Está en la página 1de 36

LOS

LANGOSTINOS
Y
LA MIERDA
LOS LANGOSTINOS Y LA MIERDA

Matías- Disculpe, ¿Le importaría que me sentara a su lado?


Gilberto- ¿Es usted maricón?
Matías- Pues la verdad es que nunca me había planteado esa pregunta.
Gilberto- Me parece raro
Matías- ¿Le parezco raro?
Gilberto- Me parece raro que nunca se haya preguntado si es maricón
Matías- ¿Por qué?
¿Le parezco maricón?
Gilberto- Hay muchos tipos de maricones, usted podría ser de uno de ellos.
Matías- ¿De cual?
Gilberto- De los que son maricones pero no lo parecen
Matías- Luego, no lo parezco.
Gilberto- Pero podría serlo
Matías- Y usted también podría serlo, ¿nunca se lo ha preguntado?
Gilberto- Sí, muchas veces.
Matías- ¿Y a qué conclusión ha llegado?
Gilberto- A la de que puedo ser maricón teórico, pero no practicante.
Matías- Entonces usted es un reprimido.
Gilberto- Podría ser, pero no deprimido, como usted.
Matías- Yo no estoy deprimido.
Gilberto- Yo no he dicho que esté deprimido, he dicho que es deprimido.
Matías- ¿Por qué dice eso?
Gilberto- No hay más que verlo.
Tiene usted cara de ser un deprimido de toda la vida.
Matías- Es que soy del Atlético de Madrid.
Gilberto- ¿Ah, sí? ¿De qué juega?
Matías- He dicho que soy del Atlético de Madrid, no que juego en el Atlético de
Madrid.
Gilberto- Usted sería un buen árbitro.
Matías- ¿Le parezco un tipo justo?
Gilberto- Me parece usted un gilipollas
Matías- ¿Por qué me insulta ahora?
Gilberto- ¿Prefiere que lo insulte después?
Matías- Espere al menos a que tengamos un poco de confianza.
Gilberto- ¿Y si le cojo cariño?
Si le cojo cariño me costaría más insultarlo.
Prefiero hacerlo ahora, imbécil.
Matías- ¿Y si resulta que soy un tipo agresivo que ahora se enfada y lo golpea
violentamente hasta partirle la cara?
Gilberto- ¿Y si resulta que yo soy maestro de kung-fú y lo mato con un golpe en el
gaznate?
Matías- Mejor dejemos las cosas como están antes de que pase algo irreparable.
Gilberto- ¿Y como están?
Matías- ¿El qué?
Gilberto- ¿Las cosas?
Matías- Para mí mal.
Gilberto- ¿Por qué, hombre?
Matías- Porque estoy de pie.
Gilberto- ¿Y que le hace pensar que sentado estaría mejor?
Matías- Mi cerebro me hace pensar eso
Gilberto- Su cerebro puede estar equivocado.
El cerebro se equivoca mucho, por eso aconsejan no ir a la compra
cuando se tiene hambre.
Matías- Eso no tiene ningún sentido.
Gilberto- Si se hace la compra con hambre se tiende a comprar de más
Matías- O sea, que si tengo hambre no debo ir a comprar
Gilberto- Efectivamente.
Matías- Y qué he de hacer entonces.
Gilberto- Comer algo y después ir a comprar.
Matías- Pero no tengo nada para comer por eso he de ir a comprar
Gilberto- Pero si va usted a comprar con hambre va a gastar mucho más de lo que
necesita
Matías- Pero si no voy a comprar, en unos días me moriré de hambre y de
inanición
Gilberto- Pues si lo que quiero es derrochar su dinero váyase a comprar y déjeme
en paz.
Matías- No es que quiera derrochar mi dinero, es que me muero.
Gilberto- Pues muérase con dignidad, hombre, muérase con dignidad, pero no
gaste por gastar.
Matías- No quiero morir.
Soy demasiado joven para morir.
Gilberto- Nadie es demasiado joven para morir.
Se puede ser demasiado joven para ser teniente coronel, o para ser Papa,
o para ser catedrático o para ser jubilado, pero para morir no hace falta
experiencia ni estudios ni edad ni nada.
Con estar vivo basta.
Y usted, a pesar de ser bastante gilipollas podría morir perfectamente y
sin ningún tipo de problema.
Matías- Pero no quiero morir.
Gilberto- Eso es otra cosa, pero entonces no apele usted a la edad.
Matías- Me quedan tantas cosas por hacer...
Gilberto- ¿Ha follado usted?
Matías- Si señor, he follado.
Gilberto- ¿Ha follado mucho o ha follado poco?
Matías- He follado lo suficiente.
Gilberto- Eso quiere decir que ha follado poco.
Matías- No señor. Eso quiere decir que soy humilde.
Gilberto- No me haga usted reír.
Matías- Como quiera, pero le aseguro que podría.
Esta mañana me han contado un chiste buenísimo.
Gilberto- No me gustan los chistes
Matías- Este sí
Gilberto- Ninguno
Matías- Porque no conoce este.
Gilberto- Y usted no me conoce a mí.
Matías- ¿Usted ha follado mucho?
Gilberto- No. He follado poco.
Matías- Lo siento mucho.
Gilberto- No se preocupe, es mentira.
Lo que pasa es que soy mucho más humilde que usted.
Matías- No es cierto, porque al negar tan rápidamente que ha follado poco ha
dejado entrever que ha follado mucho, con lo que automáticamente ha
dejado usted de ser humilde y se ha convertido, o bien en vanidoso, o
bien en mentiroso.
Gilberto- ¿Y usted que cree?
¿Soy vanidoso o mentiroso?
Matías- No sé que creo, pero prefiero que sea usted mentiroso
Gilberto- O sea, que prefiere que yo no haya follado mucho
Matías- Efectivamente, porque eso querría decir que yo, aunque sin haber follado
mucho, con haber follado lo suficiente ya habría follado más que usted.
Gilberto- Pero el que haya mentido al decir que he follado mucho no quiere decir
que haya follado poco.
Matías- Si ha mentido al decir que ha follado mucho es sin duda para tapar que ha
follado poco y su autoestima se resiente por ello.
Si usted hubiese considerado que ha follado lo suficiente no tendría la
necesidad de exagerar lo que ha follado.
Además, usted mismo ha dicho antes que podría ser un reprimido, con lo
que todo encaja perfectamente.
Gilberto- ¿Sabe lo que le digo?
Matías- Dígamelo
Gilberto- Que soy vanidoso, no mentiroso, o sea, que he follado más que usted.
Matías- Pues estará usted contento por haber follado más que yo
Gilberto- Pues claro que sí
Matías- ¿Y ha follado usted bien?
Gilberto- Muy bien, gracias, ¿y usted?
Matías- También
Gilberto- Pues enhorabuena.
¿Y aún folla o ya se ha retirado?
Matías- Aún sigo en activo, gracias a Dios.
Gilberto- ¿Gracias a Dios?
Matías- Es una frase hecha.
Gilberto- Todas las frases son hechas
Matías- Menos las que están por hacer.
Gilberto- No me haga filosofías, haga el favor, no sea usted cretino.
Matías- Lleva usted todo el tiempo insultándome
Gilberto- Y así seguiré todo el tiempo que esté usted aquí.
Matías- ¿Entonces podría sentarme?
Los insultos de pie me pesan y se me cansan las piernas.
Gilberto- ¿Por qué no va usted a sentarse a otro lado?
Matías- Porque no hay sitio en otro lado.
Gilberto- ¿Ha mirado bien?
Matías- He mirado, y no hay más bancos.
Gilberto- Ah, porque usted lo que quiere es sentarse en un banco, claro.
El suelo no le parece suficientemente digno para su culo.
Matías- El suelo me parece demasiado frío para mi culo.
Gilberto- El banco también está frío y por mucho que se insinúe usted no pienso
dejar que se siente en mi regazo, así qué, ¿porque no se va a hacer esas
tantas cosas que le faltan por hacer?
Matías- ¿Qué cosas?
Gilberto- Dijo que le quedaban tantas cosas por hacer...
Matías- En mi vida, pero no hoy.
Gilberto- Si son tantas tendrá que aprovechar el tiempo.
¿O es que hoy no es parte de su vida?
Matías- ¿Y a usted no le quedan cosas que hacer en su vida?
Gilberto- Sí, y una de ellas es sentarme solo en este banco.
O sea que estoy realizando uno de mis sueños y no querrá usted ser el
imbécil que me lo estropee.
Matías- Este banco es de propiedad pública y tengo derecho a sentarme en él
Gilberto- ¿Cómo sabe que este banco no es mío?
Quizá me lo he traído de casa.
Matías- Aún así está en un espacio público
Gilberto- También sus zapatos están en espacio público y yo no voy a pedirle que
me deje meter un pie en uno de ellos.
Matías- Eso no tiene ningún sentido.
Además en mis zapatos sólo hay sitio para mí, y en el banco hay espacio
para los dos.
Es usted muy poco solidario.
Gilberto- ¿Solidario o solitario?
Matías- He dicho solidario
Gilberto- Le había entendido sagitario
Matías- ¿Sagitario o solitario?
Gilberto- Ninguno de los dos, capricornio
Matías- Es usted muy gracioso
Gilberto- Gracias
Matías- Estaba siendo irónico
Gilberto- Yo también
Matías- ¿De veras es capricornio?
Gilberto- No, soy más bien solitario
Matías- A mi me gusta la gente
Gilberto- ¿Toda?
Matías- No sé. No conozco a toda la gente.
Gilberto- Entonces le gusta alguna gente
Matías- Sí
Gilberto- Como a todos
Matías- ¿A usted le gusta la gente?
Gilberto- No
Matías- ¿Nadie?
Gilberto- Alguna
Matías- Yo creo que toda la gente merece una oportunidad para demostrar lo que
es.
Gilberto- La gente ya tiene una oportunidad para demostrar lo que es.
Usted, por ejemplo, está demostrando que es idiota.
Matías- Pero a la gente habría que darle una segunda oportunidad.
Gilberto- Claro, a Hitler habría que darle una segunda oportunidad para ver si de
esta vez podía acabar con todos los judíos, ¿no?
Matías- No, a Hitler no.
Gilberto- Entonces será usted el que decida a quien darle o no darle otra
oportunidad, señor todopoderoso.
Matias- Le faltaba un huevo
Gilberto- ¿Qué?
Matías- Dicen que a Hitler le faltaba un huevo, quizá por eso tenía tan mala
ostia.
Gilberto- ¿Y a Franco le faltaba un huevo?
Matías- No sé.
Es posible.
Puede que a todos los hijos de puta les falte un huevo.
Habría que investigarlo.
Gilberto- Eso podría llevar a tener que tomar una gran decisión.
Matías- ¿El qué?
Gilberto- Imagínese que se llegue a descubrir que a todos los hijos de puta les falta
un huevo.
¿Qué pasaría después?
¿Se les encerraría preventivamente o se les implantaría otro huevo para
ver si cambian?
Matías- Además después de saber que a todos los hijos de puta les falta un huevo
tendríamos que saber si todos a los que les falta un huevo son hijos de
puta, para que no paguen justos por pecadores.
Gilberto- Y como no llegaríamos a saber si son hijos de puta hasta que se
comportaran como hijos de puta entonces no avanzaríamos nada,
estaríamos igual que ahora.
Matías- Pero con los de un huevo bajo sospecha.
Gilberto- ¿Usted tiene dos huevos o uno sólo?
Matías- Esa es una pregunta muy íntima.
Gilberto- ¿Cuántos riñones tiene usted?
Matías- Tengo dos riñones
Gilberto- O sea, que una pregunta sobre la cantidad de huevos que tiene le parece
íntima pero si es referida a sus riñones no.
Matías- Exacto
Gilberto- Le parece que sus huevos pertenecen más a su intimidad que sus riñones.
Matías- Así es
Gilberto- Todo el mundo puede saber cosas sobre sus riñones pero cualquier
información sobre sus huevos debe permanecer oculta.
Matías- Sí señor.
Toda información sobre mis huevos debe ser confidencial.
Gilberto- Pues sepa usted que sus riñones son mucho más importantes que sus
huevos.
Matías- Usted no sabe el grado de importancia de mis huevos
Gilberto- Usted podría mantenerse vivo sin sus huevos pero no podría hacerlo sin
sus riñones a no ser que estuviese conectado a una máquina.
Sus riñones son necesarios, sus pulmones son necesarios, su hígado es
necesario, su páncreas y su corazón también son necesarios, pero sus
huevos son totalmente prescindibles para mantenerse con vida.
¿A quien le importan sus huevos?
A nadie más que a usted, porque usted está absolutamente atontado y
considera a sus huevos como el tesoro más valioso cuando en realidad no
le sirvan para nada, y menos a usted, que con esa cara que tiene de
amargado lo más probable es que ni sepa si los tiene o no, imbécil.
Matías- ¿Puedo sentarme?
Gilberto- No
Matías- Es que me pesan los huevos.
Me pesan mis dos huevos.
Gilberto- Pues córteselos usted, así por lo menos su carne estaría más rica, como la
del cerdo, que hay que castrarlo para mejorar su sabor.
Matías- ¿Usted comería mi carne?
Gilberto- Ahá. Es usted maricón. Lo sabía.
Matías- No hablo metafóricamente.
Me refiero a comer mi carne en caso de supervivencia, como los de
“Viven”.en los Andes.
Gilberto- Naturalmente que comería su carne como omnívoro que soy.
No veo cual es el dilema ético mientras uno se asegure de que
efectivamente el comido esté muerto.
Matías- .¿Y por donde empezaría?
Gilberto- Empezaría por cortarle sus huevos para que el resto estuviese más
sabroso.
Matías- Tiene usted unha extraña fijación con mis huevos.
¿Y que parte de mí comería primero?
Gilberto- Y usted tiene una enfermiza obsesión con que yo me lo coma a usted.
Matías- Es un caso hipotético.
Gilberto- ¿Quiere decirme usted cuantas probabilidades hay de que usted y yo nos
quedemos aislados en una montaña sin nada que comer?
Matías- ¿Y si ocurriese?
Gilberto- Si ocurriese, si usted y yo nos quedásemos aislados en una montaña sin
nada que comer, y usted se hubiese muerto, y no me quedase más
remedio que comerlo, sin duda empezaría por abrirle la cabeza con una
piedra u otro objeto contundente, para posteriormente comerme
ávidamente sus sesos.
Matías- ¿Mis sesos? ¿Por qué?
Gilberto- Por dos razones.
La primera por hambre, ya que esa es la hipotética situación en la que
usted me ha colocado, y la segunda, por venganza, para pagarle con la
misma moneda el rato que lleva usted ahí de pie comiéndome la cabeza.
Matías- Estoy aquí de pie porque usted no me permite sentarme a su lado.
Gilberto- Si estando ahí de pie no deja de comerme la cabeza no quiero pensar lo
que intentaría comerme si lo dejo colocarse en otra altura.
Matías- ¿No será que le apetece y en el fondo lo que tiene es miedo?
Gilberto- Ya le he dicho que podría ser maricón teórico, pero no practicante.
Me gusta Richard Gere, pero no me acostaría con él.
Matías- Entonces es que no le gusta lo suficiente
Gilberto- ¿Y usted se acostaría con Richard Gere?
Matías- Richard Gere no es mi tipo.
Gilberto- ¿Y cual es su tipo?
Matías- Me gustan más del estilo de Sharon Stone.
Gilberto- Pero Sharon Stone es una mujer.
Matías- ¿Tiene usted algo en contra de las mujeres?
Gilberto- ¿De cuales?
Matías- De Sharon Stone, por ejemplo
Gilberto- No, no tengo nada en contra de Sharon Stone.
Al contrario, tengo muchas cosas a favor de Sharon Stone, pero
estábamos hablando de hombres.
Matías- Sería usted el que estaba hablando de hombres, que por lo visto es lo
único que le preocupa.
Los hombres y los huevos.
Gilberto- Escúcheme, mequetrefe, me preocupan muchísimas cosas.
Tengo preocupaciones de lo más diversas y variadas.
Matías- Pues no se preocupe usted tanto, hombre, que va a enfermar de
preocupación.
Gilberto- ¿Y lo dice usted con esa cara que tiene de agonías?
Matías- Yo saco mis preocupaciones a la superficie, y por eso se me notan en la
cara, pero usted se preocupa por dentro y a saber cuantas ojeras tiene
usted en el estómago.
Gilberto- Yo también sé sacar hacia fuera mis preocupaciones.
Matías- Saque alguna de ellas entonces.
¿Qué le preocupa a usted?
Gilberto- Me preocupan los grandes temas internacionales.
Matías- No sea usted hipócrita
Gilberto- ¿Me ha insultado usted?
Matías- Es posible, pero no ha sido un insulto gratuito como los suyos.
Gilberto- ¿Ah, no?
¿Acaso piensa cobrarme por él?
Matías- Me refiero a que no le he llamado hipócrita por capricho, sino para usar
el término correcto que expresa lo que me ha hecho sentir su afirmación.
Gilberto- Pues sepa que cuando yo le llamo gilipollas también estoy utilizando el
término correcto para definir lo que pienso de usted.
Matías- A usted no le preocupan lo más mínimo los grandes temas
internacionales.
Gilberto- Me preocupan muchísimo los grandes temas internacionales.
Matías- ¿Ah, sí?
Dígame usted un gran tema internacional que le preocupe.
Gilberto- El terrorismo
Matías- ¿El terrorismo?
Gilberto- Sí, el terrorismo.
El terrorismo internacional, más concretamente.
Matías- ¿Y cuánto tiempo le preocupa a usted el terrorismo internacional?
Gilberto- Mucho tiempo.
Me preocupa todo el tiempo.
Matías- ¿Está usted todo el tiempo preocupado por el terrorismo internacional?
Gilberto- Todo el tiempo.
Desde por la mañana hasta por la noche, y mientras duermo también sigo
preocupado por el terrorismo internacional.
Matías- ¿Entonces no le preocupa a usted el hambre en el mundo?
Gilberto- Naturalmente que me preocupa el hambre en el mundo.
Matías- ¿Cuánto tiempo?
Gilberto- Todo el tiempo
Matías- ¿Y el calentamiento global?
Gilberto- También.
Todo el tiempo estoy preocupado por el hambre en el mundo y por el
calentamiento global
Matías- ¿Y los grandes temas nacionales no le preocupan?
Gilberto- Mucho.
Todo el tiempo
Matías- ¿Y los grandes temas locales?
Gilberto- También
Matías- ¿Y sus grandes temas personales?
Gilberto- No dejo nunca de preocuparme por ellos.
Matías- ¿Pero no se da usted cuenta de que o bien es usted un hipócrita o bien su
cabeza está a punto de reventar y dejar todo el suelo lleno de
preocupaciones, hombre?
Gilberto- Pues tenga usted cuidado si revienta no vaya a alcanzarle de lleno una
preocupación con forma de mierda porque también me preocupa mucho
el tema de los residuos orgánicos.
Matías- A usted sólo le preocupa usted y nadie más que usted.
Gilberto- También me preocupa usted
Matías- No tiene por que preocuparse por mí.
Yo estoy perfectamente.
Gilberto- ¿No quiere usted sentarse?
Matías- Usted quiere que le diga que quiero sentarme para demostrarme que no
estoy perfectamente.
Gilberto- Entonces no quiere sentarse.
Matías- No, no quiero sentarme
Gilberto- ¿Está usted perfectamente bien así de pie?
Matías- Perfectamente, gracias
Gilberto- Es usted un estúpido orgulloso
Matías- No lo era hasta ahora mismo.
Me ha pillado un brote de orgullo.
Gilberto- El orgullo será reciente, pero su estupidez ya parece tener solera.
Matías- Tenga cuidado porque como este brote de orgullo me vaya a más puede
que no siga consintiendo que me insulte.
Gilberto- ¿Puedo hacerle una pregunta profunda?
Matías- Depende de la profundidad
Gilberto- No se preocupe.
Hará pie.
Matías- Si es así puede preguntar
Gilberto- ¿Su vida es más o menos una mierda o mas bien más que menos?
Matías- Mi vida está llena de todo lo que se necesita para decir que no es una
mierda.
Gilberto- Eso es una mierda de respuesta.
Matías- Más o menos
Gilberto- ¿Cuál es su comida favorita?
Matías- Los langostinos
Gilberto- ¿Sabe usted en qué se convierten los langostinos después de ser ingeridos
por usted?
Matías- ¿En qué?
Gilberto- En mierda.
¿Y sabe en qué se convertiría usted en caso de que yo, en una situación
hipotética, tuviera que comérmelo?
Matías - ¿En mierda?
Gilberto - Exactamente.
Y con la vida pasa lo mismo.
Todo lo vivido, después de vivido, se convierte en mierda.
Matías- Lo vivido se convierte en recuerdos
Gilberto- Lo vivido se convierte en desechos, como los langostinos.
Los recuerdos son otra cosa.
Los recuerdos son la imagen del langostino que a usted se le ha grabado
en la cabeza antes de habérselo comido.
Pero el lagostino ya no existe, se ha transformado en mierda y el recuerdo
del langostino no se puede comer porque es una imagen, no es un
langostino.
Matías- ¿No pretenderá usted que le de la razón?
Gilberto- No puede dármela porque ya la tengo yo.
Matías- Usted es un amargado muchísimo más amargado que yo.
Gilberto- Yo soy una persona tremendamente llena de vida, no se confunda usted.
Matías- Lo que quiere decir, según usted, tremendamente lleno de mierda.
Gilberto- No tergiverse usted mis palabras.
A lo que yo llamo mierda es a la vida pasada, o sea, al pasado.
El presente y el futuro, hasta que se conviertan también en mierda, me
merecen otro tipo de consideraciones.
Matías- ¿Sigue en pie su invitación?
Gilberto- ¿Qué invitación?
Matías- La de sentarme
Gilberto- ¿Ya se le ha pasado su brote de orgullo?
Matías- Sí, afortunadamente tengo unas buenas defensas.
Gilberto- ¿Entonces ya puedo seguir insultándolo?
Matías- Entenderá que no puedo darle mi consentimiento.
No es por orgullo, es por dignidad.
Gilberto- ¿Reconoce entonces que no se encuentra tan perfectamente como decía?
Matías- Lo reconozco.
Gilberto- Lo sabía.
Por eso me preocupa usted.
Porque usted está mal.
Usted está muy mal.
¿Qué le pasa a usted?
Matías- Lo que me pasa es que quiero sentarme
Gilberto- Eso es anecdótico, porque lo que a usted le pasa debe ser terrible, se ve a
primera vista, y cuanto más lo observo más me parece percibir su
tragedia.
¿Qué le ocurre a usted?
¿Padece usted quizás una horrible enfermedad incurable?
Matías- ¿Cómo lo sabe?
Gilberto- ¿El qué?
Matías- Yo era pobre, marxista y feliz, criticando las perversiones del sistema y
odiando profundamente a los demonios del capitalismo, pero un nefasto
día el Atlético de Madrid ganó en el Bernabeu y con ese resultado se
completaron los catorce de mi quiniela.
Entonces dejé de ser pobre y marxista y continué siendo simplemente
feliz, gastando a manos llenas mi dinero en lujosos prostíbulos de todo el
mundo, hasta que me arruiné e intenté volver a ser marxista y criticar el
sistema, pero ya no me salía con tanta fuerza como antes y por eso me
hice socialista, gracias a lo cual conseguí un puesto de interino en un
ayuntamiento, cuyo sueldo sólo me permitía frecuentar prostíbulos
locales de clase media.
Pero lo peor estaba por llegar, porque entonces aprobé la oposición y me
hice con la plaza de funcionario, con lo que me convertí poco después en
apolítico abstencionista de izquierdas, y por si fuera poco, una noche, en
el trayecto que unía un prostíbulo con otro prostíbulo conocí a una mujer
de la que caí profundamente enamorado y con la que no mucho tiempo
después contraje matrimonio por la iglesia, formé una familia y me hice
socio de un canal de televisión que emite todos los partidos de fútbol de
las ligas europeas, de la copa del rey, de la champions league y del
mundial de fútbol playa subdiecisiete.
Esa es mi terrible tragedia que usted sabiamente ha adivinado.
Padezco la horrible enfermedad incurable de la nostalgia.
Nostalgia de la pobreza, nostalgia del marxismo, y sobre todo, nostalgia
de los lujosos prostíbulos de todo el mundo.
Gilberto- Sus langostinos se han convertido en mierda, igual que los míos.
Matías- ¿También usted tiene una terrible y profunda tragedia que contarme?
Gilberto- Tengo una terrible tragedia muchísimo más trágica que la suya, pero este
no es el mejor momento para contársela.
Matías- ¿Por qué?
Gilberto- Serían dos tragedias seguidas
Matías- Puede que este sea el momento de las tragedias
Gilberto- Además, usted ha follado mucho menos que yo y todavía dudo si tendrá
dos huevos o uno sólo.
No quisiera humillarlo más cuando compruebe que su tragedia es
absolutamente ridícula si la comparamos con la mía.
Matías- ¿No me estará usted cogiendo cariño?
Gilberto- Naturalmente que no.
Matías- Pues insúlteme.
Gilberto- ¿También ha perdido la dignidad?
Matías- Sólo momentáneamente, para comprobar si me está usted cogiendo
cariño.
Insúlteme si no es así.
Gilberto- Es usted un enfermo masoquista.
Matías- Eso no es un insulto.
Es un diagnóstico
Gilberto- ¿Tonto del culo también es un diagnóstico?
Matías- No.
Eso sería un insulto bastante hiriente.
Gilberto- Pues entonces es usted un tonto del culo.
¿Ahora está usted contento?
Matías- Ya no.
He recuperado la dignidad.
Gilberto- No se puede perder y recuperar la dignidad así como así, como si fuera
un paraguas.
Matías- ¿Quién dice eso?
Gilberto- Yo, ¿o es que no me ha oído?
Matías- ¿Es una regla que se ha inventado usted?
Gilberto- Así es.
Me gusta inventar reglas en mis ratos de ocio.
Matías- ¿Ah, si?
¿Y qué más reglas se ha inventado usted?
Gilberto- Nunca dejarás que un gilipollas se siente a tu lado.
Matías- Por como lo dice más parece un mandamiento que una regla.
Gilberto- Es lo mismo
Matías- No es lo mismo.
El mandamiento lo dicta un ser superior.
Gilberto- Entonces tiene usted razón.
Es un mandamiento que dicto yo.
Matías- ¿No cree que haya nadie superior a usted?
¿No cree usted en Dios?
Gilberto- Dios dejó de tener sentido desde que existe la televisión.
Él fue el primero en tenerla.
Le llamó el ojo de Dios y durante mucho tiempo le fue muy bien porque
era el único que tenía acceso a la información.
Pero en cuanto los humanos la descubrieron, y digo la descubrieron, no la
inventaron, se le acabó la exclusiva y el mundo empezó a llenarse de
otros muchos dioses como yo, o como usted mismo con su canal de
fútbol.
Matías- ¿Así que Dios sólo es uno más de entre los que tienen televisión?
Gilberto- Exactamente así es.
Y cada vez que sale un canal nuevo o cada vez que alguien se compra un
nuevo televisor el Dios original se convierte en un trocito cada vez más
pequeño.
Y lo mismo ocurre con Internet.
Matías- ¿También fue él el primero en tener Internet?
Gilberto- Y también con cada nuevo usuario él se vuelve más ínfimo todavía.
Matías- ¿Y tendrá página web?
Gilberto- Naturalmente, pero tiene menos visitas que la de Fernando Esteso.
Matías- Sin embargo, Dios sigue teniendo muchos creyentes.
Gilberto- Gente pretelevisiva en su mayoría.
Los encargados del merchandising de Dios en la tierra lo intentan como
pueden, a base de macroconciertos papales y cosas del estilo, y la verdad
es que no lo hacen mal, pues teniendo en cuenta que no pueden traer a
Dios en directo y va el Papa en su lugar, es algo así como si Bruce
Springsteen mandase a su ahijado en su lugar a dar conciertos por el
mundo, y aún así llenan, lo que indica que hay detrás una buena
producción y, eso sí, que sean gratis también ayuda, porque las entradas a
cien euros cuestionan seriamente cualquier tipo de fe.
Matías- ¿Pues sabe lo que le digo?
Gilberto- Cualquier cosa podría ser
Matías- Que acabo de hacerme creyente.
Gilberto- Es usted un hombre de sólidos principios
Matías- ¿No dicen que la fe viene así, de repente?
Pues a mí me ha venido ahora mismo.
Gilberto- ¿Y qué ha sentido concretamente?
Matías- Ha sido como un pequeño pinchazo aquí, en mi interior.
Gilberto- También podría tratarse de gases
Matías- No sea usted prosaico.
Puede que haya encontrado el sentido de mi vida en este preciso instante.
Creo que debo dedicarme a ayudar a los demás.
Gilberto- ¿Ayudarlos a qué?
Matías- A conseguir lo que quieran.
¿Usted qué quiere?
Gilberto- Quiero que se vaya.
Matías- No.
Usted no quiere que yo me vaya.
Gilberto- ¿Y así es como pretende ayudar a los demás?
¿Negándoles lo que dicen que desean e imponiéndoles a ellos sus propios
deseos de usted?
Matías- Ayudándoles a encontrar lo que desean de verdad, no lo que creen que
desean.
Gilberto- ¿Y usted que sabrá sobre lo que desean de verdad o lo que desean de
mentira, soberbio prepotente de los cojones?
Y esto ha sido una mezcla de insulto y diagnóstico.
Matías- Ya se me ha ido
Gilberto- ¿El qué?
Matías- La fe
Gilberto- Menos mal.
Creo que no iba a sentarle bien, al contrario que esos pantalones, que le
sientan a usted estupendamente.
Matías- ¿Lo dice usted de verdad?
Gilberto- Se lo digo de verdad y desde un punto de vista absolutamente objetivo y
carente de cualquier matiz que implique un coqueteo ni nada que se le
parezca.
Matías- Tampoco ha de justificarse tanto.
Gilberto- No es una justificación.
Es para que usted no se haga ilusiones.
Matías- ¿Ilusiones?
¿Con usted?
Gilberto- Ha dicho que nunca se había planteado si era usted maricón y visto lo
voluble de su personalidad no me extrañaría que de repente se lo
preguntase y la respuesta fuese inmediatamente afirmativa, cegado sin
duda por mi incuestionable atractivo.
Matías- Usted no me parece en absoluto atractivo.
Gilberto- ¿Ah, no?
¿Entonces por qué no se va usted?
Matías- Porque quiero sentarme, esa es la única razón.
Gilberto- ¿Por qué nunca se ha preguntado si es usted maricón?
Matías- Está bien, me lo preguntaré.
Gilberto- Pregúnteselo ahora
Matías- ¿Ahora?
Gilberto- ¿Por qué no?
Matías- Esta bien, me lo preguntaré.
¿Soy maricón?
Gilberto- Y ahora respóndase
Matías- No, no soy maricón.
Gilberto- ¿Está usted seguro?
Matías- Totalmente seguro
Gilberto- Ha sido muy rápido en contestar
Matías- Gracias
Gilberto- No es un halago.
Es una duda.
Matías- ¿Usted quiere que yo sea maricón?
Gilberto- A mi me es indiferente que sea usted maricón o bisexual o trisexual o
necrófilo o zoofílico o filatélico o trapecista.
Matías- Cuénteme su tragedia
Gilberto- No pienso contarle mi tragedia
Matías- Si me cuenta su tragedia me iré y no volverá a verme nunca más.
Gilberto- ¿Es usted un hombre de palabra?
Matías- Lo soy
Gilberto- ¿Me da usted su palabra?
Matías- Elija la que más le guste..
Gilberto- Adiós.
Matías- Trato hecho.
Si me cuenta su tragedia será suya.
Gilberto- Está bien.
Mi tragedia consiste en que he vivido toda mi vida conforme a mis
principios.
Ya está.
Cumpla su palabra.
Matías- Protesto.
Gilberto- No ha lugar
Matías- Usted no me ha contado su tragedia.
No ha hecho más que una breve sinopsis.
Gilberto- Lo mismo ha hecho usted con la suya.
Matías- La mía ha sido más extensa
Gilberto- Quizá yo tenga más capacidad de síntesis.
Matías- No es justo
Gilberto- Dígame algo que sea justo.
Matías- El resultado de una tanda de penaltis
Gilberto- Pues le llaman la lotería de los penaltis.
Matías- Pura ignorancia.
El que más penaltis mete gana.
No hay ningún sorteo por medio.
El resultado siempre es absolutamente justo.
Gilberto- Muy bien.
Matías- Muy bien, ¿qué?
Gilberto- Veo que no es usted un hombre de palabra.
Matías- Y yo veo que usted es un hombre tramposo
Gilberto- ¿Y mis defectos le sirven a usted de consuelo?
Matías- Naturalmente.
El mismo defecto cambia notablemente según se esté al lado de alguien
virtuoso o de alguien también defectuoso.
Un pene pequeño al lado de un pene grande es más pequeño que el
mismo pene pequeño al lado de otro pene pequeño.
Gilberto- Pero su tamaño sigue siendo el mismo
Matías- No es cierto.
El tamaño sólo existe por comparación, igual que los defectos y las
virtudes.
El campeón del mundo de los cien metros lisos no es ni rápido ni lento,
sólo es más rápido que los demás.
Gilberto- Por eso usted me parece tan sumamente gilipollas.
Porque quizá lo he comparado conmigo.
Matías- Y por eso quiero que me cuente más pormenorizadamente su tragedia.
Porque si como usted dice es más trágica que la mía, sin duda me sentiré
al oírla mucho más afortunado.
Gilberto- Pero yo no quiero que usted se sienta afortunado
Matías- Pero quiere que me vaya, y yo reitero mi palabra de irme después de
escuchar su tragedia.
Gilberto- Su palabra ya no vale.
Usted ha demostrado que no tiene palabra
Matías- ¿Y si se lo juro por mis hijos?
Gilberto- ¿Y qué valor tiene eso si ni usted es creyente más que a ratos ni yo tengo
por qué creerme que usted tenga hijos?
Matías- ¿Y si simplemente le hago una promesa?
¿O quizá prefiere un contrato por escrito?
¿No querrá que sellemos el trato con un pacto de sangre?
Gilberto- Yo siempre he sido omnívoro, nómada, ecléctico y escéptico.
Es decir, mis principios consisten en no tener una comida preferida, en no
establecerme en un lugar definitivo, en no tener ideas bien definidas y en
no tener verdades incuestionables.
Es decir, he comido de todo, he visto de todo, he follado de todo y he
dudado de todo.
Es decir, nunca he tenido una dieta fija, ni un entorno constante, ni una
pareja duradera ni una ocupación estable.
Es decir, sé como saben los sesos de mono, sé como pescan los
pescadores de Namibia, sé como se lo hace en la cama una pelirroja de
Burgos, y sé lo que es vender colchones en camiones, guiar turistas
alemanes, tocar el bajo en orquestas, trapichear con drogas, escribir
consultorios sexuales en revistas pornográficas, organizar congresos de
neurocirujanos, especular con terrenos edificables, dar clases de surf en la
India, plantar kiwis en Nueva Zelanda y poner copas en Castellón de la
Plana, Valencia y Alicante.
Es decir, he hecho infinidad de cosas, en infinidad de lugares, con
infinidad de gentes, con infinidad de pensamientos y ni una sola certeza.
Es decir, he vivido una vida omnívora, nómada, ecléctica y escéptica,
como mis principios.
¿Le parece suficientemente detallado o prefiere que le escriba un informe
de varios tomos?
Matías- ¿Y la tragedia?
¿Dónde está la tragedia?
Gilberto- Es usted al menos diez veces más tonto de lo que suponía.
¿No ve usted la tragedia?
Matías- Yo he visto, o más bien oído, la narración de una vida variada, rica e
intensa.
¿Dónde se esconde la tragedia?
Gilberto- En la monotonía, imbécil, en la monotonía.
Usted no tiene ni idea de lo monótono que es variar.
Matías- Eso no tiene ningún sentido
Gilberto- Eso es lo que parece al principio, cuando variar es intenso, cuando lo
nuevo es siempre sorprendente.
Cuando cada nuevo sabor, país, piel o teoría todavía resultan excitantes.
Pero poco a poco, paulatinamente, todo va pareciendo menos diferente
entre sí.
Las sorpresas se espacian cada vez más, la intensidad se difumina y lo
nuevo deja de provocar excitación.
Entonces uno se va dando cuenta de que ha matado la gallina de los
huevos de oro.
Lo que la mayoría de la gente dosifica para ir intercalando emociones
fuertes entre la monotonía de sus vidas, yo lo he convertido en mi vida
misma, lo he convertido en rutina, y al hacerlo me he cargado las
emociones intensas que producen las vivencias esporádicas y me he
quedado sin opciones de volver a conseguirlas, pues lo exótico ya no me
conmueve, lo diferente me aburre y lo que no he visto me resulta
absolutamente indiferente.
¿Lo ha entendido ahora o quiere que se lo repita en chino?
Matías- ¿Sabe usted chino?
Gilberto- Naturalmente que no, y no siento el más mínimo deseo de aprenderlo.
Matías- Pues debería.
Dicen que los chinos van a ser los dueños del mundo.
Gilberto- ¿Quién lo dice?
Matías- Lo he oído por ahí
Gilberto- No se crea todo lo que digan por ahí.
Matías- ¿Tampoco lo que usted dice?
Gilberto- Por supuesto que no..
Matías- Yo tampoco creo que los chinos vayan a ser los dueños del mundo.
Hay muchos chinos, pero hay muchísimos más insectos que chinos.
Quizás se hagan con el mundo los insectos antes que los chinos.
¿Sabe usted que calculan que hay diez mil insectos por metro cuadrado
de terreno habitable?
Eso supone que hay trillones y trillones de insectos en el mundo, y por si
fuera poco, sólo se conoce el uno por ciento de las especies de insectos
que realmente existen.
Quizá por eso los insectos nos parecen repulsivos y nos producen esa
pulsión instintiva de matarlos, porque quizá un sentido oculto nos avisa
de que pronto ellos se harán con el control y dominarán a todas las demás
especies, incluidos nosotros.
Los chinos no son el problema.
El peligro está realmente en los insectos.
Gilberto- Realmente no sabría que insulto utilizar en estos momentos.
Creo que no conozco uno que sea lo suficientemente hiriente para
traducir lo que pienso de usted.
Matías- Tengo miedo
Gilberto- ¿De los insectos?
Matías- No.
Es un miedo repentino que a veces me invade.
No es por ninguna razón concreta.
Es la emoción del miedo sin ningún motivo aparente.
Le llaman trastorno de ansiedad.
Gilberto- Lo conozco.
Saltan las alarmas sin que haya entrado ningún ladrón.
Matías- ¿Usted tiene miedo?
Gilberto- Sí.
Matías- ¿De qué?
Gilberto- De usted
Matías- ¿De mí?
Gilberto- Usted me da más miedo que todos los chinos y los insectos juntos.
Ha invadido usted mi espacio, lo ha llenado de estupideces y no veo la
manera de desembarazarme de usted de otro modo que no sea la
violencia.
Matías- Usted no quiere que yo me vaya
Gilberto- ¿Es usted adivino?
Matías- Sólo adivino lo obvio, y es obvio que usted quiere que me quede.
Gilberto- ¿Ah, sí?
¿Y que razones tendría yo para desear eso?
Matías- Usted está solo.
Gilberto- Lo estaría de buena gana si usted se marchara
Matías- Usted está solo aunque yo esté con usted.
Gilberto- No se me ponga usted tan profundo, no vaya a ahogarse.
Matías- Yo tengo gente que me espera
Gilberto- Pues no se demore más.
Matías- Pero usted no.
Usted vive rodeado de una terrible soledad que le produce una
desesperada angustia.
Gilberto- Y dígame, doctor.
¿Qué puedo hacer?
Matías- Permita que me siente a su lado
Gilberto- Váyase usted a la mierda
Matías- Eso es.
Desahóguese usted conmigo.
Libérese de esa frustración que lo tiene a usted bloqueado por completo.
Gilberto- Escuche, amigo, me está usted reventando las pelotas
Matías- Muy bien, muy bien, va usted muy bien.
Continúe así.
Gilberto- ¿Quiere dejarme en paz de una puta vez, gilipollas de los cojones?
Matías- Perfecto.
Está usted abandonando su sarcasmo defensivo y está entrando en cólera
verdadera.
Gilberto- Pues sepa usted que voy a cagarme en su puta madre.
Matías- Y yo lo asumo porque sé que le hará bien.
Hágalo.
Cáguese usted en mi puta madre.
Gilberto- Me cago en su puta madre.
Matías- Estupendo.
Siga usted.
¿Qué más?
Gilberto- Nada más
Matías- Pero siga usted, hombre.
No se pare ahora.
Gilberto- ¿Puede saberse que quiere usted de mí?
Matías- Quiero su sitio.
Gilberto- ¿Cómo?
¿Ahora no le basta con que le deje un sitio sino que quiere mi sitio?
Matías- Exactamente.
Lo ha entendido usted perfectamente.
Ya no quiero sentarme a su lado.
Ahora lo que quiero es sentarme en su lugar.
Gilberto- ¿Y qué se supone que debería hacer yo?
Matías- Colocarse aquí de pie, donde estoy yo.
Gilberto- Usted se aburre mucho, ¿no es así?
Matías- Muchísimo.
Tiene usted toda la razón.
Gilberto- ¿Ha probado con los puzzles de cinco mil piezas?
Matías- Sí, señor.
Gilberto- ¿Y no le han servido?
Matías- Sólo mientras los hacía.
Al terminarlos siempre he vuelto ha aburrirme.
Gilberto- Comprendo
Matías- ¿Qué es lo que comprende?
Gilberto- A usted.
Matías- Si me comprendiera me cambiaría usted de sitio.
Gilberto- No le serviría de nada.
Seguiría usted aburriéndose.
Matías- Quizás no.
Gilberto- Se lo aseguro.
Matías- No puede usted asegurarlo completamente.
Usted no tiene verdades incuestionables.
Gilberto- Me ha pillado.
Por esta vez ha jugado usted bien.
Matías- Cámbieme el sitio.
Hágalo por usted.
Gilberto- ¿Por mí?
Matías- Sí.
Dejaría usted de estar sólo.
Gilberto- Ahora he dejado de entenderlo.
Matías- Usted se coloca aquí de pie y yo me siento en su lugar.
Luego, dejamos que transcurran unos instantes, yo me quedo ahí,
sentado, y usted se marcha por donde yo he venido.
Gilberto- ¿A dónde?
Matías- A mi vida.
Gilberto- ¿A su vida?
Matías- A mi vida.
Usted se queda con mi vida, y yo me quedo con la suya.
¿Qué le parece?
Gilberto- Me parece que está usted completamente enajenado.
Matías- Mi vida tiene lo que le falta a la suya, y viceversa.
Gilberto- Es usted un tonto iluso infantil.
Las cosas no funcionan así.
Usted tiene su vida y yo tengo la mía.
No se pueden intercambiar vidas como si fuesen cromos.
Matías- ¿Por qué no?
Ya se hace en los intercambios de estudiantes con familias de distintos
países, o en los intercambios de vivienda durante el tiempo de
vacaciones, o en los intercambios de parejas de algunos clubes.
Gilberto- Son intercambios parciales, intercambios temporales.
Matías- ¿Y qué es la vida más que un trozo de tiempo dividido en parcelas?
Gilberto- Eso sólo es un juego de palabras
Matías- Es la realidad.
Imagínese por un momento a un islandés llamado Jonson.
Gilberto- Ya está.
Ya lo he imaginado.
Es rubio.
Matías- Y ahora imagínese a un brasileño llamado Nelinho.
Gilberto- Ya está.
Es mulato.
Matías- Jonson tiene frío.
Gilberto- Pero tiene calefacción.
Así lo he imaginado.
Matías- Tiene frío por la calle.
Gilberto- Pero tiene ropa cara y térmica.
Matías- De acuerdo.
Pero Jonson quiere pasear por la playa en bañador y con mucho calor.
Gilberto- Eso ya le ha complicado las cosas.
Matías- Jonson siente una especial atracción hacia las mujeres de piel muy
bronceada.
Gilberto- Hay multitud de solariums en Islandia pero desconozco sus estadísticas
de uso.
Matías- Y tiene unos deseos inmensos de participar en los carnavales de Río de
Janeiro.
Gilberto- Probablemente los carnavales de Reykiavik no sean lo mismo.
Matías- Además, Jonson es un apasionado del fútbol playa, está harto de su vida
superestructurada en locales climatizados y se muere por montar un
chiringuito de caipiriñas en Copacabana, que es justo el negocio familiar
que ha heredado Nelinho.
Gilberto- Que sorprendente e inesperada casualidad.
Matías- Pero Nelinho está tremendamente cansado de servir caipiriñas y sueña
con una vida de oficina y ordenador tranquila y apacible, rodeado de
géiseres, de montañas nevadas y de mujeres rubias de piel blanca.
Sueña con focas, con ballenas y con ser participante en los mundiales de
saltos de esquí.
Gilberto- Nelinho tiene unos sueños realmente curiosos.
Matías- Nelinho tiene sus propios sueños y Jonson tiene los suyos.
¿Qué cree que deberían hacer ambos?
Gilberto- En primer lugar, tanto Jonson como Nelinho deberían dejar de idealizar
realidades lejanas que desconocen en profundidad, ya que lo que ambos
sueñan no son más que un montón de tópicos recurrentes y superficiales.
Matías- Deje usted que sueñen lo que quieran.
Gilberto- No puedo dejar que lo hagan.
Están equivocándose.
Matías- Pues deje usted que se equivoquen.
Usted no tiene derecho en interferir en lo que desean, ya sea esto
superficial, o tópico, o recurrente, o idealizado o la virgen santa.
Déjelos usted en paz, hombre, déjelos en paz.
Que sueñen lo que quieran, son sus sueños, no dictamine usted lo que
tienen que soñar o no.
Son personas, personas que sueñan, como todas las personas, y no hay un
listado de sueños correctos y otro de sueños incorrectos.
Claro que idealizan.
Igual que usted habrá idealizado, igual que yo he idealizado.
Todo el mundo idealiza, porque las cosas, antes de vivirlas se imaginan.
Deje usted que Jonson y Nelinho imaginen como a ellos les parezca.
No juzgue usted.
Ayúdeles a conseguir lo que sueñan, y deje que sean ellos los que
descubran si lo que idealizan es verdad o es mentira, pero déjelos usted,
por favor, déjelos soñar tranquilos.
Gilberto- Está bien.
No se ponga usted así.
¿Qué puedo hacer por ellos?
Matías- Imagine que se ponen en contacto.
Gilberto- ¿Por qué vía?
Matías- Por la del tren.
No importa porque vía.
Imagine que se ponen en contacto.
Gilberto- Imaginado está
Matías- Ahora imagine que deciden cambiarse las vidas porque descubren que
cada uno vive como le gustaría vivir al otro.
Gilberto- Lo imagino con dificultad pero lo imagino.
Matías- Y ahora imagine que Jonson pasea por la playa en bañador después de
servir caipiriñas.
Gilberto- Está un poco rojo por el sol.
Debe ser que lleva poco tiempo.
Matías- Y que Nelinho baja a toda velocidad con unos esquís por una ladera
nevada.
Gilberto- Porque me lo he imaginado mulato, sino apenas lo reconocería entre tanta
prenda de abrigo.
Matías- ¿Están contentos Jonson y Nelinho?
Gilberto- Es estos instantes así lo parece.
Pero si sigo imaginando durante un rato más es probable que descubra el
lado negativo.
Matías- Pues entonces no imagine usted más.
Ya está.
Lo han conseguido.
Deje de imaginar y déjelos ahí, disfrutando todo lo que puedan de su
cambio de vida.
No sea usted aguafiestas.
Gilberto- Ya le he dicho que soy escéptico.
Matías- Y yo soy gilipollas.
Gilberto- ¿Lo reconoce?
Matías- Así es.
Le cambio mi gilipollez por su escepticismo.
Gilberto- ¿Por qué habría de gustarme ser gilipollas?
Matías- Da más alegrías que ser escéptico.
Gilberto- Ahí me ha hecho usted dudar.
Matías- Cambiémonos las vidas.
Jonson y Nelinho lo han hecho.
Gilberto- Jonson y Nelinho son imaginarios
Matías- ¿Qué importa eso?
Podrían haber sido reales.
Gilberto- Y al final acabarán aburridos de sus nuevas vidas.
No se puede escapar de uno mismo durante mucho tiempo.
Matías- Probemos entonces por un tiempo, y si mi vida no le gusta se la puede
cambiar usted después a otro.
Gilberto- ¿Usted ya ha hecho esto antes?
Matías- ¿Cambiar la vida con alguien?
Nunca.
Es la primera vez.
Gilberto- ¿Por qué a mí?
Matías- Porque usted está ahí sentado y yo estoy aquí de pie.
Tengo envidia de usted.
Las cosas que a mí me faltan por hacer las podría hacer si tuviera su vida.
Y usted podría a cambio conseguir lo mismo.
Gilberto- Yo ya he hecho de todo
Matías- Menos establecerse.
Usted no sabe lo que es parar, detenerse, vivir cada día prácticamente
igual al anterior, con mínimas variaciones, con la misma gente siempre
alrededor, con un mismo cariño, una misma piel y una misma cama.
Usted no sabe lo que es la certeza de tener todo aquello que se supone
que se debe tener para sentirse seguro.
Un trabajo aburrido y carente de emociones fuertes, un amor basado más
en la costumbre y el afecto que en la pasión, unos horarios fijos para
comer, para dormir, para hacer el amor.
Una red familiar, catorce pagas al año, unas cuotas que garantizan mi
economía hasta el fin de mis días.
Usted nunca ha vivido la verdadera rutina del paso del tiempo sin
sobresaltos.
Yo le ofrezco a usted la paz en calma de la monotonía, y la seguridad de
sentirse acompañado hasta que la muerte lo separe de mis acogedoras
zapatillas.
¿No le parece apetecible?
Gilberto- No sé porque extraña razón, pero le confieso que en estos momentos me
está pareciendo apetecible.
Matías- No es por una extraña razón, es por una vulgar emoción.
Gilberto- ¿Renunciaría usted a eso a cambio de la variedad, la incertidumbre y la
soledad?
Matías- Siempre he querido probar los sesos de mono.
Gilberto- Es usted gilipollas
Matías- Lo sé
Gilberto- Y su cerebro puede estar engañándolo
Matías- También lo sé.
Gilberto- Y quizás a mí me esta pasando lo mismo con el mío.
Matías- Los cerebros son cerebros, ya sabe, y los corazones son corazones.
Gilberto- Los corazones sólo bombean sangre
Matías- Y los cerebros sólo piensan.
Un cerebro por sí mismo no es nada.
Gilberto- Tampoco son nada unas piernas por sí mismas.
Matías- El cerebro necesita piernas y las piernas necesitan cerebro.
Gilberto- Acepto
Matías- ¿Acepta?
Gilberto- ¿No me ha oído usted bien?
Matías- Era para cerciorarme
Gilberto- ¿Y ya se ha cerciorado usted?
Matías- ¿Podría repetírmelo de nuevo?
Gilberto- Le he dicho que acepto.
Acepto cambiar su vida por la mía.
Matías- ¿Trato hecho, pues?
Gilberto- Trato hecho
Matías- Entonces tendrá usted que levantarse.
Gilberto- Mi cerebro está enviando en estos momentos esa orden a mis piernas.
Matías- Al fin voy a conseguir sentarme.
Gilberto- Era lo que quería usted.
Estará contento.
Matías- Siempre es un motivo de alegría el conseguir lo que uno se propone.
Gilberto- Bien, pues ya estoy de pie
Matías- Es usted mucho más alto de pie que sentado.
Gilberto- Ahí tiene usted mi sitio.
Matías- Hacia él me dirijo.
Gilberto- Se lo he dejado calentito, no se quejará usted.
Matías- Sólo me quejaría en el caso de que hubiese usted dejado una chincheta
boca arriba, pero veo que no ha caído usted tan bajo.
Gilberto- ¿Se siente usted cómodo?
Matías- Realmente cómodo.
De haberlo sabido probablemente le habría hecho mucho antes mi
propuesta.
Gilberto- Bien, pues que usted lo pase bien con mi banco y con mi vida.
Matías- Igualmente, y sepa que mañana entra usted a trabajar a las ocho.
Gilberto- Y usted sepa que no tiene suficiente dinero en mi banco para llegar a fin
de año.
Matías- No se preocupe usted por mí.
Saldré adelante.
Si usted lo ha hecho, es indudable que yo también lo haré.
Gilberto- Debo marcharme, pues.
Matías- ¿Ya se marcha usted?
Si quiere podemos charlar un rato más.
Gilberto- Me encantaría pero me es imposible.
Seguro que tengo asuntos familiares que resolver.
Matías- Es lo que tiene tener familia.
Yo ahora estoy sólo.
Gilberto- Es lo que tiene no tenerla.
¿Cuál es su nombre?
Matías- No tiene importancia.
¿Y el suyo?
Gilberto- Tampoco es importante.
¿A su familia no le parecerá extraño que llegue yo en su lugar?
Matías- Es posible que al principio les resulte un poco raro, pero no se preocupe
usted, se acostumbrarán en poco tiempo.
Supongo que a sus amantes les ocurrirá lo mismo conmigo.
Gilberto- Es probable, aunque lamento decirle que en estos momentos no tengo
amante.
Matías- Oh, no lo lamente usted.
Sin duda pronto aparecerá alguna.
Gilberto- Hace bien en no dudar.
En dos días parte usted hacia Filipinas a coordinar un evento
gastronómico, y es posible que allí tenga usted la oportunidad de tener
una conquista pasajera.
¿Dónde se encuentra su casa, es decir, la mía?
Matías- A dos manzanas de aquí.
Aquí tiene mi tarjeta con su dirección.
¿Y la suya?
Gilberto- En el hotel que hay al final de la calle.
Debe usted tres noches y varios güisquis del minibar.
¿Quiere usted algún consejo sobre su nueva vida?
Matías- No, creo que me las iré arreglando, ¿y usted?
Gilberto- No, no ha de ser muy difícil.
Si como usted dice su vida es tan monótona, no tardaré mucho en saber
lo que he de hacer.
Eso sí, quizá me cueste un poco hacerme del Atlético de Madrid, usted
me entenderá.
Matías- Perfectamente, sé que eso le resultará complicado, pero con un poco de
esfuerzo puede usted conseguirlo y es un equipo al que, a la larga, se le
acaba cogiendo mucho cariño.
Misterios de las emociones.
Gilberto- Creo que ya me estoy sintiendo un poco gilipollas.
¿No me lo nota usted?
Matías- Ahora que lo dice.
Gilberto- ¿Y usted no nota nada en usted mismo?
Matías- Creo que comienzo a notar ciertas ganas de insultarlo y de decirle que se
vaya.
Gilberto- ¿Permite usted que me siente un momento?
Matías- Naturalmente que no.
Gilberto- Sólo era una prueba para saber si esta usted cambiando
Matías- No es una prueba fiable, pues en esa cuestión en concreto yo ya era así.
Yo tampoco hubiese permitido que usted se sentara a mi lado.
Gilberto- ¿Por qué?
Matías- Perjuicios.
Hubiera pensado que quizás era usted maricón.
Gilberto- Me marcho.
Me voy a su casa a meterme en sus zapatillas.
Matías- Las tengo desde hace muchos años.
Mis pies han crecido con ellas.
Gilberto- Yo nunca he tenido zapatillas.
Matías- ¿Miente usted?
Gilberto- Muy frecuentemente, ¿y usted?
Matías- Procuro hacerlo todos los días.
Me mantiene joven.
Gilberto- Usted no parece joven.
Matías- Imagínese usted si no llego a mentir.
Gilberto- Vaya, hemos tenido mala suerte.
Matías- ¿Qué ocurre?
Gilberto- Es la hora
Matías- No me asuste usted.
Gilberto- Lo siento, pero no tengo más remedio que asustarlo.
Hemos tenido mala suerte.
Es la hora
Matías- ¿La hora de qué?
Gilberto- La hora de morir.
Matías- ¿Está usted seguro?
¿No se estará equivocando?
Gilberto- Ojalá fuese así, pero esta sensación no deja lugar a dudas.
¿No la nota usted?
Matías- Mierda.
Lamento tener que darle la razón.
Es cierto.
Ya está aquí esta sensación que precede a la muerte.
Verdaderamente hemos tenido mala suerte.
Gilberto- ¿Le importaría decirme de qué va a morir usted?
Matías- En absoluto.
Por los síntomas, creo que será de muerte natural e instantánea, quizás un
infarto cerebral, aunque de esto no estoy totalmente seguro
¿Y usted?
Gilberto- Todo parece indicar que será un atropello que me causará lesiones graves
en varios órganos vitales.
En un par de días, como mucho, habré muerto durante una operación a la
desesperada.
Matías- Al menos le quedan un par de días, lo mío es inminente.
Gilberto- Mi atropello también.
Los próximos dos días no seré consciente de nada de lo que me ocurra.
Matías- Lo siento.
Gilberto- No se preocupe.
Algún día tenía que ser.
Los pasos de cebra son peligrosos.
Yo también siento lo suyo, es decir, le acompaño en el sentimiento, que
se dice.
Matías- Gracias, le estoy muy agradecido.
Es una lástima no haberlo conocido antes, por lo del cambio de vida se lo
digo.
¿Quién iba a pensar que la muerte vendría precisamente hoy?
Gilberto- Sí, es una pena, reconozco que me había generado ciertas ilusiones, pero
la muerte, ya se sabe, no siempre viene cuando a uno le conviene.
Matías- ¿Al final me ha cogido usted un poco de cariño?
Gilberto- Si he de serle sincero, no demasiado.
Aunque también debo añadir que ya no siento desprecio por usted.
Matías- Gracias de nuevo, para mí es suficiente.
A usted si que le habrían cogido cariño mi familia, mis amigos e incluso
mis zapatillas.
Gilberto- Es de lo más bonito que me han dicho nunca.
Matías- Emociónese usted si quiere, no sienta vergüenza por hacerlo.
Gilberto- Es usted muy comprensivo para tener un solo huevo.
Matías- ¿Puedo tutearlo?
Gilberto- No, no me parecería correcto.
Matías- Tiene usted razón.
Gilberto- Me voy.
Hay un paso de cebra esperándome.
Matías- Pues no llegue usted tarde a su destino.
Gilberto- Que por lo menos tenga usted una muerte intensa y emocionante.
Matías- Gracias.
Y que la suya sea serena y apacible.
Gilberto- Gracias.
Matías- Por cierto.
Gilberto- ¿Sí?
Matías- ¿A qué saben los sesos de mono?
Gilberto- A sesos
Matías- Me lo imaginaba.

Intereses relacionados