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Pavlin, Francisco Jose Delito, seguridad y control social: 'La cuestión policial en la Argentina' Tesis
Pavlin, Francisco Jose Delito, seguridad y control social: 'La cuestión policial en la Argentina' Tesis

Pavlin, Francisco Jose

Delito, seguridad y control social: 'La cuestión policial en la Argentina'

Tesis presentada para la obtención del grado de Licenciado en Sociología

Director: Oyhandy, Angela Graciela

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Cita sugerida Pavlin, F. J. (2008) Delito, seguridad y control social: 'La cuestión policial en la Argentina' [en línea]. Trabajo final de grado. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Disponible en:

http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.615/te.615.pdf

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA FACULTAD DE HUMANIDADES Y CI ENCIAS DE LA EDUCACIÓN DEPARTAMENTO

UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA

LICENCIATURA EN SOCIOLOGÍA TRABAJO FINAL Delito, Seguridad y Control social:

“La cuestión Policial en la Argentina”

Alumno: Pavlin Francisco Jose Legajo: 68839/4 Imail: franciscopavlin@hotmail.com Director: Angela Oyhandy Fecha: 05/11/2008

Pavlin Francisco Jose Legajo: 68839/4 Imail: franciscopav lin@hotmail.com Director: Angela Oyhandy Fecha: 05/11/2008

ABSTRACT

El siguiente Trabajo Final es un abordaje a la temática de la seguridad y el control social en Argentina a partir del análisis de una de sus problemáticas: la cuestión institucional policial. El objetivo de este análisis es recorrer diversas miradas y opiniones presentes en el campo académico entorno a uno de los aspectos fundamentales de este problema: la relación conflictiva entre las fuerzas de seguridad y la sociedad civil. Sobre esta relación se esquematizan diversos análisis claves para pensar al problema policial: la crisis del modelo tradicional de policía, la problemática acerca de los discursos que moldearon a la institución en su periodo de gestación moderna, la problemática entorno a los procesos de formación de policías, de la identidad institucional y de como se representa a lo civil desde la misma. Así, se retoman diferentes diagnósticos sobre el problema policial, pero también se incorporan diferentes planes de acción e iniciativas que se vienen llevando adelante o que deberían implementarse para encontrar soluciones a este problema social.

TERMINOS CLAVES Cuestión Policial - Políticas Públicas de Seguridad - Modelo tradicional de Seguridad - Modelo Militarizado de Policía - Control Social y Sociedad Disciplinaria - Táctica de Sospecha - Procesos de formación Policial y Ser Policial.

INDICE

1. Presentación e Introducción……………………………………………

Pág.

6

2. Delito, Control Social y Seguridad: “Crisis, debate y nuevo

paradigma”

Pág.

12

3. Política y Seguridad: “Desgobierno y Reformas Policiales en la Argentina

Democrática”…………………………………………………………………Pág. 16

4. Control Social y Delito: “La Táctica de Sospecha y otros ruidos de la

batalla”…

Pág.

32

5.

El Ser Policial: “La Disciplina y la Moral en los procesos de formación

 

policiales.”………………………………………………………………

Pág.

45

6. El Gatillo fácil y la militancia Anti-Represiva………………………….Pág. 53

7. Conclusión Final…………………………………………………………

Pág. 59

8. Notas……………………………………………………………………….Pág. 68

9. Bibliografía………………………………………………………………

Pág. 77

“¿Es que la policía se nos aparece como una institución por completo indefinible? ¿Es posible definirla con sus costosos precios acuñados en su misma moneda? ¿Es posible, es verdad que la letra policial solo penetra con sangre? ¿Es la sangre su letra estrepitosa, estruendosa? ¿Es su buena letra no mas que sangre detenida, letra apresada, sangre coagulada? Mas que indefinible, ¿es esto lo que la hace indefendible?”

Tiempos inclementes, Kaminsky Gregorio

1. PRESENTACION E INTRODUCCION:

El problema policial en la argentina suele ser tapa y tema del día en diarios y noticieros

de TV; debate, preocupación y disputa en la arena política y su agenda pública; parte de

una temática y problemática en el mundo de las ciencias y el campo académico. Las

imágenes cotidianas con las que se desenvuelve el entramado social suscitan preguntas

y opiniones diversas. Imágenes de violencia y muerte en las pantallas, discursos

bucólicos que se repiten constantemente en la “crónica roja”, una balacera de miedos y

entredichos se dispara cuando se pone en discusión la cuestión del delito y de la

seguridad. “Delito”, “delincuencia”, “inseguridad”, “violencia policial”, “incapacidad

del estado”, etc., se presentan en comunión, un conjunto de palabras deglutido junto a

otros insumos en el mercado de bienes simbólicos. Marcan con crudeza y exagerada

conmoción un capitulo abierto en la historia de nuestra sociedad: el problema policial.

Se parte de la idea de ver a la sociedad como instancia eminentemente conflictiva en la

que se producen y reproducen constantemente relaciones de diversas características,

que están trazadas por lo económico, político y cultural. La crisis económica y social

reflejada en el aumento de los indicadores asociados al mundo de la pobreza en las

últimas décadas, vino acompañada del aumento de la sensación de “inseguridad” y de

fenómenos como lo son la violencia enmarcando múltiples relaciones sociales, entre

ellas las de las agencias de control social con el entorno civil. Lejos de trazar relaciones

directas de causalidad, la degradación y el debilitamiento de algunos pilares (altos

niveles de empleo y fuerte presencia estatal en áreas sociales por ejemplo) que habían

sostenido el anclaje de las identidades populares en la sociedad argentina, le dan forma

en cierta medida a la problemática abordada, vienen a ser algo así como “el clima de

época”: desempleo record y fragmentación del mercado de trabajo, aumento de hogares

y de personas por debajo de la línea de pobreza, ensanchamiento de la brecha social y

complejizacion del núcleo duro de exclusión 1 ; nuevas modalidades delictivas y una

progresiva incidencia del tema en los medios masivos, nuevos fenómenos de acción

colectiva vinculados a la problemática de la seguridad (manifestaciones en repudio de la

acción policial o demandas por aumento de efectivos, tomas de comisarías, cacerolazos,

etc.), y la imagen de un Estado que observa como otras instancias (como las iniciativas

comunitarias o la industria de seguridad privada) se abren paso. La cuestión policial

argentina expresa una crisis multidimensional: entre Estado y sociedad, entre los

campos de producción de sabéres y los ámbitos de toma de decisiones políticas, en los

paradigmas de definición y cursos de acción sobre la criminalidad; a su vez marca la

redefinición de estas cuestiones bajo una nueva óptica, y la posibilidad de emergencia

de respuestas a la demanda; de manera gradual y conflictiva el problema puesto en

escena produce choques de intereses, de valores y objetivos, de reacomodamientos en

la red de estrategias y tecnologías que conforman el campo de la seguridad.

Una de las características que asume esta crisis tiene que ver con la relación tensa,

conflictiva, y por momentos violenta de la policía para con la sociedad civil. Esta trama

de relaciones es visualizada, configurada y debatida como una problemática social

dentro del campo de las ciencias sociales. Lejos de la ilusión de una relación armónica

entre fuerzas de seguridad y la ciudadanía, y también lejos de la superficialidad de los

medios, quienes bajo su propia lógica, y ante la ausencia de un marco institucional que

resignifique en otros términos el problema, toman la iniciativa y se hacen participes

abogando por salidas que no siempre se encuadran hacia el horizonte de un Estado

Democrático de Derecho, recreando y reforzando la violencia, es que nos proponemos

1 Indec, “Pobreza”, Serie histórica, porcentaje de personas y hogares por debajo de la línea de pobreza en el Aglomerado Gran Bs As desde mayo 1988 en adelante, y también, trabajo e ingresos-“empleo y desempleo”, Serie histórica: tazas de actividad y empleo, desocupación y subocupación para el total de los aglomerados urbanos desde mayo 1990 hasta mayo 2003, según E.P.H. puntual, http://www.indec.mecon.ar/.

resaltar las diferentes consignas en las que se inscribe el debate sobre lo policial, y mas

precisamente sobre la relación policía /sociedad civil en la Argentina .

Así, se plantea el siguiente interrogante: ¿cuales son los problemas, según diversas

perspectivas, que hacen a la cuestión policial en nuestro país?

Es decir:

1)

¿Cuales son los diagnósticos sobre la situación de la policía, cual es la cuestión

policial? ¿cual es el cuadro que trazan diferentes autores? El interrogante apunta

a:

 

características generales que presenta el problema y posicionamientos

 

teóricos desde los que se lo aborda.

 

hipótesis o relaciones que formulan los autores sobre las causas que

 

derivaron en tal situación, procesos que conllevaron a la emergencia de

la problemática.

2)

¿Cuales son las categorías de importancia que se destacan desde los diferentes

análisis? En este sentido:

 

ideas fuerza, dimensiones que guían el análisis, aspectos específicos que

 

recorren los diferentes textos abordados.

3)

¿Cuales son las propuestas superadoras ante la problemática? En este sentido:

las soluciones, los intentos de cambio ensayados, o las propuestas

alternativas que, según los autores, se podrían

transformar dichas realidades

llevar adelante para

El objetivo del trabajo, entonces, tiene que ver con indagar y analizar entre diversas

interpretaciones teórica-conceptuales que se han hecho sobre esta problemática en la

argentina. Se intenta realizar un aporte sintético, clarificador y ordenador sobre los

diferentes discursos expertos en la problemática.

Estas interpretaciones abordan dimensiones diferentes que desde nuestra óptica son

claves y necesarias para elaborar un diagnostico general del problema de las policías:

son diferentes análisis desde las ciencias sociales, académicos y políticos sobre el

archipiélago de lo policial en nuestro país. En ellas se exploran, describen y explican

aspectos y características de la institución policial y se define un problema, así como

también propuestas que podrían operar como puntos de salida.

Hay una idea general que recorre todos los análisis: en todos los análisis se visualiza la

relación con la sociedad civil, en todos se dimensiona la conflictividad de la policía para

con su entorno social, ya sea desde el análisis de los vínculos de la policía con la

instancia política, desde las definiciones doctrinarias que guían el accionar de la policía

o desde las representación simbólicas gestadas desde adentro de la institución, por

ejemplo, se presenta este aspecto que transforma la cuestión en un problema. Se

propone entonces recorrer diferentes caminos para llegar a la misma pregunta.

Así también, estas diferentes dimensiones están situadas en un mismo lugar: la

formulación de la cuestión policial remite al reconocimiento y definición un problema

que involucra a las policías nacionales, pero a su vez hace alusión a una crisis más

amplia que tiene que ver con los sabéres y marcos de acción en materia de seguridad,

una crisis de los paradigmas de seguridad que tiene magnitud regional.

El objetivo de identificar y comparar los distintos abordajes a la cuestión policial, lleva

consigo dos aristas que no deben pasarse por alto: la irrenunciable pregunta ética por el

sentido mismo de la policía en nuestra sociedad, para nuestro problema especifico,

subyace comprender el significado de la institución policial y su vinculo con el estado y

sociedad, para entender el planteamiento de los diferentes autores. Y por otro lado: esta

es una cuestión social que creemos que es válido que deba ser planteada, indagada y

desarrollada. Esta postura valorativa es la que pone en marcha a la investigación, la de

cuestionar y responder esas “preguntas” cotidianas, con el interés de aportar elementos

para las nuevas políticas de seguridad (nuevos interrogantes, nuevas herramientas para

preguntar) que contribuyan a transformar la realidad vigente.

Este trabajo final esta planteado dentro un enfoque cualitativo ya que pretende indagar

diferentes perspectivas acerca de como se desarrollan procesos sociales en instituciones

y como se construyen representaciones e imágenes en las que se pone en evidencia el

significado dado por los actores a estas relaciones.

Dado el carácter monográfico de la investigación los medios de investigación son

bibliográficos, fuentes secundarias que nos permiten la construcción del objeto y la

posibilidad de recolección y análisis de información sobre el mismo.

El esquema metodológico trazado consiste en tomar diferentes fuentes documentales

sobre la cuestión policial en la argentina, procurando sistematizar las ideas en relación a

los interrogantes del trabajo, y presentar una conclusión final, sintetizadora y

esquemática del problema tratado.

El criterio de selección de los diferentes autores 2 esta dado de acuerdo a diferencias y

2 Sain Marcelo Fabián, Seguridad, democracia y reforma del sistema policial en la argentina; Ed Fondo de Cultura Económica, Bs As 2002; Gorgal Diego: “Estado y Seguridad, apuntes para una reformulación del sistema de seguridad interior en la Argentina”, Revista Colección VIII N. º 13., Año 2002 Sozzo Máximo, ¿Hacia la superación de la táctica de sospecha? Notas sobre prevención del Delito e Institución Policial; en "documentos de trabajo CELS, Seminario Control Democrático de los Organismos de Seguridad Interior en la República Argentina", Bs. as abril de 1997. Oliveira A. y Tiscornia S., Estructura Practicas de las policías en la Argentina. Las Redes de Ilegalidad; en "documentos de trabajo CELS, Seminario Control Democrático de los Organismos de Seguridad Interior en la República Argentina", Bs. as abril de 1997. Hathazy Paul, Cosmologías del Orden: Disciplina y Sacrificio en los Agentes Antidisturbios,

similitudes, en posturas teóricas, en categorías trabajadas y en propuestas relacionadas

al problema especificadas a lo largo del trabajo.

Ponencia presentada en VII Jornadas de Antropología Social, Córdoba, Año 2004.

Sirimarco Mariana, Acerca de lo que significa ser policía. “El proceso de incorporación a la institución

Policial”

Antropofagia, Buenos Aires, 2004. Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), Cartas de Presentación, Archivo

de casos y Boletines Informativos 1998 – 2007.

En: Tiscornia, Sofía (comp.) Burocracias y violencia. Estudios de antropología política, Ed

2.

Delito, Control Social y Seguridad: “Crisis, debate y nuevo paradigma”

Podemos definir a la cuestión policial como un foco de planteamientos y de debates

entorno a una problemática social: las fuerzas de seguridad en nuestro país. Este

conjunto de preguntas “irrumpe” en la agenda política argentina a partir de la crisis del

paradigma moderno de seguridad, y de las instituciones destinadas a este campo creadas

durante la construcción de nuestro Estado Nacional durante el siglo XIX. Estos

replanteamientos en materia de seguridad emergen con mayor fuerza sobre una

coyuntura caracterizada por el aumento de los índices de inseguridad y la percepción

subjetiva del fenómeno, junto con la incapacidad de acciones estatales para generar

soluciones, y la crisis de las ideas que habían orientado al modelo anterior: optimismo

en el progreso social a partir del desarrollo científico, y en el poder correctivo y de

rehabilitación de las instituciones penales.

Pero no son cuestiones nuevas: marcan más de un siglo de interrogantes y de

producción de respuestas en el campo de las ciencias sociales en Latinoamérica. La

historia del concepto de seguridad es la historia de un amplio espectro de relaciones en

el que históricamente se ensayaron y pusieron a prueba diversos vínculos entre las

políticas y el conocimiento. Este es quizás su punto de partida: la trama de saber y poder

en la que se desenvuelve la idea de seguridad. El problema esta situado dentro del

ejercicio de las políticas públicas en nuestro país, las cuales se orientaron a partir de la

producción sobre y a partir de campos de sabéres. Las políticas públicas de seguridad

fueron coordinadas y llevadas adelante por gestiones gubernamentales, y tuvieron

existencia a partir de las definiciones y procesos que desde diferentes niveles de la

sociedad se han realizado sobre la cuestión delictiva (1). En las últimas décadas, se han

producido reacomodamientos en los campos de sabéres y poderes, al punto que el

concepto mismo de políticas públicas ha sido redefinido nuevamente: estaríamos

asistiendo a una nueva racionalidad política, esto es una articulación diferente para

conducir conductas a partir de nuevos campos discursivos, y tecnologías de inscripción

del saber-poder 3 . Estos reacomodamientos en el campo de los sabéres y la política se

expresaron en una tendencia reformista en América Latina en las últimas décadas del

siglo xx

En el campo de la seguridad se dio lo que algunos sintetizan en la metáfora de

seguridad como mosaico: tenemos nuevas claves en los campos discursivos, nuevos

cursos de acción con nuevos actores formando parte de ellos: “…apelaciones a la

comunidad como estrategia de inclusión policial de la sociedad civil; iniciativas de

municipalización de las políticas publicas de seguridad; importación y traducción de

modelos extranjeros de gestión del orden urbano; etc.4 , es decir, diversos conceptos

que dan cuenta de que el gobierno de la seguridad no es una actividad únicamente

estatal, sino por el contrario a pasado a conformar una amplia red de estrategias y

tecnologías entrelazadas. Las modalidades de seguridad pueden incluir y combinar, la

producción estatal, la seguridad privada y la seguridad comunitaria. Así, el Estado no

pierde el monopolio, pero si determinados “espacios”, ante la autogestión de algunas

cuestiones por parte de la “comunidad”. Estos procesos de redefinición del ciclo de las

políticas publicas, no son estables sino más bien, como sostienen algunos autores, se

3 Aquellos que imaginaron a la teoría enlazada a una concepción general de la política, ven en la actualidad que las políticas son ahora reconocidas en su especificidad y autonomía con respecto al marco general. A su vez intervienen nuevos actores, y tampoco “se trata de una acción única…”, “sino de un entramado complejo de objetivos, intereses, valores y confrontaciones…” no es solo la acción unidireccional de un actor, sino de una suerte de batallas estratégicas. Este es el sentido de las políticas públicas en la actualidad, se hace inviable la concepción circular de ellas: definición de problema, formulación de problema, toma de decisiones, implementación de alternativas y evaluación de los resultados obtenidos. Empíricamente el circuito se “trastoca” ya que la definición de problemas no vehiculiza el proceso y los resultados son rara vez evaluados. Galeano Diego, Gobernando la Seguridad:

entre políticos, en “Tiempos inclementes”: culturas policiales y seguridad ciudadana, Kaminsky, Universidad Nacional de Lanus, Ed. U.N.L.A. 2005, Págs. 96 y 97.

4 Galeano Diego, op.citp. Pág. 108.

dan sobre un conjunto falencias que disminuyen la capacidad estatal para innovar o

implementar nuevas variantes 5 .

La reforma policial es un lugar en común dentro de los autores que analizan la cuestión

policial en Argentina. En diferentes países se han producido cambios, en mayor o en

menor medida, el conflicto de las policías asume un carácter regional.

La Reforma Latinoamericana (con sus diferentes particularidades): estuvo dirigida al

problema de la seguridad pública y la organización de un sistema penal. En algunos

países como el nuestro, la inscripción de la problemática policial fue relegada en

primera instancia por la necesidad de dar salidas a la “cuestión militar”; es decir, la

necesidad de reinstaurar los sistemas de partidos y el juego político democrático luego

de los reiterados golpes de estado, junto con la reestructuración de los ejércitos

nacionales. Esto implico la urgencia por reconstruir un nuevo marco institucional y

recrear otras variables jurídicas que expresaran la transformación social que se estaba

desarrollando. En la categoría policial, la crisis se expresó en los aspectos organizativos

internos, en la incapacidad para responder a las nuevas problemáticas y en relaciones

conflictivas con el mundo civil. Estas diferentes cuestiones se empiezan a escuchar con

más fuerza en la opinión pública desde mediados de los 90, pero venían siendo parte de

reflexión teórica intelectual, comenzando a moldear de manera ambigua y difusa, el

núcleo y los lineamientos de un nuevo campo (con nuevas claves en seguridad y con

una diferente figura intelectual canalizando sus fuerzas). Dentro de estas producciones

analíticas, comienzan a ocupar un lugar mayor lo relativo a la relación de la sociedad

civil con la institución policial. En este sentido, distintos autores que han trabajado esta

problemática coinciden en un punto de partida: las instituciones de seguridad están en

crisis. Esta primera imagen tiñe los diagnósticos que se hacen desde diferentes análisis,

5 Gorgal Diego Estado y Seguridad, apuntes para una reformulación del sistema de seguridad interior en la Argentina”, Revista Colección VIII N. º 13., Año 2002.Págs. 336 y 337

y aunque los argumentos y valoraciones difieren entre si, se insertan en el debate

subrayando la incapacidad de la institución policial para sobrellevar la cuestión delictiva

y para desenvolverse bajo nuevos vínculos con la sociedad civil.

La policía como todo dispositivo institucional involucra recursos materiales y

simbólicos, se carga con su propia subjetividad. Su acepción especifica de ser

monopolio de coacción estatal, produce una identidad propia, referencial, de ella en

relación a otro. A partir de esto hay que señalar que la policía no es solo un producto de

doctrinas, sino también de vínculos y de choques entre actores políticos o sociales, y de

proyectos institucionales que lograron imponerse: es decir, es un producto de la lucha

en los campos de poder. Por eso solo es valido abordar estos instancias teniendo en

cuenta las condiciones histórico -sociales e histórico institucionales de su emergencia,

tanto de las organizaciones policiales en nuestro país, como de las leyes y reglamentos

que las ordenan. Por otro lado, la policía no es la única herramienta de intervención

sobre el delito, como veremos mas adelante no deja de ser una instancia más dentro de

la seguridad. Aunque sin la existencia del delito tampoco existiría, ni la institución en si,

ni todos los que indirectamente viven a partir de la institución: quienes construyen sus

recursos, sus espacios físicos, sus elementos administrativos, etc.

Se resalta entonces, a los fines de esta investigación, el hecho de que la cuestión policial

se vincula a “otras cuestiones”, y que la crisis policial esta relacionada a cambios y

transformación en el campo de la seguridad, a transformaciones en el mundo del delito,

y a condiciones históricas, políticas y sociales que generaron determinados vínculos

entre el Estado y la Sociedad.

3. Política y Seguridad: “Desgobierno y Reformas Policiales en la Argentina

Democrática”

En este eje se toman dos trabajos de Sain y de Gorgal. Dichos autores abordan el

análisis de la problemática policial centrándose en la crisis del modelo de seguridad en

nuestro país y del problema que se presenta ante la necesidad de reformar el modelo

policial tradicional a partir de las transformaciones sociales que se dieron en las ultimas

2 décadas. En ambos trabajos se expone el problema organizativo funcional, del cuerpo

jurídico de la institución, y del conflicto político que se da en las policías nacionales.

Marcelo Sain caracteriza a la cuestión policial como un problema ante todo político. En

su trabajo denominado “Seguridad, democracia y reforma del sistema policial en la

argentina”, realiza el siguiente diagnostico: la policía se desenvolvió en el marco del

desgobierno policial, situación que se da desde mucho antes de 1983, pero que no

cambia luego del último gobierno militar. Con la instalación del gobierno democrático,

lejos de solucionarse la problemática se profundizan ciertos rasgos tradicionales que ya

estaban presentes en la institución, resultado tanto de la presión de las dirigencias

policiales por mantener en vigencia el modelo tradicional y algunos de sus elementos en

particular, como así también de la complicidad de sectores políticos que tejieron

vínculos con las redes de corrupción generadas por la crisis del modelo. Es decir, la

falta de voluntad política acaecida sobre el campo de la seguridad, y sobre el actor

policial, contribuyeron a la consolidación del modelo tradicional de seguridad y la

militarización de las fuerzas policiales.

El modelo tradicional de seguridad puede definirse, según el autor 6 , sobre los

siguientes rasgos, en primer lugar:

6 Sain, Op.cit, Pág. 10

policizacion de la seguridad pública: la policía gozo de autonomía política,

esto posibilito la independencia doctrinal, orgánica y funcional frente al

gobierno estatal y frente a la sociedad civil. Durante los gobiernos militares la

policía se situaba como parte de esquema general de dichos proyectos políticos.

A partir de la restauración del sistema democrático en el 83 la seguridad siguió

siendo un ámbito de la incumbencia exclusiva de la policía.

Y en segundo lugar:

una estructura policial piramidal (1 jefatura de la policía federal, 2 sub.-

jefaturas, 3 superintendencias), caracterizada por la centralización orgánico

funcional (unicidad funcional a partir de un mando único) y centralismo

organizacional (estado mayor) junto a

una estructura de personal de corte militarista: Se dividieron en el personal

oficial (oficiales superiores, jefes y subalternos por un lado), y el personal

subalterno (sub-oficiales superiores, sub-oficiales subalternos y agentes o

aspirantes, por otro) Bajo este modelo: no hubo parámetros profesionales en el

sistema de incorporación, pases y ascensos policiales. Los ascensos no se

fundamentaron en evaluación y obligación de estudios, sino que se dieron para

cumplir con las necesidades orgánicas de la fuerza (antigüedad y ausencia de

sumarios internos), es decir con su criterio castrense. El sistema de ascensos

fue manejado por una junta de calificaciones que a su vez dependía de la

superioridad.

Esto estructuró un régimen eficaz en la cooptación y el clientelismo

institucional desde la conducción (separándola de la comunidad),

aumentando el control policial de la cúpula sobre el todo (incluso a practicas

subterráneas y paralelas). Tradición que a su vez, impidió otros parámetros

organizacionales y funcionales diferentes, y enmarco resistencia interna a

cualquier proceso de cambio. Las prácticas pasaron a regirse en base a criterios

de mano dura. Por otro lado el financiamiento legal por parte del estado es

complementado con fuentes ilegales de financiamiento a partir de vínculos con

esferas de delito.

Este modelo presenta además: la falta de participación de la instancia

comunitaria.

Macrocefalia institucional (2); es alta concentración de personal y recursos en

el estado mayor policial, junto con muchas superintendencias abocadas a la

conducción y administración. La subcultura institucional militarista considero a

este estado mayor como superiores, en relación a las instancias políticas

ministeriales y de gobernación.

Detrás de este modelo de acción, se afirmo una idea de seguridad basada en la

cosmovisión policial de la sociedad. Como sostiene el autor, la policía se vio así misma

como única gestora de la materia de seguridad y reafirmo su idea del orden social: la

sociedad se ve amenazada por el delito, que es “insalubre e inmoral”. La policía, como

forma de control social “extra-institucional” no se inclino a prevenir y evitar el delito,

sino a disciplinar al sujeto, a través de la vigilancia de todo tipo de conductas no solo las

delictivas. El accionar policial se desenvolvió a través de los edictos policiales

(detenciones sin órdenes judiciales), esto doto a la institución de mayor

discrecionalidad, y a su vez este criterio normativo ilegal extendió la táctica de sospecha

como fundamento de la intervención preventiva. El tipo de vínculo que prevaleció entre

la institución y su entorno fue el de choque directo: uso directo de fuerza, “mano dura”,

alejándose del policiamiento comunitario. El vínculo estuvo definido por la

externalidad: no se genero una estructura de relaciones de cooperación entre vecindad y

policía. El resultado final fue que se consolido un modelo básicamente coercitivo

frente al delito, a partir del cual la policía le otorgo un rol inerte y pasivo a la

comunidad 7 .

Con respecto a la formación del modelo, el autor lo explica y atribuye a determinados

factores: Uno de los factores fue la presión de la policía por perpetuar el modelo (el

modelo consiste en auto-gobierno policial, esto es independencia doctrinal, orgánica y

funcional frente al gobierno estatal y frente a la sociedad civil). Esto se expreso en la

ausencia de marcos institucionales de gestión y planificación de políticas publicas en

seguridad por afuera de la policía; en la presencia de las prácticas auto-conservativas, y

en la ampliación de facultades de ampliar la propia discrecionalidad frente a la ley. Los

sucesivos regimenes militares impusieron esta organización y tiñeron a la institución

con sus rasgos militarizados. Otro de los factores tuvo que ver con la voluntad política

por mantenerlo: los gobiernos políticos delegaron la política de seguridad a las

instituciones policiales y militares. Sain 8 lo denomina “pacto explicito o tácito” entre

ambas instancias. A partir de sus grupos operativos fueron consolidando una estructura

extralegal de actividades ilícitas durante el último gobierno militar. Desde 1983 el

gobierno provincial fortaleció el vínculo de complicidad con la policía, dotándola de

recursos materiales, de facultades para actuar y sellando la promesa de no interceder en

sus estructuras de auto-financiamiento ilícitas, a cambio de ciertos márgenes de

7 “La comunidad no es mas que un actor secundario y pasivo

desarrolla la lógica de la guerra…intenta justificar y legitimar…toda forma de estado policial "

8 Sain, Op.cit Pág. 71.

autoritario, aun en un contexto formalmente democrático

mero

escenario en cuyo centro se

Sain Marcelo, Op.cit., Pág. 58.

seguridad 9 . Estos circuitos de financiamiento económico ilegal, complementaron el

monto del presupuesto legal, y sus actividades consistieron en lo siguiente: dinero

proveniente de las redes de prostitución, del juego clandestino, de ventas de vendedores

callejeros, como así también de modalidades delictivas vinculados al robo y hurto. La

redistribución territorial de la policía por otro lado, extendió la corrupción al resto de la

provincia (3). Las gestiones gubernamentales optaron por esperar determinados niveles

de seguridad por parte de la policía, evitando modificar su modus operandis,

consensuando explícitamente este tipo de vínculos.

Con respecto a la crisis del modelo Sain sugiere como elementos que conllevaron a que

el modelo se torne ineficaz: la crisis social y estatal, y la complejizacion de la

criminalidad. Estas a su vez potenciaron el sentimiento de inseguridad. Al respecto el

autor destaca que este modelo no pudo hacer frente al la situación delictiva y fue puesto

en tela de juicio, gradualmente desde mediados de los 90. Así el problema policial

ingreso en la agenda pública, ante todo debido a las percepciones sociales sobre la

corrupción y los vínculos del modelo con el sector político, junto con la ineficacia

policial ante fenómeno delictivo y el componente represivo del modelo. Algunos casos

de corrupción que pudieron reflejar los medios masivos, junto con la participación

policial en el atentado a la A.M.I.A contribuyeron a debilitar la imagen de la policía

ante la sociedad, haciendo repercutir la cuestión policial en la esfera política

gubernamental y viceversa, lo que desato una lucha entre presiones reformistas y

presiones anti-reformistas, estas ultimas impulsadas ante todo por los sectores de

Partido Justicialista Bonaerense que tenían estrechos lazos con la Policía Bonaerense.

También integra la crisis de la policía a la crisis de la idea tradicional de seguridad.

9 No obstante los gobernantes civiles democráticos no reformularon esa perversa lógica, y las fuentes ilegales de financiamiento siguieron nutriendo las arcas de las instituciones policiales”, Sain, op.citp. Págs. 64 y 65.

Gorgal sitúa la cuestión policial en relación a la incapacidad de gestión por parte del

Estado para definir e intervenir sobre el delito a partir de los cambios acaecidos luego

de la restauración de los sistemas democráticos en América Latina y el “progreso

económico” que resulto del desarrollo financiero en la región. En su trabajo “Estado y

Seguridad, apuntes para una reformulación del sistema de seguridad interior en la

Argentina”, subraya la incorporación de la seguridad en las agendas públicas a partir del

crecimiento desmedido del delito. Tal es el diagnostico presentado en el análisis de

Gorgal que retomamos en este trabajo final en el que la crisis policial aparece

atravesada por problemas de gestión y por problemas que tienen que ver con el

desarrollo histórico en el que se consolido el modelo tradicional.

Analiza el delito retomando algunas vertientes teóricas de la teoría de la elección

racional (4). En este sentido sostiene que el delito es la decisión de determinados actores

de transgredir la ley , maximizando determinados costos y beneficios en relación con su

acción y las consecuencias que la misma pudiera tener, es decir el delito es un

pensamiento racional y voluntario del individuo que elige entre alternativas buscando

maximizar beneficios (medios para fines dadas ciertas preferencias). Relaciona al delito

con problemáticas entorno a los valores de las subculturas, y dimensiona el fenómeno

delictivo como un producto de la reacción al delito mismo. La problemática de la

seguridad y el delito esta contextualizada teniendo como marco una nueva concepción

en la seguridad, que tiene que ver con un cambio en el trazado de las políticas publicas

mismas, y este cambio en el ciclo de las políticas, según el autor, obedece a una

demanda para dar cuenta de las nuevas transformaciones entre Estado y Sociedad.

Así, el marco de referencia con el que se planifica y se orienta el campo de la seguridad

en la argentina mantiene en vigencia elementos del viejo

Aunque sean

“pre-noventa” y estén en otra óptica de estado-sociedad, tienen operatividad en la

actualidad. Ej: “la organización del Sistema de Seguridad del Interior en el 92” (S.S.I), o

“el plan de reorganización general del sistema de seguridad e investigación de los

delitos en la provincia de bs as” (L. Arsalian, 1997).

Ese es el diagnostico sobre la policía en argentina: ve un modelo de intervención

represivo sobre el delito, un modelo tradicional de policía y fuerzas de seguridad

basado en la militarización y centralización orgánica. Destaca su poder punitivo de

corte burocrático- represivo, coincidiendo con la descripción hecha desde otros

encuadres sobre la cuestión policial. La institución policial vista desde este modelo

típico se presentaría con estos rasgos 10 :

-Modelo reactivo: espera que los hechos ocurran para intervenir. Sistema de paradas

fijo. Sistema 911: respuestas rápidas a la emergencia.

-Estructura burocrática, concentración de poder en la cúspide. Sistema de gestión

centralizado: (command-and-control).

-Estructura y Cultura organizacional: carácter para-militar.

-Sistema de control: asuntos internos.

-Énfasis en los procedimientos: toda acción debía ser predeterminada y predecible. Rol

del suboficial: ejecutar; rol del oficial: supervisar.

-Sistema de patrullajes motorizados y recorridos aleatorios

-Rol preventivo de la policía: arrestos

-Rol de efectivo: trabajador de factoría. Simplemente ejecuta operaciones

predeterminadas. No hay margen discrecional.

-Rol de la Comunidad: objeto a controlar.

-Sistema de capacitación estático.

-Sistema de premios: basados en el coraje y el riesgo.

Gorgal Diego, Op cit. Pág. 303.

-Función de la policía: reprimir el delito.

En su explicación Gorgal asocia el proceso de militarización de las fuerzas, a la

estructura del Sistema de Seguridad Interior. ¿Cual es el gran problema del S.S.I.? : es

una expresión del viejo enfoque tradicional de seguridad, su creación estuvo más

vinculada al ataque del regimiento a la tablada que por los nuevos fenómenos que

construyen la agenda de la seguridad en la Argentina. Se plantea en torno a la

separación de la defensa nacional con respecto a la seguridad interior. Es recién después

del 83 que se introduce esta separación para pensar a la seguridad, pero la cuestión

militar sigue siendo un problema dentro de la agenda pública hasta comienzos de los 90.

A partir de los 90 en Argentina, según este autor, comienza a consolidarse la

democracia y se reducen las posibilidades de guerra externa. Pero frente al bienestar

económico, se deterioro la seguridad en la población. Se erosionaron sus estándares.

Son 4 los ejes de análisis que se toman para definir esta situación, en la cual se inscribe

la crisis entre el estado y la sociedad: el crecimiento del delito a partir de 1991 (de

manera vertiginosa), la transformación cualitativa del delito, la percepción social del

fenómeno se modifica debido a que aumenta la sensación de inseguridad en las

personas, y el impacto social y geográfico de las cuestiones objetivas y subjetivas del

delito (5).

Esta situación, según Gorgal, exige un S.S.I. diferente: El SSI solo da forma y coordina

la acción estatal de manera represiva. No incorpora instancias estatales de prevención

social y situacional del delito. Bajo este marco de gestión política, la policía no ha

logrado nutrirse de una estructura capaz de dar cuanta al nuevo contexto social y

desempeña un rol que no debería desempeñar.

Además, el S.S.I.:

- Deja de lado agencias estatales de fuerza pública como el servicio penitenciario

federal y la policía aero-náutica nacional. También otras áreas como el registro nacional

de armas y el consejo nacional de la niñez, la adolescencia y la familia

- Se observa la fragmentación política con respecto a la seguridad. Los diferentes

ministerios tienen diferentes áreas a su cargo. Esto se debe a que cada agenda

ministerial puede no coincidir con las otras, además de tener su propia ley orgánica y su

propio régimen de personal, bienestar y hasta de hospital, cultura capacitación.

- La incapacidad del estado se observa en el ciclo de política pública, (que se ve

trastocado en diagnósticos, incorporación a la agenda y curso de acción).

Lo que se pierde en el análisis de Gordal es el factor político central que hizo posible la

persistencia luego del proceso militar del modelo tradicional: los vínculos con

fracciones políticas, cuyo ejemplo paradigmático es la relación Policía Bonaerense /

Partido Justicialista, y cuyas características desarrolla Sain.

Propuestas de salida frente al problema:

Tanto en Sain como en el análisis de Gorgal, se plantean posibilidades de cambio frente

a la demanda social que la cuestión policial genera. Las lógicas que derivaron en las

crisis de las policías, es decir en su militarización, en la acentuación de sus rasgos más

represivos y en la situación de externalidad con respecto a la sociedad civil estuvieron

relacionadas a las racionalidades políticas y a las tecnologías de gobierno con las que se

concibió a la seguridad. Las estrategias diseñadas a partir de campos de sabéres, la

densidad institucional con las que las políticas de seguridad se desenvolvieron, fueron

también el resultado de la lucha entre voluntades diversas en la red de estrategias y

tecnologías que configuraron el campo de la seguridad en la argentina.

Sain plantea como alternativas dinámicas al problema, reformas que afecten tanto al

sistema de seguridad como a la institución policial misma, siempre desde el marco de

legalidad de un estado democrático. Al respecto el autor sostiene que: el Estado es entre

otras cosas, aquella instancia que posee la facultad para el uso de la fuerza y la ejecuta a

través de la policía. Este poder esta dictaminado en la norma pero a su vez se ejerce en

el acto de autoridad. "La policía es un atributo exclusivo del Estado, el ejercicio

monopólico en el marco de un conjunto de normas

cada

estado regula libertades y

limitaciones para los ciudadanos…” 11 .La policía, desde este punto de vista, tiene el

papel de otorgar seguridad frente a actos que quebranten los derechos de la ciudadanía,

pero siempre dentro del marco legal que estipula y que regula su actuación; su

intervención esta predefinida por la constitución en su ley jurídicamente sancionada.

Otorga seguridad como una función del Estado, y es legítima porque es legítimo el

marco de Estado-Nación del que forma parte, es decir esta consensuado por la

ciudadanía que establece esa representación. También esta definido jurídicamente

aquello que se constituye como delito o crimen (6). De esta manera la policía se concibe

como parte de un sistema criminalizante: el sistema penal y sus diferentes organismos.

Por esta razón, la institución policial debe utilizar su capacidad de discriminar para

hacer efectiva la criminalización: "La policía dispone

derivado del amplio margen de iniciativa y decisión

de un considerable poder

frente a circunstancias concretas

que no están específicamente reguladas por las normas administrativas y legales ", que

los pone a actuar basándose en un juicio personal "

police discretion. Ese margen

deriva de 3 factores fundamentales:

las leyes no contemplan todas las

situaciones,

no

tienen todas las soluciones,

se

dan situaciones que requieren

respuestas

Esta

apreciación policial se manifiesta cuando la policía

11 Sain, Op.cit, Pág. 21

identifica un evento, y cuando decide el momento de intervenir y el medio a utilizar" 12 .

Por otro lado la discreción policial frente al delito, en un Estado de Derecho

Democrático, esta siempre regulada y subordinada al principio de legalidad. Esto es: la

policía puede actuar con la posibilidad del uso de la fuerza, y ocasionar efectos

inmediatos que alteren derechos y libertades, pero solo de manera temporaria y

solamente de acuerdo a la regulación y al criterio legal que prevé esta posibilidad.

Ahora bien, el modelo tradicional de policía, que Sain toma como eje central de estudio,

tiende a correr el margen de discrecionalidad debido a sus características anteriormente

mencionadas tales como la autonomía, el autogobierno, su táctica de intervención (de

carácter reactiva-represiva),etc. En ese sentido, el autor considera como factor de

importancia el pacto político con las instancias gubernamentales, mediante el cual se

permitían como institución mantener determinados márgenes de discrecionalidad.

Es por eso que se hace inviable la salida reformista sin una fuerza y voluntad política

que la haga posible, que plantee el problema señalando que son justamente sectores

políticos los que están vinculados a la crisis, y que todo cambio sustancial tiene como

condición de realización un “liderazgo gubernamental integral sobre los diferentes

componentes del sistema…una justicia criminal eficiente, en una policía altamente

capacitada y honesta, y en una ciudadanía activa y comprometida13 ”.

Desde este punto de partida, los diferentes ejes que plantea el autor son:

1) Otorgarle a la cuestión un nuevo status político y social dentro del universo

democrático.

2) A partir de esta base sólida que sostenga a las reformas el autor propone: un Plan de

Seguridad Publica que tome “la prevención social de situaciones de violencia junto a la

participación comunitaria, el sistema policial y el sistema de seguridad privada”.

12 Sain Marcelo, Op.Cit, Pág. 28 y 29 13 Sain Marcelo, Op.cit. Pág. 131.

3) A su vez subraya la importancia de construir nuevos mecanismos de gestión pública

y control policial, por ej. un ministerio de seguridad pública, que organice y planifique

las políticas publicas en seguridad. Ahora bien, en lo específico al accionar policial,

tanto en prevención como en la anulación del delito, plantea como necesidad:

4) Un sistema de mapeo delictual en base a la construcción de pequeños territorios

policiales coincidentes con las jurisdicciones de cada comisaría; un nuevo sistema de

recolección permanente de información delictiva; el análisis de esa información y la

identificación de horarios y zonas de riesgo.

5) Nuevas “estrategias y modalidades de policiamiento preventivo y conjurativo14 :

que mantengan el equilibrio entre falta e intervención policial, procurando una menor

intervención genérica o reactiva que no este basada en el mapa delictual para evitar el

abuso policial. Es decir una forma de policiamiento planificada, orientada desde otro

tipo de vínculo con la comunidad, y hacia núcleos de riesgo previamente identificados.

Para esto también seria necesario reestructurar el sistema de vigilancia policial.

Por otro lado, se plantea el accionar policial bajo nuevos principios de actuación y

control, en donde logre expresarse un nuevo sentido en relación al mundo civil

democrático (respeto por los derechos humanos y garantías constitucionales) y a la

participación comunitaria.

Gorgal también destaca los elementos del modelo policial represivo con el que se

desenvolvió históricamente la policía en nuestro país. Pero en términos de soluciones a

la cuestión hay diferencias. El análisis desde esta perspectiva no se centra en los lazos

entre el modelo policial tradicional y los sectores del peronismo, y no da cuenta de la

conflictividad política que desataron los intentos de reformas. Da cuenta del problema

14 Sain Marcelo, Op cit Pág. 137

jurídico penal entorno a la policía, pero define el núcleo como un problema ante todo de

eficiencia y de gestión. Un sistema de seguridad eficiente, desde esta óptica, seria aquel

que hiciera funcionar eficazmente los tres componentes del factor institucional: policía,

justicia y servicio penitenciario. Superado un punto el beneficio de intervenir del estado

disminuye, dado que los costos de intervención son mayores, por eso, según el autor, el

modelo no debe limitarse solo al nivel institucional de intervención sino que el estado

debe intervenir también en los incentivos y barreras de ingreso al delito a través de la

prevención

Así

viene

tomando

importancia

un

nuevo

programa

de

políticas

de

seguridad tendiente a disminuir los factores de riesgo asociados al delito.

Ahora bien, la crisis de la policía, como habíamos dicho, puede ser desagregada de una

cuestión mas global como lo es la crisis del modelo de seguridad en conjunto. Con

respecto al sistema de seguridad: el problema no es la cantidad de recursos que se

destinan al sistema, sino su productividad. No tienen productividad porque se organizan

desde un modelo burocrático, esto a su vez repercute sobre la violencia y el delito. La

propuesta apunta entonces a reformar integralmente el SSI. Esto significaría: en primer

lugar cambiar la doctrina de seguridad sobre la cual se yergue el aparato el aparato

policial, es decir conceptualizarla sobre un nuevo paradigma:-orientándola hacia la

prevención, asimilando el campo de la seguridad ciudadana como ámbito autónomo

pero actualmente participativo en la seguridad, e identificando a las diferentes fuerzas

como cosas distintas entre si. Se plantea entonces intervenir desde diverso niveles, ya

sea desde la seguridad ciudadana, desde la seguridad interior, y desde la defensa

nacional. En segundo lugar, la reforma institucional de la conducción política en

seguridad: delegando cuestiones de orden al gobierno de la C.B.A., trasladar el dictado

de la política al ministerio de justicia, y concentrar los organismos de materia de

seguridad, fortalecer calidad institucional en la gestación de políticas públicas, para

acrecentar la capacidad gubernamental en el dictado de las mismas.

Y finalmente, reformar institucionalmente las FFSS y PP: rediseñándolas, en un marco

de incentivos y optimizando su funcionamiento operativo.

Además se circunscribe también a esta propuesta: reformas en justicia, sistema

carcelario, junto con mecanismos de cooperación entre el sistema de seguridad interior

y el sistema de seguridad ciudadana y el de defensa nacional.

La política de seguridad debe ser conceptualizada dentro de “la manera mas eficaz” de

intervención estatal. Ahora bien, el problema específico de la policía también se mide

desde el modelo de “lograr los resultados de la manera más eficaz posible”. Se pueden

diferenciar exigencias de eficiencia en cuanto a prevención y represión:

-La prevención del delito es más eficaz en relación a los costos-beneficios una vez que

el delito ya ha sido perpetuado. Un estado de estas características (eficaz) mitiga el

efecto de los incentivos para ingresar al crimen, en determinados grupos vulnerables. La

prevención es eficaz si logra disminuir los factores de riesgo, aumentando los de

contención, y si reduce o controla las variables asociadas con la localización del crimen

en una zona.

- Desde esta óptica un modelo de represión eficiente es aquel que obtiene los resultados

buscados, aquel que “genera los y riesgos costos necesarios para disuadir la comisión

de delitos en función de los incentivos y barreras de ingreso existentes en la

sociedad15 . En este punto cobra importancia la cuestión policial, ya que eficiencia

también es mayor productividad en la policía. Y esto a su vez depende de la asignación

y gestión de los recursos.

15 Gorgal, Op.Cit, 302

En este sentido Gorgal pone el punto de comparación en lo sucedido con las policías

norteamericanas y de algunos países europeos a fines de los 80 y comienzo de los 90.

Fue el momento de pasaje de modelos burocráticos-administrativos de policía a

modelos gerenciales, a través de reformas que se dieron en diferentes departamentos de

policía y que tendían a incrementar la eficacia del accionar policial.

El modelo gerencial de policía, puede ser presentado bajo los siguientes rasgos:

- Modelo Proactivo: Problem Solving Policing

- Objetivo: ir en busca de los problemas que originan el delito

- Estructura funcional, flexible, pocos niveles de línea

- Sistema de gestión descentralizado, descentralización del comando operativo.

- Empowerment de los mandos medios con responsabilidad de línea. Correspondencia

funcional: acercar la capacidad de resolución al nivel de origen de los problemas

- Cultura organizacional: organización constructora de éxitos.

- Sistema de control: Early warming System

- Énfasis en los resultados

- Sistema de patrullajes mixtos (motorizados y a pie) y zonificados: equipos de efectivos

con responsabilidad sobre el territorio. Cada efectivo = managers de zona. Patrullajes

Focalizados.

- Rol preventivo de la policía: resolución de problemas comunitarios.

- Rol del efectivo: generalista, es decir, detectar problemas y facilitar soluciones.

Amplio margen discrecional. Control sobre los resultados.

- Rol de la comunidad: cooperación. Citizen Partnership

- Sistema de capacitación dinámico: entrenamiento permanente.

- Indicador de evaluación de desempeño: la taza de delito

- Sistema de premios: basados en la creatividad y la inteligencia.

- Función de la policía: resolver los problemas que originan el delito.

El modelo Gerencial de Policía, incorpora y se ve afectado por el nuevo paradigma en

seguridad, en el cual la comunidad emerge como instancia activa y participativa,

manteniendo una relación de cooperación frente al delito con la institución policial.

Estas son las dimensiones centrales de ambos análisis, ambos coinciden en el nuevo rol

preventivo que debería asumir la policía, sosteniéndose en un modelo descentralizado

que tome en cuenta la participación comunitaria. Las reformas legislativas también

aparecen como motor de cambio, pero en Gorgal el plus lo pone la optimización de

recursos policiales para hacer frente a un universo delictivo definido y categorizado

desde el marco de la elección racional. Sain en cambio, pone como dimensión central la

voluntad política para impulsar y sostener la reforma, teniendo en cuenta que los rasgos

tradicionales de la policía están vinculados a sectores políticos que estuvieron y están en

pugna frente a los vientos de cambio.

4) Control Social y Delito: “La Táctica de Sospecha y otros ruidos de la batalla…”

En este eje de análisis, se analizan determinadas ideas que visualizan la problemática

policial desde el marco de la construcción del poder disciplinario en nuestro contexto

histórico, de las ideas que gestaron la táctica de intervención que finalmente logro

consolidarse. Estas perspectivas suponen el desarrollo de los procesos institucionales de

la policía vinculándolos a la construcción del sistema de seguridad en nuestro país, y a

los procesos políticos y social culturales que se dieron desde fines del siglo XIX y

primeras décadas del XX. El poder disciplinario, de acuerdo a este lineamiento, emerge

como una red inmanente a todo el campo social, y el mismo es resultado del juego de

estrategias, de técnicas de inscripción del saber y el poder. Ahora bien, es en este cruce

en donde ponen el eje principal de análisis, en la manera en la que se consolido un tipo

de intervención policial sobre la sociedad, en base a la percepción y los discursos que

desde diversos niveles sociales se instalaron sobre la cuestión delictiva.

En su análisis sobre la cuestión policial, denominado “¿Hacia la superación de la

táctica de sospecha?”, Máximo Sozzo traza una genealogía de la táctica de intervención

policial en la Argentina. Es decir, no una mera descripción histórica de la constitución

de la institución sino de las condiciones que legitimaron y establecieron como

verdaderos determinados discursos; las voluntades ocultas (tras los “grandes discursos”)

que gestionaron y establecieron dentro de un campo de validez determinadas estrategias

y tácticas.

Según el autor, esta es una cuestión relacionada a la Política Criminal, Penal, de

Prevención del Delito y de Seguridad Urbana.

La policía es un dispositivo 16 , en la Argentina una “acción del Estado destinada a la

prevención del delito”, a partir de fuerzas policiales diferenciadas territorial y

materialmente 17 . El marco de referencia utilizado por este autor, diferencia 2

orientaciones de acción: la policía de seguridad (prevención del delito) y la policía

judicial (represión de delito). Son pensadas como “marcos teleológicos”, es decir, están

definidas por la normativa policial, sin embargo no están disociadas de la práctica

cotidiana. A partir de estos marcos teleológicos, se pueden diferenciar según Sozzo, dos

lineamientos en cuanto a técnicas de intervención (son formas de actuar a través del

dispositivo institucional sobre determinados objetos o blancos): técnicas represivas y

técnicas preventivas.

Es sobre esta dimensión (técnicas preventivas) que Sozzo traza su eje principal de

análisis:

Las técnicas policiales preventivas nacieron a mediados del siglo XIX,

impulsadas por la criminología positivista académica. A partir de la década del

80, se instalan en el programa político del positivismo y adquieren carácter

institucional. La criminología positivista medicalizó al delito: patologizó al

16 Dispositivo: Sozzo recupera el concepto de la bibliografía foucaultiana, “dispositivo institucional”, técnica de intervención”, “tecnología de poder”, “programas políticos” y “racionalidades políticas”. (Foulcault, 1988,1989, 1991a, 1991b, 1991c, 1992a, 1992b, 1993a, 1993b, 1995, 1996a, 1996b).En cuanto a Tecnologías y Técnicas, incorpora la definición de O´Malley (1996, p.205, nota 1) quien distingue entre técnicas y tecnologías: “El uso del término tecnología en su sentido amplio se refiere a cualquier conjunto de prácticas sociales que está dirigido a la manipulación del mundo físico o social, de acuerdo a rutinas determinadas. Las tres formas principales identificadas por Foucault son: soberanía, disciplina y gobierno. Las técnicas se refieren aquí a distintas formas de aplicaciones o a distintos componentes de las tecnologías”, Sozzo Máximo, Op cit., Pág. 3

17 La política sobre el delito pone a mover recursos: Este autor los define como “una conjugación compleja de dispositivos institucionales, tecnologías de poder, técnicas de intervención, racionalidades y programas políticos Estas nociones de “dispositivo institucional”,“técnica de intervención”, “tecnología de poder”, “programas políticos” y “racionalidades políticas” que pueden ser, en este terreno, de dos naturalezas diferentes: penales o extrapenales…” Lo penal consiste en el binomio represión-prevención, ambos se asocian en el sentido de que la prevención es efecto de la represión. Lo extra penal se desarrolla en relación a la finalidad de prevención. Siguiendo con la idea de política criminal, la clave discursiva de la seguridad urbana, es un problema objetivo y subjetivo a la vez. La política de seguridad, por lo tanto es diferente a la política de prevención, ya que esta ultima toma en cuenta al delito en tanto dimensión objetiva. Prevención, según el autor, es gobierno sobre el delito y a través del delito (son políticas y

medidas dirigidas a la reducción de daños). Sozzo Máximo, Op cit Pág. 2

delito y al delincuente. El autor cita como referente de esta conceptualización

del delito, a las ideas de Ingenieros, para el cual las causas se hallaban en

factores biológicos orgánicos del delincuente y factores de su ambiente:

“factores endógenos” (biológicos y de la conformación físico psíquica del

delincuente) y “exógenos” (asociados al medio en donde actúa el delincuente).

A su vez, las técnicas de prevención legitimaron una concepción positivista

acerca del delito y del sujeto delictivo: el parámetro dejo de ser solo la

culpabilidad/ responsabilidad del sujeto y se instalo a su lado la idea de

peligrosidad. La idea de peligrosidad: posibilita la acción sobre el peligro

latente, y no solo sobre el hecho consumado definido jurídicamente 18 , se pasa de

valorar actos a valorar actores, a valorar formas de ser de los sujetos. Esta

operación situó al objeto de intervención en el futuro: el futuro delincuente. Así

se instalo la dinámica de prevención del delito. La nueva centralidad asocio los

discursos que justificaban el recurso penal, al ideal de la prevención del delito. Y

a su vez fortaleció la prevención ante-delito sobre un estado “de peligrosidad”.

¿Quienes eran los peligrosos? Aquellos que en virtud de sus potencialidades, de

determinados rasgos psicofísicos eran naturalmente proclives a delinquir.

Ahora bien, esta demanda positivista no encontró una respuesta institucional

realizadora, y en cambio se impuso la técnica policial preventiva. La presencia y

vigilancia policial y las detenciones sin órdenes judiciales son ejemplos de técnicas

preventivas históricas en nuestro contexto. En relación a esta última, fueron dos sub-

técnicas las que se difundieron sobre el espacio social: las detenciones por edictos

18 Este movimiento de transformación teórica implica una doble extensión del objeto de intervención: del delito legal al delito natural, de la manifestación a la causa.” Máximo Sozzo, Op cit., Pág. 8

policiales (D.E.P.) y la detención por averiguación de identidad (D.A.I.). Ambas

técnicas diseñadas desde el campo de lo predelictual, y fueron aplicadas sobre los

grupos sociales a lo largo de décadas. El objetivo de las D.A.I. (detenciones por

averiguación de antecedentes) estuvo dirigido según el autor a perpetuar la vigilancia

policial generando información sobre los sujetos. Las D.E.P. (detenciones por edicto

policial) ocupaban también este lugar de generadora de información y obstaculizadora

de la comisión de delitos: “Las técnicas policiales preventivas actuales expresan una

forma de pensar la prevención del delito, en tanto recorte más o menos artificial de una

racionalidad y programa políticos sobre la cuestión criminal –que es el propio de la

criminología positivista- en torno a la idea de “prevención ante-delictum”: la táctica

de la sospecha. La dinámica soñada de la táctica de la sospecha a través de las

técnicas policiales preventivas es circular. Por ejemplo si tomamos como punto de

partida a la DAI a través de la privación de la libertad de los individuos y grupos

peligrosos/sospechosos, se almacena información…”, “…que debe guiar la presencia y

vigilancia policial. Esta última técnica de intervención se piensa como un instrumento

de la prevención del delito, a través de la disuasión de aquellos que están por

emprender un curso de acción delictivo o a través de la obstaculización del mismo. En

este último sentido, volvía a ingresar la DAI ya que impedía físicamente el desarrollo

de la acción delictual, a partir de la privación de la libertad del individuo o grupo

considerado peligroso o sospechoso. La DEP, en tanto microrepresión de las

microinfracciones –“mantenimiento del orden público”- ocupaba en esta dinámica

soñada de carácter circular el mismo papel que la DAI –por ello las hemos

considerado como dos subtécnicas dentro de la detención policial sin orden judicial–

en el doble plano de producción de información que debe guiar la presencia y

vigilancia policial y de obstaculización física del curso de acción delictiva19

Sozzo realiza el siguiente diagnostico: ve una técnica de intervención que se ha

perpetuado a lo largo de las décadas, que sigue en vigencia, pero que pertenece a otro

contexto histórico. Y se expresa ya no explícitamente dentro de la normativa

institucional policial, ya no bajo la misma terminología discursiva pero si bajo la misma

forma de conceptualización. Esto significa: que lo predelictual recupera la misma idea

del pasado pero en otros términos, ergo se sigue problematizando de la misma manera al

delito.

El nuevo contexto emergente desde fines del siglo XX, se presenta con muchas

diferencias con respecto a la situación del siglo XIX (periodo de conformación de

estados nacionales). Así, tanto las D.E.P. como las D.A.I fueron puestas en tela de

juicio, y los textos legales que las hacían posible se modificaron. Sin embargo sigue

siendo una herramienta cotidiana dentro de la práctica policial. La sospecha es la que

guía el criterio en la práctica policial. Sus subtécnicas subsisten en la actualidad (no

formalmente) y producen efectos que trascienden esa finalidad inicialmente declarada.

Sozzo se pregunta por los factores que consolidaron esta táctica e hicieron posible su

subsistencia, la persistencia de esta modalidad del poder disciplinario sobre el sujeto. Y

los encuentra “…en el juego de consecuencias o efectos sociales que sí produce más

allá de las finalidades propuestas y declaradas”, es decir en los efectos del poder, no

declaradamente programados ni inicialmente buscados. Así el autor destaca que más

allá del programa positivista, la persistencia de la táctica de sospecha se atribuye a:

- la construcción de la realidad social, a partir de procesos de estigmatización y de

exclusión, impulsada por una dinámica que integraba el territorio nacional con el

19 Sozzo Máximo, Op cit, Págs. 9-10

territorio social, siempre sobre los mismos sectores: jóvenes, masculinos, de sectores

potencialmente peligrosos para las elites (los sectores populares imbuidos de ideales

políticos subversivos)

- el reforzamiento de la imagen de poder de la policía, y la imagen de los detenidos de

estar subordinados al control social.

- las técnicas preventivas (D.E.P. o D.A.I.) constituyen información estadística

institucional, esta es utilizada como herramienta política para mejorar la imagen frente

a la opinión pública, y para obtener: más facultades, más autonomía, más recursos e

insumos (7). También subsistieron porque ellas garantizaban indirectamente la

persistencia de las redes de corrupción.

En un eje muy cercano, Oliveira y Tiscornia analizan el proceso por el cual las policías

se organizaron bajo el modelo militar, generando como efectos de esta forma de poder

disciplinario, un saber acerca de la sociedad que se recrea en las prácticas policiales

cotidianas. En su trabajo “Estructura y Practicas de las policías en la Argentina. Las

Redes de Ilegalidad”, toman como objeto de estudio “la ilegalidad policial”, definida y

explicada a partir de las estructuras y prácticas históricas mismas de la policía. Según

las autoras solo es válido abordar estas instancias teniendo en cuenta las condiciones

histórico-sociales e histórico-institucionales de su emergencia, tanto de las

organizaciones policiales en nuestro país como de las leyes y reglamentos que las

ordenan. En esta línea, analizan,

- las dependencias jurisdiccionales de las policías en nuestro medio y las consecuencias

que ello tiene para la estructuración concreta de la fuerza.

- algunos aspectos claves de la organización policial, describiendo los reglamentos que

legitiman conductas y las prácticas que sobre ellos se desarrollan

- señala las principales fuentes de corrupción policial, en nuestro país, en la actualidad.

Destacan de entrada un elemento de importancia vinculado a la relación orgánica entre

policía y poderes: “Las policías argentinas dependen orgánicamente de los Poderes

Ejecutivos. La policía Federal, a través del Ministerio del Interior y, las policías

provinciales a través de los Ministerios de Gobierno de las respectivas provincias. Esta

ubicación institucional -la fuerte dependencia de ministerios políticos- ha resultado en

una policía instrumental para los regímenes políticos de turno, pero, paralelamente con

una fuerte dosis de poder institucional autónomo20 , es decir, rescatan la idea de que

sectores de la policía están imbricados con representantes políticos, en una suerte de

acuerdo o pacto, con el fin obtener una mayor autonomía.

Por otro lado subrayan un componente característico en lo que hace a la organización y

funcionamiento de la fuerza policial: la estructura organizativa militarizada. Esta

estructura, moldeada por leyes orgánicas, pero también por prácticas a veces externas a

sus leyes, consiste en:

-estructura con sistemas de jerarquías rígidos y con sistemas de controles internos

corporativos y poco transparentes.

- verticalización del poder,

que impregna la normativa institucional, su discurso, y que

además presiona sobre sus propios miembros. También afecta al régimen disciplinario.

Al respecto: las faltas las sancionan los superiores a los subordinados, de manera

arbitraria y no se transcriben durante este proceso las conductas de los sancionados, por

lo que otras instancias no pueden evaluar y se termina aceptando la postura de quienes

aplican las sanciones. Esto significa que dentro de la institución se privilegia la

obediencia, por sobre otras cuestiones, generando una posición de fuerza mayor en los

cargos de jerarquía, y reforzando el verticalismo

- condiciones de ingreso y de preparación flexibles para pasar a formar parte de la

20 Oliveira A. y Tiscornia S., Estructura Practicas de las policías en la Argentina. Las Redes de Ilegalidad; en "documentos de trabajo CELS, Seminario Control Democrático de los Organismos de Seguridad Interior en la República Argentina", bs as abril de 1997, Pág. 4.

institución, entorno a requerimientos educativos, etarios, psicofísicos y civiles. Las

autoras destacan falta de instrucción y preparación técnica, improvisación (algunos que

no terminaron su formación ya prestan servicios en la fuerza) y sobre todo: falta de

controles y evaluaciones en el proceso final por lo que quienes se forman lo terminan

haciendo con conocimiento “informal” (propio del trabajo cotidiano), y también

recalcan los condicionamientos, discriminación y situaciones de privilegio que se dan

en el sistema de pases y ascensos.

-Estado policial: tanto superiores como subalternos en actividad o retirados, viven en

“estado policial”. Este puede ser definido como una serie de deberes y derechos, pero

además, según la propia institución, “una forma de sentir, un modo de vivir. El policía

lo es durante las 24 horas del día, no solamente durante las horas de servicio21 . Esta

ley obliga a la policía a intervenir ante la presencia de “delitos”, incluso a desempeñan

tareas administrativas. La institución también ejerce sanciones para los efectivos que no

actúen y permanezcan pasivos. La portación de armas también es una constante del día

a día (8)

-Criterio de eficacia policial: la fuerza evalúa su capacidad a partir de las estadísticas así

mayor cantidad de detenciones es sinónimo de mayor eficiencia. Al respecto, la

institución policial dispuso a lo largo del tiempo, de facultades para la detención de

personas arbitrariamente. Esto fue posible a partir de de las figuras “falta

contravencionales” y “detenciones por averiguación de identidad, todas estas facultades

se fortalecieron sobre la base de un concepto que visualizaba a amplios sectores de la

sociedad en estado predelictual. Según las autoras, estas percepciones tiñen también la

función de investigación judicial. Los edictos refuerzan la persecución de personas

(grupos vulnerables por su actividad y por su situación legal coyuntural) y son

21 Oliveira A. y Tiscornia S., Op.cit., Pág. 15

categorías de adjetivaciones personales más que de conductas prohibidas. Así la

policía se transforma en un vector de control social informal. A su vez, las detenciones

por averiguación de identidad también generan arrestos y condenas informales cuyo

control por parte de los jueces se hace difícil. De esta manera las facultades policiales

desgastan a sectores estigmatizados.

Según las autoras, la militarización obedeció a causas históricas del país, como fueron

los sucesivos golpes de estado, que modificaron su estructura y que provocaron la

“cooptación de la institución” por otras fuerzas. A su vez esta estructura contribuyo a

generar una táctica de intervención que apunto a profundizar el control social: “la

estructura militarizada está asociada a la percepción del delincuente como un enemigo

peligroso, contra quien debe librarse una guerra permanente. Esta percepción -cuyas

raíces históricas son profundas- da sentido de existencia, en buena medida, a la fuerza.

La categoría de delincuente no incluye solamente a aquellas personas que atentan

contra la vida o propiedad de otras, sino también, llegado el caso, a opositores o

disidentes políticos y sociales, a grupos que defienden sus derechos ciudadanos, a los

jóvenes en general, a personas indocumentadas migrantes pobres de países vecinos, a

homosexuales y travestis y, en general, a amplios sectores que ejercen, para la

subsistencia, una serie de trabajos tales como venta ambulantes, puestos callejeros,

etc.22 . Tenemos entonces que la militarización de las fuerzas policiales junto a sus

técnicas de intervención, están íntimamente ligadas a conflictos sociales que trascienden

la relación entre F.F.A.A y policía, y que contribuyen al desarrollo de un poder punitivo

que se gestiona desde fuera de la legalidad, en el accionar corrupto y violento,

legitimado por representaciones y cosmovisiones arraigadas a lo largo de la historia

institucional.

22 Oliveira A. y Tiscornia S., Op.cit., Pág. 7

Propuestas de salida frente al problema:

Máximo Sozzo plantea lo difícil de trazar nuevas soluciones en el contexto argentino.

Según este autor, las salidas superadoras tendrían que tener como objetivo alternativas a

la

táctica de sospecha, ya que esta constituye una fuente violatoria de derechos humanos

y

no encuadra en el horizonte democrático. La historia de la política criminal, es una

historia de absorción, incorporación y adaptación de artefactos culturales de otros

contextos. En este sentido, deberían ensayarse según el autor, iniciativas que incorporen

tácticas diferentes para intervenir sobre el delito. Sozzo expone y desarrolla tres tácticas

alternativas de prevención del delito: la táctica situacional ambiental, la táctica social y

la táctica comunitaria. Todos estos conjuntos de medidas frente al delito se han

ensayado en diferentes contextos históricos y tienen como base diferentes premisas

teóricas. En cada una de ella la policía asume un determinado rol, pero difieren a la

táctica de sospecha en cuanto el actor policial no asume la misma centralidad que en

esta. Bajo el amparo de múltiples factores históricos la policía adquirió un lugar de

privilegio en el diseño y ejecución de la política de seguridad, esta centralidad consolido

la táctica de sospecha al punto tal, que ponerla en tela de juicio o modificarla implica

también

transformar la forma de pensar de la institución policial. Según el autor, es

probable que la institución policial pueda conjugarse con combinaciones de las tácticas

situacional-ambientales y con la participación comunitaria; por el contrario, se hace

dificultoso para la institución replantear su accionar bajo la base del núcleo mas fuerte

de la táctica social (implicaría discutir con un nuevo programa y racionalidad política)

El autor se pregunta por los efectos de las combinaciones de tácticas en nuestro

contexto, y del rol de fuerzas ajenas a la institución en la resolución de esta cuestión,

cerrando con el siguiente imperativo: “Para revertir esta tendencia conjetural, la

centralidad de la institución policial y la táctica de la sospecha parecen ser los

bastiones

a

conquistar

en

el

futuro

desde

posiciones

políticas

democráticas

y

progresistas: desde el presente aparece como una empresa extremadamente compleja,

en la que el pesimismo de la razón no deberá ahogar el optimismo de la voluntad23 .

En el mismo sentido se orientan las salidas que plantean Oliveira A. y Tiscornia S,

quienes establecen como condición de cambio, transformaciones que involucren a la

institución en conjunto, y recomiendan una serie de medidas tanto en el corto, como en

el mediano y largo plazo 24 . Así proponen: la creación de una comisión parlamentaria

pluripartidaria para el seguimiento del problema de la brutalidad policial, que posea

ciertas facultades para activar judicialmente; la reparación y entrenamiento del personal

policial es decir determinados requerimientos educativos y experiencia en educación en

las escuelas del ciclo medio común para lograr mayor inserción civil, a la vez modificar

los contenidos de los cursos de formación policial y dividirlos de acuerdo a la

especialización entre sectores de la fuerza junto con llamados a concursos públicos para

los cargos de profesores; control del régimen disciplinario esto es el establecimiento de

garantías en los procesos administrativos, eliminar sanciones colectivas, controlar

públicamente los mecanismos de sanción legales internos, a su vez eliminar los actuales

causales de sanciones internos junto con los sumarios secretos, y a la vez la posibilidad

de defensas en juicios entre otras medidas; con respecto a la promoción y ascensos

deberá crearse una Junta Ética que actúe a la par de la Junta de Calificaciones y que

tenga la facultad de impugnar a través de dictámenes vinculantes determinadas acciones

amparadas por legalidades extraordinarias o excepcionales , a su vez el régimen de

ascensos debería orientarse hacia concursos internos en relación a las especialidades;

con respecto al uso restringido de armas deberán portarlas quienes estén desempeñando

23 Soso Máximo, Op cit, Pág. 34. 24 Oliveira A. y Tiscornia S., Op.cit., Págs. 24-29.

funciones que las necesiten, evitando que las utilicen los retirados y quienes ya no

desempeñan servicio; la revisión de la facultad policial para de personas por

averiguación de identidad o por Edictos policiales, para esto deben ser resignificadas

como parte de la prevención del delito, no como ostentación de poder del trabajo

policial, a su vez deben modificarse las formas de evaluación del trabajo, junto con la

posibilidad de que sean revisadas judicialmente inmediatamente luego de las

detenciones; Prohibición de delegación del sumario en las fuerzas policiales de

cualquier medida, para casos en que la policía esté sospechada, realizando la

investigación de manera independiente a ella; además la creación de juzgados de menor

cuantía para abordar conflictos barriales ajenos a la incumbencia policial y por ultimo la

descentralización administrativa de funciones (para evitar la sobre carga burocrática) y

la separación entre la policía de prevención de seguridad urbana de la policía de

investigaciones con dependencia ministerial.

En síntesis: estas ultimas propuestas consisten en incorporar las reformas que podrían

darse para modificar a la institución tanto en su marco regulatorio laboral, en sus

garantías, en los mecanismos de control sobre el accionar policial, pero

así también en

los parámetros culturales desde los cuales la institución visualiza el fenómeno delictivo.

Hay que aclarar que estas propuestas entorno a la modificación de las fuerzas datan de

finales de la década de los noventa (de 1997), un caso puntual de esta cuestión se estaba

sucediendo en la Ciudad de Bs AS cuando se llevo adelante la sanción de la

Constitución de la ciudad, y se planteo el Código de Convivencia Urbana. La discusión

que origino tuvo como protagonistas a la institución policial, la sociedad política y la

sociedad civil. Se terminaban los edictos para la policía, para la sociedad política se

modificaba la política de seguridad y el rol de la policía, para la sociedad civil se ponía

de manifiesto ejercicio de derecho y participación publica en la discusión. Algunos

autores (9) que analizaron el conflicto, señalan que quienes diseñaron el nuevo código

no pudieron transmitirlo a la sociedad y no pudieron contrarrestar las críticas al mismo.

No utilizaron estos principios democráticos para llevar adelante la defensa de la

normativa sancionada y las reacciones de los actores giraron entorno a la postura

adoptada por la sociedad civil, en cuyo seno se planteo más un conflicto entre posturas

que una discusión coherente. Y el conflicto se debió en parte a que la representación

ciudadana sobre la seguridad todavía no tenía fuerza y no había arraigado, por el

contrario se hacia fuerte la visión policial.

5) El Ser Policial: “La Disciplina y la Moral en los procesos de formación

policiales.”

Nunca entenderías a los Ellos… otra inteligencia,

otra moral… ¿te remuerde la conciencia cuando

aplastas a un hormiguero?

(El Eternauta II, Oesterheld-Solano López)

Soporta y Abstente

(Puerta de ingreso Escuela de Suboficiales

de la Provincia de Río Negro)

En este inciso se toman 2 análisis 25 , 2 miradas hacia adentro del sistema simbólico-

policial a partir de una de sus características fundamentales: el ejercicio de la disciplina

en procesos psico-físicos y la producción espiritual que se genera y que se expresa en

los juicios morales que los agentes realizan sobre si mismos y sobre el mundo civil. Esta

dimensión de análisis sobre el mundo policial se centra en los procesos de formación

que se dan para los ingresantes a la institución policial y también en otros niveles.

25 Hathazy Paul, Cosmologías del Orden: Disciplina y Sacrificio en los Agentes Antidisturbios, Ponencia presentada en VII Jornadas de Antropología Social, Córdoba, Año 2004.

y Sirimarco Mariana, Acerca de lo que significa ser policía. “El proceso de incorporación a la institución

Policial”

Antropofagia, Buenos Aires, 2004.

En: Tiscornia, Sofía (comp.) Burocracias y violencia. Estudios de antropología política, Ed

El objetivo de los autores es ir más allá del análisis de “la estrategia discursiva” y “la

racionalidad política” con la que la policía fue concebida a fines del XlX y se

desenvolvió durante el siglo posterior. Ir hasta la experiencia corporal (en tanto

centralidad analítica) misma, llegar a los micro-procesos que se dan en este plano

“subterráneo”, y observar como generan diversos efectos, a partir de los cuales la

disciplina logra arraigarse. Estos procesos que dimensionan al cuerpo “en sus

potencialidades operativas para un agente activo y no un mero punto de impacto de los

dispositivos disciplinarios de poder/saber Foucaltianos, cuerpo pasivo diluido en

regimenes de discurso y poder” 26 . Es decir, intentan dar cuenta de el proceso que los

agentes, como sujetos productores (no meros reproductores) realizan al dotar de

significado a la experiencia disciplinaria haciendo posible que la misma se arraigue.

Para estos autores, dar cuenta del habitus policial, de esa estructura que actúa como

principio generador y organizador de prácticas y representaciones, es un intento mas de

llenar los vacíos con los que se han concebido a las reformas policiales en nuestro país.

Y marcan la posibilidad de encontrar el nexo entre los discursos positivistas, las

doctrinas del orden que moldearon a la institución y los dispositivos, con estos procesos

en los que se dota de sentido a la acción social. Se recalca que es un sentido dado desde

adentro de la acción, es decir, no solo desde los factores externos. Ese es el sentido

subjetivo y activo de ser de la disciplina, con su juego de producción en el plano moral.

26 Desde esta concepción, el mundo simbólico del anti-disturbio se desenvuelve a partir de significaciones que no se ven al mirar solo los efectos externos de un aparato. Estas disposiciones son vividas, concebidas y redefinidas de un modo especifico con efectos de constitución moral… la disciplina no limitada a dispositivos de poder y estructura de dominación, sino como estructura vivida y reproducida en tanto lógica difusa del sentido practico disciplinado, el cual en su modalidad subjetivada adquiere matices específicos y polivalentes”. Hathazy, cita la frase de Weber la disciplina es objetiva y subjetiva, o sea racional y concientemente querida. Hathazy Paul, Op cit, Págs. 1-3.

Sirimarco define la conformación del Ser policial a partir de procesos que se dan en el

momento de los cursos de formación y de preparación que implementan las policías.

Según Sirimarco el proceso se caracteriza por:

- Se persigue la disciplina doblegando al cuerpo, se lo somete y se lo obliga a

obedecer 27 . Esta experiencia se inscribe como ritual, como transformación hacia un

nuevo estado 28 (10).

- Rompen con su historia de vida pasada, a partir del aislamiento, la reclusión en el

entrenamiento, y los mecanismos punitivos con los que son sancionados

constantemente 29 .

- Adquieren conocimientos diversos, tanto formales como informales. El elemento

tradicional en la formación, implica normas y valores que son propios de la labor, y que

a su vez transcurren por canales informales, son sabéres secretos.

Esta absorción de la praxis institucional puede verse como la etapa final en el proceso

de socialización de los aspirantes: se activa espontáneamente la institución, se ubica en

ellos mismos, constriñendo pero a la vez posibilitando acciones. Es decir, no

solamente los coacciona, sino que los incita a realizar las conductas valoradas.

Finalmente, el vínculo que se define entre la policía y la sociedad es de vigilancia, y

también de intimidación (es un mecanismo de disuasión y disminución). En la síntesis

de esta relación, la policía encarna los valores que según ella deben imperar en la

sociedad, a partir de su propia perspectiva del orden de las cosas: “En la compleja

27 La centralidad del cuerpo revela su importancia; se transforma en el punto de aplicación por excelencia de las técnicas disciplinarias, en el vehículo perfecto para alcanzar la intimidad del ser, ya que doblegar el cuerpo (por medio de la docilidad o del castigo) equivale así a doblegar el alma” Sirimarco Mariana, Op cit, Pág. 248.

28 Es una etapa intermedia, una suerte de “ritual” dentro de una institución total: “es en estos contextos, que escapan a la currícula, donde presumo que puede visualizarse la realización del pasaje civil policíaSirimarco Mariana, Op cit, Pág. 247.

29 Las sanciones le dan fuerza al disciplinamiento: la infracción y la falta de capacidad son punibles, a través de ejercicio y encierro. No se busca generar culpa y arrepentimiento, la sanción es un “bien en si mismo”.Se anula la relación “falta-sanción”. El castigo necesita legitimarse, las faltas se inventan. Lo punitivo no suprime ni niega sino que genera un efecto positivo que sostiene una conducta. Sirimarco Mariana, Op.Cit, Pág. 252

relación existente entre Policía y Sociedad Civil, la PFA mantiene de esta una imagen

de desorden, incapacidad de comportarse así misma y de poseer las normas necesarias

para manejarse por si sola, la imagen reinante es la de que el orden debe imponerse”,

“de este modo la policía se convierte en detentora de los fines últimos de la sociedad;

funciona como intermediaria obligatoria entre los individuos y los valores que deben

regir su conducta”, la institución “encarna” los valores que deben imperar en el

mundo civil” 30 .

Hatazy analiza el proceso de formación en guardias de infantería, que son cuerpos

especializados, de mayor exigencia corporal y psíquica que los grupos de aspirantes. A

lo largo de este proceso:

- También se produce y ejercita la disposición a la obediencia y sumisión: se aprende

con el dolor corporal.

- La experiencia también es vivida como una conversión, como una transformación en

la cual sienten reafirmar una cualidad moral superior, diferente a la vida civil.

- Se aprenden pautas específicas de movimientos y nuevas habilidades emocionales

(auto-control y resistencia). Se cultiva la productividad, se desarrolla el temple (auto

dominio). Aprenden a soportar el dolor y a ejercerlo.

- Adquieren un principio estructurador de sentido diferente: se representan así mismos

poseedores de una moralidad diferente a la civil al concebir una vida basada en

privaciones y sacrificio. Ven en el mundo civil: egoísmo, cálculo individual, ocio y

menos humanidad. “Dentro de esta lógica se sostiene, por ejemplo, que Sacrificio no es

sufrir, sino una actitud de entrega que tiene como destinatario a la Patria. Es a la

Patria a la que se le hace la entrega, no a los egocéntricos y materialistas civiles, a los

que se hace entrega de sacrificio. Los civiles, por su individualismo no tienen derecho a

30 Sirimarco Mariana, Op cit. Pág. 272.

tales esfuerzos sino a esa entidad impersonal, la nación, cuyo orden moral y tradiciones

ellos, en su trajinar diario, preservan31

Este proceso hace posible la recreación del orden policial y de su sistema doctrinario, su

estructura legal y lo que se dispone en sus mecanismos. En ambos análisis se pone de

manifiesto el carácter decisivo de la formación policial, tanto como para moldear un

ethos policial, como para escindir a quienes forman parte de la institución policial del

resto de la sociedad civil. Se subraya también, el hecho de que la formación policial es

un proceso continuo a lo largo de toda la carrera policial, que no se agota en los cursos

de preparación. Y también la no “necesariedad” del comportamiento de todos los

agentes bajo estas pautas valorativas. Pero si es innegable según estos análisis la tensión

que produce la separación de un ámbito para con el otro.

En el análisis de Hathazy el autor se sitúa entre el cruce de dimensiones estructurales y

subjetivas. Sin embargo no sigue el camino genealógico y reformista ( Sozzo,2000)

(Sain 2002), sino que propone otras alternativas a las visiones reformistas y

culturalistas. Este trabajo intenta dar referencia empírica a la relación entre régimen

disciplinario y la visión policial, subrayando como las nuevas disposiciones corporales

y la explotación, son redefinidas con efectos de constitución moral y diferenciación

social. Este autor se enfoca particularmente en los testimonios que dan cuenta de la

caracterización del nuevo estado moral producto del sometimiento, con acento en los

oficiales de instrucción y los encargados en la escuela, es decir desde el discurso en el

cual se legitima y se refiere así mismo como desarrollo de una virtud. En este sentido el

análisis esta dando cuenta de la postura valorativa de la institución la cual fomenta una

honra sustentada por la carencia y el sacrificio. Es característico de la muestra de

31 Hathazy Paul, Op cit, Pag 15.

personal que tomo el autor para sus entrevistas el hecho de que previa entrada a la

institución policial, los cadetes ya habían estado vinculados a otras instituciones totales

(liceos militares, seminaristas, colegios con internado, etc.), es decir estuvieron

vinculados a un régimen disciplinario estricto, esto es quizás uno de los rasgos de la

construcción de este autor, la reificacion del ethos policial desde la autoridad

institucional en las palabras de los instructores y también presente en las cartas de

objetivos, apuntes de ética, y documentos que nutren el sistema doctrinario de la policía,

intentando vincular el cuerpo con la producción moral. Paralelamente se incorpora un

elemento a tener en cuenta: sobre la degradación y la reconstrucción de esos parámetros

base en la personalidad se construyen nuevos sentidos que son vivenciados como el

advenimiento de una nueva cualidad moral; a su vez dentro de estas nuevas acepciones

hay algo que opera como factor reconstitutivo del vinculo grupal, y es el sentido de

pertenencia al grupo que se fomenta desde los primeros días y resalta aun mas durante

la formación final.

El análisis de Sirimarco también recurre como parte de su estrategia metodológica a

entrevistas a quienes integran la institución policial, pero el núcleo testimonial se

localiza en los aspirantes que se encuentran realizando los cursos de instrucción y aula.

El objetivo de la autora también incluye el análisis de la visión policial, pero no en el

sentido de la relación cuerpo-moral, sino que el acento esta puesto en el siguiente eje: el

proceso por el cual la institución policial destruye los pilares de las personalidades de

quienes se incorporan a la institución y la resignificación de sus valores. Es decir, el

periodo de transición (cuyo desenvolvimiento es categorizado en 3 fases) civil-policía,

en la cual se consuma un pasaje. En este caso, las entrevistas dan cuenta de ese proceso

pero no solo con la finalidad de relacionar el entrenamiento físico con el ser policial,

sino también de recrear, testimoniar y plasmar la tensión existente (confusa y

trabajosamente indefinida) en quienes se encuentran en un estado intermediario entre lo

civil y lo policial. Este conflicto se hace patente sobre todo en el hecho de que

paralelamente a la internalizacion de un conjunto de nuevas normas, también se

construye un dominio de saber a partir de los discursos que en la praxis las niegan 32 . Es

decir, el proceso de control social se desarrolla no solo desde el contenido formal y

curricular, sino también desde un ámbito de saber paralelo al Aula. La autora destaca

entonces que la construcción que los aspirantes realizan no es ordenada, sino que es

conflictiva y ambivalente. Mas allá de estos detalles en la reconstrucción de su objeto, la

diferencia principal radica en que Sirimarco concibe al cuerpo en tanto blanco del poder

disciplinario, que se refuerza en la enseñanza (no solo curricular formal) y a partir de la

cual la institución realiza a su actor y este a la institución; para Hathazy, la relación

entre el cuerpo y el entrenamiento no se plantea solo en términos de docilidad y castigo,

sino en las pretensiones disciplinarias de generar prestancia, disposición y hasta

entusiasmo por parte de los cadetes, quienes viven esa experiencia activamente,

utilizando su potencialidad creadora de nuevo significado. Se unen de esta manera para

este autor, los dos senderos de su recorrido, las dos categorías principales de su análisis:

esa ética objetiva coherente y explicita de principios (el ethos), con la otra dimensión

del proceso, la modalidad subjetiva y polivalente (el hábitus) que a su vez es canalizada

y utilizada por la institución para reafirmar su lógica de poder interna.

Propuestas de salida frente al problema:

No presentan en estos análisis una serie de pautas o de pasos superadores a seguir,

expuestos sistemáticamente como soluciones al problema. Quedan eso si, palabras

finales, nuevas preguntas, y se sugiere una orientación a seguir en un posible proceso de

cambio futuro. Así se preguntan: - ¿como sigue el proceso de formación luego de

32 “…Porque te dan vuelta. Hay uno que te enseña una Teoría, otros otra. Yo lo único que se es que nuestra instructora dijo eso, que no dudemos” (Entrevista a un Aspirante). Sirimarco Op.cit., Pág. 276.

egresar? ¿Qué nuevas modalidades formativas se le suman? Sirimarco se plantea el

interrogante sobre la tensión existente entre el discurso institucional y las opiniones

particulares de los agentes que fueron entrevistados anónimamente.

Además de esto, presenta uno de los posibles caminos a seguir para operar sobre esta

problemática: el ser policía tiene que ver con la conflictiva construcción de un nuevo

self. Para asimilar este nuevo saber es necesario destruir lo civil, redefiniendo la imagen

de la sociedad. En este sentido, los futuros pasos según Sirimarco, deberían dirigirse a

modificar esa identidad excluyente, intentando superar la escisión para con la sociedad

civil 33 , es decir modificar la lógica de formación e incidir sobre el universo de

significaciones que se ponen en juego.

33 En esa distancia construida como separación antológica, la P.F.A. construye a la sociedad civil y se construye así misma. Recuperar las pautas que estructuran dicho alejamiento supondrá desandar un proceso histórico en que multiplicidad de factores y situaciones ayudaron a la construcción y consolidación de esta separación”, Sirimarco Op.cit., Pág. 279.

6) El Gatillo fácil y la militancia Anti-Represiva.

La Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (11), y sus diferentes

análisis tanto de la represión policial como del estado y de la policía, conforman otra de

las miradas elegidas. En este caso se toman sus diversas opiniones sobre la cuestión

policial, intentando ver en ellas los puntos anteriormente diferenciados.

La Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional, una organización

destinada a combatir la violencia y la represión policial. Fue fundada en el año 1992

(aunque sus luchas sociales comenzaron en los 80), por abogados, victimas de la

represión y militantes del campo popular.

Los integrantes de la Correpi, utilizan una visión histórico-clasista para abordar el

Estado y a sus políticas de seguridad. Esta organización considera a la policía como un

instrumento de dominio de clase, que el estado capitalista utiliza para garantizar su

existencia, más allá de cualquier gobierno, el carácter represivo de la policía es

inherente a ella, ya que esta representa uno de los mecanismos para garantizar la

aplicación de su política económica 34 . Así, la historia de la policía se escribe mediante

la aplicación del control social sobre los sectores populares a partir de los intereses de

las clases dominantes para perpetuar su dominación. Y en este esquema la organización

se ve así misma como: “es una organización política que activa en el campo de los

Derechos Humanos, al servicio de la clase trabajadora y el pueblo, con especificidad

frente a las políticas represivas del Estado. Entendemos que todo estado que represente

y defienda los intereses de la clase dominante sobre las mayorías oprimidas, deberá

ejercer la represión, sea por la forma abierta de la coerción o por la más sutil de la

34 Consideramos que el Estado Burgués, independientemente del gobierno que lo administre, necesariamente debe incurrir en herramientas represivas como el gatillo fácil, las torturas, las detenciones arbitrarias y la persecución política para garantizar la aplicación de su política económica y social”. Correpi, ¿Quiénes somos?, http://correpi.lahaine.org.

imposición de consenso. Es nuestro objetivo, a través de variadas herramientas,

caracterizar, denunciar y combatir esas políticas represivas35

Entre las características organizacionales y los contenidos de sus discursos, podemos

señalar que su campo de acción se da en dos planos: en el plano jurídico, mediante la

disputa judicial por llevar los casos de gatillo fácil a juicio y sentencia; y en el plano de

la militancia a través de la difusión de sus ideas y de sus mecanismos anti-represivos.

La organización ha logrado tipificar las diferentes relaciones de violencia entre las

autoridades policiales y las víctimas, en términos jurídicos. Las modalidades policiales

varían, pasando de detenciones y casos de humillación como son los edictos, abusos,

etc. a los casos de tortura y muerte, polo cuya máxima expresión son los “escuadrones

de la muerte” 36 que fueron denunciados en zonas del Gran Buenos Aires.

Abordan la cuestión policial centrándose ante todo en el carácter represivo de la policía

a partir de 1983 hasta la actualidad. Los boletines informativos publicados por la

organización destacan que con la restauración del sistema democrático en 1983, la

violencia policial sumo un código nuevo: la represión masiva, pero silenciosa. Como

todo acontecer social tuvo un efecto sobre los grupos y sus diferentes relaciones. La

reconstrucción de estas vivencias expresa la producción de nuevas realidades

conflictivas. Así, podemos observar que lejos de quedarse contemplando la pasividad

del gobierno político sobre este problema policial, quienes sufrieron la violencia de las

autoridades policíacas pusieron a procesar sus recursos simbólicos-culturales intentando

modificar el escenario vigente. Lentamente fueron impulsándose, pasando de acciones

colectivas cargadas de espontaneidad, y de plasmar los rostros de las victimas en

pancartas y banderas, a reafirmar ciertos repertorios de acción que nacían de las

mismas vivencias cotidianas en la instancia barrial. De a poco fueron abriendo senderos

35 ¿Quiénes somos?, Correpi, http://correpi.lahaine.org/.

36 Escuadrón de la muerte, Correpi, http://correpi.lahaine.org.

de dialogo y protesta, fortaleciendo su auto-reconocimiento como sujetos de derecho y

desarrollando la demanda de justicia. Mezclando ese material confuso compuesto por la

experiencia lacerante de la perdida de seres queridos y por la voluntad de llevar esa

muerte a una instancia extra-familiar. La Correpi es hija de aquellos días: sus

publicaciones y el extenso archivo de casos de “gatillo fácil” en donde se recuperan los

datos procesales, dan cuenta de ese aura dramática que ilumina y se esparce sobre los

familiares, amigos y abogados, victimas y victimarios.

En su declaración de principios se sitúan en el campo de de los derechos humanos y en

contra de una represión que fluye en términos generales desde 2 brazos: -El

“preventivo”, que es el ejercicio del control social sobre sectores objetivamente

interesados en cambiar la realidad, aplicándose sobre la franja de población marginal y

joven (más de dos tercios de los casos corresponden a la franja de varones pobres de 15

a 25 años). Es decir, la extensión de la disciplina a estratos que no necesariamente están

politizados, pero que en caso de estarlo dispondrían, en términos de la agrupación, de

“mayor potencialidad de rebeldía”. -El “retributivo” aplicado sobre las partes mas

organizadas políticamente

y a partir de la represión a la militancia movilizada y la

criminalización de la protesta. De este punto de partida se derivan también sus

condiciones de acción: la correpi asume la defensa técnica política de quienes fueron

victimas de la represión (siempre y cuando no pertenezcan a la institución policial), y de

cualquier preso político.

Este organismo toma a la violencia policial como una parte inherente al sistema mismo.

No hay definiciones teóricas desarrolladas en profundidad acerca de lo que consideran

el sistema capitalista”, ni tampoco de lo que llaman “la burguesía”, sino que asocian

directamente la política de seguridad con el carácter de clase del Estado. El Estado

según esta perspectiva se expresa en la burocracia policial. Bajo esta óptica, se reafirma

la consigna de no integrarse a ningún canal de acción estatal, y de confrontar desde los

diferentes espacios y reivindicaciones de la militancia anti-represiva. Aun así, se puede

observar que mantienen vínculos con otras instancias de lucha anti-represivas y con

sectores de los movimientos sociales: “Nuestros compañeros participan a menudo en

mesas redondas, charlas y debates en todo tipo de espacios, desde congresos

internacionales hasta las plazas y comedores populares de los barrios.” 37 .

Destacan la imposibilidad de reformas del sistema policial 38 . Según esta organización

la esencia represiva trasciende “resabios” militares de los golpes de estado, las purgas

de cuadros directivos, los cambios en los procesos de formación de agentes policiales.

Descartan la instauración de una fuerza policial con otro contenido (basado en derechos

humanos y de un tono no represivo) sino se da primero un cambio en el nivel estructural

de la sociedad. En este sentido hacen fuerte una impronta opositora a los nuevos

gobiernos iniciados desde el 2001, viendo en estos no solo una extensión de la política

represiva de los 90, sino la acentuación de sus dos vertientes tanto la preventiva como la

retributiva. Así señalan a las dos gestiones “Kirchneristas” como responsables de una

sistemática política de represión que golpea no solo a las franjas de excluidos sino

también a los militantes del campo popular: El gobierno saliente fue el encargado de

relegitimar la dominación burguesa y las facultades represoras del estado. Para

hacerlo se ha valido, entre otras cosas, de la farsa de los derechos humanos. Su

consigna ha sido toda la represión necesaria, con todo el consenso posible. Si hay

37 ¿Quiénes somos?, Correpi, http://correpi.lahaine.org/.

38 Basta de represión y de impunidad. No es un policía, es toda la institución. Castigo a los asesinos de ayer y de hoy”, “ Ninguna cooperación con el Estado; ninguna participación de la organización o de sus integrantes en organismos, espacios de coordinación, comisiones, secretarias u otros órganos de gobierno aun cuando impliquen modificaciones legislativas o de humanización del aparato estatal”, y también señalan que “nuestra relación con el Estado será siempre de carácter CONFRONTATIVO Y DE DESLEGITIMACION constante de su instituciones y sus practicas, sin perjuicio de que utilicemos un criterio instrumental y dialéctico de las herramientas del sistema”. Correpi, Boletines Informativos 1998 – 2007, http://correpi.lahaine.org/

miseria que no se note, y si hay represión, menos todavía39 . Destacan que lo ejecuta a

mediante dos ejes: el delito como excusa de represión y la bandera derechos humanos

como una forma de ocultarla, utilizando a los medios masivos para legitimar el

accionar represivo: “El tratamiento mediático ha sido clave para ganar consenso a la

hora de reprimir. La cruzada por la seguridad, la campaña contra los cortes de rutas y

contra toda manifestación popular, en especial de los trabajadores organizados

(llegando a acusar de “terroristas sanitarios” a los trabajadores del hospital

Garrahan), ha contribuido a instalar la presencia policial y la represión como una

política “deseable”. Pero sin dudas, un rasgo distintivo de este gobierno ha sido el uso

del discurso en defensa de los derechos humanos. En este aspecto, toda su política

también ha sido parte integrante del plan para conseguir mayor consenso y aplicar sin

mayores escollos la represión estatal.” 40

Finalmente, para la Coordinadora, dentro del sistema vigente las salidas a la

problemática carecen de sentido. Por el contrario-“no hay purga que pare el gatillo

fácil, ni se puede atribuir superficialmente la continuidad y profundización represiva a

resabios de la dictadura, a desbordes individuales o a planes de estudio inadecuados

con poca formación en DDHH. Es significativa la cantidad de hechos protagonizados

por “nuevos cuadros” de las estructuras que una y otra vez han sido reformadas,

purgadas, descabezadas, capacitadas y sometidas a cursos y talleres de DDHH,

muchas veces dictados por dirigentes de ONGs que apuestan a la posibilidad de la

democratización del aparato represivo del estado. Los que creen que es posible

democratizar o desmantelar el aparato represivo sin cambiar al mismo tiempo el

estado, son como aquella rana que confió en que el escorpión dejaría de lado su

39 Correpi, Presentación del Archivo de Casos 2007, http://correpi.lahaine.org/ 40 Correpi, Presentación del Archivo de Casos 2007, http://correpi.lahaine.org/

naturaleza, lo subió sobre su lomo, y terminó en el fondo del río”. 41 , cualquier proceso

de cambio en la institución policial seria en vano si la mirada no apunta hacia el

horizonte revolucionario, es decir, a un salto cualitativo en todas las dimensiones socio-

económicas, políticas y culturales. Estas consignas son sostenidas desde lo discursivo,

basándose en datos recavados por organismos de derechos humanos y estadísticas

oficiales, los cuales le permiten a la organización afirmar que el contenido del accionar

policial fue y es de carácter represivo, y que al contrario de lo que sostienen otros

análisis cuando resaltan “la ausencia del estado en materia de seguridad” o “incapacidad

de gestión”, los registros de gatillo fácil, de torturas y de otras situaciones violatorias de

derechos humanos señalan lo contrario: lejos de ausentarse, el Estado ejerció la

violencia en el contexto democrático luego del 83, y el grueso de esa referencia

empírica señala a los sectores excluidos como destinatarios de la misma 42 . El sentido

de esta organización es necesario en este análisis ya que aporta una de las relaciones en

las que se plantea la cuestión policial: la exclusión. El “gatillo fácil” es un macabro

elemento característico, y típico del paisaje que generaron los modelos económico-

sociales excluyentes en nuestra región, es parte de la cotidianeidad argentina y de

quienes luchan sobre el terreno social arrasado y desagarrado por la pobreza. Más allá

de los múltiples factores que inciden en este problema, la dinámica entre la violencia

policial y los sectores marginados por el capitalismo es una arista importante en este

debate.

41 Correpi, Boletines Informativos 1998 – 2007, http://correpi.lahaine.org/

42 La organización registra más de 2000 casos, que se dieron incluso luego de las primeras movilizaciones en contra del gatillo fácil allá por el 89 y comienzo de los 90. Casos paradigmáticos como la masacre de Budge o el caso Bulacio activaban la lucha anti-represiva y dejaban su huella en la opinión publica marcando otro capitulo difícil y conflictivo entre la sociedad civil y la Policía.

7) Conclusión Final

En este trabajo final se expusieron algunos análisis sobre la cuestión policial en la

Argentina. Esta problemática es una dimensión de una cuestión más amplia que tiene

que ver con transformaciones en el campo de la seguridad y el delito, y en relación a

esto: entre los campos de sabéres especializados y las decisiones políticas. El marco

social con el que se construye el objeto de estudio esta atravesado por la crisis política,

cultural y socioeconómica. Esta particularidad le da determinadas características a los

enfoques de los autores. Podemos estructurar esta síntesis de la siguiente manera:

En un primer eje se aborda el problema policial situándolo en el proceso histórico

desarrollado en materia de seguridad en el cual la institución adopto determinados

rasgos, y los diversos vínculos con instancias gubernamentales que promovieron y

fortalecieron un modelo de funcionamiento de la institución. Sain y Gorgal

reconstruyen el problema de manera diferente, Sain observa un problema social desde el

conflicto político, utilizando la categoría “pacto” entre fuerzas policiales y fracciones

políticas, aplicándola al análisis la conformación de una red de vínculos políticos que

fortaleció una organización institucional piramidal, de corte militarista y represiva;

Gorgal mirando el problema policial, desde algunas teorías sociológicas del delito

centrándose en la ineficiencia de la institución para controlar el fenómeno delictivo.

Ambos toman como variable de importancia a la militarización de las fuerzas

policiales: destacan el rol que asumió la forma militar de organización en la institución

policial, su centralidad en materia de seguridad y su consolidación y fortalecimiento a

partir de la red de vínculos con actores políticos. Y ambos plantean la salida política

reformista (12): políticas públicas de seguridad (desde una nueva estrategia) que

modifiquen el sistema institucional estatal en materia de seguridad. Dentro de la lógica

de Gorgal, la crisis del sistema de seguridad se debe a su ineficiencia: relaciona a los

actores desde un esquema estratégico en el cual interactúan en torno a incentivos, costos

y barreras. Las posibilidades de que quienes interactúan logren desarrollar sus diferentes

intereses vienen dadas de acuerdo al marco institucional que define los diferentes

componentes. Ambos análisis, sin entrar en el debate sobre los limites que se le puedan

señalar al reformismo, tienen como punto fuerte el poder dar cuenta de la herencia

histórica que en sus diferentes segmentos y partes a teñido a la institución con fuerte

sesgo militarizado, herencia que aun bajo reestructuraciones del Estado y del marco

político en el que se inscriben las políticas publicas (la reinstalación del sistema de

partidos, bajo reglas de juego formales democráticas) se ha hecho sentir muy fuerte

como lo demuestran las pujas entre las cúpulas y las dirigencias políticas que intentaron

llevar adelante las reformas. Ambos análisis también sitúan dentro de las “posibles

salidas” a esta problemática, la inserción de la comunidad como un nuevo espacio

activo dentro de la formulación de nuevas políticas publicas en materia de seguridad.

Quizás el trabajo de Sain se torne mas fuerte en este punto: el de dar cuenta de la

conflictividad que traen consigo las fracciones políticas que participan en el diseño de la

políticas publicas. Las disputas atraviesan al Estado y a los partidos políticos mismos:

los procesos de reforma, desataron acciones de contra reforma que generaron

coaliciones desde adentro del partido justicialista mismo. La reconstrucción de Sain le

permite tensar más la cuerda: el modelo tradicional de policía persistió durante la

década de los 90 porque los líderes del Duhaldismo Bonaerense tenían vínculos

aceitados con diferentes esferas de la Policía Bonaerense. Las ideas de Gorgal en

cambio, ponen el acento en la necesidad de una nueva forma de gestionar el control

sobre el delito, y en una crisis que tiene mas que ver con la fragmentación política

ministerial, con la ausencia de entes burocráticos que coordinen la iniciativa civil, y con

la necesidad de una reestructuración integral del todo el sistema de seguridad a partir del

eje central: una nueva doctrina de seguridad nacional diferente a la tradicional (

militarización fundamentada en la hipótesis del enemigo interno) que en el caso de la

institución policial promueva la prevención social y situacional por sobre la represión.

Las criticas pueden estar dirigidas al hecho de que mas allá del componente predictivo

de su modelo para pensar cuestiones resolutivas de la crisis, hacia el interior de las

instituciones se dan procesos de conflicto simbólicos que difícilmente pueden ser

traducidos directamente a la óptica de la elección racional, por tomar un ejemplo

importante, la visión del fenómeno delictivo que realiza el autor: muchos de los

criterios que guían el accionar delictivo en nuestro país no se encuadran en la

maximización de costos y ganancias sino en otras estrategias de juego (13 ).Es por eso

que estas alternativas no deben dejar de lado el conflicto político, las dimensiones que

se juegan en la trama de poderes, y los proyectos estratégicos que diseñan las diferentes

coaliciones para los cuales determinadas lógicas institucionales, o modelos de

instituciones pueden serle más o menos afines.

En una segunda perspectiva de análisis, algunos autores incorporan ideas que abordan el

problema policial analizando la influencia de doctrinas y sabéres en la construcción del

sujeto policial, como parte del desarrollo del poder disciplinario en nuestro país. Son

diversos estudios del C.E.L.S, en los cuales desde la criminología critica, intentan

rescatar la relación entre el poder-saber disciplinario y las técnicas de intervención

policial sobre aquello que fue definido como “lo delictivo” por parte de determinados

sectores de la sociedad. Sozzo ve una determinada concepción que logro

institucionalizarse como táctica a partir de la consolidación política de un paradigma de

seguridad en los procesos de construcción de nuestro estado moderno (algunos aspectos

del discurso positivista que conformaron un campo de saber sobre “lo criminal” en

nuestro país). En este juego de inscripciones de sabéres y poderes, se cristalizo la figura

de lo “sospechoso” como contenido del accionar preventivo. Su categoría explicativa,

es la táctica de sospecha (la sociedad como campo de sospecha): las D.A.I. y las D.E.P.

que conforman un saber-poder institucional sobre el delito y que transforman a la

institución en un vector de control social (produciendo múltiples efectos sobre la red

social). Oliveira y Tiscornia definen una estructura militarizada, y explican las causas a

partir de la influencia de las F.F.A.A. en la vida institucional de la policía, influencia

que también se extiende a la cosmovisión que la policía realiza del delito, en la cual lo

sospechoso se vincula a otras cuestiones sociales: es una figura contra la que se tiene

una relación de guerra, pero además esta percepción tiende a correrse hacia otras figuras

sociales, a abarcar otras dimensiones. Estos autores encuadran al problema policial

dentro de la crítica a la sociedad disciplinaria moderna, y vinculan instituciones y

sabéres científicos que definieron lo criminalizable, a estrategias políticas de control

sobre sectores históricamente excluidos y sobre disidentes políticos, es decir ven que el

sistema penal es selectivo en cuanto a que tiende a localizar la criminalidad en un sector

social. En este sentido la institución policial y su táctica histórica, reflejan un marco

institucional que fue resultado del triunfo y legitimación de un orden político y social,

de una racionalidad que opero como articuladora. Lo importante es señalar el carácter

profundo que tuvieron las detenciones que no solo pueden circunscribirse a una cuestión

interna de la policía sino a todo su entorno. A su vez, no hay que perder de vista que si

bien esta táctica se vincula en su nacimiento a la militarización y al vocabulario

positivista, mas tarde la sospecha cobro otro nuevo sentido y comenzó a ser utilizada

como herramienta política en otra lucha institucional para presionar sobre otros actores

(son efectos no buscados inicialmente, pero que luego son incorporados como parte de

otras estrategias). Así, el recorrido genealógico de estos autores permite desentrañar

que estas diferentes voluntades se expresaron y lograron persistir no como una

intencionalidad unidireccional, sino como un efecto de conjunto que logro potenciarlas.

En este punto cobran más énfasis las propuestas de salida al problema, ya que abogan

no solo por medidas que transformen a la institución en su totalidad, sino también en la

creación de nuevas alternativas, lo que equivale a preguntar por la posibilidad de un

proyecto político-cultural nuevo.

En un tercer eje, ciertos autores intentan