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La evolución del terrorismo yihadista global después del 11-S...

La evolución del terrorismo yihadista global


después del 11-S: repercusiones sobre la
seguridad europea y española
Javier JORDÁN
Universidad de Granada

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron profundamente


las relaciones internacionales y la política doméstica de numerosos estados.
Más de ocho años después de aquel fatídico día resulta interesante conocer
qué evolución ha experimentado el terrorismo yihadista global, cuál es su
situación en el momento presente y qué grado de amenaza continúa repre-
sentando para la seguridad de la Unión Europea y, más específicamente,
para la seguridad de España. Para responder a estas cuestiones el capítulo
ordena los contenidos estructurándolos en dos grandes apartados: 1) hechos
que han favorecido al terrorismo yihadista global, y 2) factores que le han
resultado desfavorables. Tras realizar esta exposición el capítulo se cierra con
unas breves conclusiones donde se valora el riesgo potencial que el terro-
rismo de esta naturaleza supone para España y Europa.
La tesis principal de nuestro trabajo es la siguiente: a pesar de la enorme
cantidad de recursos invertidos por Estados Unidos y por otros países en
políticas públicas destinadas a combatir el terrorismo yihadista global, este
fenómeno sigue vigente y durante los años centrales de la década de 2000,
ha gozado de una vitalidad mayor a su situación previa al 11-S. Sin embargo,
en la actualidad se perciben síntomas de decadencia en el terrorismo yiha-
dista como fenómeno global, que podrían constituir un anuncio de su eclip-
se.

1. HECHOS FAVORABLES AL TERRORISMO YIHADISTA GLOBAL


CON POSTERIORIDAD AL 11-S
A continuación se examinan cuatro factores que a nuestro juicio expli-
can la continuidad del terrorismo yihadista y el auge que experimentó a
mediados de la década de 2000.

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1.1. Supervivencia y regeneración del núcleo central de la organización Al


Qaeda
El movimiento yihadista global posee un elevado nivel de descentrali-
zación. Sin embargo, hay razones para pensar que, si no fuese por el
carisma de ciertos líderes y el impulso de organizaciones complejas, no
habría alcanzado la extensión actual y difícilmente perduraría en el
tiempo. Osama Bin Laden y la organización terrorista Al Qaeda resultaron
claves en el desarrollo de dicho movimiento; y es muy probable que lo
que les suceda a ambos en el futuro influya notablemente en el devenir
del movimiento en su conjunto.
Al Qaeda, entendida como la organización fundada en el verano de
1988 por Osama Bin Laden y varios veteranos egipcios de la guerra de Afga-
nistán –y no como el movimiento descentralizado de grupos que se adscriben
a su ideología–, estuvo a punto de desaparecer en diciembre de 2001. Los
líderes de Al Qaeda esperaban una reacción contundente de Estados Unidos
tras los atentados de Washington y Nueva York, que previsiblemente incluiría
el envío de tropas a Afganistán; pero confiaban en que antes de obligarles a
huir del país, el esfuerzo americano se agotaría ante una guerra de guerrillas
como la que desgastó y quebró la voluntad de lucha del ejército soviético en
los años ochenta. Sus expectativas se vieron frustradas: el régimen talibán se
desplomó en cuestión de semanas y Al Qaeda perdió el refugio que había
disfrutado desde 1996. Durante la debacle Bin Laden y algunos cientos de
seguidores se refugiaron en Tora Bora con el propósito de luchar hasta el
final. El líder de Al Qaeda estaba desmoralizado y redactó testamento en
previsión de una muerte que veía cercana (BERGEN, 2006: 369). La CIA recibió
informaciones sobre su paradero pero no fue capaz de convencer al general
Tommy Franks sobre la autenticidad de las mismas. El ejército norteameri-
cano desconfiaba de la inteligencia suministrada por la CIA a causa de erro-
res previos y rehusó enviar un número significativo de tropas para cercar y
asaltar el complejo de Tora Bora. La operación militar recayó en fuerzas
locales poco fiables, apoyadas por un pequeño contingente de fuerzas de
operaciones especiales norteamericanas y de bombardeos aéreos a gran al-
tura. Como consecuencia de este error de coordinación y de confianza den-
tro de la propia administración estadounidense, Bin Laden consiguió escapar
de Tora Bora y encontró refugio en Pakistán (FRIEDMAN, 2004: 197-200).
En los meses posteriores al 11-S Al Qaeda sufrió graves pérdidas en los
combates de Afganistán y en decenas de operaciones antiterroristas efec-
tuadas en los cinco continentes. Según Rohan GUNARATNA (2004: 93), la
organización se vio privada de más de dos tercios de sus líderes y el
número de operativos se redujo de cerca de cuatro mil a unos pocos

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centenares. Aunque estas cifras son difíciles de contrastar, es innegable


que en los primeros momentos –hasta aproximadamente el inicio de la
guerra de Irak en marzo de 2003– Al Qaeda experimentó un duro desgaste
en sus recursos humanos y materiales, que mermó seriamente las capacida-
des de la organización.
Sin embargo, el hecho de que desde el año 2002 el núcleo central de
Al Qaeda contase con un refugio relativamente seguro (posteriormente mati-
zaremos esta afirmación) en las áreas fronterizas de Pakistán con Afganistán
permitió que la organización se recuperase paulatinamente, y que desde su
escondrijo en Asia Central haya orquestado nuevas operaciones terroristas
en distintos lugares del planeta, aunque la mayor parte de ellas no culmina-
ran con éxito. A finales de 2009 es posible constatar los siguientes hechos
relacionados con la situación y capacidades de Al Qaeda:
Osama Bin Laden sigue con vida y en libertad a pesar de haber sido
objeto de la mayor «caza del hombre» de la historia. Las noticias de prensa
que hablaban de una enfermedad de riñón han demostrado ser falsas y, de
hecho, el aspecto físico que ofrece en los videos más recientes es sensible-
mente mejor que el de las grabaciones inmediatamente posteriores a la bata-
lla de Tora Bora. También se encuentra en libertad el número dos de la
organización, Ayman Al Zawahiri, que a tenor del número de comunicados,
y de la distancia temporal entre éstos y los acontecimientos a que hace refe-
rencia, se oculta en un lugar menos recóndito y posiblemente con una prác-
tica de cambios de emplazamiento más frecuente que la de Bin Laden (STRAT-
FOR, 2007).

La supervivencia de ambos líderes, rodeados de un círculo de hombres


de confianza, ha permitido que en los años posteriores al 11-S Al Qaeda haya
consolidado e incrementado de manera espectacular su acción comunicativa
con el fin de ampliar su base social de apoyo. Para ello la organización recu-
rrió en un primer momento a la mediación de las grandes cadenas de televi-
sión satélite como Al Jazeera, pero posteriormente Al Qaeda se ha convertido
en su propia productora y distribuidora de propaganda mediante la creación
de As-Sahab (las nubes), el departamento de la organización especializado
en la gestión comunicativa. As-Sahab elabora documentales, entrevistas y co-
municados breves de calidad, con subtítulos en inglés y en otros idiomas que,
una vez publicados en internet son copiados y distribuidos por centenares
de foros y sitios web gestionados por simpatizantes del yihadismo no directa-
mente relacionados con la organización.
La emisión de comunicados constituye un peligro para personas tan
buscadas, sobre todo en los primeros años cuando la grabación tenía que

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llegar a manos de un medio ajeno a la organización terrorista a través de una


cadena de contactos humanos. Sin embargo, la importancia de la dimensión
comunicativa del terrorismo ha llevado a que los líderes asuman riesgos per-
sonales con el fin de evitar un daño mucho peor para la organización: que
Al Qaeda cayese en la irrelevancia y perdiera potencial movilizador. Una
prueba de ese compromiso es que los comunicados de voz emitidos por Bin
Laden sean auténticos, sin que la organización haya recurrido a dobles por
motivos de seguridad.

La consagración de los líderes de Al Qaeda a la publicidad de su


causa ha discurrido en paralelo al aumento exponencial de la propaganda
yihadista en el ciberespacio. Si con anterioridad a septiembre de 2001 los
sitios web que se adscribían a esta ideología apenas alcanzaba la decena,
en la actualidad superan con creces los cinco mil, con un nivel de acti-
vismo y de participación en los foros que evidencia el entusiasmo de un
número no pequeño de seguidores, en su mayoría de edad joven. Dicha
estrategia comunicativa ha permitido que Bin Laden y Zawahiri continúen
siendo figuras enormemente influyentes en términos simbólicos entre los
círculos radicales, y que desde su refugio en Pakistán hayan promovido la
movilización radical violenta de miles de personas a lo largo y ancho del
planeta (TORRES, 2009: 170-176).

No obstante, la existencia de una correlación clara entre los comunica-


dos amenazantes de Al Qaeda y la ejecución posterior de atentados terroristas
es una cuestión objeto de debate. Según Peter BERGEN (2008), la instigación
de Bin Laden y Zawahiri no sería meramente retórica, y como respaldo de
su argumento ofrece la siguiente secuencia. En septiembre de 2003 Zawahiri
amenazó de muerte al presidente Pervez Musharraf y dos meses más tarde
sufrió dos atentados fallidos orquestados por Al Qaeda. En octubre de 2003
Bin Laden incluyó a España en la lista de enemigos por la presencia de sus
tropas en Irak, y en marzo de 2004 se produjeron los atentados de Madrid.
Pocas semanas después Bin Laden ofreció una tregua de tres meses a los
países europeos si se retiraban de Irak, y casi un año más tarde de que expi-
rase el plazo, Al Qaeda ejecutó los atentados de Londres. En diciembre de
2004 Bin Laden recomendó atacar las infraestructuras petrolíferas de Arabia
Saudí y al año siguiente, en diciembre de 2005, Ayman Al Zawahiri repitió
la amenaza. Apenas dos meses después, en febrero de 2006, un grupo yiha-
dista atacó sin éxito la instalación petrolífera de Abqaiq en Arabia Saudí.
Asimismo, en 2007 Bin Laden llamó a combatir al régimen pakistaní, y en
los meses siguientes se produjo el mayor número de ataques suicidas contra
objetivos del gobierno.

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Sin embargo, otros autores (BURTON & STEWART, 2009a) defienden que el
vínculo entre esas amenazas propagandísticas y los atentados cometidos por
la propia Al Qaeda es muy débil. Prueba de ello sería que desde 2007 Bin
Laden hasta enero de 2009 ha emitido siete comunicados sin ningún aten-
tado significativo posterior atribuible a su organización1. Según este punto
de vista, el principal rol de Bin Laden y Zawahiri en la actualidad sería el de
instigadores del terrorismo global.

Aunque nuestra visión coincide más con lo argumentado por BURTON y


STEWART que con la tesis de BERGEN, lo cierto es que durante estos años la
implicación de Al Qaeda en acciones violentas no se ha limitado exclusiva-
mente a la dimensión propagandística. La organización ha continuado dise-
ñando y preparando la ejecución de atentados en diversos lugares del pla-
neta. En la mayor parte de las ocasiones ha marcado directrices a otras
organizaciones yihadistas de alcance regional para que ellas preparasen y
cometieran los ataques –tal como se comentará en un epígrafe posterior–,
pero en algunos casos la propia Al Qaeda ha orquestado directamente las
operaciones terroristas. En los casos excepcionales que ha sido así, el modo
de proceder de Al Qaeda ha seguido la pauta de los años previos al 11-S:
preparación meticulosa de las operaciones y empleo de operativos locales
dirigidos por personas de confianza. Así sucedió, en concreto, en los atenta-
dos del 7 de julio de 2005. Mohammad Sidique KHAN –el líder de los cuatro
suicidas– visitó Afganistán a finales de la década de 1990 o principios de la
de 2000, y Pakistán en al menos dos ocasiones en 2003. Durante sus viajes
estuvo en contacto con miembros destacados de Al Qaeda y recibió entrena-
miento durante dos o tres semanas para la fabricación de explosivos (Intelli-
gence & Security Committe, 2009: 37-38). Varios meses después de los atenta-
dos As-Sahab hizo públicos en momentos distintos dos videos con el logo de
la organización donde aparecían respectivamente Sidique Khan y Shahzad
Tanwer, otro de los suicidas, amenazando a la sociedad británica. El video
con el mensaje de Sidique Khan incluía una declaración de Ayman Al-
Zawahiri comentando los atentados. Según Marc SAGEMAN (2008: 127-128),
las instalaciones de entrenamiento de que dispone Al Qaeda en la zona
fronteriza de Pakistán con Afganistán y que probablemente utilizó Sidique
Khan, son más sencillos que los que poseía la organización bajo el régimen
talibán en los noventa. La instrucción se hace en campo abierto y las
clases se imparten en casas de apariencia sencilla, donde una decena de

1. En el momento de enviar el libro a la imprenta (octubre de 2009) Bin Laden ha


emitido varios comunicados más que tampoco han ido seguidos de atentados de Al
Qaeda.

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estudiantes realizan cursos de un mes en fabricación de explosivos y


técnicas terroristas.
Los atentados de Londres demuestran que en 2005 Al Qaeda todavía
era capaz de orquestar atentados simultáneos a miles de kilómetros de
distancia desde su refugio en Pakistán. Dicha capacidad también se puso
de manifiesto en la trama fallida de 2006 cuando la organización siguió
una pauta similar pretendiendo explosionar en vuelo seis aviones proce-
dentes de Londres con destino Estados Unidos. El plan iba a utilizar
operativos locales coordinados por un miembro de Al Qaeda en Pakistán.
Por otro lado, en noviembre de 2007, Jonathan Evans, director del MI5
británico afirmó que la mayor parte de los intentos de atentado que ha
sufrido el Reino Unido provenían de células conectadas a Al Qaeda en
Pakistán2. Estos datos, demostrarían que la organización no se ha limitado
a instigar a otros para que realicen acciones terroristas sino que ella misma
ha continuado involucrada hasta hace muy pocos años y directamente en
la «propaganda por el hecho», sin que se pueda descartar que sigue
poseyendo todavía esa capacidad.
Sin embargo, conviene distinguir las operaciones coordinadas directa-
mente por Al Qaeda «central» y las llevadas a cabo por organizaciones afines,
a pesar de que éstas asuman también elementos globales en su agenda polí-
tica. El escrutinio entre unas y otras ofrece una imagen precaria de Al Qaeda
central como organización terrorista de alcance mundial, salvo en lo que se
refiere a su dimensión propagandística.
Así por ejemplo, según un informe de la RAND Corporation (JONES &
LIBICKI, 2008: 111-120), Al Qaeda ha sido mucho más activa, en términos
de operatividad terrorista, en el período posterior al 11-S que con anterio-
ridad, y ello a pesar de los daños sufridos y de la persecución a la que
se ha visto sometida desde entonces. Pero si desagregamos los atentados
coordinados directamente por la organización de Bin Laden, de los come-
tidos por organizaciones asociadas, la imagen resulta muy distinta (Gráfica
1).

2. El texto completo de la conferencia se encuentra disponible en:


http://www.mi5.gov.uk/output/intelligence-counter-terrorism-and-trust.html.

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Gráfica 1. Atentados cometidos por el yihadismo global


(excluyendo Irak y Afganistán)

Fuente: Reelaborado a partir de JONES & LIBICKI, 2008: 111, distinguiendo entre Al Qaeda central
y grupos asociados. Por su vinculación histórica y supuesta red de contactos Al Qaeda en Arabia
Saudí se ha entendido como parte de Al Qaeda central (AQC). Estos autores excluyen explícita-
mente los atentados cometidos en Irak y Afganistán

1.2. Convergencia entre organizaciones terroristas

Un segundo factor que ha favorecido la pervivencia del terrorismo glo-


bal de inspiración yihadista ha sido el hecho de que otras organizaciones
terroristas hayan incorporado en sus respectiva agendas los objetivos estraté-
gicos de Al Qaeda, hayan emulado sus tácticas, y en algunos casos incluso
hayan adoptado su nombre. Entre 2003 y 2007 diez grupos yihadistas se unie-
ron formalmente a Al Qaeda; grupos que a su vez realizaron acciones terroris-
tas en Europa, Oriente Medio, norte de África y África occidental (Comba-
ting Terrorism Center, 2009). Al Qaeda ha tratado de ser selectiva y elitista
al desarrollar su política de alianzas, supuestamente con el fin de mantener
la cohesión y legitimidad, de la red global. De este modo no ha aceptado en
su seno a Fatah el Islam en Líbano, ni a la autodenominada Tanzim Al Qaeda
Al Yihad en Indonesia.

Esta dinámica demuestra la capacidad de unificar de Al Qaeda, y explica


que el fenómeno del terrorismo yihadista global perdure hasta nuestros días,
y que a mediados de década experimentara un período de sangriento esplen-
dor. Sin embargo, varias de las organizaciones que se unieron a Al Qaeda
están pasando actualmente por momentos difíciles, lo cual constituye un
síntoma más de posible decadencia del fenómeno. Un ejemplo claro es Al
Qaeda en Irak.

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