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Para Amodio y Pérez (2006), los wayuu, llamados también guajiros, son un grupo indígena de habla aruak establecido, entre Venezuela y Colombia, en múltiples nichos ecológicos, al norte de la península de la Guajira y al sur del lago de Maracaibo. El territorio es una planicie semidesértica que llega al mar Caribe, con terrenos arenosos y ensenadas; más la baja montaña de la Alta Guajira, con un ambiente pedregoso y árido. Administrativamente, el pueblo wayuu se localiza en Venezuela en diferentes municipios del Estado Zulia, más algunos pequeños grupos en los Estados Trujillo, Mérida; mientras que hay familias y pequeños grupos asentados también en los Estados Carabobo, Lara y el Distrito Capital. A los wayuu asentados en comunidades tradicionales, hay que añadir los que viven en las urbes criollas, sobre todo en Maracaibo, hacia el noroeste, donde hay amplias zonas barriales ocupadas por estos indígenas. El XIII Censo de Población y Vivienda, realizado por el Instituto Nacional de Estadística, dio cuenta de 293.777 individuos wayuu censados, de los cuales 33.845 individuos están asentados en comunidades rurales y 259.932 en centros urbanos criollos. En cuanto a la economía, los wayuu son reconocidos fundamentalmente como criadores de ganado caprino y bovino, aprovechando la carne y la leche, con la cual fabrican quesos para uso interno y para la venta. A estas actividades se añaden otras de tipo agrícola, sobre todo en la sierra de Mucuira, donde la humedad favorece el cultivo de maíz, plátano, patilla y algunas especias de leguminosas, entre otras plantas. La caza es una actividad masculina, siendo particularmente importante para el status del varón y se realiza con arco y flechas, trampas y escopetas. La caza abarca pequeños animales, aves y hasta venados, armadillos y tortugas terrestres. La actividad de recolección es escasa, debido al tipo de vegetación del ambiente desértico. 12 La sociedad wayuu está estructurada en grandes clanes matrilineales (sibs), tendencialmente endogámicos, dentro de los cuales es posible encontrar varios linajes formados por familias matrilocales. Existe actualmente una treintena de clanes (o castas, como son llamados localmente), de los cuales los más importantes son los Urianas, los Pusháinas y los Jusayúes, entre otros. Cada asentamiento (ranchería) depende de una o mas autoridades que dirigen a sus parientes uterinos (el Apüshi), organizando los trabajos comunitarios, además de asumir la vocería del grupo. De mucha importancia es el sistema jurídico wayuu, que incluye una compleja definición de delitos y de su resolución a través de la mediación de una figura especializada, el Pütchipü (palabrero), quien interviene cuando se producen conflictos entre las familias. Los wayuu creen en la existencia de un lugar especial, Jepira, donde van las almas de los muertos, después de haber recibido los dos entierros rituales previstos por la tradición cultural. Los espíritus de los muertos pueden regresar al mundo de los vivos como sombras benignas (Yohula), o malignas (Wanülü) productoras de enfermedades, pero también pueden asumir el rol de ayudantes de las curadoras. Los espíritus de los muertos pueden comunicarse con los vivos, sobre todo sus parientes, a través de los sueños, de allí que existe un complejo sistema de interpretación del mundo onírico. El chamanismo es tanto femenino (ouutsü) como masculino (ouutshi), con preponderancia de profesionales femeninas. La artesanía wayuu incluye una amplia gama de objetos ornamentales, como collares y pulseras, y utilitarios de cerámica. La producción de cerámica es una actividad femenina fuertemente cargada de valores espirituales. De la misma manera, se elaboran tejidos y chinchorros y, en tiempos más recientes, tapices de gran éxito en el mercado de la artesanía nacional e internacional. De hecho, a las actividades tradicionales, hay que añadir las comerciales, tanto de productos elaborados por los mismos wayuu, como de otros occidentales, haciendo de puente entre los mercados de Colombia y los de Venezuela. Intensa es la actividad de contrabando. La Oralidad. Transmisora de cultura. Para la opinión pública mundial, todas las sociedades indígenas continúan siendo primitivas, atrasadas, salvajes, incivilizadas, pobres en manifestaciones culturales, virtualmente carentes de lenguaje articulado y, en suma, condenadas a desaparecer; esta concepción se refleja en los sistemas educativos, negando la especificidad de cada cultura indígena. “...En la actualidad, los miembros de las culturas orales están exigiendo su ingreso al mundo de la escritura, guiados por el principio de que en esta época ya es imposible que las sociedades indígenas sigan permaneciendo aisladas entre sí, autocráticas y autosuficientes“ (Mosonyi). En las sociedades indígenas el saber es transmitido de manera oral. La participación del individuo en la producción cultural es distinta. En efecto, son los individuos quienes producen nuevos intentos técnicos, cantos, historias, etc, para ser integrados en la cultura, tienen que ser aprobados y aceptados por el grupo. Por ejemplo, si una persona produce un canto, éste puede ser escuchado por otros y transmitido de boca en boca, hasta que todo el grupo lo cante: en este caso el canto se vuelve patrimonio del grupo. Sin embargo, puede no ser transmitido a otros (tal vez por no reunir los contenidos culturales) y así no integrarse a la memoria cultural local. Si el canto cuenta la historia de una pareja de jóvenes que deciden casarse y realizar sus deseos, éste en su difusión puede producir un fenómeno muy interesante. El canto es transmitido en forma oral, por lo que su contenido puede perderse o agregarse. ¿Qué puede ocurrir?, que la décima persona que reproduce el canto podría ser una persona que quería casarse con su enamorado, pero no lo logró porque sus padres se opusieron; ella -en el momento de cantarlo- recuerda su historia, modifica el final del canto, de alegre a triste. En la misma manera, un sucesivo canto puede introducir otras variantes, como la muerte del muchacho o dificultades para estar juntos. Como la primera versión del canto no fue escrita, al momento de su difusión dio origen a otros cantos diferentes. Finalmente, el autor del canto no es considerado como tal, sino todos los que participaron individualmente en su transformación. Es aquí donde el grupo se convierte en autor cultural y no el individuo. Lo mismo puede ocurrir con otros elementos culturales de las comunidades indígenas, y es eso precisamente, que lo hace dinámico en su existencia. El papel del individuo no se limita a su contribución en la producción de nuevos elementos. De hecho, su principal papel es vivir la cultura, como sujetos históricos de ella; ésta sobrevive en su memoria y a través de ellos, los datos culturales se transmiten a otras generaciones. Cada indígena, cada wayuu es una biblioteca andante; cada indígena, cada wayuu que muere es una biblioteca que se pierde. La transmisión oral implica el desarrollo y buen manejo del lenguaje por parte de los expositores, y la agudeza del oído por parte de los receptores; afianza el sentimiento colectivo de su identidad y difunden el ejercicio de la palabra, el pensamiento cosmogónico ancestral. a) La Oralidad Wayuu En la tradición oral wayuu, el conocimiento y la experiencia cultural colectiva se realiza en forma espontánea, mediante la comunicación directa entre ascendientes y descendientes, entre ancianos y adultos, jóvenes y niños. Las coversaciones, los diálogos, las narraciones históricas, las canciones, los refranes, el humorismo espontáneo, constituyen una diversión, una expansión espiritual y un entretenimiento para la familia y la comunidad, cuyos depositarios son los ancianos. Los ancianos son los libros vivientes que testimonian y guardan el patrimonio cultural y literario del pueblo wayuu. Ellos son las referencias bibliográficas del mito, el cuento y la leyenda, que relatan simbólicamente las vivencias cotidianas, las experiencias culturales y su convivencia armónica con la naturaleza. Las ideas sobre el origen de todo cuanto le rodea, la existencia de los seres y un copioso código de costumbres y claves culturales que constituyen la propia identidad étnica wayuu, forman la verdadera idiosincracia. Las deidades, los elementos, los animales y las plantas humanizados, sirven de vehículo a las informaciones que los narradores quieren transmitir. El pensamiento wayuu ha tratado el problema a múltiples niveles. El alijuna ha invadido todas las tradiciones, está presente en todas las técnicas, desde las más fundamentales, las más cotidianas y aparentemente las más ancestrales que van desde la cría de ganado hasta el intercambio de productos, que han modificado las relaciones de poder. Dos problemas se plantean entonces: 1. La manera cómo el wayuu ha intentado introducir al Alijuna en sus narraciones tradicionales 2. Cómo el pensamiento mítico -en el campo de la experiencia cotidiana y la interpretación de infortunios (las narraciones de Wanülü)- introduce al Alijuna como término fundamental en el pensamiento actual, aún cuando no se manifieste explícitamente. La Oralidad no deja escapar detalles mínimos de la palabra, está como fuerza cohesionadora del idioma, y por ende, como habla de la nación wayuu. De allí que la morfosintáxis, la simbología, la entonación gestual y la disposición anímica del hablante sean admirables pinceladas descriptivas-narrativas, que se conjugan con los temas que se enfocan. Particularmente Fajardo (2006) en su artículo “Prácticas socializadoras en la cultura Wayuu”, hace sus aportes en cuanto a la enseñanza y socialización a través de la oralidad, manifiesta que si se remonta a la forma cómo transcurre la vida en una ranchería tradicional, se hace referencia a una preparación especial para las jóvenes púberes, quienes son aisladas en un cuarto, e instruidas por sus madres, tías y abuelas durante un período determinado. Bajo la dirección de un Outsü, el aprendiz, escogido a través de los sueños, recibe el conocimiento especializado de su maestro: aprende a mascar tabaco (manilla), a cantar, hablar y en general, los ritos para la curación. Se incluye también el saber referente a plantas y tierras medicinales y otros conocimientos especializados relevantes a su desempeño como Outsü. En la adolescencia, el sobrino aventajado de un Putchipü“ü acompaña a su tío a los cobros y a las diferentes reuniones donde aprende en la práctica, la manera de ser de un buen palabrero. Los pagos justos, las leyes, las tradiciones y los procedimientos son aprendidos en la experiencia cotidiana de la vida. Estos son ejemplos de enseñanza especializada equivalente, hasta cierto punto, a la especialización existente en la sociedad mayor a niveles tales como el técnico, el comercial o el universitario. La enseñanza para el wayuu, no obstante, no está restringida ni a tiempos, ni a espacios, ni a contenidos específicos. La enseñanza tradicional se basa sobre todo en la participación directa del niño en todas las actividades de los mayores; siguiendo naturalmente la división por sexo y por edad. Por ejemplo, los niños observan al tío o al padre construir las estructuras de una casa, y participan ayudando a ciertas tareas secundarias, acarreando materiales livianos o simplemente haciendo pequeños mandados. Las tareas más complicadas -en las que no pueden participar directamente- son efectuadas por los niños a manera de iniciación en los juegos. Día a día, cuando los niños realizan las tareas de cuidado y manejo del cuidado, aprenden de sus mayores no sólo las técnicas rutinarias y todo el conocimiento necesario referente a los animales sino algunos trabajos más especializados, puesto que nunca se ven excluidos de las actividades de los mayores. En las labores estacionales como la agricultura o el veraneo, e inclusive en las más recientes como el trabajo en las salinas, se realiza un proceso educativo continuo a través de la participación directa de los niños. A las niñas se les enseña de la misma manera a través de la participación directa en las actividades diarias -las manufacturas de todo tipo, las labores de cocina que requieren la ayuda no especializada que pueden proveer los niños-. La enseñanza que en muchos aspectos es común para niños y niñas, incluye no sólo el aprendizaje de técnicas específicas sino también un proceso de socialización a través del cual se inter realizan cuadros normativos, valores, costumbres, ritos, etc. El resultado total de esta experiencia educativa es una formación integral en la cual se desarrolla un tipo característico de percepción y una visión del mundo que permea la cultura wayuu. Si los medios tradicionales de enseñanza responden en forma lógica y adecuada a la realidad socio-económica, los fines de esta educación son también armónicos e integrados al tipo de vida de la sociedad wayuu en general. En efecto, estos fines y medios responden a las necesidades de la sociedad y de los individuos para poder operar satisfactoriamente en esas condiciones y no puede ser de otra manera, una educación que -al no tener tiempos y espacios separados de la realidad de la vida del grupo- evita la elaboración de contenidos y fines estáticos, volviéndose sumamente dinámica, operativa y funcional. El contacto con la sociedad mayor y la creciente necesidad de trabajo asalariado en los centros urbanos les ha mostrado a los indígenas, la necesidad de cierto conocimiento especializado que les permita actuar eficazmente en sus nuevas situaciones de trabajo, en los medios urbanos y en general en sus relaciones con la sociedad mayor. Los conocimientos especializados más importantes son: aprender a hablar, leer y escribir el español. Las escuelas proveen de este tipo de conocimiento y es por ello que hay una demanda creciente de este servicio entre los wayuu. La imitación tiene un papel importante y el mismo juego es una reproducción de las actividades de los adultos, generalmente los juguetes son instrumentos de trabajo en miniatura: arcos y flechas, ollas para cocinar, etc. Desde la primera infancia se observa una diferenciación de aprendizaje en relación al sexo. Poco a poco, sin necesidad de escuela, niños y niñas se integran a la vida de la comunidad aprendiendo a comportarse según las expectativas de los adultos. Cuando nos referimos a la Península de la Guajira colombo-venezolana, no es más que una región mágica, energética, épica y al mismo tiempo lírica que, llamaremos cajón Caribe o región Caribe, cuna ancestral de los indígenas guajiros autodenominados wayuu, que en el wayuunaiki (idioma guajiro) quiere decir gente o persona. Debo enfatizar desde el principio que la lengua de los wayuu pertenece a la filiación lingüística arawaka. Según los cronistas, se enfrentaron a otras etnias indígenas. Unos de sus rivales debieron ser indios caribes. Al decir del eminente lingüista venezolano Esteban Emilio Mosonyi, la palabra Caribe, es una auto denominación y ha sido adoptada como una filiación lingüística. Es en este cajón mágico donde tienen el hábitat los wayuu. Sobran palabras bellas y sostenidas en pos de la paz transgeneracional, la solidaridad y la reciprocidad colectiva y las creaciones artísticas artesanales, cuyos antecesores más conspicuos a mi modo de ver son ciertos animales como el pájaro Utta (palabrero por excelencia, en la mitología wayuu); sigue en la lista el mapurite (el gran vidente-shamán); la alekerü (araña tejedora), entre otros: Ellos animarían luego a ciertos hombres y mujeres wayuu a curar cantando, ouutsu-oo’ulakülü; como hacen los cantores rapsodas, los jayeechimaajana, durante las parrandas y actividades bucólicas; ellos también están presentes en los cantos fúnebres para animar y entretener a la persona que ha exhumado los restos de su familiar durante la realización de un segundo velorio entierro entre los guajiros y reproducir así en el imaginario colectivo de los presentes el acervo histórico, épico y amoroso, y establecer una relación armónica entre la naturaleza, el hombre y los elementos del cosmos. Todas estas actividades tienen como fin garantizar el proceso de endoculturación entre los miembros de la sociedad wayuu, cultivando la palabra diáfana, sencilla y profunda a la vez, a través del recurso de la oralidad, que como demostraremos más adelante seguirá un curso entretejido entre la oralidad y lo escrito, lo tradicional y contemporáneo, gracias al castellano como lengua puente entre nuestras lenguas maternas. López (2000). “Encuentro en los Senderos de Abya Yala”, hace poesía con la región habitada por los Wayuu, escribiendo sabrosuras como A cuatro kilómetros al Sur del puerto marítimo de Taroa, entre la punta occidental de la cordillera de Macuira y las faldas del ramal oriental de la serranía de Parashi, se encuentra un hermoso valle con el nombre indígena de Irotsima. En el año de 1920 se hallaba allí ubicada una extensa ranchería de indios pertenecientes a la casta Epieyú, cuyo cacique se llamaba Talhlua, probable descendiente del histórico cacique –que según la tradición indígena– encontraron los españoles del siglo XVI con el mismo nombre en aquel Puerto pintoresco, eternamente arrullado por las espumantes olas del CARIBE turbulento. Mosonyi en su trabajo sobre la Oralidad (s.f.) “Dentro de una visión más amplia de las culturas, nos resulta fácil asociar la oralidad con la música y el canto, con representaciones escénicas, con juegos y danzas, con reuniones, ceremonias y ritos sociales, con el trabajo colectivo y a veces individual. No hace falta una pesquisa minuciosa para descubrir la inserción directa o indirecta de la oralidad en todos y cada uno de los actos humanos, incluidos el sueño y el cavilar silencioso. Si bien no se descarta la existencia del pensamiento puro sin el soporte del lenguaje en la minoría de los humanos que no han aprendido ningún idioma, lo cierto es que la gran mayoría hablante utiliza profusamente las reminiscencias de su lenguaje oral en el transcurrir de su pensamiento”. Según Márquez Ariagnis 2008. Platos típicos wayuu. Logro recopilar información consultando a varias personajes conocedores de nuestra cultura indígena wayuu. En épocas anteriores, nuestros hermanos wayuu comían frutos que les brindabas la naturaleza, tales como. Wayamui, planta silvestre, este alimento es muy parecido a la mata de iguaraya, o sea el cardón. Esta planta era cocida para luego consumir el corazón. Kaliiyu, planta silvestre, de esta planta se comía la fruta, este alimento lo consumían a diario. jaya, este alimento fue uno de los platillos favoritos de los wayuu, se consumía como cualquier fruta, afirma que su sabor es dulce. Pula, a: este alimento en tiempo pasado lo consumían como fruta y lo hacía en mazamorra con leche. En la misma línea, Hilario Chacin. La Cocina Wayuu. (2012). Los alimentos son todos aquellos productos que nos brinda la madre tierra y el dios lluvia (Juya) y que debemos consumir para mantenernos en buen estado y bienestar; ya que nos proporciona las sustancias al organismo, la materia y la energía que este necesita para mantenerse en vida. Sirven para crecer, los, trabajar y poder interactuar como persona que constituimos una sociedad, se derivan de anímales, de las plantas y minerales. La alimentación adecuada es un derecho del ser humano, un derecho de cada persona en cada país, enmarcado en el contexto de la seguridad alimentaria internacional. Este derecho es indisociable de otros derechos.