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Tulio Halperin Donghi

¿PARA QUÉ LA INMIGRACIÓN? IDEOLOGÍA Y POLÍTICA INMIGRATORIA EN


LA ARGENTINA (1810-1914)

I
A lo largo de todo el siglo XIX la inmigración fue considerada un instrumento esencial en la creación de
una sociedad y una comunidad política moderna. No hubo aquí oposición a las políticas pro-
inmigratorias, ni alternativas en política de poblamiento diferentes a la que está centrada en la
inmigración de hombres libres. Las razones para el consenso en torno a una política que no podía sino
introducir cambios cataclísmicos en la sociedad argentina son complejas. Algunas de ellas son herencia
del pasado prerrevolucionario y de las décadas previas a la organización nacional, otras se vinculan con la
complejidad de las funciones asignadas a los inmigrantes en el proceso de modernización. Complejidad,
que se vincula con la variedad de aspiraciones que conducen a apoyar el proyecto modernizador.
Contradicciones que se traducen en una constante ambigüedad de métodos y objetivos, ambigüedad que
sólo da lugar a disidencias parciales y efímeras.

II
A partir del último tercio del siglo XVIII la expansión económica del litoral rioplatense se torna
sostenida. La razón es doble: por una parte la creación de un centro mercantil administrativo y militar en
Buenos Aires acelera el crecimiento urbano: por otra el avance de las exportaciones pecuarias induce el
del sector rural. La rapidez misma de su ritmo revelaba y acentuaba ciertas carencias de la estructura
social de la campaña que se vinculaban con la escasez de población. La consecuencia más obvia de ésta
es la escasez de mano de obra, ya subrayada por Hipólito Vieytes. Sus razonamientos se ubican en el
marco de un proyecto de transformación social más ambicioso destinado a eludir esa monoproducción
ganadera que se avecina. Para obviar ese peligro es preciso terminar con el estancamiento de la
agricultura del cereal. El cambio económico es visto como un aspecto de una transformación mucho más
compleja en actitudes y estilos de vida. Si el cambio económico tiene potencialmente efectos tan vastos
puede ser inducido desde esferas no económicas: Vieytes cree que si su prédica a favor de las artesanías
rurales logra alcanzar a la población, su resultado será el vasto cambio que preconiza.
Entre los contemporáneos de Vieytes la atención a los aspectos no estrictamente económicos del
problema es muy marcada; por detrás de la influencia ilustrada influye una tradición administrativa más
antigua en la que los objetivos de control político y social prevalecen por sobre los del progreso
sociocultural. El horror por el poblamiento disperso, que hace imposible la disciplina social, política y
religiosa, es expresado vivamente en 1781 por el obispo de Córdoba; San Alberto. En la década de 1780
la corona promovió el establecimiento de colonos peninsulares en nuevas fundaciones, y si bien éstas iban
a revelarse viables, su orientación agrícola pronto fue abandonada.
Félix de Azara (1801): Es deseable que la escasa mano de obra se concentre en actividades en que la
productividad es más alta, y las ventajas que en este aspecto exhibe la ganadería es evidente. El problema
es cómo hacer compatible la población dispersa que la ganadería exige con el mínimo control social
necesario para mantener el dominio político sobre la región.
La revolución va a transformar de modo decisivo las raíces y el área de efectividad del poder del estado.
Si en tiempos coloniales era difícil ejecutar en los hechos una política que contrariase a los sectores
dominantes rurales, en la etapa independiente se hace aún difícil proponerla. El elemento autoritario en la
definición de esas políticas no desaparece pero se concentra en la relación con los sectores bajos.
Pedro Andrés García (1810): Propone la creación de pueblos en la frontera, donde deberán ser
compelidos a residir los pobladores. Manuel Belgrano: propone la deportación de indeseables, para
asegurar el desahogo de los criadores, o sea, asegurarles la posibilidad de dedicar todas sus tierras a la
ganadería extensiva.
Cualquier política de transformación político-social rápida encuentra los límites de su viabilidad en la
necesidad de utilizar las fuerzas económicas disponibles tomando en cuenta las leyes que rigen su
desempeño y encuentra límites aún más rigurosos en la necesidad política de compatibilizar cualquier
ambición reformadora con los intereses de los sectores locales altos. A menos que se produzca un
vertiginoso aumento de la población local, la pobreza numérica de ésta impone duras limitaciones al
desarrollo económico del área ( haciendo difícil evitar la consolidación de la monoproducción ganadera)
y tiene consecuencias negativas no sólo en el aspecto sociocultural, sino en cuanto a la posibilidad misma
de mantener un orden político tolerablemente sólido. El problema de la población es examinado en torno

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a la campaña. Está en cambio notoriamente ausente cualquier consideración sobre aspectos de la
población que vayan más allá de su número.

III

La ideología pro-inmigratoria que acompaña a la expansión del medio siglo anterior a la primera guerra
mundial es articulada por los hombres de la Generación de 1837. Sus elementos esenciales están ya
presentes en las observaciones que sobre política inmigratoria formula Bernardino Rivadavia en 1818.
Aquí la inmigración es vista desde una perspectiva nueva que apunta a “...crear una población
homogénea, industriosa y moral...”. La inmigración es vista como un agente destructor de “las
degradantes habitudes españolas”, esto llegará a ser uno de los temas dominantes de la nueva ideología
pro inmigratoria. Lo que hubo de errado en esas previsiones suele achacarse a una fe apriorística en los
efectos necesariamente benéficos de cualquier clase de contactos con civilizaciones más maduras y
complejas. Esos erróneos pronósticos se explican por la extrapolación de los resultados obtenidos de una
inmigración de elite, poco numerosa y considerablemente prospera. Ese y otros motivos reaparecerán a
través de infinitas variaciones en los escritos de la generación de 1837.
Domingo F. Sarmiento: a partir de 1841 elabora, sobre la base de un examen crítico de la realidad
hispanoamericana, un proyecto de referencia a la vez político y social en el que asigna papel primordial a
la inmigración. Para el Sarmiento de 1841-1845, si España es el problema, Europa es la solución. Esa
perspectiva acabará con el Viaje a Europa en 1845 y el descubrimiento de una vida sorprendentemente
arcaica. Esto le hará apreciar de modo más positivo el legado español y colonial. El nuevo modelo sobre
el cual planear la futura Hispanoamérica lo encuentra en Estados Unidos, donde la clave del éxito está en
un conjunto de desarrollos económicos, sociales y culturales, como consecuencia de la existencia de un
auténtico mercado nacional que incorpora efectivamente aún a los miembros más aislados de la
comunidad. En ese marco halla la justificación para su interés en la alfabetización masiva, pues ve en la
palabra escrita el instrumento irremplazable en la creación de ese mercado nacional. La inmigración es
todavía posible y necesaria pero debe ser encauzada, a la vez que fomentada por un estado capaz de
gobernar los procesos económicos y sociales que su política contribuye a desencadenar, y decidido
ponerlos al servicio de un plan de transformación que el libre juego de las fuerzas económicas no podría
llevar a feliz término. Inmigración que tiene peligros, pero que es ineludible.
El expositor más sistemático de la ideología pro-inmigración es Juan Bautista Alberdi. Para éste el
aumento rápido de la población no es visto como la principal ventaja de la inmigración: aún más
importante es que venga a consolidar la influencia civilizadora de Europa. A través de la inmigración el
trabajo europeo complementa el capital europeo en la tarea de crear una comunidad civilizada en este
remoto rincón del mundo. Alberdi también postula la necesidad de un estado fuerte que debe volcar su
fuerza contra los obstáculos locales que enfrentan esos agentes civilizadores externos; no es su tarea
definir las reglas del juego al que se incorporan esas nuevas fuerzas socioeconómicas, pues por el
contrario es el libre juego de éstas el que alcanza benéficos resultados. El estado debe “legislar y
reglamentar lo menos posible”. Tampoco debe el estado abandonar su pasividad en el campo educativo:
postula una educación por la vida en sociedad y la participación en una economía modernizada.
Considera que para ser un buen obrero industrial no es necesario el alfabeto. Hay momentos en que
Sarmiento no está lejos de esas posiciones, pero siempre atemperadas por su lealtad a un proyecto que
postula un estado más activamente reformador, declarado necesario debido a la presencia de conflictos
irreconciliables que parecen ser el precio ineliminable de ese dinamismo del siglo XIX. Estado activo:
proyecto cercano al postulado por la generación de 1837: diversificación económica que privilegia a la
industria sobre la agricultura y a ésta sobre la ganadera, gradual democratización e inmediata
descentralización política destinada a extender el goce real de los derechos civiles a la plebe rural.
Además, favorecimiento de la propiedad rural dividida. Éste es el marco en el que va a tratar de redefinir
las funciones de la inmigración. A través de esas oscilaciones Sarmiento está más cerca que Alberdi del
temple de esa Argentina que emerge luego de Rosas: la ideología liberal conservadora que ofrece la
justificación más coherente para las transformaciones impuestas al país por su renovada elite dirigente
convive con una democrática que ofrece un conjunto de temas y motivos que ofrecen instrumentos de
expresión ya preparados.
José Hernández: ideología semi disidente. Fe en la eficacia de la inmigración para corroer un orden a la
vez arcaico e injusto. Unos y otros agregan ambigüedad a sus reacciones frente a la política pro
inmigratoria debido a la ambigüedad creciente de las enseñanzas que ofrecen las ya comenzadas
experiencias inmigratorias. Esas enseñanzas han comenzado a acumularse durante la época de Rosas, con
una creciente presencia extranjera que se prolonga en las quintas y el sistema de provisión de la ciudad;
también se hace sentir en la población de la campaña: expansión de la ganadería ovina (pastores vascos e
irlandeses). Proporciones considerables de extranjeros en todos los niveles sociales. Críticas: hacia la

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tendencia a privilegiar al inmigrante, considerado como mejor protegido que el nativo (no son reclutados
por las levas). Antes de 1852 la inmigración comenzó a avanzar bajo la égida de un poder que no
mostraba simpatía ninguna ni por la ideología pro inmigratoria ni por sus voceros. Pero si se examina la
experiencia concreta y las motivaciones de la mayoría de los inmigrantes antes y después de esa fecha no
parece que la caída de Rosas haya marcado para ellos un decisivo punto de inflexión. De la ideología
democrático-reformista sólo adquirirá consecuencias prácticas en la alfabetización.
La inmigración es más que el resultado de una ciega oleada humana que el poder político no podría, ni en
verdad aspira, a controlar.
Urquiza: con él se multiplican en el litoral argentino las experiencias colonizadoras: en Corrientes
afrontan un rápido fracaso; en Entre Ríos terminan por arraigar; pero es sobre todo en Santa Fe donde su
éxito se torna avasallador. Mientras en Santa fe y Córdoba la inmigración crea enclaves en los que la
mayoría de la población adulta proviene de ultramar, en Buenos Aires el precio de la tierra es mucho más
alto y la colonización tiene por eso mismo un desarrollo tardío y limitado.

Sólo después de 1890 la inmigración se hace más frecuente. Peones para los terratenientes, lo que es
importante para la expansión del sector rural. Apoyo del sector terrateniente a la política inmigratoria.
Apoyo necesario a causa de una oleada xenófoba y del aumento de la violencia contra los extranjeros. En
muchos caso la violencia proviene de las autoridades locales que no buscan sus victimas exclusivamente
entre los inmigrantes: es la presencia masiva de éstos en los niveles más bajos de la sociedad rural la que
multiplica episodios de este orden. Inmigrantes, mejor defendidos que la plebe rural, pues hallan más fácil
que la plebe nativa el camino de la prosperidad en una campaña en rápida transformación (ejemplos en
Martín Fierro y en Juan Moreira). Necesidad de extender beneficios a la población nativa, lo que lleva al
fin del reclutamiento arbitrario. Hacia 1880 se han definido ya la eficacia y los límites de la
transformación rural comenzada en el último cuarto de siglo. No es entonces sólo la presencia del
inmigrante, son todos los problemas de la campaña los que en las siguientes dos décadas desaparecen del
centro de la atención colectiva.

IV
El aquietamiento de las controversias en torno al orden rural refleja el hecho de que aquellos cambios
sociales capaces de alcanzar fácil repercusión política ya no ocurren en la campaña. Es sobre todo en las
ciudades que crecen más rápidamente – donde los inmigrantes e agolpan en mayor proporción – donde
tienden a concentrarse los conflictos. La tentación de explicarlos por esa presencia extranjera es
comprensible, ante todo por el aporte de los inmigrantes de un marco de referencia político ideológico
distinto del localmente vigente. Las denuncias contra el efecto disociador de la inmigración urbana en el
orden social tienen también otras justificaciones menos fantasiosas: la ampliación de las oportunidades de
ascenso social. Aunque ese ascenso se da en ausencia de conflictos abiertos presenta aspectos irritantes
para los sectores altos ya consolidados.
Sarmiento: fracaso del vasto esfuerzo destinado a crear en la Argentina una comunidad política
“civilizada”. Ve en la participación activa de los inmigrantes en la política la única manera de sacarla del
marasmo en que ha caído. Los inmigrantes son victimas de una falsa conciencia de su situación y se
hacen menos capaces de percibirla cuanto más exitosa es su integración en la sociedad argentina.
Sarmiento ha decidido buscar en el rechazo del inmigrante a la nacionalización la causa última del
defectuoso desarrollo político argentino, sin preguntarse por las razones de ese rechazo. Ve a la Argentina
escindirse en un país político - con una población nativa que vive no sólo para la política, sino de la
política – y un país económico que es predominantemente extranjero. Bastaría que los inmigrantes
nacionalizados inundaran las listas electorales para que la situación deplorable fuera abolida. Pero al
mantenerse al margen de la política militante los extranjeros no hacen más que seguir el ejemplo de
muchos nativos con sólidos intereses. Para los inmigrantes menos prósperos las ventajas de conservar su
extranjería son igualmente evidentes: su naturalización aumentaría las áreas de conflicto potencial con las
autoridades inferiores, y los privaría de la protección consular. Sarmiento incorpora a su crítica un
conjunto de elementos que le permiten ofrecer una visión compleja y matizada de la inmigración y sus
efectos. Disconformidad con las modalidades concretas de esa inmigración de elite, que debía introducir a
la población nativa en una nueva civilización, pero que en los hechos cumple muy mal esa función.
Crítica al modo de inserción en la sociedad argentina de la inmigración italiana. En un cuarto de siglo han
creado una elite inmigrante con sus escuelas, periódicos e intelectuales, que explotan la nostalgia de los
inmigrantes que han alcanzado algún bienestar. Solidaridad entre la elite política argentina y una elite
cultural italiana, que tiene sus raíces en una larga historia de coincidencias. Lo que Sarmiento denuncia es
una de las consecuencias tempranas e indirectas del comienzo de la era de los imperialismos; el nuevo
modo de nacionalismo que comienza a surgir en ese contexto.

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El aislacionismo intransigente de Sarmiento es la expresión más benévola de una creciente toma de
distancia frente al fenómeno inmigratorio, que es expresado en una clave de xenofobia sistemática y
radical por Eugenio Cambaceres en su novela En la sangre (1887). Lo que no es fácil de medir, ni a
través de Sarmiento ni en Cambaceres, es la real intensidad de los sentimientos de hostilidad colectiva
que se expresan en esas imágenes negativas. Uno y otro, desde perspectivas distintas coinciden en señalar
la ceguera de los más frente a peligros que a ellos les parecen evidentes. La literatura costumbrista nos va
a presentar una visión más placida, que subraya que el sector criollo contiene ya un ineliminable
componente inmigratorio. Ejemplo de Fray Mocho. Sería erróneo ver en la literatura de Fray Mocho un
espejo más fielmente neutro de la realidad que en la de Cambaceres, por el contrario, el autor
costumbrista mantiene una continua distancia con los personajes cuyo lenguaje imita. Mientras Sarmiento
y Cambaceres habían buscado deliberadamente escandalizar a su público, Fray Mocho cree todavía
posible persuadirlo de que la lección de resignada aceptación del alud inmigratorio es la que cada lector
ha alcanzado ya, por su cuenta, aunque quizá no lo haya advertido del todo.
Expansión argentina basada en una distribución de funciones entre la clase alta local cuya base es el
dominio de la tierra, y un aparato de transporte y comercialización controlado por el extranjero. Cada
crisis, cada detención en el proceso expansivo debía crear tensiones entre esos heterogéneos aliados. La
crisis de 1890 permite la articulación particularmente explícita de esas tensiones en la novela La bolsa de
Julián Martel, en la que se destaca el motivo antisemita. El tema de la gravitación extranjera en los
niveles más altos de la economía y la sociedad argentinas está en el centro de la problemática de Martel,
problemática que no está destinada a encontrar continuadores inmediatos. Después de 1890, al alcanzar la
crisis un desenlace satisfactorio para las clases altas y agudizarse los conflictos con sectores sociales más
bajos, el tema esbozado por Martel perdió vigencia. A partir de 1890 surge en efecto en el país un
movimiento obrero la mayoría de cuyos dirigentes y militantes son extranjeros. El anarquismo logra
arraigar entre sectores más amplios de trabajadores que su rival, el partido socialista; además también se
muestra dispuesto a recurrir a la violencia. Así, nuevamente la ligazón entre agitación popular urbana y
presencia inmigratoria pasa a primer plano. La elite político-social está más preparada para percibir esa
vinculación, lo que se refleja en la rapidez y en la brutalidad de la respuesta que encontró la protesta
obrera:
* Ley de residencia (1902): destinada a frenar los avances de la sindicalización. Autoriza a expulsar
extranjeros por decisión administrativa. Se apoya en la noción de que son los agitadores ultramarinos los
responsables de la agudización del conflicto social.
* Ley de defensa social (1910): Respuesta a la difusión del terrorismo.

Campañas xenofóbicas: los terroristas por hipótesis no son argentinos; no sólo su invocación de doctrinas
ultramarinas, sino su conducta cobarde, revelan su origen extranjero. Junto con la crítica moral la
biológico-psicológica ofrece argumentos adicionales para una actitud de rechazo global al inmigrante.
Motivos xenófobos que no se traducen en una modificación de la política inmigratoria: años en que la
inmigración alcanza sus cifras más altas. Xenofobia: argumento en defensa de un orden en torno del cual
el consenso se hace cada vez menos seguro, pero su gravitación sobre sentimientos y actitudes sigue
siendo muy limitada.
Juan B. Justo: propone la nacionalización de los extranjeros, partiendo de una crítica de toda la
estructura social argentina, en la que conceptualiza al estado como agente de una clase terrateniente
parasitaria. La nacionalización de los extranjeros significa ante todo la de los integrantes de los sectores
populares, que gracias ella pueden participar activamente de la vida política. Justo ha concluido por
disolver la oposición entre nativos e inmigrantes en la que corre entre las fuerzas parasitarias y sus
victimas. En esos años también se desarrolla un creciente eclecticismo de los mitos populares de protesta
social, y la popularidad nueva de que gozan entre un público en el que criollos e inmigrantes no están ya
separados. Sin embargo, esta reinterpretación del proceso social argentino, y del papel de los inmigrantes
en él, está destinada a no imponerse.

V
Surge un interés nuevo por una temática nacionalista que ha sido vista desde la izquierda como una obvia
tentativa de justificar la represión antiobrera como cruzada antigringa. Interpretación que ha tendido cada
vez más a convertirse en dominante. Es cierto que es una motivación, pero existen peligros a los que una
ideología nacionalista puede también contribuir a dar respuesta: evolución política internacional,
deterioro de los términos de la alianza no escrita entre la clase terrateniente nativa y los dueños de los
canales de comercialización y transporte. Problemas que requerían un estado más capaz de iniciativas.
Esta regeneración requiere una base política más amplia y menos pasiva que las reducidas clientelas
electorales rutinariamente manipuladas. Saenz Peña: la aplicación del sufragio universal, debía persuadir

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a la oposición radical a retornar a la acción política. Pero la revitalización de la lucha política no era
suficiente para contrarrestar una pérdida de vitalidad que comenzaba a afectar a la nación a la vez que al
estado. La reordenación de la lucha política debe complementarse con una vigorización del sentimiento
nacional inducida por el estado de modo primordial mediante el adoctrinamiento escolar. José Maria
Ramos Mejía: impone en la enseñanza primaria una liturgia cívica, juzga que esas ceremonias de gusto
dudoso son necesarias para contrarrestar las graves influencias desnacionalizadotas. ¿Cuáles son ellas?
Las doctrinas con que se intenta seducir a las clases laboriosas, rivalidad de otras lealtades nacionales
(mantenidas en vida por las escuelas de colectividad) y las escuelas confesionales. Ricardo Rojas, La
restauración nacionalista (1909), base ideológica para ese movimiento de renacionalización por la
escuela. Hay sin embargo una amenaza más sería que las anteriores, la del “materialismo” dominante, de
un sistema de valores orientado a la conquista del éxito a cualquier precio.

El nuevo nacionalismo refleja un cambio radical en la imagen de la relación entre la Argentina y el


mundo: en el clima de rivalidades interimperialistas ahora dominantes el irreductible elemento de
hostilidad en toda relación entre países se destaca con evidencia nueva, y la necesidad de una cohesión
nacional más sólida para afrontar un clima cada vez más marcado por esa hostilidad recíproca se torna
igualmente evidente. Por eso el nuevo nacionalismo no podría incluir componentes antiinmigratorios
capaces de retardar la asimilación de los extranjeros en la comunidad nacional. Ramos Mejía: la nueva
liturgia patriótica debe ser un instrumento de incorporación antes que de exclusión. La solución que
propone el regeneracionismo conservador coincide con la que propone Juan B. Justo, en considerar la
distinción entre nativos e inmigrantes. Del todo irrelevante a los problemas básicos que plantea esa difícil
hora argentina. El nuevo nacionalismo, lejos de presentarse como una ideología inmigratoria, se propone
como la adecuada a un país que debe reconciliarse con las transformaciones demasiado rápidas que ha
sufrido. La nación no se plasmará ya como tal realizando ciertos ideales cuya validez universal se postula:
el imperativo de cohesión nacional tiene prioridad sobre los principios en torno de los cuales han de darse
las coincidencias ideológicas que expresen esa cohesión. Actitud transicional, que se refleja en las
ambigüedades de Ramos Mejía acerca de las reformas escolares que propugna. Ricardo Rojas: contempla
con entusiasmo los aspectos cada vez más totémicos que el culto nacional está adquiriendo en Italia. Ese
irracionalismo recibido no dejaba de tener aspectos peligrosos. Sólo la presencia vigilante de una elite
animada por una decisión más abstracta por la nación y el estado podría evitar que su llamada a la entrega
indisciplinada a ideas y sentimientos diese rienda suelta a las fuerzas disociadoras de la frágil realidad
nacional.
Manuel Gálvez: El diario de Gabriel Quiroga, invectiva del poeta contra la ingrata patria, que se
obstina en ignorarlo. Condena indiscriminada de la Argentina creada por el liberal progresismo, pero está
lejos de ver en la inmigración el mayor de los males atribuido a su influencia nefasta. La política
secularizadora se la aparece como mucho más grave, en la medida en que ha disipado las energías
nacionales en la tentativa de rehacer el país contra los imperativos de su índole y su pasado. Redescubre
la dicotomía entre una nación que produce y esta formada de extranjeros y otra que se ha instalado
parasitariamente en el aparato de estado, el país político que forman los nativos. La revolución espiritual
que Gálvez propugna se apoya en una aceptación global del orden argentino, tal como ha sido plasmado
en un proceso del cual el alud inmigratorio es un aspecto ineliminable.
Elementos en común de Ramos Mejía y Gálvez: ambos postulan que el predominio de la economía está
en proceso de ser conquistado por los inmigrantes y sus descendientes; ambos postulan también que pese
a la democratización política, la elite criolla seguirá manteniendo el predominio político.

Triunfo del radicalismo: temporaria agudización de los conflictos que ya parecían dejados atrás. El
nacionalismo se iba a revelar como un elemento más importante en el ideario radical que en el
conservador. Relación ambigua con el pasado. La constitución era el programa del partido ahora
dominante, por lo tanto la ruptura total con ella era impensable; al mismo tiempo esa etapa no podía sino
ser vista como la que dio origen a una deformación del sistema institucional, contra la cual el radicalismo
había combatido desde su origen.
Nacionalismo radical más indiferenciado que el conservador; era una adhesión a la nación más que a la
corporización en el cuerpo nacional de una cierta experiencia política. Este nacionalismo, que se presenta
como alternativa a lealtades de clase y no étnica-nacionales, no debe desembocar necesariamente en un
retorno a la temática que contrapone sectores nativos y extranjeros. Pero al mismo tiempo no es
sorprendente que el radicalismo haya transitado frecuentemente de una perspectiva a la otra, pues al hacer
del sufragio la base real del poder político, la democratización agrega sustancia a la división entre nativos
e inmigrantes

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Con el transcurso del tiempo, disminuye el número absoluto de inmigrantes, se atenúa también su
concentración en ciertos rubros de actividad. Así el tema que ha acompañado a un siglo de hondas
transformaciones en la sociedad argentina se desvanece paulatinamente de la atención colectiva.
Sobre la inmigración; diferencias en su formulación entre una primera etapa en la cual la inmigración
masiva aún no se ha desencadenado y aquella en la que ésta ha alcanzado su apogeo. Sólo en la primera
encontramos una consideración directa y global del fenómeno, acompañada de una tentativa de apreciar
sus consecuencias también globales en el futuro de la nación. En la segunda no sólo faltan esos planteos
globales; aún los parciales que se vinculan con la inmigración apenas merecen consideración
independiente, y sirven sólo como introducción para afrontar los más generales que la sociedad argentina
en su conjunto debe afrontar.

Voluntad deliberada de limitar los alcances de cualquier otro enfoque crítico de la modernización y el
proceso inmigratorio que la alimentó.

[Tulio Halperin Donghi “¿Para qué la inmigración? Ideología y política inmigratoria en la


Argentina”En El espejo de la Historia; Sudamericana, Buenos Aires; 1998 (1987); pp. 189-238. ]