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Daniel Medvedov

Algunas generalidades sobre

HERÁCLITO

Madrid
2010

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HERÁCLITO estaba en la
mitad de su vida a finales del siglo V
a.C., y ello lo hace contemporáneo
con lao Tse y Buddha. Sobre la
vida de Heráclito, Diógenes nos dice
que rehusó hacer leyes para los
efesios, prefiriendo jugar a los
dados con los niños en el templo de
Artemisia. Muchas de las anécdotas
pretenden ridiculizarle y se puede
ver que son trivialidades de
helenistas resentidos y amargados.
Por ejemplo, lo acusan de
misantropía, se burlan de su
vegetarianismo y suponen que
sufrió de hidropesía, tomando ad
litteram su afirmación de que para
las almas es muerte ser húmedas y
convertirse en agua.

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Se le conocía también como
creador de enigmas y se cuenta que
tal labor le costó, supuestamente, la
vida, ya que los médicos, de los que
se burla en uno de sus fragmentos,
no quisieron hacer nada para
salvarle. Dicen que se enterró el
mismo en estiércol, porque había
afirmado que a los cadáveres hay
que botarlos más pronto que a la
mierda.
De todas estas historias sólo se
sabe que nació y vivió en Efeso.
Procedía de una familia de reyes
y estuvo en frías relaciones con sus
conciudadanos.

Timón de Fliunte, un escritor


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satírico del siglo III, lo llamó
enigmático (ainiktés). Esta
aseveración hizo que Cicerón lo
llamara el oscuro.
Otra calificación despectiva es
la de el filósofo llorón, juicio necio
basado en su idea de que todas las
cosas fluyen como ríos [Platón, en el
Crátilo (440 c) afirma que los que
creen en el flujo son como gentes con
catarro], y, también como
melancólico (Teofrasto).
Los biógrafos e historiadores
antiguos de la filosofía, y entre ellos
precisamente Diógenes, dicen que
el título de su obra era SOBRE LA
NATURALEZA.

Estos títulos se asignaban a la


mayoría de las obras escritas por
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aquellos a quienes Aristóteles, y los
filósofos peripatéticos, llamaron
filósofos naturales. Parece que su
libro estaba dividido en tres
secciones -universo – política.
Diels cree que Heráclito no
escribió un libro compacto sino
una serie de opiniones
cuidadosamente formuladas, lo que
indica cuan poco comprenden los
de hoy a un personaje luminoso
como Heráclito. La mayoría de los
analistas y citadores llaman a las
palabras de oro de Heráclito
fragmentos, atributo algo
despectivo, aunque suponen un
aspecto de declaración oral, concisa
y categórica.

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Ni siquiera les convence la palabra
de Aristóteles, que cita el comienzo
de su libro.
Platón recuerda a Heráclito de
una manera algo irónica, citando
sus frases lapidarias de manera
incompleta: todas las cosas fluyen
(panta rhei) . . . Platón, fue
influenciado por Crátilo, discípulo
de la escuela de Heráclito.
Aristóteles se siente incomodo
con Heráclito por su negación del
principio de contradicción, pues al
afirmar H. que los opuestos son lo
mismo le produce un dolor de
cabeza al positivista Aristóteles.

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Aristóteles no había
comprendido que los opuestos, los
complementarios y los contrarios
son tres cosas muy distintas. Y en
ello se basa también Teofrasto,
exponente de la tradición
doxográfica. Los estoicos
adoptaron con respeto a
Heráclito como su maestro,
llamándolo El FISIÓLOGO, el
dáscalos que les enseñó a vivir de
acuerdo con la naturaleza y le
atribuyen a Heráclito la idea de la
ekpyrosis, la destrucción cíclica
del mundo por el fuego.

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EN TO PAN
Es propio del sabio reconocer
que todo es uno. Para Heráclito, los
contrarios, los opuestos y los
complementarios se disponen en
relaciones distintas: los primeros
se atacan, unos a otros, los
segundos se oponen uno al otro, y
los terceros se completan unos con
otros, para formar un todo
arquetipal llamado principio único.
El devenir del mundo, espacio y
tiempo regido por el LOGOS - el
Verbo, la Medida, la Palabra, la
Razón - no sugiere que tales
conexiones lleven hacia el caos, sino
mas bien hacia el orden, definido
en el griego clásico con la palabra
kosmos.

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Todo lo que en el mundo sucede,
en la lucha y con el enfrentamiento
de los elementos contrarios de la
naturaleza, es fruto del juego de
complementarios, regido por la
proporción, por el orden y por la
medida de las cosas.
EL Logos es un juego de opuestos,
un encuentro de contrarios y una
unión compacta de aspectos
complementarios.
Heráclito aconseja a los
hombres la búsqueda de la
armonía subyacente y escondida de
las cosas. Esta coherencia es regida
y controlada por el Logos, el
conservador y el ordenador de todo
lo que hay.
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El Logos es medida, proporción,
ritmo y armonía.
El universo mismo está
ordenado según un plan maestro, y
a la vez regido por una precisa
medida que reúne a todas las cosas
en la multi-tensa armonía de lo
uno. El Logos crea coherencia y
fusión y hace que las cosas,
múltiples e infinitas en su
apariencia casual, se encuentren
unidas en un complejo sistema
coherente, del que los hombres,
aunque sean partes y elementos
celulares de ese cosmos,
desconocen la realidad patente.
Para Heráclito, los que no son
capaces de entender eso tienen
almas bárbaras.

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El Logos es el origen y el fin de
toadas las cosas: del Logos
procede todo, y al Logos retorna.
Heráclito afirma algo
extraordinario, una visión superior
a las teorías de la ciencia moderna:
este universo siempre ha sido y
siempre será así, fuego siemprevivo
que se enciende y se apaga según
medidas . . .
Heráclito sabe que en el mundo es
fundamental la existencia de los
opuestos, de los contrarios y de los
complementarios, estos últimos
siendo partes esenciales y binarias
de la unidad esencial de las cosas.

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• Las mismas cosas producen
efectos distintos, a veces
opuestos, otras veces contrarios,
y en la mayoría de las veces,
complementarios , sobre las
distintas clases de seres que son
afectados por sus influencias.
Así, el mar, tan saludable para
los peces, es para los hombres
impotable y destructor.
• Y, al contrario, aspectos distintos
y categóricamente diferentes de
las mismas cosas, generan
descripciones contradictorias en
los lectores. El camino hacia
abajo y el que conduce hacia
arriba son uno y el mismo.

En este preciso sentido, asistimos


en el mundo de los objetos
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simbólicos y de los principios
universales (arquetipos) a una serie
de elementos que poseen la misma
cualidad polar:
• ESCALERA (subir y bajar)
• PUERTA (entrar y salir)
• LLAVE (abrir y cerrar)
• CAMINO (ir y venir)
• VIDA (nacer y morir)
• BARCO (salir del puerto y

retornar al puerto[nostos])
• PUENTE (orilla izquierda y
orilla derecha)
• LUZ (prender y apagar)

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Es la misma escalera, la misma
puerta, la misma llave, el mismo
camino, la misma vida, el mismo
barco, el mismo puente, la misma
luz a los cuales denominamos para
subir, los que bajan, y para bajar
los que suben, para entrar los que
salen y para salir los que entran,
para cerrar los que abren y para
abrir los que cierran, camino de
retorno los que partimos, y camino
de ida los que retornamos, para
morir los que nacen, para nacer los
que mueren, para viajar los que
parten y para retornar los que ya
han viajado, para pasar al otro
lado los que están de este lado y
para pasar a este lado para los que
están del otro lado, para prender
los que la apagan, y para apagar
los que la prenden.
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• Por el conocimiento de los
aspectos complementarios
podemos acceder al principio
fundamental de la realidad.
Esto sucede, digamos, con la
salud, cuyo sentido y sabor se
reconocen tan sólo cuando
sufrimos y experimentamos el
dolor y el placer de las cosas.
• Algunos aspectos contrarios
están dispuestos y entrelazados
de modo sucedáneo, pues tal
como los abalorios de un
rosario, o mejor aún, tal como
los dos lados del trayecto de un
péndulo, uno va a ir en
búsqueda del otro, y el otro
hacia aquél que lo está
buscando.

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Es eso lo que sucede con el calor y
con el frío, o con la porción
luminosa que llamamos
impropiamente, día, y con la
noche, con el padre y con el hijo,
con la juventud y con la vejez.
Si consideramos a la realidad
como un conjunto de eventos
formado por elementos separados
unos de otros y opuestos unos a
otros, es decir, como una
estructura sin conexión y regida
tan sólo por la diversidad, estamos
dormidos.

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Tal diversidad es accidental y
contingente, aunque se encuentra
íntimamente ligada al todo, pues no
existe una división absoluta entre
aquellos aspectos que
consideramos erradamente como
elementos opuestos, cuando de
hecho pueden ser contrarios, o
complementarios.
El que los complementos formen
una unidad arquetipal no quita del
escenario a la pluralidad
multiforme e infinita. Cuando
Heráclito sugiere que las cosas hay
que tomarlas en conjunto se está
refiriendo a los complementarios
que forman un todo continuo (frío-
calor, placer-dolor, burdo-fino, etc).
Estos aspectos complementarios,
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llamados en el griego clásico
SÍMBOLOS, conviven, los unos, en
la imagen refleja y polar de los
otros, y sin más, se enfrentan, se
enlazan, se tocan y se rechazan en
un multi-tenso ajuste.
Si en ésta tensión, alguno de los
dos aspectos termina por
imponerse al otro, hay un
desequilibrio andante y aparece el
conflicto. Acto seguido, el combate
entre las dos fuerzas resuelve todo
desajuste. Lo que va a suceder es
un retorno gracioso a la armonía
primordial, o inicial, donde
prevalece el orden, la sintonía, la
armonía, la proporción rítmica y la
justa medida.

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Todo en el mundo está
íntimamente, y graciosamente
unificado, aunque la mayoría de los
humanos no perciban tal unión.
Equilibrio y balance, tensión y
ritmo, orientación y polarización,
son todos aspectos muy distintos.
Sucede ello cuando Odiseo tensa
y arma su arco: no sólo la fuerza de
sus brazos sino su maña, su energía
y su vigor polimecánico se imponen
al poder bruto de los contrincantes
y pretendientes de Penélope.
Ninguno más que Odiseo puede
armar el arco. Eso tiene un sentido
trascendente, no es tan sólo una
historia graciosa.

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La forma del arco es la imagen
de una trayectoria, la figura
parcial de una curva: además de
montar el arco, los participantes al
desafío que impuso Penélope en el
palacio de Ithaca, tenían que pasar
una flecha por el orificio de doce
hachas puestas en fila.
¿Quien es capaz de entender
rectamente este hecho mítico y a la
vez, de realizarlo?
Es Odiseo . . . “Nadie“ . . .
La concordia entre los aspectos
y elementos complementarios
genera un conflicto y ocurre así el
combate de la armonía.

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Ello produce un fenómeno
sorprendente: es el Cambio, las
mudanzas, las transformaciones, la
agitación que lleva hacia la
transfiguración.
La discordia es tan sólo un
aspecto opuesto de la concordia.
Pero ello no es suficiente con ella
para que ocurra el fenómeno
llamado cambio.
El Cambio es un principio
universal, un arquetipo y como tal
es el encuentro polar entre dos
aspectos complementarios. El
concepto que emplea Heráclito
para expresar la existencia eterna
del cambio en el mundo, no es la
guerra sino la contienda, el
combate.

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Para combatir no basta con sólo
atacar: también hay que defenderse.
Por otra parte, la Paz es
también un principio universal y
por tanto no se le puede oponer
nada y menos aún el termino
llamado guerra.
La guerra es un invento humano
y se comporta como un virus:
infecta las relaciones entre los
individuos y descontrola el orden y
la armonía social, sin tener el
poder de destruir por completo el
ajuste entre las fuerzas. La guerra
es un juego enfermizo de
contrarios, y no representa una
acción benigna.
Contrarios, opuestos,
complementarios, qué más da, son
sinónimos – dicen los diccionarios.
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Sí, son sinónimos, pero distintos,
muy distintos, diferentes, pues
expresan distintas clases de
polaridades y distintos tipos de
conexiones:
A. Polaridad Plenaria - Los
complementarios
(SYMPLEROMA)
B. Polaridad Frontal – Los
contrarios (ENANTIOS)
C. Polaridad Distanciada – Los
opuestos (ANTITETHOS)
Los opuestos guardan su puesto,
los contrarios se tocan, pero no se
completan, y los complementarios
se completan uno al otro. En
cuanto al conflicto, todo ello ocurre
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porque las cosas se corrompen al
no ser agitadas.
Hay un curioso caso de prefijo
creativo que produce un concepto
aparentemente negativo: el
INFINITO. Antes de la base –FIN-,
el prefijo IN- parece negativo,
cuando, de hecho es aumentativo y
generativo. En el IN-FINITO, lo
que los griegos antiguos llamaban
APEIROS (a-peiros) o
ANARITHMETOS, pues la
“infinidad” era TO APEIRON, el
prefijo IN- (en griego A-) es
creativo, activo, poético, a
diferencia de su uso común como
partícula negativa. Aquí el prefijo
es partícula “positiva”, preñada de
sentido filosófico y hermenéutico.

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Cuando esta partícula se separa de
la base –FIN- se alcanza crear un
término contrario, lo finito, en
griego PEPERASMENOS, un
epíteto. Pareciera exactamente lo
contrario, pues un prefijo negativo,
por lo general anula el valor
positivo de la base-raíz. Aquí
ocurre al revés: el prefijo crea un
concepto poético y su falta deja a la
base (-FIN-) en una inopia de
sentido.
El cambio en las cosas se debe
al juego de los complementarios, y
no a la oposición de los contrarios.

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Hay una absoluta continuidad en
los cambios de la naturaleza, pues
todo corre como un río, pues todo
es un continúo flujo metamórfico
materializado y sustancializado en
las cosas.
No es que lo que haya sea
impermanente, como señalaba
Aristóteles, sino que tales cambios
en las cosas ocurren para
catapultarlas en la vorágine de un
perpetuo fluir que las arrastra a
ser las mismas. Heráclito piensa
que, a excepción del cambio
mismo, no existe nada permanente,
pues incluso lo que parece estable,
experimenta cambios visinvisibles.

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Es obvio que la imagen del río
que fluye eternamente y corre
continuamente, sin parar, ha
llevado a citar sin descanso la idea
de que uno no puede sumergirse
dos veces en el mismo río. Pero
Heráclito dice, en el mismo sitio,
que puede y no puede, como para
jugar con nuestro escaso
entendimiento de la ironía
trascendente . . . Con la imagen
del río, lo que Heráclito decía, en
realidad, es lo siguiente: somos otro
y también el mismo, aunque
envejecemos, y éramos otro y
también el mismo, cuando jóvenes,
pues lo externo cambia para ser
distinto, y lo interno queda el
mismo y lo mismo, a pesar de las
mudanzas.
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Estamos hablando ciertamente
de los cambios que ocurren en la
esfera trascendente de lo vivo, y no
de las transformaciones y de la
decadencia de los objetos sin vida.

.
ϖ
Ω

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