy habitables. la Place des Orphelins. En estos barrios es donde uno se da cuenta de que la ciudad de Estrasburgo no es francesa. Si las islas pudieran extenderse y unirse… ah. la fertilización cruzada de ambos países es exactamente lo que hace interesante el lugar. Todo el mundo espera. que se extiende hasta el Krutenau y las horribles calles «suizas». lo han cercado con cuerdas y están proyectando plantar más árboles. tan increíblemente altos. Hay algunos a los que les gustaría convertir Alsacia en otra horrible naciónestado. talleres artesanales con espacios exteriores para exposición. como el Marais de París. podría ser algo encantador. galón o cinta elástica para sujetador. ni la escuela comercial adonde las chicas acuden en tropel para convertirse en personal de oficina. que parece que un empujón podría derrumbarlas. En el centro se encuentra un pequeño rectángulo con árboles. han sido restauradas con todo detalle y se están poniendo de moda. Ni calefacción ni saneamiento y techos bajísimos con los que topa continuamente. La idea de recuperar pequeños mercados. hablaba alsaciano. un poco de césped. Los habitantes. ¿No queda espacio en el suelo?. los coches aparcados casi están pegados unos a otros. igual que no es alemana. cremalleras. Muchas pequeñas plazas como ésta. unos cuantos bancos donde los viejos puedan sentarse tranquilos. cuélgalo . esto podría ser aún una ciudad encantadora. que había pasado años en la espantosa Rue de Zürich. Las casas son muy viejas. oscura y que olía. oscura y que olía. de hecho la vieja era su tía. Los jóvenes de ahora. han obtenido una victoria notable. resuelven este problema con ingenio. alimentada por ese espantoso invento que es el automóvil… ah… Arlette encontró una tienda. y Arthur Davidson uno de los que más. sin embargo. tiran esas mesas y sillas que la gente que nació antes de la guerra necesita para estar cómoda. En el mismo muelle hay una hilera de pintorescas casas «alsacianas» que aparecen en las postales. Michel vivía arriba. que la miró con suspicacia. tonterías: un colchón servirá. donde se pueden comprar tarjetas de presillas o corchetes. Había una mujer pequeña. Adoptan las posturas japonesas en el suelo. aparte de una vaga idea de ganar dinero con el trato. pequeña. Estas casas diminutas y torcidas. la antigua vida de calle bajo los plátanos falsos (¿y con naranjos?). botones. construidas para enanos. húmedas. Nadie lo sabía mejor que Arlette. y tampoco la escuela primaria. que la idea se difunda. La iglesia no es nada de lo que se pueda alardear. Pero uno espera.

hábil con el martillo y los clavos en la madera. de manera que papá.como una jaula de pájaro. cuando se quitó las gafas. Michel hizo algunas preguntas. Había tenido dos hijos. ¿Era de la policía o la asistencia social o del Ministerio de Educación? ¿No? Entonces. Unos cuantos de los esperados. el difícil. A menudo no hay ningún mobiliario. Ellos odiaban eso. ¿algo gubernamental. que era un monumento de paciencia en todos su tratos profesionales. Sólo sirve la verdad. con una blusa negra de manga larga y cuello alto con bordados plateados. dormía allí arriba entre los geranios. una de lona con un armazón de aluminio que servía de cama de repuesto. Pero si le pagaban. entonces se mostraron ansiosos por ayudar. en conjunto con éxito. Incluso el que era introvertido. gafas de aluminio y ojos Cándidos. muy adecuado a esta arquitectura. ¿había ido sólo por el dinero? Está bien. A Arlette le ofrecieron la única silla que había. asegurando planchas con cuerdas. y de la manera más sencilla y escueta posible. y ponían cara de aburridos. se irritaba en gran manera. si podía preguntarlo sin parecer grosero. ¿qué demonios era? ¡La familia! Porque realmente. no quería verse mezclado. Michel. También muchas cosas que no se esperaban. muñecas cretenses. Una voz muy suave. municipal? ¿Tampoco? Luego. Había que evitar el tacto torpe. por si alguien la necesitaba. a farsa. en realidad. con el cabello estilo Juana de Arco. primitivo. una atractiva hospitalidad indiferente. Rostro muy masculino y también femenino. ¿Quién los quiere comprar hechos? Son espantosos. miniaturas persas del siglo quince. Él tenía la talla de jugador de baloncesto. Sin que ella lo supiera. Lamentaba no tener cigarrillos: ¿le gustaría tomar una cerveza? Aquí al menos Arlette no se sentía en desventaja por su falta de experiencia. montados malísimamente y terriblemente caros. A la familia no le gustó. carteles de Toulouse-Lautrec. como es frecuente a esta edad. etcétera. Ese en particular. ella misma vino a mí. flamenco. Una vez convencidos de que yo no trataba de presionarles. no representaba para ella el problema que suponía para los demás. y se tumban en el suelo tan felices con un diccionario a un lado y el tocadiscos en el otro. un sedoso bigote negro que nunca se había molestado en afeitar. Cualquier cosa que huela a gazmoñería. no veía nada malo en eso. se mostraron hostiles. Las paredes estaban llenas de cuadros. departamental. como si fueras un perro encantador pero mentalmente deficiente. gótico. ella entonces era una especie de embajadora de la familia. y ya les has perdido. se había construido sus propios muebles. cuando se le hablaba de algo serio solía dejar la mandíbula colgando y los ojos se le ponían vidriosos. Yo no estoy en una posición fácil: no quiero . cejas feroces como las de Monsieur Pompidou. a hipocresía o a un motivo ulterior. Él mismo parecía un retrato de Clouet. Oh. y en conjunto un poco como María Reina de los Escoceses con bigote. ¿no? —No. lo siento. Un hombre siempre era tímido y estaba a la defensiva. que nunca hablaba. Michel había atornillado cosas en las vigas del techo. del que su padre se quejaba de que no era posible establecer ningún contacto (pues dijeras lo que dijeras él nunca escuchaba) y que te trataba con afecto negligente. encantadoras columnas rotas entre dóricas y jónicas.

hacer nada a sus espaldas y no debo abusar de su confianza. He venido a ti porque
probablemente eres quien mejor la conoce.
Michel, sentado en el suelo con las piernas cruzadas, la miró, la estudió, repartió una
botella de cerveza en dos vasos de mostaza, y se embarcó en una descripción de MarieLine.
—Une Paumée. —Un pato con una malformación del ala. Emocional, la válvula de
seguridad atascada, llena hasta el borde y amenazando con explotar la caldera. Una chica
agradable, bonita, afectuosa, y un talento notable para hacer lo que no está bien. A él le
había gustado mucho; todavía le gustaba. Tenía algunas cualidades muy buenas. No
quería parecer excesivamente escrupuloso, pero ella era una persona que siempre se
metía en dificultades. Vulnerable. Contraída, y quién se lo podía reprochar, con aquella
maldita familia. Estaría bien si la dejaran un poco sola. No lo harán, y ella sigue
tropezando con unas situaciones desastrosas y recibiendo golpes, y hay que darle
confianza. No hundirla. La gente la recoge, y luego la deja porque es muy pesada, y esto
está mal. Tal vez me considere usted egoísta, o frío, y no me importa si lo hace, pero yo
no quería tener una relación sentimental con ella porque es un lío, por mi bien, y por el de
ella, porque es muy sensible y le haría mucho mal.
Es bonita y muy atractiva, y una vez me acosté con ella; fue una locura e intenté
compensarla, y espero que ella confíe en mí. Bebe y se vuelve temeraria. Drogas, no me
sorprendería. Siempre están experimentando con alguna basura. De mí nunca consiguió
ninguna.
¿Este otro Michel? ¿Estudiante de arte? He oído hablar de él. Ella también me habló. No
me interesa, no me gusta lo que oí. No le gustaba que yo interfiriera en sus asuntos, así
que no lo intenté. No serviría de nada. No sé dónde vive; pruebe en Bellas Artes.
Qué bien que tuviera suficiente sensatez para pedir ayuda; la necesita. Y es una persona
que vale. No me gustaría verla metida en problemas. Haré lo que pueda por ella, pero
tengo mucho trabajo. No es como el bachillerato. Una clase selectiva para una escuela
superior; la competencia es dura, sabe; tienes que luchar contra la Familia de Favoritos de
Luis el Grande y Enrique Cuarto; las Orquídeas Parisienses.
Arlette pensó que él también valía. Era más capaz de defenderse que la pobre Marie-Line.
Él sabía adónde iba. Hizo un par de cálculos falsos. La Escuela de Artes Decorativas
estaba en el Krutenau, no estaba lejos; edificio agradable con un bonito jardín. No recibió
ninguna ayuda de una cansada secretaria que consideraba a los estudiantes como la peste
y que no deberían estar permitidos. Y había demasiados Michel, y todos parecía que no
eran o lo demostraron. Pero había un Michel —si me sigue— que se llama Michel de
apellido. Jean-Luc Michel. Ya no era estudiante. Había terminado la escuela. Ahora era
un artista. Vive en Petite-France, en una de esas casas viejas.
Es la parte más pintoresca de Estrasburgo. Al ingeniero Vauban no le gustaba el río en
esta parte y lo envió en diferentes direcciones, para formar un foso alrededor de la ciudad
fortificada; río abajo de su hermoso puente hay una presa y un remanso, y calles torcidas

a través de la confusión del siglo diecisiete, y los padres de la ciudad están ocupados
restaurando una atmósfera nostálgica con pavimentos empedrados y antiguas farolas de
gas, y rincones verdes bastante patéticos. Los viejos edificios más destartalados han sido
demolidos en favor de pisos extremadamente caros de estilo palomar con el techo
inclinado, pero donde están más apretujados y más oscuros y más sucios; allí se
encuentran los pobres, que viven apiñados y de una manera sumamente insalubre. Las
calles están compuestas de casas de oscura y vieja albañilería, alternado con ventanas
atrancadas que se ahogan en un siglo de polvo. La misma palabra «alsacia» parece haber
sido inventada para describir estas casas.
Una puerta cedió al empujarla. Losas de piedra, restos de yeso roto, fuertes olores de
cocina portuguesa y fuertes voces en lo que no parecía portugués. Podría ser yugoslavo, y
también la comida. Una escalera de caracol ascendía. Y ella había acertado: un gran cartel
de madera pintada en azul brillante decía J-L. Michel, con una flecha y varias sirenas
señalando hacia arriba. En el siguiente rellano estaba otra vez a una escala inferior. En el
segundo había una puerta del mismo color ultramarino violento, y «Michel» escrito en
letra cursiva. Una tarjeta decía «Adelante; como si estuviera en su casa», en francés, y
eso hizo ella.
Inmensa sorpresa. En lugar de la oscuridad, la suciedad y el yeso desgastado hasta
mostrar la vieja y húmeda albañilería, era brillante, blanco, bonito. Las paredes habían
sido enyesadas hacía poco y encaladas, las viejas vigas de madera cuidadosamente
restauradas. Aquí todo era atractivo. El arte, en su mayor parte malo pero no obstante
válido, se encontraba presente en cantidad; eso era de esperar, pero los suelos tenían
tablas nuevas y había varios árboles altos en macetas. Como Arlette sabía desde aquella
mañana, aquellas cosas costaban muchísimo dinero. Una puerta daba a una cocina.
También moderna. Baldosas, dos relucientes frigoríficos, una cocina más grande que la
de ella. Muchas botellas, manojos de hierbas. No da tanto dinero el arte; el tipo debía
haber heredado. Ni rastro del propietario de todo esto; ella reprimió la tentación de robar
una botella de champán y unas cuantas chalotas de un manojo y escapar con ello.
—Monsieur Michel —gritó.
—Aquí —le respondió también gritando una robusta voz de barítono. Empujó una
original puerta de roble, y la sorpresa aumentó. Dos habitaciones o quizá tres habían sido
convertidas en un estrecho pero espléndido estudio que daba al patio interior. Las viejas
ventanas habían sido sustituidas, con buen gusto, por otras mucho más grandes. En una
mesa grande con dos lámparas de trabajo en equilibrio en los ángulos el artista estaba
haciendo cosas con ácido sobre una lámina de cobre. El artista era alto y corpulento, con
abundante barba, traje azul tejano, sandalias y un cigarrillo larguísimo.
—Esto resulta más fantástico por lo inesperado —mirando con envidia un limonero
cuatro veces más grande que el que le había regalado Mr. Taglang.
Él sonrió con aprobación. Muy bien parecido, y el aspecto encajaba con el aire bohemio:
el espeso cabello castaño oscuro se ondulaba de modo natural sobre más de un metro
ochenta de cuerpo musculoso, ojos inteligentes y brillantes y una buena frente. A primera

vista, de lo más impresionante; casi el joven Augustus John. A la segunda mirada, un
poquito demasiado satisfecho consigo mismo.
—Sí, si pudiera hacer algo con esa maldita entrada podría tener aquí una galería. Pero
tenemos una exposición permanente, yo y unos cuantos tipos. Y eso es mejor que el
espacio de una galería, y los bastardos que te quitan el veinte por ciento o más de todo lo
que ganas. ¿Qué puedo hacer por usted? —con aire de estar listo para cualquier cosa.
Arlette sonrió.
—Realmente hoy no estoy en el mercado, pero podría estarlo en otro momento.
—Sólo mirando escaparates, ¿eh? Haga como si estuviera en su casa. Los grabados
sueltos de ese montón son baratos de verdad, sólo de tres a setecientos la pieza. Los de la
pared, de tres a cinco mil, excepto uno o dos de los grandes. ¿Quiere beber algo? ¿Vino
blanco o un kirch?
—No, gracias; echaré un vistazo.
—Claro. No puedo dejar esto, me temo; tengo que seguir unos tiempos determinados.
Los grabados eran muy comerciales; aceptables paisajes de calles de bonitas líneas
marcadas. Nada sobre lo que escribir a casa, a mamá, pero que quedaba bien en la pared
del cuarto de estar de la burguesía turista alemana, y para eso estaban hechos. Las
ciudades vinateras de Alsacia, y los paisajes de colinas del campo que las rodea. Con los
olores del ácido se mezclaba el de un caro perfume masculino, como incienso, rociado
detrás de las orejas. Las manos eran demasiado blancas. Sólo tenía veintidós o veintitrés
años, pero ya tenía experiencia. Otro que sabía adónde iba, y parecía estar en camino sin
haber perdido tiempo.
—¿Ha visto alguno de mis carteles? —preguntó.
—Una chica que conozco te mencionó. Marie-Line Siegel.
—Ah, sí. Los amigos del doctor Siegel no compran muchos cuadros, lamento decirlo.
Conozco a la chica, claro. En realidad está un poquitín enamorada —con una pequeña
carcajada.
—Sí, lo sé.
—¿De veras? ¿Cómo? Ella se lo dijo, supongo. Bueno, no la tome demasiado en serio.
No es una gran pasión. No es una menor, pero no me gustaría que su padre entrara aquí y
me hiciera una escena. Ella ya es un poco aficionada a hacerlas.
—Oh, no soy ningún emisario; sólo la conozco y me gusta, eso es todo. Me preocupa un
poco. Bebe demasiado.
—Ah —indiferente—, nada muy terrible.

—No, pero un poco irresponsable. No tiene madre y es bastante vulnerable.
Variedad de expresiones faciales; virtuoso, ofendido, irritado: las expresiones de «no es
asunto mío» y de «aunque lo fuera no querría saber nada».
—Detesto a la gente que hace sermones.
—La excusa invariable de los egoístas y superficiales.
—¿Por qué no me pregunta si me acuesto con ella?
—Una satisfacción para tu vanidad, sin duda.
—Tiene edad para decidir por sí misma. Las personas que moralizan me ponen enfermo.
—Debe ser cierto, ya que eso dicen en Playboy. ¿También le has estado dando drogas? —
Él permaneció callado un momento, dando golpecitos con un trapo al trabajo que tenía
frente a sí, inclinándose y mirándolo con los ojos entrecerrados, exagerando la
concentración que requería.
—Tengo que asegurarme de que todo está neutralizado —parlanchín y relajado—. ¿Ella
le ha estado contando estas historias? —secándose las manos y arrojando el trapo a un
rincón—. Es totalmente falso. No importa, aunque esa invención maliciosa puede crear
problemas. No es de desear que se divulguen historias así, y yo de usted le aconsejaría
que no las repitiera. Su palabra no es tan digna de ser creída. Lo que la gente hace no es
asunto mío, pero si empieza a imaginar orgías aquí, fumando hierba y con sexo en grupo
y porquerías de ésas, ya me contará… La gente siempre cuenta semejantes historias
universitarias. Tengo que ganarme la vida y para mí es importante, y, créame, no mezclo
el trabajo con el placer. Conozco a muchas de esas chicas que merodean por la escuela de
arte, pero le digo con toda franqueza que no me interesan. No quiero decir nada de MarieLine. Es una chica agradable. Pero les excita frecuentar los estudios, y les excita inventar
historias fantásticas. Es mejor que me crea, no hay nada en ellas. He fumado marihuana
en ocasiones, quién no lo ha hecho, pero no consumo drogas y aquí no las hay. ¿De
acuerdo?
—Perfectamente. Más bien lo estás reconstruyendo, ¿no? He venido a decir que si te
preocupas por ella, no la incites a hacer ninguna tontería. Si lo piensas un poco verás que
tengo razón; no tiene nada que ver con la moralidad. Dicho esto, encantada de conocerte
y buena suerte con el negocio.
—Claro. No tengo nada en contra de usted. Lo siento, sólo es que la gente aquí imagina
Dios sabe qué, todo este asunto de caza del vicio, no se para a pensar que un pintor tiene
algo mejor que hacer, supongo que soy sensible. Venga otra vez; ¡traiga a sus amigos!
Arlette, cuyo coche estaba aparcado a kilómetros de distancia, caminó hasta la ciudad y
se paró a telefonear a Arthur.

encantado de almorzar fuera. pero le llevaría algún tiempo. con muchas risas alegres. Los turistas no van a comprar muchas flores cortadas. y sólo presentó un interminable argumento acerca de los restaurantes ponzoñosos para turistas que había en la ciudad vieja. mientras los estudiantes. la floristería de la esquina. Ni siquiera se molestó en comprar una rosa para el ojal de Arthur: llevaría aquella horrible chaqueta de pana. en realidad. le colocaba una orquídea malva en el ojal. Un coche de extravagante elegancia italiana. sin preocuparse de las etiquetas con los precios. Arlette. con un poco de polvo de las carreteras rurales. El buen cliente de Mr. la comida china… bien. una evidente tapa de cemento de un aparcamiento subterráneo. observó a una corpulenta mamá a quien una chica sonriente. debido a la bicicleta. Subió . Algún detallista por aquí. Arlette se paró ante el escaparate. Había muchos turistas alemanes disfrutando de unas compras con felices marcos fuertes a precios elevados para compensar. no le queda ninguna personalidad. con la temperatura perfecta para haraganear.28 Un generoso almuerzo para la cuenta de gastos Arthur se sintió aliviado cuando ella le dijo que no iba a casa. Algo que había visto aquella mañana le llamó la atención. paseó por la Rue des Hallebardes. pero el camino sigue obstruido. los judíos o los orfebres no reconocen las estrechas calles medievales que llevan sus nombres. de acuerdo en eso. se convirtió en Estrasburgo y fue interceptada en el otro lado por el foso fortificado del False Rampart. claro. El almuerzo ya era bastante caro en realidad. donde habla con vaguedad de plantar árboles. Casi da la impresión de que se está en la Bahnhofstrasse de Zürich. La vieja ciudad de Argentoratum. de color rojo como los de carreras. supuestamente reservada para peatones pero llena aún de camiones de reparto. las proporciones no han variado mucho. Taglang. Se pueden comprar algunas cosas bonitas en el distrito turista cerca de la Rue de Hallebardes. Pequeños montones de metal pintado llamativamente sobre ruedas de goma sustituyen al estercolero doméstico. Ha sido dividido por anchas calles modernas. o con la idea de cultivar su propio café en el alféizar de la ventana en Wiesbaden. Con todo. preocupando a los Padres de la ciudad. Si puede acorazar su modesto corazón para hacer que esto llegue hasta la orilla del río. En un día así. alrededor de la catedral. sería un paquete incómodo de llevar o de dejar en un coche caliente. El final del otoño estaba en su máximo esplendor. La municipalidad del barrio ha iniciado tímidamente un sector peatonal. con un bonito delantal verde manzana. era un día radiante y cálido. Se vendía. creando de modo natural un flamante desierto: a la place Kléber. es como Bay Street de Nassau después de llegar un barco de recreo. a quien le sobraba tiempo. sin paraguas ni abrigos mojados. Contempló luego las bonitas prendas Carven en la tienda de al lado. Pero con dedicación… era muy parecido a los chicos a los que Arlette había tenido que reeducar después de desprenderse de la moto. Dolorosa y costosamente. Pero con frecuencia se encaprichan de esa pequeña palmera. Debía de ser muy caro. apretada en la vuelta del Ill. la vieja ciudad puede volver a la vida.

—Me ha dicho: ¿ha visto alguno de mis carteles?. Llévalo a la policía. licencias de exportación. —Una conexión bastante floja. —Que se mostrará comprensiblemente sarcástica con los detectives. Había uno en la puerta de esa floristería. trampas con los papeles. De hecho él ya estaba tomando vino blanco. y tu consejo. compran claveles en Niza y los envían a los ingleses. ¿Qué borra el bolígrafo? Y crear cifras nuevas. ¿no hay alguna técnica de falsificación de documentos en la que pudieras ser bueno? —Ahora te sigo. piden en las tiendas que pongan los carteles de las exposiciones de los pintores. esas cosas se ven sin prestarles atención. comió mucho y envió al chico a por más té. un dibujo de la Rue de la Bain aux Plantes o lo que sea. Como dices. ¿Y qué relación tiene con este joven artista? —¿Cómo sabes que hay alguna relación? Sólo porque tiene algunas plantas en su cuarto de estar. —Bueno. Me he encontrado aquí casi sin darme cuenta. se podría decir que la forma más probable de felonía para un tipo como Demazis sería el delito de cuello blanco. —Mmm. sino literalmente borrar la impresión con ácido o alguna cosa para engañar a la computadora. sin que se le enturbiaran los sentidos. Típico alemán. para gran furia de los franceses. —Ha de ser más fuerte que eso. Y por lo que dices de este Taglang… parece un candidato poco probable para cualquier complicidad. —Pero si eres artista gráfico. esto está yendo demasiado lejos como los excéntricos profesores ingleses. —¿Y exprimir el negocio de ese modo? ¿Y quizás estaba a punto de ser pillado y se mató? Parece muy improbable. . Parece una tontería. y por supuesto van de una tienda a otra convenciendo a los tenderos de que los peguen en el escaparate. Con tendencia a mostrarse frívolo y a farfullar acerca del estofado de mariposa. —Arthur se puso serio y escuchó con atención.presurosa por la Rue des Etudiants. eso no significa nada. Intenta unirlo todo. en el que hay montones de facturas. —O sólo la tinta. Hay esos pequeños para exposiciones. para no llegar tarde. Libros Ilegibles y Heroínas Imposibles. me estoy acercando peligrosamente al tópico. y de eso estoy cada vez más convencida. Cómo lavar cheques. Necesito tu opinión. que hacen de detectives mientras juegan a esos horribles juegos. y esto es serio. se frotó el pelo. ella puso fin a esto. pero sencillamente hay más dinero en lo de las flores de lo que tú o yo pensamos. Salta a la vista en un negocio como ése. No hay ninguna prueba. trampas de un país a otro. —Te he hecho salir porque estoy seria. No blanquear los fondos. y yo he pensado carteles que él había diseñado.

sería lo mejor. Las mujeres son todas iguales —dijo Arthur con aire triste—. y puñetera. mientras esperamos mejor aún si los átomos se enganchan. romántico. amargada. no lo aceptan. — Empezó a citar. Por cierto. por cuya razón los encontramos asquerosos. te piden consejo. Es demasiado tópico. lo que quiero saber es ¿pagan el almuerzo? . cuarenta y tres. Las otras son fáciles. tierno… no. estirada. para hacer de ella una amiga. Este chico charlatán. realmente no. mientras esperamos mejor. —Tú no eres para nada señorona. tímida. quiero decir que es demasiado evidente. y dice que nueve llamadas telefónicas de cada diez son preguntas relativas a sexo en grupo. no soy una agencia matrimonial ni un club de corazones solitarios. El estudio está lleno de botellas de champán. divorciado. y ella lo encuentra de lo más desalentador. algunas veces. No creo que el tipo esté distribuyendo drogas. —Había sacado uno de sus recortes de periódico—. —No. Tienes otros muchos asuntos apropiados. «Inteligente y físico agradable. consciente de que Arthur estaba tratando de apartarla de un propósito.—Para mí el vínculo de unión de toda esta gente es que tienen mucho dinero. recién salido de la escuela de arte. Pero ¿cómo se hacen tan ricos? —De la manera que nosotros seguimos pobres. Hay una mujer que lo es. Ojalá hubiera echado un vistazo a aquel frigorífico grande. abstenerse». puñeteras. por cierto. timoratas. amargadas. Mi consejo es que lo dejes. —¿Yo soy todo eso? Señorona. ¿Liosa? Sí. no se toma así mismo en serio… ese soy yo. no me estás tomando en serio. Recibió noventa y ocho respuestas y elaboró un librito con ellas. gentil o quizá sensible… y alegre. —Es un anuncio falso que un tipo puso en la página de contactos del Nouvel Observateur: «Deseo conocer a mujer joven. —¿Qué ocurre? —paciente. Yo no voy a desalentarme. Como dice el tipo. el estudio del artista y disfrazado de esa manera. que ama la vida intensamente… al máximo. ni ninguna de esas otras cosas. de veinticinco a treinta y cinco». —Lo consiguió barato de algún ladronzuelo de supermercado. Creo que quizá tú te lo estás tomando demasiado en serio. ¿qué hiciste con la mujer lesbiana? —Le dije que no me interesaba. pero ¿cómo traducirías «bobonnes»? Ella se lo pensó y luego sugirió: —¿Señoronas? —No está mal. Te invitan a almorzar. una amante. nerviosas. con sentido del humor. Bobonnes. oh sí. porque tiene talentos asquerosos que nosotros no tenemos. un camarada. —Arthur. Como ahora. en un tono de voz especial—: Tipo universitario.

—Invitación alemana —dijo Arlette en tono desagradable—. —¡Hombres! Qué útiles eran… . como si fueras un perro. Encuentras algo interesante y lo único que dicen es: «Déjalo». Eres demasiado obstinada. ¿Adónde vas ahora? —A casa. Acepta lo que es: Heroínas Ilegibles. a hacer de ama de casa. —Te estoy dando un buen consejo —dijo Arthur tranquilo— pero habría debido saber que no lo aceptarías.

La cesta de la ropa sucia estaba llena. Cuando su estómago empezó a rugir de esa pacífica manera digestiva. excesivamente pesado. inglés y sociológico. como una burguesa. al verla planchar. cargada como de costumbre con las estimaciones. Le dabas una nota y te devolvía otra. como siempre. lo llevó al cuarto de trabajo y lo dejó en un sitio con buena luz. No me gusta planchar. Nada en la cinta del teléfono. dale instrucciones tontas y te desobedecerá. Revolvió en el congelador y sacó comida que fue dejando airadamente sobre la mesa. Explotar no servía de nada. Sus travesuras ponían frenético a Arthur. Se añadía resonancia. Los hombres eran graciosos… Nada de paciencia ahora con los hombres. Su pequeño limonero le producía placer. se le ocurriera algo para la cena. En el retrete tres veces más cantidad de Harpic del que se necesita. Cuando se les dice esto. no siempre la misma. La bolsa de papel del aspirador nunca se vacía. Las mujeres de la limpieza siempre son muy generosas con los materiales que ellas no han tenido que pagar. nada en el buzón. admirando su eficiencia. Iba de un lado a otro con prisa haciendo ruido con los tacones. Siempre demasiado barniz en los muebles. comentó con despreocupación que con el ordenador era igual. La tabla de planchar era una tabla sonora. ponen la cara más cretina y dicen que no saben hacerlo. le daría la vuelta regularmente para que la luz se distribuyera por todos los lados. Después de caerse dos veces y colocarse otras dos a la altura errónea —el ordenador también lo hacía— el camello consintió en arrodillarse y ser cargado. Las baldosas siempre huelen a demasiada lejía echada en el cubo. Una vez en casa. Y siempre apilan los envases vacíos con hermosa precisión en el armario. claro. pero me ayuda a pensar. Arthur era gracioso. Arlette brincó un buen rato. al final. después de aparcar el coche con mal humor y bastante descuido. sólo la factura de la electricidad. acabando por darle una patada y gritando expresiones falócratas mientras esa miserable cosa seguía vomitando papel en la . esperando que. Escribe mal un programa. Al menos era ligeramente gracioso. ya que por supuesto era cierto. le dio varias vueltas para conseguir el ángulo adecuado. Y menos con Arthur. sin soñar siquiera en hacer una nota para pedir uno lleno. La frase era de Arthur. los gastos fijos —e impuestos sobre ambos— sumados a la lectura del contador y los impuestos totales. Sacó del armario la tabla de planchar. Tendría que ser capaz de escribir un poema jocoso al respecto. más o menos en ese orden. Arthur. No había nada más que pensar. se sintió mejor. aún le irritaba más. separó la ropa blanca de la de color con rabia y la metió en la lavadora. Él lo había hecho muchas veces.29 Los marginados La tabla de planchar es el ordenador de las chicas.

verde oscuro. demasiado… «Sólo hay un médico en el mundo que puede salvar a su . por eso me resultaba familiar. verde manzana. había comentado el nuevo color. Papel a rayas. ¡Idiota! La floristería es Taglang Enterprises. para ya. Ahora me veo a mí misma allí de pie. El llamado artista tiene alguna relación con la floristería. La mejor manera de lograrlo es no pensar. al revés. elegante. Su inteligencia masculina. lo de Arthur referente a lavar cheques… Cuando fue al banco a cobrar unos. observándola estirar la ropa seca y arrugada (ella le dijo que cogiera dos esquinas y tirara) y doblarla con esmero. Tenía esa manera especial de mirar a las chicas. Puede existir conexión entre Taglang y el artista. en un orden equivocado o… no. se puede detectar si algún farsante ha hecho alguna falsificación. mirando dentro. Por ese Maserati. efectuará cálculos. Requiere una inteligencia femenina especial. Con las manos en los bolsillos. Hablan de tirar al bebé con el agua de la bañera. mucho más probable. puesto que ésta tiene un cartel suyo en la puerta. o Helvética. Te dará el resultado en una pieza que de otro modo te habría llevado meses. siempre dispuesto a charlar. Una estúpida tontería pero déjalo. Mr. Él había creado una de sus fantasías sistematizadas. Sí. de edad madura y bien vestido. dijo el agradable Monsieur Bidule.papelera. que se cree maravilloso. que los hombres no poseen. Taglang envolvió mi árbol con un papel igual. Pero es demasiado fantástico. Mis hermanas liberadas… oh. Aire de propietario. Si las tarjetas no están bien perforadas. algo magnético (realmente ella no había escuchado). Planchar no es una tarea mecánica. demasiado sutil. no podría entenderlo. dijo Arlette. pobrecitas cosas aturdidas. o Bundesrepublik. Cualquiera puede ser cliente de alguien. La floristería tiene relación con la Taglang Hortícola lo que sea. Ella estaba pensando demasiado. Cosas con bonitos gravados de la República Francesa. Pero si el ordenador «piensa» (tenaz tontería) entonces también lo hace la tabla de planchar. Se pueden falsificar otros muchos documentos. son nuevos. atiborrada de basura acerca de las reglas de la evidencia. recuperará material almacenado en tu memoria y luego perdido. riendo. he dejado de sentir pena por ellas. O. Estirándolo mucho puede llegar hasta Demazis. Casi seguro que es el mismo hombre —no llegué a verle bien— que vi en Taglang. La segunda chica está envolviendo una maceta de crisantemos para que una criada los lleve al cementerio el día de Todos los Santos. de quien son buenos clientes. cariño. De acuerdo. Hay un hombre alto. De todos modos. Como Arthur señala. donde en la papelera… Correcto. está clavando una orquídea en el robusto pecho de una buena mujer alemana. Chicas: una chica. Si empiezas a pensar pondrá en orden fragmentos desarticulados de ideas. Dejó la plancha con un golpe y fue a la habitación de trabajo. medallón de oro. No serviría de nada llevarlo a la policía. Por una buena razón: es el propietario.

y cualquier droga que no sea un puñado de hojas de marihuana es demasiado cara. Él dice que no lo hace y no lo haría porque resulta evidente. Apenas nadie produce nada en realidad. Las pobres infelices que son halladas en coma en un lavabo público. . que lava el visado Israelí de tu pasaporte y. ¿Cuántos hay? Unos cientos. Los marginados. ¿Por qué dijeron algo? Porque les preocupaba de verdad que Marie-Line fuera utilizada. podrían saber muchísimo más de lo que dicen. las chicas se prostituyen. muy respetable. Él es tan sólo un personaje que está haciendo demasiado dinero. Al fin y al cabo. Pero todos los médicos de Europa conocen. Cuando es posible. para atarlas y tener un medio eficaz de cerrarles la boca les corrompen para que cojan el vicio. no tienen dinero. incluso yo? Actuando de intermediario. Tonterías. basta ya. Él no quería hablar y volvió a hacerlo. Los consumidores. gente que hace trampas y gana muchísimo dinero simplemente pasando un artículo de una mano a otra. y si ella ve algo en uno ¿qué puede ver en el otro? Vuelve al principio y supongamos que manipula droga. pueden protegerse con grandes sobornos. ¿qué te llamó la atención hacia este chico…? ¿Podrías encontrar un contraste mayor entre los dos Michel? MarieLine. Un pequeño vicio. No son sospechosos. Para pagarse el vicio. Esto no lo sé. si la jerga sociológica sobre la alienación significa algo. los chicos atracan supermercados. pero eso es una fanfarronada doble. por ejemplo. Sí. No habría prestado ninguna atención al segundo Michel si el primero no hubiera sido tan reacio a hablar de sí mismo. Las chicas como Marie-Line se emplean como «contactos». ¿Quién consume droga? Cualquiera que esté de punta con el mundo. dentistas como Armand Siegel. Contó demasiadas mentiras y no las suficientes. Los médicos como Freddy Ulrich. La policía arma mucho alboroto. y ¿cómo? ¿Cómo hace dinero la gente. los consumidores que dan beneficios. Las drogas se venden por una gran cantidad de dinero. Los burgueses. claro. Pero en un país muy rico como Holanda. Piet no hablaba del tema. la pandilla callejera. Demasiadas revistas para la mujer. Estaba demasiado asustado y no lo bastante. ¿Como qué? Como las drogas. ¿cuánto dinero secreto sirve para mantener la publicidad lejos de la puerta de uno? Que va a reunirse con el otro dinero secreto. y tratan a consumidores de drogas ricos. Un secreto «profesional». No hay labios sellados como los labios de un médico. oh. que no tienen dinero. Así que no le veas como algo salido de Freddy Forsyth. Mataron a Demazis porque sabía mucho porque amenazaba con hablar demasiado. ¿Y quiénes son? Antes se suponía que eran los hippies. pero lo sé. y no ganan un penique con ello. Pero el mundo está atestado. y está en Viena».hijo. y esto es lo que está mal. no es necesario mucho dinero para ello. Arlette sabía algo de esto pero no mucho. Son los ricos. no son chiquillos como Marie-Line. Son las que resultan atrapadas. que están bien aislados y protegidos por el dinero. Habría sido sólo otro falso instructor de esquí de las montañas de New Hampshire que finge un acento austríaco. y si lo fueran. Ellos son los auténticos marginados.

de repente la tabla de planchar le había dado una sacudida. viven sin que se sospeche de ellos en la Avenue Foch. Pero ella sabía que los que ganan dinero nunca son los que la venden. Los «marginados». Referente a aquella divertida mujer llamada Norma. corsos en pequeños bares sucios de Marsella. con mucho Air du Temps en el agua. Mientras pensaba en Michel y Albert y Marie-Line. Figuras folklóricas. con una clientela burguesa… Podrían pasarse drogas en una floristería. Se hizo levantar al camello y regresar a su armario. Chez Mauricette. Cuando se vistió cogió el arma. siempre es otro. Se hizo un masaje en los dedos de los pies.Marie-Line no es una prostituta. Arlette fue a tomar un baño. Pagadas con un par de billetes de mil francos para apostar a los caballos. Por ejemplo. Mientras que un artista. Pero puede hacer algunas ventas pequeñas. . La plancha había terminado. los que consumen y los que ganan dinero. El ordenador había dejado de escupir en la papelera papel bien doblado. Los marginados reales. Si cogen a alguien. y no atraca supermercados.

para empezar. creo —dijo Arthur con cara seria— llaman a esto arma del vientre. plano. y no era peor que llevar corsé. llamado percutor protegido. Se cocerá sin ningún problema. El propósito es hacerle caer al suelo. explicó Corinne. había abandonado casi toda su timidez. sin posibilidad de llevar corsé. Totalmente inexacta si no ineficaz en distancias no muy cortas. Ni nada en absoluto salvo quizá demasiado teta. seguro. y después de experimentar con varias clases de chaqueta ancha. —No me esperes. con un mecanismo de muelle. pobre Corinne. pero usted no querrá arrancarle una de la mano del tipo. combinado con botas y sombrero. . embutió el relleno. —No lleves bufandas con flecos. un hígado de pollo y una cebolla. El arma en sí añadía un poco de peso pero poco volumen: tenía el cañón corto. La pistolera era algo mucho más pesado. Tenía dos hebillas que no molestaban y daban un poco de volumen a una cintura que. un poco como si estuviera embarazada (por suerte ella era lo bastante alta para llevarlas. imposible. y un poco de relleno. de más peso. era histéricamente divertido. Más rígida. una cosa técnica. al menos quedaba un poco de pan. que era de las regordetas) y «mis pantalones de hondero». y lo puso a cocer a fuego lento con unos cuantos tronchos de setas más bien negros. Buen nombre. incluso habría sido bastante bonito de no ser por un bulto que sobresalía en la parte trasera y estropeaba las proporciones. En la intimidad del cuarto de baño. Se peleaba con el trasero y sobresalía demasiado. Tenía una pata de pavo. —Pero tuvo que aguantarlo. era mucho menos divertido. No era un objeto demasiado feo. de cuero blando procedente de algún animal de nombre extraño. podías probar a llevarla delante o detrás del hueso de la cadera. parecía la Chica Playboy del Mes. sin bolsillos. Se puso el delantal antes de salir. Ella era remilgada respecto a llevarla encima como el diafragma en los viejos tiempos. Fuera del cuarto de baño. muy caros pero de muy buen corte. siempre permanecía hostil a la pelvis femenina. —Los americanos. no había sido exactamente famosa. puede que llegue tarde a cenar —dijo a la cassette—. y eso lo hará. cuando te acostumbrabas. Como tenía propensión a ser robusta un poco más abajo —eufemismo por un trasero grande— quedaba bastante proporcionado. una pieza de talabartería. Pero ésta era la primera vez que lo llevaba en el trabajo. ideada para impedir que las bufandas largas con flecos se enreden en el mecanismo y lo traben. En la parte de atrás. Cocinar con una pistolera también era una sensación peculiar que nunca había experimentado. donde la llevaba más o menos donde guardaba su apéndice.30 Percutor protegido El cinturón para la pistola era ancho. O con borlas. dijo la policía. Sacó el hueso.

¿Soy la . Los hijos de Norma romperían cabinas de teléfonos. ¿Cuántos sentían afecto y alegría y felicidad al regresar a casa? Quizá era el saber que Norma se había ido. aquélla en la que Gavroche rompe las farolas de la tranquila calle burguesa. fuera del «anillo» había un gigantesco camión articulado. al alcalde? ¡Seguro que no!. Vanidades: «no crees realmente que no puedes hacer frente a un payaso así. ¿había tanto hilo fino en el mundo? Esto pertenecía a los Hermanos Marx y no a Robert. En efecto. Bajó el respaldo y luego tuvo que forcejear un buen rato como si estuviera poniéndose bien las bragas. Quizás era la hora del día. Caía la noche. de demasiados pensamientos. Oyó que alguien arrastraba los pies y un golpe. Eran las seis treinta cuando llegó a Hautepierre. Muy lamentable. Si los niños siguen faltando a la escuela. probablemente escuchando detrás de la puerta. Una mujer habría inspeccionado a la visita inesperada a través de la mirilla. Arlette… Idiota…» pero también hubo el pensamiento que dijo: «Entonces ¿para qué has venido?». Medias y Sujetadores. los hombres y las mujeres venían a casa cansados de trabajar. —Vamos. No sabía nada de Robert salvo que era conductor de camión de largo recorrido. Pero ¿a quién telefonean los pobres? ¿Al médico. Entró en el bloque. El ruido de la radio le llegaba con claridad. y la radio es un pulmón con el que respira. hola. a la policía. decía en grandes letras. inmortalizada en los archivos de la policía como «Ataque nocturno por revolucionarios peligrosos». Esnobismo: «está esa mujer despreciable del piso de enfrente. ni limpio ni realmente sucio. ¿por qué pensabas que necesitabas un arma? En cuanto a eso. —Él volvió a sonreír. pasearse sola por la noche por un lugar como Hautepierre podría no ser muy seguro». No sabía si le pertenecía a él. bien. Está bien pues. El pájaro estaba en casa. pero parecía más desnudo. El respaldo del asiento era demasiado recto. y la pistolera se le clavaba de una manera no sólo obscena sino sumamente incómoda. con su talento para disfrutar de la vida. y esperó que nadie la estuviera mirando. parecía improbable. una se empieza a preguntar qué pasa con la escuela. como ellos dicen. sus hijos con su ávida curiosidad. Fajas. Arlette llamó a la puerta. muy divertido. y ninguno de ellos bien pensado… Hubo en verdad una voz que dijo: «Oh.En el coche tuvo problemas con la pistola. Pero hay una escena mejor. su conocimiento de que el mundo era un mal lugar pero que se le puede hacer burla. Gossamer International. evitando el ascensor. ¿Sentimental? Sí: desde que Víctor Hugo la hizo llorar con la muerte de Gavroche. no es asunto de los vecinos. Robert. —Y ella entró. Ahora los dos retrovisores estaban mal colocados. amargados e insatisfechos. más triste. en el fuerte olor a huesos de jamón y col. Una confusión del pensamiento. más sórdido. El lugar estaba como antes. entre. El mundo del camionero de largo recorrido está poblado de un modo curioso. —Hola. pero la última sombra de duda quedó eliminada al instante por aquella radiante sonrisa: —Vaya. Uno tiene cosas de que hablar.

Puede permitírselo.clase de persona a la que hace quedar en el umbral de la puerta. —Está bien. casi dejó de ver que otro le había cortado limpiamente el chaleco con una hoja de afeitar y le había quitado un hermoso reloj de oro. Y también le había parecido. que de alguna manera le había hecho una jugarreta a Robert. que tiene confianza en su capacidad de ganar más. a cuidar de su camión. No tenga miedo —disfrutando mucho ahora. —No fui a la policía. de un modo oscuro. Se puede ser sentimental con los niños. Se lavan cuando no queda ninguno limpio. No es que estuviera sucio. por el olor. Pero el gamberro fisiológicamente adulto… Arlette había tenido ese tristemente confuso cliché de «un diálogo» en su mente. No era más que mala ventilación y la amigable negligencia de un hombre que espera encontrar el destornillador donde lo dejó. ¿verdad? Está bien. Al principio dijo: “Bueno. Y la misma veta de sentimentalismo que le había hecho equivocarse con Norma. no le guardo rencor. Necia inexperiencia. —¿Cómo ha sabido adónde ir? —¿Cómo supo usted adónde ir? . —La asusté. en realidad. como si fuera Testigo de Jehová?». así que ¿por qué preocuparse? —Tome una copa —dijo Robert. El cuarto de estar. maldita sea”. Un hombre que gana dinero. algunas de buen gusto y muchas muy malo. Sillas caras y equipo de alta fidelidad. Víctor Hugo. aunque lleno de revistas con las esquinas dobladas y ceniceros sin vaciar. hablando estrictamente. cuando se haga un poco excesivo. paseando por las afueras del viejo París amurallado. —Siéntese. Ningún hombre ha sido jamás capaz de entender por qué las mujeres se preocupan tanto de lavar los platos. Autosatisfacción: «Borraré esa sonrisa de la cara de Robert. Un hombre acostumbrado a estar solo. tenía un confort disoluto. que era en el fregadero. y luego: “Me lo merecía” sin ningún rencor». escuchando fascinado la jerga de un pilluelo. pero ¿qué importa? Las cosas de un hombre que echaba un vistazo y decía «me gusta eso» sin vacilar. que Norma ya no estaba allí. Igual que él sencillamente había pensado… Se podía decir enseguida. sigue algunas reglas. No es necesario que suponga que soy su víctima o su pichón. y extrañas cosas chocantes. Como un chiquero… un día de estos haremos limpieza. Pensé que quizá le diría por qué había decidido no ir.

lo de siempre. Nada. —Este sitio necesita una limpieza. no hacía falta pensar que podía seguirles la pista. Bonito bigote y una barbilla larga y afilada. ¿no? ¿No son maneras? Está mal. Pantalones caros. ¿Le gustó? —Lo entiendo. Pero se le veía fuerte. En este momento fue cuando ella empezó a tener miedo. —¿Y la vieja? —Sabe que es mejor no hablar con la policía. mostrando una buena dentadura. Las grandes manos llenas de señales de los mecánicos. chaleco de imitación de gamuza. Los bíceps abultados y antebrazos tipo Popeye de los antiguos camioneros habían desaparecido con la dirección asistida. comprados en Suiza. Ella lo cogió. Oooh. Los polis vienen aquí y dicen qué es esto. gran ataque de bomba. —Robert resopló. La ropa interior de hilo fino llegaba a todas partes. podía fácilmente parecer atractivo.—La vieja de enfrente. se estiró. ¿ve? Me satisfago a mí mismo. Cabello castaño rojizo. cruzó los brazos sobre el pecho y se rio otra vez en silencio—. Pum. a través del parabrisas. Una frente alta y abultada. si él quería. ondulado. Ella la vio. Un manojo de petardos infantiles. ojos marrón amarillento. Arranqué el resto a los niños. —Quizá le gustaría quedarse y hacerla —alegre. fresca y bronceada por el aire libre. Pero supongamos que hubiera ido a la policía. ¿no? No me preocuparía ni por un instante. Cogió despacio el paquete de cigarrillos. Bum. elegantes. ¿Qué. . Sólo hacerla temblar. manchados. No me interesa. y qué sabe usted de eso. gracias —controlando la voz. divertido. reloj de pulsera de astronauta. —Un poco demasiado descuidado. Demuestren lo contrario. pero nada que en la lavandería no pudieran arreglar. Apunté con cuidado para no darle a usted. Hizo temblar a los vecinos también. qué es aquello. Chafardeó un poco. Sabe que recibiría un buen golpe en las costillas si lo hiciera. Así que pensé que usted había metido la nariz en mis asuntos. Constitución normal. veremos si le gusta. lo dejó y dijo: —No. yo? No tengo ningún interés. Arlette le miró con atención. vivos e inteligentes y brillantes por la diversión. —Se sentó en el gran sofá «masculino». ¿no? ¿Ha vuelto a Inglaterra? No sabe nada de ello. para variar. los gangsters están aquí. eso. Cogió una cerilla y la encendió. nada inmenso. ¿Quiere un cigarrillo? Tenga —lanzándole el paquete. Camisa bien cortada con el cuello largo y puntiagudo. Pero estoy en mi lugar. escuchó un poco. —No había pruebas. Davidoff. los compré en Alemania. bostezó. Sí. —¿Y Norma? —Se ha ido.

No sabía francés. confiando en sí mismo. impedirá las aventuras. La incitó. Los reflejos de un camionero. sonriendo. con los brazos detrás de la cabeza. la cabeza ladeada. Pero nosotros sabemos hacer frente a eso.—¿Por qué era tan tacaño con Norma? ¿Por qué era tan poco generoso? Habría sido una buena esposa para usted. Te gustará. no sabía alemán. Sabemos ocuparnos de nuestros asuntos. perfectamente tranquilo. —Y usted le dijo que se largara. —¿Lo haría? —con aire perezoso. Nada de eso. ¿De qué le sirve? —A usted le sirvió de lección. Tengo muchas. Usted podía haberla hecho feliz muy fácilmente. Quizá necesita otra. Pero las de su clase me ponen enfermo. en su lugar? —perplejo de verdad—. Me sorprende que no fuera suficiente. Es una mujer. Usted no tiene idea de nada. los ojos brillantes—. que suben al camión voluntariamente. cariño. No sea ridículo. disfrutando con la idea. Se aclaró la garganta—. —Con algo parecido al pánico Arlette pensó en la horrible historia de Arthur. divertido. Arlette no dijo nada. sin hacer nada por ella. He tocado muchas buenas piezas en un violín viejo. lo sabemos —dijo Arlette agriamente—. —Pero no vas a gritar. de la anciana que había sido muerta a palos mientras medio pueblo minero deambulaba por fuera. Encantador. La cogió completamente por sorpresa. Pero hablar de un tris… . Norma lo intentó una vez. Empezó a querer ir a trabajar. En primer lugar. No la necesita. —¿Qué quiere decir. por aquí. A que me atacara. puedo soltar el grito más colosal. Bien. —La miró con indiferencia. Le amaba. Pequeña golfa. Se volvió demasiado confiada. sabiendo muy bien lo que les esperaba—. manda una bala a través del parabrisas. Haz huelga. Las chicas tontas siempre subían a su camión también. Yo le irrito. Muy astuta. Y eso hizo. No lo hago tan mal. Saltó sobre ella como un gato. Nellie —añadió de repente en inglés—. eso la mantendrá en casa. —Sí. Él había estado sentado recostado en el sofá. Nadie prestaría atención. No me faltan las tías. Con un solo movimiento le inmovilizó las muñecas y la tiró hacia atrás. ¿Qué se podía decir que sirviera de algo? —Y usted la excitó. mantén las piernas cruzadas. ¿Le gusta eso? —¿Qué otra cosa podía hacer? Póngase en su lugar. Todo esto es violencia. Le habló en voz baja al oído. Con los niños. Pequeñas cosas. Así que la tuve que hacer callar. relajando todo el cuerpo. —Mi querido Robert —absurdamente: después se preguntó por qué no pensó entonces en la famosa pistola. pone a Norma contra la pared. La había olvidado por completo. Debería saber cuál es su sitio. piensan. pensó que podría dominarme. Coge el rifle. Pero no dos. Como si a mí me importara.

Te haré pedazos. —Es un arma. Algunas son cosas incómodas que las mujeres no saben cómo sujetar. y no entendió lo del cinturón del arma. Como ésta estaba en la izquierda de la de ella. Habría sido muy fácil disparar. aplastándola contra la boca y la nariz. Robert se dio cuenta de que era cierto. El percutor no estaba protegido. y te quedas quieto. pero lo jadeó con una voz que no admitía error. Oh. Ella tenía un arañazo en el cuello y le salía sangre del labio. Había metido la mano por la cintura de los pantalones y había tirado de ellos. Muy bien. y no podía respirar. que se había lastimado con su propio anillo. pero ésta era sostenida con firmeza. ajustada en la cadera. dio unos golpes fuertes con el arma y notó que él daba un respingo. Su mano derecha penetró debajo del cinturón. lo decía en serio. más desconcertado aún. No era la faja elástica normal de las mujeres. le agarró las bragas y las medias y las desgarró. El tercero era que utilizó la mano derecha. y ella pudo bajar la mano. tonto.En primer lugar. . Su cuerpo duro estaba contra el suyo. él tenía demasiada prisa. No disparó. Parecía que debajo de su cintura sólo quedaban harapos: estaba en un buen apuro. y la presión sobre la boca se desvió. Le habría matado. Fin a su carrera. parece el Ejército Ruso. y para siempre jamás habría pensado: «Yo le maté». Él dejó de moverse. liberara su propia mano derecha y el instinto de arañar se convirtió en un instinto de proteger la pistolera. el arma sólo estaba cargada en cinco cámaras. Entendía de armas. Los botones se rompieron y también el tejido. de no dejar que él la descubriera. El percutor protegido no se le enredó en la lana del jersey. y mientras su cuerpo se arqueaba esforzándose por mantenerla aprisionada ella dio un tirón al arma y notó que le golpeaba los músculos del estómago. Arlette respiró con esfuerzo. Él la soltó y retrocedió de un salto. y el bonito resorte le entregó el arma tal como se suponía que tenía que hacer. que lo decía de verdad. Habría disparado porque no podía respirar. el seguro fuera y el percutor en la vacía. quería demostrar su fuerza. y a todo. esperando que un sencillo gancho se abriera. Estuvo eternamente agradecida por esto. pero al hacerlo aflojó la presión de la mano izquierda un momento que fue suficiente para que ella. pero la de ella llegó a la pistolera. pero él intentaba romper las sólidas hebillas. con un tirón frenético. Como le habían enseñado. ella casi podía oírle pensar «¿qué es esto duro?». se quedó quieto. sin duda alguna. paralizarla y asustarla con un golpe certero. En segundo lugar. ¿qué es? Giró la mano y le bajó los pantalones de un golpe. él no notó la pistolera. Pero el cinturón de la pistolera aguantó y le desconcertó. Se inclinó hacia adelante y sacudió la pistola. Arlette no podía morder o ni siquiera respirar. y una nueve milímetros de cañón corto que te apunta de cerca no es ninguna broma. La mano izquierda de él se la retorció con crueldad. se secó el labio herido.

Llevó aire a sus pulmones. Bajó la escalera despacio. Ni se le ocurrió nada en absoluto. sin dejar de apuntarle con la pistola ni un momento. Él no dijo nada. los subió. Llevaba el arma. Abajo.—Atrás. Allí estaban acostumbrados a los portazos. se acordó de guardar la pistola en su funda. Retrocede. sintiéndose como una estúpida. se puso de pie. Le temblaban los muslos. Ni siquiera se le ocurrió hacerse el duro. No iba a hacer nada. y un disparo sólo habría sido otro. Dio un portazo al cerrar la puerta de la calle. que todavía aferraba de un modo mecánico. en el vestíbulo. No importaban las bragas. pero no se es tan estúpida cuando el contrincante también lo parece. con un horrible deseo de disparar y ver la bala aplastarle contra la pared como un escarabajo en un charco de sangre y tripas. para poner un pie delante del otro y evitar que aquellas estúpidas piernas no se doblaran y le hicieran caer de narices. colgando tensa al costado. —Palpó el enredo que tenía en las rodillas. encontró trozos de pantalón. juzgando mejor no hacerlo. Atrás. no iba a entretenerse vistiéndose. remetió los pantalones rotos bajo el cinturón de la pistolera. Parecía que tenía las piernas dormidas y se detuvo a frotarlas. con aspecto de estúpida. Intentando controlar la respiración. . No se encontró con nadie. Le dolían y le fallaban como las de un esquiador sin práctica.

—Incapaz de explicarlo. Se limpió la saliva con la manga. y abrió. siéntese. Era como salir a cubierta en un ferry del Canal en una travesía difícil. Se incorporó y se tambaleó. plantados muy adecuadamente para este propósito por la municipalidad. porque reconoció el pequeño centro comercial del Maille Cathérine. Tengo un diploma de . se acercó para atisbar mejor en el oscuro callejón. y luego ir al hospital. tengo que volver a cerrar… —Se habrá largado. frunció el ceño. Se inclinó sobre unos arbustos. Había una chica sentada en la parte de atrás de una tienda. Una o dos luces todavía estaban encendidas. —¡Seigneur! Vamos. pero tenía que caminar. No se les puede dejar escapar. La ropa está destrozada. Hemos de denunciarlo enseguida. Un momento. ellos ni la miraron. quiero decir. —Estoy bien. no me ha penetrado. Nunca le cogeremos por aquí. pero no le hicieron caso. Descorrió el cerrojo. miró otra vez con más atención. Los ojos de la muchacha se abrieron de par en par cuando vio la pistolera. Entre. Sí. lo tengo fuera. —¡Lleva una pistola!…bueno. haciendo números. que he conseguido escapar. le han dado una paliza. Cerraré con llave otra vez. entre. Lo siento. Junto a ella pasaba gente.31 Entre Jerusalén y Jericó El aire de la calle era tan fresco y penetrante que Arlette se sintió mareada. ya lo veo. No sabía dónde estaba ni dónde había dejado el coche. pero tardarán media hora. después no se lo creen. sé que suena horrible. se levantó la chaqueta. —No. La chica levantó la vista. No llevaba ningún pañuelo. y vomitó. mejor para usted… Es policía… está bien. giró la llave de la cerradura de arriba y de abajo. negó con la cabeza. Pero no se veía a nadie. el hijo de perra. Levantó las cejas. se levantó. pero tenemos que hacer inmediatamente un examen vaginal. Pero gracias a Dios no vaciló. quiero decir que no lo ha hecho. Sí. Si no va. Debía de estar en la dirección correcta más o menos. —Tiene sangre en la boca. Como la joven dama de España. Por suerte estaba oscuro. Telefonearé a la maldita policía. No tenía nada que vomitar. Yo… le he asustado. Entiendo. Tenga. con la cabeza gacha. No importa. No voy a hacer preguntas. Arlette llamó al cristal con el puño. —¿Qué ocurre? ¿Está enferma? —Me han violado. dijo «Está cerrado». Y otra vez y otra vez y otra vez. Puedo llevarla en coche.

una cosa pequeña. pies pequeños en grandes botas. Con dedos aún tensos remendó las bragas y se las volvió a poner. para la cara. puedo arreglarle los pantalones. Soy hábil con los dedos —con humildad. —Puede estar segura. fuerte y con mucho azúcar. tornos de hilar. —Me parece recordar —turbada— que los samaritanos originales también lo eran. el lavabo está detrás suyo. Lana para tricotar. En la tienda. —No es nada. Me apretaba la mano contra la cara. —Si necesita lavarse. —Algodón y alcohol de noventa grados. inundada de gratitud. Nadie quería saber nada. Annick tenía la vista bajada. quiero decir. me refiero. Verde y con menta. Pondré a calentar el agua. Pero una nunca es lo bastante fuerte. bastidores para bordar—. hirviendo en un gran tazón con la inscripción «Annick». Soy fuerte. Me lo he hecho con mi anillo. —Té árabe. Una maraña de objetos decorativos. —Yo me habría meado encima —fue lo único que dijo. notando cómo le bajaba. Mechones de pelo negro en bucles recogidos atrás. Era medio árabe. Hecho hábilmente olvidado. —Samaritana árabe. —Lamento haber armado tanto alboroto. —Qué suerte ha tenido de llevar el arma. la máquina de coser zumbaba. Lo que ha de beber es té. Una pausa.primeros auxilios. sin forma. No debe beber alcohol. —Eres una samaritana. Gentil y muy amable. —Arlette no había mirado la tienda. Tengo todo lo que necesita. —Si quiere —dijo Annick tímidamente—. Al cabo de un rato consiguió sacarse las medias rotas. una boca sonrosada y tierna. Se lo bebió con calma. . Del tipo que venden en las tiendas de recuerdos de Bretaña. Lo era tanto como había dicho. y nadie me ha ayudado. delgada como un gorrión. materiales para costura. poniendo una cremallera nueva. observando cómo volaban las ágiles manos profesionales. bebiendo té. Annick le dio una aguja e hilo. Estaba cómica con su vestido de lana ancho. —Las mismas palabras de Corinne. —Tenga. bordados. Jaulas de mimbre para pájaros con brillantes loros de fieltro de colores. ojos enormes tremendamente pintados. de bonito contorno. con mucho azúcar. El té no tardará un segundo. cuán bien le hacía. Arlette permaneció sentada envuelta en una sábana.

venga a comer algo conmigo. yo no. Tenga. —La chica no dijo nada. —Sabe. Mejor. No quiero que lo sepa. ¿Dónde tiene el coche? —En alguna parte. Mi esposo armaría un escándalo espantoso. Aunque son buenos. —Me va muy bien. y voy a tomar una pizza o algo así. Era exactamente igual que los días anteriores a Arthur. si puedo decirlo. Le divirtió el contraste con el relamido y pálido Lancia. Se enfadaría. mordió el hilo y le hizo un nudo con una mano. O sea que fue algo simbólico. —Entonces. Como nuevos. Diría que ha sido culpa mía y tendría razón. y ser llevada . porque él tenía miedo. por aquí. —Vamos a comer algo. No iba a correr a Arthur otra vez. Es una lástima perderlos. Y están casi nuevos. Su aguja parecía ir tan rápida como la de la máquina. y un buen trago. casi todas estas noches trabajo hasta tarde. Sólo las llaves del coche. —Te seguiré. y llorar un poco. —¡Yupiii! —exclamó como una niña pequeña. —Apagó las luces. El Dyane es una versión más potente y más lujosa del Citroën 2 CV. para decir que se había metido en otro lío. Encontraremos algún sitio. —Arlette se levantó y se los puso. —¿Puedo conducirlo? —Claro que sí. —Tengo que poner en orden mi libro de cuentas. Los ojos de gacela de Annick se posaron en la pistolera pero no dijo nada. —Conduciré despacio. dio la vuelta a los pantalones.—Sólo puedo decir. —No seas boba. Necesita meter algo en el estómago. o se lo ha robado? —No. Sólo que no tengo nada en casa. Te seguiré en el Dyane. —Iré con cuidado. —¿Llevaba bolso. —El suyo estaba ante la puerta de al lado. —Esto ya casi está. Digo. bajó la persiana—. cerró la puerta con llave. —Conozco un buen sitio en Schiltigheim. ¿tiene algún medio de transporte? ¿Puede conducir? ¿Se va a casa? —No. un Dyane verde esmeralda como un lagarto.

beber mucho. Yo puedo hablar un poco de provenzal. Tenía que salir de ésta ella sola. Pobre Arlette. Esa está bien —inclinándose sobre el menú y dándole unos golpecitos—. provenzal y español mezclados. «El Pirata Genovés». . es práctico. pensando que yo no podía seguirles. Arturo. —Una gran yegua rubia blanda y tonta. No sabía hablar italiano. Robert. Annick aparcó como una pluma. y empezaron a decir cosas realmente asquerosas. Calle principal de Schiltigheim. Podía haber tenido ojos azules y espaldas de minero. fruta y cadáveres en la bodega». suavemente surcan mares modélicos»—. viendo la manera de vengarse y divertirse al mismo tiempo. —Como yo. Parece falso. sin arañar los neumáticos en el bordillo. Norma se había ido y era libre. —¿Tomamos otra pizza. había disparado al coche. —Arlette se rio. pensó Arlette en la parte Davidson de su mente: «El infierno les hizo inclinarse hasta que se balancearon. de árabe. Y mañana todo tendrá sentido. vaya. agua. profusamente iluminada. piénselo. Era obvio. pero su mente hecha un lío. una distinta? ¿O unos spaghetti entre las dos? —«Pero ahora. lo que ahora necesito es hincarle el diente a una buena comida sana.a la cama con una tisana después de rugir un poco y de mucho «ya te lo decía yo». Pero la pizza es real. pero lo que sí hablaba era la antigua lingua franca levantina. con redes y flotadores de cristal. Sangre. —Sí. Así que haz la guerra al saco. ¡Finocchio! Gran fiasco clásico — Arlette rápidamente se puso de buen humor. la muchacha no era nada sentimental consigo misma. —Nací en Constantina. Mi padre era polaco de Sidi Bel Abbes. metido la bomba en el buzón y esparcido sangre y entrañas ante la puerta. no a esa «exquisita» pata de pavo que hay en casa. corchos y botellas forradas de rafia. Comida italiana. y luego ir tranquilamente a casa y meterme en la cama a descansar. —Los hombres —dijo Annick— dirían que da lo mismo cuando se lleva un saco sobre la cabeza. pero oh. Eh. porque Annick se animó después de dos tragos. chico. Lo que se supone que es mi cerebro se retorció antes de que lo hicieran mis bragas. no decirle nada a Arthur. Árabe por los dos lados. —No se preocupe. Arlette fue más torpe. Y sobre todo. Su humillación y su estupidez ya no eran importantes. como en todos los demás. ¡los dos se quedaron enredados! Annick tiene razón. confundida con la tontería de Marie-Line y sus propias fantasías de gangsters que se deshacían de Albert Demazis. y yo me puse a decir cosas aún más asquerosas y se quedaron boquiabiertos. Un día había dos policías.

—De veras que no lo olvidaré. —Claro —dijo Annick—. Lo otro ya está borrado. Sólo se recuerda al samaritano. Utilice nuestra tarjeta de crédito. pregunta que la muchacha tuvo la prudencia de no hacer. —¿Lo otro está borrado? —alzando la ceja pintada de un modo extravagante. . Como nosotros. Agujas. —Ya sabe dónde encontrarme —dijo Annick cuando salieron—. Ciao. Nadie recuerda a los ladrones. Esto no. Se hacían esfuerzos. —El tipo que fue a Jericó. todo lo necesario para mantener ocupada a la mujercita e impedir incluso que piense. hilo. siempre buscando nuevos servicios que ofrecer a los clientes. Era la respuesta a la pregunta de por qué ella estaba deambulando por Hautepierre por la noche con una pistola encima. Cayó en manos de los ladrones.Sí. Son unos grandes almacenes de París.

—Bien. muy por debajo del límite de velocidad. De todos modos. estás demasiado alegre. Soporífero. Marie-Line: esa gran tonta. —No.32 El desagradable accidente Incluso Arthur. que podría haber estado inquieto. La Rue de l’Observatoire. Un puercoespín delgado y activo. más bien. y podía ponerse muy desagradable si ella salía por la noche sin que él supiera adónde iba. sabes. estuvo correcto cuando le telefoneó. bulle de actividad universitaria durante el día. —¡El austero y exigente profesor de sociología de Burdeos! —Como un erizo. con grandes mentiras acerca de su caballo de madera. que te diviertas. Se podía trazar una línea debajo de Robert. pero no es demasiado turbulenta por la noche. habría pensado yo. —Lo siento. pues. Una discreta investigación en Chez Mauricette. —Otra vez trompa. pero era mejor no preocuparse más por ello. Aquella chica. Conducía de regreso a casa. Habría que ir un poco más lejos en eso. —Sí. yo me quedaré dormido en cualquier momento. escrupulosa con las luces rojas. O no. —Te lo contaré cuando llegue a casa. De margen a margen. Albert Demazis: un irritante manojo de cabos sueltos. atajo entre media docena de diferentes facultades universitarias. sí. posiblemente con el estímulo de la brigada de artistas falsos. —¿Qué significa exactamente que las cosas se han complicado? —Bueno. Françoise… Llegó a la Iglesia de Saint-Maurice. —Ah. no creía que ninguno de los dos quisiera saber nada del otro. no. Higos. ya sabes. Me he ido a la cama con Jacques Ellul. lanzándose fieramente. monumentalmente correcta (demostrando que no estaba del todo sobria). se enroscan y tienen pulgas. se preparó para girar a la derecha. las cosas se han complicado. por lo que oigo. No te sorprendas si suelto un eructo. y helado de cassata. atiborrándose de comida italiana en Schiltigheim. Chicas juntas. y grappa. Ha hecho reír a la tripulación y ha olvidado el rumbo. el marinero calvo y hablador. sobria. era casi seguro que había estado traficando en palfium y librium y cosas similares que los médicos recetaban con demasiada indiferencia. en la cama. .

en la mano. . Ahí estaban. y él la rodeaba amorosamente con sus brazos. el asiento trasero del Lancia es una cosa íntima. Parecía haber tres hombres. Maldita sea. el que la sujetaba en la parte de atrás. no grite. debían estar aún en la cerradura de contacto. El coche no subió la rampa del Pont d’Anvers sino que giró a la izquierda por el canal. y llevaba puestas todavía las gafas de conducir. y el pánico se apoderó de ella. ni siquiera lo suficiente para poner en marcha los limpiaparabrisas. No era Robert ni sus amigos. algo muy torpe puesto que pronto estarían manchadas de lluvia. No arme escándalo. Parecía haber varios Roberts. y estaba demasiado pasmada para gritar. Palpó en el salpicadero. pero no pudo gritar más porque una mano le tapó la boca que también se la había lastimado Robert y una voz baja y decidida dijo: —No grite. en realidad. la enderezó y la sujetó con fuerza con ambos brazos. Estúpida. El que la sujetaba abrió la parte posterior del coche y la empujó adentro. no de una manera horrible como Robert. apenas lo suficiente para unirse a una bruma ligeramente alcohólica de bienestar. Se la había lastimado Robert. —Le dolía demasiado para pelear. Era más bien un trabajo. Si Arthur estuviera allí estaría dando golpecitos con el pie y poniendo aquella cara de indulgencia tan masculina que significaba «tontas mujeres en coche». Fue su propia lentitud.Estaba lloviendo un poco. con la sorpresa inicial y la desagradable sensación de que pasaban otra vez la misma película. ¿Qué se hacía? No podía apuntar a los tres. Era de suponer que se podía intentar con el que estaba más cerca. Esto. Esto no parecía una violación. La voz suave dijo: —No le haremos ningún daño. No le habían hecho daño. Por un segundo pensó que era Robert. la ligera borrosidad en la visión y la atención. preguntándose por qué demonios no se quitaba las gafas. Ella entró tropezó y se agarró al asiento. El motor caliente se encendió al instante. Rebuscó en el bolsillo para encontrar las llaves de casa. Muy cerca. Otro apagó la luz interior… ¿o eso ocurrió antes? Ese era el que había entrado muy rápidamente en el coche desde el otro lado y había cerrado la portezuela de golpe. El que había hablado tenía una voz educada. era tan sólo que tenía la muñeca y la boca resentidas. pensaba que eran las llaves del coche. No pasa nada. haciéndole mucho daño. sin duda. y dos delante. pero presumiblemente. así que gritó. Alguien mucho menos indulgente le agarró la otra muñeca. El coche cogió velocidad. era seguramente el momento de hacer algo con el arma. lo que lo hizo todo tan brusco. La cogió como si fuera un paquete. Le torcieron el brazo y se lo tiraron hacia atrás. Examinó el coche como de costumbre para ver si quedaba algo detrás que pudiera atraer a los ligeros de dedos. —No pelee. El que la había empujado se sentó en el asiento del conductor. y de una manera suave y sin prisa se encontraron en el cruce del Boulevard de la Victoire con la luz verde y torciendo a la izquierda hacia la Rue Vauban. rápido y fácil.

—Diga mmm-mmm-mmm —dijo la voz de delante. puesto que no serviría de nada. ¿Algún tejido? Obtuvo la respuesta cuando le quitaron las gafas. Habían pasado por el barrio del Conseil des Quinze. y cuando la mordaza estuvo en su lugar se aseguró de que no le obstruía la nariz. un coche grande con un motor suave y ruedas anchas que frotaron la superficie que ellos habían dejado. dando sacudidas cuando dejó la calzada. Como los ventiladores ya no funcionaban. Bueno. no tendrá oportunidad de utilizarla por un rato. El hombre era alto y fuerte. Quizás estaba al final de la Rue Melanie. Ella no tenía ganas de pelear. Se le ocurrió entonces mirar por qué se retorcía tanto. Ella no podía ver nada salvo una vaga impresión de campos y árboles. La pongo en la guantera. Querido hombre. y se preguntó si estaría viva para preocuparse por esto. El hombre de delante estaba ocupado desgarrando algo. Ella obedeció—. Apenas podía ver nada. y le colocaron un ancho parche adhesivo sobre los ojos. —¿La tiene ahora? —dijo la voz desde delante. El hombre que la sujetaba gruñó como antes. tenía las gafas muy sucias. Dámela. cerca del Château de Pourtales. oyó un coche que rodaba muy despacio. Ella lo notaba. el conductor había abierto su ventanilla para que entrara un poco de aire fresco. —Lleva un arma —con indiferencia. por el fino vello de las orejas y las sienes. en tono agradable. que parecía ostentar la autoridad. ese temor ahora la había abandonado. No había necesidad de repetir ninguna instrucción. Bien. le cerró las mandíbulas. y su mano grande tocó la pistolera. una mano ligera le tocó las mejillas y las ventanas de la nariz. Dos o tres esquinas más la extraviaron por completo. —Eso será suficiente —dijo la voz de delante.—Le he dicho que no se mueva —dijo él. No es una pareja que hace el amor. con brusquedad pero no brutalmente. bastaba una mano para sujetarle ambas muñecas y su cuerpo. sea curioso por una vez. bueno. Y en este momento. le imposibilitaba recular o resistirse. Sólo es para impedir que grite sin necesidad. quizás era algún tipo de señal. el oído aguzado por la ceguera. divertida—. El coche se detuvo. buen hombre. . Le colocaron el siguiente adhesivo con más cuidado. —No pelee y no le haremos daño. El conductor encendió y apagó las luces dos veces y las dejó apagadas. que la tenía acorralada. No querían que se asfixiara. calles iluminadas sólo en los cruces y que ella no conocía bien. cruzado el puente sobre el canal al otro lado de la Orangerie y torcido a la derecha hacia las callejuelas del Robertsau.

unas cuantas lágrimas calientes detrás de la venda de los ojos. Ahora piense en ello. El brazo herido parecía estar roto por la fuerza que ella había intentado utilizar para tirarlo hacia atrás. Yo no pierdo el tiempo y no me gustan los problemas. Si no. ni un sádico. la encontrarán por la mañana. Escuche con atención. pues. Usted me está causando problemas y no quiero tener más. Piense. no está atada muy fuerte. a fondo.Los tres hombres estaban callados. El aire fresco entró en una ráfaga. Deme su mano. Como respuesta sin duda a su señal. algo que se desenrollaba con un sonido chirriante. pensó. ahora tendrá tiempo de pensar. Ha sido advertida. Cinta aislante. cuando no hicieron ningún movimiento. apenas se notará. . Una pequeña explicación. —Bien —dijo la voz autoritaria—. Ni siquiera estará aquí mucho rato. el coche se detuvo. se preguntó por qué no terminaban de atarla—. »Muy bien. una sombra de un último gemido detrás de la mordaza. —Esto es todo —dijo la voz. La herida no será permanente. El coche redujo aún más la velocidad. Le colocó una bola grande de algodón sobre la palma de la mano y la cubrió con una generosa tira de esparadrapo. Los tres habían bajado del coche. Se estará preguntando qué significa todo esto. e intentó gritar. En realidad. No soy un bruto. Lo que sigue se lo demostrará. pero sólo produjo un mmm-mmm e hizo que le dolieran los oídos y la cavidad nasal. ¿Lo ha entendido? Responda con la cabeza. se lo cogieron y se lo pegaron a la pierna como el otro. No la vamos a matar. es posible. Un poco detrás de ellos. algo que no me sirve de nada. Aunque usted la recordará. El hombre lo había preparado todo. Uno le sujetó la muñeca y le mantuvo la mano firme. Estaban preparando algo nuevo. Oh qué bien. »Ha estado metiéndose en los asuntos de otras personas. Eso simplemente llamaría la atención. penetrando a través del entumecimiento—. impidiendo que se desmayara. El otro la cogió con fuerza por las puntas de los dedos. Con inocencia. Con una repugnante sacudida de desilusión se dio cuenta. le abrió la mano en el respaldo del asiento y le hizo dos cortes en la palma formando una cruz. Al dolor cegador siguió una gran aflicción. El corazón le dio un vuelco y emitió un sonido lastimero como el de un perro herido. Había venido a recogerles. Piénselo a fondo. inútilmente. ni a secuestrar. Pero no fue una buena idea. Ella se inclinó con la cabeza sobre los brazos. No disfruto infligiendo daño. de que era el coche de ellos. Ella oyó que el motor se paraba suavemente. —El hombre que estaba junto a ella todavía le sujetaba la mano derecha. Entonces sí peleó. aunque por su propio interés le recomiendo que lo intente. Esto no es más que una advertencia para que lo deje. es curioso. Si no consigue liberarse pronto me sorprenderá. mientras le ponían la mano izquierda sobre la rodilla y le pegaban rápidamente la muñeca al muslo con cinta adhesiva. Una sola advertencia.

Al otro lado de la espesa niebla roja otras puertas se cerraron de golpe. cambió de marcha. Las puertas se cerraron con un golpe. .—Cuidado por donde pisa —dijo la voz ligera con calma. Estaba sola con el ruido del motor del Lancia que se enfriaba y el bombeo de su propia sangre. Arlette estaba sola. un motor aceleró. se alejó todo sonido.

y no hay mucha gente en la calle a las tres de la madrugada. La cabeza abajo. pero no llegaría muy lejos en una carretera desierta. inmóvil. Si frotas el borde con el otro borde. que estaba ida. Seguro que allí no había ninguna arteria. no sabía si todavía brotaba sangre. Pero había cosas más importantes en el mundo. Podía romper la ventanilla a patadas. Funcionó. Debía moverse. Tiene que estar más baja que el resto del cuerpo. las piernas arriba. Si se movía la sangre volvería a fluir. y aparte de estropear el coche. ¿serviría de algo? ¿Vendría alguien y vería unos pies agitándose fuera de la ventanilla? Ayúdate tú misma. Pero tiene los bordes duros donde está pegada al tejido de los pantalones desagradablemente sucios. salvo que… sí. y empezaría la coagulación. Puedo bajar la cabeza hasta los muslos. porque si caía entre los dos asientos no podría salir. Le pareció que no. Moviéndose lenta y tímidamente. de un modo alarmante. ¿Tan tarde es? ¿Había perdido el conocimiento? Examinándose el cuerpo. . La palma. Su mano no era más que un lío pegajoso y húmedo. Y eso sería un comienzo. ¿Caminar? No. había mojado los pantalones. y pensando en ello. Haz algo. No tienes las piernas atadas. Baja la cabeza. Muy gradualmente. Deberías poder abrir la puerta del coche. No hacía frío. inclinada. Y Annick había trabajado mucho en ellos. Dios mío… ¿y si le habían cortado un tendón? Quizá nunca pueda volver a utilizar mi mano derecha. ¿De qué serviría? Podría no ser tan fácil como parece. pero mediante repetidos esfuerzos de la cabeza y cuello la cinta adhesiva se enrolló hacia atrás. Con cada momento que pasaba se iba quedando más aterida. caminar no: ¿caminar con las muñecas pegadas a las rodillas… lo ha probado alguna vez? Podría cruzar una habitación. poco a poco. vacía. Lástima de pantalones. parecía que no había pasado nada. Como su cabeza. salir a la calle. más entumecida. Fue mucho más lento y más laborioso que un perro cuando se rasca o un gato cuando se lava. La cinta aislante es suave. pero ella tenía frío y cada vez más. el borde pegajoso de debajo de la oreja. La suave lluvia seguía golpeando en el techo. milímetro a milímetro. con el cristal de seguridad.33 Continuación del accidente desagradable Arlette no tenía ni idea de cuánto tiempo estuvo sentada. se tumbó de lado. No confíes en que lo hagan los demás. podrías quitarte esta mordaza. Será mejor que no pienses en eso. volvió en sí. Pronto se quedaría sin fuerzas. qué felicidad!. ¿O sí? ¿Eran muy profundos los cortes? Pequeños vasos sanguíneos… con un poco de suerte la constricción del esparadrapo en la muñeca y el tosco vendaje habrían detenido la hemorragia. y al fin ¡oh. muy despacio.

Lo que es más. Pero… no. y ahora sólo era cuestión de tener paciencia y relajarse. con una mano derecha inutilizada envuelta con pegajoso esparadrapo. está el Hospital Saint-François. justo antes de salir a la High Street del Robertsau. La balanza estaba equilibrada con demasiada precisión. Sólo eran las dos y media. y cada vez regresaba a los mismos cruces. y mordiendo la cinta adhesiva que le rodeaba el muslo izquierdo con muchísima paciencia al fin liberaría su mano izquierda. moverla. puesto que ninguna de las respuestas serviría de nada. Esto fue lo peor. Algunas veces uno estaba demasiado relajado. Esto era interminable. pero podría mantener las cosas más limpias. Poner en marcha el coche. Cuando se acercaba. Sí. definitivamente ésta era la Rue Melanie. Menos de la que te sacarían si fueras donante. pasando por calles que le parecían vagamente familiares y luego resultaba que no lo eran. Con unas cuantas maniobras más consiguió poner la segunda marcha. Arlette. vas a llevarme a casa en segunda. pero tenía libre la mano izquierda. pero también dio resultados. Arrodillándose en el asiento del conductor. pero cambias las marchas con la derecha y la tienes inutilizada. estaba mareada y la cabeza le daba vueltas. pero nadie vio nada digno de atención en un pequeño coche que circulaba despacio. y se dijo que toda aquélla inmensa cantidad de sangre era probable que sólo llenara una taza de café. hermoso pequeño Lancia. Todavía estaban en la cerradura. utilizó el esparadrapo que se había quitado de la boca y los ojos para reforzar el vendaje. salió a su pacífico y familiar Boulevard de la Marne. En la carretera principal aún había juerguistas. La mano debía ser examinada por un profesional. Trató de utilizar el sentido común. mujer. A la larga. No quería que le hicieran muchas preguntas. Al final de la Rue Melanie. Arlette cruzó el gran puente de después del Palais de l’Europe. Lo prioritario era llegar a casa. pero ahora volvía a tener dientes. No había nadie a pie en la Rue de l’Observatoire. Hubo otras muchas dificultades. No serviría de nada. pero no iba a gastar energía gritando. gritar. Adorable. y ésta liberó los ojos. Cuando llegó a mitad de travesía tuvo que hacer marcha atrás. y algunas veces no lo suficiente. Se habrían llevado las llaves y las habrían arrojado a los arbustos. Y ahora puedes moverte. conectar los limpiaparabrisas. Tenía la boca magullada y sucia por los restos de materia pegajosa. ¿Y ahora qué? Puedes conducir con la mano izquierda. Le asustó pensar que había perdido mucha sangre.pudo respirar por la boca. Ahora estaba completamente libre. Esa parte de la lección la había aprendido. pero al fin consiguió deshacer el ovillo y sí. vas a conducir este coche. Respiraba pesadamente. Como una maratón. creía que debían de ser las cuatro al menos. encender las luces. a la puerta . giró para bordear la Orangerie. No. Dios. ¿La arrestaría la policía por estar borracha? Dio muchas vueltas. quitó el freno de mano con la mano izquierda. Y le harían muchas preguntas. La caja de velocidades gimió y chirrió.

tan pálido y tembloroso. queriendo hacer diez cosas a la vez. chasqueó el labio inferior con los dientes al verle la mano. —Té —dijo. y se sintió mejor. Encendió las luces. —No hables tanto. —Es horrible. —Manchará las sábanas. y regresó al cabo de diez segundos con una botella de alcohol. Quiero ducharme. no lo toques. sabía que no podía estar enferma. No. pero parece que ha dejado de sangrar. No té árabe. ¡Ni una sola pregunta! —Ayúdame a equilibrarme —vacilando en el suelo del cuarto de baño—. —Ayúdame a sentarme. me he meado en los pantalones. más bien. ¡no le importaba! Lo único que necesitaba ahora era a Arthur. —No. le trajo éste. Igual que la mayoría de las mujeres. pero ella ni se inmutó. o quizás era pura coincidencia. un coche que estaba aparcado se alejó. es espléndido… Ahhh —soltando el aliento con fuerza. Me lo tomaré a sorbos. ayúdame a desvestirme primero. pero bebió un poco. Ayúdame. Le quedaban fuerzas suficientes para subir la escalera. quizás. no se les puede reprochar cuando el suceso es grave. . Echó un vistazo a su mano. Super-Ceylon de Lipton. aunque el tuyo me ha hecho todo el bien del mundo. —Claro. Él estuvo fuera de la cama y de pie con sólo oír el tono de voz de Arlette. siempre masca o mordisquea. Té inglés. Trae una funda de almohada vieja. Los esposos acaban mucho más enfermos. le puso almohadas debajo. Arthur! Por muy despistados y carentes de coordinación que los ingleses puedan ser en los pequeños asuntos cotidianos. Quizás habían comprobado que llegaba a casa. Travis McGee se sienta en baños calientes y bebe ginebra helada. y todas bien! Ella sentía lástima por él. No quiero tocarlo ahora. O darme un baño. ¡Pobre hombre. —¿Está demasiado caliente? —Sí. Una cosa que sin embargo él pudo controlar fue su lengua. ¿Te has fijado?: la gente de Newsweek siempre bebe a sorbos. se las pusiera y echara un vistazo. Annick querida. no irá bien. Arthur. No. denso como la sopa. Igual que nunca come. La acostó en la cama. antes de que encontrara las gafas. Ella le hizo una seña débilmente con la mano izquierda diciendo que no.de su casa caminando como borracha. —Un remedio inglés para todo salvo la muerte. —Esto también tiene que beberse muy caliente. Instintivamente. Ay. pero déjame. —¡Arthur. o la leche.

¿No había nadie para llevarte al hospital? —Yo no quería ir. —No me importa el coche. por favor. se limitó a afirmar con la cabeza. Quiero dormir en mi cama. o un borde de metal o qué? —No. —Los labios de él formaron una línea horizontal. primero quiero decirte que te quiero. Arthur apareció enseguida. Dime lo que quieres. Quiero un camisón limpio. La herida estaba abierta y tenía un feo aspecto. —Tienes arañazos en los brazos. —Bien. el coche está bien. —Mantenla alta. cariño nada de policías. La mano fue vendada y el brazo colocado en un cabestrillo. ¿Ha sido el parabrisas del coche. Consiguió salir de la bañera y quedarse de pie. por favor. He visto demasiados últimamente. —Lo siento. la sentó en el retrete y la ayudó a levantarse. No parece que haya nada roto. —Cariño. Está bien. para ver si hay algún tendón cortado. —Pero ¿quién te ha puesto el vendaje? Tosco pero por suerte bastante bien hecho. Durmió hasta mediodía. y no tienes heridas internas. Había puesto un almohadón en el borde de la bañera. ¿Quién te ha traído a casa? —Ahora que ya no estaba tan preocupado. te lo prometo. Se sentía vivificada. El calor del baño estaba produciendo algún efecto en la circulación y le sangraba. —Arthur. muy despacio. Todo estaba bien. y abrir los brazos. Ella lo lamentaba muchísimo. Arlette tenía los sentidos . Se levantó para ir al lavabo y no todo estaba bien. y también en el cuello. las compuertas se habían abierto. —Quiero mover la mano. no le importaba. Primero quiero decirte que no tienes que preocuparte. sí. No quiero ningún médico. tiene los ojos de color ginebra. vamos a echar un vistazo a eso —acercando más el taburete. Consiguió decir: —Otra cosa. No. —Se sirvió un buen vaso de whisky. estaba muy mareada y se tambaleaba. El letargo total estaba llegando ahora en grandes olas galopantes. Sólo estoy muy nerviosa. y dejarse secar. Hubo mucha respiración pesada durante el proceso de desvendado. Te lo contaré en cuanto pueda. Mmm. todo eso estaba muy bien: había allí un rostro lleno de inquietante obstinación británica. cruzó las piernas y examinó a Arlette con atención. Lo único que te pido es que no dejes que me quede dormida en la bañera.—¿Qué se puede esperar?. y no romper las costuras del camisón limpio.

Ha perdido mucha sangre. Es probable que deje cicatriz. Las puertas estaban abiertas. falsamente alegre. ¿Cuándo le dieron la vacuna del tétanos por última vez? Mire. estás despierta. o hígado. café. si lo prefieres. la puerta del cuarto de estar se encontraba abierta. Enséñemelo. maldita sea.extrañamente alerta. No trascenderá. . —Ah. supuso ella. —El médico apareció. Tiene un aspecto bastante feo. Se curará bien. disfrutando bastante con esto—. Espléndido. Las cortinas estaban corridas pero ella miró. —Un médico. sólo estudiante. Estaba anocheciendo. volveré esta noche. para oír si su esposa gritaba o tenía alguna pesadilla. ¿verdad? —Sí. ¿has traído más amiguitas para que las conozca? —Ah. No entró con falsa alegría —no era su estilo— pero daba igual. asegurarnos de que puede recuperar todo el movimiento. Estese quieta y mantenga la mano quieta. Realmente tuvo que echarse a reír: una de las amigas de Arthur… —No soy médico. ¿eh? Es igual. Comió como un lobo y se quedó dormida otra vez. Él no dijo nada cuando regresó. se notaba un olor raro. Tengo una visita para ti. He traído de la farmacia hemoglobina y demás. Sí. Estaba delicioso. pero hay esperanzas —tocando con dedos suaves—. Podía oír murmullos y oler el humo de un cigarro. No digas nada. ¿Quieres un poco de café? Tengo un magnífico filete para cuando te apetezca. si hubiera ido a cirugía habrían armado un escándalo. tomates. Era una chica joven. Era el comisario de policía. Arthur. ¿Te sientes con ánimos? Habría debido saberlo. O sea que es práctica ilegal. —¿Quién está ahí? —como si se tratara de un ladrón. Trajo huevos revueltos. —Oye. Y Arthur conspiraba otra vez. Él apareció enseguida. —Fue una hoja de afeitar. Coma carne cuando pueda. Sólo: —¿Puedes comer? —Claro que sí. y le daré una segunda opinión. me has pillado. La discreción está asegurada. Tendremos que vigilarlo. —Arthur —gritó. Bueno —con cierto placer.

me dio a entender muchas cosas —dijo Arthur en tono de disculpa. Un médico. Pero tengo que saberlo todo. puede que la juzgaran mal. —Sí. »Digámoslo así.34 La policía judicial —No le molesta mi cigarro. Es una variación de una vieja ley que aparece en las películas de gángsters de hoy en día. —Habrá una o dos invasiones a su intimidad. Una mujer. Mi coche lleva un Esculapio. —Por cierto. que es por lo que estoy aquí. le aseguramos protección. tenemos que efectuarle un buen interrogatorio para averiguar qué es lo que sabe y lo que no sabe. En eso. por si no lo ha entendido. Se trata de profesionales. Es muy posible que no sepa de qué se trata. si es posible. lo que hicieron fue sólo medio hábil. junto con la manera como te comportaste. . —Pondré eso —dijo Arthur— que dice que Miss Otis lamenta no poder cenar con usted esta noche. Es conocida como la croix des vaches. con una operación profesional. Lo haremos aquí en su casa. Nadie sabe que estoy aquí. ¿De acuerdo? Y dos. Tampoco buenos profesionales. —La han marcado en la mano con una cuchilla de afeitar. Va conectado a una grabadora. Ella miró a Arthur. Lo cual nos dice muchas cosas. sospecho. —No es necesario. y el hecho de que el coche no tuviera ninguna señal. otra cosa. cuando pueda. así como intervenir el teléfono. ¿verdad? Bueno. la pequeña insignia con las serpientes. y se hace en la cara de la gente que ha hablado demasiado con los policías. Ah. Dos conclusiones. Y. Ellos pensaron que sabía más de lo que en realidad sabe. —Esto. Ha tropezado usted. como comprenderá. De todas maneras. quizá por accidente. tenemos a alguien aquí. Las amiguitas que estudian medicina están bien. No necesariamente del tipo que sale en el cine. creo. Y notifíqueme enseguida cualquier cosa extraña. Me gustaría hacerlo con mujeres. Esto ahora pasa a los profesionales. pero déjelo conectado para grabar. Ya sabe. Dígaselo usted. ¿de acuerdo? Sólo por si la están vigilando. por cierto. pero sí lo estará dentro de uno o dos días. Arthur miró al comisario. pero no queremos correr ningún riesgo. responda al teléfono con normalidad. —Luego. relájese. Quizá pensaron que usted era una aficionada desesperada y que produciéndole una gran cicatriz abandonaría el asunto. ni nadie lo sabrá. haré venir a un médico. Ahora no está en forma. ¿De acuerdo?». Se lo repetiré.

Ni siquiera pienso que haya huellas de pisadas… recuerdo que dijeron algo así como que debían de tener cuidado con eso. Pero no creo que pueda decir exactamente dónde. veremos. —Con voz vacilante le contó lo de MarieLine—. No lo admitía por demasiado melodramático. Por cierto. ¿quiere. En vista de lo que ha ocurrido. —Sí. Me metieron en el coche —dijo ella. Almorzó en la ciudad. ¿Esperaba algo? —No realmente. —Había historias de recetas robadas y falsificadas. se pondrán furiosos. — El comisario afirmó con la cabeza. —Exactamente. ¿Es probable que haya alguna marca en el coche? —Lo dudo… por la manera confiada con qué actuaron. nada sorprendido. e iba de noche a un barrio extraño. —De ahí la mano dura sobre su amiguita Marie-Line. —Mi querida muchacha —dijo en tono paternal—. porque reconocí la Rue Melanie en ambas direcciones. Además estaba lloviendo. Me gustaría saber si es probable que exista algún indicio de su aventura de anoche. me han dicho que llevaba la pistola. La llevé porque era algo diferente. las ocasiones en que se consigue algo por las huellas son la excepción.»De modo que no voy a molestarla hoy. Hoy en día. doctor Davidson? O es posible que lo roben… como coincidencia. Ahora. Considerarán que he faltado a su confianza. Traiga el coche. el doctor Davidson me ha estado hablando de algunas preocupaciones suyas. no soy capaz de decirlo. Bueno. es una prueba de tipo desfile de identidades. ¿tiene alguna idea de adónde la llevaron? —Algún sitio detrás de Robertsau. ni siquiera con mucho trabajo. Ahora. Un juez no le creería. —Y lo es. Los médicos. No estoy hablando de estar amenazado por todas las enfermedades que ellos mismos más temen. Él afirmó con la cabeza. —Sigo pensando en los narcóticos. no me relaciono con los médicos si puedo evitarlo. Pero ahora que usted lo sabe… ya me he metido en un buen aprieto. —¿Alguna posibilidad de identificar las voces? —Tal vez —con cara de duda. Estoy hablando de un grupo superprivilegiado que irá extraordinariamente lejos en la hipocresía y el perjurio para defender esos privilegios. —Creí que todo parecía de aficionados y que era en pequeña escala. —Entiendo. . Si empieza. No tuve oportunidad de acercarme.

—Y el borgoña era soporífero. También un ramo de flores. y ella no quería las brillantes visitas familiares. —¿Cómo te encuentras? —preguntó Arthur cuando regresó. algunos recuerdos sentimentales disfrazados con . Y los hay. Tómate la pastilla. Él salió y sacó la basura. —Mmm —dijo ella—. El bistec era un solomillo con hueso. y merecía algo mejor. Esto hace que el asunto merezca la pena. Lo que de verdad quiero es una botella de borgoña. cariño. ¿De dónde viene casi todo el material? Principalmente de Holanda.—Pero eso… quiero decir… si fuera profesional… —¿Cuál es la Regla Número Uno. Hablaron poco. una conversación sobre los viejos tiempos. después de sugerir con mucha delicadeza que le haría la cama y recogería la mesa. Usted seguía pensando que había dos asuntos diferentes. nada más. que trató de confiar en alguien y eligió a una mujer. se está fatigando. Puedo comerme el bistec. Un buen matrimonio y un buen hombre. Arthur había pasado una época muy mala. Intente pensar en ello. Fíjese en la situación geográfica de Estrasburgo. El material viene por carretera. Ese tren que va de Holanda a Italia… antes se hacían muchos chistes en este sentido. y no se lo acabó de creer. ése es el auténtico específico para la pérdida de sangre. Déjelo ahora. Muchos más hacia el sur y en la frontera suiza. Había berro y una taza de caldo. para animar a mamá con una demostración de solidaridad familiar. El bistec fue demasiado para ella. y en Alemania. volveré mañana. Ella se dio cuenta de que tenía una suerte excepcional. quizás he comido demasiado. para que no la pescaran. No distribuir en la zona donde usted misma opera. ¿Y era una buena idea aferrarse a la viudez como a un confortable viejo abrigo de pieles? ¿Era justo para los hijos? Ellos tenían su propia vida. En realidad no había querido volver a casarse. No hay una gran cantidad de narcóticos repartidos en esta zona. diría usted? Bueno. Lo está y siempre lo estará. estaba tan animado como si se hubiera bebido la botella. Allí los beneficios son mucho mayores. Tendrás que cortármelo. —Pastillas… te quitan el apetito. Además. y eso la confundía. Y cada vez más. Me duele la mano. Lo siento. un hombre que probablemente estaba involucrado en una operación delictiva y que por ello parecía desdichado. Investigando un poco al azar la venta de píldoras a los estudiantes tropezó con algo real. Tenía tuétano. Hemos registrado ese tren varias veces. No del todo. deprimida y probablemente restriñen. —Lo que encuentro digno de atención —dijo Arthur— es Demazis. El pobre Arthur se convirtió alarmantemente en el buen Arthur. Lo había hecho por razones malas y egoístas. el segundo. pero él no tuvo ningún inconveniente en terminárselo. —Pobre Arthur. Uno está solo. te dejan mareada. —Bien. —Bien.

Se miró las manos. su sencillez. de una manera letárgica. se quedaron con buenas chicas. incluso Demazis. Demazis. un matrimonio maravilloso. salud. absurdamente— no había confiado en ella. La paciente bondad de Arthur era tan real como su generosidad. Sin duda es del género idiota. siendo Arthur Davidson lo que era. Si hubiera sido un hombre la habrían matado. Siempre y de modo inevitable. la pequeña Marie-Line… qué solos estaban. fuera lo que fuese… . Ella tenía su pensión: dinero holandés. chifladuras y comedias para ocultar la desecación constante de una personalidad fértil. que se dio cuenta quizás al final de que no había una salida real. y si le mataron. Y ellos no tendrían que soportar ninguna tontería de mujer. ahora era asunto de la policía. se habría convertido cada vez más en el excéntrico profesor. Bueno. Todos muy felices. ma poule». el otro dudaba. Pero como el propio Arthur decía. pues por una vez podía hacerlo como era debido —ninguna mujer tenía idea de cómo fregar platos— puso en orden la cocina. Se llevaba bien con las nueras reales o putativas. Sí. Un hombre que siempre complicaba las cosas. amargada por los fracasos de su vida. se tragara la lección y sacara provecho. fregando platos y disfrutando con ello. ¿No habían sido bastante estúpidos los secuestradores? No. Sí. o esperaba quizá que le mataran fue un tanto oscuro. reuniones familiares gestadas y practicadas entre las flores para el cumpleaños de mamá o Todos los Santos y la obligatoria botella de champán. El pobre Albert —qué extraño que tuviera las mismas iniciales que Arthur: esto la había atraído. Bueno. Un chico estaba contemplando la posibilidad de casarse. Tenía un empleo. Los chicos eran muy buenos chicos. Ella no había estado de acuerdo con Arthur. ella había tenido algo que dar. Había dormido todo el día. Sí. que valía mucho en Francia. mamá podría ocuparse del bebé. o se mató. Le dolía. ¿Confiar en una mujer? Ella se encogió de hombros.detalles divertidos y sacados a relucir. Pero sería mejor que saliera y se lavara los dientes antes de que se desplomara. Sin ella. Arthur Davidson. Una débil obstinación se agitó dentro de Arlette. iba bien. se sentó un rato en el cuarto de estar jugueteando con una pipa en la boca sin fumar y mirando la pantalla de televisión sin verla realmente. Con mucha educación la habría apartado y llevarían el asunto a su manera. Era una noción sentimental. «On est tout seul. Norma. Contaba quizá con la curiosidad y tenacidad femeninas… o en la vanidad. esperaban que reaccionara de una manera masculina. Pero si lo perdía y se convertía en una carga… podría encontrarse sola. Mamá podría venir y quedarse. Y estaba preparada para dormir toda la noche.

y un poco sudada. Una hora y media más tarde se levantó y se acostó. las mujeres francesas ya ni siquiera querían cocinar. y como la mayoría de ellos. estaba bien arrebujada en el complicado «nido» que se había preparado. Si fuera holandesa o inglesa sería igual. pensó en una cosa. Su esposa estaba profundamente dormida. sospechoso. De todos modos. Sonrojada. De todos modos era una solemne tontería. Esto era un axioma. ¿o el radiador que había olvidado apagar? Un poco de cada cosa. Debía ser porque había vivido en Holanda. A ningún otro francés le gustaba el aire fresco por la noche. . rebuscó entre los discos hasta que encontró el Viaje de invierno de Schubert y lo puso. pero yo soy feliz con la mía. Todo lo que Davidson estaba preparado para decir sobre el tema era que se sentía feliz con la suya. Hoy en día. El borgoña. Sonrisa de satisfacción total. Las mujeres francesas son más duras que los hombres. Con esta cancioncilla se quedó dormido. las muy tontas.Cuando empezó a charlar demasiado se decidió a apagarla. Abrió la ventana. o esa estúpida menopausia. Era apropiado. Malditas mujeres. Tenía una peculiar sonrisa obstinada en el rostro.

comportarse como si no hubiera ocurrido nada. Cuidarle. malhumorado: ¿dónde demonios tienes los limones? Jacques Ellul quedaría cubierto de huellas de grasa. porque nadie puede leer su taquigrafía. Tarea de mujer. Con él. y toda la comida tendría gusto a mostaza. se puso cómodo. Lamentablemente. llevarle la bolsa de la compra o lo que sea. Para tomar notas. Bien. porque un cuarto de hora más tarde llegó el Inspector de División Papi. delgado. para curar esto. ¿por qué no? Lavarse y vestirse le costó un poco. Apareció un médico. inesperadamente. recetó otras nuevas y más sofisticadas. no dijeron nada de la estudiante de Arthur. pero tampoco que te pases el día en el sótano. una mata de pelo tieso en el centro de una calva morena. —Antiinflamatorios. Monsieur Papi no hizo caso de esto. En resumen. Corinne. ¡debía de ser para molestarla! Era un hombre alto. —¿Por qué no? —dijo cuando Arthur trató de discutir—. resopló y las apartó. pero quería mostrarse normal. y se marchó a toda prisa. Ser un poco su gorila guardián. lo único que haremos será discutir. no fue el final de los problemas. Entristecido por una larga perspectiva de ir a comprar. . nudoso. pronosticando en silencio que no encontraría nada. nariz rota. —Si estamos los dos aquí. Bueno. —Como esto era exactamente lo que ella habría dicho. y va a tener una larga y reconfortante conversación con aquella cansada mujer lesbiana. —Sólo estoy aquí para llevar las lanzas —dijo—.35 Interrogatorios Arlette se levantó y se vistió. extrañas orejas pequeñas y enroscadas. seco. Ninguna temeridad. refugiándose en el despacho. que tendrían exactamente el mismo efecto. al fin y al cabo. no tuvo más remedio que retirarse. todas las tareas de la mujer. cocinar y lavar los platos él solo —una noción menos atractiva de lo que había sido la noche anterior— la hizo salir de la cocina. El médico miró las pastillas que le había dado. Conducir. Estaría todo el rato preguntando. Es mi terreno. ahora ella se había ido malhumorada. Se sentó. se acercó el cenicero más grande y dijo: —Veamos el asunto desde el principio hasta el final. déjame manejarlo a mi manera. El jefe quiere que lleves una existencia normal. Muy propio de aquel maldito comisario era enviar a un corso. y tráigamela dentro de un par de días para que la vea —como si fuera una muestra de orina. Un poco escueto respecto a los tratamientos de aficionados.

Tengo que empezar por distinguir entre el delito crapuloso. . ¿Está usted pensando que yo podría decir que fui secuestrada con la idea de poner en un aprieto a la administración? —No. —Yo también lo he pensado. y que en su buzón explotó una especie de bomba casera. —Por lo que me han dicho —dijo despacio—. Corinne levantó la vista sólo una vez y le hizo una mueca. —Dispongo de todo el día. Intentan intimidarla. Francia no es ninguna excepción. haciéndole unos cortes en la mano. Ese día descubrí que era obra de otra persona. —Sí. —No muy contenta le contó lo de Norma. que es lo que llamamos un acto cometido únicamente por dinero. —Gente que organiza y explota el delito como un negocio cualquiera con el fin de conseguir grandes beneficios. y no lo denunció? —dijo Monsieur Papi. cometido por publicidad. Me gustaría oír su definición de profesional en este contexto. a que contara que escapó por los pelos de ser violada. Espero que encontremos la respuesta. tampoco lo es Estrasburgo. Siempre es difícil distinguir entre los que son espesos y los que fingen serlo. Por eso quiero aclararlo. inevitablemente.—Estaremos todo el día. —Únicamente le estoy señalando. —Podría iluminar lo que diga. pero fue pura coincidencia. usted cree que la cogieron un grupo de profesionales. el segundo no. Arlette también se la hizo. —¿Todo este ataque tan violento. —Y entonces va y lo hace. que parece incoherente. Usted hizo algo que despertó la hostilidad de esa gente. Me han dicho que dispararon a su coche. Madame. El primero podría ser asunto mío. —¿Sí? Quizá me permitirá que sea yo quien lo juzgue. —No tengo ninguna duda. —No entiendo nada. —Los policías son iguales en todas partes. y un delito o lo que parece serlo. Esto llevó. —El motivo de los beneficios en sí es un delito… —Lo que yo crea o diga quizá no viene al caso. Corinne también estaba allí. lo cual podría ser algo político. —Estoy de acuerdo. Fui muy tonta. tomando notas. sin decir nada. El hombre que parecía ser el más importante lo dijo. Utilizó estas palabras: «no queremos llamar la atención».

Así que al menos había cuatro. tomando alguna nota ocasional. —Vamos a repasar los movimientos del día. y al menos un coche. Aunque hay muchas violaciones reales. todavía hay muchas falsas. . Sólo que la coincidencia está ahí. Yo no estaba en condiciones de darme cuenta. no fui violada. los chicos con los que Marie-Line había salido. Él la dejó hablar. Debieron de esperar mucho rato. Esa gente estaba esperándola fuera de su casa. Supongo que es de imaginar que se tomaron muchas molestias. Ni siquiera estoy segura de reconocer el sitio exacto.—Bueno. pero ella no había conocido a ninguna. Me metieron en mi coche y no en el suyo. ¿Había creído realmente que había sido golpeada mientras hacía el amor. Lo alargué deliberadamente para darme tiempo para calmarme. —Todos lo creemos. y había inventado la historia del secuestro para que pareciera real? —Cosas más curiosas han ocurrido. Cené con ella en Schiltigheim. —De modo que ello explica la herida en el cuello y brazos que describe el médico — pasando una hoja de papel. Madame. Sospechar de cualquier cosa que diga una mujer en tales circunstancias es una deformación profesional de la policía. hacia las mujeres. y puedo encontrarla. Usted estaba en Geispolsheim. —Eso mismo le dije al comisario. en todo caso. —Y eso es cierto —añadió Corinne. Tenían un coche que les recogió en el campo. Arlette supuso que estas mujeres existían en alguna parte. Y si hubiera intentado que le persiguieran por atacarme y lastimarme. Habría preocupado a mi esposo. a mí también me sorprendió. pero no quería que se supiera. y además tuvieron el trabajo de seguirme. Es extraño. afirmando con la cabeza de vez en cuando. Ella entendió. no veo que eso le hubiera hecho menos agresivo. —Había estado viendo a esos estudiantes. en primer lugar. Debía de estar preparado. —¿Así que estuvo aquella noche en Hautepierre? —Hay una testigo. —Echaremos un vistazo allí. Existe también una leyenda muy arraigada dé que a las mujeres más bien les gusta que se las pegue. —Sí. aunque no es muy probable que encontremos nada. Más aún. Y almorzó con su marido en la ciudad.

Aquella floristería tiene un cartel anunciando los dibujos de este chico. —Ahora entraré en el asunto. Esta clase de autosugestión es muy corriente. —El comisario señaló que ninguna red de distribución real operaría en su propio territorio. Bien. y por eso trato de responder con paciencia. —Claro que lo entiendo. Estimulantes o píldoras sedantes. —Bien. Conocemos al doctor Siegel. Tal vez sea así o tal vez no. Generalmente. existe lo que el cine llama la Conexión Francesa. y nosotros también. Un tipo de paisano ha hecho algunas comprobaciones. pero revoloteaba bastante por ahí. si entiende lo que quiero decir. lo admito. Pero ¿la historia parece más satisfactoria de esta manera? —Esto lo había previsto. No mucho. el artista. Está bien. Ningún signo externo raro. ¿bien? Una cosa así realmente no se revienta. para utilizar una frase suya. y siempre llega material de Irán y Turquía. y se sabe. Es evidente. Sin intención de confundir. sino que lo que hacemos es sacarle provecho y hacerle mucha publicidad. y lo hemos reventado. hay siempre pequeñas cantidades de marihuana y hachís. es lógico. Posee este . »Ahora llegamos a Demazis. no estimulantes para estudiantes. Los camioneros de largo recorrido cruzan la frontera aquí. Pero ¿no es todo demasiado oportuno? —Supongo que comprende que tengo que ser escéptico. Sólo es posible que sea así. »De modo que ahora nos enteramos de que la morfina viene de Holanda. los vigilamos de cerca. ¿De acuerdo? Ahora. Todos trafican un poco. los médicos lo reparten y la gente lo vende. ¿No es demasiada coincidencia? Claro que cualquier artista coloca carteles donde puede. y ver si algún hecho conocido tiende a confirmar esa hipótesis. y sólo saco a relucir el tema para decirle que no tiene que preocuparse por si implica a esa Siegel. Bien. —Es cierto. los conductores se ganan algún dinero de bolsillo. porque los alemanes. y esos cafés del barrio universitario. No llama la atención. Hay alguna conexión. digamos. aquí hay una planta en Geispolsheim a la que llega mucha mercancía de Holanda. estamos hablando de narcóticos. así que tenemos que teorizar. Asimismo. Llegaré hasta aquí. aunque admito que es poca. o se supone que lo hemos hecho. Le conocemos lo suficiente para no querer en realidad conocerle mejor.—O sea que hay una secuencia en el tiempo. no gusta a esos chicos. Este tipo. con discreción. Lo que tenemos es esto. y quizás usted lo arregló mentalmente para que fuera coherente. —Lo entiendo —con una débil sonrisa. Encontrar un laboratorio ilegal. coger una gran cantidad de morfina y levantar muchos comentarios en la prensa. no existe ninguna prueba de que ese tráfico sea menos trivial que de costumbre. narcóticos de verdad. Contable. lo dejaremos a un lado. Supongamos que sí. No sabemos.

Suceda lo que suceda él no nos dirá nada. La esposa no dirá nada. y si ella sabe algo. Había que saber que el procedimiento policial normal siempre conduce a una frenética irritación. por pura coincidencia. Forma parte de una técnica ideada para sacudirte bien y luego ponerte cabeza abajo para escurrirte. Tal vez pensara que yo era muy ingenua y que no tenía experiencia. de su esposa.piso en la Rue de Labaroche. Pero supongámoslo. fui a la fábrica. Hacen mucho negocio en Suiza. Quizás había planeado decir que yo le estaba haciendo chantaje. Tiene un bonito negocio. Pero si me hubieran visto. puede pasar esta información. y luego. No tengo ninguna ambición de ser detective. digamos. En realidad estaba haciendo tiempo. así que nunca lo sabremos. Se ha hecho siempre. —Sí. o crear un pretexto para salir de una maraña que estaba empezando a preocuparle. pasando páginas y haciendo señales en ellas. y lo reprimió con firmeza. Para hacerte dudar. un piso bonito en Zürich. —No tenemos ninguna prueba de que le mataran —con tono de censura. y comportarse como si tú tampoco lo fueras. Lo que de la pregunta y respuesta rápida. Para hacerte dudar. para escurrirte. es deliberado. va seguido muchas veces de una demostración locuaz de afabilidad. Puede que hubiera estado mostrando signos de intranquilidad o inestabilidad durante mucho tiempo. bueno. El aire de no ser nunca humanos. mientras esperaba a mi esposo. Fui a ver a Madame Demazis. nosotros no sabríamos nada. Fui a la policía judicial a preguntar si había algo extraño en su muerte. monosilábica y siniestra. Digamos que el hecho es observado. Se apoderó de ella lo que rápidamente se fue convirtiendo en frenética irritación. estaba en la calle merodeando por la floristería. Formar algún tipo de seguro. —Entonces quizá se mató él mismo. hay cientos de ejemplos. lo cual Dios sabe que es cierto. Ahora. ¿por qué de repente iba a trastornar las cosas corriendo a usted con esta historia ridícula de que está recibiendo llamadas amenazadoras? —Simplemente no tengo ni idea. de . El hecho es que lo hizo. Sigue la hipótesis. Y luego. poco a la vez. Pero le mataron. otra propiedad en la ciudad. para que tengas que adivinar. podía llevarse dinero allí. Nada incompatible. y si además se hubieran dado cuenta de que había estado en aquel estudio con la excusa de Marie-Line… ¿sería una señal de advertencia? ¿Sacarían la conclusión de que Demazis realmente me había dicho algo indiscreto? —¿Pero de hecho no lo hizo? —Le doy mi palabra de honor de que no lo hizo. Lo único que puedo pensar es que estaba tratando de ser listo. —Mmm —dijo Monsieur Papi. lo sé… —Pero no lo sabía —dijo ella con acritud. y se quedó en silencio. Si yo empezaba a husmear en su existencia… quizás él habría podido utilizarlo como excusa.

—Vendré a verla —dijo Corinne. una estupidez confusa y una astucia sofisticada. —Está bien —dijo Papi de repente—. Acabas por no creer nada. Eso es todo por hoy. —¿Para qué? —preguntó Arlette con temor. ni una contradicción de términos.confidencias fingidas. que conecta y desconecta como si fuera la corriente eléctrica. en cualquier momento se abrirá una trampilla bajo tus pies. Pero requiere un carácter fuerte. Y las mujeres… Miró a Corinne. . desde los de arriba. Y no se preocupe. pero tenemos que esperar los resultados de las pruebas. Lleve una vida normal. sabiendo que la respuesta sería como la de un médico: un franco aire alegre. mirando hacia el espacio con una deliberada expresión de vaca mientras jugueteaba con el lápiz. Él sonrió ampliamente. ¿Cómo evitar que te corrompan? ¿Incluso el mejor y el más brillante. dura. el camarada que te da palmadas en la espalda y la frígida indiferencia. debe ser desensibilizado? ¿No son todos más que cínicas personas serviles. Mostrarán simpatía un segundo y hostilidad al siguiente. desde tu propia identidad a la exactitud de tus propios sentidos. sin querer intercambiar ninguna mirada de secreta simpatía o de complicidad femenina. de voz áspera? Ella sabía que no era así. de voz suave. —La prioridad es que se le cure la mano. robusta. desapareciendo sus ojos en medio de las arrugas. Ya no te fías del terreno que pisas. El «policía compasivo» no es una ficción. Nos mantendremos en contacto. Madame. está bajo protección policial. hasta los zoquetes de abajo. señora. sin imaginación.

Pero te deja tan mareada que realmente habrías preferido la enfermedad original. para ser hombre. Ésta es Madame Sellier. —Arlette. Hoy apenas consigue reprimir su irritación. ya que nos la han traído a casa. ¿de acuerdo? Les he dicho que me tomaba unos días libres. y lucía con sorprendente calor. Quiero llevarlo hasta el final. tú no. —Mira —dijo Arthur de un modo brusco. imperturbablemente apacible y soleado. Estimularte con aquel juego estúpido de Marlowe. Incluso ese invento tan poco anglosajón. que llevaba puesto el delantal de cocina. confusa. ¿de acuerdo? Llevar la casa eficazmente es algo que tiene que hacerlo una sola persona. Ahora tenemos que hacer frente a la realidad. mi secretaria. ¿verdad? —No. . las condujo a «su despacho». Pero el invierno avanzaba con pies silenciosos.36 Madame Le Juge Duermes bien. Te sientes deprimida y enferma. que duraba desde hacía días. Arthur también está sufriendo. —Toma esto —dijo Arthur. seguía el hechizo del tiempo agradable. la bomba en el trasero. y una máquina de escribir. Por algún misterio. se pegaba a la garganta como algodón empapado de éter. —El timbre de la puerta le ahorró las expresiones de abatimiento. No se puede hacer gran cosa. por lo que ibas a bajar el termostato. Fue culpa mía. siéntense. Ha sido tan bueno. trastorna la digestión mucho menos pero te deja indiferente y deprimida. —Por favor. Las manos de Arthur. amable y paciente. Las dos cargadas de equipaje. Vas a llevar una vida normal. Un gran maletín. —¿Madame Davidson? —con una mirada a la mano enguantada—. que combate las inflaciones y las inflamaciones. Yo puedo hacerlo. son pequeñas. Puedes pedir prestado un guante de piel suave. Te quejas mucho de las pastillas. Una mujer de edad madura. Te levantas. húmeda. «¿Una clienta?». Un poco drogada. que miraba con expresión de interés el panelado y los focos de la sala de espera. Soy Madame Flavien. te vistes. llamado vulgarmente supositorio. Tienes unas manos muy grandes. fumando un pequeño cigarro y dando golpecitos con él en la lista de la compra—. Sólo es una herida. No es un juego de niños. olorosa. El sol se abría paso al fin. A su lado una mujer más bien joven. Creía que convocaban a la gente a su presencia —tontamente. Fría. —Lo he convertido todo en un auténtico desastre. La juez de instrucción. La quimioterapia es vagamente «una cosa buena». déjame a mí todo esto. Es la reacción. No tiene tan mal aspecto. La densa niebla se adhería con más obstinación cada mañana.

¿Puede colocar la máquina de escribir sobre su mesa? Acomódate en aquel extremo. Complicado peinado ahuecado. el testigo principal. con los antebrazos relajados. No quiero que interprete ningún otro papel. Muy buena voz. considerablemente ajada. ofreciéndole el paquete de cigarrillos. dejamos aparte de momento esta presunción de tráfico de narcóticos y todo el resto. Vamos al lugar. por no decir maltratada por años de profesión. no. servirá para empezar. —Arlette de Davidson. Arlette cogió uno. Pendientes. era de colores brillantes. Madame le Juge se sacó las gafas. Para resumir. Ha estado muy bien dicho y con lucidez. bueno. Denise. Secuestro. Ocúpate de pasarlo en limpio. Nada más. Punto y aparte». Manos cuadradas de aspecto competente. mucho. experimentada. Usted es un testigo. y tendría mal genio en ocasiones. la luz que entraba por la ventana. Madame Davidson. golpes y heridas. dictando con frases breves. Esta juez sería de las que encargaban mucho trabajo. tra la la. Bonitos ojos azules. no es necesario que le concierna a usted. era lo que cabría esperar. el de detective privado. que estoy reuniendo un dossier. Cosas estúpidas —a modo de disculpa. tal como queda escrito en la declaración que usted firmará cuando Denise la tenga preparada. A saber. Y no debía contar mentiras: esta mujer era inteligente. hecho recientemente y por una mano profesional. En esos momentos la juez parecía una editora. Denise. preguntaba: «¿Cómo tengo que expresarlo?». Cuando tuvo que mecanografiar lo hizo con rapidez y corrección. miró. igual que la blusa de cuello abierto. podía haber sido periodista. una clara soprano que llegaba sin penetrar. editora. Nos atendremos a ello. Será suficiente. Arlette sabía que tenía que repetirlo todo. sólo un poco remilgada. diciendo «punto y coma… punto. con algún fragmento complicado. modulada de un modo profesional y con el ritmo justo. miopes tras unos gruesos cristales y montura de concha rosada. Usted ya conoce el procedimiento legal lo bastante para darse cuenta de que me han designado juez de instrucción. La ropa demasiado femenina. ¿Entendido?». arrugada. Bien entrenada. Demasiado lápiz de labios. viuda van der Valk. Denise. llamaba demasiado la atención hacia la garganta. y había hecho sus deberes a conciencia. ahora dejemos eso. La chica. Envío una comisión rogatoria a la Policía Judicial. ¿es eso? ¿Nacida cuándo y dónde? —La rutina usual. violencia física. —Abrió el maletín que tenía a sus pies y revolvió unos papeles. tanto si lo había contado diez veces como si no. ni activo ni de ningún tipo. De vez en cuando. ¿Puedo fumar? —con brusca educación—. »Entendámonos. indicios de bronceado. —Bien. Rubia. la falda plisada azul marino estaba bien. no —sonriendo—.—Oh. buena en su trabajo. Y ahora era concienzuda. o ejecutiva de negocios de cualquier clase. Demasiado maquillaje. Nada le daba un aspecto legal. permaneció sentada inmóvil. pero la bufanda de seda anudada con informalidad. El fiscal ha presentado cargos contra «X» por este asunto suyo. con laca de uñas incolora. se las puso de nuevo y volvió al trabajo. De unos cuarenta años. . cegada.

—Soy capaz de eso. creando problemas que no se ven. Siempre que usted tenga presentes las definiciones. —No es gran cosa. —¿De veras? Bueno. por lo que he visto creo que lo es. —No estoy segura de que sea una buena idea trabajar en casa. —Sí. —Sí. No tengo ningún reproche que hacerle. se dio cuenta de que no era apropiado. Tengo que aprender a hacerle frente. lo sé. No deseo ser personal. — Echó una mirada a la oficina—. Arthur le trajo una taza de café que ella realmente no quería. es un punto de vista. —Más adelante la querré ver en la oficina. no me cabe la menor duda. Denise. Quiero que esté muy íntimamente implicado. cada minuto. Soy una mujer. date prisa. No creo estar de acuerdo con mantener separadas las cosas. ¿Lo había sido? No pudo evitar preguntarse cómo. Espero que no le duela mucho. No siento ninguna hostilidad hacia estas actividades. Puedes . le había puesto azúcar. —Buena suerte con la mano… Y gracias. Hay que impedir que la vida privada se contamine con… llamémosle preocupación profesional. —Y el shock psicológico… no cometa ningún error. alargó la mano. Quizá pueda usted identificarles. ¿Puede firmarlo. por lo que le resultaba desagradable. Madame? Bien. ha sido útil. Tengo bastante confianza en que será así. muy al contrario. Pero jamás se atrevería a sugerírselo: según él. —Está listo. Ella deseaba tanto que él no fuera tan servicial. —Creo que tiene razón. creo que se curará pronto. La hirieron. Puede proseguir. me temo. ¿Me encuentra insensible? Es el trabajo —encogiéndose levemente de hombros. Hay otros.—Comprendo con toda claridad que sé dónde empieza el trabajo de la policía. el señor comisario me lo ha dicho. —La encuentro profesional… que es como debe ser. puede ser grave. Aun cuando crea que ya lo ha superado. Madame le Juge apagó el cigarrillo. Está limpio. se levantó rápidamente. sin darse cuenta. Sería infinitamente más fácil si hubiera ido a trabajar como de costumbre y comiera en la cantina. Cuando cojan a estos pájaros. No sólo quiero comprensión y apoyo por parte de mi esposo. Y. Venga. ¿Tiene hijos? —Son mayores. aquel lugar estaba infestado de todos los riesgos bacteriológicos conocidos por la raza humana. Puede efectuar un trabajo muy útil. gracias. y sonrió.

Nada le impediría quedarse para protegerla. Arrojó el café disimuladamente al lavabo y llevó la taza a su sitio. cansándote y sin darte oportunidad de que se cure. cosa que jamás había hecho—. No te lo vas a creer. lavar las cortinas de la cocina o algo así. Arthur se lo estaba pasando de maravilla y ella nunca más volvería a encontrar nada. Ella sería perfectamente capaz de hacer un huevo revuelto o cualquier otra cosa con una mano. Más bien le gustaría. La basura se acumulaba en los estantes y atraía el polvo grasiento. Destapó una botella con los dientes: el corcho rechinó y miró a su alrededor con aire culpable por miedo a que Arthur la pescara y la sermoneara acerca de lo malo que era el alcohol cuando te habían cortado con una hoja de afeitar. Había innumerables paquetes vacíos. murmuraba sombríamente.coger cualquier enfermedad. tanto que no se atrevía a moverse por miedo a que se le cayera ceniza en el cenicero limpio. . conozco mi trabajo». Por supuesto ella era la clásica ama de casa sucia. —Si él lo hubiera sabido… cosas hechas por Ruth durante una pasión adolescente por el vinagre. el tiroides y el tálamo. tres tipos de curry en polvo rancio y botellas horriblemente pegajosas que habían perdido la etiqueta. por la sencilla razón de que se sentía culpable. pensó Arlette reprimiendo lágrimas de autocompasión. Pero no le estaba permitido. Esperaba que permaneciera quieta y escuchara a Schubert. que estaba limpio y en orden. a los que había prometido echar un vistazo. ¿Por qué demonios no puedes quedarte quieta y leer un libro? Todo está controlado. Ahora ella iba a empezar también a refunfuñar entre dientes. sería fatal. mermelada de hace tres años. —Cuánto hace que estamos aquí… un par de meses. peras en almíbar abandonadas por Frankenstein. a punto de decir: «Hay muchas cosas que puedo hacer». mientras que ella necesitaba algo tan horrible como girar y retorcerse en satén negro bajo un foco púrpura. he sido ama de casa durante treinta años. Sabía que él había llegado a la fase de hablar consigo mismo. Arthur se había entregado a su pasión por ser meticuloso. olvidando todo aquel humor holandés áspero por la sopa de guisantes fuertemente adobada con penicilina. Y me gustaría estar allí ahora. Aparecían cortezas de queso en los lugares más inesperados. En este estado de ánimo era capaz de cualquier locura. rezagados de las campañas de Rusia o la Península. Cómo se puede imaginar que nadie pueda crear un desorden así en ese espacio —olvidando el camión lleno de trastos que habían traído del Krutenau. Se retiró al cuarto de estar. veteranos con un solo ojo y con una sola pierna por todas partes. Lo peor había ocurrido y él había decidido ir a la cocina a ayudar a la pobre y desorganizada Arlette. como lo llamaba Piet con sarcasmo. Ir y decir: «Mira. ése era el problema. cinco años atrás en el campo… «El pequeño hogar en el oeste». pero la reprimió el aire de paciencia contenida. —Sí. —Lo peor que puedes hacer es ir de un lado a otro.

—¿Qué es este asunto de amar a la gente? —preguntó ella retóricamente. en algún sitio. ¡Yo! Yo. cuando llegó. con dolor intermitente. —Puedo resistir. —Laurens van der Post. —Ah. Sociólogo… ¿qué es eso? No existe. antes de explotar. lo hemos oído todo. en mezclarse con cosas que deberían dejarse a la policía. También se utiliza una hoja de afeitar para abrir un absceso.Se fue cociendo a fuego regular durante un par de horas. ahora vamos a oír algo más sobre Piet el Profesional. se recuestan cómodamente y esperan a ser abuelas. venga lo que venga. en el momento en que su función biológica deja de ser el centro. leyendo a Freud y viendo a mamá con la más negra sospecha produjo aullidos. No puedes ver fuera del Land-Rover por la cantidad de moscas que hay en el parabrisas. —Este retrato simplemente glorioso de Arthur a los dieciocho meses de edad. el gran alboroto por la mujercita. oh. Tú me empujaste a ello. un hombre que durante años había ido con una cadera destrozada por una enorme bala de rifle que una estúpida belga le disparó. —No quería volver a casarme. ¿Crees que no sé nada de la violencia? Viví con ella veinte años. Mientras tú estabas lloriqueando en tu cochecito preocupado por tus satisfacciones anales. habla acerca de amar África. cariño. La discusión. Metiéndose con los franceses. —Pinchando a la gente. Finalmente se dio un golpe en la mano con la mesa y se meció hacia adelante y hacia atrás en silencio. Todo su cerebro está entre sus piernas. Aspereza y dolor. Te llevarás muy bien con el viejo fulano de tal porque los dos amáis tanto África. —Igual que una maldita criada vieja con el delantal. No es un lecho de rosas. día tras día. crueldad y calor. Inglés aficionado. con un trajecito de juego. y no puedes dar un paso sin tropezar con huesos blanqueados. Hacen punto y conservas y discuten con sus hijas por su manera de educar a sus hijos. Arthur sirvió dos vasos de whisky. Muy bien. fue algo temible. e incluso eso se ha desecado. Las mujeres más bárbaras y retrógradas de Europa. para ocultar tu propia esterilidad. sí. —Malgastan toda su existencia. a cuyo marido mataron de un disparo en la calle. Pinturas de salvajes sudafricanos y casuchas de hojalata. insistiendo en esta actividad idiota. La gran yegua inútil y perezosa. La increíble riqueza y belleza. y en el instante en que se pone un poco difícil. ¿Puedo ir contigo? . hipos y carcajadas histéricas. —Él se vuelve un poco loco. —Así que ¿puedo salir? —Puedes ir a donde te plazca y hacer lo que te plazca.

o podrían merodear ostentosamente esperando provocar algo. No sirve de nada esperar que tu amigo el comisario venga a verte. —¿Y la policía? —No sé nada de la policía. —Me está permitido hacer mi pequeño circo. No nos dirán nada. ellos están ligeramente interesados: podría demostrar algo. ¿Lo de Demazis fue accidente o suicidio. —¿Piensas que no están vigilando el lugar? —Dios lo sabe. tropiezo con algo que sin saberlo seguí cuando era asunto suyo. Menos mal que no te ha visto limpiando la cocina. una vida normal? —¿Qué dice Madame le Juge? —No dice nada. puedes estar seguro de que es mentira. con binoculares. pero ésa no es su manera de pensar. fumando su pipa. no se preocupe. siempre que yo no diga nada que de alguna manera pudiera incomodarles o molestarles. Me tranquilizan y me calman. pero es necesario que lo haga. con aires de Luis Catorce— soy yo. —O sea que si sales… —Tengo miedo de hacerlo. No. si puedo elegir. No tienen a un hombrecito ahí. Llevar una vida normal. —Está bien. siempre que no grites pidiendo ayuda. ni me importa. Lo sé desde hace veinte años. ¿Qué es. Soy una especie de hermafrodita. podrían estar allí y nosotros no saberlo. dicen ellos. Cualquier cosa que nos digan. pobrecita. no lo bastante competente para realizar un trabajo de hombres de una manera masculina. —Tampoco yo le impresionaría. Le molesto. y te lo cuente todo. nosotros velaremos por usted. y realmente importa? Probablemente fue homicidio.—¿Incluso si no puedes? —Entonces vayamos al cine. Todo pan con mantequilla y huevo duro. que no digas que te han atacado. —Que la zurzan. sólo quieren que me esté quieta y que no levante más polvo. Madame le Juge —dijo Arlette. en el Observatorio. ni con la sensatez de desempeñar uno femenino. ¿verdad? Está bien siempre que se les deje completamente tranquilos. Woody Allen. me pregunto. no lo harán. . sé mucho de ella. Podrían fingir no hacer caso de todo el asunto.

—Explícate —dijo Arthur. ¿O no? Nadie lo sabe. están sordos como una tapia. —Estar protegida por la policía no tiene demasiado sentido. que cometiera incluso algo criminal. Le desintoxicaba. armados. No parecía que hubiera nadie merodeando. para variar. Y era una tarde encantadora. Tomaron el autobús en el Boulevard de la Victoire. Se comportaron de un modo a la vez profesional y de aficionado. cuando las luces de las tiendas estaban encendidas. —Es algo que me ha molestado —dijo Arthur. Quiero decir. decía. —¿Y tú qué piensas? —No estoy segura de que no hayan dejado la idea ambigua deliberadamente. cortándome así. en realidad. Le gustaban las tardes de otoño un poco brumosas. —Supongamos que yo hiciera algo ilegal. Los policías. Le encantaba caminar. Nadie les siguió ni les espió. como ocultar pruebas. ¿No estaba cansada? En absoluto. Pero es curioso. Recibiría un trato bastante . Se sentía en plena forma. Schleyer tenía a… ¿a cuántos?. por supuesto. decía Arlette. cuatro.37 Una brumosa velada en la autopista —¿Así que vamos al cine? —¿Por qué no? No se me ocurre nada más normal. Es una advertencia. —Madame le Juge también está confundida. A Arthur le gustaba caminar cuando salía de un cine. Pero aquello fue una banda muy profesional. —Aldo Moro tenía cinco. mira el punto de vista del hombre que me cortó. —Ésta también lo es —dijo Arlette—. no se le ocurría ninguna razón más adecuada que la fuerza de la costumbre. ¿Y por qué ponían la banda sonora a un volumen tan elevado? Es para la gente que va a conciertos pop. Y me apetece un poco de vida artificial. los detectives privados siempre lo hacen. no dicen lo que piensan. Tantas imágenes frente a sus ojos. Estrasburgo parecía depresivamente normal. y al mismo tiempo un castigo. Suponía que debía ser así. encantado de que por fin se sintiera capaz de hablar de ello. como si no creyera una sola palabra. No dejaba de repetir: «Curioso».

sólo sé. Podría no tener sentido. y podría muy bien volverse contra ti con algo como una hoja de afeitar. quizá no. ¿Quizás una especie de pasta con cebollino picado. ¿Huevos y pan rallado? No. como ese imbécil de Robert. bastante patético. ¿No es más o menos lo mismo? Me raptan. me asustan muchísimo. será tu garganta. . ¿Qué era? —Bueno. diría yo. Si hiciera algo que realmente hundiera a Freddy Ulrich. Bueno. Hiere a un burgués en su sangre. la llamas. —No estoy demasiado segura. dice la advertencia. es realmente doloroso. Bastante adecuado. eso es profesional. explicar… no.hostil por parte de los policías. posiblemente. demasiado trabajo. como un arresto. y un manojo de cebollinos. probablemente me meterían un mes o dos en la cárcel y me pondrían una multa o harían ambas cosas. las cuales me degradan y me dejan mareada y confusa. ocurra lo que ocurra. Luego dijo que no quería llamar la atención. Una venganza burguesa. golpearte en el bolsillo. sí. Cuenta. Consolarla. No necesariamente bofetadas. que es su reputación y sus beneficios. Eh. Tranquilizarla. Por un momento pensé que iba a matarme. como todo este asunto. está bien. claro que no. por ejemplo. Y luego. grandes. —Eso es —dijo Arlette con frialdad—. Arthur compró unas setas. En realidad no puedo hacer nada para ayudarla. ¿haría él una cosa así? —Claro que no. quizás es más hábil de lo que parece. Nada relacionado con la sangre. —Había unos restos de jamón. me hieren. pensé. —No. —La cena está a punto. Del dolor. es hacerle mala publicidad. —Déjame a mí la cena —dijo. Un castigo de verdad. Te mueres igual. que había conectado el teléfono otra vez en «grabación» encontró la lucecita encendida y se detuvo a escuchar el mensaje. como viste. —¿Tuviste miedo entonces? —De morir. Luego hizo una llamada telefónica. pero diversas brutalidades más o menos sutiles. —Pero tú no crees que fuiste raptada por Freddy Ulrich. No puedo hacer gran cosa físicamente durante unas semanas. con sus armas y sus bombas. A menos que tome muchas píldoras. hacer que te abofetee hacienda. Se le podía ver la mente funcionando—. y fritos? ¿Una especie de buñuelos? Arlette. que duró mucho rato. O ser una venganza personal. Y se acerca un poco más al meollo. No sería sólo una reprimenda. —Y la próxima vez. no. Lo he picado todo y lo he metido en la pasta. El tribunal me quitaría todas las licencias.

puso la directa hasta el empalme de la autopista. Ni rastro de las chicas. se las llevaron a algún sitio. pero lo mínimo que puedo hacer es salir e intentar consolar un poco. está destrozada. en su mayor parte es una carretera principal ordinaria. puedes en verdad pasar a esta carretera. Así que averiguan en casa. salvo en largas distancias. las emborracharon. Desaparecieron en la autopista. y a diversos destinos vagamente sugeridos en el sudeste de Francia. ésta te llevará hacia los Vosgos y la ciudad de Obernai durante exactamente trece kilómetros. Está segura de que han descubierto lo peor y no quieren decírselo. un pueblo del valle del Bruche donde se acaba la autopista hacían auto-stop para ir a la ciudad a bailar y no han llegado. policías. dos chicas adolescentes de Duttlenheim. es muy moderna. No me extraña. La «autopista del sur» es un fraude perfecto.—Bueno —entre bocados—. bastante lujosa y terriblemente cara. Y la policía no le dice nada. La «autopista del norte» que va directa hasta París. Es de suponer que la autoridad de Puentes y Caminos encargada de las autopistas tuvo en otro tiempo un proyecto para cruzar los Vosgos hasta Epinal y Borgoña. No era un buen conductor. ¿Quieres decir que quieres ir allí? Tendré que llevarte. anunciando descaradamente con grandes rótulos que te llevará con rapidez a Colmar y Mulhouse. y enlaza con la autopista alemana en Saarbrucken. Al cabo de diez minutos se lo pensaron mejor. Tengo que hacerlo. —Sólo está a un cuarto de hora. hospitales. aparte de una resaca espantosa y de encontrarse horriblemente mareadas. pasados los cuales muere y te arroja a desvíos rurales. Si te quedas en la autopista. Eso fue anoche. Probablemente alguien ganó mucho dinero con ello. las consecuencias no son demasiado terribles. —Mmm —dijo Arthur—. es decir buena a trozos. Naturalmente. —Habrá niebla. Alguien llama: ¿Dónde están las chicas? ¿Pero no están con vosotros? ¿No? Entonces ¿dónde están? Gendarmería. Que si las mataron o violaron… o hicieron una escapada. Una vez fuera de Estrasburgo. Notoria por una superficie de la calzada sacada de El salario del miedo. —¿Y qué crees que puedes hacer? —El cielo lo sabe —tranquilamente—. y todavía están durmiendo la mona en algún sitio. Siempre la hay en esa dirección. Así que ha esperado todo el día. Está rodeada de vecinos que imaginan cosas espantosas. cuando encontraba un ritmo: demasiado lento cuando había tráfico y demasiado rápido cuando éste se aclaraba. Y ella teme lo peor. ¿recuerdan el camión cargado de nitroglicerina? Aquí es donde se lo encuentra uno. . aunque iba a ser una mentira celestial. después de colocar bien el asiento del conductor del Lancia. —Pues conduce con cuidado. Duttlenheim es la segunda ciudad desde el final. Place de Haguenau. Arthur.

—Es nuestra piel. quizás alemán. —Él no le prestó atención. otra bendición es que el valle del Bruche. señalada con grandes rayas pintadas. Te sientes extrañamente aislado en la niebla. ¿Qué pasa si tienes que frenar de repente?—. resbaló un poco hacia la izquierda. De repente ocurrió una cosa terrible. viperino. Circulaba por el carril lento. un pequeño río que se une al Ill en Estrasburgo. y adelantó retumbando a ciento treinta. ni pasaba ni se quedaba atrás. a veces treinta. —Perfectamente seguro —de malhumor. delante de sus narices. Probablemente el conductor había visto de pronto a otros dos que se arrastraban bloqueando ambos carriles. tuvo que reducir velocidad con gran rapidez. Una pena para el tipo que iba detrás. no la suya —dijo Arlette con aire orgulloso. es una autopista. Arthur aceleró con habilidad para quitárselo de encima. Los coches de delante y de detrás pierden su identidad. —Aquel monstruo apenas le había pasado. y entonces la gente se vuelve más tonta de lo usual. Las luces de frenado se encendieron. Muy molesto. Pegado a su parte trasera y demasiado cerca estaban las resplandecientes luces de un gran camión. así como peligroso. es un conocido rincón brumoso. corrigió un poco el ángulo. Maricón —murmuró Arthur. El otro mantuvo el paso. se pasó bruscamente al carril de adelantamiento. Como él mismo iba demasiado deprisa. Los que regresaban a casa tarde y se sabían el camino de memoria pasaban a gran velocidad por el carril de adelantamiento. Superficie lisa. Redujo otra vez poco a poco.Afortunadamente. Arthur puso las luces largas después de pasar la brillante iluminación del empalme de Colmar y adoptó una marcha regular a cien. que suele pasar cuando hay niebla. Bueno. El camión aceleró. No ves el coche para nada. —Estúpido —dijo Arthur irritado. curvas regulares. acelerando bruscamente para pasar a un precavido que se arrastraba y olvidándose de hacer la señal. y es muy molesto. Nada de tráfico de frente. y se colocó enfrente. no ajustadas debidamente para «hundirse» y muy blancas. La gente lo hace cuando hay niebla. Los que viven fuera de la ciudad ya están en casa. Un enorme vehículo articulado. La visibilidad en las noches de otoño es de unos cincuenta metros. aparecen de repente como luces borrosas. resbaló hacia la derecha. pasó por encima de la línea del carril de emergencia. apretó un poco y bajó bruscamente a ochenta. aburrido sin duda por las maniobras de Arthur. —Idiota —un momento más tarde. Iba a ciento diez y el camión seguía manteniendo la misma velocidad. —Demasiado rápido —dijo Arlette. tragando comida indigerible y mirando las noticias. . Redujo a noventa. Arthur frenó con demasiada fuerza. —Maldita sea. y en algunos tramos es realmente espesa. Todavía es demasiado rápido. toda la enorme masa redujo como si hubiera tropezado con una pared. hacia las ocho de la noche el tráfico se está aclarando. Demasiado altas. de mala gana—.

se apoyó en el techo y tomó grandes bocanadas de aire nocturno.puso segunda con un aullido del motor. Arlette salió despacio por la derecha. Parecía blando dos o tres metros más abajo. —Por Dios y todos los santos —dijo. Instintivamente había parado el motor. temblando. Las luces señalaban hacia abajo por encima de la baranda. . Había sacado la linterna de la guantera. y se quedó sentado. hacia un campo arado. temblando. Igual que el agua. A esa velocidad es como cemento. Miró hacia la hondonada. —No paran de ocurrirme cosas en este coche —dijo con voz queda. salió. Se desató el cinturón. se encontró la nariz a dos pasos del poste metálico amarillo con el teléfono de emergencia. consiguió parar más o menos alineado. pero no tanto como para caer en él a sesenta kilómetros por hora.

¿De qué otra cosa podemos tener miedo? —De perderte. La vida seguía como antes.38 Un magistral tiro de red —No imaginarás que ha sido a propósito —dijo Arthur al fin. condujo de regreso a casa atravesando pueblos. Estaban buscando un Audi azul pálido cuyo robo se había denunciado una hora antes en Mainz. La vida seguía normal. tranquilamente. Arthur. decidieron ambos. No lo sé. Si hubiera ido un poco más deprisa… —Siempre se dice lo mismo. —¿Estás bien? —Se dio cuenta de que él estaba mucho más perturbado que ella. que hubiera tenido lugar ninguna maniobra malintencionada. Ni planearla. —Pie en el estribo. que se había tomado una cerveza en un café y había tenido tiempo para imaginar maquinaciones siniestras. —Mi querida madre —dijo Arlette— solía decir siempre: asegúrate de que llevas ropa interior limpia. dijo. bueno. Nadie sabía que íbamos a venir. —No. de un modo demasiado indiferente. por si tienes un accidente de carretera. así que. —Muy sensato por su parte. Era bastante inconcebible. y dijo: —No. Buen coche. como es natural. No había nadie merodeando en las oscuras esquinas. en compañía de dos hombres de las fuerzas aéreas canadienses en Ludwigshafen. Cosas así ocurrían . Estable. y para calmar al granjero que ya se había sacado el cinturón y lo estaba haciendo oscilar de un modo alarmante. Arlette vino al pelo para persuadir a la esposa del granjero de que no estaba deshonrada para toda la eternidad. Sorprendido. —Pero estamos dispuestos a creer cualquier cosa —dijo Arthur cogiendo la linterna para mirar—. El camionero sin duda había olvidado ya este episodio. Los coches pasaban zumbando. no nos perdamos el uno al otro. sus ojos se habían posado en un Ford gris pálido. Hay que volver a montar enseguida después de una caída. Ya bastaba de tantas autopistas. No puedes organizar una cosa así. La Rue de l’Observatoire estaba asombrosamente tranquila. Por el momento no había más explicaciones: estaba claro que la historia sería confusa. claro que no. quizá sí. Arthur la miró. La policía alemana había encontrado a las dos chicas. No tengo ni un rasguño.

Utilizaba «hombres de paja». El Lancia era un coche de mucha precisión. que se ha filtrado por torpeza. A Arlette le palpitaba un poco la mano. Su francés. y no le habían soltado bajo fianza: Madame le Juge había firmado una orden de encarcelamiento—. Taglang— no sabía nada de ello. El comercio hortícola. Ni. dijo el comisario. lo consideraría un asunto torpe. Había. desde luego. Ni a Monsieur Taglang. Por otro lado. nadie sabía mejor mantener cerrada la trampilla. Una cosa así gusta al Prefecto. Había un gran titular: «Un magistral tiro de red». así que los dos se tomaron tila. el talento artístico. Era una sensación curiosa darse cuenta de que uno sabía mucho más. y reaccionaba enseguida a cualquier torpeza de pie o mano. a Monsieur Michel. —En resumen. sin saber nada que valiera la pena. Supongo que en algún . ¿Qué es una vida normal? Levantarse a las ocho y afeitarse a las ocho y cuarto. había trabajado duro. Los periódicos de provincias siempre son así. con lo que las necrológicas más retrasadas se habían aplazado. A los polis les gustan los casos de narcóticos por la publicidad. una persona que había encontrado su fin en circunstancias sospechosas —que había llamado la atención de los siempre atentos— en la vía del ferrocarril. Llevar una vida normal. y ha mostrado una total consternación. Monsieur. se conservaba como en la época del escándalo Stavisky. que databa de la época en que todo el rincón había estado lleno de terroristas reales o imaginarios —aquella frontera suiza era un pedazo de queso de Gruyére— pero habiendo perdido toda la verborrea. Todavía no estaba del todo claro. sí. desde el punto de vista de la promoción. La historia ocupaba casi una página entera. de honradez conocida. La investigación determinaría si había existido algún inocente que servía de instrumento. No puede hacer ningún daño. Y el comisario no se había abstenido de hacer comentarios. donde demuestra gustos algo especiales. se habían utilizado macetas con plantas como pantalla para distribuir narcóticos. Como Arthur dijo. que era el espíritu que lo animaba todo. pero el Juez de Instrucción no sabía nada de esto. Insólito. Realmente Arthur prefería las bicicletas. y que no parece propio de nuestro amigo el comisario. cogido por posesión. nuestra Policía Judicial. —Ve a trabajar —dijo Arlette—.—estuvieron de acuerdo en ello— cuando uno estaba un poco demasiado nervioso y quizás un poco torpe. activa y llena de recursos. éste. La gente que traficaba en drogas era muy astuta. ¿Qué piensas de todo esto? —No gran cosa —dijo Arthur—. como las historias de detectives. Me las arreglaré. —Es mucho y es nada —dijo Arlette. cuyo hábitos la sociedad reprueba. Aprovechando un espíritu de cooperación recientemente estrechado con la policía alemana y suiza. —Si no hubiera sido por el periódico… Haciendo gala de todos sus antiguos eufemismos. además. —oh. Había desmantelado una auténtica red. No podía imaginarse a Demazis como una mente maestra. Se echaba el guante a los peces pequeños. Acude a casas de mala fama. Había un hombre malo en Munich —ramificaciones— y un hombre malo en Lucerna. Un hombre malo siempre es un individuo poco recomendable.

—Es usted muy amable. que tenía o no algo que ver con el asunto. —Y una recomendación no le cuesta nada. Creo que lo fue. pero pudo entenderlo: si Demazis lo había sabido. naturalmente. Eh… puede usted estar tranquila: no existirán más dudas respecto a sus… actividades. Suponía una sensación de anticlímax. —El doctor Ulrich. —Vete a trabajar —volvió a decir Arlette. No quiero darme ínfulas. no puedes reconocer muy bien a la gente. podía habérselo contado. Como testigo. era evidente que a ellos les importaba un bledo. En cuanto al secuestro. ¿Los acólitos eran los hombres de Munich o de Lucerna. en cualquier caso. Se dejaba. Creo que podemos considerar el asunto cerrado. ¿no le parece? —Es muy posible. si se me pregunta por asuntos de esta . No. —No. Estoy agradecido. puede creerme. Creí que. Mister. pero no le importaba. Sólo se necesitaba un hombre para desplantar una planta aquí y otra allá. no lo haga. Ella no sabía nada de esto. ella les servía de poco. por favor… Arlette van der Valk. suponía. Este trozo de los fructíferos efectos secundarios de la caza de terroristas es bastante jugoso. Era posible. que sabían qué maceta buscar.punto podría haber algo de verdad. una señal especial en la maceta. probablemente sin saberlo. Por mi parte. Quería estar sola. ¿Ha visto el periódico local de esta mañana? —Sí. y era de suponer que sí. Unas veinticinco personas trabajaban para aquel vivero. son como quesos. —Una mujer joven a la que conozco estaba casi al borde de esto. de alguna manera sacaría algo de todo esto. pero una recomendación así podría ser muy valiosa para usted. Madame. ¿Entiende? De hecho lo haría. lo cual es algo a tener en cuenta siempre—. no podría decir positivamente que él le había cortado la mano. era un compañero poco conveniente y decidí decir unas palabras donde me pareció que podría ser útil. No sabía si tenía el teléfono intervenido. Él había tenido un par de acólitos. Ella había realizado el trabajo sobre Demazis y ellos le habían robado el mérito. Si tenías una red querías que lo supiera el menor número de personas posible. Todas las fronteras. Mi… pariente está muy aliviado. a qué floristería ir? Bueno. introducir una bolsita de plástico y volver a plantarla. suponía. era más probable que no hubiera nadie implicado. No mencionaré nombres. Si tuviera ocasión de efectuar alguna recomendación… Esto es puramente hipotético. pero podría surgir la oportunidad. —Se lo agradezco. y en realidad no podía decir que no lo había hecho. Los alemanes se quejaban muchísimo de los suizos y de los franceses. Al contrario. Si se enfrentaba a Monsieur Taglang. Aplastada en la parte trasera de un coche con esparadrapo en toda la cara.

probablemente ahora de manera definitiva. No pudo quejarse de la comida. he conocido a un médico. No importa. El tiempo había cambiado también. un poco germánica. Un puchero. por supuesto. Marie-Line no aparecerá más por ahí. Arthur regresó quejándose de que lloviznaba. ella hizo un poco de comedia demostrándole cómo había sacado la olla del horno con una mano y una muñeca. Tardó toda la mañana en preparar una comida que se pudiera comer. Clavando mujeres de papel en la pared y disparándoles. todo en una olla. —Eh… en confianza. tendría que ser absolutamente confidencial. con absoluta discreción. Algo que presentar contra la mano cortada. y esto es algo que necesitaré. Y a un abogado. Y el pobre Robert… Viviendo solo con sus fantasías en Hautepierre. ¿le importaría que diera su nombre? —Él se lo pensó. . No querrá pensar en nada de esto. me alegraría.clase como referencia.

Entró en Chez Mauricette a tomar una taza de café. yo me dedico a lo que mi licencia dice que me dedico. ese bastardo corso que entra aquí e insinúa que distribuíamos droga a los estudiantes. No hay nadie en el jardín. bueno. y llegó al Boulevard de la Victoire. eso no tiene nada que ver conmigo. —Y fuman porros… pero no lo hacen aquí. vagó por la Rue Goethe. ¿qué protección? Aparte de los hombres malos de Lucerna. salió y cruzó con gran calma la Rue de l’Université. resultó divertido por el tema de conversación. Es un incordio cuando quiero intentar escribir las cosas. pero el periódico no lo mencionaba. Quiero que se me cure la mano. vaya. Habían hablado mucho de protección. Como esperaba. seguro! Porque… esta locuacidad de la policía: ¿cuáles habían sido las fuentes de información del comisario? ¿La vista de lince?. pero ¿con qué fin? Este énfasis en los hombres de paja y los disfraces. Y con la idea de tomar un poco de aire fresco. o Corinne como una Miss Marple aficionada a la botánica. también está ya harto de la cocina. salvo los jardineros. Un candidato más probable era quizás el caballero del elegante coche rojo. te lo aseguro. entró en el Jardín Botánico. francamente. tanto como Papi con una carretilla. pero no para ella. que a todas luces no había cambiado desde aquella mañana y les estaba haciendo ganar algún dinero al mismo tiempo que les proporcionaba algo de lo que hablar. Decidió que aun cuando la policía la estuviera utilizando como una especie de señuelo. de acuerdo. y no vaya por ahí haciendo insinuaciones». barriendo con indiferencia las hojas muertas. Y Arthur. —Toman toda clase de píldoras antes de los exámenes. Se preguntó quién se tomaría la molestia de seguirle los pasos. Las voces eran altas. no le importaba. Un secuaz disfrazado de jardinero es bastante ridículo. —Imaginad qué descaro. Inspector.39 Los comienzos de la ejecución Tenía que hacer algunas compras en el Boulevard de la Marne. su hoja de afeitar se guardaba para efectuar operaciones delicadas en plantas pequeñas. por favor. dije. le gustó esa palabra. Tampoco el artista de la navaja. ¡El disfraz más probable de por aquí soy yo. Tampoco Monsieur Taglang era un hombre que cortara a la gente. . Las indiscreciones del comisario estaban calculadas. El Jardín Botánico está lleno de cannabis. —Estos chicos hacen tráfico de píldoras. en esa historia había algo más que las Taglang Enterprises. eso podría servir para el periódico local. supongamos que aún quedan un par de acólitos sueltos. ¿no te fastidia? —Es un antro de vicio. ¿no? Que yo debería ir y llamarles… «no.

pues. y sólo está en la Rue de Palerme. —¿Pasa algo? —¿Qué demonios tenía que ocurrir? —Supongo que nada. he dado una vuelta a la manzana antes de hacer la compra. Estamos invitados a tomar unas copas. seguramente estará muy lleno. ¿por qué? Ha dejado de llover. Arthur regresó del trabajo de buen humor. Y habrá mucho ruido. Arlette decía algunas veces que estaba harta de estudiantes—. Una débil sombra de inquietud. —Un joven ayudante de conferenciante de Psicología. con inclinaciones anarquistas. ¿Qué llevamos? —revolviendo en el armario de las bebidas—.—¿Qué aspecto tiene? —¿Cómo voy a saberlo? Me han dicho que lo cultivan en el alféizar de la ventana. —Estará lleno de estudiantes. ayudando a su esposa a cerrar la cremallera de un alegre vestido «adecuado para los estudiantes». —Después de educar a tres hijos. Está bien. quizás una mezcla fuerte. —Por mí está bien. —¡Fiestas! —exclamó Arlette. —No es necesario que nos quedemos hasta muy tarde. Y mucho humo de marihuana. que a ella le gustaba bastante. y quita las patas de ahí. decía ella. boba. Estoy bastante cansada. que no era amante de las fiestas—. —¿Qué es eso que cuelga por todas partes? —Mis espárragos. —No. Hemos estado muy encerrados últimamente. . Oh. —Arlette pagó y se marchó. jamás hay que tratar de vestirse como ellos. —¿Has salido? —Oh. Y aun cuando lo hubiera ¿qué se espera que hagamos? ¿Escondernos en el sótano? —Bueno. —¿Nos llevamos el coche? —preguntó Arthur después de cenar. Por mí pueden fumarse las hojas de los geranios. de acuerdo. Un poco de aire fresco al regresar nos irá bien. —No veo qué hay que pueda intranquilizarnos. Sólo se trata de Philippe. —Me ha parecido que podría irte bien. De todos modos. ya que está empezando a hacer frío —apareciendo con un par de botellas.

seguro. Se pasa por delante de una variedad de compartimentos informes dedicados a Biología y Algo Molecular. Los estudiantes tenían mejores modales que los de su generación. donde los estudiantes compran libros y comida de supermercado. Pero más amables. ¿O era sólo que Philippe. Estaría muy bien para ir en monopatín si no fuera tan plano. Las explicaciones son muy aburridas—. y alguna vez envían su ropa a la lavandería. con una agradable seta blanca encima alumbran bien.—Pero no demasiado. o incluso que sus hijos. ¿es un limón biológico? —y Arlette con la mano enguantada en el bolsillo. donde Arthur tenía un pequeño nicho en el que cabía una sola visita. grande y aburrido. Me gusta comer la piel. no suficiente para mojarle a uno. pero Arlette se lo pasó bien. Las altas farolas. al ser agradable. y el edificio administrativo. una nada importante. — Salieron. Un agradable paseo de cinco minutos. pero no hay peligro de ser atacado. Philippe vivía en la punta. Cruzas un aparcamiento al aire libre y llegas a la Rue de Rome. Me peleé con una lata de canelones. la última vez había vodka o algo así y me emborraché un poco. Por la noche está bastante desierto. Una atmósfera medianamente apacible con un poquito de bruma escocesa. que parecen una cárcel y que están cubiertas de eslóganes llenos de rencor poco imaginativo acerca de los «fascistas». Lo único que ellos tenían que hacer era cruzar el Boulevard de la Victoire y tomar un callejón que iba directo hasta el otro lado. y más o menos igual de indiferentes. una elipse con las puntas recortadas como un cigarro. pero es agradable porque no circulan coches y hay tres o cuatro hileras de tilos. habían parecido mucho más . Eran mucho más ignorantes. menos agresivos. un gran espacio en el que no se ha construido nada. Cuando el Ejército decidió al fin que la guerra de 1870 había terminado. La Esplanada es la parte de la Universidad de Estrasburgo más parecida a un campus. Arthur con una bolsa de la compra—. se tenía este espacio. que ha sido guardado celosamente por el Ejército desde que la ciudad fue fortificada por Vauban. sí. dos o tres años atrás. un edificio bastante bonito. Es una serie de bloques tristemente rectangulares unidos por pasillos acristalados. Los promotores de la construcción se apoderaron de casi la mitad con los caros resultados de costumbre. Al otro lado se encuentra Ciencias Humanas. más gentiles. Nadie en la facultad de Ciencias Humanas ha sabido jamás deletrearlo. Se pasa por delante de la Biblioteca. con un pavimento decorativo y arbustos preparados para sobrevivir a las fuertes corrientes de aire. La Universidad lo hizo algo mejor en la otra mitad y plantó muchos árboles. tenía amigos agradables? Los amigos de Ruth. aireado fuera y desvencijado dentro. con la alta torre del Instituto de Química a la izquierda. Pequeñas gotas de humedad en el abrigo y el cabello. justo lo que uno necesitaba al regresar para liberarse de los humos. dignificado con el adecuado nombre académico de Rue Blaise Pascal. Nada de niebla. La fiesta fue lo que ella había esperado. unos noventa años después de aquel acontecimiento traumatizante. y se sale a un gran espacio oval medio encerrado por las alas de la Facultad de Derecho.

—Salvo que ellos no tienen que pregonarlo todo en público. ¿Era que ella misma se estaba volviendo un poquito más agradable? Hubo la conversación usual. Le llegó el turno a Arlette. Entonces puedes venir mañana. Descubro lo que no soy. Un confesionario moderno. —No hay ningún presente. poco a poco. —Suena exactamente igual que la gente que realiza sesiones de conversación acerca de su yo más íntimo. rodeado de chicas. Arthur la rescató antes de que se pusiera demasiado tonta. cosas que se dan a beber a otro. ¿Qué palabra utilizarías? ¿Positivo? ¿Tangible? Porque no soy psiquiatra. —Siempre se ha dicho que es un tópico decir que la historia le ayuda a uno a comprender el presente. Está muy hinchada y me duele. y mucho más brutalmente egoístas. eso es todo. —Ella se mete en donde todos los sacerdotes tienen miedo de entrar. Tampoco les hago sacarse la ropa. Y un pasado que inmediatamente queda muy lejos y se hace muy pequeño porque no hay perspectiva. . te contaré lo que hago. Existe un futuro inmediato. ni detective. —¿Cuánto les cobras? —No les cobro nada a menos que les parezca que he hecho algo de valor. ni abogado. ¿qué es todo este asunto de hacer el bien? —Intento vencer la soledad. —¿Qué le pasa a tu mano? —Me la pillé con la puerta. pero si te callas un momento. ¿Les hablas de Jesús? —No.chillones y menos lavados. También había las bebidas de costumbre. hablar del presente en cualquier sentido es un tópico. —Te lo has pasado bien. Arlette. —Bueno. pero ¿lo es? —Lo que es un tópico es darle la vuelta y decir que el presente es la única manera de comprender el pasado. Tampoco una oficina de presentación.

Siempre ponen la calefacción central demasiado fuerte. —En todo caso. Pasaron por la zona de juegos infantiles: a Arlette le gustaba el arenal con sus grandes bloques irregulares hechos con la piedra encarnada local. La Place d’Athènes frente a la Facultad de Derecho. —Cógete de mi brazo. . como tulipanes. Abajo. Un poquito de frío. los altos bloques residenciales de la Avenue de l’Esplanade miraban ciegamente hacia abajo. No tienes miedo. saliendo ahora. Era alto y llevaba sombrero. está mejor iluminado. el otro lado de la Facultad de Derecho. Los falsos plátanos.—Bueno. podría llevar una media encima. parecía que tenías un número suficiente de jóvenes. a tres metros. —La iluminación era la misma que en una calle. que parecía muy grande. a su costado. aferrándose a sus últimas hojas. Esto era el límite del campus. Vayamos por el otro lado. sólo a dos minutos de casa. es más bonito. ella nunca había ganado manzanas de oro. No tiene nombre. Se refería simplemente al siguiente callejón. Es más estrecho y los árboles más viejos. la hoja de un cuchillo. Un hombre salió de detrás de los arbustos. ostentando una escultura impropia. arrojaban una bonita sombra. brillaba bajo la luz. Su rostro quedaba confuso. altas farolas con una graciosa curva. ¿verdad? —Contigo claro que no. ya sin frío. nominalmente Atenea. Se hallaban a la altura de la Escuela de Química.

hacían mucho daño. con intervalos ocasionales de alarma y de preguntarse por qué no estaba mucho más alarmado. Sus días militares hacía tiempo que habían pasado. Si un hombre parece comportarse con agresividad. Esperó que no le doliera demasiado. Un hombre que sabía mucho de lobos una vez olvidó esto. pero requería tiempo. Su único error fue ser ambicioso. No podía disparar con la mano izquierda. Arthur deseó tener un bastón. Llevaba la pistola. aunque con cierto sentimiento de culpabilidad.40 Colmillo Blanco Hubo un instante de inmovilidad en el que la respiración de Arlette fue temblorosa. No le había parecido necesario para ir sólo hasta casa de Philippe. Resultó herido de gravedad. Sacó la triste conclusión de que había llegado su fin. y el macho está con su compañera. y ella no tenía mano derecha. el macho colocándose frente a la mujercita. Pero sus reacciones serían lentas. y habían sido un gran aburrimiento. Quizá podría asustarle sólo apuntándole. Dijo: «Fue culpa mía». Si atacabas a alguien primero de cabeza. eso seguro que reducía el blanco. El hombre del cuchillo vaciló un instante. Se decidió en el segundo de vacilación. los dos atacarán. Lo harán de un modo coordinado: uno irá al brazo y el otro a la pierna. pensó. casi nunca atacan a los hombres. Si hubieran cometido el error de ponerse juntos… El antiguo instinto de protección mutua. Y ¿no era posible que si te lanzabas sobre alguien el cuchillo no te diera? . o quizá. También quería al hombre. demasiado lentas. sólo una cosa fláccida en un guante fláccido. y no le quedaba tiempo. y ella está en celo. No sólo en el campo. creía él. No se podía hacer nada más que intentar un ataque de rugby. contrariamente al mito que existe. Sabía que para todas ellas se necesitaba la mano derecha. Ellos habían obedecido a un instinto mucho más antiguo y se separaron. Pero una vez había estado en una escuela inglesa. No era un atuendo muy apropiado. El Señor sabía para qué iba a servirles. eran útiles para cruzar la calle y ayudaba. La llevaba dentro del bolso que apretaba bajo su brazo izquierdo. Estaba tratando de pensar en las cosas que Corinne le había enseñado acerca de los jóvenes con cuchillos. Arthur no sabía nada de combate. Los cuchillos. o la seguridad mutua. Arlette llevaba vestido y zapatos de tacón alto. Sin un bastón. Él era bastante ligero de pies y hacía ejercicio. lo más lamentable de todo. a disuadir a los jóvenes con malas intenciones. parecía que podía hacerse muy poca cosa. Tenía una colección de ellos. ni de hombres con cuchillos. Quería a la mujer. apartándose el uno del otro. y preguntarse durante demasiado rato a quién quería primero. y generalmente llevaba alguno cuando iba a pasear. Los lobos.

lanzó un aullido de consternación y de dolor y no pudo levantarse. . No iba a morir en la calle Piet. Un cuchillo catalán. pero estaba fláccida. le observaba y esperó la muerte. que yacía en el suelo recuperando el aliento que había perdido al recibir una patada en el pecho. dejándole indefenso por un momento. Mientras le observaba. Se acercó corriendo a Arthur. Realmente ningún esfuerzo servía de nada. y el cuchillo se había liado con el impermeable de Arthur. El hombre se tambaleaba. Un hombre corría. Ahora estaban en el suelo. El hombre había perdido el equilibrio. que habían batido las alas y no habían llegado a su objetivo. se sentó y miró. cogió la cabeza del hombre por los cabellos y la levantó. con piernas veloces y duras. con todas sus fuerzas. Tenía una triste sensación de fracaso. curvado. no tenía formado un scrumhalf. Éste se acercó al hombre que estaba en el suelo. soltó el arma que sujetaba. sería el final para los dos. que tenía la pistola dentro. Dos patos sentados. Incapaz de moverse privada de una pierna y de un brazo. Ella había querido que la pistola le diera en la sien y no lo hizo. y ahora acabaría con los dos. Se abalanzó hacia adelante con torpeza al mismo tiempo que el hombre hacía una horrible pasada baja con el cuchillo. de la que ni siquiera se había dado cuenta. Sintió que el cuchillo le pinchaba como una ortiga.Lamentablemente. y soltó la pierna. se las puso a la espalda y las esposó. rápida y furiosamente. las piernas del hombre le fueron arrancadas de debajo como si las hubieran prendido un lazo. cogió las manos del hombre. Intentó desviarse hacia su propia derecha para desviar el blanco. Incluso una patada pequeña en la entrepierna con un zapato de tacón alto acabaría con todas las malas inclinaciones de cualquiera. Algo que hace más daño que cualquier pistola. Él recuperó el aliento y juntó los pies. sólo le sacudió la cadera. aunque lo había perdido dos veces. Le habían sacudido y golpeado. Parecía que siempre fracasaba en todo y ésta sería la ocasión que desbordaría el vaso. Arlette. Retrocedió tres o cuatro pasos con las piernas separadas y una de ellas sin responderle. Reconoció al inspector de división Papi. con oleadas de dolor que le producían mareo. Se apoderó de una pierna. Arlette cayó al suelo lastimándose la rodilla y la mano. Un gancho corto con la izquierda en el aparato genital. con estos dos tontos que peleaban. La falda de seda se desgarró con la patada. pero ésta no había sido lo bastante exacta. Muy deprisa. y brazos largos que le colgaban a los lados. No estaba herido. la cólera estalló dentro de él. El cuchillo era grande. por lo que oyó sólo un ruido enorme. y había perdido el equilibrio. pero él las había recortado y estaban nadando débilmente en el agua. Los cuatro disparos de pistola llegaron muy juntos. con concentración controlada. en el suelo. que no tuvo suficiente fuerza. La cabeza del hombre golpeó el suelo con un ruido sordo y el cuchillo le cayó de la mano. Todavía tenía el cuchillo. le golpeó en la oreja y sólo consiguió que se pusiera más furioso. Cayó de bruces al duro suelo. No era en ningún sentido una pierna bonita. de un modo simiesco. En ese momento Arlette le golpeó con el bolso. y le lanzó una patada a la entrepierna con toda la ferocidad que su falda le permitía.

—La estaban ayudando a ponerse en pie otra vez—. Arlette se preguntó por qué. se pondrá bien. sujetando a Arlette. de una gradación de color parecida a la de un modisto caro bajo la brillante luz de la farola. —Les habría cogido a los dos —dijo Papi—. Arthur le estaba sonriendo. Y la falda rota. —Por poco no ha sido posible —dijo Papi con amargura—. Si no se . Rodilla y pantorrilla. me he lastimado la rodilla. era para volverse loca. Arlette se levantó. Digan otra cosa. Dijo—: Estese quieto. Eso ha sido lo que me ha dado tiempo. Papi estaba levantando a Arthur. En el muslo puede ser peligroso. De marrón oscuro a un elegante marfil pálido. como la sangre que brota de una arteria cortada. Me temblaba la mano. está haciendo lo necesario. —Sólo es un poco de piel. Enrolló unas tiras en el muslo de Arthur y las retorció.Simultáneamente. está bien. No escapará. Se sacó la camisa. Y las medias rotas. pero se ha desviado hacia el interior. junto a Arthur. dijo: —Está bien. y apartó el impermeable de Arthur. Le han cogido —dijo ella. —Yo he tenido que correr de lado —dijo Corinne—. —Está bien. con trozos de azul marino que contrastaban y discretos adornos de oro. se puso otra vez de rodillas. —Todos decían está bien. cojeó. Arlette notó unas manos bajo las axilas. No podía tener un blanco claro. Le ha dado una buena. Su hombre hizo exactamente lo correcto. Ella le cogió la cabeza entre las manos. —dijo Papi con su acento corso—. estoy bien y tú también. usted estaba en la mira todo el rato. se inclinó y le palpó la rodilla. Tenía la boca abierta y de pronto le vio los dientes. corrió. y luego me he caído en los malditos arbustos. ¿Qué estaba haciendo? El hombre soltó a Arthur y rebuscó en el cinturón de la pistolera. Mientras rompía más tiras levantó la cabeza y gritó: —Saum —dirigiéndose a alguien que no se veía. Desgarró unas tiras con sus grandes manos. No es la arteria principal. no lo toques. y luego le dejó otra vez. he tenido que calmarme para esta segura de que le daba a él. Los brazos de Corinne la cogieron dulcemente por la cintura y la cálida y temblorosa voz. Yo no podía disparar por miedo a herirle a usted. ¿Te ha tocado? —No. —Estoy bien —le dijo—. —Lo ha hecho muy bien. Estoy bien. Corinne. Algo cálido y femenino le puso la cara junto a la suya y la voz de Corinne dijo: —¿Se encuentra usted bien? —jadeante y sin aliento.

—Por favor. no hable. seguidos de Corinne y Papi en el coche de la policía. —Su hombre está fuera de todo peligro y podrá estar de pie dentro de un par de semanas. Hemos tenido que poner grapas. El inspector hizo un buen trabajo de primeros auxilios. No. Ella le conocía de vista. Caminará con toda normalidad. como le llamaban. —Hemostasis… no. Si les hubiera cogido el jefe habría pedido mi cabeza. rápida. supongo. Iba a dormir un poco. pero no es nada. no hay . con el pelo gris. Se unirá muy bien y apenas dejará una cicatriz perceptible. Ah. Arlette se sintió Maria Callas. el subjefe. Era el segundo de a bordo de la Policía Judicial. pero no es nada. y se le tendrá que suturar. para entonces usted ya se habrá recuperado del shock. ¿para qué diablos sirve? Su hombre está en el quirófano. Tenía unos modales exquisitos. les llevó a los tres a urgencias.hubiera apartado se la habría clavado en el estómago. Suerte que ellos estaban cerca. Una herida mucho peor que un disparo. Dijo: —¿Puedo sentarme? —Y luego—: Me parecía que le debíamos algunas explicaciones. Si se siente preparada ya para ello. —¿Y el otro? —La articulación de la rodilla está destrozada. —Entiendo lo que quiere decir —dijo Arlette. delgado. le he dado un sedante. Hemos tenido que hacerles marchar. Un pequeño corte. pensó ella. había entrado en su cubículo y le sonreía. no muy distinto. no seré técnica. No hay que sentir mucha lástima por él. La furgoneta. Saum estará aquí enseguida. y los policías le están rondando como buitres. bueno. ¿han estado ustedes en la guerra? —mirándole la mano a Arlette—. en el tejido de la superficie interior del muslo izquierdo. de unos cinco centímetros y no demasiado profundo. Claro que si un policía no puede hacer eso. Si te pinchan con esto es cosa seria. Despertó como se hace ante un movimiento silencioso. y estará fuera dentro de media hora. cuando se dormiría a pesar de los golpes y los gritos de las enfermeras. Con los disparos y los gritos unas cuantas ventanas y persianas se habían abierto en la larga pared blanca de pisos. —Era un bonito acrónimo: Servicio de ambulancias para urgencias médicas. La zona de los genitales está intacta. Catalán. eso —examinando el mango en forma de asta en forma de S y el sencillo mecanismo de cierre—. —Dios mío —exclamó la enfermera—. Un hombre de edad madura. Era como estar en un teatro. quédese echada un rato. —Mi esposo… le han herido en el muslo con un cuchillo. —Colmillo Blanco —dijo Papi cogiendo el cuchillo—.

Tuvimos que hacerle salir. pero la verdad. Una cosa como una bayoneta… haría detener a cualquiera. Corinne. son muy astutos. o mejor dicho. no ha sufrido ningún daño. El que regresaran ustedes por el otro camino nos ha desconcertado un poco. Está un poco adormilada por la impresión y un librium o algo así… ¿quiere que siga? ¿O espero hasta que esté recuperada? —No. y se le ha abierto ese feo corte. Eso ayudó a ligarlo. ¿Quiere que le encienda un cigarrillo? ¿Puedo traerle algo para beber? Se ha caído usted sobre la mano. Le hicimos venir. Trataré de ser breve. era que no podíamos tocarle. O sea que golpes y heridas con intención de causar la muerte. Lo único que podíamos esperar era tentarle a regresar aquí. los alemanes tuvieron un caso de ataque a un hombre con hoja de afeitar. pero se recuperará en dos o tres días como mucho.ningún músculo ni tendón dañados. y le preocupaba que eso le echara a perder el blanco. El testimonio suyo respecto al corte con la hoja de afeitar era insuficiente: ninguna identidad y él tenía veinte coartadas. Después. No era suficiente tenerle merodeando por ahí con un cuchillo en el bolsillo. Hay un pequeño consuelo en matar a un asesino. por lo demás. no se lo habría perdonado. Por eso Papi y la chica estaban bastante lejos. pero de no haber sido porque usted le ha atacado. totalmente inexplicable en Munich. y él lo sabía. —En primer lugar. Las he visto peores producidas con cristales. Permítame que la ayude a incorporarse. Teníamos tres hombres. Usted lo adivinó. por supuesto. Me gustaría tomar un poco de café solo. No podíamos hacer gran cosa más con aquel hombre. Le ruego que me crea si le digo que no habríamos puesto en peligro su vida de esta manera si hubiera existido otra posibilidad: no debería decirle esto. No ha perdido la cabeza. todos ellos excelentes tiradores. Arlette aceptó este ofrecimiento con gratitud. estaba bien cubierto. No utilizamos personas como señuelo cuando no es el trabajo para el que se les paga. nunca se acercan. estaba demasiado lejos. esos individuos. Posee aquella floristería. Y hemos tenido que esperar a lo que legalmente se conoce como los comienzos de la ejecución. Los suizos. Tuvimos que esperar que volviera a venir. usted le tapaba la visibilidad. se metió en un lío y nosotros llegamos demasiado tarde para sacarla de él. Estamos de lo más agradecidos. Le contamos muchas cosas de lo que usted nos había dicho. hemos tenido que mantenernos fuera de la vista. . pues había una pequeña coincidencia en la pauta. Sin embargo… »Todo lo que termina bien está bien. Podía haberme expresado mejor —ofreciéndole la palma de la mano para que la utilizara como cenicero y soplando en ella. ahora. o desde luego no se le habría acercado. Sólo es un delito menor. En la cuestión de narcóticos no hay nunca nada. y ha tenido que correr. Regresó a Suiza. no le habrían extraditado. que tiene una bonita casa en Suiza y demasiado dinero. Es una bestia vengativa. el jefe le interrogó. —Hay que felicitar a los dos por el valor con que se han enfrentado con él. le ha derribado y ha hecho un buen trabajo. —Una taza de papel es lo mejor que he podido conseguir. —Él fue a buscarlo. podría haber acabado mucho peor. Bien. es nuestra frase hecha favorita —tomando un sorbo de Nescafé caliente y no demasiado flojo. Teníamos que tener algo realmente fuerte. »Hecho eso. Esa chica. Tuvimos. un hombre con un Maserati rojo.

sí —dijo Arlette—. ∞ . sí. —Oh. —Usted eligió este trabajo. me ha dicho el jefe —sonriendo—. Él le cogió la colilla y la aplastó con cuidado en el tacón de su zapato. Empezaré de nuevo.—Hombre… deje de excusarse. —Bueno —con jovialidad—. De vez en cuando entraña riesgos que no se prevén. —Oh. Me arriesgué. —No —dijo Arlette despacio. lo sabía. Imagino que la lección no habrá caído en saco roto. —¿Tal vez no tendrá prisa por empezar de nuevo? —alegre. No todo son buenos consejos a muchachitas que se han escapado de casa.

le han valido los más importantes premios concedidos a la literatura policíaca: la «Daga de oro británica». 1927 .NICOLAS FREELING nacido como Nicolas Davidson. varias de ellas protagonizadas por el inspector Henri Castang. 2003) fue un escritor británico que se educó en Francia e Inglaterra. Hasta su muerte residió en Los Vosgos y confesaba sentirse más continental que británico. Se ha dicho de él que «es el único autor del género que puede compararse a Simenon». Sus obras. .Grandfontaine. el Gran Premio de la novela policíaca francés y el «Edgar Allan Poe» norteamericano. (Londres.

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