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JUEVES, 31 DE DICIEMBRE DE 2015 comerciales@elcolombiano.com

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04-12

Débora Arango
murió el 4 de
CONTEXTO diciembre de 2005.
Su obra continúa
vigente.

ESPECIAL REPORTAJE

Diez años

sin Débora
Colombia no sería lo mismo si Débora
Arango no hubiera existido. ¿Qué
lecciones nos dejó su vida y obra?

u

Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO Y JOHN SALDARRIAGA

ILUSTRACIÓN JOHNY MÁRQUEZ

1

BEATRIZ GONZÁLEZ
Artista

“En 1981 yo hacía crítica de arte en El Espectador y escribí un artículo que llamó
la atención porque aquí la gente no
aceptaba a Débora, o no entendía su
arte. Cuando yo lo puse como contemporáneo le pareció a la gente interesante, y Débora me llamó. Fue la primera
vez que hablé con ella. Su voz tan linda,
tan suave, agradeciéndome que hubiera
escrito sobre ella. Entonces por esos
días viajé a Medellín y le pedí una cita y
la conocí. Fue muy emocionante para
mí verla con la elegancia de mujer paisa, vestida con una blusita de esas que
hacían en España, bordadas, blanca, y la
pureza de ella. Yo pensé: ‘esta mujer que
pinta esas cosas tan atroces, es una mujer que no ha vivido la violencia, sin
embargo la ha sentido, la ha visto’. Desde entonces nos hicimos amigas. En la
vida la vi cuatro veces, me pareció que
una persona con su manera de ser y sus
modales trabajaba en silencio, alejada,
sin estar buscando nada”.

2

n artista es importante cuando deja huella.
Los bocetos de Leonardo Da Vinci sobre helicópteros y otras máquinas pusieron a la humanidad a pensar en esa dirección. Hoy, los
helicópteros son una realidad.
Lo mismo se puede decir de Marcel Duchamp, que en 1917, en medio de la Primera
Guerra Mundial, puso un inodoro en un museo y echó a rodar una avalancha de sinsentido en el arte que
cuestionó hacia dónde iba su futuro. Y el futuro se fue a la Segunda Guerra Mundial.
Poco después, en 1948, una mujer en Envigado, Antioquia, exhibió una pintura llamada Adolescencia, en la que se ve una mujer semidesnuda. “¿Usted por qué pinta eso?”, le preguntó el Arzobispo
Joaquín García Benítez. “¿Acaso Pedro Nel no pinta desnudos también?”, respondió ella. “Él es hombre”, afirmó él, y esa mujer, llamada Débora Arango, le respondió: “Yo no sabía que los pecados de los
hombres eran diferentes a los de las mujeres”.

VEDHER SÁNCHEZ BUSTAMANTE
Historiador y amigo de Débora

“Una vez, el periodista Óscar Domínguez
me encargó una crónica pára Colprensa
sobre Débora en la vida doméstica. La titulé: La Débora nuestra de cada día. En
ella mencioné, entre otras cosas, que a
ella le encantaba la marialuisa. La gente
se dio cuenta y la inundaron de marialuisas. Ella me llamó y me dijo: ‘Venga para
que vea lo último que usted hizo’. Había
tantas marialuisas que tuvimos que repartirlas en ancianatos y orfelinatos. Me
llamaron de una repostería a ver si era
posible que una de sus marialuisas se lla-

mara Débora. Les hice notar que ese postre ya tenía un nombre compuesto de
mujer y ponerle otro sería demasiado”.

3

SERGIO RESTREPO
Director Teatro Pablo Tobón

“Yo era un niño de 10 años y estaba en 5°.
Todos los días pasaba por Casablanca, de
paso del colegio San Marcos. Me impresionaba esa casa grande, blanca, siempre
cerrada y, sobre todo, una veranera enredada en uno de sus muros. Un día toqué
la puerta. Salió una empleada y le pregunté: ‘¿Quién vive aquí? ¿Quién es el
dueño de esta casa?’ Me dijo: ‘Es Débora
Arango’. ‘¿Y ella está?’. ‘Sí, sí está’. ‘Dígale
que yo quiero hablar con ella’. La mujer
sonrió y dijo: ‘Ella no lo puede atender’.
Me fui. Al día siguiente compré flores, toqué la puerta y le dije a la misma mujer:
‘Vine a traerle flores a doña Débora’. La
mujer entró con ellas y volvió diciendo
que doña Débora me invitaba a almorzar.
Estaba complacida que un colegial le
hubiera dado flores. Noté que creía que
yo había llegado allí por cosas que me dijeron en el colegio. Ese día me enteré que
la dueña de esa casa era una pintora. Le
dije la verdad: que le llevé flores a ver si
podía conocer la casa por dentro y que en
el colegio nunca nos habían hablado de
ella. Me mostró la casa. Después, cuando
tuvimos el bar Estultífera Navis, la invitamos varias veces. Íbamos por ella, la llevábamos un rato, teníamos una conversación cálida de cualquier cosa, le dábamos
chocolate “envenenado” con brandy, que
era lo que nos pedía, y volvíamos a llevarla a la casa. Una de esas noches, hablando
del Cartel de Medellín, de la Oficina de Envigado, dijo algo que no se me olvidaría:
‘Envigado es como una gran caca de vaca:
en ella germina lo que caiga, un hongo
venenoso o una hermosa flor’”.

4

GONZALO MESA

Médico de Débora

“La visité por primera vez una mañana de 1985. Fui su médico hasta su
muerte, o sea, más de 20 años.
Una vez le dije: ‘Señorita Débora,
usted que es mi paciente estrella y no
tengo nada suyo’. Ella estaba recién
operada de cataratas, me dijo, ‘véngase mañana, al mediodía, que yo ya estoy viendo muy bien, y yo lo pinto’.
Llegué a las 12:00 en punto a Casablanca. Estaba cayendo un aguacero
el verraco. Me instaló en el corredor
que da al patio, y mientras pasaba
ese aguacero con truenos, me pintó.
Me hizo a lápiz en menos de una
hora. Después, Cecilia me lo entregó
enmarcado. Lo tengo en mi consultorio. Bajo la firma dice: Mayo 15/96”.

5

CRISTÓBAL PELÁEZ
Director Teatro Matacandelas

“Solo vi a Débora dos veces. Una cuando le dieron el Escudo de Oro y la abordé para pedirle una entrevista para el
periódico Señorial. Me dijo que no había necesidad, ‘pero le doy el número’.
La llamé. ‘Qué voy a hacer con usted.
Parece que tiene mucho fervor. Venga,
pues, y yo le hablo’. La otra vez fue en
la entrevista. Me impresionó. Habló de
sus cuadros. ‘No me dieron ni una
oportunidad’, me dijo. Lloró mucho
durante la charla, se desahogó. Al final,
me dijo: ‘Como que estuve muy zafada
en la entrevista’. Le contesté: ‘No, Débora, estuviste hermosa’. Después de la
publicación llamaron a Señorial a decir
que esa entrevista era muy ofensiva. A
ella, también la llamaron y contestó:
‘yo sí dije lo que dije’”.

6

LIBE DE ZULATEGUI
Artista

“Cuando me fui a vivir a Cartagena viví
cerca de una hermana suya, Matilde. Una
vez fue expresamente a ver mis pinturas.
Cuando terminó de verlas, me dijo: ‘Mija,
vos no mirás el sol, viviendo en Cartagena’. Pero ella tampoco miró el sol. Sus
obras son de un oscuro precioso.
Yo iba a visitarla a Casablanca. Una
vez fui con mi esposo, Fernando, y él le
preguntó: ‘¿Tuviste novios?’. Ella mencionó que tuvo uno al que quiso mucho,
pero fue cobarde: como sus obras daban
de qué hablar y ella era tan criticada, él
no aguantó y se retiró”.

7

BELISARIO BETANCUR
Presidente de Colombia 1982-1986

“La candidatura Betancur a la presidencia de Colombia se hizo por un sector
del Partido Conservador, el que seguía a
Laureano Gómez. En algún momento,
el otro sector, el de Mariano Ospina Pérez, resolvió apoyarme. Ese tema le sirvió a Débora para pintarme encima de
doña Bertha Ospina Pérez, y ese cuadro
está en Casablanca. Nos reímos mucho
del tema y recuerdo que Débora me preguntó, ¿te molesta?, y le dije no, hay libertad total. En mi mente no hay heterodoxias que sean vedadas. No es que
me gustara o no, sino que es testimonio
de cómo Débora se mantenía al tanto
del acontecer del país, y particularmente de Antioquia, y lo mismo pintaba mineros que prostitutas, que acontecimientos literarios, y lo mismo interpretaciones sobre temas sociales, siempre
del lado de los más necesitados. Cuando
ya se emancipó de Pedro Nel, incursionó todavía más en el desnudo” ■

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